Logoi 308
NO GRITAR, NO PEGAR
Soy de la primera generación “baby boom” tras la II guerra mundial. En Estados Unidos crecieron con los consejos del Dr. Spock sobre cómo educar a los niños. Su obra “El libro del sentido común del cuidado de bebés y niños” se publicó en 1946 y vendió 50 millones de ejemplares. Se tradujo a 40 idiomas, pero por razones políticas no llegó a España hasta los años 60. Por tanto no me beneficié de sus consejos, cosa que si pudieron hacer los bebés y niños que procreamos la generación nacida entre los cuarenta y los sesenta. El Dr. Spock, que tuvo una vida plena, espléndida y activa (en su juventud fue medalla de oro de remo en los Juegos Olímpicos de 1924) hasta su fallecimiento en 1998, a los 94 años, se opuso a la rigidez de horarios en comidas y sueño en los bebés, y al exceso de disciplina con pocas muestras de afecto hacia los niños y aconsejó una actitud relajada, cariñosa y sensata, basada en el amor y el instinto. Su consejo a los padres se imprimía en la portada de su libro:” confía en ti mismo, sabes más de lo que crees”.
Se acusó a Spock de haber causado, quizá por mala praxis de sus consejos, una mala educación generalizada en los niños, agravada por alta permisividad, falta de atención real, exceso de trabajo y horarios disgregadores de los padres. Se pasó de un extremo al otro. Los niños actuales –nuestros nietos- en general carecen de límites claros para sus conductas, no saben controlar sus emociones e instintos y están casi esclavizados por las adicciones a pantallas, móviles y videojuegos, ante la pasividad culpable de los padres que también las padecen y se les escapa el problema de las manos.
Sin embargo los avances de las neurociencias dan la razón al Dr. Spock, aunque ponen límites razonables a determinadas conductas. Por ejemplo, nada de darles a los niños- casi bebés- pantallitas para que dejen de llorar o no den la lata, dejar de gritarles, evitar en lo posible los castigos, nada de amenazas y tampoco pegarles: una relación regida por la razón y el amor. La relación con los menores ha de modificarse: ni “coleguismo”, ni disciplina excesiva; los padres deben mantener su autoridad, teniendo claro que dicha autoridad debe estar basada en la justicia y la honestidad personal. Recuerden aquello de “no hagas lo que digo, haz lo que hago”. Amabilidad, cortesía y siempre educación. Eso se llama aprendizaje vicario. Y es el más efectivo.
Según Unicef , cuatro de cada cinco niños son sometidos a una educación violenta verbal o físicamente. El 80% de ellos recibe azotes o tortazos o son castigados duramente. Cuando esos niños crecen, buscan en las adicciones una salida o un consuelo.
ALBERTO DÍAZ RUEDA