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1 abril 2022 5 01 /04 /abril /2022 15:34

UCRANIA: EL SÍNDROME DE AUSCHWITZ

Publicado en Heraldo de Aragón, 010422

Una generación que no sabe aprender de sus errores está condenada a repetirlos. La geopolítica internacional adolece de una desmemoria histórica que, a fuerza de dimensionar equívocos, ansias de poder y memoria manipulada por intereses hegemónicos, olvida hechos inaceptables y vergonzosos que muchos países se comprometieron a que no volvieran a suceder. ¿Hemos olvidado el mandamiento ético que para la Humanidad supuso la existencia de Auschwitz? ¿Somos tan ciegos que no percibimos las relaciones y correspondencias causales, políticas y sociales, directas o indirectas, que existen entre la invasión de Ucrania y los campos de exterminio? ¿Hay tantas diferencias entre las posturas genocidas de los nazis  respecto a los judíos y otros pueblos considerados “eliminables” y las que pregona Putin para “justificar” la  invasión de Ucrania? ¿No hay semejanzas entre el egoísmo y la ceguera de Europa previos a la II GM y los  errores actuales de cálculo en la subordinación política de la UE a los intereses geoestratégicos de EE.UU. y el brazo armado de la OTAN? Vivimos una nueva escalada de gastos en Defensa en Europa, lo cual aleja la posibilidad de diálogo de paz. El “si vis pacem para bellum” (si quieres paz prepárate para la guerra)  es una memez belicista contagiosa.

Auschwitz podría parecer una referencia fuera de contexto en un análisis de la situación–límite actual. Pero recordemos que era algo impensable incluso tras la llegada de Hitler al poder en 1933. La dinámica perversa de la condición humana no ha cambiado tanto, como cualquiera puede percibir sólo repasando los desvaríos y abusos bélicos de la política internacional tras el fin de la guerra mundial  (Iraq, África, Oriente Medio, Sudamérica, Bosnia, etc.). De todo ello nos advertía Theodor W. Adorno: “Habría que evitar que vuelvan a producirse otros Auschwitz. Su existencia y la lucha para evitar que se reproduzca no es algo que nos dicte el imperativo categórico de la razón pura práctica sino que obedece a un desgarro en la historia, la experiencia histórica del mal.” Y ¿qué es sino un “desgarro de la historia” la dinámica bélica de Putin, con sus referencias al holocausto nuclear? ¿No es la reiteración de la “experiencia del mal”? Adorno advierte que la barbarie anida y seguirá anidando en el corazón de nuestra civilización mientras perduren las condiciones que hicieron posible la bestialidad de Auschwitz.

En el caso de Ucrania se percibe una radical insensibilidad en los agresores, que pretenden convertir la guerra en un balance trivial de efectivos militares y razones económicas más o menos escondidas, una praxis bélica que ocasiona miles de víctimas y arrasamiento de ciudades, fábricas y cosechas. Sin olvidar a los miles de refugiados que abandonan sus hogares para salvar la vida, con sus dramas y necesidades primarias a cuestas. Todo ello conforma un alarido de alarma dirigido a la conciencia de la Humanidad. Las imágenes que se difunden por televisiones, móviles e internet tienen el peligro –ya denunciado por Hannah Arendt- de banalizar la tragedia para convertirla en una noticia más, que se percibe a través del alejamiento esquemático de los  emoticones y los “like”. Como decía la filósofa Judith Butler, “Hemos sido apartados del rostro – el rostro de una víctima es la denuncia básica de un horror- por medio de la imagen vertiginosa de una cara, de un cuerpo torturado, una representación visual que acaba, por ser obsesiva y constante,  tiñendo de rutina el horror de la muerte”.

Lo que está sucediendo en Ucrania –y en otro orden de cosas, en Rusia y en los países que asisten a la “representación” de Putin- es que como seres humanos insertos en una civilización digital donde prima la imagen difundida obsesivamente, la tragedia ucraniana se convierte en un drama serializado en “prime time”, que nos afecta menos por su obscena reiteración. Esa dinámica  nos va inmunizando al dolor de los otros, casi sin darnos cuenta. Y olvidamos que “su problema” será “nuestro” problema. Como el horror de Auschwitz no se quedó en una anécdota histórica, sino que, sin percatarnos de ello, ha dejado su emponzoñado mensaje en la memoria genética de la Humanidad.

Quizá no se llegue a repetir exactamente la bestialidad hitleriana, pero percibimos ya inquietud en los nidos de serpientes que se esconden tras la inmoralidad agresiva del ataque a Ucrania. Putin, consciente o  no de ello, está aplicando la “doctrina” del ideólogo nazi Carl Schmitt: la oposición radical amigo-enemigo como criterio para diseñar la política de su país. Ese “enemigo” de Schmitt y quizá Putin, se define como una amenaza letal para la supervivencia de la nación y cualquier medio de aniquilarlo –nadie habla de negociar- está justificado, desde la guerra exterior a la “limpieza étnica” interior. Los nostálgicos de imperios dictatoriales se frotan las manos viendo a la barbarie cabalgando por los campos y ciudades de Europa, Asia, África... Es el síndrome de Auschwitz (una de las consecuencias de la “doctrina Schmitt”)  que ha despertado de su espantoso dormitar en la historia.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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31 marzo 2022 4 31 /03 /marzo /2022 09:30

Hay un punto de conexión entre el autor de este libro, Jordi Pigem y el de este artículo. El haber conocido y tratado a un pensador de primera categoría, un erudito que además seguía un camino de excelencia espiritual, Raimon Panikkar, al que conocí y admiré en su retiro de Tavertet.  Precisamente uno de los términos filosóficos conceptuales que Panikkar desarrolló, la ecosofía, que definía como una suerte de escucha de la Tierra a través de sus manifestaciones animadas o estáticas, es uno de los principios dinámicos filosóficos que instrumenta Pigem en  "Así habla la Tierra".

Se nos propone un viaje a través de citas de poetas, escritores y filósofos desde los taoístas o budistas, hasta la Grecia  y la Roma clásicas, y las joyas literarias, filosóficas, científicas y  y poéticas que nos han legado a través de los siglos. Pero el grueso del volumen lo ocupan los comentarios personales del autor, articulados como la voz de la Tierra, donde se explicitan las maravillas, riquezas y desafíos, peligros y carencias que el planeta y el Cosmos nos ofrecen a todos los que, con ojos para  ver y sensibilidad para apreciar, nos conmueve y enriquece la comunión con la Naturaleza.

Decía Platón en el "Timeo": "este Cosmos es un ser vivo, dotado de psique y del intelecto...un ser vivo, único, visible, que contiene dentro de sí a todos los seres vivos, que por su naturaleza son sus congéneres". Este es el fondo latente  de la cuestión que desarrolla el libro de Pigem, que también cita al malogrado Giordano Bruno que alarmó a la Inquisición con su percepción de que "el alma del mundo es el principio constitutivo formal del universo y de todo lo que el Universo contiene". Lo pagaría con la vida.

Dividido en tres partes, Origen, Ciclos de vida y luz y Ecos, el libro deja una sensación deliciosa de humildad y reconocimiento ante la grandeza de la Naturaleza, a la que el autor da la posibilidad de expresarse y lo que nos dice nos emociona, nos apena y nos alarma, La Tierra nos apostrofa: "Creéis que estáis solos en la cúspide del mundo, que sois los únicos que sienten y piensan, los únicos que cuentan. Pero el árbol que tocáis también siente vuestro tacto, la tierra que pisáis también siente vuestros pasos, el agua en la que os zambullís siente vuestros cuerpos, el aire que respiráis siente vuestro ánimo. No estáis solos". 

Con la metáfora de un día narrativo, la Tierra nos habla del amanecer en maravillosos lugares del mundo, Mediterráneo, África, España. Nos recuerda a Leonardo da Vinci o Melville. Voces de mentes geniales fascinadas por la Tierra. Ella nos habla de sus aguas, sus peces, sus rocas, sus hayedos, sus bosques, citando lugares y rincones, la vida cambiante del subsuelo, lleno de energía potencial, nuestra cuna (humanos, viene de humus, nos recuerda), Anaxágoras que cifra en la contemplación del cielo y los astros el propósito de la existencia; nos habla de los ríos, el Congo, el Nilo, el Indo, todo fluye , todo vibra. Como para Hermann Hesse, el río es la metáfora de la vida humana. Después habla de los océanos y sus trillones de millones  de bacterias, virus y especies de peces, que constituyeron la cuna del hombre. Amanece en La Graciosa, en Irlanda, en los altos del Garajonay, en Islandia o Groenlandia, la Antártida, el Caribe  y esa gigantesca y desconocida cordillera submarina que atraviesa todo el Atlántico y de la que únicamente vemos las Azores o Islandia o en unos de sus brazos que pasa por el Indico y sube al Golfo de Omán y va hacia el Pacífico hasta el golfo de California.

Pero la voz de la Tierra evocada por Pigem también nos recuerda que esos colores del amanecer global sacan destellos sobre centenares de kilómetros de residuos plásticos en el Atlántico Norte, que anochece sobre otra gran mancha en el Pacífico norte y que brilla la luna sobre otra semejante en el Pacífico Sur. Se queja la Tierra de las más de cien mil sustancias contaminantes creadas por el hombre que van agostando las tierras, los ríos y los océanos del mundo.

La voz de la Tierra compara, con aliento poético y rigor científico el paralelismo existente entre los ríos y sus vidas y cursos (también sus accidentes y enfermedades) con las de los humanos y también la existencia de los animales en relación con los humanos en una red de redes que imitó Internet en su momento. El día del Planeta pasa y el mediodía nos coge en el delta del Níger  y en el Ródano, con su corrupción ecológica que anuncia un colapso que ya está aquí: "sin nubes no hay agua/sin agua no hay vida/ sin vida no hay nubes", el circuito fatal de la crisis climática. Y nos recuerda también la Tierra la extinción imparable y progresiva de la biodiversidad, de los miles de especies que desaparecen cada día a todos los niveles de la bioesfera. "Todo está conectado" dice la voz de la tierra. "¿Creéis  que los organismos tienen fronteras? Los organismos tienen una existencia entrelazadas y vosotros sois comunidades simbióticas también. No hay vida sin ecosistemas". Y nosotros somos organismos entrelazados a todos aquellos a los que vamos extinguiendo. Es una cuestión de tiempo que nos llegue el turno,

Al final del libro, en Ecos, Pigem cita a su maestro Panikkar; "La vida no es un accidente que se adhiere a la materia...la Tierra es un ser vivo, el universo es un ser vivo, el cosmos entero está vivo...Es decir la realidad está viva". Resuena en esa venerada voz el eco de los budistas,taoístas y sabios griegos, los incontables y desconocidos maestros de culturas indígenas (la mayoría exterminadas) que vivían en simbiosis perfecta con la Naturaleza: "Puedes lanzarte al suelo y estirarte sobre la Madre Tierra, con la firme convicción de que eres uno con ella y ella contigo". (Erwin Schrödinger).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

ASÍ HABLA LA TIERRA.- Jordi Pigem.- Ed. Kairós.,135 págs.

 

 

 

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29 marzo 2022 2 29 /03 /marzo /2022 11:03

LOGOI 245

RUSOFOBIA, NO

Cuando el exceso de emociones, la sentimentalidad alejada de la razón o, peor, la visceralidad, hacen presa en el ser humano, éste se convierte en un juguete de las circunstancias y se vuelve capaz de cometer actos censurables que nunca perpetraría de estar “en su sano juicio” o aplicar el  sentido común. Pero el verdadero peligro es cuando esas emociones negativas se vuelven viricas  y crean estados semejantes en grupos sociales o poblaciones enteras. No hace falta recurrir a la historia para recordar estados globales de odio, represión o venganza contra determinadas “víctimas” propiciatorias, ya sea una etnia, judíos, árabes, negros, gitanos, mendigos…; diferencias sexuales, mujeres, homosexuales…; salud, leprosos, sida, enfermos mentales. La intolerancia y la eliminación física, social o cultural contra el “otro”, el ajeno, el forastero o el extraño, han escrito las páginas más negras de la historia.

Un ejemplo de esto es la “rusofobia” que se ha desencadenado tras la guerra de Putin. Primero, considerar a todo el pueblo ruso como “responsable” de la guerra es una injusticia. Segundo, prohibir las manifestaciones de la cultura rusa, sólo por ser rusa, es tan irracional y nocivo como los “autos de fe” de la Inquisición o los nazis quemando libros (recordemos que donde se empieza quemando libros luego se queman personas). Tercero, dar por sentado que un pianista, un escritor,  un compositor, por ser rusos,  deben ser “cancelados”, es ponernos a la altura moral de Putin o de Stalin. Cuarto, considerar a Tolstoi, Dostoievski,  Prokofiev, Tchaikovsky o Rimsky Korsakov como artistas “no oportunos” en estos momentos es una estupidez.

Aquí va una cita oportuna. Se trata de “Crimen y Castigo” de Dostoievski, publicada en 1866. En las últimas páginas, cuando Raskolnikov cumple condena en Siberia junto a Sonia, nos narra una pesadilla que tuvo: “una plaga de ‘triquinas’ procedente de Asia, contagia a toda Europa y  vuelve  locas a todas las personas, pero con la particularidad que los contagiados se consideran personas muy inteligentes y en posesión de la verdad, con infalibles dogmas, conclusiones científicas y convicciones y creencias morales. Por tanto agredían y mataban a los demás y entre sí pues no sabían a quienes inculpar o a quienes justificar. Todo y todos se perdieron.” ¿No hay algo de eso en la “cultura de la cancelación”?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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27 marzo 2022 7 27 /03 /marzo /2022 17:07

LOGOI 244

FELONÍA

Publicado en La Comarca el 22032022

Dícese de una acción fea, traidora o desleal. Así se podría calificar el giro de política del Gobierno español en el conflicto del Sahara, al reconocer el dominio marroquí sobre un territorio que fue anexionado a sangre y fuego. No soy un utópico y reconozco la “realpolitik” (diplomacia basada en factores dados en lugar de premisas ideológicas o éticas): si no hay un rechazo conflictivo de Argelia, la jugada sintoniza con las necesidades energéticas de España y de Europa. Una manera de dejar de depender del gas ruso. Por tanto la suerte del sufrido pueblo saharaui  queda en el aire. Segunda ocasión para olvidar nuestras promesas. Los saharauis ya saben que no somos de fiar.

Como el señor Sánchez, que olvida las trapacerías a las que históricamente se ha visto sometida España por la monarquía alauí actual. El padre de Mohamed VI, Hassan II, fue el artífice de la Marcha Verde, otra vergüenza internacional, apoyada logísticamente por un “amigo” de España, los Estados Unidos. Debería estar claro que en todas las relaciones “fraternales” hispano-marroquíes, las farsas, los engaños y embelecos, son moneda de cambio de Rabat y pasto del olvido en Madrid. ¿Hay alguien, que conozca mínimamente la cuestión saharaui desde el acuerdo de 1975, (sacado con fórceps por Hassan II de una España donde la dictadura daba sus últimas boqueadas), que crea que la maniobra actual va a arreglar el contencioso “Ceuta-Melilla” y las oleadas piratas de inmigrantes con los guardias marroquíes de espaldas?

Mientras, el pueblo saharaui, sigue sometido a condiciones precarias de vida, confinados en los campamentos argelinos, con una lucha armada que frena al Ejército marroquí en el larguísimo Muro (“de la vergüenza” le llaman) que éstos levantaron, símbolo de un pueblo al que arrebataron su legendaria libertad del desierto. Ahora España ha servido a Rabat, la pieza que faltaba tras el apoyo de Trump (no anulado por Biden) y el de Francia y Alemania, que buscan un paso seguro del gas argelino, vía Marruecos, hacia Europa. ¿Qué garantías tiene la República Árabe Democrática Saharaui y el pueblo de las arenas de que la guerra contra Marruecos no se convierta en un “asunto de secesión interna”? Marruecos va a tener las manos libres. El resto del mundo cerrará los ojos a otra tragedia genocida. Aunque una posible guerra Argelia-Marruecos daría al traste con los planes europeos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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25 marzo 2022 5 25 /03 /marzo /2022 11:23

Publicado en "La Comarca" el 25032022

Son malos tiempos para la lírica de la paz y el diálogo entre las naciones. La guerra imperialista de Rusia contra Ucrania está cambiando el tablero geoestratégico de la política mundial y NO, seguramente, al gusto de nadie, incluyendo a Putin, y con la excepción de China. L os firmes y pacientes dirigentes chinos, encabezados por Xi Jinping,   pueden estar aplicando los consejos de Confucio o el Tao a su postura política en este conflicto. Sólo hay que recordar el (supuesto) comentario del líder chino a las presiones de Biden para que condene a Putin: “deberá quitarle el cascabel al tigre quien se lo haya puesto”. Es evidente que el peso geopolítico y económico de China está siendo potenciado enormemente por esta guerra. Pero es posible que ni Putin, ni Biden, ni Europa, perdidos en medio de la tensión bélica y del cuestionamiento del antiguo escenario bipolar, se percaten de que están alimentando al “tigre dormido”, que ya hace más de una década que está dando pruebas –muy suaves y secretas- de que se ha despertado y refuerza sus poderes (un hecho que la pandemia ha evidenciado). Pero esa es una cuestión que analizaremos otro día.

En cuanto al curso de la guerra, este Observatorio está sujeto a la actualidad, aunque debe limitarse a apuntar los elementos más significativos de las últimas horas, consciente  de que no serán las del lector. En los momentos en que escribo estas líneas (jueves a mediodía), hay varios aspectos a destacar sobre la situación bélica y su entorno político internacional.  Pero sobre todo hay una triste y lamentable percepción: el mundo ha dado un paso hacia atrás. Es un punto de inflexión histórico con polaridades excluyentes y un futuro más incierto del que teníamos. Se da un cúmulo de circunstancias en diversos sectores –climático, alimentario, económico, social, de salud y bélico-  que auguran conjuntamente  la tormenta perfecta o una dinámica de consecuencias imprevisibles y, en todo caso, muy preocupantes. Ello ha causado la reaparición de la “realpolitik” y el pragmatismo puro y duro en el escenario político mundial.

En este instante histórico nadie puede predecir que el final de la invasión rusa esté próximo. Putin se ha enfangado en una guerra de desgaste, con muchas bajas propias y demasiadas bajas en el factor más inocente de la ecuación bélica: la población civil. Pensar en un posible juicio internacional por crímenes de guerra contra el autárquico (en el sentido de poder absoluto) líder ruso, es una quimera. Y aunque fuera posible, eso no restituye las vidas perdidas.

De momento es imposible saber a ciencia cierta si los 10.000 soldados rusos muertos es una cifra real o lo es la de 500 que reconoce Moscú o los 15.300 que dice contar Ucrania en su haber. La verdad es siempre la primera víctima bélica.

Por otra parte hemos de descartar que se produzca otra hecatombe del aparato del Estado ruso como en 1991. La situación rusa no tiene los elementos precisos, de tipo sociopolítico, para que esto ocurra. No es el momento. Quizá la cuestión económica lo posibilite. Pero eso es a la larga y suponiendo que el actual desgarre bélico no se agrave exponencialmente (por un descuido, por un exceso de soberbia, por un incidente aislado pero oportuno) y se lance sobre la mesa de “juego” la aciaga carta --nuclear, o químico-biológica-- de “triunfo”, que sería la derrota global del mundo actual.

De momento Putin, desesperado por la dilación de su supuesto “paseo militar” hasta Kiev, ha usado algo no aceptable  hasta este momento, misiles hipersónicos. Los aliados han protestado verbalmente pero Putin hace oídos sordos, en su prepotencia bélica. El problema, una vez más, es que Putin, como un jugador de póquer acorralado, por encima de toda ética y de la simple previsión de las consecuencias, ceda a la tentación suicida de usar armas químicas y biológicas, aunque lo vista como una respuesta a un supuesto ataque bacteriológico de los ucranianos (a los que ya ha acusado de tener laboratorios secretos donde se almacenan esas armas, financiados por Washington).

Otro factor a tener en cuenta es la falsa idea de que Rusia está luchando sin ningún tipo  de apoyo exterior; que está aislada de la comunidad internacional. Eso, además de ser falso, es un error estratégico que los “aliados” no pueden permitirse. En primer lugar hay que contar con China. Xi Jinping, tiene razones ocultas para buscar la ruptura del bipolarismo histórico: cuando la situación se equilibre un poco, Pekín se ocupará de neutralizar a Rusia y  “clientizarla” más, para llegar a comandar la hegemonía del Este frente a Estados Unidos y Europa. Además tiene razones estratégicas más inmediatas para evitar que en esta ocasión Rusia sea vencida o quede mal parada, ya que esa debilidad dejaría el campo libre a Washington,  no sólo en toda Europa, sino en multitud de zonas repartidas por el mundo en las que Rusia lleva años buscando acomodo e interviniendo de una manera más o menos solapada.

Pero además de Pekín, hay toda una franja de países árabes, africanos, hindúes y latinoamericanos  que aplauden  a Putin, mientras el poderoso Erdogan pone a Turquía en zona segura exhibiendo una falsa neutralidad. En tanto Israel, con un ojo puesto en la puerta noroeste de su país (frontera siria, asegurada por la “protección” rusa) y el otro en la mayoría de israelíes de origen ruso en su Parlamento, procura abstenerse de todo movimiento que disguste a rusos o a norteamericanos: aunque no apoye la invasión rusa, tampoco lo hace a las medidas de castigo.

Tengamos en cuenta que esa mayoría, sobre el panel, de países que votaron contra Rusia en la ONU, representan a menos de la mitad de la población mundial: sumando la abstención de India y China. India hace buenos negocios con Rusia sobre todo en armamento (que paga con rupias y rublos, saltándose el bloqueo económico).  Por otra parte India y China pertenecen a la Organización de Cooperación de Shanghai, junto con Rusia, Pakistán, Brasil y Sudáfrica: lo cual “justifica  la neutralidad” de todos ellos y sus abstenciones a las medidas contra Putin.

 Por lo tanto, ni Rusia carece de apoyos externos, ni Putin es considerado “urbi et orbe” como un loco sanguinario. Muchos, incluso en las filas “aliadas”,  sacan a colación el historial de oferta de diálogo y actitudes a favor del desarme mundial que Moscú barajó, a menudo en solitario, desde 1978 cuando se inició el diálogo para el desarme. Después, en 1985, con propuestas muy generosas de Gorbachov y en 1987, con acuerdos para eliminación de misiles de alcance medio y corto (a veces con las reticencias de un EE.UU. disfrutando de una plena prepotencia hegemónica). Y  también se recuerda que en  1991 Washington convenció al líder soviético de que aceptara la unificación alemana a cambio del compromiso de la OTAN de no acercarse a las fronteras rusas. Promesa tan ignorada por los aliados  que, desde 1990 hasta el 2020, la OTAN incorporó 14 nuevos países y rodeó las fronteras de Rusia. El año pasado en la Casa Blanca se dijo que la entrada de Ucrania y Georgia en la OTAN era un derecho, de cada uno de esos países, que sería respetado. Un par de meses más tarde, Ucrania era invadida.

Sin ninguna intención de justificar ese atropello bélico (que es un absoluto desdichado, falto de ética y de razón) sí que hay motivos para preguntarse: ¿a qué diablos se está jugando en los cenáculos de la política internacional? Quizá  deberían jugar  a aplicar el término ideado por  Otto von Bismarck  a finales del siglo XIX, que tanto éxito está teniendo estos días: la “realpolitik”, es decir la política divorciada de la ética también llamada “pragmatismo” . Como si eso no fuera una situación habitual en todos los países, incluido por supuesto el nuestro: Sánchez y el Sáhara, pongamos por caso.

Conviene llegar a un acuerdo con Putin y dejarle los huesos que está royendo; no toda Ucrania, por supuesto, pero si la parte  secesionista de habla rusa. Y hacerlo porque hay que aplicar la “realpolitik” en momentos en que no hacerlo puede equivaler a una destrucción generalizada. Deben “salvar la cara” a Putin aunque estén deseando colgarle por crímenes de guerra. Buscar acuerdos de todo tipo, incluida sobre la reconstrucción, avalada por Europa e incluso con la ayuda rusa, de la Ucrania destrozada, que no formará parte de la OTAN, al asumir su neutralidad, pero sí de la UE. ¿Por qué? Porque siguiendo la “realpolitik” a nadie le interesa, a Europa menos que a nadie, otra aniquilación de la dignidad de la “madre Rusia”. Conviene utilizar  la economía internacional, no para castigar, sino para reconstruir y afrontar conjuntamente la “tormenta perfecta” que nos viene encima, al margen de la guerra: la crisis climática en primer lugar; la humana de los refugiados por sequías, guerras tribales y falta de agua y paz…; las pandemias  que, según algunos expertos, nos esperan a la vuelta de la esquina, generadas por deforestaciones y brutales explotaciones agrarias y ganaderas; la alimentaria; la energética, sujeta a un cambio radical; la social por la eclosión de movimientos xenófobos y racistas, de signo sexual o de violencia política extrema; la desigualdad humana creciente, unida al blindaje  de una minoría cada vez más rica que protege la deriva neoliberal de explotación; la pérdida de sentido de una sociedad y un individuo  sin principios ni valores, sujetos a una relativa “esclavitud” por los medios digitales de información y comunicación. Y, por supuesto, si no se dan prisa los interesados, la atroz posibilidad de una guerra total.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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23 marzo 2022 3 23 /03 /marzo /2022 18:24

El autor, Juan José Tamayo, palentino de 75 años nos hace un severo análisis del mundo en el que vivimos, que es una negación absoluta de la compasión y una advertencia admonitoria a las personas que se sienten heridas por el silencio de Dios ante esta crisis sistémica que nos agobia por su impasible inevitabilidad.  Para ello se inspira en la experiencia de la crisis pandémica, una circunstancia que ha revelado y desnudado el principio ético de la compasión (o de su falta), un concepto que analiza a través de once capítulos, apoyándose en la historia, la psicología, la moral, la religiones y la filosofía, sin olvidar la teología, la ecología o la economía (ay, tan relevantes).

En esencia es el reto que nos impone el siglo: el silencio de Dios articulado con el “silencio“ de la compasión o su falsedad, que vienen a ser las dos caras de la misma sensación de absurda inoperancia que ambas trascienden. La ausencia de “Dios” es el reflejo inverso de la ausencia de compasión que aflora permanentemente en las relaciones humanas, familiares, sociales, de raza, religión, género sexual o sesgo político; en la desigualdad creada por la xenofobia, la falta de recursos, los excesos de producción y de consumo, la gradual destrucción del medio ambiente, la banalización de la cultura, el esclavismo digitalizado, los avances de fascismos y totalitarismos, la violencia como reacción gratuita e innecesaria, el desprecio a las leyes y a la autoridad. No se pretende comparar o compaginar la creencia en Dios con la necesidad de la compasión, sino destacar el hecho de que ambas proceden del mismo origen, la misma semilla: la idea de Dios es la de un Ser trascendente que atrae y libera lo mejor de nosotros y la de la compasión es una actitud, un sentimiento, que hace el mismo efecto en nosotros respecto a nuestros semejantes, ya que con ello facilita el encuentro con lo divino que es, por definición, lo que justifica la vida del creyente tanto como la compasión da sentido a la vida de la persona.

Esta articulación entre Dios y la compasión se convierte, cuando es una práctica, en una referencia ética que influye en todos los ámbitos del saber y el quehacer humanos. Y aquí no se trata de una cuestión entre creyentes y escépticos sino en una praxis que podría hacer que el progreso tecnológico en el que vivimos (y sus crisis) se vea acompañado por un progreso ético  en el que la solidaridad, la igualdad y la compasión logren, poco a poco, ayudar a superar o mitigar las brechas que contundentemente denuncia el libro de Tamayo: las de la desigualdad, la injusticia ecológica (con las cuatro amenazas que Leonardo Boff enumera: armas de destrucción masiva, escasez de agua potable, sobreexplotación de la Tierra y calentamiento global). Precisamente ese autor, citado por Tamayo,  destaca la necesidad de despertar mundialmente a la “espiritualidad”. Esa función o dimensión profunda del ser humano que está íntimamente relacionada con las ideas de lo divino y de la compasión. El odio y rechazo al Otro (inmigrantes y refugiados), la injusticia de género, la desigualdad económica, cultural y cognitiva, configuran una visión crítica del mundo donde, precisamente, se ignora la compasión y la fuerza redentora que daba la “existencia” de Dios (lejos del “Dios” de la intolerancia y el fanatismo).

Tamayo completa su libro con un erudito recorrido por las religiones y el papel de la compasión en sus estructuras, la teo-política de la compasión, el humanismo y transhumanismo del concepto, una suculenta referencia a la “memoria subversiva de las mujeres olvidadas”, el diálogo –tan necesario- entre religión y ciencia al respecto; algunos autores que reclaman la ética de la compasión y un epílogo magníficamente actual sobre una “mística de ojos abiertos”, que refleja la impotencia, los temores, la irritación ante algo que nos supera y no sabemos afrontar y también la solidaridad y la admiración por las actitudes y comportamientos de algunas personas de esta época de pandemia, que está lejos de concluir.

El doctor Tamayo, es bien conocido por quienes admiramos su labor como pensador y profesor y más aún su integridad filosófica y su talante crítico hacia ciertos temas candentes en nuestros días, desde la tragedia sistémica de los refugiados, la diversidad, el pluralismo religioso y los extremismos fundamentalistas, raciales o sexistas y la llamada teología de la liberación.

Para finalizar, como Tamayo escribe en su libro, la compasión y la empatía requieren una articulación y una reelaboración práctica, cotidiana y universal, ya que "el verdadero sentido de la compasión es ponerse en el lugar de las otras y los otros sufrientes en una relación de igualdad y empatía, asumir el dolor de las otras personas como propio, interiorizar a la otra persona dentro de nosotros y nosotras, sufrir no solo con los otros, sino en los otros, hasta identificarse con quien sufre y con sus sufrimientos, cuestión que no resulta fácil pero que es necesaria" .

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

FICHA

LA COMPASIÓN EN UN MUNDO INJUSTO.- Juan José Tamayo. Fragmenta Editorial.-296 págs.

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21 marzo 2022 1 21 /03 /marzo /2022 12:09

NOS ESTÁN CAMBIANDO EL MUNDO

Publicado en “la Comarca” el 18 abril 2022

Si usted, lector, tiene menos de 30  o 35 años no me entenderá, ni compartirá desde la nostalgia, las premisas que  el filósofo coreano de origen y alemán de adopción, Chul Han, desarrolla en un libro, “No cosas” que está creando desazón en los “jóvenes” de 50 años en adelante.  No por sus atrevidas observaciones y aún más radicales conclusiones, sino por el realismo con el que refleja la sociedad que nos está tocando vivir y la que nos espera a los que lleguen, si Putin no insiste en ser un “terminator” de tres al cuarto.

Vayamos a un ejemplo práctico: mis hijos y mucho menos mis nietos no comprenden en absoluto que guarde amorosamente los libros que ya he leído junto a los que no he leído y algunos que quizá no lea nunca, que los amontone en todos los huecos de la casa,  que los  siga comprando; que tenga discos de vinilo y cd's, videos y dvd's; que atesore miles de fotografías en blanco y negro y color en formato de papel o diapositiva; que tenga numerosos cuadros, esculturas, recuerdos de viajes, trajes, cacharros (como radios antiguas, proyectores de super 8, relojes de péndulo); que guarde los originales manuscritos de novelas, ensayos y artículos publicados, o no, durante toda mi vida; máquinas de escribir de los años 50 a los 70,  junto a viejos ordenadores; estilográficas y bolígrafos por decenas; libretas de muchos tamaños y agendas de hace decenios... y, aunque no lo crean, no esté diagnosticado de padecer el síndrome de Diógenes (apelativo injusto pues el cínico Diogenes fue un hombre nada apegado a las cosas).  Que sea feliz con todo eso y que también sea una fuente de inspiración y un goce difícil de definir.

Si Walter Benjamín levantara la cabeza ya no podría sostener que la relación de posesión es la más intensa que se puede tener con las cosas. Y esa relación de afecto, de fetichismo, sólo es posible en personas dotadas de una memoria vital que dudo tengan las nuevas generaciones,  para las que la vida es líquida, cambiante, acelerada y se basa en la información, en las experiencias. Lo digital carece de memoria , al fragmentar la vida cotidiana en numerosos bits. El fetichismo de los objetos, de las cosas, que nos evoca vivencias y etapas de la vida, empieza velozmente a desaparecer. Los nuevos habitantes de las redes sociales, que construyen sus vidas en torno a ellas, viven en el tiempo de las no-cosas.

Byung-Chul Han es uno de los filósofos más leídos en la actualidad. Nos habla de manera amena y atrevida, en casi todos sus libros, de la desmaterialización del mundo actual, la eliminación de lo físico, lo objetual, en nuestras vidas. Sigue las estelas del italiano Giorgio Agamben (el teórico de la “nuda vida” de los inmigrantes) el polaco Zygmunt  Bauman, (el de la “vida líquida”), el eslovaco Slavoj Zizek , el filósofo amigo de los chistes o el austriaco Peter Sloterdijk,  que fue “el joven airado” de la filosofía . Mientras que todo sea información, nos dicen estos autores, ésta seguirá haciendo desaparecer las cosas, puesto que la digitalización aboca a la desmaterialización del mundo. A más información, menos materia: un juego de suma cero. Un mundo digital no es un lugar para recuerdos y sí para datos. Hemos entrado en una era dominada por la infomanía, los megadatos y la hipertrofia de la información, lo cual tiene una lectura buena y otra que no lo es. Se trata de un camino lleno de incógnitas y no sabemos en qué va a desembocar. Es un cambio radical de paradigma, que no tiene precedentes y cuyo desenlace y etapas sólo podemos conjeturar. En los últimos veinte años la humanidad ha dado un salto cuántico en las formas de vida, los valores y costumbres, la moral y la ética.

No hay que esperar reversibilidad o arrepentimiento. Parece ser un camino de imposible retorno. Lo que venga, sea lo que sea, no tendrá apenas relación con lo que vivieron las generaciones del siglo XX y anteriores. El metaverso no nos recordará el pasado, vía archivos documentales. Sus algoritmos buscarán siempre elaborar lo nuevo. Pero algo hemos aprendido: las cosas materiales, que tanto habíamos rechazado, transmiten durabilidad y estabilidad, pues dan un sentido referencial a nuestra existencia. No somos seres digitales o virtuales, somos corporeidades físicas, en relación directa y homeostática con el medio ambiente y las fuerzas de la Naturaleza que nos condicionan de forma vital. Quizá el nuevo universo digital que nos engloba haga que nos importen menos las cosas, que no las tengamos en cuenta, con lo cual nuestra realidad pierde la firmeza y el sentido que ellas daban a nuestra vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 marzo 2022 2 15 /03 /marzo /2022 17:02

LOGOI 242

ADOLESCENTES

El filósofo francés Paul Nizan, escribió “que nadie diga que su adolescencia fue una época feliz”. Murió joven, 35 años, en 1940, tras abjurar del PC, seguramente asesinado por algún “camarada”, por orden de Stalin.

 Pero no vamos a tratar de dictadores rusos asesinos sino de jóvenes y adolescentes. Y en concreto de un estudio de la Fundación FAD, “Entre la añoranza y  la incomprensión. La adolescencia del siglo XXI desde las percepciones del mundo adulto”. Según ese estudio, ocho de cada diez españoles opinan que los padres de chicos.as adolescentes son incapaces de ponerles límites, se sienten desbordados e inseguros ante sus hijos, no saben gestionar su autoridad, generando una perniciosa permisividad, sobreprotección e incomprensión. El estudio delata que el 37 % de los menores pasan más de seis horas con el móvil y uno de cada cinco sufre adicción. Los motivos de discrepancia entre padres y menores, van entre el uso abusivo de las nuevas tecnologías, las redes sociales y los juegos, seguidos del consumo de sustancias como el alcohol o drogas. La muestra también incide en que los dos tercios de los encuestados evitan generalizar y sostienen que ni todos los adolescentes son iguales, ni todos son conflictivos. Del total de adultos preguntados,  un tercio se muestra relativamente optimista, otro tercio muy crítico y pesimista y el último tercio,  utópico y cree que se dramatiza demasiado la cuestión.

Creo que el problema es importante, pero no se debe generalizar ni dramatizar. Como sugiere el informe, “La adolescencia de tus hijos te pondrá a prueba. Así que ni le tengas miedo… descubre cómo disfrutarla”. El trato con adolescentes se basa en el equilibrio entre comprensión y permisividad; entre ignorarlos o cargarlos de reproches y no saber cómo poner los límites adecuados: la existencia de límites a nuestras acciones, forma parte del derecho natural y tiene una base sencilla: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”. Es una edad difícil, el cerebro adolescente está en constante crecimiento, es creativo y vulnerable. Hay que darles apoyo con cautela y evitarles el agobio de una vigilancia constante. Es la edad de la socialización y necesitan ejemplos que seguir -“haz lo que me ves hacer”-, no consejos. Y una autoridad con-fiable tras éstos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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12 marzo 2022 6 12 /03 /marzo /2022 10:39

En este brillante y sorprendente libro del filósofo de la modernidad, el coreano Byung-Chul Han,  me he encontrado  con que, como de costumbre con este autor, me ha puesto negro sobre blanco una de las inquietudes cotidianas, sencilla y aparentemente triviales, que me asaltan por el simple hecho de vivir y comparar. Si usted, lector, tiene menos de 30  o 35 años no me entenderá ni compartirá, desde la nostalgia, las premisas que Chul Han desarrolla en este libro. Vayamos a un ejemplo práctico: mis hijos y mucho menos mis nietos no comprenden en absoluto que guarde amorosamente los libros que ya he leído junto a los que no he leido y quizá no lea nunca, que los amontone en todos los huecos de la casa,  que siga comprándolos. que tenga discos de vinilo y cd's, videos y dvd's, que atesore miles de fotografías en blanco y negro y color en formato de papel o diapositiva, que tenga numerosos cuadros, esculturas, recuerdos de viajes, trajes, cacharros (como radios antiguas, proyectores de super 8, relojes de péndulo, cuberterías y vajillas); que guarde los originales manuscritos de novelas, ensayos y artículos publicados, o no, durante toda mi vida, máquinas de escribir de los años cuarenta y sesenta junto a ordenadores; estilográficas y bolígrafos por decenas; libretas de muchos tamaños y agendas de hace decenios... y que no padezca el síndrome de Diógenes.  Que sea feliz con todo eso y alimente en mí recuerdos, dulces nostalgias y alguna tristeza. Y que también sea una fuente de inspiración y un goce difícil de definir que consiste en el "reencuentro" inesperado con una versión anterior, ya olvidada, de mi propio yo.

Si Walter Benjamin levantara la cabeza ya no podría sostener que la relación de posesión es la más intensa que se puede tener con las cosas. Y esa relación de afecto, de fetichismo, se percibe en personas dotadas de una memoria vital que dudo que tengan las nuevas generaciones para las que la vida se basa en la información, en las experiencias, puesto que lo digital carece de memoria al fragmentar en numerosas partes la vida. El fetichismo de los objetos, de las cosas, que nos evoca vivencias y etapas de la vida, empieza velozmente a desaparecer. Detrás de todas esas cosas que nos rodean de forma muy confortable hay historias y una narrativa de vivencias personales. Pero los nuevos habitantes de las redes sociales, que construyen sus vidas en todo a ellas, viven en el tiempo de las no-cosas.

Byung-Chul Han es uno de los filósofos más leídos en la actualidad en todo el planeta. Surcoreano, aunque residente desde hace décadas en Alemania es criticado por ser un filósofo accesible, fácil de leer y porque en muchos casos sus libros están configurados a partir de citas de otros filósofos como Barthes, Arendt, Benjamin o Martin Heidegger -cosa que, por cierto, hacen todos los filósofos: enanos subidos a hombros de gigantes, inevitablemente - en lugar de construir un "nuevo" sistema filosófico. En este libro Han nos habla de la desmaterialización del mundo actual, la eliminación de lo físico, lo objetual, en nuestras vidas. Mientras que todo sea información, ésta va a ir haciendo desaparecer las cosas, puesto que la digitalización aboca a la desmaterialización del mundo. A más información, menos materia: un juego de suma cero. Un mundo digital no es un lugar para recuerdos y sí para datos. Acabamos de iniciar una era dominada por la infomanía, los megadatos y la hipertrofia de la información, lo cual tiene una lectura buena y otra que no lo es. Empezando por la segunda, es un camino lleno de incógnitas y no sabemos en qué va a desembocar. Se trata de un cambio radical de paradigma, que no tiene precedentes y cuyo desenlace y etapas sólo podemos conjeturar. En los últimos veinte años la humanidad ha dado un salto cuántico en la forma de vida, los valores vigentes, la moral y la ética.

No hay que esperar reversibilidad o arrepentimiento. Parece ser un camino de imposible retorno. Lo que venga, sea lo que que sea, no tendrá apenas relación con lo que las generaciones del siglo XX vivieron . Ni siquiera el metaverso nos podrá informar, vía archivos documentales y algoritmos. Pero algo hemos aprendido: las cosas materiales, que tanto habíamos rechazado, transmiten durabilidad y estabilidad, pues dan un sentido referencial a nuestra existencia. No somos seres digitales o virtuales, somos corporeidades físicas, en relación directa y homeostática con el medio ambiente y las fuerzas de la Naturaleza que nos condicionan de forma vital. Quiza el nuevo universo digital que nos engloba haga que nos importen menos las cosas, que las tengamos menos en cuenta, con lo cual nuestra realidad pierde la firmeza y el sentido que las cosas proyectaban sobre nuestra vida.

Han nos dice  que para que poseamos algo es preciso que depositemos historia en ese algo, sino solo los usamos. Por eso, nos recuerda Benjamin, el coleccionista es una figura deseable y en trance de desaparecer, porque él confía a las cosas en un ultimo reducto donde se les despoja de su carácter de mercancía, de simple instrumento desechable y se les confiere una dignidad insoslayable que refleja nuestra propia dignidad, donde hay una historia, una belleza, unos rasgos de valor que están al margen del mercado y del precio.

Han, que a pesar de su pesimismo - bastante realista- tiene un ramalazo de ingenuidad, sugiere que sólo un giro romántico en el mundo y la debida re-materialización de la existencia, permitiría la vuelta de "lo otro" como valor intrínseco a la vida, esas cosas "con alma" con las que establecemos una relación cordial y profunda hasta integrarlas en nuestro universo personal, que se enriquecería con ello. Se trata de darles un significante "doméstico", un prurito de identificación por amor que se hace fuerte y sólido con el paso del tiempo (hablamos de "nuestra" pipa, "nuestra" máquina de escribir, "nuestra" pluma habituada al tacto de nuestra mano, etc.) Y este "domesticar" los objetos que nos constituyen de una forma algo mística, se repite con los "rituales" que en la vida pretérita daba ritmo y sentido cósmico a nuestra existencia: la vida sin repeticiones se convierte en algo líquido, fugaz. Los rituales  son arquitecturas del tiempo.

La "atención sin intención" es otra de  las sugerencias de Han que nos muestra el rechazo al principio básico de la información virtual: siempre es intencionada. Y ello nos hace perder la costumbre de poder  hacer una observación detallada de algo en un entorno estable. Y una observación libre de la demagogia virtual que busca siempre comunicar algo, instruir con una intención (política, moral o social). La virtualidad, por ejemplo en el arte, carece de la emoción primaria del contacto personal y directo. La pantalla como intermediario habitual de nuestra emociones áticas o estéticas, aplana, trivializa o banaliza la obra de arte.

FICHA

NO COSAS, quiebras del mundo de hoy.- Byung-Chul Han.- Trad. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 139 págs.

 
 
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5 marzo 2022 6 05 /03 /marzo /2022 10:59

 

Pensar que, dado que Sherlock Holmes es un personaje de ficción, no se puede aprender nada de él y su sistema peculiar de pensamiento y deducción, es tan ridículo como tratar de ignorar que Ulises, el héroe griego, es un referente cultural para toda la humanidad más o menos cultivada y que sus aventuras y su personalidad ha enriquecido el acervo cultural durante más de 24 siglos. Holmes, creado por la inteligente mente de sir Arthur Conan Doyle, tuvo una fuente real en la vida de su creador, Sir Arthur confesó muy tempranamente que su criatura era una copia literaria de un profesor suyo de la Facultad de Medicina, el Dr. Joseph Bell, al cual debía todos las admirables cualidades detectivescas con las que dotó a Holmes. Para dar más comprensión a la eficacia del sistema de pensamiento y deducción de  Holmes, el novelista utilizó los métodos del detective en la vida real con un doble éxito criminalista: demostró con deducciones e inferencias que dos personas condenadas injustamente eran inocentes.  .

 La primera edición de este libro es de junio de 2013 y, en realidad está basado en una serie de artículos que la autora publicó en 'Big Think' y 'Scientific American'. Maria Konnikova, es una psicóloga y periodista experta en cuestiones de neurociencia, pensamiento lógico y creativo y una especial habilidad para sacar una utilidad práctica y cotidiana a los principios y técnicas mentales  que optimizan el funcionamiento del cerebro. El uso de la figura literaria de Holmes es un habilidoso detalle imaginativo que permite que el lector se familiarice con tácticas de pensamiento y observación que pueden mejorar la eficacia del cerebro en todos los aspectos de la vida.

Comparto con la autora la afición por Holmes y me encanta su pedagógica habilidad de mostrar de forma evidente la eficiencia de los mecanismos mentales que usa el detective y que la Konnikova explicita para que también se acostumbre a usarlos el lector. Como psicólogo también aplaudo la claridad  e idoneidad de las explicaciones psicotécnicas utilizadas. El rigor eficaz del pensamiento de Holmes está basado, como no puede ser menos, en una observación atenta y no afectada por sesgos emocionales o egoicos; la inferencia y la deducción. Como cuenta Konnikova el método científico empieza - ya desde la antigüedad griega- con una atenta y objetiva observación de los fenómenos naturales, se va acumulando una amplia base de datos y conocimientos y apoyado en una comprensión de los hechos y los contornos del problema que se estudia, se descarta todo lo imposible y lo que queda, por improbable que pueda ser, es la solución de nuestra duda. Y es que para Holmes, el escepticismo inicial -nada se acepta porque sí- y una mentalidad inquisitiva, paciente  y curiosa en relación con el mundo, es la actitud que nos evitará errores de juicio y apreciación.

Pero sin animo de hacer "spoiler" e insistiendo en la recomendación de que adquieran este libro y lo lean (se lo va a pasar "pipa" como dice mi hija) me permite dejarles esté largo párrafo del libro como conclusión.

"En el fragmento que sigue el detective explica al doctor la diferencia entre ver y observar:

—Usted ve, pero no observa. La diferencia es evidente. Por ejemplo, usted habrá visto muchas veces los escalones que llevan desde la entrada hasta esta habitación. ¿Cuántos escalones hay?

—¿Cuántos? No lo sé.

—¿Lo ve? No se ha fijado. Y eso que lo ha visto. A eso me refería. Ahora bien, yo sé que hay diecisiete escalones, porque no solo he visto, sino que he observado.

Este truco carece de verdadera importancia, pero tiene unas implicaciones muy profundas si nos paramos a considerar qué es lo que lo hizo posible. Es precisamente este truco el que me inspiró para escribir un libro en honor de Holmes.

¿Cuántos pensamientos entran y salen de nuestra mente sin que nos detengamos a identificarlos? ¿Cuántas ideas e intuiciones nos hemos perdido porque no les hemos prestado atención? ¿Cuántas decisiones hemos tomado y cuántos juicios hemos hecho sin saber cómo o por qué, impulsados por algún automatismo interno de cuya existencia solo somos vagamente conscientes? ¿Cuántos días han tenido que pasar hasta que, de repente, nos preguntamos qué hemos hecho exactamente y cómo hemos llegado hasta aquí?

El objetivo de este libro ha sido ayudarle a reflexionar sobre todas estas respuestas. Hoy más que nunca es necesario contar con una metodología como la de Holmes para examinar y explicar los pasos necesarios para desarrollar unos hábitos de pensamiento que nos permitan conectar con nosotros mismos y con nuestro mundo de una manera consciente y natural".

FICHA

¿CÓMO PENSAR COMO SHERLOCK HOLMES?.- Maria Konnikova.- Trad. Genís Sánchez.- Ed. Paidós.- 285 págs.


 

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