Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
27 mayo 2022 5 27 /05 /mayo /2022 17:34

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

EL ‘GAMBITO DE DAMA’ DE LA OTAN A PUTIN, ¿ESTRATEGIA O FICCIÓN?

 

Más de tres meses de barbarie, destrucción y muerte es un precio demasiado alto para un error estratégico (el de Putin) y un error de inteligencia política (occidente y la OTAN).  Se han rechazado las “justificaciones” políticas de Putin para salvar la cara ante su propio pueblo en su aventura nostálgico-imperialista y se ha abierto la caja de Pandora de la guerra sobre  la autocomplaciente sociedad europea, con la continua instigación a la violencia de los americanos (uno de los países que ganan algo con la guerra) y el fortalecimiento del tigre chino supuestamente dormido.

Un examen sin complejos de la vieja geopolítica, ya en forzada jubilación, hace pensar en teorías conspiratorias, que en estos tiempos se definirían como un desencantado ”todo es posible”. Ello esconde la amarga constatación de que la ética ha dejado totalmente de existir en la política global de hoy (si es que alguna vez existió, excepto de forma anecdótica). La cuestión es, lisa y llanamente, que hemos vuelto, gracias a Putin y, paradójicamente, en contra de sus intereses, a la política armamentista y de bloques de 1945. Todo lo que está ocurriendo se  asemeja a un gambito de gama en una partida de ajedrez. Una  estrategia demasiado sutil para ser orquestada por Washington pero plausible entre los mandos y políticos afectos a la OTAN.

Como en el ajedrez, en política internacional la estrategia básica es tener una visión global de la situación geopolítica y económica. Hay que saber ver más allá de la jugada del momento y tener en cuenta las variables que están en juego. Y a partir del momento base, tener claro el objetivo a conseguir, ampliado nuestro foco a medida que se desarrollan los acontecimientos. Con ello estaremos más dispuestos a asumir los cambios que provoca el proceso

El peón de dama que se ofrece al sacrificio en el tablero es Ucrania y Putin ha mordido el anzuelo, mostrando –dejando aparte el peligroso para todos arsenal nuclear- dos cuestiones básicas en su contra: su ejército, aun siendo muy poderoso, está bastante anticuado para estos tiempos y dos, sus conexiones amistosas con otros países no resisten la “prueba del algodón”: si rascas un  poco se ve que no está muy limpio. El oso ruso no tiene amigos, sólo clientes o sometidos.

Con el sacrificio de Ucrania –que podría ser recuperada más adelante, aunque no en el seno de la OTAN- se ha producido una dinámica de acontecimientos que aíslan cada vez más a Moscú. Suecia y Finlandia abandonan su neutralidad y piden su entrada en la OTAN; la organización militar “defensiva” bajo el mando de Estados Unidos se ha reforzado exponencialmente (cuando estaba en casi hibernación); Rusia ha perdido casi todo su valor como potencia hegemónica y su categoría como representante del “otro” paradigma sociopolítico distinto a Occidente; y, en definitiva, se está dejando camino libre para que China se coloque en cabeza de esa “otredad”, con su poco creíble pero eficiente “capitalismo-comunista”.

Puede parecer frívolo explicar con una célebre apertura del juego de ajedrez la enorme tragedia humana que está suponiendo la guerra de Ucrania. Lo cierto es que ya ha dejado de copar las primeras páginas de la prensa y la tele de casi todo el mundo; las exigencias del mercado neoliberal y su instituida velocidad de cambios, no perdonan. Como tampoco perdona la inconsciente y brutal ruptura con las normas y obligaciones del derecho internacional. El regreso a la disponibilidad bélica, a la ley de la fuerza, a la tácita permisibilidad para las más atroces y sanguinarias acciones contra la población civil, nos muestran un deterioro ético en lo público que es un retroceso para los derechos humanos en general.

Y, por favor, que no se olvide en qué contexto global se está produciendo este “regreso a las cavernas de la violencia” con su secuela de carrera armamentista, falta de seguridad y legalidad en el mundo, daños laterales en economía, salud y calidad de vida. Sumen a todo lo anterior, daños directos e indirectos del belicismo, el aumento de los nacionalismos, populismos y extremas derechas o izquierdas. Y analicen ese potaje de horrores en una olla donde también se cuecen, el cambio climático, las hambrunas, las pandemias de origen animal provocadas por el hombre, la sequía y las emigraciones masivas de refugiados por pura y simple supervivencia.

Pero volvamos al tablero de juego, en el que la batalla en la que Putin se embarcó con percepciones erróneas es sólo lo más visible, pero no lo más importante.  Como dijo Henry Kissinger, en una reunión política reciente, a la  respetable altura de sus 99 años, hay que aceptar la situación tal y como está y recordar que Rusia y Estados Unidos han superado derrotas militares (Vietnam y Afganistán) sin ceder al uso de armas nucleares. Por tanto, nunca mejor que ahora, “tenemos que desescalar hacia las armas convencionales y aprender a vivir con relaciones hostiles”. La frialdad de la “realpolitik” preconiza aceptar lo malo en estos momentos para no permitir que llegue lo peor. 

Hanna Arendt, refiriéndose a la II Guerra Mundial decía, “…en una futura guerra  ya no se trataría del logro o la pérdida de poder, de mercados y espacios vitales, de cuestiones que también podrían obtenerse sin violencia por la vía de la negociación política. La guerra ha dejado de ser la “ultima ratio” de conferencias y negociaciones cuya ruptura causaba el inicio de acciones militares, que no eran más que la continuación de la política por otros medios. Ahora se trata de algo que no podría ser objeto de negociación: la simple existencia de un país o un pueblo. Eso sería la violación de una frontera inherente a las acciones bélicas”. Y termina su razonamiento con estas palabras estremecedoras que no deberían olvidarse: “Podemos dudar de que los hombres, en medio de esta progresión necesariamente catastrófica  que ellos mismos han desencadenado, puedan seguir siendo dueños y señores de su mundo y de los asuntos humanos”.

Dejando a un lado los lógicos temores a una escalada nuclear, se debería tratar la crisis como una negociación en la que ambas partes admiten que van a perder algo, la premisa menor, pero pueden negociar la premisa mayor: un nuevo estilo y unas nuevas reglas de convivencia. Es preciso aceptar, ante la alternativa bélica, que todos los sistemas políticos en nuestro tiempo son simples variaciones de un tronco común: las oligarquías nacionales y multinacionales, la red de corporaciones tecnológicas del alcance, influencias y beneficios globales y los Estados como “res política” que atienden las necesidades de los ciudadanos de una forma más o menos corrupta, eficaz o participativa. En el siglo XXI han muerto las ideologías, excepto en la mente de idealistas, fanáticos, ingenuos y un resto testimonial de miembros de  cuerpos armados (ejércitos y policías). O en la faceta religiosa o racista del fanatismo político. ¿Creen que hay mucha diferencia entre la oligarquía endogámica rusa, la china o la de Occidente? ¿Cuánto van a tardar en comprender que los problemas y necesidades de la mayoría de los ciudadanos son simples y elementales como la vida misma: alimento, ocio, techo, educación, salud, familia y sociedad? Las corporaciones dedicadas a los negocios suntuosos vinculados con la Red y la virtualidad, hace años que lo saben y lo explotan. Los romanos de la plebe pedían paz y circo. La gigantesca plebe del XXI, que no llegó a la mayoría de edad, piden móviles y metaverso, redes rápidas y…naturalmente “pan”, es decir hogar, sustento, médicos y maestros. Las ideologías importan a una minoría, bastante ruidosa en general y a los políticos que envuelven con ella su sustancioso modo de vida. Ahora se han  convertido en una permeable y jactanciosa excusa.

Todo lo que está ocurriendo en Rusia era de prever tras el cerrojazo de los 90 a las pretensiones –desmesuradas- de la URSS y el desmoronamiento soviético. En el país convertido en almoneda por los propios jerarcas soviéticos y con el beneplácito del insigne beodo Boris Yeltsin, ¿quiénes dirían ustedes que crearon las bases de la actual oligarquía rusa y alimentaron desde la cuna al miembro de la KGB, Vladimir Putin, elemental y moralmente peligroso como un personaje de Dostoievsky? Los halcones de Wall Street. La infame tropa desembarcó en las Rusias, compitiendo con las mafias locales y los vestigios del aparato soviético, importando las directrices neoliberales y privatizadoras de Estados Unidos. El increíble negocio del gas natural ruso, el petróleo, el acero, minerales y cereales, estaba a merced del mejor postor. El dólar y la oligarquía rusa se hicieron con el pastel usando métodos poco recomendables pero muy efectivos. Por supuesto que eso provocó la crisis financiera, necesidad de ayuda exterior y la llegada de un Gobierno autoritario para contener ingentes masas de población arruinadas y al borde de la hambruna. Incluso las ayudas del Fondo Monetario Internacional (servidas en bandeja por los sucesivos presidentes de EE.UU.) enriquecieron más a la clase dominante y también a los “consejeros áulicos” de las barras y las estrellas. Con esas ayudas se compraba cierta pasividad rusa ante la ampliación de la OTAN por países ex soviéticos (cosa que se había prometido no hacer). A  cambio se ofreció  a Moscú que se sentara en el club de los países más ricos del mundo, el G7 (cuando su PIB no rebasaba en mucho al español). Es con la entrada de los países bálticos en la OTAN  y la llegada de Putin al poder en 1999,  cuando todo el entramado de sobornos y engaños se derrumba, comienza a disputarse de nuevo la hegemonía y renace una guerra fría que llega a su exasperación 22 años después.

Como escribió el Nobel de economía 2007, Erik Maskin, académico de Harvard, “Occidente debería haber abrazado a Rusia en los noventa”. Pero ahí estaban los intereses norteamericanos para impedirlo. Y de aquellos mimbres estos cestos.  Por supuesto que nada de lo dicho justifica las tropelías bélicas de Putin. Pero seamos serios y críticos a la hora de atrevernos a juzgar los hechos luctuosos de la Historia reciente. No hay buenos ni malos. Somos todos de la misma materia de las pesadillas. Manifiestamente mejorables.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

Compartir este post
Repost0
23 mayo 2022 1 23 /05 /mayo /2022 18:31

Este artículo ha sido publicado en Heraldo de Aragón, el 21 de mayo de 2022

En el hervidero político español, con su Gobierno funambulista sobre la cuerda floja y su nada fiel oposición, hace falta bajar un poco el fuego dialéctico y dejar que reposen los ánimos y se decante la suciedad que los intereses contrapuestos van dejando en la poco ejemplar vida pública. España es un vocinglero patio de Monipodio, instaurado en el Congreso, el Senado, los partidos –sin salvar ni uno- y la peste de coloquios, correveidiles de la Red, falaces mensajes virtuales, insultos, mentiras agresivas y hechos vergonzantes que enlodan el país. Los españoles no contagiados miran con asombro pesimista y un poco asqueados la corrala de vecinos resabiados en que se ha convertido España, nunca tan dividida y fragmentada.

Por eso en la placidez horaciana de mi retiro rural procuro evitar el contagio de la violencia y la falta de ética que sumerge la cosa pública en un pestilente caldo de falta de sentido común, lógica y humor. Para ello suelo, como terapia, leer cada día durante un par de horas a alguno de los clásicos que enriquecen mi biblioteca. En esas, di con Montaigne, el pensador francés del siglo XVI, que dice no ser filósofo y a cambio nos ofrece una muestra de una de las filosofías más vivas, sencillas y lúcidas. Recalé en sus “Ensayos” cuando el “catalangate” había provocado la penosa destitución de la directora del CNI, Paz Esteban, y con ello el ridículo político del Gobierno y su presidente y la debilidad del sistema secreto de información y de la estructura defensiva interior del Estado (que queda a merced de políticos que han manifestado pública y notoriamente su oposición al tipo de Estado que “disfrutamos”).

Es obvio que para Sánchez la razón de sus decisiones es “una apariencia de discurso que cada uno forja en sí mismo (…) un instrumento de plomo y de cera, que se puede alargar, plegar y acomodar a todos los bieses (sesgos, diagonales) y todas las medidas”. Y el presidente se debería aplicar esta reflexión escéptica y humilde: “lo que yo opino sirve para expresar la medida de mi visión (y mis intereses), no la medida de las cosas”. Y tener el valor de reconocer que la verdad, “tanto si nos perjudica como si nos sirve” debe ser buscada  y “no debemos desdeñar ninguna intervención que nos  conduzca a ella, ya que la verdad está por encima del amor propio”.

Como dice André Compte-Sponville en su libro sobre Montaigne , “en su tiempo, fanatismo y dogmatismo eran sin duda los principales enemigos de los que se dedicaban a la política”. No veo muchas diferencias de fondo con nuestro hoy, si le añadimos el nihilismo y la sofística. Señor Sánchez, lea en Montaigne: “¿Para qué sirven esas puntas culminantes de su política sobre las que ningún ser humano puede sentarse y esas reglas que exceden nuestro uso y nuestra fuerza?”…”nos propone perspectivas que ni quien las propone ni quienes las escuchan tienen ninguna esperanza de seguir ni, lo que es peor, muestran ganas de hacerlo”.

Quizá debería asumir como hace el filósofo francés que “Mi propósito puede dividirse en cualquier parte, no se funda en grandes esperanzas; cada día es su propio objetivo. Y el viaje de la propia vida se comporta de la misma manera”. O “mi filosofía se basa en la acción, en uso natural y presente, poco en fantasías”. Pero admite que “nuestro ser está cimentado en cualidades enfermizas…y quien eliminara las semillas de dichas cualidades en el hombre, destruiría las condiciones fundamentales de nuestra vida”.”Así, el engaño, la traición, la violencia… ¿Qué poder podría prescindir totalmente de ellos?” Y añade, comprensivo, quizá recordando a Maquiavelo, “La política no puede reducirse pura y simplemente a la moral, ni someterse siempre a ella. Tampoco puede abolirla ni pretender someterla”. Y añade: “las exigencias del poder, legítimas en su orden, no pueden servir de ética ni para los individuos…ni tampoco de manera suficiente para los príncipes…que aun en el trono más elevado del mundo están, como todos, sentados sobre el culo”. Pues, “no todas las cosas le son lícitas al hombre de bien por el servicio a su rey, ni al de la causa general y las leyes”.

Y cuando se dan esos casos de razón de Estado que justifican decisiones extremas, Montaigne advierte: “Hay que ceder frente a esas excepciones raras y enfermizas de nuestras reglas naturales. Pero con gran moderación y circunspección; ninguna utilidad privada es suficientemente digna como para pedir  ese esfuerzo a nuestra conciencia; la pública, de acuerdo, sólo cuando es muy importante. Lo útil solo prima honestamente cuando resulta útil a la mayoría. El mal solo es aceptable en beneficio del bien público”.  Y añade “nunca gobernamos bien cuando la pasión  nos posee y nos gobierna; aquél que solo emplea su juicio y su habilidad…disimula, cede, difiere a su gusto según lo requiera la ocasión; falla su objetivo sin atormentarse ni afligirse, dispuesto y entero para una  nueva empresa, avanza siempre con las riendas en la mano, más lúcido, eficaz y tolerante, sin permitir que sus deseos le engañen”.

La bonhomía lúcida de Montaigne podría ser una buena brújula para dirigir los asuntos de Estado en estos tiempos sombríos. Para ninguno de los que ejercen el poder está de más reflexionar sobre ello.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
20 mayo 2022 5 20 /05 /mayo /2022 10:43

Logoi 252

ARMAGEDON

En el libro bíblico del Apocalipsis el término “Armagedon” indica la batalla del fin del mundo entre las fuerzas del bien y las del mal.  Muchas religiones reivindican esa profecía simbólica y algunas la situaron en la Primera o la Segunda guerra mundial  o  en algunos momentos de la Guerra Fría. En estos días la tentación catastrofista evoca cómo la rivalidad entre Estados Unidos y la URSS desemboca en una guerra nuclear que destruye la humanidad.

Hechos: Putin amenaza repetidamente con recurrir al armamento nuclear; la guerra de Ucrania no ha resultado ser un paseo militar para los rusos –lo que eleva la tensión-; y la OTAN sigue comportándose con la irresponsabilidad de su principal mentor, los Estados Unidos, sugiriendo la entrada de más países europeos fronterizos con Rusia. Aún así, deberíamos evitar proyectar nuestros temores en algo tan desconocido como es el futuro. Examinemos la historia y veremos cómo un número muy elevado de variables introduce el azar en el desarrollo presuntamente lineal de los hechos y los desbarata, para coger a menudo un atajo que nadie había visto. Lo curioso es que, habitualmente, en el análisis posterior de lo ocurrido acabamos creyendo que las cosas no hubieran podido seguir un camino distinto. Determinismo puro y duro.

En 2019, el Programa de ciencia y seguridad global de la Universidad de Princeton realizó una simulación de lo que podía ocurrir tras un choque nuclear entre la OTAN y Rusia: más de 90 millones de muertos y heridos en sólo las primeras horas. Posteriormente el nivel de radiación dificultaría la supervivencia del resto de cualquier forma de vida terrestre.

Se supone que hay posibilidades de supervivencia de las personas no cercanas a los lugares donde estallasen las bombas. Existen programas y protocolos diseñados a nivel nacional en algunos países de Europa, en Estados Unidos, y otros. Los primeros están relacionados con accidentes nucleares –como Chernobil o Japón- y otros lo están respecto a una conflagración nuclear. España no está entre esos países y nuestra Ley de Seguridad Nacional no contempla un evento de esas características. Tampoco hay instaladas señales acústicas para avisar a la población de las ciudades. Incluso algo tan básico como las pastillas de yodo indicadas contra tal radiación no existen en España (las de las farmacias no tiene la cantidad suficiente de yodo). Consecuencia: en estos tiempos, más vale prever que lamentar.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
10 mayo 2022 2 10 /05 /mayo /2022 09:49

LOGOI 251

NADIE

Publicado el 100522 en La Comarca

Homero nos narra en “La Odisea” el sagaz enfrentamiento de Ulises contra Polifemo, el gigante de un solo ojo que se merienda a algunos miembros de la tripulación del astuto héroe heleno. Cuando el gigante antropófago le pregunta a Ulises cuál es su nombre, éste le contesta “Me llamo Nadie”, simbolizando proféticamente el poder de manipulación y destrucción que se suele esconder tras esa palabra, el anonimato del poder. En nuestro tiempo, detrás de las grandes corporaciones económicas, tecnológicas y financieras que nos dominan, generalmente hay unos “Nadies” cuyos nombres y apellidos se difuminan tanto como el alcance real de sus poderes. Los pocos que “dan la cara” tienen menos poder del que presumen y se deben también a sus consejos de administración y a las reglas de un mercado que siempre está a un nivel superior (y oculto).

En su libro “Sobre la violencia”, publicado en 1969, Hanna Arendt ya define con agudeza una forma de dominación del hombre sobre el hombre que era esencialmente distinta a las habituales en el mundo griego: el dominio de solo hombre, en el caso de la monarquía, de los más ricos (oligarquía), de los mejores en la aristocracia y de la mayoría, en la democracia. Para ella, actualmente, la forma más formidable de todas es el dominio de la burocracia, el de un “intrincado sistema de organismos, del cual ningún hombre puede ser considerado individualmente responsable: es decir el dominio por parte de Nadie”. Si en la tiranía, el que manda no tiene que rendir cuentas, en la burocracia, como no hay un alguien que se responsabilice, es imposible localizar sujetos concretos o identificar al que da las órdenes y responde a una determinada acción pública; el poder burocrático escapa a todo control y puede destruir todo a su paso. Es el poder de Nadie.

Por eso con una burocracia creciente, servida por ejércitos de funcionarios bien pagados, pero cuya labor es difícil de controlar públicamente, “no queda nadie con quien debatir, nadie a quien presentar quejas, nadie a quien presionar”. Es un sistema de gobierno que “priva a todos de la libertad política y de la capacidad de actuar en el ámbito público. Es una tiranía sin tirano”. Sin olvidar la extrema burocratización paralela de los partidos políticos, donde apenas quedan rendijas para la actuación del ciudadano que no entre en el sistema de partidos (y por tanto no esté sujeto a la normativa operativa-ideológica de éstos). Piensen en ello.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
3 mayo 2022 2 03 /05 /mayo /2022 09:37

“LA NARANJA MECÁNICA”, 60 AÑOS DE UN “SHOCK” CULTURAL

La novela de Anthony Burgess y la película de Kubrick galvanizaron el horror ante la violencia gratuita

En 1962, hace sesenta años, el escritor británico Anthony Burgess publicaba una novela distópica, desafiante, atrevida y decididamente obscena: “La naranja mecánica” (A Clockwork Orange). Casi 10 años más tarde (1971) Stanley Kubrick la adaptaría para la gran pantalla: una película que arrasaría y dinamitaría, con su hábil y medido sentido de la transgresión y el escándalo, la conciencia social de la época.

La novela se tradujo al castellano (una traducción que en sí misma era una hazaña, dado el neolenguaje que usaban los jóvenes) y a otras lenguas a consecuencia del éxito de la película. Burgess lograba llevar a la caricatura inteligente los juegos de palabras de Joyce (“Ulyses” (1922) y “Finnegans Wake” (1939) y la inventiva sexual culterana y escandalosa de Nabokov (“Lolita”- 1955). Lo que en Nabokov y Joyce era la palabra como acicate sexual y operativo, en Burgess era la música, principalmente Beethoven.

El caldo de cultivo de la distopía de Burgess no estaba motivado por razones políticas como “1984” de George Orwell (1948), o filosóficas y sociales como “El mundo feliz” (1932) de Aldous Huxley, sino por la cultura social emergente de las nuevas tribus juveniles que despertaban tras la II GM y comenzaban a vislumbrar un mundo más permisivo y con menos escasez y miseria. Desde los “Teddy Boys” a los “Mods”, los “Rockers” y los “skinheads”, la subcultura juvenil buscaba su decálogo de libertades y su código de señas de identidad, ya fuesen las motos, los coches, las melenas o los rapados, la música trepidante, el desenfado en el vestir y en las conductas, unidas a un acceso ilimitado al sexo, el alcohol o las drogas.  Y como correlato lógico de todo eso, una violencia entendida casi como celebración orgiástica.

A los 45 años, el profesor de literatura Anthony Burgess, con media docena de libros excelentes publicados, logró capturar el espíritu de los sesenta con “La naranja mecánica”, novela que pasaría a definir un estilo de vida juvenil y cuya influencia aumentaría exponencialmente cuando Kubrick unos años más tarde (por lo tanto sin salir de las generaciones reflejadas) ofreció su particular enfoque de la novela con una película que manipulaba el final de la historia y sus buenas intenciones pedagógicas y éticas. Burgess protestó ante Kubrick por esas omisiones y terminó rechazando su obra, amargado por el mimetismo violento que suscitó en los jóvenes de esos años (lo cual también salpicó a Kubrick, que terminó pidiendo a los distribuidores de la película que la retiraran de la exhibición pública).

Unas décadas más tarde el mensaje vitriólico –aunque redentor- de la novela y sobre todo la maldad gratuita de la película, que no reflejaba ese “buen final” del protagonista, fueron completamente absorbidos por la cultura popular posterior, cumpliéndose el axioma: “todo aquello que desafía a una cultura hegemónica capitalista termina por ser convertido en un producto de consumo totalmente banalizado”. La cinta de Kubrick escandaliza ya a muy pocos en estos tiempos, que de una forma curiosa han logrado superar e infantilizar toda la estética agresiva de la película. Los actos vandálicos, la alienación y psicosis colectiva, la violencia destructiva gratuita, las agresiones físicas contra colectivos inermes, ancianos, enfermos, deficientes mentales o los sexuales, mujeres, personas homos y heterosexuales, la destrucción de bienes públicos y privados, la adicción al alcohol o las drogas y sus efectos, forjan una problemática que ha pasado del esteticismo brutal ejercido bajos los mágicos sones de Mozart, Bach y Beethoven que vimos en la película, al más sórdido día a día de las páginas de sucesos o los telediarios en nuestras grandes megalópolis.

Ni siquiera al actual argot juvenil apocopado de las redes es demasiado diferente de la jerga adolescente de Alex- el protagonista de la novela, un chico de 15 años- y sus “drugos” (amigos y cómplices), forjada por Burgess, que combinó vocablos rusos y rumanos con el barriobajero “slang” británico y el comportamiento violento, al estilo de los “skinheads” o el “hooliganismo” de los 70 y 80.

Kubrick pretendió realizar algo que entendía como “una sátira social, un cuento de hadas sobre la justicia y el castigo, y un mito psicológico”. Lo cierto es que logró escenas icónicas en la historia del cine, como las acciones de violencia, sexo y mutilaciones, inmersas en las notas musicales de Rossini, Mozart, Bach o Beethoven y movimientos estilizados como danzas. La sátira social no tuvo efecto alguno, la justicia y el castigo se han convertido, hoy más que nunca, en un cuento de hadas y el mito psicológico ha dejado de serlo, renaciendo en forma de realidad en una versión universalmente extendida.

En la novela, las andanzas descerebradas y “ultraviolentas” de Alex y sus “drugos” (compinches)  tienen su castigo pero también su redención: en la última parte del libro (que fue excluida de las primeras ediciones para los Estados Unidos) Alex abjura de su pasado brutal y decide integrarse en el normal desarrollo de una vida pequeño burguesa entre las coordenadas del trabajo remunerado y de la constitución de una familia. E incluso lleva en el bolsillo una foto de un rollizo bebé, “que parece estar diciendo ‘gugú’”. Cosa altamente improbable y un poco ridícula: se nos propone que el sádico Alex se ha convertido en un ser angelical y cursi…a los 18 años. Aquí la formación religiosa de Burgess le ha jugado una mala pasada.

Sin embargo, el toque genial de Burgess es transformar a  Alex, ese líder demoníaco que hiere, golpea, roba, viola, destroza y asesina –y disfruta psicopáticamente de ello- en un adorador extático de la música clásica en sus más preclaros maestros. El tipo siente la misma jubilosa  atracción por la maldad sin cortapisas como por las notas de Mozart o Beethoven. La descripción de lo que siente Alex al escuchar un concierto de Bach, es precisa y brillante: “Los trombones  crujían como láminas de oro bajo mi cama y detrás de mi golová (cabeza) las trompetas lanzaban lenguas de plata y al lado de la puerta los timbales me asaltaban las tripas y brotaban otra vez como un trueno de caramelo. Oh, era una maravilla de maravillas”. Esa descripción suena más a Joyce que al brutal sonsonete de la “ultraviolencia” de las cincuenta páginas anteriores, en las que Alex, “vuestro humilde narrador”  y sus “drugos” han robado, herido, luchado y violado a ritmo de claqué o de la música de “Bailando bajo la lluvia”. Antes de acabar la primera parte, Alex mata a una anciana rica en su casa y es detenido por la policía, tras ser traicionado por sus compinches.

Este maridaje entre la Bella-la música clásica- y la Bestia, violenta y sanguinaria, podría tomarse  como una trasposición literaria y simbólica de algo muy vivo en la época en que se publicó la novela: el estupor y rechazo que producía la asombrosa coexistencia entre la alta cultura (música, arte, literatura) y la barbarie sistemática y burocratizada del III Reich. Quizá Burgess no tenía esa intención, pero muchos analistas de su novela han comentado ese paralelismo.

Para buscar un equilibrio (que luego rompería en la tercera parte) Burgess comienza la segunda con la estancia de Alex en la cárcel y su hipócrita comportamiento de sumisión bajo el que latían acentuados deseos de violencia y destrucción. Y aquí nuestro autor nos propone una visión “legal” de la violencia que proviene del Estado. Por una promesa de indulto, Alex acepta encantado que se le aplique una radical terapia de choque que a través de proyecciones de escenas de ultraviolencia –tan amadas por Alex- y de administrarle drogas reactivas y mantenerlo forzado sin poder evitar las imágenes, logran una brutal aversión física (ojo, no mental) a un simple amago de violencia. La nota hábil de Burgess consiste en hacer que el fondo sonoro de esas imágenes convertidas en aversión dañina, sea la música de Beethoven. Alex grita: “Usar de ese modo a Ludwig Van… Él no hizo daño a nadie. No hizo más que escribir música”. Escuchar esa música también le provoca náuseas y malestar insufrible. Alex no resiste eso y trata de suicidarse tirándose por una ventana.

En la película, Alex es “reconstituido” y acaba planeando nuevas maldades. En la novela, se convierte en un blando y virtuoso ciudadano que lleva la foto de un bebé ajeno en el bolsillo. Incluso su afición a la música clásica se ha decantado por “lo que llaman lieder, solo una voz y un piano, muy tranquilos y tiernos”. Quizá como dice Martin Amis  en “El roce del tiempo”, “Burgess sabía que algo fallaba en ese final: Alex es un adolescente y los lectores son adultos y pueden soportar perfectamente que alguien no se regenere”.

 

FICHA

LA NARANJA MECÁNICA.-Anthony Burgess.- Trad. Aníbal Leal. 166 págs.- Editorial Minotauro.

EL ROCE DEL TIEMPO.- Martin Amis.- Trad. Jesús Zulaika. 415 págs. Ed. Anagrama

 

 

 

Compartir este post
Repost0
3 mayo 2022 2 03 /05 /mayo /2022 09:27

Publicado en La Comarca, 030522

Siempre llevo a Portugal en el corazón, desde antes de la pacífica Revolución de los Claveles (25 de abril de 1974). He viajado por sus tierras en tiempos de Salazar y con frecuencia después de la revolución. En enero y febrero de 1986 fui a Lisboa a informar sobre las elecciones presidenciales que ganó el socialista Mario Soares. Para entonces, Portugal había salido de la Edad Media de la dictadura y mostraba su pujanza económica, política y social a todo el mundo, excepto en nuestro país, obcecado por su indiferencia y complejo de superioridad.

Me asombró la cortesía, buena educación y el señorío de casi todos los políticos portugueses en sus mítines. El pueblo portugués es cabal, galante, irónico,  con una cierta elegancia de otros tiempos. Incluso en el ambiente político mantienen esa actitud de cortesía y respeto.

 Entrevisté a Mario Soares y al Presidente Eanes. En ambas entrevistas, tras las preguntas de rigor sobre política interna,  planteé, al político socialista y al militar, una cuestión, entre la utopía y el sentido común: los Estados Unidos de Iberia. Recibí sendas sonrisas, comprensivas pero diplomáticamente elusivas.

¿Qué opinaría, lector, de una federación ibérica que uniera a los sesenta millones de personas, con sus economías bogando en el mismo navío y con unos políticos que inspiraran a algunos de los nuestros a instaurar la cortesía, el sentido común y la honestidad en  el ámbito político hispano? Ayudaría una capitalidad compartida, una similitud léxica en los idiomas del 89% y el hecho de que la suma de países de habla española y portuguesa representa el 14% del PIB mundial. Hace poco vimos algo esperanzador con la “excepción ibérica” de la UE en el asunto energético.

El escritor luso Gabriel Magalhaes hablaba de la “narrativa falaz” que eternizó la dictadura salazarista y las guerras coloniales que provocaron el golpe de Estado incruento del 74. “Cuando la mentira guía a un país, tarde o temprano se produce un gran dolor”. Eso ocurre en el mundo con la guerra de Ucrania. España y Portugal podrían estudiar una posible Federación Ibérica que mitigaría sus efectos en nuestros países.

Soares me dijo: “Mas é um sonho impossível... somos tão diferentes”.  Creo que es más lo que nos une que lo que nos separa. Aunque sea un camino largo… vale la pena.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
29 abril 2022 5 29 /04 /abril /2022 18:05

Desde Ucrania y Rusia a Estados Unidos y la OTAN, bajo una crisis ecológica global

(Publicado en La Comarca, 290422)

“Los que vivimos de nobles y honestos sueños, defendemos lo malo de lo peor”, escribía el poeta irlandés Cecil Day Lewis ante el brutal estallido de nuestra guerra civil en la que luchó como brigadista. Esta es la postura ética que mantenemos muchos ante la no menos brutal guerra de Ucrania. Sin contar con el entramado maquiavélico de conflictos armados, ejércitos, países, supuestas ideologías y circunstancias climáticas, alimentarias, energéticas y humanísticas (víctimas mortales, desplazamientos de población y refugiados) que están llevando al mundo a una situación crítica global de imprevisibles consecuencias. Lo curioso es que no todos los Gobiernos parecen ser conscientes  de ello y tampoco la generalidad de los seres humanos. Se vive de espaldas a la realidad, hipnotizados por el permanente caudal de “fakes news”, imágenes emocionales, juicios sin base e información honesta que ha sido privada de su debida importancia.

Empecemos con la frase de Hanna Arendt sobre la “comprensión” del régimen nazi: explicar de forma lógica no es justificar de forma ética y anímica, “no supone perdonar nada”. Y así rechazamos  la invasión de Ucrania  y el angustioso avance militar ruso, que es “lo malo”, pero pensamos que “lo peor” es que en el avispero ucraniano nada es lo que parece o nos dicen que es. Hay brutalidad y crímenes rusos, pero también los hubo por parte ucraniana respecto a los rusohablantes; es malo el régimen autoritario de la oligarquía mafiosa de Putin, pero en Ucrania se había venerado la svástica  nazi y durante la II Guerra Mundial los voluntarios ucranianos al mando nazi dejaron un recuerdo pavoroso. Los “padres” de la patria ucraniana –Golovinski, Shukhevic y Bandera- celebrados hasta antes de la invasión (el famoso “Protocolo de los sabios de Sión” parece haber sido obra de uno de esos ideólogos) revivieron públicamente en 2014 en el golpe de Estado del Maidan (con asesinatos en masa de ciudadanos prorusos) y en enero pasado durante los desfiles conmemorativos del aniversario de uno de esos próceres de la Patria ucraniana; es malo el empeño ruso en asegurar sus fronteras y sus referencias a la amenaza nuclear, pero no es mejor el juego de Estados Unidos con la Alianza para asegurar su hegemonía militar (y la económica) y el empeño en admitir a Ucrania en la OTAN (a pesar de las promesas históricas de ésta de no ampliarla con más países de la órbita rusa). En cuanto a los réditos financieros y comerciales que supone para Washington la guerra en Europa –tan ventajosamente lejana- superan los beneficios que obtiene nuestro continente de la ayuda norteamericana.

Es malo el desprecio de Moscú por las leyes y normas de la convivencia pacífica entre las naciones, pero es peor la tendencia puesta en marcha por las exigencias perentorias de Washington de rearmar a toda Europa (incluida Alemania y los países del Báltico) explotando el “miedo” europeo al oso ruso. Vamos directamente a la creación de un ejército europeo que además de pulverizar el ansia de paz de las cartas fundacionales de la ONU y de la UE, nos coloca directamente como coprotagonistas bélicos y esquilma un poco más las arcas de los países de Europa, haciendo –paradójicamente- lo que Trump pedía: que los europeos paguen su propia defensa. Las mentiras y la codicia de los Gobiernos y sus dirigentes involucran por igual a tirios y troyanos, a Rusia y sus satélites y a Occidente, Estados Unidos y los suyos. Explicar y comprender la dinámica perversa de esta contienda, no es justificarla en ninguno de sus extremos. Pero tampoco nos sirve de mucho si se fortalece una nueva “guerra potencial” con la entrada de Suecia y Finlandia en la Alianza. Es malo que se de ese paso y decir que Putin lo ha provocado no nos libra de lo peor: estamos creando las bases para que se desencadene un posible conflicto global. En una palabra: en lugar de trabajar por encontrar una vía de diálogo y distensión (ningún precio razonable- reconocer la neutralidad de los países bálticos- es demasiado alto) estamos exacerbando el victimismo reivindicativo de Putin y la tentación del salto cualitativo bélico que puede suponer la ruina para todos. El secretario de Defensa norteamericano, Austin, lo dijo el martes de una forma poco diplomática y nada sutil: “Queremos ver a Rusia debilitada hasta tal punto que no pueda repetir agresiones”. Está dando razones a Putin para que pierda aún más los estribos y reforzar el apoyo de sus aliados. De hecho la OTAN debería estar agradecida a Putin ya que el belicismo de éste (a la altura del que muestra Austin) ha provocado el virtual renacimiento de una institución que se deterioraba a falta de excusas bélicas. ¿En qué nueva y desastrosa aventura militar nos van a meter los Estados Unidos?¿Están preparando el demencial escenario de un conflicto global por la hegemonía con China y Rusia?

 

La estrategia anexionista de Putin no es el síntoma de una psicosis imperialista ni la amarga revancha de un personaje dostoievskiano, hay una lógica impecable en ella: apoderándose de la costa ucraniana en el mar Negro y con el apoyo de los 2.000 soldados rusos en la franja rusa de Transnistria (provincia autónoma en Moldavia) dejaría a Ucrania sin puerto marítimo y hundiría su economía exportadora. Por cierto el trigo y la cebada que permite sostenerse alimentariamente al Magreb procede de Rusia y Ucrania. Sin ellos podríamos tener otras “revueltas del pan” en el norte de África (como las de la “primavera árabe”), lo que complicaría exponencialmente la situación geopolítica y energética de Europa.

La guerra ya está provocando daños colaterales, progresivos y extensivos, en la economía y la vida cotidiana de los ciudadanos, directamente en Europa e indirectamente en el resto del mundo. ¿Quiénes se lucran con el “cuanto peor, mejor”? Empresas energéticas (Shell y Exxon Mobil, entre otras), armamentísticas, alimentarias, fondos financieros…mientras, las facturas del gas, el petróleo, la luz suben a niveles nunca vistos. Pero se sigue aplicando el sistema “marginalista” (se fijan los precios de la electricidad de acuerdo al de la energía más cara para generarla, aunque ésta suponga un porcentaje mínimo del total) sin que los Gobiernos protesten. El gasto de la cesta de la compra de los ciudadanos se ha incrementado, mientras las cadenas de suministro especulan con precios al alza. Y tanto estos como la pequeña y mediana empresa se dirigen a la ruina. La inflación está a las puertas.

El encarecimiento del petróleo y sus derivados más la incidencia directa de la guerra en la producción agrícola en Rusia y Ucrania hace temer una crisis alimentaria que está siendo anunciada por la FAO desde que empezó la invasión rusa. Los países del Magreb y de Oriente Medio (y no hablemos del resto de  Africa) pueden enfrentarse a una hambruna que por efecto dominó, como hemos comentado ya,  podría afectar al suministro de gas. Recordemos que tanto Estados Unidos como Argentina los grandes proveedores de trigo, maíz y girasol, está sufriendo una sequía que afecta a la producción y a los países que dependen de ellos.

 En estos momentos en los que la crisis ecológica del cambio climático comienza a provocar efectos dañinos, la guerra de Ucrania y sus efectos colaterales están creando un contexto de escasez en varios campos de los que ni los Gobiernos ni la ciudadanía tienen conciencia fáctica, unos por intereses y los otros por ignorancia. Las mentiras y la codicia siguen dominando el mundo. Y Europa sigue mirando hacia la potencia norteamericana cuando tendría que concentrarse en ordenar su continente y llegar a atraer a Rusia. Es la gran hipocresía de nuestra época (en realidad, de todas): se evocan razones ideológicas y políticas, cuando en el fondo sabemos que son las económicas las que mandan y operan, tras el decorado, las acciones de los gobiernos. Nuestro Quevedo, don Francisco, lo dijo claro: “las revoluciones se hacen por el huevo, no por el fuero”. Habría que dar un giro copernicano al asunto: pongamos las económicas al aire libre y dejemos las políticas e ideológicas atareadas en promover una moral operativa entre los países y una ética tolerante entre los pueblos.

En política exterior los principios éticos tienen un carácter instrumental. La moral y la ética entre los Gobiernos sólo sirven cuando las necesidades prácticas del momento y los objetivos estratégicos lo permiten. Quizá si las necesidades perentorias que provocan las crisis que se están formando –dado su carácter global- se afrontan con una estrategia moral, la más efectiva – y además una ética global para un problema universal- se estaría dando el primer paso para responder al desafío planetario que parece estar a punto de invadirnos. Por el momento, mientras las armas de destrucción masiva que son las mentiras y la codicia sigan activas, insertas en el tejido operativo de la política y la economía del entramado internacional, todas estas reflexiones son papel mojado.

Y  este panorama internacional no nos debe hacer olvidar un punto realmente alarmante: el silencioso pero activo papel de China y su influencia y poder en el nuevo orden internacional que se está fabricando a marchas forzadas. Como consecuencia inmediata de la guerra de Ucrania, occidente ha “regalado” a Pekin un nuevo y apetitoso “cliente”, Rusia. China es la superpotencia emergente y viene doblemente armada: con una economía activa, emprendedora y boyante (a pesar del frenazo del COVID) y con una ideología híbrida y lógica, fundada en el pragmatismo político-económico y la firmeza de un régimen autoritario. Hablaremos de ello.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
28 abril 2022 4 28 /04 /abril /2022 10:48

Publicado en La Comarca el 260422

Dicen que el “plogging” va a arrasar en un futuro cercano entre los deportistas de cualquier edad y condición. En esencia consiste en combinar el jogging con la recogida de basura, tanto en las calles y paseos de las ciudades, como en bosques, playas o senderos montañosos. Es una basura procedente de ciudadanos que van tirando a su paso todos los envoltorios, residuos, botellas o envases que han utilizado para alimentarse. En las más altas cumbres del Himalaya o en el desierto de Gobi, desde  las playas andaluzas y catalanas a las montañas aragonesas o los ríos que atraviesan nuestro país, los bosques de Navarra o las Rías Bajas, el  homo o fémina de la especie, homunculus sorditus (pequeño ser sucio), va dejando residuos personales de desechos allá por donde pasa.

Pues bien, un deportista sueco, Ahlström, ha puesto en marcha este nuevo deporte: plogging, palabra formada por la raíz plocka, en sueco recoger, y jogging, en inglés correr, que va adquiriendo adeptos en toda Europa, no sólo corredores, sino ciclistas, montañeros, nadadores o submarinistas. Sólo es necesario llevar una bolsa sólida y flexible e ir llenándola con lo que encontremos. Los más mentalizados llevan varias bolsas en una mochila y van seleccionando según el tipo de residuo. El sueco aplica la teoría criminológica de los cristales rotos a su cometido: si percibes en una casa signos de abandono y hay un cristal roto, pronto habrá quien romperá todos los demás. Con las basuras ocurre lo mismo. Un sendero cuidado y sin residuos tiene más posibilidades de ser respetado. Los ploggers tienen en nuestro país un amplísimo campo de entrenamiento.

En defensa de nuestro carácter nacional y perdonen por la anécdota personal, les diré que hace treinta años, mi cuñado Jaume, aficionado a las excursiones en familia, enseñó a sus cuatro hijos que, en cada salida, debían recoger todos los residuos que vieran y guardarlos hasta depositarlos en un contenedor al regresar de la caminata. Hoy en día esos chicos enseñan a sus propios hijos a hacer lo mismo. En el curso de los años muy a menudo me he encontrado en montañas y senderos, compatriotas deportistas que no sólo no ensuciaban ellos, sino que limpiaban lo dejado por otros. Como ven, hay esperanzas para llegar a ser un pueblo orgulloso de la limpieza de su propio país.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
20 abril 2022 3 20 /04 /abril /2022 16:10

LOGOI 248

SUSPENSO EN EDUCACIÓN

Publicado en La Comarca 190422

Como con nuestros adolescentes, que pasan de curso sin exigirles aprobar todo, nuestra democracia -más que cuarentona- sigue pasando los años sin aprobar sus asignaturas pendientes: sanidad, justicia, dependencia energética, corrupción, ciudades superpobladas, mundo rural abandonado, contaminación, violencia urbana, racista, extremista o sexual, baja productividad  y alto funcionariado…y también suspendida la asignatura troncal de la ciudadanía: la educación.

Estamos formando un país de eternos adolescentes, con unas leyes educativas de escasa calidad, en continuo cambio. Hay tolerancia a la falta de esfuerzo y a la no exigencia de resultados. Mientras los padres conciben la “educación” más como un derecho exigible al profesorado y al Estado que como un deber común hacia unos adolescentes desorientados y sin responsabilidades exigibles. Niños, adolescentes y jóvenes se ven  en el centro de una serie de fuerzas  discordantes: por un  lado unos partidos políticos, en el poder o en la oposición, incapaces de hilvanar un plan educativo común a largo plazo: metiendo la cuchara de los propios intereses a cada cambio de gobierno. La calidad y coherencia de la enseñanza se resiente a todos los niveles.

Y en el otro lado del espectro un estilo de vida en el que los padres no abdican de su derecho de protesta pero tampoco tienen demasiado tiempo para dedicarlo a los hijos; agobiados éstos entre los horarios lectivos y las omnipresentes actividades extraescolares y deportivas. En medio, los profesores, cuya autoridad se socava y cuya dedicación se complica con las directrices a veces contradictorias que reciben. Un ejemplo es la necesidad de una ley de lenguas, asunto envenenado en este Estado nuestro de autonomías, que tiene  -corregidos y aumentados-  todos los defectos de un sistema federal y ninguna de sus virtudes. Como prueba, agravada por la cultura del móvil y la tablet, es raro el estudiante –universitarios incluidos-, que no cometa  sonrojantes faltas de ortografía en cualquiera de las lenguas que emplea.

El nivel educativo básico, palpable en las actitudes de los niños y jóvenes, deja mucho que desear. Como también está en declive la educación social y la cortesía entre los padres y adultos. La grosería, la agresividad y la mala educación, son una constante progresiva a casi todos los niveles. Nos estamos equivocando.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

Compartir este post
Repost0
17 abril 2022 7 17 /04 /abril /2022 09:42

Antonio Damasio es profesor de Psicología, Filosofía y Neurología en la Universidad de Southern California, (en Los Ángeles) y director del Instituto del Cerebro y la Creatividad.  y  sostiene que los sentimientos son la piedra angular de nuestra supervivencia, y se producen cuando el cerebro interpreta las emociones, que son señales del cuerpo que reacciona a estímulos externos —que nos ayudan a tomar decisiones—.

En su libro "Sentir y saber" que publicó en 2018, justo antes de la pandemia, vuelve a preguntarse como en 1994 en El error de Descartes: ¿somos criaturas que piensan y también sienten, o criaturas que sintiendo pueden pensar?

Para resumir un poco las tesis que se estudian en el libro, voy a aportar una serie de entrevistas realizadas a Damasio en diversos medios. 

El neurólogo, de origen portugués,  asegura que “Hay una profunda distinción, mas no oposición, entre el sentimiento y la razón. Los sentimientos no son percepciones convencionales del cuerpo, sino híbridos, están arraigados tanto en el cuerpo como en el cerebro; pasamos por la vida sintiendo o razonando, o ambos, según lo requieran las circunstancias”. Ello demuestra que  “Estamos gobernados por dos tipos de inteligencia, que dependen de dos sistemas cognitivos: la primera se basa en el razonamiento y la creatividad, y depende de la manipulación de patrones explícitos de información. La segunda, la de las emociones, es la de la competencia no explícita; es la variedad de inteligencia de la que la mayoría de los organismos vivos en la tierra han dependido —inclusive las bacterias—, y continúan dependiendo, para su supervivencia, y que escapa al escrutinio mental”. Por tanto, malos tiempos para la razón cartesiana, Damasio enfatiza el papel clave que desempeñan las emociones en la toma de decisiones. “En el lenguaje cotidiano usamos los términos indistintamente, esto muestra cuán estrechamente conectadas están las emociones con los sentimientos”. Y asegura “las emociones son reacciones complejas en el cuerpo ante determinados estímulos. Cuando tenemos miedo de algo, nuestro corazón se acelera, la boca se seca, la piel se pone pálida y los músculos se tensan; esta reacción emocional se produce de forma automática e inconsciente. En tanto que los sentimientos ocurren después de que nos damos cuenta en nuestro cerebro de tales cambios físicos, solo entonces experimentamos el sentimiento de miedo”. La región del cerebro en la que la emoción y la razón se acoplan es la corteza prefrontal.

Un conjunto de componentes del cerebro está a cargo de mapear los cambios que ocurren continuamente dentro del organismo; se conoce como el sistema nervioso interoceptivo o INS, por sus siglas en inglés. Estas características únicas del INS contribuyen a la producción de sentimientos, que ocurren cuando el cerebro lee los mapas y se hace evidente que se han registrado cambios emocionales a nivel de todo el organismo. No obstante, el mapeo nunca es exacto: el estrés, el miedo o el dolor alteran la manera en que interpretamos la información que le llega al cerebro de otras partes del organismo. Según Damasio, tendemos a dar prioridad a nuestro yo racional cuando se trata de tomar decisiones; sin embargo, las buenas decisiones son las que responden a las emociones que genera nuestro sistema interoceptivo. En un mundo ambiguo, nos ayuda a comprender sentimientos complejos y matizados, que a menudo están en conflicto con situaciones que la sociedad pinta como binarias. El afecto ambivalente es un fenómeno complejo que requiere múltiples niveles de procesamiento, donde se producen y finalmente se integran diferentes tipos de información.

Damasio añade: “Sigo fascinado por el hecho de que nuestros procesos regulatorios emocionales internos no solo preservan nuestras vidas, sino que, de hecho, dan forma a la creatividad. El sentimiento es una modalidad de conocimiento que viene con un aspecto musical, por así decir, con variación en el tiempo, de ahí la importancia de escuchar a nuestros sentimientos y de prestar atención a cómo se conectan con el cuerpo”. No obstante, perdemos mucho sentido común cuando se dañan nuestros sistemas emocionales; para sortear las luchas emocionales nos valemos de las emociones.

 "Para tener una mente hay que tener mapas. Creamos mapas y patrones. También para escuchar. Cuando usted escucha mi voz, en primer lugar, crea patrones auditivos para el lenguaje; las frases que yo digo en inglés su cerebro las convierte en conceptos no-lingüísticos. Yo hago una traducción de mis pensamientos al lenguaje inglés y usted hace una traducción del lenguaje inglés a sus pensamientos y, con suerte, los pensamientos que yo emito y los que usted interpreta serán aproximadamente coincidentes.

"Los sentidos son una cosa más simple, porque proceden de una interacción de tu cuerpo y tu sistema nervioso y básicamente se relacionan con estar bien o mal en relación con el estado de la vida en nuestro organismo.  Creo que nuestras mentes se están haciendo más rápidas y precisas, pero nos enfrentamos a muchos problemas: el primero es la supervivencia, hay muchas cosas pasando a nuestro alrededor, por ejemplo todo lo de las redes sociales está fuera de control, o el cambio climático. También nos enfrentamos a otros peligros en la posibilidad de una epidemia, etcétera. Lo primero que tenemos que hacer es sobrevivir, y luego tenemos otro tema que tiene que ver con la inteligencia artificial. Esta se está volviendo más y más autónoma, más y más precisa... ¡Incluso pese a no tener sentimientos.

 "Pero cuando estoy hambriento o sediento, mi cuerpo nota que no tiene suficientes calorías o la suficiente hidratación y se lo comunica inmediatamente al sistema nervioso, porque ambos actúan juntos, el uno y el otro. Siempre repito que lo que entendemos como consciencia no es el producto de un sistema nervioso: es el producto de un sistema nervioso contenido dentro de un cuerpo viviente. La mayor parte de la gente no piensa de esta forma, de toda la vida hemos oído que estudiando el cerebro obtendremos la solución al problema de 'de dónde viene la consciencia o la mente': yo digo que eso no es cierto, es una falsa impresión. No significa que no necesitemos al cerebro, pero la fuente de nuestra consciencia es esa interacción entre el sistema nervioso y el cuerpo. Un robot no tiene una vida. No pueden estar felices o infelices sobre algo, porque carecen de ese equilibrio. Los sentimientos siempre van de algo bueno o malo; puede ser felicidad o puede ser dolor, es bueno, malo o en el medio, pero siempre hay una modulación, es como la música.

 "Los virus realmente no están vivos, están en una situación intermedia en la que tienes un montón de material genético, ácidos nucleicos que, pese a que no están vivos, hay una clase de intención ahí que es obvia. Y la intención se explica en que es la única manera en la que pueden mantenerse, nos necesitan para continuar su —entre muchas comillas— existencia.Es muy interesante diferenciar entre organismos muy simples como virus y bacterias: esas sí están vivas; aunque muchas no tengan un núcleo, tienen un cuerpo y, además, poseen esta 'inteligencia encubierta' de la que hablo y creo que es la cosa más importante en este libro: comprender que a lo largo de la evolución hubo formas de previda como los virus —que, aunque pueden hacernos mucho daño, siguen sin estar vivos— a organismos como las bacterias, que sí están vivos, tienen homeostasis y una inteligencia que ellas mismas desconocen.Las bacterias, incluso en sus formas más simples, como las que hay en las plantas, están haciendo cosas inteligentes, pero de forma cubierta, implícita, no tienen medios para representar en sus mentes lo que está pasando en sus vidas. La aparición del sentimiento es el personaje protagonista de mi libro. La capacidad de sentir supone una explosión absoluta en la historia de la vida: otorga de repente a los organismos la posibilidad de saber sobre ellos mismos, los primeros organismos con la capacidad de sentir lo hicieron en forma de una necesidad básica: sed, hambre, dolor, bienestar... Estos son sentimientos fundamentales que nos están diciendo algo muy importante y nos permiten actuar de forma consciente, porque los sentimientos, para empezar, son conscientes.La parte más importante es que la gente comprenda que la consciencia no surge de los más elevados desarrollos de nuestro sistema nervioso, ni surge con el razonamiento, la visión o el lenguaje. No es así como funciona. La consciencia brotó en la historia de la evolución a través de los sentidos, a través de esos procesos fundamentales. Sentir es una especie de inauguración, porque a partir de ahí pasamos de tener solo inteligencias encubiertas a inteligencias abiertas que te indican lo que hacer.

"El lenguaje tiende a ser confuso al describir esas cosas. Por ejemplo, el 'sentir'. Si una bacteria siente algo, no quiere decir que sea consciente de ello. Puede estar en una zona donde la temperatura sea demasiado alta y su inteligencia encubierta ordene a la bacteria que se mueva hacia un sitio que sea menos nocivo para ella. Esta propiedad no es consciencia, no es un sentimiento, es 'sentir' pero con el sentido de 'detectar'. Pero, si usted y yo estuviéramos en una habitación donde la temperatura es demasiado elevada, sentiríamos —es decir, seríamos conscientes del hecho de que en la habitación hace mucho calor y vamos a hacer algo al respecto— y eso es otra jugada.Cuando hablamos de la mente, siempre lo hacemos a través de imágenes. Mientras hablamos, usted está en mi pantalla y yo estoy en la suya, estas son imágenes visuales, pero, al mismo tiempo, podemos hablar, y eso son imágenes auditivas. Todas estas imágenes que estamos produciendo del mundo que nos rodea están en nuestras mentes, pero para ser conscientes tienen que estar conectadas a los sentidos. Por tanto, 'consciencia', 'mente', 'sentidos' y 'detección' son cosas distintas.

 "Estamos constantemente afectados por nuestro pasado, cuando las cosas se desarrollaron de una cierta forma. Cuando quieres contarle a la gente tus ideas, tienes que dar muchísimas explicaciones para que te entiendan y no confundan las cosas. Antes hemos hablado de inteligencia en bacterias, a esto algunos responden 'oh, por tanto, son conscientes'. ¡No,no son conscientes! Lleva mucho tiempo y esfuerzo explicar que una criatura puede ser inteligente sin saber que lo es. Nosotros, en cambio, tenemos todas las inteligencias y tenemos la consciencia: sabemos que eso nos está pasando a nosotros. El instinto está en el lado encubierto. El instinto nos empuja en una cierta dirección. Por ejemplo, la atracción sexual es instintiva, no podemos controlarla a través de la consciencia. No es algo que tú hayas decidido, es algo que se ha decidido para ti a través del instinto. Es un buen ejemplo de este tipo de procesos encubiertos.

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens