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25 febrero 2025 2 25 /02 /febrero /2025 13:03

Logoi 394

EUROPA, UNA Y LIBRE

Tal y como van las cosas en el mundo, de vez en cuando hay que leer a Michel de Montaigne (1533-1592). Él calma la ansiedad y nos contagia su sensatez clarividente. En uno de sus textos, escribe sobre el reciente, entonces, descubrimiento del Nuevo Mundo y el pensador teme el desequilibrio que puede crear en el universo el contacto de dos mundos en tan diferente estado de desarrollo. La colonización del Nuevo Mundo por el Viejo no presagiaba nada bueno, pues la corrupción de la vejez europea afectaría a la inocencia de América, provocando una evolución dañina sujeta a principios erróneos. Es lo lógico dado que Europa no conquistó a los americanos por su superioridad moral, sino por la brutalidad y la codicia.

La vieja y supuestamente sabia Europa está sufriendo ahora en sus propias carnes esa aceleración decadente de la joven América, cuyas etapas se han acelerado brutalmente y tras sus pasados esplendores, durante los que abanderó e incluso protegió a la cansada Europa,  ha entrado en la decadencia ética de la vejez sin sabiduría. Sin haber gozado de una etapa clásica, brillante e innovadora, ni una edad Media con muchos defectos y algunos valores, ni un Renacimiento o una Ilustración u otros movimientos culturales o humanísticos. Y ahora afronta la decadencia moral, política y de prestigio, que lidera Trump y su equipo, en la que muchos ven una repetición de las grandes frustraciones ideológicas de la I y la II guerra mundial, excepto en el ambivalente y descontrolado espíritu tecnológico de esta época.

Europa se ha convertido en el último bastión democrático, amenazado en su propio seno por el auge del poder de las derechas extremas que están recibiendo ayuda y empuje del autoritarismo de las grandes potencias, ya unidas por el mismo sesgo antidemocrático, Estados Unidos, Rusia y China. A pesar de ese horizonte sombrío, la mayor parte de Europa sigue siendo el referente de la convivencia civilizada, del anhelo de libertad personal y global; depositaria de una cultura y una sabiduría de siglos; monumental y cercana - sin chovinismo- al resto del mundo. Aunque tenga –lo reconocemos y sufrimos todos los europeos-  muchos de los defectos de la vejez: el exceso de burocracia, lentitud de reflejos, excesiva afición al debate, nacionalismos excluyentes y una deriva penosa –causada por ciertos políticos- hacia el proteccionismo y el rechazo al “de fuera”.  La Unión Europea, su nave capitana, debe tomar el mando. Por eso es el momento de levantar la voz y las voluntades hacia la protección de esa idea matriz tan poderosa: No dejemos que Europa se convierta en un satélite de las potencias neofascistas y el despotismo oriental. Mantengamos las fronteras porosas y tengamos una sola voz. Como dijo Borges: “Tomemos la extraña resolución de ser razonables. Olvidemos nuestras diferencias y acentuemos nuestras afinidades”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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21 febrero 2025 5 21 /02 /febrero /2025 20:07

LOGOI 393

EUROPA AUDE !!

El mantra de la Ilustración europea fue “Sapere Aude” (Atrévete a saber). En defensa de aquellos valores que siglos más tarde generaron la democracia y sus principios, el continente debería adoptar en estos difíciles momentos, el lema “Europa Aude”, “Atrévete Europa”... a ser y seguir siendo tú misma, en homenaje a esa democracia de cuna griega que perfeccionamos tras dos guerras mundiales e infinidad de guerras locales, de errores políticos y barbaries inhumanas. Tenemos enfrente al Moloch de los nuevos bárbaros, la encarnación de la oscuridad y la materia, que no respeta a los seres humanos y exige sacrificios; aunque en estos tiempos lleva un tupé anaranjado ridículo y una faz de Baco repleto de autocomplacencia y grosería. Bueno, perdonen el exabrupto. Al final, todo se pega.

Unión, solidaridad, europeísmo como meta y objetivo. La situación es bastante delicada en términos de geopolítica, trufada de belicismo y miles de personas muertas o heridas, guerras de invasión territorial como en la edad media -también la moderna y la contemporánea (no aprendemos)- desplazamientos forzosos de millones de criaturas; leyes, muros y vallas tratando de contenerlas o rechazarlas; un clima herido que se descontrola; un rosario de regímenes políticos heridos de falta de sentido común, racionalidad y solidaridad... todo esto configura un escenario en el que lo último que necesitábamos es un tábano furioso que molesta y mortifica a nuestra Europa –una princesa fenicia- que está siendo secuestrada por el miedo y la falta de autoconfianza, en lugar de por Zeus-Trump en forma de toro blanco .

El domingo se celebró la Conferencia anual de Seguridad de Munich, donde numerosos jefes de Estado, 150 ministros y líderes de organizaciones internacionales, no acababan de digerir las insólitas acusaciones de la Administración Trump, de que Europa “socava los valores democráticos y la libertad de expresión”.  La mejor defensa es un ataque en el que se acusa al otro de aquello que tú practicas. Es el colmo de la desfachatez. Y se les ve el plumero extremo derechista. Debilita a la UE y fortalecerás la oleada filo fascista que infecta el mundo, reclamando el regreso a la Historia más oscura a lomos del autoritarismo, la xenofobia,  los grilletes sexuales, el sometimiento al neocapitalismo y sus efectos: las falsedades digitales, el negacionismo, la violencia “justificada” y la precariedad social.

Una  relación trasatlántica de 80 años llega a su fin, de una forma poco inteligente (ejemplo: los aranceles, sin tener en cuenta su efecto boomerang). No es tiempo de lamentos. Hay que consensuar una estrategia política europea: unir a Europa en una política común y aprovechar su enorme potencial. No repitamos el error del Munich de 1938. Las concesiones de entonces no aplacaron a Hitler. Ahora tampoco aplacaremos a Trump.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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11 febrero 2025 2 11 /02 /febrero /2025 12:39

LOGOI 392

TODOS SOMOS GAZA...

¿Qué nos pasa a todos? ¿Cómo podemos aceptar las desmesuras absurdas y letales, inhumanas, que afligen al mundo de hoy?  La Comunidad Europea, este resguardo de democracia y humanismo que hemos tardado siglos de luchas y penalidades por construir, ¿está perdiendo el norte de los derechos humanos, la libertad, la equidad? ¿Cómo podemos aceptar que ese payaso inestable y vociferante que ha llegado nuevamente a la Casa Blanca hable tranquilamente –y con el aplauso de muchos- de desalojar definitivamente a los palestinos de Gaza, recolocarlos en otros países y construir en la Franja –protegida por la Lex Americana- una “nueva Riviera en Oriente Medio”? Ningún respeto para los miles de muertos recientes, la historia y los derechos de los palestinos que allí viven y el Derecho Internacional. Es una segunda “nakba” (desastre) como la de los 700.000 palestinos huidos tras la creación del estado israelí en 1948.  Ahora serían 2,3 millones. Salvando las distancias, es como si Trump le dijera a Cracovia que le cediera Auschwitz para construir allí un parque temático de diversiones tipo “túnel de los horrores”, porque eso tiene “un enorme potencial económico”. Es decir, Auschwitz -y Gaza- como “transacciones inmobiliarias”. No está loco, simplemente no es humano.

¿Tan difícil es superar la in-cultura “woke” y comprender que la brutalidad asesina es la cuestión a condenar  y que da lo mismo si es árabe o israelí, turca, cristiana, islamista o judía? Tras la bestialidad de Hamas y la no menos bestial revancha israelí, sólo faltaba que los  norteamericanos se pegaran un tiro en el propio pie llevando al inefable Trump a la Casa Blanca a pesar de su  “modélico” historial. Para la mentalidad oligo-mesiánica del mandatario y sus adláteres (Musk aún no ha alcanzado su más alto nivel de irresponsable incompetencia política), Norteamérica puede prescindir del resto del mundo. Están en un craso error. Como dice un escrito difundido por la Red, supuestamente de la presidenta de Méjico, Claudia Sheinbaum,  el muro que Trump empieza a construir en torno a su país, ya sea con acero o con aranceles abusivos y gestos de prepotencia (como las amenazas al CPI), deja fuera a los más de 7.000 millones de habitantes del resto del planeta. Estos (con excepciones) pueden ponerse de acuerdo en dejar de consumir productos “made-in-USA”, desde artículos de tecnología a alimentos, bebidas, películas, plataformas digitales, turismo: hacer campaña contra el dólar como moneda comercial internacional  e incluso restringir  todos los intercambios políticos y económicos: aislar al aislacionista. No es broma. Aunque habrá pescadores en río revuelto que ganarán algo: Rusia, China, muchos países árabes, africanos y asiáticos y algunos europeos. Trump aún no comprende que en esta época, el aislacionismo es más que un error estratégico: es una barbaridad lógica... y trágica. Todos somos Gaza...y Auschwitz.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 febrero 2025 4 06 /02 /febrero /2025 16:10

ANTOINE DE SAINT- EXUPÉRY, EL ESCRITOR Y PILOTO QUE FUE “EL PEQUEÑO PRÍNCIPE”

Era una persona inteligente y melancólica, con una vida sentimental complicada y un profundo aislamiento íntimo que le hizo evocar la infancia de forma genial y universal.

El próximo 29 de junio se cumplen 125 años del nacimiento en Lyon del escritor en el seno de una familia aristocrática venida a menos. Murió el 31 de julio de 1944 durante una misión de observación aérea en solitario al servicio de la Francia Libre, en lucha contra la Alemania nazi. Su avión, un P-38 Lightning,  fue abatido por un caza enemigo. Cayó sobre las aguas del Mediterráneo, cerca de Marsella.  Su cuerpo no se encontró, aunque sí los restos de su aparato más de 50 años después.

UNA VIDA CORTA PERO INTENSA

En 1998 un pescador que faenaba en aguas mediterráneas, cerca de Marsella, encontró en sus redes un brazalete grabado con el nombre de Antoine de Saint Exupéry, entrelazado al de Consuelo Suncin, su esposa, una salvadoreña, un año más joven que Antoine (nacido en 1900). Unos años más tarde un buceador profesional busca los posibles restos del aparato de Saint Exupéry en la zona donde el pescador había lanzado sus redes (hasta entonces se habían buscado los restos en aguas cercanas a Córcega de donde partió el escritor-piloto el día de su muerte). Y efectivamente encontró los restos del aparato; se confirmaron los números grabados en el fuselaje, pero no había restos del aviador. Ya para entonces se sabía la identidad del piloto del caza alemán que afirmaba haber derribado el aparato francés de reconocimiento el  31 de julio de 1944, aunque lógicamente ignoraba quién pilotaba el avión francés. Resultó ser un admirador del autor de El pequeño príncipe y lamentó públicamente haber sido precisamente él quien provocó que Saint Exupèry  -un adulto que siempre añoró su infancia—volviera como aquél otro niño literario e itinerante a su propio hogar, un lejano planeta sin nombre. Uno con la mordedura de una serpiente y el otro bajo las balas de un caza enemigo.

Su vida no fue larga, pero si compleja, rica en experiencias, fructífera e interesante intelectualmente, muy diversa y variable en el terreno de las emociones y los sentimientos...fue un hombre de su siglo, controvertido, humanitario, defensor a ultranza de la amistad y el compañerismo, honesto y fiel a sus ideas, de gran valía literaria y un individualismo afectivo, desorientado -quizá poco maduro- que seguramente le hizo sufrir a él y a las diversas  compañeras que se cruzaron en su peripecia vital ensombrecida por dos guerras mundiales. Consideraba que la mejor forma de conocimiento de sí mismo estaba en la acción, pero no cualquier acción sino una encaminada hacia un alto y noble fin, comprometida con el honor, la solidaridad y la dignidad de la condición humana.

No sabemos mucho de su infancia, excepto que le dejó una añoranza afectiva que le acompañó toda su vida. Se quedó huérfano de padre a los cuatro años de edad. En su primera juventud traba conocimiento con lo que sería el primer gran amor de su vida: la aviación, aunque sus estudios universitarios se centraron en Bellas Artes. Hace el servicio militar en Estrasburgo en aviación y tres años más tarde obtiene su licencia como piloto. Su “licencia” como escritor llega en 1926 cuando publica su primer relato (autobiográfico) El aviador,  en la revista Navire de argent. Dos años más tarde publica su primera novela Correo del Sur y en 1930 Vuelo nocturno, con una introducción de André Gide, por el que recibe el premio Fémina del siguiente año. En este libro, como en todo lo que ha escrito hasta el momento, se reflejan sus experiencias como piloto o las de algún compañero. Y su vida comienza a materializar sus sueños de fama y gloria. Ese mismo año, 1931, contrae matrimonio con la salvadoreña Consuelo Suncin (que más tarde sería simbolizada como “la rosa” que ama y cuida el Principito y le hace sufrir con su chantaje emocional de amor). Esa mujer, con un pasado de lo más novelesco, sería un aporte esencial aunque ambivalente para la vida y la obra de Saint-Ex, en la que no faltan personajes femeninos, como Nelly de Vogué que según dice Paul Webster, biógrafo del escritor, trataba de alejar a Consuelo de Antoine (intentos apoyados por la familia de éste, que nunca admitió a la salvadoreña). Nota bene: mis lecturas complementarias, entre las que ha estado las Memorias de la rosa  de Consuelo de Saint-Exupèry difieren un tanto de las de los biógrafos consultados, en las que casi siempre se ofrece un retrato negativo y frívolo de esta mujer bastante singular. En cuestiones íntimas no tomo partido, es un universo privado sujeto a fácil especulación. A mi entender fue la compañera adecuada a un espíritu variable y enamoradizo como el de Saint-Ex. Creo que a final de su vida, el escritor se reconcilió con su esposa y comprendió que había más semejanzas que diferencias entre ellos dos, que no había culpables.

La faceta de hombre de acción- vinculada al vuelo, los viajes y la aventura- se despliega totalmente. En 1934 viaja a Saigón, Moscú y España en guerra,  en agosto de 1936 y mayo de 1937. Fue en su propio avión como enviado del diario parisino, L’intransigeant, y publicaría cinco reportajes sobre Barcelona y el frente de Aragón y el año siguiente para Le Soir, sobre el frente de Madrid, seis reportajes. Saint Ex no tomará partido por ninguno de los dos bandos, aunque solo estuvo en el republicano. España despertó su rechazo a la inhumanidad de la guerra –ya percibía la extensión del horror de la guerra por toda Europa- , la sinrazón de la lógica militar y sobre todo el heroísmo de la gente sencilla del pueblo. Un año más tarde se lanza a intentar el viaje París-Saigón en un aparato “Simoun”. Se ve obligado a hacer un aterrizaje forzoso  en el Sahara y cuando ya se le daba por desaparecido, es rescatado por unos beduinos. Ese sería el germen del aterrizaje literario del Principito en el desierto. Sigue su trabajo como piloto del correo aéreo postal y sufre otro accidente en Guatemala tras el que debe ser hospitalizado.  En plena convalecencia escribe Tierra de hombres por la que recibiría el gran Premio de Novela de la Academia Francesa y el National Book Award en Estados Unidos.

Al comienzo de la II Guerra Mundial lucha en el cielo como piloto en la zona de Saint Dizier y tras la entrada de Hitler en Paris no volverá a volar como piloto de combate hasta las misiones de observación bajo mando americano en Córcega y Africa. Es una época difícil y oscura en la que Saint Exupéry se ve desbordado por las maniobras, rivalidades y presiones de los políticos divididos entre Vichy y la Resistencia. En 1941, el ya famoso escritor, se instala en Nueva York, donde escribe  y publica Piloto de guerra. Consuelo, a petición de su marido, viaja a Nueva York y se instala en un apartamento vecino al suyo, Un año más tarde, 1943, Saint-Ex publica  El Principito,  con unas deliciosas acuarelas que ilustran el libro, realizadas por el autor.  Esta novela corta o relato largo obtiene desde el principio un éxito fulgurante y se convierte en un clásico de la literatura infantil, con traducciones y ediciones en todo el mundo. El libro se lo dedica a su gran amigo León Werth, que había sido capturado por las autoridades alemanas de la Francia ocupada. Ese mismo año vuelve a pilotar aviones, pero dada su edad le confieren misiones de reconocimiento aéreo y con una limitación de cinco misiones, aunque la última. en la que se encontró con la muerte, sería la octava. En ese tiempo escribiría Carta a un rehén (se trataba de su amigo Leon Werth), Carta a una amiga desconocida y Carta al general X. Dejó inacabadas, la que debía ser su gran obra –según aseguraba él mismo- Ciudadela y los Apuntes.

Saint Exupery fue un “polymatas”, el tipo de hombre, según los filósofos griegos, capaz de ejercer varias profesiones u oficios y hacerlo todo bien en un continuo ejercicio de excelencia. Piloto, escritor, filósofo, mecánico, dibujante, inventor, mago...también un seductor, amante de la amistad a ultranza, una persona con coraje intelectual, independencia política, valor, altruismo, delicadeza y vulnerabilidad sentimental. Se convirtió tras su muerte en un héroe de la tradición literaria y militar francesa: su efigie y los dibujos del Principito y la de la boa que se ha tragado un elefante estuvieron desde 1994 -en el 50º aniversario de su muerte- hasta el 2000, en los billetes de 50 francos. Fue el último conde de un linaje de la aristocracia rural francesa que se remonta al siglo XIV (perdió a su padre a la edad de 4 años). Tuvo una infancia feliz, rodeado de mujeres, su madre y sus cuatro hermanas y eso marcó su dependencia afectiva hacia las mujeres, equilibrada por un noble y firme respeto a la amistad y la camaradería. Su encanto personal le abre puertas de la alta sociedad y de la literaria también (André Gide y el grupo  de la Nouvelle Revue Francaise). Al arruinarse la familia, Saint-Ex (que se ha enamorado muy joven de Louise de Vilmorin, dama de alcurnia que lo trata despectivamente) se enrola en aviación, quiere ser piloto y cuando consigue el título entra en la Compañía Aeropostal francesa Latecoére.  A los 26 años se siente feliz tras los amargos avatares económicos y sentimentales. Su vida cobra sentido. Y ya no lo abandonará hasta el fin. Vivió los tiempos heroicos de la aviación y se integró en un legendario equipo de pilotos, entre ellos sus amigos Gillaumet y Mermoz,  que habrían de protagonizar su novela Tierra de hombres.

Empieza su carrera como jefe de la estación aérea de Cabo Juby, un perdido fuerte español en la provincia de Río de Oro, en los confines del Sáhara. Allí escribe páginas memorables de amistad, heroísmo, sacrificio y entrega personal y profesional. Tiene que velar por la llegada y salida de los correos aéreos, buscar a los pilotos perdidos, negociar con los españoles y defender a veces a tiros los aparatos y el correo de los ataques de los bereberes, a los que aprende a tratar y a admirar. Toda su vida oscila entre dos vectores determinantes: por un lado, el amor a su oficio de piloto que, además de estructurar su personalidad y carácter en los valores y principios de su arriesgada profesión le proporciona materiales creativos a su otra vocación esencial: la escritura. Quizá por esa razón, cuando Saint –Ex ve todos sus principios existenciales cuestionados por la guerra y sus mezquindades -los gaullistas nunca le perdonaron que no se adhiriera al movimiento del general De Gaulle en el exilio: “si no estás con nosotros es que estás con Petain” decían- puso tal tenacidad en recobrar su puesto de combate que casi podría decirse que buscó su propia muerte. Tiene 44 años y aunque su obra literaria sigue siendo un motor de ilusión, el mundo que le rodea se desmorona...aunque también podría ser que el escritor –con varios accidentes -que debieron ser mortales- en su haber, piensa que tiene lo que los árabes llaman “baraka”, es decir una suerte  inmensa, la protección de los dioses  y que saldrá con bien de su último vuelo. Prefiero esta interpretación: por lo que he leído de Saint-Ex no me parece un seducido por el suicidio...Sus acciones se movían más por el imperativo ético. De ahí que muchos críticos no han calificado a Saint Ex entre los novelistas sino entre los moralistas franceses como Montaigne, Pascal, La Bruyère, La Rochefoucauld o Joubert...Lo cual me parece excesivo.

En mayo de 1943 logra que se le admita en una escuadrilla pero con la condición de no hacer más que cinco misiones (luego serían nueve), a su regreso de la última ya iba a ser informado que sería destinado a otro tipo de misión, sin volar, para el desembarco aliado. Pero esa medida cautelar y razonable no se podría cumplir jamás.

 

 

LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS

No tenía en absoluto la apariencia de un niño perdido                               en medio del desierto, a mil millas de toda región habitada.                                   Cuando al fin logré hablar, le dije: -Pero, ¿qué haces aquí?                                 Y el repitió, suavemente: -Por favor... dibújame un cordero.

Leer El principito es una experiencia personal notable. No sólo por el encanto literario del relato, sino por la profundidad de sus mensajes. La primera vez lo leí, trabajosamente, en francés. Me fascinó la historia del aviador accidentado que se encuentra a un  misterioso niño en el desierto del Sahara. Estudiaba los primeros cursos del bachillerato y el volumen me lo proporcionó mi anciano maestro de primaria, don Rafael –un judío francés huido de los nazis- que supo despertar mi amor a la lectura ¿Se trataba de un cuento para niños o una parábola para adultos? Es una pregunta que se hacen casi todos sus lectores, niños o adultos. Yo creo que es una mezcla de las dos posibilidades.  Cuando mi padre me regaló la traducción al castellano, dos años más tarde, lo volví a leer y ya no tuve ninguna duda: era un relato para niños y también para adultos. El viaje del Principito por los planetas regidos por personajes pintorescos (y muy representativos), su peripecia personal en la Tierra y su tierna relación con el Aviador hasta el momento terrible de su muerte, me despertó preguntas y me facilitó respuestas (no necesariamente a esas preguntas) que me han acompañado durante el resto de mi vida, de una forma enigmática pero evidente. Pero con una salvedad: tuve amigos entrañables unidos por la lectura de las aventuras de Guillermo Brown, de los libros de Julio Verne o de Salgari y más tarde de Sherlock Holmes o de Swift o Conrad...pero nunca por El Principito. ¿Por qué? Porque la genialidad (no buscada) de Saint-Ex consistía en que cada lector, a cualquier edad, recibía su propio mensaje liberador o clarificador, su propia sugerencia de reflexión, su coordenada de conclusiones. Como el mismo autor, para el que fue un trabajo liberador, una confesión de la propia desdicha, melancolía, amor y temblor, fugacidad y nostalgia. Una tierna ironía volcada en el análisis del desquiciado mundo en el que nos toca vivir y que, proféticamente, Saint-Ex reflejó con un lenguaje sencillo, de vigorosas imágenes evocadoras en cada uno de los personajes del cuento, la rosa, el cordero, el zorro, el Rey solitario, el hombre rico, el calculador de números, el farolero, el bebedor, el astrónomo o el crucigramista. La lectura del libro se convierte en un oasis en el que descansar cuando el desierto humano nos aturde. También es una exaltación del amor, sus exigencias y sus astucias, del juego, del asombro ante lo cotidiano, de la amistad y la camaradería...en suma del hecho de vivir y de cómo hacerlo para recuperar la importancia de las cosas pequeñas, la inocencia en la mirada y el respeto absoluto al deber y a la amistad. Hay quien quiere ver en esa exaltación hacia el trabajo bien hecho, la norma heideggeriana de que la realización propia consiste en ser una persona que se realiza a sí-mismo en la acción oportuna y adecuada, en “lo que hay que hacer”, por encima de otras consideraciones.

El 6 de abril de 1943 se publica la edición original de El principito en la editorial Reynal& Hitchcock. Una versión en inglés en tapa dura y dos ediciones en francés una en tapa dura y otra en rústica. La edición aparece ilustrada con las propias acuarelas del autor. Saint Exupéry ya era una personalidad mítica y heroica entre los norteamericanos. Su segunda novela Vuelo nocturno se había publicado en 1932 en inglés con tanto éxito que fue adaptada para el cine con Clark Gable como el piloto protagonista. En 1939 su novela Tierra de hombres  había sido galardonada con el National Book Awars. Y ese mismo año amerizó en Nueva York a bordo del Leutenant-de-Vaisseau-Paris, el mayor avión de amerizaje del mundo, como segundo piloto de su amigo Gillaumet. En 1941, en plena guerra, Saint Ex vuelve a Nueva York (había sido desmovilizado en junio de 1940) tras la debacle total del ejército francés frente a los alemanes. Sopesa cual debe ser su postura, ante el colaboracionismo de Vichy y sus dudas y suspicacias respecto al clan gaullista de Londres. En Nueva York ha de enfrentarse a un rosario de calumnias y falsedades sobre un supuesto apoyo del escritor al gobierno de Vichy comandado por el mariscal Petain, que colabora con los nazis. Sus protestas no le sirven de mucho, a pesar de la publicación en 1942 de Piloto de guerra, una novela donde queda claro su compromiso contra el antisemitismo y la barbarie nazi. Amargado por la hostilidad y maniqueísmo de muchos franceses exiliados, Saint Ex trata de compensar su soledad y aislamiento  y empieza a tomar notas para El principito.  A principios de 1942 pide a su esposa, Consuelo, que venga a vivir a Nueva York en un piso cercano al suyo (el matrimonio vivía separado desde hacía unos años) aunque Saint Ex sigue su vida nocturna y sus relaciones con otras mujeres, Silvia Hamilton, Hedda Sterne. Nada de Bragance y Nathalie Paley que le ofrecen compañía casi siempre amistosa y casi maternal, ante su vulnerable soledad. En el verano de 1942 Consuelo encontró una casa magnifica, enorme, en Bevin House, Long Island y allí se encierra Saint Ex con sus libretas y acuarelas para escribir El Principito. A mediados de octubre de ese mismo año, el manuscrito de la novela llega al editor. La pareja vuelve a vivir juntos en un dúplex neoyorquino. El proceso de edición de El Principito es largo y complejo. Saint Ex se compromete a fondo con la labor editorial, sus dibujos y sus textos son una y otra vez retocados hasta conseguir la perfección que el escritor desea obsesivamente: exige controlar el emplazamiento de los dibujos, si irán a color o no, su tamaño y todo articulado de forma equilibrada y armónica.

Pero el tiempo pasa y Saint-Ex ha decidido  pedir su incorporación  a las filas francesas del Ejercito de la Francia Libre. Como piloto, a pesar de las renuencias de los mandos que consideran su edad como un problema y preferirían explotar la fama internacional del escritor. Le asignarán a una unidad de reconocimiento aéreo, en febrero de 1943. Cuando sale a la venta el libro, el escritor ya está fuera de Nueva York y recibirá las primeras noticias sobre el éxito en el buque que le traslada de suelo americano hacia el norte de África.

El Principito no se publicará en la editorial Gallimard hasta abril de 1946 a título póstumo, como Carta a un rehén y Ciudadela y es un éxito inmediato en Francia, que llega a ser apoteósico a partir de mayo del 68. En 2013 sobrepasaba los once millones de ejemplares. Ha tenido diversas adaptaciones para el cine, desde una lituana en 1967, seguida por la comedia musical de Stanley Donnen, 1974, y otras de dibujos animados,  obras de teatro, ópera, ballet y comics...

A pesar de su brevedad, Saint Ex logró  con esta obra su verdadera consagración  para la posteridad. Su tono elevado, solemne, pleno de metáforas y admoniciones de altura, su fe absoluta en la grandeza del ser humano, en la amistad y el concierto de los corazones por los valores humanos lastran muchas páginas de su obra, como en Ciudadela, que está lejos de ser la ambicionada obra maestra que Saint-Ex soñó. Tanto Tierra de hombres como Piloto de guerra mantienen la altura narrativa que deseaba. Pero quizá sólo en El Principito aparecen trazos finos de sentido del humor e ironía, grandes ausentes de la obra de Saint-Ex, a pesar de haber sido escrita en plena guerra mundial, con una Europa agónica y un mundo sentimental íntimo en horas bajas. Creo que puedo cerrar esta semblanza añadiendo una nota de esperanza escrita por él poco antes de su muerte: “Si se establece en el corazón de los hombres el respeto al hombre, los hombres acabarán por establecer el sistema político, social y económico que consagre ese respeto”. Utópico, pero refleja el infatigable humanismo de Saint-Ex.

 

EL VIAJE DEL PEQUEÑO PRÍNCIPE

1.-El autor nos cuenta una experiencia a los seis años de edad tras haber dibujado una serpiente que digiere un elefante y la incomprensión de los adultos ante su obra. A consecuencia de ello se hizo mayor y aviador.

2.-El aviador tiene una avería sobre el desierto del Sahara. Aterriza para poder arreglar su aparato. Se duerme y al despertar hay un niño rubio que, por las buenas, le pide que le dibuje un cordero. Como no le gustan los dibujos que hace, el aviador dibuja una caja con agujeros y le dice que el cordero está dentro. El niño mira el dibujo y dice: es un cordero muy pequeño y se ha dormido. Le cuenta al aviador que proviene de un planeta diminuto. Allí  hay unas raíces de baobabs que si no se eliminan a tiempo destruirían el planeta al crecer. Para eso quiere el niño al cordero.

3.- El niño le cuenta que cuando se siente triste se va a ver una puesta de sol y como el planeta es muy pequeño le basta con cambiar de lugar la silla para ver la puesta de sol. Un día vio cuarenta y tres puestas de sol.

4.-El Principito teme que el cordero se coma también su rosa, “una flor única en el mundo” Y le confiesa su gran amor por la flor. Una flor presumida que se cree  la más hermosa del mundo y se queja de todo. Un día el Principito decide abandonar a la flor y aprovechando una migración de pájaros, abandona su hogar, pero antes deshollina los dos volcanes activos de su planeta. La flor le pide perdón por su orgullo y vanidad, pero le dice que se vaya antes de ponerse a llorar. Era una flor muy orgullosa.

5.- Visita los asteroides 325 al 330. Y allí conoce al Rey (sin súbditos), al tipo Vanidoso, al Bebedor, al Hombre de negocios, al Farolero, al Geógrafo...y, al fin, llega a la Tierra.

6.-Su primer encuentro es con una serpiente que le habla del poder que tiene: “al que toco lo vuelvo a la tierra de donde salió”.  El niño comprende que esa puede ser su manera de volver a su planeta.

7.- Encuentra, tras mucho caminar, un jardín de rosas, que lo saludan muy contentas. El Principito al verlas se sintió muy desdichado. Su rosa no era única. Pero luego pensó que sí. Puesto que era su rosa. Pero eso mostraba su insignificancia. Y lloró.

8.-Conoce al zorro que se niega a jugar con él, porque “no está domesticado”. Le pide que le domestique para poder estar con él, para tener necesidad uno del otro. “Si quieres que sea tu amigo, domestícame”. Eso marca la diferencia ante los demás zorros y el resto de las personas. Y le dice su secreto: “Lo esencial es invisible a los ojos”

9.- Luego el niño conocerá al guardagujas y al mercader y volverá al aviador, al que le ha estado contando estos encuentros. El aviador le dice que se van a morir de sed, que ya no le queda agua. El niño le dice que hay que buscar un pozo y camina por el desierto. El aviador le acompaña bajo el sol y lo lleva en brazos durante la noche. Ante su sorpresa, al amanecer encuentran un pozo. El niño le dice: “Para hallar es necesario buscar con el corazón”.

10.- El aviador vuelve a reparar su avión y deja al Principito junto al pozo. Cuando regresa al día siguiente para decirle que ha reparado el aparato y que vuelva con él, el niño le dice que no. Que ya ha encontrado el medio de volver. La serpiente le morderá y así podrá volver a su planeta con su rosa única que debe echarle de menos. El aviador comprende y se siente desdichado. El niño le dice que no esté triste, que la noche que quiera mire a las estrellas y desde una de ellas el Principito reirá, “lo que para ti será como si rieran todas las estrellas”. La serpiente muerde al niño que, blandamente, cae muerto sobre la arena.

BIBLIOGRAFÍA

EL PRINCIPITO.- Círculo de Lectores, 1994.-LA HISTORIA COMPLETA DE “EL PRINCIPITO”, Salamandra, 2013.-CORREO DEL SUR, Emecé editores, 2000.-TIERRA DE HOMBRES, Emecé Editores, 2000.-PILOTO DE GUERRA, Rueda, 1968.-SAINT-EXUPÉRY EN LA GUERRA DE ESPAÑA, Ken ediciones, 2016.-AVIONES DE PAPEL, Montse Morata, E. Stella Maris, 2016.-MEMORIAS DE LA ROSA.-Consuelo de Saint-Exupèry.-LO ESENCIAL ES INVISIBLE, Eugen Drewermann.-Circulo de Lectores,1994.-SAINT-EXUPÉRY, VIE ET MORT DU PETIT PRINCE.-Paul Webster. Editions de Felin, 1993

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4 febrero 2025 2 04 /02 /febrero /2025 17:24

LOGOI 391

LA HORA FINAL

La película de Stanley Kramer, “La hora final” se estrenó en 1959. Fue un éxito mundial y tenía un reparto de lujo: Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins. Rodada en blanco y negro, nos cuenta de una manera  sobria y sin dramatismos, la vida de los últimos supervivientes del holocausto nuclear. Viven en algunos lugares del hemisferio sur –Australia-  ya que en el hemisferio norte (Europa, Rusia, Estados Unidos) ha desaparecido la vida humana. Pero los vientos llevan las nubes radioactivas hacia la zona no contaminada. El Gobierno australiano  comienza a repartir cápsulas de un veneno rápido e indoloro para que las personas que han decidido no enfrentarse a la larga agonía de la radioactividad puedan poner fin a una vida sin esperanza. Es una magnífica película que debería emitirse en los Parlamentos, las escuelas y universidades y los centros de poder político y económico y repetidamente por todos los medios digitales. En ella no hay “ajuste de cuentas” ideológico: todos fueron, en la misma medida, unos asnos irresponsables.

Viene esto a cuento porque el “reloj del apocalipsis” –un artefacto creado por el Boletín de los Científicos Atómicos en 1947- marca por primera vez la cifra más cercana al fin: 89 segundos antes de la Medianoche, la hecatombe nuclear. Las horas, minutos y segundos están calculados por una computadora que analiza el curso de los conflictos armados en el mundo, sumando datos estimativos de hambrunas, contaminación ambiental, sequías, emigraciones, fenómenos atmosféricos brutales debidos al Cambio Climático, violencia urbana, virus epidémicos, aplicaciones militares de la IA, uso indebido de avances de la ciencia biológica, etc. Después presenta la curva estimativa que va restando tiempo de un supuesto reloj de 12 horas. El punto más negro y ominoso sigue siendo la guerra de Ucrania, “debido a la posibilidad de una decisión apresurada o un error de cálculo, de las partes en conflicto”, seguido de la cadena conflictiva en Oriente Medio. El siguiente, en peligrosidad, es la posible aplicación de la IA a los centros de cálculo de la guerra nuclear. Y el más nuevo es, ojo al dato,  el progresivo nivel de calentamiento global -2014 fue el año más cálido desde que existen mediciones- con crecimiento exponencial de los efectos de la energía eólica y la solar, que aparecen como desafíos a los que –según los científicos citados- la humanidad aún no está tecnológicamente preparada para gestionar.

Dediquemos, pues, a la posteridad los versos de Bertold Brecht: “Tú que emergerás del diluvio donde nos ahogamos/ recuerda al hablar de nuestra debilidades/la época oscura de la cual escapaste./ Lamentablemente, nosotros que queríamos preparar la vida para la amabilidad/ no podíamos ser amables./ Recuérdanos con clemencia”. ¿Pesimismo? Todo pesimismo debe tender a la inexorabilidad para poder justificarse. Y éste cumple las condiciones.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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28 enero 2025 2 28 /01 /enero /2025 19:18

LOGOI 389

LIBRERÍAS EN PELIGRO

“Svuota la vetrina”, en italiano es “Vacía el escaparate”. Es un movimiento civil que ha nacido en el país de Giorgia Meloni, presidenta de Italia y líder de una ultraderecha –anticultura- que está extendiéndose por Europa y otros países. Pero también es el país de Dante, Miguel Ángel, Petrarca, Bocaccio, Leonardo, Pirandello, Galileo, Vivaldi...y de algunos ciudadanos  que aman los libros y quieren luchar contra la oleada de desinterés hacia la lectura. Para lograrlo se requiere una acción y una militancia en la idea de salvar a los libros y volverlos a reivindicar en las escuelas, las familias, la Universidad, la calle...

Todo empezó cuando hace unos meses un italiano se gastó 10.000 euros en comprar todos los libros que se exhibían en el escaparate de una librería mítica de Milán, “Hoepli”. Otra italiana, una lectora, compró todo el escaparate de una librería pequeña, “I Baffi”, también de Milán. Desde entonces, otros ciudadanos, formando grupos, han ido vaciando los escaparates de librerías de Nápoles, Génova,  Bolonia  y otros lugares.

En España hay 2.792 librerías, sin contar un millar que han cerrado en los últimos años. Con respecto a la lectura afrontamos dos hechos entrelazados. El primero es la disminución de lectores, sobre todo entre niños, adolescentes y jóvenes por un lado, y la crisis aún no declarada del mundo del libro. El segundo es la creciente “dictadura” de la manipulación digital, el socavamiento del espíritu crítico, la expansión de “fakes” y mentiras, unido al creciente poder de las “ideologías” que en otros tiempos quemaban libros en “autos de fe” y predican el control dictatorial de la sociedad y unas medidas que convertirán la cultura del libro en un remedo del escenario orwelliano de “1984”. Como dijo una de esas personas que “vaciaron el escaparate” de una librería: “leer libros te abre la mente, te ayuda a defenderte, a no dejarte engañar, a razonar y a luchar contra la mentira y esta es el mejor motivo para que la gente vuelva a comprar libros”. Muchos de esos anónimos compradores dejan algunos de los libros comprados en la librería, para que los dueños los repartan gratuitamente. Otros los donan a bibliotecas, asilos o colegios. Un clásico de esta tierra aseguraba que “el pueblo que lee mucho es más difícil de manipular”.

Hace años hice una “acción de defensa” de una librería de pueblo que estaba a punto de cerrar. Usé el título del filme “Salvar al soldado Ryan” en un panfleto que se titulaba “Salvar al librero...” y ponía el apellido del dueño de la librería. Éste me dijo apenado: “No servirá de mucho. La gente cada vez lee menos”. Tuvo razón. Evitemos el cierre de más librerías en los pueblos de Aragón. ¿Cómo? Fácil: compra libros. Y léelos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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22 enero 2025 3 22 /01 /enero /2025 20:00

LOGOI 389

¿LOCOS AL PODER?

A menudo es razonable detenerse para pensar y aislarse del goteo incesante de la llamada “información”, la invasión de supuestas “verdades” que sirven pródigamente las redes y algunos medios. Vemos alzarse la sombra poderosa y desmadrada del dúo Trump-Musk en Estados Unidos. Los cabecillas populistas  -que hacen más amenazador el mundo de hoy- están tomando el poder gracias a una izquierda desnortada incapaz de analizar su responsabilidad en la debacle “woke” que apadrinó y se le fue de las manos para beneficio de la ultraderecha... Aún así vale la pena no dejarse aturdir o asustar por las actitudes y comportamientos –y discursos- de los “locos” de la política y el poder que nos han invadido en esta primera parte del siglo XXI (aunque  siempre los ha habido).

Un vistazo a la historia nos mostrará a los Trump de la época griega o romana, a los Putin, Stalin, de la edad media o la moderna, a los Milei, Le Pen o Boris Johnson del siglo pasado y a los Musk, una novedad,  que encabezará a los presuntos locos de la era tecnológica. Todos ellos unen a la desmesura de aspecto, actitudes o palabras una casi apabullante capacidad para hacer creer al que los observa que son peligrosos, precisamente porque no tienen contención, están alienados por su propia ferocidad.

Las bravatas tabernarias de un Trump, la insensatez aparente de la chulería de Musk (un genio trastocado por su propia genialidad), la paciente inhumanidad  indolente de un Putin o un Netanyahu, asustan a cualquier observador y le atraen, porque en la locura hay un punto de temerosa fascinación que tan bien supo mostrar el Marqués de Sade o el “Calígula” de Albert Camus. ¿Están locos o se disfrazan de locos? Las culturas más antiguas, en todo el mundo, siempre han mostrado respeto y temor ante la locura y el delgado hilo paradójico que la mantiene unida a los dioses. El problema es que todos estos supuestos locos, Milei con su sierra eléctrica, símbolo cinematográfico de la psicopatología asesina, Putin con su bomba atómica, Trump con sus anunciadas bravatas o  Musk con su llamamiento al resurgimiento de los fascismos en Europa, están provocando el resurgir de las dictaduras en Hispanoamérica o África  y quizá en la civilizada Francia, Inglaterra o Alemania, al amparo de Italia, Hungría o Polonia. Y de la silenciosas China o India, pacientes en la espera. Es un populismo posdemocrático, exacerbado por la desorientación de la izquierda. Los mercados financieros sugieren que lo de Trump es una jugada de póker. Y que pronto, ya en el poder y tras la euforia revanchista,  se olvidará de las medidas punitorias excesivas, más que nada por el daño que pueden hacer a la economía. No me parece suficiente motivo para evitar que Trump siga su senda catastrófica. O quizá sí.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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18 enero 2025 6 18 /01 /enero /2025 17:53

Logoi 388

LUNES ACIAGO

El próximo lunes, día 20, pasará a la historia como un día nefasto para los que vivimos en este planeta maltratado, en este siglo XXI casi tan deplorable como el XX. Ese día toma posesión de su cargo el primer presidente norteamericano –Donald Trump-  condenado por un juez: 34 delitos de falsedad contable para comprar el silencio de una actriz porno con la que, en 2016, el agresivo político tuvo una relación. Fiel a sí mismo, el magnate  llamó “corrupto” al juez, calificó de “farsa despreciable” el juicio y pasó página, por fin impune gracias a su cargo. Lo cual le evitará también responder de los intentos de manipulación de elecciones en el Estado de Georgia, del uso privado de documentos secretos de su Gobierno anterior y, no lo olvidemos, de la instigación de un autogolpe de Estado el 6 de enero de 2021, con víctimas mortales y la vergüenza histórica de haber impulsado una invasión armada al Capitolio, la institución  más sagrada del país, sede del Congreso, por una turba vandálica de partidarios suyos,

En Tel Aviv, Rusia y algunos países de Europa y América se descorcharán  botellas de champán para festejar el regreso de este bufonesco y peligroso personaje, al que algún historiador y bastantes analistas políticos han calificado de “desastre para la paz y solidaridad en el mundo”, como lo fueron Hitler en Alemania, Pol Pot en Camboya, Josef Stalin en Rusia, Mao en China,  Hideki Tojo de Japón o Leopoldo II en Bélgica, entre otros.

Este periodo presidencial de Trump, según declaraciones propias realizadas antes de jurar su cargo, se moverá por los siguientes escenarios (y por falta de espacio no abordo otros, económicos y políticos). Fiel a su vocación expansionista e imperialista Trump no descartará el uso de la fuerza y el chantaje económico para  lograr la anexión de Groenlandia y el control efectivo del Canal de Panamá. Desea cambiar el nombre del Golfo de México, que pasará a llamarse de América. Problemas pues con Dinamarca, socia de la UE, que ya ha avisado que Groenlandia “no está en venta” y será defendida por toda Europa según el artículo 47.2 de los tratados de defensa mutua. Méjico se ha apresurado a responder a Trump que el cambio de nombre del Golfo no es negociable y se prepara para responder a la otra amenaza de Trump: poner en la frontera millones de mejicanos que viven  en EE.UU. “en situación irregular” y blindar  aún más el paso. Como guinda, quiere que Canadá sea otro Estado de la Unión.

Sumen a esto las actividades de la mano derecha de Trump, Musk, que  alarma a todo el mundo por el uso que hace del poderoso espacio de las redes digitales con su fervor ultraderechista: financia a los partidos fascistas europeos e interviene en los asuntos internos de esos países, usando su poder y dinero para desestabilizarlos. Vivimos tiempos difíciles.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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4 enero 2025 6 04 /01 /enero /2025 23:57

“LA MONTAÑA MÁGICA” DE THOMAS MANN, CUMPLE 100 AÑOS

Narra la historia del joven Hans Castorp y su evolución personal, durante un largo internamiento en el Sanatorio antituberculoso de las montañas de Davos

Ustedes se preguntarán: ¿Qué tiene de particular esta novela escrita muy laboriosa y lentamente por un escritor alemán hace más de cien años? Primero, que se trata de un Premio Nobel (1929), aunque lo recibió por “Los Buddenbroks”  no por “La montaña mágica” ni por “Muerte en Venecia”. Eso se debió a la oposición de algunos intelectuales y médicos que formaban parte del Jurado del Nobel y  aún recordaban la historia reciente de Alemania. Sin embargo aparte del valor literario de sus obras conviene destacar un hecho que da la medida de la excelencia del intelectual comprometido: adoptó una actitud insobornable y ética contra el poder nazi, viéndose obligado a exiliarse, como tantos otros de sus colegas, aunque no era de origen judío. Se trata, pues, de una gran figura de la literatura mundial y una personalidad humana digna de respeto. Cierto, dirán ustedes, pero  “La montaña mágica” es, simplemente, otra gran novela, a la altura del “Ulyses” de James Joyce, de “La muerte de Virgilio” de Hermann Broch o  de “El hombre sin atributos” de Musil. Pues bien, sí y no. Es una gran novela, pero no es “una más” y sí está a la altura de las novelas citadas, y en algún aspecto –en la historia de la literatura- las supera. Les aconsejo  leer todas estas novelas y dejar la de Mann para la última lectura, a fin de comprender que la maestría de este escritor es irrepetible, tiene una singularidad propia que emana de la época que vivió y del lugar en que nació, del carácter acomodado de su familia y del conjunto de caracteres psicológicos, naturales o adquiridos que moldearon sus ideas y sus acciones. Ojalá usted que me lee, se atreva a hacer la prueba que les propongo. Le garantizo un gran placer y un profundo enriquecimiento personal. Aunque, por honestidad profesional, tengo que hacer una advertencia obligada: lo anteriormente dicho depende muy directamente de la clase de lector que sea usted. Y me temo que también de su edad, aunque con las debidas excepciones. Si usted rebasa los 40 años y ha sido lector toda su vida, la lectura de esa novela le encantará. Y posiblemente me dé la razón en mi aventurada apuesta. Si tiene menos de esa edad –ya sé que todo esto es muy arbitrario y hay que aceptar excepciones- se le hará muy cuesta arriba leer las obras maestras citadas, incluida tal vez “La montaña mágica”, aunque, paradójicamente, preferirá ésta al “Ulises” o a “El hombre sin atributos”.

En 1911, a los dos años de casado, Thomas Mann visita a su esposa Katia que está internada en el sanatorio antituberculoso Wald de Davos-Platz en el cantón suizo de los Grisones. El ambiente trágico-dramático que se respira entre los enfermos y los médicos y enfermeras, entre la curación y la muerte, entreverado de una extraña vitalidad social y erótica, le impresiona y le inspira vivamente. Hace dos visitas a su esposa hasta su curación y mantiene una nutrida correspondencia con Katia, que le informa detalladamente del ambiente que se vive en el Sanatorio y de las costumbres, anécdotas y líos entre los enfermos. Mann, en su última visita a su esposa, que fue dada de alta un par de meses después, fue abordado por el director del centro, que le sugirió que dado su presunto estado –el escritor estaba pasando un fuerte resfriado con tos- debería quedarse “unas semanas” en el sanatorio para evitar males mayores. Mann rehusó cortésmente. Cuando regresa a su domicilio, comienza con un proyecto de novela corta, en el que espera contraponer el drama humano de la supervivencia en el escenario casi mágico de las montañas alpinas, entre la agobiante presencia fantasmal de la muerte y el deseo de vivir, como una fuerza primaria casi animal, que trata de luchar contra esa presencia amenazante, rara vez de forma victoriosa. Una especie de drama satírico o contrapunto humorístico a “Muerte en Venecia” que había publicado en 1912 con gran éxito.

Pero en este caso no se trataría de una novela corta, sino de una obra magna que tardaría doce años en coronar –apareció en 1924, hace un siglo, y se vio interrumpida en varias ocasiones por las duras circunstancias de la I Guerra Mundial y los contradictorios efectos que tuvo en el escritor-  y sería considerada la mejor de sus obras, una novela merecedora de aupar a su autor al codiciado Premio Nobel, que recibiría en 1929 por el conjunto de su obra. La novela narra la estancia en el citado balneario de su protagonista, el joven Hans Castorp, un ingeniero recién titulado, que aplaza el comienzo de su trabajo en la empresa familiar para pasar unos días con su primo, un joven oficial militar aquejado de una seria tuberculosis. Pero en su estancia, cuya duración va ampliándose a un ritmo concordante con los síntomas físicos y psicológicos que Castorp va padeciendo: “la cabeza caldeada, el mal gusto en la boca, las palpitaciones arbitrarias de su corazón”. En principio son achacadas por él mismo a “dificultades de aclimatación”. No mucho tiempo después, los síntomas se recrudecen y el médico jefe le manda hacerse una “sesión de rayos X” donde –además de sus huesos, cosa que maravilla a Castorp, que filosofa sobre ello, ya aparecen las sombras de la enfermedad. La novela refleja no sólo la idiosincrasia peculiar de otros enfermos con los que  el protagonista se relaciona, sino que como un fondo magistral, en comentarios y hechos filtrados por  el paso del tiempo y el aislamiento del “mundo normal”, va mostrando un retrato lúcido, inteligente y crítico de los problemas ideológicos, políticos, económicos y sociales de una Europa que aún ignora que se está precipitando inconscientemente a la carnicería total de la Primera  Guerra Mundial. Así que esta novela no sólo es un soberbio “Bildungsroman” –término acuñado por Goethe que designa una novela de aprendizaje o de educación del protagonista-, sino una sugestiva narración de fondo filosófico donde temas como el tiempo, la enfermedad, la muerte, el amor, la estética, la sociedad y sus defectos, el nacionalismo y el militarismo, son analizados para mostrar el escenario bélico donde moriría Castorp, poco tiempo después de abandonar el sanatorio, en el que estuvo siete años, “un instante ante el vendaval de la historia”. Mann deja claro que la trama de su novela es anterior a la Gran Guerra, “con cuyo estallido comenzaron muchas cosas que, en el fondo, todavía no han dejado de comenzar” escribe Mann, quizá preludiando lo que unos años más tarde, a partir del 33,  le supondría no sólo la pérdida de  su hogar, honores y posesiones, sino el estallido de la II Guerra mundial, aún más mortífera e inhumana  y también su propia permanencia en Alemania, su nacionalidad alemana ( se le retiró ésta por orden gubernamental nazi en el Año Nuevo de 1937) y el exilio en Suiza (donde moriría, años después, el 12 de agosto de 1955) y en Estados Unidos, como aconteció a otros muchos grandes de la literatura alemana, Stephan Zweig, Hannah Arendt, Walter Benjamin, Herman Hesse, Emil Ludwig o Bertolt Brecht, (no sólo judíos, sino izquierdistas), entre otros muchos menos afortunados que murieron o pasaron por los “lager” y campos de exterminio nazis, como Primo Levi.

Pero volvamos a “La montaña mágica”, que fue considerada la obra más representativa y lograda de Mann, Comiencen su lectura. Entra en escena el joven ingeniero Hans Castor que hace un viaje en tren por las montañas alpinas hacia un sanatorio donde está internado su primo Joachim Ziemssen, sin sospechar que sus dos o tres semanas de camaradería familiar juvenil se iban a dilatar durante siete años en un ambiente “mágico”, en el sentido de situarse fuera de las borrosas lindes de la realidad, muy lejos de lo corriente, banal y propio del mundo exterior, lo que todos los internos resumían con una expresión: “las gentes del llano”. En las alturas donde se encuentra el sanatorio todo es sutilmente distinto, un  mundo sujeto a otras reglas y costumbres, surcado por la sombra ominosa de la enfermedad y la muerte, pero también de unos anhelos, reflexiones y sensaciones que trastocan e influyen en su mente y en su cuerpo, forjando un cambio radical físico y espiritual.

Al estilo de su admirado Flaubert, Mann usa una  prosa descriptiva, minuciosa y brillante, que nos muestra detalladamente las actitudes y comportamientos, incluso los supuestos pensamientos de las personas y describe con precisión de geógrafo, biólogo o psicólogo, paisajes, situaciones y anécdotas que no cesan de producirse en el cerrado universo de enfermos y cuidadores o visitantes; todos ellos integrando una especie de logia o hermandad, donde la escala de valores y de principios morales o sociales son supeditados a un solo elemento: la presencia total, profunda, omnipresente, de la enfermedad y la muerte y, por tanto, la reacción vitalista - negociadora o combativa- del anhelo y la esperanza de vivir. La mirada del novelista profundiza en los procesos psicológicos, emotivos y relacionales de los personajes de una forma magistral, plena de una comprensión y ternura que elimina toda frialdad crítica. Ejemplo de ello es el apasionado amor que Castorp siente por la peculiar Madame Chauchatt, otra enferma, a la que tras seis meses de intensa cristalización de sus sentimientos, los hace culminar un martes de Carnaval  (la “noche de Walpurgis”) en una declaración soberbia de amor y exaltación (por cierto, todo el episodio fue escrito por Mann en francés, considerada la lengua elegante y culta en el sanatorio).

Debo resaltar un detalle curioso –y significativo por aludir a un asunto poco conocido en la biografía de Mann- que se describe en través de un recuerdo, una alteración de la cronología lógica de la narración, en el capítulo II de la primera parte. Es la única narración que nos lleva a la infancia de Carstop, una rememoración provocada por el parecido del rostro de su amada con el del pequeño Pribislav, un compañero del colegio infantil al que asistió, por el que se sintió muy atraído. Este y otros detalles literarios –“La muerte en Venecia” el más evidente- hizo que algunos biógrafos citaran con cautela y prudencia la probabilidad de que Mann tuviera inclinaciones homosexuales, a pesar de su feliz matrimonio y sus dos hijos.

Pero no son únicamente las cuestiones emocionales las que reciben un magnífico tratamiento en la novela. Más bien, estas pasan a ser anecdóticas, ya que la principal aportación de Mann es el logro literario de reflejar el ambiente intelectual crítico, variado, profundo, apasionado y respetuoso. Para ello usa con preferencia a dos personajes –dos intelectuales-  mucho más que secundarios: los profesores Naphta y Settembrini, Las conversaciones y controversias que Castorp mantiene con ambos, los convierte en dos formas diametralmente opuestas  -pero complementarias, filosófica y literariamente-, de concebir la existencia y las maneras de afrontarla o analizarla; la presencia inmisericorde del tiempo, no solo el cronológico sino, con preferencia el psicológico: las impresiones de fugacidad o eternidad que alteran nuestra percepción y nuestras emociones y se reflejan de forma muy hábil en la narración de Mann. Aunque sin olvidar los sucesos del mundo cerrado del Sanatorio, el amor, la amistad, las actitudes de rechazo o de aceptación, la misma enfermedad y la muerte, vistos desde dos mentalidades radicalmente opuestas en las dos figuras en conflicto permanente, el humanista Settembrini y su violento antagonista, el profesor latinista Naphta, un judío converso educado por los jesuitas, de una dureza lógica implacable y fanática. Los dos parecen constituir parcelas no analizadas, ni desechadas, en la despierta psique juvenil de Carstop. Ese Jano de dos caras, es comparable a su creador, Mann, un epicúreo con actitudes estoicas que ama la vida, el deporte, la bebida, el fumar y los goces de la carne, todo ello regido por el humanismo, el amor a la libertad y al derecho y una moral práctica basada en hacer el bien y comprender las debilidades humanas, empezando por las propias. El mismo Mann en un comentario sobre esta obra y uno de sus elementos esenciales, el tiempo, escribe: “Los grandes espacios de tiempo cuando su curso es de una monotonía ininterrumpida, llegan a encogerse en una medida que espanta al corazón: cuando los días son semejantes entre sí no constituyen más que un solo día y con esa uniformidad la vida más larga sería experimentada como muy breve”.

Los personajes secundarios –aunque relevantes- de la novela tienen una fuerza prodigiosa para encarnarse en la imaginación del lector: enfermos de ambos sexos, médicos, enfermeras: todo un rosario de personas que cogidas de la mano parecen bailar la danza medieval de la muerte en un paisaje sobrecogedor, de mágica belleza. Entre ellos cabría destacar al holandés Peeperkorn, Pieter, que aparecerá en la segunda parte acompañando a Madame Chauchatt, que regresa al sanatorio tras una larga ausencia. Ese regreso reaviva el breve amorío, consumado, con Carstop. Destaca la extraordinaria personalidad del poderoso -personal y financieramente hablando- holandés, que acaba simpatizando con Castorp. Ambos se confiesan la importancia que tiene para ellos el amor por la Chauchatt, pero apartan toda rivalidad y se declaran amigos de por vida. Sin embargo, Mann guarda un as en la manga y nos lo hará saber a su debido tiempo. Dejo el tema en este punto para incitar al lector de CyC a que lo descubra por sí mismo con su lectura.

Es en Naphta y Settembrini en  los que se sustenta más la dinámica intelectual de la novela.  Son dos formas de ver la vida, no sólo opuestas sino irreconciliables entre sí. Hay constantes discusiones, a veces feroces, entre los dos personajes. Tras una de ellas se retarán a un duelo a pistola. Settembrini disparará al aire y Naphta, enojado y frustrado, se disparará a sí mismo en la cabeza. El primero filosofa y sugiere la acción. Y el segundo se declara contemplativo sin negar la acción como última instancia pero siempre obedeciendo la racionalidad más absoluta. Para Settembrini el futuro deseable es una República universal y para su rival, un muy especial “reino de Dios”. Naphta es un judío converso, un jesuita que vive una vida de asceta, rodeado de arte y lujos, y afirma creer en la teoría geocéntrica de Ptolomeo y en el heliocentrismo de Copérnico. Tiene la violencia y el surrealismo mental de un hippy californiano amigo del LSD, anarquista, enemigo de las instituciones, del capitalismo y de la burguesía, que pretende volver a un orden medieval en la vida. Y el italiano es como un Borgia, irónico, dogmático y también austero, radical, consecuente e idealista. Cree en el trabajo firme, la actividad creativa, la tolerancia y los derechos humanos. Pero también en la necesidad de la guerra y en los nacionalismos. Naphta lo considera un “intelectual de la burguesía”.

Ante todo lo dicho no sorprende que los nazis acusaran a esta novela de “elogio de la decadencia burguesa” y “difamadora del heroísmo militar”. Pero hay un misterio sin resolver: la novela no figuraba en la Lista Negra de Goebbels y nadie ha podido demostrar que en la tristemente famosa quema de libros del 10 de mayo de 1933, estuviera “La Montaña mágica” (aunque sí estaba, al parecer, “Los Buddenbrook”).

Paradójicamente la novela fue un auténtico autoanálisis para Mann. Escrita en su mayor parte durante la I Guerra Mundial y terminada durante los años dramáticos de la Alemania vencida, produjo en el escritor un ajuste de ideas, un sentido nuevo de la política y la existencia: el patriota conservador, esteticista y antidemocrático –que reflejaron algunos de sus personajes, incluido Castorp- evoluciona hacia un humanismo parecido al de Settembrini con el pesimismo de Naphta y la esperanza en que el mundo nuevo resurja de las cenizas. O no. Cosa que en la novela se concretará en el detalle de no relatarnos la historia de cómo fue la muerte de Castorp en las trincheras.

Lo más importante que ha de saber el lector es que sumergirse en “La montaña mágica” es un viaje de esfuerzo durante más de 900 páginas, pero que una vez pagados los derechos de entrada –las primeras 200- si uno persevera, cada vez le costará menos la lectura y disfrutará más hasta llegar al final y comprender que ha dado cima a una historia-mosaico que nos hace entender el siglo XX y nos deja entrever por qué el XXI se ha convertido en la barbaridad que es, a pesar de todos los adelantos técnicos que supuestamente nos facilitan la vida. Y se quedarán ustedes con una cadena florida de instantes preciosos: el episodio de Castorp y los rayos X, la declaración amorosa a Madame Chauchatt, el capítulo “Nieve”, la muerte de Joachim, la amistad con el rival amoroso holandés, el duelo entre Settembrini y Naphta, o la escena bélica final con el fondo sonoro del lied del tilo de Schubert... Y percibirán, quizá, algo que yo he sentido vivamente durante mi reciente lectura de “La montaña...”, el secreto del atractivo de Mann se debe al empleo de la ironía como regulador estético. La grandilocuencia y solemnidad de sus ideas, envueltas en un amable escepticismo que las descarga y aligera relativizándolas, eludiendo lo patético, lo gesticulante, lo declamatorio de su prosa finisecular. Como escribió en “Sobre mí mismo”: “...al artista no le va comportarse con excesivo empaque y solemnidad, porque, en el fondo de su carácter, está lo infantil, primitivo y juguetón, eso que se llama ‘talento’ y sin lo cual, por mucho espíritu y mucha moral que se tenga, no se es artista”.

Lecturas: “La montaña mágica” (2 tomos), Círculo de Lectores, 1969, traducción Mario Verdaguer.

 “Obras escogidas”, Thomas Mann, Biblioteca de Premios Nobel. Aguilar 1967

“Sobre mí mismo”, Thomas Mann. Ediciones Paradigma. 1990

“Schopenhauer. Nietzche. Freud”.- Thomas Mann, Bruguera. 1984

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4 enero 2025 6 04 /01 /enero /2025 23:44

LOGOI 387

VAYA AÑO DE M...

Permítanme el desahogo en letras de  molde: ¡Vaya 2024 de mierda! Ya sé que suena mal, pero es que sabe peor. Ha sido un año de desastre. Y se ha quedado pequeño para lo que vaticinábamos a finales de 2023. Pensábamos que íbamos a tocar techo y que el 24 iba a aflojar en desdichas políticas nacionales e internacionales, crisis climática, burricie tecnológica (léase fakes, abusos, I.A. y demás), muertes sexistas, problemas de vivienda, violencia y desastres en emigración, que acabaría la guerra de Ucrania y se llegaría a un acuerdo entre Israel y los árabes, que Trump no volvería a la Casa Blanca sino a una prisión federal y que en España se daría carpetazo a la crisis ético-política entre “los hunos y los otros”; que la educación mejoraría sus índices a la baja (no sólo me refiero a las escuelas)... Pues bien, señores,  ha sido todo lo contrario.

El mismo político que se atrevió a fanfarronear públicamente de que si cogía un rifle y disparaba contra la gente en la Quinta Avenida de Nueva York no perdería votos (no hace falta que les diga a qué descerebrado me refiero) es ya el nuevo presidente de Estados Unidos. Un lenguaraz obsceno y peligroso que llega a la Casa Blanca flanqueado por millonarios tan “capacitados” como él para preocuparse por el sentido humano de la política. Junto a Putin en Rusia, Netanyahu en Israel y el coro laudatorio de Argentina, Italia, Hungría, más el desguace de la locomotora franco-alemana y por tanto de la UE, con los ultras cada vez más envalentonados...parece que la democracia como sistema vuelve al limbo de lo deseable pero improbable y comienza a entonar el himno de la DMA (Destrucción Mutua Asegurada). Como diría  la Mafalda de Quino, es el “principióse del acabóse”. Añadamos:

Las diferencias políticas y comerciales entre Washington y Pekín  (con la pimienta de Corea del Norte y el Pacífico) podrían seguir la misma lógica del exceso que la “vendetta” de Israel contra los árabes inauguró, sumado al expansionismo de Putin. Europa ha empezado a escorarse hacia la ultraderecha (ejemplo: la nueva política anti inmigración de la UE). Cada día aumentan las denuncias a una brutal violencia  contra personas como usted o como yo en demasiados lugares del mundo (y no hablo sólo de Gaza o de Ucrania), lo que en lógica consecuencia produce un aumento brutal del número de refugiados y desplazados (y no hablo solo de Sudán) y una disminución proporcional del respeto al derecho internacional en materia de asilo (y no hablo solo de Europa o de la frontera mexicana) y al mismo tiempo crece el fascismo desde los algoritmos de internet a los cerebros del ciudadano medio (y no hablo solo de Estados Unidos, Rusia, Italia o Israel). Vamos aviados...

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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