LOGOI 336
EMIGRACIÓN Y ODIO
La educada y culta Europa, patria de la primera declaración de los Derechos humanos, sigue aquejada por las fiebres del egoísmo y la inseguridad. Prospera por el continente un severo ataque del virus extremo derechista (desde el neo-trumpismo al nazi-fascismo) que afecta a muchos países y considera a los inmigrantes como causa de todos los males. Ahora resulta que el mayor problema para el desarrollo y el progreso son las oleadas de inmigrantes que huyen de sus tierras arrasadas por un ‘climaticidio’ que ellos no perpetraron, por el hambre y por la represión de sus Gobiernos corruptos. Durante diez años se han realizado negociaciones en la UE sobre cómo gestionar los procesos migratorios y se ha dado a luz –bajo presidencia española- un Pacto que más bien es un aborto, criticado por todas las ONG. Se trataba de equilibrar el peso del fenómeno entre los países que reciben mayor impacto migratorio (España, Italia, Grecia) que se han visto colapsados en algunas ocasiones, a base de cuotas de asilo y gestiones de entrada (7 días para tramitar solicitudes y seis meses para tomar una decisión), en caso de aducir causas aceptables o devolución a los países de origen).
En 2023 llegaron 273.642 personas a las puertas de Europa (cifra de la OIM, Organización Internacional de Migraciones) sin contar a los que se perdieron en el mar -21.164 personas sólo en el Mediterráneo- o a manos de las mafias. En 2016 tras la crisis de refugiados de 2015, llegaron 389.000 personas. A partir de ese año la política europea se limitó a dificultar los trámites de acogida y a asegurar las fronteras, pagando a los países limítrofes para que rechazaran y detuvieran a los que intentaban ir a Europa o subvencionando a las mafias que se dedicaban a transportar emigrantes y ahora los reprimen. Y no olvidemos la polémica Frontex, Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y costas, organismo creado en 2005 con una financiación de 6 millones de euros y que el 2023 recibió 845 millones. Los asesinatos, abusos y bandidaje sobre los emigrantes aumentaron desde que algunos países aceptaron la vigilancia de fronteras: Turquía, Libia, Túnez, Marruecos, entre otros. La situación en el Sur Global, Siria, Iraq, Afganistán, Yemen, el Sahel, Egipto o Sudán está provocando salidas de población aterrorizadas hacia otros países. Siete de cada 10 personas desplazadas proceden de países vulnerables al cambio climático: hambre, falta de agua potable, enfermedades, sequía, inundaciones. Y para redondear el desastre, la eclosión global de las derechas y ultraderechas en demasiados países. Francia, antes de cerrar el año, aprobó una ley por amplia mayoría, calificada como la más regresiva de los últimos 40 años que, entre otras medidas, considera la migración irregular como un delito sancionable. Al estilo de la italiana Meloni, o el inglés Sunak. A los emigrantes no sólo se les odia, se les teme. Llegará un día en que se les necesite.
ALBERTO DIAZ RUEDA