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26 agosto 2022 5 26 /08 /agosto /2022 17:45

CONTRA EL DESASTRE TOTAL, SOLIDARIDAD GLOBAL

 

 

Los asuntos del mundo (como los del ciudadano) siguen una dinámica caprichosa en el detalle y cíclica o pautada cuando las observamos desde la distancia que marca el tiempo, pero en ambos casos hay una lógica interna –no lineal- que se ajusta más o menos a eso que llamamos la sabiduría de lo natural. Así, si haces algo mal y en contra de la línea de la armonía o el equilibrio generales, más bien tarde que temprano, las cosas se reajustarán en el sentido correcto. Así lo entendían los taoístas, los estoicos griegos y latinos y ciertos pensadores hindúes´. Es decir los que integran el núcleo de la sabiduría perenne, filosófica y ética. Viene esto a propósito de que la escandalosa y sangrienta guerra de Ucrania, que cumple seis meses, iba a destrozar el equilibrio occidental en unos días, ha entrado en el peligroso cauce de la “normalidad”. Unos y otros van poniendo parches en las heridas que mutuamente se causan y el mundo se acostumbra al goteo de muertes, destrucciones, amenazas y nuclearización del disparate. Las restricciones de energía y alimentos se minimizan con otros servicios y procedencias y todos seguimos con creciente indiferencia y mínima responsabilidad, los problemas de suministros, la inflación galopante o la brutal subida de precios de las energías y carburantes.

Reflexionemos: un análisis razonable de la situación global nos muestra que se están dando los elementos que, unidos, conforman lo que se llama una “tormenta perfecta”. Es una suma  de crisis económica, ecológica, belicista (militarización europea y asiática), climática, alimentaria, de materias primas tecnológicas, política (degradación democrática, eclosión de la extrema derecha) y humanística en sus diferentes niveles: ético-social, familiar y personal, racial, sexual.

El escenario geopolítico se resquebraja y la solución no es la que se está llevando a cabo: agudizar las diferencias, rearmar a los adversarios y afianzar supuestas fronteras ideológicas, que en puridad no existen. En el siglo XX se degradaron las polaridades dialécticas. Ahora hay diversas “tendencias” y un fondo común, capitalista y tecnológico, donde lo humano sólo es un guarismo manipulado por algoritmos y una fuente de ingresos. También se debe controlar el creciente poder de los trust multinacionales, cuyo credo único es el beneficio permanente. El secretario general de la ONU, el portugués Guterres, un político con raro sentido común, lo dijo bien claro: o acción colectiva o suicidio colectivo. El se refería al calentamiento global, yo considero que la contundente afirmación afecta a la lista completa de la “tormenta perfecta” comentada. Las conferencias internacionales, COP27 (clima), OCDE (desarrollo económico), TNP (No proliferación Nuclear) se estancan en la periferia de los problemas y aún así no logran acuerdos, mientras China se retira de la cooperación con Estados Unidos en respuesta a la inoportuna visita de apoyo de los norteamericanos a Taiwan; Rusia hace de “ruso loco” contra la OTAN, manteniendo un rumbo de colisión, e incluso anuncia que se retira del proyecto de la estación espacial internacional. La guerra sigue ante la impotencia de la ONU y las bravatas nucleares de las dos potencias en litigio, como si fuera una carta con la que se puede ganar. El gasto militar mundial se está incrementando a tenor con esa inseguridad  provocada por la falta de diálogo y de control. Pero sobre todo, debido a la emergencia de una nueva fuerza hegemónica, China, que históricamente nunca ha sido dada a la negociación: unos acuerdos como los logrados el siglo pasado en la llamada “guerra fría”, no son probables con China al otro lado de la mesa. Y a los antiguos dos colosos nucleares se han unido, además de Pekín, India, Corea del Norte y, tal vez en un futuro próximo, Irán e Israel.

El cambio climático es otro de los asuntos pendientes que se nos está yendo de las manos. La devastación provocada en el mundo por sequías e incendios comienza a “no ser noticia” porque la frecuencia adormece el interés, como bien sabemos. Las inyecciones de optimismo por la reciente medida norteamericana de apoyo económico a la transición verde, es importante pero no decisiva, y la guerra de Ucrania ha conseguido entre otras cosas que se volviera a pensar en el carbón y en las nucleares como solución. Y China, por si alguien duda sobre su inexistente solidaridad, anuncia la creación de numerosas  plantas de carbón. Eso supone que aumenta la insuficiencia de las medidas y acuerdos internacionales sobre la reducción de emisiones.

En este contexto de varias crisis concatenadas, que van interactuando entre sí, el ritmo de medidas positivas para lograr un cierto control, es claramente insuficiente. Aparte de que las medidas dependen de los regímenes políticos de cada país. Con el descrédito de las democracias  ante la falta de resultados y el empeoramiento de las crisis globales y el empuje rabioso de los extremistas radicales de ambos lados del espectro, el sentido común y la evaluación justa, rigurosa y lógica de los problemas comunes, brillarán por su ausencia. Menudo mundo estamos legando a las siguientes generaciones.

Las pandemias  -según la OMS, este verano han muerto miles de personas en el mundo debido al covid- ya han demostrado su gran poder de causar daños a todo el sistema social y económico. Según los especialistas, la cuestión climática en crisis estimulará la aparición y desarrollo de pandemias. Ello creará la bomba de tiempo, del aumento de las diferencias entre norte y sur. No sólo en el número de víctimas, sino en la duración de la enfermedad y la falta de vacunas (pero eso sí, que nadie toque las patentes). De hecho, solo la solidaridad mundial podría evitar estos descalabros. Las voces de los que piden una nueva regulación internacional de la salud, sin fronteras y libres de pagos a patentes de las que dependen vidas humanas, claman en el desierto. ¿Se imaginan si el señor Trump vuelve a aparecer en escena, para vergüenza del mundo?

La conflictividad en todos los ámbitos, atañe también al sensible mundo del comercio que se fundamenta en acuerdos  y en la confianza en que van a ser respetados. Es una estructura cada día más global, pero nos estamos polarizando de una forma brutal. Y no hay voluntad política para cambiar esto. En cuanto a la fiscalidad, las grandes corporaciones siguen sin pagar los impuestos que les corresponden. La deslocalización y la “ceguera” del poder político ante los movimientos de capital, les dejan las manos libres y los beneficios íntegros.

Es preciso rediseñar un modelo de globalización que en estos momentos sea viable. Tanto la OTAN, como la UE, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el G-7 están mandando tarjetas de invitación a sus cumbres a países con los que nunca habían contado. Y eso está creando una polarización clara: el mundo de los valores occidentales y los que se consideran del “otro lado”, ya sean países activos o aspirantes. Se genera un alto índice  conflictivo que dificulta un modelo de  globalización.

Hemos olvidado una obviedad anunciada y denunciada hace 50 años: nos hemos saltado los límites al crecimiento y estamos limitando el desarrollo sostenible. Y no me refiero a la población mundial, que es una de las variables a tener en cuenta, sino al consumo de combustibles fósiles que ha superado en los últimos veinte años lo que se había consumido desde la revolución industrial hasta 2002. Los límites al crecimiento implican límites al consumo y en ese apartado no parece que estemos dispuestos a contenernos. En 1972 se publicó un estudio científico encargado por el Club de Roma (empresarios, científicos y políticos) a un grupo de investigadores del MIT bajo la dirección del profesor Meadows.

Los factores relevantes eran: la industrialización, la contaminación ambiental, la producción de alimentos y el agotamiento de recursos (aún no se hablaba de cambio climático, ni de guerras). Y la conclusión era aplastante: “Nada puede crecer indefinidamente en un medio finito, ni tampoco la explotación de recursos y alimentos”. Eso nos está llevando a una situación crítica para nuestra civilización. Las distancias entre ricos y pobres han aumentado exponencialmente, mientras el agua, el suelo y el aire se degradan de forma manifiesta. Hay que cambiar el estilo de vida de forma urgente y hay que hacerlo de forma solidaria. No hay, ni habrá, una “varita mágica” tecnológica que resuelva un problema que afecta a la propia esencia física y biológica del planeta, del que somos unos inquilinos más. El imperio de una sociedad  asociada al sobre consumo de bienes y servicios ha llegado al límite. El sistema de equilibrio mundial no tiene capacidad para soportar un comportamiento tan conflictivo, egoísta e insolidario y “cuanto más nos acerquemos a los límites materiales del planeta, más difícil será abordar el problema” (eso en 1972). “Se necesita una acción conjunta de largo alcance en una escala y amplitud sin precedentes. Es decir un cambio de valores, objetivos y estilos de vida a nivel individual, nacional y mundial”.  Qué enorme desafío para nuestra generación. Y que escasez de líderes dignos de ese nombre para que lo lleven a cabo. Señores, lo tenemos crudo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 agosto 2022 1 15 /08 /agosto /2022 17:53

Leer a Antonio Damasio el neurólogo  lúcido y sagaz ha sido para mi un placer mantenido durante años y obra tras obra. Leer una obra donde Damasio nos habla de Spinoza y de las similitudes e inspiraciones que este filósofo cauteloso y difícil se proporcionó durante una fecunda época de su vida: la defensa de las emociones y sentimientos que Damasio ha realizado en el conjunto de su obra neurológica tuvo el ilustre precedente de la filosofía de Spinoza que tempranamente reivindicó la importancia de aquéllos en la formación de la psique humana.

Hablo ahora de este libro de 2005, leído en aquellas fechas recién publicado por Crítica, vuelto a escudriñar en 2006 durante una estancia meditativa en el monasterio de Poblet y recuperado en este año de 2020 en circunstancias dolosas con la pandemia del Covid convirtiendo a todo el país en desmadrados personajes del Decamerón de Boccacio. Un comentario sobre la vida y la muerte del filósofo que publica un periódico nacional, me ha impulsado escribir de nuevo sobre Spinoza  como crítica a la falsa imputación que se le hace, convirtiendo la causa de su temprana muerte, una posible silicosis (provocada por el polvillo de vidrio que inhaló durante años dado su oficio de pulidor de lentes) en un suicidio asistido, absolutamente ilógico en un filósofo coherente con sus ideas hasta el martirio: Spinoza amaba la vida por encima de todo.

Como otro autor cita y yo corroboro: "Spinoza que considera la libertad del hombre y la conquista de su felicidad como principios esenciales, postuló una serie de principios sobre la vida y la muerte.

Cada cosa se esfuerza, cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser”. (Parte 3 proposición 6).-El esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma. (Parte 3 proposición 7).-Ninguna cosa puede ser destruida sino por causa exterior. (Parte 3 proposición 4).- Así pues, nadie deja de apetecer su utilidad, o sea, la conservación de su ser, como no sea vencido por causas exteriores y contrarias a su naturaleza. […] ni se da muerte, en virtud de la necesidad de su naturaleza, sino compelido por causas exteriores […] Pero que el hombre se esfuerce, por la necesidad de su naturaleza, en no existir […] es tan imposible como que de la nada se produzca algo”. (escolio de la parte 4 proposición 20).

Spinoza afirma que nuestra esencia es buscar la preservación en nuestro ser, tanto en el nivel biológico (preservación instintiva), como en un nivel trascendental (búsqueda incesante de felicidad). Dicha fuerza nace de nosotros y es infinita, por lo que de ella no puede surgir la idea de autodestrucción".

Antonio Damasio nos hace recorrer el sistema neuronal viendo los eventos y las partes del cerebro que se activan cuando un determinado suceso aparece y, enriquece sus ideas con casos neurológicos interesantes para explicar los últimos descubrimientos neurocientíficos, sobre el papel que emociones y sentimientos tienen en el procesamiento mental, las actitudes y los comportamientos.  Sin dejar por ello de acudir a la filosofía y el pensamiento de Spinoza que defendió la idea de que mente y cuerpo están íntimamente unidos, y por ello los sentimientos afectan al raciocinio..

El contenido esencial de los sentimientos es la cartografía de un estado corporal determinado; el sustrato de sentimientos es el conjunto de patrones neurales que cartografían el estado corporal y del que puede surgir una imagen mental del estado del cuerpo. En esencia, un sentimiento es una idea; una idea del cuerpo y, de manera todavía más concreta, una idea de un determinado aspecto del cuerpo, su interior, en determinadas circunstancias.

 

Damasio propone una separación entre la parte del proceso que se hace pública (emoción) y la que se hace privada (sentimiento). En el camino de la evolución, las emociones preceden a los sentimientos. Primero se desarrollaron los dispositivos automáticos para resolver los problemas básicos de la vida, para asegurar la homeostasis. Las emociones están constituidas a base de reacciones simples que promueven la superviviencia de un organismo y de este modo pudieron persistir fácilmente en la evolución. La maquinaria homeostática se fue refinando hasta la aparición de los sentimientos, que son una expresión mental de todos los demás niveles de regulación homeostática.

Los niveles de regulación homeostática automatizada son:

  • Sentimientos. Expresión mental de todos los demás niveles de regulación homeostática
  • Emociones propiamente dichas. Sociales, primarias y de fondo. Repugnancia, miedo, felicidad, tristeza, orgullo, simpatía y vergüenza. Apuntan directamente a la regulación vital a fin de evitar los peligros o ayudar al organismo a sacar partido de una oportunidad, o indirectamente al facilitar las relaciones sociales.
  • Instintos y motivaciones. ambre, sed, curiosidad, exploración, juego, sexo. Son apetitos.
  • Comportamientos de placer (recompensa) y dolor (castigo). Incluyen reacciones de acercamiento o retirada de todo el organismo en relación a un objeto o situación específica.
  • Respuestas inmunes. Primera línea de defensa del organismo cuando su integridad se ve amenazada desde el exterior (virus, bacterias, parásitos, sustancias tóxicas) o el interior.
  • Reflejos básicos. Reflejo de sobresalto y tropismos o taxias que hacen que los organismos se alejen de temperaturas extremas y de la oscuridad, y se acerquen a la luz.
  • Regulación metabólica. Incluye componentes químicos y mecánicos destinados a mantener el equilibrio de las químicas internas. Gobiernan el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, los ajustes de acidez y alcalinidad, almacenamiento y despliegue de proteínas, lípidos y carbohidratos necesarios para obtener energía.

Todas estas reacciones se dirigen directa o indirectamente a regular el proceso vital y a promover la supervivencia. Pero además, el objetivo de los esfuerzos homeostáticos es proporcionar un estado vital mejor que neutro: comodidad y bienestar. Las reacciones son formas de evaluar las circunstancias internas y externas de un organismo y de actuar en consecuencia.

Diversos aspectos del proceso vital pueden señalarse en el cerebro y representarse allí en numerosos mapas constituidos por circuitos de neuronas. En ese punto, se alcanza el nivel de los sentimientos: la expresión mental de todos los demás niveles de regulación homeostática.

Principio de anidamiento: las partes de reacciones más sencillas se incorporan como componentes de otras más elaboradas. Cada reacción consiste en reordenamientos de los procesos más simples, cada reordenamiento está dirigido a un nuevo problema cuya solución es necesaria para la supervivencia con bienestar.

Una emoción propiamente dicha es un conjunto complejo de respuestas químicas y neuronales que forman un patrón distintivo. Son reacciones, respuestas automáticas a estímulos emocionalmente competentes. El cerebro está preparado por la evolución para responder a determinados EEC con repertorios específicos de acción, pero la lista de EEC no se halla confinada a los repertorios preestablecidos por la evolución, sino que incluye muchos otros aprendidos. El resultado inmediato de estas respuestas es un cambio temporal en el estado del cuerpo y en el estado de las estructuras cerebrales que cartografían el cuerpo y sostienen el pensamiento. El resultado último de las respuestas es situar al organismo en circunstancias propicias para la supervivencia y el bienestar. Tienen un sentido biológico directo, es una función adaptativa innata. Sin embargo, los seres humanos podemos esforzarnos intencionadamente para controlar nuestras emociones, al menos en cierta medida.

  • De fondo. Reflejan el estado de ánimo momentáneo de una persona (malestar, excitación, tranquilidad). No son especialmente visibles en el comportamiento. Son formas de disposición generales del cuerpo, resultado de varios procesos reguladores concurrentes.
  • Básicas (primarias). Miedo, ira, asco, sorpresa, tristeza y felicidad. Son fácilmente identificables en los seres humanos de numerosas culturas y también en especies no humanas. Generalmente tienen una causa externa.
  • Sociales. Tienen que ver fundamentalmente con la cooperación o competencia con otros organismos de la especie. Simpatía, turbación, vergüenza, culpabilidad, orgullo, celos, envidia, gratitud, admiración, indignación, desdén.

Los sentimientos surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas. Traducen el estado de la vida en el lenguaje de la mente. Abren la puerta a cierto control premeditado de las emociones automatizadas.

  • Son la percepción de un determinado estado del cuerpo junto con la percepción de un determinado modo de pensar y de pensamientos acerca de determinados temas consonantes con la emoción.
  • No surgen necesariamente de los estados corporales reales sino más bien de los mapas reales construidos en cualquier momento dado en cualquier momento dado en las regiones de sensación corporal.
    • Los estados del cuerpo simulados son poderosos recursos de la evolución. Se da una interferencia en las señales que son enviadas a las regiones de sensación corporal, creando así mapas falsos del estado real del cuerpo. Ej: soldados en situación de guerra que no sienten dolor y miedo.
    • El cerebro puede simular determinados estados corporales emocionales. Ocurre por ejemplo en el proceso de transformar la emoción simpatía en un sentimiento de empatía, mediante el mecanismo "bucle corporal como sí".
Vivimos la “Era Emocional”; el boom de los sentimientos. Expresiones como “eres especial”, “no tengo palabras”, “empatizar”, “si eso es lo que sientes” (sentir algo está por encima de pensar algo), son omnipresentes, invaden el espacio de las relaciones sociales. Y no basta con decir, hay que actuar. Por eso, amigos del “choca esos cinco” de toda la vida, te estrujan, te besuquean y te frotan compulsivamente las espaldas, como si te despidieran para un viaje a la Antártida (de supervivencia y en trineo). Toneladas de libros de psicología barata o autoayuda te conminan a que expreses tus sentimientos, controles tus emociones o viceversa. Hay que mostrar empatía, interés, escuchar atentamente cualquier majadería que te suelte el prójimo. ¿Impaciencia? Prohibida. ¿Emoción versus Razón? ¿Se trata de una vuelta a lo irracional? ¿No será que los sentimientos se manipulan mejor que las razones?
El libro de Damasio lleva el subtítulo de “Neurobiología de la emoción y los sentimientos” Pues eso, veamos que bases, que enganches biológicos tienen los sentimientos y hasta donde podemos llegar sin caer en la especulación  o la charlatanería.
A Damasio le gusta Spinoza porque fue el primero en señalar la unidad interactiva del organismo (cuerpo), los sentimientos y el pensamiento racional (mente), en contraposición a Descartes que sostenía la dualidad cuerpo-mente. Se siente afín a Spinoza y ya discutió a Descartes en un libro anterior (1). Gracias a Damasio he conocido la monumental obra de Jonathan Israel que explica la influencia del filósofo judío en la Ilustración Radical. (2)
Spinoza era hijo de una familia de judíos sefardíes que huyeron de la persecución de Portugal y se instalaron en Ámsterdam, cuyo gobierno calvinista era más tolerante con los judíos, siempre que mantuvieran sus creencias en privado. Expulsado de la comunidad judía en que se educó, vivía de pulir lentes ópticas y a escribir libros que abren el camino a una oposición entre filosofía y teología más marcada que en los demás filósofos. Murió joven y sus ideas fueron silenciadas; se le citaba sin pronunciar su nombre. El pobre Spinoza resultó ser una bomba de relojería para el pensamiento tradicional.
 
Antonio Damasio (Lisboa 1944) es neurólogo y un destacado investigador de la mente, las bases neurobiológicas de la consciencia y el papel decisivo de las emociones y sentimientos en los procesos racionales de la toma de decisiones. En “En busca de Spinoza”, en diálogo con el filósofo del siglo XVII, explica el proceso neurológico de las emociones y los sentimientos, algunas consecuencias éticas y sociales de su enfoque, y termina con unos apuntes sobre el sentido de la vida y la espiritualidad. Además, una amplia biografía de Spinoza (3) y el detallado relato de su contexto histórico.
 
Resumen poco técnico de la parte técnica.
La emoción es una respuesta orgánica ante un estímulo exterior. Su origen es evolutivo o aprendido, lo compartimos con otros animales y poco se puede hacer al respecto. Cuando las emociones se procesan por el cerebro dan lugar a sentimientos. Un cerebro más evolucionado (consciente) produce sentimientos complejos.
El proceso es parecido al de antígeno (estímulo)- respuesta inmune (emoción):
- Estímulo (presente o en la memoria).
- El estímulo se representa en el cerebro, encajando como llaves en receptores.
- Desde los receptores se activan varios lugares de ejecución de emociones en otros sitios del cerebro.
- El proceso o puede reverberar y amplificarse, desencadenar procesos mentales más complejos (sentimientos), o bien consumirse y cerrarse.
Omito las respuestas neurales y hormonales que intervienen en el proceso y que Damasio explica extensamente. Describe un caso en que durante el tratamiento con electrodos del parkinson, se indujo a una paciente, por accidente, a un profundo estado de tristeza.
Un concepto básico en el esquema de Damasio es el de “equilibrio homeostático”. Un estímulo que produce una emoción negativa (miedo), provoca un desequilibrio homeostático. El organismo despliega un conjunto de acciones reguladoras para restablecer el equilibrio:
Los sentimientos, en el sentido que se emplea en este libro, surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas, no únicamente de las emociones propiamente dichas. Traducen el estado de vida en curso en el lenguaje de la mente.”
Para que las emociones den lugar a sentimientos es necesaria una mente consciente con un “yo autobiográfico”. El sentimiento es el motor del pensamiento racional. Sin sentimientos no habría pensamiento racional; pero el pensamiento racional produce o modifica sentimientos.
Al tener lugar en un entorno autobiográfico, los sentimientos generan una preocupación por el individuo que los experimenta. El pasado, el presente y el futuro anticipado reciben las características significativas apropiadas y una mayor probabilidad de influir sobre el razonamiento y el proceso de toma de decisiones.
Los sentimientos juegan un papel decisivo en el aprendizaje y la toma de decisiones para la resolución de problemas:
La solución eficaz de problemas no rutinarios requiere toda la flexibilidad y el elevado poder de recopilación de información que los procesos mentales puedan ofrecer, así como la preocupación mental que los sentimientos puedan proporcionar.
El proceso de aprender y recordar acontecimientos emocionalmente competentes es diferente hacerlo con sentimientos conscientes de lo que sería sin ellos. Algunos sentimientos optimizan el aprendizaje y la memoria. Otros, en particular los que son extremadamente dolorosos, perturban el aprendizaje y suprimen la memoria como protección.”
 
Damasio no está de acuerdo con la alegría contemplativa que propone Spinoza. Es partidario, más bien, de una alegría combativa que actúe para cambiar las cosas.
 
Estímulo, emoción, sentimiento, pensamiento racional, acción… no es un continuo, es un vaivén que puede actuar en muchas direcciones. Damasio expresa en este buen libro su admiración (con algún reparo) por Spinoza, explica como actúan, implicando a todo el organismo, las emociones, sentimientos y la razón desde los conocimientos actuales de la neurología y propone una ética basada en la alegría y la cooperación, que promueva el equilibrio homeostático de las persona

 

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14 agosto 2022 7 14 /08 /agosto /2022 12:19

Martin Buber es un filósofo judío de origen austríaco que en su día -entreguerras de principios del siglo XX- revolucionó la filosofía del yo y el Otro, anticipándose a Heiddegger  y por supuesto a los existencialistas que, en general, olvidaron sus contribuciones. Es un pensador poco conocido en nuestros días, aunque bastante citado. "Yo y tú" se considera su obra más significativa y se considera uno de los primeros denunciantes del utilitarismo como mal del siglo XX, de la desnaturalización del yo, la banalización de la cultura de los principios y valores y por consiguiente del absurdo y falta de sentido de la existencia. 

 

 

rPara hablar de Martin Buber tenemos que partir de su contexto histórico-filosófico, esto nos ayudara entender su radical cambio de dirección en la concepción sobre el hombre. Martin Buber, filósofo judío de origen austriaco nacido en 1878 es participe de las dos grandes guerras del siglo XX. El paradigma de lo humano que reinaba en las aulas de aquella Europa de principios de siglo marcaba como cúspide a la razón instrumental. El discurso y la ideología de la época parten del supuesto de un individuo auto-referenciado como cúspide del desarrollo humano. Tras lo vivido entre 1914 y 1918 se hizo necesario dar una revisión a esta visión individualista y utilitaria del hombre ya que desde la perspectiva de Buber este es el punto que hizo flaquear los ideales de la Europa moderna al tomar una actitud frente al mundo del tipo utilitarista. Fruto de esta revisión, apenas años después de la  primera guerra mundial, es que surge su texto más emblemático “Yo-Tú”[1], manuscrito con el que podríamos marcar una nueva manera de hacer filosofía orientada a la búsqueda del rastro de la relación básica Yo-Tú en otros ámbitos científicos. A continuación presentaremos la perspectiva antropológica de Martin Buber, su visión sobre el diálogo, la importancia de la reciprocidad, para posteriormente dar vinculo con el diálogo entre culturas diferentes.

El artículo recupera la “filosofía del diálogo” de Martín Buber para hacer un ejercicio de análisis de la relación entre culturas diferentes. Se desarrolla en forma explicativa la propuesta teórica de Buber, partiendo de su contexto histórico en el cual se exalta una visión utilitarista del mundo, lo cual, de acuerdo a la experiencia de nuestro autor, lleva como consecuencia una deshumanización de las relaciones entre las personas. Se recupera su concepto de diálogo, desde la dimensión del Yo-Tú y se ejemplifica con casos concretos. Aborda y fundamenta la importancia de la palabra y la interrelación, como condición básica para la existencia del ser humano, dándole su respectiva importancia a la reciprocidad al momento de pretender el encuentro. A su vez, se expone el lugar que le corresponde a la relación utilitarista en la dimensión humana. Una vez desarrollado el panorama teórico que nos ofrece nuestro autor, se entrecruza dicha propuesta con el problema de la interacción entre culturas diferentes, a fin de buscar estrategias de acción para la generación de un diálogo entre sujetos de culturas y sociedades diferentes.

Como hemos afirmado anteriormente, la propuesta de Buber propone una lógica alterna a la razón instrumental para la cual el ser humano se define preponderantemente  como un ser individual e independiente. Martin Buber considera que ante este tipo de teorías se está en presencia, en realidad, de un constructo de palabras e ideas que ocultan la relación original del hombre con el mundo.  Martin Buber, sin negar en principio, aquella visión individualista, va más allá y nos propone una antropología dialógica a través de la cual el hombre trasciende su individualidad para poder asumirse como humano. Esta asunción que permitirá al hombre alcanzar el carácter de humano, le obliga a ir más allá de su medio y colocarse de frente a él para poder habitar, en lo que Buber nombrará, su mundo.[2] Para ello tendrá que vivenciar dos actos fundamentales la “distancia originaria” y la “relación”. Afirma Martin Buber que es por medio de la distancia originaria que el hombre se hace consciente de su yo y de otros como un “enfrente e independiente”[3] .

“El principio de un ser sólo se revela si primero se distingue la realidad de dicho ser frente a la realidad de otros seres conocidos.”[4]

El primer elemento con el que se enfrenta el ser humano para dar posibilidad a la distinción es la naturaleza, con la cual, al no estar instintivamente ligado, se ve obligado a salir de sí mismo y colocarse afuera, en frente a su realidad. Tomar distancia y colocarse de frente, requiere que se les asuma en forma conjunta, cual andar con dos pies de forma activa y relacional; es de esta manera que el hombre descubre su mundo en relación con otros hombres.  En palabras de Buber sería este el momento en que se funda la “sustancia humana”[5],  la distancia originaria y la relación. Si el hombre no distanciara su ser de lo que le rodea difícilmente podría entrar en relación con ello, ya que no existe distinción alguna, en otras palabras, no tendría sentido la relación. Como expresión concreta de esta búsqueda del vínculo es que el hombre crea lenguajes, relaciones, cultura.

Al hombre a partir de la distancia y relación que establece con respecto a los otros seres que le rodean le es permitido vivenciar el mundo, una expresión íntimamente humana desde el momento en que es capaz de ponerse de frente al medio que le rodea. Para Buber los animales  tienen una imagen del medio fundada en la memoria corporal que se dinamiza en función de sus necesidades biológicas; por el contrario, el ser humano funda mundos “con una unidad que él puede imaginar o pensar como si existiera por sí misma”[6]. Es la imaginación que se pone de frente a la naturaleza y la distingue creando posibles relaciones con el medio más allá de su necesidad biológica momentánea.  En este acto imaginativo el ser humano  funda  su posicionamiento de frente al mundo y también una forma de comportarse en relación, es por ello que el hombre trasciende su medio,  lo imagina o lo culturiza. En pocas palabras, podemos afirmar que es el encuentro que permite surgir al ser y no antes, por ello Buber enfocará su interés en el tipo de relación que entabla el ser humano con otros y el mundo

"Quien dice tú no tiene algo por objeto. Pues donde hay algo, hay otro algo, cada Ello limita con otro Ello, el Ello lo es solo porque limita con otro. Pero donde se dice tú no se habla de alguna cosa. El tú no pone confines.”[11]

     De las dos palabras básicas que nos propone Buber la palabra básica Yo-Tú tiene la particularidad de tener como centro dinámico la relación, es en la relación que el hombre consigue vincularse con el mundo más allá de sí mismo y descubrirlo en su otredad. Yo-tú como palabra fundamental no sólo expresa una relación, también una manera de existir; se trata de posicionarse de frente al otro reconociendo desde su inicio en él a una persona única, diferente y que es capaz de responder a mi llamado, al tiempo que Yo puedo responder al suyo.

No se trata de un acto de memoria o de ideas respecto al otro, es asumir al otro como presencia en la actualidad del encuentro, es por ello que Buber sugiere que la relación Yo-Tú te coloca en el presente. El ejercicio antropológico de este reconocimiento da por principio la insustituibilidad del otro, la persona vale por sí misma, se trata de un horizonte siempre nuevo, un decir, un hacer único en el mundo. Entendido de esta manera es más fácil explicar que al pronunciar la palabra Yo-Tú es cuando se funda el mundo en el cual el hombre se configura como tal.

Para que exista un “Tú” tiene que haber la disposición personal al encuentro. Entrar en presencia de un Tú, no de un “él” o una “ella”, esto es, Buber considera es necesario una cierta apertura para recibir al otro sin barreras, de ésta manera se hace presente el tú, si existiera alguna barrera o mediación marcarían la distancia, la inmediatez que requiere la relación básica Yo-Tú se perdería ya que existe una mediación entre ambos. Es por ello que el decir Tú implica un don, se trata de una apertura o recepción del otro y del otro hacia mí, se trata, en otras palabras, de entrar en relación. En base a lo anterior podemos resaltar que la experiencia Yo-Tú no es una experiencia de oposición sino un “entre”: campo relacional que surge como ámbito creativo. Buber sugiere tres esferas del “entre” donde se alcanza el mundo de la relación[12]:

  • La vida con la naturaleza.- Allí la relación oscila en la oscuridad y por debajo del nivel lingüístico.
  • La vida con el ser humano.- Allí la relación es clara y lingüística. Podemos dar y aceptar el tú.
  • La vida con los seres espirituales.- Allí la relación está envuelta en nubes pero manifestándose, sin lenguaje aunque generando lenguaje.

      Es tan sólo la vida con el ser humano la única esfera donde a través de un “entendimiento lingüístico” se es capaz de alcanzar la relación “podemos dar y aceptar al tú”; la vida con los seres espirituales refiere directamente a relaciones como la del hombre con el arte que aun que no son relaciones de índole lingüístico son capaces de generar su propio lenguaje; por otro lado la vida con la naturaleza pudiera llegar a captar al hombre a partir del poder de su exclusividad como árbol, animal o planta, es allí donde puedo establecer una relación directa con la naturaleza.[13] Finalmente podemos decir que entrar en relación con  otros hombres  posibilita al ser humano superar su estado natural para trascender fuera de sí mismo a través de la palabra Yo-Tú yendo hacia el encuentro del otro, ampliando sus horizontes no por efecto de apropiación sino de relación del propio horizonte con el del prójimo.

De lo anterior podríamos resaltar las siguientes características que nos ayudarán a redondear lo que entendemos por la relación Yo-Tú:

La relación Yo-Tú funda una (1) forma de existencia en el mundo. Se trata de entrar en (2) relación con la característica de la (3)  inmediatez, no existe una mediación en caso contrario se trataría de una objetivación del otro; el situarme frente al otro actualiza mi existencia y la del otro, en otras palabras la coloca en (4) el presente; el Tú tiene un (5) valor en sí mismo por tanto es único e irremplazable, (6) el ser humano es el único con el que el Yo puede establecer una relación de Tú en forma lingüística y (7)recíproca. Este ejercicio de relación le permite al hombre (8) trascender su individualidad para adquirir ese carácter de humano[14].

Yo-Ello

La relación Yo-Ello es complementaria a la relación Yo-Tú ya que ésta proporciona las herramientas para vivir en el mundo. Como comentábamos anteriormente Buber sugiere que la génesis del Yo tiene que ver con la distancia originaria que coloca al hombre respecto a su entorno como distinto y separado. El Yo surge en ese momento como el portador de las impresiones del mundo y el mundo se torna su objeto, sin embargo es solo hasta que el hombre pronuncia la palabra básica Yo-Ello que él se establece fuera de relación con el mundo, se hace consiente como sujeto del experimentar y usar.[15] Decir Yo-Ello se opone entonces a la palabra fundamental Yo-Tú en el momento en que esta palabra no permite situarse de frente al mundo y en relación, como lo haría la relación Yo-Tú,  sino que coloca al hombre ante las cosas.

Desde la relación Yo-Ello, el mundo es medible, pesable, adquiere una densidad numérica y fraccionable. El hombre obtiene la capacidad de experimentar las cosas, lo cual constituye el mundo del ello, y logra  su “conservación, la facilitación, y el equipamiento de la vida humana”[16] en la medida que utiliza les medios que requiere para lograrlo. En el mundo del Ello el conocimiento de la naturaleza y la causalidad se asocian dándole las herramientas al hombre para su manipulación y conservación en este mundo. Como bien menciona Buber el hombre no puede vivir sin el mundo del Ello, pero aquel que solo vive en el mundo del Ello no es ser humano.

Las palabras básicas Yo-Ello y Yo-Tú permiten el flujo de la vida humana, es una relación que se co-pertenece sin embargo una vez que el hombre comienza a ser atrapado por el mundo de la experiencia se adentra en el pasado perdiendo la posibilidad de encontrarse con el presente. Sin embargo Buber aclara que el hombre a pesar de adentrarse en el mundo del Ello siempre tendrá la posibilidad del encuentro y realizar una vez más el recorrido del Yo-Ello al Yo-Tú cuando en lugar de definir la relación a partir de una perspectiva utilitaria se pone de frente al otro en una relación de mutua reciprocidad. 

El diálogo para Buber va más allá del decir, es un acto que involucra una forma de ser en el mundo, la relación Yo-Tú. Decir Tú es decir Yo en relación, es esa reciprocidad de dones que cambia a cada uno de los actores. Decir Tú en el diálogo requiere de aceptar y recibir al otro en su diferencia, con la característica de que este tiene que ser un acto de ida y vuelta, un acto de reciprocidad. El hombre que entabla el diálogo no se posiciona frente a algo a manipular o un “objeto de algo”, sino en un “entre”, se coloca en relación con el otro, es por ello que diálogo es en principio relación y reconocimiento mutuo. Buber nos ayuda a distinguir este tipo de diálogo que el nombrará como autentico respecto al diálogo técnico y el aparente:[19]

  • 1. Diálogo Auténtico.- Cada uno de los participantes considera al Otro o a los Otros en su ser y ser-así y se dirige a ellos con la intención de que se funde una reciprocidad vital.
  • 2. Diálogo Técnico.- Sirve para entenderse objetivamente en el mundo del ELLO.
  • 3. Diálogo Aparente.- Cuando se le saca el disfraz, se lo descubre como monólogo.

Sin dejar de involucrar un ejercicio de encuentro se puede distinguir en estos tres tipos de diálogo una intensidad en la relación que a medida que se aleja del sentido del encuentro tiende a posicionarse en el mundo del Ello, mientras que el diálogo técnico dado su significado como orientador dentro del mundo del Ello manifiesta relación aunque con miras a convenir en un ámbito técnico, el diálogo aparente no es sino un devenir del discurso que no pretende nada más allá de un público de escucha, negándose a la apertura para recibir al otro y fundar el diálogo.  Es el diálogo auténtico el que permitirá al hombre adquirir el carácter de humano en el grado que este logre entablar relaciones de encuentro con el otro.

A partir de aquí cabe la pregunta en relación con la teoría de la palabra originaría Yo-Tú y Yo-Ello, ¿Qué pasa cuando el encuentro es entre dos personas o grupos de diferentes culturas? ¿Es posible el diálogo auténtico entre personas y grupos de culturas diferentes? De acuerdo a lo que nos propone Buber la relación no cambia, se trata de un acto de donación donde se acepta y se recibe el otro como Otro. “El verdadero diálogo, así como todo cumplimiento real de la relación entre hombres, significa aceptación de la alteridad.”[20]Sin importar la cultura de la cual venga él o los interlocutores para que la relación Yo-Tú sea posible es necesaria la disposición al encuentro, escucha y silencio frente a lo que el otro tiene que decir, por igual el otro responde en este ejercicio de reciprocidad en ese acto de escucha. Ser Otro es necesario para que ocurra el diálogo, a su vez se requiere de descubrir al Otro en lo que él me permite conocer de si en el encuentro.

Si dimensionamos lo anterior desde la óptica de la interculturalidad la relación tiene un sustento cultural, incluyendo el social e intersubjetivo, es por ello que el conocimiento en el ámbito intercultural adquiere una relevancia superior ya que este fungirá como base para poner en contexto a los interlocutores. Como bien menciona Lenkersdorf “no podemos conocer nada  a no ser que el sujeto por conocer se apropie de nosotros en el acto conocedor nuestro”[21]. El principio de interrelación continua aun en el acto cognitivo no se trata de un mero acto de apropiación es un acto de don que permite que el otro también conozca lo que Yo soy. Si trasladamos este acto cognitivo relacional al diálogo intercultural, es un acto donde las personas se reconocen en su diferencia y aprenden lo que el otro es y puede donar en el encuentro. La cultura del otro, en el diálogo autentico de Buber, puede resultar  un don en la medida que soy capaz de aceptar su otredad como un elemento que ayuda a reconfigurar mi horizonte cultural.

Como podemos ver la propuesta de diálogo de Buber no reconoce en la relación Yo-Tú un vínculo de poder o de dependencia en su sentido negativo, en caso de que lo hubiera estaríamos en presencia de una relación Yo-Ello, donde el otro se convierte en objeto de mi poder o de mi acción. Entonces, para aquellos actores que pretenden participar individualmente o como institución en un grupo sociocultural diferente  ¿Cómo sería idóneo adentrarse en el mundo del Tú de otra cultura? En parte la base de nuestra respuesta se sentará en un “conocimiento relacional”, no el conocimiento por sí mismo desvinculado y objetivador, sino fundado (con raíces) en la relación, se tratará de conocer la cultural del Otro para responder al Tú en su plena Otredad. No se trata únicamente de objetivar al Otro para entenderlo, sino de entrar en relación con su mundo cultural, entendiendo este acto como una forma de adentrarse en la mirada relacional del Otro, el descubrimiento del Tú de la cultura otra.

El ejercicio intercultural desde la palabra Yo-Tú implica entenderse a sí mismo como un Tú que tienen que conocer y hacer visible su marco cultural, apropiarse de su valor y significado, con el fin de ponerse en juego con el otro no desde la “anarquía relacional” sino desde el encuentro y diálogo de culturas, en lo que llamaría Buber una tensión espiritual o relacional. En otras palabras y ejemplificando en el caso específico de la Huasteca Hidalguense, significaría a las personas y representantes de cualquier institución que pretendan un encuentro verdadero con los pueblos originarios de la región, entrar en relación con la palabra nahua, otomí, tepehua (de lo humano) y los pueblos nahua, otomí, tepehua entrar en relación con la palabra (de lo humano) de las personas e instituciones mestizas. Lo anterior sugiere un ejercicio de aprendizaje y apropiación del propio espíritu[22], de la propia palabra. O dicho de otra manera, de un ejercicio de autodeterminación en diálogo con el otro.

Bibliogra
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1 agosto 2022 1 01 /08 /agosto /2022 12:41

CLAVES Y MISTERIOS DEL CLIMA Y DE LOS OCÉANOS DE NUESTRO AGREDIDO  PLANETA

 

 

“La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: todo son uno”.- Nan Sepherd

 

Leer en estos días los dos libros que en esta ocasión les recomiendo es un ejercicio de humildad y casi de reparación ética –si tal cosa fuera posible- para con el planeta que nos cobija y al que estamos, lastimosa pero porfiadamente, destruyendo. Tanto el del aventurero, explorador y naturalista Tristan Gooley (una especie de avatar de Indiana Jones) sobre “El mundo secreto del clima”, como el del biólogo marino Alex Rogers, oxfordiano asesor de las Naciones Unidas y de Greenpeace, “Misterios de las profundidades” (“Las maravillas ocultas de nuestros océanos y cómo protegerlas”), son libros cuya lectura y sola existencia constituyen un valioso testimonio para nuestra historia como especie, en las sombrías horas que están por venir, cuando es más que probable que la huella homicida del carbono y los combustibles fósiles acaben con el clima y los océanos tal como hasta ahora los conocíamos.

Ambos volúmenes editados por Ático de los Libros de una forma sencillamente formidable, profusamente sembrados de fotografías, dibujos e ilustraciones de todo tipo, dejan al lector –al menos a mí me ha ocurrido, mientras leía y, al margen  del libro, veía las imágenes televisivas de los inmensos incendios que asolaban nuestra tierra en ese mismo momento- con una sensación de amarga desolación, de estar asistiendo al principio del fin de una era en la que podían escribirse y publicarse libros como estos porque mostraban algo que aún existía tal como lo conocíamos históricamente….y ante lo que pensábamos que siempre tendríamos la posibilidad de conocerlos en vivo y en persona. Y también nuestros hijos y nietos. Pensar en que ese mundo está desapareciendo provoca tristeza y rabia, culpa como especie y rencor contra los intereses y personas que lo han propiciado.

El gráfico e impactante título del reportaje lo tomo prestado de una vieja, olvidada y deliciosa novela de Sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes y del profesor Challenger (el de “El mundo perdido”). En ella se nos describe como un experimento científico logra llegar al “corazón vivo” de nuestro planeta y éste reacciona como un ser ofendido y ultrajado. Y lanzó un alarido de dolor. Metafóricamente la Tierra está lanzando últimamente muchos alaridos: los incendios, la sequía, las pandemias, las tormentas e inundaciones… Como los antiguos griegos con “Gea”, el novelista inglés flirteaba con la idea de que la Tierra era un ser vivo al que se debía respeto y cuidado.

Esa ha sido siempre mi actitud ante la Naturaleza. Llevo medio siglo de dinámico trato con las montañas, los senderos y la vida al aire libre, así que el libro de Gooley ha sido un bello regalo para mí y lo será para cualquier persona curiosa por las cuestiones naturales: aunque quizá estemos viviendo el “Canto del cisne” de la Naturaleza del último siglo: nuestro autor dice al principio de su libro: “el clima se ha desvinculado de su hogar: la tierra”.

Gooley nos enseña a “mirar de cerca el paisaje”, a observar los pequeños detalles, zonas de sombra, vientos y brisas, la orientación de árboles, arbustos, colinas y montes; sin olvidar a los animales presentes en un momento dado, las plantas y las flores, los insectos, riachuelos y manantiales, fenómenos como granizo, lluvia y nieve, hongos y líquenes, la niebla y el maravilloso mundo de las nubes, sus formas, sus claves y la información que llevan consigo.”Cada fenómeno meteorológico puede descomponerse en estos tres ingredientes: calor, aire y agua” Y las nubes nos indican las variaciones del clima si sabes leer sus formas. “Si crecen en vertical, mucho más altas que anchas y no parecen alcanzar un tope, la atmósfera es inestable”. Para facilitarnos las cosas,  Gooley nos habla de los “siete patrones de oro” para conocer los cambios del tiempo a través de las nubes. Y reconocer las tres familias fundamentales: cirros, estratos y cúmulos. Y, naturalmente sus “primas”, cirroestratos, altoestratos, nimboestratos, cumulonimbos.

De vez en cuando Gooley se permite un momento de relajo y nos regala una experiencia propia, como el paseo por el Sahara  con un musulmán en pleno Ramadán y la delicia de los “hoodoos” (chimeneas de hadas)  y el terror (justificado, aunque muy irónico) del autor hacia los osos, que proporciona alguna que otra sana carcajada. Como dice nuestro autor: “el tiempo, sea amable o malicioso, moldea nuestra esencia y lo ha hecho desde el principio de nuestra historia”.

 

Y también nos ha moldeado el agua, el misterio de los mares y océanos. Esa es la materia de los sueños del biólogo Alex Rogers. Y en este libro sale a flote de entrada la necesidad urgente de proteger los océanos del planeta, ante el uso depredador que se hace de ellos, desde la pesca abusiva, a las prospecciones petrolíferas o de gas, o el vertido indiscriminado de tóxicos químicos o de plásticos –auténticas islas flotantes con la extensión de países- y microplásticos que envenenan a los peces y, siguiendo la cadena trófica, a los humanos.

Como se dice en el libro, la parte más profunda del océano es aún menos conocida que la Luna. En realidad no solo vivimos de espaldas a los océanos o usándolos de forma utilitarista sino que sigue siendo un lugar todavía no muy explorado por los científicos y alejado del interés y la atención de la mayoría de los seres humanos.

Hemos actuado de tal manera que en lugar de aprovechar la capacidad oceánica de ayudar en la lucha contra ese cambio, absorbiendo los excesos carbónicos  incompatibles con la vida, estamos provocando el agotamiento de esa capacidad, lo cual acelerará el proceso. Rogers nos informa de la sorpresa alarmante de haber encontrado microplásticos en lugares de las profundidades marinas que  han sido descubiertos recientemente por la nueva tecnología exploratoria. Lugares a los que jamás había llegado la criatura humana. Como escribe Rogers, “Dado que el conocimiento humano disminuye con la distancia a la costa, existe la tentación de creer que estas aguas profundas y oscuras no tienen vida y que podemos hacer lo que queramos con pocas perspectivas de daño. En los últimos 30 años he oído a los gobiernos y a las empresas vender esa tontería una y otra vez. Nada más lejos de la realidad, y cuanto más descubrimos sobre el océano, más comprendemos la importancia de la vida que contiene para el mantenimiento de nuestro ecosistema planetario, del que dependemos para sobrevivir”.

Desde las pozas irlandesas donde un niño, que luego sería un famoso biólogo marino, observaba la maravilla diversa de las criaturas marinas que vivían en una humilde charca rocosa junto al mar, hasta la defensa activa de la supervivencia de los corales (con éxitos tan sonados como detener las prospecciones petrolíferas de la Shell en aguas escocesas donde había colonias coralinas), la carrera profesional de Rogers se concentró en una defensa en distintos foros de la integridad de los océanos y la defensa de su variadísima fauna propia.

 Todo ese formidable currículum queda reflejado en los interesantísimos capítulos del libro. En el dedicado a la pesca de altura, donde condena inexorablemente los excesos salvajes de la industria pesquera mundial (sobre todo por el sistema de arrastre), pregunta irónicamente “¿Talarías un bosque para atrapar a los ciervos?”. En cuanto a su numantina defensa de los arrecifes, le dedica el capítulo 5 y lo titula “¿Cómo evitar la destrucción del ecosistema más emblemático del mundo?” Lo cierto es que el lector ni siquiera sospechaba la extraordinaria riqueza que atesoran los arrecifes, así como su labor en el vulnerable equilibrio homeostático del ecosistema marino.

 Quizá lo más alarmante es algo que ya nos es dolorosamente familiar: la premura, la urgencia y la escasez del tiempo que nos queda para tomar medidas antes de que el mal sea irreversible. Rogers nos cuenta cómo se va reduciendo el nivel de oxígeno en los océanos y una acidificación del mar que ya es 10 veces mayor que la peor registrada históricamente hasta el momento.

 

Pero el mundo sigue con la codiciosa ceguera neocapitalista al mando de la nave, mientras las temperaturas han subido 2,2 º C, sigue disminuyendo las capas de hielo en los Polos, aumenta el nivel del mar (9 centímetros desde 1993), se pierden millones de litros de agua potable por el deshielo, la sequía aumenta y se extiende, al igual que los incendios incontrolables y devastadores…¿Hasta cuando no nos percataremos que ya no se trata de encontrar remedios circunstanciales a estos problemas sino de cambiar radicalmente el estilo de vida que los ha causado?

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

FICHAS

EL MUNDO SECRETO DEL CLIMA.-Tristan Gooley.- Trad, Luz Achával Barral.- Ático de los Libros.- 399 págs.

MISTERIOS DE LAS PROFUNDIDADES.- Alex Rogers.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ático de los Libros.- 335 págs.

 

 

 

 

 

 

 

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17 abril 2022 7 17 /04 /abril /2022 09:42

Antonio Damasio es profesor de Psicología, Filosofía y Neurología en la Universidad de Southern California, (en Los Ángeles) y director del Instituto del Cerebro y la Creatividad.  y  sostiene que los sentimientos son la piedra angular de nuestra supervivencia, y se producen cuando el cerebro interpreta las emociones, que son señales del cuerpo que reacciona a estímulos externos —que nos ayudan a tomar decisiones—.

En su libro "Sentir y saber" que publicó en 2018, justo antes de la pandemia, vuelve a preguntarse como en 1994 en El error de Descartes: ¿somos criaturas que piensan y también sienten, o criaturas que sintiendo pueden pensar?

Para resumir un poco las tesis que se estudian en el libro, voy a aportar una serie de entrevistas realizadas a Damasio en diversos medios. 

El neurólogo, de origen portugués,  asegura que “Hay una profunda distinción, mas no oposición, entre el sentimiento y la razón. Los sentimientos no son percepciones convencionales del cuerpo, sino híbridos, están arraigados tanto en el cuerpo como en el cerebro; pasamos por la vida sintiendo o razonando, o ambos, según lo requieran las circunstancias”. Ello demuestra que  “Estamos gobernados por dos tipos de inteligencia, que dependen de dos sistemas cognitivos: la primera se basa en el razonamiento y la creatividad, y depende de la manipulación de patrones explícitos de información. La segunda, la de las emociones, es la de la competencia no explícita; es la variedad de inteligencia de la que la mayoría de los organismos vivos en la tierra han dependido —inclusive las bacterias—, y continúan dependiendo, para su supervivencia, y que escapa al escrutinio mental”. Por tanto, malos tiempos para la razón cartesiana, Damasio enfatiza el papel clave que desempeñan las emociones en la toma de decisiones. “En el lenguaje cotidiano usamos los términos indistintamente, esto muestra cuán estrechamente conectadas están las emociones con los sentimientos”. Y asegura “las emociones son reacciones complejas en el cuerpo ante determinados estímulos. Cuando tenemos miedo de algo, nuestro corazón se acelera, la boca se seca, la piel se pone pálida y los músculos se tensan; esta reacción emocional se produce de forma automática e inconsciente. En tanto que los sentimientos ocurren después de que nos damos cuenta en nuestro cerebro de tales cambios físicos, solo entonces experimentamos el sentimiento de miedo”. La región del cerebro en la que la emoción y la razón se acoplan es la corteza prefrontal.

Un conjunto de componentes del cerebro está a cargo de mapear los cambios que ocurren continuamente dentro del organismo; se conoce como el sistema nervioso interoceptivo o INS, por sus siglas en inglés. Estas características únicas del INS contribuyen a la producción de sentimientos, que ocurren cuando el cerebro lee los mapas y se hace evidente que se han registrado cambios emocionales a nivel de todo el organismo. No obstante, el mapeo nunca es exacto: el estrés, el miedo o el dolor alteran la manera en que interpretamos la información que le llega al cerebro de otras partes del organismo. Según Damasio, tendemos a dar prioridad a nuestro yo racional cuando se trata de tomar decisiones; sin embargo, las buenas decisiones son las que responden a las emociones que genera nuestro sistema interoceptivo. En un mundo ambiguo, nos ayuda a comprender sentimientos complejos y matizados, que a menudo están en conflicto con situaciones que la sociedad pinta como binarias. El afecto ambivalente es un fenómeno complejo que requiere múltiples niveles de procesamiento, donde se producen y finalmente se integran diferentes tipos de información.

Damasio añade: “Sigo fascinado por el hecho de que nuestros procesos regulatorios emocionales internos no solo preservan nuestras vidas, sino que, de hecho, dan forma a la creatividad. El sentimiento es una modalidad de conocimiento que viene con un aspecto musical, por así decir, con variación en el tiempo, de ahí la importancia de escuchar a nuestros sentimientos y de prestar atención a cómo se conectan con el cuerpo”. No obstante, perdemos mucho sentido común cuando se dañan nuestros sistemas emocionales; para sortear las luchas emocionales nos valemos de las emociones.

 "Para tener una mente hay que tener mapas. Creamos mapas y patrones. También para escuchar. Cuando usted escucha mi voz, en primer lugar, crea patrones auditivos para el lenguaje; las frases que yo digo en inglés su cerebro las convierte en conceptos no-lingüísticos. Yo hago una traducción de mis pensamientos al lenguaje inglés y usted hace una traducción del lenguaje inglés a sus pensamientos y, con suerte, los pensamientos que yo emito y los que usted interpreta serán aproximadamente coincidentes.

"Los sentidos son una cosa más simple, porque proceden de una interacción de tu cuerpo y tu sistema nervioso y básicamente se relacionan con estar bien o mal en relación con el estado de la vida en nuestro organismo.  Creo que nuestras mentes se están haciendo más rápidas y precisas, pero nos enfrentamos a muchos problemas: el primero es la supervivencia, hay muchas cosas pasando a nuestro alrededor, por ejemplo todo lo de las redes sociales está fuera de control, o el cambio climático. También nos enfrentamos a otros peligros en la posibilidad de una epidemia, etcétera. Lo primero que tenemos que hacer es sobrevivir, y luego tenemos otro tema que tiene que ver con la inteligencia artificial. Esta se está volviendo más y más autónoma, más y más precisa... ¡Incluso pese a no tener sentimientos.

 "Pero cuando estoy hambriento o sediento, mi cuerpo nota que no tiene suficientes calorías o la suficiente hidratación y se lo comunica inmediatamente al sistema nervioso, porque ambos actúan juntos, el uno y el otro. Siempre repito que lo que entendemos como consciencia no es el producto de un sistema nervioso: es el producto de un sistema nervioso contenido dentro de un cuerpo viviente. La mayor parte de la gente no piensa de esta forma, de toda la vida hemos oído que estudiando el cerebro obtendremos la solución al problema de 'de dónde viene la consciencia o la mente': yo digo que eso no es cierto, es una falsa impresión. No significa que no necesitemos al cerebro, pero la fuente de nuestra consciencia es esa interacción entre el sistema nervioso y el cuerpo. Un robot no tiene una vida. No pueden estar felices o infelices sobre algo, porque carecen de ese equilibrio. Los sentimientos siempre van de algo bueno o malo; puede ser felicidad o puede ser dolor, es bueno, malo o en el medio, pero siempre hay una modulación, es como la música.

 "Los virus realmente no están vivos, están en una situación intermedia en la que tienes un montón de material genético, ácidos nucleicos que, pese a que no están vivos, hay una clase de intención ahí que es obvia. Y la intención se explica en que es la única manera en la que pueden mantenerse, nos necesitan para continuar su —entre muchas comillas— existencia.Es muy interesante diferenciar entre organismos muy simples como virus y bacterias: esas sí están vivas; aunque muchas no tengan un núcleo, tienen un cuerpo y, además, poseen esta 'inteligencia encubierta' de la que hablo y creo que es la cosa más importante en este libro: comprender que a lo largo de la evolución hubo formas de previda como los virus —que, aunque pueden hacernos mucho daño, siguen sin estar vivos— a organismos como las bacterias, que sí están vivos, tienen homeostasis y una inteligencia que ellas mismas desconocen.Las bacterias, incluso en sus formas más simples, como las que hay en las plantas, están haciendo cosas inteligentes, pero de forma cubierta, implícita, no tienen medios para representar en sus mentes lo que está pasando en sus vidas. La aparición del sentimiento es el personaje protagonista de mi libro. La capacidad de sentir supone una explosión absoluta en la historia de la vida: otorga de repente a los organismos la posibilidad de saber sobre ellos mismos, los primeros organismos con la capacidad de sentir lo hicieron en forma de una necesidad básica: sed, hambre, dolor, bienestar... Estos son sentimientos fundamentales que nos están diciendo algo muy importante y nos permiten actuar de forma consciente, porque los sentimientos, para empezar, son conscientes.La parte más importante es que la gente comprenda que la consciencia no surge de los más elevados desarrollos de nuestro sistema nervioso, ni surge con el razonamiento, la visión o el lenguaje. No es así como funciona. La consciencia brotó en la historia de la evolución a través de los sentidos, a través de esos procesos fundamentales. Sentir es una especie de inauguración, porque a partir de ahí pasamos de tener solo inteligencias encubiertas a inteligencias abiertas que te indican lo que hacer.

"El lenguaje tiende a ser confuso al describir esas cosas. Por ejemplo, el 'sentir'. Si una bacteria siente algo, no quiere decir que sea consciente de ello. Puede estar en una zona donde la temperatura sea demasiado alta y su inteligencia encubierta ordene a la bacteria que se mueva hacia un sitio que sea menos nocivo para ella. Esta propiedad no es consciencia, no es un sentimiento, es 'sentir' pero con el sentido de 'detectar'. Pero, si usted y yo estuviéramos en una habitación donde la temperatura es demasiado elevada, sentiríamos —es decir, seríamos conscientes del hecho de que en la habitación hace mucho calor y vamos a hacer algo al respecto— y eso es otra jugada.Cuando hablamos de la mente, siempre lo hacemos a través de imágenes. Mientras hablamos, usted está en mi pantalla y yo estoy en la suya, estas son imágenes visuales, pero, al mismo tiempo, podemos hablar, y eso son imágenes auditivas. Todas estas imágenes que estamos produciendo del mundo que nos rodea están en nuestras mentes, pero para ser conscientes tienen que estar conectadas a los sentidos. Por tanto, 'consciencia', 'mente', 'sentidos' y 'detección' son cosas distintas.

 "Estamos constantemente afectados por nuestro pasado, cuando las cosas se desarrollaron de una cierta forma. Cuando quieres contarle a la gente tus ideas, tienes que dar muchísimas explicaciones para que te entiendan y no confundan las cosas. Antes hemos hablado de inteligencia en bacterias, a esto algunos responden 'oh, por tanto, son conscientes'. ¡No,no son conscientes! Lleva mucho tiempo y esfuerzo explicar que una criatura puede ser inteligente sin saber que lo es. Nosotros, en cambio, tenemos todas las inteligencias y tenemos la consciencia: sabemos que eso nos está pasando a nosotros. El instinto está en el lado encubierto. El instinto nos empuja en una cierta dirección. Por ejemplo, la atracción sexual es instintiva, no podemos controlarla a través de la consciencia. No es algo que tú hayas decidido, es algo que se ha decidido para ti a través del instinto. Es un buen ejemplo de este tipo de procesos encubiertos.

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31 marzo 2022 4 31 /03 /marzo /2022 09:30

Hay un punto de conexión entre el autor de este libro, Jordi Pigem y el de este artículo. El haber conocido y tratado a un pensador de primera categoría, un erudito que además seguía un camino de excelencia espiritual, Raimon Panikkar, al que conocí y admiré en su retiro de Tavertet.  Precisamente uno de los términos filosóficos conceptuales que Panikkar desarrolló, la ecosofía, que definía como una suerte de escucha de la Tierra a través de sus manifestaciones animadas o estáticas, es uno de los principios dinámicos filosóficos que instrumenta Pigem en  "Así habla la Tierra".

Se nos propone un viaje a través de citas de poetas, escritores y filósofos desde los taoístas o budistas, hasta la Grecia  y la Roma clásicas, y las joyas literarias, filosóficas, científicas y  y poéticas que nos han legado a través de los siglos. Pero el grueso del volumen lo ocupan los comentarios personales del autor, articulados como la voz de la Tierra, donde se explicitan las maravillas, riquezas y desafíos, peligros y carencias que el planeta y el Cosmos nos ofrecen a todos los que, con ojos para  ver y sensibilidad para apreciar, nos conmueve y enriquece la comunión con la Naturaleza.

Decía Platón en el "Timeo": "este Cosmos es un ser vivo, dotado de psique y del intelecto...un ser vivo, único, visible, que contiene dentro de sí a todos los seres vivos, que por su naturaleza son sus congéneres". Este es el fondo latente  de la cuestión que desarrolla el libro de Pigem, que también cita al malogrado Giordano Bruno que alarmó a la Inquisición con su percepción de que "el alma del mundo es el principio constitutivo formal del universo y de todo lo que el Universo contiene". Lo pagaría con la vida.

Dividido en tres partes, Origen, Ciclos de vida y luz y Ecos, el libro deja una sensación deliciosa de humildad y reconocimiento ante la grandeza de la Naturaleza, a la que el autor da la posibilidad de expresarse y lo que nos dice nos emociona, nos apena y nos alarma, La Tierra nos apostrofa: "Creéis que estáis solos en la cúspide del mundo, que sois los únicos que sienten y piensan, los únicos que cuentan. Pero el árbol que tocáis también siente vuestro tacto, la tierra que pisáis también siente vuestros pasos, el agua en la que os zambullís siente vuestros cuerpos, el aire que respiráis siente vuestro ánimo. No estáis solos". 

Con la metáfora de un día narrativo, la Tierra nos habla del amanecer en maravillosos lugares del mundo, Mediterráneo, África, España. Nos recuerda a Leonardo da Vinci o Melville. Voces de mentes geniales fascinadas por la Tierra. Ella nos habla de sus aguas, sus peces, sus rocas, sus hayedos, sus bosques, citando lugares y rincones, la vida cambiante del subsuelo, lleno de energía potencial, nuestra cuna (humanos, viene de humus, nos recuerda), Anaxágoras que cifra en la contemplación del cielo y los astros el propósito de la existencia; nos habla de los ríos, el Congo, el Nilo, el Indo, todo fluye , todo vibra. Como para Hermann Hesse, el río es la metáfora de la vida humana. Después habla de los océanos y sus trillones de millones  de bacterias, virus y especies de peces, que constituyeron la cuna del hombre. Amanece en La Graciosa, en Irlanda, en los altos del Garajonay, en Islandia o Groenlandia, la Antártida, el Caribe  y esa gigantesca y desconocida cordillera submarina que atraviesa todo el Atlántico y de la que únicamente vemos las Azores o Islandia o en unos de sus brazos que pasa por el Indico y sube al Golfo de Omán y va hacia el Pacífico hasta el golfo de California.

Pero la voz de la Tierra evocada por Pigem también nos recuerda que esos colores del amanecer global sacan destellos sobre centenares de kilómetros de residuos plásticos en el Atlántico Norte, que anochece sobre otra gran mancha en el Pacífico norte y que brilla la luna sobre otra semejante en el Pacífico Sur. Se queja la Tierra de las más de cien mil sustancias contaminantes creadas por el hombre que van agostando las tierras, los ríos y los océanos del mundo.

La voz de la Tierra compara, con aliento poético y rigor científico el paralelismo existente entre los ríos y sus vidas y cursos (también sus accidentes y enfermedades) con las de los humanos y también la existencia de los animales en relación con los humanos en una red de redes que imitó Internet en su momento. El día del Planeta pasa y el mediodía nos coge en el delta del Níger  y en el Ródano, con su corrupción ecológica que anuncia un colapso que ya está aquí: "sin nubes no hay agua/sin agua no hay vida/ sin vida no hay nubes", el circuito fatal de la crisis climática. Y nos recuerda también la Tierra la extinción imparable y progresiva de la biodiversidad, de los miles de especies que desaparecen cada día a todos los niveles de la bioesfera. "Todo está conectado" dice la voz de la tierra. "¿Creéis  que los organismos tienen fronteras? Los organismos tienen una existencia entrelazadas y vosotros sois comunidades simbióticas también. No hay vida sin ecosistemas". Y nosotros somos organismos entrelazados a todos aquellos a los que vamos extinguiendo. Es una cuestión de tiempo que nos llegue el turno,

Al final del libro, en Ecos, Pigem cita a su maestro Panikkar; "La vida no es un accidente que se adhiere a la materia...la Tierra es un ser vivo, el universo es un ser vivo, el cosmos entero está vivo...Es decir la realidad está viva". Resuena en esa venerada voz el eco de los budistas,taoístas y sabios griegos, los incontables y desconocidos maestros de culturas indígenas (la mayoría exterminadas) que vivían en simbiosis perfecta con la Naturaleza: "Puedes lanzarte al suelo y estirarte sobre la Madre Tierra, con la firme convicción de que eres uno con ella y ella contigo". (Erwin Schrödinger).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

ASÍ HABLA LA TIERRA.- Jordi Pigem.- Ed. Kairós.,135 págs.

 

 

 

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21 marzo 2022 1 21 /03 /marzo /2022 12:09

NOS ESTÁN CAMBIANDO EL MUNDO

Publicado en “la Comarca” el 18 abril 2022

Si usted, lector, tiene menos de 30  o 35 años no me entenderá, ni compartirá desde la nostalgia, las premisas que  el filósofo coreano de origen y alemán de adopción, Chul Han, desarrolla en un libro, “No cosas” que está creando desazón en los “jóvenes” de 50 años en adelante.  No por sus atrevidas observaciones y aún más radicales conclusiones, sino por el realismo con el que refleja la sociedad que nos está tocando vivir y la que nos espera a los que lleguen, si Putin no insiste en ser un “terminator” de tres al cuarto.

Vayamos a un ejemplo práctico: mis hijos y mucho menos mis nietos no comprenden en absoluto que guarde amorosamente los libros que ya he leído junto a los que no he leído y algunos que quizá no lea nunca, que los amontone en todos los huecos de la casa,  que los  siga comprando; que tenga discos de vinilo y cd's, videos y dvd's; que atesore miles de fotografías en blanco y negro y color en formato de papel o diapositiva; que tenga numerosos cuadros, esculturas, recuerdos de viajes, trajes, cacharros (como radios antiguas, proyectores de super 8, relojes de péndulo); que guarde los originales manuscritos de novelas, ensayos y artículos publicados, o no, durante toda mi vida; máquinas de escribir de los años 50 a los 70,  junto a viejos ordenadores; estilográficas y bolígrafos por decenas; libretas de muchos tamaños y agendas de hace decenios... y, aunque no lo crean, no esté diagnosticado de padecer el síndrome de Diógenes (apelativo injusto pues el cínico Diogenes fue un hombre nada apegado a las cosas).  Que sea feliz con todo eso y que también sea una fuente de inspiración y un goce difícil de definir.

Si Walter Benjamín levantara la cabeza ya no podría sostener que la relación de posesión es la más intensa que se puede tener con las cosas. Y esa relación de afecto, de fetichismo, sólo es posible en personas dotadas de una memoria vital que dudo tengan las nuevas generaciones,  para las que la vida es líquida, cambiante, acelerada y se basa en la información, en las experiencias. Lo digital carece de memoria , al fragmentar la vida cotidiana en numerosos bits. El fetichismo de los objetos, de las cosas, que nos evoca vivencias y etapas de la vida, empieza velozmente a desaparecer. Los nuevos habitantes de las redes sociales, que construyen sus vidas en torno a ellas, viven en el tiempo de las no-cosas.

Byung-Chul Han es uno de los filósofos más leídos en la actualidad. Nos habla de manera amena y atrevida, en casi todos sus libros, de la desmaterialización del mundo actual, la eliminación de lo físico, lo objetual, en nuestras vidas. Sigue las estelas del italiano Giorgio Agamben (el teórico de la “nuda vida” de los inmigrantes) el polaco Zygmunt  Bauman, (el de la “vida líquida”), el eslovaco Slavoj Zizek , el filósofo amigo de los chistes o el austriaco Peter Sloterdijk,  que fue “el joven airado” de la filosofía . Mientras que todo sea información, nos dicen estos autores, ésta seguirá haciendo desaparecer las cosas, puesto que la digitalización aboca a la desmaterialización del mundo. A más información, menos materia: un juego de suma cero. Un mundo digital no es un lugar para recuerdos y sí para datos. Hemos entrado en una era dominada por la infomanía, los megadatos y la hipertrofia de la información, lo cual tiene una lectura buena y otra que no lo es. Se trata de un camino lleno de incógnitas y no sabemos en qué va a desembocar. Es un cambio radical de paradigma, que no tiene precedentes y cuyo desenlace y etapas sólo podemos conjeturar. En los últimos veinte años la humanidad ha dado un salto cuántico en las formas de vida, los valores y costumbres, la moral y la ética.

No hay que esperar reversibilidad o arrepentimiento. Parece ser un camino de imposible retorno. Lo que venga, sea lo que sea, no tendrá apenas relación con lo que vivieron las generaciones del siglo XX y anteriores. El metaverso no nos recordará el pasado, vía archivos documentales. Sus algoritmos buscarán siempre elaborar lo nuevo. Pero algo hemos aprendido: las cosas materiales, que tanto habíamos rechazado, transmiten durabilidad y estabilidad, pues dan un sentido referencial a nuestra existencia. No somos seres digitales o virtuales, somos corporeidades físicas, en relación directa y homeostática con el medio ambiente y las fuerzas de la Naturaleza que nos condicionan de forma vital. Quizá el nuevo universo digital que nos engloba haga que nos importen menos las cosas, que no las tengamos en cuenta, con lo cual nuestra realidad pierde la firmeza y el sentido que ellas daban a nuestra vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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12 marzo 2022 6 12 /03 /marzo /2022 10:39

En este brillante y sorprendente libro del filósofo de la modernidad, el coreano Byung-Chul Han,  me he encontrado  con que, como de costumbre con este autor, me ha puesto negro sobre blanco una de las inquietudes cotidianas, sencilla y aparentemente triviales, que me asaltan por el simple hecho de vivir y comparar. Si usted, lector, tiene menos de 30  o 35 años no me entenderá ni compartirá, desde la nostalgia, las premisas que Chul Han desarrolla en este libro. Vayamos a un ejemplo práctico: mis hijos y mucho menos mis nietos no comprenden en absoluto que guarde amorosamente los libros que ya he leído junto a los que no he leido y quizá no lea nunca, que los amontone en todos los huecos de la casa,  que siga comprándolos. que tenga discos de vinilo y cd's, videos y dvd's, que atesore miles de fotografías en blanco y negro y color en formato de papel o diapositiva, que tenga numerosos cuadros, esculturas, recuerdos de viajes, trajes, cacharros (como radios antiguas, proyectores de super 8, relojes de péndulo, cuberterías y vajillas); que guarde los originales manuscritos de novelas, ensayos y artículos publicados, o no, durante toda mi vida, máquinas de escribir de los años cuarenta y sesenta junto a ordenadores; estilográficas y bolígrafos por decenas; libretas de muchos tamaños y agendas de hace decenios... y que no padezca el síndrome de Diógenes.  Que sea feliz con todo eso y alimente en mí recuerdos, dulces nostalgias y alguna tristeza. Y que también sea una fuente de inspiración y un goce difícil de definir que consiste en el "reencuentro" inesperado con una versión anterior, ya olvidada, de mi propio yo.

Si Walter Benjamin levantara la cabeza ya no podría sostener que la relación de posesión es la más intensa que se puede tener con las cosas. Y esa relación de afecto, de fetichismo, se percibe en personas dotadas de una memoria vital que dudo que tengan las nuevas generaciones para las que la vida se basa en la información, en las experiencias, puesto que lo digital carece de memoria al fragmentar en numerosas partes la vida. El fetichismo de los objetos, de las cosas, que nos evoca vivencias y etapas de la vida, empieza velozmente a desaparecer. Detrás de todas esas cosas que nos rodean de forma muy confortable hay historias y una narrativa de vivencias personales. Pero los nuevos habitantes de las redes sociales, que construyen sus vidas en todo a ellas, viven en el tiempo de las no-cosas.

Byung-Chul Han es uno de los filósofos más leídos en la actualidad en todo el planeta. Surcoreano, aunque residente desde hace décadas en Alemania es criticado por ser un filósofo accesible, fácil de leer y porque en muchos casos sus libros están configurados a partir de citas de otros filósofos como Barthes, Arendt, Benjamin o Martin Heidegger -cosa que, por cierto, hacen todos los filósofos: enanos subidos a hombros de gigantes, inevitablemente - en lugar de construir un "nuevo" sistema filosófico. En este libro Han nos habla de la desmaterialización del mundo actual, la eliminación de lo físico, lo objetual, en nuestras vidas. Mientras que todo sea información, ésta va a ir haciendo desaparecer las cosas, puesto que la digitalización aboca a la desmaterialización del mundo. A más información, menos materia: un juego de suma cero. Un mundo digital no es un lugar para recuerdos y sí para datos. Acabamos de iniciar una era dominada por la infomanía, los megadatos y la hipertrofia de la información, lo cual tiene una lectura buena y otra que no lo es. Empezando por la segunda, es un camino lleno de incógnitas y no sabemos en qué va a desembocar. Se trata de un cambio radical de paradigma, que no tiene precedentes y cuyo desenlace y etapas sólo podemos conjeturar. En los últimos veinte años la humanidad ha dado un salto cuántico en la forma de vida, los valores vigentes, la moral y la ética.

No hay que esperar reversibilidad o arrepentimiento. Parece ser un camino de imposible retorno. Lo que venga, sea lo que que sea, no tendrá apenas relación con lo que las generaciones del siglo XX vivieron . Ni siquiera el metaverso nos podrá informar, vía archivos documentales y algoritmos. Pero algo hemos aprendido: las cosas materiales, que tanto habíamos rechazado, transmiten durabilidad y estabilidad, pues dan un sentido referencial a nuestra existencia. No somos seres digitales o virtuales, somos corporeidades físicas, en relación directa y homeostática con el medio ambiente y las fuerzas de la Naturaleza que nos condicionan de forma vital. Quiza el nuevo universo digital que nos engloba haga que nos importen menos las cosas, que las tengamos menos en cuenta, con lo cual nuestra realidad pierde la firmeza y el sentido que las cosas proyectaban sobre nuestra vida.

Han nos dice  que para que poseamos algo es preciso que depositemos historia en ese algo, sino solo los usamos. Por eso, nos recuerda Benjamin, el coleccionista es una figura deseable y en trance de desaparecer, porque él confía a las cosas en un ultimo reducto donde se les despoja de su carácter de mercancía, de simple instrumento desechable y se les confiere una dignidad insoslayable que refleja nuestra propia dignidad, donde hay una historia, una belleza, unos rasgos de valor que están al margen del mercado y del precio.

Han, que a pesar de su pesimismo - bastante realista- tiene un ramalazo de ingenuidad, sugiere que sólo un giro romántico en el mundo y la debida re-materialización de la existencia, permitiría la vuelta de "lo otro" como valor intrínseco a la vida, esas cosas "con alma" con las que establecemos una relación cordial y profunda hasta integrarlas en nuestro universo personal, que se enriquecería con ello. Se trata de darles un significante "doméstico", un prurito de identificación por amor que se hace fuerte y sólido con el paso del tiempo (hablamos de "nuestra" pipa, "nuestra" máquina de escribir, "nuestra" pluma habituada al tacto de nuestra mano, etc.) Y este "domesticar" los objetos que nos constituyen de una forma algo mística, se repite con los "rituales" que en la vida pretérita daba ritmo y sentido cósmico a nuestra existencia: la vida sin repeticiones se convierte en algo líquido, fugaz. Los rituales  son arquitecturas del tiempo.

La "atención sin intención" es otra de  las sugerencias de Han que nos muestra el rechazo al principio básico de la información virtual: siempre es intencionada. Y ello nos hace perder la costumbre de poder  hacer una observación detallada de algo en un entorno estable. Y una observación libre de la demagogia virtual que busca siempre comunicar algo, instruir con una intención (política, moral o social). La virtualidad, por ejemplo en el arte, carece de la emoción primaria del contacto personal y directo. La pantalla como intermediario habitual de nuestra emociones áticas o estéticas, aplana, trivializa o banaliza la obra de arte.

FICHA

NO COSAS, quiebras del mundo de hoy.- Byung-Chul Han.- Trad. Joaquín Chamorro.- Ed. Taurus.- 139 págs.

 
 
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5 marzo 2022 6 05 /03 /marzo /2022 10:59

 

Pensar que, dado que Sherlock Holmes es un personaje de ficción, no se puede aprender nada de él y su sistema peculiar de pensamiento y deducción, es tan ridículo como tratar de ignorar que Ulises, el héroe griego, es un referente cultural para toda la humanidad más o menos cultivada y que sus aventuras y su personalidad ha enriquecido el acervo cultural durante más de 24 siglos. Holmes, creado por la inteligente mente de sir Arthur Conan Doyle, tuvo una fuente real en la vida de su creador, Sir Arthur confesó muy tempranamente que su criatura era una copia literaria de un profesor suyo de la Facultad de Medicina, el Dr. Joseph Bell, al cual debía todos las admirables cualidades detectivescas con las que dotó a Holmes. Para dar más comprensión a la eficacia del sistema de pensamiento y deducción de  Holmes, el novelista utilizó los métodos del detective en la vida real con un doble éxito criminalista: demostró con deducciones e inferencias que dos personas condenadas injustamente eran inocentes.  .

 La primera edición de este libro es de junio de 2013 y, en realidad está basado en una serie de artículos que la autora publicó en 'Big Think' y 'Scientific American'. Maria Konnikova, es una psicóloga y periodista experta en cuestiones de neurociencia, pensamiento lógico y creativo y una especial habilidad para sacar una utilidad práctica y cotidiana a los principios y técnicas mentales  que optimizan el funcionamiento del cerebro. El uso de la figura literaria de Holmes es un habilidoso detalle imaginativo que permite que el lector se familiarice con tácticas de pensamiento y observación que pueden mejorar la eficacia del cerebro en todos los aspectos de la vida.

Comparto con la autora la afición por Holmes y me encanta su pedagógica habilidad de mostrar de forma evidente la eficiencia de los mecanismos mentales que usa el detective y que la Konnikova explicita para que también se acostumbre a usarlos el lector. Como psicólogo también aplaudo la claridad  e idoneidad de las explicaciones psicotécnicas utilizadas. El rigor eficaz del pensamiento de Holmes está basado, como no puede ser menos, en una observación atenta y no afectada por sesgos emocionales o egoicos; la inferencia y la deducción. Como cuenta Konnikova el método científico empieza - ya desde la antigüedad griega- con una atenta y objetiva observación de los fenómenos naturales, se va acumulando una amplia base de datos y conocimientos y apoyado en una comprensión de los hechos y los contornos del problema que se estudia, se descarta todo lo imposible y lo que queda, por improbable que pueda ser, es la solución de nuestra duda. Y es que para Holmes, el escepticismo inicial -nada se acepta porque sí- y una mentalidad inquisitiva, paciente  y curiosa en relación con el mundo, es la actitud que nos evitará errores de juicio y apreciación.

Pero sin animo de hacer "spoiler" e insistiendo en la recomendación de que adquieran este libro y lo lean (se lo va a pasar "pipa" como dice mi hija) me permite dejarles esté largo párrafo del libro como conclusión.

"En el fragmento que sigue el detective explica al doctor la diferencia entre ver y observar:

—Usted ve, pero no observa. La diferencia es evidente. Por ejemplo, usted habrá visto muchas veces los escalones que llevan desde la entrada hasta esta habitación. ¿Cuántos escalones hay?

—¿Cuántos? No lo sé.

—¿Lo ve? No se ha fijado. Y eso que lo ha visto. A eso me refería. Ahora bien, yo sé que hay diecisiete escalones, porque no solo he visto, sino que he observado.

Este truco carece de verdadera importancia, pero tiene unas implicaciones muy profundas si nos paramos a considerar qué es lo que lo hizo posible. Es precisamente este truco el que me inspiró para escribir un libro en honor de Holmes.

¿Cuántos pensamientos entran y salen de nuestra mente sin que nos detengamos a identificarlos? ¿Cuántas ideas e intuiciones nos hemos perdido porque no les hemos prestado atención? ¿Cuántas decisiones hemos tomado y cuántos juicios hemos hecho sin saber cómo o por qué, impulsados por algún automatismo interno de cuya existencia solo somos vagamente conscientes? ¿Cuántos días han tenido que pasar hasta que, de repente, nos preguntamos qué hemos hecho exactamente y cómo hemos llegado hasta aquí?

El objetivo de este libro ha sido ayudarle a reflexionar sobre todas estas respuestas. Hoy más que nunca es necesario contar con una metodología como la de Holmes para examinar y explicar los pasos necesarios para desarrollar unos hábitos de pensamiento que nos permitan conectar con nosotros mismos y con nuestro mundo de una manera consciente y natural".

FICHA

¿CÓMO PENSAR COMO SHERLOCK HOLMES?.- Maria Konnikova.- Trad. Genís Sánchez.- Ed. Paidós.- 285 págs.


 

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19 febrero 2022 6 19 /02 /febrero /2022 19:32

El agua es un elemento esencial de la vida. "El agua es vida y es de todos", pregonan desde la ONU a todo el planeta. Nuestro propio cuerpo tiene un elevadísimo porcentaje de agua y ello nos hace especialmente sensibles a su carencia. Los excesos y los abusos e ignorancias que provienen de la cultura irresponsable y consumista del siglo XXI, comienzan a producir los efectos perniciosos de dos fenómenos unidos entre sí, las sequías, la desertización creciente y los diluvios, con su secuelas de inundaciones y catástrofes. El deshielo progresivo en los Polos, el aumento del nivel del mar en todo el planeta y fenómenos contaminantes como la Gran Mancha de Basura del Pacífico que tiene una superficie superior a España, Francia y Alemania juntas, son alertas estimables para toda persona consciente. Para mentalizarnos del protagonismo natural en la vida del hombre de ese preciado elemento he escogido tres libros que simbolizan tres actitudes y puntos de vista interesantes, aleccionadores y, para mayor deleite del lector, llenos de una cierta sabiduría. Una actitud que que debería impartirse desde las guarderías en la educación de los hombres y mujeres de este siglo preocupante. Se trata de un ensayo, donde el viaje, la búsqueda y la mirada lírica, técnica o naturalista dan una pátina literaria muy atractiva. "Cómo leer el agua" de Tristan Gooley, que edita Ático de los Libros es el título que les recomiendo.

Tristan Gooley, que gasta sombrero a lo Indiana Jones, aunque cuando estuvo en Barcelona llevaba una gorra con cierto aire a la que usaba Sherlock Holmes en algunas películas antiguas, es un hombre-orquesta cultural y deportivo. A un caminante compulsivo como yo, le sugiere Gooley oleadas fraternales de sana envidia: no sólo por su magnífica forma física, sino por el acervo naturalista de conocimientos y experiencias. Nuestro hombre tiene en su haber un libro (aún no traducido), "Natural navigator" en el que tiende su mirada metafórica, atenta e inteligente a la vida humana en las metrópolis, aplicando parámetros filosóficos, biológicos, históricos, sociales y de supervivencia.

 Tristan, que rebasa un poco los cuarenta pero exhibe en su prosa un entusiasmo vital veinteañero y una noción básica de que en la vida es más importante el camino que el destino,  en su libro "Cómo leer el agua" nos cuenta que durante muchos años ha navegado y ha buscado e investigado sobre la relación del hombre con el agua, para asegurarnos que podemos llegar a "leer" en un charco de lluvia el lenguaje del líquido vital con tanta precisión como en el Pacífico o en el Ebro o en los colores de un arco iris. Como todo amante de la Naturaleza, Gooley nos habla de emociones, lirismo y espiritualidad asociados a las interminables llanuras ondulantes del océano, el fragor del arroyo de montaña o la calma zen de un lago en las cumbres suizas (con la sabiduría añadida de recordarnos que el auténtico reto, la prueba "del algodón" es sentir el mismo amor por el entorno mientras caminas por el Everest o lo haces por la bella y familiar montaña de tu pueblo).

Siguiendo a los polinesios, grandes navegantes pero también minuciosos observadores de todo lo que tiene relación con las aguas, de la enorme complejidad que oculta su soberana sencillez, Gooley nos va enfatizando “las singularidades, los signos y los indicios del agua en sí". Nuestro autor empieza por lo más banal, una gota resbalando por el cristal de una ventana o un vaso de agua en tu hogar o el charco que la lluvia ha creado en el borde de un camino (o nos habla del "petricor" ese inconfundible aroma que genera la lluvia al caer sobre el monte o los campos tras una temporada de sequía). Pasar de lo mínimo a lo máximo, del microcosmos escondido en un estanque hasta el macrocosmos del Atlántico y la relación de todo ello con la atmósfera, las nubes, las corrientes de aire, el calor del sol, el frío, la interrelación de todo en Todo y el frágil equilibro de nuestro entorno planetario, tantas veces violado. El mensaje ecológico de este libro no es autoritario y censor, no nos dice lo que "debemos hacer", lo que hacemos mal, toma un camino taoísta y muy inteligente: enseñemos a la gente a amar y respetar la Naturaleza, desde niños: no tardaremos en empezar a cuidar de ella de forma general e indiscriminada.  Este hombre, que ha cruzado dos veces el Atlántico, una vez en avioneta y otra en barco, está familiarizado con la presencia del riesgo y la muerte y los integra en sus actividades con la misma naturalidad con la que busca "pistas, señales y patrones físicos" en cualquier superficie de agua, quizá para gozar de la habilidad del "isharat" con la que los antiguos marinos árabes designaban el área de conocimientos que permite leer las señales físicas en el agua y que Gooley comparte con el lector en su libro.

FICHA

CÓMO LEER EL AGUA.- Tristan Gooley.-trad. Víctor Ruíz.- Ed. Ático de los libros.-2018. 424 págs.

 

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