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20 septiembre 2022 2 20 /09 /septiembre /2022 11:45

artículo publicado por La Comarca el 200922

Podemos opinar que lo del “Inmemorial Torneo del Toro de la Vega”, en la vallisoletana Tordesillas,  tiene sus propias razones. Pero no podemos compararlo con la tauromaquia, que aunque a muchos no nos atrae, acumula una historia ancestral y es un arte y un riesgo que, en cierta forma, concierne a sus protagonistas por igual. Nos referimos a ciertos festejos, en algunos pueblos españoles, en los que la muchedumbre, o algunos escogidos, persigue, martiriza, golpea, alancea, apuñala, despeña, a animales de diferente tamaño y condición, principalmente toros y vaquillas (también alguna cabra que se arrojaba desde una torre al vacío), entre el entusiasmo, los vítores y la excitación popular. Causa un poco de estupor comprobar cómo jueces, fiscales, alcaldes, comentaristas de televisión y muchos particulares, ya sean sapienciales tertulianos o entrevistados a pie de calle, ponen el grito en el cielo con santa indignación contra los que protestan contra semejante tradición medieval de puro maltrato populachero a ciertos animales. Los psicólogos dirían que esas multitudes excitadas por el desenfreno festivo,  agresiva, alegre y descontrolada por el permiso al alboroto que suponen las fiestas mayores, parecen necesitar un “chivo expiatorio” en el que volcar todas sus frustraciones particulares, sociales o nacionales. Otros apuntan a  rescoldos de crueldad gregaria y “tradicional”. En otros tiempos, arguyendo  un “motivo” semejante, se perseguía a ciertas etnias religiosas, raciales, políticas o lingüísticas.

No resurge la “España negra” del trabuco y la navaja barbera y el crimen pasional, lo de “la letra con sangre entra” o “el que bien te quiere te hará llorar”. Ya no existe aquél país  atrasado que toleraba la agresividad con niños, mujeres y ancianos o con animales que están a nuestro servicio. Ni tampoco somos una excepción. Esa agresividad con los más débiles, los menos dotados económica o socialmente y los animales, también ha sido una lacra en el pasado y en algunos países lo sigue siendo.

 En pleno siglo XXI ese exceso de violencia inmotivada contra unos animales no debería existir. ¿No es ya demasiado censurable y dañino el belicismo actual, con sus graves daños sobre las personas, la falta de alimentos o de energía? Divirtámonos sin hacer daño a ninguna criatura: a ningún ser vivo que sufre. Hoy, la bestialidad no procede.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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14 septiembre 2022 3 14 /09 /septiembre /2022 19:18

 

Montaigne constituye uno de los pensadores de mayor influencia de la historia, sin embargo, se le ha considerado históricamente más como literato que como pensador propiamente dicho, quizás principalmente, por atribuírsele a él la invención del género ensayístico. Y es precisamente ese género, su método al fin y al cabo, el que nos da las pistas para rastrear su pensamiento.

Ensayo… es decir: prototipo, intento, experimento… no hay mejor palabra para acercarse a la figura de Montaigne. Él no escribe un “Tratado” o unos “Principios”, Michel “no sienta cátedra”, no es detentor de la verdad, no persigue certezas, pone en entredicho las verdades de su tiempo y el conocimiento como algo absoluto: es escéptico. Pero escéptico no es negar, es dudar. La duda de Montaigne no persigue refutar ninguna tesis anterior a él, sino criticar el fácil dogmatismo que afecta a todos los aspectos de la cultura (ciencia, filosofía, política y religión) y las consecuencias a las que nos conduce – y de las que él es testigo en la Europa de su tiempo – como el fanatismo y la guerra.

Montaigne descubre que el hombre ha olvidado su situación en el cosmos, al estimarse por encima de todas las demás cosas. La pretensión de Montaigne es la supresión de esa actitud presuntuosa, la prudencia y la tranquilidad en todos los aspectos de la vida. Consideración de la vida como un continuo devenir y del hombre como un ser de naturaleza mutable y cambiante, no fija y monolítica.

Un hombre que valora siempre que se lleven con moderación y mesura los placeres mundanos y corporales. Para Montaigne, el cuerpo y sus placeres no deben ser algo a evitar y de lo que avergonzarse o ser purgado, puesto que Dios no nos ha dado un cuerpo para sentir vergüenza de él o para mortificarlo y reprimirlo. Esta conciencia del hombre nos da lo que para Montaigne es sabiduría. Aboga por la templanza y la prudencia. Apuesta por la moderación en los placeres y en la supresión de los vicios, pero no supresión por ignorancia o miedo, sino por conocimiento y por las consecuencias dañinas que nos puede suponer cualquier cosa en exceso.

Montaigne es un perfecto mediador en muchas cuestiones de su época, como las guerras de religión, puesto que a pesar de ser católico, no duda en recriminar a los suyos sus defectos y fallos y considerar las virtudes y aspectos positivos de los protestantes. Todo ello en armonía, lo que le valió tanto amistades como enemigos en ambos bandos de la contienda, debido a su espíritu crítico, tolerante y templado. “Que sais-je?” es su lema definitorio: un escéptico acerca de las “verdades” que conocemos, por ello un ser tolerante con las opiniones y posturas diferentes a la suya y alguien más preocupado por intentar conocerse a sí mismo y guiarse por la templanza, que de aprender lecciones y dogmas de memoria y caer en fanatismo.

 

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13 septiembre 2022 2 13 /09 /septiembre /2022 11:35

Logoi 269

PORNO Y EDUCACIÓN

Publicado en La Comarca, 130922

Una encuesta internacional de la ONG “Save the children” denuncia que el 92,9 % de los adolescentes de 10 a 15 años ven porno en alguna ocasión y el 99,1 % de los jóvenes de 16 a 24 años, frecuentemente. De estos el 36,8 %, que practican sexo real, no tienen muy clara la diferencia entre lo que ven en el porno y lo que hacen en la realidad, tratando de reflejar en sus relaciones lo que han visto en las películas (la violencia implícita o los desorbitados roles masculino y femenino). En nuestro país, otra encuesta reciente  revela que el 70% de las y los jóvenes españoles  en alguna ocasión ha visto porno en internet. Se accede por primera vez a los 8 años, aproximadamente,y su consumo se generaliza a los 14.

La generación de “pornonativos” del segundo milenio crece exponencialmente en nuestro país, con todo su bagaje de confusión y daños, mientras la enseñanza y educación que mayormente se aplica en España suele dejar de lado la cuestión del sexo como materia docente. ¿Hipocresía, ignorancia o falta de lógica y sentido común (habida cuenta del arco de edad tan susceptible de los alumnos)? ¿Todavía hay alguien que piensa que ese delicado tema es responsabilidad de la familia, como las normas de  educación y la urbanidad? Pues si es así, no es de extrañar que vivamos en una sociedad tan insegura, violenta y sexo agresiva (en la que abundan las violaciones en grupo, los pinchazos a las chicas en busca de Dios sabe qué y las neurosis asociadas al sexo, incluidos suicidios y autolesiones de adolescentes y jóvenes). La sexualidad no es algo “natural” que los chicos y chicas deban aprender por sí mismos, imitando y comparando las imágenes porno con la propia experiencia. Ya que reciben a través de ese medio una información no real, que incita al consumo y a veces a la violencia y otras actitudes negativas sobre la sexualidad.

El fácil acceso al porno por internet crea un peligroso mundo digital, una “tierra de nadie” moral, donde se legitima la violencia como herramienta de control de las mujeres y determinados roles masculinos absurdos e irreales. La “pornofagia”  excita el cuerpo de forma elemental y eficaz, pero corrompe la mente con sus estándares de actuación profundamente dañinos para un desarrollo correcto de la sexualidad en la persona. La banalización de la sexualidad creada por el porno, que daña a las personas, podría ser un efecto colateral de la más profunda y dañina banalización del mal que realiza el totalitarismo, la cual destruye sociedades enteras.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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7 septiembre 2022 3 07 /09 /septiembre /2022 19:00

LOGOI 268

MIEDO NOCIVO

(publicado en La Comarca el  060922)

Mi viejo amigo de “La Vanguardia”, Mariano Guindal, pone unas gotas de sentido común en el alarmismo que lleva tiempo –desde la pandemia-  tiranizando al ciudadano e impulsando en la mayoría un insensato “carpe diem”, forma clásica de la conseja pueblerina de antes: “de perdidos, al río”. Pues bien, no estamos tan perdidos como para arriesgarse a ahogarse sin necesidad. En general estamos confundiendo la amenaza, el riesgo, con el desastre inapelable, el peligro real. Vivimos una época difícil, eso nadie lo niega. Se dan muchas circunstancias que “amenazan” con desencadenar una “tormenta perfecta” de consecuencias imprevisibles. Se desempolvan las terribles circunstancias de los años 20 y se supone que las consecuencias serán tan espantosas como en la primera mitad del siglo XX. Se parte de una premisa falsa: la igualdad de los factores peligrosos que aparecieron, con los que vivimos ahora. Hay muy pocas semejanzas reales entre la situación sociopolítica y financiera de aquellos años 20 y de los actuales. ¿Que las cosas van muy mal en casi todos los sectores públicos? Por supuesto. Pero hay una diferencia básica (aparte del distinto sustrato global de época): tenemos más y mejores recursos para combatir y frenar el desastre. Por ejemplo, la inflación marca un récord del 9,1 en la eurozona… pero las previsiones apuntan a la baja.

No es inteligente ni constructivo propagar profecías alarmistas que pueden llegar a autocumplirse por defecto, debido a que las sociedades están dispuestas a creerlas. No se trata de negacionismo. La tierra sigue siendo redonda a pesar del parecer bufonesco de algunos ilustres sujetos “iluminados”; la crisis climática sigue existiendo y avanza, aunque la pedregada brutal del miércoles y los incendios de agosto no significan que el mundo se acabe; los océanos están en riesgo de deterioro grave, pero no van a morir de inmediato. Basta pues de declaraciones políticas de apocalipsis y den más directrices para superar los obstáculos que hemos creado por mala gestión. Hay problemas muy graves, desde la recesión económica al absurdo de la persistente guerra en Ucrania, la crisis alimentaria y la de los refugiados, la pesadilla energética… todos debidos a la codicia humana y la falta de músculo político y ético en los que nos gobiernan. Para combatir la inflación hay que restringir el crecimiento. Un desarrollo sin límites en una existencia llena de límites razonables, es insensato. Aceptemos los límites al crecimiento. Difundir mensajes de miedo y de peligro, es una irresponsabilidad. Es hora de mancharse las manos. Con el trabajo, no con la corrupción o los excesos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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4 septiembre 2022 7 04 /09 /septiembre /2022 19:17

Para el pensador polaco Zygmunt Bauman  ( 1925/2017) vivimos en una sociedad posmoderna que tiene características "líquidas"  ya que en ella "las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas de actuar se consoliden en unos hábitos y en una rutina determinadas". Ese tipo de sociedad refuerza constantemente un estilo de vida incapaz de mantener una forma o un modo de vivir determinados durante mucho tiempo. Como escribe Bauman "los logros individuales --en esta sociedad moderna líquida- no pueden solidificarse en bienes duraderos porque los activos se convierten en pasivos y las capacidades en discapacidades en un abrir y cerrar de ojos". ¿Dónde nos va a llevar esto? Bauman  tiene la honestidad de afirmar "ninguna estimación de la evolución futura de esta sociedad líquida y sus individuos poder ser considerada plena y verdaderamente fiables", ya que "la extrapolación de hechos del pasado con el objeto de predecir tendencias futuras no deja de ser una práctica cada vez más arriesgada y ....engañosa".

Esta lúcida reflexión parece dejarnos con las manos atadas respecto a ese futuro hipotético. Por lo que se precisa una actuación en el presente. Y un cambio de percepción que garantice esa actuación. Sólo tenemos una posibilidad fáctica: terminar con la ignorancia política y con la inactividad subsiguiente. ¿Quienes se aprovechan de esos dos elementos?: los extremismos fanatizados que recurren al sustrato emocional, las bajas pasiones y el miedo de los individuos para, sin permitir la reflexión crítica, crear fuentes de presión ciudadana a favor de las políticas irracionales y viscerales. A través de la ignorancia y la incertidumbre, deliberada y emocionalmente cultivadas se ata de pies y manos a la democracia con sus propias leyes y creencias. Dice Bauman: "Necesitamos la educación permanente para tener opciones entre las que elegir". Y la educación política permitiría crear condiciones de vida y formación que pongan a nuestro alcance y posibilidades tales opciones. Vuelve a ser necesaria e inevitable la educación política en esta sociedad "líquida" en la que lo único que permanece "sólido" es el fanatismo político o religioso.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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30 agosto 2022 2 30 /08 /agosto /2022 10:16

PUBLICADO EN "LA COMARCA" 300822

No le ha ocurrido alguna vez que estaba pensando en un viejo amigo por alguna razón secundaria, un amigo al que ve poco quizá porque vive en otra ciudad y no mantienen mucha relación. De pronto a la vuelta de la esquina se encuentra con él. La sorpresa – y tal vez la satisfacción- de ambos es mayúscula. ¡Qué casualidad! dicen, estrechándose las manos. A casi todas las personas les ha ocurrido alguna vez, ¿no es cierto? O pensar en la muerte de alguien conocido y enterarse al poco tiempo que esa persona falleció por esos días, más o menos. O recordar a alguien al que uno tiene que llamar y lo va posponiendo. Suena el teléfono y es esa persona. Este tipo de fenómenos fueron estudiados por el psiquiatra suizo Karl Jung en los años veinte del pasado siglo. Les llamó “sincronicidades” y los definió como “presentación simultánea de dos hechos vinculados por su significado y no por la relación causa-efecto”.

Ni la estadística –suelen ser casos aislados- ni nuestro sistema de creencias basados en la lógica y la razón, pueden dar una explicación a esos fenómenos. Pero en nuestra época ya sabemos que a nivel subatómico el mundo crea situaciones y comportamientos que no responden a las estructuras lógicas “normales” y desafían al sentido común con un comportamiento paradójico. Para la física cuántica –como para el taoísmo o la filosofía presocrática- cada elemento del universo está  relacionado con la totalidad, ya que es sólo un reflejo aleatorio del universo que lo contiene. En esas condiciones la obligatoriedad de la relación causa efecto y de las leyes lógicas queda en suspenso  y literalmente  se produce lo que el gran Borges mencionaba en “El aleph”, creo recordar, “Todo encuentro casual es una cita largamente acordada”.

Jung daba tanta importancia a este tipo de fenómenos que acabó distanciándose de Freud (del que iba a ser el “príncipe heredero de su Reino” en palabras del fundador del psicoanálisis). Freud aborrecía cualquier “relación con la magia o la negra avalancha del ocultismo” o con temas como la precognición, la parapsicología, el espiritismo o el inconsciente colectivo. Jung sostenía que “existe un orden en todo cuanto acontece en el universo” y todo ese tipo de fenómenos tienen su “explicación”  en el entramado de modelos trascendentales o ideas puras que se encuentran en el inconsciente colectivo y que suelen manifestarse en el hombre a través de sus sueños.

Hoy día la ciencia cuántica ha abierto la puerta a una consideración distinta y respetuosa de algunos de esos fenómenos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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26 agosto 2022 5 26 /08 /agosto /2022 17:45

CONTRA EL DESASTRE TOTAL, SOLIDARIDAD GLOBAL

 

 

Los asuntos del mundo (como los del ciudadano) siguen una dinámica caprichosa en el detalle y cíclica o pautada cuando las observamos desde la distancia que marca el tiempo, pero en ambos casos hay una lógica interna –no lineal- que se ajusta más o menos a eso que llamamos la sabiduría de lo natural. Así, si haces algo mal y en contra de la línea de la armonía o el equilibrio generales, más bien tarde que temprano, las cosas se reajustarán en el sentido correcto. Así lo entendían los taoístas, los estoicos griegos y latinos y ciertos pensadores hindúes´. Es decir los que integran el núcleo de la sabiduría perenne, filosófica y ética. Viene esto a propósito de que la escandalosa y sangrienta guerra de Ucrania, que cumple seis meses, iba a destrozar el equilibrio occidental en unos días, ha entrado en el peligroso cauce de la “normalidad”. Unos y otros van poniendo parches en las heridas que mutuamente se causan y el mundo se acostumbra al goteo de muertes, destrucciones, amenazas y nuclearización del disparate. Las restricciones de energía y alimentos se minimizan con otros servicios y procedencias y todos seguimos con creciente indiferencia y mínima responsabilidad, los problemas de suministros, la inflación galopante o la brutal subida de precios de las energías y carburantes.

Reflexionemos: un análisis razonable de la situación global nos muestra que se están dando los elementos que, unidos, conforman lo que se llama una “tormenta perfecta”. Es una suma  de crisis económica, ecológica, belicista (militarización europea y asiática), climática, alimentaria, de materias primas tecnológicas, política (degradación democrática, eclosión de la extrema derecha) y humanística en sus diferentes niveles: ético-social, familiar y personal, racial, sexual.

El escenario geopolítico se resquebraja y la solución no es la que se está llevando a cabo: agudizar las diferencias, rearmar a los adversarios y afianzar supuestas fronteras ideológicas, que en puridad no existen. En el siglo XX se degradaron las polaridades dialécticas. Ahora hay diversas “tendencias” y un fondo común, capitalista y tecnológico, donde lo humano sólo es un guarismo manipulado por algoritmos y una fuente de ingresos. También se debe controlar el creciente poder de los trust multinacionales, cuyo credo único es el beneficio permanente. El secretario general de la ONU, el portugués Guterres, un político con raro sentido común, lo dijo bien claro: o acción colectiva o suicidio colectivo. El se refería al calentamiento global, yo considero que la contundente afirmación afecta a la lista completa de la “tormenta perfecta” comentada. Las conferencias internacionales, COP27 (clima), OCDE (desarrollo económico), TNP (No proliferación Nuclear) se estancan en la periferia de los problemas y aún así no logran acuerdos, mientras China se retira de la cooperación con Estados Unidos en respuesta a la inoportuna visita de apoyo de los norteamericanos a Taiwan; Rusia hace de “ruso loco” contra la OTAN, manteniendo un rumbo de colisión, e incluso anuncia que se retira del proyecto de la estación espacial internacional. La guerra sigue ante la impotencia de la ONU y las bravatas nucleares de las dos potencias en litigio, como si fuera una carta con la que se puede ganar. El gasto militar mundial se está incrementando a tenor con esa inseguridad  provocada por la falta de diálogo y de control. Pero sobre todo, debido a la emergencia de una nueva fuerza hegemónica, China, que históricamente nunca ha sido dada a la negociación: unos acuerdos como los logrados el siglo pasado en la llamada “guerra fría”, no son probables con China al otro lado de la mesa. Y a los antiguos dos colosos nucleares se han unido, además de Pekín, India, Corea del Norte y, tal vez en un futuro próximo, Irán e Israel.

El cambio climático es otro de los asuntos pendientes que se nos está yendo de las manos. La devastación provocada en el mundo por sequías e incendios comienza a “no ser noticia” porque la frecuencia adormece el interés, como bien sabemos. Las inyecciones de optimismo por la reciente medida norteamericana de apoyo económico a la transición verde, es importante pero no decisiva, y la guerra de Ucrania ha conseguido entre otras cosas que se volviera a pensar en el carbón y en las nucleares como solución. Y China, por si alguien duda sobre su inexistente solidaridad, anuncia la creación de numerosas  plantas de carbón. Eso supone que aumenta la insuficiencia de las medidas y acuerdos internacionales sobre la reducción de emisiones.

En este contexto de varias crisis concatenadas, que van interactuando entre sí, el ritmo de medidas positivas para lograr un cierto control, es claramente insuficiente. Aparte de que las medidas dependen de los regímenes políticos de cada país. Con el descrédito de las democracias  ante la falta de resultados y el empeoramiento de las crisis globales y el empuje rabioso de los extremistas radicales de ambos lados del espectro, el sentido común y la evaluación justa, rigurosa y lógica de los problemas comunes, brillarán por su ausencia. Menudo mundo estamos legando a las siguientes generaciones.

Las pandemias  -según la OMS, este verano han muerto miles de personas en el mundo debido al covid- ya han demostrado su gran poder de causar daños a todo el sistema social y económico. Según los especialistas, la cuestión climática en crisis estimulará la aparición y desarrollo de pandemias. Ello creará la bomba de tiempo, del aumento de las diferencias entre norte y sur. No sólo en el número de víctimas, sino en la duración de la enfermedad y la falta de vacunas (pero eso sí, que nadie toque las patentes). De hecho, solo la solidaridad mundial podría evitar estos descalabros. Las voces de los que piden una nueva regulación internacional de la salud, sin fronteras y libres de pagos a patentes de las que dependen vidas humanas, claman en el desierto. ¿Se imaginan si el señor Trump vuelve a aparecer en escena, para vergüenza del mundo?

La conflictividad en todos los ámbitos, atañe también al sensible mundo del comercio que se fundamenta en acuerdos  y en la confianza en que van a ser respetados. Es una estructura cada día más global, pero nos estamos polarizando de una forma brutal. Y no hay voluntad política para cambiar esto. En cuanto a la fiscalidad, las grandes corporaciones siguen sin pagar los impuestos que les corresponden. La deslocalización y la “ceguera” del poder político ante los movimientos de capital, les dejan las manos libres y los beneficios íntegros.

Es preciso rediseñar un modelo de globalización que en estos momentos sea viable. Tanto la OTAN, como la UE, los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y el G-7 están mandando tarjetas de invitación a sus cumbres a países con los que nunca habían contado. Y eso está creando una polarización clara: el mundo de los valores occidentales y los que se consideran del “otro lado”, ya sean países activos o aspirantes. Se genera un alto índice  conflictivo que dificulta un modelo de  globalización.

Hemos olvidado una obviedad anunciada y denunciada hace 50 años: nos hemos saltado los límites al crecimiento y estamos limitando el desarrollo sostenible. Y no me refiero a la población mundial, que es una de las variables a tener en cuenta, sino al consumo de combustibles fósiles que ha superado en los últimos veinte años lo que se había consumido desde la revolución industrial hasta 2002. Los límites al crecimiento implican límites al consumo y en ese apartado no parece que estemos dispuestos a contenernos. En 1972 se publicó un estudio científico encargado por el Club de Roma (empresarios, científicos y políticos) a un grupo de investigadores del MIT bajo la dirección del profesor Meadows.

Los factores relevantes eran: la industrialización, la contaminación ambiental, la producción de alimentos y el agotamiento de recursos (aún no se hablaba de cambio climático, ni de guerras). Y la conclusión era aplastante: “Nada puede crecer indefinidamente en un medio finito, ni tampoco la explotación de recursos y alimentos”. Eso nos está llevando a una situación crítica para nuestra civilización. Las distancias entre ricos y pobres han aumentado exponencialmente, mientras el agua, el suelo y el aire se degradan de forma manifiesta. Hay que cambiar el estilo de vida de forma urgente y hay que hacerlo de forma solidaria. No hay, ni habrá, una “varita mágica” tecnológica que resuelva un problema que afecta a la propia esencia física y biológica del planeta, del que somos unos inquilinos más. El imperio de una sociedad  asociada al sobre consumo de bienes y servicios ha llegado al límite. El sistema de equilibrio mundial no tiene capacidad para soportar un comportamiento tan conflictivo, egoísta e insolidario y “cuanto más nos acerquemos a los límites materiales del planeta, más difícil será abordar el problema” (eso en 1972). “Se necesita una acción conjunta de largo alcance en una escala y amplitud sin precedentes. Es decir un cambio de valores, objetivos y estilos de vida a nivel individual, nacional y mundial”.  Qué enorme desafío para nuestra generación. Y que escasez de líderes dignos de ese nombre para que lo lleven a cabo. Señores, lo tenemos crudo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 agosto 2022 1 22 /08 /agosto /2022 18:16

(ARTÍCULO PUBLICADO EN LA COMARCA  EL 19 DE AGOSTO DE 2022)

Mientras preparaba los datos sobre el suicidio en España para escribir este artículo, recordé una novela, “Niebla” de  Orhan Pamuk, el escritor turco que recibió el Nobel de literatura en 2006. En ella, el protagonista, un poeta doblado en periodista, viaja a un pueblo perdido en la frontera turca del norte, atraído por dos noticias, el asesinato del alcalde y una misteriosa “epidemia” de suicidios que había abatido a algunas jóvenes del pueblo. Lo que impactaba al protagonista es que tales muertes no se debían “a la pobreza, la desesperación, ni el absurdo, la violencia doméstica o la opresión de maridos violentos…las jóvenes se suicidaban en medio de su rutina diaria, sin avisar, sin la menor ceremonia, de repente”.

Esa desazón e inquietud que inunda al periodista turco, es muy parecida a la que he sentido yo mismo mientras consultaba las estadísticas y estudios relativos a muertes por suicidio en nuestro país. ¿En qué se ha equivocado la deriva tecnológica de la educación y de la vida social y familiar del siglo XXI para transformar el suicidio en un fenómeno recurrente? Sin ir más lejos, en Aragón, en los dos últimos años la primera causa de muerte violenta fue por suicidio, no por accidente.

Lo preocupante es que las cifras hablen de un 80% de jóvenes entre los 15 y los 29 años que afirman padecer con frecuencia malestar emocional debido a factores tales como el desempleo, la inflación, la precariedad económica, la falta de esperanzas en el futuro. Más del 50 % se automedican con fármacos usados por algún otro miembro de la familia y el 49% no recibe ayuda profesional. De todos esos jóvenes, el 67% son chicas. Y ojo al dato: un 44,3% estima el suicidio como un recurso viable.

Casi 4000 personas se suicidaron en España el 2020, tal vez empujadas también por el desbarajuste psicológico que provocó la pandemia. Desde 2006 al momento actual el índice de suicidios se ha triplicado. El perfil medio suele ser de mujer joven, por intoxicación medicamentosa; no hay planificación previa; suelen ser intentos espontáneos; no hay cuadros de enfermedades graves que empujen al acto. También se detecta nula habilidad para gestionar las emociones. 

En cuatro meses desde  su apertura, el teléfono 024 para ayuda contra el suicidio ha recibido 35.000 llamadas. El Observatorio del Suicidio en España advierte de un aumento continuo de tentativas de suicidios y de sujetos cada vez más jóvenes (niños y adolescentes).

Por esta causa se está implementando en España el Proyecto Survive, adaptación de un plan de ayuda sueco, en el que hay 8 hospitales públicos comprometidos en España, con personal cualificado de acceso inmediato y seguimientos programados. El Proyecto se sigue en 11 países de Europa y también en Israel. Uno de los puntos en que se insiste es en la necesidad de psico educación desde el nivel escolar al de enseñanza media, a fin de atajar el impresionante incremento de ideaciones suicidas y autolesiones (1270 casos en el año 2000 contra 4048 en 2020). Los factores de riesgo, sin contar el “efecto contagio” entre amigos y compañeros, son: a nivel individual, ansiedad, depresión, baja autoestima, consumo de sustancias o alcohol; a nivel familiar, maltratos, abusos sexuales, relaciones pobres o violentas en la familia, salud mental deficiente en los padres, problemas económicos y precariedad laboral; a nivel social: malas relaciones interpersonales, acoso escolar, intoxicaciones de medicamentos comunes (ej. paracetamol). España está 4 puntos por encima de la media europea en incidencia de mala salud mental.

La conclusión global es obvia: el suicidio, no sólo de nuestros adolescentes y jóvenes, sino de adultos y –problema poco difundido- ancianos aquejados por un sentimiento de soledad, no es algo que debemos lamentar y dejar a un lado. Es un asunto que nos concierne a todos, a la sociedad en su conjunto, a los políticos y al desbordante  neoliberalismo consumista e individualista que nos inunda. Si no lo afrontamos, nos corroerá como un ácido y se convertirá en una generalizada opción de huída a los problemas de la vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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22 agosto 2022 1 22 /08 /agosto /2022 18:08

(Publicado en La Comarca el 23 de agosto de 2022)

Lo cantó el dulce Fray Luis de León a finales del siglo XVI,

siguiendo la senda menos amable del gran Horacio,

que  luchó contra César Augusto junto al honrado Bruto. Son

versos sencillos, inmortales. “Qué descansada vida/la del que

huye del mundanal ruïdo/y sigue la escondida/ senda por donde

han ido/ los pocos sabios que en el mundo han sido”. Vivimos en

la época del ruido social. Cuesta pensar, concentrarse, con el

móvil dictatorial exigiéndonos como un niño malcriado

servidumbre y esclavitud en algunos casos. Daniel Kahneman,

psicólogo de prestigio internacional, nos advierte que esta

epidemia cognitiva distorsiona nuestras facultades racionales

con más fuerza que los prejuicios o los distintos sesgos que

condicionan  negativamente nuestra visión de las cosas y las

personas. Los científicos del ramo nos confirman que el ruido y el

exceso reiterado de información casi siempre trivial, altera

conciencia, conocimiento y comportamiento. España está entre

los  países más ruidosos del mundo. Basta pasarse por una sesión

de nuestros diputados, una buena campaña de acosos en los

medios digitales o por el agosto fiestero en la geografía nacional.

Los estudiosos de los problemas de acústica aseguran que en

este  país superamos en diez decibelios los límites recomendados

por  la OMS. Se trata de una grave distorsión de la salud personal

y  pública, pero apenas si se habla de ello, incluso podría asegurar

que la petición de moderarse un poco tiene “mala prensa”.

Consideramos el ruido como un privilegio, como un derecho

fundamental que revela  lo mucho que nos divertimos. Tanto el

ruido interior –la avalancha continua de estímulos digitales de

atención, las propias preocupaciones ante un futuro inquietante-

como el exterior, la permanente exigencia de conexión,

atrapados por un sistema algorítmico que nos conoce mejor que

nosotros  mismos, nos convierte en sumisos y obedientes siervos

que,  además, están agradecidos de su estado. Y sumemos el

medio ambiente, donde la razón está de parte del que grita más

y todo escándalo, placer, diversión y éxito se mide en decibelios.

“Un no rompido sueño/un día puro, alegre, libre quiero/…

Despiértenme  las aves/con su cantar sabroso no aprendido/ no

los  cuidados graves/ de que es siempre seguido/ el que al ajeno

arbitrio está atenido”. Amén.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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15 agosto 2022 1 15 /08 /agosto /2022 19:14

Logoi 265

SALMAN

(artículo publicado el 160822 en La Comarca)

Irónicamente, el apellido del descerebrado pseudo fanático que apuñaló a Salman Rushdie, el escritor británico de origen hindú, de 75 años, es “Matar” y tiene 24 años. ¿Obedecía la “fatwa” (condena a muerte por blasfemia) del ayatolah Jomeiny de 1989 o, le atraía más -o lo mismo- el prometido “premio” de tres millones de dólares para el “héroe” asesino?

Jomeiny o Jamanei como se le llama ahora, era el máximo dirigente del Irán revolucionario y aseguró en su día que la “fatwa” dictada era “una bala que no parará hasta alcanzar su objetivo”. Ha tardado 33 años y en su camino  ha habido quemas de libros, atentados contra librerías, contra un hotel de Londres con numerosas víctimas, el asesinato del traductor japonés del libro en 1991, heridas al traductor al italiano y al editor noruego en 1993.

Se dice que todo se debe a un error de traducción del inglés al árabe. Lo de “versos satánicos”  viene de una antigua controversia islámica: hubo algunos versos del Corán que no fueron inspirados por Dios sino por el diablo (inducían a rezar a tres diosas paganas de La Meca) y fueron eliminados. Esos versos se consideran  heréticos y reciben un nombre específico. En la traducción de la novela no se les nombraba con ese apelativo especial: se les llamaba como a los demás. Las mentes más obsesivas –y menos espabiladas- consideraron que Rushdie calificaba todos los versos del Corán como satánicos.

Hadi Matar, ciudadano norteamericano de origen iraní, es un criminal fanático (o interesado), pero sobre todo es un síntoma: no del fanatismo religioso sino de la desorientación psico patológica del ciudadano actual en las llamadas sociedades avanzadas del neoliberalismo salvaje. Deberíamos evitar utilizar la palabra “religioso” como adjetivo para estos sucesos lamentables. No hay nada religioso en esas mentes. Hay obsesividad patológica, ausencia total de empatía y compasión humanas, agresividad brutal de causas económicas y raciales o descontrol sádico por razones sexuales, educativas o reactivas de origen diverso, (miseria familiar, humillaciones sociales y consumo de drogas o alcohol, por ejemplo). No insultemos a las religiones a causa de estos delincuentes. Las religiones –todas- merecen un respeto total. Son una de las expresiones del sentido de la trascendencia humana.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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