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5 agosto 2023 6 05 /08 /agosto /2023 13:48

Texto publicado en la revista Compromiso y Cultura 082023

Pues en lo que a mí respecta se trata de un novelista japonés de 74 años, altamente controvertido, con partidarios apasionados y detractores furibundos, que ha estado algunas veces en la lista de los “Nobelables” y que este año ha recibido el premio Princesa de Asturias de las Letras. Durante muchos años (desde los ochenta del pasado siglo) este escritor personalísimo ha logrado crear un universo literario sin parangón no sólo en su propia cultura –en Japón no logran entender el éxito apoteósico de Murakami en el extranjero, desde Estados Unidos a Europa, incluida Rusia, donde es idolatrado, sino también en la nuestra en la que, a estas alturas, muchos todavía nos preguntamos, dónde está la clave del universo propio  murakamiano, repleto de ignotos planetas en los que deambulan un sinfín de personajes, anécdotas, sucesos, diálogos entre el absurdo y lo onírico y una corriente subterránea de magia, misterio y supersticiones que irritan a unos y fascinan a otros. Y lo más admirable es que hay que rendirse a una evidencia: la realidad cotidiana donde todo eso acontece está tejida de detalles, circunstancias y paisajes que todos reconocemos como los propios de nuestro tiempo y nuestra cultura. El efecto que produce esa constatación es francamente hipnótico. Tal vez en eso radique la clave de su éxito: Murakami nos seduce con su bizarra osadía. Creo que hay adictos, en el sentido clínico del término, murakamianos, como los hay a las anfetaminas, al tinto de verano o a las series de la tele.

Rodeado de muchos de sus libros y las reseñas que a lo largo de los años he ido escribiendo en diversos medios, me he puesto a la tarea de explicarles de qué hablo cuando escribo sobre Murakami. Como banda sonora de mi trabajo empecé con Mahler, pasé a Rachmaninof  y me he quedado con el Don Juan de Mozart que, por instinto, me parece la más adecuada para situar a Murakami en su contexto musical. Don Giovanni es, con su audacia, su desparpajo y su capacidad de seducción, imaginación y gran confianza seguridad en sí mismo, el molde donde se cuece la figura literaria del escritor japonés que es, aparentemente, la contrafigura del conquistador mozartiano.

“Kafka en la orilla”, “1Q84” (las dos primeras partes, la tercera hay que excusarla), “Tokio Blues.Norwegian Word”, “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, “Alfter Dark”, “Sauce ciego, mujer dormida” (relatos), “Los años de peregrinación del chico de color”, “Escucha la canción del viento”, “Pinball 1973” ( los primeros que publicó Murakami)  y los dos libros titulados como homenaje al Raymond Carver de “De qué hablamos cuando hablamos de amor” –por cierto, uno de los autores norteamericanos traducidos al japonés por el escritor- y que son, “De qué hablo cuando hablo de escribir” y “De qué hablo cuando hablo de correr”.  Prácticamente toda su obra en castellano ha sido publicada por Tusquets, que ya anuncia para 2024 su última novela: “La ciudad y sus muros inciertos”. Mientras, sus fans se multiplican como las ediciones en más de 50 idiomas. ¿Estamos hablando de un Flaubert, un Dickens, un Tolstoi, un Proust, un Joyce? No, por Dios, estamos hablando de un fenómeno popular, un producto de nuestro siglo XXI que se despertó en los dos últimos decenios del XX (de ahí su explosivo atractivo), llamado Murakami.

De la relectura de esos dos ensayos autobiográficos citados se desprenden –a veces de forma reiterada- los detalles que pueden explicar no sólo el “duende” del estilo de Murakami, sino también las virtudes, defectos y artimañas seductoras del escritor japonés, un joven setentón que sigue corriendo, nadando y montando en bici casi cada día y ha sido un participante modesto, pero pertinaz y cumplidor, en maratones, uno cada año durante veintitantos, triatlones y pruebas deportivas de todo tipo.

En el polo opuesto del escritor bebedor, neurótico, adicto a todos los paraísos de alcohol y drogas,  con sus infiernos oníricos, hasta rozar la psicosis, Murakami, es disciplinado, laborioso, deportista, mantiene un matrimonio de medio siglo, al margen de escándalos sexuales y deslices. Es cortés y decididamente solitario y esquivo a entrevistas y reportajes, cámaras y tertulias literarias o sociales, por timidez y convicción. ¿Cómo conjura los paraísos artificiales que son casi un tópico vital en la vida de muchos escritores? Muy sencillo: los convierte en alter egos literarios. Es como si detrás de la figura de Don Giovanni estuviera el cerebro rector de un monje franciscano, la estoica figura de fray Guillermo de Baskerville.

El otro elemento a tener en cuenta para saber de qué hablo cuando analizo la figura de Murakami, es la música. Concretamente la música pop, el soul y el jazz. Él mismo ha confesado en diversas ocasiones,  “Al principio de mi carrera de escritor se me ocurrió que podía construir frases como si tocara un instrumento y esa idea no ha cambiado hasta hoy. Mientras aprieto las teclas del teclado del ordenador, me impongo un ritmo determinado, me esfuerzo por buscar un sonido y una resonancia adecuadas”.

Pero no crean ustedes que nuestro autor es un  monje trapense escondido tras su obra, una gran incógnita cubierta por un velo de misterio y rodeado por una nube de enigmas. Nada de eso. Murakami, desde su primera obra, nos cuenta –al margen, pero reiteradamente- qué canales cotidianos, ordinarios y también de vez en cuando misteriosos y casi místicos, posibilitan y enriquecen su labor de escritor.

Precisamente en el prólogo a la primera edición en castellano de sus dos primeras novelas (“Escucha la canción del viento” y “Pinball 1973”), a las que llama “mis novelas de la mesa de la cocina”  por haber sido el lugar donde las escribió, a altas horas de la madrugada, después de trabajar en su local de copas y música de jazz, nos habla de la génesis de su oficio de escritor, inducido por dos “fenómenos” o “epifanías”. Forman parte del anecdotario personal de misterios o sincronicidades (término junguiano que Murakami usa a menudo: “a lo largo de mi vida me han ido sucediendo cosas misteriosas de ese tipo”) que florecen en su historia y fidelizan a sus fans (y alarman y enojan a sus críticos).

 Murakami estaba viendo un partido de béisbol, “una radiante tarde de abril de 1978”, en el estadio Jingû-Kyujo de Tokio, cerca de su domicilio, “yo estaba solo en un área adyacente elevada sobre el terreno de juego, mirando el partido mientras me tomaba una cerveza…de pronto escuché el sonido limpio del bate golpeando la pelota, que resonó por todo el estadio…en aquel instante, sin antecedente ni fundamento alguno, pensé de pronto: ‘si. Quizá también yo pudiera convertirme en novelista…’.Mi vida cambió por completo a raíz de aquello. “. Escribió trabajosamente su novela en japonés, después la tradujo al inglés –que no dominaba- y la retradujo al japonés. Ese trabajo le convenció de que había encontrado su estilo propio: “no hacía falta poner una palabra complicada tras otra, ni utilizar expresiones hermosas para despertar la admiración de la gente”. Consiguió un ritmo poderoso al combinar frases cortas; un lenguaje directo, sin circunloquios; unas descripciones precisas, sin aspavientos.”  La terminó y la envió a un concurso para autores noveles. Y se olvidó de ella.

Unos meses más tarde le llamaron por teléfono para decirle que estaba entre los cinco finalistas del premio. No había guardado ni una copia de ella. Ese día salió a dar un  paseo con su esposa, cuando descubrió una paloma mensajera herida acurrucada detrás de unos arbustos.  La llevó hasta un puesto de policía para entregarla y mientras lo hacía, con la paloma palpitando entre sus manos, se le ocurrió de pronto que ganaría el premio  y que sería un escritor profesional con cierto éxito. Como sabemos, se quedó corto: su éxito es considerable y tras el Premio Princesa de Asturias, no sería de extrañar que obtuviera el Nobel. Como escribe en su prólogo (estas anécdotas premonitorias han sido publicadas reiteradamente por el escritor cada vez que le ha parecido oportuno), “Para mí, estos recuerdos muestran que creer en algo que debe de existir dentro de ti y soñar con la posibilidad de cultivarlo y seguir conservando todavía esas sensaciones, es maravilloso”. Lo cierto es que esa sensibilidad por lo mágico, lo misterioso y lo extraordinario, cuaja toda su obra, en personajes, eventos y circunstancias.

Para comprender la figura de Murakami y su originalidad indudable hay que añadir otra clave a nuestro análisis: el aspecto bifronte del escritor que, como un centauro, muestra una parte física potente, el corredor de maratones y otra, también potente, de tipo intelectual, el creador de ficciones que alcanzan de forma natural e inmediata un eco en sus lectores, generalmente jóvenes (pero los hay también entre gente madura, quizá porque añoran su lejana juventud) y un atractivo ambivalente entre otros escritores y gente de letras, artes y libros, que admiran el osado desparpajo seductor (literario) de este Don Juan de ojos rasgados y maneras de monje.

Así, querido lector de CyC, que puede comenzar el periplo murakamiano leyendo los dos ensayos con el título tipo Carver. En el primero, De qué hablo cuando hablo de correr, las descripciones de los apuros y angustias físicos del escritor mientras corre los 42 kms y 195 metros de la dura prueba maratoniana, (que ha cubierto en unas 30 ocasiones en años sucesivos) adquieren  momentos de gran emoción literaria. Pero lo fascinante es la traslación de las características del corredor de esa especialidad, ritmo, velocidad, aguante, persistencia, confianza en si mismo, capacidad de generar fuerza a partir de una convicción y de un sueño, espartana administración de esfuerzo y resistencia…a las dificultades que crea la redacción de una novela de más de trescientas páginas. El paralelismo es seductor y Murakami lo muestra con gran lujo de detalles y una sencillez y respeto casi zen.  Murakami habia empezado a correr en otoño de 1982 (a los 33 años) y ha corrido casi sin interrupción –distancias variadas- hasta estos momentos (no tengo noticia de que haya cesado de hacerlo). Para él carece de importancia ganar o no, sólo le preocupa no dejar de cumplir los parámetros que él da por buenos. “Mis únicos puntos fuertes –escribe- son la diligencia, el aguante y la fuerza física. Si habláramos de caballos, estaría mas cerca de un percherón que de un caballo de carreras”. Y añade, guasón, “el tabique que separa la sana autoconfianza de la insana arrogancia es realmente muy fino”. Murakami nunca ha sido arrogante (en eso se distancia de Don Juan). Así que reconoce “poco después de dejar de correr, todo lo que he sufrido y lo miserable que me he sentido se me olvidan, como si jamás hubiera sucedido y ya vuelvo a estar decidido a hacerlo mejor la próxima vez”.

Pero Murakami no sólo nos habla de sus deportes favoritos en ete libro bastante crucial para conocerle, también nos va contando detalles de su carrera literaria y reflexiones sabrosas sobre el arte de escribir. Tres son las cualidades del buen escritor, nos cuenta, el talento (cuya cantidad y calidad deben ser controladas), capacidad de concentración y la inevitable e imprescindible constancia.

En el segundo ensayo, De qué hablo cuando hablo de escribir, Murakami se ve como un  boxeador que ha de luchar contra la desidia, la falta de confianza y las críticas en un ring literario donde nadie tiene piedad de nadie. Son muchos los que suben al ring, pero pocos los que logran resistir la lucha y los ataques. Escribir novelas es parecido a ese duro deporte. Hay que aprender a encajar los golpes y luchar con denuedo para mantenerse. La escritura tiene sus trucos y uno ha de tratar de ser él mismo en todo momento. Desconfía de las facilidades supuestas de la inspiración y cree en un trabajo serio y persistente. Como Hemingway, mantiene que  “tras una larga jornada, dejo de escribir en el preciso momento en que siento que podría seguir escribiendo”.

En este libro Murakami se muestra a sí mismo y a su oficio de escritor con ojos realistas, sinceros y poco autocomplacientes. “En esencia los escritores somos seres egoístas, generalmente orgullosos y competitivos…seres necesitados de algo innecesario” Nos habla de su vida, sus pesares y dificultades y otra vez de sus “epifanías”; de su enorme amor a la lectura y a la música. Con gran sencillez confiesa: “Soy incapaz de asumir la idea de escribir a fuerza de sufrimiento. Para mi, escribir me da momentos de felicidad…y no me considero un genio, ni me atribuyo un  talento especial, aunque no niego tener algo…me gano la vida con esto desde hace más de cuarenta años” Murakami sabe que es un caso aparte en el panorama literario japonés y se justifica ante los ataques recibidos historicamete con esta frase: “Solo pretendía escribir algo  mi manera y reflejar con ello el estado de su corazón. Nada más”. Nunca ha padecido el “writer’s block” porque “cuando no tengo ganas de escribir, simplemente no lo hago, nada ni nadie me obliga…para mi escribir es un alivio psicológico”. ¿Más claro? “Es un camino que se empieza solo, por el que se avanza solo y que se puede perfeccionar a sí mismo”. Y para los demás escritores, oído al parche: “El proceso de escribir queda al margen de los reconocimientos. Es la carga que uno debe soportar en soledad y en silencio”. “Me da igual lo que digan sobre lo que escribo, por muy tremendo que resulte. Lo importante es escribir lo que yo quiera y como yo quiera.”

Las constantes temáticas de las obras de Murakami son variadas pero reiterativas (según una lista publicada por The New York Times): la mujer plena de misterio, el fetichismo de las  orejas femeninas, los pozos secos y profundos, la desaparición súbita de algo o de alguien, la sensación de persecución, inesperadas llamadas de teléfono o móvil, gatos por todas partes, música de jazz en discos de vinilo, urbanita que se siente perdido, intervenciones o poderes por encima de lógica y quizá mágicos, pasadizos secretos, espacios abrumadoramente abiertos, trenes y estaciones, presencia del pasado histórico en detalles llamativos, precocidad adolescente, cocinar, mundos paralelos, sexo explícito, Tokio y sus noches, nombres originales y llamativos, malvados sin identificar, más gatos (que hablan o desaparecen), el amor con signos de tragedia y de intensidad excesiva, la capacidad del arte para trascender las miserias del sujeto (tema del ultimo libro de Murakami “La muerte del comendador” (otra coincidencia entre don Giovanni y nuestro novelista) …

Bien, el viaje en torno a lo que quiero decir cuando hablo de Murakami, toca a su fin. No voy a entrar en valoraciones una por una de sus obras, me parece poco pertinente. Es un escritor muy característico que se dirige al corazón de sus lectores, sin importarle demasiado la forma y el estilo. Por tanto, cuatro datos sencillos de las, para mí, sus obras más interesantes, prescindiendo de las cuatro que ya he tratado aquí: las dos primeras, “Escucha la canción…” y “Pinball 1973”, más los dos ensayos del “De qué hablo…”.

TOKIO BLUES.-

Se trata de una buena novela del género “Bindungsroman”, es decir de iniciación. Por ejemplo, válido para este caso, nuestro “Lazarillo de Tormes”, el “Wilhelm Meister” de Goethe, el Marcel de “La recherche…” de Proust, el “Retrato del artista adolescente” de Joyce o “La montaña mágica” de Mann. Es decir, novelas donde el lector acompaña el largo, tortuoso y a veces muy duro sendero en el que un joven se inicia en la vida de adulto.

Murakami borda las vicisitudes de sus jóvenes protagonistas, el amor, la felicidad, la soledad, la incomprensión, las rarezas de la existencia. El trayecto de Toru Watanabe, estudiante de primer año de la Universidad de Tokio, encuentra ecos en muchos lectores en parecidas circunstancias. Con esta novela H.M. logró convertirse en alimento literario de fanáticos en medio mundo.

1Q84.-

Esta es una novela-piedra de toque. Si la lees, rendido al texto a pesar de su larga extensión y gran exigencia, es que eres un murakamista irredento. No la juzgaré de ningún modo. Recomendarla, si. Aunque sea una prueba difícil y no recomiende la tercera parte. Está ambientada en Tokio en 1984, y propone un acto de fe desde el principio: debes aceptar con naturalidad que uno de los protagonistas se da cuenta de que ha ingresado en un universo paralelo, y que otro, una aspirante a escritora, propone a la credibilidad del lector que practica un misterioso proyecto de escritura fantasma.

KAFKA EN LA ORILLA.-

Viniendo de la anterior lectura, no es probable que te sorprenda demasiado ésta. Aunque creas que el realismo mágico acabó con García Márquez, Borges y Onetti, lo cierto es que en esta obra Murakami te convence de que todavía tenías mucho que aprender. Aquí además gozarás de la novela tipo “baúl de historias interrelacionadas”. El argumento  nos muestra a Kafka Tamura, un joven de 15 años que acaba de huir de su casa acuciado por el complejo de Edipo  y se propone vivir en una biblioteca. Y conocemos a Nakata, un anciano que sufrió daño cerebral cuando era niño y ahora tiene la poco sorprendente facultad de hablar con los gatos. La pérdida de uno de sus más amados animalitos le hace emprender un viaje inesperadamente psicodélico. La soledad es el caldo de cultivo de los personajes que se suceden a un perezoso ritmo de siesta indigesta y un estado casi permanente de confusión vital.

 

CRONICA DEL PÁJARO QUE DA CUERDA AL MUNDO.-

Aquí nos encontramos con aquel aserto que afirma que todo novelista tiene un reformador moral en la barriga. Dadas las especiales características de Murakami, cabía esperar que no se cumpliera ese aserto en su caso. Pero no ha sido así. Su protagonista de “Crónica del pájaro…”, Tooru Okada, inicia un viaje de auto descubrimiento pateándose las calles de Tokio en la busca improbable de su gato. Esos animalitos son para H.M., auténticos totems hogareños, dioses penates, lares o manes de este escritor, como si fuera un ciudadano de la Roma imperial. Rara es la novela de Haruki M. en la que no se cita a los gatos.

AFTER DARK.-

El mundo de Murakami está lleno de enigmas y vías alternativas que alternan con los tiempos por vías misteriosas: cerca de medianoche, una chica, Mari, está sentada sola a la mesa de un bar. Toma un café y lee. Es interrumpida por un joven músico. Lo conoce ligeramente. Le ha visto hace tiempo y acompañaba a su hermana. El nudo argumental comienza a abrirse. Nadie sabe qué va a pasar. Sospecho que ni Murakami cuando lo escribía…En otra de sus novelas decía: “todo empieza siempre con alguien contando algo de sí mismo”. Pues ahí lo tienen,,,

 

AL SUR DE LA FRONTERA, AL OESTE DEL SOL.-

El dueño de un club de jazz, Hajime, tiene un encuentro inesperado y misterioso: Shimamoto, su mejor amiga de la infancia está frente a él, con su carga de pasado y posibilidades de nostalgia y futuro. Pero…

 

LOS AÑOS DE PEREGRINACION DEL CHICO SIN COLOR.-

Aquí Murakami hace gala de sus mas queridas técnicas temáticas: un personaje femenino alucinado y trágico (eso si con hermosas orejas), espectros bidimensionales, el ayer como línea de tiempo bifurcada , trenes, místicos gastronómicos, apellidos de colores en los amigos del héroe, Tsukuro Tazaki, diseñador de trenes. Su historia y la de la novela, están condicionadas por una anécdota de su pasado: dieciséis años atrás, el grupo de cuatro amigos al que pertenecía, le expulsan  sin razón o motivo aparente. Eso constituye un golpe psicológico que le obsesiona y casi le empuja al suicidio. Ahora pretende averiguar las razones de tal catástrofe personal. Pero hablamos de Murakami. Por tanto, dilucidar eso nos llevará a un nuevo enigma. Como escribe Rodrigo Fresán, no hay nada de extraño, Murakami tiene una lógica perfecta y la mayoría de sus personajes también. El único problema es que tal lógica pertenece a otra dimensión: la del planeta Murakami.

 

FICHA

Todas las novelas citadas están publicadas por la editorial Tusquets. Son fáciles de encontrar en cualquier librería.

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 agosto 2023 2 01 /08 /agosto /2023 10:18

(publicado en "La Comarca" 010823)

A finales de los 60,  Stephen Vizinczy, un escritor húngaro huido de su país tras ser invadido por la URSS, y refugiado en Estados Unidos, publicó una novela  “En brazos de la mujer madura” que habla de la iniciación amorosa de un joven por una mujer que le doblaba en edad. La he recordado a causa del revuelo que hay en los medios sobre las mujeres en el climaterio, consideradas poco menos que “retiradas” del  caprichoso circuito del deseo por una sociedad que privilegia lo joven por encima de todo y que ya busca y ofrece remedios farmacológicos contra algo natural, que podría ser asimilado sin envenenar al cuerpo.

Además de ser una falacia social injusta, absurda y arbitraria, carece de fundamento biológico  y psicológico. En pleno siglo XXI resulta escandaloso que se mantengan tales despropósitos. ¿Por qué la madurez puede ser una nota de distinción  y sabiduría emocional en los hombres y no en las mujeres? En las novelas “amorosas” del XIX y el XX, uno de los tópicos más repetidos y agradables (para los varones)  era el de la jovencita  atraída y fascinada por el galán maduro y experimentado. Don Giovanni es un cuarentón “de buen ver”  obsesionado por las novicias, pero que consideraba un “bocatti di cardinale”  seducir a mujeres maduras.

En nuestro siglo, las mujeres menopáusicas son colocadas en  el lugar de lo superfluo y aparcadas en lo perecedero. Como si su faceta reproductiva fuese su único valor. Suele haber cierta condescendencia hacia ellas. Lo cual es un gran error y una grosera estupidez. Como además de maduras suelen ser inteligentes y de probada eficacia, las más capaces han iniciado una rebelión activista que puede llegar lejos si encuentran  a su Lisístrata (la líder femenina de la comedia de Aristófanes). Ellas podrían acabar con las guerras, como Lisístrata y sus bravas compañeras acabaron con la del Peloponeso. Pero sin llegar a un objetivo tan lejano y posiblemente utópico, lo que sí pueden conseguir es anular la falta de respeto y el exceso de ignorancia con los que se bombardea la credibilidad de un colectivo que ya ha demostrado sus “poderes”. La madurez -para ambos sexos- es un estado superior de existencia, si es conveniente y libremente cultivado. Y la sexualidad y el deseo más que perderse, se enriquecen con la experiencia y la sabiduría del cuerpo y del espíritu que puede conllevar la madurez. Y si es así para muchos varones, ¿dónde está escrito que para las mujeres-crecientemente competitivas y ganadoras respecto a ellos- no lo sea? El siglo XXI será un siglo femenino o no será (por exceso de testosterona).

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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25 julio 2023 2 25 /07 /julio /2023 18:35

LOGOI 312

ON BULLSHIT

Discúlpenme por el argot anglosajón del título. El poder cultural hegemónico del inglés estará justificado en cuanto les diga que viene a decir, en román paladino, “en o entre la mierda (del exceso de informaciones falsas)” y en castellano corriente “enmerdar” o “decir gilipolleces, falacias o tonterías”. El término fue popularizado en 1986 por un filósofo norteamericano llamado Harry G. Frankfurt – que, por cierto,  falleció el pasado domingo- y empleado por muchos de sus colegas para definir la, digamos, oratoria escandalosa del señor Trump, un político tramposo y marrullero, que logró ser presidente de su país y amenaza a pesar de sus chanchullos, juicios y condenas, con volver a serlo. El señor Frankfurt publicó un libro titulado “On bullshit”, donde analizaba la charlatanería de políticos y personas desinformadas que se presentaban como si poseyeran la verdad y trataban de manipular a los que les escuchaban. Pero no hay que confundirlos con mentirosos: a esos “enmerdadores” no les interesa la verdad o la falsedad de lo que dicen, sólo tratan de conseguir sus objetivos inmediatos. ¿Conoce una definición mejor de algunos políticos de nuestros días? El mentiroso  conoce las verdades, pero las oculta. Al charlatán  le trae sin cuidado la verdad y los hechos, sólo le interesa su objetivo. Un ejemplo: la tópica e inane “España Vaciada”. A muchos les da lo mismo si eso es una realidad o un mito retórico, se limitan a jugar con un concepto-baúl para lograr algo que le interesa a él o a su partido.

Otro ensayista USA,  el biólogo evolutivo Carl Bergstrom, aprovecha la tormenta Trump, para publicar –junto a un experto en comunicación- un “manual de estilo” contra la charlatanería, las “fake news” y la vergonzante “posverdad” (tumba del rigor informativo e intelectual ) municiones de los falsos expertos que proliferan con sus patrañas en twiter y demás redes sociales.

Uno de sus aspectos –la datopatía o enmascaramiento de un problema con datos numéricos falsos o difíciles de analizar—lo hemos visto recientemente en algunas apariciones políticas en nuestro país. En dicho manual de estilo, hay algunas perlas que hacen pensar: “Informarse menos es el primer paso para informarse  mejor: ignorar el falso periodismo, exigir rigor, solidez, coherencia y pocos y contrastados datos”.

En todo caso hay algo que nos debería preocupar más:  el desprecio o menosprecio  que existe hacia la verdad y, aún más grave, la aparente impunidad que rodea a los que usan de los bullshits, como si sólo se tratara de una travesura infantil. Y, una vez más, no se trata sólo de algunos políticos. Sino de una buena parte de la población. Estamos ante una pandemia viral ética.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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23 julio 2023 7 23 /07 /julio /2023 18:14

 

La pensadora Annah Arendt calificó de “banalidad del mal” el operativo de la política nazi respecto al exterminio del pueblo judío. La expresión hizo fortuna entre los analistas políticos aunque desagradó profundamente a una buena parte de los políticos y la población de Israel. El concepto es muy complejo y no merece una interpretación superficial: no es una defensa o justificación de la barbarie nazi, sino una firme invitación a censurar las actitudes que propiciaron que ese horror llegara a suceder y, también, la enorme falta de ética de quienes sabían y no se opusieron, por miedo o por indiferencia.

Esa es la reflexión que me vino a importunar tras un detenido análisis del supuesto cara a cara (más bien descarada reyerta, sin elegancia ni decoro) entre dos líderes políticos que se disputan el negocio de dirigir a este desdichado país en los próximos cuatro años. Escuchaba razones, sinrazones, suposiciones y datos arrojados como calderilla falsa en un  frenético “Gish gallup”, aprendido del trumpismo, tan rápido y violento que no permitía más que musitar “eso es mentira” al otro desbordado político. La reflexión provocada por dicho inmoral teatrillo televisado fue sobre “la banalidad de la veracidad y de lo que se entiende por verdad”. En ese, digamos debate, la veracidad era zarandeada, ignorada, escarnecida. Y pensé: El pueblo español no se merece esto. ¿O quizá sí? Por activa o por pasiva, una gran parte de los ciudadanos españoles han colocado a esos dos señores en el escenario público. Pero había más: ¿de qué verdad hablamos? Y comprendí que lo alarmante de todo era que la veracidad exigible a una persona dedicada a la política se había convertido en algo banal. Superflua, innecesaria, privada de valor. Por esa razón el auténtico crimen de nuestra época es la banalización de la verdad, debido al activismo frenético  de las “fake news”, impulsadas por muy diversos y ocultos intereses políticos y económicos. Y con ella, la banalización que vivimos del bien, de la ética, de la cortesía, de la educación, del sexo y de la vida social, familiar y privada. Todos esos conceptos de raíces éticas se han relativizado, son casi una excentricidad, han dejado de ser un referente de las actitudes y comportamientos correctos. Cuando se corrompe el sistema de valores de una sociedad, toda ella se banaliza y se convierte en pasto de desorientados y desequilibrados ciudadanos. Y también afecta a una praxis política que oscila entre el exceso de permisividad de unos y el exceso de represión, hipocresía y agresividad de otros, en un común caldo de corrupción. Mal va todo cuando hay que escoger entre lo malo y lo peor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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12 julio 2023 3 12 /07 /julio /2023 17:38

NUCCIO ORDINE, DONDE  LO “INÚTIL” SE REVELA ÚTIL

Un autor indispensable para conocer la crisis de la  enseñanza en la sociedad capitalista tecnodependiente

El 10 de junio pasado murió Nuccio Ordine con 64 años, a causa de un derrame cerebral. Nació en un pequeño pueblo de Calabria que ni siquiera tenía librería. En una entrevista declaró: “Nacer en una casa sin libros y de padres sin estudios, vivir en una ciudad pequeña sin librerías ni bibliotecas, sin teatros ni espacios culturales, no significa estar condenado a la ignorancia”.  Ordine estudió,  fue a la Universidad y se hizo profesor e investigador  en temas de filología, literatura y filosofía. Vivía en Cosenza, en una casa de campo con más de 20.000 libros en su biblioteca personal. Era profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria y dictó clases en las universidades de Yale, la Sorbona,  Berlín y  Harvard, como profesor invitado. Era miembro de honor de la Academia rusa de ciencias.  Publicó eruditos trabajos sobre Giordano Bruno y el Renacimiento. En 2013 dio la campanada de la popularidad, fuera del mundo académico, con la publicación de un librito  (lo subtituló “Manifiesto”) de 170 enjundiosas páginas, llenas de pasión, sentido común y profundo conocimiento de la literatura y la filosofía:   “La utilidad de lo inútil”, que en un tiempo récord se publicó en más de veinte lenguas. En España fue publicado por la editorial Acantilado y ya lleva casi treinta reimpresiones. El ya desaparecido maestro del ensayo, George Steiner, dijo de este libro “Una pequeña obra maestra de la originalidad y la claridad”.

Su fallecimiento me entristeció, nadie está preparado para una noticia así. Le seguía fielmente desde que apareció ese libro. Por eso, aunque ya tenía medio preparado un trabajo sobre Murakami, decidí dejarlo para el mes próximo y dar a los lectores de C&C la oportunidad de conocer a este brillante ensayista –los que no tenían ese placer- o de recobrarle, los que ya lo habían leído. Ordine me parece uno de los pensadores más proféticos en torno al binomio interactivo sociedad-cultura. Precisamente en octubre próximo debía recoger el Premio Princesa de Asturias de  la Comunicación y Humanidades 2023.

Nunca como hasta el momento presente ha resultado más adecuado un título como “La utilidad de lo inútil” que está rozando los grandes titulares críticos de una actualidad  - en concreto de la educación y la enseñanza- , condicionada por las leyes del mercado, la prisa, la superficialidad y los efectos indeseables de las tecnologías bajo la hegemonía  dictatorial de las pantallas y el mundo digital. En España vendió más de 80.000 ejemplares de su inteligente libro.

Para complementar el mensaje del citado texto, recobré otro gran volumen de este pensador, comprometido con la “dignitas hominis”: “Clásicos para la vida”, también editado por Acantilado en 2017. En este libro Ordine nos lleva por un apasionante viaje por la literatura de todos los tiempos: acompañados por Shakespeare, Mann, Goethe, Zweig, Borges, su amado Giordano Bruno, Platon, Margaritte Yourcernar, Maquiavelo, Cervantes, Dickens, Rilke, Primo Levi, Boccaccio, Defoe, Rabelais, Saint Exupéry, Baltasar Gracián, García Márquez. Flaubert, Swift, Montaigne, Balzac, Rostand, Cavafis, Pessoa, Calvino, Einstein… en citas que precisamente nos conciernen directa y críticamente en la cuestión, no sólo ética, de saber comprender cuál es el auténtico fin de la enseñanza en escuelas y universidades: preparar a los hombres y las mujeres del mañana para vivir plena, correcta y satisfactoriamente en un mundo atenazado por la codicia, la prisa, la desorientación y la ausencia de valores, todo aquello que alegremente archivamos en el baúl de lo “no útil”.

Precisamente tras una lectura del libro, repleta de emociones literarias –su elección de la obra reseñada de cada uno de ellos, es aleatoria pero modélica-  se termina con una figura sorprendente: Albert Einstein. ¿Qué hace Einstein en un libro dedicado a genios de la literatura?  El Nobel alemán de física, un genio en otra órbita, la científica, hace unos razonamientos sobre la educación que, viniendo de él, resultan reveladores, por su adecuación al mensaje primordial de Ordine y de los autores a los que convoca. En su texto hace gala de su lógica racionalidad humanística y un sentido común fuera de lo corriente en la enrarecida atmósfera científica. “La escuela –escribe Einstein-  siempre debe plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un simple especialista. Incluso en la enseñanza técnica…lo primero debería ser siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados”.

Señores funcionarios  del Ministerio de “Educación”, presten atención: es Einstein quien lo dice, no sólo el abrumador  muestrario de genios literarios que aporta Ordine. ¿Para cuándo unos “reformadores” de los planes educativos que se nieguen a ser la “voz de su amo” político? Basta de campañas denigratorias de las humanidades y los clásicos y el énfasis –suicida, a lo largo- en las salidas “profesionales”.

La buena escuela, escribe Ordine  no la hacen ni las pizarras interactivas, ni las tablets y ordenadores en las aulas en vez de libros, o los acuerdos cortoplacistas con empresas y centros profesionales para diseñar una enseñanza práctica a la carta, sino un personal docente respetado y respetable, por sus conocimientos,  y también por sus cualidades humanas e intelectuales. Y el objetivo, además del necesario bagaje técnico indispensable, es hacer de los alumnos  hombres y mujeres capaces  de saber vivir y de gestionar y reclamar su libertad, con espíritu crítico. ¿Suena utópico? Tal vez. Pero es posible.

Vivimos en una época  en la que, según denuncian los propios profesores , las competencias y las capacidades que son objeto de una certificación –indispensables para el mundo laboral y profesional-  son más relevantes que la básica operación de  promover un conocimiento, una actitud  y un enfoque críticos ante lo que se enseña y aprende (y cómo se realizan estas funciones).

Observen que hasta la UE dicta una recomendación sobre el aprendizaje permanente y la empleabilidad y un nuevo sistema de  “microcredenciales”,  poniendo el foco en la paridad práctica entre la enseñanza y la adquisición de  trabajo. Lo cual significa que lo que prima es el mercado y no la formación de ciudadanos instruidos, críticos y autónomos. La sociedad credencialista se impone  y pronto se exigirá un certificado de aptitud  para colgar un cuadro o cortar la rama de un árbol. Así la enseñanza se microparcela y los alumnos deberán esforzarse por objetivos mínimos –es una norma vigente: cada vez se exige menos- , mientras que multitudes  de supuestos enseñantes e instituciones ad hoc devaluarán todavía más las labores educativas y se convertirán en mercaderes de titulitis.

Ordine denunciaba hace unos meses el deterioro de los planes de estudio medios y superiores en la mayor parte de Europa. Las Universidades se han convertido en un mercado complejo que  es fagocitado por las empresas y las exigencias y necesidades de desarrollo de la sociedad de capitalismo avanzado.  De hecho dedicaba uno de sus libros, “Los hombres no son islas” (Acantilado) a “aquellas personas que dedican su vida a enseñar y cambian, silenciosamente, con su trabajo y su sacrificio, la vida de sus alumnos”.

Ordine denunciaba en su país, Italia, la engañosa “efectividad” de la Universidad que se ha convertido en una fábrica de titulados. Raramente se producen deserciones o abandonos de estudiantes y Ordine afirma que la razón está en que se ha bajado muchísimo el nivel de exigencia. No solo en la Universidad, en las escuelas e institutos también. Cita a Rilke con añoranza cuando aseguraba: “Sólo la dificultad te exige hacer el esfuerzo que te hace mejor”. Lo estamos viviendo también en España, donde los exámenes y pruebas acaban siendo un coladero.  Dice Martha Nussbaum que “En casi todos los países europeos parecen orientarse hacia el descenso de los niveles de exigencia para permitir que los estudiantes superen los exámenes con más facilidad”.

Y no solo se trata de materias educativas, también concierne a la formación humana, ética y social de los alumnos. No en vano, como pensaba Ordine, la calidad de ambos niveles esta esencialmente interrelacionadas. A ese respecto, en una entrevista concedida a “El País”, Ordine  señalaba a la tecnología y sus atajos y facilidades como uno de los factores responsables de la decadencia educativa y decía que afectaba también la vida personal de los alumnos: “Es evidente que la sociedad virtual crea nuevas formas de soledad, lo cual es una auténtica paradoja de nuestra época, porque estamos más conectados que nunca pero resulta que estamos solos. Tenemos la ilusión de estar relacionados, pero una relación virtual no puede ser una buena relación, es una forma de relación vacía”.

Para Ordine “escuelas y universidades no pueden ser empresas que se dedican a vender diplomas. Los estudiantes no pueden ser sólo clientes” y critica que la mayoría de los estudiantes acaban creyendo que el éxito en la profesión y la vida se mide por la cuenta bancaria, seducidos por la idea que lo importante es el crecimiento económico y que las universidades y escuelas deben estar al servicio del mercado y las empresas (que se refleja incluso en la terminología usada en la vida universitaria en base a “créditos y débitos”).

Ello no obsta para que reconozcamos que la gestión del conocimiento  a través de la educación y la investigación es un sector que promueve beneficios a corto y largo plazo, por lo que las escuelas y las universidades deben estar relacionadas  con el mundo empresarial, como un requisito básico de la estructura económica de un país. Lo que Ordine sugiere  es un ordenamiento de esa relación, en forma de mecenazgos o inversiones en la generación de conocimiento que luego revertirá en las empresas y el sector económico global. Es preciso un análisis serio del retorno de la inversión en educación y de medidas  que aumentaran su eficiencia y dinamizaría el mercado de trabajo restando preeminencia a la opción funcionarial que suele ser la salida ambicionada por los jóvenes licenciados.

Una de las perlas que se ofrecen a la lectura en los libros de Ordine son sus consideraciones sobre la bondad y necesidad de permitirse las “pérdidas de tiempo” e incluso integrarlas en la vida cotidiana de cada uno. “Reducir la velocidad, hoy en día, significa ‘perder tiempo’. Sin embargo, bien considerado, el conocimiento, las relaciones humanas y nuestro vínculo íntimo y personal con la existencia necesitan sobre todo de una ‘lentitud’ consciente, para mejor saborear lo que vivimos”. A  la larga descubriremos que lo placentero es más útil que lo útil.

 “En el universo del utilitarismo, -escribe Ordine- un martillo vale más que una sinfonía de Mozart, un cuchillo más que una poesía de Neruda, una llave inglesa más que un cuadro de Velázquez: porque es más fácil hacerse cargo de la utilidad de un utensilio, mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte”. Como decía Giordano Bruno: “La sabiduría y la justicia empezaron a abandonar la Tierra en el momento en que los doctos, organizados en sectas comenzaron a usar sus conocimientos con afán de lucro”. Kant y Lacan insisten en la idea: “Una vida  sin virtud y sin principios, no es vida”.

Incluso en el reino de la ciencia, la historia científica nos demuestra que muchas investigaciones científicas teóricas consideradas inútiles, por estar privadas de cualquier intención práctica, han favorecido de forma inesperada aplicaciones –desde las telecomunicaciones a la electricidad- que después se han revelado fundamentales para el género humano. Insiste Ordine en que “Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo ‘inútil’, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de  sí misma y de la vida”.

El filósofo Heidegger afirma tajante: “Lo más útil es lo inútil. Pero experienciar lo inútil es lo más difícil para el ser humano actual. Se entiende lo útil como lo usable prácticamente y de forma inmediata para fines técnicos, con lo que se consigue algún efecto del que pueda yo hacer negocios y provecho. Pero uno debería ver lo útil en el sentido de lo curativo, esto es, lo que lleva al ser humano  a sí mismo, a sus posibilidades y a su realización.”

Tocqueville aseguraba que “el impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres se deslicen hacia la barbarie” George Steiner critica la mala enseñanza, los docentes no motivados o excesivamente invadidos por la burocracia pedagógica que invade las instituciones educativas y escribe: “Una mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y metafóricamente un pecado. Son destructivas las maneras mediocres de enseñar, las rutinas pedagógicas faltas de imaginación y entusiasmo, una instrucción con cínicas metas simplemente utilitarias y siervas de la lógica mercantil del beneficio”. “Hay que resistir, dice Ordine,  a la disolución programada de la enseñanza, de la investigación científica libre, de los clásicos y de los bienes culturales. Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad”

Y termina su apología citando una simple frase que él mismo descubrió  escrita en un tablón en una biblioteca de un perdido oasis del Sahara: “El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse. Al contrario, enriquece a quien lo transmite y a quien lo recibe”. Y  afirma: la primera tarea de un buen profesor debería ser reconducir la escuela y la universidad a su función esencial: no la de producir hornadas de diplomados y graduados, sino la de formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma. Reducir al ser humano a una profesión o tecnología constituye un gravísimo error: en cualquier hombre hay algo esencial que va mucho más allá de su actividad como médico, abogado o ingeniero. Por eso Ordine lanza este mensaje: “Cuando el grado de dependencia de los instrumentos tecnológicos supera cualquier umbral sensato, ¿no sería oportuno convertir la escuela en un sano momento de desintoxicación?”  “¿No es la escuela o la universidad el lugar ideal para que los estudiantes sometan a debate si la amistad puede identificarse con un simple click en Facebook o Twiter o Tic Toc y si enorgullecerse de contar con más de mil “amigos” en un perfil significa tener una visión profunda de la amistad y de las relaciones humanas en general?”

Dejémoslo aquí. Insisto en que Nuccio Ordine ha dejado una obra breve pero llena de sugestivos valores. Su empeño en  promover la lectura de los clásicos , la defensa de las humanidades como algo esencialmente útil  y la mejora de la enseñanza a todos los niveles, me recuerda la frase de Giordano Bruno: “todo depende del primer botón: abrocharlo en el ojal equivocado significa, irremediablemente, seguir cometiendo error tras error”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHAS

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL.-Manifiesto. 172 págs. Y, CLÁSICOS PARA LA VIDA. Una pequeña biblioteca ideal. 178 págs. Ambos traducidos por  Jordi Bayod. Publicados por Editorial Acantilado.

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12 julio 2023 3 12 /07 /julio /2023 17:31

LOGOI 310

ALGO NUESTRO SE QUEMA

En el pasado siglo –tiempos de dictadura - hubo una revista satírica  en España, “La Codorniz” de vida precaria y a menudo amenazada, que solía burlar a la censura con ingenio, ironía e inteligencia. En un verano particularmente caluroso en el que hubo una auténtica epidemia de fuegos forestales, el régimen hizo público un eslogan: “Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema” (aludiendo supuestamente al pueblo español). “La Codorniz” publicó una portada donde, con un fondo de fuego en el monte, se podía leer: “Cuando un bosque se quema, algo suyo se quema… señor conde”, aludiendo al estado del mundo rural, montañas y bosques, propiedad de las fortunas y los apellidos del poder político, eclesial y sus acólitos. Como era de esperar, el número se secuestró.

En estos tiempos de –precaria- democracia, corroída desde dentro por aquellos que no la respetan, los fuegos forestales vuelven con fuerza, pero ahora es toda la sociedad española la que los padece y también los que pagaremos un gran precio para subsanar sus efectos devastadores. Este año la oleada de calor excesivo constituye uno de los peligros ecológicos  más acuciantes debido a ese factor, unido al de la enorme suciedad y abandono de gestión de bosques y montes en España. Y también, triste ha sido constatarlo, al aumento de la intencionalidad

Venimos precedidos por las angustiosas cifras del pasado año. En 2022,  el fuego arrasó 310.000 hectáreas forestales en España (que supone el 39% de la superficie quemada en toda Europa). Esos incendios causaron la evacuación de 30.000 personas de sus hogares y también la muerte de cuatro y 90 heridos. La cifra supone tres veces más superficie de la media anual de terrenos forestales quemados en toda la última década. El caso es que según los informes de las instituciones que estudian este tema, los incendios estaban disminuyendo debido a las duras sentencias condenatorias, la persecución de los causantes y una ciudadanía cada vez mas mentalizada en su contra. Sin embargo, a la par, sí ha aumentado la cantidad de grandes incendios y el tiempo necesario para sofocarlos:  61 en 2022 contra la media anual  de 21 en el último decenio. Y el problema clave es que en un 95% de los casos la causa está directa  o indirectamente relacionada con la acción humana.

Por favor, amigos lectores, extremen las precauciones. Un simple descuido puede causar males de enorme importancia humana y ecológica. Cuando un bosque o un monte se quema, algo nuestro se quema realmente: nuestro medio ambiente, nuestra salud, nuestros bienes y, a veces, nuestras vidas.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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6 julio 2023 4 06 /07 /julio /2023 14:42

LOGOI 309

ESPAÑA INSOME

¿Han padecido o padecen ustedes insomnio? De forma ocasional y transitoria casi todos lo hemos tenido alguna vez. Al principio  no se le suele dar mucha importancia, porque pensamos que no durará. Cuando sí lo hace, nos alteramos ya que afecta a casi todos los aspectos de nuestra vida personal, social y laboral  y muchos comienzan a recurrir a psicofármacos: un estudio de enero de 2023, realizado en un arco de 30 días, reveló que un10% de españoles entre  15 y 64 años usó hipnosedantes. Según otro informe, de 2019, España es el mayor consumidor de benzodiacepinas del mundo. La Sociedad Española de Neurología, estima que un 25-35% de la población adulta padece insomnio transitorio y entre un 10 y un 15%  --lo que supone más de cuatro millones de adultos españoles- - sufre de insomnio crónico. Estas cifras no están actualizadas. Psicólogos y neurólogos coinciden en afirmar que la eclosión masiva de la “adicción digital” no sólo ha aumentado esas cifras –la “pantallitis” tiene un efecto corrosivo sobre la relajación física y mental que exige el sueño- sino que ha bajado el listón de edad: cada vez hay más niños con alteraciones del sueño y las carencias y déficits que suponen sobre el comportamiento y las actitudes infantiles.

Los estudios que se realizan sobre el insomnio –esa “pesadilla blanca” real- advierten sobre la conexión que éste tiene sobre el curso y aparición de enfermedades. El frágil y valioso hilo de oro que Hipnos, dios del sueño, tiende desde la mente del durmiente (el cerebro no duerme) y el mundo onírico, es tan vulnerable y sutil, que cualquier  trastorno orgánico o psíquico leve puede llegar a causar su ruptura. Aunque aún no hay datos fiables, se sabe ya que la pandemia provocó una eclosión de casos de trastornos del sueño en la población en general (habida cuenta de que más de la mitad de las personas afectadas no han pedido tratamiento y sí somníferos o tranquilizantes).

La falta de sueño o su mala calidad  -en España cada vez dormimos menos horas- provoca  en principio cansancio y fatiga, somnolencia, irritabilidad, falta de atención y afecta la capacidad de resolución de problemas. Si es persistente, desemboca en diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, depresión o  angustia  y propensión al alzheimer o a las demencias. Si tiene usted alguna de las “tres pes” que desencadenan el insomnio, predisposición nerviosa, suceso o hecho precipitante, (muerte familiar, divorcio, graves problemas económicos o laborales) y perpetuante, circularidad de pensamiento, obsesión, ansiedad anticipada…no lo ignore: vaya al especialista antes de que se enquiste.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 julio 2023 6 01 /07 /julio /2023 17:37

Logoi 308

NO GRITAR, NO PEGAR

Soy de la primera generación “baby boom” tras la II guerra mundial. En Estados Unidos crecieron con los consejos del Dr. Spock sobre cómo educar a los niños. Su obra “El libro del sentido común del cuidado de bebés y niños” se publicó  en 1946 y vendió  50 millones  de ejemplares.  Se tradujo a 40 idiomas, pero por razones políticas no llegó a España hasta los años 60. Por tanto no me beneficié de sus consejos, cosa que si pudieron hacer los bebés y niños  que procreamos la generación nacida entre los cuarenta y los sesenta. El Dr. Spock, que tuvo una vida plena, espléndida y activa (en su juventud fue medalla de oro de remo en los Juegos Olímpicos de 1924) hasta su fallecimiento en 1998, a los 94 años, se opuso a la rigidez de horarios en comidas y sueño en los bebés,  y al exceso de disciplina con  pocas muestras de afecto hacia los niños y aconsejó una actitud relajada, cariñosa y sensata, basada en el amor y el instinto. Su consejo a los padres se imprimía en la portada de su libro:” confía en ti mismo, sabes más de lo que crees”.

Se acusó a Spock de haber causado, quizá por mala praxis de sus consejos, una mala educación generalizada en los niños, agravada por alta permisividad, falta de atención real, exceso de trabajo y horarios disgregadores de los padres. Se pasó de un extremo al otro. Los niños actuales –nuestros nietos- en general carecen de límites claros para sus conductas, no saben controlar sus emociones e instintos y están casi esclavizados por las adicciones a pantallas, móviles y videojuegos, ante la pasividad culpable de los padres que también las padecen y se les escapa el problema de las manos.

Sin embargo los avances de las neurociencias dan la razón al Dr. Spock, aunque ponen límites razonables a determinadas conductas. Por ejemplo, nada de darles a los niños- casi bebés-  pantallitas para que dejen de llorar o no den la lata, dejar de gritarles, evitar en lo posible los castigos, nada de amenazas y tampoco pegarles: una relación regida por la razón y el amor. La relación con los menores ha de modificarse: ni “coleguismo”, ni disciplina  excesiva; los padres deben mantener su autoridad, teniendo claro que dicha autoridad debe estar basada en la justicia y la honestidad personal. Recuerden aquello de “no hagas lo que digo, haz lo que hago”. Amabilidad, cortesía y siempre educación. Eso se llama aprendizaje vicario. Y es el más efectivo.

Según Unicef , cuatro de cada cinco niños son sometidos a una educación violenta verbal o físicamente. El 80% de ellos recibe azotes o tortazos o son castigados duramente. Cuando esos niños crecen, buscan en las adicciones una salida o un consuelo.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 junio 2023 2 20 /06 /junio /2023 10:24

LOGOI 306

IA: APRENDIZ DE BRUJO

Se alzan voces por doquier sobre los efectos indeseados y la vampirización de conocimientos que comienza a ejercer la llamada Inteligencia Artificial (IA), desde la aparición de los “chatbots”. No solo los colegios profesionales o los pensadores del fuste del coreano Byung Chul Han, Naomi Klein, Zygmunt Bauman, Noam Chomsky, Noah Harari y otros…o el mismísimo padrino de la IA, Geoffrey Hinton, sino la globalidad de los profesores de la enseñanza a todos los niveles, escritores, periodistas y filósofos o del mundo del arte, desde la pintura a la música. Todos claman por una regulación político-técnico- legal del fenómeno IA.

La actual sociedad en casi todos los estamentos y jerarquías ha sido seducida por las promesas de la IA, hasta ahora pasto de los escritores de ciencia ficción y ahora muy ocupada socavando de forma descarada los fundamentos de la cultura humana, gracias a la tecnología descontrolada. ¿Cuál es el problema? Que, en última instancia, tratar de controlar la IA  es una decisión política. Y todos sabemos el oportunismo, cortoplacismo e intereses profundos  de supervivencia particular de la actual clase política en todo el mundo (con respetables  y escasas excepciones, que haberlas, haylas). La humanidad está haciendo con la IA el papel del “aprendiz de brujo”, aquel poema de Goethe, parábola de la falta de sentido común, que –por un descuido o un error- ponía en manos de un chiquillo ignorante las artes de la alta brujería (Disney lo reflejó en un Mickey adolescente  alborotando gracias a la varita mágica de su maestro ausente, con música de Paul Dukas como fondo).

¿Qué está haciendo, por ejemplo el ChatGPT?: entra a fondo, sin permiso alguno y sin medida, en el acervo común humano de ideas, datos, estudios e inspiraciones… y cocina y sirve un plato aparentemente brillante de manipulaciones, imitaciones y robos de ideas, ante la pasmada bobería del ciudadano. La palabra con la que se define el fenómeno es “alucinante”, vocablo que refuerza el carácter “mágico” de ese “chapapote digital”. Cuando en realidad es, como dice la Klein, “basura algorítmica”. No es, o no debería ser un rival de empleo, profesión o sabiduría para los humanos. Es una creación del ingenio humano que podría devorarlo.

No debemos frivolizar con la aparente banalidad de la IA (por otra parte, con interesantes aplicaciones tecnológicas en medicina e investigación). El problema es serio y requiere reflexión, serenidad y claridad de juicio. Lo cierto es que no es una “moda” o una “tendencia”. La IA ha venido para quedarse.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 junio 2023 2 20 /06 /junio /2023 10:17

LOGOI 307: CALIGULA TRUMP 

Albert Camus escribió para la escena, con resultados discretos, el drama “Calígula” en 1945, en la época en que el escritor estaba obsesionado con el absurdo de la existencia humana. La reescribió varias veces hasta que en 1957, estrenó una nueva versión. Evidentemente, Camus no llegó a conocer a Donald Trump, ya que murió en un accidente de automóvil en 1960. Pero por esas paradojas de la literatura en relación con la vida (ambas se retroalimentan mutuamente) el Calígula de Camus parece inspirar acciones, palabras y actitudes del ex presidente norteamericano.

Calígula se pavonea en escena y formula frases como  “Gobernar y robar es una misma cosa”. “Lo que más admiro es mi insensibilidad”. “Tengo necesidad de lo imposible ya sea la luna, la felicidad o la inmortalidad. Las cosas  tal cual son no me satisfacen”. “Soy el único hombre libre del imperio. Aunque siempre se es libre a expensas de alguien: enojoso pero aceptable”. Calígula maneja el poder sin límites morales de ningún tipo. Es codicioso, cínico, depravado y sanguinario. Vive en la “lógica” del absurdo total. El exceso trágico del personaje histórico recreado por Camus no podría existir en nuestra época –aunque algunos se han acercado: Stalin, Hitler, Ceausescu, Idi Amin, etc.- pero sí inspirar una comparación nada disparatada. Respecto a Trump hay una diferencia: la apasionada sumisión y apoyo de una buena parte de la sociedad  norteamericana que ignora todas las acciones, gestos y desafíos chulescos y delictivos de ese aprendiz de Calígula. Y no es un apoyo sostenido por el terror –como en los tiranos citados- sino por una incondicional admiración. A pesar de comportarse como un payaso carismático, se trata de un líder político corrupto, mentiroso, narcisista y agresivo, -otro ejemplo actual es el inglés Boris Johnson-, al que la miopía de sus adeptos convierte en héroe y “mártir”.

¿Se trata de miopía cognitiva, de simple estupidez o de un absurdo remedo de orgullo y vanidad que les hace echarse a los pies de un bufón porque no quieren reconocer que se han equivocado? No les importan los 37 cargos contra Trump por robos de documentos secretos, falsedad y obstrucción a la justicia. Ni sus llamamientos a la guerra civil –que ya ha causado víctimas-, ni las denuncias sexuales  o los apaños electorales y financieros…Según un columnista de “The New York Times”, Trump “trata a  la ley con el desdén de un capo mafioso; con la diferencia de que el capo hace  un mayor esfuerzo para cubrir sus huellas”. Como Calígula, Trump podría clamar: “El poder brinda una oportunidad a lo imposible. A partir de hoy y en lo sucesivo, mi libertad dejará de tener límites”. Y recibiría los aplausos y la complicidad de sus seguidores.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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