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28 abril 2022 4 28 /04 /abril /2022 10:48

Publicado en La Comarca el 260422

Dicen que el “plogging” va a arrasar en un futuro cercano entre los deportistas de cualquier edad y condición. En esencia consiste en combinar el jogging con la recogida de basura, tanto en las calles y paseos de las ciudades, como en bosques, playas o senderos montañosos. Es una basura procedente de ciudadanos que van tirando a su paso todos los envoltorios, residuos, botellas o envases que han utilizado para alimentarse. En las más altas cumbres del Himalaya o en el desierto de Gobi, desde  las playas andaluzas y catalanas a las montañas aragonesas o los ríos que atraviesan nuestro país, los bosques de Navarra o las Rías Bajas, el  homo o fémina de la especie, homunculus sorditus (pequeño ser sucio), va dejando residuos personales de desechos allá por donde pasa.

Pues bien, un deportista sueco, Ahlström, ha puesto en marcha este nuevo deporte: plogging, palabra formada por la raíz plocka, en sueco recoger, y jogging, en inglés correr, que va adquiriendo adeptos en toda Europa, no sólo corredores, sino ciclistas, montañeros, nadadores o submarinistas. Sólo es necesario llevar una bolsa sólida y flexible e ir llenándola con lo que encontremos. Los más mentalizados llevan varias bolsas en una mochila y van seleccionando según el tipo de residuo. El sueco aplica la teoría criminológica de los cristales rotos a su cometido: si percibes en una casa signos de abandono y hay un cristal roto, pronto habrá quien romperá todos los demás. Con las basuras ocurre lo mismo. Un sendero cuidado y sin residuos tiene más posibilidades de ser respetado. Los ploggers tienen en nuestro país un amplísimo campo de entrenamiento.

En defensa de nuestro carácter nacional y perdonen por la anécdota personal, les diré que hace treinta años, mi cuñado Jaume, aficionado a las excursiones en familia, enseñó a sus cuatro hijos que, en cada salida, debían recoger todos los residuos que vieran y guardarlos hasta depositarlos en un contenedor al regresar de la caminata. Hoy en día esos chicos enseñan a sus propios hijos a hacer lo mismo. En el curso de los años muy a menudo me he encontrado en montañas y senderos, compatriotas deportistas que no sólo no ensuciaban ellos, sino que limpiaban lo dejado por otros. Como ven, hay esperanzas para llegar a ser un pueblo orgulloso de la limpieza de su propio país.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 abril 2022 3 20 /04 /abril /2022 16:10

LOGOI 248

SUSPENSO EN EDUCACIÓN

Publicado en La Comarca 190422

Como con nuestros adolescentes, que pasan de curso sin exigirles aprobar todo, nuestra democracia -más que cuarentona- sigue pasando los años sin aprobar sus asignaturas pendientes: sanidad, justicia, dependencia energética, corrupción, ciudades superpobladas, mundo rural abandonado, contaminación, violencia urbana, racista, extremista o sexual, baja productividad  y alto funcionariado…y también suspendida la asignatura troncal de la ciudadanía: la educación.

Estamos formando un país de eternos adolescentes, con unas leyes educativas de escasa calidad, en continuo cambio. Hay tolerancia a la falta de esfuerzo y a la no exigencia de resultados. Mientras los padres conciben la “educación” más como un derecho exigible al profesorado y al Estado que como un deber común hacia unos adolescentes desorientados y sin responsabilidades exigibles. Niños, adolescentes y jóvenes se ven  en el centro de una serie de fuerzas  discordantes: por un  lado unos partidos políticos, en el poder o en la oposición, incapaces de hilvanar un plan educativo común a largo plazo: metiendo la cuchara de los propios intereses a cada cambio de gobierno. La calidad y coherencia de la enseñanza se resiente a todos los niveles.

Y en el otro lado del espectro un estilo de vida en el que los padres no abdican de su derecho de protesta pero tampoco tienen demasiado tiempo para dedicarlo a los hijos; agobiados éstos entre los horarios lectivos y las omnipresentes actividades extraescolares y deportivas. En medio, los profesores, cuya autoridad se socava y cuya dedicación se complica con las directrices a veces contradictorias que reciben. Un ejemplo es la necesidad de una ley de lenguas, asunto envenenado en este Estado nuestro de autonomías, que tiene  -corregidos y aumentados-  todos los defectos de un sistema federal y ninguna de sus virtudes. Como prueba, agravada por la cultura del móvil y la tablet, es raro el estudiante –universitarios incluidos-, que no cometa  sonrojantes faltas de ortografía en cualquiera de las lenguas que emplea.

El nivel educativo básico, palpable en las actitudes de los niños y jóvenes, deja mucho que desear. Como también está en declive la educación social y la cortesía entre los padres y adultos. La grosería, la agresividad y la mala educación, son una constante progresiva a casi todos los niveles. Nos estamos equivocando.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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17 abril 2022 7 17 /04 /abril /2022 09:42

Antonio Damasio es profesor de Psicología, Filosofía y Neurología en la Universidad de Southern California, (en Los Ángeles) y director del Instituto del Cerebro y la Creatividad.  y  sostiene que los sentimientos son la piedra angular de nuestra supervivencia, y se producen cuando el cerebro interpreta las emociones, que son señales del cuerpo que reacciona a estímulos externos —que nos ayudan a tomar decisiones—.

En su libro "Sentir y saber" que publicó en 2018, justo antes de la pandemia, vuelve a preguntarse como en 1994 en El error de Descartes: ¿somos criaturas que piensan y también sienten, o criaturas que sintiendo pueden pensar?

Para resumir un poco las tesis que se estudian en el libro, voy a aportar una serie de entrevistas realizadas a Damasio en diversos medios. 

El neurólogo, de origen portugués,  asegura que “Hay una profunda distinción, mas no oposición, entre el sentimiento y la razón. Los sentimientos no son percepciones convencionales del cuerpo, sino híbridos, están arraigados tanto en el cuerpo como en el cerebro; pasamos por la vida sintiendo o razonando, o ambos, según lo requieran las circunstancias”. Ello demuestra que  “Estamos gobernados por dos tipos de inteligencia, que dependen de dos sistemas cognitivos: la primera se basa en el razonamiento y la creatividad, y depende de la manipulación de patrones explícitos de información. La segunda, la de las emociones, es la de la competencia no explícita; es la variedad de inteligencia de la que la mayoría de los organismos vivos en la tierra han dependido —inclusive las bacterias—, y continúan dependiendo, para su supervivencia, y que escapa al escrutinio mental”. Por tanto, malos tiempos para la razón cartesiana, Damasio enfatiza el papel clave que desempeñan las emociones en la toma de decisiones. “En el lenguaje cotidiano usamos los términos indistintamente, esto muestra cuán estrechamente conectadas están las emociones con los sentimientos”. Y asegura “las emociones son reacciones complejas en el cuerpo ante determinados estímulos. Cuando tenemos miedo de algo, nuestro corazón se acelera, la boca se seca, la piel se pone pálida y los músculos se tensan; esta reacción emocional se produce de forma automática e inconsciente. En tanto que los sentimientos ocurren después de que nos damos cuenta en nuestro cerebro de tales cambios físicos, solo entonces experimentamos el sentimiento de miedo”. La región del cerebro en la que la emoción y la razón se acoplan es la corteza prefrontal.

Un conjunto de componentes del cerebro está a cargo de mapear los cambios que ocurren continuamente dentro del organismo; se conoce como el sistema nervioso interoceptivo o INS, por sus siglas en inglés. Estas características únicas del INS contribuyen a la producción de sentimientos, que ocurren cuando el cerebro lee los mapas y se hace evidente que se han registrado cambios emocionales a nivel de todo el organismo. No obstante, el mapeo nunca es exacto: el estrés, el miedo o el dolor alteran la manera en que interpretamos la información que le llega al cerebro de otras partes del organismo. Según Damasio, tendemos a dar prioridad a nuestro yo racional cuando se trata de tomar decisiones; sin embargo, las buenas decisiones son las que responden a las emociones que genera nuestro sistema interoceptivo. En un mundo ambiguo, nos ayuda a comprender sentimientos complejos y matizados, que a menudo están en conflicto con situaciones que la sociedad pinta como binarias. El afecto ambivalente es un fenómeno complejo que requiere múltiples niveles de procesamiento, donde se producen y finalmente se integran diferentes tipos de información.

Damasio añade: “Sigo fascinado por el hecho de que nuestros procesos regulatorios emocionales internos no solo preservan nuestras vidas, sino que, de hecho, dan forma a la creatividad. El sentimiento es una modalidad de conocimiento que viene con un aspecto musical, por así decir, con variación en el tiempo, de ahí la importancia de escuchar a nuestros sentimientos y de prestar atención a cómo se conectan con el cuerpo”. No obstante, perdemos mucho sentido común cuando se dañan nuestros sistemas emocionales; para sortear las luchas emocionales nos valemos de las emociones.

 "Para tener una mente hay que tener mapas. Creamos mapas y patrones. También para escuchar. Cuando usted escucha mi voz, en primer lugar, crea patrones auditivos para el lenguaje; las frases que yo digo en inglés su cerebro las convierte en conceptos no-lingüísticos. Yo hago una traducción de mis pensamientos al lenguaje inglés y usted hace una traducción del lenguaje inglés a sus pensamientos y, con suerte, los pensamientos que yo emito y los que usted interpreta serán aproximadamente coincidentes.

"Los sentidos son una cosa más simple, porque proceden de una interacción de tu cuerpo y tu sistema nervioso y básicamente se relacionan con estar bien o mal en relación con el estado de la vida en nuestro organismo.  Creo que nuestras mentes se están haciendo más rápidas y precisas, pero nos enfrentamos a muchos problemas: el primero es la supervivencia, hay muchas cosas pasando a nuestro alrededor, por ejemplo todo lo de las redes sociales está fuera de control, o el cambio climático. También nos enfrentamos a otros peligros en la posibilidad de una epidemia, etcétera. Lo primero que tenemos que hacer es sobrevivir, y luego tenemos otro tema que tiene que ver con la inteligencia artificial. Esta se está volviendo más y más autónoma, más y más precisa... ¡Incluso pese a no tener sentimientos.

 "Pero cuando estoy hambriento o sediento, mi cuerpo nota que no tiene suficientes calorías o la suficiente hidratación y se lo comunica inmediatamente al sistema nervioso, porque ambos actúan juntos, el uno y el otro. Siempre repito que lo que entendemos como consciencia no es el producto de un sistema nervioso: es el producto de un sistema nervioso contenido dentro de un cuerpo viviente. La mayor parte de la gente no piensa de esta forma, de toda la vida hemos oído que estudiando el cerebro obtendremos la solución al problema de 'de dónde viene la consciencia o la mente': yo digo que eso no es cierto, es una falsa impresión. No significa que no necesitemos al cerebro, pero la fuente de nuestra consciencia es esa interacción entre el sistema nervioso y el cuerpo. Un robot no tiene una vida. No pueden estar felices o infelices sobre algo, porque carecen de ese equilibrio. Los sentimientos siempre van de algo bueno o malo; puede ser felicidad o puede ser dolor, es bueno, malo o en el medio, pero siempre hay una modulación, es como la música.

 "Los virus realmente no están vivos, están en una situación intermedia en la que tienes un montón de material genético, ácidos nucleicos que, pese a que no están vivos, hay una clase de intención ahí que es obvia. Y la intención se explica en que es la única manera en la que pueden mantenerse, nos necesitan para continuar su —entre muchas comillas— existencia.Es muy interesante diferenciar entre organismos muy simples como virus y bacterias: esas sí están vivas; aunque muchas no tengan un núcleo, tienen un cuerpo y, además, poseen esta 'inteligencia encubierta' de la que hablo y creo que es la cosa más importante en este libro: comprender que a lo largo de la evolución hubo formas de previda como los virus —que, aunque pueden hacernos mucho daño, siguen sin estar vivos— a organismos como las bacterias, que sí están vivos, tienen homeostasis y una inteligencia que ellas mismas desconocen.Las bacterias, incluso en sus formas más simples, como las que hay en las plantas, están haciendo cosas inteligentes, pero de forma cubierta, implícita, no tienen medios para representar en sus mentes lo que está pasando en sus vidas. La aparición del sentimiento es el personaje protagonista de mi libro. La capacidad de sentir supone una explosión absoluta en la historia de la vida: otorga de repente a los organismos la posibilidad de saber sobre ellos mismos, los primeros organismos con la capacidad de sentir lo hicieron en forma de una necesidad básica: sed, hambre, dolor, bienestar... Estos son sentimientos fundamentales que nos están diciendo algo muy importante y nos permiten actuar de forma consciente, porque los sentimientos, para empezar, son conscientes.La parte más importante es que la gente comprenda que la consciencia no surge de los más elevados desarrollos de nuestro sistema nervioso, ni surge con el razonamiento, la visión o el lenguaje. No es así como funciona. La consciencia brotó en la historia de la evolución a través de los sentidos, a través de esos procesos fundamentales. Sentir es una especie de inauguración, porque a partir de ahí pasamos de tener solo inteligencias encubiertas a inteligencias abiertas que te indican lo que hacer.

"El lenguaje tiende a ser confuso al describir esas cosas. Por ejemplo, el 'sentir'. Si una bacteria siente algo, no quiere decir que sea consciente de ello. Puede estar en una zona donde la temperatura sea demasiado alta y su inteligencia encubierta ordene a la bacteria que se mueva hacia un sitio que sea menos nocivo para ella. Esta propiedad no es consciencia, no es un sentimiento, es 'sentir' pero con el sentido de 'detectar'. Pero, si usted y yo estuviéramos en una habitación donde la temperatura es demasiado elevada, sentiríamos —es decir, seríamos conscientes del hecho de que en la habitación hace mucho calor y vamos a hacer algo al respecto— y eso es otra jugada.Cuando hablamos de la mente, siempre lo hacemos a través de imágenes. Mientras hablamos, usted está en mi pantalla y yo estoy en la suya, estas son imágenes visuales, pero, al mismo tiempo, podemos hablar, y eso son imágenes auditivas. Todas estas imágenes que estamos produciendo del mundo que nos rodea están en nuestras mentes, pero para ser conscientes tienen que estar conectadas a los sentidos. Por tanto, 'consciencia', 'mente', 'sentidos' y 'detección' son cosas distintas.

 "Estamos constantemente afectados por nuestro pasado, cuando las cosas se desarrollaron de una cierta forma. Cuando quieres contarle a la gente tus ideas, tienes que dar muchísimas explicaciones para que te entiendan y no confundan las cosas. Antes hemos hablado de inteligencia en bacterias, a esto algunos responden 'oh, por tanto, son conscientes'. ¡No,no son conscientes! Lleva mucho tiempo y esfuerzo explicar que una criatura puede ser inteligente sin saber que lo es. Nosotros, en cambio, tenemos todas las inteligencias y tenemos la consciencia: sabemos que eso nos está pasando a nosotros. El instinto está en el lado encubierto. El instinto nos empuja en una cierta dirección. Por ejemplo, la atracción sexual es instintiva, no podemos controlarla a través de la consciencia. No es algo que tú hayas decidido, es algo que se ha decidido para ti a través del instinto. Es un buen ejemplo de este tipo de procesos encubiertos.

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16 abril 2022 6 16 /04 /abril /2022 12:17

LOGOI 247

DESIDERIO, EL PASTOR

Publicado en La Comarca 120422

Hace unos meses murió Desiderio, el último pastor de Torre del Compte, un pequeño pueblo situado en un altozano sobre el valle del Matarraña. El próximo sábado, los vecinos se reunirán a las afueras del pueblo, en una era que se abre al valle como un balcón inesperado, acariciado por todos los vientos. Allí se han plantado dos moreras, se han colocado unos bancos y una mesa de madera con asientos. Por iniciativa popular se ha dado el nombre del pastor al lugar.

Tuve el privilegio de contarme entre sus amigos. Era un hombre de sonrisa reconfortante y hablar despacioso. Solíamos compartir unos minutos de plácida charla, sentados en una roca frente al valle, con el río serpenteando allá abajo. Cada mañana, durante años, pasaba junto a mi casa, azuzando a sus ovejas, con el perro fiel a sus órdenes o silbidos. Ya era mayor y caminaba lentamente, asegurando cada paso, con sus zapatillas desgastadas, atento a sus animales.

Era un hombre de palabra sencilla, justa y exacta.  A veces su sonrisa de hombre bueno dejaba paso a una risa breve y algo pícara. Me lo encontraba en alguna de mis caminatas por los alrededores del pueblo y me regalaba sus sabrosas consejas sobre el campo, las plantas o el tiempo. Cuando hablábamos de la comarca, la mirada chispeante de sus claros ojillos dejaba traslucir una retranca divertida y nunca maliciosa. Yo le hablaba, a veces, de otro pastor de cabras y ovejas. Se trataba de un hombre de otros tiempos, de hatillo y cayado, de piel oscurecida por el sol y manos encallecidas y  surcadas por las grietas del trabajo y la intemperie, que igual empuñaban un bastón, como acariciaban una flor o fijaban con torpe caligrafía los versos de un poema. Fue un pastor de ideas, de libros y de poesía en el corazón y en la mirada: Miguel Hernández. Desiderio escuchaba muy serio cuando le recitaba versos de Miguel. Movía la cabeza con pesar cuando le hablaba de su triste fin, con 32 años, en la cárcel de Alicante,  por el delito de ser poeta y republicano. Desiderio dejaba vagar su mirada, triste y en silencio, ante la crueldad salvaje de una guerra que él también sufrió de niño. Desiderio, amigo, cada visita de los vecinos a tu mirador será como una oración por ti, que ahora pastoreas estrellas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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8 abril 2022 5 08 /04 /abril /2022 18:16

MAYORES CON REPAROS

Publicado en La Comarca el 8-04-22

Una cultura que desprecia, arrincona o ignora a sus ancianos está condenada a perder sus señas de identidad, a desaparecer.  En la antigüedad los ancianos constituían una de las riquezas del país, la garantía de su memoria histórica y, en algunos casos, una reserva dinámica de sabiduría y experiencia (de ahí los Consejos de Ancianos, los Senados y la tradición ancestral de los viejos maestros).

En la actual civilización líquida (no me atrevo a llamarle cultura) sin valores ni principios, utilitarista, adicta al consumo, la producción y el beneficio, agitada y variable hasta la patología, los ancianos son una molestia, un gasto inútil y un problema innecesario. El desastre de la pandemia nos mostró hasta qué punto la vejez es material desechable. Y no me refiero sólo a las mal llamadas “residencias”, que en la Comunidad de Madrid –y otros lugares - eran aparcamientos de “cadáveres efectivos”,  sino de los ancianos con dolencias distintas y también urgentes que, debido a la acumulación sanitaria, no tuvieron el auxilio preciso. Pero hay más. Observemos las arbitrariedades que el capitalismo abusivo impone hoy a los ancianos: en la banca, las consultas de la SS, la burocracia de entidades oficiales de todo tipo. En ellos se ahonda la brecha digital que padecen las personas mayores, ajenas a los modos y maneras informáticos. Para el 70% de los mayores de 65 años el acceso a la Administración mediante medios electrónicos es un problema mayúsculo. La falta de personal de atención directa es apabullante, pero crece el número de funcionarios sin actividad productiva y asesores de no se sabe qué. Comienzan a oírse quejas de la ancianidad a estas deficiencias y consiguientes abusos. Los políticos van aceptando que “hay que hacer algo”, pero las cosas en palacio van despacio. El Justicia de Aragón asegura que falta accesibilidad y trato humano.

A partir de los 80 años parece que hay quejas sobre  desatención sanitaria hacia ese precario colectivo: por ejemplo con descartes de tratamientos a ciertos pacientes por razones de edad. O unas listas de espera de enorme lentitud que afectan también el realizar determinadas pruebas médicas, provocando que los pacientes recurran a la privada, en el caso de que tenga medios para hacerlo. Aún así me consta que existen protocolos –sin contar con las comisiones de ética médica en muchos niveles de la sanidad pública española- como el “Compromiso por la calidad” del ministerio de Sanidad y la “Guía de Salud” y sus recomendaciones de “No Hacer”, que tratan de evitar esos casos. A pesar de ello hay descuidos o prácticas deficientes  quizá asociadas al cansancio laboral, al exceso de trabajo, la falta de personal y a las enormes y urgentes exigencias sociales que reclaman situaciones sanitarias de excepción. El problema es que afectan bastante a ese colectivo marginado que son las personas mayores “con reparos”. Médicos consultados  aseguran que no se suele considerar la edad como factor limitante para un tratamiento, sino el riesgo-beneficio  del paciente en concreto y también la calidad de vida que pueda ofrecer dicho tratamiento, el apoyo familiar al paciente y las enfermedades asociadas. Hay comités de cada especialidad (tumores, trasplantes, cirugía) para valorar casos concretos y se tiene en cuenta la decisión del paciente.

No deberíamos olvidar que esas generaciones de jubilados han soportado sobre sus hombros un país en crisis, han mantenido a muchas de sus familias de trabajadores en paro, han tapado grietas del sistema y cubierto las deficiencias del Gobierno de turno. Por simple sentido común deberíamos cuidar a nuestros ancianos, ellos son el  espejo de nuestro futuro.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 abril 2022 3 06 /04 /abril /2022 18:48

LOGOI 246

EL MATIZ

(PUBLICADO EN La Comarca 050422)

Mi ex compañero, Plácid García Planas, escribe un artículo filosófico en el que fue nuestro periódico común. Habla de ese “oficio y herramienta de conocimiento que se está extinguiendo”, el reportero. Y marca la diferencia entre ese espécimen raro y la tropa insigne de tertulianos, opinadores, ideólogos, polemistas o politólogos que suelen florecer como hongos en nuestra sociedad de tuits, twiter, facebook y otras maravillas de lo inmediato. La primera víctima de esa narrativa de lo “noticioso” es el matiz. Pienso que precisamente en el matiz está la verdad. Es lo que nunca se busca, se encuentra. Y es difícil de definir o de conceptualizar. Para mi amigo, uno de los mejores reporteros que conozco, ese matiz, que anida en la sensibilidad del que lo encuentra, más que en el hecho en sí, es una especie de “epifanía”, ese momento casi inaprensible –nos contaba Joyce- en el que se desgarra el velo de la realidad para mostrarnos el nudo emocional de los que viven la pesadilla. Plácid, que está en la Ucrania invadida, siente la llegada del “matiz” cuando abre la puerta de la morgue de Mikolaiv. El bofetón que recibe con el aire que huele la hace relacionar brutalmente entre sí todas las ideas, sensaciones, hechos y temores que rodean ese instante. Ha  percibido la esencia de todo lo que está viviendo y sólo le queda musitar como Kurtz, el personaje de “El corazón de las tinieblas”, la novela de Joseph Conrad: “el horror… el horror”.

La experiencia de los reporteros como Plácid, su contacto íntimo con el desolado horror del corazón humano ante la barbarie, la injusticia  y la irracionalidad, añade un “plus” a la información que nos trasmite. Son pequeños detalles que permiten al lector atento captar la profundidad humana del hecho, al margen de la superficialidad del tuitero o del erudito comentarista y su análisis plagado de historia, datos y estadísticas o el  tertuliano dotado de ciencia infusa y sobrado de psicologismo.

Es un oficio que podría desaparecer…porque siempre ha sido escaso. No consiste sólo en tener la titulación exigida, ni en estar al tanto de los detalles del evento que cubren, de su historia, incluso de una formación técnica y literaria. O del valor personal. El “defecto” de preparación se llama “humanismo compasivo”, una sensibilidad poética militante hacia el dolor ajeno que raramente se adquiere a no ser que lo tengas dentro, de origen. Y que lleva consigo la garantía de cansancio, sufrimiento y  cinismo defensivo. La noticia, importa…la víctima, más.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 abril 2022 5 01 /04 /abril /2022 15:34

UCRANIA: EL SÍNDROME DE AUSCHWITZ

Publicado en Heraldo de Aragón, 010422

Una generación que no sabe aprender de sus errores está condenada a repetirlos. La geopolítica internacional adolece de una desmemoria histórica que, a fuerza de dimensionar equívocos, ansias de poder y memoria manipulada por intereses hegemónicos, olvida hechos inaceptables y vergonzosos que muchos países se comprometieron a que no volvieran a suceder. ¿Hemos olvidado el mandamiento ético que para la Humanidad supuso la existencia de Auschwitz? ¿Somos tan ciegos que no percibimos las relaciones y correspondencias causales, políticas y sociales, directas o indirectas, que existen entre la invasión de Ucrania y los campos de exterminio? ¿Hay tantas diferencias entre las posturas genocidas de los nazis  respecto a los judíos y otros pueblos considerados “eliminables” y las que pregona Putin para “justificar” la  invasión de Ucrania? ¿No hay semejanzas entre el egoísmo y la ceguera de Europa previos a la II GM y los  errores actuales de cálculo en la subordinación política de la UE a los intereses geoestratégicos de EE.UU. y el brazo armado de la OTAN? Vivimos una nueva escalada de gastos en Defensa en Europa, lo cual aleja la posibilidad de diálogo de paz. El “si vis pacem para bellum” (si quieres paz prepárate para la guerra)  es una memez belicista contagiosa.

Auschwitz podría parecer una referencia fuera de contexto en un análisis de la situación–límite actual. Pero recordemos que era algo impensable incluso tras la llegada de Hitler al poder en 1933. La dinámica perversa de la condición humana no ha cambiado tanto, como cualquiera puede percibir sólo repasando los desvaríos y abusos bélicos de la política internacional tras el fin de la guerra mundial  (Iraq, África, Oriente Medio, Sudamérica, Bosnia, etc.). De todo ello nos advertía Theodor W. Adorno: “Habría que evitar que vuelvan a producirse otros Auschwitz. Su existencia y la lucha para evitar que se reproduzca no es algo que nos dicte el imperativo categórico de la razón pura práctica sino que obedece a un desgarro en la historia, la experiencia histórica del mal.” Y ¿qué es sino un “desgarro de la historia” la dinámica bélica de Putin, con sus referencias al holocausto nuclear? ¿No es la reiteración de la “experiencia del mal”? Adorno advierte que la barbarie anida y seguirá anidando en el corazón de nuestra civilización mientras perduren las condiciones que hicieron posible la bestialidad de Auschwitz.

En el caso de Ucrania se percibe una radical insensibilidad en los agresores, que pretenden convertir la guerra en un balance trivial de efectivos militares y razones económicas más o menos escondidas, una praxis bélica que ocasiona miles de víctimas y arrasamiento de ciudades, fábricas y cosechas. Sin olvidar a los miles de refugiados que abandonan sus hogares para salvar la vida, con sus dramas y necesidades primarias a cuestas. Todo ello conforma un alarido de alarma dirigido a la conciencia de la Humanidad. Las imágenes que se difunden por televisiones, móviles e internet tienen el peligro –ya denunciado por Hannah Arendt- de banalizar la tragedia para convertirla en una noticia más, que se percibe a través del alejamiento esquemático de los  emoticones y los “like”. Como decía la filósofa Judith Butler, “Hemos sido apartados del rostro – el rostro de una víctima es la denuncia básica de un horror- por medio de la imagen vertiginosa de una cara, de un cuerpo torturado, una representación visual que acaba, por ser obsesiva y constante,  tiñendo de rutina el horror de la muerte”.

Lo que está sucediendo en Ucrania –y en otro orden de cosas, en Rusia y en los países que asisten a la “representación” de Putin- es que como seres humanos insertos en una civilización digital donde prima la imagen difundida obsesivamente, la tragedia ucraniana se convierte en un drama serializado en “prime time”, que nos afecta menos por su obscena reiteración. Esa dinámica  nos va inmunizando al dolor de los otros, casi sin darnos cuenta. Y olvidamos que “su problema” será “nuestro” problema. Como el horror de Auschwitz no se quedó en una anécdota histórica, sino que, sin percatarnos de ello, ha dejado su emponzoñado mensaje en la memoria genética de la Humanidad.

Quizá no se llegue a repetir exactamente la bestialidad hitleriana, pero percibimos ya inquietud en los nidos de serpientes que se esconden tras la inmoralidad agresiva del ataque a Ucrania. Putin, consciente o  no de ello, está aplicando la “doctrina” del ideólogo nazi Carl Schmitt: la oposición radical amigo-enemigo como criterio para diseñar la política de su país. Ese “enemigo” de Schmitt y quizá Putin, se define como una amenaza letal para la supervivencia de la nación y cualquier medio de aniquilarlo –nadie habla de negociar- está justificado, desde la guerra exterior a la “limpieza étnica” interior. Los nostálgicos de imperios dictatoriales se frotan las manos viendo a la barbarie cabalgando por los campos y ciudades de Europa, Asia, África... Es el síndrome de Auschwitz (una de las consecuencias de la “doctrina Schmitt”)  que ha despertado de su espantoso dormitar en la historia.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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31 marzo 2022 4 31 /03 /marzo /2022 09:30

Hay un punto de conexión entre el autor de este libro, Jordi Pigem y el de este artículo. El haber conocido y tratado a un pensador de primera categoría, un erudito que además seguía un camino de excelencia espiritual, Raimon Panikkar, al que conocí y admiré en su retiro de Tavertet.  Precisamente uno de los términos filosóficos conceptuales que Panikkar desarrolló, la ecosofía, que definía como una suerte de escucha de la Tierra a través de sus manifestaciones animadas o estáticas, es uno de los principios dinámicos filosóficos que instrumenta Pigem en  "Así habla la Tierra".

Se nos propone un viaje a través de citas de poetas, escritores y filósofos desde los taoístas o budistas, hasta la Grecia  y la Roma clásicas, y las joyas literarias, filosóficas, científicas y  y poéticas que nos han legado a través de los siglos. Pero el grueso del volumen lo ocupan los comentarios personales del autor, articulados como la voz de la Tierra, donde se explicitan las maravillas, riquezas y desafíos, peligros y carencias que el planeta y el Cosmos nos ofrecen a todos los que, con ojos para  ver y sensibilidad para apreciar, nos conmueve y enriquece la comunión con la Naturaleza.

Decía Platón en el "Timeo": "este Cosmos es un ser vivo, dotado de psique y del intelecto...un ser vivo, único, visible, que contiene dentro de sí a todos los seres vivos, que por su naturaleza son sus congéneres". Este es el fondo latente  de la cuestión que desarrolla el libro de Pigem, que también cita al malogrado Giordano Bruno que alarmó a la Inquisición con su percepción de que "el alma del mundo es el principio constitutivo formal del universo y de todo lo que el Universo contiene". Lo pagaría con la vida.

Dividido en tres partes, Origen, Ciclos de vida y luz y Ecos, el libro deja una sensación deliciosa de humildad y reconocimiento ante la grandeza de la Naturaleza, a la que el autor da la posibilidad de expresarse y lo que nos dice nos emociona, nos apena y nos alarma, La Tierra nos apostrofa: "Creéis que estáis solos en la cúspide del mundo, que sois los únicos que sienten y piensan, los únicos que cuentan. Pero el árbol que tocáis también siente vuestro tacto, la tierra que pisáis también siente vuestros pasos, el agua en la que os zambullís siente vuestros cuerpos, el aire que respiráis siente vuestro ánimo. No estáis solos". 

Con la metáfora de un día narrativo, la Tierra nos habla del amanecer en maravillosos lugares del mundo, Mediterráneo, África, España. Nos recuerda a Leonardo da Vinci o Melville. Voces de mentes geniales fascinadas por la Tierra. Ella nos habla de sus aguas, sus peces, sus rocas, sus hayedos, sus bosques, citando lugares y rincones, la vida cambiante del subsuelo, lleno de energía potencial, nuestra cuna (humanos, viene de humus, nos recuerda), Anaxágoras que cifra en la contemplación del cielo y los astros el propósito de la existencia; nos habla de los ríos, el Congo, el Nilo, el Indo, todo fluye , todo vibra. Como para Hermann Hesse, el río es la metáfora de la vida humana. Después habla de los océanos y sus trillones de millones  de bacterias, virus y especies de peces, que constituyeron la cuna del hombre. Amanece en La Graciosa, en Irlanda, en los altos del Garajonay, en Islandia o Groenlandia, la Antártida, el Caribe  y esa gigantesca y desconocida cordillera submarina que atraviesa todo el Atlántico y de la que únicamente vemos las Azores o Islandia o en unos de sus brazos que pasa por el Indico y sube al Golfo de Omán y va hacia el Pacífico hasta el golfo de California.

Pero la voz de la Tierra evocada por Pigem también nos recuerda que esos colores del amanecer global sacan destellos sobre centenares de kilómetros de residuos plásticos en el Atlántico Norte, que anochece sobre otra gran mancha en el Pacífico norte y que brilla la luna sobre otra semejante en el Pacífico Sur. Se queja la Tierra de las más de cien mil sustancias contaminantes creadas por el hombre que van agostando las tierras, los ríos y los océanos del mundo.

La voz de la Tierra compara, con aliento poético y rigor científico el paralelismo existente entre los ríos y sus vidas y cursos (también sus accidentes y enfermedades) con las de los humanos y también la existencia de los animales en relación con los humanos en una red de redes que imitó Internet en su momento. El día del Planeta pasa y el mediodía nos coge en el delta del Níger  y en el Ródano, con su corrupción ecológica que anuncia un colapso que ya está aquí: "sin nubes no hay agua/sin agua no hay vida/ sin vida no hay nubes", el circuito fatal de la crisis climática. Y nos recuerda también la Tierra la extinción imparable y progresiva de la biodiversidad, de los miles de especies que desaparecen cada día a todos los niveles de la bioesfera. "Todo está conectado" dice la voz de la tierra. "¿Creéis  que los organismos tienen fronteras? Los organismos tienen una existencia entrelazadas y vosotros sois comunidades simbióticas también. No hay vida sin ecosistemas". Y nosotros somos organismos entrelazados a todos aquellos a los que vamos extinguiendo. Es una cuestión de tiempo que nos llegue el turno,

Al final del libro, en Ecos, Pigem cita a su maestro Panikkar; "La vida no es un accidente que se adhiere a la materia...la Tierra es un ser vivo, el universo es un ser vivo, el cosmos entero está vivo...Es decir la realidad está viva". Resuena en esa venerada voz el eco de los budistas,taoístas y sabios griegos, los incontables y desconocidos maestros de culturas indígenas (la mayoría exterminadas) que vivían en simbiosis perfecta con la Naturaleza: "Puedes lanzarte al suelo y estirarte sobre la Madre Tierra, con la firme convicción de que eres uno con ella y ella contigo". (Erwin Schrödinger).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

ASÍ HABLA LA TIERRA.- Jordi Pigem.- Ed. Kairós.,135 págs.

 

 

 

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29 marzo 2022 2 29 /03 /marzo /2022 11:03

LOGOI 245

RUSOFOBIA, NO

Cuando el exceso de emociones, la sentimentalidad alejada de la razón o, peor, la visceralidad, hacen presa en el ser humano, éste se convierte en un juguete de las circunstancias y se vuelve capaz de cometer actos censurables que nunca perpetraría de estar “en su sano juicio” o aplicar el  sentido común. Pero el verdadero peligro es cuando esas emociones negativas se vuelven viricas  y crean estados semejantes en grupos sociales o poblaciones enteras. No hace falta recurrir a la historia para recordar estados globales de odio, represión o venganza contra determinadas “víctimas” propiciatorias, ya sea una etnia, judíos, árabes, negros, gitanos, mendigos…; diferencias sexuales, mujeres, homosexuales…; salud, leprosos, sida, enfermos mentales. La intolerancia y la eliminación física, social o cultural contra el “otro”, el ajeno, el forastero o el extraño, han escrito las páginas más negras de la historia.

Un ejemplo de esto es la “rusofobia” que se ha desencadenado tras la guerra de Putin. Primero, considerar a todo el pueblo ruso como “responsable” de la guerra es una injusticia. Segundo, prohibir las manifestaciones de la cultura rusa, sólo por ser rusa, es tan irracional y nocivo como los “autos de fe” de la Inquisición o los nazis quemando libros (recordemos que donde se empieza quemando libros luego se queman personas). Tercero, dar por sentado que un pianista, un escritor,  un compositor, por ser rusos,  deben ser “cancelados”, es ponernos a la altura moral de Putin o de Stalin. Cuarto, considerar a Tolstoi, Dostoievski,  Prokofiev, Tchaikovsky o Rimsky Korsakov como artistas “no oportunos” en estos momentos es una estupidez.

Aquí va una cita oportuna. Se trata de “Crimen y Castigo” de Dostoievski, publicada en 1866. En las últimas páginas, cuando Raskolnikov cumple condena en Siberia junto a Sonia, nos narra una pesadilla que tuvo: “una plaga de ‘triquinas’ procedente de Asia, contagia a toda Europa y  vuelve  locas a todas las personas, pero con la particularidad que los contagiados se consideran personas muy inteligentes y en posesión de la verdad, con infalibles dogmas, conclusiones científicas y convicciones y creencias morales. Por tanto agredían y mataban a los demás y entre sí pues no sabían a quienes inculpar o a quienes justificar. Todo y todos se perdieron.” ¿No hay algo de eso en la “cultura de la cancelación”?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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27 marzo 2022 7 27 /03 /marzo /2022 17:07

LOGOI 244

FELONÍA

Publicado en La Comarca el 22032022

Dícese de una acción fea, traidora o desleal. Así se podría calificar el giro de política del Gobierno español en el conflicto del Sahara, al reconocer el dominio marroquí sobre un territorio que fue anexionado a sangre y fuego. No soy un utópico y reconozco la “realpolitik” (diplomacia basada en factores dados en lugar de premisas ideológicas o éticas): si no hay un rechazo conflictivo de Argelia, la jugada sintoniza con las necesidades energéticas de España y de Europa. Una manera de dejar de depender del gas ruso. Por tanto la suerte del sufrido pueblo saharaui  queda en el aire. Segunda ocasión para olvidar nuestras promesas. Los saharauis ya saben que no somos de fiar.

Como el señor Sánchez, que olvida las trapacerías a las que históricamente se ha visto sometida España por la monarquía alauí actual. El padre de Mohamed VI, Hassan II, fue el artífice de la Marcha Verde, otra vergüenza internacional, apoyada logísticamente por un “amigo” de España, los Estados Unidos. Debería estar claro que en todas las relaciones “fraternales” hispano-marroquíes, las farsas, los engaños y embelecos, son moneda de cambio de Rabat y pasto del olvido en Madrid. ¿Hay alguien, que conozca mínimamente la cuestión saharaui desde el acuerdo de 1975, (sacado con fórceps por Hassan II de una España donde la dictadura daba sus últimas boqueadas), que crea que la maniobra actual va a arreglar el contencioso “Ceuta-Melilla” y las oleadas piratas de inmigrantes con los guardias marroquíes de espaldas?

Mientras, el pueblo saharaui, sigue sometido a condiciones precarias de vida, confinados en los campamentos argelinos, con una lucha armada que frena al Ejército marroquí en el larguísimo Muro (“de la vergüenza” le llaman) que éstos levantaron, símbolo de un pueblo al que arrebataron su legendaria libertad del desierto. Ahora España ha servido a Rabat, la pieza que faltaba tras el apoyo de Trump (no anulado por Biden) y el de Francia y Alemania, que buscan un paso seguro del gas argelino, vía Marruecos, hacia Europa. ¿Qué garantías tiene la República Árabe Democrática Saharaui y el pueblo de las arenas de que la guerra contra Marruecos no se convierta en un “asunto de secesión interna”? Marruecos va a tener las manos libres. El resto del mundo cerrará los ojos a otra tragedia genocida. Aunque una posible guerra Argelia-Marruecos daría al traste con los planes europeos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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