Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
1 marzo 2019 5 01 /03 /marzo /2019 09:35

 

 

Fue la "Viena fin-de siglo", la "Viena 1900", una ciudad cosmopolita y burguesa donde   florecieron los genios como las margaritas en el campo, una capital que simbolizaba como ninguna otra en Europa el término de una época, la decadencia abrupta de una cultura y de un estilo de vida y anunciaba tras dolores de parto como jamás se habían dado en la historia humana , el caos inconcebible que sumió al mundo tras las dos guerras mundiales, pero también una nueva forma de concebir la vida, el arte, la filosofía, la literatura, la ciencia: en suma la existencia compleja del ser humano en occidente y todo ese entramado de conocimientos y belleza, de tragedia, comedia y sufrimiento, al que llamamos cultura, palabra que perdería su sentido  habitual tras la barbarie nazi.  En esta Viena y en aquélla época se forjaron las oscilantes estructuras de nuestro hoy, tan inseguro y cambiante como la tecnología que la ciencia ha brindado a unos hombres y mujeres que se desnaturalizan a la velocidad que marcan los prepotentes bits que sólo sabemos usar pero cuyo alcance y poder no alcanzamos a comprender. Pero eso es otra historia. En la Viena finisecular se plantaron las cañas que hoy ya se han convertido en lanzas.

En esa ciudad bullente donde se extinguía un imperio (al austro húngaro), genios como Nietszche, Wittgenstein, Freud o Kraus daban los aldabonazos a las puertas de un futuro desolador y al mismo tiempo  redoblaban las campanas que anunciaban los cambios, muchos de ellos asombrosos, que traían en sus alforjas los despiadados caballos de la guerra. Para el Imperio que se desmoronaba, la cuestión lingüistica y la de la identidad nacional serían, vinculadas estrechamente, no sólo el acicate de la caída sino el impulso creativo que renovaría la literatura, la filosofía  y el arte.

He escogido tres libros emblemáticos para analizar ese poderoso nido cultural, científico y político-bélico que se estaba fraguando: un clásico, "La Viena de Wittgenstein", que se publicó en inglés en 1973 y diez años después se tradujo al castellano. Sus autores, Allan Janik y Stephen Toulmin, norteamericano e inglés respectivamente, ambos conocedores a fondo de esa Viena (el segundo fue alumno de Wittgenstein en Cambridge) y de sus protagonistas. Y los otros dos, están dedicados a la figura de Karl Kraus, para mí el símbolo humano de las dinámicas y combativas contradicciones y fuerzas antagónicas que se dieron cita en la Viena de fin de siglo y de la I Gran Guerra hasta desfondarse en la II GM."Contra los periodistas y otros contras" un libro de aforismos del agresivo Kraus y "El laberinto de la palabra" de Sandra Santana, que es un trabajo excelente en el que se unen muchos de los elementos que los dos libros anteriores nos han resaltado. La lectura secuencial de estos tres libros dará al lector una idea compleja pero bastante completa de la importancia y la naturaleza de aquella Viena histórica de la que hoy apenas queda el recuerdo de su testimonio histórico.

Sesenta y dos años tenía uno de los más significados (y difíciles) filósofos nacidos a caballo entre los siglos XIX y XX, el austríaco Ludwig Wittgenstein, cuando murió en Cambridge debido a una gripe mal tratada. Su originalidad corre pareja con su influencia en la marcha de la filosofía, la ciencia y la lingüística hasta hoy en día donde sus proposiciones y hallazgos (y dudas y problemas planteados, pero no resueltos) aún forman parte del bagaje cultural dinámico de nuestra época. Su obra capital, el "Tractatus lógico-Philosophicus"  es una de las claves básicas para entender la situación actual de la relación entre la filosofía y la ciencia, dentro del pensamiento racionalista-lógico que forma parte del paradigma del pensamiento vigente.

La formación de W. es científica (ingeniería y arquitectura) y volcada en la epistemología y la linguística (bajo la dirección de Bertrand Russell en Cambridge). Pero justamente lo que interesa al lector de este libro es el "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una determinada época y en un lugar determinado) vienés que formó y fundamentó no solo la obra de W. sino su propia existencia (con los saltos habidos entre el "Tractatus" y sus dos obras posteriores "Investigaciones filosóficas" y "Notas sobre el fundamento de la matemática" (publicadas póstumamente en 1953 y 1956). El primero marca el "sello" de W. con la fuerza de una frase de Sócrates o un argumento de Descartes o Kant:  “El libro – escribe en el prefacio – trata de problemas filosóficos y muestra, según creo, que la formulación de los mismos se funda en la mala comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el sentido del libro podría resumirse en las siguientes palabras: todo cuanto puede decirse se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”. 

El largo camino del libro es esclarecedor y tiene un doble misión: por un lado nos muestran autores y movimientos, ideas y actitudes filosóficas o psicológicas que de alguna forma nos ayudan a comprender lo que Wittgenstein nos trataba de mostrar ya que le inspiraban y al mismo tiempo ello nos permite que sepamos cómo la música, la pintura y el pensamiento de la Viena de aquellos tiempos se enriquecía con las aportaciones de W. O como nos dicen los autores en el libro: “Los productos culturales del ambiente kakanio tenían en común ciertos aspectos característicos que hablan y pueden arrojar luz sobre el contexto social, político y ético de su producción” . El propio W. afirma en "Cultura y valor" "no haber tenido una idea original y haber desarrollado su filosofía a través de hombres (del Circulo vienés y aledaños) como Loos, Kraus, Weininger, Boltzman, Hertz, Schopenhauer, Spengler, Gottlob Frege, Rusell, Piero Srakka", aunque W. deja fuera del tintero a Nietzche (que como bien escribe Isidoro Reguera, "el ánimo nietzscheano que más cerca o al menos tanto como el de esos diez grandes pensadores de los que hablan los autores de este libro.

En lo estructural, el libro, dividido en nueve partes (junto a un prólogo de Carla Carmona, la excelente introducción del especialista en W. Isidoro Reguera, una nota de Allan Janik, la bibliografía y el índice onomástico) hacen de este libro una joya para entender no sólo las interacciones entre el W. filósofo y su obra con el temperamento y las actitudes y comportamientos del W. persona, sino la influencia de la sociedad y la política de ese momento histórico: La descomposición del imperio austro-húngaro, radicalizado brutalmente por la Primera Guerra Mundial. Y el papel que las ideas científicas, filosóficas y artísticas, de las actitudes éticas tendrían en el fin de una manera de entender la vida y la sociedad para dejar campo libre al caos tenebroso del siglo  XX.

En el prodigioso caldo de cultivo de las ideas que fluían por aquella sociedad se sumerge ese individuo  inteligente y refinado para producir su obra: en el fin de siglo vienés nacieron gran parte de los movimientos culturales e intelectuales que han conformado la historia de Europa del siglo XX.  Desde Karl Kraus: " el laboratorio de investigación para la destrucción del mundo", al sionismo/nazismo, Freud y su Psicoanálisis, Schönberg y la música atonal... todo bullendo en un estado de orden policial, la Viena de los Habsburgo, donde todos los ciudadanos eran iguales, pero no todos eran ciudadanos, bajo una censura rígida y operativa que imponía el principio: o eres del los mío o eres un enemigo a exterminar. Una sociedad `patriarcal, burguesa, estrictamente organizada en el sistema de clases, con un general  rechazo a toda conducta  o idea que se saliera lo más mínimo de las severas reglas de educación y conducta severamente reprimida. Y, naturalmente, esto se aplicaba a las relaciones sociales, pero sobre todo, de una forma hipócrita y mezquina, al sexo. Como escribió Stefan Zweig, "Viena era una sociedad enteramente preocupada por el sexo, pero nunca se hablaba o discutía sobre esa actividad tabú y pecaminosa, lo que generaba todo tipo de aberraciones cuidadosamente ocultas".
En ese ambiente surgen y triunfan ideas, tendencias y escuelas filosóficas y artísticas lanzadas al rechazo de lo escondido y vergonzante: el neo empirismo de Ernst Mach, el análisis de la representación por Kant y Schopenhauer, las alternativas éticas de Kierkergaard, la filosofía rompedora de Nietzche y las novelas revolucionarias de Tolstoi o Musil. Los filósofos llegan a la conclusión de que todos los problemas filosóficos son problemas relativos al lenguaje, auténtico supuesto creador de la realidad a través de las palabras...el terreno estaba propicio para W. Karl Kraus publica "Sexo y carácter" que constituye un símbolo de las tensiones intelectuales y morales del fin de siglo en que creció Wittgenstein.

En suma, un libro apasionante que fascinará por igual a lectores de historia como a los de filosofía. Y será una fuente de información (y gratificación) para el lector que pretende ampliar su visión de la cultura de este siglo.

Pasemos a ese Karl Kraus, ensayista, filósofo, lingüista y periodista con cuyas iniciales K.K.  juegan los adeptos a llamarse "kakanios" en homenaje a otro grande del momento Robert Musil, cuyo inconcluso "Hombre sin atributos" transcurre en un lugar llamado "Kakania". Karl Kraus es un polemista, un provocador nato que odia las imposturas del lenguaje y muchas otras cosas censurables de una ciudad que es testigo angustiado del fin de un imperio y el comienzo de un período estremecedor de inseguridad, muerte y horror. Busca la autenticidad, la sencillez, una cierta verdad. Y así Kraus ataca a los intelectuales de su ciudad con ironía: "Como no tenemos tiempo, no les queda a los autores otro remedio que decirnos con todo género de detalles lo que se hubiese podido expresar brevemente". Y para que no quede lugar a dudas de las maneras de K.K., sus intenciones, sarcasmo y mala uva, a veces irónico, a veces brillante o lúdico, quizá grosero e insultante cuando quiere, en otro lugar, asevera: "Quien sea capaz de escribir aforismos no debiera desparramarse en artículos".

Leer este libro del insigne Karl Kraus (1874-1936) es un ejercicio de paciencia, asombro, admiración, irritación y rechazo. Es una especie de Ramón Gómez de la Serna, pero menos divertido e ingenioso, más duro y más inteligente...y al contrario del gran Ramón con sus "greguerías", dispuesto a indignar , a veces hasta la respuesta violenta, a propios y extraños. Algo parecido a un Cioran, lúcido y depresivo.

Prescindamos del capítulo 3, dedicado a la mujer y a la moral: es de una misoginia vulgar y de fastidioso mal gusto, de puro machismo tabernario y violento, poco justificado por la excusa de la época que vivió, donde esas actitudes eran moneda corriente, dada la evidente inteligencia y cultura de K.K. De la que sin duda deja ejemplos suficientes en esta colección de aforismos, que goza del privilegio de ser prologados por un irónico Miguel Angel Aguilar (¿qué tal viejo amigo y compañero?) y editado y traducido  por el ya desaparecido, erudito y áspero, Jesús Aguirre.

Kraus, judío checo converso de lengua alemana,  fue una deslumbrante aunque incómoda personalidad  intelectual en la Viena de entreguerras(en el índice onomástico del soberbio libro "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, es el nombre más citado) y su revista "Die Fackel" (La antorcha) editada y escrita casi en su totalidad por él mismo durante 37 años,  era leída con devoción, asombro, irritación y denuncias por todo los que la amaban (Schömberg, Musil, Zweig, Canetti, Adorno y el mismo Wittgenstein) y muchísimos que la detestaban (aunque no dejaban de leerla) y los que solían ser blanco de los ataques inclementes, ingeniosos e inteligentes del autor.

A poco más de un mes de la guerra civil española, moría Karl Kraus, evitándose la considerable incomodidad de intentar huir de los nazis a los que les hubiera importado muy poco acabar con una inteligencia superior...pero judía de origen (se convirtió al catolicismo). Su obra, bastante extensa, es en España poco conocida, con algunas excepciones minoritarias de  la República, la Institución Libre de Enseñanza y la Residencia de Estudiantes de Madrid. Después de la guerra, silencio, ya en los ochenta, se publica una primera versión de este  libro de aforismos preparada por Jesús Aguirre y bautizada también Contra los periodistas. El resto de su obra, 17 volúmenes, más los 39 de su revista, más una larga correspondencia, que la guerra y los descuidos diezmaron considerablemente. 

Artículos, ocurrencias aforísticas al modo de las greguerías de don Ramón, o los "propos" de Alain, panfletos variados y polémicos, bastante poesía, algo de teatro fantástico y, en el fondo, uno de los periodistas más aclamados y destruídos por la profesión, de la historia del periodismo escrito. También se especializó en lecturas pública de poesía, comedias, operetas, auxiliado por un pianista y una puesta en escena minimalista, en plan hombre-orquesta, demiurgo mágico de un surrealismo "avant la lettre". Fue un modelo inalcanzable de periodista honesto y batallador. Y al margen de su a veces excesiva contundencia verbal, luchó contra el belicismo, la corrupción, la hipocresía sexual  y la violencia en todas sus formas

Era la Viena de Freud , Klimt y su expresionismo, Schönberg y su atonalismo, Wittgenstein y su formalismo lógico, Schnitzler y Hofmannsthal, Mahler y Kokoschka, Adolf Loos y Rainer María Rilke...y Adolf Hitler.  Pero también una época que ya preludiaba el salvajismo nazi-soviético, belicismo y exterminio de  la inteligencia, el arte y el humanismo. Kraus y su activa lucha contra todo ese huracán de odio y maldad que ya asomaba su feo rostro, influyó en gente  como Benjamin, Adorno, Horkheimer o Löwenthal, que lo consideraban como "el mayor satírico en lengua alemana del siglo XX".

Los que se esperen al leer el título y lo que he escrito hasta el momento de que se trata de una colección de aforismos contra el periodismo, el mal periodismo y sus asuntos, van errados. Kraus carga contra todo lo que a su juicio va mal, desde la moral a las mujeres, al tándem  Viena-Berlín, a la tontería y los cretinos llenos de soberbia, los funcionarios, los políticos, los psicólogos, la corrupción, los malos artistas, los estetas,  músicos y actores, escritores, eruditos y, por supuesto, la tendencia generalizada hacia la guerra como la manera más rápida de resolver problemas que no tienen nada que ver con las armas.

Libro pues ineludible. Pero con una muy seria advertencia: si quiere disfrutarlo, incluso aprender de él, por favor, no se le ocurra leerlo seguido, con prisas, de una tacada, o dos, o tres. Es un libro para leer durante unos meses, ni siquiera página a página, sino pensamiento, aforismo, comentario de uno en uno, por solitario. En caso contrario, le vaticino una indigestión y que acabe en la papelera, lo cual sería además de una lástima algo peor, un error.

Algunas perlas: "Te perdonarán la bajeza que han perpetrado en contra suya, antes que el favor que de tí recibieron". "No tener una idea y poder expresarla, eso hace al periodista" "El nacionalismo es un hervidero en el que se incrusta cualquier otra idea" "La nueva psicología es una doctrina que contrae la personalidad tras haber ensanchado la irresponsabilidad" Sobre el psicoanálisis (aunque Kraus era muy respetado por Freud): "Tienen la prensa, tienen la bolsa y ahora tienen también el subconsciente". "Las buenas opiniones carecen de valor. Lo que vale es quién las tiene" "La educación es algo que reciben los más, que muchos transmiten y pocos tienen" "Las gentes que han bebido de las fuentes del saber más de la cuenta son una plaga social"."No hay otro arte de la palabra si no es la capacidad de poner en claro una opinión". "El periodista está estimulado por el plazo. Cuando tiene tiempo, escribe peor" "El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres". "Los místicos olvidan a veces que Dios lo es todo, salvo místico". "El que plagia debería copiar cien veces al autor" "El diagnóstico es una de las enfermedades más extendidas" "La vida es un esfuerzo digno de mejor causa". En fin, sírvanse. Pero con mesura.

Para terminar pasemos al ensayo de  la madrileña Sandra Santana, poeta y profesora de Filosofía de la Universidad zaragozana, dedicado a "Karl Kraus en la Viena de fin de siglo". Es aquí, preferentemente, donde se actualiza el mensaje conjunto de los dos libros anteriores. Complejo y exigente, el texto de la Santana, se centra en los dos ejes que moverían el entramado del cambio casi copernicamos que daría el mundo desde finales del siglo del convulso siglo XIX, al apocalipsis global que causarían las dos guerras mundiales y otras periféricas igualmente sanguinarias y bochornosas: la dinámica destructiva de los nacionalismos y la creativa pero igualmente destructivas de  las distintas lenguas enfrentadas (como signos de estatus y poder) y el lenguaje como elemento catalizador del ser humano y de su producto más valorado: la cultura y las prolijas manifestaciones de su ejercicio.

El libro se centra en la controvertida figura de Kark Kraus (Bohemia, 1874-Viena 1936), en sus influencias propias y ajenas, en la Viene de su época, caldo de cultivo de una rebelión masiva en el amplio campo de la cultura y en el cuestionamiento del lenguaje como motor del pensamiento, como célula de identidad, como fuerza creativa y, por último pero no menos decisivo, su enorme poder de separar, enclaustrar y destruir a las personas. A  través de Kraus y coronándose en Wittgenstein el lenguaje se convierte en uno de los paradigmas que hicieron gemir a la filosofía en un estertor de muerte: cuando sólo queda el silencio y lo único razonable es callar.

Los "dramatis personae" de esta tragedia de la Viena finisecular, el nido de la serpiente que arrasará Europa y parte del resto del mundo, son como tristes y desahuciados personajes de Esquilo, de Sófocles, Eurípides o del mismísimo Shakespeare que danzan cogidos de la mano en una larga hilera bajo la música y el ritmo que les marca la muerte, la violencia, el hambre y la peste.Empezando con Karl Kraus, una especie de fáustico notario de la época y siguiendo por seguidores,admiradores y contrarios: Adorno, Walter Benjamín, Rilke, Elias Canetti, el pintor Gustav Klimt, la arquitectura desafiante de Adolf Loos, la música atonal de Arnold Schönberg, los filósofos Fritz Mauthner o Ludwig Wittgenstein, los poetas Stefan George o Hugo von Hoffmansthal (que certificaría la muerte del lenguaje como había sido considerado hasta entonces en su "Carta de Lord Chandos", el mismísimo Freud, el gran Nietszche  o el científico Ernst Mach, el provocador Otto Weininger con su "Sexo y carácter", los escritores Herman Bahr (la "bestia negra" de Kraus) y el malogrado Robert Musil cuyo "Hombre sin atributos" glosaría al tipo paradigmático de ese fértil pero desafiante momento histórico...

Santana nos hace partícipes de las filias y fobias de Kraus, de su misoginia galopante pero, al tiempo, de su sacralizada simbología de la madre nutricia y protectora (la lengua) y su contrafigura, la prostituta, de la que defiende la claridad de su función y la hipocresía burguesa que la explota y envilece. También aclara ciertos puntos que aparecen en el libro de "La Viena de Wittgenstein" de Janik y Toulmin, contrastándolos con la bibliografía  posterior y estudios más recientes sobre Kraus y su época, incluída la relación temática con Wittgenstein en lo referente al lenguaje.

Tres libros de un interés muy variado e intenso que relaciona entre sí temas como la historia, la filosofía, el arte, la linguística, la narrativa y la poesía, la psicología, el periodismo, las lacras sociales, el capitalismo, las religiones, la ética, la política y la ciencia. Una extensa urdimbre de intereses y conocimientos que aclara cómo fuímos, por qué ocurrieron los desastres que casi nos destruyen y con que materiales comenzamos a edificar el siglo XXI, es decir, tal como somos.

FICHAS

LA VIENA DE WITTGENSTEIN.- Allan Janik y Stephen Toulmin.- Ed. Athenaica. Trad. I.Gómez de Liaño.-Introd. Isidoro Reguera. 400 págs. ISBN 9788416230952

CONTRA LOS PERIODISTAS Y OTROS CONTRAS.- Karl Kraus.- Prólogo M.Ángel Aguilar. Edición de Jesús Aguirre. Ed. Taurus. 14,90 euros. ISBN 9788430622382

EL LABERINTO DE LA PALABRA.- Sandra Santana.- Ed. Acantilado.-361 págs.-ISBN 9788492649914

Compartir este post
Repost0
25 febrero 2019 1 25 /02 /febrero /2019 10:42

Leo un delicioso compendio de charlas radiofónicas del escritor inglés  E.M. Forster en la BBC. De 1929 a 1958 Forster (que se ya se había labrado una sólida reputación como novelista con obras como "Howards End", "Una habitación con vistas" o "Pasaje a la India") realizó una serie de charlas literarias con periodicidad variable, en las que hablaba de libros y autores con una singularidad: las emisiones se hacían en una frecuencia de radio especial porque iban dirigidas al numeroso público que escuchaba la BBC en la India, aunque algunas eventualmente, se podían emitir en la madre patria. Como  la escritora Zadie Smith (inglesa de origen jamaicano), admiradora incondicional de Forster y autora del epílogo del libro, considero que este autor "convirtió en credo la sinceridad personal y se forjó una carrera en la doblez. Fue conservador entre modernistas y sin embargo en cuestiones como pacifismo, clase, educación y raza, fue un progresista decidido". En las charlas es agudo, amable, ético sin encarnizarse,  no se tomaba la crítica literaria muy en serio e  insistía en los mismos temas esenciales de sus novelas: la libre y fluida comunicación.entre las personas, las ideas, las naciones, el corazón y la cabeza, el corazón y el arte.. Sin eso las cosas nunca acaban de ir bien.

Debemos la selección y prólogo, a Gonzalo Torné (excelente), a  Alpha Decay la edición y a la escritora inglesa Zadie Smith, un epílogo chispeante sobre "su escritor preferido". El volumen recoge, sin orden cronológico, treinta y una de las casi ciento cincuenta charlas sobre libros y escritores que –entre 1929 y 1963, en diferentes programas y sin periodicidad fija– Forster  dirigió a oyentes, principalmente indios, de la BBC. En un lapso de tiempo tan largo no es que el escritor se prodigara demasiado pero,a tenor de lo leído, las charlas tenían una calidad literaria y crítica bastante considerable. 

El lector se sentirá gratamente sorprendido por la variedad de registros lectores de Fosrter, que solía terminar sus charlas indicando a sus oyentes cuánto costaba el libro y dónde podían pedirlo: recuerden que su público principal estaba en la India (país que Forster visitó varias veces en la época colonial y que amaba: de ahí su maravillosa novela "Viaje a la India", para mí superior a "Una habitación con vistas"). Acompañar a Forster en sus lecturas de Shakespeare, la Austen, Huxley, Melville, Auden, Zweig, Steinbeck, Kipling, Mann, Lawrence, Eliot, Twain, Strachey, Hardy, Dos Passos y otros grandes de la literatura clásica o contemporánea, es un privilegio. No tanto por lo mucho que sabía de sus estilos, sino por las anécdotas y por el talante crítica que le hacía comentar tanto lo que le gustaba como lo que rechazaba de esos autores encumbrados, usando una ironía carente de sarcasmo pero llena de guiños picarescos y críticas a pecho descubierto sin caer en la vulgaridad agresiva o la banalidad displicente. 

Capítulo aparte merece el epílogo firmado por Zadie, gran novelista y ensayista que nos brinda un texto en el que brilla el respeto por Forster pero también los "peros" que sin malicia y  con una franqueza y honestidad admirables, nos comenta, enriqueciendo humanamente la figura de este escritor de escasa pero relevante obra literaria, que provocó un escándalo mediático y literario en la puritana e hipócrita Inglaterra cuando se publicó tras su muerte una novela "Maurice" donde quedaba reflejada su secreta homosexualidad. La Smith comenta también las  versiones cinematográficas que James Ivory (tres) y David Lean (una) hicieron de sus novelas –en vida sólo publicó cinco–. El meollo de la cuestión radica en la valoración de nota media que Zadie da a su escritor admirado, no a su obra, sino a sus charlas, de las que se desprende  “un tono coloquial, banal y sin pretensiones académicas” (al contrario que Eliot, que arrugaba la nariz cuando pasaba por el pasillo del locutorio donde hablaba Forster camino de otro donde solía hablar él. Francamente creo que los "defectos" apuntados por Zadie son virtudes dado el medio comunicativo de que se trata y el público al que va dirigido. El prologuista es más generoso y certero cuando escribe de Forster: ..." tiene la capacidad de transmitir ideas complejas en un estilo sencillo”...sin  pedanterías ni guiños para entendidos… las charlas de Forster son serviciales en el sentido más noble del término”.

Lean este libro, amigos. Empiecen por la primera charla "¿Son útiles los libros?", que les invitará a sonreir y a reflexionar en el sencillo pero profundo calado de la inteligencia de Forster. Luego pueden ir saltando de autor analizado, o mejor presentado,  por el orden que ustedes deseen, e incluso evitarse algunos de los menos conocidos. Forster dice contestando a la pregunta de su primera charla que los libros son útiles "porque mejoran a las personas". Esta recopilación de algunas de sus charlas mejoran , sin duda, al lector.

 

FICHA

ALGUNOS LIBROS.- E. M. Forster.-Ensayo. Pról: G. Torné. Epílogo: Zadie Smith. Alpha Decay, 2018. 308 páginas. 18 euros.- ISBN:9788494821035

Compartir este post
Repost0
20 febrero 2019 3 20 /02 /febrero /2019 09:52

 

Me llamó la atención que la novelista Espido Freire tocara el ensayo literario trufado delibro de viajes y más que lo hiciera en escritoras de estilos y carácter tan diferentes aunque ciertamente había algunas similitudes de tipo social y humano. Pero las coincidencias relativas son numerosas y siempre justifican un largo viaje de búsqueda de paisajes y lugares de las novelas que esas autoras han escrito.Y ahí acierta Espido y no sólo eso, divierte y estimula. Confieso que  estoy deseado empezar a releer algunas de las novelas, sobre todo de la Austen, más afín a mis gustos.

El comienzo no podía ser más prometedor: "Se ama a algunos autores de la misma manera que nos apasionamos por ciertas personas, con el mismo desprecio porla ógica y la misma fascinación por hechostriviales". Oh, si, por cierto. Doy fe: mi amor por la Crompton y su Guillermo, Sherlock Holmes, Poe, Stevenson, Proust, Lowry, Durrell, etc. Podría escribir sendas novelas sobre las triviales o banales circunstancias que los convirtieron en mis preferidos.

Así, la autora escribe en su impagable introducción: "cómo cuatro mujeres solteras y pobres, autodidactas, con mala salud, aisladas en el campo en un siglo que no potenciaba sus facultades, que murieron antes de llegar a la cuarentena, se las arreglaron para escibir una docena de las mejores novelas en lengua inglesa". Por eso este libro se convierte para Espido en un "bildungsroman", una libro de aprendizaje, de iniciación personal, ese enfrentarse a fallos de carácter y aprender de ellos, la búsqueda de la perfección en el amor.

El libro está estructurado como un viaje que nos lleva de exterior de las novelas de la Austen o las Bronte, es decir las caracteristicas de las sociedades donde viven, los pueblos, ciudades o zonas rurales donde viven, sus viviendas, incluso sus habitaciones, al interior, sus problemas personales y de salud, sociales o financieros.  La primera parte está dedicada a los lugares ingleses donde se desarrollan las novelas de la Austen.La segunda se reduce a una localización y va ajustándose casi cuarto por cuarto de la vivienda de las tres hemanas Bronte, analizando la repercusión literaria de las localidades de la zona de Leeds relacionada con ellas. Las descripciones físicas actuales que hizo Espido durante su viaje, enriquecidas con sus esperiencias personales es un valor añadido al libro pues no solo son divertidas sino aleccionadoras, en el sentido de qeu el lector acaba conociendo tanto a la Austen, una dama georgiana, que a las otras tres damas victorianas, como a Espido Freire, una joven escritora viajera de nuestro tiempo.

Resulta muy significativo cómo Espido enfatiza las dificultades que una mujer tenía en ambas épocas para publicar con su nombre, usando pseudónimos masculinos o, en algunos casos, firmando con el nombre desu marido o compañero (cosa que duró hasta el siglo XX: como muestra un botón, el caso de la autora fancesa Collette.). En el caso de la Austen con el agravante de las dificultades personales (nunca tuvo una "habitación propia" nos dice Espido en forma muy wolffiana) y económicas, con pérdidas en algunas ocasiones.

Un libro entretenido y bien documentado literariamente. Los elementos propios del viaje de Espido por esas tierras son de un enorme encanto.

FICHA

QUERIDA JANE, QUERIDA CHARLOTTE.- Por la ruta de Jane Austen y las hermanas Brontë. Espido Freire. 235 PÁGS. Ed. Aguilar, 2004. ISBN 978403093713
Compartir este post
Repost0
11 febrero 2019 1 11 /02 /febrero /2019 10:07

Robert Walser, un escritor suizo de habla alemana nacido en 1878 y muerto en 1956, durante una escapada (literal) de un sanatorio psiquiátrico suizo en plena nevada. Su obra tiene las virtudes y defectos de la azarosa época que le tocó vivir: se llevó lo peor del siglo XX. Es un vagabundo profesional que va haciendo todo tipo de empleos para sobrevivir, cambiando continuamente de residencia y sin dejar de escribir, como muchos otros escritores, pintores y poetas. Walser comenzó publicando poemas y tratando de hacer fortuna en el teatro con nulo éxito. En Berlin formó parte, junto a su hermano el pintor Karl Waser (que en vida tuvo más éxito que él) de una ambulante grey de artistas enamorados del arte por el arte. Entre sus obras destacamos "Los hermanos Tanner", Jakob von Gunten (que él consideraba su mejor obra), "El ayudante" y "El paseo". Tuvo amistad con Kafka y Musil (cuyos estilos comparten sólo una cosa con Walser, la continua autoreferencia directa o indirecta) Psicologicamente era una persona inestable y aquejado de periódicas depresiones que cursaban algunas veces con internamientos en centros psiquiátricos.

Carl Seelig, un amigo personal de Walser, publicó un libro de conversaciones durante el,periodo más ausente y silencioso del autor desde 1936 y que se llamó "Paseos con Robert Walser", en referencia a "El Paseo" el libro de 1917 que hoy comentamos. En este corto libro del escritor podemos ver su estilo directo, personalísimo y en decidida comunicación directa con el lector, al que le confiesa sus dudas, vacilciones, encuentros y hallazgos o temores. Es una invitación descarada a que el lector le acompañe en su paseo ya que "está cansado de escribir" y decide de pronto pasear en un "estado de ánimo romántico y extravagante" .

Las confesiones y reflexiones del autor tienen cierta profundidad psicológica y literaria, a la vez que un descaro sin pizca de arrogancia. Todo es la palabra y la escritura y la vida que pasea junto a él no es más que potencial material literario en el que incluye al propio lector, que ha de refrenar su impaciencia ante algunas frases engoladas y otras artificiosas. Pero hay un hálito curioso que ata corto al lector, la sospecha de que tras ese palabreo incesante se muestra un tipo que hasta cuando nos fastidia sentimos vibrar en él la Literatura.

"Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo en su libro, profética y paradójicamene, ya que por pasear murió. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de este libro (Siruela 2016): "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez".

Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual o  enfrentamiento en los mismos términos con el complejo y variado medio ambiente  por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si.

Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante,  atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida.

FICHA

EL PASEO.- Robert Walser. TRad. y prólogo de Menchu Gutiérrez. Ed. Siruela,. 85 págs. ISBN 9788416964512

 

Compartir este post
Repost0
4 febrero 2019 1 04 /02 /febrero /2019 10:18

Es un libro atractivo para leer, pero algo deslavazado, articulado en una forma caprichosa, como a impulsos. No sigue una linea de pensamiento donde se adivine una coherencia determinada, pero resulta agradable y en cierta forma instructivo. Que nadie espere descubrimiento alguno sobre el silencio. Volveremos sobre clichés, fórmulas. definiciones o aproximaciones de todos más o menos conocidas. Lo singular de este libro es el autor. Es un  aventurero acostumbrado a las experiencias extremas y casi todas ellas entrañan la soledad y el silencio como materia habitual. Por lo tanto sabe de qué está hablando y aunque quizá no lo elabore como lo haría Heiddeger, Kant o Aristóteles (qué falta nos hace) la simplicidad y autenticidad de lo que cuenta es, en definitiva, lo que da valor a este libro.

Se trata de un tipo que atravesó la Antártida a pie: más de 1300 kms y 52 días caminando él solito,  o se larga al  Everest  o apareja un barco y  cruza el Atlántico, mientras nos narra con absoluta sencillez que se las ha visto con un oso polar en el Ártico, cruzó de cabo a rabo Nueva York por las alcantarillas e hizo lo mismo por la soleada California. La mayoría de las veces con la única compañía de su cuerpo y su mirada atenta. Es un editor y filósofo noruego (decidió fundar una editorial mientras lavaba los platos de la cena y se preguntaba cómo alimentar a una familia de mujer y tres hijas) que se ha planteado el tema del silencio porque ese ha sido el ingrediente personal más permanente en todas sus experiencias. Se ha propuesto hacerse compañero inseparable de la práctica del silencio personal y nos habla de ello en un libro de  174 páginas, sobriamente ilustrado y de una presentación sencilla y blanca, al estilo Beatle o al estilo Polo Norte, según como se mire.

No es pues un libro de filosofía, sino de vivencias que pueden leerse en clave filosófica si al lector le place. Como escribe en la página 100 de su libro: "Durante miles de años, las personas que han vivido aisladas consigo mismas, como los monjes en las montañas, los eremitas, la gente del mar, los pastores de ovejas y los descubridores que regresan  a casa, han tenido la certeza de que los misterios de la vida se hallaban en el silencio. Esta es la cuestión".

Pues eso, amigo lector, embárquese en este viaje pertrechado con el poema de Olav H. Hauge, "A la hora de la verdad, es/ muy poco lo necesario, y eso/ siempre lo ha sabido el corazón".  O dese cuenta de la importancia del silencio en la música, "son los silencios repentinos de Beethoven los que estimulan el cerebro o hace que nos salgan chispas de la cabeza la cabeza" (pág. 129). O el reconocimiento de que  él vive (como muchos de nosotros) para, en palabras de Blake, "Ver un mundo en un grano de arena/y un cielo en una flor silvestre; tener el infinito en la palma de la mano y la eternidad en una hora".

Y para sorprendernos un poco, nuestro aventurero amigo nos informa que los seres humanos tenemos menos capacidad de concentración que los peces de colores. Los hombres perdemos hoy la concentración al cabo de ocho segundos -en el año 2000 eran doce- mientras que en  los peces de colores el promedio es de nueve segundos".  Sólo la acción y el silencio que la debe acompañar evita el peligro de acabar siendo émulos de los peces de colores y de ser capaz de responder a las tres preguntas capitales a las que Kagge trata de responder con treinta y tres  pequeños capítulos en su libro: ¿Qué es el silencio?¿Dónde está? y ¿Por qué es más importante que nunca?  De la primera nos da un buen número de respuestas válidas aunque no originales. De la segunda se supone que a partir de uno mismo. Y la tercera podría ser, apunto yo, superar en concentración, coherencia, inteligencia y sensibilidad a los peces de colores. Es broma. Él dice en algún lugar, "Es bueno para conseguir tus propósitos: para relajarse, encontrarse y conocerse a sí mismo, y dejar de vivir a través de los otros y la identidad de la masa. Es mentalmente sano y, además, enseña que la vida no es tan corta como parece: es una máquina para extender el tiempo".

Y para terminar, cito: "Erling Kagge defiende que el silencio podemos encontrarlo en cualquier momento, en cualquier lugar, y que la cuestión es ser consciente y aprovecharlo cuando aparece delante de nuestras narices. El editor noruego “crea” sus silencios al subir una escalera, al ordenar un armario o concentrándose en la respiración. “La riqueza potencial de ser una isla para nosotros mismos”, escribe, “debemos llevarla siempre dentro”."

Y una nota científica publicada en los periódicos. Julio Díaz, un investigador, doctor en Física, jefe del departamento de epidemiología de Instituto de Salud Carlos III,  ha publicado una cuarentena de trabajos científicos en los que trata de demostrar que la contaminación acústica es tan dañina como la atmosférica. Según sus estudios el ruido debilita el sistema inmune, agrava enfermedades como el Parkinson, la demencia o la esclerosis múltiple e incrementa la mortalidad por causas respiratorias, cardiovasculares y diabetes.

FICHA

EL SILENCIO EN LA ERA DEL RUIDO.- Erling Kagge.- Trad. Carmen Montes.- Ed. Taurus. 174 págs. 16,90 euros.- ISBN 9788430618736

Compartir este post
Repost0
28 enero 2019 1 28 /01 /enero /2019 15:53

"Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo de lengua alemana Robert Walser (1878-1956). Yo llevo desde mi adolescencia hasta hoy mismo pensando lo mismo, sin elaborarlo. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Los "logoi" nacieron como una reacción mimética a los "propos" de Alain y a los "microgramas" de Walser. Fue respetado por talentos tan soberbios como Robert Musil ("El hombre sin atributos"), Herman Hesse ("Narciso y Godmundo"), Thomas Mann ("La  montaña mágica") o Franz Kafka ("La metamorfosis", "El proceso"). Su obra está editada por Siruela en España. Pero me interesa resaltar hoy "El paseo" (publicada en alemán en 1917). Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de 2016: "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez". Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Es ese momento que nunca es neutro ni indiferente, que lleva en sí la marca de la oportunidad, que te invita a percibirla, que se abre para que te adhieras, pues es cuando las cosas que te rodean en tu camino comienzan a ser lo que son. Por eso cada camino es distinto, aunque geográficamente sea el mismo. Como totalmente diferente es el camino de subida a la montaña del que sigues para descender de ella, aunque topológicamente se trate de la misma senda, así lo constatamos  todos los caminantes. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. Ni las sosegadas  caminatas por el Jardín epicúreo, ni el "flaneur" parisino de Baudelaire o de Balzac. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual con el complejo y variado medio ambiente  por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si. Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante,  atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida. -ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
24 enero 2019 4 24 /01 /enero /2019 10:29

No tiene sangre inglesa en las venas pero domina el idioma hasta tal punto que está escribiendo novelas de tanta valía que le llevaron a lograr el Premio nobel de Literatura. Su origen japonés no ha sido obstáculo para escribir una novela tan fuertemente british como "Lo que queda del día" donde sabe mostrarnos los recovecos más ocultos del talante británico en sus diferentes clases sociales y de crear a unos personajes dotados de una profundidad y una humanidad casi shakesperiana. Además del Nobel (2017) se ha llevado los prestigiosos Whitbread (por "Un artista del mundo flotante" o un Booker por "Lo que queda del día",

"Cuando fuimos huérfanos" es una novela híbrida que comienza como una narración de detectives, se va convirtiendo en una novela bélica y acaba siendo un experimento literario en el que la psicología y los sentimientos de los personajes van hipnotizando al lector en una acción -y reflexión- de un dinamismo y un talento descriptivo excelentes. El protagonista es un detective que intenta conocer el paradero de sus padres en un docudrama bélico que nace tras el nacimiento del protagonista , Christopher Banks, en Shangai a comienzos de siglo. Su padre trabajaba para una empresa británica que siguiendo la política colonialista de Inglaterra estaba envenenando China con el mercado del opio. La desaparición misteriosa de sus padres cuando el niño tenía nueve años, lleva a éste a un internado en Inglaterra. La narración arranca en 1930, cuando Banks ya trabaja como detective y se ha labrado una gran reputación. Llega a Shangai en los momentos previos a la guerra con las amenazadora presencia japonesa en la colonia británica.  Una vez allí se enfrenta a una situación caótica y pre-bélica y las escasas pistas de que dispone están basadas en recuerdos y la manipulación de la propia memoria. Compañeros de estudios, uno de ellos japonés, débiles recuerdos que el narrador -el detective en primera persona- no logra estructurar de una forma coherente. Las implicaciones psicológicas de todo lo que le rodea, el momento duro de la confrontación chino-japonesa, la necesidad de tomar partido, son elementos que van aumentando la complejidad de la trama que deja de ser la de una novela de género para convertirse en una novela de alta literatura.

La historia. a pesar de una cierta ingenuidad nostálgica y familiar del protagonista, se ve inundada por el asfixiante clima de corrupción que desde que llega a Shangai va envolviendo al detective. No hay héroes, Banks es un muñeco trágico que va  mostrando la orfandad en la que vive, de sus padres, de sus amigos, del pasado en la ciudad y de la propia Shangai que se convierte en un escenario del Bosco. No hay salidas. Solo un desarrollo perturbador y un final triste y sin posible redención. Un drama personal que es la tragedia de una época. Y una brillante obra de Kazuo Ishiguro, en la que ,con un poco de cuidado, se pueden percibir ciertos detalles que nos recuerdan el origen del escritor, mucho más que en ninguna otra de las novelas que he leído de él.

FICHA

CUANDO FUIMOS HUÉRFANOS.- Kazuo Ishiguro.- Trad. Jesús Zulaika. Anagrama, 2001. 404 págs, 
 

 

Compartir este post
Repost0
13 enero 2019 7 13 /01 /enero /2019 10:59

En esta ocasión, primero vi la película. Robert Redford y Jane Fonda, los dos abueletes, aunque muy en forma, hacen un papel digno, sin llegar en ningún momento al lucimiento pero tampoco al histrionismo. Luego, más tarde, cuando leí la novela comprendí que con una historia como esa no se podía hacer ningún tipo de exageraciones. Es una novela contenida, que discurre suavemente, que se vuelve dramática con mesura, dolor con sordina, sin aspavientos. Es la historia de dos personas mayores, viudos ambos. Addie y Louis viven solos, tienen sus rutinas, amigos circunstanciales, sin demasiada intimidad con nadie. Hacen su vida apaciblemente, sujeta a ese pequeño pero permanente acontecimiento de levantarse cada mañana y disfrutar del milagro de la vida en el otoño de sus existencias. El entorno es el de una ciudad de provincias en el profundo sur norteamericano, conservador, puritano y en algunos momentos chismoso y retrógrado.

Es Addie quien da el primer paso. Con ese sentido común femenino que supera los obstáculos más recalcitrantes, aparece una noche en la puerta de la casa de Louis, un viejo conocido, y le propone que duerman juntos, sin connotaciones sexuales, simplemente por el placer de sentir al lado de alguien en las noches, cuando la soledad se hace más acre e incómoda. Los dos ancianos están de muy buen ver, son inteligentes y discretos. La  carencia afectiva es evidente en ambos, tienen hijos mayores y arrastran los pequeños -o grandes y larvados- problemas en la relación con sus hijos,  que suelen aparecer en las familias. 

Pero, claro, están viviendo en un pueblo donde todos se conocen y muchos no tienen mejor cosa que hacer que estar pendientes de lo que hacen o no hacen los demás. Naturalmente las idas y venidas de Louis no pasan inadvertidas y comienzan los chismorreos, hasta que estos llegan a los oidos de los hijos de ambos. Mientras la hija de Louis entiende todo e incluso hace migas con Addie, el hijo de Addie se niega a aceptar esa relación, por motivos "morales" que incluye el "mal ejemplo" que los dos  ancianos dan a su propio hijo, el nieto de Addie (prescindiendo del hecho de que el niño está más a gusto con los dos abuelos que con su propio padre , arrasado y desequilibrado por su matrimonio roto).

En fin, no les cuento más. La hipocresía puritana del pequeño pueblo, pero sobre todo la cerrazón igualmente hipócrita del hijo de Addie, son elementos contra los que es difícil luchar. La novela es ágil, irónica y llena de amabilidad humana. Se publicó póstumamente ya que Kent Haruf murió de un ataque cardíaco. Es una novela triste y deliciosa que deja pensativo al lector después de leerla de un tirón. Los diálogos son vivos y al mismo tiempo te envuelven con su precisión y falta de adornos, escuetos, sencillos y directos. Ya el inicio es prometedor, cuando Addie le dice a Louis: "Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo". Él se queda asombrado y pensativo. "No dices nada. ¿Te he dejado sin respiración", dice ella. "No estoy hablando de sexo...yo hablo de acostarse calentitos, acompañados...las noches son lo peor, ¿no crees?". 

Lineas cortas, repletas de diálogos breves pero intensos, pocas descripciones, leves apuntes sobre los demás personajes de la novela, centrada constantemente en la pareja que busca la perfección y belleza de una relación desinteresada en la que también aparece el sexo pero más como ternura inteligente que como pasión. Breve como el paso de una  estrella fugaz, pero con una belleza narrativa basada en los buenos sentimientos, el respeto y un cariño que nace de la comprensión. Poco más de cien páginas que se leen como bebiéndolas de un trago dulce, picante y un fondo amargo pero lúcido.

Kent Haruf ha escrito otras cinco novelas sobre pueblos pequeños  y gentes  de la región de Colorado, donde nació. Recibió varios premios y galardones y en febrero de 2014, se le diagnosticó una grave enfermedad terminal con escasas posibilidades de supervivencia. Dedicó sus últimas fuerzas a escribir esta novela. Poco después de corregir las últimas pruebas, falleció. Tenía 71 años. 

Nosotros en la noche.-Kent Haruf.-Random House Editorial.-Traducción de Cruz Rodríguez Juiz.-130 Páginas.-16,90 €.- ISBN 9788439731856

Compartir este post
Repost0
7 enero 2019 1 07 /01 /enero /2019 09:28

 La última novela de la autora francesa de origen argelino Kaouther Adimi, Nuestras riquezas (Nos richesses, 2017; Libros del Asteroide,  2018), es un libro ingenuo y realista lleno de monstruos y héroes, que nos habla del amor a los libros y de la brutal injusticia y desmesurada violencia de la situación política histórica de un país que ha pasado medio siglo sumido en una guerra sin fin, aunque en algunos años larvada y en otros sumergida en una orgía de sangre inocente, primero por motivos políticos, la independencia argelina de la "madre patria" Francia (raramente se ha visto una "madre" tan cruel, desalmada y estúpida) y después por el fanatismo religioso musulmán, las "fraternales" matanzas de los integristas argelinos sobre su propio pueblo.

Ese es el escenario de fondo de una historia triste y plácida: el oasis de una librería en pleno centro de las kashba de Argel, en el número 2 bis de la céntrica calle Hamani, antes Charras, donde aún existe hoy una librería de préstamo y venta de libros en francés y árabe, " Las Verdaderas Riquezas", como la novela homónima de Jean Giono. La historia se nos cuenta a tres niveles narrativos. Desde el diario de Edmond Charlot (basado en documentos reales), que la abrió en 1936, a las vivencias del joven que va a vaciarla de libros para que se abra allí una tienda de buñuelos en el siglo XXI (afortunadamente esa parte es ficción, la libreria existe aún), pasando como en las tragedias griegas por una voz anónima coral que podría pertenecer al pueblo argelino. Charlot fue un hombre renacentista en pleno siglo XX. Librero y editor pero sobre todo talentoso descubridor de escritores en ciernes,  como Albert Camus, Jules Roy, Saint-Exupery, André Gide y Emmanuel Roblès. De hecho fue el primer editor de Camus, con la publicación de una pieza teatral "Revuelta en Asturias" y fue encarcelado por haber editado a Gertrude Stein cuando Petain reinaba en Vichy. Bernanos, Rilke y Garcia Lorca, también fueron publicados por Charlot entre milagros y fatigas por la falta de papel o tinta durante la guerra. 

Charlot es un editor atípico en un sentido: no parece que la rentabilidad sea un criterio importante en su elección de autores y libros para publicar. Como él mismo escribe en su diario: "yo no persigo la coherencia, sino que publico sobre todo aquello que me gusta, y únicamente libros que me siento capaz de defender. Mi compromiso tiene que ser absoluto. Así es como yo concibo mi trabajo. El escritor tiene que escribir, el editor tiene que dar vida a los libros. No veo límites a esta idea. La literatura es demasiado importante como para no dedicarle todo mi tiempo”.

Evidentemente y por muchos motivos, algunos de los cuales se desprenden de lo que se nos cuenta en la novela -basada en hechos reales, como está de moda en el cine de hoy- este editor es uno de esos héroes que en ningún momento cree serlo. ¿Y los monstruos? La represión francesa contra la liberación argelina, los inicuos asesinatos en masa de manifestantes argelinos pacíficos, en pleno Paris (1961), los horrores que sacudían las calles de Argel y de otras ciudades del país, la abominable "cruzada" intregrista que asoló al campesinado argelino durante los ochenta y noventa, la corrupción y desidia de los sucesivos gobiernos argelinos y sus dirigentes, que ahogaron los sueños de libertad y progreso de los ciudadanos...

"Un hombre que lee vale por dos", se lee en árabe y en francés en un cartel  colocado en el escaparate de "Les vraies  richesses". El editor Charlot vale por muchos hombres, en realidad simboliza a un pueblo martirizado, el franco-argelino. Los últimos capítulos fechados en Paris y Argel en 1961, son el epítome de la narración. Ante los escombros de su segunda librería, destruída por una bomba anónima francesa "por ser simpatizante de los argelinos", un periodista le pregunta a Charlot sobre su amigo Camus y al final le pide "su receta" para los futuros escritores. Y ese hombre lúcido responde: "Compre una mesa corriente, con cajón y cerradura. Cierre el cajón y tire la llave. Cada día escriba tres hojas de papel y las desliza por la la ranura del cajón, sin releerlas. Al año tendrá novecientas hojas. En ese momento llega su turno."

FICHA

NUESTRAS RIQUEZAS.-Kaouther Adimi.- Trad. Manuel Arranz.  Ed. Libros del Asteroide.-181 págs. ISBN 9788417007607

 

Compartir este post
Repost0
30 diciembre 2018 7 30 /12 /diciembre /2018 10:12

Creo que esta es una "buena novela" para rememorar los casi diez años años que llevo colaborando con Octavio Serret , los cincuenta años que llevo escribiendo reseñas literarias en múltiples medios de comunicación escrita o radiofónica y, "last but not least" (por último pero no menos importante) porque en este libro se reúne, sino magistralmente, sí de forma digna e interesante, la filosofía de amor al libro y a la lectura que he defendido toda mi vida en mi profesión y en mi actitud e ideología personal.

Laurence Cossé, autora de "La buena novela" (de editorial Impedimenta), es una escritora y periodista francesa de 68 años autora de varios libros, aunque creo que este fue el primero traducido a nuestro idioma (en 2009). Ha trabajado para "Le Quotidien de Paris" y para la emisora de radio "France Culture".

Nuevamente, como en "La librería ambulante" de Christopher Morley, "La librería de las nuevas oportunidades" de Anjali Banerjee, "La mujer de arena" de Rabih Alameddine y algunas otras de encantador recuerdo, un autor se atreve a mostrarnos el alma escondida de un tipo de librero maravilloso: la persona que se hace librero porque ama los libros, los lee, los conoce y alimenta su vida con ellos, más allá de las circunstancias del oficio y de las notorias dificultades que ese singular negocio padece en estos tiempos difíciles para la cultura en general y para el libro en particular.

Realmente "La buena novela" es una excelente novela y además un libro muy bien editado y que como suele ocurrir con los libros de Impedimenta, con una portada atractiva y una traducción intachable, en este caso de Isabel González-Gallarza.  

En la novela asistimos a la creación de una librería en París cuyo nombre da título al libro. Es un establecimiento peculiar y, de alguna forma, refleja el sueño no confesado de la mayoría de los lectores de raza, es decir de las personas que no saben concebir mejor uso para sus manos que sostener un libro e ir pasando las  hojas morosamente mientras el alma fascinada del lector se pierde en lo que nos cuentan esas páginas: esa librería sólo venderá buenas novelas (y para no meterse en problemas, cualquier otra que le sea reclamada por un cliente, ejemplar que ellos pedirán al distribuidor y venderán bajo encargo). El fondo editorial quedará constituido por obras maestras recomendadas por un comité secreto de ocho grandes novelistas que facilitan en principio sendas listas de 600 novelas cada uno y luego irán añadiendo las que estimen oportuno de entre las que vayan surgiendo.

La genial idea comienza teniendo un enorme éxito (¿quién no ha soñado con una librería así?) pero muy pronto va concitando rechazo e incluso agresividad de grupos y entidades que acusan a los promotores (Van, un joven librero obsesionado con los libros y la lectura y Francesca una seductora mujer de fortuna, perteneciente a la clase alta francesa) de elitismo, desprecio cultural y manipulación facistoide. La broma literaria de la autora se extiende a la divertida reseña de los periódicos y revistas franceses, con sus nombres visiblemente semejantes a los reales.

Comienza como una novela de misterio: asistimos a tres atentados contra tres personas de las que no sabemos casi nada, más adelante nos iremos enterando que se trata de tres miembros del secreto comité que selecciona las obras maestras para la librería. La historia se nos cuenta a través de un narrador que se mantiene en el anonimato, aunque va dejando pistas de su cercanía a Van y se nos informa de la génesis y desarrollo de la librería a través de una larga exposición que hacen Van y Francesca a un funcionario de la policía judicial al que piden ayuda para evitar más atentados.

Evidentemente hay muchos elementos de intriga, humor crítico e información sobre las novelas y los autores que integran el fondo editorial de la librería, un acercamiento lúcido a los pros y los contras de una idea tan revolucionaria y un ritmo literario fascinante que se basa en los pocos personajes que llevan la trama, Van, Francesca y Anis, un triángulo amoroso que tiene la complejidad y el encanto de los clásicos de los que se nos habla continuamente. En resumen, es una de esas novelas que se lee de un tirón y deja un rastro de "daños colaterales" en algunos lectores: notas sobre los libros que uno se tiene que comprar y leer. Libro para amantes de la novela, para editores y libreros enamorados del objeto de sus oficios y para todo aquel que, simplemente, quiera pasar un buen rato.

 

FICHA: LA BUENA NOVELA.- Laurence Cossé.-Ed. Impedimenta. 23,95 euros. 416 págs.

 

 

 

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens