(Este artículo ha sido publicado en La Comarca, el120923)
La pregunta es: ¿no les preocupa a ustedes? O: ¿Qué estamos haciendo mal en la familia, la sociedad o la enseñanza? Y la respuesta: la memoria anual de la Fiscalía española sobre las conductas violentas de menores de edad en España y su “alarmante tónica ascendente”. Aumentan exponencialmente los homicidios y las agresiones sexuales protagonizados por menores. No me vale el desmarque habitual de que muchos son miembros de pandillas hispano o latino americanas radicadas en nuestro país. Ni tampoco la problemática del nivel social o el económico. Los imitadores actuales de los adolescentes de “A Clockwork orange” de Kubrick, protagonizan un 15 por ciento anual más de atentados contra la vida. Y también son chicos entre la adolescencia y la primera juventud. Mientras, las agresiones sexuales han aumentado un 116% en los últimos cinco años (incluida la “nueva moda” de las violaciones en manada). Quizá es hora de que nos planteemos globalmente cómo atajar el problema y empezar a tomar medidas en los dos estratos operativos: la educación y la familia. Carencia de educación sexual en niños y jóvenes, acceso fácil y temprano a la pornografía y permisividad y trivialización de las relaciones sexuales.
No se trata de responsabilizar sólo a padres y a profesores: todos somos responsables en una sociedad que confunde la necesidad de medidas cautelares con la represión; y la educación en valores y principios con ataques a la libertad sacrosanta de la falta de límites. Todo está permitido en una sociedad “democrática”: se mira hacia otro lado ante la barbarie del acoso escolar –los profesores se enfrentan a la agresividad en las aulas cuidando de no ofender a los padres de los pequeños bárbaros- ; nadie vigila el acceso de los menores a contenidos peligrosos, desde porno a ciertos “influencers” que deberían tener atención psiquiátrica y prohibición de actuar en las redes. La complejidad de las redes sociales y la falta de vigilancia y responsabilidad penal de los ciberataques y sus perpetradores, dibujan un horizonte tecnológico-social que roza la psicopatología. No es fácil resolver estos problemas de hoy…pero hay que encontrar remedios: ya nos empiezan a desbordar por los dos extremos, los jóvenes como víctimas y los jóvenes como delincuentes. Hay un síntoma social que muestra esa tendencia: el crecimiento de suicidios - o intentos- entre los jóvenes de ambos sexos. Es un grito de atención que hemos de interpretar. Empecemos a tomar medidas y actuaciones directas y tajantes a nivel institucional, tecnológico, familiar y social. Es un buen desafío político.
ALBERTO DÍAZ RUEDA