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11 julio 2022 1 11 /07 /julio /2022 19:08

(PUBLICADO EN LA COMARCA 120722)

Mi colega y amigo Fernando Martínez Laínez me envía su último libro, “El soldado español” (Arzalia Ed.), un ensayo sobre los militares españoles a través de la historia, desde los iberos, los romanos, los almogávares, las colonias y las guerras civiles, hasta las misiones internacionales de la OTAN. Esperemos que no tengamos pronto la prueba activa del valor de nuestros soldados en la “marimorena” que el señor Putin y otros, que en eso de las responsabilidades bélicas la cosa está muy repartida, abrieron hace demasiado tiempo en Ucrania, con una irresponsabilidad tan grande como sus codicias.

Volvamos al libro. Está documentado y es apasionado y realista. La milicia - desde los Tercios de Flandes, Viriato, el Cid, la Armada, Cascorro, Cuba, el Rif o los “novios de la muerte”-, ha sido el objeto predilecto de las novelas, relatos y ensayos de este periodista con el que me crucé por esos mundos  en varias ocasiones. Fernando habla de la histórica valentía, el espíritu de sacrificio y el arrojo de nuestros soldados, orgullosos hasta en la derrota. La cual era más frecuente de lo deseable, dada la habitual escasez de medios, la logística inexistente y la falta de capacidad de sus generales. Comparto el pesar histórico que se instala en una obra que atiende más al talante guerrero español que a la historia militar en sí, pues “para el temperamento hispano combatir ‘por libre’ (guerrillas) era mucho mejor que hacerlo con trabas disciplinarias y burocráticas”, con mal equipamiento, mandos infatuados y ausencia de líderes políticos capaces de vertebrar un política militar razonable y eficaz.

La historia nos confirma que los españoles como pueblo oscilamos entre la grandeza y el abatimiento. Somos capaces de las mayores gestas pero también de soportar cinco guerras civiles en poco más de un siglo (desde 1833  a 1936); generosos, nobles y acogedores, pero también insolidarios, mezquinos y a menudo insensatos. Deberíamos aprender de esta historia militar como metáfora: nuestro futuro depende más de la inteligencia y honestidad de nuestros líderes, que de la inercia de  proyectos políticos no consensuados, que no respetan las diversidades del país y no saben crear diálogo, igualdad y cooperación. ¿Tanto nos cuesta creer en un progreso responsable, con límite a la corrupción y amparo a una libertad democrática sensata y equilibrada?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 julio 2022 2 05 /07 /julio /2022 09:34

Logoi 259

ESCLAVOS

Publicado en La Comarca 05072022

¿Son ustedes conscientes, queridos lectores, de  que se han convertidos en esclavos digitales? La pandemia mostró la falacia de la presunta comodidad y eficacia del teletrabajo. Los que sufrieron en sus carnes y mentes el obligado “invento” de la nueva era, se percataron de que habían desaparecido las fronteras entre lo laboral y lo privado; se anuló en la práctica virtual la legal limitación de las horas de trabajo diario y de los descansos semanales; la gente se encontró con el jefe o directivo carismático atentando contra su intimidad a base de “whats up”  o “e-mails” con la mayor impunidad. Y en estos momentos, la soberbia tecnológica ya ha convertido en obligatorio y necesario un artefacto, el móvil o el Smartphone, gracias al cual el panóptico que ideó el filósofo Jeremy Bentham a fines del siglo XVIII  para las cárceles de la época, vigilancia total desde el anonimato total (serás vigilado en todo momento sin jamás ver a los que te vigilan) se ha difundido y entronizado en el mundo entero como el grillete vital, individual y espía que no sólo aceptamos sin rechistar sino que lo deseamos y nos entregamos a él. Aún sabiendo que no sólo es una ventana voluntaria de nuestra intimidad  abierta a ojos e intereses mercantiles, políticos o sociales sino una forma sutil de esclavizarnos y estupidizarnos.

¿Saben hasta qué punto el poder de concentración necesario para un trabajo o labor determinados se ha debilitado desde la población infantil y adolescente hasta los jóvenes y adultos diigitalizados, sometidos a un stress permanente de llamadas de atención?

Esto no es un ataque cavernícola al progreso. Se reconocen sin duda las ventajas y adelantos, el enorme crecimiento en rapidez y comodidad para la obtención de datos y comunicaciones. Eso es indudable e inatacable.  Lo que nos preocupa a muchos es la carencia de límites, de una ética personal y social aplicable al uso y disfrute de lo digital, pero también la garantía de que ese uso y empleo por las corporaciones, los Gobiernos y las empresas son éticamente correctos. Sin olvidar a los delincuentes particulares: la pesadilla de los “hackers” no ha hecho más que empezar).

Y falta algo más: una educación desde la enseñanza primaria que nos vaya desvinculando de la dependencia casi patológica a los móviles. Y a un mercado del entretenimiento y la comunicación que ya nos afecta desde la infancia. Necesitamos límites y normas honestas y legales que frenen el deterioro y dependencia cognitiva que promueve la “infocracia digital”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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3 julio 2022 7 03 /07 /julio /2022 16:43

Creo que uno de los libros que podría complementar mejor la enciclopédica biografía de Cervantes del académico Muñoz Machado es esta delicia pintoresca y erudita también, a su manera, del novelista Julián Ríos.En realidad, el escritor gallego habla directamente de Cervantes y el Quijote sólo en el primero de los viajes metafóricos que emprende, el que refleja en la "Travesía marítima del Quijote" que el Nobel alemán de Literatura, Thomas Mann, dedicará a su lectura de la obra cervantina mientras atraviesa el Atlántico a bordo del barco holandés "Volendan", en 1934. Se dirige a Estados Unidos tras su huida de la lepra nazi que asola Alemania y Europa después.

Se trata de una recopilación de artículos o conferencias donde el Quijote se muestra en su carácter seminal, ya como objeto de análisis y reconocimiento personal como en el caso de Mann o en su influencia universal en el desarrollo de la novela posterior, incluyéndose el mismo Ríos y su más admirado y conocido motivo de influencia literaria, Joyce y su "Ulises". Rios llega al punto sorprendente de insinuar que tanto la obra de Joyce como el Quijote son dos metáforas de los viajes de Odiseo, uno por la ciudad de Dublin y el segundo por la Mancha. Y abunda en la sincronicidad de un detalle: el Quijote deambula por la Mancha y Mann comienza su travesía quijotesca desde Boulogne sur mer, en el Canal de la Mancha francés. Desde el principio es evidente el amor de Rios por los juegos de palabras y los hallazgos filológicos con amplio e irónico desarrollo. Por eso encuentra "pertinente" que la primera escala del Volendam sea la costa inglesa...justamente el país donde Cervantes y su Caballero van a encontrar la descendencia literaria en las obras de Fielding, Goldsmith, Smollet y Sterne.

El libro va desgranando posibilidades históricas que ensalzan la importancia de la obra cervantina que quizá pudo ser leída y admirada por Shakespeare (en la traducción del Quijote de Thomas Shelton, en 1612). Y dado que su colaborador John Fletcher era un "gran admirador de Cervantes", podrá ser que Cardenio, la obra teatral de ambos, desaparecida, estaría basada en el enamorado de Cardenio, personaje del Quijote. Con todo se me escapa la reflexión de Ríos sobre el "quijotismo" de King Kong (que según él fue la película preferida...de Hitler).

Más tangenciales son los dos artículos dedicados a Joyce, auténtico mentor intelectual y literario de Ríos, que ve en el Ulises una renovación continuista del Quijote.  Considerar al Ulises como "descendiente de la tragicomedia humana de Cervantes" es un poco como una obviedad elevada a una conjetura metafísica. Y ya resuena excesivo cuando afirma que "el principio de incertidumbre, fundado por Cervantes en el Quijote, se lleva en Ulises a sus últimas consecuencias". A pesar de los continuos juegos de palabras, a menudo redundantes y artificiosos de Rios, el lector disfruta de los capítulos dedicados a "Lolita" de Nabokov (quien por cierto calificaba desdeñosamente de "cruel" al Quijote) y a la "Rayuela" de Cortázar.

Quijote e hijos dedica sendos capítulos a Machado de Assis y Arno Schmidt, con los que la relación cervantina es escasa cuando no circunstancial. Uno no ve muy claro el "mismo hilo conductor" si éste trata de Cervantes. La paternidad del Quijote con respecto a algunos de los autores tratados por Ríos es tan "universal" que cualquier otro escritor además de los analizados por el autor gallego podría ser incluido (quizá abusivamente) en un libro con el título del que nos ocupa. El mismo Julián Ríos es más "hijo" del "Ulises" que del "Quijote". Pero, en todo caso, lo admito: he disfrutado con el libro, pese a que yo mismo soy más cervantino que joyciano.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

QUIJOTE E HIJOS.- Julián Ríos. Galaxia Gutemberg 196 págs.

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1 julio 2022 5 01 /07 /julio /2022 08:07

TEXTO PUBLICADO EN LA REVISTA C&C DE JULIO DE 2022

Cuanto más se escribe sobre don Miguel, el mayor símbolo literario de España, más se espesa el velo de ocultación que él mismo extendió

 

¿Cómo era el rostro de Miguel de Cervantes? ¿Era alto, bajo, elegante, vulgar, tosco, exquisito, de habla atractiva y sonora o de sonsonete chillón o irritante?  ¿Era un caballero o tenía los modales de un embaucador o de un  soldado valentón y desmedido? ¿Son ciertas las aventuras   heroicas de los Baños de Argel  o las inventó para preparar un currículo atractivo para los padres mercedarios que lo rescataron? ¿Cómo es que de una escasa o nula preparación académica, dio en ser el más grande ingenio de su época y de las postreras, con coetáneos como Lope de Vega y otros de parecido mérito y fama? ¿Después del gran éxito de su Quijote, cómo va a morir tan pobre que ni siquiera tuvo un entierro digno y se fue a la sepultura con un sencillo sudario de caridad y sin una lápida y un nicho  que lo  celebrara? ¿Qué ha pasado con sus restos y como tuvo que ser rescatado del olvido por plumas extranjeras ante la indiferencia de las de nuestro país casi hasta el siglo XIX? ¿Cómo no se han podido rellenar los numerosos huecos informativos que presenta su vida? ¿Era un genio, como atestigua su obra, o un pobre hombre, humilde y castigado por el hambre, las humillaciones y el deshonor, que tocó la flauta “por casualidad”  y de su soplido surgió una música extraordinaria?

Los interrogantes que jalonan la vida de don Miguel, empezando por el “don” y el “de” Cervantes, que no tenía derecho a usarlos…hasta el Saavedra, que parece apellido espurio, buscado para alejar las sospechas de “sangre impura” –judía-  de su linaje, han creado en conjunto un tapiz narrativo que está lejos de ser claro e indiscutible. La vida y milagros de don Miguel están a la altura de las que imaginaba don Quijote al amparo de los libros de caballerías, la magia y hechicerías en las costumbres y la dura e implacable vida social, política y religiosa en la que tuvieron que desenvolverse tanto el autor como su inmortal criatura imaginaria. Y además está la sospecha de algunos tratadistas cervantinos de que don Miguel disimuló y alteró a propósito muchos aconteceres de su vida y extendió los velos de misterio que rodearon su existencia.

Aún así, ahora los cervantinos estamos de enhorabuena.  El presidente de la Real Academia Española de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, catedrático de Derecho de la  Complutense, académico de número de la RAE,  doctor Honoris causa en derecho y filología por Salamanca, con más de 50 libros publicados, premio nacional  de ensayo  2013 y de historia en 2018, se las ha apañado para brindarnos un nuevo libro sobre Cervantes. Un tomo con 120 páginas de notas, 220 de bibliografía, 60 de índices de nombres y 637 de texto. Con afán enciclopedista, nuestro autor ha indagado, como un Sherlock Holmes de las bibliotecas, en los libros de don Miguel, en los innumerables tomos sobre Cervantes y en los archivos, documentos, artículos y estudios en torno a su vida y obra. De esta suerte lo que tenemos ante los ojos y yo les recomiendo, es un ‘corpus magnus’ de datos, noticias, juicios, suposiciones, indagaciones y deducciones que conquistan al lector.

Prepárense para recibir alguna que otra sorpresa. Para empezar sepan que de los dos famosos retratos que hay en la magna Academia sobre Cervantes, uno en el salón de actos, aparecido a finales del XIX y saludado como el retrato más real de Cervantes, supuestamente firmado por Juan de Jáuregui, y otro firmado por Alonso de Busto, así como el autógrafo cervantino conservado en urna de cristal, son rematadamente falsos. El primero era la plasmación artística de las palabras del propio Cervantes describiendo su aspecto en el prólogo de las “Novelas Ejemplares” (“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata que no ha veinte años fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña…”). Y es tan ajustado a estas palabras que siempre fue considerado auténtico.

Nuestro don Miguel, que se autocalificaba con humor socarrón de “regocijo de las musas”, lleva más de tres siglos teniendo en jaque a mentes bastante preclaras de la erudición y la literatura (y no sólo en España, que fue un país muy retrasado a la hora de valorar a uno de sus más grandes genios) en lo concerniente a su biografía y a la certeza o fantasía de los datos propios con los que Cervantes sembró sus obras.

Por ello, atreverse con otra obra sobre Cervantes, con ambición de dar cuenta de la mayoría de la bibliografía existente (además de confesar más de 15 lecturas completas del Quijote) ennoblece el arduo y complejo empeño de Muñoz Machado. Pero su originalidad estriba en la amplitud de temas y subtemas que nos ofrece, un rico anecdotario “interior” del cervantismo y los cervantistas de la Academia, hasta las correcciones a errores de cervantistas “de fuera”.

También son destacables  los detalles históricos que sorprenden al lector más avezado en cuestiones cervantinas. Yo mismo he cedido al embrujo cervantino: en mi biblioteca, amén de medio centenar de “Quijotes”, hay más de un centenar de ensayos sobre Cervantes y la redacción del Quijote, junto a análisis de todo tipo, psicológico, gramatical, geográfico, literario, artístico o histórico de los personajes. Pero ignoraba, por ejemplo, que Cervantes luchó en Lepanto en uno de los sitios de combate más peligrosos: sobre un esquife, fuera del navío, como avanzadilla de infantería. Allí recibió un arcabuzazo que le privó del uso de su mano izquierda.

Sí había leído algo sobre el oscuro episodio de la acusación por la muerte de un hombre, el caso Ezpeleta, que le hace desaparecer de Madrid o los cinco años de cautiverio en Argel durante los cuales tuvo una actuación heroica y desesperada hasta ser liberado por los padres mercedarios. ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda autoreferenciada por el propio Cervantes?  Y qué decir de las dos ocasiones en que es encerrado en prisión durante su época de recaudador de impuestos para la Armada. Termina por ser liberado sin cargos y con sentencias de inocencia.

Sus peticiones de mecenazgo y ayuda son despreciadas o mal atendidas por los supuestos “grandes nobles” de la sórdida época en la que vive Cervantes (setiembre de 1547 a abril de 1616). A pesar del éxito del Quijote y de sus Novelas Ejemplares y de algunas obras de teatro, Cervantes no llega nunca a tener una posición desahogada y los problemas económicos y familiares le complican la vida. Y esto configura uno de los misterios humanos de ese portentoso creador literario: la visión bondadosa, generosa, noble que se desprende de muchos de los detalles de su vida. No hay mezquindad, ni deseos de revancha, ni amargura en Cervantes y su obra. Hay un humor triste, irónico aunque amable, socarrón a menudo y tan idealista como su gran personaje.

Tenía casi sesenta años cuando publica la primera edición de Don Quijote y levanta la envidia mezquina y malévola  de los literatos coetáneos, con Lope de Vega a la cabeza, que suelen difundir esa difundida pero injusta mala fama que acompañó a Cervantes en vida, corregida y aumentada por los deslices sociales de la parte femenina de la familia, su esposa Catalina de Palacios, una hija adúltera que aporta a la familia, sus hermanas costureras y amancebadas (las “Cervantas”) y una tía, ilustre en esos menesteres de enaguas y lechos..

Sugiere el autor de este estudio,  Muñoz Machado, que Cervantes no escribió El Quijote “para acabar con los libros de caballerías” como aseguran muchos comentaristas (y se ha enseñado en las escuelas en la época en la que aún se hablaba de Cervantes en ellas) sino como nostalgia de esos libros, que ya para la época de nuestro escritor estaban bastante desacreditados, con las excepciones del Amadís, don Belianís o el Tirant lo Blanc. Por tanto, como escribió Menéndez Pelayo: “Cervantes ha escrito el mejor y más perfecto libro de caballerías”.

Haré mención de algunos elementos bastante interesantes y poco citados en obras anteriores sobre la vida y obra de Cervantes: la presencia de la magia, la hechicería y la brujería en su obra y el cuidadoso tacto con el que el bueno de  don Miguel se refiere a la Iglesia, el Estado, los Jueces o la policía de su época (con los que ha tenido infortunados roces. Especialmente significativos son los capítulos dedicados al pensamiento religioso de Cervantes y al matrimonio y las relaciones de pareja en esa época (que la reforma del Concilio de Trento sobre el particular, hace más interesantes). Como buen catedrático de Derecho, además de académico, Muñoz Machado se recrea en aspectos jurídicos, en los que Cervantes era lego pero había sufrido en sus carnes las corrupciones de la justicia, por lo que en algunos menesteres sabía más que los leguleyos.

Américo Castro y Ortega aseguraban que Cervantes era un “gran disimulador” en materia de su propia biografía. Y no les faltaba razón. Por eso hizo falta más de un siglo para que autores ingleses y franceses escribieran sobre Cervantes, basándose en los “rastros” de su vida que don Miguel dejaba en su obra. Y dos siglos de su muerte para que fueran autores españoles los que bucearon en busca de datos (Vicente de los Rios en 1780 y Joaquin Navarrete en 1819). En fin, un libro para leer poco a poco y disfrutándolo.

FICHA: CERVANTES.-Santiago Muñoz Machado. Ed. Crítica

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29 junio 2022 3 29 /06 /junio /2022 17:54

LOGOI 258

MORIR EN DIRECTO

Si eres, preferiblemente, de raza negra, procedente de algún no-país como Gambia o Etiopía y pretendes acceder al “paraíso” europeo a través de Marruecos y España, tendrás la ocasión de formar parte de un programa “prime-time” en los televisores de medio mundo; saldrás en los telediarios y en las portadas de los periódicos y revistas y servirás de aperitivo para despertar el apetito hipócrita de justicia y solidaridad con el que se satisfacen las clases medias pseudo pudientes de las sociedades económicamente “avanzadas”  de Europa (en realidad, casi todas en salvaje recesión hacia la miseria, gracias a la guerra de Ucrania). Serás pasto de noticieros y de golpes de pecho fariseos, porque posiblemente tu cuerpo se quedará, roto y desangrado, sobre el cemento de la frontera, junto al de otros muchos compañeros de sueños imposibles, (veintiséis para ser exactos, heridos no se sabe), fugitivos del hambre, la miseria y la sed. Un panorama apocalíptico que creías dejar a tus espaldas y que va a involucrar a casi todo un continente, el tuyo, el cual en los años imperialistas e inhumanos del colonialismo europeo fue llamado “continente negro”.

Vas a morir en directo ante una muralla de policías y soldados del Reino de Marruecos y convenientemente apoyados por uniformados del Reino de España. Hay órdenes de impedir el paso de la frontera “a cualquier precio”. Por razones políticas y estratégicas (y económicas) de ambos países, el magrebí y el europeo, la frontera “coladero” que por voluntad del Gobierno de Rabat había dado motivos de queja al de Madrid, se ha bloqueado, en pago al apoyo español a las pretensiones marroquíes sobre Sáhara, en un giro de 180º que ha dejado a los saharauis (“tradicionales amigos” de España) a los pies de los caballos marroquíes. Rabat que jamás ha jugado limpio con España desde la época del Protectorado en adelante, ya sea con Hassan II como con Mohamed VI, permite eso sí que las oleadas de inmigrantes lleguen a la frontera y allí se ensañan con dureza como “prueba” de la “amistad” marroquí. ¿No sería más lógico que Rabat interviniera con similar o superior dureza contra las mafias que los conducen a la frontera? ¿No será que todo este tinglado forma parte de una escenificación brutal y sangrienta de Marruecos y España, en pago a favores mutuos? La inmigración requiere que sepamos cuál es su proceso, necesidades, posibles soluciones en los países de origen, las cuotas de acogida…una labor humana y solidaria. No la muerte en directo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 junio 2022 5 24 /06 /junio /2022 18:02

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

EL MUNDO VUELVE AL BELICISMO DEL SIGLO XX

(Publicado en La Comarca el 24062022)

En estos penosos días, la guerra de Ucrania que ya cumple cuatro meses, ha entrado en la “rutina informativa” y causado una cierta insensibilidad hacia las cifras de muertos, heridos, desgracias y destrucciones. Hasta el Papa Francisco sugiere con suavidad diplomática que “la guerra de Ucrania ha estado de alguna forma provocada o no impedida”. Y no se justifica a Putin y su responsabilidad genocida, sino se apela a antecedentes políticos recientes y otros que se produjeron tras el final de la URSS y en años subsiguientes. El belicismo expansionista de la OTAN  y los intereses ocultos, desde la venta de armas a negocios de tipo mercantil, financiero y de materias primas -incluidos los alimentos- son tan responsables de esta crisis como los políticos involucrados en el disparate bélico. Incluso el Secretario General de la Alianza, Jens Stoltenberg, un belicista que apuesta por una guerra lo más larga posible, reconoce que la invasión de Ucrania “es una de las operaciones militares más previstas de la historia”. Se venía venir desde 2014, tras la anexión de Crimea. ¿Por qué no se ha evitado? ¿Por qué se ha alimentado el victimismo ruso?

La guerra de Ucrania es un ejemplo de la trágica futilidad  de la barbarie que se ha extendido en pleno corazón de Europa, debido a la lucha de los opuestos intereses geoestratégicos de Rusia y EE.UU. La trivialidad de esta guerra y lo que la hace más abominable, es su carácter de potencial negociabilidad. Pero no ha habido unos políticos responsables a nivel humano o un organismo internacional arbitral no sesgado por intereses hegemónicos. Y tampoco ha habido voluntad de frenar al capitalismo más codicioso e insensible que existe: el que saca beneficios de la guerra. Si se plantean la pregunta ¿quién se beneficia de esto?, entenderán las líneas maestras de lo  ocurrido entre Rusia, Ucrania y Occidente, gracias al tambaleante liderazgo de Estados Unidos y los apoyos cómplices de muchos Estados, entre ellos el del “tigre dormido”, China.

Hablar del expansionismo de la OTAN, de Rusia, de China, Estados Unidos o Europa, sólo explica una parte –y no la crucial- del problema bélico actual. Las secuelas económicas, alimentarias y ambientales serán más importantes aún. Aunque estarán “equilibradas” por los beneficios que se generan por venta de armas, municiones, energía y alimentos en creciente escasez. Sólo que los primeros efectos citados de la situación bélica serán globales y los beneficios, como siempre, sólo para unos pocos. En esta época de naufragios ideológicos,  las grandes teorías político-sociales, que lucharon entre sí en el siglo XX,  se han difuminado en un tipo de sociedad postcapitalista sin principios, ni valores y con un sesgo tecnológico que nos aísla en burbujas individuales. Por eso importa cada vez menos el sufrimiento de las víctimas de la guerra o el cúmulo de intereses rapiñeros de una oligarquía mundial oculta tras la cortina del Mago de Oz…

La ausencia de rivalidad ideológica en esta nueva/vieja guerra fría que nos espera tras este conflicto, tiene una característica inédita: ya no es la lucha entre el capitalismo y el comunismo. Sino la de un capitalismo neoliberal que se pretende democrático y otro similar que se pretende “neosocialista”. Dos perros furiosos luchando por ser el “macho alfa” de la manada. Como dijo Stoltenberg, para unos, “la libertad es más importante que el libre comercio y la protección de los valores más que la de los beneficios.” Sólo palabras. Entre occidente y Rusia o China la única diferencia es que unos “eligen” la supuesta libertad pero sin olvidar los beneficios y el libre comercio y los otros eligen el libre comercio y los beneficios e ignoran el concepto “libertad”.

Sin embargo, la hipocresía de la política mediática sigue insistiendo en que la única manera de terminar con esta guerra es derrotando radicalmente a Rusia. Aunque Macron, presidente francés, apunta que “no deberíamos humillar” a  Moscú, pues a una potencia militar e histórica como es Rusia o fue Alemania tras la I GM, la humillación conduce más tarde o temprano a una revancha más sangrienta. Los antecedentes de las dos guerras mundiales subyacen en estas palabras. Europa está dividida entre los que desean mantener el conflicto hasta la derrota. Cabe preguntarse de quién y a qué precio para Europa y buena parte del mundo, salvo China y Estados Unidos.  También están los que dicen aceptar el “mal menor” con la pérdida de parte de Ucrania y dar seguridades por parte de la OTAN de respetar las fronteras rusas actuales. Esta parece ser la postura del 35 % de los europeos encuestados. El resto duda y sólo el 22% quiere alargar la guerra hasta que caiga Putin. Lo cual convertiría una Rusia humillada en un protectorado de Occidente, léase Washington. ¿Es que alguien cree que Pekín y la mitad de países del orbe, entre neutrales y no alineados iban a aceptarlo?

El mundo se ha metido en un maldito embrollo. De ahí viene la trágica futilidad de esta guerra sangrienta. Muchos apoyan una reconsideración del conflicto de Ucrania como una fuente estocástica (relativa al azar) de la historia de hoy, un proceso de evolución aleatoria, cuyo desarrollo es tan imprevisible como la secuencia de las tiradas de los dados. Por tanto, urge detener la guerra, ya que su evolución es imposible de determinar y mucho menos reconducir. Debería preocuparnos a todos, a los contrarios a Putin (países del Este, Polonia y los Estados bálticos), a los indecisos (Hungria, Bulgaria, Israel, algunos países árabes) y a los que prefieren la paz aunque sea cediendo algo. Todos perdemos, nadie gana, pero evitamos una guerra estocástica, una de cuyas variables nos podría llevar a la guerra total o a una guerra nuclear (postura de Francia, Alemania, Suecia, Italia y España).

Los tibios y los románticos rememoran la reunión de Munich en 1938, en la que los aliados creyeron que haciendo concesiones a Hitler, el jerarca nazi iba a cumplir los acuerdos y así evitar la guerra. Parece razonable la estimación “a posteriori” de un error histórico. Pero en realidad es una falacia lógica. Comparar a Putin con Hitler y la situación europea de 1938 con la de 2022, es una licencia que produce un “efecto halo”, un sesgo cognitivo definido así: “una vez expresada y establecida una idea, el entendimiento humano fuerza todo lo demás para darle apoyo y confirmación”. Y hay que forzar la historia de entonces y la actual para considerar que ambas son semejantes. Aunque Rusia sigue siendo en esta ecuación histórica, como dijo Churchill, “un acertijo envuelto en un misterio, dentro de un enigma”.

Además el expansionismo imperialista de Putin está causando un enorme paso atrás en el supuesto progreso político histórico. En primer lugar se ha hundido el sueño de convertir la Unión Europea –con Rusia-  en una fuerza mundial cooperativa y soberana que equilibraría, en un nivel de igualdad, a los dos Imperios hegemónicos que se perfilan, la China que se fortalece y el gigante norteamericano en declive pero aún poderoso.

En segundo lugar, se ha restablecido y adquiere fuerza un modelo que pensábamos periclitado: el de la guerra fría. Nuevamente Europa –que se remilitariza a marchas forzadas-  queda bajo el “paraguas” del brazo armado de Washington la OTAN y ahora, como quería Trump, costeándolo los propios europeos. El único efecto positivo es que hay un tímido reagrupamiento de los países de la UE, cuyas discrepancias comenzaban a cuartear la organización. Aunque también se ha reforzado la hegemonía de Estados Unidos, apartándose a Francia de sus pretensiones de liderazgo y creando un extraño caso de travestismo político con el Reino Unido, que sigue incordiando a la UE todo lo que puede.

Con el nuevo orden internacional que la vieja guerra fría  traerá aparejado, siempre en el caso de que se logre parar la guerra a través de hacer concesiones y poner límites a Putin, la UE podría convertirse poco a poco en el hogar de acogida de los países que habían estado bajo el poder de la URSS, vieja pretensión de Washington, frustrada por Francia hasta ahora. Ucrania sería la primera en recibir todo tipo de ayudas para compensar los sacrificios que la paz exigirá.

En tercer lugar, la política de sanciones canalizada a través de la CE y los bloqueos subsiguientes está provocando la reorganización de las cadenas de suministro de productos energéticos, alimentarios y de materias primas. Y ello acarrea un cambio dramático en los objetivos políticos mundiales de la época neoliberal a la que la guerra está dando la puntilla: es un adiós prematuro y firme a la idea de la globalización, que va a morir antes de haberse depurado de sus residuos mercantilistas e imperialistas. Los Estados-nación vuelven a reforzarse y el sueño de la solidaridad y el progreso internacionales se archiva de nuevo.

Pero resurge el enquistamiento de los problemas económicos de algunos países europeos (entre ellos España), agravados por las dificultades energéticas y de suministros que ha causado la guerra. A los que se sumarán los de los países de la antigua órbita soviética que serán admitidos en la UE por la voluntad geoestratégica del “Tío Sam”.

Y en cuarto lugar, el renacimiento de la carrera de armamentos, que nos hace mirar con nostalgia al lejano 1972, cuando Nixon y Breznev firmaban el primer acuerdo limitando el uso y despliegue de las armas nucleares y la red de acuerdos posteriores que nos permitieron soñar en un mundo sin armas nucleares de corto, medio o largo alcance. Sueño que derribó, tras el hundimiento de la URSS, un tal señor Putin. En el nuevo siglo todo volvió a recrudecerse. En estos momentos, Rusia dedica un 300% de fondos a gastos militares, China un 600%, Estados Unidos se pone a la par y la UE se propone con el acuerdo “Brújula Estratégica”, recién firmado, subir su 20% a un 35 % lo antes posible. Con países como Irán, Israel o Corea del Norte, relamiéndose ante la posibilidad de disponer de una bomba atómica para asustar a los vecinos. Los judíos tienen una maldición que dice: “Dios te haga vivir en una época interesante”. Ciertamente entramos en una era “interesante”.

Todas las exigencias que impondrá el “nuevo/viejo orden global” provocado por la guerra de Ucrania, causarán unos efectos demoledores sobre el momento histórico que vamos a vivir. Ha sido un golpe de timón radical que redirige al mundo hacia atrás, hacia un pasado lamentable. Es la sociedad del siglo XXI obligada a ajustarse a las directrices políticas y sociales de la primera mitad del siglo XX. Ese salto hacia atrás estará agravado por los millones de refugiados que buscarán acomodo en  Europa, con una UE repartiendo fondos de cohesión de una hucha cada vez más exhausta y con un patrón, Washington, al que sólo preocupa que sus objetivos geoestratégicos le repongan en un liderazgo que el siglo XXI ya había cuestionado.  Y no sin razón. ¿Qué podemos esperar de un país que sigue alimentando la idea de una guerra permanente, a fin de debilitar y terminar borrando del mapa a uno de sus enemigos tradicionales, Moscú, tan peligroso y poco recomendable como él mismo?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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21 junio 2022 2 21 /06 /junio /2022 09:14

(publicado en La Comarca el 210622)

En los últimos siete años el interés de los españoles por estar informados de lo desagradable del mundo en que vivimos ha decrecido. Del 85 % de interesados por las noticias en 2015, al 55% este año.

¿Se trata del sesgo cognitivo llamado “el síndrome del avestruz” o de una tendencia progresiva de entontecimiento lúdico de la población? En todo el siglo XX casi todos los ciudadanos de occidente leía más de un periódico, al menos un deportivo y otro de información general. Y consumían telediarios y espacios informativos que ampliaban ciertas noticias. En la vida social se hablaba y comentaban las noticias y se opinaba sin complejos. Ahora las ofertas de los medios digitales son inagotables, ya sea  de entretenimiento, diversión o de tertulianos no siempre bien informados pero plenos de ruidosa superficialidad. Tienen más éxito las “fake news” que la realidad, Y cuanto más irreales, conspiratorias o simplemente idiotas, mejor. Las series arrasan y los programas populistas y vociferantes, también.

Las noticias de la realidad mundial sólo interesan cuando se presenta un hecho político relevante que puede cambiar el panorama de un país, hay un atentado sangriento, se celebra la final de una copa deportiva  o algún “influencer”, actriz o un miembro de la clase “alta” y la ética baja está metido en algún lío particularmente siniestro.

Pero esas noticias tienen una vida corta. El ciudadano siempre espera cosas nuevas y bien impactantes si puede ser. Y no le cites los índices de la pandemia que no acaba de irse o de la guerra en Ucrania que está entrando en la irrealidad de la rutina informativa. Ya no nos conmueven las cifras de muertos, violadas o niños desaparecidos. Ni siquiera que algún descerebrado  pueda iniciar la I Guerra Mundial Nuclear.

Por eso quizá una gran parte de la población padezca la curiosa pandemia mundial del Efecto Avestruz, un sesgo cognitivo que nos hace evitar toda información que nos puede causar malestar, preocupaciones, compasión o miedo. Se trata de ignorar esa parcela de la realidad que podría complicarnos la existencia hasta límites insoportables. Mejor actuar como si no existiera.

Para terminar, el mito del avestruz es falso: no mete la cabeza en un agujero cuando percibe un peligro. Suele defenderse con fiereza. El gesto es por la revisión de sus huevos, que entierra para evitar depredadores. Somos los humanos los que, en algunas ocasiones creemos que “desapareciendo” los problemas se resuelven por sí solos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 junio 2022 7 19 /06 /junio /2022 19:14

Durante años he leído, analizado y escrito sobre Hannah Arendt, la filósofa y politóloga alemana y judía que revolucionó el mundo de la filosofía política a partir de mediados del siglo pasado.  De vez en cuando sigue apareciendo algún libro, ensayo o conjunto de artículos de la Arendt, inéditos en español. El presente título fue publicado en inglés en Estados Unidos a finales de los sesenta y toda su casuística referida a la libertad y a la necesidad de mantener la libertad "de ser libres" está teñida con la vocinglera y animada política de aquellos dorados años en los que los idealismos corrían a la par de las razones más profundas y visibles, políticas, económicas y sociales para no sostener dichos ideales. Hasta el 2028 no ha llegado a las librerías españolas.

En esta ocasión, las reflexiones de la Arendt sobre las revoluciones, particularmente la francesa y la norteamericana,  en las cuales el concepto y la práctica de la libertad eran una exigencia y un deber, resultan de una asombrosa pertinencia en las reflexiones políticas de nuestros días. Mientras la revolución francesa supuso un punto de inflexión en la historia pero fracasó de forma desastrosa, la norteamericana de los Padres Fundadores se desarrollo de una forma triunfal pero se enceró en sí mismas y se convirtió en un asunto no exportable y sumida en sus propias contradicciones (la guerra civil, el racismo, las diferencias sociales). Pero justamente la época en la que la Arendt escribe, los norteamericanos han tratado de exportar su historia y modo de vida, de una forma espectacular tras la Primera y la Segunda Guerra Mundial y de forma nefasta y absurda desde los sesenta con la guerra de Vietnam, la primera equivocación de prepotencia y soberbia bélica que luego, a través de los 80,90, y el nuevo siglo, se ha repetido una y otra vez.

La idea de la revolución resultaba atractiva como laboratorio de la libertad en la época en que Arendt escribe su libro. Ahora su lectura ya no es ilustrativa de algo deseable políticamente, pero sí como advertencia y motivo de reflexión para las jóvenes generaciones de hoy, que tienen ante sí motivos de alarma sobre la decadencia de la idea y la práctica de libertad en una sociedad super tecnificada donde el individuo sólo cuenta como consumidor.

Y así reflexiones como la que cito a continuación, lanzan el foco de la duda sobre cuestiones en las que la Arendt ni siquiera soñó: la llegada de una nueva guerra fría tras la guerra de Ucrania y el empeño de la OTAN y de Putin se resolver problemas de libertad a través de la intervención militar: " éstas aun cuando triunfan se han revelado notablemente ineficaces  a la hora de restaurar la estabilidad y de llenar el vacío de poder, de instaurar la estabilidad en lugar del caos, la honestidad en lugar de la corrupción, la confianza en el Gobierno en lugar de la decadencia y la desintegración. "

El caldo de revoluciones populares de la segunda mitad del siglo XX  fue un rosario de barbaridades y errores, brutalidad y genocidios y un regreso a la represión aún más dura que la colonialista puesto que venía de una minoría corrupta y armada de  los propios ciudadanos del país. Y es que, como decía Condorcet, "el adjetivo revolucionarias solo puede aplicarse a las revoluciones cuyo objetivo es la libertad", justamente lo que menos interesada a las élites que se aprovecharon de ellas. Como recuerda la autora, ninguna revolución se ha iniciado nunca por las masas de " los  oprimidos, los desdichados, los miserables y los condenados de la tierra" como cantaba la Revolución francesa. La revolución sólo es posible allí donde se desmorona la autoridad política, falla la estructura misma del poder. La revolución parece ganar siempre al principio, porque recogen los pedazos del poder que había, pero  éste no tarda en volver a estructurarse ( el poder es una alianza entre la economía y la política) y acaban con la revolución bajo un nuevo orden, casi siempre tan o más represivo que el anterior. Ya que la liberad de ser libres significa ante todo ser libre no sólo del temor, sino también de la necesidad. Y eso solo está en la mano de una minoría.

Como decía Sant Just, nos recuerda la Arendt,  "Si queréis fundar una república, debéis encargaros primero de sacar al pueblo de un estado de miseria que lo corrompe. No se tienen virtudes políticas sin orgullo. No se tiene orgullo en la indigencia".

Y para los idealistas, la Arendt recuerda las palabras de Maquiavelo:  "no hay nada más difícil de realizar, ni de resultado más dudoso, ni más peligroso de gestionar, que iniciar un nuevo orden". Y eso sirve de aviso para navegantes de esta autora para la que estuvo claro ya en aquellos años de las dificultades que causaría el resurgimiento del Estado nacional en un mundo dominado por procesos económicos globales. " Es decir, hoy.

FICHA

LA LIBERTAD DE SER LIBRES.- Hannah Arendt. Trad. de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda.-87 págs. Ed. Taurus

 

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13 junio 2022 1 13 /06 /junio /2022 19:04

(Publicado en La Comarca, 14,06,22)

Un viejo escritor amigo mío, bastante conocido, en apariencia orgulloso y arisco, y en la intimidad, vulnerable y humilde, solía decirme con un deje nostálgico en la voz: “la verdad es que yo quería ser poeta, como León Felipe, Dámaso (Alonso), don Antonio (Machado) o el “angelus senex”, Juan Ramón (Jiménez). Pero pronto comprendí que eso era inalcanzable. Es una tarea de corto recorrido, aparente simplicidad y gran profundidad. Es una lidia incesante con la esencia de las palabras y de las emociones. Por eso me dediqué a la novela. Y en ello sigo, sin cortarme por un quítame allá unos centenares de páginas. Pero –y me hizo un gesto abatido- lo que más envidio es la concisión y sentido de la economía expresiva del poeta, su dominio de la imagen, la metáfora o el símbolo. Ese relámpago estilístico que concentra en las mínimas palabras una sensación, un reflejo, un detalle. Yo debo dedicar dos o tres páginas para describirlo  y  sólo consigo un circunloquio que describe algo, pero que es incapaz de “despertar” en la sensibilidad inmediata del lector, el “sabor” y el brillo de lo evocado”, me dijo. Después se sumió en un melancólico silencio.

Viene esto a cuento por la aparición de un nuevo libro del poeta fresnedino Juli Micolau, “Aplec” (editado en catalán por el Instituto de Estudios Turolenses). Es un poemario dividido en dos partes diferenciadas por el tipo de poemas que contienen: unos breves e impresionistas, siguiendo el estilo de los haikus zen (pinceladas  sensitivas) sin ajustarse a la métrica japonesa (“aigua cristalina/per a beure/ ambs els ulls”; los otros (“Néctar diví”) son de más extensión y relativos a temas más exigentes como el amor, la sensualidad, la lengua materna en la que se expresa el poeta (abundan los giros dialectales del catalán de aquí), la tierra y el paisaje entrañable que le vio nacer y algunos eventos de la actualidad sociopolítica, como los refugiados de otros países o el judaísmo de Sepharad.

Mientras leía el libro de Juli, sus descripciones y sensaciones, me sentía concernido por los sentimientos y emociones que describía. Personas, paisajes, tierra, cielo, luz y palabras ajustadas a un sencillo detalle. He recordado la frase de Tales de Mileto, que Platón recupera en su “Timeo”: “¿Seguirá negando alguien que está todo lleno de dioses?”. La mayoría de los poetas, Juli entre ellos, jamás lo negarían: “El vers és un misteri sense malícia amb la veu dels déus”. Yo tampoco.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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8 junio 2022 3 08 /06 /junio /2022 12:19

El fascinante mundo privado de una amistad entre dos genios más o menos parejos, en realidad dos de las plumas en lengua alemana más leídas en el mundo, Hermann Hesse y Stefan Zweig, es un enorme placer no sólo para los amantes de los ensayos y novelas de ambos, sino para cualquiera que quiera entrar en la convulsa época en la que ambos vivieron, dos guerras mundiales, la persecución y el exilio y, en el caso del austriaco un suicidio inducido por la desesperanza y el miedo a los nazis. 

Es Hesse el que "rompe el hielo" y manda a Zweig un libro de poemas que acaba de publicar -costeándose con apuros la edición- y pidiéndole a cambio un ejemplar del "Verlaine" de Zweig, que ya es un escritor consagrado. Pero es la amable, cortés y extensa respuesta de Zweig la que realmente impulsa un epistolario que se extenderá por un periodo de 35 años. Hesse no era muy amigo del trato con escritores  y de formar parte de esa  " Liga secreta de los melancólicos" que según Zweig debería instituirse para los poetas y escritores en lengua alemana. Pero  el peculiar poeta y novelista alemán comprende de forma prematura que se encuentra frente a un "hermano" austriaco que, como él, será uno de los baluartes literarios de la razón, el bien y la solidaridad en los tiempos más sombríos que había conocido la humanidad.

Este precioso libro editado por Acantilado es un semillero de sugerencias y datos de los dos escritores que permiten lanzar una mirada furtiva a las maneras de pensar y de ser de las dos enormes figuras de la literatura del siglo XX.  Hesse era cuatro años mayor que Zweig y le sobrevivió 20 años. No solo se nos ofrecen ciertas claves que nos ayudan a comprender mejor a estos autores y sus obras sino  que, a través de las cartas,  nos regalan los testimonios de una época convulsa y la maduración intelectual de ambos a tenor de los acontecimientos. La relación epistolar empieza en 1906 y durará prácticamente hasta el suicidio de Zweig en Brasil en 1942.

Zweig, perteneciente a la burguesía austriaca, cultivado, viajero por medio mundo se considera a sí mismo y a Hesse  "afines del alma", aunque éste apenas tiene estudios, es poco sociable, vive solitario en plena naturaleza, junto a un pueblo de menos de 300 habitantes y no le gusta viajar. Quizá debido a ese fuerte contraste su relación es casi totalmente epistolar  y sólo se verán en dos ocasiones. Pero ambos mantienen una postura racional y pacifista en una época en la que eso era considerado poco menos que una traición.

La conexión existencial e intelectual entre ambos escritores se refleja fuertemente en las cartas que leemos. Es reconfortante comprobar el temprano fervor europeísta de ambos y su decidida defensa de una comunión entre la estética y la ética. "Nulle estética sine ética", una vez "se alcanza cierta altura moral".

En la última carta de Hesse resulta impresionante y profética  su frase "En ocasiones la amargura nos impregna como el agua a la esponja". Pues sería esa impregnación de amargura y temor la que empujaría a Zweig a morir junto a su esposa, ingiriendo Veronal, ante la desaparición del mundo que él amaba y el caos que extendían los nazis por Europa. Hesse había entendido sin duda, la extrema decisión de su amigo, ya que el suicidio como vía de escape a situaciones no aceptables, había sido intentado en dos ocasiones por el novelista alemán.

Como escribe el compilador, "en épocas de extravío, en periodos de desorientación, nada es más urgente como las enseñanzas que estos dos autores han extraído de las catástrofes del siglo XX". Mientras leía el libro, me sorprendía la calidad anticipatoria de muchos de los comentarios que Zweig y  Hesse compartían en sus interesantes misivas. En esta época nuestra que parece querer superar los horrores del siglo XX, esta es una lectura evocadora y sugestiva. No se la pierdan.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

CORRESPONDENCIA, HERMANN HESSE Y STEFAN ZWEIG.-Ed. Volker Michels. Trad. José Anibal Campos. Ed. Acantilado.-227 págs.

 

 




 

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