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31 octubre 2022 1 31 /10 /octubre /2022 18:41

ARTICULO PUBLICADO EN "COMPROMISO Y CULTURA", NOV.22

En estos tiempos digitales, los principios y los valores son monedas de escaso uso en un universo absurdo dominado  por “influencers” , por demagogos a sueldo de lo que llamamos “política”, (un producto más de mercadotecnia), una subclase ética formada por “políticos de ocasión”, mercaderes fraudulentos, iluminados varios y pseudo expertos. La mayoría de la población integra una masa manipulable, sin posibilidad  de rebelarse o redimirse porque mantiene un canon de vida basado en pasarlo lo mejor posible, trabajar lo menos posible y vivir  inmersos y aislados por sus pantallitas, sus fiestas y sus temores y angustias. Cada vez más individualizados, alejados de las reglas y costumbres de convivencia tradicionales o de emociones y sentimientos más complejos que el “coleguismo” en deportes o en botellones.

En esta sociedad virtual, triunfa la charlatanería, las noticias falsas, las mentiras más descaradas, gracias a una amplia red digital desde donde  medrar y actuar y a una afirmación más llamativa, aberrante o disparatada que la aburrida, sencilla y estoica verdad. En realidad, la mentira o la falsedad es uno de los motivos más reiterados en la historia del pensamiento, la literatura y la ciencia.  Fraudes, imposturas, falacias, fingimientos, nutren la existencia, el arte y la ciencia de los seres humanos. Y aunque existen en nuestro legado cerebral estructuras como la amígdala o el circuito cingular anterior que nos alertan para percibir en el rostro, la voz y los gestos del interlocutor las mentiras y el fingimiento, con la supremacía de las redes o la comunicación  escrita, es imposible percibirlo. Las redes despliegan entornos favorables a la manipulación, las estafas, las falsedades, la tergiversación y las más absurdas y dañinas calumnias. Y lo peor es que Facebook, Instagram, TicToc o Twitter no nos facilitan ningún detector de mentiras, algoritmo o vigilancia humana para contrastar la veracidad de lo que se dice en las redes, por lo que una noticia falsa recibe atención y difusión similar a una verdadera.

Permítanme  que les sugiera algunas lecturas para ayudarles en esta travesía de la mentira: “Verdad. Una breve historia de la charlatanería” de Tom Philipps; “Mentira, impostura, estupidez”, de Rolad Breeur; “Todo el mundo miente” de Seth Stephens-Davidowitz; “Fake News.Haters y Ciberacoso”, de Mauro Munafó.

Una de las razones profundas del actual desbarajuste político, social y humano, es que la verdad se ha convertido en algo improbable y la mentira en una banalidad. Estamos acercándonos a la pesadilla que imaginó Orwell: en todas partes parece haber un “Ministerio de la Verdad”, donde los hechos se rectifican diariamente para hacerlos coincidir con las circunstancias que rigen o que interesan en ese momento. Las reclamaciones contra la patética “posverdad” que nos venden, no tienen curso legal y son trivializadas. La propaganda, las “fake news”, la desinformación, el recurso a los “hechos alternativos” o los negocios particulares o empresariales que sostienen las teorías conspirativas, están radicalizando a la sociedad y erosionando y desacreditando las instituciones democráticas. Sólo nos falta un caudillo carismático que prometa “seguridad y claridad” a cambio de dictadura.  Un nuevo orden mundial asoma sus orejas de lobo, retorciendo y relativizando los derechos de casi todos a favor de la minoría de los de siempre.

Los libros recomendados, no sólo muestran el curso de las falsedades y la precariedad de la verdad, tan amenazadas en estos tiempos, sino que nos permitirán comprobar que toda esta situación sobre la falsedad ha existido unida desde los principios de la cultura humana, cuando había que hacer prevalecer los intereses propios contra los hechos, manipulando lo que es verdad para que se ajuste a los deseos y beneficio del interesado. En “Verdad” de T. Phillips, se nos dice “llevamos toda la historia inventando falsedades acerca de los acontecimientos sucedidos en el mundo pero también inventando disparates sobre el propio mundo, ya sea creando montañas imaginarias o países completos ficticios” y nos ha importado un rábano que se presentaran pruebas o hechos que lo desmentían. Los orates que en pleno siglo XXI reivindican una tierra plana, conforman  una prueba de esa curiosa ceguera obcecada e interesada. Como dice este autor: “Quizá la historia de los  errores de la Humanidad sea más valiosa e interesante que la de sus descubrimientos”. Ya que, “si aspiramos a ser más veraces hemos de estudiar más intensamente los inmensos y fértiles campos  del error, con el fin de conocer mejor lo que estamos haciendo mal antes de intentar hacerlo bien. Básicamente, necesitamos convertirnos en estudiosos y críticos de la charlatanería”. La mayor preocupación respecto a las mentiras, no es que la gente se crea las noticias falsas, sino que dejen de creer en las noticias reales y veraces. La gente ya no confía en los expertos porque internet y muchos medios han trivializado los saberes y han creado “expertos” por doquier. Nuestra vida diaria es una batalla permanente contra la desinformación.

Evolutivamente  se ha demostrado que un cerebro más grande implica una mayor mendacidad. Los niños empiezan a decir mentiras a partir de los dos años de edad, no mucho después de aprender a hablar. Y no es difícil creer al estudio psicológico que afirma que cada uno de nosotros miente al menos una vez al día y que, en los diez primeros minutos de conversación cuando conoces a alguien, habrás dicho un promedio de tres mentiras. A menudo no detectas que estás mintiendo ya que lo haces sin ser consciente de ello: y ello lo puedes percibir cuando casualmente hablas acerca de lo que has hecho, de lo que eres capaz de hacer o de tu vida social. Haz la prueba. Te asombrarás. Son pequeñas mentiras sin importancia, casi automatizadas… pero son mentiras. Esto evidentemente no justifica de ninguna manera las denuncias que hacemos contra la desinformación, sino que nos alerta de que la labor empieza por nosotros mismos y que el espíritu crítico es el único instrumento capaz de empezar a frenar esta pandemia de mentiras que nos asola. Para muestra, la guerra de Ucrania: ha sido un polvorín de mezcla de rumores, mitos y propaganda falaz, alimentando mentiras desaforadas e incontrolables. Por los dos lados, para mayor vergüenza de todos.

El siguiente volumen: “Fake News” de Mauro Munafó, incide en la cuestión. Eficazmente ilustrado por los dibujos de Marta Pantaleo, el texto es de una manifiesta claridad. Analiza la actividad de los haters y el ciberacoso, (de tan lamentable actualidad),  y nos aclara un poco qué intereses hay detrás de todo ese mundo líquido. Y, mucho más útil, cómo protegerse de esas trampas permanentes que la Red nos coloca delante de los ojos, a veces de forma seductora y casi siempre mendaz. Se analizan las mentiras que cabalgan por la Red sirviendo a intereses políticos, étnicos  o sobre temas de salud  y todos ellos con tendencia  conspirativa y con el apoyo de una complaciente –y falsa- pseudo ciencia. También se nos advierte sobre la necesidad de “verificar los hechos” y los canales por los que debemos hacerlo, alertando contra la tendencia a aplicar el llamado sesgo de confirmación: aceptamos fácilmente las mentiras que confirman una previa creencia nuestra, por irrazonable que sea.

Un libro que complementa estas reflexiones, desde “dentro” de la complejidad de las redes,  es el de Seth Stephens, “Todo el mundo miente”, donde se nos cuenta como Internet y los “big data” se están convirtiendo en un auténtico manual de nuestras creencias, deseos, temores. Y también de los más escondidos y secretos pensamientos y tendencias, acciones y decisiones de todos y cada uno de los simples usuarios, obsesionados por la conexión permanente a las redes. Conocen nuestros sesgos informativos, y así las empresas punteras nos controlan, utilizan y explotan.

Como dice el autor, en un día promedio en las redes se mueven ocho millones de gigabytes de datos, todos  estructurados por algoritmos cada vez más sutiles y exactos que recaban una información de lo más íntimo de cada uno de los usuarios como jamás en la historia de la Humanidad se había obtenido. ¿Y sabemos qué se hace con esa información privada, quién la controla y sobre todo quién controla a los controladores? 

El filósofo francés Roland Breeur con su “Mentira, impostura, estupidez”, cierra este paseo alarmante por la sociedad de la  “postverdad”  y los “hechos alternativos”.  El expresidente Donald Trump, cada vez que hablaba, soltaba un mínimo de 30 mentiras obvias y demostrables (según un análisis realizado por el Washington Post). Trump podría volver a la Casa Blanca, como Johnson el “brexitmaniaco” al 10 de Downing Street o Bolsonaro el “profeta” brasileño, al poder. Estos son los paradigmas políticos de la nueva sociedad de la posverdad y la falsedad descarada.

Para luchar contra ello, Breeur nos muestra los mecanismos psicológicos que se usan en la mentira y los medios de ocultación y manipulación que se usan de forma casi industrial para desbancar lo verdadero y socavar las certezas. Y así, en el actual reino de la mentira, donde la verdad languidece, se está propiciando una gran amenaza política: “la seña de identidad de los estados totalitarios es el deseo de reescribir la historia, de forma que estas falsedades históricas pueden sonar más convincentes que la realidad, pues confirman lo que queremos creer o ayudan a suprimir cosas que queremos olvidar”. La falsedad globalizada es el fin de la democracia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHAS

VERDAD.- Tom Phillips.-Trad.Pablo Hermida.-267 págs.                                                  Ed. Paidós//FAKE NEWS.-Mauro Munafó.-Ilustraciones Marta Pantaleo.-127 págs. Ed. Laberinto//TODO EL MUNDO MIENTE.-Seth Stephens-Davidowitz.- Trad. Martin Schifino.-287 págs. Ed. Capitán Swing.//MENTIRA, IMPOSTURA, ESTUPIDEZ.- Rolad Breeur.-Tra. José María Cabezas.-109 págs. Ed.Bibliotecanueva

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