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7 noviembre 2023 2 07 /11 /noviembre /2023 18:29

LOGOI 325

ALGORITMOS

Toda la vida subiendo montañas y machacando senderos, con y sin señalizar, acostumbraron a mi cerebro y percepción a orientarse bastante pasablemente (a veces, con la ayuda de brújula y mapas). Conduciendo, lo mismo. Raramente me he perdido. Pero las cosas empezaron a ir regular tirando a mal cuando me acostumbré a la ayuda digital del GPS, para el coche o en el senderismo. Al principio me sentía confiado y feliz. Comencé a percibir fallos, pero los achacaba a mis dificultades técnicas. Comencé a insultar a la voz “gepesina”. Y a cambio, percibí que  estaba perdiendo la facultad natural de mi cerebro de orientarse. Hay estudios que confirman el deterioro de esa facultad y también de la llamada memoria operativa: ¿Cuántos números de teléfono se sabían ustedes de memoria? Ahora confiamos en los móviles. Los “tecnoadictos” dicen que la orientación digital acierta más que falla y en esos casos, se debe a la ignorancia tecnológica del usuario.

Lo cierto es que ya no podríamos subsistir sin las “ayudas digitales”. La siliconización de nuestra sociedad nos está convirtiendo en servidores - útiles y lucrativos- para la “tecnodictadura” de los grupos empresariales que dominan el mundo digital. Pronto las decisiones humanas más corrientes serán tomadas por las máquinas a las que entregamos nuestra autonomía. No sólo concierne a los coches, la tele, la tablet o el móvil: distintas herramientas para un solo poder. Se nos proponen contenidos que los algoritmos han “leído” en nuestras búsquedas por internet: saben cuáles son nuestros gustos y cómo sacar partido económico de ello. Los datos cruzados entre los cerebros digitales a “nuestro servicio” podrían establecer en un par de minutos un esquema bastante exacto de nuestro perfil, debilidades, adicciones o tendencias; lo que comemos, bebemos, asuntos sexuales, cómo vestimos o nuestra bebida o colonia preferidas. Conocen  al dedillo nuestras deudas, créditos y volumen de gastos e ingresos diarios. Toda nuestra existencia está digitalizada y ordenada en algoritmos, al servicio del mejor postor, que establecen la huella digital de todas las personas. Ya saben si somos buenos en el trabajo, si nos llevamos bien con la pareja o los hijos, dónde vamos a tomar una copa o de vacaciones o si hacemos suficiente ejercicio físico o habrá que aumentar nuestra prima de seguro porque estaríamos entre los futuros pacientes cardiacos; y lo que es más alarmante, nuestras simpatías o rechazos políticos. Los algoritmos y la tecnología que los usa, no son “inteligentes” de por sí, sino que siguen los criterios que les marcan las empresas que los crean. Ellas buscan, no el bienestar de las personas, sino el beneficio económico. Y esa tecnología abusiva e invasiva es usada en la banca, los seguros, la enseñanza, los gobiernos y los cuerpos de seguridad. ¿Seguro que, gracias a la tecnología, vivimos en un mundo mejor?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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7 noviembre 2023 2 07 /11 /noviembre /2023 18:24

LOGOI 327

HOGAR DEVASTADO

Hoy se cumple un mes del bárbaro y suicida ataque de Hamas contra Israel en Gaza y la inmediata y dura revancha israelí. Bombardeos, destrucción de viviendas e infraestructuras, muertos y heridos en número desconocido, entre unos y otros. La mayoría de las víctimas en la población civil. Hoy nos ocupamos, como reflejo de los hogares destruidos en la franja de Gaza y en Cisjordania, de la devastación de nuestro hogar común, el planeta Tierra. En él se están produciendo, ahora mismo, excesos lamentables: no sólo la guerra árabe-israelí o la barbarie de la ruso-ucraniana, o las guerras ignoradas en África y en muchos otros lugares o los flagelos del hambre, la sed o las enfermedades, o la lucha desesperada de miles de personas por un hogar imposible tras una frontera cerrada…

Añadan a eso, nuestra forma de vida (en algunos países) con su consumo irresponsable, la codicia, la falta de responsabilidad ecológica, los excesos de explotación, producción y desperdicios de recursos… La suma de todo está devastando nuestro hogar común, ante la indiferencia o la ignorancia de la gran mayoría de los ciudadanos del planeta. Según un equipo científico multidisciplinar (y no es el único en los últimos cinco años) estamos viviendo el fin de la supuesta “normalidad”. En el Manifiesto Tierra, publicado por estos científicos, se formula una advertencia muy seria: "Sin acciones que aborden el problema fundamental de que la humanidad toma de la Tierra más de lo que ésta puede dar con seguridad, estamos en camino de un posible colapso de los sistemas naturales y socioeconómicos y hacia un mundo con un calor insoportable y escasez de alimentos y agua dulce” (Christopher Wolf, físico y biólogo). La temperatura global alcanzada el pasado julio ha roto los récords climáticos, junto a otros indicadores planetarios superados en 2023, como la emisión de gases invernadero, el aumento del nivel del mar o las cifras de población humana y ganadera, la temperatura del océano y la desaparición de hielo marino en la Antártida. Sin hablar de las altas emisiones de dióxido de carbono causada por los incendios forestales de Canadá

Nuestro hogar se queda sin recursos y sujeto a condiciones climáticas más adversas que nunca. Hace cuatro años 11.258 científicos de 153 países publicaron un aviso semejante advirtiendo una próxima emergencia climática. El coro de negacionistas, algunos grandes empresarios, ciertos políticos y la grey conspiracionista, denunciaron “una campaña apocalíptica de alarmismo infundado”. Pero, en los últimos cinco años, los desastres relacionados con el clima han  tenido una frecuencia y una gravedad muy elevada. Nuestro entorno tiene un equilibrio complejo y frágil. Las acciones humanas alteran los elementos de esa complejidad y se rompe ese equilibrio. Del cual formamos parte.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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24 octubre 2023 2 24 /10 /octubre /2023 17:29

LOGOI 325

EL FUERO Y EL HUEVO

La lectura de los artículos del inglés John Carlin, en “La Vanguardia”,  me causan un placer parecido al que uno tiene al encontrarse con un viejo amigo, con el que comparte ideas, opiniones y cierto desparpajo irónico al escribir. En esta ocasión, Carlin se preguntaba, desde el titular, si “estamos todos locos” al hablar de la barbarie desencadenada entre los dos bandos en pugna desde 1948, Israelíes y árabes (en este caso, palestinos) tras la invasión sorpresa de Hamas sobre territorio israelí. Mencionaba, con su mordacidad “british”, que los más fervientes creyentes religiosos de ambos oponentes eran justamente los más crueles, despiadados  e intolerantes. Y que actuaban como si su respectivos “dioses” les absolvieran de sus sangrientas y despiadadas acciones.

No puede tratarse del mismo “dios”, reflexiono, (con el debido respeto a las respectivas creencias), ya que éste no podría dividirse y amparar a los unos respecto a los otros,  ya que ambos actúan con igual ferocidad y obcecación. Eso sí,  bajo la misma advocación divina. Al igual que el pontífice ortodoxo ruso que bendice la guerra “santa” de Putin en nombre de “dios”. Este no debe ser el mismo que evocan los ucranianos.

Por tanto, concluyo, está claro que no es que la angustiosa matanza de Gaza y la no menos cruel respuesta israelí sea una prueba de que nos hayamos vuelto locos, sino que SEGUIMOS estando locos, que la entera Humanidad ha perdido otra vez los tornillos de la razón, la lógica y la solidaridad, que andan flojos casi desde la época de las cavernas. Y  una de las razones habituales e históricas (ante la cual las religiones o las ideologías no son más que máscaras y excusas) es la ancestral lucha de los animales llamados “racionales” por la tierra, la posesión de medios de supervivencia y el poder.  En Gaza y en Ucrania - y en el resto de las guerras y matanzas de todos los tiempos- se dirime el poder sobre la tierra, las cosechas, el agua, el petróleo e incluso la “plata” o dinero –que unos deben y otros atesoran- que genera la posesión de alimentos y combustibles. La belleza de Helena no llevó a la ruina a Troya. Esa fue la excusa. Siglos después de la Ilíada,  los historiadores apuntan a que los griegos  fueron a la guerra por razones de hegemonía comercial y de tráfico marítimo.

Como dijo el gran Quevedo: las revoluciones se hacen más por el “huevo”, todo lo que produce la tierra y el territorio en sí mismo y el poder que se asienta sobre su posesión, que por el “fuero”–las leyes, jurídicas o religiosas- que a menudo se inclinan ante aquél. ¿Simplista? Tal vez. Pero piensen en ello.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 octubre 2023 7 22 /10 /octubre /2023 12:20

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

LAS GUERRAS ÁRABES-ISRAELÍES: LOS INTERESES OCULTOS (y II)

SI EL CONFLICTO SE EXTIENDE A SIRIA O A IRAN CAUSARÁ UNA  CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL

El problema históricamente lo estableció occidente con el apoyo interesado u obligado de las partes en conflicto, tras el fin de la IIGM, por la voluntad -quizá inconsciente- de situar el nudo del problema judío lejos de la afligida y necesitada Europa de la postguerra, ignorando situaciones de facto, tradiciones e historias cercanas de los elementos de la ecuación: un territorio de mayoría árabe, un pueblo judío en busca de su hogar ancestral (hacia el que Europa siente una mala conciencia activa, con los evocados ecos de los progroms, --no solo medievales, a finales del XIX se hicieron famosos los de Rusia y Ucrania-- y los campos nazis de exterminio), una belicosidad mutua antigua y comprensible entre ambas etnias primo-hermanas, judíos y árabes, y una suma de intereses económicos y sociales de primera magnitud: petróleo, regímenes autoritarios, necesidades básicas de supervivencia en pueblos mal administrados.

Todo esto forma un caldo ambiental irrespirable, entre bombas, asesinatos de civiles inocentes y el ensordecedor añadido de justificaciones, condenas y mensajes difundidos “urbi et orbe”. Como suele suceder, la cantidad de energía necesaria para desmentir los bulos que se expanden por ambos frentes, es sustancialmente mayor que la energía precisa para evitar que se difundan y en ambos casos es una energía que se pierde sin provecho. Ni siquiera se difunden los hechos incontrovertibles: que la franja de Gaza, objetivo de la guerra es, en realidad, un campo de refugiados de 40 kms de largo por seis de ancho en el que malviven y son asediadas las personas que antes vivían en ese territorio como propietarios. ¿Se ignoraba ese hecho? No, por Dios.  Lo saben en la ONU y en el Despacho Oval.

La ofensiva de Hamás con el también conocido apoyo de Irán se mira con cierta simpatía en el mundo árabe, ante el silencio cómplice de los países que mantienen relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Solo las milicias de Hezbolá en Líbano han lanzado algunos cohetes de apoyo, rápidamente contestados con prudencia por Israel, como aviso de que la cosa se quede en eso. También la Yihad Islámica ha hecho saber su apoyo, pero seguramente no irá más allá. El resultado parece seguir un curso de implicación política más que de una victoria palestina más que improbable. Si Israel no se pasa de la raya, cosa que puede ocurrir con el Gobierno Netanyahu, Hamas habrá conseguido –con un precio muy caro en hombres y armas- que se hable de palestinos en una eventual mesa de negociaciones internacional (junto con Irán). Esa es la dirección que podría marcar las conversaciones entre Arabia Saudi, Israel y Estados Unidos (en las que, por supuesto, no se contaba para nada con Hamas, un simple grupúsculo terrorista,). La valoración de lo ocurrido – fundamentalmente la inesperada capacidad de Hamas de penetrar en Israel con efectividad- podría consistir en establecer un cuadro o esquema operativo en el que a los palestinos se les dé un asiento y una capacidad de defender un acuerdo que respete algunos de sus derechos. En lugar de seguir siendo “nudas vidas”, personas sin ningún derecho a tener derechos. La lección de este octubre sangriento está clara: el conflicto palestino no está estancado y la solución no pasa por el exterminio de este pueblo árabe. Incluso en la habitual falta de solidaridad y de sentido de pueblo y raza de los árabes, se supone que no tolerarían tal genocidio. Aunque de momento Egipto tiene cerradas sus fronteras y no permiten que los palestinos puedan refugiarse huyendo de la venganza israelí.

El curso de los acontecimientos en los próximos días marcará un antes y un después en el conflicto árabe-israelí. Se ha llegado demasiado lejos. Cuando escribo esto aún no se ha producido  la invasión terrestre israelí de la capital de Gaza, la cual sería un inmenso error. La pieza enferma del problema es el señor Netanyahu que está cuidando sus intereses –pende una condena de cárcel por corrupción si es expulsado de su puesto político- y tiene una cohorte de fanáticos colonos respaldándole. Está sometido a un dilema sin solución: si invade Gaza, a la larga le costará el puesto- por descrédito y el enorme precio en sangre- y si no lo hace, perderá el apoyo de sus fanáticos partidarios de extrema derecha y se verá ante el tribunal. Uno acaba por preguntarse si el sorpresivo ataque de Hamas no fue “tolerado” por Netanyahu como excusa para poder proceder a su aire y galvanizar la unión de todos los israelíes, bajo su mando, al clamor de la venganza

La otra faceta de todo este tinglado bélico árabe-israelí es haber llevado a primera página la situación inhumana de los palestinos en la franja de Gaza. Se ha dicho que es una gran prisión al aire libre para gente que no tiene donde ir, que han perdido sus tierras y sus raíces y se hacinan en un territorio densamente poblado, sin trabajo, sin comida, con el agua limitada, con presión militar y policial constante. Una comunidad de “homos sacer” –personas que ni siquiera tienen derecho reconocido a la vida, desesperados e ignorados por las “prósperas” naciones de occidente, excepto grupos reducidos de simpatizantes.

Hamás, acrónimo en árabe de “Movimiento islámico de resistencia” (creado en 1987, en la primera Intifada), es el poder en la sombra de Gaza tras la retirada israelí de 2005 y ganó las elecciones de 2006 sobre Al Fatah que con la ANP gobiernan en Cisjordania. Es un movimiento radical que tiene la ley islámica, sharia, como credo y no reconoce a Israel como Estado. Seguramente será difícil que siga mandando en Gaza. Aunque goza del apoyo iraní (sin él, no hubiera habido invasión) y comparte con la Yihad Islámica el frente fanatizado contra la existencia de Israel.

Por tanto los futuros negociadores –en el caso de que la situación no estalle y se quede sin posible gobernanza- tendrán que contar también con Irán (el poder que alimenta a estos grupos islamistas) y buscar una entente pacífica y dialogante para unas medidas de paz que jamás podrán contentar a todos. La perfección técnica del ataque de Hamas constituye una seria advertencia no sólo a Israel sino a Europa, Estados Unidos y la ONU. Los árabes podrían ser un peligro global si se les sigue ninguneando. Pero si Netanyahu sigue en el poder, tratará de “convertir Gaza en un solar quemado por las bombas y vacío de árabes” como Putin pretendía con Ucrania. Quizá esta es otra de las claves que hay que tener en cuenta para comprender la elección del momento del ataque de Hamas. Tal vez esa elección del “kairós”, el momento oportuno para la acción, en plena guerra de Ucrania y Rusia, fue percibida tras la estúpida profanación de la Explanada de las Mezquitas por los fundamentalistas judíos esa misma semana.

 En todo caso, la guerra no resolverá un problema que no han podido evitar la política y los diplomáticos. La violencia no arregla la esterilidad diplomática, sino que encona la frustración y la rabia. Recuerden la famosa pregunta del secretario de Defensa de EE.UU. hace muchos años ante la implicación de la CIA en ataques selectivos a dirigentes árabes: “¿Estamos creando más terroristas de los que matamos?” Sólo sería eficaz un diálogo sin exclusiones, pactos compensatorios y la necesidad de aceptar soluciones y comprender que la única salida es elegir antes lo malo que lo peor. Un camino abandonado por Israel y Palestina en los últimos 30 años hasta llegar a la actual falta de horizontes y cuenta atrás para una catástrofe sin paliativos. El David palestino enfrentado al Goliat israelí, no tiene futuro. Como dijo un lúcido analista norteamericano “No se puede vencer algo con nada. Hay que recompensar a los palestinos contrarios a la violencia y llegar a un acuerdo con Israel de contención expansiva y respeto a los palestinos”. Si no es así, asistiremos a otro holocausto, esta vez palestino, a no ser que la comunidad internacional intervenga con contundencia y justicia. Como escribió un analista: “tan ilegítima es la respuesta de Hamas a décadas de ocupación, como la de Israel al ataque terrorista”.

ÚLTIMA HORA

Por el momento no hay invasión terrestre de la Franja aunque las unidades de blindados e infantería están preparadas: la visita de Biden a Israel, el 18, puede haber frenado a Netanyahu pero ha fracasado como intento de mediación con los países árabes. Al menos se permitirá el paso de ayuda humanitaria, desbloqueando servicios de agua y electricidad. La ayuda a la población civil no pude ser un arma de guerra ni de negociación. Según el derecho internacional facilitar el acceso humanitario es obligatorio. De momento Israel ha dejado pasar 20 camiones por la frontera egipcia, aunque deberían ser 100 cada día. El pasado miércoles se produjo un ataque con cohetes al único hospital cristiano en Gaza –con 500 víctimas mortales y otros tantos heridos- que se atribuye indistintamente a los israelíes o a la Yihad Islámica (que habría lanzado una tanda de cohetes contra territorio israelí –uno fallido- a la misma hora, desde un cementerio cercano, según Tel Aviv). Desde la invasión del 7 de octubre han perdido la vida, contando por estimaciones a la baja más de 7000 personas y heridas quizá el doble; hay 150 rehenes israelíes y no es posible calcular los prisioneros palestinos en Israel. Sin contar con las pérdidas materiales debidas a la destrucción de viviendas, edificios comerciales o industriales, carreteras y otras infraestructuras. Y como broche: la economía y sus barómetros, las bolsas y mercados, se declaran “en compás de espera”. Si la guerra Hamas-Israel se contagia al resto del mundo árabe, (principalmente Irán y Siria), afectando como se teme al precio y suministro del petróleo, se vaticina un auténtico cataclismo económico que nos afectará a todos.

 

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17 octubre 2023 2 17 /10 /octubre /2023 17:36

LOGOI 324

PROFESOR EN RIESGO

Para Sócrates, uno de los trabajos más nobles y gratificantes del mundo era el de maestro o profesor. Durante siglos el “magister” gozaba de gran prestigio (con sueldos poco prestigiosos: “paso más hambre que un maestro de escuela” se decía en la España de mediados del siglo pasado). Pero el respeto y la gratitud de padres y alumnos solían compensar el magro estipendio. Entre las muchas degradaciones que el nuevo siglo ha causado de las relaciones humanas, sociales, familiares y laborales, unido a la pérdida de valores y principios, la enseñanza no ha sido preservada de esa decadencia ética y ha convertido el magisterio en una profesión de riesgo.

Los informes que alertan sobre la vida y las relaciones en los centros de enseñanza -públicos en mayor medida - van coincidiendo de forma alarmante: al menos un 40 % de los docentes encuestados en todo el país admiten que sufren ansiedad, depresión, desgaste físico y temor ante las conductas de los alumnos y la nula defensa y apoyo que tienen de los padres de éstos. Por ello aumentan las dimisiones de directores de dichos centros o el abandono en los profesores de ambos sexos.

¿Causas o motivos? Abundantes: por un lado una carga creciente de responsabilidad sin apoyos externos, falta de respeto y mala educación de los alumnos (que llegan a las amenazas físicas o a actos como destrozos de enseres comunes o atentados contra vehículos). Por el otro, los cambios legislativos continuos y la enorme burocracia que generan, el aumento de la diversidad del alumnado, la negatividad creciente del papel de los padres y el ambiente familiar de los alumnos. En los estudios realizados se indica que la “vocación educativa” ha bajado hasta menos del 50%. Un 25 % de los encuestados asegura haber sido víctima de algún episodio de violencia física, psicológica o ciberacoso. En los estudios españoles, uno de cada cuatro profesores abandonaría la profesión si pudiera elegir. Sin embargo, a pesar de los problemas, muchos de los consultados siguen considerando  la enseñanza una profesión satisfactoria. Bendita vocación.

Aunque la mayoría coincide en que el nivel general de los alumnos ha bajado en disciplina, atención, comprensión lectora, interés por el aprendizaje y, sobre todo, en respeto, educación cívica y personal y sentido de la responsabilidad por sus actos y sus consecuencias. Unamos a esto la pérdida de prestigio de la profesión, desde la familia a los poderes públicos. Niños sobreprotegidos y mal educados, en muchos casos carenciales, con familias permisivas e ignorantes, a veces agresivas en su defensa de los “derechos” de sus hijos… ¿quién quiere ser profesor?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 octubre 2023 7 15 /10 /octubre /2023 16:47

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

LA GUERRA QUE NO CESA: ÁRABES E ISRAELÍES A LA GREÑA

EL “CALENTÓN MANIQUEO” DE OCCIDENTE ES UNA HIPOCRESÍA: TODOS SOMOS HISTÓRICAMENTE RESPONSABLES

 

Nadie puede (ni debe) justificar la barbarie de asesinatos y secuestros contra población civil perpetrada el pasado viernes por Hamas, quizá en conmemoración de la misma fecha de hace cincuenta años (1973) en que Egipto y Siria iniciaran contra Israel la guerra del Yom Kipur. Ni la correspondiente respuesta israelí con su operación “Espadas de hierro” que también está elevando rápidamente el costo en vidas y bienes que está dañando la sensibilidad ética del mundo (suponiendo que tal cosa exista). Lo más fácil es simplificar el problema con el maniqueísmo habitual en personas, Gobiernos, medios de comunicación y las falaces, crueles y manipuladoras Redes. Esta no es una historia de buenos y malos. Las voces más prudentes se elevan pidiendo que a pesar de la trágica invasión de Hamas, el Gobierno israelí debería ajustar su respuesta bélica a las normas éticas aceptadas internacionalmente (la OTAN ha exigido a Israel “proporcionalidad” en su respuesta bélica, cosa inaceptable para los halcones de Netanyahu o la opinión pública israelí intoxicada también por las fake news sembradas por doquier hace cinco días (como la del asesinato de 40 niños y bebés en un kibutz). Es una indigna obscenidad utilizar a las víctimas inocentes como proyectiles de los dos bandos entre sí. Mientras tanto siguen muriendo niños en los bombardeos de Gaza y la cosa empeorará con el corte de suministro de alimentos y electricidad en una franja donde viven dos millones de personas. Las voces más semejantes a la barbarie de Hamas, por el lado israelí, califican de “animales humanos” a todos los palestinos, auténticos “homos sacer” a los que se puede matar sin castigo (y más si dicha calificación parte de un ministro israelí). El filósofo  alemán, judío, Theodor Adorno dijo: “Auschwitz comienza donde quiera que alguien mire un matadero y piense: sólo son animales”.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la miopía política histórica de las cancillerías y mandatarios occidentales, suele decidir que hay unos “buenos” a los que proteger y apoyar, los judíos, y unos “menos buenos”, los árabes, que son de poco fiar y además están muy divididos. Hasta la UE, que debería tener un criterio más elevado, amenazó de entrada con anular las ayudas a los refugiados palestinos, aunque rectificó y se supo que la noticia procedía del delegado húngaro en la institución. De todas formas, el sesgo prioritario europeo se inclina muy poco hacia los árabes. El monto de la ayuda  europea a Palestina es de 691 millones de euros. El de Ucrania este año es de 77.000 millones de euros.

Y no se trata de no comprender o no respetar a los judíos: el abajo firmante ha sido siempre afecto a esa raza de grandes valores y con grandes ejemplos humanos de inteligencia, cultura, ciencia, valor y dignidad. Como tampoco comulgo con los que menosprecian al pueblo árabe y a la cultura y tradición islámica. Solo hay que recordar que en nuestro ADN hispano, árabes y judíos tienen una activa influencia de siglos. A la bestialidad de Hamas en su sorprendente ataque hay que contraponer la feroz e inhumana labor de represión, castigo y expulsión de familias palestinas por los colonos israelíes y el ejército de esa nación.  Israel está aplicando la anexión brutal de territorio desde 1948, con el visto bueno implícito de la comunidad política occidental. Según datos de Amnistía hay más de 5,6 millones de palestinos refugiados, sin derecho a volver a sus lugares. Otros 150.000 está en trance de perder sus viviendas debido a desalojos forzosos de Israel ¿Esto justifica a unos o condena a otros? No. Toda la situación está podrida.

El problema es que el desastre árabe-israelí no es sólo responsabilidad de unos (tirios) o los otros (troyanos), sino de todos nosotros, Occidente entero, con el añadido importante y no siempre positivo del gigante norteamericano del otro lado del océano: Biden está ofreciendo toda la ayuda militar necesaria a un Netanyahu, cada vez más escorado hacia el fanatismo racista puro y duro. Mientras que Irán, la sombra alargada tras Hamas, simpatiza con Rusia, a la que suministra drones de ataque. Quizá deberíamos pensar que se está cociendo el mismo dilema que causó la guerra de Ucrania: la lucha por la hegemonía política internacional. Es hora de que abramos los ojos en Europa: nos estamos jugando la paz mundial entre tres bloques: el supuestamente democrático de Occidente (muy fisurado), el autoritario liderado por Rusia y China y el de un “tercer mundo” sobre el que se extiende el fundamentalismo religioso de la Sharia.

Un repaso a algunos de los enfrentamientos, conflictos localizados o guerras abiertas entre árabes e israelíes, eleva a nivel de estupor e incomprensión las actitudes de muchas de las naciones de occidente, más atentas a sus propios intereses económicos o políticos que a un planteamiento serio y riguroso de instaurar una paz duradera entre árabes e israelíes.

Desde el primer enfrentamiento en 1948 (tras el reconocimiento del Estado israelí) la guerra tuvo nuevos episodios  en 1956 (intento israelí-britanico-francés de controlar el canal de Suez); en 1967 (la guerra de los “seis días”) que duró hasta 1970 por continuos choques por la “guerra de desgaste”; en 1973 (Yom Kipur); 1978 (los acuerdos de Camp David); 1982 (invasión israelí de Líbano); de 1983 a 1988, la primera Intifada; de 2000 a 2005, la segunda Intifada; en 2006, nuevamente Libano; 2008 y 2009, la franja de Gaza…más tarde, la apertura de relaciones  entre Egipto, Jordania y Arabia Saudí con Israel puso una nota de esperanza, pero en sordina, con cortos enfrentamientos y la parcial indiferencia de occidente, la política de acoso y derribo de los palestinos por la política expansionista israelí y la labor de zapa de los colonos, bien protegidos por el Gobierno extremista de Beniamin Netanyahu

 Y añadamos a esto que como ocurrió con la cercana -y ahora fuera de foco- guerra de Ucrania y Rusia, la contaminación grosera y falaz de la información procedente de las zonas en conflicto ha sido espectacular. Los juicios, comentarios e imágenes, emocionales y más atentos al impacto subjetivo que a la operatividad periodística, empujan incluso a mentes bastante claras en otras ocasiones a contagiarse del “calentón maniqueo”. Y, por añadidura, a extender ese “ethos” de la catástrofe global que nos rodea más acuciante desde el estallido beligerante entre Rusia y Ucrania. ¿Cómo gestionar el bombardeo inclemente de atrocidades mutuas que nos sirven cada día en las televisiones y los móviles? ¿Cómo tomar partido sin mancharse, evitando la tentación de simplificar en buenos y malos, sino tratando de defender lo malo de lo peor? Para resolver problemas complejos no se puede recurrir a análisis parciales y fragmentarios de las partes constituyentes del problema. Esto es lo que ocurre con la continua saga de guerras entre árabes e israelíes.

El problema lo estableció occidente históricamente con el apoyo interesado u obligado de las partes en conflicto, por la voluntad quizá inconsciente de situar el nudo del problema lejos de la afligida y necesitada Europa de la postguerra, ignorando situaciones de facto, tradiciones e historias cercanas de los elementos de la ecuación: un territorio de mayoría árabe, un pueblo judío en busca de su hogar ancestral (hacia el que Europa siente una mala conciencia activa, con los ecos de los progroms, --no solo medievales, a finales del XIX se hicieron famosos los de Rusia y Ucrania-- y los campos nazis de exterminio ), una belicosidad mutua antigua y comprensible y una suma de intereses económicos y sociales de primera magnitud: petróleo, regímenes autoritarios, necesidades básicas de supervivencia en pueblos mal administrados.

Todo esto forma un caldo ambiental irrespirable, entre bombas, asesinatos de civiles inocentes y el ensordecedor añadido de justificaciones, condenas y mensajes difundidos “urbi et orbe”. Como suele suceder la cantidad de energía necesaria para desmentir los bulos que se expanden por ambos frentes, es sustancialmente mayor que la energía precisa para evitar que se difundan y en ambos casos es una energía que se pierde sin éxito. Ni siquiera se difunden los hechos incontrovertibles: que la franja de Gaza, objetivo de la guerra es, en realidad, un campo de refugiados de 40 kms de largo por seis de ancho en el que malviven y son asediadas las personas que antes vivían como propietarios en ese territorio. ¿Se ignoraba ese hecho? No, por Dios.  Lo sabían incluso en la ONU y en el Despacho Oval.

La ofensiva de Hamás con el también conocido apoyo de Irán se mira con cierta simpatía en el mundo árabe, ante el silencio cómplice de los países que mantienen relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Solo las milicias de Hezbolá en Líbano han lanzado algunos cohetes de apoyo, rápidamente contestados con prudencia por Israel, como aviso de que la cosa se quede en eso. También la Yihad Islámica ha hecho saber su apoyo, pero seguramente no irá más allá. El resultado parece seguir un curso de implicación política más que de una victoria palestina más que improbable. Si Israel no se pasa de la raya, cosa que puede ocurrir con el Gobierno Netanyahu, Hamas habrá conseguido –con un precio muy caro en hombres y armas- un puesto en una eventual mesa de negociaciones internacional (junto con Irán). Esa es la dirección que podría marcar las conversaciones entre Arabia Saudi, Israel y Estados Unidos (en las que, por supuesto, no se contaba con Hamas para nada). La valoración de lo ocurrido – fundamentalmente la inesperada capacidad de Hamas de penetrar en Israel con efectividad- podría consistir en establecer un cuadro o esquema operativo en el que a los palestinos se les dé un asiento y una capacidad de defender un acuerdo que respete algunos de sus derechos. En lugar de seguir siendo “nudas vidas”, personas sin ningún derecho a tener derechos. La lección de este octubre sangriento está clara: el conflicto palestino no está estancado y la solución no pasa por el exterminio de este pueblo árabe. Incluso en la habitual falta de solidaridad y de sentido de pueblo y raza de los árabes, se supone que no tolerarían tal genocidio. Aunque de momento Egipto tiene cerradas sus fronteras y no permiten que los palestinos puedan refugiarse huyendo de la venganza israelí.

El curso de los acontecimientos en los próximos días marcará un antes y un después en el conflicto árabe-israelí. Se ha llegado demasiado lejos. Cuando escribo esto aún no se ha producido  la invasión terrestre israelí de la capital de Gaza, la cual sería un inmenso error. La pieza enferma del problema es el señor Netanyahu que está cuidando sus intereses –pende una condena de cárcel por corrupción si es expulsado de su puesto político- y tiene una cohorte de fanáticos colonos respaldándole. Está sometido a un dilema sin solución: si invade Gaza, a la larga le costará el puesto- por descrédito y el enorme precio en sangre- y si no lo hace, perderá el apoyo de sus fanáticos partidarios de extrema derecha y se verá ante el tribunal. Uno acaba por preguntarse si el sorpresivo ataque de Hamas no fue “tolerado” por Netanyahu como excusa para poder proceder a su aire y galvanizar la unión de todos los israelíes, bajo su mando, al clamor de la venganza

La otra faceta de todo este tinglado bélico árabe-israelí es haber llevado a primera página la situación inhumana de los palestinos en la franja de Gaza. Se ha dicho que es una gran prisión al aire libre para gente que no tiene donde ir, que han perdido sus tierras y sus raíces y se hacinan en un territorio densamente poblado, sin trabajo, sin comida, con el agua limitada, con presión militar y policial constante. Una comunidad de “homos sacer” –personas que ni siquiera tienen derecho reconocido a la vida, desesperados e ignorados por las “prósperas” naciones de occidente, excepto grupos reducidos de simpatizantes.

Hamás, acrónimo en árabe de “Movimiento islámico de resistencia” (creado en 1987, en la primera Intifada), es el poder en la sombra de Gaza tras la retirada israelí de 2005 y ganó las elecciones de 2006 sobre Al Fatah que con la ANP gobiernan en Cisjordania. Es un movimiento radical y tiene la ley islámica, sharia, como credo y no reconoce a Israel como Estado. Tendría que negociar si quiere seguir mandando en Gaza. Goza del apoyo iraní y comparte con la Yihad Islámica el frente fanatizado contra la existencia de Israel.

Por tanto los futuros negociadores –en el caso de que la situación no estalle y se quede sin posible gobernanza- tendrán que contar también con Irán (el bolsillo de dinero que alimenta a estos grupos islamistas) y buscar una entente pacífica y dialogante para buscar soluciones (que jamás podrán contentar a todos). La perfección técnica del ataque de Hamas constituye una seria advertencia no sólo a Israel sino a Europa, Estados Unidos y la ONU. Los árabes podrían ser un peligro global si se les sigue ninguneando. Pero si Netanyahu sigue en el poder, tratará de “convertir Gaza en un solar quemado por las bombas y vacío de árabes” como Putin pretendía con Ucrania. Quizá esta es otra de las claves que hay que tener en cuenta para comprender la elección del momento del ataque de Hamas. Tal vez esa elección del “kairós”, el momento oportuno para la acción, fue percibida tras la estúpida profanación de la Explanada de las Mezquitas por los fundamentalistas judíos esa misma semana.

 En todo caso, la guerra no resolverá un problema que no han podido evitar la política y los diplomáticos. La violencia no arregla la esterilidad diplomática, sino que encona la frustración y la rabia. Recuerden la famosa pregunta del secretario de Defensa de EE.UU. hace muchos años ante la implicación de la CIA en ataques selectivos a dirigentes árabes: “¿Estamos creando más terroristas de los que matamos?” Sólo sería eficaz un diálogo sin exclusiones, pactos compensatorios y la necesidad de aceptar soluciones y comprender que la única salida es elegir antes lo malo que lo peor. Un camino abandonado por Israel y Palestina en los últimos 30 años hasta llegar a la actual falta de horizontes y cuenta atrás para una catástrofe sin paliativos. El David árabe enfrentado al Goliat israelí, no tiene futuro. Como dijo un lúcido analista norteamericano “No se puede vencer algo con nada. Hay que recompensar a los palestinos contrarios a la violencia y llegar a un acuerdo con Israel de contención expansiva y respeto a los palestinos”. Si no es así, asistiremos a otro holocausto, esta vez palestino, a no ser que la comunidad internacional intervenga con contundencia y justicia. Espero que no nos llegue el momento de  exclamar “El horror, el horror” como al fin de la novela, “En el corazón de las tinieblas”, que inspiró “Apocalypse Now”.- ALBERTO DÍAZ RUEDA.

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11 octubre 2023 3 11 /10 /octubre /2023 13:02

LOGOI 323

INTELIGENCIA A. Y SEXO

Hagan juego señores/as. ¿Quién la hace más gorda? En las redes se ha perdido el norte del respeto, el sentido común y el decoro. Otro día les hablaré del exceso de violencia, la indecente aparición de imágenes colgadas en la red que hieren la sensibilidad de los que las miran. Hoy nos atendremos al picante mundo de las APPS que ayudan al personal a ligar rápido. ¿Conocen la última broma de la inteligencia artificial que amenaza desbancar a la humana, en franca decadencia? Pues bien ya tienen a su disposición la ChatGPT que liga por ustedes en Bumble o Tinder, las Apps  que se dedican al lucrativo negocio del ligue espontáneo y esporádico. Ya hay “bots” que por módico precio llevan conversaciones de lo más “ingeniosas” para atraer a damas y caballeros al cada vez menos trabajoso menester de juntar cuerpos y sensaciones. Las aplicaciones Rizz  o YourMove AI se compromete a mantener conversaciones y responder de forma “creativa” a los incautos/as que las utilicen para ligar. Todo virtual, por supuesto. A la hora de relacionarse físicamente, habrá damas y caballeros que creyendo haber encontrado un/una  “Cyrano” de Bergerac con su verbo poético de altura, se encontrará con un ramplón y mostrenco Cristian. Pero el colmo es el servicio digital “CupidBot” que  hace un rastreo por las redes “ad hoc” para buscar un candidato/a adecuado/a mientras haces la siesta o duermes por la noche y, en tu nombre, concierta una cita si la cosa promete.

Como es lógico, previamente tienes que ajustar  tu supuesta “personalidad”  para que la maquina haga su labor. Incluso puedes escoger entre actitudes y vocabulario de figuras como James Bond, Casanova o don Juan o el truculento pero simpático capitán Sparrow de “Piratas del Caribe”. Todo muy divertido, pero también intranquilizador y peligroso, sobre todo para las mujeres. Si generalmente mentimos algo para mejorar la imagen propia en las relaciones ocasionales, imagínense a través de un chisme que ya hasta fantasea “positivamente” por nosotros. Muchos/as serán los que vayan por lana y resulten trasquilados/as.

Como curiosidad muy relevante del estado actual de la ética amorosa popular, hay una plataforma “Gleeden” que relaciona a personas casadas que buscan una aventura. “Contacta con infieles del mundo entero”, parece que es su lema. Al menos, la plataforma Tinder aconseja sinceridad y honestidad a sus usuarios. Y la Bumble ha abierto una aplicación para unir a la cuestión amorosa la profesional. Pronto habrá que crear una aplicación para gestionar psicológicamente los desengaños y dramas del personal afectado por esa nueva pulsión afectivo-sexual “artificial”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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3 octubre 2023 2 03 /10 /octubre /2023 11:43

PUBLICADO EN LA COMARCA 031023

Permítanme una metáfora: nuestro sufrido planeta Tierra es como un barco, una nave espacial perdida en el sideral océano de las estrellas y las galaxias. Dice la tradición marinera que cuando una nave está cercana al desastre, a su hundimiento, con mucha antelación, las ratas abandonan el barco en tropel. Pues bien en nuestro navío Tierra, con problemas de supervivencia debido a malos pilotos, pasajeros destructivos y abusivos hasta la inconsciencia y tripulaciones sólo motivadas por sus propios intereses, las ratas anuncian y se preparan para abandonar el “barco”. Los mayores depredadores de la élite tecnológico-financiera, Elon Musk, Marck Zuckerberg, Bill Gates y su Melinda o Jeff Bezos, entre otros que recordar no quiero, están poniendo los medios para abandonar nuestro planeta si las cosas, -como muchos prevén - siguen empeorando: cambio climático –bastante visible últimamente-, agotamiento de recursos por sobreexplotación, sequías, hambrunas, deterioro cognitivo y emocional de la especie humana por abusos tecnológicos y de otros tipos, guerras de trasfondo económico, racial, nacionalista y coronándolo todo, la estupidez auto infligida, uno de los misterios de la contradicción humana que crea la Inteligencia Artificial y no cuida la natural que le “es propia”(según dicen).

Pues bien, ya se empieza a hablar de cohetes con la capacidad suficiente para llevarse a todas las ratas principales y su corte de añadidos, guardias y sirvientes  a: ¿otro planeta?, ¿una inmensa ciudad espacial?  Las mayores fortunas del orbe y muchas de las que les siguen, unen sus capitales para salvar sus preciosas vidas, cuando el mundo terráqueo comience a desmoronarse. Los ocho mil millones de seres humanos, los animales, los bosques y los océanos, se quedan aquí en el antiguo paraíso terrenal que entre todos –no sólo ellos- hemos llegado a aniquilar.

Recuerdo una película de Stanley Kubrick de 1964 que en España, se tituló  “¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú” y ​ en Hispanoamérica, “Dr. Insólito o cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba”. En ella, un delirante científico de origen nazi, el Dr.Strangelove, reunido con la plana mayor del ejército, la ciencia y la política de Estados Unidos, ante la inminencia de la destrucción de Moscú por una bomba lanzada por un oficial americano enloquecido, propone que a toda prisa se preparen unos cohetes para sacar a todos los presentes mas el doble de mujeres jóvenes y hermosas, a fin de colonizar “debidamente”  otro planeta. La realidad vuelve a superar a la ficción, por muy absurda que sea.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 octubre 2023 1 02 /10 /octubre /2023 18:57

Publicado en la revista "Compromiso y Cultura" de octubre 2023

Este mes de octubre en el maremágnum de los acontecimientos de importancia global, voy a escoger una temática en la que se unen dos de las constantes profesionales de la persona que escribe  este texto para ustedes: el que concierne al estado del mundo, en concreto a la política internacional  y también en correspondencia con el pensamiento y la escritura, su reflejo literario. Vamos a hacer un pequeño recorrido por la suerte, o mejor la desgracia, de todo un continente, África, desde el corazón –los libros que buscan mostrarnos su alma inmensa entreverada en su historia lamentable- hasta la cabeza, el cerebro analítico, que busca comprender a través de la tortuosa singladura de los países que la componen, la irrefutable tragedia que está acabando con el continente, atomizándolo en la multitud de problemas de pura supervivencia de dichos países y el martirologio de sus ciudadanos, desde el norte hasta el profundo sur y el cinturón negro central  arrasado por la malsana fiebre yihadista, el fanatismo islámico, tan intolerante como el cristianismo del Medievo.

Y es que África, como la mostró un maestro de reporteros, el polaco Ryszard Kapuscinski, en su libro “Ébano”, “es un continente demasiado grande para poderlo describir. Es un océano, un planeta en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos África es solo para simplificar y por pura comodidad. Aparte de la denominación geográfica, África no existe”. El gran periodista, premio Príncipe de Asturias en 2003 y fallecido en 2007, no dejó de entonar en ninguno de sus libros sobre África el sentimiento de culpa y de vergüenza por “el mal irreparable causado a los negros de ese continente por las naciones e individuos de la raza blanca”.

No sé en qué se va a convertir África en el siglo XXI con una deriva destructiva que aflige a una gran parte del “continente negro”, pero estén atentos a las noticias y a lucha de influencias que se ha declarado entre el Occidente de Estados Unidos y Europa (con su pasado colonialista aún no exorcistado) y el Oriente de la codicia territorial rusa y el creciente  poder de los chinos y otros dominios asiáticos. Mientras, y como apoyo literario, repasemos los libros que mejor han dibujado los fuertes contrastes  colonialistas y neocolonialistas.

Me justifica, en cierta manera, el servirles de guía por haber vivido el final de una historia colonial “in situ”. Más cerca de la dolida nostalgia de Albert Camus que del romanticismo colonialista de la baronesa Karen Blixen  en Kenia (la que “tenía una granja en África”), yo también he tenido desde niño el “Sueño de África” (título de un excelente libro de mi colega, Javier Reverte). Vivíamos en el norte del continente, en Marruecos, durante el “Protectorado” español y hasta la Independencia del reino alauita. A finales de los 50, España tuvo que irse y, al contrario que Francia en Argelia, lo hizo en paz, sin derramamiento de sangre. La dictadura franquista y el rey Mohamed V, abuelo del actual rey, se llevaban más o menos bien aunque con desconfianza mutua. De entonces se alimentaba mi nostalgia de los soles inmisericordes y las noches estrelladas de África.  Como periodista volvería varias veces a Marruecos y también a Argelia, Túnez, Mauritania, todo Oriente Medio, Egipto, Sudán, Guinea…y sería testigo más adelante –aunque ya no en persona- de las secuelas de la colonización, de la descolonización, de las hambrunas y las sequías, de la miseria ancestral, los conflictos bélicos permanentes, los señores feudales de la metralleta, el petróleo, los diamantes y los metales estratégicos, los genocidios de tribus enteras, la corrupción y la violencia como forma de vida. África –sobre todo la llamada “negra” o central- se ha convertido  en una “aporía”, un sinsentido sin futuro y casi sin presente viable, un camino sin camino lleno de incertidumbre, de ruido y de furia. Y para Europa –para Occidente en realidad-  el “sueño de África” que alimentó la furia expansionista de la Europa del siglo XIX, se ha convertido en una pesadilla real en forma de pateras o de conflictos bélicos. Europa está a punto de perder su última oportunidad, si es que no la ha perdido ya, de convertir Africa en el sueño  de colaboración e igualdad que debía haber sido,  si el complejo de superioridad, -una falacia cultural y racial- , de los europeos no hubiera  convertido a una parte del continente africano en “El corazón de las tinieblas”, -abril de 1889, publicada entre otras editoriales españolas por Cátedra- la apasionante diatriba anticolonial que el polaco-inglés Joseph Conrad dejó a la posteridad.

Aparte de esta apasionante novela, llevada al cine por Coppola con el título apropiado y oportuno de “Apocalypse Now”, voy a recomendarles dos autores –y dos visiones- complementarias de la realidad africana en el siglo XX. Uno de ellos, Javier Reverte, al que conocí en Madrid en los ochenta a través de un amigo común, Manu Leguineche,  manifestó también desde muy joven su amor al “Sueño de África” (1996), confirmado más adelante por “Vagabundo en África”  (1998) y “Los caminos perdidos de África”(2003), un recorrido por el transcurso geográfico  e histórico y político del Nilo, cuya lectura nos deja ver con meridiana claridad el proceso de empantanamiento de esos países por la herencia colonial y la mala gestión autóctona deformada por las interesadas “aportaciones” de las potencias europeas ex coloniales; y algunas llegadas ya en el XX, Estados Unidos, China y Rusia.

La amenidad descriptiva y anecdótica de Reverte coincide plenamente en atractivo con la obra del citado Kapuscinski, uno de los mejores reporteros internacionales. De él aconsejo “Ébano” (1998), donde nos da una visión panorámica de un continente en ebullición, con tipos como Idi Amin Dadá en Uganda, la tragedia de Ruanda, las megalópolis de miserias, los reyezuelos sanguinarios, los señores  de la guerra  y su codicia agresiva, el pueblo que lucha por sobrevivir.  También “El emperador” (1978) en torno a un personaje estrafalario digno de Kafka, émulo de “Ubu rey” o de los tiranos de polichinelas, absurdo y estúpidamente ajeno a todo, el “Rey de Reyes”, el “Elegido de Dios”, descendiente directo de Salomón, el emperador Haile Selassie de Etiopía. Ni Shakespeare hubiera podido imaginar un soberano de esas características. En cuanto a “Un día más con vida” (1976), nos habla del colonialismo portugués  en Angola y de la independencia de ese país el 11 de noviembre de 1975, después de la “Revolución de los claveles”. Alguien ha comparado este texto brillante y estremecedor con alguna de las mejores novelas de Graham Greene. Yo creo que las supera, tal es el hálito de verdad, dolor y miedo que aflora en sus páginas. Y para reponernos de los malos momentos leídos en las obras anteriores, recomiendo sus “Viajes con Heródoto” (2004), en cuya lectura comprenderán que clase de persona fue ese incansable reportero-escritor que se jugaba la vida por relatar cualquier historia plena de sufrimiento y heroísmo humanos.

Pasemos ahora a la vertiente no periodística, la literaria, entreverada de historia y perteneciente a una época en la que el factor colonialista era el presente de los autores y una corriente caudalosa de romanticismo teñía esas novelas y libros de viajes que han pasado a la historia de la literatura de evasión.   Les recomiendo tres libros dedicados a la travesía del Nilo desde las fuentes hasta el todo su recorrido. Se trata de “Diario del descubrimiento de las fuentes del Nilo” por John Hanning Speke, (1864, Espasa 2003) con prólogo de Javier Reverte. Speke logró ser el primer occidental en llegar a las fuentes del mítico río, ambicionado por todos los exploradores desde los tiempos de Nerón. Y tuvo la mala fortuna de que no se le reconoció su descubrimiento  hasta doce años después de su muerte. No tuvo la maestría intelectual  y la osadía de Richard R. Burton, (autor de “Relato personal de mi peregrinación a Medina y La Meca” (1853, Laertes 1983), pero sí su tenacidad y osadía. Y como postre, el “Viaje por el Nilo” del viajero alemán  E.V. Gonzenbach (1890, Laertes 1982) en una edición facsímil del original con ilustraciones extraordinarias de R. Mainella. Y para terminar, otro clásico, este de los años 30,  “Arenas de Arabia” (1984, RBA bolsillo 1998)  de Wilfred Thesiger, que no desmereció de los clásicos del siglo XIX, por ser uno de los primeros occidentales en recorrer Sudán, Abisinia, Siria, Arabia, Irak y Kenia compartiendo la vida con los beduinos justamente poco antes de que se descubrieran los primeros pozos petrolíferos en esas zonas, lo que –como sabemos- cambia totalmente la forma de vida que los rodea.

Y no podemos dejar de lado la vertiente legendaria de las novelas basadas en un África  ya totalmente desaparecida, llena de aventuras exóticas, lugares misteriosos, animales salvajes, etnias legendarias y parajes de ensueño.  Acompáñenme. Vale la pena.

A caballo del celuloide, “Tarzán de los monos” ya en fecha tan venerable como 1912, atrajo la imaginación y el entusiasmo de los espectadores y llamó la atención de los lectores hacia Edgar Rice Burroughs. Nacía el héroe africano que, como no podía ser menos en plena era colonial, era un inglés que, por accidente, se convierte en un niño “aborigen” al que, de adulto, obedecen y temen nativos y algunas fieras. Rudyard Kipling, fue un poco más auténtico y fiel a las razas de la zona, en el “Libro de la Selva” o “Libro de las tierras vírgenes”, donde el niño Mowgli es amigo y protegido de una manada de lobos y un oso (aunque fiel a su propio pasado, Kipling habla de una selva en la India).  Pero como dice Savater en uno de sus libros de fervor literario hacia los héroes del pasado victoriano,  en África estaba garantizado el pulso imperecedero de la aventura y sus ingredientes clásicos: lo peligroso, lo exótico, lo misterioso y lo noble y redentor. “El emprendedor e irreverente sueño europeo, mezcla de ambición de dominio y ansia de novedad, se volcó demoledoramente sobre el continente negro”, afirma Savater.

Y no sólo los autores ingleses, los franceses desde el Tartarin de Daudet a los viajeros indómitos de Julio Verne, o el viaje al Congo de André Gide, o “Las raíces del cielo” de Romain Gary, los italianos con Salgari, o los norteamericanos con un enfervorizado Hemingway, cazador él mismo, con “Las verdes colinas de África” o “Las nieves del Kilimanjaro”, los alemanes con Karl May o Junger . Y como joya de la corona de ese tipo de novelas, la incomparable “Beau Geste” (1924) del inglés  Percival Christopher Wren. A la altura de ésta hay que referirse a un personaje tan logrado como Tarzán, el gran Allan Quaterman, nacido de la pluma de Henry Rider Haggard que con “Las minas del rey Salomón” (1885) dio carta de nobleza al personaje, que luego resurgiría en “Las aventuras de Allan Quaterman” y en “La venganza de Maiwa”.

Pero, en homenaje a Fernando Savater, cuya “Infancia recuperada”, y otras obras,  han creado una hermandad de lectores con esa misteriosa afinidad literaria que se da entre los incondicionales de Guillermo Brown y de  Sherlock Holmes o el profesor Challenger, hago mención, por último, a otra obra de Sir Arthur Conan Doyle, no muy conocida pero realmente emocionante: “La tragedia del Korosco” (1898) cuyo escenario básico  es el Nilo y el levantamiento de los seguidores mahometanos del Mahdi que secuestran a un grupo de turistas ingleses. Es una de las obras que reflejan con más verosimilitud el ambiente colonial que se vivía en el siglo XIX en África, ya sea bajo dominio inglés, francés o belga.

Les sugiero, pues, esta largo viaje por la aventura, el reportaje y la historia de un continente, África, que está en trance de morir a su pasado y renacer fracturado y disperso con un neocolonialismo que no será mejor que el colonialismo vivido en el XIX y comienzos de XX. En otro lugar he escrito sobre las raíces políticas y económicas del futuro desastre que ya se anuncia. Por eso he querido  dejar un testimonio escrito del bagaje literario de lo que fue la aventura africana… el sueño de un continente que aún  no ha logrado crear el orgullo conjunto de todos los que han nacido y vivido en ese continente inmenso. Empresa tan difícil como muestra que en otro continente mucho más pequeño y uniforme, Europa, aún no hayamos logrado superar nuestros provincianos nacionalismos para crear la identidad europea.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

 

 

 

 

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26 septiembre 2023 2 26 /09 /septiembre /2023 17:51

Artículo publicado en La Comarca, 260923

No abundan, pero de vez en cuando se ve  alguna pareja de personas mayores, incluso ancianos, pasear, cogiditos de la mano. Muchas personas se sorprenden y lo achacan –maliciosamente- a efectos de la vulnerabilidad psíquica o física de alguno de ellos o de los dos. Pero a pocos se les ocurre que van así porque necesitan de forma emocional estar en contacto permanente para sentirse bien, completos. Sencillamente porque ese contacto forma parte de su vida, desde que se conocieron y amaron.

Cuando veo  a una de esas parejas, enfrascados en su charla, sonrientes, suelo recordar el mito del Andrógino que Platón hace relatar al gran Aristófanes durante el “Banquete”. Nos cuenta Platón en este, uno de sus más grandes “Diálogos”, que en el origen de los Tiempos había tres clases de seres humanos: hombres, mujeres y andróginos.  Estos eran seres perfectos, completos, de una enorme fortaleza e inteligencia: eran de forma circular, tenían cuatro piernas y cuatro brazos y dos rostros en el cabeza cuyo pensamiento y voluntad eran unísonos y su energía cuadruplicaba la de hombres y mujeres. Y naturalmente dos sexos, masculino y femenino. Eran tan autónomos y poderosos que decidieron destronar a los dioses del Olimpo. La rebelión salió mal y Zeus partió por la mitad a cada andrógino, convirtiéndolos en hombres y mujeres “normales” y condenó a las dos partes de cada uno a no encontrarse jamás…excepto a algunos pocos, escogidos, por exclusiva decisión de la diosa Fortuna. En estos pocos casos se satisfaría la necesidad, compartida por todos los seres humanos y nunca satisfecha, de hallar la persona que es nuestro complemento vital. Es decir, la parte de nuestra integridad, amputada por la espada de Zeus, de nuestra completud.

Si conocen a alguna pareja como las descritas, hagan la prueba: pregúntenles sobre sus sentimientos mutuos. Indaguen discretamente en la historia de su relación. En todas habrá un elemento común: “fue como descubrir mi otra mitad. Solo con él/ella me siento completo/a. No hay que forzar nada. Cualquier dificultad  es superable…a condición de estar juntos.” Son los andróginos de nuestros días.

No sólo Platón o la mitología  griega, también  en las disciplinas mistéricas como la Gnosis o la Kábala y en la filosofía, Schopenhauer, Kant, Montaigne; o en la psicología, Freud, Jung, Adler, Fromm, han trabajado en ese ansia de búsqueda de unidad personal, que es símbolo y metáfora de la cuestión sexual. A la cual, como dijo Montaigne, “tanto la manipulamos o la ignoramos en la vida, cuanto más la tenemos en el pensamiento”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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