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1 noviembre 2025 6 01 /11 /noviembre /2025 14:33

Vivimos una crisis global, que se podría parecer a diversos periodos de la historia de los últimos siglos, pero lejos de la contundencia y complejidad de la actual. El mundo ha mutado –por obra y gracia de la pujante civilización tecnológica- en un sistema complejo de propiedades emergentes, donde el sistema es más que la suma de sus partes. Los componentes del sistema –gobiernos, líderes políticos, clima, economía-  alcanzan mayor complejidad e interactúan entre sí, de tal forma que surgen propiedades que no estaban antes en ninguno y que no eran deducibles de los elementos del sistema. Los problemas que aparecen son debidos a condiciones globales difíciles de controlar que no se tienen en cuenta y se aplican remedios locales. Por ejemplo, el cambio climático obliga a los emisores de gases de efecto invernadero a pagar más. Pagando se sigue contaminando.  Medidas económicas fallidas dirigidas a un solo factor de los que producen la crisis ecológica.

Cada salto de complejidad en el sistema hace aparecer propiedades nuevas y produce efectos no proporcionales a dichos cambios. Por primera vez la humanidad como complejo de interacciones produce efectos letales que superan las posibilidades y conocimientos de las naciones y la capacidad de sus líderes para resolverlos. Trump, Putin, Netayanhu... son elementos del sistema afectados por la ingobernable complejidad global y sus acciones producen efectos que se saltan los límites (éticos, morales, tradicionales) del pasado. Se realizan actos de crueldad inhumana con la impunidad como escudo: guerras, (Gaza, Ucrania, África), fenómenos climáticos extremos, emigración desatada, problemas sociales y políticos que afectan a los ciudadanos corrientes, individuos sometidos al panóptico de control digital y su dictadura. Esta crisis global ‘crisistémica’, no tolera soluciones parciales.

La literatura profetizó cambios globales que reflejaron la realidad histórica. En la novela de Ian McEwan “Lecciones”, publicada en 2023, se nos cuenta: : “...el mundo se tambaleaba peligrosamente sobre su eje, gobernado en demasiados lugares por hombres ignorantes y codiciosos, mientras la libertad de expresión retrocedía y en los vastos espacios digitales resonaban los gritos y mentiras de masas delirantes...las nuevas armas nucleares y los ‘drones’ se multiplican bajo el mando de la inteligencia artificial, mientras sistemas naturales vitales, aire puro, corrientes oceánicas, insectos polinizadores, arrecifes de coral, tierras fértiles y toda suerte de flora y fauna se marchitaban o extinguían...y partes del mundo ardían o se anegaban...”. Es una crisis global que nos es familiar.

Ninguna solución parcial afecta la dinámica perversa del sistema. Y, de momento, es utópico actuar contra la responsable de esa complejidad letal: la tecnología digital, que se ha convertido en la estructura básica de las empresas, la economía, la política, las sociedades y la vida misma de los individuos del siglo XXI. Sería como decir a la humanidad: controlad firmemente el uso del móvil, las redes, el mundo digital en todos los órdenes de la vida: el neocapitalismo digital que nos domina, como un oculto ‘mago de Oz’, no lo permitirá.

 

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13 octubre 2025 1 13 /10 /octubre /2025 18:29

LOGOI 427

¿“PAZ” EN GAZA?

En 1929 el sociólogo y filósofo italiano Antonio Gramsci, uno de los fundadores del PC italiano (1891-1937),  escribía desde la prisión fascista en uno de sus 33 ‘Cuadernos de la cárcel’, “El viejo mundo está muriendo y el nuevo tarda en aparecer. En esa espera oscura y amenazadora aparecen los monstruos”. Hay muchas semejanzas entre el mundo fascista y nazi que estaba llegando en aquellos días, preludio de la II Guerra Mundial, con el Nuevo Orden autoritario que aparece. Y también cierto paralelismo entre esta época nuestra y la pronosticada por Gramsci. Los “monstruos”, Trump y su cohorte de obsesos por el poder, Netanyahu, Putin, Xi Jinping y otros de segunda fila, bailan, todos cogidos de las manos, la danza de la muerte de los valores democráticos y solidarios.

La “paz” en Gaza está auspiciada por el “amigo americano” y presenta defectos y lagunas muy en consonancia con el cerebro, la conducta y los intereses de Trump. Por ello, lo que está sucediendo, más que a Gramsci me hace evocar a otro filósofo, alemán, con un final tan desdichado como el del italiano: Walter Benjamin. Cuando miro hacia Gaza y su paz precaria y sin definir, veo al “ángel de la Historia”, un concepto filosófico de Benjamin, basado en el cuadro de Paul Klee, “Angelus novus”: un ángel se vuelve hacia el pasado reciente –algo parecido a Gaza- con un gesto de indecible horror, pero no puede acercarse para aliviar el dolor y la destrucción,  pues un vendaval llamado ‘progreso’ le empuja hacia el futuro. Quizá un futuro donde esa destrucción del pasado quede justificada en aras de un modelo de  desarrollo social y económico que volverá a causar nuevas Gazas por otros países. La visión de Benjamin de “la historia como catástrofe” parece coherente con el momento actual.

La “pax trumpiana” no tiene garantías. A pesar de ello una parte del mundo se ha sentido aliviada y vagamente optimista. Hay retirada israelí de la franja, se permite ayuda humanitaria y habrá intercambio de prisioneros. Bastantes más cuestiones importantes, vitales, se quedan para la mesa de negociación y ya han comenzado a ser rechazadas antes de negociar: nada de creación y autodeterminación de un Estado palestino, no se darán garantías de no volver a ocupar esos territorios si Israel lo cree necesario, no habrá amnistía para los miembros de Hamas y tampoco éstos entregarán sus armas, no queda claro quién gobernará Gaza y si las partes aceptarán un Gobierno internacional formado por algunos países árabes o una renovada Autoridad Palestina. Así pues no hablemos de paz en Gaza. Si acaso, una tregua, y bastante frágil para una guerra de exterminio de dos años.

Es una tregua planteada al estilo marrullero e intimidatorio, lleno de chantajes y sobornos, con un trasfondo de negocios abusivos, de este nefasto Presidente, cuyo patrimonio personal y familiar ha pasado en el último año de los 2.300 millones de dólares  a los 7.200 actuales. ¿Es admirable?

 

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7 octubre 2025 2 07 /10 /octubre /2025 18:16

LOGOI 426

YO, JANE; TÚ, CHITA

Algunas veces, pocas, la Naturaleza parece propiciar existencias  ejemplares usando elementos de la cultura popular, películas, novelas de acción, comics... Pensaba en ello cuando leía el pasado miércoles la noticia del fallecimiento, a los 91 años, de la etóloga y primatóloga Jane Goodall  (nacida en Londres el 3 de abril de 1934), que fue Mensajera de la Paz de la ONU en 2002, premio Príncipe de Asturias en 2003 y en 2006 Medalla de Oro de la UNESCO.

Jane leyó a los 10 años la novela de Edgar Rice Burroughs “Tarzán de los Monos” y después vio las películas y las series de los años 30 y 40 sobre África, la selva y sobre todo los chimpancés y orangutanes (la mona Chita, como ejemplo -que en realidad era macho-) y se sintió firmemente atraída por el sueño de vivir allí y dedicarse a estudio de esos animales. Fue con 26 años, en julio de 1960, cuando pudo viajar al Parque Nacional de Gombe en Tanzania donde abrió una etapa nueva en la investigación y preservación de las especies de primates. Y cuando ya era una científica famosa solía bromear con el origen de su vocación, cuando decía: “Tarzán se casó con la Jane equivocada”.

El antropólogo Louis Leakey fue el mentor científico de Jane, facilitándole los medios y contactos para que realizara sus geniales descubrimientos sobre el comportamiento complejo de los chimpancés, el uso de objetos y herramientas y sus formas de interacción social, aprendizaje y conductas.  Fue un intuitivo apoyo personal ya que Jane no poseía formación científica pero  lo compensaba con una obstinación  y un amor total hacia esos animales, hasta el punto de querer dedicar su vida a la observación y estudio de la especie. Ella logró confirmar y demostrar que la característica supuestamente solo humana de fabricación de herramientas para objetivos propios, también la poseían los primates. También descubrió que son omnívoros, que se aman y se cortejan en forma semejante a la humana y que tienen una agresividad, en solitario y en grupo, que calificaríamos de “humana” si pretendiéramos insultarles (los humanos les superamos holgadamente en crueldad y salvajismo).

En la década de los 80,  Jane ya había obtenido un doctorado, tenía un hijo (su marido, fallecido, era un célebre fotógrafo), había fundado un Instituto que lleva su nombre y se había convertido en una activista en pro de la sostenibilidad ambiental y el bienestar animal, a través de numerosos libros y charlas por todo el mundo. La icónica fotografía del “National Geographic” de 1965 donde se la ve agachada extendiendo su brazo derecho hacia un bebé de chimpancé, llamado Flint, mientras éste extiende hacia ella su brazo izquierdo, la convirtió en una celebridad. Como ella decía: “Hay que abandonar la idea de que los humanos son los únicos seres con personalidad, mente y emociones”.

Descubrimientos recientes no sólo han vuelto a confirmar la “cercanía” entre el hombre y esos animales, han eliminado la creencia de que somos una especie evolucionada de primates y aseguran más bien que esos primates pertenecen a una rama evolutiva de descendientes nuestros.

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7 octubre 2025 2 07 /10 /octubre /2025 15:53

publicado en Compromiso y Cultura, octubre 2025

Los ciudadanos corrientes de la actual sociedad tecnológica avanzada están sometidos a un contagio sin precedentes por el aumento imparable de la idiotez, la imbecilidad y el cretinismo en las personas  


Hay épocas en las que la idiotez parece extenderse por el mundo como una pandemia global y ésta es una de ellas. Lógicamente en España también la imbecilidad  campa libremente entre determinados políticos, personajes públicos, instituciones, municipios, deportistas, influencers de la Red, gente del espectáculo y algunos pensadores y literatos despistados. Y queda más de manifiesto en momentos de crisis, como los groseros enfrentamientos de políticos en el Congreso y en las redes, el horror de Israel y Gaza convertido en debate vergonzante o los últimos dislates del  inefable Trump –símbolo perfecto de la estulticia -  y, como síntoma alarmante, el empoderamiento de la ultraderecha en una Europa que parece nostálgica de la cruz gamada.

 La lectura del reciente libro de Pino Aprile “Nuevo elogio del imbécil” y el de Máximo Rovere, "¿Qué hacemos con los idiotas?" me ha recordado un excelente trabajo del italiano Carlo Cipolla "Leyes fundamentales de la estupidez humana", integrado en el volumen “Allegro ma non tropo”. Ya Flaubert advertía que en el "estupidismo" se encontraba una de las claves activas e inevitables de los errores humanos en la historia de todos los países y épocas. Glucksmann se hace eco de ello y asegura que la estupidez, la idiotez, la memez, la mezquina y bobalicona insistencia en tener razón en lo que sea, no es algo banal ni intrascendente: es uno de los cánceres de la historia. Más allá de los jinetes del Apocalipsis, que decían que eran cuatro, cabalga el quinto jinete envolviendo a todos con un manto tan invisible y letal como ella misma, la estupidez.
Para comprender su gravedad, les cito, las seis leyes que rigen la idiotez, según Carlo Cipolla  (corroboradas por Pino Aprile, Máxime Rovere y Ponte di Pino), que la convierten en "una de las más poderosas y oscuras fuerzas que impiden el crecimiento del bienestar y de la felicidad humana”: 1ª) siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo; 2ª) la posibilidad de que una persona determinada sea una estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma; 3ª) una persona imbécil causa daño a otra persona o grupo de personas, sin obtener al mismo tiempo un provecho para sí o, incluso obteniendo un perjuicio;4ª) las personas no idiotas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. En especial olvidan que en cualquier momento o lugar, en cualquier circunstancia pueden tratar y/o se asocian con individuos estúpidos. 5ª) La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe, incluso más que el malvado. Y 6ª) Un país va a la ruina cuando el porcentaje de malvados prospera al tiempo que el de estúpidos, junto a un notable incremento de número de incautos en la población total.

Pino Aprile nos matiza el tema con otras seis leyes de la idiotez: 1.-El tonto vive, el listo muere; 2.-el hombre moderno vive para volverse tonto; 3.- La inteligencia trabaja en beneficio de la estupidez y contribuye a expandirla; 4.-La imbecilidad solo puede aumentar, no decrecer y 6.-Cuando los hombres se juntan favorecen el equilibrio del grupo hacia la idiotez. También Aprile  y Robert J. Sternberg, nos ofrecen para el mundo de la empresa una simbiosis de los principios de Peter y la Ley de Parkinson: a.-En una jerarquía todos tienden a ascender hasta el límite de su capacidad; b.-A partir de ese momento comienzan a multiplicar sus tareas para ocultar su incompetencia. Y c.- no se le ocurra sugerir a su jefe una forma de hacer las cosas mejor, ganar tiempo y favorecer al administrado, le dirán que se limite a hacer su trabajo o que dimita.

Aunque el mundo cotidiano de uno parece desenvolverse con amabilidad, por supuesto con el telón de fondo de los horrores de nuestra época, también nuestra tranquila intimidad es un espejismo. Si sales de tu trabajo, el gimnasio, el teatro, el super, el concierto o tu hogar, en cualquier lugar, en la más inofensiva de las circunstancias y por un motivo de lo más banal, topas con algún memo. Y el mundo casi-perfecto se volatiliza. Hombre o mujer, joven o viejo, esa persona instaura un elemento entre él y usted que hace que su propia inteligencia y comprensión decaiga, se desvanezca. Entra en una situación en la que su ansia de comprender lo que ocurre, lo que le dice el imbécil o sus argumentos, cuando los tiene, se convierte en una labor imposible: eso anula su capacidad de análisis y razonamiento y por un extraño sortilegio se escucha tratando de balbucear en su  argot y plegarse a su extraño y peculiar modo de relacionarse. Hasta el punto que el idiota, triunfante en su pegajosa y a veces agresiva estupidez, piensa que el idiota es usted. No importa que lo que trata de hacer beneficie directa o indirectamente al estúpido: tratará de obstaculizarle y como decía Rovere "intentará ahogar tus argumentos con razonamientos sin fin, responderá a tu benevolencia con amenazas, tu afabilidad con violencia y ridiculizará tu busca del bien común, aunque dañe su propio interés individual". El refranero popular es tajante: "el estúpido es más peligroso que el malvado".

Decía Schopenhauer que en la historia, los siglos van pasando unos parecidos a otros, bajo dos elementos comunes: la maldad (o la crueldad) y la estupidez de los hombres. O como decía otro autor: "la persona verdaderamente imbécil no es sino aquella que confunde su razón con la razón universal; quien cree saberlo todo, que se queda pasmado ante su propia inteligencia y no necesita moverse de ese punto, quien deambula con la inercia de su propio pensamiento sin tener en cuenta el del resto". Y eso tiene un peligro: la idiotez es algo evidente para casi todos, excepto para el que la sufre. A veces lo peligroso no es ser estúpido sino creer estar exento de la estupidez. Y así llegamos a una constatación: todos tenemos momentos, de mayor o menor duración, en que somos imbéciles irremediables. Puede ser una simple circunstancia, en la que perdemos la razón de vista. La cuestión, para no sentar plaza de estúpido, es darse cuenta de cuando uno lo es y analizar los hechos y las actitudes, hacer propósito de enmienda y grabar en la propia mente lo vivido como una "guía de perplejos" a la que acudir en próximas ocasiones.

Siempre hay un cretino en cualquier recodo de nuestra mente, dispuesto a tomar el control y hacer valer sus "derechos" cuanto menos te lo esperas. El profesor Rovere propone tres principios básicos a tener en cuenta cuando uno afronta el problema de la estupidez: 1, siempre somos el imbécil de alguien; 2, Las formas de idiotez son infinitas y 3, hay un tonto en nuestro interior esperando manifestarse (lo normal es que no se lo permitamos, pero lo intenta). En cuanto nos relacionamos con un idiota, de una forma automática, lo que hay de bobo en nosotros, vibra por simpatía energética  y se siente atraído por el/la persona que nos estimula, anula el pensamiento crítico, desvirtúa nuestro sentido común y nos impulsa a un comportamiento semejante. Normalmente uno logra evitar ese contagio. ¿Cómo? Tratando de usar su capacidad de comprensión y, si es posible, de empatía. No hay otra salida. Un rechazo frontal es una trampa que provoca el afloramiento de alguna forma de imbecilidad, ya sea como reacción excesiva o de agresiva.

Lo cierto es que el estúpido entra en tu círculo interactivo y crea una dinámica perversa. Cualquier cosa que digas o hagas puede ser usada en contra tuya. Si pretendes razonar con él/ella, asistirás a un choque letal entre formas distintas de entender la vida, por tanto es posible que el sentido, contenido y valor de las palabras que intercambiéis sean diferentes y a veces opuestos. Es conveniente analizar la situación, anular respuestas precipitadas y enlentecer con cortesía el desarrollo. No se puede convencer al idiota, hay que aplacarle y buscar algún punto de contacto no beligerante. En esas ocasiones hay que estar atento a encontrar una vía de escape que cause el menos daño posible.

Gracias a internet la cantidad de cretinos ha crecido exponencialmente: nunca en toda la historia de la humanidad tantos tontos han podido decir tantas idioteces a tantas personas y tan pocos sujetos han podido librarse de ellas sin pagar el impuesto de pasar por tontos. La única actitud racional que puede aliviar la carga negativa que suele contagiar el idiota es escuchar benévolamente, haciendo un sincero esfuerzo por entender la argumentación, si la hay, o procurar no perder la paciencia ni el control si no la hay. La ira, el rechazo, la violencia, hace que nuestro imbécil interno tome las riendas de inmediato. En algunos casos, la huida es una victoria. Y, en última instancia, hay una vacuna, no siempre está disponible:  poner tierra de por medio entre el/los imbéciles y uno mismo.

La relación social es el caldo de cultivo básico del idiota.  Los consejos éticos al uso no sirven para lidiar con la imbecilidad, ya que la actitud, las palabras o las acciones de los idiotas suelen atacar la base ética de la sociedad, no como una acción  destructiva del signo que sea, ni como una ideología del caos, sino con la "inocente", corrosiva y disparatada seguridad del que cree obrar “razonablemente” (según un código personal al que no tenemos acceso y que no es coherente con la ética al uso).  Pero lo más peligroso de esa pandemia es que encumbra a los "mejores" memos a los puestos de poder, ya que ellos son el reflejo exacto de la mediocridad que subyace en nuestra cultura adocenada que se extiende y fructifica gracias a los medios digitales y su globalización. Como dijo alguien muy amargado por estas cuestiones, los estúpidos no son mayoría, pero la mayoría casi siempre es idiota.

Todos los seres humanos son majaderos en ciertos momentos de sus vidas,  pero la mayoría lo son durante mucho más tiempo. Esta es una teoría y según Popper, no existen las teorías verdaderas, sino aquellas que han sido contrastadas sin poder ser falseadas. Pero aunque esta fuera falseada (que yo sepa nadie lo ha logrado), no hay que desecharla, porque la bobería es un principio dinámico y muy contagioso. Es como si a través de las Redes o la I.A. nos hicieran un lavado de cerebro para dominarnos aún mejor y controlarnos a todos (y no es conspiranoia). No olvidemos la existencia larvada de los mini-imbéciles: los que se cuelan en las colas, el que se salta las normas de circulación porque cree que nadie lo va a ver, el que se cisca en las normas de higiene pública o de buena vecindad porque le conviene.

En sus aleccionadores  ensayos, cuajados de buen humor e inteligencia coloquial, Pino Aprile  y Robert J. Sternberg (y sus autores)  comentan con solvencia las fallas del sistema y sus reinos de taifas, la administración púbica y el funcionariado. Y dentro de ellos, la existencia de individuos inteligentes, aunque sujetos a los efectos de la estupidez: la memez reinante está preparada para reducir la capacidad de impacto de las inteligencias libres, creativas, disruptivas y disonantes. Ya que si éstas prosperasen o incluso si llegasen a algún cargo de dirección, arruinarían el mediocre tinglado en su totalidad y acabarían con la perpetuación del sistema, su principio esencial. Pero eso no ocurrirá­: la humanidad desarrolló durante millones de años una inteligencia capaz de hacerla sobrevivir y ahora ésta ya parace innecesaria porque todo funciona más o menos solo. Por tanto  una inteligencia ajena a la perpetuación del sistema apenas afectaría su pacífica y bovina continuidad.

Para terminar, una pregunta al lector: ¿a cuál de los cuatro tipos humanos propuestos por nuestros autores pertenecen algunas de las personas que usted conoce? Observe: incautos,  inteligentes, malvados  o estúpidos. Estos últimos, ya sabe, son de lo peor. “El incauto es una persona que es capaz de beneficiar a los demás incluso perjudicándose a sí mismo. El inteligente toma las decisiones más precisas para beneficiarse él pero, también, a los demás. El malvado actúa movido sólo por el beneficio propio sin importarle perjudicar a los otros. En cuanto al estúpido…es esa persona capaz de perjudicar a los demás sin beneficiarse él o incluso perjudicándose o sin pretender ninguna de las dos cosas. Es decir, una persona inteligente puede tender a ser incauta (cuanto más incauta sea, menos se beneficiará a sí misma y más a los demás); o a ser malvada (cuanto más se acerque a la maldad más perjudicará a los otros y más actuará en beneficio propio). El malvado oscila entre la inteligencia y la maldad. El incauto entre la estupidez y la inteligencia. El estúpido está a medio camino entre los malvados y los incautos”.

Para acabar: un estúpido puede ser analfabeto o doctor en algo, rico o necesitado, joven o viejo, de izquierdas o de derechas, creyente o ateo... Lo que diferencia al estúpido del que no lo es, suele ser el olvido frecuente de la inteligencia. Aunque tendríamos que diferenciar al inteligente del listo, siendo el inteligente el que tiene capacidad para comprender, analizar,  reflexionar y tomar decisiones mientras que el listo sería una persona hábil capaz de resolver problemas más inmediatos. “Un inteligente podrá ser algo malvado (beneficiarse a sí mismo más que a los demás) o algo incauto (beneficiar a los demás más que a sí mismo) pero es difícil que se comporte de forma completamente estúpida”.

 

FICHAS

(Algunos de estos autores han sido citados textualmente y entrecomillados. Pero el mensaje del texto en general surge de la coincidencia entre lo que ellos escribieron y la opinión del autor de este humilde análisis)


¿QUÉ HACEMOS CON LOS IDIOTAS?.- Maxime Rovere.-Trad. Núria Petit.- Ed. Paidós. 138 págs.

LAS LEYES FUNDAMENTALES DE LA ESTUPIDEZ HUMANA.- ALLEGRO MA NON TROPO.- Carlo Cipolla.- Editorial Crítica-Trad. María Pons

NUEVO ELOGIO DEL IMBÉCIL.-Pino Aprile, -Ed.Gatopardo- Trad. Juan Manuel Salmerón

EL QUE NO LEA ESTE LIBRO ES UN IMBÉCIL.- Oliviero Ponte di Pino.-Círculo de Lectores.- Trad. Esther Benitez

¿POR QUÉ LAS PERSONAS INTELIGENTES PUEDEN SER TAN ESTÚPIDAS? -Robert J. Sternberg (editor).- Ed.Ares y Mares. Trad. Elena Recasens

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6 septiembre 2025 6 06 /09 /septiembre /2025 17:20

ORWELL PROFÉTICO: 80 AÑOS DE  ‘REBELIÓN EN LA GRANJA’

En esa obra y en “1984”, el escritor inglés logró analizar lúcidamente la distopía  política y social del siglo XX, que se agudiza en el mundo actual

 

En 1945,  George Orwell –Eric Arthur Blair-  (1903-1950),  publicó una feroz alegoría sobre la degeneración de los ideales revolucionarios –Rebelión en la granja- que toda su vida defendió, incluso activamente, como cuando luchó en las filas de la amenazada República española en 1936, junto a su mujer Eileen. Se encontró con dos frentes de batalla. Uno, contra las tropas fascistas de Franco. Y el segundo, interno, en el seno de las filas republicanas, entre comunistas y anarquistas. Describió las checas, la persecución ideológica entre los dictados de Moscú y los que se oponían a la otra “dictadura del proletariado”: un prodigioso disparate que debilitó a la República hasta el punto de facilitar indirectamente la victoria del fascismo, triunfante en muchos países europeos con el apoyo de los ya poderosos nazis (a pesar de la supuesta “neutralidad” de los aliados) lo que supuso un apoyo privilegiado para el ejército de Franco.

Aparte de sus magníficos ensayos y libros de reportajes biográficos sobre las vidas de los obreros y mendigos ingleses, Orwell publicaría, entre otras, dos novelas, “Rebelión en la granja” y “1984” en las que denunciaba de una manera literariamente magistral los autoritarismos y describía el terror estalinista (del que su “Rebelión...” es un reflejo directo y espeluznante en forma de supuesto “cuento para niños”).

Como curiosidad histórica, otra figura señera de la filosofía de su propia época, Simone Weil (1909-1943) que también intentó combatir en la contienda fratricida española (tuvo que ser evacuada de primera fila de combate en la batalla del Ebro, debido a un accidente) escribía poco antes de morir –de inanición voluntaria y tuberculosis): "Nunca el individuo ha estado tan a merced de la colectividad ciega y nunca los seres humanos han sido más incapaces de someter sus acciones al pensamiento y hasta solo de pensar...como en la forma actual de la civilización...vivimos en un mundo en el que nada se corresponde con las dimensiones humanas".

El mundo actual parece haber surgido de las páginas críticas que escribieron estos dos autores. Pero centrémonos en Orwell. Al regresar desalentado y confuso de España, Orwell escribe “Rebelión de la granja” su extraordinaria alegoría contra la dictaduras, las mentiras como forma de gobierno, el endiosamiento del líder, las injusticias, el hambre en el pueblo sometido, los vergonzantes  abusos de los que sostienen al dictador. Su editor se niega a publicarla. El manuscrito es rechazado también en la prestigiosa “Faber&Faber” por T.S. Eliot (uno de los más grandes poetas del siglo) porque “no es adecuado en estos días criticar la situación política” (se vivía en plena “guerra fría” –por cierto, término acuñado por Orwell-)  y no se quería “molestar” a los rusos). En los dos años siguientes Orwell, enfermo de tuberculosis –como Weil- escribe “1984”, una de las obras más lúcidas y proféticas del siglo XX.

 Orwell analizó la situación Estados Unidos-Rusia y vaticinó que ambas potencias nucleares, no se atacarían nunca de frente, pero si indirectamente  a través de terceros, apoyando a los países y  contiendas que favorecieran a uno u a otro.  Murió en 1950, con 46 años, un año después de lograr publicar “1984”. Su legado desde un punto de vista literario es notable, pero el alcance crítico y analítico de su obra contra los estados totalitarios y la deriva antidemocrática y antihumanitaria del mundo, es extraordinario. Para consuelo de los que creemos en los derechos humanos, la solidaridad,  la paz y la igualdad entre personas y países, Orwell ha dejado testimonios literarios de una agudeza y vigor inigualables donde queda palmariamente reflejado el actual momento internacional, con el avance la ultraderecha, los líderes mesiánicos, la brutalidad y el abuso como norma de conducta entre naciones y personas, con una Europa que se niega a sí misma y va convirtiéndose  en una  caricatura de su propia historia. Y unos Estados Unidos que sigue la senda fascista contra la que habían luchado en el pasado siglo.

Leer “Homenaje a Cataluña”, “Rebelión en la granja” y “1984”, o percibir el uso generalizado de expresiones como “Gran Hermano”, “Ministerio de la verdad”, “crimen mental” o la frase irónica “Todos somos iguales, pero unos más iguales que otros” o “El líder siempre tiene razón” (referencia a Napoleón, el cerdo de granja que se convierte en dictador y domina con mano dura al resto de los animales de la “Granja Manor”) es, en suma, no sólo un ejercicio de obligada formación crítica para entender esa repetición de la historia como farsa (tras haberla vivido en el siglo XX como tragedia), sino un placer literario que deja muchas preguntas sin respuesta o nos obliga a pensar que todas ellas se podrían reducir a una sola respuesta: quizá el ser humano no merece un futuro humano. En plena aceleración del cambio social en todos los aspectos y niveles, es casi imposible ni siquiera  imaginar dónde nos llevarán las cada vez más complejas tecnologías y nuestra progresiva “colonización” por ellas. Eso sin ignorar el impulso arrasador  de las consecuencias del también acelerado cambio climático y su reflejo en la destrucción de los ciclos, elementos y hábitats de una Naturaleza esquilmada.

Centrémonos en la lectura de “Rebelión en la granja” y “1984” para valorar la enorme carga de honestidad personal que emana del trabajo, el pensamiento y las ideas proyectivas de Orwell. Y, como trato de mostrar  en este análisis, las razones por las que Orwell mantiene incólume su validez, actualidad e interés, por encima de otros escritores de su generación – ingleses y de otras nacionalidades, Miller, Waugh, Eliot, Maurois, Mauriac, etc.- que fueron mucho más conocidos y apreciados  en el siglo XX. La principal de esas razones es que Orwell y su obra tienen una misteriosa conexión con nuestra época, con las preocupaciones y temores que los acontecimientos mundiales nos causan. La obra de este autor nos concierne. Nos emociona, nos intriga y nos hace pensar y, a veces, tomar partido. Su angustia, su dolor ante las injusticias de su época y ante el triunfo de la barbarie y la brutalidad de los totalitarismos, es semejante a la que hoy sentimos muchos ante la debacle trumpiana o los asesinatos genocidas de Israel en Palestina. Y aumenta el mérito de Orwell porque su proyección literaria en el tiempo se produce en 1945, un año fundacional para nuestro mundo del siglo XXI, tras la II Guerra Mundial, en el que se inaugura un camino de reconstrucción  que restablecerían los principios de convivencia y solidaridad entre los pueblos (a pesar del enfrentamiento entre la URSS y Estados Unidos).

Las obras citadas de Orwell parten, pues, de un momento en cierta forma positivo, en el que se generaría una paz europea y un cierto equilibrio en el mundo a pesar de le existencia creciente de guerras localizadas y de la amenaza nuclear siempre latente. Pero él no nos dibuja mundos utópicos de paz y progreso, sino que utilizando los mismos mimbres de actualidad que podrían llevarnos a una visión feliz, sigue la lógica de la corrupción política y la violencia y proyecta otro tipo de mundo, el agónico de “1984” o la parábola del autoritarismo soviético, tan nefasto como el nazi, en su “Rebelión...”,  publicada sólo dos días después de que Japón se rindiera y acabara oficiosamente la II guerra mundial.

En esta alegoría con aires supuestamente cómicos, Orwell hace una sátira inmisericorde del estalinismo. Nos narra la evolución de una cierta democracia al terror de un régimen de gobierno que un grupo de cerdos impone  al resto de los animales de la granja Manor,  tras expulsar  a su dueño y ‘opresor’, el borracho señor Jones, y vencer a los humanos de las granjas vecinas que vienen a recuperarla. El comienzo de la rebelión se debe al discurso contra el dominio humano de un viejo cerdo de gran inteligencia, respetado por todos, que preconiza el poder de los animales y el establecimiento de una Arcadia feliz, regida democráticamente por una comisión de animales variados. El viejo cerdo premiado, Gran Mayor, alienta la rebelión y antes de morir, deja instrucciones (los Siete Mandamientos) y eslóganes para formar un gobierno democrático en igualdad y solidaridad entre  todos los animales de la granja. Para ello nombra como sus delegados provisionales, a la espera de las votaciones de todos, a los dos cerdos más destacados, el agresivo Napoleón y el inteligente Snowball, que aunque nunca estaban de acuerdo en la línea a seguir, eran los líderes adecuados para dirigir un levantamiento contra los humanos opresores. Ahí comienza de una rivalidad que acabaría con el mejor de los dos, el más ético y solidario, Snowball, que huiría para evitar su asesinato.

La sutil y aguda inteligencia de este relato toca un punto clave, muy utilizado por Stalin y otros dictadores más o menos semejantes (como Trump ) el uso de las redes sociales con fines torticeros y de manipulación: el lenguaje como elemento clave de adoctrinamiento en fanatismo y no-razonamiento de la población menos preparada psicológica y culturalmente. Luego en “1984” volvería a ese instrumento de dominación con más extensión y radicalidad crítica. Y profética: lo estamos viendo a diario en las noticias y en el análisis de la deriva fanática de la extrema derecha en los asuntos que les interesa, con el uso –no controlado e impune- de las redes sociales: emigración, cuestiones de identidad y nacionalismo, violencia, agresividad, mentiras y bulos (los últimos, los que conciernen a los incendios en España, por ejemplo). Y provocaciones conspiratorias que darían risas por absurdas, si tantas personas no se las creyeran de buena fe.

El sistema es diabólicamente eficaz, nos cuenta Orwell: cambio del contenido de ciertas palabras clave (recordemos que una comunidad se rige en el conjunto de sus actividades, conocimientos y responsabilidades por el lenguaje común y sus compartidos significados). Las personas aceptan la re-significación  de ciertas palabras: libertad, solidaridad, identidad, nacionalidad, el trabajo, incluso el ocio o sus derechos. En la novela, el legado del sabio cerdo anciano son los “siete mandamientos” que deben regir los derechos y deberes de la comunidad animal en la granja. Están escritos en una pared como garantía de legalidad y respeto. Pero Napoleón y sus cerdos fanatizados, van cambiando poco a poco esos mandamientos a tenor del aumento de corrupción del líder y sus acólitos. Los cerdos que tenían prohibido el alcohol como el resto de los animales, añaden al mandamiento “ningún animal beberá  alcohol ‘en exceso’”, o en el crucial sistema de elegir democráticamente a los líderes, se reescribe “elegiremos a quien le convenga al líder del partido, porque ‘es lo mejor para todos’”. O frente a la prohibición de vivir en la casa del granjero y usar trajes,  comedor o dormitorios, el líder decide que los cerdos sí lo harán porque se merecen un descanso y una alimentación especial ya que las tareas más pesadas e importantes les corresponden a ellos.

En la granja los trabajos más duros y pesados los hacen los demás animales ante la “atareada” y cura vigilancia de los cerdos, convertidos en “capos” de una granja-prisión.  El huído Snowball es convertido en el gran traidor y por encima de las evidencias que  muchos recuerdan sobre su papel heroico en las batallas contra los humanos, se le condena a muerte sumaria e inmediata si vuelve a la granja. Los animales tienen horarios de trabajo agotadores, escasa alimentación y violencia contra ellos mucho más intensos y despiadados que bajo el mando del granjero y los humanos. Al final los siete mandamientos son borrados de la pared y en su lugar queda escrito el único mandamiento vigente: “Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”. Y para que no quedara lugar a dudas, al día siguiente en el que aparece ese único mandamiento, los cerdos comenzaron a usar, cada  uno,  el famoso y odiado látigo que usaban los humanos para vigilar a los animales que trabajaban y golpearles si se volvían remolones o descansaban. Y para coronar la situación, el líder, Napoleón, aparece fumando en pipa y usando las ropas del granjero Jones.

El corolario de la historia es que los humanos dueños de las granjas de alrededor vienen a conocer y negociar con Napoleón: le tratan como a un humano semejante a ellos y admiran la crueldad de la disciplina con la que los cerdos manejan al resto de animales obligándoles a trabajar más y con menos compensaciones.

Algo parecido ocurrió en la Rusia de Stalin (incluido  los asesinatos y expulsión de los que le ayudaron a  tomar el poder y eran superiores a él en conocimientos y formación política). De una forma semejante se repite la historia en la Rusia de Putin y, ciertos detalles, en los paises donde el fascismo o el endiosamiento de sus líderes (Trump, Milei, Orbán y ‘tanti altri’) están cambiando el sueño democrático, liberal y solidario que se soñaba para el siglo XXI.

Orwell nos muestra en estas dos obras que comentamos la eficacia y lógica (o sentido común) de sus ideas y el reflejo en una prosa clara y una narrativa ajustada a los hechos  y a las pequeñas verdades de lo justo y lo conveniente (lejos de planteamientos teóricos  o filosóficos de difícil asimilación). Defendió una manera de ver la vida y el mundo de una honestidad limpia y responsable (provocando e incluso que las personas y figuras de sus propias filas ideológicas se pusieran en su contra) en defensa de un socialismo democrático que lo llevó a luchar contra el fascismo con su pluma y su vida, incluso reconociendo de manera noble sus propios errores (en su juventud, bajo  el imperialismo británico en Birmania y la India) y le enfrentó a la intelectualidad inglesa que durante la guerra no veía bien que se criticara a Rusia y a Stalin.

Esa es la grandeza –y la miseria- de la figura intelectual y humana de Orwell. Su enorme honestidad y su fidelidad  a la débil, delicada y traicionada condición humana. En los tiempos que vivimos, un intelectual como Orwell ya estaría eliminado, por un “accidente” inesperado y fulminante (en Rusia), arrasado por ‘críticos ideológicos” de carnet o vilipendiados por “puristas” a sueldo en las redes sociales. Su entereza, honradez, lucidez y sentido del sacrificio y del honor le convierten en un escritor y una persona legendaria. Y de radiante actualidad en casi todas sus obras. Por eso 1984  y Rebelión en la granja podrían terminar dentro de poco, en algún o algunos países, por ser desterradas de las bibliotecas, estudiarse en las Universidades y por supuesto hacer imposible la compra de sus libros. Suponiendo que no desaparezcan los lectores de libros.

Este mundo nuestro de 2025, con las mentiras y bulos institucionalizados, líderes incontestables, agresividad política, apaños económicos contra los más necesitados, recorte de libertades y derechos, insolidaridad humana, naturaleza depredada, formas de existencia colonizadas por la tecnología, decaimiento de las fórmulas de cortesía, educación y civismo, tradiciones colapsadas –la primera, la familia- , sistemas de vigilancia omnipresentes –con global aceptación de los ciudadanos- , han  convertido las obras de Orwell en el espejo mágico donde se reflejan las similitudes preocupantes  del futuro que describió (que es nuestro presente).

La “neolengua” de “1984” es algo muy parecido a lo que usa continuamente Trump, para el que la falsedad no es más que una “verdad alternativa”, o el “Ministerio de la Verdad” -que corrige diariamente la historia a favor del líder- reflejado en muchas de la “noticias” procedentes de la Casa Blanca, donde se manipula desvergonzadamente el pasado, con tal de que abone los intereses del “líder carismático” (tratar de probar que Obama había sido un ‘traidor’ o que las elecciones anteriores en EE.UU.  se  amañaron para impedir que venciera Trump). El “caldo de cultivo” para que  “Napoleón” o el Gran  Hermano y su poder omnímodo y  represión cambien el mundo, ya se extiende: sistemas de vigilancia masiva, banalización de los valores tradicionales e influjo de la familia y las virtudes humanitarias y sociales que ayudaban a la convivencia, las formas de relacionarse, el debate público, la libertad de expresión... El Gran Hermano nos vigila a todos. Primero en Rusia y Estados Unidos...pero todo se andará...muchos otros países se apuntan al guión y otros esperan su oportunidad abusando de los derechos políticos y sociales democráticos que, cuando ellos lleguen al poder, serán abolidos. Otra de las ideas de Orwell “los dos minutos de odio” la  tenemos institucionalizada y a la mano de cualquiera en las redes sociales, anónimamente y de forma voluntaria: véanse los “juicios” y “campañas” con que un usuario puede destrozar la reputación de cualquier otro que le moleste o desagrade. ¿Qué deriva de vida humana estamos promoviendo?

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29 agosto 2025 5 29 /08 /agosto /2025 11:19

DON QUIJOTE Y SANCHO EN LA ESPAÑA VACÍA

Plaza, bar y tienda, forman la tríada de objetivos necesarios que debemos cuidar para no dejar morir a los pueblos pequeños

Tres lecturas en cierta forma relacionadas me han alejado por un par de días del agobio de las guerras en curso  y de la oscura ruina de la política internacional (y nacional) con sus noticias paranoides en Ucrania, Gaza y el descabellado trumpismo. Leo la tesis doctoral, convertida en libro, de un sobrino malagueño con el que comparto apellido, Javier Rueda, sociólogo y profesor de una Universidad madrileña (Utopías de barra de bar). También el libro de memorias de Manu Leguineche, La felicidad de la tierra, donde narra su estancia, ya jubilado, en un pueblito de la Alcarria. Allí fallecería año más tarde. Como tantos otros periodistas de batalla, curtidos en guerras, golpes de Estado y revoluciones, Manu encontró refugio, sosiego y silencio, tiempo para leer, bellos parajes incontaminados y caminatas a diario. Y, el tercero es  Don Quijote, uno de mis libros de cabecera y también, mi compañía y consuelo cuando las noticias de cada día me aturden y alarman. En los tres libros se habla de pueblos que declinan en la ancha España y la sangría poblacional que aflige a la tópica “España vaciada”. Los tres autores, Cervantes, Leguineche y Javier Rueda, cada uno a su manera, han sido testigos - y pacientes- de las singularidades y contradicciones de estos pueblos o aldeas.

Coinciden en su estimación de los pueblos pequeños, sus gentes y sus necesidades y problemas. Vivimos la cada vez más rápida depauperación de los pueblos, con unos amagos de esperanza –casi utópicas- traducidos en crear viviendas para poblarlos. Lo cual es como empezar la casa por el tejado: antes sería preciso mejorar sustancialmente la gama de servicios de proximidad  necesarios en todos los órdenes de la vida, salud, seguridad, enseñanza, comunicaciones, trabajo, comercio... Como escribe mi sobrino, Javier, “Hay un desequilibrio enorme entre la cantidad de proyectos de financiación, desarrollo e innovación en torno al mundo rural y la materialización de éstos en el día a día de quienes lo habitan”.  Alimentar la esperanza de vida de esos pueblos centenarios con viviendas para ocupaciones de temporada y vacacionales... no soluciona los problemas, más bien aumenta los que padecen algunos vecinos ante las pacíficas pero cansinas y alborotadas invasiones de ciudadanos  en las fiestas del año y en las vacaciones. En algunos de esos pueblos  resulta difícil disfrutar de las cuatro aspiraciones de un Ciceron, un Montaigne  o un Machado: el Beatus ille y su vivir en silencio y paz; el carpe diem, disfrutar de todo momento; el locus amoenus o lugar idílico, equilibrado y armónico y el tempus fugit, aprovechar el tiempo que queda.

En algún momento he pensado en el valiente don Quijote, acompañado de su fiel Sancho, como símbolo del respeto auténtico a todo lo nuestro, la parte más descuidada de lo que es España, sus viejos pueblos pequeños: comunitarios, cuerdos, sobrios, económicos, somnolientos y pacíficos...así también los soñaban Joaquín Costa, Ortega, Unamuno o Ángel Ganivet. Don Quijote, que gusta de los caminos rurales, las plazas y las posadas de los pueblos, junto al buen Sancho –su contrapeso y equilibrio- , amigo de las tabernas y el buen vino... Concibo en ambos el respeto al uso de la tienda del pueblo y el bar y a la necesidad de su existencia. Imagino a don Quijote, lanza en ristre, defendiendo el uso amable de las calles y la identidad del pueblo en sí, que se simboliza en la Plaza. Y a  Sancho –el principio de realidad-  ocupándose de que no falten alimentos en la tienda y bebidas y espacio en el bar, acogedor y propicio, donde se produce la comunicación vecinal, entre juegos de cartas y charlas a gritos. Y si hace falta, también lugar comunitario para tomar decisiones que interesan a todos los habitantes. Ellos simbolizan los tres elementos –plaza, tienda y bar- que conforman la primera trinchera de los pueblos pequeños en la guerra contra la despoblación.

Se trata de un combate desigual, me cuenta un vecino, dada la tendencia, incluso entre los propios habitantes fijos de los pueblos, a ignorar a veces la importancia de su bar y su tienda. Insiste en que hay que preservar a esos dos locales como elementos que corren peligro de desaparecer. ¿Cómo se hace eso? Sencillo, me dice. Por ejemplo, evitar la tentación de hacer la compra semanal en otros pueblos  o en grandes superficies más o menos cercanas o olvidándose del tendero local a la hora de comprar los suministros de bebidas y aperitivos cuando se celebran las fiestas locales. “Durante la pandemia, estas tiendas fueron la salvación de muchos en los  pueblos pequeños”, dice-Al igual que el bar: es un negocio, pero también un servicio y suele ser el lugar de cita y ceremonias festivas para todos los vecinos. Un lugar de identidad común, memoria colectiva, encuentro e incluso de diálogo o controversia.

Como leo en el libro de Javier: “el bar rural favorece las relaciones directas, evitan el aislamiento y la soledad, aportan seguridad al entorno, incentivan la cohesión social y la integración”. Es mucho, apostilla, lo que se pierde cuando se cierra el único bar del pueblo o la pequeña tienda que surte de lo más necesario. Y añade: “Un bar en el medio rural, en la España vaciada, es una infraestructura social de igual o mayor importancia que la farmacia, el colegio o el cuartel de la Guardia Civil. Opera como punto de encuentro, oficina de información y proyección turística, punto de recogida de envíos y nodo de cuidados, sobre todo de las personas que viven solas”.

Esos son los elementos sociológicos básicos que todo lugareño –nativo o asimilado- conoce bien. En ese universo modesto de los pueblos pequeños, con población fija de edades avanzadas, el bar, la tienda y la Plaza, constituyen las piedras angulares donde descansa la urdimbre vecinal.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 agosto 2025 2 19 /08 /agosto /2025 20:17

LOGOI 419

PLAGA DE FUEGO

Resulta curioso (y absurdo) que el hecho de creer que la plaga de fuego que arrasa zonas amplias de la geografía hispana -alrededor de 150.000 hectáreas- se debe a incendiarios (no a ‘pirómanos’, trastorno de personalidad de control de impulsos que no suele estar detrás de los grandes incendios; es como la ludopatía o la cleptomanía)  y ese dato ‘tranquilice’ a muchas personas: ya tenemos chivo expiatorio y caigan nuestras maldiciones y todas las penas legales sobre esos locos desaprensivos. Pues no, las causas de este brutal y doloroso desaguisado son muy diversas, aunque entre ellas también está la mano alevosa de tipos vengativos por conflictos de propiedad o pastos, por simple maldad psicótica o, muchas veces, por descuidos de control, accidentes de maquinaria o mala praxis de cortafuegos, debido a falta de preparación.

Se ha detenido a una treintena de personas e investigan a un centenar más como presuntas autoras de esos brutales incendios. Pero no hay que echar en saco roto, aunque muchos lo deseen para evitar responsabilidades, que los expertos coinciden en apuntar más alto y también a ras de tierra. Falta de atención y desidia de autoridades e instituciones en la gestión forestal y escasa preparación específica de unidades expertas en frenar y limitar los fuegos en montes y bosques. Evidentemente aquí no se puede hablar de “culpabilidad” sino de “responsabilidad”. Pero ambos términos van unidos por simple lógica, ya que el descalabro es el mismo en ambos casos.

Así que aclaremos los términos de la ecuación: por un lado no se realizan suficientes labores de prevención, limpieza de montes y bosques, cortafuegos, construcción de tanques de agua en zonas adecuadas; por otra parte, no hay una estructura humana con formación especializada en incendios rurales o urbanos, tanto como unidades en los cuerpos de seguridad del Estado y el Ejército, con maquinaria adecuada, como en Ayuntamientos y Diputaciones, en forma de retenes de contratación según necesidad pero de previa formación técnica.

En la memoria de la Fiscalía General del Estado se recoge una estadística interesante: en los últimos seis años, el 24 % del total de incendios fueron investigados por ser provocados de forma deliberada (pero el 68% de estos se debieron a negligencias).

Por otra parte es preciso tener en cuenta que no se trata tanto de quién o qué provoca el incendio, sino de lo que se debe hacer para que no se propague y extienda. Bosques y montes abandonados, con combustible seco en abundancia, sumado (ahora sí) a los efectos del cambio climático en forma de calor, sequedad, vientos); ganado ovino y caprino en franco declive, abandono de suelo agrario, vaciamiento poblacional...Falta de mantenimiento de pistas y cortafuegos...

Como aviso a incendiarios “vocacionales” o “motivados” económica o vengativamente: pena de prisión de 1 a 5 años y multas...y si pone en peligro la vida de personas, de 10 a 20 años de cárcel.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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12 agosto 2025 2 12 /08 /agosto /2025 20:44

COMPROMISO Y CULTURA (Agosto de 2025)

LAS GRANDES DAMAS DE LA FILOSOFÍA DEL SIGLO XX, EN EL EXILIO

HANNA ARENDT, MARÍA ZAMBRANO, SIMONE WEIL Y EDITH STEIN

 

Éstas cuatro pensadoras del siglo XX han enriquecido con sus obras y sus testimonios vitales no sólo la historia de la filosofía del pasado siglo, sino que por sus ejemplares existencias  y sus ideas se han proyectado con enorme trascendencia en la vida política y social del igualmente caótico siglo XXI; de tal forma que sus críticas y vivencias éticas se reflejan en las situaciones agónicas que ahora se ciernen en el plano internacional y en nuestro propio suelo. Ellas se comprometieron –una hasta pagarlo con su vida- en defensa de sus ideas en el tiempo de eclosión de las dictaduras fascistas y nazis, afrontando dos guerras mundiales. Tiempos de ignominia que parecen estar reproduciéndose hoy día, gracias a la increíble desmemoria e irresponsabilidad humanas.

Como escribe la historiadora Lyndsey Stonebridge, de la universidad de Birmingham, en su reciente libro “Somos libres para cambiar el mundo. Lecciones de Hannah Arendt sobre amor y desobediencia”, las crisis de migrantes, de exiliados a la fuerza, no son nuevas en la historia; lo nuevo es la brutalidad de nuestra respuesta y la cosificación de esas personas, convertidas en ejemplares de “nuda vida”, es decir seres sin ningún tipo de derechos (incluso nuestras mascotas tiene derechos reconocidos). Son casi como los “homo sacer” del derecho romano, rescatado en sus libros por el filósofo Giorgio Agamben, individuos a los que cualquiera podía matar sin responsabilidad alguna. Y esas actitudes más o menos públicas se están exacerbando en estos tiempos debido al auge de las extremas derechas, los regímenes populistas  y el ejemplo ‘trumpista’, que han brutalizado todo el proceso en Europa, muchos de cuyos países eran fuente de migrantes y exiliados durante todo el siglo XX. ¿Cuántas familias hay en España que no haya tenido algunos emigrantes o exiliados en su seno? Estamos viviendo una normalización de este rechazo y de una estética etnocéntrica de la crueldad que nos corrompe a todos. Es la vuelta a nacionalismos tribales con aires de “vendetta” por una ‘amenaza’ que no es tal. Nos venden, no sólo en las redes sociales, también en el seno de la política profesional, un mensaje de temor y revancha. Y la gente lo compra, sin pensarlo con calma un minuto. Solo hay que recordar que una de las agencias europeas con mayor presupuesto, es Frontex, la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas: 900 millones de euros por año del 2021 al 2027. El pacto de política migratoria en Europa ha endurecido los requisitos de acogida y fijan cuotas para cada Estado. Un viento de derrota y humillación  humanitaria parece haber contagiado al mundo. Y mientras, en España, con una tasa de natalidad del 1,5 (pronto el equilibrio nacimientos-defunciones se romperá a favor de los segundos) la economía se estancará irremisiblemente. A no ser que admitamos a más inmigrantes, según advierte el Nobel de Economía, Abhijit Banerjee. Cada vez que expulsamos a unos inmigrantes suenan campanas de duelo. No preguntéis por quién doblan, lo hacen por España y los españoles,  que han olvidado que en el pasado más reciente fueron un pueblo de exiliados. Leer a estas cuatro mujeres y su mensaje de comprensión y amor mundi nos invita a recapacitar.

 

HANNAH  ARENDT.-  Nació en Linden-Limmer, un pueblo que hoy es un barrio de Hannover, en 1906, y falleció en Nueva York, de un ataque cardíaco, en 1975. Era judía, no  practicante, aunque nunca negó sus raíces y mantuvo el respeto a su tradición. Su filosofía y su vida, ambas coherentes, tenía un motivo operativo esencial: las relaciones con otros seres humanos, a través de la amistad o el amor y el respeto a sus ideas, por muy distintas que fueran de las suyas. Y así lo practicó con personas de todas las clases sociales, lugares y continentes diversos. Estudió griego, filosofía y teología en Marburgo. Allí conoció a su maestro, Martin  Heidegger, del que asumió su teoría de que la filosofía es una experiencia que se encuentra en el camino y nos puede acompañar en todas las circunstancias de la existencia: lo cotidiano sometido al pensar, como un ejercicio vital, desde el “ser en las cosas” hasta la proyección  del propio ser en los otros.

Hannah tuvo una relación amorosa con Heidegger, intermitente y sometida a las necesidades o caprichos de él (estaba casado) que, no obstante, siempre valoró, hasta el punto de apoyar al filósofo cuando tras el final de la II Guerra Mundial se le solicitó que testificara en el juicio de los aliados contra Heidegger por sus relaciones y connivencia con el régimen nazi. Tras abandonar Marburgo, la filósofa se fue a estudiar a Heidelberg con otro de sus maestros, Karl Jaspers, quien le dirigió el doctorado sobre “El concepto de amor en Agustín de Hipona”. Después se fue a Berlín y en el año 1929 se casó con el filósofo judío Günther Anders (divorciada en 1937). En 1932, debido a la creciente amenaza nazi, abandonó Alemania con su madre y se fueron a Paris. Allí conoció a Walter Benjamin, de quien aprendió el arte de integrar fragmentos de la gran filosofía clásica en contextos nuevos y distintos de pensamiento.

Tras el estallido de la guerra en 1939, Paris dejó de ser seguro y Hannah se exilió a Estados Unidos. Su matrimonio con el poeta y politólogo alemán Heinrich Blücher, influyó decisivamente en ella, pues su filosofía comenzó a aplicarse en el análisis político, de donde ya no saldría y produciría brillantes frutos que colocaron las obras de Arendt en primera fila en la postguerra. En 1951 le concedieron la nacionalidad norteamericana. En ese país se desarrolló la época más fértil y brillante de su vida intelectual.

Entre sus obras fundamentales, es recomendable leer “Los orígenes del totalitarismo” y los trabajos realizados con ocasión de su asistencia en Jerusalén al proceso contra Eichmann (1960): el jerarca nazi se había refugiado con identidad falsa en Argentina, tras la derrota del nazismo, y fue secuestrado por el servicio secreto israelí y juzgado y condenado a muerte en 1961). Esos trabajos fueron publicados con el título “Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal”. Arendt –repudiada por los líderes religiosos judíos por ese libro- no sólo defendió el derecho a emitir un juicio libre y sin prejuicios, sino que criticó a los líderes judíos por su complicidad con los nazis durante el horror de la Shoa, alegando la culpabilidad parcial de los judíos en su propio aniquilamiento. “Todo aquel que se niegue a rebelarse contra la injusticia de la que es víctima, es cómplice indirecto de ella”.

En “La vida del espíritu: pensar” y “La vida del espíritu: la voluntad”, Arendt demuestra que “filosofar es una necesidad básica del ser humano”. Acaba de publicarse “Sobre Palestina”,  una serie de artículos de los años 60 y 70, cuya recuperación en estos días, resulta de una ejemplar actualidad.

 

MARÍA ZAMBRANO.- Nacida en Vélez-Málaga en 1907, esta filósofa basó su obra más madura en conciliar filosofía y literatura a través de un nexo común: la razón poética que se forma a través del misterio, la sensibilidad ante el ser y la naturaleza, el sueño y la esperanza. Estudió Filosofía (en 1931 fue nombrada profesora de Metafísica en la Universidad de Madrid) y fue discípula de Ortega y Zubiri. María se exilió en 1936: tras la victoria franquista en la guerra civil, marchó a Puerto Rico. En 1946 viajó a Paris donde se relacionó con Albert Camus y otros intelectuales franceses. En 1948 se separó de su marido y se instaló en Cuba hasta 1953, año en que trasladó a Roma. En el 1965 tuvo que abandonar Italia (por una denuncia de sus vecinos, debido  a que ella y su hermana Araceli, daban cobijo a dos decenas de gatos y vivían rodeadas de suciedad). Se instaló, junto a su hermana, en Suiza, donde vivieron en condiciones económicas precarias, recibía ayuda de sus amigos de España y Francia. Regresó a España, tras 45 años de exilio, el 20 de noviembre de 1984 (aniversario de las muertes de Franco y José Antonio Primo de Rivera). Fue muy bien recibida con todos los honores y recibió varios premios institucionales y una ayuda económica permanente del Ayuntamiento de su ciudad natal, Vélez Málaga, donde está enterrada. Murió en 1991 debido a una infección respiratoria.

Para Zambrano, la guerra civil en España es el fruto de una cultura cainita en la que el Otro se convierte en una amenaza, en el enemigo más cruel por ser el más cercano. La fuerte personalidad de María se refleja en su obra, que es una síntesis muy personal de elementos fenomenológicos, existencialistas o vitalistas, de mística y psicoanálisis. Siguiendo los principios orteguianos (se mantuvo fiel a Ortega, aunque criticó su regreso demasiado prematuro a la España de Franco) opuso su “razón poética” a la “razón vital” de Ortega, aunque nunca la fundamentó sistemáticamente. Es un concepto original de percepción vital de las circunstancias de la propia existencia, no desde la razón o la vitalidad, sino apoyándose en la “razón poética”, que es una instancia donde la poesía, la mística, la sensibilidad afectiva  y la imaginación conectada a la naturaleza, proporcionan los elementos de análisis y conocimiento.

 Su obra de 1955 “Claros del bosque”, rica en introspección mística y poética es la más significativa. También lo son, por razones biográficas y filosófico-literarias,  “Hacia un saber sobre el alma”, “Delirios y destino” (autobiográfica) y “Los sueños y el tiempo” o “Séneca”.

 

SIMONE WEIL.- Nacida en París en 1909, en una familia judía de médicos y profesionales agnósticos e ilustrados. Asiste al liceo Henri IV donde tiene de profesor de filosofía al gran ‘Alain’ (Emile-Auguste Chartier -1868/1951) que fue un importante faro y apoyo a su manera de pensar. Estuvo muy unida a su hermano mayor, un niño prodigio que le descubrió el mundo de los números, la literatura y el pensamiento. A finales de 1934 deja la enseñanza para trabajar en distintas fábricas y conocer las necesidades y la precaria vida de los obreros. Con la ocupación alemana, abandona París con sus padres, primero con destino a Marsella y luego a Nueva York. Por esa necesidad interior de exponerse a la realidad, asumirá  trabajos manuales y participará brevemente en la guerra civil española, en la columna Durruti.

Simone era una mujer intensa y radical, estoica, mortificada y humilde hasta el exceso. Kantiana radical, sus amigos la llamaban “el imperativo categórico con faldas”. Para ella la vida no tenía sentido si uno no procedía consigo mismo de la misma manera que se exigía a las demás personas. Nunca estaba satisfecha de sí, ni con su vida: sus sentimientos y emociones eran severamente restringidos. Estudió en la prestigiosa Escuela Normal Superior de Paris, con la nota más alta de ingreso, seguida por Simone de Beauvoir. Fue expulsada por haber encabezado una manifestación de obreros contra el paro. Trabajó de maestra en liceos femeninos de provincias. Durante sus vacaciones trabajaba en el campo como jornalera o en una fábrica como obrera. Trataba de experimentar en su propia persona cómo era la vida de los obreros. Pasaba hambre y necesidades, pues incluso repartía su sueldo con quienes apenas podían sobrevivir.   En 1940, Simone, junto a sus padres, se fueron a vivir a Marsella, con la intención de exiliarse a Estados Unidos. Su amistad con un sacerdote dominico la llevó a la conversión al cristianismo (se identificaba con san Francisco de Asís), aunque no aceptó la disciplina católica (“Fe sí, Iglesia, no”). Vivía con una austeridad total. Dormía sobre el suelo y se alimentaba deficientemente; no quería poseer más de lo que tenían los pobres. En esa época escribió “El amor de Dios y la desgracia”. En 1942, Weil y sus padres lograron emigrar a Estados Unidos. En contra de su deseo de volver a Francia para participar en la Resistencia, es destinada a labores burocráticas por los servicios de la Francia Libre. Ella no aceptó ese alejamiento táctico y emigró a Inglaterra, Liverpool, para colaborar con la resistencia francesa. No dormía más de tres horas y se agotaba con jornadas de diez horas de trabajo. Consumida por una anorexia voluntaria, muere el 24 de agosto de 1943 en el sanatorio de Ashford, cerca de Liverpool. Cumplió su idea de que “la persona debe superar su dependencia del yo. Llegar a estar vacía totalmente para poder concentrarse en Dios. Y eso se hace a través de la atención. Es la fuerza más grande e insólita de generosidad”. Sus obras son abundantes: “Amor y amistad”, “Contra el colonialismo” “Libertad y opresión social, “A la espera de Dios”, “La persona y lo sagrado”, “Hacer la guerra” “Echar raíces” y “La gravedad y la gracia”, escrita entre 1942 y 1943.

 

EDITH STEIN.-Nacida en 1891 en la ciudad polaca de Breslavia, en una familia estrictamente judía, moriría en 1942  en Auschwitz. Como Arendt y Zambrano se quedó huérfana de padre  en la infancia. Estudió historia y lengua alemana, con el objetivo de hacerse maestra, aunque se sintió atraída por la filosofía. En 1913 fue a Görttingen para asistir a las clases de Edmund Husserl. Hizo una licenciatura y el doctorado dirigido por Husserl sobre el tema de la empatía. En 1916 defendió su tesis doctoral y recibió la summa cum laude. Su ambición era ser profesora pero se encontraba con las reticencias del profesorado masculino y del propio Husserl que opinaban que la enseñanza universitaria “no era cosa propia de damas”. En 1918 dejó a su admirado profesor y se dedicó a la propia investigación filosófica. En 1922 se convirtió a la fe católica, probablemente seducida por sus estudios de Teresa de Ávila y de Tomás de Aquino. Entendía que la filosofía era el pensamiento riguroso y sereno; no dependía de los sentimientos, la fantasía, el gusto o la opinión personal. Trataba de explicar la religión desde la razón. En sus trabajos filosóficos analizó el papel de la empatía y sus raíces en el propio cuerpo.

En otra línea, Stein aseguraba que el sujeto, el ser humano era “un ser arrojado al mundo”, coincidiendo con conceptos similares de Sartre y de Heidegger. Stein considera que cuando la persona se da cuenta de ese hecho, comienza a reflexionar y a buscar un sentido de su propia vida.

En 1933, a los 42 años, ingresó en un convento carmelita en Colonia, a pesar de la oposición familiar. Stein seguía con horror y alarma las noticias que afectaban a los judíos en Alemania y los países ocupados por los nazis. Logró una audiencia con el Papa Pio XI para convencerle de  que debía tomar una postura contra Hitler y su política genocida. No tuvo éxito. En 1938 huyó a Holanda  a un convento carmelita. Pero los nazis la sacaron de allí y la enviaron a Auschwitz  junto a su hermana, donde fueron asesinadas.  Entre sus obras cabe destacar: ‘Sobre el problema de la empatía’. ‘Ser finito y ser eterno’. ‘La estructura de la persona humana’. ‘Escritos espirituales’. ‘Los caminos del silencio interior’.

 

CONCLUSIÓN

Hay una línea subliminal, una línea de luz y sombra, que une a estas cuatro pensadoras de estilos de vida, obras  y biografías tan diferentes. En su actitud frente a la violencia, la sinrazón, la brutalidad y la absoluta crueldad que llevan a cabo los regímenes totalitarios, fascistas o nazis a los que se enfrentan, existe un rechazo humanitario lógico. Arendt  escribe: “La comprensión no implica negar el horror o explicar mediante tales analogías que no se sientan ya ni el impacto de la realidad ni el choque de la experiencia. Significa examinar y soportar de forma consciente el fardo que nuestro siglo ha puesto sobre nosotros sin negar su existencia  ni someterse dócilmente  a su peso”.

Su llamada a la comprensión (que no justificación), a la vía filosófica de la “razón del corazón” - un sesgo femenino conmovedor- en la que ante la enormidad de la barbarie se opone una consideración humanística, ética, en la que se propone el no contagio, el pensar desde una razón llena de luz que se dirige no a los causantes de tanto dolor, sino a los que han logrado sobrevivir, a los que deben seguir viviendo con esa historia  terrible a cuestas, a los que juzgan y castigan a los culpables: no permitir que su ánimo, su alma, su corazón, se contagien de tanta maldad; o que la mantengan en sus espíritus hasta el final de sus días, arrebatados por la memoria de un horror que envenena la vida. Esa es la postura lúcida e incomprendida de Hannah Arendt; la comprensión y el vigor por superar esa ignominia, de esa especie de santa laica que fue Simone Weil; o la de María Zambrano...y posiblemente sintiera algo semejante la monja conversa Edith Stein,  antes de ser aniquilada por ser judía.

Por otra parte, la figura del refugiado exige una nueva política internacional acorde con la realidad presente: estamos en una era en la que crece el paradigma del ‘ciudadano en-éxodo’, habitantes de espacios extraterritoriales y aterritoriales, que exigen el derecho esencial humano de llegar a ser, alguna vez, miembros de la sociedad universal. Como decía Zambrano, ‘dejar de ser habitante del país interminable del exilio, sin reino, sin himno y sin bandera’.

Y Arendt  escribirá: “el derecho a la vida empieza a cuestionarse cuando la absoluta falta de derechos se convierte en una realidad”. Y pedirá el “derecho a tener derechos”, condición inmanente del ser humano en el mundo. Las cuatro coinciden en la idea de que “el grado civilizatorio de una sociedad se puede medir justamente en función de su hospitalidad “. Ellas son las campeonas de una filosofía de la esperanza que debería ser aplicada por todos los que sufrimos el desconcierto, la irritación y la congoja de ver cómo en pleno siglo XXI comienza, de nuevo, a asentarse la Bestia

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12 agosto 2025 2 12 /08 /agosto /2025 20:37

LOGOI 418

LITTLE BOY

La Humanidad llegó a ser plenamente inhumana después de las 8 horas y 15 minutos del 6 de agosto de 1945. La bomba Little Boy, (hay que ser particularmente irresponsable para llamar Niño pequeño  a un artefacto genocida) arrasó Hiroshima con su potencia de 15 kilotones. La de Nagasaki, tres días más tarde, fue de 23 kilotones (una bomba innecesaria, Japón ya estaba dispuesto a rendirse tras la primera) y se la “bautizó” como Fat Man (Hombre gordo). Actualmente Rusia, China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte, además de los EE.UU., poseen 12.300 0jivas nucleares en total. Una de ellas llega a los 50.000 Kt de potencia destructiva, la tienen los rusos y la llaman Zar, quizá por la nostalgia de Putin por el imperio de antaño.

Hay quien cree que sólo fue un salto cuantitativo en la ominosa historia bélica de la especie. Incluso lo celebran como un logro “pacifista” (¿en referencia a la paz de los cementerios?). ya que acabó con la II Guerra Mundial.  Pienso que es un error de cálculo estimativo. Lo que aquéllas dos bombas de nombre risueño trajeron a la historia es la monstruosa falla ética de la humanidad que ya habían certificado los Campos de la muerte nazis y los “gulags” y horrores genocidas del ominoso siglo XX. Por desdicha, el XXI está propiciando y aplicando medidas de extrema violencia, contra individuos  y países, hasta extremos patológicos (véase Gaza). Sin contar con los excesos que rodean el drama de la emigración, el hambre, las guerras locales, etc. Y lo peor del análisis ético de aquéllos “logros científicos” es que las “ideologías” que  “certificaron” –por activo o pasivamente- esos desastres, están volviendo a instaurarse en occidente y son capitaneadas en cierta forma por el presidente del país que abrió las puertas del infierno nuclear (cuyo nombre no voy a mencionar en esta ocasión, para no ser acusado de reiterativo).

Hiroshima quedó arrasada en un 70% y  perdió al instante, calcinadas, 70.000 personas, por una ola de calor de más de 4.000 grados centígrados. Y, otras 70.000 personas  más tarde, a causa de quemaduras y enfermedades radioactivas. En Nagasaki, el resultado fue semejante, más de 70.000 muertes directas y las correlativas de enfermedades y heridas. El 15 de agosto, menos de una semana después, se firmó la paz. Washington redactó el texto de la Constitución nipona bajo la ocupación militar norteamericana, cuyo artículo 9, dice: “El pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza y al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales”. Ojalá un pacto mundial semejante, amparado por la Comunidad de naciones del planeta,  fuese suscrito  y significara el fin de la era nuclear y su tan ignorada DMA (Destrucción Mutua Asegurada). Hoy Japón vuelve a militarizarse.

 

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9 agosto 2025 6 09 /08 /agosto /2025 13:43

LOGOI 417

MATONES DE “COLE”

A ver “quién la tiene más larga”. He aquí a los dos matones del patio planetario, mostrando sus atributos para que el resto de los aterrorizados “niños” -que son testigos del “duelo de egos enfermos”- sepan quién la puede armar más gorda. Trump, el ególatra circense muestra sus “poderes” nucleares mientras el mundo contiene la respiración. El ex presidente ruso Dimitri Medvédev se ha atrevido a criticar –en las redes sociales, patio chismorreico descontrolado-, las medidas arancelarias de Trump y su ultimátum de que Putin negocie en Ucrania en vez de destruirla. Medvédev  ha asegurado que ese ultimátum es un paso más hacia la guerra. Trump respondió a ese mensaje exigiendo que el otro “midiera sus palabras”. A lo que el combativo Dimitri repuso que Trump debía recordar que Rusia tiene un arsenal nuclear abundante y bien pertrechado para responder agresiones. Respuesta de Trump: envío de dos submarinos nucleares a las “regiones adecuadas”. A ver quién la tiene más larga, fanfarronea Trump. En este caso Putin, el otro matón, no “entra al trapo”, de momento. Pide tiempo, pues, según él, las negociaciones entre Rusia y Ucrania son tan importantes que requieren  “conversaciones detalladas y privadas”. Quiere un acuerdo “definitivo y duradero”, no una simple pausa que permita a Ucrania rearmarse.

Putin hace honor a su oscuro pasado de agente secreto y jefe de los Servicios de Seguridad soviéticos; es sumamente discreto y no se permite las fantochadas amenazadoras de su colega del peluquín y la chulería agresiva. Pero él va a lo suyo: tratar de llegar a la hora de negociar con sus objetivos militares ya asegurados. Sin embargo la presencia de dos submarinos nucleares norteamericanos cerca de lugares sensibles a su seguridad puede necesitar –seguramente de cara a su propio país- de una respuesta más directa y quizá, esperemos que no, nuclear.

Hemos sido testigos de la escasa “cintura” de aguante o de negociación de Trump, en otras ocasiones. Es un jugador de ventaja y abuso, carente de prudencia o del sentido de cálculo negociador que todo político debe tener cuando lo que está en juego es mucho más que su “cartel” o ego e involucra algo tan inadmisible como una guerra nuclear a lo DMA (Destrucción Mutua Asegurada). Eso, en los 60 del pasado siglo, se evitó por los pelos.

El temerario Donald –cual su homónimo pato de los “dibus”- se ha atrevido a poner fecha a nuevas sanciones y aranceles indirectos si Moscú no detiene la guerra antes del viernes 8 de agosto. Los dos submarinos letales del jactancioso fanfarrón sirven de “recordatorio” a Putin del “tamaño” de la prepotencia USA. Esperemos que el matón ruso se comporte con más sentido común y cuidado que su homólogo norteamericano. Seguramente todo quedará en una imprudencia más de Trump, que se archivará en la historia de la ignominia suicida  humana.

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