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4 agosto 2022 4 04 /08 /agosto /2022 19:35

PUBLICADO EN LA COMARCA 020822

Este verano morirán 750.000 personas de hambre, según estimaciones de la ONU. Al ciudadano medio de los países más favorecidos lo que más nos preocupa es dónde vamos a pasar el tórrido agosto lo mejor posible, cueste lo que cueste. A pesar de la crisis económica, la guerra de Ucrania, la energía por las nubes y el alza de los precios, más de un 23 % y sigue, incluso en los productos alimentarios más básicos. Gentíos en el ocio nocturno, playas a rebosar, autopistas atascadas y el silencioso padecer de muchas familias por una cesta de la compra cada día más cara. Carpe diem, señores, que mañana nos lamentaremos. La insolidaridad como bandera del siglo XXI. ¿Faltan alimentos? ¿Fallan las cadenas de suministros? No. Todo va bien, teniendo en cuenta lo que está cayendo. Pero hay que alimentar la codicia. Basta una presunción de posible carestía, para que las cadenas suban unos euritos los precios. ¿Alguien controla eso? No, por favor, estamos en el capitalismo salvaje neoliberal: Lo primero es el beneficio. ¿Y el Gobierno que hace? En estas cosas, no está ni se le espera. Están muy ocupados preparando las próximas elecciones. ¿Y la oposición? Lo mismo. Aristóteles diría que los políticos actuales ya no representan a los ciudadanos. Quizá la iniciativa privada, si se alejara de la codicia, podría hacer algo: imaginen que una de esas grandes cadenas de supermercados anunciara a bombo y platillo que, dada la crisis sistémica que vivimos, va a renunciar a parte de sus beneficios y abaratar los alimentos de primera necesidad. Arrasarían.

Pero volvamos al hambre. No les voy a dar las duras cifras que circulan, porque todos tenemos la sensibilidad colapsada y ya no nos afectan los números de víctimas que superen la docena. Lo solventamos con un “pobre gente”, como si no fuera con nosotros. El humanismo al poder, diría un cínico. Según fuentes poco sospechosas de difundir “fake news”, la FAO y la ONU, un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se tiran a la basura. Con esos desperdicios alimentarios se podría dar de comer a 2.000 millones de personas cada año. En este momento las hambrunas afectan a 300 millones de personas. Hagan números.

La suma de circunstancias alarmantes que se han ido gestando en  los últimos dos años agrava el problema del hambre. El peor es la codicia humana. Hay 49 países en el mundo con riesgo severo de hambruna este verano. Necesitamos solidaridad.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 agosto 2022 1 01 /08 /agosto /2022 12:41

CLAVES Y MISTERIOS DEL CLIMA Y DE LOS OCÉANOS DE NUESTRO AGREDIDO  PLANETA

 

 

“La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: todo son uno”.- Nan Sepherd

 

Leer en estos días los dos libros que en esta ocasión les recomiendo es un ejercicio de humildad y casi de reparación ética –si tal cosa fuera posible- para con el planeta que nos cobija y al que estamos, lastimosa pero porfiadamente, destruyendo. Tanto el del aventurero, explorador y naturalista Tristan Gooley (una especie de avatar de Indiana Jones) sobre “El mundo secreto del clima”, como el del biólogo marino Alex Rogers, oxfordiano asesor de las Naciones Unidas y de Greenpeace, “Misterios de las profundidades” (“Las maravillas ocultas de nuestros océanos y cómo protegerlas”), son libros cuya lectura y sola existencia constituyen un valioso testimonio para nuestra historia como especie, en las sombrías horas que están por venir, cuando es más que probable que la huella homicida del carbono y los combustibles fósiles acaben con el clima y los océanos tal como hasta ahora los conocíamos.

Ambos volúmenes editados por Ático de los Libros de una forma sencillamente formidable, profusamente sembrados de fotografías, dibujos e ilustraciones de todo tipo, dejan al lector –al menos a mí me ha ocurrido, mientras leía y, al margen  del libro, veía las imágenes televisivas de los inmensos incendios que asolaban nuestra tierra en ese mismo momento- con una sensación de amarga desolación, de estar asistiendo al principio del fin de una era en la que podían escribirse y publicarse libros como estos porque mostraban algo que aún existía tal como lo conocíamos históricamente….y ante lo que pensábamos que siempre tendríamos la posibilidad de conocerlos en vivo y en persona. Y también nuestros hijos y nietos. Pensar en que ese mundo está desapareciendo provoca tristeza y rabia, culpa como especie y rencor contra los intereses y personas que lo han propiciado.

El gráfico e impactante título del reportaje lo tomo prestado de una vieja, olvidada y deliciosa novela de Sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes y del profesor Challenger (el de “El mundo perdido”). En ella se nos describe como un experimento científico logra llegar al “corazón vivo” de nuestro planeta y éste reacciona como un ser ofendido y ultrajado. Y lanzó un alarido de dolor. Metafóricamente la Tierra está lanzando últimamente muchos alaridos: los incendios, la sequía, las pandemias, las tormentas e inundaciones… Como los antiguos griegos con “Gea”, el novelista inglés flirteaba con la idea de que la Tierra era un ser vivo al que se debía respeto y cuidado.

Esa ha sido siempre mi actitud ante la Naturaleza. Llevo medio siglo de dinámico trato con las montañas, los senderos y la vida al aire libre, así que el libro de Gooley ha sido un bello regalo para mí y lo será para cualquier persona curiosa por las cuestiones naturales: aunque quizá estemos viviendo el “Canto del cisne” de la Naturaleza del último siglo: nuestro autor dice al principio de su libro: “el clima se ha desvinculado de su hogar: la tierra”.

Gooley nos enseña a “mirar de cerca el paisaje”, a observar los pequeños detalles, zonas de sombra, vientos y brisas, la orientación de árboles, arbustos, colinas y montes; sin olvidar a los animales presentes en un momento dado, las plantas y las flores, los insectos, riachuelos y manantiales, fenómenos como granizo, lluvia y nieve, hongos y líquenes, la niebla y el maravilloso mundo de las nubes, sus formas, sus claves y la información que llevan consigo.”Cada fenómeno meteorológico puede descomponerse en estos tres ingredientes: calor, aire y agua” Y las nubes nos indican las variaciones del clima si sabes leer sus formas. “Si crecen en vertical, mucho más altas que anchas y no parecen alcanzar un tope, la atmósfera es inestable”. Para facilitarnos las cosas,  Gooley nos habla de los “siete patrones de oro” para conocer los cambios del tiempo a través de las nubes. Y reconocer las tres familias fundamentales: cirros, estratos y cúmulos. Y, naturalmente sus “primas”, cirroestratos, altoestratos, nimboestratos, cumulonimbos.

De vez en cuando Gooley se permite un momento de relajo y nos regala una experiencia propia, como el paseo por el Sahara  con un musulmán en pleno Ramadán y la delicia de los “hoodoos” (chimeneas de hadas)  y el terror (justificado, aunque muy irónico) del autor hacia los osos, que proporciona alguna que otra sana carcajada. Como dice nuestro autor: “el tiempo, sea amable o malicioso, moldea nuestra esencia y lo ha hecho desde el principio de nuestra historia”.

 

Y también nos ha moldeado el agua, el misterio de los mares y océanos. Esa es la materia de los sueños del biólogo Alex Rogers. Y en este libro sale a flote de entrada la necesidad urgente de proteger los océanos del planeta, ante el uso depredador que se hace de ellos, desde la pesca abusiva, a las prospecciones petrolíferas o de gas, o el vertido indiscriminado de tóxicos químicos o de plásticos –auténticas islas flotantes con la extensión de países- y microplásticos que envenenan a los peces y, siguiendo la cadena trófica, a los humanos.

Como se dice en el libro, la parte más profunda del océano es aún menos conocida que la Luna. En realidad no solo vivimos de espaldas a los océanos o usándolos de forma utilitarista sino que sigue siendo un lugar todavía no muy explorado por los científicos y alejado del interés y la atención de la mayoría de los seres humanos.

Hemos actuado de tal manera que en lugar de aprovechar la capacidad oceánica de ayudar en la lucha contra ese cambio, absorbiendo los excesos carbónicos  incompatibles con la vida, estamos provocando el agotamiento de esa capacidad, lo cual acelerará el proceso. Rogers nos informa de la sorpresa alarmante de haber encontrado microplásticos en lugares de las profundidades marinas que  han sido descubiertos recientemente por la nueva tecnología exploratoria. Lugares a los que jamás había llegado la criatura humana. Como escribe Rogers, “Dado que el conocimiento humano disminuye con la distancia a la costa, existe la tentación de creer que estas aguas profundas y oscuras no tienen vida y que podemos hacer lo que queramos con pocas perspectivas de daño. En los últimos 30 años he oído a los gobiernos y a las empresas vender esa tontería una y otra vez. Nada más lejos de la realidad, y cuanto más descubrimos sobre el océano, más comprendemos la importancia de la vida que contiene para el mantenimiento de nuestro ecosistema planetario, del que dependemos para sobrevivir”.

Desde las pozas irlandesas donde un niño, que luego sería un famoso biólogo marino, observaba la maravilla diversa de las criaturas marinas que vivían en una humilde charca rocosa junto al mar, hasta la defensa activa de la supervivencia de los corales (con éxitos tan sonados como detener las prospecciones petrolíferas de la Shell en aguas escocesas donde había colonias coralinas), la carrera profesional de Rogers se concentró en una defensa en distintos foros de la integridad de los océanos y la defensa de su variadísima fauna propia.

 Todo ese formidable currículum queda reflejado en los interesantísimos capítulos del libro. En el dedicado a la pesca de altura, donde condena inexorablemente los excesos salvajes de la industria pesquera mundial (sobre todo por el sistema de arrastre), pregunta irónicamente “¿Talarías un bosque para atrapar a los ciervos?”. En cuanto a su numantina defensa de los arrecifes, le dedica el capítulo 5 y lo titula “¿Cómo evitar la destrucción del ecosistema más emblemático del mundo?” Lo cierto es que el lector ni siquiera sospechaba la extraordinaria riqueza que atesoran los arrecifes, así como su labor en el vulnerable equilibrio homeostático del ecosistema marino.

 Quizá lo más alarmante es algo que ya nos es dolorosamente familiar: la premura, la urgencia y la escasez del tiempo que nos queda para tomar medidas antes de que el mal sea irreversible. Rogers nos cuenta cómo se va reduciendo el nivel de oxígeno en los océanos y una acidificación del mar que ya es 10 veces mayor que la peor registrada históricamente hasta el momento.

 

Pero el mundo sigue con la codiciosa ceguera neocapitalista al mando de la nave, mientras las temperaturas han subido 2,2 º C, sigue disminuyendo las capas de hielo en los Polos, aumenta el nivel del mar (9 centímetros desde 1993), se pierden millones de litros de agua potable por el deshielo, la sequía aumenta y se extiende, al igual que los incendios incontrolables y devastadores…¿Hasta cuando no nos percataremos que ya no se trata de encontrar remedios circunstanciales a estos problemas sino de cambiar radicalmente el estilo de vida que los ha causado?

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

FICHAS

EL MUNDO SECRETO DEL CLIMA.-Tristan Gooley.- Trad, Luz Achával Barral.- Ático de los Libros.- 399 págs.

MISTERIOS DE LAS PROFUNDIDADES.- Alex Rogers.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ático de los Libros.- 335 págs.

 

 

 

 

 

 

 

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29 julio 2022 5 29 /07 /julio /2022 18:15

(PUBLICADO EN LA COMARCA EL 260722)

A finales de los setenta hubo una “epidemia” de incendios de bosques y montes en España, muchos de ellos provocados por intereses económicos o patológicos. El ministerio del ramo publicó en todas partes, con ánimo de despertar conciencias patrióticas, un eslógan que decía: “Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema”. Poco después una revista de  humor de aquélla época, “La Codorniz”, -“la revista más audaz para el lector más inteligente”- publicó un chiste en el que alguien repetía el eslogan de la campaña oficial y le añadía tras unos puntos suspensivos “…señor conde”. Una alusión irónica a que muchos de esos bosques y esos montes tenían propietarios particulares.

El problema de la propiedad privada en bastantes  de esos espacios naturales –lo cual impide intervenciones oficiales para limpiarlos-  es sólo uno de los elementos y no el más decisivo de una situación que puede definirse como crítica  y que muestra una realidad lamentable: la ausencia de una política forestal que logre poner freno, o mitigar, esta sangría ecológica, económica y social, causada por los grandes incendios que padecemos. Delante de esa causa, tendríamos que citar las olas de calor, el cambio climático, el incivismo o los descuidos de algunos ciudadanos, la delincuencia a sueldo de intereses variados…y algo más general que nos concierne a toda la sociedad y a los políticos estatales y de las CC.AA.: el estado de abandono del mundo rural.

El pasado viernes el Consejo Comarcal del Matarraña pedía a las autoridades competentes que se interviniera en la limpieza de bosques o la creación de cortafuegos. Los bosques son auténticas bombas en potencia ya que debido a los temporales y el aumento de temperatura, hay acumuladas toneladas de material seco, troncos y arbustos derribados. Antes, en los pueblos, la recogida de leña caída era necesaria para la cocina, el horno y las estufas. Hoy, el abandono rural, sumado a la ausencia de pastoreo y ganadería agravan el problema.

España ha sido siempre un país de grandes bosques. Dicen que Estrabon, historiador griego en tiempos de Augusto,  afirmaba que Iberia era un país tan arbolado que una ardilla podría ir desde Algeciras a los Pirineos de árbol en árbol, sin pisar la tierra. No pedimos tanto como eso, pero sí una política de Estado que intervenga contra el abandono de los bosques. O, dentro de pocos años, España será un erial más al sur de Europa.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 julio 2022 2 19 /07 /julio /2022 11:29

Logoi 261

DESCENDIENTES

Publicado en La Comarca el 190722

¿No se han preguntado ustedes qué clase de mundo estamos legando a las generaciones futuras? Sin ir más lejos, a nuestros nietos y a los nietos de nuestros hijos. Basta con echar un  vistazo a los asuntos candentes que tenemos planteados hoy día para llevarnos las manos a la cabeza. Un ensayista australiano de apellido impronunciable, Roman Krznaric, asegura que las generaciones futuras nos calificarán de “delincuentes del carbono” ya que no sólo hemos convertido el planeta, las tierras y los océanos en estercoleros y sumideros de plásticos y sustancias químicas destructivas, sino que nos hemos esclavizado voluntariamente a una tecnología que había nacido para servirnos y hemos despertado los demonios de las pandemias sin que sepamos neutralizarlos. Y no contentos con este destrozo nos embarcamos continuamente en todo tipo de guerras, locales, generales, de expansión, por razones económicas disfrazadas de políticas y, como consecuencia, en hambrunas y genocidios recurrentes. Y les legamos también, para coronar la estúpida barbarie de nuestra “civilización”, un cambio climático cuyas consecuencias ya padecemos y la potencial amenaza de una conflagración nuclear que, eso sí, terminaría con todos los problemas.

Lo que más asombra es que nadie piensa en nuestros descendientes después de las cuatro generaciones que están en danza actualmente. Es como si no comprendiéramos que les estamos negando el derecho a la vida. Estamos tan ocupados en equivocarnos y lamentarnos con lo que ocurre ahora que nadie se preocupa de algo elemental: tenemos que sanear el mundo en que vivimos para que exista una posibilidad de vida decente para nuestros descendientes en un futuro relativamente cercano. Sólo nos preocupa disfrutar del presente: del futuro que se ocupen ellos. Es decir, los hijos de nuestros nietos. Por ejemplo, para el 2032, el sur de Europa, España, Italia, Grecia vivirá en condiciones desérticas de sequía permanente y de incendios devastadores, si nadie lo remedia (algo que ya estamos viviendo en estos días, diez años antes). La historia nos calificará de “asesinos del planeta”. Deberíamos crear un movimiento ciudadano global que exigiera a los gobiernos y a la ONU medidas legales para sofocar el multidesastre que vamos a legar a nuestros descendientes. Ellos no se lo merecen.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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11 julio 2022 1 11 /07 /julio /2022 19:08

(PUBLICADO EN LA COMARCA 120722)

Mi colega y amigo Fernando Martínez Laínez me envía su último libro, “El soldado español” (Arzalia Ed.), un ensayo sobre los militares españoles a través de la historia, desde los iberos, los romanos, los almogávares, las colonias y las guerras civiles, hasta las misiones internacionales de la OTAN. Esperemos que no tengamos pronto la prueba activa del valor de nuestros soldados en la “marimorena” que el señor Putin y otros, que en eso de las responsabilidades bélicas la cosa está muy repartida, abrieron hace demasiado tiempo en Ucrania, con una irresponsabilidad tan grande como sus codicias.

Volvamos al libro. Está documentado y es apasionado y realista. La milicia - desde los Tercios de Flandes, Viriato, el Cid, la Armada, Cascorro, Cuba, el Rif o los “novios de la muerte”-, ha sido el objeto predilecto de las novelas, relatos y ensayos de este periodista con el que me crucé por esos mundos  en varias ocasiones. Fernando habla de la histórica valentía, el espíritu de sacrificio y el arrojo de nuestros soldados, orgullosos hasta en la derrota. La cual era más frecuente de lo deseable, dada la habitual escasez de medios, la logística inexistente y la falta de capacidad de sus generales. Comparto el pesar histórico que se instala en una obra que atiende más al talante guerrero español que a la historia militar en sí, pues “para el temperamento hispano combatir ‘por libre’ (guerrillas) era mucho mejor que hacerlo con trabas disciplinarias y burocráticas”, con mal equipamiento, mandos infatuados y ausencia de líderes políticos capaces de vertebrar un política militar razonable y eficaz.

La historia nos confirma que los españoles como pueblo oscilamos entre la grandeza y el abatimiento. Somos capaces de las mayores gestas pero también de soportar cinco guerras civiles en poco más de un siglo (desde 1833  a 1936); generosos, nobles y acogedores, pero también insolidarios, mezquinos y a menudo insensatos. Deberíamos aprender de esta historia militar como metáfora: nuestro futuro depende más de la inteligencia y honestidad de nuestros líderes, que de la inercia de  proyectos políticos no consensuados, que no respetan las diversidades del país y no saben crear diálogo, igualdad y cooperación. ¿Tanto nos cuesta creer en un progreso responsable, con límite a la corrupción y amparo a una libertad democrática sensata y equilibrada?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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5 julio 2022 2 05 /07 /julio /2022 09:34

Logoi 259

ESCLAVOS

Publicado en La Comarca 05072022

¿Son ustedes conscientes, queridos lectores, de  que se han convertidos en esclavos digitales? La pandemia mostró la falacia de la presunta comodidad y eficacia del teletrabajo. Los que sufrieron en sus carnes y mentes el obligado “invento” de la nueva era, se percataron de que habían desaparecido las fronteras entre lo laboral y lo privado; se anuló en la práctica virtual la legal limitación de las horas de trabajo diario y de los descansos semanales; la gente se encontró con el jefe o directivo carismático atentando contra su intimidad a base de “whats up”  o “e-mails” con la mayor impunidad. Y en estos momentos, la soberbia tecnológica ya ha convertido en obligatorio y necesario un artefacto, el móvil o el Smartphone, gracias al cual el panóptico que ideó el filósofo Jeremy Bentham a fines del siglo XVIII  para las cárceles de la época, vigilancia total desde el anonimato total (serás vigilado en todo momento sin jamás ver a los que te vigilan) se ha difundido y entronizado en el mundo entero como el grillete vital, individual y espía que no sólo aceptamos sin rechistar sino que lo deseamos y nos entregamos a él. Aún sabiendo que no sólo es una ventana voluntaria de nuestra intimidad  abierta a ojos e intereses mercantiles, políticos o sociales sino una forma sutil de esclavizarnos y estupidizarnos.

¿Saben hasta qué punto el poder de concentración necesario para un trabajo o labor determinados se ha debilitado desde la población infantil y adolescente hasta los jóvenes y adultos diigitalizados, sometidos a un stress permanente de llamadas de atención?

Esto no es un ataque cavernícola al progreso. Se reconocen sin duda las ventajas y adelantos, el enorme crecimiento en rapidez y comodidad para la obtención de datos y comunicaciones. Eso es indudable e inatacable.  Lo que nos preocupa a muchos es la carencia de límites, de una ética personal y social aplicable al uso y disfrute de lo digital, pero también la garantía de que ese uso y empleo por las corporaciones, los Gobiernos y las empresas son éticamente correctos. Sin olvidar a los delincuentes particulares: la pesadilla de los “hackers” no ha hecho más que empezar).

Y falta algo más: una educación desde la enseñanza primaria que nos vaya desvinculando de la dependencia casi patológica a los móviles. Y a un mercado del entretenimiento y la comunicación que ya nos afecta desde la infancia. Necesitamos límites y normas honestas y legales que frenen el deterioro y dependencia cognitiva que promueve la “infocracia digital”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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3 julio 2022 7 03 /07 /julio /2022 16:43

Creo que uno de los libros que podría complementar mejor la enciclopédica biografía de Cervantes del académico Muñoz Machado es esta delicia pintoresca y erudita también, a su manera, del novelista Julián Ríos.En realidad, el escritor gallego habla directamente de Cervantes y el Quijote sólo en el primero de los viajes metafóricos que emprende, el que refleja en la "Travesía marítima del Quijote" que el Nobel alemán de Literatura, Thomas Mann, dedicará a su lectura de la obra cervantina mientras atraviesa el Atlántico a bordo del barco holandés "Volendan", en 1934. Se dirige a Estados Unidos tras su huida de la lepra nazi que asola Alemania y Europa después.

Se trata de una recopilación de artículos o conferencias donde el Quijote se muestra en su carácter seminal, ya como objeto de análisis y reconocimiento personal como en el caso de Mann o en su influencia universal en el desarrollo de la novela posterior, incluyéndose el mismo Ríos y su más admirado y conocido motivo de influencia literaria, Joyce y su "Ulises". Rios llega al punto sorprendente de insinuar que tanto la obra de Joyce como el Quijote son dos metáforas de los viajes de Odiseo, uno por la ciudad de Dublin y el segundo por la Mancha. Y abunda en la sincronicidad de un detalle: el Quijote deambula por la Mancha y Mann comienza su travesía quijotesca desde Boulogne sur mer, en el Canal de la Mancha francés. Desde el principio es evidente el amor de Rios por los juegos de palabras y los hallazgos filológicos con amplio e irónico desarrollo. Por eso encuentra "pertinente" que la primera escala del Volendam sea la costa inglesa...justamente el país donde Cervantes y su Caballero van a encontrar la descendencia literaria en las obras de Fielding, Goldsmith, Smollet y Sterne.

El libro va desgranando posibilidades históricas que ensalzan la importancia de la obra cervantina que quizá pudo ser leída y admirada por Shakespeare (en la traducción del Quijote de Thomas Shelton, en 1612). Y dado que su colaborador John Fletcher era un "gran admirador de Cervantes", podrá ser que Cardenio, la obra teatral de ambos, desaparecida, estaría basada en el enamorado de Cardenio, personaje del Quijote. Con todo se me escapa la reflexión de Ríos sobre el "quijotismo" de King Kong (que según él fue la película preferida...de Hitler).

Más tangenciales son los dos artículos dedicados a Joyce, auténtico mentor intelectual y literario de Ríos, que ve en el Ulises una renovación continuista del Quijote.  Considerar al Ulises como "descendiente de la tragicomedia humana de Cervantes" es un poco como una obviedad elevada a una conjetura metafísica. Y ya resuena excesivo cuando afirma que "el principio de incertidumbre, fundado por Cervantes en el Quijote, se lleva en Ulises a sus últimas consecuencias". A pesar de los continuos juegos de palabras, a menudo redundantes y artificiosos de Rios, el lector disfruta de los capítulos dedicados a "Lolita" de Nabokov (quien por cierto calificaba desdeñosamente de "cruel" al Quijote) y a la "Rayuela" de Cortázar.

Quijote e hijos dedica sendos capítulos a Machado de Assis y Arno Schmidt, con los que la relación cervantina es escasa cuando no circunstancial. Uno no ve muy claro el "mismo hilo conductor" si éste trata de Cervantes. La paternidad del Quijote con respecto a algunos de los autores tratados por Ríos es tan "universal" que cualquier otro escritor además de los analizados por el autor gallego podría ser incluido (quizá abusivamente) en un libro con el título del que nos ocupa. El mismo Julián Ríos es más "hijo" del "Ulises" que del "Quijote". Pero, en todo caso, lo admito: he disfrutado con el libro, pese a que yo mismo soy más cervantino que joyciano.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

QUIJOTE E HIJOS.- Julián Ríos. Galaxia Gutemberg 196 págs.

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1 julio 2022 5 01 /07 /julio /2022 08:07

TEXTO PUBLICADO EN LA REVISTA C&C DE JULIO DE 2022

Cuanto más se escribe sobre don Miguel, el mayor símbolo literario de España, más se espesa el velo de ocultación que él mismo extendió

 

¿Cómo era el rostro de Miguel de Cervantes? ¿Era alto, bajo, elegante, vulgar, tosco, exquisito, de habla atractiva y sonora o de sonsonete chillón o irritante?  ¿Era un caballero o tenía los modales de un embaucador o de un  soldado valentón y desmedido? ¿Son ciertas las aventuras   heroicas de los Baños de Argel  o las inventó para preparar un currículo atractivo para los padres mercedarios que lo rescataron? ¿Cómo es que de una escasa o nula preparación académica, dio en ser el más grande ingenio de su época y de las postreras, con coetáneos como Lope de Vega y otros de parecido mérito y fama? ¿Después del gran éxito de su Quijote, cómo va a morir tan pobre que ni siquiera tuvo un entierro digno y se fue a la sepultura con un sencillo sudario de caridad y sin una lápida y un nicho  que lo  celebrara? ¿Qué ha pasado con sus restos y como tuvo que ser rescatado del olvido por plumas extranjeras ante la indiferencia de las de nuestro país casi hasta el siglo XIX? ¿Cómo no se han podido rellenar los numerosos huecos informativos que presenta su vida? ¿Era un genio, como atestigua su obra, o un pobre hombre, humilde y castigado por el hambre, las humillaciones y el deshonor, que tocó la flauta “por casualidad”  y de su soplido surgió una música extraordinaria?

Los interrogantes que jalonan la vida de don Miguel, empezando por el “don” y el “de” Cervantes, que no tenía derecho a usarlos…hasta el Saavedra, que parece apellido espurio, buscado para alejar las sospechas de “sangre impura” –judía-  de su linaje, han creado en conjunto un tapiz narrativo que está lejos de ser claro e indiscutible. La vida y milagros de don Miguel están a la altura de las que imaginaba don Quijote al amparo de los libros de caballerías, la magia y hechicerías en las costumbres y la dura e implacable vida social, política y religiosa en la que tuvieron que desenvolverse tanto el autor como su inmortal criatura imaginaria. Y además está la sospecha de algunos tratadistas cervantinos de que don Miguel disimuló y alteró a propósito muchos aconteceres de su vida y extendió los velos de misterio que rodearon su existencia.

Aún así, ahora los cervantinos estamos de enhorabuena.  El presidente de la Real Academia Española de la Lengua, Santiago Muñoz Machado, catedrático de Derecho de la  Complutense, académico de número de la RAE,  doctor Honoris causa en derecho y filología por Salamanca, con más de 50 libros publicados, premio nacional  de ensayo  2013 y de historia en 2018, se las ha apañado para brindarnos un nuevo libro sobre Cervantes. Un tomo con 120 páginas de notas, 220 de bibliografía, 60 de índices de nombres y 637 de texto. Con afán enciclopedista, nuestro autor ha indagado, como un Sherlock Holmes de las bibliotecas, en los libros de don Miguel, en los innumerables tomos sobre Cervantes y en los archivos, documentos, artículos y estudios en torno a su vida y obra. De esta suerte lo que tenemos ante los ojos y yo les recomiendo, es un ‘corpus magnus’ de datos, noticias, juicios, suposiciones, indagaciones y deducciones que conquistan al lector.

Prepárense para recibir alguna que otra sorpresa. Para empezar sepan que de los dos famosos retratos que hay en la magna Academia sobre Cervantes, uno en el salón de actos, aparecido a finales del XIX y saludado como el retrato más real de Cervantes, supuestamente firmado por Juan de Jáuregui, y otro firmado por Alonso de Busto, así como el autógrafo cervantino conservado en urna de cristal, son rematadamente falsos. El primero era la plasmación artística de las palabras del propio Cervantes describiendo su aspecto en el prólogo de las “Novelas Ejemplares” (“Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata que no ha veinte años fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña…”). Y es tan ajustado a estas palabras que siempre fue considerado auténtico.

Nuestro don Miguel, que se autocalificaba con humor socarrón de “regocijo de las musas”, lleva más de tres siglos teniendo en jaque a mentes bastante preclaras de la erudición y la literatura (y no sólo en España, que fue un país muy retrasado a la hora de valorar a uno de sus más grandes genios) en lo concerniente a su biografía y a la certeza o fantasía de los datos propios con los que Cervantes sembró sus obras.

Por ello, atreverse con otra obra sobre Cervantes, con ambición de dar cuenta de la mayoría de la bibliografía existente (además de confesar más de 15 lecturas completas del Quijote) ennoblece el arduo y complejo empeño de Muñoz Machado. Pero su originalidad estriba en la amplitud de temas y subtemas que nos ofrece, un rico anecdotario “interior” del cervantismo y los cervantistas de la Academia, hasta las correcciones a errores de cervantistas “de fuera”.

También son destacables  los detalles históricos que sorprenden al lector más avezado en cuestiones cervantinas. Yo mismo he cedido al embrujo cervantino: en mi biblioteca, amén de medio centenar de “Quijotes”, hay más de un centenar de ensayos sobre Cervantes y la redacción del Quijote, junto a análisis de todo tipo, psicológico, gramatical, geográfico, literario, artístico o histórico de los personajes. Pero ignoraba, por ejemplo, que Cervantes luchó en Lepanto en uno de los sitios de combate más peligrosos: sobre un esquife, fuera del navío, como avanzadilla de infantería. Allí recibió un arcabuzazo que le privó del uso de su mano izquierda.

Sí había leído algo sobre el oscuro episodio de la acusación por la muerte de un hombre, el caso Ezpeleta, que le hace desaparecer de Madrid o los cinco años de cautiverio en Argel durante los cuales tuvo una actuación heroica y desesperada hasta ser liberado por los padres mercedarios. ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda autoreferenciada por el propio Cervantes?  Y qué decir de las dos ocasiones en que es encerrado en prisión durante su época de recaudador de impuestos para la Armada. Termina por ser liberado sin cargos y con sentencias de inocencia.

Sus peticiones de mecenazgo y ayuda son despreciadas o mal atendidas por los supuestos “grandes nobles” de la sórdida época en la que vive Cervantes (setiembre de 1547 a abril de 1616). A pesar del éxito del Quijote y de sus Novelas Ejemplares y de algunas obras de teatro, Cervantes no llega nunca a tener una posición desahogada y los problemas económicos y familiares le complican la vida. Y esto configura uno de los misterios humanos de ese portentoso creador literario: la visión bondadosa, generosa, noble que se desprende de muchos de los detalles de su vida. No hay mezquindad, ni deseos de revancha, ni amargura en Cervantes y su obra. Hay un humor triste, irónico aunque amable, socarrón a menudo y tan idealista como su gran personaje.

Tenía casi sesenta años cuando publica la primera edición de Don Quijote y levanta la envidia mezquina y malévola  de los literatos coetáneos, con Lope de Vega a la cabeza, que suelen difundir esa difundida pero injusta mala fama que acompañó a Cervantes en vida, corregida y aumentada por los deslices sociales de la parte femenina de la familia, su esposa Catalina de Palacios, una hija adúltera que aporta a la familia, sus hermanas costureras y amancebadas (las “Cervantas”) y una tía, ilustre en esos menesteres de enaguas y lechos..

Sugiere el autor de este estudio,  Muñoz Machado, que Cervantes no escribió El Quijote “para acabar con los libros de caballerías” como aseguran muchos comentaristas (y se ha enseñado en las escuelas en la época en la que aún se hablaba de Cervantes en ellas) sino como nostalgia de esos libros, que ya para la época de nuestro escritor estaban bastante desacreditados, con las excepciones del Amadís, don Belianís o el Tirant lo Blanc. Por tanto, como escribió Menéndez Pelayo: “Cervantes ha escrito el mejor y más perfecto libro de caballerías”.

Haré mención de algunos elementos bastante interesantes y poco citados en obras anteriores sobre la vida y obra de Cervantes: la presencia de la magia, la hechicería y la brujería en su obra y el cuidadoso tacto con el que el bueno de  don Miguel se refiere a la Iglesia, el Estado, los Jueces o la policía de su época (con los que ha tenido infortunados roces. Especialmente significativos son los capítulos dedicados al pensamiento religioso de Cervantes y al matrimonio y las relaciones de pareja en esa época (que la reforma del Concilio de Trento sobre el particular, hace más interesantes). Como buen catedrático de Derecho, además de académico, Muñoz Machado se recrea en aspectos jurídicos, en los que Cervantes era lego pero había sufrido en sus carnes las corrupciones de la justicia, por lo que en algunos menesteres sabía más que los leguleyos.

Américo Castro y Ortega aseguraban que Cervantes era un “gran disimulador” en materia de su propia biografía. Y no les faltaba razón. Por eso hizo falta más de un siglo para que autores ingleses y franceses escribieran sobre Cervantes, basándose en los “rastros” de su vida que don Miguel dejaba en su obra. Y dos siglos de su muerte para que fueran autores españoles los que bucearon en busca de datos (Vicente de los Rios en 1780 y Joaquin Navarrete en 1819). En fin, un libro para leer poco a poco y disfrutándolo.

FICHA: CERVANTES.-Santiago Muñoz Machado. Ed. Crítica

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29 junio 2022 3 29 /06 /junio /2022 17:54

LOGOI 258

MORIR EN DIRECTO

Si eres, preferiblemente, de raza negra, procedente de algún no-país como Gambia o Etiopía y pretendes acceder al “paraíso” europeo a través de Marruecos y España, tendrás la ocasión de formar parte de un programa “prime-time” en los televisores de medio mundo; saldrás en los telediarios y en las portadas de los periódicos y revistas y servirás de aperitivo para despertar el apetito hipócrita de justicia y solidaridad con el que se satisfacen las clases medias pseudo pudientes de las sociedades económicamente “avanzadas”  de Europa (en realidad, casi todas en salvaje recesión hacia la miseria, gracias a la guerra de Ucrania). Serás pasto de noticieros y de golpes de pecho fariseos, porque posiblemente tu cuerpo se quedará, roto y desangrado, sobre el cemento de la frontera, junto al de otros muchos compañeros de sueños imposibles, (veintiséis para ser exactos, heridos no se sabe), fugitivos del hambre, la miseria y la sed. Un panorama apocalíptico que creías dejar a tus espaldas y que va a involucrar a casi todo un continente, el tuyo, el cual en los años imperialistas e inhumanos del colonialismo europeo fue llamado “continente negro”.

Vas a morir en directo ante una muralla de policías y soldados del Reino de Marruecos y convenientemente apoyados por uniformados del Reino de España. Hay órdenes de impedir el paso de la frontera “a cualquier precio”. Por razones políticas y estratégicas (y económicas) de ambos países, el magrebí y el europeo, la frontera “coladero” que por voluntad del Gobierno de Rabat había dado motivos de queja al de Madrid, se ha bloqueado, en pago al apoyo español a las pretensiones marroquíes sobre Sáhara, en un giro de 180º que ha dejado a los saharauis (“tradicionales amigos” de España) a los pies de los caballos marroquíes. Rabat que jamás ha jugado limpio con España desde la época del Protectorado en adelante, ya sea con Hassan II como con Mohamed VI, permite eso sí que las oleadas de inmigrantes lleguen a la frontera y allí se ensañan con dureza como “prueba” de la “amistad” marroquí. ¿No sería más lógico que Rabat interviniera con similar o superior dureza contra las mafias que los conducen a la frontera? ¿No será que todo este tinglado forma parte de una escenificación brutal y sangrienta de Marruecos y España, en pago a favores mutuos? La inmigración requiere que sepamos cuál es su proceso, necesidades, posibles soluciones en los países de origen, las cuotas de acogida…una labor humana y solidaria. No la muerte en directo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 junio 2022 5 24 /06 /junio /2022 18:02

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

EL MUNDO VUELVE AL BELICISMO DEL SIGLO XX

(Publicado en La Comarca el 24062022)

En estos penosos días, la guerra de Ucrania que ya cumple cuatro meses, ha entrado en la “rutina informativa” y causado una cierta insensibilidad hacia las cifras de muertos, heridos, desgracias y destrucciones. Hasta el Papa Francisco sugiere con suavidad diplomática que “la guerra de Ucrania ha estado de alguna forma provocada o no impedida”. Y no se justifica a Putin y su responsabilidad genocida, sino se apela a antecedentes políticos recientes y otros que se produjeron tras el final de la URSS y en años subsiguientes. El belicismo expansionista de la OTAN  y los intereses ocultos, desde la venta de armas a negocios de tipo mercantil, financiero y de materias primas -incluidos los alimentos- son tan responsables de esta crisis como los políticos involucrados en el disparate bélico. Incluso el Secretario General de la Alianza, Jens Stoltenberg, un belicista que apuesta por una guerra lo más larga posible, reconoce que la invasión de Ucrania “es una de las operaciones militares más previstas de la historia”. Se venía venir desde 2014, tras la anexión de Crimea. ¿Por qué no se ha evitado? ¿Por qué se ha alimentado el victimismo ruso?

La guerra de Ucrania es un ejemplo de la trágica futilidad  de la barbarie que se ha extendido en pleno corazón de Europa, debido a la lucha de los opuestos intereses geoestratégicos de Rusia y EE.UU. La trivialidad de esta guerra y lo que la hace más abominable, es su carácter de potencial negociabilidad. Pero no ha habido unos políticos responsables a nivel humano o un organismo internacional arbitral no sesgado por intereses hegemónicos. Y tampoco ha habido voluntad de frenar al capitalismo más codicioso e insensible que existe: el que saca beneficios de la guerra. Si se plantean la pregunta ¿quién se beneficia de esto?, entenderán las líneas maestras de lo  ocurrido entre Rusia, Ucrania y Occidente, gracias al tambaleante liderazgo de Estados Unidos y los apoyos cómplices de muchos Estados, entre ellos el del “tigre dormido”, China.

Hablar del expansionismo de la OTAN, de Rusia, de China, Estados Unidos o Europa, sólo explica una parte –y no la crucial- del problema bélico actual. Las secuelas económicas, alimentarias y ambientales serán más importantes aún. Aunque estarán “equilibradas” por los beneficios que se generan por venta de armas, municiones, energía y alimentos en creciente escasez. Sólo que los primeros efectos citados de la situación bélica serán globales y los beneficios, como siempre, sólo para unos pocos. En esta época de naufragios ideológicos,  las grandes teorías político-sociales, que lucharon entre sí en el siglo XX,  se han difuminado en un tipo de sociedad postcapitalista sin principios, ni valores y con un sesgo tecnológico que nos aísla en burbujas individuales. Por eso importa cada vez menos el sufrimiento de las víctimas de la guerra o el cúmulo de intereses rapiñeros de una oligarquía mundial oculta tras la cortina del Mago de Oz…

La ausencia de rivalidad ideológica en esta nueva/vieja guerra fría que nos espera tras este conflicto, tiene una característica inédita: ya no es la lucha entre el capitalismo y el comunismo. Sino la de un capitalismo neoliberal que se pretende democrático y otro similar que se pretende “neosocialista”. Dos perros furiosos luchando por ser el “macho alfa” de la manada. Como dijo Stoltenberg, para unos, “la libertad es más importante que el libre comercio y la protección de los valores más que la de los beneficios.” Sólo palabras. Entre occidente y Rusia o China la única diferencia es que unos “eligen” la supuesta libertad pero sin olvidar los beneficios y el libre comercio y los otros eligen el libre comercio y los beneficios e ignoran el concepto “libertad”.

Sin embargo, la hipocresía de la política mediática sigue insistiendo en que la única manera de terminar con esta guerra es derrotando radicalmente a Rusia. Aunque Macron, presidente francés, apunta que “no deberíamos humillar” a  Moscú, pues a una potencia militar e histórica como es Rusia o fue Alemania tras la I GM, la humillación conduce más tarde o temprano a una revancha más sangrienta. Los antecedentes de las dos guerras mundiales subyacen en estas palabras. Europa está dividida entre los que desean mantener el conflicto hasta la derrota. Cabe preguntarse de quién y a qué precio para Europa y buena parte del mundo, salvo China y Estados Unidos.  También están los que dicen aceptar el “mal menor” con la pérdida de parte de Ucrania y dar seguridades por parte de la OTAN de respetar las fronteras rusas actuales. Esta parece ser la postura del 35 % de los europeos encuestados. El resto duda y sólo el 22% quiere alargar la guerra hasta que caiga Putin. Lo cual convertiría una Rusia humillada en un protectorado de Occidente, léase Washington. ¿Es que alguien cree que Pekín y la mitad de países del orbe, entre neutrales y no alineados iban a aceptarlo?

El mundo se ha metido en un maldito embrollo. De ahí viene la trágica futilidad de esta guerra sangrienta. Muchos apoyan una reconsideración del conflicto de Ucrania como una fuente estocástica (relativa al azar) de la historia de hoy, un proceso de evolución aleatoria, cuyo desarrollo es tan imprevisible como la secuencia de las tiradas de los dados. Por tanto, urge detener la guerra, ya que su evolución es imposible de determinar y mucho menos reconducir. Debería preocuparnos a todos, a los contrarios a Putin (países del Este, Polonia y los Estados bálticos), a los indecisos (Hungria, Bulgaria, Israel, algunos países árabes) y a los que prefieren la paz aunque sea cediendo algo. Todos perdemos, nadie gana, pero evitamos una guerra estocástica, una de cuyas variables nos podría llevar a la guerra total o a una guerra nuclear (postura de Francia, Alemania, Suecia, Italia y España).

Los tibios y los románticos rememoran la reunión de Munich en 1938, en la que los aliados creyeron que haciendo concesiones a Hitler, el jerarca nazi iba a cumplir los acuerdos y así evitar la guerra. Parece razonable la estimación “a posteriori” de un error histórico. Pero en realidad es una falacia lógica. Comparar a Putin con Hitler y la situación europea de 1938 con la de 2022, es una licencia que produce un “efecto halo”, un sesgo cognitivo definido así: “una vez expresada y establecida una idea, el entendimiento humano fuerza todo lo demás para darle apoyo y confirmación”. Y hay que forzar la historia de entonces y la actual para considerar que ambas son semejantes. Aunque Rusia sigue siendo en esta ecuación histórica, como dijo Churchill, “un acertijo envuelto en un misterio, dentro de un enigma”.

Además el expansionismo imperialista de Putin está causando un enorme paso atrás en el supuesto progreso político histórico. En primer lugar se ha hundido el sueño de convertir la Unión Europea –con Rusia-  en una fuerza mundial cooperativa y soberana que equilibraría, en un nivel de igualdad, a los dos Imperios hegemónicos que se perfilan, la China que se fortalece y el gigante norteamericano en declive pero aún poderoso.

En segundo lugar, se ha restablecido y adquiere fuerza un modelo que pensábamos periclitado: el de la guerra fría. Nuevamente Europa –que se remilitariza a marchas forzadas-  queda bajo el “paraguas” del brazo armado de Washington la OTAN y ahora, como quería Trump, costeándolo los propios europeos. El único efecto positivo es que hay un tímido reagrupamiento de los países de la UE, cuyas discrepancias comenzaban a cuartear la organización. Aunque también se ha reforzado la hegemonía de Estados Unidos, apartándose a Francia de sus pretensiones de liderazgo y creando un extraño caso de travestismo político con el Reino Unido, que sigue incordiando a la UE todo lo que puede.

Con el nuevo orden internacional que la vieja guerra fría  traerá aparejado, siempre en el caso de que se logre parar la guerra a través de hacer concesiones y poner límites a Putin, la UE podría convertirse poco a poco en el hogar de acogida de los países que habían estado bajo el poder de la URSS, vieja pretensión de Washington, frustrada por Francia hasta ahora. Ucrania sería la primera en recibir todo tipo de ayudas para compensar los sacrificios que la paz exigirá.

En tercer lugar, la política de sanciones canalizada a través de la CE y los bloqueos subsiguientes está provocando la reorganización de las cadenas de suministro de productos energéticos, alimentarios y de materias primas. Y ello acarrea un cambio dramático en los objetivos políticos mundiales de la época neoliberal a la que la guerra está dando la puntilla: es un adiós prematuro y firme a la idea de la globalización, que va a morir antes de haberse depurado de sus residuos mercantilistas e imperialistas. Los Estados-nación vuelven a reforzarse y el sueño de la solidaridad y el progreso internacionales se archiva de nuevo.

Pero resurge el enquistamiento de los problemas económicos de algunos países europeos (entre ellos España), agravados por las dificultades energéticas y de suministros que ha causado la guerra. A los que se sumarán los de los países de la antigua órbita soviética que serán admitidos en la UE por la voluntad geoestratégica del “Tío Sam”.

Y en cuarto lugar, el renacimiento de la carrera de armamentos, que nos hace mirar con nostalgia al lejano 1972, cuando Nixon y Breznev firmaban el primer acuerdo limitando el uso y despliegue de las armas nucleares y la red de acuerdos posteriores que nos permitieron soñar en un mundo sin armas nucleares de corto, medio o largo alcance. Sueño que derribó, tras el hundimiento de la URSS, un tal señor Putin. En el nuevo siglo todo volvió a recrudecerse. En estos momentos, Rusia dedica un 300% de fondos a gastos militares, China un 600%, Estados Unidos se pone a la par y la UE se propone con el acuerdo “Brújula Estratégica”, recién firmado, subir su 20% a un 35 % lo antes posible. Con países como Irán, Israel o Corea del Norte, relamiéndose ante la posibilidad de disponer de una bomba atómica para asustar a los vecinos. Los judíos tienen una maldición que dice: “Dios te haga vivir en una época interesante”. Ciertamente entramos en una era “interesante”.

Todas las exigencias que impondrá el “nuevo/viejo orden global” provocado por la guerra de Ucrania, causarán unos efectos demoledores sobre el momento histórico que vamos a vivir. Ha sido un golpe de timón radical que redirige al mundo hacia atrás, hacia un pasado lamentable. Es la sociedad del siglo XXI obligada a ajustarse a las directrices políticas y sociales de la primera mitad del siglo XX. Ese salto hacia atrás estará agravado por los millones de refugiados que buscarán acomodo en  Europa, con una UE repartiendo fondos de cohesión de una hucha cada vez más exhausta y con un patrón, Washington, al que sólo preocupa que sus objetivos geoestratégicos le repongan en un liderazgo que el siglo XXI ya había cuestionado.  Y no sin razón. ¿Qué podemos esperar de un país que sigue alimentando la idea de una guerra permanente, a fin de debilitar y terminar borrando del mapa a uno de sus enemigos tradicionales, Moscú, tan peligroso y poco recomendable como él mismo?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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