LOGOI 320
EL SESGO INICUO
Dice la RAE que el sesgo es un error sistemático en el que se puede incurrir cuando al hacer muestreos estadísticos se seleccionan, favorecen o prefieren unas respuestas frente a otras. Y tendemos a escoger aquellas que corroboran una creencia u opinión propias, por muy disparatada que sea. Uno de los sesgos más inicuos, es decir injusto o tendencioso, tiene lugar cuando juzgamos o comparamos la supuesta crisis de valores, estilos de vida, costumbres o actitudes y comportamientos de unas generaciones jóvenes frente a las más maduras o incluso ancianas que coexisten en una determinada época, sin llegar a entenderse. El problema es que eso es una constante histórica. Y no sirve de nada ser consciente de ello y haber vivido en ambas partes del problema: contestatario en la juventud y conservador crítico en la vejez.
En consecuencia, uno tiende a mirar con el mayor escepticismo, tolerancia y comprensión, las continuas jeremiadas inter generacionales que se endilgan entre sí las oleadas de población más nuevas con aquellas que peinan canas. Para éstos, los jóvenes han perdido la vergüenza, los valores y la capacidad de trabajo serio. “Nunca había habido esto o lo otro –todo lo malo- en tan gran cantidad y gravedad” dicen los mayores, olvidando de forma flagrante que sus padres y abuelos decían exactamente eso de ellos. Y los jóvenes no se quedan atrás: “Esa generación de vejestorios no sabe, ni ha sabido, vivir. Son un obstáculo quejoso y molesto para el progreso. No tienen ni idea de las dificultades del mundo que nos han dejado, debido a sus errores y su estupidez”.
Un repaso superficial a la historia y literatura del pasado muestra que la dinámica crítica entre las generaciones es una constante que se repite de forma parecida siglo tras siglo, desde los clásicos greco latinos hasta los tiempos recientes. Me llegan noticias de un estudio sobre encuestas realizadas entre 1949 y 2019, en 60 países, a unos 12 millones de personas. Lo curioso es que, primero, las quejas reiterativas de los representantes de las generaciones investigadas coinciden a “grosso modo” en culpar a la inmediata anterior o posterior de todos los males y de una degradación moral creciente. Y segundo, que ampliando el estudio al transcurso de la historia documentada, encontramos asombrosas similitudes en las quejas de unos y otros, desde Sócrates a Aristóteles, Nietzsche, Kant o Freud. La moralidad está en ruinas y toda generación es, por definición, peor que la anterior. Como diría Groucho Marx: “No hay que tomarse la vida demasiado en serio: nadie ha conseguido salir vivo de ella”.
ALBERTO DÍAZ RUEDA