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28 noviembre 2021 7 28 /11 /noviembre /2021 12:59

EL “CAPITALVIRUS” CONTAGIA GLASGOW

(Reportaje publicado en “La Comarca” el 261121)

Creo que desde los tiempos de la Torre de Babel no ha habido mayor desacuerdo en una empresa humana común, como la vista en la COP 26 de Glasgow. Sólo que aquí no ha sido cuestión de idiomas diferentes sino de concepciones opuestas y enfrentadas sobre un solo y global problema: el cambio climático. Provocado, entre otras cosas, por la emisión de gases de efecto invernadero debido al uso de combustibles fósiles.  Analizando los debates habidos y las posturas de determinados países se llega a la conclusión de que cualquier tipo de diagnóstico del problema tiene que tener en cuentan la variante patológica del “capitalvirus” que ha hecho estragos en Glasgow. La Conferencia de las Partes o COP es el órgano supremo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC). En ella, los jefes de Estado y de Gobierno, o en su nombre los ministros, toman decisiones para intentar mitigar los efectos de la crisis climática derivados de la acción humana. Eso es la teoría. Lo cierto es que la COP (deberían ser las siglas de “Coopera O Perece”) ha sido un teatro de marionetas de alcance mundial, rodeado de las marchas populares de protesta (más de 100.000 personas) los encadenamientos de científicos en el puente George V de Glasglow y los informes negacionistas o negocionistas amparados “científicamente”, contrapuestos a otros muy alarmantes de entidades científicas tan serias como el colectivo Scientist Rebellion o la famosa Climate Action Tracker que asegura que, aunque se aplicaran muchos de los acuerdos parciales, aún así rechazados por algunos países, la temperatura a final de siglo puede llegar a los 2,4 º C . Eso supondría la aparición de los nuevos Jinetes del Apocalipsis: la contaminación letal, el calor, la sequía, las inundaciones costeras, el hambre, pandemias, el estado bélico total ante las inmigraciones masivas, la escasez de agua potable y de alimentos… el Bosco y Brueghel como profetas de una realidad del horror. Y los despliegues cínicos de los “lobbyes” que se benefician del consumo de combustibles fósiles, con más poder efectivo en sus manos que  el conjunto de los países ricos.

Las medidas de “control” basadas en la  compraventa de derechos de emisión de tales gases o las por ahora utópicas tecnologías de “captura” de esos gases, se deberían desestimar por ineficaces. Incluyendo, por ejemplo, las controvertidas plantas de carbón que tienen sistemas para “almacenar” en el subsuelo sus gases residuales o los visionarios que hablan de un “casquete” de diamantes en torno al planeta que filtraría las emisiones solares). Estas parten de un principio evidente: mantener el uso de combustibles fósiles y la emisión de gases sobre todo en beneficio de países como Arabia Saudi, Brasil, Australia, EE.UU. India, China y Rusia, entre otros, que oscilan cínicamente entre el negacionismo y las fantasías de supuesto control. Y ante las evidencias de que el clima está mutando y ya empiezan a verse los efectos perniciosos, confían en un “deus ex machina” del futuro que lo solucionará todo en el último momento. Vamos, como el 7º de caballería de los western de antes.

No hace falta ser un Maquiavelo para percibir en pleno funcionamiento por los pasillos y salones, intervenciones, excusas y negaciones, incluso en los descafeinados “tratados” aprobados, los efectos perniciosos del “capitalvirus”, el poderoso caballero cuyo omnímodo bastón de mando dirige la ceguera internacional de muchos países, de toda la gama ideológica –eso en estos tiempos sólo tiene un valor testimonial-. Por aquí tenemos un dicho cuyo egoísmo, insolidaridad e ignorancia claman al cielo: “el que venga atrás que arree”. Pero ya no hay quien “venga atrás”. Las generaciones vivas son las que van a sufrir las consecuencias de la codicia de beneficios que no permite ver que tenemos una bomba de extinción programada sobre la mesa de la Humanidad.

Los acuerdos son escandalosamente hipócritas y obtusos respecto a la realidad: se pide con gran miramiento (no vayan a enfadarse los países que se lucran) que se eliminen “gradualmente” las emisiones de los combustibles fósiles y los subsidios (además las subvencionamos), se aconseja crear un fondo para compensar “pérdidas y daños” causados por los estragos climáticos  que van a llegar y, curiosamente, se mantiene “vivo” el objetivo de reducir el calentamiento global para no sobrepasar el 1,5 ºC. ¿Es una broma o es que la idiocia o idiotismo se ha apoderado del género humano? Es decir, se acepta la realidad de las crisis, pero se ajusta su percepción y contra medidas a los intereses de los países que se benefician de ella y se regatean compensaciones a los países en desarrollo que seguirán consumiendo y algunos produciendo en su territorio –beneficiando a los países ricos-  el mismo tipo de combustible fósil que nos lleva raudos a una crisis climática sin precedentes.

Se ha propuesto otra COP para el próximo año en Sharm el Sheij, ciudad balneario egipcia entre el desierto del Sinai y al Mar Rojo. Una elección que muestra la hipócrita inconsciencia de nuestros respetables –no respetados- mandamases. La COP 26 ha sido una tomadura de pelo y la 27 dará ocasión para que el Congreso se divierta. Total, sólo nos estamos jugando el futuro humano. ¿De qué nos sirve las buenas intenciones pactadas como que EE.UU. y China negocien la reducción de sus respectivas emisiones de esos gases (aunque ni Pekin, ni Moscú ni India han aceptado incluir al metano en esos pactos)? ¿O que 114 Estados acuerden acabar con la deforestación para el 2030 (quedará algún árbol  en el Amazonas para esa fecha)? ¿Saben que todo lo acordado en la COP26 no tiene carácter vinculante? ¿Recuerdan que en el 2014 ya se pactó terminar con la deforestación y no se ha hecho nada al respecto en los últimos 7 años? ¿Sabían que en el acuerdo final se cambió la frase “eliminación gradual” del uso del carbón, por el de “reducción progresiva”, gracias a presiones de algunos países encabezados por India?

No hay pactos globales, ni calendarios fijos de actuación, ni normativas de obligados cumplimientos, ni entidad internacional que los revise. Y mientras, en sólo once años,  tendremos encima la “tormenta perfecta” medioambiental. Las COP no hacen más que reducir al mínimo común denominador las disensiones entre los Estados. El tímido primer paso para reducir el uso y la extracción del carbón, el petróleo y el gas y los subsidios que hasta ahora lo protegían, en la realidad no es más que papel mojado, un mero apaciguamiento teórico sin medidas operativas. Llamar “documento histórico” a este fiasco político-administrativo internacional como hizo el vicepresidente de la Comisión, Frans Timmerman, es verdad, pero en un sentido opuesto al que le dio el insigne burócrata: es histórico en la medida que es tristemente histórica la oportunidad que se ha perdido de implementar una actitud operativa eficaz para terminar con una situación que los científicos declaran “código rojo para la Humanidad”. Los “estilos de vida insostenibles y patrones de consumo derrochadores” de los países ricos como acusaba, con razón,  el delegado de la India para justificar (sin razón) su propio uso abusivo del carbón, en las últimas horas de la prórroga de la Cumbre, fue una maniobra comprensible pero no justa ni pertinente.

Quizá va siendo hora de que los países ricos y los pobres lleguen a acuerdos económicos compensatorios justos y equilibrados que enfoquen la reducción drástica, progresiva y regulada de la emisión de gases invernadero, a través de un organismo internacional transparente con capacidad jurídica y ejecutiva global que responda de una política común anti-desastre climático, por encima de Gobiernos e ideologías. Lo cual, en este momento, es utópico, aunque posible en un futuro próximo.

Tras esta COP26, la decepción y los augurios nefastos se han disparado y la meta de no superar el umbral del 1,5ºC para fines de siglo, se presenta tan utópica e irrealizable como que exista un consenso que supere la brecha riqueza-pobreza y se acuerde unos fondos que compensen la desigualdad. Ya en 2020 en Paris se aprobó un fondo anual de 100.000 millones de dólares que nunca vio la luz. Ahora se ha pedido que en 2023 se ponga en marcha por fin tal fondo. El “capitalvirus” es inclemente, ya sea por exceso o por defecto. Y como el “coronavirus”, no entiende de fronteras, de Gobiernos o de entidades supranacionales. El “capitalismo verde” es un oxímoron. El culpable directo o directo de la situación es el capitalismo estructurado desde la Revolución Industrial hasta nuestros días,  que se disfraza de tecnología verde. El problema es el sistema de vida creado por el “capitalvirus”. Hay que cambiar el sistema. Y debe ser con una dinámica evolutiva y democrática, no revolucionaria…pero sí honesta, firme y solidaria.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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22 noviembre 2021 1 22 /11 /noviembre /2021 19:27

LOGOI 227: LA MAGDALENA

Publicado el 231121 en La Comarca

Más que una cita literaria, es un tópico. La magdalena de Proust. El sabor de un trozo de magdalena mojado en té tibio ocasiona al autor francés un “reencuentro mental son el (su) tiempo perdido”. Pero convertir ese efecto de la memoria involuntaria, de la “reverie” o ensueño o del “dejà vu”, en un  análisis de literatura comparada con incursiones en el cine o la pintura, es el logro cultural exquisito que nos brinda un profesor de la UAB, Lluís Quintana Trias. “El instante recuperado” es el precioso título de su libro (editado por Fragmenta). La lectura de su apasionante viaje literario ha suscitado en mí una reflexión.

Miren, uno de mis pesares es la falta de calado cultural que percibo en adolescentes y  jóvenes. He protestado por una educación sin clásicos, he cargado contra una educación sin ética, sin puntos de referencia, sin inquietud cultural parental (de tales palos estas astillas), sin educación social o vecinal o ciudadana, sin valores, sin reflexión, sin ortografía, sin capacidad de articular un pensamiento o un argumento, casi sin vocabulario y…casi sin sentimientos expresables y emociones no traducidas en emoticones. Ya sé, no son todos así.  Pero cada vez hay más “letrasados”.

La cultura clásica que reclamaba, la afición de leer estimulada y compartida por los padres, el “relato” de una sociedad que crea y favorece el entendimiento profundo y súbito entre las personas que lo comparten, causa uno de los fenómenos  gratificantes de la vida. Un fenómeno basado en esa “memoria involuntaria” preconizada por Quintana: la hermandad instantánea entre dos personas que rememoran casualmente un determinado detalle literario,  el personaje de una obra clásica una escena de película o teatro, la fuerza de una sonata famosa.  Me he encontrado con sujetos que no conocía con los que, con gratísima sorpresa, por un hecho o unas palabras sin aparente relación, rememoraba una experiencia sensitiva del pasado. Y así compartía admiración por un chiquillo travieso llamado Guillermo Brown, por el pirata Sandokan, por un gascón espadachín llamado D’Ártagnan o por el capitán Nemo, por el Pequeño Príncipe o la persecución de una ballena blanca. Ese sujeto desconocido se convertía tras esa casual rememoración en un hermano de emociones compartidas ¿Tienen nuestros jóvenes “magdalenas de Proust” que les acerquen entre sí? ¿Son conscientes del tesoro oculto que nos ofrece cada “instante recuperado”?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 noviembre 2021 4 18 /11 /noviembre /2021 19:38

ZWEIG, BENJAMÍN Y EL“ANGELUS NOVUS”

Publicado el 161121 en “Heraldo de Aragón”

“Para los hombres de hoy, que hace tiempo excluimos del vocabulario la palabra ‘seguridad’, como un fantasma, nos resulta fácil reírnos de la ilusión optimista de aquella generación (finales del XIX), cegada por el idealismo, para la cual el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz”. Es la voz nostálgica y dolorida de un gran escritor, Stefan Zweig, en su obra póstuma, la bellísima “El mundo de ayer. Memorias de un europeo”. El intelectual austríaco de origen judío se suicidaría –en su exilio en Brasil- antes de ver publicada esta obra, con 61 años, desquiciado por los avances de los nazis al comienzo de la II Guerra Mundial que le hicieron presagiar un mundo fanatizado y brutal, dominado por los fascismos más crueles y un progreso técnico que cambia la vida pero no la mejora en lo más esencial: la solidaridad y la igualdad entre los hombres.

Por esos paralelismos “casuales”  de los que la historia está llena (Jung los llamaba “sincronicidades”, dándoles un valor causal debido a un orden no lógico o racional) dos años antes de ese suicidio, el 26 de setiembre de 1940, en la localidad española de Port Bou se suicidaba un filósofo y sociólogo de lengua alemana, también judío, Walter Benjamín, a los 48 años. El miedo a ser deportado por la policía española y entregado a la Gestapo provocó esa decisión fatal. Y precipitada, pues unos días más tarde hubiera podido cruzar España y embarcarse en Lisboa hacia Estados Unidos.

Un año y medio antes, en febrero de 1939, a pocos kilómetros de Portbou, en Colliure, había muerto Antonio Machado. Benjamín dejó un nota que podría haber servido para Machado: “En una situación sin salida, no tengo otra elección que la de terminar. Es en un pequeño pueblo situado en los Pirineos, en el que nadie me conoce, donde mi vida va a acabarse… No dispongo de tiempo suficiente para escribir todas las cartas que habría deseado escribir”. Era un tiempo en que la inteligencia y sensibilidad eran barridas de la faz de la tierra, por el simple hecho de ser judío o de no ser fascista.

El “Ángelus Novus”, ese grabado de Paul Klee que acompañó muchos años a Benjamín, volvía a convertirse en símbolo trágico de un proceso y curso de la historia que aterrorizaba incluso a los ángeles. En el grabado, el ángel, con los ojos y la boca abiertos de puro horror, se siente arrastrado hacia el futuro con las alas inútiles desplegadas, pero su mirada se dirige al pasado “allí donde nosotros vemos un encadenamiento de hechos, él ve una única catástrofe que acumula incesantemente una ruina tras otra, arrojándolas a sus pies”. El curso de la historia, dice Benjamin, no está dirigido al progreso de la técnica y el bienestar humanos, sino que es “una tempestad” que se ha enredado en las alas del ángel y lo empuja hacia el futuro. Una tempestad, que viene del pasado, se enquista en el presente y reinará en el futuro. “Esa tempestad es lo que nosotros llamamos progreso”, escribe Benjamin, como un eco trágico de las reflexiones y los temores de Zweig.

La parábola del “Ángelus Novus” –el grabado de Klee ahora se encuentra en Jerusalén, en el Museo del Holocausto- pertenece a las fragmentarias reflexiones de Benjamin, en su “Tesis sobre el concepto de historia”. En estos fragmentos profundos y sugestivos Benjamín hace una observación que Zweig repite a menudo con otras palabras en su libro póstumo: “Nada hay menos filosófico que el asombro porque las cosas que estamos viviendo sean ‘todavía’ posibles en el siglo XX “.   Imagínense en el actual. Por lo tanto debemos aceptar el diagnóstico de Benjamín: la concepción de la historia que tenemos no se sostiene. ¿Por qué?  Tal vez porque hemos confundido el deseo de lo que tendría que ser el progreso en nuestro tiempo con la praxis del proceso histórico que incluye la barbarie como sistema económico y como comportamiento humano. Ya que “jamás se da un avance de cultura –como tecnología-sin que lo sea también de barbarie” ya que ésta contagia el proceso de transmisión.

Como apostillaba Zweig, “Tenemos que dar la razón a Freud cuando afirmaba ver en nuestra cultura y en nuestra civilización tan solo una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada por las fuerzas destructoras de la barbarie. Es preciso acostumbrarse a vivir sin suelo firme bajo nuestros pies, sin derechos, sin libertad, sin seguridad”. Y es que “la tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en que vivimos es la regla y hay que llegar a un concepto de historia que le corresponda” (Benjamín).

El ángel de Klee es la metáfora del momento actual que vivimos, con una crisis sistémica que subsume varias crisis. Una especie de “tormenta perfecta” planetaria. El ángel toma voz en el poema de Gerhard Scholem: “Tengo prontas las alas para alzarme/con gusto volvería hacia atrás/porque, si sigo siendo tiempo vivo,/  la desgracia me atrapará”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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17 noviembre 2021 3 17 /11 /noviembre /2021 19:38

ZWEIG, BENJAMÍN Y EL“ANGELUS NOVUS”

Publicado el 161121 en “Heraldo de Aragón”

“Para los hombres de hoy, que hace tiempo excluimos del vocabulario la palabra ‘seguridad’, como un fantasma, nos resulta fácil reírnos de la ilusión optimista de aquella generación (finales del XIX), cegada por el idealismo, para la cual el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz”. Es la voz nostálgica y dolorida de un gran escritor, Stefan Zweig, en su obra póstuma, la bellísima “El mundo de ayer. Memorias de un europeo”. El intelectual austríaco de origen judío se suicidaría –en su exilio en Brasil- antes de ver publicada esta obra, con 61 años, desquiciado por los avances de los nazis al comienzo de la II Guerra Mundial que le hicieron presagiar un mundo fanatizado y brutal, dominado por los fascismos más crueles y un progreso técnico que cambia la vida pero no la mejora en lo más esencial: la solidaridad y la igualdad entre los hombres.

Por esos paralelismos “casuales”  de los que la historia está llena (Jung los llamaba “sincronicidades”, dándoles un valor causal debido a un orden no lógico o racional) dos años antes de ese suicidio, el 26 de setiembre de 1940, en la localidad española de Port Bou se suicidaba un filósofo y sociólogo de lengua alemana, también judío, Walter Benjamín, a los 48 años. El miedo a ser deportado por la policía española y entregado a la Gestapo provocó esa decisión fatal. Y precipitada, pues unos días más tarde hubiera podido cruzar España y embarcarse en Lisboa hacia Estados Unidos.

Un año y medio antes, en febrero de 1939, a pocos kilómetros de Portbou, en Colliure, había muerto Antonio Machado. Benjamín dejó un nota que podría haber servido para Machado: “En una situación sin salida, no tengo otra elección que la de terminar. Es en un pequeño pueblo situado en los Pirineos, en el que nadie me conoce, donde mi vida va a acabarse… No dispongo de tiempo suficiente para escribir todas las cartas que habría deseado escribir”. Era un tiempo en que la inteligencia y sensibilidad eran barridas de la faz de la tierra, por el simple hecho de ser judío o de no ser fascista.

El “Ángelus Novus”, ese grabado de Paul Klee que acompañó muchos años a Benjamín, volvía a convertirse en símbolo trágico de un proceso y curso de la historia que aterrorizaba incluso a los ángeles. En el grabado, el ángel, con los ojos y la boca abiertos de puro horror, se siente arrastrado hacia el futuro con las alas inútiles desplegadas, pero su mirada se dirige al pasado “allí donde nosotros vemos un encadenamiento de hechos, él ve una única catástrofe que acumula incesantemente una ruina tras otra, arrojándolas a sus pies”. El curso de la historia, dice Benjamin, no está dirigido al progreso de la técnica y el bienestar humanos, sino que es “una tempestad” que se ha enredado en las alas del ángel y lo empuja hacia el futuro. Una tempestad, que viene del pasado, se enquista en el presente y reinará en el futuro. “Esa tempestad es lo que nosotros llamamos progreso”, escribe Benjamin, como un eco trágico de las reflexiones y los temores de Zweig.

La parábola del “Ángelus Novus” –el grabado de Klee ahora se encuentra en Jerusalén, en el Museo del Holocausto- pertenece a las fragmentarias reflexiones de Benjamin, en su “Tesis sobre el concepto de historia”. En estos fragmentos profundos y sugestivos Benjamín hace una observación que Zweig repite a menudo con otras palabras en su libro póstumo: “Nada hay menos filosófico que el asombro porque las cosas que estamos viviendo sean ‘todavía’ posibles en el siglo XX “.   Imagínense en el actual. Por lo tanto debemos aceptar el diagnóstico de Benjamín: la concepción de la historia que tenemos no se sostiene. ¿Por qué?  Tal vez porque hemos confundido el deseo de lo que tendría que ser el progreso en nuestro tiempo con la praxis del proceso histórico que incluye la barbarie como sistema económico y como comportamiento humano. Ya que “jamás se da un avance de cultura –como tecnología-sin que lo sea también de barbarie” ya que ésta contagia el proceso de transmisión.

Como apostillaba Zweig, “Tenemos que dar la razón a Freud cuando afirmaba ver en nuestra cultura y en nuestra civilización tan solo una capa muy fina que en cualquier momento podía ser perforada por las fuerzas destructoras de la barbarie. Es preciso acostumbrarse a vivir sin suelo firme bajo nuestros pies, sin derechos, sin libertad, sin seguridad”. Y es que “la tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en que vivimos es la regla y hay que llegar a un concepto de historia que le corresponda” (Benjamín).

El ángel de Klee es la metáfora del momento actual que vivimos, con una crisis sistémica que subsume varias crisis. Una especie de “tormenta perfecta” planetaria. El ángel toma voz en el poema de Gerhard Scholem: “Tengo prontas las alas para alzarme/con gusto volvería hacia atrás/porque, si sigo siendo tiempo vivo,/  la desgracia me atrapará”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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16 noviembre 2021 2 16 /11 /noviembre /2021 16:34

LOGOI 227

PERSONA 2.0

Publicado en La Comarca 161121

La Filosofía, esa materia que nos enseña a pensar, tan devaluada y banalizada, ha trabajado desde sus inicios griegos o chinos sobre la mejora de la persona, sus cualidades y defectos, sus principios éticos y sus valores. Características básicas, en un entramado de derechos y obligaciones, que han sido avaladas por la historia y el tiempo. Pero nunca hasta ahora, todo ese “paquete conceptual” que nos hace humanos, ha sido cuestionado tan drásticamente por una amenaza que se cierne sobre la Humanidad: la capacidad de la actual tecnología de “reinventar” al ser humano. No sólo se está produciendo un cambio de costumbres, hábitos y necesidades que alteran la vida cotidiana al ritmo inevitable del progreso tecnológico –impulsado por un capital sin control- sino que, siguiendo su lógica invasiva, la tecnología digital ya propone cambios de tipo anatómico, médico y psicológico que crearán un binomio  persona-máquina integrada. Una persona 2.O que, aún así, no eliminará sus características negativas: ambición, codicia, emociones y deseos incontrolables, envidia y crueldad.

Somos esclavos de la cultura tecno. El móvil es el paradigma de la vulnerabilidad que padece una sociedad controlada por sus aparatos digitales. Somos individuos voluntariamente psico dependientes de nuevas y dinámicas versiones de “juguetes” que no cesa de proporcionarnos un mercado ávido y omnipresente. Se nos seduce con una propagando permanente de ofertas de “información” y “placer”. Tan solo a cambio de nuestra libertad, autonomía, dinero…y futuro.

Sin duda ya existen individuos conscientes y realmente informados que tratan de asegurar los principios y valores de los que hablábamos y  de encontrar un equilibrio entre el uso de las nuevas tecnologías y una evaluación humana de la existencia. Van apareciendo denuncias contra los cantos de sirena del Sistema, diseñado por las Empresas que todos conocemos. Plantean una tercera vía en la que la tecnología preserve los valores democráticos y humanos y facilite un desarrollo auténtico de las personas, basado en el diálogo, la tolerancia, la cooperación y la diversidad.

Atención, pues, al cambio progresivo de los viejos y corruptos Sistemas de poder. Que no nos cuelen uno que establezca como norma el control, el autoritarismo y la dependencia tecnológica. China es una muestra.

Alberto Díaz Rueda

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13 noviembre 2021 6 13 /11 /noviembre /2021 08:38

.En estos días he trabajado en los libros de Eilenberger sobre autores y autoras de ese arco terrible de la primera mitad  del siglo XX ("Tiempo de magos" y "El fuego de la libertad") y mis lecturas de Hanna Arendt y Walter Benjamin, han provocado la relectura de "El mundo de ayer" para completar datos y percibir una vez más el cordial y atractivo encanto de este autor.

Uno de los autores que ha tenido presencia constante en mi vida, desde mi ya muy lejana adolescencia y  juventud, en los años sesenta y setenta, del pasado siglo, fue Stefan Zweig, al que leía en las ediciones baratas de Plaza Janés o Bruguera, no demasiado bien traducido y por supuesto bastante "aligerado" de páginas. "El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", es una obra que releo cada diez o quince años o cuando, por las lecturas del momento, resulta necesaria para completar  aspectos de la realidad histórica, que han sido tratado de forma magistral -y muy personal- por el escritor judío, austriaco de lengua alemana. Su adscripción al mundo de Weimar y sobre todo a los tiempos sombríos de las dos guerras mundiales, proporciona al lector o estudioso de esos años la opinión de un testigo de excepción.

Se trata más que de una obra autobiográfica, como se estima generalmente, de unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la llamada Gran Guerra y después en el pequeño y engañoso respiro de entre guerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y en concreto de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y dolido por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil), que  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigésimo tercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rochtschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como el de París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt, Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein, todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

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10 noviembre 2021 3 10 /11 /noviembre /2021 10:50

 

"Nunca el individuo ha estado tan a merced de la colectividad ciega y nunca los seres humanos han sido más incapaces de someter sus acciones al pensamiento y hasta solo de pensar...como en la forma actual de la civilización...vivimos en un mundo en el que nada se corresponde con las dimensiones humanas". Este es el realista -y tan actual- diagnóstico de la sociedad de su tiempo (primera mitad del siglo XX), realizado por una pensadora judía de renombre, Simone Weil, (1909-1943) que moriría con 34 años de voluntaria inanición y tuberculosis y tuvo una vida desolada, problemática e insatisfactoria pero dotada de una energía y una capacidad de análisis y pensamiento excepcionales. Tanto el libro de Josep Otón como  el de Wolfram Eilemberger (dedicado a Simone de Beauvoir, Ayn Rand y Hanna Arendt, conjuntamente con la Weil) nos retan a intentar comprender la trayectoria de esta intelectual judía, acomplejada y genial, cuya honestidad, rigor y misticismo final conforman una figura que acaba siendo enigmática pero estimulante.

El libro de Otón que comento tiene una deriva fuerte hacia el misticismo de la pensadora, cuya falta de sentido práctico y exceso de auto exigencia -convertido en un impulso hacia el auto sacrificio y la flagelación personal realmente notables-  constituyen un sorprendente  desafío para la coherencia y firmeza de su pensamiento filosófico y político. Y aún así la lucidez y energía de éste son tan brillantes que merecen una atención especial, lastrada por la relativa escasez del material escrito y las extrapolaciones, sobre todo en sus últimos años de su breve vida, de los elementos místicos que enriquecen la figura humana de Weil y singularizan la su teórica política y creación filosófica .

Esa fuerza interior que arrasaba de pura pasión de acción todas las barreras del sentido común, fue la que llevó a Weil a pedir a De Gaulle que aceptara una propuesta casi suicida: formar un cuerpo de enfermeras de primera línea de combate que auxiliara a los caídos en la batalla, aunque probablemente ellas irían cayendo también. De Gaulle, dicen,  que exclamó: "Esa mujer está loca" y ordenó que le dieran trabajos burocráticos que acabaron con la paciencia y el raciocinio de la brillante pensadora. En Londres y a causa de una tuberculosis agravada por la inanición voluntaria, le decía a las enfermeras que la comida y los medicamentos que le eran destinados fueran enviados a personas más necesitadas que ella, que mal vivían en los suburbios). Años antes, tras caer herida en un accidente durante la Batalla del Ebro (se había enrolado en la Brigada Durruti) se agudizaría el estado permanente de duda metafísica de Simone. Al silencio de Dios ante los horrores del Holocausto judío se unía la ausencia de su apoyo a las causas de los menesterosos machacados por los fascismos desatados en Europa.El destino de millones de personas vulnerables que padecían, eran asimilados por la Weil como un contagio de compasión e impotencia contra el que no podía oponer ni su débil persona ni su arte literario y su inteligencia social y política, ni su empatía dolorosa e inútil.

Oton analiza los aspectos místicos y espirituales que van acompañando las vivencias dramáticas de su biografiada. Muestra una evidente admiración hacia las decisiones personales que son el reflejo patético de tales pensamientos y creencias. El abandono de las comodidades económicas y reconocimiento intelectual y social que Weil merecía  por su riqueza de creatividad filosófica, profesorado, libros, conferencias, evolución de ideas y solidez de planteamiento socio político (a la altura de Simone Beauvoir o Hanna Arendt) y su dedicación plena a los más necesitados y a la defensa de nobles causas conflictivas, marcan una particularidad asombrosa en el destino de esa mujer: el sacrificio personal por unas ideas en peligro de destrucción. Como Stefan Zweig o Walter Benjamin, la Weil prácticamente se suicidó por incapacidad de aceptar vivir en un mundo donde los totalitarismos fascistas llegaran al poder.

Nuestro autor opina - y esta es su tesis principal- que "no hay ningún tipo de ruptura entre la Weil revolucionaria y comprometida con la lucha obrera y la Weil mística dedicada a la búsqueda religiosa. No son dos personas, ni dos etapas de la vida marcadas por una brecha biográfica. Hay una continuidad, se trata de la misma trayectoria con dos fases diferenciadas, no tanto por el contenido como por el lenguaje empleado, que ayuda a tomar conciencia de la dimensión trascendente de la labor social realizada a lo largo de toda su vida". 

Resumiendo: un libro imprescindible para los estudiosos de una de las mentes femeninas más interesantes del siglo XX,. Y para los lectores que se sientan inquietos ante los paralelismos entre aquellos tiempos sombríos que denunció Simone Weil y lo que nos viene en los nuestros.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHA

SIMONE WEIL: EL SILENCIO DE DIOS.- Josep Otón.- Fragmenta editorial.220 págs..

             

 

 


 

 

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9 noviembre 2021 2 09 /11 /noviembre /2021 15:51

LOGOI 226: METAVERSO

(Publicado en “La Comarca”, 091121)

Antes el futuro lo definían los políticos o economistas, haciendo lo que mejor les va, mintiendo y exagerando a favor suyo. Al chiringuito se unían algunos colegas serios de las secciones de opinión o reportajes a fondo, de periódicos o tv. y éstos devolvían triturada la imagen del futuro que nos  vendían, convertida en papilla por la apisonadora de la realidad y el sentido común. Por fin llegaban los ensayistas y a base de datos y estadísticas o simple olfato histórico nos pintaban un futuro, ora nauseabundo ora utópico. Por eso, el ciudadano necesitaba un profeta acorde con los tiempos que vivimos (que más que tiempo es un espejo desquiciado  que refleja las prisas y la cruel banalidad del siglo XXI). Y apareció el todopoderoso dios del universo digital, Mark Zuckerberg, que reina en los cielos de Facebook. Como dijo el coreano Byung-Chul Han, mi filósofo preferido después de Epicuro, en el mundo existen cosas y no-cosas y las segundas van ganando la batalla. Mark se ha inventado un universo paralelo, el Metaverso, que es una no cosa, diseñada para no individuos (avatares deshumanos) que pasan aventuras fabulosas en un no mundo, en el que no se usan las cosas, sólo las consumimos, pues son no cosas. Vamos a vivir tan contentos en un mundo paralelo, mientras que el real se nos derrumba entre tempestades, pandemias y radiaciones solares sin filtro. Y ese “vamos” es un broma siniestra: serán nuestros avatares los que lo pasarán pipa (según M.Z.): desde viajar al mundo de Blade Runner o al del Mago de Oz, hasta tener un encuentro íntimo con Ambar Anderson o Anna Taylor o con Tom Holland, según los gustos. Seguramente el Metaverso será adictivo y las personas frustradas con la vida real (no daré estadísticas, sería sadismo) podrán apañarse con su éxito planetario en un metaverso hecho a su medida.

Señores, menudo futuro nos vaticina MZ. Todos encerraditos en casa: bastará un cuchitril con cama, lavabo y cocina, qué ahorro. Y salir de vez en cuando a comprar alimentos con el dinero virtual que ganemos con nuestro trabajo digital. Porque eso sí, aunque MZ no lo diga, el dichoso cuerpo físico, el pobre ser desechable, tiene sus exigencias. Hay que alimentarlo, hacer un ejercicio mínimo y atender otras necesidades básicas. Hasta que MZ los convierta en fuentes de energía: seres encapsulados que viven en el universo paralelo de Matrix.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 noviembre 2021 2 02 /11 /noviembre /2021 13:44

LOGOI 225

MATAR A LOS CLÁSICOS

(publicado en la Comarca, 021121)

Pertenezco a la Asociación Cultura Clásica desde hace años, no por mi dominio del latín y el griego (medio olvidados tras el bachillerato) sino por mi convicción de que griegos y romanos crearon las claves humanísticas de la vida cotidiana europea, sin las cuales la persona se encuentra desraizada y se desvincula de la sabiduría que nos aporta ese pasado, para poder entender y mejorar la percepción del presente que vivimos.

En el nuevo bachillerato, la presencia de la Cultura Clásica queda diluida en una amalgama de materias, entre las que apenas brilla la presencia de la filosofía elemental. El hecho es que las asociaciones de cultura clásica en todo el país convocan una manifestación el próximo sábado ante el ministerio de Educación en Madrid contra el hecho de que las materias de Cultura Clásica no se consideren necesarias para el currículo escolar.

En 1929 Ortega escribía: “en este país se ha mostrado un gran desdén hacia lo clásico: es muy frecuente entre nosotros la creencia de que a la palabra "clasicismo" no corresponde realidad alguna y que es apta, a lo sumo, para fáciles ampliaciones de una retórica extemporánea...sin embargo tras ese vocablo alienta místicamente la realidad más granada y plenaria, pues tengo a lo clásico, no sólo por el embrión de la cultura, sino por el sentido perenne de ella."

¿No olvidamos algo tan lógico como la necesidad de equilibrar los excesos estresantes de una civilización mega tecnológica con la serenidad llena de sentido de sus clásicos? ¿Notan una falta de conexión de la enseñanza con las demandas de la vida personal, unida  a la falta de orientación? Por ello resulta suicida el ignorar la cultura clásica. Abundan los “Letrasados”, analfabetos verticales, el producto de una educación en la cual ha prevalecido el pragmatismo del empleo futuro, la preponderancia de los estudios tecnológicos de informática, comunicación e ingenierías, basadas en las recetas neoliberales de gestión y estudios de mercado

 Como escribía Martha Nussbaum: “en la medida en que se recorta el presupuesto asignado a las disciplinas humanísticas, se produce una grave erosión en las cualidades esenciales para la vida misma de la democracia”. Después de tantos siglos, en el  XXI, al fin, la barbarie y la ignorancia matan a los clásicos.

Alberto Díaz Rueda

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1 noviembre 2021 1 01 /11 /noviembre /2021 11:55

(Publicado en la revista “Compromiso y Cultura”, noviembre 2021)

El pensamiento griego lo señaló de una forma evidente: la idea de la belleza está vinculada con la idea de orden del “kosmos”. Desde Pitágoras, Anaxágoras o Sócrates, lo bello es la proporción, la armonía que preside el universo. Algo que despierta en los seres humanos el arrobo, la maravilla, un estado de contemplación que capta el orden y el equilibrio perfectos e indiferentes a la mirada del hombre, que están subyacentes a lo real en que estamos inmersos. Simone Weil afirmaba que cualquier artista genuino, escritor, poeta, escultor, pintor, músico o algunos científicos enamorados de su facultad de conocer los misterios que les rodean, han tenido en algún momento de sus vidas un contacto real, directo e inmediato con la belleza del mundo.  Un instante iniciático que ha influido en ellos de una forma esencial. Ya que en el macrocosmos del Universo destaca, por su paralelismo de complejidad, el microcosmos del cuerpo humano y de su increíble y fascinante cerebro (verdadero espejo holográfico del universo). Pues bien, tanto Caspar Henderson (“El mapa de las maravillas”), como  Camilla Pang (“Cómo ser humano”), ambos libros editados por Ático de los Libros, ilustran esta reflexión que vehicula la relación entre el mundo y la persona y lo hacen de una  forma que convierte en una fiesta intelectual la lectura alterna o consecutiva de estos libros.

Camila Pang. Doctora en Bioquímica y especialista en bio informática translacional, podría ser el paradigma viviente de esa característica del ser humano que le abre las puertas al conocimiento: la facultad de asombrarse, buscar con insaciable curiosidad el porqué de las cosas y en ese intenso camino llegar a sentir la maravilla del mundo y del propio ser. ¿Por qué el paradigma? Porque Camilla padece desde niña un trastorno del espectro autista (TEA), trastorno por déficit  de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno de ansiedad generalizada (TAG), trastorno de procesamiento sensorial (TPS) y el Síndrome de Asperger que como ella misma dice en su libro. “es una forma de autismo altamente funcional que te hace demasiado normal para ser autista y demasiado rara para ser neuro- típicamente normal”. Vive a caballo entre dos mundos diferentes. Pues bien, este prodigio de criatura ha ganado con 28 años el premio de la Royal Society Scientific Book, siendo el científico/a más joven y la primera “neuro- divergente” que lo ha recibido.

Esta inglesa de origen asiático ha usado el modelo de funcionamiento informático para analizar las actitudes, impulsos, razonamientos y comportamientos humanos, añadiendo a este análisis la mirada desde la alteridad, la extrañeza como acicate para vernos como realmente somos los humanos. Podría ser la privilegiada mirada de un “entomólogo marciano” que está abierto a todo conocimiento sin condicionantes previos sobre una especie que le es familiar, pero a la que no puede, biológica y psicológicamente, entender (y de la que está separada emocionalmente, por falta de un código compartido con ella, debido a sus propias alteraciones neurológicas).

Esa visión innovadora de la doctora Pang tiene un efecto sorprendente en el lector no aquejado de esos trastornos. Los esfuerzos que la autora hace por explicarse-nos lo que percibe nos enriquece y nos sorprende: tras leer el libro sentimos una maravillada sorpresa por la visión de ciertas complejidades nuestras para las que no teníamos una perspectiva tan nueva y reveladora.

Los capítulos dedicados a explicarnos lo que son las proteínas y su funcionamiento, el aprendizaje automático y sus claves o el comportamiento humano, con sus conflictos y perplejidades, o las relaciones humanas y las exigencias de la cortesía y las emociones, observados a través de la lente de la química molecular, constituyen una grata entrada a la Cueva de las Maravillas.

Las limitaciones relacionales que la autora sufre le permite ofrecernos una información valiosa sobre las tácticas utilizadas por ella para impedir  que el “ruido sensitivo”, los déficits de atención o los excesos emocionales logren desencajar las situaciones que vivimos. Paradójicamente resultan útiles y adecuados para los que nos consideramos “normales”. Más de 30 años de ejercer la psicología hacen que sonría con escepticismo ante esa palabra (y comprender y admirar intensamente a la autora).

La doctora Pang dedica su libro a su madre y también “a todas las demás mamás, cuidadores y padres, que tienen a alguien a quien quieren entender. Y también una carta de amor a la ciencia, para resaltar cómo la comprensión y el apoyo pueden cambiar la vida de alguien”.

Es un libro que podría considerarse un “manual de instrucciones” para relacionarse con las personas del entorno propio creado por una neurodivergente, lo cual lo hace utilísimo para cualquiera que se tome la molestia de no dar por sentadas muchas creencias y analice sin prisas y sin agobios la realidad que subyace en las convenciones sociales y personales. Si además añado que es divulgación científica escrita con un delicioso e irónico sentido del humor, con una amabilidad enternecedora y, ahí está la clave, con una sensación la maravilla que somos y nos rodea. Todo ello escrito por una mujer joven que define sus limitaciones psico neurológicas de esta manera: “tener autismo es como jugar a un videojuego sin el mando, cocinar sin sartenes ni utensilios o tocar música sin las notas”. Es como una brújula para orientarnos en la selva montañosa de las relaciones, el amor, la amistad, los compañeros de trabajo, los jefes y los desconocidos…y además divertirnos con ello.

Caspar Anderson es un escritor y periodista británico, veterano, optimista y bien informado, multipremiado y conocido por sus libros y artículos de análisis político y divulgación científica.  Con “El mapa de las maravillas”, Henderson lleva a su máxima expresión esa sensación gratificante y creativa que consiste en estar, de forma abierta y susceptible, inspirado por la maravilla de la existencia cotidiana, del mundo en que vivimos y del cuerpo que habitamos.

Pero Henderson en su libro no se limita a ofrecernos ejemplos y pruebas de esas maravillas constantes, también nos revela la necesidad de “activar” la sensación y la humildad en la mirada: “a menudo las maravillas han dejado de asombrarnos por tenerlas tan vistas”. Y añade: “se trata de prestar atención, de estar alerta, como cuando un perro oye un ruido lejano y levanta las orejas”. Es la demanda de la “atención plena” que sugieren los filósofos griegos o las disciplinas budistas, como el zen o el vedanta.

Los grandes poetas y los científicos de elite, saben de qué hablamos cuando hablamos de maravillarse. Henderson nos sugiere que el asombrarse es una habilidad que se debe cultivar, dado su incalculable valor para reafirmar nuestra humanidad y nuestro amor a la vida. Para ello propone un entretenido y asombroso viaje por los arcanos y misterios de la filosofía, la biología, la astronomía, la zoología, la geología, la religión, el arte, la tecnología y la ciencia, con un objetivo común: dejarnos absortos por el asombro, viajar con la maravilla en los ojos y en el espíritu. Comprender a través de la lectura la naturaleza exquisita del asombro y su fuerza catalizadora a través de la “simples” preguntas: ¿“qué es”, “por qué”, “cómo” “dónde”, “para qué”…? Tener ojos de bebé, curiosidad de niño, paciencia activa de artesano manual y persistencia analítica de enamorado del mundo.

Este autor nos lleva a explorar las maravillas tanto del mundo real como del imaginario activo de las culturas medievales y también esos que desde la antigüedad alimentaban la narrativa de lo prodigioso, esfinges de mirada letal, mantícoras, polifemos desmesurados, sirenas sedientas de sangre, dragones destructivos. También provoca la reflexión de que los logros asombrosos de nuestra tecnología pertenecen al mismo orden de lo extraordinario de las leyendas y sueños de la imaginación. Hace solo un siglo ni los escritores de distopías o los utópicos llegaron a proponer escenarios como el actual mundo digital. Y, al mismo tiempo, las maravillas del futuro están acercándose a pasos agigantados, empezando por las capacidades de nuestro propio cerebro, al cual estamos empezando a conocer y dibujan un mañana asombroso y posiblemente más complejo de lo que esperamos. ¿Cómo imaginar el potencial de los mil billones de conexiones que puede llegar a activar un cerebro humano?

Y permítanme que les diga que nos quedamos cortos: Henderson nos recuerda que no sólo la complejidad del cerebro es inabarcable, sino que debemos contar con que todo el cuerpo humano y sus células están interconectadas potencialmente con el entorno y forman una conexión cerebro-cuerpo-medio ambiente que confirma la intuición de las filosofías primeras y muchas disciplinas espirituales de la pertenencia y unión entre todos los seres vivientes del planeta. La leyenda de Gaia parece confirmarse: todos formamos parte de una misma entidad. A ver si dejamos de asolar al planeta, pues si lo matamos, morimos.

Nuestro autor nos sirve en bandeja una reflexión al respecto: “el objetivo de pensar sobre el futuro es cambiar cómo actuamos en el presente”. Estamos bajando demasiado rápido por un tobogán de maravillas que nos conduce a una situación inimaginable ya que, a tenor de lo que vemos y sabemos en el día de hoy, los avances tecnológicos van a transformar la existencia humana tal como la hemos conocido en los últimos siglos. Debemos preguntarnos si los avances tecnológicos que nos esperan estarán coordinados con un avance semejante en nuestra inteligencia y comprensión, en nuestra solidaridad y prudencia, en la hermandad de género entre los humanos,, sin divisiones de color, raza, educación, sexo o riqueza.

El despliegue de maravillas que hace Henderson en las 476 páginas de su libro dejan un sabor extraordinario en nuestra sensibilidad, pero también un interrogante que podría ser angustioso: ¿el ser humano tiene un papel principal y respetable en este drama de la existencia futura? ¿La tecnología será nuestra aliada o terminaremos perdiendo el protagonismo en un mundo regido por máquinas y cerebros electrónicos?¿El planeta podrá resistir las exigencias de explotación que garantizan el nivel tecnológico? La bibliografía -50 páginas- de la que hace gala nuestro autor responde a las claras de su laboriosidad y documentación. Y el talante positivo y optimista de sus reflexiones hacen de la lectura un placer añadido. Pero a pesar de eso, quizá no sea ocioso repetir la cita de otro autor que Henderson nos propone (pág. 348) y que demuestra su prudencia y cautela: “No vemos la que nos viene encima. Probablemente tampoco lo veríamos aunque lo intentásemos. Los efectos de los grandes cambios suelen estar más allá de nuestro poder de percepción. Incluso sobrepasan nuestra imaginación”. Y para terminar, dejemos libre un pensamiento relacionado con la maravilla del ser y del mundo: “la desesperanza es a menudo prematura”. Quizá estemos propiciando la formación de un modelo humano basado en la igualdad, la solidaridad y la fraternidad. Henderson termina su libro con una frase que suscribo: “cantad la canción de la vida”.

FICHAS

CÓMO SER HUMANO.-Lo que la ciencia nos enseña sobre la vida, el amor y las relaciones.- Camilla Pang.- Trad. Elena González García.- 274 págs.- Ático de los libros.

EL MAPA DE LAS MARAVILLAS.- Caspar Henderson.- Trad. Claudia Casanova.-476 págs.-Ático de los libros

 

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