ANTOINE DE SAINT- EXUPÉRY, EL ESCRITOR Y PILOTO QUE FUE “EL PEQUEÑO PRÍNCIPE”
Era una persona inteligente y melancólica, con una vida sentimental complicada y un profundo aislamiento íntimo que le hizo evocar la infancia de forma genial y universal.
El próximo 29 de junio se cumplen 125 años del nacimiento en Lyon del escritor en el seno de una familia aristocrática venida a menos. Murió el 31 de julio de 1944 durante una misión de observación aérea en solitario al servicio de la Francia Libre, en lucha contra la Alemania nazi. Su avión, un P-38 Lightning, fue abatido por un caza enemigo. Cayó sobre las aguas del Mediterráneo, cerca de Marsella. Su cuerpo no se encontró, aunque sí los restos de su aparato más de 50 años después.
UNA VIDA CORTA PERO INTENSA
En 1998 un pescador que faenaba en aguas mediterráneas, cerca de Marsella, encontró en sus redes un brazalete grabado con el nombre de Antoine de Saint Exupéry, entrelazado al de Consuelo Suncin, su esposa, una salvadoreña, un año más joven que Antoine (nacido en 1900). Unos años más tarde un buceador profesional busca los posibles restos del aparato de Saint Exupéry en la zona donde el pescador había lanzado sus redes (hasta entonces se habían buscado los restos en aguas cercanas a Córcega de donde partió el escritor-piloto el día de su muerte). Y efectivamente encontró los restos del aparato; se confirmaron los números grabados en el fuselaje, pero no había restos del aviador. Ya para entonces se sabía la identidad del piloto del caza alemán que afirmaba haber derribado el aparato francés de reconocimiento el 31 de julio de 1944, aunque lógicamente ignoraba quién pilotaba el avión francés. Resultó ser un admirador del autor de El pequeño príncipe y lamentó públicamente haber sido precisamente él quien provocó que Saint Exupèry -un adulto que siempre añoró su infancia—volviera como aquél otro niño literario e itinerante a su propio hogar, un lejano planeta sin nombre. Uno con la mordedura de una serpiente y el otro bajo las balas de un caza enemigo.
Su vida no fue larga, pero si compleja, rica en experiencias, fructífera e interesante intelectualmente, muy diversa y variable en el terreno de las emociones y los sentimientos...fue un hombre de su siglo, controvertido, humanitario, defensor a ultranza de la amistad y el compañerismo, honesto y fiel a sus ideas, de gran valía literaria y un individualismo afectivo, desorientado -quizá poco maduro- que seguramente le hizo sufrir a él y a las diversas compañeras que se cruzaron en su peripecia vital ensombrecida por dos guerras mundiales. Consideraba que la mejor forma de conocimiento de sí mismo estaba en la acción, pero no cualquier acción sino una encaminada hacia un alto y noble fin, comprometida con el honor, la solidaridad y la dignidad de la condición humana.
No sabemos mucho de su infancia, excepto que le dejó una añoranza afectiva que le acompañó toda su vida. Se quedó huérfano de padre a los cuatro años de edad. En su primera juventud traba conocimiento con lo que sería el primer gran amor de su vida: la aviación, aunque sus estudios universitarios se centraron en Bellas Artes. Hace el servicio militar en Estrasburgo en aviación y tres años más tarde obtiene su licencia como piloto. Su “licencia” como escritor llega en 1926 cuando publica su primer relato (autobiográfico) El aviador, en la revista Navire de argent. Dos años más tarde publica su primera novela Correo del Sur y en 1930 Vuelo nocturno, con una introducción de André Gide, por el que recibe el premio Fémina del siguiente año. En este libro, como en todo lo que ha escrito hasta el momento, se reflejan sus experiencias como piloto o las de algún compañero. Y su vida comienza a materializar sus sueños de fama y gloria. Ese mismo año, 1931, contrae matrimonio con la salvadoreña Consuelo Suncin (que más tarde sería simbolizada como “la rosa” que ama y cuida el Principito y le hace sufrir con su chantaje emocional de amor). Esa mujer, con un pasado de lo más novelesco, sería un aporte esencial aunque ambivalente para la vida y la obra de Saint-Ex, en la que no faltan personajes femeninos, como Nelly de Vogué que según dice Paul Webster, biógrafo del escritor, trataba de alejar a Consuelo de Antoine (intentos apoyados por la familia de éste, que nunca admitió a la salvadoreña). Nota bene: mis lecturas complementarias, entre las que ha estado las Memorias de la rosa de Consuelo de Saint-Exupèry difieren un tanto de las de los biógrafos consultados, en las que casi siempre se ofrece un retrato negativo y frívolo de esta mujer bastante singular. En cuestiones íntimas no tomo partido, es un universo privado sujeto a fácil especulación. A mi entender fue la compañera adecuada a un espíritu variable y enamoradizo como el de Saint-Ex. Creo que a final de su vida, el escritor se reconcilió con su esposa y comprendió que había más semejanzas que diferencias entre ellos dos, que no había culpables.
La faceta de hombre de acción- vinculada al vuelo, los viajes y la aventura- se despliega totalmente. En 1934 viaja a Saigón, Moscú y España en guerra, en agosto de 1936 y mayo de 1937. Fue en su propio avión como enviado del diario parisino, L’intransigeant, y publicaría cinco reportajes sobre Barcelona y el frente de Aragón y el año siguiente para Le Soir, sobre el frente de Madrid, seis reportajes. Saint Ex no tomará partido por ninguno de los dos bandos, aunque solo estuvo en el republicano. España despertó su rechazo a la inhumanidad de la guerra –ya percibía la extensión del horror de la guerra por toda Europa- , la sinrazón de la lógica militar y sobre todo el heroísmo de la gente sencilla del pueblo. Un año más tarde se lanza a intentar el viaje París-Saigón en un aparato “Simoun”. Se ve obligado a hacer un aterrizaje forzoso en el Sahara y cuando ya se le daba por desaparecido, es rescatado por unos beduinos. Ese sería el germen del aterrizaje literario del Principito en el desierto. Sigue su trabajo como piloto del correo aéreo postal y sufre otro accidente en Guatemala tras el que debe ser hospitalizado. En plena convalecencia escribe Tierra de hombres por la que recibiría el gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el National Book Award en Estados Unidos.
Al comienzo de la II Guerra Mundial lucha en el cielo como piloto en la zona de Saint Dizier y tras la entrada de Hitler en Paris no volverá a volar como piloto de combate hasta las misiones de observación bajo mando americano en Córcega y Africa. Es una época difícil y oscura en la que Saint Exupéry se ve desbordado por las maniobras, rivalidades y presiones de los políticos divididos entre Vichy y la Resistencia. En 1941, el ya famoso escritor, se instala en Nueva York, donde escribe y publica Piloto de guerra. Consuelo, a petición de su marido, viaja a Nueva York y se instala en un apartamento vecino al suyo, Un año más tarde, 1943, Saint-Ex publica El Principito, con unas deliciosas acuarelas que ilustran el libro, realizadas por el autor. Esta novela corta o relato largo obtiene desde el principio un éxito fulgurante y se convierte en un clásico de la literatura infantil, con traducciones y ediciones en todo el mundo. El libro se lo dedica a su gran amigo León Werth, que había sido capturado por las autoridades alemanas de la Francia ocupada. Ese mismo año vuelve a pilotar aviones, pero dada su edad le confieren misiones de reconocimiento aéreo y con una limitación de cinco misiones, aunque la última. en la que se encontró con la muerte, sería la octava. En ese tiempo escribiría Carta a un rehén (se trataba de su amigo Leon Werth), Carta a una amiga desconocida y Carta al general X. Dejó inacabadas, la que debía ser su gran obra –según aseguraba él mismo- Ciudadela y los Apuntes.
Saint Exupery fue un “polymatas”, el tipo de hombre, según los filósofos griegos, capaz de ejercer varias profesiones u oficios y hacerlo todo bien en un continuo ejercicio de excelencia. Piloto, escritor, filósofo, mecánico, dibujante, inventor, mago...también un seductor, amante de la amistad a ultranza, una persona con coraje intelectual, independencia política, valor, altruismo, delicadeza y vulnerabilidad sentimental. Se convirtió tras su muerte en un héroe de la tradición literaria y militar francesa: su efigie y los dibujos del Principito y la de la boa que se ha tragado un elefante estuvieron desde 1994 -en el 50º aniversario de su muerte- hasta el 2000, en los billetes de 50 francos. Fue el último conde de un linaje de la aristocracia rural francesa que se remonta al siglo XIV (perdió a su padre a la edad de 4 años). Tuvo una infancia feliz, rodeado de mujeres, su madre y sus cuatro hermanas y eso marcó su dependencia afectiva hacia las mujeres, equilibrada por un noble y firme respeto a la amistad y la camaradería. Su encanto personal le abre puertas de la alta sociedad y de la literaria también (André Gide y el grupo de la Nouvelle Revue Francaise). Al arruinarse la familia, Saint-Ex (que se ha enamorado muy joven de Louise de Vilmorin, dama de alcurnia que lo trata despectivamente) se enrola en aviación, quiere ser piloto y cuando consigue el título entra en la Compañía Aeropostal francesa Latecoére. A los 26 años se siente feliz tras los amargos avatares económicos y sentimentales. Su vida cobra sentido. Y ya no lo abandonará hasta el fin. Vivió los tiempos heroicos de la aviación y se integró en un legendario equipo de pilotos, entre ellos sus amigos Gillaumet y Mermoz, que habrían de protagonizar su novela Tierra de hombres.
Empieza su carrera como jefe de la estación aérea de Cabo Juby, un perdido fuerte español en la provincia de Río de Oro, en los confines del Sáhara. Allí escribe páginas memorables de amistad, heroísmo, sacrificio y entrega personal y profesional. Tiene que velar por la llegada y salida de los correos aéreos, buscar a los pilotos perdidos, negociar con los españoles y defender a veces a tiros los aparatos y el correo de los ataques de los bereberes, a los que aprende a tratar y a admirar. Toda su vida oscila entre dos vectores determinantes: por un lado, el amor a su oficio de piloto que, además de estructurar su personalidad y carácter en los valores y principios de su arriesgada profesión le proporciona materiales creativos a su otra vocación esencial: la escritura. Quizá por esa razón, cuando Saint –Ex ve todos sus principios existenciales cuestionados por la guerra y sus mezquindades -los gaullistas nunca le perdonaron que no se adhiriera al movimiento del general De Gaulle en el exilio: “si no estás con nosotros es que estás con Petain” decían- puso tal tenacidad en recobrar su puesto de combate que casi podría decirse que buscó su propia muerte. Tiene 44 años y aunque su obra literaria sigue siendo un motor de ilusión, el mundo que le rodea se desmorona...aunque también podría ser que el escritor –con varios accidentes -que debieron ser mortales- en su haber, piensa que tiene lo que los árabes llaman “baraka”, es decir una suerte inmensa, la protección de los dioses y que saldrá con bien de su último vuelo. Prefiero esta interpretación: por lo que he leído de Saint-Ex no me parece un seducido por el suicidio...Sus acciones se movían más por el imperativo ético. De ahí que muchos críticos no han calificado a Saint Ex entre los novelistas sino entre los moralistas franceses como Montaigne, Pascal, La Bruyère, La Rochefoucauld o Joubert...Lo cual me parece excesivo.
En mayo de 1943 logra que se le admita en una escuadrilla pero con la condición de no hacer más que cinco misiones (luego serían nueve), a su regreso de la última ya iba a ser informado que sería destinado a otro tipo de misión, sin volar, para el desembarco aliado. Pero esa medida cautelar y razonable no se podría cumplir jamás.
LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS
No tenía en absoluto la apariencia de un niño perdido en medio del desierto, a mil millas de toda región habitada. Cuando al fin logré hablar, le dije: -Pero, ¿qué haces aquí? Y el repitió, suavemente: -Por favor... dibújame un cordero.
Leer El principito es una experiencia personal notable. No sólo por el encanto literario del relato, sino por la profundidad de sus mensajes. La primera vez lo leí, trabajosamente, en francés. Me fascinó la historia del aviador accidentado que se encuentra a un misterioso niño en el desierto del Sahara. Estudiaba los primeros cursos del bachillerato y el volumen me lo proporcionó mi anciano maestro de primaria, don Rafael –un judío francés huido de los nazis- que supo despertar mi amor a la lectura ¿Se trataba de un cuento para niños o una parábola para adultos? Es una pregunta que se hacen casi todos sus lectores, niños o adultos. Yo creo que es una mezcla de las dos posibilidades. Cuando mi padre me regaló la traducción al castellano, dos años más tarde, lo volví a leer y ya no tuve ninguna duda: era un relato para niños y también para adultos. El viaje del Principito por los planetas regidos por personajes pintorescos (y muy representativos), su peripecia personal en la Tierra y su tierna relación con el Aviador hasta el momento terrible de su muerte, me despertó preguntas y me facilitó respuestas (no necesariamente a esas preguntas) que me han acompañado durante el resto de mi vida, de una forma enigmática pero evidente. Pero con una salvedad: tuve amigos entrañables unidos por la lectura de las aventuras de Guillermo Brown, de los libros de Julio Verne o de Salgari y más tarde de Sherlock Holmes o de Swift o Conrad...pero nunca por El Principito. ¿Por qué? Porque la genialidad (no buscada) de Saint-Ex consistía en que cada lector, a cualquier edad, recibía su propio mensaje liberador o clarificador, su propia sugerencia de reflexión, su coordenada de conclusiones. Como el mismo autor, para el que fue un trabajo liberador, una confesión de la propia desdicha, melancolía, amor y temblor, fugacidad y nostalgia. Una tierna ironía volcada en el análisis del desquiciado mundo en el que nos toca vivir y que, proféticamente, Saint-Ex reflejó con un lenguaje sencillo, de vigorosas imágenes evocadoras en cada uno de los personajes del cuento, la rosa, el cordero, el zorro, el Rey solitario, el hombre rico, el calculador de números, el farolero, el bebedor, el astrónomo o el crucigramista. La lectura del libro se convierte en un oasis en el que descansar cuando el desierto humano nos aturde. También es una exaltación del amor, sus exigencias y sus astucias, del juego, del asombro ante lo cotidiano, de la amistad y la camaradería...en suma del hecho de vivir y de cómo hacerlo para recuperar la importancia de las cosas pequeñas, la inocencia en la mirada y el respeto absoluto al deber y a la amistad. Hay quien quiere ver en esa exaltación hacia el trabajo bien hecho, la norma heideggeriana de que la realización propia consiste en ser una persona que se realiza a sí-mismo en la acción oportuna y adecuada, en “lo que hay que hacer”, por encima de otras consideraciones.
El 6 de abril de 1943 se publica la edición original de El principito en la editorial Reynal& Hitchcock. Una versión en inglés en tapa dura y dos ediciones en francés una en tapa dura y otra en rústica. La edición aparece ilustrada con las propias acuarelas del autor. Saint Exupéry ya era una personalidad mítica y heroica entre los norteamericanos. Su segunda novela Vuelo nocturno se había publicado en 1932 en inglés con tanto éxito que fue adaptada para el cine con Clark Gable como el piloto protagonista. En 1939 su novela Tierra de hombres había sido galardonada con el National Book Awars. Y ese mismo año amerizó en Nueva York a bordo del Leutenant-de-Vaisseau-Paris, el mayor avión de amerizaje del mundo, como segundo piloto de su amigo Gillaumet. En 1941, en plena guerra, Saint Ex vuelve a Nueva York (había sido desmovilizado en junio de 1940) tras la debacle total del ejército francés frente a los alemanes. Sopesa cual debe ser su postura, ante el colaboracionismo de Vichy y sus dudas y suspicacias respecto al clan gaullista de Londres. En Nueva York ha de enfrentarse a un rosario de calumnias y falsedades sobre un supuesto apoyo del escritor al gobierno de Vichy comandado por el mariscal Petain, que colabora con los nazis. Sus protestas no le sirven de mucho, a pesar de la publicación en 1942 de Piloto de guerra, una novela donde queda claro su compromiso contra el antisemitismo y la barbarie nazi. Amargado por la hostilidad y maniqueísmo de muchos franceses exiliados, Saint Ex trata de compensar su soledad y aislamiento y empieza a tomar notas para El principito. A principios de 1942 pide a su esposa, Consuelo, que venga a vivir a Nueva York en un piso cercano al suyo (el matrimonio vivía separado desde hacía unos años) aunque Saint Ex sigue su vida nocturna y sus relaciones con otras mujeres, Silvia Hamilton, Hedda Sterne. Nada de Bragance y Nathalie Paley que le ofrecen compañía casi siempre amistosa y casi maternal, ante su vulnerable soledad. En el verano de 1942 Consuelo encontró una casa magnifica, enorme, en Bevin House, Long Island y allí se encierra Saint Ex con sus libretas y acuarelas para escribir El Principito. A mediados de octubre de ese mismo año, el manuscrito de la novela llega al editor. La pareja vuelve a vivir juntos en un dúplex neoyorquino. El proceso de edición de El Principito es largo y complejo. Saint Ex se compromete a fondo con la labor editorial, sus dibujos y sus textos son una y otra vez retocados hasta conseguir la perfección que el escritor desea obsesivamente: exige controlar el emplazamiento de los dibujos, si irán a color o no, su tamaño y todo articulado de forma equilibrada y armónica.
Pero el tiempo pasa y Saint-Ex ha decidido pedir su incorporación a las filas francesas del Ejercito de la Francia Libre. Como piloto, a pesar de las renuencias de los mandos que consideran su edad como un problema y preferirían explotar la fama internacional del escritor. Le asignarán a una unidad de reconocimiento aéreo, en febrero de 1943. Cuando sale a la venta el libro, el escritor ya está fuera de Nueva York y recibirá las primeras noticias sobre el éxito en el buque que le traslada de suelo americano hacia el norte de África.
El Principito no se publicará en la editorial Gallimard hasta abril de 1946 a título póstumo, como Carta a un rehén y Ciudadela y es un éxito inmediato en Francia, que llega a ser apoteósico a partir de mayo del 68. En 2013 sobrepasaba los once millones de ejemplares. Ha tenido diversas adaptaciones para el cine, desde una lituana en 1967, seguida por la comedia musical de Stanley Donnen, 1974, y otras de dibujos animados, obras de teatro, ópera, ballet y comics...
A pesar de su brevedad, Saint Ex logró con esta obra su verdadera consagración para la posteridad. Su tono elevado, solemne, pleno de metáforas y admoniciones de altura, su fe absoluta en la grandeza del ser humano, en la amistad y el concierto de los corazones por los valores humanos lastran muchas páginas de su obra, como en Ciudadela, que está lejos de ser la ambicionada obra maestra que Saint-Ex soñó. Tanto Tierra de hombres como Piloto de guerra mantienen la altura narrativa que deseaba. Pero quizá sólo en El Principito aparecen trazos finos de sentido del humor e ironía, grandes ausentes de la obra de Saint-Ex, a pesar de haber sido escrita en plena guerra mundial, con una Europa agónica y un mundo sentimental íntimo en horas bajas. Creo que puedo cerrar esta semblanza añadiendo una nota de esperanza escrita por él poco antes de su muerte: “Si se establece en el corazón de los hombres el respeto al hombre, los hombres acabarán por establecer el sistema político, social y económico que consagre ese respeto”. Utópico, pero refleja el infatigable humanismo de Saint-Ex.
EL VIAJE DEL PEQUEÑO PRÍNCIPE
1.-El autor nos cuenta una experiencia a los seis años de edad tras haber dibujado una serpiente que digiere un elefante y la incomprensión de los adultos ante su obra. A consecuencia de ello se hizo mayor y aviador.
2.-El aviador tiene una avería sobre el desierto del Sahara. Aterriza para poder arreglar su aparato. Se duerme y al despertar hay un niño rubio que, por las buenas, le pide que le dibuje un cordero. Como no le gustan los dibujos que hace, el aviador dibuja una caja con agujeros y le dice que el cordero está dentro. El niño mira el dibujo y dice: es un cordero muy pequeño y se ha dormido. Le cuenta al aviador que proviene de un planeta diminuto. Allí hay unas raíces de baobabs que si no se eliminan a tiempo destruirían el planeta al crecer. Para eso quiere el niño al cordero.
3.- El niño le cuenta que cuando se siente triste se va a ver una puesta de sol y como el planeta es muy pequeño le basta con cambiar de lugar la silla para ver la puesta de sol. Un día vio cuarenta y tres puestas de sol.
4.-El Principito teme que el cordero se coma también su rosa, “una flor única en el mundo” Y le confiesa su gran amor por la flor. Una flor presumida que se cree la más hermosa del mundo y se queja de todo. Un día el Principito decide abandonar a la flor y aprovechando una migración de pájaros, abandona su hogar, pero antes deshollina los dos volcanes activos de su planeta. La flor le pide perdón por su orgullo y vanidad, pero le dice que se vaya antes de ponerse a llorar. Era una flor muy orgullosa.
5.- Visita los asteroides 325 al 330. Y allí conoce al Rey (sin súbditos), al tipo Vanidoso, al Bebedor, al Hombre de negocios, al Farolero, al Geógrafo...y, al fin, llega a la Tierra.
6.-Su primer encuentro es con una serpiente que le habla del poder que tiene: “al que toco lo vuelvo a la tierra de donde salió”. El niño comprende que esa puede ser su manera de volver a su planeta.
7.- Encuentra, tras mucho caminar, un jardín de rosas, que lo saludan muy contentas. El Principito al verlas se sintió muy desdichado. Su rosa no era única. Pero luego pensó que sí. Puesto que era su rosa. Pero eso mostraba su insignificancia. Y lloró.
8.-Conoce al zorro que se niega a jugar con él, porque “no está domesticado”. Le pide que le domestique para poder estar con él, para tener necesidad uno del otro. “Si quieres que sea tu amigo, domestícame”. Eso marca la diferencia ante los demás zorros y el resto de las personas. Y le dice su secreto: “Lo esencial es invisible a los ojos”
9.- Luego el niño conocerá al guardagujas y al mercader y volverá al aviador, al que le ha estado contando estos encuentros. El aviador le dice que se van a morir de sed, que ya no le queda agua. El niño le dice que hay que buscar un pozo y camina por el desierto. El aviador le acompaña bajo el sol y lo lleva en brazos durante la noche. Ante su sorpresa, al amanecer encuentran un pozo. El niño le dice: “Para hallar es necesario buscar con el corazón”.
10.- El aviador vuelve a reparar su avión y deja al Principito junto al pozo. Cuando regresa al día siguiente para decirle que ha reparado el aparato y que vuelva con él, el niño le dice que no. Que ya ha encontrado el medio de volver. La serpiente le morderá y así podrá volver a su planeta con su rosa única que debe echarle de menos. El aviador comprende y se siente desdichado. El niño le dice que no esté triste, que la noche que quiera mire a las estrellas y desde una de ellas el Principito reirá, “lo que para ti será como si rieran todas las estrellas”. La serpiente muerde al niño que, blandamente, cae muerto sobre la arena.
BIBLIOGRAFÍA
EL PRINCIPITO.- Círculo de Lectores, 1994.-LA HISTORIA COMPLETA DE “EL PRINCIPITO”, Salamandra, 2013.-CORREO DEL SUR, Emecé editores, 2000.-TIERRA DE HOMBRES, Emecé Editores, 2000.-PILOTO DE GUERRA, Rueda, 1968.-SAINT-EXUPÉRY EN LA GUERRA DE ESPAÑA, Ken ediciones, 2016.-AVIONES DE PAPEL, Montse Morata, E. Stella Maris, 2016.-MEMORIAS DE LA ROSA.-Consuelo de Saint-Exupèry.-LO ESENCIAL ES INVISIBLE, Eugen Drewermann.-Circulo de Lectores,1994.-SAINT-EXUPÉRY, VIE ET MORT DU PETIT PRINCE.-Paul Webster. Editions de Felin, 1993