NUCCIO ORDINE, DONDE LO “INÚTIL” SE REVELA ÚTIL
Un autor indispensable para conocer la crisis de la enseñanza en la sociedad capitalista tecnodependiente
El 10 de junio pasado murió Nuccio Ordine con 64 años, a causa de un derrame cerebral. Nació en un pequeño pueblo de Calabria que ni siquiera tenía librería. En una entrevista declaró: “Nacer en una casa sin libros y de padres sin estudios, vivir en una ciudad pequeña sin librerías ni bibliotecas, sin teatros ni espacios culturales, no significa estar condenado a la ignorancia”. Ordine estudió, fue a la Universidad y se hizo profesor e investigador en temas de filología, literatura y filosofía. Vivía en Cosenza, en una casa de campo con más de 20.000 libros en su biblioteca personal. Era profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria y dictó clases en las universidades de Yale, la Sorbona, Berlín y Harvard, como profesor invitado. Era miembro de honor de la Academia rusa de ciencias. Publicó eruditos trabajos sobre Giordano Bruno y el Renacimiento. En 2013 dio la campanada de la popularidad, fuera del mundo académico, con la publicación de un librito (lo subtituló “Manifiesto”) de 170 enjundiosas páginas, llenas de pasión, sentido común y profundo conocimiento de la literatura y la filosofía: “La utilidad de lo inútil”, que en un tiempo récord se publicó en más de veinte lenguas. En España fue publicado por la editorial Acantilado y ya lleva casi treinta reimpresiones. El ya desaparecido maestro del ensayo, George Steiner, dijo de este libro “Una pequeña obra maestra de la originalidad y la claridad”.
Su fallecimiento me entristeció, nadie está preparado para una noticia así. Le seguía fielmente desde que apareció ese libro. Por eso, aunque ya tenía medio preparado un trabajo sobre Murakami, decidí dejarlo para el mes próximo y dar a los lectores de C&C la oportunidad de conocer a este brillante ensayista –los que no tenían ese placer- o de recobrarle, los que ya lo habían leído. Ordine me parece uno de los pensadores más proféticos en torno al binomio interactivo sociedad-cultura. Precisamente en octubre próximo debía recoger el Premio Princesa de Asturias de la Comunicación y Humanidades 2023.
Nunca como hasta el momento presente ha resultado más adecuado un título como “La utilidad de lo inútil” que está rozando los grandes titulares críticos de una actualidad - en concreto de la educación y la enseñanza- , condicionada por las leyes del mercado, la prisa, la superficialidad y los efectos indeseables de las tecnologías bajo la hegemonía dictatorial de las pantallas y el mundo digital. En España vendió más de 80.000 ejemplares de su inteligente libro.
Para complementar el mensaje del citado texto, recobré otro gran volumen de este pensador, comprometido con la “dignitas hominis”: “Clásicos para la vida”, también editado por Acantilado en 2017. En este libro Ordine nos lleva por un apasionante viaje por la literatura de todos los tiempos: acompañados por Shakespeare, Mann, Goethe, Zweig, Borges, su amado Giordano Bruno, Platon, Margaritte Yourcernar, Maquiavelo, Cervantes, Dickens, Rilke, Primo Levi, Boccaccio, Defoe, Rabelais, Saint Exupéry, Baltasar Gracián, García Márquez. Flaubert, Swift, Montaigne, Balzac, Rostand, Cavafis, Pessoa, Calvino, Einstein… en citas que precisamente nos conciernen directa y críticamente en la cuestión, no sólo ética, de saber comprender cuál es el auténtico fin de la enseñanza en escuelas y universidades: preparar a los hombres y las mujeres del mañana para vivir plena, correcta y satisfactoriamente en un mundo atenazado por la codicia, la prisa, la desorientación y la ausencia de valores, todo aquello que alegremente archivamos en el baúl de lo “no útil”.
Precisamente tras una lectura del libro, repleta de emociones literarias –su elección de la obra reseñada de cada uno de ellos, es aleatoria pero modélica- se termina con una figura sorprendente: Albert Einstein. ¿Qué hace Einstein en un libro dedicado a genios de la literatura? El Nobel alemán de física, un genio en otra órbita, la científica, hace unos razonamientos sobre la educación que, viniendo de él, resultan reveladores, por su adecuación al mensaje primordial de Ordine y de los autores a los que convoca. En su texto hace gala de su lógica racionalidad humanística y un sentido común fuera de lo corriente en la enrarecida atmósfera científica. “La escuela –escribe Einstein- siempre debe plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un simple especialista. Incluso en la enseñanza técnica…lo primero debería ser siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados”.
Señores funcionarios del Ministerio de “Educación”, presten atención: es Einstein quien lo dice, no sólo el abrumador muestrario de genios literarios que aporta Ordine. ¿Para cuándo unos “reformadores” de los planes educativos que se nieguen a ser la “voz de su amo” político? Basta de campañas denigratorias de las humanidades y los clásicos y el énfasis –suicida, a lo largo- en las salidas “profesionales”.
La buena escuela, escribe Ordine no la hacen ni las pizarras interactivas, ni las tablets y ordenadores en las aulas en vez de libros, o los acuerdos cortoplacistas con empresas y centros profesionales para diseñar una enseñanza práctica a la carta, sino un personal docente respetado y respetable, por sus conocimientos, y también por sus cualidades humanas e intelectuales. Y el objetivo, además del necesario bagaje técnico indispensable, es hacer de los alumnos hombres y mujeres capaces de saber vivir y de gestionar y reclamar su libertad, con espíritu crítico. ¿Suena utópico? Tal vez. Pero es posible.
Vivimos en una época en la que, según denuncian los propios profesores , las competencias y las capacidades que son objeto de una certificación –indispensables para el mundo laboral y profesional- son más relevantes que la básica operación de promover un conocimiento, una actitud y un enfoque críticos ante lo que se enseña y aprende (y cómo se realizan estas funciones).
Observen que hasta la UE dicta una recomendación sobre el aprendizaje permanente y la empleabilidad y un nuevo sistema de “microcredenciales”, poniendo el foco en la paridad práctica entre la enseñanza y la adquisición de trabajo. Lo cual significa que lo que prima es el mercado y no la formación de ciudadanos instruidos, críticos y autónomos. La sociedad credencialista se impone y pronto se exigirá un certificado de aptitud para colgar un cuadro o cortar la rama de un árbol. Así la enseñanza se microparcela y los alumnos deberán esforzarse por objetivos mínimos –es una norma vigente: cada vez se exige menos- , mientras que multitudes de supuestos enseñantes e instituciones ad hoc devaluarán todavía más las labores educativas y se convertirán en mercaderes de titulitis.
Ordine denunciaba hace unos meses el deterioro de los planes de estudio medios y superiores en la mayor parte de Europa. Las Universidades se han convertido en un mercado complejo que es fagocitado por las empresas y las exigencias y necesidades de desarrollo de la sociedad de capitalismo avanzado. De hecho dedicaba uno de sus libros, “Los hombres no son islas” (Acantilado) a “aquellas personas que dedican su vida a enseñar y cambian, silenciosamente, con su trabajo y su sacrificio, la vida de sus alumnos”.
Ordine denunciaba en su país, Italia, la engañosa “efectividad” de la Universidad que se ha convertido en una fábrica de titulados. Raramente se producen deserciones o abandonos de estudiantes y Ordine afirma que la razón está en que se ha bajado muchísimo el nivel de exigencia. No solo en la Universidad, en las escuelas e institutos también. Cita a Rilke con añoranza cuando aseguraba: “Sólo la dificultad te exige hacer el esfuerzo que te hace mejor”. Lo estamos viviendo también en España, donde los exámenes y pruebas acaban siendo un coladero. Dice Martha Nussbaum que “En casi todos los países europeos parecen orientarse hacia el descenso de los niveles de exigencia para permitir que los estudiantes superen los exámenes con más facilidad”.
Y no solo se trata de materias educativas, también concierne a la formación humana, ética y social de los alumnos. No en vano, como pensaba Ordine, la calidad de ambos niveles esta esencialmente interrelacionadas. A ese respecto, en una entrevista concedida a “El País”, Ordine señalaba a la tecnología y sus atajos y facilidades como uno de los factores responsables de la decadencia educativa y decía que afectaba también la vida personal de los alumnos: “Es evidente que la sociedad virtual crea nuevas formas de soledad, lo cual es una auténtica paradoja de nuestra época, porque estamos más conectados que nunca pero resulta que estamos solos. Tenemos la ilusión de estar relacionados, pero una relación virtual no puede ser una buena relación, es una forma de relación vacía”.
Para Ordine “escuelas y universidades no pueden ser empresas que se dedican a vender diplomas. Los estudiantes no pueden ser sólo clientes” y critica que la mayoría de los estudiantes acaban creyendo que el éxito en la profesión y la vida se mide por la cuenta bancaria, seducidos por la idea que lo importante es el crecimiento económico y que las universidades y escuelas deben estar al servicio del mercado y las empresas (que se refleja incluso en la terminología usada en la vida universitaria en base a “créditos y débitos”).
Ello no obsta para que reconozcamos que la gestión del conocimiento a través de la educación y la investigación es un sector que promueve beneficios a corto y largo plazo, por lo que las escuelas y las universidades deben estar relacionadas con el mundo empresarial, como un requisito básico de la estructura económica de un país. Lo que Ordine sugiere es un ordenamiento de esa relación, en forma de mecenazgos o inversiones en la generación de conocimiento que luego revertirá en las empresas y el sector económico global. Es preciso un análisis serio del retorno de la inversión en educación y de medidas que aumentaran su eficiencia y dinamizaría el mercado de trabajo restando preeminencia a la opción funcionarial que suele ser la salida ambicionada por los jóvenes licenciados.
Una de las perlas que se ofrecen a la lectura en los libros de Ordine son sus consideraciones sobre la bondad y necesidad de permitirse las “pérdidas de tiempo” e incluso integrarlas en la vida cotidiana de cada uno. “Reducir la velocidad, hoy en día, significa ‘perder tiempo’. Sin embargo, bien considerado, el conocimiento, las relaciones humanas y nuestro vínculo íntimo y personal con la existencia necesitan sobre todo de una ‘lentitud’ consciente, para mejor saborear lo que vivimos”. A la larga descubriremos que lo placentero es más útil que lo útil.
“En el universo del utilitarismo, -escribe Ordine- un martillo vale más que una sinfonía de Mozart, un cuchillo más que una poesía de Neruda, una llave inglesa más que un cuadro de Velázquez: porque es más fácil hacerse cargo de la utilidad de un utensilio, mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte”. Como decía Giordano Bruno: “La sabiduría y la justicia empezaron a abandonar la Tierra en el momento en que los doctos, organizados en sectas comenzaron a usar sus conocimientos con afán de lucro”. Kant y Lacan insisten en la idea: “Una vida sin virtud y sin principios, no es vida”.
Incluso en el reino de la ciencia, la historia científica nos demuestra que muchas investigaciones científicas teóricas consideradas inútiles, por estar privadas de cualquier intención práctica, han favorecido de forma inesperada aplicaciones –desde las telecomunicaciones a la electricidad- que después se han revelado fundamentales para el género humano. Insiste Ordine en que “Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo ‘inútil’, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida”.
El filósofo Heidegger afirma tajante: “Lo más útil es lo inútil. Pero experienciar lo inútil es lo más difícil para el ser humano actual. Se entiende lo útil como lo usable prácticamente y de forma inmediata para fines técnicos, con lo que se consigue algún efecto del que pueda yo hacer negocios y provecho. Pero uno debería ver lo útil en el sentido de lo curativo, esto es, lo que lleva al ser humano a sí mismo, a sus posibilidades y a su realización.”
Tocqueville aseguraba que “el impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres se deslicen hacia la barbarie” George Steiner critica la mala enseñanza, los docentes no motivados o excesivamente invadidos por la burocracia pedagógica que invade las instituciones educativas y escribe: “Una mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y metafóricamente un pecado. Son destructivas las maneras mediocres de enseñar, las rutinas pedagógicas faltas de imaginación y entusiasmo, una instrucción con cínicas metas simplemente utilitarias y siervas de la lógica mercantil del beneficio”. “Hay que resistir, dice Ordine, a la disolución programada de la enseñanza, de la investigación científica libre, de los clásicos y de los bienes culturales. Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad”
Y termina su apología citando una simple frase que él mismo descubrió escrita en un tablón en una biblioteca de un perdido oasis del Sahara: “El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse. Al contrario, enriquece a quien lo transmite y a quien lo recibe”. Y afirma: la primera tarea de un buen profesor debería ser reconducir la escuela y la universidad a su función esencial: no la de producir hornadas de diplomados y graduados, sino la de formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma. Reducir al ser humano a una profesión o tecnología constituye un gravísimo error: en cualquier hombre hay algo esencial que va mucho más allá de su actividad como médico, abogado o ingeniero. Por eso Ordine lanza este mensaje: “Cuando el grado de dependencia de los instrumentos tecnológicos supera cualquier umbral sensato, ¿no sería oportuno convertir la escuela en un sano momento de desintoxicación?” “¿No es la escuela o la universidad el lugar ideal para que los estudiantes sometan a debate si la amistad puede identificarse con un simple click en Facebook o Twiter o Tic Toc y si enorgullecerse de contar con más de mil “amigos” en un perfil significa tener una visión profunda de la amistad y de las relaciones humanas en general?”
Dejémoslo aquí. Insisto en que Nuccio Ordine ha dejado una obra breve pero llena de sugestivos valores. Su empeño en promover la lectura de los clásicos , la defensa de las humanidades como algo esencialmente útil y la mejora de la enseñanza a todos los niveles, me recuerda la frase de Giordano Bruno: “todo depende del primer botón: abrocharlo en el ojal equivocado significa, irremediablemente, seguir cometiendo error tras error”.
ALBERTO DÍAZ RUEDA
FICHAS
LA UTILIDAD DE LO INÚTIL.-Manifiesto. 172 págs. Y, CLÁSICOS PARA LA VIDA. Una pequeña biblioteca ideal. 178 págs. Ambos traducidos por Jordi Bayod. Publicados por Editorial Acantilado.
Comenta este artículo …