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12 enero 2023 4 12 /01 /enero /2023 16:03

LOGOI 284

CHATGPT-HAL9000

Publicado en La Comarca el10012023

¡Menuda ensalada de siglas y números! Los aficionados al cine ya estarán a la expectativa. Han reconocido en Hal9000 la computadora obstinada y letal de la película de Kubrick, “2001, una odisea espacial”, basada en un relato de Arthur Clarke. El célebre autor profetizó la existencia de computadoras que, aunque facilitaban grandemente el trabajo humano y nos sustituían con eficacia en las actividades rutinarias, podrían llegar a convertirse en un problema agudo que cuestionaría si debían seguir siendo usadas o desconectadas.

Como en tantas ocasiones ocurrirá en el mundo de las nuevas tecnologías, eso ya ha sucedido. La ChatGPT es un “chatbot” creado por la empresa OpenAI (Inteligencia artificial en abierto) que mantiene conversaciones con los humanos, realiza tareas escolares, crea textos, simula trabajos de examen y da respuestas rápidas a las preguntas y dudas que se le consultan. Genial para cualquier estudiante que no quiera esforzarse demasiado. ¿Cuál es el problema? Varios, en realidad. Desde que dificulta la generación y desarrollo del pensamiento crítico en el alumno, hasta que da respuestas fáciles pero erróneas, la corrección de los contenidos generados no es segura, ni la privacidad del usuario tampoco.

Las autoridades educativas de la ciudad de Nueva York han sido las primeros en prohibir el uso del ChatGPT en los centros de enseñanza porque “incentiva el abuso, la falsedad y la desinformación en los alumnos y tiene un impacto negativo en el aprendizaje, ya que puede generar una información incorrecta, tendenciosa o falsa”.

El periodista de La Vanguardia, Enric Sierra, ha preguntado al robot si  considera los riesgos de su uso. Éste respondió que admitía la posibilidad de producir desinformación, contenido inapropiado y problemas de privacidad. Pero que no debía prohibirse su uso, sino más bien fomentar la educación en los usuarios en la que se les aleccione sobre el uso responsable de esta tecnología, con medidas de seguridad adecuadas. Sin olvidar la ética precisa, principios y valores humanos que exige el interactuar con una máquina. No le falta lógica a ChatGPT.

Quizá va siendo hora de   que los expertos diseñen un código deontológico para regir no sólo las relaciones entre los individuos y las máquinas, sino la responsabilidad de los seres humanos en el uso de la tecnología informativa y performativa (que induce a una acción determinada) de las Redes y Sistemas, las cuales ya nos influencian de múltiples maneras a través, por ejemplo, de logaritmos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 enero 2023 4 05 /01 /enero /2023 18:37

OBSERVATORIO POLITICO INTERNACIONAL

 

“…Y DIOS PARECÍA DORMIDO.”

Los que nos dedicamos a analizar el pulso vital de nuestro mundo no nos ponemos de acuerdo, como suele suceder. Hay quienes, no sin motivos, hacen sonar las trompetas del  “Armageddon”  apocalíptico; están los profesionales del optimismo humano-tecnológico,  que reconocen  la cosa va mal, pero que hay que confiar en el “efecto resiliencia” humano y en la “varita mágica” de la alta tecnología. Y quedan los que llevamos décadas usando los razonamientos de Pirrón, el escéptico, para intentar comprender el alcance y efectos de la deformación más común y visible en los asuntos humanos, la estupidez.

Este comentarista es poco dado a entrar en cuestiones eclesiásticas y religiosas, pero con  Benedicto XVI, el recién fallecido Papa emérito, se produjo - “a posteriori” de su renuncia- un “descubrimiento” de la calidad humana y ética del estricto obispo alemán. Una significativa frase de su escrito de renuncia me parece  adecuada para definir el pasado 2022: “Hubo días de sol y ligera brisa, pero muchos otros en los que las aguas bajaban agitadas, el viento soplaba en contra  y Dios parecía dormido”. El caso es que a tenor de lo que se nos anuncia para este 2023, “Dios parece seguir dormido”. Y está claro que cuando los dioses duermen, los humanos hacemos locuras.

Recordemos aquello que decía John M. Keynes, “Lo inevitable nunca sucede y lo inesperado ocurre constantemente”. Y si no que se lo pregunten a los directores de grandes medios de referencia, como el “Financial Times”, el “The Economist” o el “Washington Post”. En sus predicciones sobre 2022, la realidad ha sido más catastrófica que sus pronósticos: desde la guerra de Ucrania, considerada improbable por sesudos analistas, que simplemente aplicaban el sentido común, (claro que Putin se guía por otro tipo de sentidos),  hasta la invasión de las criptomonedas o que la covid  sería controlada y no habría mutaciones mortales del virus. Lo que sí ha quedado claro es la vulnerabilidad y escasa eficacia de las instituciones internacionales para prever y hacer frente a los grandes desastres, sean económicos, bélicos o naturales.

La conferencia por la crisis climática de Egipto demostró que no se respeta la regla de oro de la economía política internacional: los riesgos son mensurables y es preciso prevenirse contra ellos en cuanto empiezan a ser evidentes. Se apuesta por la “varita mágica” de la tecnología, olvidando lo que repetía a menudo el filósofo y científico Karl Popper cuando le hablaban de los grandes avances técnicos en su rama de conocimientos, “los  avances no pueden predecirse pues, de ser así, los próximos inventos ya se habrían inventado”. Puro sentido común. No hagamos pues previsiones. Examinemos sin ánimo exhaustivo algunos de los problemas que tenemos planteados este 2023, un año con cierta “mala sombra”.

La crisis climática es uno de los mayores fracasos de la gestión política internacional de la ecología ambiental. Nos acercamos inexorablemente al límite del aumento de temperaturas, aunque incluso los niños de primaria saben lo que puede llegar a suceder: se ha priorizado la lógica capitalista del beneficio y se trata de evitar el enorme desafío social, económico y político que supone cambiar el estilo de consumo sin límites al que nos han acostumbrado en los últimos decenios a los ciudadanos de las sociedades “que cuentan”, es decir, la de los países del occidente rico, a los que ya se unen China y la India, por ejemplo.

No hablemos pues de hambrunas, de las veinte y pico de guerras locales que siguen desatadas, de los millones de refugiados,  de la brutal contaminación de mares y ríos. Pasemos de refilón por la peligrosísima y enquistada  guerra de Ucrania. Con tan posible solución y tan difícil arreglo: aplicar una lógica política y territorial del “todos perdemos algo” e imponer unos acuerdos y seguridades donde se ceda por las partes en conflicto (Rusia y Estados Unidos, los verdaderos rivales, la UE y Ucrania) y se olviden las rivalidades hegemónicas (China), en un concierto común para afrontar los problemas de todos. ¿Política ficción?  Tal vez. Pero piensen que desde 1945 nunca una guerra ceñida a un único Estado ha tenido tantas y variadas repercusiones negativas para el resto del planeta: todos los problemas existentes ya antes, se han agravado y…por añadidura, se pueden agravar más o, en un salto al vacío, hacer intervenir la baza nuclear.

Ya estamos padeciendo aquello que “The Economist” ha calificado con el neologismo de “permacrisis”:  “un prolongado período de inestabilidad e inseguridad” en todos los sectores. Parece que Dios, más que dormirse, se ha ido de vacaciones, hastiado del griterío ensordecedor de los humanos, rabiosos y asustados. Debe articularse un nuevo orden mundial que ponga las piezas en su sitio: lo malo es la poca clase que tienen los líderes que padecemos.

Pero volviendo a las amenazas vigentes con componentes catastróficos, escojamos una, por falta de espacio material: la falta de agua. Un célebre analista francés escribió  en “L’Express” un profético artículo sobre un tema que entonces –años 70 del pasado siglo- podía considerarse una especulación de ficción futurista: las próximas guerras no serían por el dominio de los pozos petrolíferos de Oriente medio o Asia, sino por la supremacía en el control de un recurso vital: el agua. En aquellos años nadie imaginaba –a no ser en pesadillas- que la contaminación de los gases con efecto invernadero llevaría a una crisis climática. Y que uno de los efectos de dicha crisis serían olas de calor tan duraderas y arrasadoras que extenderían la sequía por zonas cada vez más amplias en los cinco continentes.  ¿Quién podía pensar entonces que veríamos derretirse los glaciares y los hielos ancestrales del polo Norte? Los pantanos se vacían. Las cosechas se pierden y de vez en cuando se producen lluvias torrenciales que devastan cultivos y arrasan infraestructuras.

La crisis hídrica es otro de los fantasmas que –como en el “Cuento de Navidad” de Dickens—nos visitan para recordarnos que somos unos Scrooge  sin conciencia planetaria y nos merecemos lo que nos viene encima. Aunque la Asamblea General de la ONU propone que el año 2023 sea declarado Año del Agua y convoca para los días 22 al 24 de marzo una Conferencia Mundial del Agua. Dado lo visto en Conferencias internacionales anteriores, no es precisamente algo esperanzador. En la de Egipto sobre el Cambio Climático se reunieron miles de delegados que llegaron al país desde todo el mundo en casi 500 contaminantes aviones, para discutir hasta la última madrugada un acuerdo que aplazaba de nuevo cualquier medida efectiva sobre control de emisiones de gases nocivos –como los de los aviones y automóviles-  hasta la próxima reunión.

Es preciso comprender algo que desde los egipcios y los griegos antiguos se consideraba una de las verdades básicas para la supervivencia humana: todo está conectado. Decía Heráclito que “todo está lleno de dioses” y, por tanto, debemos  respetar el agua, el suelo, el aire, los animales, los vegetales, las montañas y las profundidades de la tierra y los océanos. Por tanto, la crisis climática, la energética, la alimentaria, las guerras que libramos, las agresiones a los bosques, las aguas y sus peces, los animales todos, incluidos pájaros, insectos y hasta lombrices y gusanos, forman parte de la agresión a un Todo que arrasamos con nuestras actividades y nuestra codicia. Ello supone que ese Todo y nosotros formamos parte de un mismo sistema en red, tan interrelacionado entre sí, que cualquier devastación de cada uno de esos elementos de la Naturaleza, repercute de una manera directa o indirecta, aunque difícil de evaluar en muchos casos, en el resto, causando aniquilaciones de especies enteras, como en un desolador efecto dominó de demolición planetaria. Si falta agua y hay sequía, disminuirá la energía hidráulica, producirá falta de alimentos, hay que recurrir a las energías fósiles que agravan el problema climático. Y si la sequía se agudiza, habrá dificultades progresivas de acceso al agua potable de poblaciones enteras. Comprendamos que urgen medidas de optimización de infraestructuras y saneamientos (es escandalosa la pérdida diaria de millones de litros de agua potable debido a malas canalizaciones urbanas y rurales)  y un control riguroso de los acuíferos y aguas subterráneas para evitar su contaminación y mal aprovechamiento.

Ante un panorama como el que les he mostrado –sin analizar otros problemas, por falta de espacio y de ánimo- hablarles de las expectativas de este lamentable Patio de Monipodio que es la política española, sería un poco masoquista, por lo que seré breve. Además de los males propios de nuestra catadura política y su mala educación y agresividad, están los problemas sobrevenidos por las anteriores crisis analizadas. El señor Sánchez habla de un 2023 “intenso”, no sólo por la suma de elecciones en el país, municipales, autonómicas y generales, sino por el hecho de que existe una descalificación total mutua entre el Gobierno y la oposición (a río revuelto, ganancia de los pescadores ultras). Y se puede objetar racionalmente que las más de 190 leyes y 3 presupuestos aprobados no nos aseguran más eficacia operativa, aunque sí más demagogia populista y acoso y derribo en el Congreso. Y eso a pesar de que con dos acontecimientos como la pandemia y la guerra de Ucrania, el país está aguantando bastante bien, si no fuera por el sobresalto permanente al que se somete a menudo a la democracia en España: desde la reforma por la malversación, el vergonzante caso del Constitucional o los “arreglos” que no han deshecho el nudo gordiano de Cataluña y su fallido “procés”, que aún colea. Eso sin mencionar el asunto de la valla de Melilla o del “donde dije digo, digo Diego…” del Sáhara. Y para aumentar el despropósito político, sin  que exista una oposición digna de ese nombre, dedicada a labores de derribo y descrédito, en lugar de diseñar y presentar una alternativa lógica, preparada y racional, sin insultos ni descalificaciones, para hacer política de verdad dentro de un marco institucional democrático y respetuoso, sin rupturas de la cohesión del país y sin cataclismos políticos y sociales. ¡Vaya con el 2023! Quizá éste logre despertar a Dios.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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25 noviembre 2022 5 25 /11 /noviembre /2022 17:07

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

NO HAY VOLUNTAD POLÍTICA NI ECONÓMICA DE FRENAR LA CRISIS CLIMÁTICA

 

Los manifestantes pedían en sus carteles: “No nos falléis”. El mundo consciente de la crisis dice hoy, “Nos habéis fallado, una vez más”

 

Hasta altas horas de la madrugada del domingo 20 de noviembre, los delegados de los 198 Estados participantes trataban de encontrar un acuerdo unánime, una decisión ómnibus, que les permitiera “salvar la cara” ante el presumible fiasco de la 27º Conferencia de las Partes (COP27), órgano superior de la Convención Marco de las N.U. sobre el Cambio Climático, celebrada en el enclave turístico egipcio de Sharm-El-Sheikh. Los asistentes lograron un acuerdo de última hora, pero no sobre la necesidad de reducir la emisión de gases y arrinconar los combustibles fósiles para limitar el incremento  de la temperatura global por encima de los fatídicos 1,5 º Celsius, sino para crear un futuro fondo de “pérdidas y daños” para los países en desarrollo que padecen los efectos y no generaron las causas. Por lo tanto el cartel de los jóvenes manifestantes en  Sharm el Sheij, “Don’t fail us” (No nos falléis) debería sustituirse  por otro que dijera “You have failed us, once again” (Nos habéis fallado, una vez más).

El acuerdo de la COP27 –y aún gracias-  sólo recogía la creación de dicho fondo. Mientras, Estados Unidos, la UE, China, India o Brasil  aplazarían las precisas y urgentes medidas de dejar de contaminar –y calentar- más y mejor al planeta. La deuda histórica de Occidente en la crisis climática no parece pesar lo más lo más mínimo en la toma de decisiones…y el reloj entrópico sigue su marcha, mientras occidente –y los países de la OPEP- miran hacia la una merma de los beneficios del capital en lugar de aceptar la necesidad perentoria de restringir al máximo la emisión de gases de efecto invernadero. Recordemos que se han celebrado 26 COP desde 1990 y, a pesar de ello, las emisiones han aumentado un 50%. En esta cumbre, más de 600 representantes de los lobbies de los combustibles fósiles han torpedeado un supuesto consenso político hasta en los pasillos. Mientras los negacionistas,  alimentados por los petro o gaso-dólares,  o por la ignorancia y la estupidez, siguen “creyendo” que lo del cambio climático es una “fake news” como lo es la redondez del planeta e ignoran las olas de calor en pleno otoño, los incendios que arrasan miles de hectáreas, las inundaciones  bíblicas como la de Pakistán o la sequía brutal del sur de Europa y África, como si  fueran desastres cíclicos “naturales”.

Y, sin embargo, como diría  un cínico usando la frase atribuida a Galileo Galilei, la cosa “e pur si muove”, la lucha contra la crisis climática, a pesar de todo, sigue avanzando, lenta, inútil,  pero perceptiblemente. Y así seguirá hasta que una catástrofe brutal de alto nivel planetario nos castigue a justos y réprobos y muestre que la Naturaleza no se anda con bromas. Entonces todo será correr y echar mano del bisturí. Lo habitual en la Naturaleza es que tarda muchísimo en saturarse --incluso, antes va poniendo algún que otro remedio natural-- pero cuando lo hace, no le vayas con remedios de larga duración o con parches: exige soluciones totales e inmediatas y se cura con gran lentitud. En ese proceso se abarcan muchísimas generaciones de humanos, en condiciones muy precarias, caso de que queden algunos.

 

Por eso debemos destacar que el Plan de Implementación de Sharm-el-Sheikh  reconoce el derecho a un medio ambiente adecuado en el planeta que irónicamente proclamó la Asamblea General de la ONU del pasado 28 de julio. También cuantifica en 4 billones de dólares anuales la inversión necesaria para el despliegue de renovables hasta 2030, a fin de lograr emisiones netas cero en 2050, además de casi 6 billones de dólares para que los países en desarrollo apliquen planes de acción climática. Eso no deja de ser un avance contable, el único proceso multilateral que existe, siquiera sea teórico por  el momento,  para hacer frente al desastre climático. Sumemos a ello el fondo para pérdidas y daños. Es una forma de reconocer internacionalmente que Occidente es bastante responsable de lo que ocurre. También en otros foros internacionales y, sobre todo, en sectores de la sociedad civil  de casi todos los países, se impulsa una acción planetaria para evitar la catástrofe climática. Apuntemos todo esto como algo esperanzador.

Bien, las intenciones son buenas. Pero pongamos hilo a la aguja. ¿Qué países contribuirán, cuánto cada uno de ellos, cuándo y cómo se distribuirán esos fondos para que sean eficaces y no se pierdan entre la corrupción y la inoperancia, quiénes vigilarán y cómo esa distribución, qué objetivos perseguirán y cómo se controlará la corrección y eficacia práctica de esos aportes en lugares concretos? ¿No ahogaremos al recién nacido con la peste burocrática de propios y ajenos?

 ¿No les parece que dentro de unos siglos los observadores –si los hay- que busquen en la historia del pasado la razón de los errores cometidos, nos colocarán a todos los gobiernos y ciudadanos  occidentales de la primera mitad del siglo XXI  a la misma altura de inconsciencia  de aquéllos congresistas de la Viena de un siglo antes, que no supieron ver el alcance de los horrores que les esperaban (la II Guerra Mundial),  al doblar la esquina de los años 30 del siglo XX?

Aún así, seamos justos. En Sharm el Sheij se ha mejorado algo, al menos sobre el papel. Ese acuerdo, aún en mantillas, al que hacemos referencia. Que los países pudientes hagan un gesto y dediquen unos fondos para paliar los desastres que ellos mismos han creado, es un gesto notable aunque una ética elemental  no lo calificaría de generosidad sino de justicia. Es como paliar algunas consecuencias antes que al arreglo de lo que las provoca. Así que, punto positivo al hecho, no al problema, aún sin solución pactada. Como dijo la propia presidenta de la UE, Ursula von der Leyen “No hemos dado ningún  paso hacia delante. Tratamos un  síntoma, pero el paciente sigue con fiebre”. Cada año mueren siete  millones de personas por la contaminación del aire. Y va en aumento, en un arco de edades que va desde los bebés a los ancianos.

Así que la Cumbre del Clima ha sido casi irrelevante. El famoso e inconcreto  fondo pasa a ser estudiado por un Comité que presentará los detalles de adopción en la próxima Cumbre en 2023 (en los Emiratos Árabes) “con vistas a hacer operativos los acuerdos y arreglos de financiación” (nadie sabe quién o cómo financiará). Por lo tanto nada de impuestos a empresas energéticas o al sector de la aviación. No habrá recortes de emisiones de CO2 pero “seguirán los esfuerzos para no sobrepasar el límite de 1,5º” (proyecto vital que ha sido relegado al gabinete de Ciencia, en lugar de ser el primero en Política y Economía, como en Glasgow). Ni mención al abandono del petróleo y el gas como fuentes de combustibles fósiles. Inversiones futuras en despliegue de renovables y simple recordatorio a los países implicados de que en 2020 se prometió movilizar 100.000 millones de dólares para frenar el CC y que aún nadie ha hecho un mínimo desembolso. La inversión necesaria para cubrir los objetivos  de financiación climática no llega ni al 30 % de lo previsto.

Como ven  no es para echar las campanas al vuelo. Hay que reconocer que la confluencia de crisis sistémicas, desde la epidemia Covid, a las crisis energética y alimentaria, altos niveles de inflación y deuda, desastres como sequía, hambrunas y catástrofes naturales, aumentadas por la guerra de Ucrania y el papel de “invitados de piedra” de China, India, Arabia Saudí y Emiratos, no permiten ser optimistas  en una cuestión crucial para el género humano, pero no prioritaria para el capital y los populismos, como es el Cambio Climático. Sin olvidar lo que pueda ocurrir en este próximo y dudoso futuro  tras las elecciones al Parlamento Europeo de 2024, (¿se mantendrá el Pacto Verde?), o quién será el inquilino de la Casa Blanca (con la sombra ominosa de Trump), qué deriva tomará la guerra de Putin y con qué triunfos jugará el impasible e imprevisible Xi Jinping (que, por el momento, se niega incluso a participar en el fondo de ayuda y en reducir emisiones de gases). Un conjunto de incógnitas que podrían agravar aún más este letal pulso que nos mantenemos los humanos con el planeta. No hay solidaridad, ni visión de futuro sino prevalencia de intereses nacionales y capitalismo renuente a colaborar. El mundo en desarrollo ha impuesto sus demandas económicas de justicia a las necesidades perentorias del planeta que, una vez más, quedan  en el limbo. Como dijo un alto cargo de la UE: “Para hacer frente al cambio climático es necesario que todos los flujos financieros apoyen la transición hacia una economía baja en emisiones de carbono: en la UE…estamos decepcionados por no haberlo conseguido”. Todos estamos decepcionados. 

 

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25 noviembre 2022 5 25 /11 /noviembre /2022 16:28

La infocracia, como la ha llamado Byung-Chul Han, es un sistema político que ha construido un nuevo paradigma sostenido por los herederos directos de la digitalización. En este nuevo modelo de organización social, el individuo -entre otras cosas- respondería a los estímulos de la información como el galgo de la fábula. Un ser que, por instinto, va en busca de la noticia, pues siente, de manera casi vital, que eso lo conecta con el mundo. Despojado, en la sociedad digital, de las cadenas analógicas, el neo-informado percute compulsivamente las patas para lanzarse cavernícolas a la caza de información. Luego, una vez entre sus fauces, no se le ha enseñado a despellejarla y desvestir la sabrosa carne. La abandona, una vez alcanzada, dejando atrás la razón y, como el lebrel, inquieto (aunque, al menos para sí mismo, no confuso) salta en busca de la siguiente presa.

En los albores de la posmodernidad, antes del estallido de la red, hablábamos, como hacían Habermas o Manuel Castells, de mediocracia. La mediocracia, entendida como el poder de los medios, se caracterizaba por una imposición del relato desde las atalayas de los medios de comunicación tradicionales. Principalmente, los televisivos; la comidilla previa a la aparición del periodismo digital y las redes, eran los párrocos de la verdad. Con el ligero problema de que, como decía Kapuściński, el “telespectador de masas, al filo del tiempo, no conocerá más que la historia telefalsificada y solo un pequeño número de personas tendrán conciencia de que existe otra versión más auténtica de la historia”. A eso podemos añadir la capitalización de dichos canales de comunicación por el ocio y la perpetua búsqueda del entretenimiento. Algo que, para Habermas, entraba en conflicto directo con la existencia de un discurso racional.

En la infocracia, dirigida desde los nuevos canales de datos, el objetivo en los individuos es similar, la consecución de un placer, pero abandonado el terreno de la performance televisiva y analógica, este se encuentra en el autoadoctrinamiento y el narcisismo ideológico. En este recién estrenado sistema político, el big data y el reinado del algoritmo, ¡oh, algoritmo! ¡Ojo del Futuro, Destino Manifiesto de la Verdad!, proporcionan a los consumidores un relato antropofágico de sus deseos. En busca de información, el sistema los devuelve constantemente a aquello que los reafirma. Como dice Han, el macrodato sustituye la narración por lo numérico. Al ser lo numérico un absoluto sin discurso, nace una coreografía de la unilateralidad. Un onanismo de la noticia distanciada del hecho fáctico y arropada por el sentimentalismo, el oportunismo y la superficialidad.

La información ya no se divulga, se poliniza. Empleada como esperma mental, necesitamos de su alto contenido en actualidad para sentirnos parte de la vida. Estamos educados para creer que, sin avalanchas de datos, se nos escapa la existencia, cuando lo que se nos escapa es la razón, y lo que se nos brinda es una verdad como la de Goebbels; amartillada por constantes mentiras. Esto radica en que la catedral sobre la que reposa el peso de la civilización digital se alimenta del culto a la sobredosis. Cuanto más, mejor, se nos hace creer (cómo siempre ha defendido el capitalismo) y, sin embargo, no hay peor ignorancia que la que se cree sabia. Una brillante forma de economía vital ante la que los consumidores se pliegan vanagloriándose, como fanáticos que sólo han leído el Corán, en los divinos conocimientos sobre los que conocen el titular, pero sobre el que no han razonado ni dos minutos. Y es que, más fácil que domesticar un pueblo inculto, es dominar uno desinformado.

En esta línea, si regresamos a la infocracia de Han, el filósofo ve una evolución respecto a los viejos regímenes. En el antiguo, el espectáculo visibilizaba la dominación. Los sometidos eran conscientes de su sumisión a través de las representaciones populares del poder. En la Era Moderna, existía una mirada cargada directamente contra el ciudadano, lo que lo motivaba a cubrirse bien en la metafórica ducha de la sociedad para que los voyeurs dominantes no se regalasen la vista con sus pudores. Ahora, el régimen de la información nos regala un impoluto habitáculo; pulcro, de exquisita composición luminosa y cristales opacos, donde nos sentimos tan cómodos que lucimos los colgajos sin reservas. Poco importa que, al otro lado de la difusa mampara, el poder nos observe libremente.

Gozamos de ello como si nos hiciesen un final feliz mientras nos roban la cartera y la identidad. ¡Manipulación reglada de nuestros secretos! ¡Violación del autodesconocimiento! Porque al partir en roadtrip por las nuevas autopistas de la comunicación, dejamos una estela de transparencia tras nosotros con la que los algoritmos se ponen las botas de datos que, acto seguido, les permiten asfaltar el camino que habremos de recorrer. La infocracia explota nuestra libertad para optimizar el control, al que rendimos pleitesía con la eucaristía del like.

Otros, como Pierre Levy, han visto en esta nueva vía de comunicación la posibilidad de una “democracia virtual” o “ciberdemocracia”. La potencialidad de alcanzar una democracia directa, en la que los ciudadanos tendrían mayor acceso y decisión sobre instituciones, públicas y privadas, a fin de lograr un escenario óptimo para el intercambio de ideas y propuestas. Y, ¡he aquí un punto vital! Si bien parece que esta nueva forma de divulgación, de control y de adaptación beneficiosa de la verdad, se justificaría en la estructura tecnológica, Han, como otros -incluido servidor-, no focaliza la culpa del crimen en el arma, sino en el móvil. Los macrodatos no han hecho más que alimentar la crisis narrativa existente. 

En la guerra de la información se ha producido una quiebra del “pensamiento discursivo” que, para filósofos como Hannah Arendt, se sostiene en la necesaria existencia de un otro presente, capaz de rebatir las ideas. Se ha impuesto, paulatinamente, toda una ergonomía basada en el pensamiento unilateral y autista que impide la acción democrática. El orden comunicativo se ve mutilado de progreso al condenarlo, irremediablemente, al conflicto, esquivando la posibilidad de que haya desviaciones del discurso en un sentido positivo. No es la tecnología la que enferma la comunicación y el orden democrático, sino la desaparición del otro como sujeto de cuestionamiento.

De ahí que las líneas entre verdad y mentira sean cada vez más difusas, hasta el punto de que no se promueve la falsedad, ya que eso justificaría la existencia de una verdad no presentada, sino la construcción de nuevas verdades basadas, no en los hechos, sino en el sentimentalismo y el beneficio mercantil. Una información menos compleja, que despacha rápidamente la inseguridad, y a la que, como el galgo, los habitantes de la infocracia se lanzan sin remedio con el objetivo de satisfacer sus impulsos. Luego nacen las tribus, gregarias radicales y sectarias, que se vanaglorian en ese nihilismo de la verdad en el que todo es mentira, salvo aquello que les conviene.

Pero, como no hay análisis sin síntesis, existe una posibilidad; liviana, sutil e individual, de paliar este torbellino crítico. En primer lugar, no cayendo, como borrachos a la calzada, en el bombardeo algorítmico de propuestas que se nos lanzan cada vez que navegamos por la red. Así es, ese bolso que miraste una vez y ahora no para de salir en todas partes, o esa noticia escabrosa, sin ningún contenido más interesante que la satisfacción de una curiosidad cotilla, son territorios a esquivar. En segundo, y esta sería la más relevante, promoviendo, sobre todo en nosotros mismo, la posibilidad de ser autocríticos, de favorecer los canales de la discusión y, sobre todo, no negando la otredad, sino abriéndose a su enriquecedora existencia incluso con el temible riesgo de hacernos cambiar de opinión. En definitiva, aprender a desmenuzar la caza, no siendo un galgo doméstico, sino uno libre.  

SOBRE LA FIRMA

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31 octubre 2022 1 31 /10 /octubre /2022 18:41

ARTICULO PUBLICADO EN "COMPROMISO Y CULTURA", NOV.22

En estos tiempos digitales, los principios y los valores son monedas de escaso uso en un universo absurdo dominado  por “influencers” , por demagogos a sueldo de lo que llamamos “política”, (un producto más de mercadotecnia), una subclase ética formada por “políticos de ocasión”, mercaderes fraudulentos, iluminados varios y pseudo expertos. La mayoría de la población integra una masa manipulable, sin posibilidad  de rebelarse o redimirse porque mantiene un canon de vida basado en pasarlo lo mejor posible, trabajar lo menos posible y vivir  inmersos y aislados por sus pantallitas, sus fiestas y sus temores y angustias. Cada vez más individualizados, alejados de las reglas y costumbres de convivencia tradicionales o de emociones y sentimientos más complejos que el “coleguismo” en deportes o en botellones.

En esta sociedad virtual, triunfa la charlatanería, las noticias falsas, las mentiras más descaradas, gracias a una amplia red digital desde donde  medrar y actuar y a una afirmación más llamativa, aberrante o disparatada que la aburrida, sencilla y estoica verdad. En realidad, la mentira o la falsedad es uno de los motivos más reiterados en la historia del pensamiento, la literatura y la ciencia.  Fraudes, imposturas, falacias, fingimientos, nutren la existencia, el arte y la ciencia de los seres humanos. Y aunque existen en nuestro legado cerebral estructuras como la amígdala o el circuito cingular anterior que nos alertan para percibir en el rostro, la voz y los gestos del interlocutor las mentiras y el fingimiento, con la supremacía de las redes o la comunicación  escrita, es imposible percibirlo. Las redes despliegan entornos favorables a la manipulación, las estafas, las falsedades, la tergiversación y las más absurdas y dañinas calumnias. Y lo peor es que Facebook, Instagram, TicToc o Twitter no nos facilitan ningún detector de mentiras, algoritmo o vigilancia humana para contrastar la veracidad de lo que se dice en las redes, por lo que una noticia falsa recibe atención y difusión similar a una verdadera.

Permítanme  que les sugiera algunas lecturas para ayudarles en esta travesía de la mentira: “Verdad. Una breve historia de la charlatanería” de Tom Philipps; “Mentira, impostura, estupidez”, de Rolad Breeur; “Todo el mundo miente” de Seth Stephens-Davidowitz; “Fake News.Haters y Ciberacoso”, de Mauro Munafó.

Una de las razones profundas del actual desbarajuste político, social y humano, es que la verdad se ha convertido en algo improbable y la mentira en una banalidad. Estamos acercándonos a la pesadilla que imaginó Orwell: en todas partes parece haber un “Ministerio de la Verdad”, donde los hechos se rectifican diariamente para hacerlos coincidir con las circunstancias que rigen o que interesan en ese momento. Las reclamaciones contra la patética “posverdad” que nos venden, no tienen curso legal y son trivializadas. La propaganda, las “fake news”, la desinformación, el recurso a los “hechos alternativos” o los negocios particulares o empresariales que sostienen las teorías conspirativas, están radicalizando a la sociedad y erosionando y desacreditando las instituciones democráticas. Sólo nos falta un caudillo carismático que prometa “seguridad y claridad” a cambio de dictadura.  Un nuevo orden mundial asoma sus orejas de lobo, retorciendo y relativizando los derechos de casi todos a favor de la minoría de los de siempre.

Los libros recomendados, no sólo muestran el curso de las falsedades y la precariedad de la verdad, tan amenazadas en estos tiempos, sino que nos permitirán comprobar que toda esta situación sobre la falsedad ha existido unida desde los principios de la cultura humana, cuando había que hacer prevalecer los intereses propios contra los hechos, manipulando lo que es verdad para que se ajuste a los deseos y beneficio del interesado. En “Verdad” de T. Phillips, se nos dice “llevamos toda la historia inventando falsedades acerca de los acontecimientos sucedidos en el mundo pero también inventando disparates sobre el propio mundo, ya sea creando montañas imaginarias o países completos ficticios” y nos ha importado un rábano que se presentaran pruebas o hechos que lo desmentían. Los orates que en pleno siglo XXI reivindican una tierra plana, conforman  una prueba de esa curiosa ceguera obcecada e interesada. Como dice este autor: “Quizá la historia de los  errores de la Humanidad sea más valiosa e interesante que la de sus descubrimientos”. Ya que, “si aspiramos a ser más veraces hemos de estudiar más intensamente los inmensos y fértiles campos  del error, con el fin de conocer mejor lo que estamos haciendo mal antes de intentar hacerlo bien. Básicamente, necesitamos convertirnos en estudiosos y críticos de la charlatanería”. La mayor preocupación respecto a las mentiras, no es que la gente se crea las noticias falsas, sino que dejen de creer en las noticias reales y veraces. La gente ya no confía en los expertos porque internet y muchos medios han trivializado los saberes y han creado “expertos” por doquier. Nuestra vida diaria es una batalla permanente contra la desinformación.

Evolutivamente  se ha demostrado que un cerebro más grande implica una mayor mendacidad. Los niños empiezan a decir mentiras a partir de los dos años de edad, no mucho después de aprender a hablar. Y no es difícil creer al estudio psicológico que afirma que cada uno de nosotros miente al menos una vez al día y que, en los diez primeros minutos de conversación cuando conoces a alguien, habrás dicho un promedio de tres mentiras. A menudo no detectas que estás mintiendo ya que lo haces sin ser consciente de ello: y ello lo puedes percibir cuando casualmente hablas acerca de lo que has hecho, de lo que eres capaz de hacer o de tu vida social. Haz la prueba. Te asombrarás. Son pequeñas mentiras sin importancia, casi automatizadas… pero son mentiras. Esto evidentemente no justifica de ninguna manera las denuncias que hacemos contra la desinformación, sino que nos alerta de que la labor empieza por nosotros mismos y que el espíritu crítico es el único instrumento capaz de empezar a frenar esta pandemia de mentiras que nos asola. Para muestra, la guerra de Ucrania: ha sido un polvorín de mezcla de rumores, mitos y propaganda falaz, alimentando mentiras desaforadas e incontrolables. Por los dos lados, para mayor vergüenza de todos.

El siguiente volumen: “Fake News” de Mauro Munafó, incide en la cuestión. Eficazmente ilustrado por los dibujos de Marta Pantaleo, el texto es de una manifiesta claridad. Analiza la actividad de los haters y el ciberacoso, (de tan lamentable actualidad),  y nos aclara un poco qué intereses hay detrás de todo ese mundo líquido. Y, mucho más útil, cómo protegerse de esas trampas permanentes que la Red nos coloca delante de los ojos, a veces de forma seductora y casi siempre mendaz. Se analizan las mentiras que cabalgan por la Red sirviendo a intereses políticos, étnicos  o sobre temas de salud  y todos ellos con tendencia  conspirativa y con el apoyo de una complaciente –y falsa- pseudo ciencia. También se nos advierte sobre la necesidad de “verificar los hechos” y los canales por los que debemos hacerlo, alertando contra la tendencia a aplicar el llamado sesgo de confirmación: aceptamos fácilmente las mentiras que confirman una previa creencia nuestra, por irrazonable que sea.

Un libro que complementa estas reflexiones, desde “dentro” de la complejidad de las redes,  es el de Seth Stephens, “Todo el mundo miente”, donde se nos cuenta como Internet y los “big data” se están convirtiendo en un auténtico manual de nuestras creencias, deseos, temores. Y también de los más escondidos y secretos pensamientos y tendencias, acciones y decisiones de todos y cada uno de los simples usuarios, obsesionados por la conexión permanente a las redes. Conocen nuestros sesgos informativos, y así las empresas punteras nos controlan, utilizan y explotan.

Como dice el autor, en un día promedio en las redes se mueven ocho millones de gigabytes de datos, todos  estructurados por algoritmos cada vez más sutiles y exactos que recaban una información de lo más íntimo de cada uno de los usuarios como jamás en la historia de la Humanidad se había obtenido. ¿Y sabemos qué se hace con esa información privada, quién la controla y sobre todo quién controla a los controladores? 

El filósofo francés Roland Breeur con su “Mentira, impostura, estupidez”, cierra este paseo alarmante por la sociedad de la  “postverdad”  y los “hechos alternativos”.  El expresidente Donald Trump, cada vez que hablaba, soltaba un mínimo de 30 mentiras obvias y demostrables (según un análisis realizado por el Washington Post). Trump podría volver a la Casa Blanca, como Johnson el “brexitmaniaco” al 10 de Downing Street o Bolsonaro el “profeta” brasileño, al poder. Estos son los paradigmas políticos de la nueva sociedad de la posverdad y la falsedad descarada.

Para luchar contra ello, Breeur nos muestra los mecanismos psicológicos que se usan en la mentira y los medios de ocultación y manipulación que se usan de forma casi industrial para desbancar lo verdadero y socavar las certezas. Y así, en el actual reino de la mentira, donde la verdad languidece, se está propiciando una gran amenaza política: “la seña de identidad de los estados totalitarios es el deseo de reescribir la historia, de forma que estas falsedades históricas pueden sonar más convincentes que la realidad, pues confirman lo que queremos creer o ayudan a suprimir cosas que queremos olvidar”. La falsedad globalizada es el fin de la democracia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHAS

VERDAD.- Tom Phillips.-Trad.Pablo Hermida.-267 págs.                                                  Ed. Paidós//FAKE NEWS.-Mauro Munafó.-Ilustraciones Marta Pantaleo.-127 págs. Ed. Laberinto//TODO EL MUNDO MIENTE.-Seth Stephens-Davidowitz.- Trad. Martin Schifino.-287 págs. Ed. Capitán Swing.//MENTIRA, IMPOSTURA, ESTUPIDEZ.- Rolad Breeur.-Tra. José María Cabezas.-109 págs. Ed.Bibliotecanueva

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7 octubre 2022 5 07 /10 /octubre /2022 09:42

Curiosamente la simple lectura de un clásico del siglo XX, sir Arthur Conan Doyle, una novela de su ciclo del profesor Challenger -un personaje a la altura de Sherlock Holmes y de algunas figuras de Dickens o de Wilkie Collins- me ha puesto en la pista para entender a la pasión anglosajona científica por explicar los fenómenos, sus teorías y axiomas, a partir de los datos que ofrece las experiencias a un observador bien motivado. Extrapolando esta observación do es aventurado suponer que en eso está el secreto de los descubrimientos que esa cultura ha realizado con el manejos de datos a nivel de la economía de los algoritmos (y su subsiguiente empleo en ingenios como Google, Apple o Amazon.

El apasionante libro de Laura J. Snyder  nos invita a un recorrido espectacular: el nacimiento e partir del siglo XIX de una ciencia moderna y su consiguiente y omnipresente tecnología, que nos ha hecho la vida más fácil y cómoda, eficiente y fructífera, pero también nos ha esclavizado de alguna manera a su necesidad perentoria y ya no sabemos vivir sin ella.

La ciencia, con su método tradicional, los griegos ya lo empleaban a otro nivel, naturalmente, basado en la comprobación y validación de una teoría a través de experimentos y de los datos que proporcionan. La ciencia actual tiene padrinos más o menos conocidos, una serie de investigadores y científicos  cuyos empeños y clarividencia científica lograron en el siglo XIX  aplicar una serie  de exigencias metodológicas y la praxis subsiguiente que formaron el esqueleto teórico de la ciencia moderna.  De entre esos investigadores, la Snyder escoge a William Whewell, Charles Bagge, John Herschel y Richard Jones  como los profesores Challenger que desgajaron la ciencia  de la charlatanería, del ingenio malicioso, la superstición o la imaginación excesiva e inapropiada.

Charles Babbage  diseñó la primera computadora; William Herschel dio unas herramioentas y principios nuevos a la astronomía; Richard Jones logró que la economía política podía basarse en principios racionales, alejados de los siempre confusos y contaminantes intereses de sectores particulares y William Whewell, un científico con intereses teológicos y filosóficos consiguió que todos los anteriores trabajaron conjuntamente para validar una forma de percepción de los fenómenos de sus propias ramas de la ciencia en un concepto progresivo unitario. 

Los cuatro científicos trataron que sus ideas y datos, unidos a un sistema articular de análisis, comprobaciones y refutaciones lograran un propósito superior: hacer el mundo más comprensible y mejor. Su enorme esfuerzo y su anhelo de entender mejor el mundo los llevó a realizar infinidad de investigaciones impulsadas por una única pasión, una ciencia liberada de la charlatanería, las ideologías, las religiones y las supersticiones. Una ciencia basada en el método inductivo del filósofo británico del s. XVII, Francis Bacon  que superaba el método deductivo tradicional.

Los cuatro miembros del Club de los desayunos filosóficos, “todos ellos lúcidos, fascinantes y eminentes, poseídos por el optimismo de la época”, miembros de la Universidad de Cambridge, se reúnen los domingos por la mañana, entre 1820  y 1870, para buscar conjuntamente un camino  de progreso a la ciencia. De alguna forma fueron los últimos "filósofos naturales" en la estela de los presocráticos griegos. De  ellos surgió una revolución científica. Y de ésta la que actualmente vivimos, la revolución tecnológica y digital, informática, de las Redes, de la I.A. (Inteligencia artificial) y del Metaverso. Lo que está por ver es si, su intención declarada de traducirla en "mejorar la vida de los hombres", ha sido coronada por el éxito. De momento hay motivos para pensar que en parte sí y en parte no. Vivimos mejor que las personas del los siglos anteriores, pero no me parece que seamos mejores personas.

Snyder hace un recorrido no cronológico por la biografía interrelacionada de los cuatro científicos y sus contactos con las grandes figuras científicas y filosóficas de su época, Darwin. Leibnitz, David Ricardo, Stuart Mill o Adam Smith. Su estilo es dinámico, fácil de entender y sumamente riguroso con  los datos y conclusiones.  Voy a citar unos párrafos del epílogo de este excelente libro: “los miembros del Club de los desayunos filosóficos habían visto fructificar al final de sus vidas los proyectos de sus tiempos de estudiantes. Habían conseguido -incluso en mayor grado que sus sueños más optimistas- encauzar a la ciencia en una trayectoria completamente distinta. Y habían ayudado a dar forma, al hacerlo, al mundo moderno, en el que la ciencia desempeña un papel protagonista”.

FICHA

"EL CLUB DE LOS DESAYUNOS FILOSÓFICOS"- Laura J. Snyder. Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez.-636 págs.- Publicado por Editorial Acantilado, mayo 2021.

 

 

 

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26 agosto 2022 5 26 /08 /agosto /2022 17:45

CONTRA EL DESASTRE TOTAL, SOLIDARIDAD GLOBAL

 

 

Los asuntos del mundo (como los del ciudadano) siguen una dinámica caprichosa en el detalle y cíclica o pautada cuando las observamos desde la distancia que marca el tiempo, pero en ambos casos hay una lógica interna –no lineal- que se ajusta más o menos a eso que llamamos la sabiduría de lo natural. Así, si haces algo mal y en contra de la línea de la armonía o el equilibrio generales, más bien tarde que temprano, las cosas se reajustarán en el sentido correcto. Así lo entendían los taoístas, los estoicos griegos y latinos y ciertos pensadores hindúes´. Es decir los que integran el núcleo de la sabiduría perenne, filosófica y ética. Viene esto a propósito de que la escandalosa y sangrienta guerra de Ucrania, que cumple seis meses, iba a destrozar el equilibrio occidental en unos días, ha entrado en el peligroso cauce de la “normalidad”. Unos y otros van poniendo parches en las heridas que mutuamente se causan y el mundo se acostumbra al goteo de muertes, destrucciones, amenazas y nuclearización del disparate. Las restricciones de energía y alimentos se minimizan con otros servicios y procedencias y todos seguimos con creciente indiferencia y mínima responsabilidad, los problemas de suministros, la inflación galopante o la brutal subida de precios de las energías y carburantes.

Reflexionemos: un análisis razonable de la situación global nos muestra que se están dando los elementos que, unidos, conforman lo que se llama una “tormenta perfecta”. Es una suma  de crisis económica, ecológica, belicista (militarización europea y asiática), climática, alimentaria, de materias primas tecnológicas, política (degradación democrática, eclosión de la extrema derecha) y humanística en sus diferentes niveles: ético-social, familiar y personal, racial, sexual.

El escenario geopolítico se resquebraja y la solución no es la que se está llevando a cabo: agudizar las diferencias, rearmar a los adversarios y afianzar supuestas fronteras ideológicas, que en puridad no existen. En el siglo XX se degradaron las polaridades dialécticas. Ahora hay diversas “tendencias” y un fondo común, capitalista y tecnológico, donde lo humano sólo es un guarismo manipulado por algoritmos y una fuente de ingresos. También se debe controlar el creciente poder de los trust multinacionales, cuyo credo único es el beneficio permanente. El secretario general de la ONU, el portugués Guterres, un político con raro sentido común, lo dijo bien claro: o acción colectiva o suicidio colectivo. El se refería al calentamiento global, yo considero que la contundente afirmación afecta a la lista completa de la “tormenta perfecta” comentada. Las conferencias internacionales, COP27 (clima), OCDE (desarrollo económico), TNP (No proliferación Nuclear) se estancan en la periferia de los problemas y aún así no logran acuerdos, mientras China se retira de la cooperación con Estados Unidos en respuesta a la inoportuna visita de apoyo de los norteamericanos a Taiwan; Rusia hace de “ruso loco” contra la OTAN, manteniendo un rumbo de colisión, e incluso anuncia que se retira del proyecto de la estación espacial internacional. La guerra sigue ante la impotencia de la ONU y las bravatas nucleares de las dos potencias en litigio, como si fuera una carta con la que se puede ganar. El gasto militar mundial se está incrementando a tenor con esa inseguridad  provocada por la falta de diálogo y de control. Pero sobre todo, debido a la emergencia de una nueva fuerza hegemónica, China, que históricamente nunca ha sido dada a la negociación: unos acuerdos como los logrados el siglo pasado en la llamada “guerra fría”, no son probables con China al otro lado de la mesa. Y a los antiguos dos colosos nucleares se han unido, además de Pekín, India, Corea del Norte y, tal vez en un futuro próximo, Irán e Israel.

El cambio climático es otro de los asuntos pendientes que se nos está yendo de las manos. La devastación provocada en el mundo por sequías e incendios comienza a “no ser noticia” porque la frecuencia adormece el interés, como bien sabemos. Las inyecciones de optimismo por la reciente medida norteamericana de apoyo económico a la transición verde, es importante pero no decisiva, y la guerra de Ucrania ha conseguido entre otras cosas que se volviera a pensar en el carbón y en las nucleares como solución. Y China, por si alguien duda sobre su inexistente solidaridad, anuncia la creación de numerosas  plantas de carbón. Eso supone que aumenta la insuficiencia de las medidas y acuerdos internacionales sobre la reducción de emisiones.

En este contexto de varias crisis concatenadas, que van interactuando entre sí, el ritmo de medidas positivas para lograr un cierto control, es claramente insuficiente. Aparte de que las medidas dependen de los regímenes políticos de cada país. Con el descrédito de las democracias  ante la falta de resultados y el empeoramiento de las crisis globales y el empuje rabioso de los extremistas radicales de ambos lados del espectro, el sentido común y la evaluación justa, rigurosa y lógica de los problemas comunes, brillarán por su ausencia. Menudo mundo estamos legando a las siguientes generaciones.

Las pandemias  -según la OMS, este verano han muerto miles de personas en el mundo debido al covid- ya han demostrado su gran poder de causar daños a todo el sistema social y económico. Según los especialistas, la cuestión climática en crisis estimulará la aparición y desarrollo de pandemias. Ello creará la bomba de tiempo, del aumento de las diferencias entre norte y sur. No sólo en el número de víctimas, sino en la duración de la enfermedad y la falta de vacunas (pero eso sí, que nadie toque las patentes). De hecho, solo la solidaridad mundial podría evitar estos descalabros. Las voces de los que piden una nueva regulación internacional de la salud, sin fronteras y libres de pagos a patentes de las que dependen vidas humanas, claman en el desierto. ¿Se imaginan si el señor Trump vuelve a aparecer en escena, para vergüenza del mundo?

La conflictividad en todos los ámbitos, atañe también al sensible mundo del comercio que se fundamenta en acuerdos  y en la confianza en que van a ser respetados. Es una estructura cada día más global, pero nos estamos polarizando de una forma brutal. Y no hay voluntad política para cambiar esto. En cuanto a la fiscalidad, las grandes corporaciones siguen sin pagar los impuestos que les corresponden. La deslocalización y la “ceguera” del poder político ante los movimientos de capital, les dejan las manos libres y los beneficios íntegros.

Es preciso rediseñar un modelo de globalización que en estos momentos sea viable. Tanto la OTAN, como la UE, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el G-7 están mandando tarjetas de invitación a sus cumbres a países con los que nunca habían contado. Y eso está creando una polarización clara: el mundo de los valores occidentales y los que se consideran del “otro lado”, ya sean países activos o aspirantes. Se genera un alto índice  conflictivo que dificulta un modelo de  globalización.

Hemos olvidado una obviedad anunciada y denunciada hace 50 años: nos hemos saltado los límites al crecimiento y estamos limitando el desarrollo sostenible. Y no me refiero a la población mundial, que es una de las variables a tener en cuenta, sino al consumo de combustibles fósiles que ha superado en los últimos veinte años lo que se había consumido desde la revolución industrial hasta 2002. Los límites al crecimiento implican límites al consumo y en ese apartado no parece que estemos dispuestos a contenernos. En 1972 se publicó un estudio científico encargado por el Club de Roma (empresarios, científicos y políticos) a un grupo de investigadores del MIT bajo la dirección del profesor Meadows.

Los factores relevantes eran: la industrialización, la contaminación ambiental, la producción de alimentos y el agotamiento de recursos (aún no se hablaba de cambio climático, ni de guerras). Y la conclusión era aplastante: “Nada puede crecer indefinidamente en un medio finito, ni tampoco la explotación de recursos y alimentos”. Eso nos está llevando a una situación crítica para nuestra civilización. Las distancias entre ricos y pobres han aumentado exponencialmente, mientras el agua, el suelo y el aire se degradan de forma manifiesta. Hay que cambiar el estilo de vida de forma urgente y hay que hacerlo de forma solidaria. No hay, ni habrá, una “varita mágica” tecnológica que resuelva un problema que afecta a la propia esencia física y biológica del planeta, del que somos unos inquilinos más. El imperio de una sociedad  asociada al sobre consumo de bienes y servicios ha llegado al límite. El sistema de equilibrio mundial no tiene capacidad para soportar un comportamiento tan conflictivo, egoísta e insolidario y “cuanto más nos acerquemos a los límites materiales del planeta, más difícil será abordar el problema” (eso en 1972). “Se necesita una acción conjunta de largo alcance en una escala y amplitud sin precedentes. Es decir un cambio de valores, objetivos y estilos de vida a nivel individual, nacional y mundial”.  Qué enorme desafío para nuestra generación. Y que escasez de líderes dignos de ese nombre para que lo lleven a cabo. Señores, lo tenemos crudo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 agosto 2022 1 15 /08 /agosto /2022 17:53

Leer a Antonio Damasio el neurólogo  lúcido y sagaz ha sido para mi un placer mantenido durante años y obra tras obra. Leer una obra donde Damasio nos habla de Spinoza y de las similitudes e inspiraciones que este filósofo cauteloso y difícil se proporcionó durante una fecunda época de su vida: la defensa de las emociones y sentimientos que Damasio ha realizado en el conjunto de su obra neurológica tuvo el ilustre precedente de la filosofía de Spinoza que tempranamente reivindicó la importancia de aquéllos en la formación de la psique humana.

Hablo ahora de este libro de 2005, leído en aquellas fechas recién publicado por Crítica, vuelto a escudriñar en 2006 durante una estancia meditativa en el monasterio de Poblet y recuperado en este año de 2020 en circunstancias dolosas con la pandemia del Covid convirtiendo a todo el país en desmadrados personajes del Decamerón de Boccacio. Un comentario sobre la vida y la muerte del filósofo que publica un periódico nacional, me ha impulsado escribir de nuevo sobre Spinoza  como crítica a la falsa imputación que se le hace, convirtiendo la causa de su temprana muerte, una posible silicosis (provocada por el polvillo de vidrio que inhaló durante años dado su oficio de pulidor de lentes) en un suicidio asistido, absolutamente ilógico en un filósofo coherente con sus ideas hasta el martirio: Spinoza amaba la vida por encima de todo.

Como otro autor cita y yo corroboro: "Spinoza que considera la libertad del hombre y la conquista de su felicidad como principios esenciales, postuló una serie de principios sobre la vida y la muerte.

Cada cosa se esfuerza, cuanto está a su alcance, por perseverar en su ser”. (Parte 3 proposición 6).-El esfuerzo con que cada cosa intenta perseverar en su ser no es nada distinto de la esencia actual de la cosa misma. (Parte 3 proposición 7).-Ninguna cosa puede ser destruida sino por causa exterior. (Parte 3 proposición 4).- Así pues, nadie deja de apetecer su utilidad, o sea, la conservación de su ser, como no sea vencido por causas exteriores y contrarias a su naturaleza. […] ni se da muerte, en virtud de la necesidad de su naturaleza, sino compelido por causas exteriores […] Pero que el hombre se esfuerce, por la necesidad de su naturaleza, en no existir […] es tan imposible como que de la nada se produzca algo”. (escolio de la parte 4 proposición 20).

Spinoza afirma que nuestra esencia es buscar la preservación en nuestro ser, tanto en el nivel biológico (preservación instintiva), como en un nivel trascendental (búsqueda incesante de felicidad). Dicha fuerza nace de nosotros y es infinita, por lo que de ella no puede surgir la idea de autodestrucción".

Antonio Damasio nos hace recorrer el sistema neuronal viendo los eventos y las partes del cerebro que se activan cuando un determinado suceso aparece y, enriquece sus ideas con casos neurológicos interesantes para explicar los últimos descubrimientos neurocientíficos, sobre el papel que emociones y sentimientos tienen en el procesamiento mental, las actitudes y los comportamientos.  Sin dejar por ello de acudir a la filosofía y el pensamiento de Spinoza que defendió la idea de que mente y cuerpo están íntimamente unidos, y por ello los sentimientos afectan al raciocinio..

El contenido esencial de los sentimientos es la cartografía de un estado corporal determinado; el sustrato de sentimientos es el conjunto de patrones neurales que cartografían el estado corporal y del que puede surgir una imagen mental del estado del cuerpo. En esencia, un sentimiento es una idea; una idea del cuerpo y, de manera todavía más concreta, una idea de un determinado aspecto del cuerpo, su interior, en determinadas circunstancias.

 

Damasio propone una separación entre la parte del proceso que se hace pública (emoción) y la que se hace privada (sentimiento). En el camino de la evolución, las emociones preceden a los sentimientos. Primero se desarrollaron los dispositivos automáticos para resolver los problemas básicos de la vida, para asegurar la homeostasis. Las emociones están constituidas a base de reacciones simples que promueven la superviviencia de un organismo y de este modo pudieron persistir fácilmente en la evolución. La maquinaria homeostática se fue refinando hasta la aparición de los sentimientos, que son una expresión mental de todos los demás niveles de regulación homeostática.

Los niveles de regulación homeostática automatizada son:

  • Sentimientos. Expresión mental de todos los demás niveles de regulación homeostática
  • Emociones propiamente dichas. Sociales, primarias y de fondo. Repugnancia, miedo, felicidad, tristeza, orgullo, simpatía y vergüenza. Apuntan directamente a la regulación vital a fin de evitar los peligros o ayudar al organismo a sacar partido de una oportunidad, o indirectamente al facilitar las relaciones sociales.
  • Instintos y motivaciones. ambre, sed, curiosidad, exploración, juego, sexo. Son apetitos.
  • Comportamientos de placer (recompensa) y dolor (castigo). Incluyen reacciones de acercamiento o retirada de todo el organismo en relación a un objeto o situación específica.
  • Respuestas inmunes. Primera línea de defensa del organismo cuando su integridad se ve amenazada desde el exterior (virus, bacterias, parásitos, sustancias tóxicas) o el interior.
  • Reflejos básicos. Reflejo de sobresalto y tropismos o taxias que hacen que los organismos se alejen de temperaturas extremas y de la oscuridad, y se acerquen a la luz.
  • Regulación metabólica. Incluye componentes químicos y mecánicos destinados a mantener el equilibrio de las químicas internas. Gobiernan el ritmo cardíaco, la presión sanguínea, los ajustes de acidez y alcalinidad, almacenamiento y despliegue de proteínas, lípidos y carbohidratos necesarios para obtener energía.

Todas estas reacciones se dirigen directa o indirectamente a regular el proceso vital y a promover la supervivencia. Pero además, el objetivo de los esfuerzos homeostáticos es proporcionar un estado vital mejor que neutro: comodidad y bienestar. Las reacciones son formas de evaluar las circunstancias internas y externas de un organismo y de actuar en consecuencia.

Diversos aspectos del proceso vital pueden señalarse en el cerebro y representarse allí en numerosos mapas constituidos por circuitos de neuronas. En ese punto, se alcanza el nivel de los sentimientos: la expresión mental de todos los demás niveles de regulación homeostática.

Principio de anidamiento: las partes de reacciones más sencillas se incorporan como componentes de otras más elaboradas. Cada reacción consiste en reordenamientos de los procesos más simples, cada reordenamiento está dirigido a un nuevo problema cuya solución es necesaria para la supervivencia con bienestar.

Una emoción propiamente dicha es un conjunto complejo de respuestas químicas y neuronales que forman un patrón distintivo. Son reacciones, respuestas automáticas a estímulos emocionalmente competentes. El cerebro está preparado por la evolución para responder a determinados EEC con repertorios específicos de acción, pero la lista de EEC no se halla confinada a los repertorios preestablecidos por la evolución, sino que incluye muchos otros aprendidos. El resultado inmediato de estas respuestas es un cambio temporal en el estado del cuerpo y en el estado de las estructuras cerebrales que cartografían el cuerpo y sostienen el pensamiento. El resultado último de las respuestas es situar al organismo en circunstancias propicias para la supervivencia y el bienestar. Tienen un sentido biológico directo, es una función adaptativa innata. Sin embargo, los seres humanos podemos esforzarnos intencionadamente para controlar nuestras emociones, al menos en cierta medida.

  • De fondo. Reflejan el estado de ánimo momentáneo de una persona (malestar, excitación, tranquilidad). No son especialmente visibles en el comportamiento. Son formas de disposición generales del cuerpo, resultado de varios procesos reguladores concurrentes.
  • Básicas (primarias). Miedo, ira, asco, sorpresa, tristeza y felicidad. Son fácilmente identificables en los seres humanos de numerosas culturas y también en especies no humanas. Generalmente tienen una causa externa.
  • Sociales. Tienen que ver fundamentalmente con la cooperación o competencia con otros organismos de la especie. Simpatía, turbación, vergüenza, culpabilidad, orgullo, celos, envidia, gratitud, admiración, indignación, desdén.

Los sentimientos surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas. Traducen el estado de la vida en el lenguaje de la mente. Abren la puerta a cierto control premeditado de las emociones automatizadas.

  • Son la percepción de un determinado estado del cuerpo junto con la percepción de un determinado modo de pensar y de pensamientos acerca de determinados temas consonantes con la emoción.
  • No surgen necesariamente de los estados corporales reales sino más bien de los mapas reales construidos en cualquier momento dado en cualquier momento dado en las regiones de sensación corporal.
    • Los estados del cuerpo simulados son poderosos recursos de la evolución. Se da una interferencia en las señales que son enviadas a las regiones de sensación corporal, creando así mapas falsos del estado real del cuerpo. Ej: soldados en situación de guerra que no sienten dolor y miedo.
    • El cerebro puede simular determinados estados corporales emocionales. Ocurre por ejemplo en el proceso de transformar la emoción simpatía en un sentimiento de empatía, mediante el mecanismo "bucle corporal como sí".
Vivimos la “Era Emocional”; el boom de los sentimientos. Expresiones como “eres especial”, “no tengo palabras”, “empatizar”, “si eso es lo que sientes” (sentir algo está por encima de pensar algo), son omnipresentes, invaden el espacio de las relaciones sociales. Y no basta con decir, hay que actuar. Por eso, amigos del “choca esos cinco” de toda la vida, te estrujan, te besuquean y te frotan compulsivamente las espaldas, como si te despidieran para un viaje a la Antártida (de supervivencia y en trineo). Toneladas de libros de psicología barata o autoayuda te conminan a que expreses tus sentimientos, controles tus emociones o viceversa. Hay que mostrar empatía, interés, escuchar atentamente cualquier majadería que te suelte el prójimo. ¿Impaciencia? Prohibida. ¿Emoción versus Razón? ¿Se trata de una vuelta a lo irracional? ¿No será que los sentimientos se manipulan mejor que las razones?
El libro de Damasio lleva el subtítulo de “Neurobiología de la emoción y los sentimientos” Pues eso, veamos que bases, que enganches biológicos tienen los sentimientos y hasta donde podemos llegar sin caer en la especulación  o la charlatanería.
A Damasio le gusta Spinoza porque fue el primero en señalar la unidad interactiva del organismo (cuerpo), los sentimientos y el pensamiento racional (mente), en contraposición a Descartes que sostenía la dualidad cuerpo-mente. Se siente afín a Spinoza y ya discutió a Descartes en un libro anterior (1). Gracias a Damasio he conocido la monumental obra de Jonathan Israel que explica la influencia del filósofo judío en la Ilustración Radical. (2)
Spinoza era hijo de una familia de judíos sefardíes que huyeron de la persecución de Portugal y se instalaron en Ámsterdam, cuyo gobierno calvinista era más tolerante con los judíos, siempre que mantuvieran sus creencias en privado. Expulsado de la comunidad judía en que se educó, vivía de pulir lentes ópticas y a escribir libros que abren el camino a una oposición entre filosofía y teología más marcada que en los demás filósofos. Murió joven y sus ideas fueron silenciadas; se le citaba sin pronunciar su nombre. El pobre Spinoza resultó ser una bomba de relojería para el pensamiento tradicional.
 
Antonio Damasio (Lisboa 1944) es neurólogo y un destacado investigador de la mente, las bases neurobiológicas de la consciencia y el papel decisivo de las emociones y sentimientos en los procesos racionales de la toma de decisiones. En “En busca de Spinoza”, en diálogo con el filósofo del siglo XVII, explica el proceso neurológico de las emociones y los sentimientos, algunas consecuencias éticas y sociales de su enfoque, y termina con unos apuntes sobre el sentido de la vida y la espiritualidad. Además, una amplia biografía de Spinoza (3) y el detallado relato de su contexto histórico.
 
Resumen poco técnico de la parte técnica.
La emoción es una respuesta orgánica ante un estímulo exterior. Su origen es evolutivo o aprendido, lo compartimos con otros animales y poco se puede hacer al respecto. Cuando las emociones se procesan por el cerebro dan lugar a sentimientos. Un cerebro más evolucionado (consciente) produce sentimientos complejos.
El proceso es parecido al de antígeno (estímulo)- respuesta inmune (emoción):
- Estímulo (presente o en la memoria).
- El estímulo se representa en el cerebro, encajando como llaves en receptores.
- Desde los receptores se activan varios lugares de ejecución de emociones en otros sitios del cerebro.
- El proceso o puede reverberar y amplificarse, desencadenar procesos mentales más complejos (sentimientos), o bien consumirse y cerrarse.
Omito las respuestas neurales y hormonales que intervienen en el proceso y que Damasio explica extensamente. Describe un caso en que durante el tratamiento con electrodos del parkinson, se indujo a una paciente, por accidente, a un profundo estado de tristeza.
Un concepto básico en el esquema de Damasio es el de “equilibrio homeostático”. Un estímulo que produce una emoción negativa (miedo), provoca un desequilibrio homeostático. El organismo despliega un conjunto de acciones reguladoras para restablecer el equilibrio:
Los sentimientos, en el sentido que se emplea en este libro, surgen de cualquier conjunto de reacciones homeostáticas, no únicamente de las emociones propiamente dichas. Traducen el estado de vida en curso en el lenguaje de la mente.”
Para que las emociones den lugar a sentimientos es necesaria una mente consciente con un “yo autobiográfico”. El sentimiento es el motor del pensamiento racional. Sin sentimientos no habría pensamiento racional; pero el pensamiento racional produce o modifica sentimientos.
Al tener lugar en un entorno autobiográfico, los sentimientos generan una preocupación por el individuo que los experimenta. El pasado, el presente y el futuro anticipado reciben las características significativas apropiadas y una mayor probabilidad de influir sobre el razonamiento y el proceso de toma de decisiones.
Los sentimientos juegan un papel decisivo en el aprendizaje y la toma de decisiones para la resolución de problemas:
La solución eficaz de problemas no rutinarios requiere toda la flexibilidad y el elevado poder de recopilación de información que los procesos mentales puedan ofrecer, así como la preocupación mental que los sentimientos puedan proporcionar.
El proceso de aprender y recordar acontecimientos emocionalmente competentes es diferente hacerlo con sentimientos conscientes de lo que sería sin ellos. Algunos sentimientos optimizan el aprendizaje y la memoria. Otros, en particular los que son extremadamente dolorosos, perturban el aprendizaje y suprimen la memoria como protección.”
 
Damasio no está de acuerdo con la alegría contemplativa que propone Spinoza. Es partidario, más bien, de una alegría combativa que actúe para cambiar las cosas.
 
Estímulo, emoción, sentimiento, pensamiento racional, acción… no es un continuo, es un vaivén que puede actuar en muchas direcciones. Damasio expresa en este buen libro su admiración (con algún reparo) por Spinoza, explica como actúan, implicando a todo el organismo, las emociones, sentimientos y la razón desde los conocimientos actuales de la neurología y propone una ética basada en la alegría y la cooperación, que promueva el equilibrio homeostático de las persona

 

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14 agosto 2022 7 14 /08 /agosto /2022 12:19

Martin Buber es un filósofo judío de origen austríaco que en su día -entreguerras de principios del siglo XX- revolucionó la filosofía del yo y el Otro, anticipándose a Heiddegger  y por supuesto a los existencialistas que, en general, olvidaron sus contribuciones. Es un pensador poco conocido en nuestros días, aunque bastante citado. "Yo y tú" se considera su obra más significativa y se considera uno de los primeros denunciantes del utilitarismo como mal del siglo XX, de la desnaturalización del yo, la banalización de la cultura de los principios y valores y por consiguiente del absurdo y falta de sentido de la existencia. 

 

 

rPara hablar de Martin Buber tenemos que partir de su contexto histórico-filosófico, esto nos ayudara entender su radical cambio de dirección en la concepción sobre el hombre. Martin Buber, filósofo judío de origen austriaco nacido en 1878 es participe de las dos grandes guerras del siglo XX. El paradigma de lo humano que reinaba en las aulas de aquella Europa de principios de siglo marcaba como cúspide a la razón instrumental. El discurso y la ideología de la época parten del supuesto de un individuo auto-referenciado como cúspide del desarrollo humano. Tras lo vivido entre 1914 y 1918 se hizo necesario dar una revisión a esta visión individualista y utilitaria del hombre ya que desde la perspectiva de Buber este es el punto que hizo flaquear los ideales de la Europa moderna al tomar una actitud frente al mundo del tipo utilitarista. Fruto de esta revisión, apenas años después de la  primera guerra mundial, es que surge su texto más emblemático “Yo-Tú”[1], manuscrito con el que podríamos marcar una nueva manera de hacer filosofía orientada a la búsqueda del rastro de la relación básica Yo-Tú en otros ámbitos científicos. A continuación presentaremos la perspectiva antropológica de Martin Buber, su visión sobre el diálogo, la importancia de la reciprocidad, para posteriormente dar vinculo con el diálogo entre culturas diferentes.

El artículo recupera la “filosofía del diálogo” de Martín Buber para hacer un ejercicio de análisis de la relación entre culturas diferentes. Se desarrolla en forma explicativa la propuesta teórica de Buber, partiendo de su contexto histórico en el cual se exalta una visión utilitarista del mundo, lo cual, de acuerdo a la experiencia de nuestro autor, lleva como consecuencia una deshumanización de las relaciones entre las personas. Se recupera su concepto de diálogo, desde la dimensión del Yo-Tú y se ejemplifica con casos concretos. Aborda y fundamenta la importancia de la palabra y la interrelación, como condición básica para la existencia del ser humano, dándole su respectiva importancia a la reciprocidad al momento de pretender el encuentro. A su vez, se expone el lugar que le corresponde a la relación utilitarista en la dimensión humana. Una vez desarrollado el panorama teórico que nos ofrece nuestro autor, se entrecruza dicha propuesta con el problema de la interacción entre culturas diferentes, a fin de buscar estrategias de acción para la generación de un diálogo entre sujetos de culturas y sociedades diferentes.

Como hemos afirmado anteriormente, la propuesta de Buber propone una lógica alterna a la razón instrumental para la cual el ser humano se define preponderantemente  como un ser individual e independiente. Martin Buber considera que ante este tipo de teorías se está en presencia, en realidad, de un constructo de palabras e ideas que ocultan la relación original del hombre con el mundo.  Martin Buber, sin negar en principio, aquella visión individualista, va más allá y nos propone una antropología dialógica a través de la cual el hombre trasciende su individualidad para poder asumirse como humano. Esta asunción que permitirá al hombre alcanzar el carácter de humano, le obliga a ir más allá de su medio y colocarse de frente a él para poder habitar, en lo que Buber nombrará, su mundo.[2] Para ello tendrá que vivenciar dos actos fundamentales la “distancia originaria” y la “relación”. Afirma Martin Buber que es por medio de la distancia originaria que el hombre se hace consciente de su yo y de otros como un “enfrente e independiente”[3] .

“El principio de un ser sólo se revela si primero se distingue la realidad de dicho ser frente a la realidad de otros seres conocidos.”[4]

El primer elemento con el que se enfrenta el ser humano para dar posibilidad a la distinción es la naturaleza, con la cual, al no estar instintivamente ligado, se ve obligado a salir de sí mismo y colocarse afuera, en frente a su realidad. Tomar distancia y colocarse de frente, requiere que se les asuma en forma conjunta, cual andar con dos pies de forma activa y relacional; es de esta manera que el hombre descubre su mundo en relación con otros hombres.  En palabras de Buber sería este el momento en que se funda la “sustancia humana”[5],  la distancia originaria y la relación. Si el hombre no distanciara su ser de lo que le rodea difícilmente podría entrar en relación con ello, ya que no existe distinción alguna, en otras palabras, no tendría sentido la relación. Como expresión concreta de esta búsqueda del vínculo es que el hombre crea lenguajes, relaciones, cultura.

Al hombre a partir de la distancia y relación que establece con respecto a los otros seres que le rodean le es permitido vivenciar el mundo, una expresión íntimamente humana desde el momento en que es capaz de ponerse de frente al medio que le rodea. Para Buber los animales  tienen una imagen del medio fundada en la memoria corporal que se dinamiza en función de sus necesidades biológicas; por el contrario, el ser humano funda mundos “con una unidad que él puede imaginar o pensar como si existiera por sí misma”[6]. Es la imaginación que se pone de frente a la naturaleza y la distingue creando posibles relaciones con el medio más allá de su necesidad biológica momentánea.  En este acto imaginativo el ser humano  funda  su posicionamiento de frente al mundo y también una forma de comportarse en relación, es por ello que el hombre trasciende su medio,  lo imagina o lo culturiza. En pocas palabras, podemos afirmar que es el encuentro que permite surgir al ser y no antes, por ello Buber enfocará su interés en el tipo de relación que entabla el ser humano con otros y el mundo

"Quien dice tú no tiene algo por objeto. Pues donde hay algo, hay otro algo, cada Ello limita con otro Ello, el Ello lo es solo porque limita con otro. Pero donde se dice tú no se habla de alguna cosa. El tú no pone confines.”[11]

     De las dos palabras básicas que nos propone Buber la palabra básica Yo-Tú tiene la particularidad de tener como centro dinámico la relación, es en la relación que el hombre consigue vincularse con el mundo más allá de sí mismo y descubrirlo en su otredad. Yo-tú como palabra fundamental no sólo expresa una relación, también una manera de existir; se trata de posicionarse de frente al otro reconociendo desde su inicio en él a una persona única, diferente y que es capaz de responder a mi llamado, al tiempo que Yo puedo responder al suyo.

No se trata de un acto de memoria o de ideas respecto al otro, es asumir al otro como presencia en la actualidad del encuentro, es por ello que Buber sugiere que la relación Yo-Tú te coloca en el presente. El ejercicio antropológico de este reconocimiento da por principio la insustituibilidad del otro, la persona vale por sí misma, se trata de un horizonte siempre nuevo, un decir, un hacer único en el mundo. Entendido de esta manera es más fácil explicar que al pronunciar la palabra Yo-Tú es cuando se funda el mundo en el cual el hombre se configura como tal.

Para que exista un “Tú” tiene que haber la disposición personal al encuentro. Entrar en presencia de un Tú, no de un “él” o una “ella”, esto es, Buber considera es necesario una cierta apertura para recibir al otro sin barreras, de ésta manera se hace presente el tú, si existiera alguna barrera o mediación marcarían la distancia, la inmediatez que requiere la relación básica Yo-Tú se perdería ya que existe una mediación entre ambos. Es por ello que el decir Tú implica un don, se trata de una apertura o recepción del otro y del otro hacia mí, se trata, en otras palabras, de entrar en relación. En base a lo anterior podemos resaltar que la experiencia Yo-Tú no es una experiencia de oposición sino un “entre”: campo relacional que surge como ámbito creativo. Buber sugiere tres esferas del “entre” donde se alcanza el mundo de la relación[12]:

  • La vida con la naturaleza.- Allí la relación oscila en la oscuridad y por debajo del nivel lingüístico.
  • La vida con el ser humano.- Allí la relación es clara y lingüística. Podemos dar y aceptar el tú.
  • La vida con los seres espirituales.- Allí la relación está envuelta en nubes pero manifestándose, sin lenguaje aunque generando lenguaje.

      Es tan sólo la vida con el ser humano la única esfera donde a través de un “entendimiento lingüístico” se es capaz de alcanzar la relación “podemos dar y aceptar al tú”; la vida con los seres espirituales refiere directamente a relaciones como la del hombre con el arte que aun que no son relaciones de índole lingüístico son capaces de generar su propio lenguaje; por otro lado la vida con la naturaleza pudiera llegar a captar al hombre a partir del poder de su exclusividad como árbol, animal o planta, es allí donde puedo establecer una relación directa con la naturaleza.[13] Finalmente podemos decir que entrar en relación con  otros hombres  posibilita al ser humano superar su estado natural para trascender fuera de sí mismo a través de la palabra Yo-Tú yendo hacia el encuentro del otro, ampliando sus horizontes no por efecto de apropiación sino de relación del propio horizonte con el del prójimo.

De lo anterior podríamos resaltar las siguientes características que nos ayudarán a redondear lo que entendemos por la relación Yo-Tú:

La relación Yo-Tú funda una (1) forma de existencia en el mundo. Se trata de entrar en (2) relación con la característica de la (3)  inmediatez, no existe una mediación en caso contrario se trataría de una objetivación del otro; el situarme frente al otro actualiza mi existencia y la del otro, en otras palabras la coloca en (4) el presente; el Tú tiene un (5) valor en sí mismo por tanto es único e irremplazable, (6) el ser humano es el único con el que el Yo puede establecer una relación de Tú en forma lingüística y (7)recíproca. Este ejercicio de relación le permite al hombre (8) trascender su individualidad para adquirir ese carácter de humano[14].

Yo-Ello

La relación Yo-Ello es complementaria a la relación Yo-Tú ya que ésta proporciona las herramientas para vivir en el mundo. Como comentábamos anteriormente Buber sugiere que la génesis del Yo tiene que ver con la distancia originaria que coloca al hombre respecto a su entorno como distinto y separado. El Yo surge en ese momento como el portador de las impresiones del mundo y el mundo se torna su objeto, sin embargo es solo hasta que el hombre pronuncia la palabra básica Yo-Ello que él se establece fuera de relación con el mundo, se hace consiente como sujeto del experimentar y usar.[15] Decir Yo-Ello se opone entonces a la palabra fundamental Yo-Tú en el momento en que esta palabra no permite situarse de frente al mundo y en relación, como lo haría la relación Yo-Tú,  sino que coloca al hombre ante las cosas.

Desde la relación Yo-Ello, el mundo es medible, pesable, adquiere una densidad numérica y fraccionable. El hombre obtiene la capacidad de experimentar las cosas, lo cual constituye el mundo del ello, y logra  su “conservación, la facilitación, y el equipamiento de la vida humana”[16] en la medida que utiliza les medios que requiere para lograrlo. En el mundo del Ello el conocimiento de la naturaleza y la causalidad se asocian dándole las herramientas al hombre para su manipulación y conservación en este mundo. Como bien menciona Buber el hombre no puede vivir sin el mundo del Ello, pero aquel que solo vive en el mundo del Ello no es ser humano.

Las palabras básicas Yo-Ello y Yo-Tú permiten el flujo de la vida humana, es una relación que se co-pertenece sin embargo una vez que el hombre comienza a ser atrapado por el mundo de la experiencia se adentra en el pasado perdiendo la posibilidad de encontrarse con el presente. Sin embargo Buber aclara que el hombre a pesar de adentrarse en el mundo del Ello siempre tendrá la posibilidad del encuentro y realizar una vez más el recorrido del Yo-Ello al Yo-Tú cuando en lugar de definir la relación a partir de una perspectiva utilitaria se pone de frente al otro en una relación de mutua reciprocidad. 

El diálogo para Buber va más allá del decir, es un acto que involucra una forma de ser en el mundo, la relación Yo-Tú. Decir Tú es decir Yo en relación, es esa reciprocidad de dones que cambia a cada uno de los actores. Decir Tú en el diálogo requiere de aceptar y recibir al otro en su diferencia, con la característica de que este tiene que ser un acto de ida y vuelta, un acto de reciprocidad. El hombre que entabla el diálogo no se posiciona frente a algo a manipular o un “objeto de algo”, sino en un “entre”, se coloca en relación con el otro, es por ello que diálogo es en principio relación y reconocimiento mutuo. Buber nos ayuda a distinguir este tipo de diálogo que el nombrará como autentico respecto al diálogo técnico y el aparente:[19]

  • 1. Diálogo Auténtico.- Cada uno de los participantes considera al Otro o a los Otros en su ser y ser-así y se dirige a ellos con la intención de que se funde una reciprocidad vital.
  • 2. Diálogo Técnico.- Sirve para entenderse objetivamente en el mundo del ELLO.
  • 3. Diálogo Aparente.- Cuando se le saca el disfraz, se lo descubre como monólogo.

Sin dejar de involucrar un ejercicio de encuentro se puede distinguir en estos tres tipos de diálogo una intensidad en la relación que a medida que se aleja del sentido del encuentro tiende a posicionarse en el mundo del Ello, mientras que el diálogo técnico dado su significado como orientador dentro del mundo del Ello manifiesta relación aunque con miras a convenir en un ámbito técnico, el diálogo aparente no es sino un devenir del discurso que no pretende nada más allá de un público de escucha, negándose a la apertura para recibir al otro y fundar el diálogo.  Es el diálogo auténtico el que permitirá al hombre adquirir el carácter de humano en el grado que este logre entablar relaciones de encuentro con el otro.

A partir de aquí cabe la pregunta en relación con la teoría de la palabra originaría Yo-Tú y Yo-Ello, ¿Qué pasa cuando el encuentro es entre dos personas o grupos de diferentes culturas? ¿Es posible el diálogo auténtico entre personas y grupos de culturas diferentes? De acuerdo a lo que nos propone Buber la relación no cambia, se trata de un acto de donación donde se acepta y se recibe el otro como Otro. “El verdadero diálogo, así como todo cumplimiento real de la relación entre hombres, significa aceptación de la alteridad.”[20]Sin importar la cultura de la cual venga él o los interlocutores para que la relación Yo-Tú sea posible es necesaria la disposición al encuentro, escucha y silencio frente a lo que el otro tiene que decir, por igual el otro responde en este ejercicio de reciprocidad en ese acto de escucha. Ser Otro es necesario para que ocurra el diálogo, a su vez se requiere de descubrir al Otro en lo que él me permite conocer de si en el encuentro.

Si dimensionamos lo anterior desde la óptica de la interculturalidad la relación tiene un sustento cultural, incluyendo el social e intersubjetivo, es por ello que el conocimiento en el ámbito intercultural adquiere una relevancia superior ya que este fungirá como base para poner en contexto a los interlocutores. Como bien menciona Lenkersdorf “no podemos conocer nada  a no ser que el sujeto por conocer se apropie de nosotros en el acto conocedor nuestro”[21]. El principio de interrelación continua aun en el acto cognitivo no se trata de un mero acto de apropiación es un acto de don que permite que el otro también conozca lo que Yo soy. Si trasladamos este acto cognitivo relacional al diálogo intercultural, es un acto donde las personas se reconocen en su diferencia y aprenden lo que el otro es y puede donar en el encuentro. La cultura del otro, en el diálogo autentico de Buber, puede resultar  un don en la medida que soy capaz de aceptar su otredad como un elemento que ayuda a reconfigurar mi horizonte cultural.

Como podemos ver la propuesta de diálogo de Buber no reconoce en la relación Yo-Tú un vínculo de poder o de dependencia en su sentido negativo, en caso de que lo hubiera estaríamos en presencia de una relación Yo-Ello, donde el otro se convierte en objeto de mi poder o de mi acción. Entonces, para aquellos actores que pretenden participar individualmente o como institución en un grupo sociocultural diferente  ¿Cómo sería idóneo adentrarse en el mundo del Tú de otra cultura? En parte la base de nuestra respuesta se sentará en un “conocimiento relacional”, no el conocimiento por sí mismo desvinculado y objetivador, sino fundado (con raíces) en la relación, se tratará de conocer la cultural del Otro para responder al Tú en su plena Otredad. No se trata únicamente de objetivar al Otro para entenderlo, sino de entrar en relación con su mundo cultural, entendiendo este acto como una forma de adentrarse en la mirada relacional del Otro, el descubrimiento del Tú de la cultura otra.

El ejercicio intercultural desde la palabra Yo-Tú implica entenderse a sí mismo como un Tú que tienen que conocer y hacer visible su marco cultural, apropiarse de su valor y significado, con el fin de ponerse en juego con el otro no desde la “anarquía relacional” sino desde el encuentro y diálogo de culturas, en lo que llamaría Buber una tensión espiritual o relacional. En otras palabras y ejemplificando en el caso específico de la Huasteca Hidalguense, significaría a las personas y representantes de cualquier institución que pretendan un encuentro verdadero con los pueblos originarios de la región, entrar en relación con la palabra nahua, otomí, tepehua (de lo humano) y los pueblos nahua, otomí, tepehua entrar en relación con la palabra (de lo humano) de las personas e instituciones mestizas. Lo anterior sugiere un ejercicio de aprendizaje y apropiación del propio espíritu[22], de la propia palabra. O dicho de otra manera, de un ejercicio de autodeterminación en diálogo con el otro.

Bibliogra
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1 agosto 2022 1 01 /08 /agosto /2022 12:41

CLAVES Y MISTERIOS DEL CLIMA Y DE LOS OCÉANOS DE NUESTRO AGREDIDO  PLANETA

 

 

“La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: todo son uno”.- Nan Sepherd

 

Leer en estos días los dos libros que en esta ocasión les recomiendo es un ejercicio de humildad y casi de reparación ética –si tal cosa fuera posible- para con el planeta que nos cobija y al que estamos, lastimosa pero porfiadamente, destruyendo. Tanto el del aventurero, explorador y naturalista Tristan Gooley (una especie de avatar de Indiana Jones) sobre “El mundo secreto del clima”, como el del biólogo marino Alex Rogers, oxfordiano asesor de las Naciones Unidas y de Greenpeace, “Misterios de las profundidades” (“Las maravillas ocultas de nuestros océanos y cómo protegerlas”), son libros cuya lectura y sola existencia constituyen un valioso testimonio para nuestra historia como especie, en las sombrías horas que están por venir, cuando es más que probable que la huella homicida del carbono y los combustibles fósiles acaben con el clima y los océanos tal como hasta ahora los conocíamos.

Ambos volúmenes editados por Ático de los Libros de una forma sencillamente formidable, profusamente sembrados de fotografías, dibujos e ilustraciones de todo tipo, dejan al lector –al menos a mí me ha ocurrido, mientras leía y, al margen  del libro, veía las imágenes televisivas de los inmensos incendios que asolaban nuestra tierra en ese mismo momento- con una sensación de amarga desolación, de estar asistiendo al principio del fin de una era en la que podían escribirse y publicarse libros como estos porque mostraban algo que aún existía tal como lo conocíamos históricamente….y ante lo que pensábamos que siempre tendríamos la posibilidad de conocerlos en vivo y en persona. Y también nuestros hijos y nietos. Pensar en que ese mundo está desapareciendo provoca tristeza y rabia, culpa como especie y rencor contra los intereses y personas que lo han propiciado.

El gráfico e impactante título del reportaje lo tomo prestado de una vieja, olvidada y deliciosa novela de Sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes y del profesor Challenger (el de “El mundo perdido”). En ella se nos describe como un experimento científico logra llegar al “corazón vivo” de nuestro planeta y éste reacciona como un ser ofendido y ultrajado. Y lanzó un alarido de dolor. Metafóricamente la Tierra está lanzando últimamente muchos alaridos: los incendios, la sequía, las pandemias, las tormentas e inundaciones… Como los antiguos griegos con “Gea”, el novelista inglés flirteaba con la idea de que la Tierra era un ser vivo al que se debía respeto y cuidado.

Esa ha sido siempre mi actitud ante la Naturaleza. Llevo medio siglo de dinámico trato con las montañas, los senderos y la vida al aire libre, así que el libro de Gooley ha sido un bello regalo para mí y lo será para cualquier persona curiosa por las cuestiones naturales: aunque quizá estemos viviendo el “Canto del cisne” de la Naturaleza del último siglo: nuestro autor dice al principio de su libro: “el clima se ha desvinculado de su hogar: la tierra”.

Gooley nos enseña a “mirar de cerca el paisaje”, a observar los pequeños detalles, zonas de sombra, vientos y brisas, la orientación de árboles, arbustos, colinas y montes; sin olvidar a los animales presentes en un momento dado, las plantas y las flores, los insectos, riachuelos y manantiales, fenómenos como granizo, lluvia y nieve, hongos y líquenes, la niebla y el maravilloso mundo de las nubes, sus formas, sus claves y la información que llevan consigo.”Cada fenómeno meteorológico puede descomponerse en estos tres ingredientes: calor, aire y agua” Y las nubes nos indican las variaciones del clima si sabes leer sus formas. “Si crecen en vertical, mucho más altas que anchas y no parecen alcanzar un tope, la atmósfera es inestable”. Para facilitarnos las cosas,  Gooley nos habla de los “siete patrones de oro” para conocer los cambios del tiempo a través de las nubes. Y reconocer las tres familias fundamentales: cirros, estratos y cúmulos. Y, naturalmente sus “primas”, cirroestratos, altoestratos, nimboestratos, cumulonimbos.

De vez en cuando Gooley se permite un momento de relajo y nos regala una experiencia propia, como el paseo por el Sahara  con un musulmán en pleno Ramadán y la delicia de los “hoodoos” (chimeneas de hadas)  y el terror (justificado, aunque muy irónico) del autor hacia los osos, que proporciona alguna que otra sana carcajada. Como dice nuestro autor: “el tiempo, sea amable o malicioso, moldea nuestra esencia y lo ha hecho desde el principio de nuestra historia”.

 

Y también nos ha moldeado el agua, el misterio de los mares y océanos. Esa es la materia de los sueños del biólogo Alex Rogers. Y en este libro sale a flote de entrada la necesidad urgente de proteger los océanos del planeta, ante el uso depredador que se hace de ellos, desde la pesca abusiva, a las prospecciones petrolíferas o de gas, o el vertido indiscriminado de tóxicos químicos o de plásticos –auténticas islas flotantes con la extensión de países- y microplásticos que envenenan a los peces y, siguiendo la cadena trófica, a los humanos.

Como se dice en el libro, la parte más profunda del océano es aún menos conocida que la Luna. En realidad no solo vivimos de espaldas a los océanos o usándolos de forma utilitarista sino que sigue siendo un lugar todavía no muy explorado por los científicos y alejado del interés y la atención de la mayoría de los seres humanos.

Hemos actuado de tal manera que en lugar de aprovechar la capacidad oceánica de ayudar en la lucha contra ese cambio, absorbiendo los excesos carbónicos  incompatibles con la vida, estamos provocando el agotamiento de esa capacidad, lo cual acelerará el proceso. Rogers nos informa de la sorpresa alarmante de haber encontrado microplásticos en lugares de las profundidades marinas que  han sido descubiertos recientemente por la nueva tecnología exploratoria. Lugares a los que jamás había llegado la criatura humana. Como escribe Rogers, “Dado que el conocimiento humano disminuye con la distancia a la costa, existe la tentación de creer que estas aguas profundas y oscuras no tienen vida y que podemos hacer lo que queramos con pocas perspectivas de daño. En los últimos 30 años he oído a los gobiernos y a las empresas vender esa tontería una y otra vez. Nada más lejos de la realidad, y cuanto más descubrimos sobre el océano, más comprendemos la importancia de la vida que contiene para el mantenimiento de nuestro ecosistema planetario, del que dependemos para sobrevivir”.

Desde las pozas irlandesas donde un niño, que luego sería un famoso biólogo marino, observaba la maravilla diversa de las criaturas marinas que vivían en una humilde charca rocosa junto al mar, hasta la defensa activa de la supervivencia de los corales (con éxitos tan sonados como detener las prospecciones petrolíferas de la Shell en aguas escocesas donde había colonias coralinas), la carrera profesional de Rogers se concentró en una defensa en distintos foros de la integridad de los océanos y la defensa de su variadísima fauna propia.

 Todo ese formidable currículum queda reflejado en los interesantísimos capítulos del libro. En el dedicado a la pesca de altura, donde condena inexorablemente los excesos salvajes de la industria pesquera mundial (sobre todo por el sistema de arrastre), pregunta irónicamente “¿Talarías un bosque para atrapar a los ciervos?”. En cuanto a su numantina defensa de los arrecifes, le dedica el capítulo 5 y lo titula “¿Cómo evitar la destrucción del ecosistema más emblemático del mundo?” Lo cierto es que el lector ni siquiera sospechaba la extraordinaria riqueza que atesoran los arrecifes, así como su labor en el vulnerable equilibrio homeostático del ecosistema marino.

 Quizá lo más alarmante es algo que ya nos es dolorosamente familiar: la premura, la urgencia y la escasez del tiempo que nos queda para tomar medidas antes de que el mal sea irreversible. Rogers nos cuenta cómo se va reduciendo el nivel de oxígeno en los océanos y una acidificación del mar que ya es 10 veces mayor que la peor registrada históricamente hasta el momento.

 

Pero el mundo sigue con la codiciosa ceguera neocapitalista al mando de la nave, mientras las temperaturas han subido 2,2 º C, sigue disminuyendo las capas de hielo en los Polos, aumenta el nivel del mar (9 centímetros desde 1993), se pierden millones de litros de agua potable por el deshielo, la sequía aumenta y se extiende, al igual que los incendios incontrolables y devastadores…¿Hasta cuando no nos percataremos que ya no se trata de encontrar remedios circunstanciales a estos problemas sino de cambiar radicalmente el estilo de vida que los ha causado?

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

FICHAS

EL MUNDO SECRETO DEL CLIMA.-Tristan Gooley.- Trad, Luz Achával Barral.- Ático de los Libros.- 399 págs.

MISTERIOS DE LAS PROFUNDIDADES.- Alex Rogers.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ático de los Libros.- 335 págs.

 

 

 

 

 

 

 

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