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SOFOCO
Bochorno, ahogo, asfixia, atafagancia, torridez, acaloro, sofoquina, ardor, chicharrina...eso es lo que viene, escojan el término que gusten. Llega un verano con presagios intimidantes. António Guterres, secretario general de la ONU, avisa: “Estamos jugando a la ruleta rusa con nuestro planeta”. El revólver es el cambio climático y la bala se llama desastre. El Servicio de Cambio Climático de la Comisión Europea (Copernicus) ha señalado que los últimos doce meses, de junio de 2023 a mayo de 2024 han sido los más calurosos de la historia de las mediciones (registradas desde mediados del siglo XIX). Los sabios paleoclimáticos aseguran que la Tierra ya estuvo igual de caliente...sólo que eso fue hace miles de años. El secretario de la ONU ha sido más explícito aún: “los seres humanos, responsables del calentamiento global, representan el mismo peligro que supuso el meteorito que provocó la destrucción del planeta en tiempos de dinosaurios”.
La OMM (Organización Meteorológica Mundial) asegura que existe un 80% de posibilidades de que la temperatura media anual supere el umbral peligroso (del 1,5ºC por encima del nivel preindustrial) en uno de los próximos cinco años, con sus estragos: olas intensas de calor, deshielos intensivos, aumento del nivel del mar, con el añadido de inundaciones de la población costera y de las temperaturas de los océanos que acarrean graves efectos para la vida marina y el clima. La UE ha desembolsado 650.000 millones de euros en los últimos años para paliar desastres naturales, ya que Europa es el continente que se está calentando más rápido.
Cierto es que ya se toman medidas a favor de las energías renovables, pero el cambio es muy lento en comparación con el ritmo de agravamiento de la situación climática. La prueba es que las emisiones de efecto invernadero aumentaron un 1% en 2023, año en el que se rozó el límite de los 1,5º (1,48º). Ese calentamiento, además de los efectos del calor extremo, sequía y enfermedades de origen tropical (la OMS ya avisa que “la próxima pandemia está a la vuelta de la esquina”), hace más probables las intensas lluvias como las de Brasil en mayo (con más de medio millón de personas desplazadas).
Los golpes de calor castigan a bebés, niños y también ancianos. Hay que prever, con ese calor, un aumento de problemas respiratorios. Y de problemas mentales entre jóvenes y personas en media edad: desde trastornos psíquicos a intentos de suicidio (según un estudio del Hospital Clinic de Barcelona). El ciudadano percibe durante las oleadas de calor un aumento del nivel de irritación, impaciencia e intolerancia. La pregunta es: ¿están los responsables de sanidad pública y los Gobiernos preparándose para ello? Médicos, enfermeras, estructuras de prevención sanitaria, comunicación fidedigna a la población...o, como de costumbre, olvidaremos que “prevenir es curar”.
ALBERTO DÍAZ RUEDA