LOGOI 366
MILA
Me permitirán, amigos lectores, desligarme de mis asuntos habituales en esta columna para escribir de algo personal. Se trata de una pequeña personita, Mila, que acaba de nacer en una clínica de Barcelona, de madre musulmana y padre de tradición cristiana. Miembros de las dos familias se han reunido en paz, concordia y satisfacción para celebrar el evento. Mila llega a un mundo sumamente conflictivo, en el que las guerras (supuestas) de religión – en realidad de oscuro y vulgar trasfondo económico- siguen realizando su ominoso papel entre naciones del siglo XXI. Justo las que viven inmersas en el pasado, mientras éste justifique su naturaleza depredadora y genocida. La vergüenza de este siglo tiene nombre bélico: Palestina, Gaza, Ucrania, África, Asia, o apellidos vergonzantes como el terrorismo bajo la bandera que sea; la humillación de la mujer en demasiados países; los millones de refugiados en pateras y buques, explotados por las mafias; la cerrazón de Europa en política migratoria; los cientos de kilómetros de vallas “protectoras”, desde Estados Unidos a India o a Europa...en un vano intento de evitar que seamos conscientes del hambre, la indefensión y la miseria de millones de seres humanos repartidos por los cuatro puntos de la Rosa de los Vientos.
A este respecto, pequeña Mila, uno no puede dejar de recordar los célebres versos de don Antonio (Machado) y adaptarlos a la situación: “Y hay una española que quiere vivir y a vivir empieza. Españolita que vienes al mundo, te guarde Dios, entre un mundo que muere y otro que bosteza: cualquiera de los muchos conflictos de este siglo desdichado, podría helarte el corazón”. Tu nombre, Mila, es la reducción coloquial de “Milagros” en castellano, pero en ruso, árabe o judío, evoca la belleza, la inteligencia y la ternura femeninas y se pronuncia de forma muy parecida. En el país del que procede tu madre, Siria, es una palabra que también sugiere el benéfico efecto de sombra y protección de algunos árboles, que extienden sus ramas de forma espectacular en torno al tronco.
Tal vez la pequeña Mila esté predestinada a ser una persona de grandes logros que brinden protección a las personas que le rodean. Todo es posible. En cualquier caso, el nacimiento de Mila se produce en un momento en que, como cantaba “Abenámar”, un anónimo castellano del siglo XVI, sobre la pérdida de la Granada de Boabdil: “grandes señales había: la mar estaba en calma, la Luna estaba crecida...”. Era un buen presagio. Aunque no se puede evitar la realidad cotidiana del planeta, en el que las luchas se multiplican, el mundo gime... Deseemos, pues, que esta niña, junto a todos sus compañeros de llegada al mundo, conformen una generación providencial, de las que difunden luz con su simple presencia. Y que, con sus acciones, estén destinados a cambiar el signo nefasto de este siglo por un mundo esperanzador.
ALBERTO DÍAZ RUEDA