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23 noviembre 2022 3 23 /11 /noviembre /2022 13:57

TEXTO PUBLICADO EN LA COMARCA 221122

El analfabetismo humanístico  que afecta a la sociedad  española y sobre todo a los jóvenes y adolescentes, preocupa no sólo a un amplio sector del profesorado, sino a todos los ciudadanos interesados en la Educación: los que no ignoramos que el cultivo de la cultura es una garantía de futuro para el país.

Una carta pública de profesores dirigida al Ministerio de Educación protesta ante el borrador de los cambios que éste ha previsto en las pruebas de acceso a la Universidad  (las EvAU). En ellas se reducen los contenidos  de Lengua, Literatura y Filosofía. Aunque el Ministerio que dirige Pilar Alegría aún no ha fijado fechas de aplicación, el profesorado está dando alas a su descontento. La Lomloe apuesta, tal vez exageradamente, por un aprendizaje competencial que tiene sus ventajas, puesto que sintoniza con la sociedad digital que nos condiciona,  pero olvida o desvaloriza conocimientos y técnicas de aprendizaje que en absoluto están superados u obsoletos: desde la lectura analítica, la reflexión y argumentación lingüística como medio esencial comunicativo y la  interpretación, valoración y análisis de los textos literarios o filosóficos. Ellos nos deparan un mejor conocimiento de la vida humana “real” y su entorno social y natural.

La Real Academia Española (RAE) ha divulgado una nota mostrando su preocupación por estas cuestiones y se pregunta cuáles son las competencias que se consideran “esenciales” y  los criterios con las que se definen. En la redacción del nuevo borrador  intervienen los técnicos del  Ministerio y equipos escogidos de profesores de las 17 CC.AA. Aún así, parece ser que el proyecto alarma a la comunidad de enseñantes, que ya había protestado por la nueva y no consensuada  LOMLOE.

 Ese cambio ambicioso pero tal vez innecesario, con vestiduras tecnológicas  a la moda  y con escaso respeto a las necesidades de una educación humanística que se encuentra en caída libre (cosa perceptible cada día en el nivel cultural ciudadano sobre arte, historia, filosofía, ética o literatura clásica), constituye un problema de calado que no se ha estudiado con rigor.

¿Creen ustedes que se mejora el nivel de nuestra enseñanza bajando el nivel de exigencia en las pruebas, eliminando la reflexión y el análisis, ignorando el respeto a la tradición literaria y filosófica, cargando las tintas en un utilitarismo competencial,  sacrificando la necesidad memorística y la lectura o simplificando las pruebas de lengua extranjera y otras dejaciones culturales? Esos alumnos definirán la sociedad española del mañana.

Alberto Díaz Rueda

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16 noviembre 2022 3 16 /11 /noviembre /2022 13:02

Publicado en "La Comarca" 15XI2022

Uno siente que se le rompe el corazón. ¿Exagerado? Quizá una pizca de exceso sentimental, pero justificado, al menos para el que suscribe. Las librerías Alibri (Herder), Bosch, Bastinos, la antigua Casa del Libro, Carroggio de Caspe-Paseo de Gracia, la de la cafetería del Drugstore del citado Paseo que permanecía abierta toda la noche y donde llegaban éxitos literarios de Francia y el Reino Unido o lo último de Argentina o México… todas han cerrado, forman parte del pasado añorado. La Alibri de Balmes (ex Herder, en Barcelona, desde principios del siglo pasado) se cierra a falta de tres años para celebrar sus cien años. En Barcelona, una de las ciudades más amantes del libro que conozco, junto a Paris, Londres, Nueva York o Buenos Aires, entre otras, las librerías están desapareciendo (como en todas partes, por desgracia). Desde mi lejana adolescencia ir “de libros” por las calles barcelonesas fue una de mis actividades más preciadas. Y puedo decir que éramos legión los peregrinos del libro. En mis tiempos de Universidad, la librería Herder (que muchos años después se convertiría en Alibri, manteniendo su alta calidad y un fondo espectacular de clásicos y de filosofía) era el paradigma de lo que debía ser una librería. No sólo por la seguridad de tener o conseguirte cualquier título que necesitaras o desearas, sino por la soberbia formación de los dependientes que podían competir contigo en conocimientos especializados de filosofía, filología o  literatura clásica. Tanto es así que la Universidad de Barcelona le otorgó el título de librería académica.

¿Entienden mi pesar? Es como si de un plumazo se tachara una gran parte de mi vida y de la de incontables “lletraferits” más. Para muchas personas los libros son los testigos y hermanos que siempre han acompañado tu existencia. Cuando una librería se cierra, significa, entre otras cosas, que están desapareciendo los clientes, los lectores, la fraternidad misteriosa, pero viva y dinámica, de las personas que leen y que prefieren, con mucho, el papel a la pantalla digital. ¿Signos de los tiempos? Con todo mi respeto por los ebooks y las compras de libros por internet, permítanme lamentar el hecho de que con las librerías desaparece una de las más profundas y vivas vertientes humanas del interés cultural. Y quien lo probó lo sabe. ¡Socorro!

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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9 noviembre 2022 3 09 /11 /noviembre /2022 17:27

ARTÍCULO PUBLICADO EN "LA COMARCA" EL 081122

Hoy se celebran en los Estados Unidos  las “midterm”, las elecciones legislativas tradicionales a mitad de mandato presidencial. Se renuevan los 435 escaños  de miembros de la Cámara de Representantes y 35 del Senado. Las encuestas favorecen a los Republicanos en la Cámara e igualan a los Demócratas en el Senado. Estas son las primeras elecciones tras el bochornoso asalto violento de los trumpistas  al Capitolio en enero del 21. El problema es que a pesar de ello los republicanos no han perdido el pulso y Trump ya ha hecho saber a sus seguidores que presentará su candidatura en las presidenciales. La más sólida democracia de los tiempos modernos parece tener los pies de barro. Biden ha hecho un llamamiento dramático a la población del país para “salvar la democracia”.

Los siguientes movimientos del “virus Trump” muestran una inequívoca voluntad de hacerse con el poder, a través de los medios que sean precisos. De momento Trump está apoyando a más de 100 candidatos republicanos que sostienen que en las elecciones del 20 no las ganó Biden. De ellos, al menos tres, formarán parte del pequeño comité que supervisa el recuento de los votos en las presidenciales del 24. Si además el señor Musk, el reciente nuevo dueño de Twitter, decide dejar sin efecto la anulación de la cuenta del ex presidente, el “virus” tendrá un campo abonado para desinformar y contaminar (Trump llegó a tener 80 millones de seguidores  en su cuenta).

Cuesta entender el agresivo primitivismo tribal de Trump y sus partidarios, la falta de la más básica ética, del respeto al juego limpio y de la aceptación de las reglas democráticas, que son el sustento estructural del nacimiento y la historia de esa nación. Si es anulado todo lo que hay en marcha legal y penalmente en contra de Trump, los norteamericanos darán un “Gran salto atrás” tan obtuso, inhumano  y descomunal como el “Gran salto adelante” de la China de Mao en los cincuenta del pasado siglo.

El “virus Trump” afectará a los asuntos pendientes de Biden: la subida de impuestos a las petroleras, la lucha contra el cambio climático, la regulación del aborto, la prohibición de armas de asalto en manos privadas, los derechos de voto o la política fiscal e incluso cambiará el “statu quo” político internacional, la relación con Europa, Rusia y China y la apertura hacia los extremismos políticos populistas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 noviembre 2022 3 02 /11 /noviembre /2022 19:04

(Publicado en La Comarca 011122)

¿Cómo se entiende que un acto de protesta sobre algo correcto, justo y necesario se haga de tal manera que se lo despoje de toda razón y se convierta en un símbolo de justamente lo contrario de lo que se reivindica? Eso es la lamentable moda de los “activistas” ecológicos que atacan obras de arte. No hay coherencia lógica entre la acción y el motivo por la cual se ejecuta. El impacto de un acto no siempre equivale a éxito en los objetivos justos que se persiguen.

Pues bien en octubre sumaron cuatro los actos de protesta de activistas poco racionales. Han consistido en lanzar sopa de tomate al cuadro de Van Gogh “Los girasoles” en Londres, puré de patatas contra un Monet en Postdam, poner la cabeza manchada sobre “La joven de la perla” de Johannes Vermeer, en La Haya o pegar las manos de los jóvenes protestatarios en el cristal que cubría un cuadro de Picasso en Melbourne. Ninguna de las acciones hizo daños serios a las obras de arte, pero llamaron la atención y despertaron una polémica crítica contra la validez de esos actos. Unos jóvenes pertenecían al grupo ecologista “Ultima generación”, otros al grupo “Just Stop Oil” (“anticapitalistas” financiados por la nieta díscola del magnate del petróleo Getty) y los australianos, no citan nombre. Uno se plantea si no sería más lógico y coherente que los activistas, como los de Greenpeace en las protestas que lideran, llevaran a cabo sus acciones directamente contra la Shell, Iberdrola o Repsol o se colgaran de torres eléctricas o de extracción petrolera, o sitiaran los palacios de los empresarios del petrodólar.

Los medios de comunicación deberían abstenerse de publicar ni una sola línea o foto sobre este tipo de actos de estulticia. No difundir ninguna de estas acciones. Y someter a esos torpes “activistas” a un castigo útil y ejemplar: integrarlos durante una temporada en brigadas públicas de limpieza de calles, letrinas públicas, hospitales y colegios.

¿Será más sostenible nuestro arrasado planeta si ensuciamos sus obras de arte? ¿A quién castigan esas acciones sino al ciudadano que admira esas obras y las disfruta en los museos públicos? ¿Quién, excepto un mentecato, puede sostener que echar salsa de tomate sobre “Los girasoles” va a mejorar la situación de nuestro clima y evitar las emisiones de gases letales? ¿Qué sentido tiene plantear la dicotomía “el arte o la vida”? El arte es vida, es una expresión magnífica de la vida.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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31 octubre 2022 1 31 /10 /octubre /2022 18:41

ARTICULO PUBLICADO EN "COMPROMISO Y CULTURA", NOV.22

En estos tiempos digitales, los principios y los valores son monedas de escaso uso en un universo absurdo dominado  por “influencers” , por demagogos a sueldo de lo que llamamos “política”, (un producto más de mercadotecnia), una subclase ética formada por “políticos de ocasión”, mercaderes fraudulentos, iluminados varios y pseudo expertos. La mayoría de la población integra una masa manipulable, sin posibilidad  de rebelarse o redimirse porque mantiene un canon de vida basado en pasarlo lo mejor posible, trabajar lo menos posible y vivir  inmersos y aislados por sus pantallitas, sus fiestas y sus temores y angustias. Cada vez más individualizados, alejados de las reglas y costumbres de convivencia tradicionales o de emociones y sentimientos más complejos que el “coleguismo” en deportes o en botellones.

En esta sociedad virtual, triunfa la charlatanería, las noticias falsas, las mentiras más descaradas, gracias a una amplia red digital desde donde  medrar y actuar y a una afirmación más llamativa, aberrante o disparatada que la aburrida, sencilla y estoica verdad. En realidad, la mentira o la falsedad es uno de los motivos más reiterados en la historia del pensamiento, la literatura y la ciencia.  Fraudes, imposturas, falacias, fingimientos, nutren la existencia, el arte y la ciencia de los seres humanos. Y aunque existen en nuestro legado cerebral estructuras como la amígdala o el circuito cingular anterior que nos alertan para percibir en el rostro, la voz y los gestos del interlocutor las mentiras y el fingimiento, con la supremacía de las redes o la comunicación  escrita, es imposible percibirlo. Las redes despliegan entornos favorables a la manipulación, las estafas, las falsedades, la tergiversación y las más absurdas y dañinas calumnias. Y lo peor es que Facebook, Instagram, TicToc o Twitter no nos facilitan ningún detector de mentiras, algoritmo o vigilancia humana para contrastar la veracidad de lo que se dice en las redes, por lo que una noticia falsa recibe atención y difusión similar a una verdadera.

Permítanme  que les sugiera algunas lecturas para ayudarles en esta travesía de la mentira: “Verdad. Una breve historia de la charlatanería” de Tom Philipps; “Mentira, impostura, estupidez”, de Rolad Breeur; “Todo el mundo miente” de Seth Stephens-Davidowitz; “Fake News.Haters y Ciberacoso”, de Mauro Munafó.

Una de las razones profundas del actual desbarajuste político, social y humano, es que la verdad se ha convertido en algo improbable y la mentira en una banalidad. Estamos acercándonos a la pesadilla que imaginó Orwell: en todas partes parece haber un “Ministerio de la Verdad”, donde los hechos se rectifican diariamente para hacerlos coincidir con las circunstancias que rigen o que interesan en ese momento. Las reclamaciones contra la patética “posverdad” que nos venden, no tienen curso legal y son trivializadas. La propaganda, las “fake news”, la desinformación, el recurso a los “hechos alternativos” o los negocios particulares o empresariales que sostienen las teorías conspirativas, están radicalizando a la sociedad y erosionando y desacreditando las instituciones democráticas. Sólo nos falta un caudillo carismático que prometa “seguridad y claridad” a cambio de dictadura.  Un nuevo orden mundial asoma sus orejas de lobo, retorciendo y relativizando los derechos de casi todos a favor de la minoría de los de siempre.

Los libros recomendados, no sólo muestran el curso de las falsedades y la precariedad de la verdad, tan amenazadas en estos tiempos, sino que nos permitirán comprobar que toda esta situación sobre la falsedad ha existido unida desde los principios de la cultura humana, cuando había que hacer prevalecer los intereses propios contra los hechos, manipulando lo que es verdad para que se ajuste a los deseos y beneficio del interesado. En “Verdad” de T. Phillips, se nos dice “llevamos toda la historia inventando falsedades acerca de los acontecimientos sucedidos en el mundo pero también inventando disparates sobre el propio mundo, ya sea creando montañas imaginarias o países completos ficticios” y nos ha importado un rábano que se presentaran pruebas o hechos que lo desmentían. Los orates que en pleno siglo XXI reivindican una tierra plana, conforman  una prueba de esa curiosa ceguera obcecada e interesada. Como dice este autor: “Quizá la historia de los  errores de la Humanidad sea más valiosa e interesante que la de sus descubrimientos”. Ya que, “si aspiramos a ser más veraces hemos de estudiar más intensamente los inmensos y fértiles campos  del error, con el fin de conocer mejor lo que estamos haciendo mal antes de intentar hacerlo bien. Básicamente, necesitamos convertirnos en estudiosos y críticos de la charlatanería”. La mayor preocupación respecto a las mentiras, no es que la gente se crea las noticias falsas, sino que dejen de creer en las noticias reales y veraces. La gente ya no confía en los expertos porque internet y muchos medios han trivializado los saberes y han creado “expertos” por doquier. Nuestra vida diaria es una batalla permanente contra la desinformación.

Evolutivamente  se ha demostrado que un cerebro más grande implica una mayor mendacidad. Los niños empiezan a decir mentiras a partir de los dos años de edad, no mucho después de aprender a hablar. Y no es difícil creer al estudio psicológico que afirma que cada uno de nosotros miente al menos una vez al día y que, en los diez primeros minutos de conversación cuando conoces a alguien, habrás dicho un promedio de tres mentiras. A menudo no detectas que estás mintiendo ya que lo haces sin ser consciente de ello: y ello lo puedes percibir cuando casualmente hablas acerca de lo que has hecho, de lo que eres capaz de hacer o de tu vida social. Haz la prueba. Te asombrarás. Son pequeñas mentiras sin importancia, casi automatizadas… pero son mentiras. Esto evidentemente no justifica de ninguna manera las denuncias que hacemos contra la desinformación, sino que nos alerta de que la labor empieza por nosotros mismos y que el espíritu crítico es el único instrumento capaz de empezar a frenar esta pandemia de mentiras que nos asola. Para muestra, la guerra de Ucrania: ha sido un polvorín de mezcla de rumores, mitos y propaganda falaz, alimentando mentiras desaforadas e incontrolables. Por los dos lados, para mayor vergüenza de todos.

El siguiente volumen: “Fake News” de Mauro Munafó, incide en la cuestión. Eficazmente ilustrado por los dibujos de Marta Pantaleo, el texto es de una manifiesta claridad. Analiza la actividad de los haters y el ciberacoso, (de tan lamentable actualidad),  y nos aclara un poco qué intereses hay detrás de todo ese mundo líquido. Y, mucho más útil, cómo protegerse de esas trampas permanentes que la Red nos coloca delante de los ojos, a veces de forma seductora y casi siempre mendaz. Se analizan las mentiras que cabalgan por la Red sirviendo a intereses políticos, étnicos  o sobre temas de salud  y todos ellos con tendencia  conspirativa y con el apoyo de una complaciente –y falsa- pseudo ciencia. También se nos advierte sobre la necesidad de “verificar los hechos” y los canales por los que debemos hacerlo, alertando contra la tendencia a aplicar el llamado sesgo de confirmación: aceptamos fácilmente las mentiras que confirman una previa creencia nuestra, por irrazonable que sea.

Un libro que complementa estas reflexiones, desde “dentro” de la complejidad de las redes,  es el de Seth Stephens, “Todo el mundo miente”, donde se nos cuenta como Internet y los “big data” se están convirtiendo en un auténtico manual de nuestras creencias, deseos, temores. Y también de los más escondidos y secretos pensamientos y tendencias, acciones y decisiones de todos y cada uno de los simples usuarios, obsesionados por la conexión permanente a las redes. Conocen nuestros sesgos informativos, y así las empresas punteras nos controlan, utilizan y explotan.

Como dice el autor, en un día promedio en las redes se mueven ocho millones de gigabytes de datos, todos  estructurados por algoritmos cada vez más sutiles y exactos que recaban una información de lo más íntimo de cada uno de los usuarios como jamás en la historia de la Humanidad se había obtenido. ¿Y sabemos qué se hace con esa información privada, quién la controla y sobre todo quién controla a los controladores? 

El filósofo francés Roland Breeur con su “Mentira, impostura, estupidez”, cierra este paseo alarmante por la sociedad de la  “postverdad”  y los “hechos alternativos”.  El expresidente Donald Trump, cada vez que hablaba, soltaba un mínimo de 30 mentiras obvias y demostrables (según un análisis realizado por el Washington Post). Trump podría volver a la Casa Blanca, como Johnson el “brexitmaniaco” al 10 de Downing Street o Bolsonaro el “profeta” brasileño, al poder. Estos son los paradigmas políticos de la nueva sociedad de la posverdad y la falsedad descarada.

Para luchar contra ello, Breeur nos muestra los mecanismos psicológicos que se usan en la mentira y los medios de ocultación y manipulación que se usan de forma casi industrial para desbancar lo verdadero y socavar las certezas. Y así, en el actual reino de la mentira, donde la verdad languidece, se está propiciando una gran amenaza política: “la seña de identidad de los estados totalitarios es el deseo de reescribir la historia, de forma que estas falsedades históricas pueden sonar más convincentes que la realidad, pues confirman lo que queremos creer o ayudan a suprimir cosas que queremos olvidar”. La falsedad globalizada es el fin de la democracia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHAS

VERDAD.- Tom Phillips.-Trad.Pablo Hermida.-267 págs.                                                  Ed. Paidós//FAKE NEWS.-Mauro Munafó.-Ilustraciones Marta Pantaleo.-127 págs. Ed. Laberinto//TODO EL MUNDO MIENTE.-Seth Stephens-Davidowitz.- Trad. Martin Schifino.-287 págs. Ed. Capitán Swing.//MENTIRA, IMPOSTURA, ESTUPIDEZ.- Rolad Breeur.-Tra. José María Cabezas.-109 págs. Ed.Bibliotecanueva

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29 octubre 2022 6 29 /10 /octubre /2022 14:36

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL PERIÓDICO "LA COMARCA" 281022

Parece que fue Napoleón quien dijo “Cuando China despierte, el mundo temblará”. Se  necesita un talento premonitorio casi milagroso para profetizar  en aquella época algo tan escasamente probable. Pero ya en el siglo XX era más comprensible que Lenin repitiera el aforismo napoleónico. El ensayista y político gaullista francés Alain Peyrefitte, tituló con esa frase uno de sus libros en los 70 del pasado siglo, después de una visita al país en 1972. En aquellos días se sabía que algo importante iba a pasar en China. Ni idea de lo qué sería, dado el hermetismo del país, pero seguro que sería motivo de preocupación para el mundo.

China ya lleva años despierta, sobre todo económicamente. Son más de 1.300 millones de habitantes bajo la mano férrea del imperturbable Xi Jimping, que acaba de ampliar su tercer mandato en el XX Congreso del PC Chino, no solo fortaleciendo su figura hasta extremos solo comparables a Mao, sino enmendando la Constitución del partido para liderar la cúpula y colocar a sus fieles en los lugares de más responsabilidad y poder. Occidente no parece tener ni idea de lo que China puede hacer y no presta mucha atención a los detalles que logran traspasar la Muralla. Se ha limitado a asegurar sus inversiones en el negocio lucrativo del desarrollo imparable chino en la industria, las manufacturas, el acaparamiento de materias primas, las finanzas y los suministros a los mercados  de todo el mundo. Se ha creado una dependencia de los productos made in China y la deslocalización industrial manufacturera y de materias primas afecta ya al codicioso occidente.

¿Hay un plan de Pekin prodigiosamente activo en el tiempo, desde hace decenios, ambicioso y hegemónico, mantenido a veces a trancas y barrancas y ahora ya a toda máquina  bajo la unánime obediencia del país al nuevo Gran Timonel, inteligente y astuto? De momento Xi Jinping tiene cinco años más de liderato y todo el poder controlado, desde la cúpula del Partido a la Comisión Militar Central. Se ha movido de una manera maquiavélica en estos diez años que lleva como líder, acumulando poder y cargos, manipulando a su favor el personalismo político y sucesorio creado por Mao, vigente hasta ahora. Xi ha creado su propio liderato unipersonal y para consumo y advertencia al mundo, permitió la humillante expulsión del Congreso del ex presidente Hu Jintao, escoltado por conserjes. En China las purgas políticas se hacen en silencio y sin testigos. Pero se atreven incluso a instalar comisarías policiales ilegales y secretas en países democráticos para controlar a posible disidentes que viven en el extranjero. En España hay nueve de éstas. Con el citado incidente interno en el Congreso, frente a las cámaras del mundo, Xi parece advertir “voy a obligar a ciertas potencias a salir de la sala del poder en el mundo. Terminemos con las máscaras de amistad”. Ante esto, ¿Quiénes tienen motivos para temblar? Pues, la verdad, todos. A China no le preocupan demasiado Rusia ni Estados Unidos. Y tampoco Europa, África o Asia.

Pero para analizar lo que supone China para la actual situación geoestratégica y económica del mundo hay que empezar por no confundir la época de Mao con la actual, ni el poder potencial de la China del siglo XX con la supremacía económica del XXI,  ni ceder a la inercia y pereza mental de comparar a Xi con Mao. Aunque lo que Xi busca parece ser muy parecido a lo que ansiaba Mao: aumentar de forma absoluta el control centralizado, para lograr optimizar los recursos humanos y naturales del país sobre las demás naciones, sin problemas de oposición interna, bajo la disciplina única y jerarquizada del Partido. Pero la forma de lograrlo es prácticamente lo contrario de lo que hizo Mao, aunque más parecido al segundo gran líder moderno, Deng Xiaoping, con el cual está más cercano Xi, pero con elementos diferentes. Xi es una combinación de Mao y Deng más eficaz y ajustada a esta época: mantiene al Partido como la viga maestra del poder, el centro neurálgico de la sociedad, la milicia y la economía. No olvidemos que el Ejército del Liberación Popular depende orgánicamente del Partido. Sumen a esto que Xi rechaza todo tipo de revisionismo o crítica interna (recuerden la reciente expulsión  física del expresidente Hu Jintao de la Asamblea) ya que eso es la base de  la legitimidad del Partido: no se puede renegar de la propia historia porque eso podría ser el fin del país, como ha ocurrido en Rusia (con Kruschev, Gorbachov y Yeltsin). Y como colofón, Xi remite incesantemente al pasado glorioso de China, antes de la colonización occidental. Quieren que renazca el ancestral Imperio autónomo, temido y respetado.

Xi Jinping es un líder paciente y un buen estratega, no tiene ningún tipo de miramientos y siempre barre para casa, una casa que tiene bien controlada. Como dice el ancestral libro sagrado del taoísmo “Un buen cerrajero no necesita cerraduras/y nadie puede abrir lo que él cerró/ quien ata bien no utiliza cuerdas ni nudos/ y nadie puede desatar lo que él ató”. Xi está lejos del Mao, capaz de dejar morir de hambre a 45 millones de personas en un bárbaro y demencial “Gran Salto Adelante” (de 1958 a 1962: por un ridículo gesto de  desafío al crecimiento ruso) o de la Revolución Cultural (otro error maoísta que estuvo a punto de terminar con la tradicional pasividad de la población china ante el poder). Xi Jinping es un implacable gestor que domina con guante de hierro su enorme país, revestido con el guante de seda de la prosperidad económica y el orgullo de volver a ser un gran país en el mundo. Xi no es un revolucionario comunista como Mao. Carece de ideología o la subordina a los objetivos económicos y al poder. Es un político pragmático que aplica fórmulas occidentales, tipo Thatcher o Reagan, para vencer a occidente en su propia salsa, el capitalismo neoliberal, pero sin el obstáculo interno de la democracia. Además, en la actualidad, no hay enfrentamiento en el mundo entre dos ideologías y formas de vida opuestas; son dos formas de capitalismo, en el fondo no tan distintas, aunque en la superficie lo parezca. Ambas buscan objetivos semejantes.

 

El mensaje de Xi ha sido muy claro en el Congreso: “en décadas anteriores –la época de Hu- se han ignorado las leyes y se han permitido patrones de conducta erróneos como el culto al dinero, el egocentrismo, el hedonismo y el nihilismo”. Aviso de navegantes para los funcionarios “no tengan la tentación, la audacia o la oportunidad de volverse corruptos”, cosa que ya se está controlando desde la llegada al poder de Xi en 2012 con la temida Comisión Central de Disciplina que ha abierto más de 4,6 millones de expedientes de casos de corrupción, entre ellos el ex ministro de Seguridad Pública, Zhou Yongkang, condenado a prisión perpetua.

¿Qué criterio analítico hay que seguir? ¿El “Pensamiento Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era”, que es el ampuloso título del nuevo “Libro Rojo” de un líder chino? No. Hay que observar lo que hace el camarada Xi Jinping, más que lo que dice. Por ejemplo, eliminar el límite constitucional de dos mandatos en la Jefatura del estado. Xi tiene vocación de eternidad y el poder para acallar cualquier oposición o resistencia. El Politburó y el Comité Permanente – los seis hombres más poderosos con Xi al frente- están unidos al nuevo Gran Timonel. Ni una sola mujer en los círculos más altos del poder.

Una frase de Xi en el discurso de cierre del Congreso disuadiendo “a los separatistas que buscan la independencia de Taiwán” nos puede alertar sobre movimientos futuros. Las directrices del camino que va a seguir China están marcadas cuidadosamente hasta 2049 en que se celebrará el centenario de la República Popular. Pero no se ha filtrado ni una sola línea de tales directrices. En principio lo único que sabemos es que los Siete Grandes Dirigentes, presentados al mundo el pasado domingo,  seguirán celosamente la trayectoria política marcada para los próximos cinco años. No hay previstos “posibles sucesores” como se acostumbraba en otros tiempos. Ahora podría ser un puesto peligroso. Y más  teniendo en cuenta que Xi ha alertado de un próximo periodo “convulso” para el que el país debe prepararse. Quizá se refería a Taiwan, o lo que es más preocupante, al papel de Estados Unidos en la cuestión. Ni Hong Kong ni Taiwan deberían ser un problema: su estatuto de autonomía va creciendo y Pekin lo acepta. Pero sin provocaciones, como la visita de la Pelosi en agosto. Otra vez es Washington, “el amigo americano”, el que puede causar el estropicio.

¿Quiénes son los “Siete magníficos” además de Xi? El número dos es Li Qiang, secretario del PC de Shanghai, que será primer ministro tras sustituir al actual, Li Keqiang, en marzo próximo, en  la reunión anual de la Asamblea Nacional Popular. Y ello a pesar de su mala gestión de la Covid, puesto que lo que le premia Xi es su dureza. Zhao Leji, el tercero, fue responsable de la Comisión Disciplinaria (ha eliminado a numerosos rivales de Xi). El cuarto es Wang Huning, ideólogo del régimen. El quinto es Cai Qi, secretario del Partido en Pekín. El siguiente es Ding Xuexiang,  jefe de Gabinete de Xi. Y el último Li Xi, secretario del Partido en Cantón y amigo personal de Xi, se ocupará ahora de la Comisión Disciplinaria, azote de cualquier oposición interna.

Estos hombres son los encargados de llevar a China a ser la primera potencia internacional del segundo tercio del siglo XXI. Gracias a un éxito económico sin precedentes –ahora muy dañado por la Covid y  la crisis inmobiliaria- para un país donde la disciplina más rotunda y unánime en todos los ámbitos, por encima de todo tipo de libertad y de derechos humanos, constituye la marca diferencial respecto a cualquier otro país, incluidos países autoritarios y filo fascistas como Rusia, Brasil, India, Turquía (o los EE.UU. de Trump) y algunos otros.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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25 octubre 2022 2 25 /10 /octubre /2022 18:38

LOGOI 275

 

“NI, NI”; NI, LOMLOE

Parece un acertijo o una broma. Y no es ni lo uno, ni lo otro. Hablamos de una epidemia educacional. Se trata del fenómeno  juvenil “ni, ni”, es decir el preocupante porcentaje de jóvenes que NI estudian, NI trabajan. Fenómeno imputable a varios factores: bajo nivel cultural social, despreocupación de las familias, defectuoso sistema educativo y la confusión que se extiende cuando la libertad y el  respeto se convierten en libertinaje, cómoda vagancia e indisciplina.

Y sumemos al “ni, ni” la LOMLOE, octava –sí, leen ustedes bien- reforma del sistema educativo de nuestra singular “democracia”, tras el franquismo. Veamos: Fin de las calificaciones numéricas. De ahí al “aprobado general político” sólo hay un paso cualitativo. Los méritos escolares, esfuerzo, sana competencia,  disciplina, educación, respeto, no cuentan en el currículo. Hay que igualar al alumnado por lo bajo, no vayan a acomplejarse los que no llegan, porque no quieren o porque no pueden. ¿No están actuando con excesiva “alegría” la ministra Alegría y su Gobierno? ¿Han consultado a los  profesores o sólo a sus asesores bien pagados? ¿Se está haciendo caso de las exigencias del profesorado en rebajar las ratios de alumnos por clase y disminuir de forma razonable la carga lectiva, con más profesores? ¿Se está aplicando la digitalización escolar con criterios prudentes? ¿Se tienen en cuenta los últimos datos sobre los efectos perniciosos del uso excesivo de móviles y tablets? ¿El próximo programa “Código Escuela” de Sánchez tiene en cuenta esos factores? ¿Por qué la FP sigue siendo la cenicienta educativa? Miren: 2,4 millones para la FP de grado medio, 30, 5 m. para FP superior, 50,6 millones para educación infantil en centros privados, 43,4 millones para bachillerato privado, 46,2 millones a 17 colegios  privados…Y esto con un Gobierno socialista.

Por otra parte  la brecha social y económica sigue incidiendo negativamente en las estadísticas de educación, así como en  el abandono educativo temprano, AET, que hace de España la líder en Europa de porcentaje de abandono entre los alumnos (sobre todo varones, un 60% más que mujeres).

Se trata de otra crisis que debería preocuparnos: la de la educación. Estamos cayendo en errores que, como decía Martha Nussbaum, muestran que apoyamos una educación al servicio - y condicionada - por la renta. Y no por la democracia, la igualdad y la solidaridad. Otro punto en el que deberíamos aprender  de Portugal.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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19 octubre 2022 3 19 /10 /octubre /2022 18:16

LOGOI 275

DON QUIJOTE

Cuando el pobre y zarandeado don Miguel de Cervantes fue encarcelado durante tres meses en Sevilla en 1597,  por ciertos errores cometidos como recaudador de impuestos para la Armada (y en los que, más tarde, se reconoció su inocencia), se daría ocasión para que allí fuera “engendrada” una historia inmortal, la de don Quijote, a pesar de ser un lugar “donde toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido su habitación”. Quizá ello promovió la gran capacidad de resiliencia y generoso carácter del escritor, capaz de dotar a su Quijote de una humanidad profunda y noble, a pesar de que ambos, autor y personaje, tuvieron una vida difícil.

Viene esto a cuento a causa de haber tenido noticia de una iniciativa en la que se ensalza ese libro, uno de los mejores, si no el mejor, escrito por un español y en este país, tan poco dado a valorar lo propio (tanto es así, que  el “Quijote” fue más amado en el extranjero que en España, por lo menos hasta el siglo XIX).  Se trata de un curso “on line” para profesores de Literatura que ha realizado  y presenta la catedrática de Lengua Elena Escribano y la editorial Vicens Vives. El curso se titula “Yo también veo gigantes” y por el momento lo sigue ya un millar de docentes. Los videos son visibles en Youtube. El estilo llano, divertido, coloquial y sugerente de Elena, refleja un certero y agudo conocimiento del clásico cervantino.

Para mí constituye un regalo y una eficaz manera de promover el conocimiento del “Quijote”, usando los medios del siglo XXI y con un lenguaje y una estructura de análisis y crítica puesta al día. Y  hacerlo por donde se debe empezar: por los colegios y con los profesores, para que ellos reciban los medios, el desglose técnico literario y la pedagogía más útil y cercana dirigida a los niños y jóvenes de hoy. En mi adolescencia llegabas al Quijote por tu propia voluntad y esfuerzo. En las escuelas, salvo raras excepciones, se vestía su lectura como una exigencia y sin ningún atractivo. Los niños y jóvenes recibíamos al Caballero de la Triste Figura como un elemento poco estimulante de obligación escolar. Algunos afortunados tuvimos, más tarde, un maestro/a  que nos introdujo poco a poco en el imperecedero encanto del vencido Caballero, que ha logrado triunfar para casi todos y para siempre.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 octubre 2022 4 13 /10 /octubre /2022 12:30

La Onirología (del griego onyros, sueño) es el estudio científico de los fenómenos que intervienen en el sueño, con especial hincapié en el no poder dormir, el famoso y problemático insomnio. Permítanme  parafrasear a Lope de Vega con aquello de  “olvidar el provecho, amar el daño/ creer que un infierno en un cielo cabe/ dar la vida y el alma a un desengaño/eso es insomnio, quien lo probó lo sabe”. Si les digo que un 30 % de la población no duerme bien, que la OMS ha declarado el insomnio como epidemia y que afecta indistintamente a hombres, mujeres, ancianos y niños, sólo arañamos la superficie de una problemática que hay que haberla padecido alguna vez para entender la importancia y la gravedad de sus efectos. En España ostentamos el preocupante récord de estar a la cabeza del consumo en Europa de benzodiazepinas y otros fármacos para inducir el sueño.

Decía el poeta que el insomnio es un infierno del alma, que te convierte en un extraño en tu casa y en tu propio cuerpo.  Los neurólogos afirman que induce a padecer estados alterados de conciencia, desquicia a la persona, provoca somnolencia diurna y causa accidentes, problemas de corazón, hipertensión arterial, diabetes, ictus y tal vez Alzheimer.

Es un tema recurrente en literatura y poesía. Homero, Virgilio o Safo, tienen páginas magníficas dedicadas a los héroes o heroínas que padecen insomnio, incluidos los dioses. Poetas y novelistas de todas las épocas lo han usado argumentalmente. A partir de la Revolución Industrial, entre otras consecuencias, la luz eléctrica cambió la costumbre ancestral del primer sueño (cuando desaparecía la luz del sol)  y el segundo sueño (a medianoche, en la que, tras una actividad breve, se volvía a dormir hasta el amanecer). Entonces se rompió para la humanidad el ritmo natural que vincula la claridad diurna con el trabajo y la oscuridad de la noche con el descanso.

En nuestro tiempo, el insomnio se ha generalizado: las nuevas tecnologías no duermen, nos mantienen activos las 24 horas,  tiempo de sobras para angustiarse con preocupaciones laborales, crisis de todo tipo y en los jóvenes, falta de esperanza. Vivimos un tipo de existencia “líquida”, dominada por el estrés y los problemas  afectivos o emocionales que genera. ¿Quién puede dormir con este panorama? Me temo que todos necesitamos un “reset”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

 

 

 

 

 

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7 octubre 2022 5 07 /10 /octubre /2022 09:42

Curiosamente la simple lectura de un clásico del siglo XX, sir Arthur Conan Doyle, una novela de su ciclo del profesor Challenger -un personaje a la altura de Sherlock Holmes y de algunas figuras de Dickens o de Wilkie Collins- me ha puesto en la pista para entender a la pasión anglosajona científica por explicar los fenómenos, sus teorías y axiomas, a partir de los datos que ofrece las experiencias a un observador bien motivado. Extrapolando esta observación do es aventurado suponer que en eso está el secreto de los descubrimientos que esa cultura ha realizado con el manejos de datos a nivel de la economía de los algoritmos (y su subsiguiente empleo en ingenios como Google, Apple o Amazon.

El apasionante libro de Laura J. Snyder  nos invita a un recorrido espectacular: el nacimiento e partir del siglo XIX de una ciencia moderna y su consiguiente y omnipresente tecnología, que nos ha hecho la vida más fácil y cómoda, eficiente y fructífera, pero también nos ha esclavizado de alguna manera a su necesidad perentoria y ya no sabemos vivir sin ella.

La ciencia, con su método tradicional, los griegos ya lo empleaban a otro nivel, naturalmente, basado en la comprobación y validación de una teoría a través de experimentos y de los datos que proporcionan. La ciencia actual tiene padrinos más o menos conocidos, una serie de investigadores y científicos  cuyos empeños y clarividencia científica lograron en el siglo XIX  aplicar una serie  de exigencias metodológicas y la praxis subsiguiente que formaron el esqueleto teórico de la ciencia moderna.  De entre esos investigadores, la Snyder escoge a William Whewell, Charles Bagge, John Herschel y Richard Jones  como los profesores Challenger que desgajaron la ciencia  de la charlatanería, del ingenio malicioso, la superstición o la imaginación excesiva e inapropiada.

Charles Babbage  diseñó la primera computadora; William Herschel dio unas herramioentas y principios nuevos a la astronomía; Richard Jones logró que la economía política podía basarse en principios racionales, alejados de los siempre confusos y contaminantes intereses de sectores particulares y William Whewell, un científico con intereses teológicos y filosóficos consiguió que todos los anteriores trabajaron conjuntamente para validar una forma de percepción de los fenómenos de sus propias ramas de la ciencia en un concepto progresivo unitario. 

Los cuatro científicos trataron que sus ideas y datos, unidos a un sistema articular de análisis, comprobaciones y refutaciones lograran un propósito superior: hacer el mundo más comprensible y mejor. Su enorme esfuerzo y su anhelo de entender mejor el mundo los llevó a realizar infinidad de investigaciones impulsadas por una única pasión, una ciencia liberada de la charlatanería, las ideologías, las religiones y las supersticiones. Una ciencia basada en el método inductivo del filósofo británico del s. XVII, Francis Bacon  que superaba el método deductivo tradicional.

Los cuatro miembros del Club de los desayunos filosóficos, “todos ellos lúcidos, fascinantes y eminentes, poseídos por el optimismo de la época”, miembros de la Universidad de Cambridge, se reúnen los domingos por la mañana, entre 1820  y 1870, para buscar conjuntamente un camino  de progreso a la ciencia. De alguna forma fueron los últimos "filósofos naturales" en la estela de los presocráticos griegos. De  ellos surgió una revolución científica. Y de ésta la que actualmente vivimos, la revolución tecnológica y digital, informática, de las Redes, de la I.A. (Inteligencia artificial) y del Metaverso. Lo que está por ver es si, su intención declarada de traducirla en "mejorar la vida de los hombres", ha sido coronada por el éxito. De momento hay motivos para pensar que en parte sí y en parte no. Vivimos mejor que las personas del los siglos anteriores, pero no me parece que seamos mejores personas.

Snyder hace un recorrido no cronológico por la biografía interrelacionada de los cuatro científicos y sus contactos con las grandes figuras científicas y filosóficas de su época, Darwin. Leibnitz, David Ricardo, Stuart Mill o Adam Smith. Su estilo es dinámico, fácil de entender y sumamente riguroso con  los datos y conclusiones.  Voy a citar unos párrafos del epílogo de este excelente libro: “los miembros del Club de los desayunos filosóficos habían visto fructificar al final de sus vidas los proyectos de sus tiempos de estudiantes. Habían conseguido -incluso en mayor grado que sus sueños más optimistas- encauzar a la ciencia en una trayectoria completamente distinta. Y habían ayudado a dar forma, al hacerlo, al mundo moderno, en el que la ciencia desempeña un papel protagonista”.

FICHA

"EL CLUB DE LOS DESAYUNOS FILOSÓFICOS"- Laura J. Snyder. Traducción de José Manuel Álvarez-Flórez.-636 págs.- Publicado por Editorial Acantilado, mayo 2021.

 

 

 

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