LOGOI 426
YO, JANE; TÚ, CHITA
Algunas veces, pocas, la Naturaleza parece propiciar existencias ejemplares usando elementos de la cultura popular, películas, novelas de acción, comics... Pensaba en ello cuando leía el pasado miércoles la noticia del fallecimiento, a los 91 años, de la etóloga y primatóloga Jane Goodall (nacida en Londres el 3 de abril de 1934), que fue Mensajera de la Paz de la ONU en 2002, premio Príncipe de Asturias en 2003 y en 2006 Medalla de Oro de la UNESCO.
Jane leyó a los 10 años la novela de Edgar Rice Burroughs “Tarzán de los Monos” y después vio las películas y las series de los años 30 y 40 sobre África, la selva y sobre todo los chimpancés y orangutanes (la mona Chita, como ejemplo -que en realidad era macho-) y se sintió firmemente atraída por el sueño de vivir allí y dedicarse a estudio de esos animales. Fue con 26 años, en julio de 1960, cuando pudo viajar al Parque Nacional de Gombe en Tanzania donde abrió una etapa nueva en la investigación y preservación de las especies de primates. Y cuando ya era una científica famosa solía bromear con el origen de su vocación, cuando decía: “Tarzán se casó con la Jane equivocada”.
El antropólogo Louis Leakey fue el mentor científico de Jane, facilitándole los medios y contactos para que realizara sus geniales descubrimientos sobre el comportamiento complejo de los chimpancés, el uso de objetos y herramientas y sus formas de interacción social, aprendizaje y conductas. Fue un intuitivo apoyo personal ya que Jane no poseía formación científica pero lo compensaba con una obstinación y un amor total hacia esos animales, hasta el punto de querer dedicar su vida a la observación y estudio de la especie. Ella logró confirmar y demostrar que la característica supuestamente solo humana de fabricación de herramientas para objetivos propios, también la poseían los primates. También descubrió que son omnívoros, que se aman y se cortejan en forma semejante a la humana y que tienen una agresividad, en solitario y en grupo, que calificaríamos de “humana” si pretendiéramos insultarles (los humanos les superamos holgadamente en crueldad y salvajismo).
En la década de los 80, Jane ya había obtenido un doctorado, tenía un hijo (su marido, fallecido, era un célebre fotógrafo), había fundado un Instituto que lleva su nombre y se había convertido en una activista en pro de la sostenibilidad ambiental y el bienestar animal, a través de numerosos libros y charlas por todo el mundo. La icónica fotografía del “National Geographic” de 1965 donde se la ve agachada extendiendo su brazo derecho hacia un bebé de chimpancé, llamado Flint, mientras éste extiende hacia ella su brazo izquierdo, la convirtió en una celebridad. Como ella decía: “Hay que abandonar la idea de que los humanos son los únicos seres con personalidad, mente y emociones”.
Descubrimientos recientes no sólo han vuelto a confirmar la “cercanía” entre el hombre y esos animales, han eliminado la creencia de que somos una especie evolucionada de primates y aseguran más bien que esos primates pertenecen a una rama evolutiva de descendientes nuestros.
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