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28 febrero 2022 1 28 /02 /febrero /2022 17:39

LOGOI 241

“LOCO” PUTIN

En la tormenta de comentarios, opiniones, noticias, bulos, desinformación y falsedades que ha provocado la guerra imperialista de Putin, hay una constante: muchos piensan que Putin es un loco peligroso, un psicópata de atar y un autócrata paranoico. Hay quien diagnostica que a Putin el aislamiento de la Covid  ha disparado la paranoia del dictador ruso: ha exacerbado sus ansias de revancha tras el hundimiento de la URSS en 1991 y se siente amenazado por la expansión de la OTAN en sus fronteras y empeñado en que no entren en Ucrania.

Cuando miro el estólido (falto de razón y discurso) rostro de Putin, frío, inexpresivo y fanático , con esa mirada opaca que no trasluce ninguna emoción, no veo el rostro de un loco, sino el de un hombre con las ideas claras, fijas, con determinación inflexible y audaz. No es un Macbeth lleno  de dudas morales sino más bien un Hamlet –lúcido aunque inseguro- que se refugia en una aparente locura para mejor poder llevar a cabo sus planes de venganza. Putin está probando la resistencia de la cuerda que ata en torno al cuello de Occidente y sigue la “estrategia del loco”. Supongo que ha planteado con argucias de jugador de ajedrez, un método de agresión con un par de retiradas estratégicas que impidan que pierda la partida. Para evitar salidas desesperadas del enemigo occidental, Putin grita de vez en cuando que no le temblará el pulso para usar algunas de sus 6000 ojivas nucleares. Lo malo, lo peor, a lo que nos enfrentamos no es que Putin sea un loco, sino que es demasiado astuto. Decía Chesterton que un loco es alguien a quien ha fallado todo excepto la razón. El exceso o la falta de racionalidad son terrenos peligrosos donde naufraga el buen sentido, la compasión, la medida de lo humano. Lo único que le importa a Putin es asegurar su dominio en Ucrania y sus reservas naturales y mantener su presencia hegemónica junto a Estados Unidos y China.

Quizá en un futuro veamos una alianza Moscú-Washington frente a una China que domina el mundo (a diferencia de sus dos rivales, Pekín tiene muchísima paciencia). ¿Y Europa? Se habla de un cierto poder político-económico, pero me temo que seremos como el agudo y sentencioso bufón del rey Lear, tal vez depositario de ciertos valores, pero al modesto servicio de alguien más poderoso.  El liderato de Europa ya pasó a la historia.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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25 febrero 2022 5 25 /02 /febrero /2022 12:37

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

PUTIN SUELTA A LOS PERROS DE LA GUERRA  EN EUROPA

Publicado en La Comarca, 250222

A las cuatro y diez minutos de la madrugada del jueves 24 de febrero (hora española), ayer para el lector, el presidente ruso, Vladimir Putin, daba la orden de invadir militarmente Ucrania. A las seis ya era noticia en todo el mundo. Se estaba escribiendo la crónica de una guerra anunciada. El lunes pasado, dia 21, Putin “reconocía” la independencia del territorio “rebelde” del Donbass y añadía una nueva etapa a de la guerra de desinformación, bulos, “fake news” y mentiras o exageraciones que algunos medios califican como “shitstorm” (literalmente “tormenta de mierda” en español), justificando la acción militar por el “genocidio que estaba cometiendo las autoridades ucranianas” contra ciudadanos pro rusos de la zona. Durante los últimos meses de forma reiterada y obsesiva, pero siguiendo una tónica de tergiversación de la realidad muy común en altas esferas de la política y generosamente repartida en todo el mundo, incluidas las grandes potencias. Putin es un alumno aventajado de los norteamericanos, aunque sin la libertad de crítica pública que Estados Unidos tolera y ampara y que Putin no permite en su país. Por ejemplo, existe cierto paralelismo ético entre el asunto de las “armas de destrucción masiva” de Saddam, que motivó la guerra de Irak , y el “genocidio” de ucranianos pro rusos en el Donbass. Naturalmente la gravedad profunda del problema actual estriba en una básica cuestión geoestratégica: el teatro de operaciones está en un país europeo. Europa afronta en su espacio continental una agresión expansionista militar por primera vez desde 1945.

En cuanto al señor Putin, es un modelo de gobernante ladino, rígido, duro y sin escrúpulos, pero no hay que confundirlo con un loco o un psicópata, ni mucho menos con un torpe dictador ambicioso de detentar un poder global, tipo Hitler. El momento escogido para su bravata ha sido bastante “oportuno”, con los Estados Unidos en plena oscilación de su interés político estratégico que pasa de Europa al Índico (recuerden la reciente creación de Aukus, un organismo que le une a Australia y el Reino Unido para diseñar una política común frente a la hegemonía china) y con un Biden algo desorientado y poco firme, con la sombra fatal de Trump en un futuro cercano).  Y con Europa algo dividida, en plena crisis energética, tras una pandemia y su consiguiente crisis económica  y una crisis climática que requiere atención y medidas urgentes. Es la tormenta perfecta. ¿Alguien piensa que Putin no ha sabido escoger el momento para  dar un puñetazo en la mesa de los acuerdos de Minsk y contra el equilibrio de la actual estructura de Estados-nación en Europa, unidos por una UE cuestionada y una OTAN que ayer estaba “en muerte cerebral”, según algunos de sus miembros? Tampoco es una simple cuestión de testosterona y del alma rusa tan proclive a los extremos, la violencia y el sentimentalismo regado con vodka y lágrimas. Eso sería simplificar una decisión largamente meditada, que tiene su cronología de agravios desde 1991, con el desmoronamiento de la Unión Soviética, ocasión de oro que Occidente no supo aprovechar para atraer a Rusia en lugar de conseguir que se sintiera humillada y se alejara de Europa.

Ha sido tan enorme, activa y perniciosa la “shitstorm” global que unos y otros han montado en torno a la “guerra sí” y “guerra no”, que en los últimos quince días los elementos del problema han cambiado sin cesar.  En realidad, ha sido una farsa siniestra, porque se está jugando con “cosas que no tienen remedio”: la pérdida de vidas humanas, de la paz, el auge de las necesidades vitales de poblaciones a las que una guerra empuja a la miseria, el desastre económico y el puro y simple terror e inseguridad. Y estos males no afectan solo al país asediado, sino a todo el entorno: en esta época global tales horrores terminan exportando consecuencias por todo el mundo.  Se trata, como dijeron ayer en la UE, de una cuestión de “vida o muerte, no de bloques”.  Todos los actores políticos de este drama -en un lado y en el otro-, llevan más de un mes actuando de forma por lo menos cuestionable. Los rusos dando a entender hasta la madrugada de ayer que se estaban retirando, aunque lentamente, cosa corroborada por ejemplo por Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, un político demasiado nervioso para su cargo, mientras en las webs y redes sociales se desencadenaba, orquestada por los rusos  y algunos medios occidentales una avalancha de informaciones, bulos y  consideraciones donde algunos veían la peluda oreja de los servicios mal llamados “de inteligencia”,  entre las dos partes en conflicto. Desde la Casa Blanca se denunció la existencia de videos ampliamente difundidos sobre falsos enfrentamientos con muertes y destrucciones en el Donbass contra ciudadanos pro rusos.  También se hablaba de medios oficiales rusos advirtiendo a su población de que Occidente preparaba agresiones contra Ucrania.

Pero vamos a buscar un hilo explicativo de esta crisis, por encima de los detalles concretos de las circunstancias sobre el terreno. En la guerra de Troya –que fue una guerra real, pero local- Homero nos “vendió” la leyenda de Paris y Helena como causa mítica. Lo cierto es que se trataba de una guerra de expansión comercial griega contra un enclave que entorpecía el libre paso y estaba en el lado contrario a la hegemonía griega. La “desinformación informativa” se convertía en literatura imperecedera. Aquí y ahora el problema con Rusia tiene unos puntos clave: la largamente gestada conversión de un autócrata como Putin en un paladín nacionalista ruso, más en el papel de un nuevo Zar imperial –anti comunista y crítico del otrora reverenciado Lenin- que del dirigente de una gran potencia del siglo XXI (que lleva 30 años tragándose la bilis que le provoca decenios de desprecio occidental y declive “imperial”, tras la caída de la URSS).

Y ¿qué  es lo que se dirime en el fondo, y tras los llamativos escenarios de la “shitstorm” mediática? Lo que algunos han llamado la “Trampa de Tucídides”. El historiador griego del siglo V a.C. que en su “Guerra del Peloponeso” escribió: “la guerra era inevitable por el ascenso de Atenas y el miedo que ello generó en Esparta”. Es decir, está en juego la hegemonía política, económica y comercial. Una guerra entre una potencia en declive y otra en ascenso. En nuestros tiempos, más complejos, se trata de dos hegemonías en declive. La “Occidental” encabezada por EE.UU, y la del Este, dirigida por la coyuntural –y “contranatura”- alianza  entre Moscú y Pekín. El escenario de batalla de semejantes “superegos” político –patológicos, es Ucrania, un país gobernado por una oligarquía corrupta, que tiene el apoyo “occidental”, como otra posible punta de lanza contra el Imperio del Este y que según Putin, con envidiable cinismo, ha sido un “invento del comunismo” y no se trata de un país “real”. Y con una zona secesionista, el Donbass, bajo interesada protección rusa, no en vano es la región más industrializada de Ucrania.

Putin, como buen alumno de la KGB (demasiado dado a riesgos extremos, decían sus profesores) es un experto en contra información, mentiroso contumaz al que favorece un gesto de indiferencia permanente, tipo Buster Keaton -pero sin la bondad de la mirada del cómico- y aficionado a estirar la cuerda hasta el máximo sin mover un solo músculo facial.

De hecho lo que Putin busca con su enroque ucraniano es sentar las bases para redefinir el concepto estratégico de la Federación rusa buscando una serie de “zonas grises” que garanticen la seguridad de sus fronteras ante la presencia creciente de la OTAN en lo que considera “su territorio geoestratégico” ya erosionado por Polonia y los Países Bálticos. No es probable que un hombre tan astuto se embarque en una larga guerra de ocupación en Ucrania, sería un error catastrófico. Aunque es  probable que entre en Kiev (a la que está atacando más directamente desde Bielorusia ). Aún así ocupar un territorio como el ucraniano, con 600.000 km2 , con una mayoría de ciudadanos hostil (excepto en Luhansk y Donetsk, el Donbass) y un occidente en contra, sería un error napoleónico o hitleriano , como Putin debería recordar.

Lo más lógico (aunque la lógica y el sentido común no pertenecen a este escenario) sería que todo quedara en una demostración de fuerza. Decía Voltaire que “en un mundo de lobos es necesario aullar y mostrar  los dientes de vez en cuando”.  La geopolítica se está convirtiendo en una política de “trileros” como denuncié aquí mismo hace unas semanas (cosa que también pasa en las políticas nacionales: ¿será otra pandemia?). Sólo hay que ver como un tipo de “acrisolada virtud” política e “inteligencia táctica” como Bolsonaro, el estrafalario presidente de Brasil, propone una alianza con el húngaro Orban (otro que tal) para apoyar a Putin en sus descalabros ucranianos y contra la OTAN y el “amigo americano”. Y no olviden que las ultraderechas de Europa ven con bastante agrado las actitudes y la “chulería” impasible de Putin.

Las medidas económicas anunciadas son casi un tiro en el pie de la economía europea y  mundial a la larga. Rusia no es un gigante económico –su estatura financiera internacional es semejante a la de Italia- como China o Estados Unidos  y el rendimiento de su enorme capital queda muy afectado por el aislamiento,  si fuese expulsada del sistema financiero internacional

Tal vez exista una vía política viable para el futuro, aunque quizá utópica dado el inmutable egoísmo político y codicia de los dirigentes y los blindados y anónimos círculos de poder oligárquicos: Una reorientación de la estructura política internacional, basada en el equilibrio de poder, la colaboración económica y la solidaridad social. Empoderar a la ONU y a las organizaciones internacionales de ayuda social y económica. Nada de hegemonías, de poderes absolutos, de carrera de armamentos, de polarización ideológica y de ignorante rumbo de colisión contra la supervivencia planetaria. Afrontar los enormes problemas que nos vienen, como seres humanos en peligro, no como americanos, rusos, ingleses o chinos. Ojalá no haga falta una guerra total para llegar a esa conclusión racional.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 febrero 2022 2 22 /02 /febrero /2022 12:16

Publicado en "La Comarca", 220222

Uno de los puntos en los que la espiritualidad – desde el taoísmo al zen o el misticismo cristiano, musulmán o judío- coincidía con los grandes maestros del pensamiento y la filosofía, desde los estoicos y epicúreos griegos a los pensadores modernos sobre el arte de vivir, es en la sabiduría del soltar, del dejar ir. Se trata de un requisito indispensable: renunciar a la narrativa interior que gestiona las expectativas, quejas, agravios y deseos con los que nosotros mismos sembramos la existencia. Basta con “soltar”, dejar de aferrarnos a la manía de percibir cómo “debería ser” la vida y las otras personas, en sí mismas o en relación con nosotros. Como carecemos de la clave correcta de lo que ES, pretender que debe ser como nosotros queremos que sea es, lisa y llanamente, un funesto error. Es aferrarse a algo que nos descentra y daña. Hay que “soltarlo” y dejar que podamos percibir la realidad sin los filtros de nuestras creencias o rechazos. Peter Rusell, en su obra “Déjalo ir” (Ed. Kairós), asegura que muchos de los problemas  personales a los que nos enfrentamos no son reales, sólo existen en la mente. Podemos despojarlos de su poder con sólo reconocer su naturaleza mental y “soltar” nuestras creencias sobre ellos.

Un ejemplo práctico, que he comprobado de forma personal, es el dolor. Este es un mensaje del organismo que nos alerta de que hay algo en el cuerpo que va mal. La reacción habitual es tratar de negarlo o ignorarlo, resistirnos y tensarnos en su presencia o buscar remedios rápidos para que desaparezca. No funciona. Prueba a dejarlo estar. Deja ir todos tus temores al respecto. Préstale toda la atención que te está pidiendo. El dolor es una sensación física inevitable pero el sufrimiento es opcional. Nace del deseo de que el dolor se retire. Por tanto, acepta ese dolor, deja que sea, relájate lo más que puedas…no tardarás en advertir que se convierte en una sensación de dolor disminuido,  que cubre y mitiga la exasperada tensión  de músculos y huesos. De alguna manera, “duele” menos. El dolor no ha cambiado en sí mismo, pero sí tu relación con él (aunque hay afecciones graves en las que el dolor requiere un apoyo analgésico severo). Pero en la vida cotidiana, aprenda a soltar el peso muerto de la mente.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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19 febrero 2022 6 19 /02 /febrero /2022 19:32

El agua es un elemento esencial de la vida. "El agua es vida y es de todos", pregonan desde la ONU a todo el planeta. Nuestro propio cuerpo tiene un elevadísimo porcentaje de agua y ello nos hace especialmente sensibles a su carencia. Los excesos y los abusos e ignorancias que provienen de la cultura irresponsable y consumista del siglo XXI, comienzan a producir los efectos perniciosos de dos fenómenos unidos entre sí, las sequías, la desertización creciente y los diluvios, con su secuelas de inundaciones y catástrofes. El deshielo progresivo en los Polos, el aumento del nivel del mar en todo el planeta y fenómenos contaminantes como la Gran Mancha de Basura del Pacífico que tiene una superficie superior a España, Francia y Alemania juntas, son alertas estimables para toda persona consciente. Para mentalizarnos del protagonismo natural en la vida del hombre de ese preciado elemento he escogido tres libros que simbolizan tres actitudes y puntos de vista interesantes, aleccionadores y, para mayor deleite del lector, llenos de una cierta sabiduría. Una actitud que que debería impartirse desde las guarderías en la educación de los hombres y mujeres de este siglo preocupante. Se trata de un ensayo, donde el viaje, la búsqueda y la mirada lírica, técnica o naturalista dan una pátina literaria muy atractiva. "Cómo leer el agua" de Tristan Gooley, que edita Ático de los Libros es el título que les recomiendo.

Tristan Gooley, que gasta sombrero a lo Indiana Jones, aunque cuando estuvo en Barcelona llevaba una gorra con cierto aire a la que usaba Sherlock Holmes en algunas películas antiguas, es un hombre-orquesta cultural y deportivo. A un caminante compulsivo como yo, le sugiere Gooley oleadas fraternales de sana envidia: no sólo por su magnífica forma física, sino por el acervo naturalista de conocimientos y experiencias. Nuestro hombre tiene en su haber un libro (aún no traducido), "Natural navigator" en el que tiende su mirada metafórica, atenta e inteligente a la vida humana en las metrópolis, aplicando parámetros filosóficos, biológicos, históricos, sociales y de supervivencia.

 Tristan, que rebasa un poco los cuarenta pero exhibe en su prosa un entusiasmo vital veinteañero y una noción básica de que en la vida es más importante el camino que el destino,  en su libro "Cómo leer el agua" nos cuenta que durante muchos años ha navegado y ha buscado e investigado sobre la relación del hombre con el agua, para asegurarnos que podemos llegar a "leer" en un charco de lluvia el lenguaje del líquido vital con tanta precisión como en el Pacífico o en el Ebro o en los colores de un arco iris. Como todo amante de la Naturaleza, Gooley nos habla de emociones, lirismo y espiritualidad asociados a las interminables llanuras ondulantes del océano, el fragor del arroyo de montaña o la calma zen de un lago en las cumbres suizas (con la sabiduría añadida de recordarnos que el auténtico reto, la prueba "del algodón" es sentir el mismo amor por el entorno mientras caminas por el Everest o lo haces por la bella y familiar montaña de tu pueblo).

Siguiendo a los polinesios, grandes navegantes pero también minuciosos observadores de todo lo que tiene relación con las aguas, de la enorme complejidad que oculta su soberana sencillez, Gooley nos va enfatizando “las singularidades, los signos y los indicios del agua en sí". Nuestro autor empieza por lo más banal, una gota resbalando por el cristal de una ventana o un vaso de agua en tu hogar o el charco que la lluvia ha creado en el borde de un camino (o nos habla del "petricor" ese inconfundible aroma que genera la lluvia al caer sobre el monte o los campos tras una temporada de sequía). Pasar de lo mínimo a lo máximo, del microcosmos escondido en un estanque hasta el macrocosmos del Atlántico y la relación de todo ello con la atmósfera, las nubes, las corrientes de aire, el calor del sol, el frío, la interrelación de todo en Todo y el frágil equilibro de nuestro entorno planetario, tantas veces violado. El mensaje ecológico de este libro no es autoritario y censor, no nos dice lo que "debemos hacer", lo que hacemos mal, toma un camino taoísta y muy inteligente: enseñemos a la gente a amar y respetar la Naturaleza, desde niños: no tardaremos en empezar a cuidar de ella de forma general e indiscriminada.  Este hombre, que ha cruzado dos veces el Atlántico, una vez en avioneta y otra en barco, está familiarizado con la presencia del riesgo y la muerte y los integra en sus actividades con la misma naturalidad con la que busca "pistas, señales y patrones físicos" en cualquier superficie de agua, quizá para gozar de la habilidad del "isharat" con la que los antiguos marinos árabes designaban el área de conocimientos que permite leer las señales físicas en el agua y que Gooley comparte con el lector en su libro.

FICHA

CÓMO LEER EL AGUA.- Tristan Gooley.-trad. Víctor Ruíz.- Ed. Ático de los libros.-2018. 424 págs.

 

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16 febrero 2022 3 16 /02 /febrero /2022 17:36

El autor de este libro, Máximo Gatta, es un bibliotecario profesional y erudito experto en  bibliofilia (como no es de extrañar) y sobre todo lector apasionado, colaborador en las principales revistas de Europa dedicadas a los libros y es director editorial de una firma dedicada a bibliografía, además de autor de artículos y libros sobre temas relacionados con los libros.

Durante la apasionante lectura de este pequeño libro de algo más de 150 páginas, más de la mitad ocupada por una bibliografía amplísima, estudios, novelas, relatos y análisis; artículos y números monográficos; catálogos. páginas web, y notas, amén de un prólogo de Luigi Mascheroni y un epílogo del ubicuo y ameno José Luis Melero, uno siente vibrar la fraternidad que une a todos los amantes de los libros. Y la simpatía -y el dolor- que provoca tratar de poner un cierto orden en los libros que uno tiene, que van generándose a mayor velocidad que la que usan en asentarse en su lugar. Es como una corriente viva, irregular pero constante, que va superando todos los órdenes y clasificaciones que tratamos de imponerle. Como dice Roberto Calasso, fundador de la editorial Adelphi y un notable autor de libros semejantes a éste, "el orden total es imposible, simplemente porque existe la entropía...pero como sin orden no se puede vivir, con los libros, como con todo lo demás, es preciso encontrar una vía intermedia". 

El recorrido por la bibliomanía y la bibliofilia a través de  autores conocidos desde Borges a Montaigne es uno de los placeres añadidos de esta lectura tan cercana a mi sensibilidad y a mis "problemas" con mi biblioteca. Como T.S. Eliot, uno de mis poetas preferidos,  a pesar de mis esfuerzos los libros se me escapan, huyen, se esconden y como él digo "tengo un cúmulo de libros tan variados, tan recalcitrantes a cualquier interno de orden, que cuando quiero consultar uno que sé que tengo, no consigo encontrarlo y me veo obligado a volverlo a comprar o a buscar en una biblioteca profesional". Aunque duplico con holgura los 10.000 libros de los que habla Mascheroni como la cifra "significativa" , no comparto la opinión despreciativa de ese autor cuando añade "por debajo de ese número no tiene sentido hablar de ordenar la propia biblioteca, es mejor dedicarse a la filatelia que ocupa menos espacio".  Bueno, mis libros, repartidos en tres casas, deben estar en torno a los 21.000, tirando a más y a pesar de mi duro trabajo ordenancista, ellos siguen una misteriosa dinámica propia que va superando todos mis intentos de orden. 

Pero eso provoca, como dice nuestro autor, un nuevo y renovado placer : el del reencuentro. De pronto, de una forma casual o mejor por sincronicidad junguiana, aparece el volumen que dias antes habíamos estado buscando desesperadamente. Es como el encuentro con el hijo pródigo. Uno tiene ganas de sacrificar un cordero para celebrarlo al estilo bíblico. En fin, el libro de Mássimo Gatta es una gozada que recomiendo a todos los "bilbiomaníacos" que me están leyendo.

Pertenezco al mismo mundo insomne de amantes de los libros que cita Massimo, desde gramáticos como Zenódoto de Éfeso: bibliotecarios como Gabriel Naudé; historiadores como Luciano Canfora; escritores como Jorge Luis Borges; editores como Roberto Calasso; y hasta diseñadores de moda como Karl Lagerfeld, a lo largo de la historia se han preguntado si es más adecuado el orden  o la desorganización igualmente ideal, de la propia biblioteca. Muchos nos hemos rendido al ‘horror vacui’, acaparando libros con poco control y amando ese desorden incontrolado  en la que a los libros les encanta jugar,como si se burlaran de su dueño para no ser encontrados, o serlo cuando ya no los necesitamos.  Es una lucha permanente y apasionante que sin duda perderemos pero a la que hay que prestarse, porque un orden, siquiera sea relativo,  debe obtenerse, simplemente para hacer viable la biblioteca y cumplir su misión: la de la lectura, el comentario o la escritura sobre ella, que es lo que promueve el libro.

FICHA

EL DESORDEN DE LOS LIBROS.- Massimo Gatta.- Trad. Amelia Pérez de Villar. Ed Fórcola.- 174 págs.

 

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15 febrero 2022 2 15 /02 /febrero /2022 12:58

Deberían hacerse públicos los nombres y merecimientos académicos de los funcionarios que han decidido eliminar la Filosofía en 4º curso de la ESO. Debe hacerse un análisis público de esa medida con profesores, filósofos en ejercicio, periodistas, y sociólogos. Y también otro de la deriva actual  de los estudios humanísticos, que parece propiciada por una mentalidad enfocada a la tecnología, el pragmatismo finalista de cara al mercado laboral, la cultura del mínimo esfuerzo y la igualación del alumnado por lo mediocre y no por la excelencia.

Eliminar la filosofía es penalizar el pensamiento crítico, ignorar la inteligencia y la facultad de entender y gestionar la propia vida, de adquirir un sistema de análisis basado en principios éticos y una percepción del Otro dentro de esquemas de solidaridad, colaboración y respeto. Estamos haciendo un país de “Letrasados”, es decir analfabetos verticales, que llegarán, inermes éticamente, a una Educación universitaria que privilegia las recetas neoliberales de gestión y estudios de mercado. Quizá tengamos buenos técnicos, que tal vez no sepan ser buenas personas. Allá en las profundidades de la crisis global sistémica está la crisis educacional, que influye en todas las demás de una manera indirecta pero eficaz. La filósofa Martha Nussbaum reflexiona sobre la relación entre educación y la crisis de la democracia: “en la medida en que se recorta el presupuesto asignado a las disciplinas humanísticas, se produce una grave erosión en las cualidades esenciales para la vida misma de la democracia”. Quizá aquí radiquen las “razones” que instigan a la supresión filosófica: limitar la capacidad crítica de los jóvenes para hacerlos ciudadanos mucho más manipulables.

¿De verdad las autoridades educativas creen que puede resultar rentable una generación de letrasados? ¿Que el creciente predominio del mundo digital y las redes, con su capacidad manipulativa, puede ser gestionado por mentes a las que no se les ha enseñado a pensar fuera de las vías trilladas de la “tele-drogodependencia” y del brillo hipnótico de las pantallas de móviles u ordenadores? Decía Bergson que  “la filosofía da al ser humano la capacidad de retirar el velo que el hábito teje entre nosotros y la vida”. La filosofía enseña a pensar y a vivir. Así ha sido en los últimos treinta siglos como mínimo. ¿Y no es ese, uno de los más importantes fines de la educación?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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11 febrero 2022 5 11 /02 /febrero /2022 18:24

Entre las secuelas alarmantes del cambio climático generalizado, está el cambio climático oceánico que ya empieza a producirse indirectamente por el deshielo polar y los excesos de calor y CO2.. La conservación de los fondos marinos -con su fauna y sus minerales-  empieza a cuestionarse debido al crecimiento productivo suicida del capitalismo salvaje neoliberal. La voracidad empresarial  y la creciente necesidad de materias primas, ha sido el modelo que justifica el esquilmado de  la tierra y de la atmósfera: ahora se enfoca a la superficie de los océanos y los fondos marinos. Los océanos están a disposición de la codicia humana para que cerremos el círculo de la destrucción planetaria.

En estos días, desde el miércoles 9 al viernes 11, se está celebrando  a bordo de un gran buque amarrado en el puerto de Brest, en la península francesa de Finisterre, una cumbre a la que asisten líderes políticos, representantes de gobiernos, científicos  y defensores de los océanos con el fin de frenar los intentos de explotación minera del fondo oceánico que ya están planteando determinados grupos empresariales.. Se trata de cubrir la insaciable demanda industrial y comercial de materias primas y minerales raros, que empiezan a escasear en los yacimientos terrestres.

Los océanos absorben el 90 % del exceso de calor y el 25 % del dióxido de carbono que producimos años tras año. Pero esa función protectora tiene sus efectos sobre las corrientes oceánicas, los peces y criaturas marinas, el plancton y hábitats como los corales donde se refugia el 25 % de la biodiversidad marina. e incluso la composición química del océano cambia por el exceso de CO2, lo cual afecta directamente a moluscos y crustáceos.También tengamos en cuenta a los tres mil millones de personas que dependen de los océanos y los de las poblaciones costeras amenazadas por el aumento de nivel del agua debido al deshielo en loas zonas árticas.

Hay ya una serie de acuerdos internacionales para la explotación de los fondos marinos como el Convenio de Wellington, unido a un proyecto de Código Minero que se estudia en la ONU y cuya puesta en marcha trató de frenar el Protocolo de Madrid de 1991 y ahora quizá la conferencia de Brest, donde se podría formar una coalición de países que se oponga a los proyectos de minería en los océanos, a través de un Convenio sobre la Diversidad Biológica  y un Tratado sobre la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina, que fueron aplazados por la pandemia.

La explotación indiscriminada de los fondos marinos sería el fin de los ecosistemas de las profundidades marinas y un mazazo más a la supervivencia en el planeta de un número ingente de especies animales, incluida la nuestra. El oceanógrafo y experto en vida submarina, Rémi Parmentier, cofundador de Greenpeace, sugiere un cambio de percepción política y empresarial sobre la supervivencia de los océanos. Por ejemplo, asumir que la protección de los océanos sea la norma y no la excepción: por tanto la carga de la prueba de validez operativa y daños controlados sea exigida a los que pretenden mercantiizar y explotar el fondo marino, no a los que defienden su pureza y seguridad. No se podrían autorizar tales explotaciones sin la debida evaluación de sus impactos ambientales. Se debería, como es lógico, estudiar procedimientos de evaluación eficaces y respetuosos. Y, en relación con el peligro más inmediato de acción incontrolada en un hábitat marino, el de la Antártida, pasar a debate público mundial las amenazas que se ciernen sobre la vida en el continente antártico, a pesar de haber sido declarado reserva natural de la biosfera en la Conferencia de Madrid de 1991.

Ahora nos jugamos otra de las cartas más valiosas del cambio climático, cuyos efectos ya estamos empezando a notar en todos los países, de forma irregular pero evidente. La dialéctica codicia- supervivencia tiene muchos frentes. Sólo el sentido común, la solidaridad y la cooperación entre todos los países podrían dar con una superación de tal dialéctica. Y eso, por el momento, suena a quimera.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

 

 

 

 

 

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9 febrero 2022 3 09 /02 /febrero /2022 11:39

LOGOI 238

ASISTENCIA PRIMARIA

Tengo amigos médicos trabajando en la Asistencia Primaria. Me hablan del desafío y cansancio que les supone. Me quedo perplejo. No sólo los que trabajan en capitales o poblaciones grandes, incluso en el mundo rural. La asistencia primaria es la cenicienta del sistema sanitario, siendo como es la primera trinchera del sistema junto a las urgencias y las Ucis en el rango hospitalario.

Algunos datos procedentes de informes oficiales (Ministerio de Sanidad) o de asociaciones profesionales de médicos o enfermeras (SATSE, Sindicato de enfermeras) e incluso de centros internacionales como  Medicos Mundi o Amnistía internacional, ofrecen un panorama desolador. Uno de esos doctores me dijo: “El problema es que no hay voluntad política –ni presupuestos- para resolver una crisis sanitaria que vamos arrastrando desde el 2008”. En esos años dejaron de aplicarse, casi 2.000 millones de euros en la atención primaria. Seguramente, como ésta es más difícil de privatizar, resulta más provechoso para la administración dedicar sus fondos al sector hospitalario, que tiene mayor proyección mediática.

El recorte de plantillas en la A.P. provoca que sólo se ha repuesto el 20% de las jubilaciones producidas (pero esperen, en cinco años, se jubilará el 40% del personal sanitario) y su precariedad y dureza laborales hacen que, por ejemplo haya un exceso de temporalidad, que casi tres mil enfermeros/as estén en las listas del paro y se sigan rescindiendo contratos en plena pandemia. O que los médicos residentes cuando acaban su residencia en primaria salgan de estampida a empleos más fructíferos y menos exigentes. El Plan de Acción de Atención Primaria y Comunitaria de diciembre pasado, tiene buenas intenciones pero cero presupuesto. Mientras, los plazos de demora de la asistencia en los centros de salud van aumentando. Y en el Plan de Recuperación por la pandemia no hay fondos para la A.P.

Estamos en la cola de Europa. La ratio de médico de familia por cada 1000 habitantes, en España, es de 0,77 (Portugal tiene 2,63 médicos) y en enfermería la ratio es de 0,66. En total, faltan más de 15.000 enfermeras en España. Sanidad y Educación son los pilares del Estado asistencial. Pero no hay dinero. ¿De veras? Para pagar nóminas de  la abultada, excesiva, clase política y funcionarial general y autonómica no parece faltar.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 febrero 2022 7 06 /02 /febrero /2022 10:09

Julian Barnes es uno de los autores británicos de la brillante generación de la segunda mitad del siglo XX que junto a Amis, Le Carré, Mc Ewan, Graham Switz y algunos otros, han invadido nuestra bibliotecas y nuestra pasión de lectores. Le descubrí con "El loro de Flaubert", una cáustica e irreverente fórmula de ensayo literario crítico, con la ironía de Sterne y la mala uva de Swift (Jonathan), después vendrían, entre otras, "El sentido de un final"  divertido y patético análisis del miedo a morir y la soberbia "Arthur & George" sobre un episodio real en la vida de sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes.

En este libro que nos ocupa, Barnes se supera a sí mismo y entabla una suerte de relato personal de búsqueda de la urdimbre histórica en torno a una figura real del siglo XIX, el doctor Pozzi, amigo y médico de las grandes celebridades sociales, artisticas, literarias y científicas y un ilustre desconocido en nuestros tiempos, excepto por una razón, haber sido pintado por John Singer Sargent, uno de los grandes retratistas de la época, en una obra llamada "El hombre de la bata roja".

Hemos de llegar a las dos terceras partes del libro (página 189), para que Barnes nos cuente el por qué de su elección de protagonista: "Mi primer encuentro con el doctor Pozzi, ocurrió por medio de la formidable imagen de Sargent. La etiqueta del cuadro me informó de que era ginecólogo. No me había topado con él en las lecturas sobre el XIX francés. Después leí en una revista de arte que no sólo fue el padre de la ginecología francesa sino también un 'incorregible adicto al sexo que habitualmente intentaba seducir a sus pacientes femeninas'. Barnes no acepta ese juicio y comienza a investigar al doctor Pozi del cual "no existe ni una sola queja formulada por ninguna mujer contra él. Ni una reclamación judicial, ni un escándalo" Barnes hace un asombroso escrutinio de diarios de la época y libros de gente famosa dada al chismorreo (el "Journal" de Edmond de Goncourt, el célebre editor, por ejemplo, sólo habla de débiles pruebas de posibles devaneos. Y, se pregunta: "¿con que autoridad lo juzgamos?".  Y a partir de ese punto el libro es un apasionado viaje por los amigos de Pozi, los hallazgos médicos y práctica profesional de calidad más que superior, su amor a las mujeres y su vida familiar, su proverbial discreción ( la actriz Sarah Bernhardt, amante suya durante medio siglo, ni lo menciona en sus memorias). Como escribe Barnes: "las biografías son un conjunto de agujeros atados con una cuerda y en ninguna parte eso es más evidente que en la vida sexual y amorosa".

Barnes es un maestro consumado en este tipo de trabajos imbricados en la historia, en personajes reales. Logra hacernos atractivo el largo rodeo, las investigaciones y los hallazgos en torno a la época y las celebridades que rodearon al médico francés, jefe y compañero del padre de Proust. Ya desde el mismo comienzo del libro: "Un príncipe, un conde y un plebeyo, franceses los tres, llegaron a Londres en 1885 a la busca de "adquisiciones intelectuales y decorativas". Los dos aristócratas eran homosexuales o, como se decía entonces, "de tendencias helénicas". El plebeyo, doctor y reconocido coleccionista de amantes femeninas. Y portaban una carta de recomendación de uno de los mayores pintores de su tiempo, John Singer Sargent, que les permitió ser recibidos nada menos que por el escritor Henry James que ejerció de cicerone por la megalópolis inglesa. ¿Sus nombres? El príncipe Edmond de Polignac, el conde Robert de Montesquieu (bien conocido por los lectores de Proust) y el doctor de apellido italiano Samuel Jean Pozzi. El hombre de la bata roja."

Con Barnes vivimos una época en la que se desarrolla el juicio al militar francés judío Dreyffus, el "caso" que dividiría al país, la condena a Oscar Wilde, el comienzo de la publicación de la saga de Proust y comienza a perfilarse el escenario que daría lugar a la Gran Guerra, el horror de la I Guerra Mundial, mientras se vive la "decadente, vertiginosa, violenta, narcisista y neurótica". Belle Épocque",  En resumen, un libro muy recomendable, no sólo para admiradores de Barnes, sino para los interesados en conocer una época extinta e irrepetible, y una persona, de gran talento y valía, ignorada por la posteridad, el doctor Pozzi, al que  nuestro escritor considera "una especie de héroe", argumentando su opinión de forma convincente.

FICHA: EL HOMBRE DE LA BATA ROJA.- Julian Barnes. Trad. Jaime Zulaika. Ed. Anagrama.302 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 febrero 2022 2 01 /02 /febrero /2022 11:47

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SESGOS

Demócrito y después Epicuro, filósofos griegos ponían la “euthymía” o buen ánimo, placidez y sentido del humor, como el máximo logro del sujeto que piensa. Hoy día, entre las amenazas bélicas, la pandemia, la inflación y la subida de tipos de la Reserva Federal de EE.UU. y del BCE, resulta casi heroico ser optimista. Hay que empaparse con las obras de Yuval Noah Harari o de Hans Rossling  para superar el abatimiento.

Sin embargo hay un sesgo de confirmación pesimista en esa acumulación de horrores, como lo hay en el optimismo militante del “buenismo new age” al son del “hare krishna”. En psicología cognitiva se llama “sesgo de confirmación” a la tendencia inconsciente del individuo a buscar nuevas informaciones que confirmen las ideas preconcebidas de uno u otro signo que el sujeto mantiene, al tiempo que evita y niega sin reflexión las informaciones que contradicen dichas ideas.

Hay un gran temor a la inestabilidad en burgueses, altos ejecutivos y la pequeña burguesía, entre los empleados, obreros y trabajadores de oficio o de servicios. Una clara falta de esperanza en la mayoría de los jóvenes que les lleva al nihilismo emocional y un sector en los últimos escalones de la sociedad del bienestar que roza la desesperación. Esto es el sesgo pesimista.

¿Y el sesgo que produce la “euthymía”? Los que leen el problema bélico con Rusia como un desafío controlado. Nadie en su sano juicio, incluidos Putin o Biden (que podrían no estar dentro de ese grupo) entraría en una guerra que hundirá la economía del mundo desde Washington a Moscú, Berlín, Paris y Pekin (el gran acreedor-inversor internacional que, en caso de guerra, no podría cobrar sus intereses). Los que mantienen que la revolución tecnológica va a crear un mundo más limpio, sostenible y enriquecido y de alguna manera lo está haciendo (sólo que olvida repartirlo equitativamente). Por tanto se está creando producción y riqueza y tenemos el nivel tecnológico suficiente para  resolver los problemas del planeta, incluso la pandemia o el caos del clima. Es cuestión de tiempo comprender que eso sólo es posible si colaboramos todos y el bien está solidariamente repartido. Eso produciría “euthymía”, sin duda.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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