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22 septiembre 2023 5 22 /09 /septiembre /2023 18:32

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

Este artículo ha sido publicado en "La Comarca" el 220923

Más cerca de la nostalgia de Albert Camus que del colonialismo de la baronesa Karen Blixen en Kenia, yo también tuve desde niño el “Sueño de África” (título de un excelente libro de mi colega, Javier Reverte). Vivíamos en el norte del continente, en Marruecos, durante el “Protectorado” español y hasta la Independencia del reino alauita. A finales de los 50, España tuvo que irse y, al contrario que Francia en Argelia, lo hizo en paz, sin derramamiento de sangre. La dictadura franquista y el rey Mohamed V, abuelo del actual rey, se llevaban más o menos bien aunque con desconfianza mutua. En todo caso mejor que con su hijo y sucesor Hassan II, una especie de astuto Maquiavelo oriental que hizo bailar al son de su flauta de intereses a los Gobiernos españoles, hasta el chantaje popular de la “Marcha verde”. De entonces se nutría mi nostalgia de los soles inmisericordes y las noches estrelladas de África. Como periodista volvería varias veces a Marruecos y también a Argelia, Túnez, Mauritania, todo Oriente Medio, Egipto, Sudán, Guinea…y sería testigo más adelante –aunque ya no en persona- de las secuelas de la colonización, de la descolonización, de las hambrunas y las sequías, de la miseria ancestral, los conflictos bélicos permanentes, los señores feudales de la metralleta, el petróleo, los diamantes y los metales estratégicos, los genocidios de tribus enteras, la corrupción y la violencia como forma de vida. África –sobre todo la llamada “negra” o central- se ha convertido  en una “aporía”, un sinsentido sin futuro y casi sin presente viable, un camino lleno de incertidumbre, ruido y furia. Y para Europa –para Occidente -  el “sueño de África” que alimentó la furia expansionista de la Europa del siglo XIX, se ha convertido en una pesadilla real en forma de pateras o de conflictos bélicos. Europa está a punto de perder su última oportunidad, si es que no la ha perdido ya, de convertir África en el sueño  de colaboración e igualdad que debía haber sido,  si el complejo de superioridad de los europeos no hubiera  convertido a una parte del continente africano en el escenario de pesadilla  que describe Joseph Conrad en “El corazón de las tinieblas”.

Dos lamentables desastres naturales ocurridos en estos días, el terremoto de Marruecos –con una ausencia de reacción oficial adecuada que refleja la indiferencia sátrapa del rey por su pueblo y el rechazo de ayuda internacional, con alguna excepción- y los destrozos y víctimas del ciclón “Daniel” sobre la dividida Libia (más de 2000 muertos y de 10.000 desaparecidos) muestran de una forma clara el esquema político-social de esos países que es una constante en los Estados del desdichado continente, casi sin excepciones y con pocas variaciones:

1.- Gobiernos bunkerizados que no gobiernan, muchos militarizados y casi todos corruptos; 2.-poblaciones con problemas elementales de subsistencia, opresión y ausencia de derechos pero, paradójicamente, auténticas “bombas demográficas”;3.- infraestructuras sociales subdesarrolladas, comercio, vivienda, inseguridad…sujetos a hambrunas, enfermedades  y sequías; 4.- Crisis económica y social permanentes con escasa ayuda internacional o desviada ésta a los poderes fácticos; 5.- proliferación de “asonadas” militares (“epidemia putschista “ la  llama el secretario general de la ONU, Antonio Guterres), pandillismo armado, abusos y matanzas de los “señores de la guerra” locales contra la población ;6.- explotación de los recursos naturales del territorio a favor de una minoría del país o de grupos internacionales respaldados por sus propios Gobiernos, que se mantienen tibios o renuentes a una ayuda verdadera; 7.- flujo creciente emigratorio causado tanto por desastres naturales y epidemias  -está por hacer un estudio serio de los efectos del Covid  y otras pandemias en África- agravados por la falta de condiciones económicas, sociales y estructurales  del territorio y la de gobiernos adecuados: hambre, sequía, falta de trabajo, vivienda, seguridad, como por la busca legítima de un horizonte de vida posible en otros países, principalmente Europa…eso supone no sólo una sangría humana del país sino un agobio mal gestionado en los países que, miopemente, se niegan a acogerlos y los rechazan a veces de forma violenta e inhumana…Y podríamos seguir desmenuzando la atroz problemática que ha convertido el siglo XXI en el epítome de la “errancia sin fin” de los desposeídos en pos de los “paraísos” del occidente rico y egoísta (que cada vez son menos ricos, por el efecto “boomerang” de su falta de humanismo y de su racismo).

Lo cierto es que, con algunas excepciones,  los dirigentes y los pueblos de Occidente – principalmente Europa- no somos conscientes del peligro disgregador y de fatales consecuencias que nos llega del continente vecino, separado por unos pocos kilómetros de las costas europeas. No se trata tan sólo de un puñado de pateras, sino del contagio por proximidad  que conlleva la desestabilización terrorista de los países del Sahel y del centro africano, de la inseguridad y la obcecación de los golpes de Estado que ya lleva seis ejemplos en los últimos meses , cada uno de ellos más imprevisible, oscuro y violento. Según Josep Borrell, representante de la UE en cuestiones de Asuntos Exteriores y Seguridad, “está en juego el futuro de la democracia en toda la región” y apoya “soluciones africanas a los problemas africanos” aun reconociendo que la UE se ha centrado demasiado en problemas de seguridad y en mantener una “paciencia estratégica” con las diversas juntas militares, “maestras en manipulación y desinformación”. La autocrítica de Borrell sobre el papel de la UE, no aclara qué tipo de medidas hay que tomar. Precisamente respecto a Libia, conviene recordar que cuando en 2016 le preguntaron a Obama cual había sido el peor error de sus dos mandatos como presidente, respondió: “Probablemente no programar el día después  de lo que creo fue la decisión correcta de intervenir en Libia”. Eso ha sido el defecto de la  intervención occidental en África: no afianzar y asegurar la vida y gobierno  de esos países una vez expulsados los dictadores, sátrapas y uniformados del poder. Y eso ocurre en demasiados países africanos, incluida  Sudáfrica y su crisis social y energética debida a la corrupción. Mandela debe estar removiéndose en su tumba.

 El efecto multiplicador  que estas situaciones causa en la población de algunos de esos países convierte la emigración en una única y desesperada salida, que es sofocada a base de disparos de armas de fuego, palizas, naufragios o repatriaciones forzosas por parte de un continente miope y avejentado que todavía no ha sabido superar la falacia de su presunta “superioridad”. Un problema de tal calibre no se resuelve negándose a aceptarlo y rechazándolo con brutalidad sino analizando los componentes fácticos de la situación y tomando las medidas oportunas contra sus causantes directos o indirectos y mejorando sustancialmente  la vida de las poblaciones. Una inversión en medios, personas, fuerza y economía –desde el respeto y la igualdad-  que redundará  no sólo  en la resolución del problema inmigratorio sino en el propio futuro de Europa, revitalizado con savia joven, no de esclavos, sino de conciudadanos del mundo. Más de medio millón de peticiones de asilo este año, hasta junio, en Alemania, España, Francia y otros países de la UE. Y sin contar a los miles que no llegan a ese paso legal.

Pero, o Europa y occidente se “africanizan”, borrando su complejo de superioridad e injustificado “endiosamiento”, o la próxima generación vivirá en un mundo aun más conflictivo, multi polarizado política y económicamente, en el que África sufrirá su segunda y definitiva expoliación, esta vez no por Europa, sino por el oriente asiático y el ruso que ya toman posiciones en las zonas más caóticas del “continente negro”.

Hagamos un somero viaje por los lugares que se convierten, debido a su condición de “aporías” estatales -paradojas sin sentido y sin futuro-,  en objetivos para naciones desaprensivas con el síndrome expansionista heredado de un pasado colonial o dictatorial. Golpes de Estado en Níger, Burkina, Gabón (el pasado 30 de agosto), Mali, Guinea-Conakry y Chad… con actividades yihadistas crecientes aprovechando el caos reinante en la zona central africana y el golfo de Guinea. El reciente golpe de Estado en Sudán que ha terminado con la transición democrática del país iniciada en 2019 debido al ansia de poder militar del general golpista Abdel Fattah al Burhan.

Las injerencias militares contra el poder civil en Africa vivió cuatro décadas ominosas hasta el nuevo siglo, pero parece volver a recrudecerse en los años 20 de este. Le debilidad de la democracia, los conflictos étnicos y la corrupción con sus secuelas de desigualdad económica, ha ayudado a los uniformados a volver a las andadas. Sin contar los  casos de los “golpes blandos” es decir cuando los que están en el poder de forma legítima  amplían los límites y prerrogativas de sus poderes en beneficio propio, como el presidente tunecino Kais Saied.

La “epidemia de golpes de Estado” en Africa,  (diez asonadas militares en los últimos cuatro años) nos recuerdan a los que tenemos edad para ello el caudal que no cesa de los golpes uniformados entre los sesenta y los ochenta del nefasto siglo XX. Y en este siglo, tras el de Sudán (2019), vino el de Chad (2021) y el rosario continuo de los sufridos países del Sahel: Niger, Mali, Burkina Faso (dos en el mismo año, 2022), los tres a causa de la amenaza yihadista, así como –en el caso de Mali- la intervención rusa con los mercenarios de Wagner y el rechazo ante la presencia francesa. Cosa que ya ocurrió también en Burkina Fasso y la República Centroafricana. Y en Gabón, la caída de la familia Bongo, tras 57 años en el poder. En Níger los franceses se van y dejan vía libre a una lucha antiterrorista sin control alguno. Según asegura el historiador nigerino Idrissa, “Francia no ha renovado su política en África y no sabe qué hacer porque el marco neocolonial ha desaparecido”.  Precisamente en el norte de Mali hace una semana, 64 personas murieron  a causa de una serie de atentados terroristas provocados por un ramal yihadista de Al Qaeda. En agosto los destacamentos de las Naciones Unidas han comenzado su retirada del país, que se cumplirá en diciembre próximo, mientras los mercenarios de Wagner  (es decir los rusos) se van haciendo fuertes.

En  Guinea Conakry los “libertadores” de la dictadura del presidente Alpha Condé (en 2021), saludados como tales por la población civil, han logrado ya instaurar un régimen de terror y control militar que ha terminado con las esperanzas democráticas del país. Constituyen un ejemplo más de nación africana sometida a la férrea ley de las armas, los cuarteles y la corrupción.  Y no debemos olvidar que es uno de los países africanos con mayores riquezas en recursos naturales y, al tiempo, una de las poblaciones más miserables y necesitadas del mundo, diezmada por el ébola y el Covid, con un índice del 50 % de la ciudadanía por debajo del umbral de la pobreza.

El diagnóstico del historiador nigeriano es vinculable no sólo a Francia sino al resto de potencias colonizadoras en África, incluida por supuesto la española. Y este desconcierto e inmovilismo conceptual político neocolonizador en África es el responsable de la falta de criterio político unificado de Europa –y occidente- hacia los países africanos. Seguimos comportándonos como gendarmes de categoría superior con poblaciones de “nativos” a los que se puede asustar y esquilmar de sus riquezas naturales  -manganeso y uranio, por ejemplo-  a cambio de abalorios o colocando a servidores armados y políticos nativos corruptos de la etnia dominante. Ese es el marco neocolonial que aún no hemos desterrado de la mente europea. Y así nos van las cosas. Los africanos no se fían de occidente y hacen bien porque el colonialismo –y el racismo- se mantienen emboscados en nuestros genes y surge en los programas de nuestras ultraderechas. Y el efecto dominó puede volcar parte del continente en las “comprensivas” manos de rusos y chinos. Como ha ocurrido en países de Asia e Hispanoamérica, Oriente Medio, Irak o Siria.

Mientras tanto Putin ha celebrado una cumbre en San Petersburgo con dos decenas de países africanos para anunciarles que en los próximos meses Rusia enviará gratuitamente entre 25mil y 50 mil toneladas de cereales a Burkina Faso, Zimbabwe, Mali, Somalia, Eritrea y República Centroafricana.  Y, por su parte, Estados Unidos y Europa se muestran reacios a permitir que su influencia en la zona africana sea anulada. Y la envejecida Europa necesitará 60 millones de inmigrantes en los próximos años, para mantener su estilo de vida. ¡Hagan juego señores, la partida acaba de empezar!

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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18 septiembre 2023 1 18 /09 /septiembre /2023 17:35

LOGOI 320

EL SESGO INICUO

Dice la RAE que el sesgo es un error sistemático en el que  se puede incurrir cuando al hacer muestreos estadísticos se seleccionan, favorecen o prefieren unas respuestas frente a otras. Y tendemos a escoger aquellas que corroboran una creencia u opinión propias, por muy disparatada que sea. Uno de los sesgos más inicuos, es decir injusto o tendencioso, tiene lugar cuando juzgamos o comparamos la supuesta crisis de valores, estilos de vida, costumbres o actitudes y comportamientos de unas generaciones jóvenes frente a las más maduras o incluso ancianas que coexisten en una determinada época, sin llegar a entenderse. El problema es que eso es una constante histórica. Y no sirve de nada ser consciente de ello y haber vivido en ambas partes del problema: contestatario en la juventud y conservador crítico en la vejez.

En consecuencia, uno tiende a mirar con el mayor escepticismo, tolerancia y comprensión, las continuas jeremiadas inter generacionales que se endilgan entre sí las oleadas de población más nuevas con aquellas que peinan canas. Para éstos, los jóvenes han perdido la vergüenza, los valores y la capacidad de trabajo serio. “Nunca había habido esto o lo otro –todo lo malo- en tan gran cantidad y gravedad” dicen los mayores, olvidando de forma flagrante que sus padres y abuelos decían exactamente eso de ellos. Y los jóvenes no se quedan atrás: “Esa generación de vejestorios no sabe, ni ha sabido, vivir. Son un obstáculo quejoso y molesto para el progreso. No tienen ni idea de las dificultades del mundo que nos han dejado, debido a sus errores y su estupidez”.

Un repaso superficial a la historia y literatura del pasado muestra que la dinámica crítica entre las generaciones es una constante que se repite de forma parecida siglo tras siglo, desde los clásicos greco latinos hasta los tiempos recientes. Me llegan noticias de un estudio sobre encuestas realizadas entre 1949 y 2019, en 60 países, a unos 12 millones de personas. Lo curioso es que, primero, las quejas reiterativas de los representantes de las generaciones investigadas coinciden a “grosso modo” en culpar a la inmediata anterior o posterior  de todos los males y de una degradación moral creciente. Y segundo, que ampliando el estudio al transcurso de la historia documentada, encontramos asombrosas similitudes en las quejas de unos y otros, desde Sócrates a Aristóteles, Nietzsche, Kant o Freud. La moralidad está en ruinas y toda generación es, por definición, peor que la anterior. Como diría Groucho Marx: “No hay que tomarse la vida demasiado en serio: nadie ha conseguido salir vivo de ella”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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12 septiembre 2023 2 12 /09 /septiembre /2023 11:06

(Este artículo ha sido publicado en La Comarca, el120923)

La pregunta es: ¿no les preocupa a ustedes? O: ¿Qué estamos haciendo mal en la familia, la sociedad o la enseñanza? Y la respuesta: la memoria anual de la Fiscalía española sobre las conductas violentas de menores de edad en España y su “alarmante tónica ascendente”. Aumentan exponencialmente los homicidios y las agresiones sexuales protagonizados por menores. No me vale el desmarque habitual de que muchos son miembros de pandillas hispano o latino americanas radicadas en nuestro país. Ni tampoco la problemática del  nivel social o el económico. Los imitadores actuales de los adolescentes de  “A Clockwork orange” de Kubrick, protagonizan un 15 por ciento anual más de atentados contra la vida. Y también son chicos entre la adolescencia y la primera juventud. Mientras, las agresiones sexuales han aumentado un 116%  en los últimos cinco años (incluida la “nueva moda” de las violaciones en manada). Quizá es hora de que nos planteemos globalmente cómo atajar el problema y empezar a tomar medidas en los dos estratos operativos: la educación y la familia. Carencia de educación sexual en niños y jóvenes, acceso fácil y temprano a la pornografía y permisividad y trivialización de las relaciones sexuales.

No se trata de responsabilizar sólo a padres y a profesores: todos somos responsables en una sociedad que confunde la necesidad de medidas cautelares con la represión;  y la educación en valores y principios con ataques a la libertad sacrosanta de la falta de límites. Todo está permitido en una sociedad “democrática”: se mira hacia otro lado ante la barbarie del acoso escolar –los profesores se enfrentan a la agresividad en las aulas cuidando de no ofender a los padres de los pequeños bárbaros- ; nadie vigila el acceso de los menores a contenidos peligrosos, desde porno a ciertos “influencers” que deberían tener atención psiquiátrica y prohibición de actuar en las redes. La complejidad de las redes sociales y la falta de vigilancia y responsabilidad penal de los ciberataques y sus perpetradores, dibujan un horizonte tecnológico-social que roza la psicopatología. No es fácil resolver estos problemas de hoy…pero hay que encontrar remedios: ya nos empiezan a desbordar por los dos extremos, los jóvenes como víctimas y los jóvenes como delincuentes. Hay un síntoma social que muestra esa tendencia: el crecimiento de suicidios - o intentos-  entre los jóvenes de ambos sexos. Es un grito de atención que hemos de interpretar. Empecemos a tomar medidas y actuaciones directas y tajantes a nivel institucional, tecnológico, familiar y social. Es un buen desafío político.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 septiembre 2023 3 06 /09 /septiembre /2023 17:56

Logoi 318

LECCIÓN ÉTICA

Un octogenario espera en la cola de automóviles de uno de esos AUTO restaurantes de comida preparada que te sirven y pagas sin bajar del coche. El hombre es lento de reflejos y tarda en decidirse. Una joven que conduce el coche que va detrás, se impacienta y comienza a tocar la bocina de manera insistente. Cuando al fin le dan el talón con el importe, el anciano pide que le pasen a caja el importe de lo que pida la chica que va detrás de él. Que lo pagará él. Mientras espera en la cola de los que recogen y pagan, le dan el ticquet que ha de pagar la chica para recoger su comida. Ve por el retrovisor que la chica le hace gestos de agradecimiento y de disculpa por su descortesía al tocar el claxon. Cuando llega a la ventanilla de recogida, paga los dos pedidos y también se lleva la comida de ambos. La chica tendrá que volver al final de la cola a hacer todo el proceso. El octogenario revienta de risa explicando en un aforo público lo que hizo. Es aplaudido y vitoreado. “Es una lección de vida”, apostilla alguien.

¿De verdad? ¿Una lección de vida? ¿Es posible que después de vivir ochenta años ese anciano aun no haya comprendido que el revanchismo no es una lección de nada y menos de ética existencial? El problema es que  muchos de los que se ríen y consideran “muy justo” el comportamiento del anciano no sólo son gente joven para los cuales tomarse la justicia por su mano es una respuesta lógica… también la geste madura, los mayores, se alborozan pensando que “al fin” alguien “pone en su sitio” a los jovenzuelos abusivos y mal educados. Aturde la falta de sentido crítico y el exceso de necedad. Justamente lo que están aplaudiendo es la uniformización de conductas groseras, la falta de respeto y el olvido total de la ética básica de la que hablaba Kant: “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti” Y obra en todo momento de la manera que cualquiera quisiera que se estableciera como buena y correcta para todos.

Para mayor sorpresa del que esto escribe, el anciano de 83 años que se desternillaba con su “hazaña” es un pastor metodista norteamericano, al parecer, experto en la Biblia. ¿Hemos perdido en general el sentido del equilibrio ético o es que el virus Trump ha hecho estragos incluso en el mundo religioso del país? Piensen ustedes que en estas cosas se cumple el aserto de que “Cuando Estados Unidos estornuda, Europa se constipa”. A mi parecer el declive del sentido ético en la vida cotidiana de las personas, en lo social, lo político, laboral, económico o ecológico es un síntoma del siglo XXI, ampliado y justificado por el tipo de vida que la IA -que nos rodea y supera- va normalizando. Tal vez estamos asistiendo al fin de la Inteligencia Natural y a uno de sus atributos: la Ética.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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2 septiembre 2023 6 02 /09 /septiembre /2023 10:46

 ESTE TEXTO HA SIDO PUBLICADO EN EL NUMERO DE SETIEMBRE 2023 DE LA REVISTA "COMPROMISO Y CULTURA"

El pasado 11 de julio murió en París, donde residía, el escritor checo Milan Kundera, a los 94 años de edad. Como Joyce, Nabokov, Mann, Rilke, Walter Benjamín, Zweig, Leon Felipe, Hanna Arendt, Salman Rushdie y tantos otros, Kundera se vio obligado a buscar un lugar donde poder vivir en paz –y morir, sin pistola intermedia-  ya que en su país de origen estaba proscrito. Al poder político absoluto le fastidia absolutamente que  escritores y pensadores, poetas y artistas se atrevan a opinar libremente sobre ellos. El comunismo de raíz estalinista no solía aceptar de buen grado a los intelectuales críticos. Estaban destinados a ser carne de “gulag” o a “desaparecer” de la forma más discreta posible. Como en la novela de John Le Carré, resultaba incómodo en ambos lados del Telón de Acero, ya fuese espía o intelectual. En los tiempos de la “guerra fría” los intelectuales no tenían buena prensa en general (recuerden la “caza de brujas” en Estados Unidos).

En 1979 las autoridades checas le retiraron la nacionalidad a Kundera y lo convirtieron en uno de los cientos de miles de apátridas que desbordaban las fronteras. En su libro “La vida está en otra parte” el escritor checo reivindicó la libertad como uno de los frutos de la rebeldía vital que caracterizó su existencia. En 2019 Checoslovaquia devolvió la nacionalidad a Kundera, que recibió la noticia con complacida indiferencia. Cincuenta años de exilio le habían blindado contra cualquier veleidad nacionalista. Como Pirron o Epicuro, Kundera se consideraba ciudadano del mundo, un “átopos”, un individuo de ninguna parte y por tanto de todas ellas. En su obra “La inmortalidad”, publicada en 1990, el escritor discurre sobre la identidad, como un proceso más que como una adscripción. Especialmente compleja si la persona vive en un régimen autoritario donde se proclama de igualdad supuesta y aparente de todos bajo la consigna unitaria –a la fuerza- de un régimen político que exige obediencia absoluta y usa de la violencia y la intimidación para lograrla. El novelista conocía la contradicción esencial de los totalitarismos: prometen un paraíso pero imponen un infierno, donde todo el aparato propagandistico del régimen está enfocado en disolver al individuo en una amalgama de ideas homogéneas, primarias y de una simpleza sonrojante en pos de la unidad de las mentes en un objetivo común: el que emana del privilegiado aparato directivo del partido y sus sirvientes más directos. Es decir una sociedad jerarquizada, con una cúpula que disfruta de todos los privilegios, un cinturón de servidores policiales y militares dispuestos a todo y la ingente masa de todos los demás ciudadanos del país sometidos  a los caprichos y directrices –a menudo demenciales- del poder. Es decir el reino del terror de Stalin o Hitler, Mao, Idi Amin, los khemeres rojos del Pol Pot, Ceausescu y tantos otros polichinelas del terror político, ahora encarnados en Trump, Bolsonaro o Putin, sin ir más lejos.

En otras novelas, como “La fiesta de la insignificancia” o “La ignorancia”, Kundera  analiza esa imposibilidad de conocer nuestro propio yo debido a la influencia enajenadora y falaz que tienen los demás o los medios de comunicación influidos por el poder y, proféticamente, las redes sociales y la tecnología social en todas sus manifestaciones. Es la soberanía absoluta de la imagen, de las pantallas, como indicativo de la ausencia de intimidad para propiciar la creación de “yos” que solo son avatares, muñequitos,“likes” o emoticones que conforman personalidades fulgurantes, simples, esquemáticas, efímeras y vulnerables hasta el suicidio.

En cierta forma todo esto daría sentido al perfil-cero social que Kundera adoptó en los últimos años de su vida. Lejos de la voracidad de los medios, centrado en su propia existencia y en su obra, el escritor checo renunció voluntariamente a cualquier atisbo de vida pública. Tanto es así que muchos de los que amamos su obra pensábamos que había fallecido en secreto, como una versión muy paradójica y sarcástica de su primera novela “La broma” en la que un simple chiste acaba arruinando la vida de un hombre (en el régimen estalinista checo, los chistes estaban oficialmente prohibidos y castigados).

Esa es una constante de la obra de este autor, el juego perverso que el humor mantiene con el horror, el pesimismo con la ironía, la carcajada liberadora con las lágrimas de frustración, la rigidez de lo autoritario y lo fanático con  la salida ingeniosa y ridícula del hombrecillo asustado que busca una aceptación del otro que nunca es atendida. La fuerza liberadora del humor, la carcajada, estaba presente en la narrativa y los ensayos de Kundera, como una confirmación de aquella frase, creo que era de la Arendt o de Simone Weil, dos víctimas directas o indirectas de los nazis: lo primero que desaparece de las calles en un régimen  totalitario es la risa, la jovialidad, el trato amable. Los sustituye el miedo, la desconfianza, la inseguridad, la tristeza y el silencio. Ese es el trasfondo de la huida de un desengañado Kundera de su país tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968.

Para poder trabajar en esa dialéctica entre el horror y el humor, Kundera echa  mano de la filosofía, no sólo del existencialismo de Sastre o de la fenomenología de Heidegger, también del Nietzsche de la angustia del yo o el Kafka del absurdo, del Musil del hombre sin atributos o del Hermann Broch (el de “La muerte de Virgilio”) que bucea en la inconsistencia de las motivaciones de las acciones humanas. Sin olvidar a un Rabelais o un Diderot. Por tanto Kundera acaba reconociendo que sus novelas “no examinan la realidad, sino la existencia”, es decir la variabilidad y absurdo de las actitudes humanas que muchas veces se enfrentan auto destructivamente a la realidad. Lo cual nos lleva a “La insoportable levedad del ser”, la novela best-seller de Kundera, donde el escritor nos apunta que la única salida posible y digna a esa situación es el ejercicio de la ironía y el humor, única arma para afrontar la unamuniana condición o “sentimiento trágico de la vida” y la naturaleza del desarraigo vital que instauró el siglo XX, espíritu de una época que hoy padecemos aún más, en el declive de las ideas y los valores de vigencia universal. Ese es el nihilismo y la negatividad del siglo XXI, un malestar existencial que Kundera trata de sobrellevar con su narrativa y su ironía dura y sarcástica.

Para un amante de la novela cervantina, Kundera es como un efecto lógico del realismo desengañado y pleno de humor irónico de don Miguel trasplantado al siglo del Gran Hundimiento Humanista, el XX, con sus dos guerras mundiales y más de un centenar de conflictos armados y genocidios en el resto del mundo. Quizá por eso no le importó demasiado que se le negara la opción al Nobel por una supuesta delación cometida en su juventud contra un compañero escritor durante la época estanilista dura. Kundera negó siempre esa noticia y la  atribuyó a maniobras de desprestigio orquestadas por el comunismo activo en Occidente contra un “traidor” de la Causa.

Lo cierto es  que Kundera al final de su vida trató de aceptar el reconocimiento de su país natal sin acritud o amargura. Recibió el Premio Nacional de Literatura checo en 2008 y el Premio Kafka en 2021. Como muestra de reconciliación, Kundera donó su biblioteca y sus archivos personales a la Fundación que lleva su nombre en la ciudad de Brno, donde nació. Siempre había dejado bien claro que él era un escritor no un político o ideólogo: “No me siento cómodo en el papel del disidente. No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno una literatura de tesis, y si algo detesto es precisamente la literatura de tesis. Lo que me interesa es el valor estético. Para mí, la literatura pro comunista o la anticomunista es, en ese sentido, lo mismo. Por eso no me gusta verme como un disidente”, declaró a “El País” en 1982, en una de sus últimas entrevistas, tras su rechazo total al “despotismo” manipulador de los medios de comunicación. A partir de 1986 el escritor checo exiliado en Paris decidió “beckettizarse”, es decir, seguir el ejemplo de Samuel Beckett y dar por cerrados sus contactos con los medios. La respuesta no se hizo esperar. Muchos rechazados empezaron a buscar la forma de desacreditarle. En el “cafarnaum” de los medios negarse a hablar y aparecer se convierte en una ofensa de lesa majestad: el público y el ruido lo es todo. Dejamos el tema. La picota pública es demasiado visible en las redes y ha realizado auténticas canalladas y provocado incluso el suicidio de algunas personas.

Pero pasemos a su obra y dejemos al escritor celoso de su privacidad y su libertad. Un rápido paseo por algunas de sus novelas y luego nos detendremos en una en particular “La fiesta de la insignificancia”. No porque sea la mejor, pero si es la que, de alguna forma, resume en cierta forma el personal ideario social y ético, estético y literario de Kundera. Es una carcajada triste que resume nuestra época mejor que un ensayo político. Su humor, como en Rabelais, como en Cervantes, arranca de la profunda desdicha, la ignorancia, la insoportable levedad del ser…como en Don Quijote, la tozuda y mezquina realidad mostrenca convierte a los gigantes en molinos, al bálsamo de Fierabrás en un brebaje inmundo, a los ejércitos en rebaños de ovejas y corderos, a un palacio almenado en una venta miserable, a una doncella en Maritornes, una puta del partido, al caballero de la Blanca Luna en el vengativo Sansón Carrasco, a los Duques señoriales en nobles burlones, despiadados, ignorantes y mezquinos y, ay, a la sin par Dulcinea del Toboso en una aldeana sin encanto alguno, zafia y despreciativa. Kundera a través de su obra, empezando por “La broma”, juega ese mismo -burlón, pero triste y a veces patético- juego cervantino (no en vano es un fanático de don Miguel) y lo hará en casi todos sus libros, navegando entre la sátira, el ridículo, el humor grotesco, el absurdo, el realismo mágico, la humillación, el esperpento y el erotismo desmadrado y un poco sórdido. En esa novela, Kundera revela el aciago destino  que puede tener un simple chiste o frase ingeniosa escrita imprudentemente en una postal en la Chescoslovaquia comunista. La frase era “El optimismo es el opio del pueblo” y  le cuesta la ruina en vida a su protagonista. La sensibilidad ante la crítica, aunque sea una simple chispa de ingenio, es una de las debilidades vengativas ridículas de los regímenes totalitarios.

El libro de la risa y del olvido

En 1979 sale a  la luz un libro cajón-de-sastre: nuestro autor era muy aficionado a las digresiones, reflexiones, autocríticas, relatos caprichosos y textos entre el ensayo y el guiño social. Le encantaba despistar al lector con su búsqueda incesante de nuevos cauces narrativos y fórmulas literarias con afán de novedad. En muchos de estos textos ya se vislumbra con cierta claridad el pensamiento y la mirada crítica del escritor en torno a la sociedad en la que vive. Era jugar con fuego.

La insoportable levedad del ser

En 1984 se publica la que muchos consideran mejor obra de Kundera. Hubo versión cinematográfica de gran éxito y quedó establecido el talante irredento y mordaz del escritor, así como su visión lúdica, trágica y sensual de la existencia. La Praga del 68 (un año histórico para el país) la visión que de ella tiene el autor, con todas las connotaciones críticas  sociales y políticas, la represión y la estupidez de la burocracia oficial comunista, son los ingredientes de una novela existencial excelente, en muchos momentos rozando el absurdo de Kafka o el ridículo surrealista y sexualmente procaz de “Tristram Shandy”.

El arte de la novela 

En 1986, Kundera, escribe uno de los textos más logrados y felices sobre la novela como género literario. Ya desde su definición “La novela es un arte nacido de la risa de Dios”, como una especie de territorio mágico imaginativo y de conocimiento cuyo proceso continuo a través de los tiempos es el epitome y el curso caudaloso de todas las grandes novelas de todos los tiempos que se van enriqueciendo en cada nueva aportación. Para quien esto escribe, el capítulo dedicado  a “La desprestigiada herencia de Cervantes” es uno de los textos más interesantes que he leído dedicado al inabarcable Cervantes.

Los testamentos traicionados 

En 1992 da una vuelta de tuerca a la obra anterior y escribe un ensayo sobre la novela como si fuera en sí mismo otra novela. Utiliza la música como vehículo comparativo y las obras y presencia de otros autores, como Hemigway o Kafka y aprovecha para lanzar su cuarto de espadas sobre la mesa de la naturaleza del autor y de los peligros que le acechan. Eso se convertiría en una de las “bestias negras” de Kundera, por su temor a ser mal interpretado o manipulado (en las traducciones era casi patológica la firmeza y cuidado con la que sometía a sus textos y a los traductores). La cuestión de confundir al autor con sus criaturas y vivencias novelescas se estaba convirtiendo en un complejo de rechazo que le duraría hasta el final de su vida.

El telón. Ensayo en siete partes 

En el nuevo siglo, Kundera vuelve a la historia de la novela y comienza con la revolución narrativa que supuso “El Quijote” y todos los temas y cuestiones relacionados con la creatividad y las grandes figuras de la literatura mundial.

Y tras este apresurado y selectivo, por tanto no completo,  paseo por la obra del escritor checo, nos detenemos un poco más en su último libro publicado:

La fiesta de la insignificancia

En 2014 sale a la palestra pública esta novela  donde se juega, en uno de sus capítulos, con el cuento metafórico del nuevo traje del rey, supuestamente realizado en telas tan sutiles que parece que el rey va desnudo (lo que en verdad ocurre). Es el engaño, la broma que deja de ser algo cómico para convertirse en tragedia. El “rey” del cuento de Kundera se llama Joseph Stalin. El siniestro dictador, al final de su vida, ya irremediablemente delirante, cuenta un relato que parece cómico. Tiene que ver con la caza de unas perdices. ¿Qué hacer? Si te ríes y no era cómico para Stalin, te cuesta la vida. Si, por el contrario, trataba de que soltaras la carcajada y no lo haces, es un insulto para el monstruoso ego del dictador. Y también lo pagas claro. Parafraseando, apropiadamente,  a Lenin, uno se pregunta una y otra vez “¿Qué hacer?”. Nuevamente transitamos por el resbaladizo terreno de la broma, el chiste, el sarcasmo surrealista, donde se recurre constantemente al destino dramático del ser humano, entre el absurdo, lo erótico (siempre rozando lo escatológico) y la sordidez y el miedo enquistado como una lepra en el cuerpo social.

Con momentos de absurdo surrealista, como el episodio de la pluma que sobrevuela una reunión mundana y se pasea en torno al dedo levantado de una de las invitadas con más glamour,  entre los aplausos de los aburridos asistentes o el juego retórico que se llevan tres amigos sobre la moda juvenil femenina de pasearse mostrando el  ombligo y la sabia disquisición sobre los elementos más atractivos de las mujeres, las caderas, los pechos o las piernas. “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento.” Dice uno de los cuatro protagonistas. El testamento literario de Kundera me recuerda el talante desafiante, subversivo e iconoclasta de otro grande, éste del cine, don Luis Buñuel. Leyendo “La fiesta de la insignificancia” me parecía estar viendo en una pantalla las escenas que narra Kundera con un Fernando Rey o un Francisco Rabal o una Silvia Pinal interpretando a los personajes del escritor checo.

Decididamente, y que los incondicionales de Kundera me perdonen, me quedo con sus ensayos “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados” y “El Telón”. Y, claro, su novela paradigmática, “La insoportable levedad del ser”.

FICHA

Todas sus novelas y ensayos  están al alcance de todos los españoles –como el NODO-  en cualquier buena librería. Están editados por Tusquets, con excelentes traducciones, revisadas por el autor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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2 septiembre 2023 6 02 /09 /septiembre /2023 10:41

LOGOI 317

“MACHO” HISPÁNICO

Me han alarmado  las reacciones del mundo del futbol – y la falta de ellas en los estamentos políticos- al suceso del directivo  Rubiales y la jugadora del equipo nacional femenino de ese deporte a la que sometió, a causa del entusiasmo victorioso, a un beso en los labios no solicitado y por tanto ultrajante, inadecuado y, no rechazado por su carácter público, el cargo oficial del sujeto y la circunstancias excepcionales en el que se produce. El episodio resulta bochornoso, infame y grotesco.

Algunos dirán que lo que antecede es excesivo, sesgado de moralina y poco comprensivo con el supuesto ardor hispánico deportivo o futbolero. Miren ustedes, yo creo que todos  entendemos lo que se dilucida en el fondo de la cuestión: ni el lugar (ante las cámaras de medio mundo), ni el acto, ni el directivo involucrado, ni la educación, elegancia o cortesía que se le exige como personaje público que es, fueron las adecuadas o  correctas.

Ha habido un clamor de peticiones de medidas punitivas contra Rubiales, incluso algún remedo de disculpa del cuitado (que sólo ha añadido más leña al fuego). El petulante sujeto, como aquellos “machos” hispánicos de triste memoria en otros tiempos, no sólo se atrinchera en la Federación futbolera,  sino que se manifiesta como víctima  de “una cacería humana” y recibe -con ataques feroces al ‘falso feminismo’- la medida de ser apartado durante 90 días de su puesto directivo, mientras se tramita el expediente disciplinario incoado contra él, incluso por la FIFA. Con gestos  físicos  y verbales que recuerdan los de personajes tan ilustres y ejemplares como Mussolini, Bolsonaro o Trump (en uno de esos gestos incluso los supera: el de agarrarse ostensiblemente en público ciertas partes anatómicas masculinas que son consideradas el símbolo del poder por una determinada clase de individuos) el citado Rubiales muestra la acrisolada educación de la que hace ostentación “viril”.

Pero, ¿cuántos adolescentes, jóvenes y maduros ciudadanos “libres de toda sospecha”, incluidas algunas, pocas, mujeres, aplauden los gestos machistas y obscenos del individuo, su contumacia agresiva y su “superioridad  de género” (masculino)? Luego, no es sólo un insulto a la dignidad femenina sino un ejemplo de hasta dónde puede llegar en una sociedad tal actitud abusiva, sin justificación legal, biológica o social. La mentalidad sexual y el respeto obligado a las mujeres, desde los niños a los adultos, se deforma a base de ejemplos nefastos como el de Rubiales. Se requiere una condena explícita de los hombres de este país.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

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27 agosto 2023 7 27 /08 /agosto /2023 18:43

LOGOI 316

HÁBLEME, POR FAVOR

No existen. O son invisibles, además de molestos e inútiles para casi todo. Incluso hay energúmenos/as que no sólo los ningunean, también los desprecian, como si ellos mismos fueran, en comparación, el fruto dorado de la evolución humana y no el detritus ético que son. ¿De quiénes estoy hablando cuando hablo de esas pobres personas que merecen, sin culpa alguna, el desinterés de una parte considerable de la población? Hablo de la franja decreciente de personas que superan las siete décadas y oscilan entre los 80 y el centenario.

Los ves por las aceleradas calles de nuestras ciudades, con su débil y penoso caminar, su aspecto desvalido, sus miradas perdidas para no ofender a nadie, perplejos ante un semáforo o ante un cajero automático o tratando de no provocar impaciencias en las colas del autobús, el supermercado o las farmacias. Torpes para buscar las monedas o los billetes con los que pagan, para conducir su silla de ruedas o manejar sus bastones; temerosos ante los patinetes y las bicicletas (¿para cuándo hacer obligatorios los timbres?) y los enérgicos corredores que sólo ven sus cronómetros…Dios mío, ¿alguien reflexiona en que, con mucha suerte, en unos años formarán parte de ese ejército de sombras?

Un estudio reciente del CSIC sobre Población nos informa que en España dos centenares de miles de mayores languidecen y enferman psicológicamente porque no tienen con quién hablar. Y con sutileza advierten que no todos están solos, ya que “vivir solo no es estar solo”. Pueden pertenecer a una familia que los ignora en casa, como en la calle los ignora una gran parte de los conciudadanos. En nuestro país más de millón y medio de personas  mayores de 70, viven solas y de esa suma, casi 200.000  no tienen con quien hablar. Como cualquier psicólogo les confirmará, ése es un excelente caldo de cultivo para enfermedades psicosomáticas, deterioro cognitivo y en algunos casos, una puerta abierta al suicidio.

Me dirán que también hay una incidencia fuerte de la soledad en los jóvenes. Pero ellos tienen fuerza, energía y posibilidad de movimiento y de entablar relaciones y amistades, además de una cierta cultura social que les favorece solo porque son jóvenes. El caso de los ancianos es un reto y una vergüenza para un país que hasta finales de los 60 mantenía el respeto tradicional hacia los más mayores.

¿Cuesta tanto esfuerzo decir unas palabras amables, escuchar con paciencia alguna batallita o una simple queja, acompañar del bracete a una anciana para que cruce segura un paso de peatones, visitar a aquél abuelo que ya no puede salir a la calle y no habla con nadie durante semanas? Reflexionen.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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27 agosto 2023 7 27 /08 /agosto /2023 18:32

MILAN KUNDERA , EL AUTOR QUE SURGIÓ DEL FRÍO

 

El pasado 11 de julio murió en París, donde residía, el escritor checo Milan Kundera, a los 94 años de edad. Como Joyce, Nabokov, Mann, Rilke, Walter Benjamín, Zweig, Leon Felipe, Hanna Arendt, Salman Rushdie y tantos otros, Kundera se vio obligado a buscar un lugar donde poder vivir en paz –y morir, sin pistola intermedia-  ya que en su país de origen estaba proscrito. Al poder político absoluto le fastidia absolutamente que  escritores y pensadores, poetas y artistas se atrevan a opinar libremente sobre ellos. El comunismo de raíz estalinista no solía aceptar de buen grado a los intelectuales críticos. Estaban destinados a ser carne de “gulag” o a “desaparecer” de la forma más discreta posible. Como en la novela de John Le Carré, resultaba incómodo en ambos lados del Telón de Acero, ya fuese espía o intelectual. En los tiempos de la “guerra fría” los intelectuales no tenían buena prensa en general (recuerden la “caza de brujas” en Estados Unidos).

En 1979 las autoridades checas le retiraron la nacionalidad a Kundera y lo convirtieron en uno de los cientos de miles de apátridas que desbordaban las fronteras. En su libro “La vida está en otra parte” el escritor checo reivindicó la libertad como uno de los frutos de la rebeldía vital que caracterizó su existencia. En 2019 Checoslovaquia devolvió la nacionalidad a Kundera, que recibió la noticia con complacida indiferencia. Cincuenta años de exilio le habían blindado contra cualquier veleidad nacionalista. Como Pirron o Epicuro, Kundera se consideraba ciudadano del mundo, un “átopos”, un individuo de ninguna parte y por tanto de todas ellas. En su obra “La inmortalidad”, publicada en 1990, el escritor discurre sobre la identidad, como un proceso más que como una adscripción. Especialmente compleja si la persona vive en un régimen autoritario donde se proclama de igualdad supuesta y aparente de todos bajo la consigna unitaria –a la fuerza- de un régimen político que exige obediencia absoluta y usa de la violencia y la intimidación para lograrla. El novelista conocía la contradicción esencial de los totalitarismos: prometen un paraíso pero imponen un infierno, donde todo el aparato propagandistico del régimen está enfocado en disolver al individuo en una amalgama de ideas homogéneas, primarias y de una simpleza sonrojante en pos de la unidad de las mentes en un objetivo común: el que emana del privilegiado aparato directivo del partido y sus sirvientes más directos. Es decir una sociedad jerarquizada, con una cúpula que disfruta de todos los privilegios, un cinturón de servidores policiales y militares dispuestos a todo y la ingente masa de todos los demás ciudadanos del país sometidos  a los caprichos y directrices –a menudo demenciales- del poder. Es decir el reino del terror de Stalin o Hitler, Mao, Idi Amin, los khemeres rojos del Pol Pot, Ceausescu y tantos otros polichinelas del terror político, ahora encarnados en Trump, Bolsonaro o Putin, sin ir más lejos.

En otras novelas, como “La fiesta de la insignificancia” o “La ignorancia”, Kundera  analiza esa imposibilidad de conocer nuestro propio yo debido a la influencia enajenadora y falaz que tienen los demás o los medios de comunicación influidos por el poder y, proféticamente, las redes sociales y la tecnología social en todas sus manifestaciones. Es la soberanía absoluta de la imagen, de las pantallas, como indicativo de la ausencia de intimidad para propiciar la creación de “yos” que solo son avatares, muñequitos,“likes” o emoticones que conforman personalidades fulgurantes, simples, esquemáticas, efímeras y vulnerables hasta el suicidio.

En cierta forma todo esto daría sentido al perfil-cero social que Kundera adoptó en los últimos años de su vida. Lejos de la voracidad de los medios, centrado en su propia existencia y en su obra, el escritor checo renunció voluntariamente a cualquier atisbo de vida pública. Tanto es así que muchos de los que amamos su obra pensábamos que había fallecido en secreto, como una versión muy paradójica y sarcástica de su primera novela “La broma” en la que un simple chiste acaba arruinando la vida de un hombre (en el régimen estalinista checo, los chistes estaban oficialmente prohibidos y castigados).

Esa es una constante de la obra de este autor, el juego perverso que el humor mantiene con el horror, el pesimismo con la ironía, la carcajada liberadora con las lágrimas de frustración, la rigidez de lo autoritario y lo fanático con  la salida ingeniosa y ridícula del hombrecillo asustado que busca una aceptación del otro que nunca es atendida. La fuerza liberadora del humor, la carcajada, estaba presente en la narrativa y los ensayos de Kundera, como una confirmación de aquella frase, creo que era de la Arendt o de Simone Weil, dos víctimas directas o indirectas de los nazis: lo primero que desaparece de las calles en un régimen  totalitario es la risa, la jovialidad, el trato amable. Los sustituye el miedo, la desconfianza, la inseguridad, la tristeza y el silencio. Ese es el trasfondo de la huida de un desengañado Kundera de su país tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968.

Para poder trabajar en esa dialéctica entre el horror y el humor, Kundera echa  mano de la filosofía, no sólo del existencialismo de Sastre o de la fenomenología de Heidegger, también del Nietzsche de la angustia del yo o el Kafka del absurdo, del Musil del hombre sin atributos o del Hermann Broch (el de “La muerte de Virgilio”) que bucea en la inconsistencia de las motivaciones de las acciones humanas. Sin olvidar a un Rabelais o un Diderot. Por tanto Kundera acaba reconociendo que sus novelas “no examinan la realidad, sino la existencia”, es decir la variabilidad y absurdo de las actitudes humanas que muchas veces se enfrentan auto destructivamente a la realidad. Lo cual nos lleva a “La insoportable levedad del ser”, la novela best-seller de Kundera, donde el escritor nos apunta que la única salida posible y digna a esa situación es el ejercicio de la ironía y el humor, única arma para afrontar la unamuniana condición o “sentimiento trágico de la vida” y la naturaleza del desarraigo vital que instauró el siglo XX, espíritu de una época que hoy padecemos aún más, en el declive de las ideas y los valores de vigencia universal. Ese es el nihilismo y la negatividad del siglo XXI, un malestar existencial que Kundera trata de sobrellevar con su narrativa y su ironía dura y sarcástica.

Para un amante de la novela cervantina, Kundera es como un efecto lógico del realismo desengañado y pleno de humor irónico de don Miguel trasplantado al siglo del Gran Hundimiento Humanista, el XX, con sus dos guerras mundiales y más de un centenar de conflictos armados y genocidios en el resto del mundo. Quizá por eso no le importó demasiado que se le negara la opción al Nobel por una supuesta delación cometida en su juventud contra un compañero escritor durante la época estanilista dura. Kundera negó siempre esa noticia y la  atribuyó a maniobras de desprestigio orquestadas por el comunismo activo en Occidente contra un “traidor” de la Causa.

Lo cierto es  que Kundera al final de su vida trató de aceptar el reconocimiento de su país natal sin acritud o amargura. Recibió el Premio Nacional de Literatura checo en 2008 y el Premio Kafka en 2021. Como muestra de reconciliación, Kundera donó su biblioteca y sus archivos personales a la Fundación que lleva su nombre en la ciudad de Brno, donde nació. Siempre había dejado bien claro que él era un escritor no un político o ideólogo: “No me siento cómodo en el papel del disidente. No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno una literatura de tesis, y si algo detesto es precisamente la literatura de tesis. Lo que me interesa es el valor estético. Para mí, la literatura pro comunista o la anticomunista es, en ese sentido, lo mismo. Por eso no me gusta verme como un disidente”, declaró a “El País” en 1982, en una de sus últimas entrevistas, tras su rechazo total al “despotismo” manipulador de los medios de comunicación. A partir de 1986 el escritor checo exiliado en Paris decidió “beckettizarse”, es decir, seguir el ejemplo de Samuel Beckett y dar por cerrados sus contactos con los medios. La respuesta no se hizo esperar. Muchos rechazados empezaron a buscar la forma de desacreditarle. En el “cafarnaum” de los medios negarse a hablar y aparecer se convierte en una ofensa de lesa majestad: el público y el ruido lo es todo. Dejamos el tema. La picota pública es demasiado visible en las redes y ha realizado auténticas canalladas y provocado incluso el suicidio de algunas personas.

Pero pasemos a su obra y dejemos al escritor celoso de su privacidad y su libertad. Un rápido paseo por algunas de sus novelas y luego nos detendremos en una en particular “La fiesta de la insignificancia”. No porque sea la mejor, pero si es la que, de alguna forma, resume en cierta forma el personal ideario social y ético, estético y literario de Kundera. Es una carcajada triste que resume nuestra época mejor que un ensayo político. Su humor, como en Rabelais, como en Cervantes, arranca de la profunda desdicha, la ignorancia, la insoportable levedad del ser…como en Don Quijote, la tozuda y mezquina realidad mostrenca convierte a los gigantes en molinos, al bálsamo de Fierabrás en un brebaje inmundo, a los ejércitos en rebaños de ovejas y corderos, a un palacio almenado en una venta miserable, a una doncella en Maritornes, una puta del partido, al caballero de la Blanca Luna en el vengativo Sansón Carrasco, a los Duques señoriales en nobles burlones, despiadados, ignorantes y mezquinos y, ay, a la sin par Dulcinea del Toboso en una aldeana sin encanto alguno, zafia y despreciativa. Kundera a través de su obra, empezando por “La broma”, juega ese mismo -burlón, pero triste y a veces patético- juego cervantino (no en vano es un fanático de don Miguel) y lo hará en casi todos sus libros, navegando entre la sátira, el ridículo, el humor grotesco, el absurdo, el realismo mágico, la humillación, el esperpento y el erotismo desmadrado y un poco sórdido. En esa novela, Kundera revela el aciago destino  que puede tener un simple chiste o frase ingeniosa escrita imprudentemente en una postal en la Chescoslovaquia comunista. La frase era “El optimismo es el opio del pueblo” y  le cuesta la ruina en vida a su protagonista. La sensibilidad ante la crítica, aunque sea una simple chispa de ingenio, es una de las debilidades vengativas ridículas de los regímenes totalitarios.

El libro de la risa y del olvido

En 1979 sale a  la luz un libro cajón-de-sastre: nuestro autor era muy aficionado a las digresiones, reflexiones, autocríticas, relatos caprichosos y textos entre el ensayo y el guiño social. Le encantaba despistar al lector con su búsqueda incesante de nuevos cauces narrativos y fórmulas literarias con afán de novedad. En muchos de estos textos ya se vislumbra con cierta claridad el pensamiento y la mirada crítica del escritor en torno a la sociedad en la que vive. Era jugar con fuego.

La insoportable levedad del ser

En 1984 se publica la que muchos consideran mejor obra de Kundera. Hubo versión cinematográfica de gran éxito y quedó establecido el talante irredento y mordaz del escritor, así como su visión lúdica, trágica y sensual de la existencia. La Praga del 68 (un año histórico para el país) la visión que de ella tiene el autor, con todas las connotaciones críticas  sociales y políticas, la represión y la estupidez de la burocracia oficial comunista, son los ingredientes de una novela existencial excelente, en muchos momentos rozando el absurdo de Kafka o el ridículo surrealista y sexualmente procaz de “Tristram Shandy”.

El arte de la novela 

En 1986, Kundera, escribe uno de los textos más logrados y felices sobre la novela como género literario. Ya desde su definición “La novela es un arte nacido de la risa de Dios”, como una especie de territorio mágico imaginativo y de conocimiento cuyo proceso continuo a través de los tiempos es el epitome y el curso caudaloso de todas las grandes novelas de todos los tiempos que se van enriqueciendo en cada nueva aportación. Para quien esto escribe, el capítulo dedicado  a “La desprestigiada herencia de Cervantes” es uno de los textos más interesantes que he leído dedicado al inabarcable Cervantes.

Los testamentos traicionados 

En 1992 da una vuelta de tuerca a la obra anterior y escribe un ensayo sobre la novela como si fuera en sí mismo otra novela. Utiliza la música como vehículo comparativo y las obras y presencia de otros autores, como Hemigway o Kafka y aprovecha para lanzar su cuarto de espadas sobre la mesa de la naturaleza del autor y de los peligros que le acechan. Eso se convertiría en una de las “bestias negras” de Kundera, por su temor a ser mal interpretado o manipulado (en las traducciones era casi patológica la firmeza y cuidado con la que sometía a sus textos y a los traductores). La cuestión de confundir al autor con sus criaturas y vivencias novelescas se estaba convirtiendo en un complejo de rechazo que le duraría hasta el final de su vida.

El telón. Ensayo en siete partes 

En el nuevo siglo, Kundera vuelve a la historia de la novela y comienza con la revolución narrativa que supuso “El Quijote” y todos los temas y cuestiones relacionados con la creatividad y las grandes figuras de la literatura mundial.

Y tras este apresurado y selectivo, por tanto no completo,  paseo por la obra del escritor checo, nos detenemos un poco más en su último libro publicado:

La fiesta de la insignificancia

En 2014 sale a la palestra pública esta novela  donde se juega, en uno de sus capítulos, con el cuento metafórico del nuevo traje del rey, supuestamente realizado en telas tan sutiles que parece que el rey va desnudo (lo que en verdad ocurre). Es el engaño, la broma que deja de ser algo cómico para convertirse en tragedia. El “rey” del cuento de Kundera se llama Joseph Stalin. El siniestro dictador, al final de su vida, ya irremediablemente delirante, cuenta un relato que parece cómico. Tiene que ver con la caza de unas perdices. ¿Qué hacer? Si te ríes y no era cómico para Stalin, te cuesta la vida. Si, por el contrario, trataba de que soltaras la carcajada y no lo haces, es un insulto para el monstruoso ego del dictador. Y también lo pagas claro. Parafraseando, apropiadamente,  a Lenin, uno se pregunta una y otra vez “¿Qué hacer?”. Nuevamente transitamos por el resbaladizo terreno de la broma, el chiste, el sarcasmo surrealista, donde se recurre constantemente al destino dramático del ser humano, entre el absurdo, lo erótico (siempre rozando lo escatológico) y la sordidez y el miedo enquistado como una lepra en el cuerpo social.

Con momentos de absurdo surrealista, como el episodio de la pluma que sobrevuela una reunión mundana y se pasea en torno al dedo levantado de una de las invitadas con más glamour,  entre los aplausos de los aburridos asistentes o el juego retórico que se llevan tres amigos sobre la moda juvenil femenina de pasearse mostrando el  ombligo y la sabia disquisición sobre los elementos más atractivos de las mujeres, las caderas, los pechos o las piernas. “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento.” Dice uno de los cuatro protagonistas. El testamento literario de Kundera me recuerda el talante desafiante, subversivo e iconoclasta de otro grande, éste del cine, don Luis Buñuel. Leyendo “La fiesta de la insignificancia” me parecía estar viendo en una pantalla las escenas que narra Kundera con un Fernando Rey o un Francisco Rabal o una Silvia Pinal interpretando a los personajes del escritor checo.

Decididamente, y que los incondicionales de Kundera me perdonen, me quedo con sus ensayos “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados” y “El Telón”. Y, claro, su novela paradigmática, “La insoportable levedad del ser”.

FICHA

Todas sus novelas y ensayos  están al alcance de todos los españoles –como el NODO-  en cualquier buena librería. Están editados por Tusquets, con excelentes traducciones, revisadas por el autor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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15 agosto 2023 2 15 /08 /agosto /2023 18:08

LOGOI 315

APICIDIO

Consulté con mi vecino Vitorino, uno de  los apicultores más informados de la zona, sobre el informe de la FAO contra la desaparición de las abejas. Me confirmó la noticia y aparte de comentar ciertos detalles, me prestó un libro sobre las abejas publicado por Libsa en 2021 y escrito por una especialista María  Sánchez Vadillo.  La desaparición gradual de las abejas es un drama de la naturaleza que tiene gravísimas consecuencias para los humanos. Ellas nos ha acompañado desde los tiempos más remotos y su miel es uno de los alimentos que ha endulzado la vida de los hombres, como  aún podemos ver, por ejemplo, en las pinturas descubiertas en Castellote, donde se nos muestra un recolector de miel de hace siete mil años. Parece que este nefasto siglo XXI podría ser la fecha de su extinción. Los pesticidas, la contaminación química, magnética y acústica de aguas y aire, los molinos  generadores electrónicos de viento que pueblan nuestros montes y colinas, los gigantescos monocultivos, la deforestación y los productos fitosanitarios usados en agricultura (a pesar de las recomendaciones contra su uso del Ministerio correspondiente y los expertos), los ácaros, pájaros y otros animales que son sus enemigos naturales, el cambio climático, por supuesto,… están causando, directa o indirectamente,  un apicidio  y aún  peor, un insecticidio, pues son muchas las especies afines que las acompañan en este final. Aun está por cuantificar el daño que eso supone para la especie humana,  su supervivencia y su economía.

Sabemos  que la desaparición de las abejas- entre otros insectos polinizadores- supone una amenaza directa contra  los cultivos humanos (en España casi el 70%),  y la pérdida de un beneficio económico que ronda, a la baja, los 2.400 millones de euros anuales, según un reciente estudio publicado por Greenpeace. A nadie parece preocuparle que dichos expertos estén avisando  que de la polinización depende un tercio de la alimentación mundial. La producción de almendras, melocotones, kiwis, calabazas, manzanas, melones o sandías y muchas especies de árboles, está amenazada en consonancia con  la polinización de la que dependen. La reducción de la población de abejas afecta sobre todo al sector de frutos secos, seguido del frutícola y el hortícola. Desde el año 2000 más del 30% de las colonias de abejas han desaparecido en España. También preocupa la desaparición creciente de las mariposas y los abejorros. Es el momento de que la población civil comience a exigir que Gobiernos y empresas se pongan en marcha para evitar este desastre.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 agosto 2023 7 06 /08 /agosto /2023 18:28

EL FUTURO QUE LLEGA: “TERRITORIO DESCONOCIDO”

Este artículo fue publicado en La Comarca el 040823

La expresión que acaban de leer no ha sido utilizada por un redactor  de reportajes apocalípticos o un escritor de ciencia ficción, sino que pertenece a un informe oficial de una de las agencias de la ONU  (Copernicus) que estudian el cambio climático. Se informó –para noticia de pocos y alarma de los menos- que este mes de julio, el más caluroso que se conoce, se  rebasó el límite del calentamiento global de los 1,5 grados centígrados de aumento global en comparación con los niveles preindustriales, establecido en el Acuerdo de París de 2015.Antonio Guterres, secretario general de la ONU, lo dejó bien claro: “para los científicos no hay duda, los seres humanos y nuestro estilo de vida somos responsables de ello”. Tanto las temperaturas globales como la de los mares han batido records y eso lleva al planeta a un “territorio desconocido”.

Justamente, el pasado 2 de agosto, se dio la noticia de que el planeta entraba en “déficit ecológico”. Es decir que estamos consumiendo más recursos naturales de los que el planeta es capaz de renovar. Este año ya hemos agotado el presupuesto de que disponemos para no tener que hipotecar la capacidad de los ecosistemas de regenerarse. Se trata de un contador digital que la sociedad Global Footprint Network ha diseñado para visualizar la deuda creciente que los humanos tenemos con el planeta, a fin de concienciar a los poderes económicos  para que respeten los límites naturales de la Tierra. El ordenador baraja los datos actuales de la huella ecológica (demanda de recursos) y la capacidad regenerativa de los sistemas (biocapacidad)  --gracias a los datos de180 países monitorizados-- sobre un calendario, a fin de señalar el día en que hemos consumido los recursos de los que disponíamos para todo el año. Cada país entra en déficit en fechas diferentes, oscilando entre un Qatar, en febrero, Estados Unidos en marzo o España en mayo. La media aritmética de todos los países nos da la fecha del 2 de agosto.

El calentamiento extremo captado en el hemisferio norte,  ha causado olas de calor en América del norte, Asia, África y Europa, impactando en la salud de las personas, la economía y la epidemia de incendios que ha arrasado zonas del Mediterráneo y ha causado efectos en el fenómeno de calentamiento cíclico del Niño, que nace en el Pacífico Ecuatorial e impacta en el resto del planeta.  Los científicos destacan un factor lógico  aunque inesperado: la velocidad del cambio. La subida de temperaturas en el Atlántico norte está alarmando  de manera especial: en la Antártida  el área cubierta por hielo marino ha disminuido  en una superficie comparable a 10 veces el tamaño del Reino Unido.

Dos investigaciones independientes han coincidido con un  informe de expertos de la ONU:  la principal corriente oceánica que regula el clima, el sistema circulatorio del planeta, un conjunto de corrientes oceánicas que lleva inmensas cantidades de agua de los mares tropicales a los de norte, la llamada circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC en siglas en inglés) se está debilitando, debido al aumento de la cantidad de agua dulce creada por el deshielo, (al ser menos densa que la salada se hunde menos, por lo que interfiere en el circuito). La AMOC es la responsable del trasporte de calor casi a escala planetaria, así que la corriente enfriaría la mayor parte del hemisferio norte y calentaría la ya de por si calientes aguas ecuatoriales.

Otro informe consultado (publicado en la revista científica Nature) que establece los limites climáticos, naturales y de contaminación que permitiría la supervivencia, asegura que ya han sido vulnerados siete de los nueve umbrales que permiten la vida humana sobre el planeta. Destaco una frase del informe: “los seres humanos somos parte del sistema Tierra, somos gran parte del problema y debemos ser gran parte de la solución. Pero los problemas y las soluciones no afectan a todos por igual y unos pocos generan problemas para muchos y suelen ser los únicos que se benefician”. Eso es insertar un concepto ético, la justicia, en una cuestión científica. Las emisiones de gases de efecto invernadero proceden del 10% más rico de la población. Igualdad y justicia distributiva se dan la mano en el planteamiento de un problema cuya solución nos concierne a todos.

Los umbrales violados van desde los que atañen directamente al cambio climático, hasta el de mantener mayores superficies del planeta sin ganadería, agricultura, minería y cualquier otra interferencia humana. También se han vulnerado los límites de nutrientes usadas en los cultivos, como el nitrógeno o el fósforo, que afecta la calidad y el uso del agua superficial o subterránea (éstas extraídas en exceso).

También se estudian los problemas de acidificación de los océanos, la acumulación de plásticos en gigantescas islas flotantes, los microplásticos, la presencia de productos químicos y antibióticos en las aguas, la pérdida de la biodiversidad. Se sabe que  superar los límites de esos ámbitos reduce la fuerza del planeta para hacer frente a las crisis que nos amenazan. Los océanos absorben y acumulan el calor, ya que la vida marina se encarga de recoger el carbono de la superficie y almacenarlo en las profundidades. Sin eso nuestra atmósfera contendría un 50 % más de dióxido de carbono lo cual eliminaría la vida en la Tierra.

 

Como muestra un botón: las aguas del Mediterráneo  llegaron a alcanzar los 30 º C. el pasado mes y está subiendo su temperatura un 20% más rápido de la media mundial. Eso tiene un efecto destructivo del ecosistema marino ya que las especies habituadas a unos rangos de temperatura migran de las zonas calentadas para poder sobrevivir. Cando no lo hacen, mueren, como ocurre con especies que viven en rocas o en arenas (navajas, almejas y mejillones). El proceso afecta a las aves marinas que pierden sus alimentos habituales. Incluso los bosques de posidonia del fondo del Mediterráneo - que almacenan un 20% más de CO2 que los terrestres-, están siendo afectados. Toda la cadena alimentaria se resiente, llegando hasta los humanos.

Las predicciones científicas evitan en lo posible el alarmismo apocalíptico, pero insisten en hacer lo necesario para evitar que esos picos de exceso se conviertan en tendencia y creen una nueva normalidad donde los desastres naturales sean la norma y no la excepción. Pero pasemos a otro de los elementos de la ecuación humanidad-planeta- supervivencia: la ignorancia del “bípedo implume” (el hombre según Platón), acompañada por la codicia, la agresividad y la estupidez.  Y no me estoy refiriendo sólo a los negacionistas climáticos ni a los terraplanistas, que se vuelven más agresivos en relación directa con la mayor idiotez de sus argumentos-  sino al ciudadano medio normal, aquellos que creen que todo esto “no va con ellos”.

Lo cierto es que el goteo incesante de informes científicos sobre el mundo causa sin duda brotes de “ecoansiedad”, es decir la desazón  y angustia  de cuantos nos preocupamos por un  mundo que amenaza en convertirse en un “territorio desconocido” debido a visibles y crecientes crisis climáticas y medioambientales, con efectos nocivos para los países y las personas, la economía y la supervivencia. ¿Cómo podemos afrontar de una forma útil y positiva un problema acuciante y global sin precedentes? Tal vez deberíamos empezar por enseñar en las escuelas y en todos los niveles de enseñanza a encarar y explorar el mundo que nos viene de una manera más reflexiva: un paso más de las modestas acciones de reciclar, consumir racionalmente o montar en bicicleta. Educar en clave sostenible, mostrar la necesidad de los pequeños detalles, controlar y no expandir las basuras y desechos,  ahorrar el agua potable, extremar precauciones para evitar los incendios, respetar las diversidades, cultivar la cortesía con el otro, racionalizar el uso de móviles, tv. y tablets, regresar a los juegos y relaciones presenciales entre niños y jóvenes, cuidar el cuerpo y rechazar los abusos, recuperar viejas tradiciones de trabajos manuales, reparar antes que tirar o sustituir, cuidar los espacios comunes como algo propio, revitalizar parques y jardines… en suma, no aceptar la fatalidad del “no podemos hacer nada”. Si se puede. Cada uno a su nivel personal puede contribuir a hacer un mundo más empático, cordial y austero. Y comprender que no nos queda más remedio que ajustarnos a las necesidades que vendrán. Crear, en suma, un estado de rebelión ciudadana contra un sistema de vivir erróneo. El “territorio desconocido” no es más que la casa común, okupada por los intereses en la sombra del capitalismo consumista salvaje que, como el rey Midas, acabará muriéndose –y matando-  de hambre, al convertir todo lo que nos rodea en supuesto oro.

La solución ya no consiste en levantar murallas y alambradas para evitar que nada ni nadie entre en nuestros países (como Europa frente a la creciente llegada de migrantes desesperados). Los muros no preservan nuestros cielos, nuestras aguas, las costas y los ríos. Afrontamos un problema global  que exige olvidar los egoísmos nacionalistas. Hay que estar ciegos de vanidad, soberbia y codicia, para no comprender que no tenemos capacidad alguna para evitar que la salud pública, la salud de los ciudadanos comience de una manera evidente pero ignorada a recibir los efectos nocivos de la crisis climática: el calor extremo, los rayos del sol poco filtrados, sequías o inundaciones y enfermedades con ambición de pandemia como el Covid. De momento no hay una búsqueda realista de soluciones que se adecúe al multiproblema. Ya que hay que diseñar un sistema de visión conjunta, global, poliédrica, que una a los expertos en ámbitos sanitarios y sociales, con economistas, educadores, legisladores, urbanistas, empresarios…pues todas esas facetas tiene la amenaza en ciernes. Unir a ello los informes de meteorología de Aemet, Protección Civil, el CSIC o los Centros de investigación sobre energía y medioambiente, sin olvidar los aportes de la Tecnología. En España se ha creado el Observatorio de Salud y Cambio Climático (OSCC) que se supone estará en comunicación fluida con otros centros semejantes en el mundo.

Pensemos, en fin, que el brutal incendio de los bosques de Canadá o los de Grecia, Argelia y Túnez y otros que han ensombrecido este verano, provocan inmensas corrientes de aire que dispersa cenizas microscópicas por todo el orbe. Ya no se trata de vivir acomodados en que “eso” es algo que les sucede a los otros. Nunca como hasta ahora lo “nuestro” es, el mundo que nos rodea. No hay fronteras para el mal, el sufrimiento y la peste. Y ahora el planeta nos recuerda que somos vulnerables, que tenemos que plantar cara, juntos, a una catástrofe global sin paliativos. ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

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