LOGOI 312
ON BULLSHIT
Discúlpenme por el argot anglosajón del título. El poder cultural hegemónico del inglés estará justificado en cuanto les diga que viene a decir, en román paladino, “en o entre la mierda (del exceso de informaciones falsas)” y en castellano corriente “enmerdar” o “decir gilipolleces, falacias o tonterías”. El término fue popularizado en 1986 por un filósofo norteamericano llamado Harry G. Frankfurt – que, por cierto, falleció el pasado domingo- y empleado por muchos de sus colegas para definir la, digamos, oratoria escandalosa del señor Trump, un político tramposo y marrullero, que logró ser presidente de su país y amenaza a pesar de sus chanchullos, juicios y condenas, con volver a serlo. El señor Frankfurt publicó un libro titulado “On bullshit”, donde analizaba la charlatanería de políticos y personas desinformadas que se presentaban como si poseyeran la verdad y trataban de manipular a los que les escuchaban. Pero no hay que confundirlos con mentirosos: a esos “enmerdadores” no les interesa la verdad o la falsedad de lo que dicen, sólo tratan de conseguir sus objetivos inmediatos. ¿Conoce una definición mejor de algunos políticos de nuestros días? El mentiroso conoce las verdades, pero las oculta. Al charlatán le trae sin cuidado la verdad y los hechos, sólo le interesa su objetivo. Un ejemplo: la tópica e inane “España Vaciada”. A muchos les da lo mismo si eso es una realidad o un mito retórico, se limitan a jugar con un concepto-baúl para lograr algo que le interesa a él o a su partido.
Otro ensayista USA, el biólogo evolutivo Carl Bergstrom, aprovecha la tormenta Trump, para publicar –junto a un experto en comunicación- un “manual de estilo” contra la charlatanería, las “fake news” y la vergonzante “posverdad” (tumba del rigor informativo e intelectual ) municiones de los falsos expertos que proliferan con sus patrañas en twiter y demás redes sociales.
Uno de sus aspectos –la datopatía o enmascaramiento de un problema con datos numéricos falsos o difíciles de analizar—lo hemos visto recientemente en algunas apariciones políticas en nuestro país. En dicho manual de estilo, hay algunas perlas que hacen pensar: “Informarse menos es el primer paso para informarse mejor: ignorar el falso periodismo, exigir rigor, solidez, coherencia y pocos y contrastados datos”.
En todo caso hay algo que nos debería preocupar más: el desprecio o menosprecio que existe hacia la verdad y, aún más grave, la aparente impunidad que rodea a los que usan de los bullshits, como si sólo se tratara de una travesura infantil. Y, una vez más, no se trata sólo de algunos políticos. Sino de una buena parte de la población. Estamos ante una pandemia viral ética.
ALBERTO DÍAZ RUEDA