LOGOI 413
SÓLO PALABRAS
La sensación que me quedó cuando leí las crónicas y comentarios publicados tras la IV Conferencia internacional de la ONU para la financiación y el desarrollo, que se celebró en Sevilla la pasada semana, fue de triste escepticismo: todo queda en palabras. Es decir, aire, vacío, nada. Si unimos los hechos que rodean a esa Conferencia con las noticias que nos inquietan un día sí y el otro también, el diagnóstico es muy pesimista. Se contabiliza que el inefable Trump (con la ayuda de Musk) al anular la ayuda de la Usaid (40.000 millones de dólares) causará indirectamente la probable muerte de millones de personas de hoy a 2030 (catorce, estimando a la baja,). ¿Cómo compaginar eso con los efectos de esa “tormenta perfecta” que está asfixiando al Sur global (deuda + recortes de ayuda + emergencia climática + guerras locales +gobiernos autoritarios + corrupción)? Hablamos de 3.400 millones de personas que viven en países acosados por hambrunas, sequias y una deuda exterior que devora los ya de por sí débiles presupuestos para sanidad y educación.
¿No les parece a ustedes que la situación política internacional –y nacional- en estos tiempos distópicos del siglo XXI, adolece de lo que algunos psicólogos llaman “tétrada oscura”? Es decir, un conjunto de síntomas identificados como pertenecientes a cuatro anomalías psíquicas: narcisismo, maquiavelismo, algún tipo de psicopatía y sadismo: hagan un repaso mental de los líderes que gobiernan ya en algunos países y de los que esperan, muy alterados, a gobernar en otros...y no señalemos a nadie en concreto.
En Sevilla se ha puesto el sol de la solidaridad internacional y no sólo por la ausencia del rey sin corona de Estados Unidos, sino porque en estos tiempos Occidente decide rearmarse para afrontar un futuro incierto con dos focos bélicos contagiosos como Rusia e Israel. Eso supone un importante menoscabo de los fondos que la ONU dedica a ayuda al desarrollo. Un programa en crisis total -por la defección norteamericana-que afectará a 60 países. Y además, ojo al dato, otros Estados occidentales, justificándose con la medida de EE.UU., han recortado sus ayudas. ¿Podemos permitirnos encogernos de hombros y echar la culpa a Trump, a fin de no hacer nada? ¿Podremos protestar del aumento de los flujos migratorios debido al empeoramiento de la situación de aquellos países? Como nota positiva, la postura y propuestas del –en horas bajas- presidente del Gobierno Pedro Sánchez, sobre crear nuevas fórmulas de financiación y “no tirar la toalla”. Eso es algo bueno que reseñar. Y algo malo, los acuerdos tomados no serán vinculantes. A la vista de cuanto ocurre en el mundo, aquí y ahora, ¿no estará mutando la compasión y sensatez humanas? ¿Volvemos a legalizar la ley de la selva?