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19 octubre 2022 3 19 /10 /octubre /2022 18:16

LOGOI 275

DON QUIJOTE

Cuando el pobre y zarandeado don Miguel de Cervantes fue encarcelado durante tres meses en Sevilla en 1597,  por ciertos errores cometidos como recaudador de impuestos para la Armada (y en los que, más tarde, se reconoció su inocencia), se daría ocasión para que allí fuera “engendrada” una historia inmortal, la de don Quijote, a pesar de ser un lugar “donde toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido su habitación”. Quizá ello promovió la gran capacidad de resiliencia y generoso carácter del escritor, capaz de dotar a su Quijote de una humanidad profunda y noble, a pesar de que ambos, autor y personaje, tuvieron una vida difícil.

Viene esto a cuento a causa de haber tenido noticia de una iniciativa en la que se ensalza ese libro, uno de los mejores, si no el mejor, escrito por un español y en este país, tan poco dado a valorar lo propio (tanto es así, que  el “Quijote” fue más amado en el extranjero que en España, por lo menos hasta el siglo XIX).  Se trata de un curso “on line” para profesores de Literatura que ha realizado  y presenta la catedrática de Lengua Elena Escribano y la editorial Vicens Vives. El curso se titula “Yo también veo gigantes” y por el momento lo sigue ya un millar de docentes. Los videos son visibles en Youtube. El estilo llano, divertido, coloquial y sugerente de Elena, refleja un certero y agudo conocimiento del clásico cervantino.

Para mí constituye un regalo y una eficaz manera de promover el conocimiento del “Quijote”, usando los medios del siglo XXI y con un lenguaje y una estructura de análisis y crítica puesta al día. Y  hacerlo por donde se debe empezar: por los colegios y con los profesores, para que ellos reciban los medios, el desglose técnico literario y la pedagogía más útil y cercana dirigida a los niños y jóvenes de hoy. En mi adolescencia llegabas al Quijote por tu propia voluntad y esfuerzo. En las escuelas, salvo raras excepciones, se vestía su lectura como una exigencia y sin ningún atractivo. Los niños y jóvenes recibíamos al Caballero de la Triste Figura como un elemento poco estimulante de obligación escolar. Algunos afortunados tuvimos, más tarde, un maestro/a  que nos introdujo poco a poco en el imperecedero encanto del vencido Caballero, que ha logrado triunfar para casi todos y para siempre.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 octubre 2022 4 13 /10 /octubre /2022 12:30

La Onirología (del griego onyros, sueño) es el estudio científico de los fenómenos que intervienen en el sueño, con especial hincapié en el no poder dormir, el famoso y problemático insomnio. Permítanme  parafrasear a Lope de Vega con aquello de  “olvidar el provecho, amar el daño/ creer que un infierno en un cielo cabe/ dar la vida y el alma a un desengaño/eso es insomnio, quien lo probó lo sabe”. Si les digo que un 30 % de la población no duerme bien, que la OMS ha declarado el insomnio como epidemia y que afecta indistintamente a hombres, mujeres, ancianos y niños, sólo arañamos la superficie de una problemática que hay que haberla padecido alguna vez para entender la importancia y la gravedad de sus efectos. En España ostentamos el preocupante récord de estar a la cabeza del consumo en Europa de benzodiazepinas y otros fármacos para inducir el sueño.

Decía el poeta que el insomnio es un infierno del alma, que te convierte en un extraño en tu casa y en tu propio cuerpo.  Los neurólogos afirman que induce a padecer estados alterados de conciencia, desquicia a la persona, provoca somnolencia diurna y causa accidentes, problemas de corazón, hipertensión arterial, diabetes, ictus y tal vez Alzheimer.

Es un tema recurrente en literatura y poesía. Homero, Virgilio o Safo, tienen páginas magníficas dedicadas a los héroes o heroínas que padecen insomnio, incluidos los dioses. Poetas y novelistas de todas las épocas lo han usado argumentalmente. A partir de la Revolución Industrial, entre otras consecuencias, la luz eléctrica cambió la costumbre ancestral del primer sueño (cuando desaparecía la luz del sol)  y el segundo sueño (a medianoche, en la que, tras una actividad breve, se volvía a dormir hasta el amanecer). Entonces se rompió para la humanidad el ritmo natural que vincula la claridad diurna con el trabajo y la oscuridad de la noche con el descanso.

En nuestro tiempo, el insomnio se ha generalizado: las nuevas tecnologías no duermen, nos mantienen activos las 24 horas,  tiempo de sobras para angustiarse con preocupaciones laborales, crisis de todo tipo y en los jóvenes, falta de esperanza. Vivimos un tipo de existencia “líquida”, dominada por el estrés y los problemas  afectivos o emocionales que genera. ¿Quién puede dormir con este panorama? Me temo que todos necesitamos un “reset”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 octubre 2022 5 07 /10 /octubre /2022 09:42

Curiosamente la simple lectura de un clásico del siglo XX, sir Arthur Conan Doyle, una novela de su ciclo del profesor Challenger -un personaje a la altura de Sherlock Holmes y de algunas figuras de Dickens o de Wilkie Collins- me ha puesto en la pista para entender a la pasión anglosajona científica por explicar los fenómenos, sus teorías y axiomas, a partir de los datos que ofrece las experiencias a un observador bien motivado. Extrapolando esta observación do es aventurado suponer que en eso está el secreto de los descubrimientos que esa cultura ha realizado con el manejos de datos a nivel de la economía de los algoritmos (y su subsiguiente empleo en ingenios como Google, Apple o Amazon.

El apasionante libro de Laura J. Snyder  nos invita a un recorrido espectacular: el nacimiento e partir del siglo XIX de una ciencia moderna y su consiguiente y omnipresente tecnología, que nos ha hecho la vida más fácil y cómoda, eficiente y fructífera, pero también nos ha esclavizado de alguna manera a su necesidad perentoria y ya no sabemos vivir sin ella.

La ciencia, con su método tradicional, los griegos ya lo empleaban a otro nivel, naturalmente, basado en la comprobación y validación de una teoría a través de experimentos y de los datos que proporcionan. La ciencia actual tiene padrinos más o menos conocidos, una serie de investigadores y científicos  cuyos empeños y clarividencia científica lograron en el siglo XIX  aplicar una serie  de exigencias metodológicas y la praxis subsiguiente que formaron el esqueleto teórico de la ciencia moderna.  De entre esos investigadores, la Snyder escoge a William Whewell, Charles Bagge, John Herschel y Richard Jones  como los profesores Challenger que desgajaron la ciencia  de la charlatanería, del ingenio malicioso, la superstición o la imaginación excesiva e inapropiada.

Charles Babbage  diseñó la primera computadora; William Herschel dio unas herramioentas y principios nuevos a la astronomía; Richard Jones logró que la economía política podía basarse en principios racionales, alejados de los siempre confusos y contaminantes intereses de sectores particulares y William Whewell, un científico con intereses teológicos y filosóficos consiguió que todos los anteriores trabajaron conjuntamente para validar una forma de percepción de los fenómenos de sus propias ramas de la ciencia en un concepto progresivo unitario. 

Los cuatro científicos trataron que sus ideas y datos, unidos a un sistema articular de análisis, comprobaciones y refutaciones lograran un propósito superior: hacer el mundo más comprensible y mejor. Su enorme esfuerzo y su anhelo de entender mejor el mundo los llevó a realizar infinidad de investigaciones impulsadas por una única pasión, una ciencia liberada de la charlatanería, las ideologías, las religiones y las supersticiones. Una ciencia basada en el método inductivo del filósofo británico del s. XVII, Francis Bacon  que superaba el método deductivo tradicional.

Los cuatro miembros del Club de los desayunos filosóficos, “todos ellos lúcidos, fascinantes y eminentes, poseídos por el optimismo de la época”, miembros de la Universidad de Cambridge, se reúnen los domingos por la mañana, entre 1820  y 1870, para buscar conjuntamente un camino  de progreso a la ciencia. De alguna forma fueron los últimos "filósofos naturales" en la estela de los presocráticos griegos. De  ellos surgió una revolución científica. Y de ésta la que actualmente vivimos, la revolución tecnológica y digital, informática, de las Redes, de la I.A. (Inteligencia artificial) y del Metaverso. Lo que está por ver es si, su intención declarada de traducirla en "mejorar la vida de los hombres", ha sido coronada por el éxito. De momento hay motivos para pensar que en parte sí y en parte no. Vivimos mejor que las personas del los siglos anteriores, pero no me parece que seamos mejores personas.

Snyder hace un recorrido no cronológico por la biografía interrelacionada de los cuatro científicos y sus contactos con las grandes figuras científicas y filosóficas de su época, Darwin. Leibnitz, David Ricardo, Stuart Mill o Adam Smith. Su estilo es dinámico, fácil de entender y sumamente riguroso con  los datos y conclusiones.  Voy a citar unos párrafos del epílogo de este excelente libro: “los miembros del Club de los desayunos filosóficos habían visto fructificar al final de sus vidas los proyectos de sus tiempos de estudiantes. Habían conseguido -incluso en mayor grado que sus sueños más optimistas- encauzar a la ciencia en una trayectoria completamente distinta. Y habían ayudado a dar forma, al hacerlo, al mundo moderno, en el que la ciencia desempeña un papel protagonista”.

FICHA

"EL CLUB DE LOS DESAYUNOS FILOSÓFICOS"- Laura J. Snyder. Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez.-636 págs.- Publicado por Editorial Acantilado, mayo 2021.

 

 

 

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4 octubre 2022 2 04 /10 /octubre /2022 18:07

LOGOI 272

OPTIMISMO

 

En varias ocasiones he recibido notas de algunos  lectores sugiriendo que en mis artículos suelo pecar de pesimista. Cuando la temática es la política internacional o las crisis ecológica, energética o educacional, se me acusa cariñosamente de  ser “un poco” apocalíptico. La página mensual que publico en este periódico sobre cuestiones globales son las que más “peros” suscitan sobre mi presunto pesimismo. Aunque se reconoce que lo que apunto “es la realidad”, me censuran el “sesgo pesimista”.

Pues bien, déjenme queridos lectores, que les aclare mi punto de vista al respecto. Básicamente soy un optimista irredento y lo he sido desde siempre y en prácticamente todos los órdenes de la vida. Para mí, un optimista no es el individuo que cree que todo acaba saliendo bien por muy torcido que parezca, que la vida puede ser un camino de rosas y que el género humano es básicamente bueno, solidario y altruista. Eso es ser un inocente bienintencionado que, tal vez, tenga un recorrido vital lleno de desengaños.

Un optimista real es el que, aun sabiendo que todo lo positivo apuntado sobre la existencia y los humanos es una falacia, actúa y piensa “como si” pudiera enderezar lo torcido, aceptar los tropiezos con los que la vida siembra el día a día, evitándolos o tras caer, levantándose con ánimo… pero abriendo los ojos, con un pacífico estado de alerta –sin tensiones- ante el comportamiento de sus congéneres, aceptando que todos podemos ser  buenas personas y algunos incluso lo son. El optimista real sabe que hay una regla humana básica: el gen egoísta o instinto de auto conservación. Lo habitual es “barrer para casa” y nadie debe escandalizarse por ello. El optimista no lo hace jamás, porque lo comprende. Por eso se alegra cuando se producen actos y actitudes de generosidad y altruismo. Y él, si es coherente, procura ser uno de esos “escogidos” que anteponen el interés de todos al suyo. Dejemos de creer en la intocable respetabilidad humana y aceptemos, por ejemplo, la postura de Jonathan Swift, que consideraba a los humanos como “los seres más dañinos de la Creación”…pero estimaba que, a pesar de todo, el hombre era capaz a menudo de buscar el bien para la comunidad. El pesimista ve una sola cara de la moneda y la toma por un todo. El tipo de optimista que proclamo ve las dos y sabe que son distintas y complementarias. Es capaz de ver las virtudes de la civilización humana y la tecnología: también ve que están vinculadas a una cierta degradación si no se las vigila. Y siempre confía en que prevalezca la virtud.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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30 septiembre 2022 5 30 /09 /septiembre /2022 17:49

 

LOGOI

 

LANDERO, VERO

 

Fernando, mi amigo extremeño, profesor de inglés, me conmueve por su incondicional y combativo amor a su terruño, Navalmoral de la Mata. A veces, hirviendo de santa indignación me habla de la dejadez, insolvencia y corruptelas varias que han de soportar en su tierra, bajo un yugo de políticos que se creen demócratas. Como muestra me envía una filmación del acto de entrega de la Medalla de Extremadura al escritor Luis Landero, como extremeño de honor (da nacimiento ya lo es). En el mismo acto oficial, con una claridad y rigor asombrosos, Landero se dirige a los políticos de su Comunidad con palabras severas pero llenas de amor y dolor por la patria chica. Muchos aplausos coronaban algunas frases demoledoras, sin abandonar el tono respetuoso de educada y paternal regañina. En Youtube, creo, hay disponible un corto video de la intervención del escritor, a la que doy el calificativo de “vero”, en el sentido clásico de la palabra: dícese de una expresión o discurso que comunica fielmente la verdad sobre el asunto del que se habla.

Landero, con su verbo recio y culto, reclama un tren digno para Extremadura, carencia que tiene casi un siglo de dejadez y pone a los políticos a caer de un burro por ello y “en confianza y cordialmente” les dice que son unos canallas y que irán al infierno; no por haber sido “perezosos, bebedores, puteros o cobardes” (defectos que Dios suele perdonar) sino por “el oprobio, la humillación, la burla y la afrenta” que supone para los extremeños el hecho de que no se resuelvan reivindicaciones y necesidades actuales que colean desde hace decenios y que Extremadura, como el lejano oeste, sea un territorio carencial y abandonado. El problema es que Landero, al articular la situación actual y real de su pequeña patria y de la actuación de muchos de sus políticos –no de todos-,  más interesados en sus propios intereses que en sus obligaciones con la tierra que representan, muestra al resto del país unas semejanzas que nos avergüenza e indigna.

¿Cuántos ciudadanos de Aragón, Cataluña, las dos Castillas, Galicia, Andalucía…en fin,  de toda esta España desdichada que tiene un presente lamentable y un futuro problemático, no opinan de algunos de sus políticos como Landero de los suyos? ¿Cuántos  aplicarían la regañina a muchos políticos de este damero de autonomías, en las que el nivel de vida de la población en general va descendiendo a la misma velocidad que aumentan los precios de todo? Landero, vero. La confianza en cierta política, cero.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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26 septiembre 2022 1 26 /09 /septiembre /2022 11:43

En esta obra, Lluís Quintana Trias se fija en un tipo de recuerdos con unas características propias: son inesperados, no se buscan voluntariamente y tienen una fuerza evocadora intensísima. Nos situamos frente a una memoria que posee una fuerza perturbadora porque sabe cómo suscitar recuerdos cuando no se lo pedimos y, a veces, en momentos muy inoportunos, recuerdos que surgen del pasado, se superponen a todos los demás y llegan a nosotros intactos: este poder es una de las razones de ser de la literatura.

La memoria involuntaria, que Proust hizo famosa gracias al conocido episodio de la mag­dalena, es un fenómeno psicológico que ha tenido una repercusión especial en la cultura del siglo xx. Este libro estudia su presencia en la literatura, la pintura y el cine. Contrapone la memoria involuntaria a otros fenómenos psicológicos como la rêverie (o ensueño) o el déjà vu, y al situarlos en el contexto de la literatura occidental, se hace comprensible que todos ellos provienen de una tradición que ha tratado de dar cuenta de algu­nos aspectos no siempre muy comprendidos de la naturaleza humana. Se trata de un ejercicio de literatura comparada asociado a la memoria en la historia de la literatura, de Goethe a Rou­sseau, de Leopardi a Nietzsche, de Maragall a Joyce, de Proust a Benjamin y Rodoreda.

 

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20 septiembre 2022 2 20 /09 /septiembre /2022 11:45

artículo publicado por La Comarca el 200922

Podemos opinar que lo del “Inmemorial Torneo del Toro de la Vega”, en la vallisoletana Tordesillas,  tiene sus propias razones. Pero no podemos compararlo con la tauromaquia, que aunque a muchos no nos atrae, acumula una historia ancestral y es un arte y un riesgo que, en cierta forma, concierne a sus protagonistas por igual. Nos referimos a ciertos festejos, en algunos pueblos españoles, en los que la muchedumbre, o algunos escogidos, persigue, martiriza, golpea, alancea, apuñala, despeña, a animales de diferente tamaño y condición, principalmente toros y vaquillas (también alguna cabra que se arrojaba desde una torre al vacío), entre el entusiasmo, los vítores y la excitación popular. Causa un poco de estupor comprobar cómo jueces, fiscales, alcaldes, comentaristas de televisión y muchos particulares, ya sean sapienciales tertulianos o entrevistados a pie de calle, ponen el grito en el cielo con santa indignación contra los que protestan contra semejante tradición medieval de puro maltrato populachero a ciertos animales. Los psicólogos dirían que esas multitudes excitadas por el desenfreno festivo,  agresiva, alegre y descontrolada por el permiso al alboroto que suponen las fiestas mayores, parecen necesitar un “chivo expiatorio” en el que volcar todas sus frustraciones particulares, sociales o nacionales. Otros apuntan a  rescoldos de crueldad gregaria y “tradicional”. En otros tiempos, arguyendo  un “motivo” semejante, se perseguía a ciertas etnias religiosas, raciales, políticas o lingüísticas.

No resurge la “España negra” del trabuco y la navaja barbera y el crimen pasional, lo de “la letra con sangre entra” o “el que bien te quiere te hará llorar”. Ya no existe aquél país  atrasado que toleraba la agresividad con niños, mujeres y ancianos o con animales que están a nuestro servicio. Ni tampoco somos una excepción. Esa agresividad con los más débiles, los menos dotados económica o socialmente y los animales, también ha sido una lacra en el pasado y en algunos países lo sigue siendo.

 En pleno siglo XXI ese exceso de violencia inmotivada contra unos animales no debería existir. ¿No es ya demasiado censurable y dañino el belicismo actual, con sus graves daños sobre las personas, la falta de alimentos o de energía? Divirtámonos sin hacer daño a ninguna criatura: a ningún ser vivo que sufre. Hoy, la bestialidad no procede.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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14 septiembre 2022 3 14 /09 /septiembre /2022 19:18

 

Montaigne constituye uno de los pensadores de mayor influencia de la historia, sin embargo, se le ha considerado históricamente más como literato que como pensador propiamente dicho, quizás principalmente, por atribuírsele a él la invención del género ensayístico. Y es precisamente ese género, su método al fin y al cabo, el que nos da las pistas para rastrear su pensamiento.

Ensayo… es decir: prototipo, intento, experimento… no hay mejor palabra para acercarse a la figura de Montaigne. Él no escribe un “Tratado” o unos “Principios”, Michel “no sienta cátedra”, no es detentor de la verdad, no persigue certezas, pone en entredicho las verdades de su tiempo y el conocimiento como algo absoluto: es escéptico. Pero escéptico no es negar, es dudar. La duda de Montaigne no persigue refutar ninguna tesis anterior a él, sino criticar el fácil dogmatismo que afecta a todos los aspectos de la cultura (ciencia, filosofía, política y religión) y las consecuencias a las que nos conduce – y de las que él es testigo en la Europa de su tiempo – como el fanatismo y la guerra.

Montaigne descubre que el hombre ha olvidado su situación en el cosmos, al estimarse por encima de todas las demás cosas. La pretensión de Montaigne es la supresión de esa actitud presuntuosa, la prudencia y la tranquilidad en todos los aspectos de la vida. Consideración de la vida como un continuo devenir y del hombre como un ser de naturaleza mutable y cambiante, no fija y monolítica.

Un hombre que valora siempre que se lleven con moderación y mesura los placeres mundanos y corporales. Para Montaigne, el cuerpo y sus placeres no deben ser algo a evitar y de lo que avergonzarse o ser purgado, puesto que Dios no nos ha dado un cuerpo para sentir vergüenza de él o para mortificarlo y reprimirlo. Esta conciencia del hombre nos da lo que para Montaigne es sabiduría. Aboga por la templanza y la prudencia. Apuesta por la moderación en los placeres y en la supresión de los vicios, pero no supresión por ignorancia o miedo, sino por conocimiento y por las consecuencias dañinas que nos puede suponer cualquier cosa en exceso.

Montaigne es un perfecto mediador en muchas cuestiones de su época, como las guerras de religión, puesto que a pesar de ser católico, no duda en recriminar a los suyos sus defectos y fallos y considerar las virtudes y aspectos positivos de los protestantes. Todo ello en armonía, lo que le valió tanto amistades como enemigos en ambos bandos de la contienda, debido a su espíritu crítico, tolerante y templado. “Que sais-je?” es su lema definitorio: un escéptico acerca de las “verdades” que conocemos, por ello un ser tolerante con las opiniones y posturas diferentes a la suya y alguien más preocupado por intentar conocerse a sí mismo y guiarse por la templanza, que de aprender lecciones y dogmas de memoria y caer en fanatismo.

 

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13 septiembre 2022 2 13 /09 /septiembre /2022 11:35

Logoi 269

PORNO Y EDUCACIÓN

Publicado en La Comarca, 130922

Una encuesta internacional de la ONG “Save the children” denuncia que el 92,9 % de los adolescentes de 10 a 15 años ven porno en alguna ocasión y el 99,1 % de los jóvenes de 16 a 24 años, frecuentemente. De estos el 36,8 %, que practican sexo real, no tienen muy clara la diferencia entre lo que ven en el porno y lo que hacen en la realidad, tratando de reflejar en sus relaciones lo que han visto en las películas (la violencia implícita o los desorbitados roles masculino y femenino). En nuestro país, otra encuesta reciente  revela que el 70% de las y los jóvenes españoles  en alguna ocasión ha visto porno en internet. Se accede por primera vez a los 8 años, aproximadamente,y su consumo se generaliza a los 14.

La generación de “pornonativos” del segundo milenio crece exponencialmente en nuestro país, con todo su bagaje de confusión y daños, mientras la enseñanza y educación que mayormente se aplica en España suele dejar de lado la cuestión del sexo como materia docente. ¿Hipocresía, ignorancia o falta de lógica y sentido común (habida cuenta del arco de edad tan susceptible de los alumnos)? ¿Todavía hay alguien que piensa que ese delicado tema es responsabilidad de la familia, como las normas de  educación y la urbanidad? Pues si es así, no es de extrañar que vivamos en una sociedad tan insegura, violenta y sexo agresiva (en la que abundan las violaciones en grupo, los pinchazos a las chicas en busca de Dios sabe qué y las neurosis asociadas al sexo, incluidos suicidios y autolesiones de adolescentes y jóvenes). La sexualidad no es algo “natural” que los chicos y chicas deban aprender por sí mismos, imitando y comparando las imágenes porno con la propia experiencia. Ya que reciben a través de ese medio una información no real, que incita al consumo y a veces a la violencia y otras actitudes negativas sobre la sexualidad.

El fácil acceso al porno por internet crea un peligroso mundo digital, una “tierra de nadie” moral, donde se legitima la violencia como herramienta de control de las mujeres y determinados roles masculinos absurdos e irreales. La “pornofagia”  excita el cuerpo de forma elemental y eficaz, pero corrompe la mente con sus estándares de actuación profundamente dañinos para un desarrollo correcto de la sexualidad en la persona. La banalización de la sexualidad creada por el porno, que daña a las personas, podría ser un efecto colateral de la más profunda y dañina banalización del mal que realiza el totalitarismo, la cual destruye sociedades enteras.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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7 septiembre 2022 3 07 /09 /septiembre /2022 19:00

LOGOI 268

MIEDO NOCIVO

(publicado en La Comarca el  060922)

Mi viejo amigo de “La Vanguardia”, Mariano Guindal, pone unas gotas de sentido común en el alarmismo que lleva tiempo –desde la pandemia-  tiranizando al ciudadano e impulsando en la mayoría un insensato “carpe diem”, forma clásica de la conseja pueblerina de antes: “de perdidos, al río”. Pues bien, no estamos tan perdidos como para arriesgarse a ahogarse sin necesidad. En general estamos confundiendo la amenaza, el riesgo, con el desastre inapelable, el peligro real. Vivimos una época difícil, eso nadie lo niega. Se dan muchas circunstancias que “amenazan” con desencadenar una “tormenta perfecta” de consecuencias imprevisibles. Se desempolvan las terribles circunstancias de los años 20 y se supone que las consecuencias serán tan espantosas como en la primera mitad del siglo XX. Se parte de una premisa falsa: la igualdad de los factores peligrosos que aparecieron, con los que vivimos ahora. Hay muy pocas semejanzas reales entre la situación sociopolítica y financiera de aquellos años 20 y de los actuales. ¿Que las cosas van muy mal en casi todos los sectores públicos? Por supuesto. Pero hay una diferencia básica (aparte del distinto sustrato global de época): tenemos más y mejores recursos para combatir y frenar el desastre. Por ejemplo, la inflación marca un récord del 9,1 en la eurozona… pero las previsiones apuntan a la baja.

No es inteligente ni constructivo propagar profecías alarmistas que pueden llegar a autocumplirse por defecto, debido a que las sociedades están dispuestas a creerlas. No se trata de negacionismo. La tierra sigue siendo redonda a pesar del parecer bufonesco de algunos ilustres sujetos “iluminados”; la crisis climática sigue existiendo y avanza, aunque la pedregada brutal del miércoles y los incendios de agosto no significan que el mundo se acabe; los océanos están en riesgo de deterioro grave, pero no van a morir de inmediato. Basta pues de declaraciones políticas de apocalipsis y den más directrices para superar los obstáculos que hemos creado por mala gestión. Hay problemas muy graves, desde la recesión económica al absurdo de la persistente guerra en Ucrania, la crisis alimentaria y la de los refugiados, la pesadilla energética… todos debidos a la codicia humana y la falta de músculo político y ético en los que nos gobiernan. Para combatir la inflación hay que restringir el crecimiento. Un desarrollo sin límites en una existencia llena de límites razonables, es insensato. Aceptemos los límites al crecimiento. Difundir mensajes de miedo y de peligro, es una irresponsabilidad. Es hora de mancharse las manos. Con el trabajo, no con la corrupción o los excesos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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