LOGOI 362
EL LOBO GRIS
La política en general se está convirtiendo en un albañal, en un depósito de inmundicias. La deriva ultra y su sello de falta de respeto, ya es una tendencia transversal que concierne a todo el espectro político en demasiados países. No se trata solo de Trump, Orbán, Milei, Oscar Puente, Ayuso, Alvise, Erdogan, los fanáticos religiosos de cuño islámico o judío, en fin todos los adictos al odio y a la mala educación...se filtra a otras actividades que deberían estar protegidas de la intolerancia y la agresividad. Ya sea la escuela, los deportes, las relaciones sociales y sentimentales, las fiestas populares...
Y ahora en el fútbol. No en partidos infantiles o juveniles que a veces rozan la vergüenza ajena, sino en las grandes competiciones internacionales. El jugador turco Merih Demiral, tras marcar dos goles en plena eliminatoria del partido de su selección contra la de Austria, hizo un saludo fascista turco llamado de “El lobo gris”, de un grupo ultranacionalista, antisemita, antikurdo y antiarmenio, xenófobo y racista. La UEFA ha castigado al jugador, a pesar de sus disculpas, pero el asunto ha trascendido a la política internacional y el mismísimo presidente turco Erdogan ha provocado un torpe choque diplomático entre su país y Alemania, con llamadas mutuas de los embajadores respectivos. Al puro estilo Milei, aunque sin motosierra, Erdogan ha insultado a los alemanes por “su xenofobia” sin pensar en que critica la paja en el ojo ajeno sin reconocer la viga en el suyo.
El gesto de Demiral, una simbología de la cabeza de un lobo hecha con la mano y los dedos, está basada en la mitología turca –con extraña coincidencia con la romana (Rómulo y Remo amamantados por una loba) – en la que una loba, Asana, protegió a un joven superviviente de una batalla, que llegaría a ser el fundador del primer imperio turco en Asia Central. En los setenta se convirtió en el símbolo identitario de grupos paramilitares de la ultraderecha turca vinculados al Partido de Acción Nacionalista (MHP). Los Lobos Grises ya no existen como organización, pero su saludo es un símbolo xenófobo que suele verse en las agresiones públicas contra los refugiados sirios en Turquía.
Hay una pandemia de puños cerrados o brazos en alto, gritos e insultos groseros, olvido de las reglas de educación y cortesía, como “sello de distinción” de políticos de todo el arco iris parlamentario internacional. El actual estilo de acción política está aliñado con un despotismo nada ilustrado, criminalización del diferente, pensamiento débil o ausente y el proselitismo psicótico a golpe de eslóganes, gestos y símbolos fascistas contra inmigrantes, judíos, armenios, gitanos o palestinos, entre otros. Se escuchan las lorquianas “voces de odio y muerte” por todo el orbe.
ALBERTO DÍAZ RUEDA