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1 agosto 2022 1 01 /08 /agosto /2022 12:41

CLAVES Y MISTERIOS DEL CLIMA Y DE LOS OCÉANOS DE NUESTRO AGREDIDO  PLANETA

 

 

“La roca que se desintegra, la lluvia que nutre, el sol que estimula, la semilla, la raíz, el ave: todo son uno”.- Nan Sepherd

 

Leer en estos días los dos libros que en esta ocasión les recomiendo es un ejercicio de humildad y casi de reparación ética –si tal cosa fuera posible- para con el planeta que nos cobija y al que estamos, lastimosa pero porfiadamente, destruyendo. Tanto el del aventurero, explorador y naturalista Tristan Gooley (una especie de avatar de Indiana Jones) sobre “El mundo secreto del clima”, como el del biólogo marino Alex Rogers, oxfordiano asesor de las Naciones Unidas y de Greenpeace, “Misterios de las profundidades” (“Las maravillas ocultas de nuestros océanos y cómo protegerlas”), son libros cuya lectura y sola existencia constituyen un valioso testimonio para nuestra historia como especie, en las sombrías horas que están por venir, cuando es más que probable que la huella homicida del carbono y los combustibles fósiles acaben con el clima y los océanos tal como hasta ahora los conocíamos.

Ambos volúmenes editados por Ático de los Libros de una forma sencillamente formidable, profusamente sembrados de fotografías, dibujos e ilustraciones de todo tipo, dejan al lector –al menos a mí me ha ocurrido, mientras leía y, al margen  del libro, veía las imágenes televisivas de los inmensos incendios que asolaban nuestra tierra en ese mismo momento- con una sensación de amarga desolación, de estar asistiendo al principio del fin de una era en la que podían escribirse y publicarse libros como estos porque mostraban algo que aún existía tal como lo conocíamos históricamente….y ante lo que pensábamos que siempre tendríamos la posibilidad de conocerlos en vivo y en persona. Y también nuestros hijos y nietos. Pensar en que ese mundo está desapareciendo provoca tristeza y rabia, culpa como especie y rencor contra los intereses y personas que lo han propiciado.

El gráfico e impactante título del reportaje lo tomo prestado de una vieja, olvidada y deliciosa novela de Sir Arthur Conan Doyle, el padre de Sherlock Holmes y del profesor Challenger (el de “El mundo perdido”). En ella se nos describe como un experimento científico logra llegar al “corazón vivo” de nuestro planeta y éste reacciona como un ser ofendido y ultrajado. Y lanzó un alarido de dolor. Metafóricamente la Tierra está lanzando últimamente muchos alaridos: los incendios, la sequía, las pandemias, las tormentas e inundaciones… Como los antiguos griegos con “Gea”, el novelista inglés flirteaba con la idea de que la Tierra era un ser vivo al que se debía respeto y cuidado.

Esa ha sido siempre mi actitud ante la Naturaleza. Llevo medio siglo de dinámico trato con las montañas, los senderos y la vida al aire libre, así que el libro de Gooley ha sido un bello regalo para mí y lo será para cualquier persona curiosa por las cuestiones naturales: aunque quizá estemos viviendo el “Canto del cisne” de la Naturaleza del último siglo: nuestro autor dice al principio de su libro: “el clima se ha desvinculado de su hogar: la tierra”.

Gooley nos enseña a “mirar de cerca el paisaje”, a observar los pequeños detalles, zonas de sombra, vientos y brisas, la orientación de árboles, arbustos, colinas y montes; sin olvidar a los animales presentes en un momento dado, las plantas y las flores, los insectos, riachuelos y manantiales, fenómenos como granizo, lluvia y nieve, hongos y líquenes, la niebla y el maravilloso mundo de las nubes, sus formas, sus claves y la información que llevan consigo.”Cada fenómeno meteorológico puede descomponerse en estos tres ingredientes: calor, aire y agua” Y las nubes nos indican las variaciones del clima si sabes leer sus formas. “Si crecen en vertical, mucho más altas que anchas y no parecen alcanzar un tope, la atmósfera es inestable”. Para facilitarnos las cosas,  Gooley nos habla de los “siete patrones de oro” para conocer los cambios del tiempo a través de las nubes. Y reconocer las tres familias fundamentales: cirros, estratos y cúmulos. Y, naturalmente sus “primas”, cirroestratos, altoestratos, nimboestratos, cumulonimbos.

De vez en cuando Gooley se permite un momento de relajo y nos regala una experiencia propia, como el paseo por el Sahara  con un musulmán en pleno Ramadán y la delicia de los “hoodoos” (chimeneas de hadas)  y el terror (justificado, aunque muy irónico) del autor hacia los osos, que proporciona alguna que otra sana carcajada. Como dice nuestro autor: “el tiempo, sea amable o malicioso, moldea nuestra esencia y lo ha hecho desde el principio de nuestra historia”.

 

Y también nos ha moldeado el agua, el misterio de los mares y océanos. Esa es la materia de los sueños del biólogo Alex Rogers. Y en este libro sale a flote de entrada la necesidad urgente de proteger los océanos del planeta, ante el uso depredador que se hace de ellos, desde la pesca abusiva, a las prospecciones petrolíferas o de gas, o el vertido indiscriminado de tóxicos químicos o de plásticos –auténticas islas flotantes con la extensión de países- y microplásticos que envenenan a los peces y, siguiendo la cadena trófica, a los humanos.

Como se dice en el libro, la parte más profunda del océano es aún menos conocida que la Luna. En realidad no solo vivimos de espaldas a los océanos o usándolos de forma utilitarista sino que sigue siendo un lugar todavía no muy explorado por los científicos y alejado del interés y la atención de la mayoría de los seres humanos.

Hemos actuado de tal manera que en lugar de aprovechar la capacidad oceánica de ayudar en la lucha contra ese cambio, absorbiendo los excesos carbónicos  incompatibles con la vida, estamos provocando el agotamiento de esa capacidad, lo cual acelerará el proceso. Rogers nos informa de la sorpresa alarmante de haber encontrado microplásticos en lugares de las profundidades marinas que  han sido descubiertos recientemente por la nueva tecnología exploratoria. Lugares a los que jamás había llegado la criatura humana. Como escribe Rogers, “Dado que el conocimiento humano disminuye con la distancia a la costa, existe la tentación de creer que estas aguas profundas y oscuras no tienen vida y que podemos hacer lo que queramos con pocas perspectivas de daño. En los últimos 30 años he oído a los gobiernos y a las empresas vender esa tontería una y otra vez. Nada más lejos de la realidad, y cuanto más descubrimos sobre el océano, más comprendemos la importancia de la vida que contiene para el mantenimiento de nuestro ecosistema planetario, del que dependemos para sobrevivir”.

Desde las pozas irlandesas donde un niño, que luego sería un famoso biólogo marino, observaba la maravilla diversa de las criaturas marinas que vivían en una humilde charca rocosa junto al mar, hasta la defensa activa de la supervivencia de los corales (con éxitos tan sonados como detener las prospecciones petrolíferas de la Shell en aguas escocesas donde había colonias coralinas), la carrera profesional de Rogers se concentró en una defensa en distintos foros de la integridad de los océanos y la defensa de su variadísima fauna propia.

 Todo ese formidable currículum queda reflejado en los interesantísimos capítulos del libro. En el dedicado a la pesca de altura, donde condena inexorablemente los excesos salvajes de la industria pesquera mundial (sobre todo por el sistema de arrastre), pregunta irónicamente “¿Talarías un bosque para atrapar a los ciervos?”. En cuanto a su numantina defensa de los arrecifes, le dedica el capítulo 5 y lo titula “¿Cómo evitar la destrucción del ecosistema más emblemático del mundo?” Lo cierto es que el lector ni siquiera sospechaba la extraordinaria riqueza que atesoran los arrecifes, así como su labor en el vulnerable equilibrio homeostático del ecosistema marino.

 Quizá lo más alarmante es algo que ya nos es dolorosamente familiar: la premura, la urgencia y la escasez del tiempo que nos queda para tomar medidas antes de que el mal sea irreversible. Rogers nos cuenta cómo se va reduciendo el nivel de oxígeno en los océanos y una acidificación del mar que ya es 10 veces mayor que la peor registrada históricamente hasta el momento.

 

Pero el mundo sigue con la codiciosa ceguera neocapitalista al mando de la nave, mientras las temperaturas han subido 2,2 º C, sigue disminuyendo las capas de hielo en los Polos, aumenta el nivel del mar (9 centímetros desde 1993), se pierden millones de litros de agua potable por el deshielo, la sequía aumenta y se extiende, al igual que los incendios incontrolables y devastadores…¿Hasta cuando no nos percataremos que ya no se trata de encontrar remedios circunstanciales a estos problemas sino de cambiar radicalmente el estilo de vida que los ha causado?

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

FICHAS

EL MUNDO SECRETO DEL CLIMA.-Tristan Gooley.- Trad, Luz Achával Barral.- Ático de los Libros.- 399 págs.

MISTERIOS DE LAS PROFUNDIDADES.- Alex Rogers.- Trad. Joan Eloi Roca.-Ático de los Libros.- 335 págs.

 

 

 

 

 

 

 

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19 febrero 2022 6 19 /02 /febrero /2022 19:32

El agua es un elemento esencial de la vida. "El agua es vida y es de todos", pregonan desde la ONU a todo el planeta. Nuestro propio cuerpo tiene un elevadísimo porcentaje de agua y ello nos hace especialmente sensibles a su carencia. Los excesos y los abusos e ignorancias que provienen de la cultura irresponsable y consumista del siglo XXI, comienzan a producir los efectos perniciosos de dos fenómenos unidos entre sí, las sequías, la desertización creciente y los diluvios, con su secuelas de inundaciones y catástrofes. El deshielo progresivo en los Polos, el aumento del nivel del mar en todo el planeta y fenómenos contaminantes como la Gran Mancha de Basura del Pacífico que tiene una superficie superior a España, Francia y Alemania juntas, son alertas estimables para toda persona consciente. Para mentalizarnos del protagonismo natural en la vida del hombre de ese preciado elemento he escogido tres libros que simbolizan tres actitudes y puntos de vista interesantes, aleccionadores y, para mayor deleite del lector, llenos de una cierta sabiduría. Una actitud que que debería impartirse desde las guarderías en la educación de los hombres y mujeres de este siglo preocupante. Se trata de un ensayo, donde el viaje, la búsqueda y la mirada lírica, técnica o naturalista dan una pátina literaria muy atractiva. "Cómo leer el agua" de Tristan Gooley, que edita Ático de los Libros es el título que les recomiendo.

Tristan Gooley, que gasta sombrero a lo Indiana Jones, aunque cuando estuvo en Barcelona llevaba una gorra con cierto aire a la que usaba Sherlock Holmes en algunas películas antiguas, es un hombre-orquesta cultural y deportivo. A un caminante compulsivo como yo, le sugiere Gooley oleadas fraternales de sana envidia: no sólo por su magnífica forma física, sino por el acervo naturalista de conocimientos y experiencias. Nuestro hombre tiene en su haber un libro (aún no traducido), "Natural navigator" en el que tiende su mirada metafórica, atenta e inteligente a la vida humana en las metrópolis, aplicando parámetros filosóficos, biológicos, históricos, sociales y de supervivencia.

 Tristan, que rebasa un poco los cuarenta pero exhibe en su prosa un entusiasmo vital veinteañero y una noción básica de que en la vida es más importante el camino que el destino,  en su libro "Cómo leer el agua" nos cuenta que durante muchos años ha navegado y ha buscado e investigado sobre la relación del hombre con el agua, para asegurarnos que podemos llegar a "leer" en un charco de lluvia el lenguaje del líquido vital con tanta precisión como en el Pacífico o en el Ebro o en los colores de un arco iris. Como todo amante de la Naturaleza, Gooley nos habla de emociones, lirismo y espiritualidad asociados a las interminables llanuras ondulantes del océano, el fragor del arroyo de montaña o la calma zen de un lago en las cumbres suizas (con la sabiduría añadida de recordarnos que el auténtico reto, la prueba "del algodón" es sentir el mismo amor por el entorno mientras caminas por el Everest o lo haces por la bella y familiar montaña de tu pueblo).

Siguiendo a los polinesios, grandes navegantes pero también minuciosos observadores de todo lo que tiene relación con las aguas, de la enorme complejidad que oculta su soberana sencillez, Gooley nos va enfatizando “las singularidades, los signos y los indicios del agua en sí". Nuestro autor empieza por lo más banal, una gota resbalando por el cristal de una ventana o un vaso de agua en tu hogar o el charco que la lluvia ha creado en el borde de un camino (o nos habla del "petricor" ese inconfundible aroma que genera la lluvia al caer sobre el monte o los campos tras una temporada de sequía). Pasar de lo mínimo a lo máximo, del microcosmos escondido en un estanque hasta el macrocosmos del Atlántico y la relación de todo ello con la atmósfera, las nubes, las corrientes de aire, el calor del sol, el frío, la interrelación de todo en Todo y el frágil equilibro de nuestro entorno planetario, tantas veces violado. El mensaje ecológico de este libro no es autoritario y censor, no nos dice lo que "debemos hacer", lo que hacemos mal, toma un camino taoísta y muy inteligente: enseñemos a la gente a amar y respetar la Naturaleza, desde niños: no tardaremos en empezar a cuidar de ella de forma general e indiscriminada.  Este hombre, que ha cruzado dos veces el Atlántico, una vez en avioneta y otra en barco, está familiarizado con la presencia del riesgo y la muerte y los integra en sus actividades con la misma naturalidad con la que busca "pistas, señales y patrones físicos" en cualquier superficie de agua, quizá para gozar de la habilidad del "isharat" con la que los antiguos marinos árabes designaban el área de conocimientos que permite leer las señales físicas en el agua y que Gooley comparte con el lector en su libro.

FICHA

CÓMO LEER EL AGUA.- Tristan Gooley.-trad. Víctor Ruíz.- Ed. Ático de los libros.-2018. 424 págs.

 

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2 octubre 2020 5 02 /10 /octubre /2020 11:49

(Texto publicado el 021020 en La Comarca)

Las “marabuntas” son agresivas colonias de hormigas depredadoras existentes en algunos países de África y en Sudamérica. Les llaman hormigas guerreras o legionarias y arrasan territorios enteros, devastando la pequeña fauna y la vegetación por donde pasan, en columnas de 20 metros de ancho por 200 metros de largo. En los años 50 se hizo popular una película norteamericana dirigida por  Byron Haskin y protagonizada por Charlton Heston y Eleanor Parker. Es España se tituló “Cuando ruge la marabunta” (“The naked jungle”, “La selva desnuda” en inglés) en la que la marabunta se convertía en un exagerado flagelo letal incluso para grandes mamíferos y personas.

Ustedes me permitirán la broma, también exagerada, de comparar las tropelías devastadoras de la marabunta con ciertas actitudes, abusos, excesos, incivismo, mala educación o simples gamberradas -seguramente etílicas o anfetamínicas- del tropel veraniego que ha invadido nuestros pueblos, impulsados por las circunstancias (encabezadas por el Covid y en contra de las recomendaciones de las autoridades de las provincias de origen de los turistas).

Las últimas fiestas y “puentes” han sido un triunfo de la necesidad de desplazamiento tras la reclusión, inconsciencia y covidiotismo de cientos  de miles de personas que se han expandido por el mundo rural y el de montaña hasta límites notables incluso comparándolos con tiempos de normalidad sanitaria y económica. Entendámonos: creemos firmemente en el derecho de los ciudadanos a buscarse sus momentos de diversión, deporte, nomadismo, relajación o socialización fuera de su lugar habitual. Con dificultades para salir a otros países más exóticos y con el añadido de las penurias económicas, la gente ha decidido hormiguear por lugares más o menos cercanos, más económicos y poco poblados (hasta que llegaron ellos, naturalmente). Los aborígenes rurales y montañeses, encantados de entrada (algunos). Las pernoctaciones y alquileres o casas rurales han estado a tope. Los bares y restaurantes hicieron su agosto en setiembre. Los senderos superpoblados y arrasados por motos y bicis de montaña y ristras de mochileros protestando de tanta rueda y ruido. Las cumbres modestas y las más orgullosas han sufrido hasta colas de espera (vi una foto descorazonadora de la cruz del Aneto a rebosar de “selfies” y posados grupales).

Por las noches, hasta en los pueblos más pequeños y a pesar de las órdenes de alejamientos y mascarillas en vigor, los botellones, francachelas y escandaleras han estado en plena vigencia transgresora. Botellas vacías (y rotas), vasos de plásticos y otros residuos han constituido la pesadilla y el rosario de malas palabras de los pobres peones y alguaciles de los Ayuntamientos. Moblaje urbano destrozado, pintadas de lo más “divertido”, automóviles aparcados a la buena de Dios, vomiteras en algunas esquinas, gritos estentóreos en la noche donde sólo se escuchaba algún búho o lechuza, cantos “patrióticos” o coplas libidinosas durante la “sana” diversión nocturna importada.

Me dirán ustedes que eso no ha sido la tónica general. Que muchos de los que han buscado refugio estival en los pueblos son personas que tienen en ellos su segunda residencia, otros son amigos o familiares de los propios lugareños. En fin, que exagero un montón. ¿De veras? Den un repasito a los periódicos locales, comarcales o provinciales. Aún así, admitamos que la cosa no ha sido tan grave y que ha compensado un poco el desbarajuste económico del confinamiento. Muy bien. A cambio déjenme hacerles una propuesta discreta: Convengamos que el Aragón vaciado no es un cubo de residuos donde puede venir quien quiera a cambiar sus óbolos turísticos por cosas inconvenientes que nos afectan y desmerecen nuestro territorio. Lo que no se tolera –o se multa- en las ciudades, en nuestros pueblos queda impune. Como dijo en un semanario de la comarca un destacado político amigo mío: “si masificamos el territorio, deterioraremos los espacios y degradaremos nuestras pequeñas joyas”. ¿Por qué no regalamos  a los visitantes ocasionales o “residentes” un decálogo de buena vecindad, de educación cívica, en el que les rogamos que nos ayuden a conservar, mantener y mejorar los lugares y monumentos naturales que vienen a admirar y respeten a los que vivimos todo el año aquí y trabajamos para hacer esa labor y, en consecuencia volverles más fructífera su estancia?  ¿Es mucho pedir? ¿O prefieren dejar nuestro Aragón milenario convertido en un páramo arrasado como por el paso de la marabunta?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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31 agosto 2020 1 31 /08 /agosto /2020 11:39
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10 abril 2020 5 10 /04 /abril /2020 10:32

Los escritores de temas relacionados con la Naturaleza, "nature writing", están muy de moda desde los lejanos Thoreau, Darwin, Emerson, Burroughs, Carson, Abbey y los más cercanos Oliver Rackman, Richard Maybey, Olivia Laing, Flora Thompson, Roger Deakin, Robert McFarlane.  Durante más de cincuenta años he vivido practicando dos deportes principalmente: el tenis y el senderismo/montañismo por los Pirineos, las cadenas montañosas anteriores tanto en Aragón como en Cataluña y cuando el trabajo no me dejaba tiempo suficiente, extenuantes excursiones corriendo montaña a través por el Montseny, Montserrat, Collcerola, Montsant y la zona de Sant Miquel del Fai y Tavertet. Por tanto acostumbro a devorar todo libro de montañismo, excursiones y, con envidia, de expediciones, que cae en mis manos.

El libro de Nancy Campbell no podía ser menos. Ya sólo el título me intrigó y me atrajo. El hielo es para mí un oximorón  fascinante:  es tan cálido como la belleza de sus paisajes y la rememoración de sus historias al calor de una buena chimenea , un pipa bien cargada y un whisky de diez años en vaso ancho y se vuelve gélido, inhóspito, amenazante y  rechazable cuando me encuentro en persona rodeado por él. Lo conocía en el cine y en las noticias y hasta pasada mi primera juventud no tuve contacto con él. Y no me gustó.

El libro de Nancy me ha devuelto al estado de ánimo fascinado que me producían aquellas lecturas de Grey, Salgari, Verne, Scott, Amudsen, Shackleton, Conan Doyle. Hacer un viaje literario por entre hielos eternos (¿durante cuánto tiempo seguirán así?) témpanos, glaciares, nieve virgen, el frío polar, la fauna y flora de ese mundo poco amigable de una belleza insomne, su particular fauna, los pueblos que habitan esos desiertos blancos y montañas coronadas. La voluntad enciclopédica de Campbell se desgrana en temas colaterales que se van sustantivando en los seis bloques en los que divide su libro. La especial garra que el momento que vivimos da al libro de Nancy se basa en las consecuencias ya visibles del cambio climático, con las amenazas -algunas desconocidas- que acarrea la destrucción de ese mundo y el desequilibrio que produce en la homeostasis del planeta ( más que la destrucción inicua, irresponsable y ecológicamente criminal que se está realizando de la selva amazónica, el pulmón verde del planeta).

Nancy es una buscadora pertinaz y está abierta a la sed de conocimientos y a la curiosidad estimulada por una sensibilidad naturalista poco común. Su personal vivencia en la residencia invernal en un museo de Groenlandia que invita a artistas de todo tipo a hacer sus obras evocadas por el hielo con tal de que las dejen en el museo después (con la excepción lamentable de los escritores que pueden llevárselas (mejor no entro en analizar esa normal). Nancy hará un trabajo hermoso entre narrativa y dibujos y los envia al Museo para agradecer su hospitalidad y algo más: el impulso que la llevará a viajar por muchas zonas y a investigar en bibliotecas a fin de escribir el libro que hoy les recomiendo.

La fascinación de Nancy por las cambiantes formas del hielo, su presencia y la infinita información que ofrecen, la historia del mundo encriptada en sus grandes praderas de grosores inauditos, la historia de los descubrimientos científicos, los mitos, la literatura y la filosofía que los enaltece, van ilustrando este viaje literario por ese elemento natural al que está atacando ferozmente el cambio climático. Nancy echa mano a menudo de su sensibilidad poética, evitando el sentimentalismo, tratando de ofrecer atisbos de visión de la pureza y la solidez austera del hielo y también de las comunidades que allí viven, mostrándonos su solidaridad y cálida relación con el visitante.

Han sido siete años de estancia y pesquisas en museos y bibliotecas, de viajes a lugares remotos., de apasionadas lecturas de viajeros polares y exploradores, de contactos con cultura indígenas, un canto en definitiva a la defensa de un entorno frágil que está amenazado de extinción (como, por supuesto, también lo estamos nosotros, los causantes en última instancia del desastre planetario). Nos va citando a personajes tan emblemáticos como Marco Polo, Robert Falcon Scott, John Irving y su travesía del Polo Norte. Sin olvidar el capítulo dedicado a los antiguos cazadores de los hielos o al patinaje artístico, un mundo peculiar.

La diferente densidad y agarre de los temas que Nancy va desgranando a través del viaje de su narración, todos engarzados como en un collar por el hilo del entusiasmo de la autora, le ofrece al lector un nivel de interés bastante elevado que hace de la lectura un placer.

FICHA

LA BIBLIOTECA DE HIELO.- Nancy Campbell. Trad. Lorenzo F. Díaz. Ed. Ático de los libros.- 2020.- 288 págs. 17,90 euros

 

 
 

 

 
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8 noviembre 2019 5 08 /11 /noviembre /2019 17:53

El periodista y escritor francés Jean Rolin, de 76 años, ha utilizado un pretexto  biográfico para seguir los pasos del célebre T.E.Lawrence (el llamado "Rey sin corona de Arabia" o "Lawrence de Arabia" inmortalizado popularmente más por la película de David Lean con un joven y teñido de rubio Peter O'Toole, que por su oscura y trepidante hazaña bélica junto a los árabes contra los turcos, en la I Guerra Mundial.

Se da la circunstancia de que Lawrence vivió en la localidad francesa de Dinard a finales del siglo XIX y a mediados del XX los hizo el autor de este libro, ambos a una edad infantil parecida. Rolin da esa razón como excusa para realizar un viaje de casi mil ochocientos kms semejante al que hizo Lawrence a los 21 para recorrer una ruta por los 35 castillos de los cruzados, la mayoría simples ruinas, que se extiende por Jordania, Palestina, Isarel, Libano y Siria hasta Turquía. Lawrence hará su tesis doctoral de ese relato en Oxford. Más de un siglo después, en 2017, Rolin, seguirá sus pasos, acompañado por un traductor y de vez en cuando por escoltas militares o del servicio secreto de Assad y nos cuenta las aventuras de Lawrence tal como él las relata en sus  libros y los de otros que escribieron sobre ellas, complementándolas con sus propias vivencias en unos territorios y una población que parece haberse mantenido en lo esencial tan miserable, peligrosa, hospitalaria a veces y violenta y mezquinamente codiciosa.

Aparte del recorrido en sí mismo, entre polvo, cascotes, ruina y la miseria de la población que acompaña a cualquier territorio en continua situación bélica, Rolin va incluyendo datos y fragmentos procedentes de los libros y la correspondencia del militar, escritor, arqueólogo y erudito británico que, al menos a mi, me han dado mucha información sobre la niñez, juventud y el tono íntimo de sus aventuras con aquellos árabes de principios del siglo XX, no tan alejados de los actuales.

FICHA

CRAC.- Jean Rolin. TRad. Manuel Arranz.-Libros de Asteroide.

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12 septiembre 2019 4 12 /09 /septiembre /2019 09:11

En general procuro mantenerme apartado de los best-seller. No por un mal entendido elitismo o por el horaciano "Odi profanum vulgus et arceo". Respeto y apoyo el fenómeno best-seller, en definitiva es lectura y en grandes cantidades. Simplemente a estas alturas de la jugada vital prefiero seguir mi instinto literario (no siempre acertado, lo reconozco) y  no perder mi tiempo, cada vez más escaso, por un fenómeno estrechamente vinculado a las modas del momento ( a veces me repito que "Don Quijote" también fue un best seller en su época). Pero en Literatura, como en casi todo, nada está sentenciado de forma absoluta y el tiempo, ese buen doctor, puede cambiar un diagnóstico o introducir cambios en el juicio de una obra, sea best seller o minoritaria. En el caso de "La chica salvaje" , el juicio y la recomendación me vino a través de una amiga muy bien letrada. Le hice caso y acerté, porque ella acertó previamente.

"La chica salvaje" de Delia Owen, no es una obra policíaca, de intriga o de misterio. Hay un asesinato pero, en el fondo, nos importa poco quién es el asesino. Hay un argumento judicial y un proceso investigativo que enriquecen la dinámica argumental pero que también son secundarios. El hilo vital que sostiene la novela tiene que ver con aspectos, principios y cuestiones que rebasan esos cuadros argumentales y entran en la consideración de elementos humanos, de naturaleza, de poesía elemental, de filosofía de la existencia, de sentimientos y emociones suscitados por la belleza, el amor, la coherencia. Y hablo de esa coherencia esencial entre la persona, la protagonista, y el entorno natural, con la que se establece una vibración común que iguala al personaje con el agua, el bosque, las marismas de Carolina del Norte, las flores, los animales y de esa comunión surge un encanto literario que transporta al lector. De siempre he admirado a los llamados "escritores de la  Naturaleza", desde Whitman a Thoreau, Washington Irving, Nan Shepherd, Alice Herdan-Zuckmayer, Robert Seethaler, Paolo Cognetti.  Peter Metthiessen o John Burroughs, entre otros. Delia no les va a la zaga. 

Aquí, escondida tras una trama novelesca, se encuentra una novelista primeriza de unos setenta años que ha dedicado su vida a la ciencia, licenciada en zoología y doctora en etología, ha vivido en África durante 23 años y ha escrito libros sobre sus "experiencias entre elefantes y leones". Pero por lo visto necesitaba elaborar algo más que experiencias personales, sentimientos, vivencias íntimas y emociones causadas por la soledad: la comunión que a veces se produce entre las personas y la Naturaleza que las rodea y envuelve, las condiciona, las protege y las amenaza. Y de eso trata "La chica salvaje", donde además se desarrolla una descripción psicológica soberbia de un desarrollo y un proceso de maduración de una chiquilla a una mujer, una persona muy singular, solitaria y aislada, fuerte y vulnerable, de una sensibilidad exquisita pero también una superviviente nata. La protagonista de la novela de Owen, Kya, podría ser un trasunto novelesco de la propia autora, un reflejo especular transformado por la literatura y la poesía, de una mujer que vive sola en un rancho del norte de Estados Unidos, junto a la frontera canadiense. La soledad, el orgullo, la fuerza esencial de la supervivencia y las emociones identitarias femeninas son los hilos que mueven la acción de la novela entre un lirismo y una mirada franca y desinhibida de las flaquezas y vicios humanos que recuerdan los escenarios y las gentes de "Matar un ruiseñor" de Harper Lee (el racismo está presente en la novela a través de uno de los amigos de Kya, un hombre mayor afroamericano: estamos en los años 50 y 60). Delia Owens ha reinventado el mito del "buen salvaje" en su versión de una "enfant sauvage" que por su edad se libra de las limitaciones de todo tipo y principalmente mentales y lingüísticas que tuvieron los históricos niños salvajes criados en condiciones subhumanas (mitos de Tarzán y el Wogli  de "El libro de la selva" de Kipling).

La pequeña Kya Clark, abandonada por su madre y hermanos ante de los diez años, con un padre bebedor que no tardará en desaparecer de su vida, rechazada por las gentes del lugar, una chica salvaje en suma, que aprende a vivir y sobrevivir en la Naturaleza primaria de las marismas y a través de una inteligencia vivaz sobredimensionada por las necesidades y carencias, logra convertirse en una naturalista y bióloga experta a través de la observación y la experiencia en referencia a la flora y fauna de su entorno. Son interesantes los paralelismos que Kya establece entre la etología animal y la de los humanos (sobre todo en cuestiones como el sexo, el apareamiento y los rituales de seducción y también en la caza y la ausencia de crueldad y gratuidad en los llamados "animales salvajes") hasta el punto de hacernos dudar sobre la adecuación de nuestra especie a lo que es "natural" y de quien merece mejor el adjetivo de "salvaje".

Leamos: "Se imaginó dando un paso tras otro dentro del espumeante mar, hundiéndose en la quietud bajo las olas, los mechones de su pelo flotando suspendidos como acuarelas negras en el pálido mar azul, sus brazos y largos dedos flotando hacia el brillo luminoso de la superficie. Sus sueños de escapar, aunque fuera mediante la muerte, la elevaban hacia la luz. El tentador y brillante premio de la paz que estaría fuera de su alcance hasta que su cuerpo descendiera al fondo para posarse en el lóbrego silencio. A salvo. "¿Quién decide la hora de morir?" (pág.291)

Suficiente como aperitivo. Una novela excelente, un libro para guardar y releer páginas escogidas, de vez en cuando.

FICHA

LA CHICA SALVAJE.- Delia Owens.-Trad. Lorenzo F. Díaz.- Ático de los Libros.- 373 págs. 

 

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7 septiembre 2019 6 07 /09 /septiembre /2019 09:06

La editorial bilbaína Sua Edizioak, de rancia raigambre editora en libros de montaña y senderismo, ha enfocado su atención librera sobre las tierras aragonesas, tras cubrir de forma brillante el conjunto de los Pirineos, la cordillera cantábrica, Galicia y otras ubicaciones no sólo de montaña, senderismo, travesías o escaladas, más de un millar de títulos en catálogo que hacen las delicias de cualquier deportista de montaña y senderos que se precie. 

Por razones de cercanía me voy a limitar a glosar algunos de los títulos que la citada editorial ha dedicado a Aragón. Lo primero a destacar es la calidad de la impresión y la ligereza de la presentación, con un papel excelente, una tipografía clara y unas fotografía que alcanzan en muchos momentos la excelencia. Los textos tienen la sencillez y la justeza expresiva de este tipo de volúmenes y se ajustan como un guante a su cometido principal, guiar e informar al lector del periplo que han comenzado y apoyando las ilustraciones hacerle partícipe de la belleza de los lugares que visita en su caminar. Mapas y croquis con detalles logísticos y topo geográficos esenciales hacen viable y agradable la excursión.

Los autores que he tenido el placer de leer en sus excursiones y propuestas son Marta Montmany  ("Vías Verdes" y "Rincones que te sorprenderán"), Alberto Martínez Embid,  ("Excursiones a nacederos") que ya conocía de otros libros montañeros y sigue subiendo su cota de calidad y Eduardo Viñuales, también conocido de antiguo, que nos deleita con un bellísimo e informado volumen en el que los bosques son protagonistas sorprendentes. Especial mención a algunos datos que han enriquecido muchísimo mi percepción de los árboles y los bosques: como por  ejemplo la existencia en Daroca del árbol más grande de Aragón,  o las sabinas centenarias de Monterde de Albarracin,  o la sorprendente defensa de la procesionaria del pino que ha aclarado muchas ideas negativas sobre el curioso bicho (una oruga en hileras movientes que se transforma en mariposa nocturna).

Excedería en mucho el tamaño de este comentario si pudiera cantar las maravillas que estos tres esforzados montañeros nos ofrecen en esa colección de libros que ha editado Sua.  Creo que estos libros deberían formar parte de la biblioteca escogida de cualquier senderista o montañero aragonés. Por muy versado y trabajado que esté en las salidas y travesías de nuestro bello  y variado Aragón, me apuesto lo que sea en que algún punto, algún dato o alguna propuesta les sorprenderá por su novedad y belleza. Por tanto, no se la pierdan.  Empiecen por el título que deseen y completenla. Es un tesoro bibliográfico que les enriquecerá desde la simple lectura a la práctica andariega. Palabra.

FICHAS

RINCONES QUE TE SORPRENDERÁN Y GUÍA DE VÍAS VERDES, CAMINOS NATURALES Y OTROS SENDEROS.- Ambos de Marta Montmany.

EXCURSIONES A NACEDEROS.-Alberto Martinez Embid. y RUTAS POR LOS BOSQUES MÁS BELLOS.- Eduardo Viñuales. Todos en Editorial Sua Edizioak

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15 junio 2019 6 15 /06 /junio /2019 09:50

Camino, luego existo. Lo que para Descartes era pensar como prueba ineludible del existir, para muchos de entre nosotros, la grey universal de los caminantes, sin distinciones de sexo, formación, ocupación, nacionalidad  o edad, la actividad corporal andariega por sendas o montañas, bosques o planicies desérticas, para todos los hermanos de bipedismo activo, es la función corporal del movimiento, en busca de una meta u objetivo o paseando morosamente: el peripatós aristotélico donde se unen armoniosamente Descartes y el Caminante. Escribe Nan Shepherd, montañera británica -escocesa- con un libro magistral -"La montaña viva"- sobre el macizo o cordillera de los Cairngorms, el ártico escocés: "...el cuerpo piensa mejor cuando la mente se detiene, cuando está desacoplada del cuerpo...y la mejor forma de desacoplar la mente es caminar: tras varias horas de caminata constante, (con el ritmo largo del movimiento mantenido hasta que éste se hace sensación, y no sólo conocimiento), para el cerebro, como 'centro inmóvil' del ser, la carne se vuelve transparente".

Desde Parmérides a Alcmeon de Crotona, desde Protágoras a Epicuro, pasando por los Vedantas, el Taoísmo o el Budismo Zen, (sin entrar en la filosofía de ayer Kant,  y de hoy, Heidegger) la antigüedad pensante ha confirmado lo que la Shepherd escribe y todos los montañeros sabemos: "en la montaña podría decirse que el cuerpo piensa". Después de medio siglo de calzar botas de montaña o zapatillas de senderismo, he vivido esa sensación vivificante, clarificadora, que enaltece el ánimo y nos vuelve humildes y nos integra en esa totalidad bullente de energía que se despliega a nuestro alrededor. Y no es preciso escalar ochomiles, las cumbres dejan de importar cuando dejas de competir contigo mismo: los modestos riscos majestuosos de los Puertos de Beceite, los valles profundos llenos de olivos del Matarraña rodeados de lomas  y cumbres por debajo de los mil metros, son escenarios perfectos para los que aprendemos a ver y no solo a mirar la Naturaleza. En ella, el cuerpo nos muestra la senda que lleva a la "ascensión de la interioridad", como un peregrino de los bosques y las colinas que se funde con el entorno y hacia dentro, en los recovecos de los olivares centenarios y en las graníticas aristas del Montsagre de Horta.-ALBERTO DÍAZ RUEDA

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1 junio 2019 6 01 /06 /junio /2019 07:48

 

La novela de frontera es un género originalmente concebido en Norteamérica y Canadá (aunque siguiendo la estela de Homero y su Ulises), como las novelas de carreteras y largos viajes en auto o las de pioneros avezados que se pierden por interminables llanuras o montañas agrestes en busca de fortuna, identidad o soledad absoluta Las tres novelas que hoy comentamos son de esa nacionalidad americana y paradigmas de esa pulsión de una raza relativamente joven que se lanzó a descubrir la vastedad de su mundo y a conquistarlo ya sea con el rifle o la biblia, el genocidio o el mestizaje, el capitalismo avanzado o el pragmatismo protestante más agudo. Sin embargo mi propuesta es más ambiciosa y menos localizada en el tópico USA. Hay muchos tipos de fronteras y tantos otros modos de enfocar el problema y la búsqueda. Me refiero a una frontera común, que tenemos marcada todos los seres humanos y tan sólo unos pocos se atreven a cruzar: la frontera interior. La que separa al Yo del Otro y la que nos defiende de lo Otro. Esa frontera también tiene sus libros paradigmáticos: "El viaje al fin de la noche" de Celine, "Bajo el volcán" de Lowry o "En busca del tiempo perdido" de Proust, por citar algunos de los más conocidos. Y es que los personajes y protagonistas de Dave Eggers, Sue Hubell o el mismísimo Washington Irving, Josie, la madre aventurera de Eggers, la propia Sue Hubell, modelo de "nature writing" o el testimonio valiente y desolador de Irving en la tierra de los guerreros  pawnis, no son muy diferentes a los de Celine, Lowry o Proust: sólo  cambia el escenario en el que se desenvuelven. Todos son seres fronterizos. 

En la novela de Dave Eggers, una "road-novel",  una madre de cuarenta años y sus dos hijos se suben a una auto caravana más bien destartalada a "buscarse la vida" por los grandes territorios salvajes de Alaska, donde el frío se mastica y el sobrevivir es una costosa obligación cotidiana. Josie, la protagonista de "Héroes de la frontera" es una mujer desencantada y harta de la mediocridad de una vida que no eligió y que no le da más que sinsabores. Y toma una decisión espartana: decide abandonarlo todo, coger a Paul y Ana, sus hijos, de ocho y cinco años y buscar en una tierra remota y salvaje el hilo que la conduzca a su satisfacción como persona.

No comentaré el cúmulo de circunstancias que le llevan a tomar esa decisión: forman parte del "aura mediocritas" de la existencia común y corriente en este siglo y en la sociedad de consumo en que vivimos la mayoría. Josie hace un balance de lo que tiene y comprende que tiene dos hijos magníficos y una vida por delante para reponerse de los trastazos recibidos y una oportunidad para mejorar su futuro, por muy lejana y difícil que parezca ser (y, sin duda, es, como se verá). Y, para terminar siempre habrá una copa de Chardonay para endulzar la espera o las frustraciones inevitables.

Las aventuras se suceden, unas agradables, las menos, y otras sumamente desafiantes y nos vamos dando cuenta de que Eggers conoce a los niños y su peculiar psicología, que siente una inmensa compasión por su protagonista y que es un escritor que ha hecho los deberes (es obvio que se ha pateado los lugares que la familia rodante de Josie va conociendo). Eggers tiene muy claro el otro lado del espejo heroico de los pioneros y hace pensar a Josie, durante el incansable y fatigoso tráfago diario de una madre joven y sola con dos niños pequeños:"Ser americano significa ser un vacío y un americano auténtico está vacío de verdad".

Novela  y personajes inolvidables. Una lectura enriquecedora, que acaba así: " Josie se descubrió sonriendo, consciente de que habían hecho lo que habían podido con lo que tenían, y de que habían encontrado alegría y un sentido a cada paso. Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reido, y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, que eran quienes debían ser". ¿Hay algo más americano y pionero que esto? Hemingway debe haber aplaudido al leer esto en el Paraiso de los plumíferos. Él , seguramente, lo hubiera escrito así mismo.

En cuanto a Sue Hubell, su historia es autobiográfica y complementa un libro anterior, "Un año en los bosques" (también editado por Errata Naturae) donde nos pone al corriente de un territorio mítico para los naturalistas norteamericanos, las montañas Ozarks, quizá un poco desnaturalizadas por las sucesivas invasiones de hippies, aventureros, profetas religiosos y buscadores espirituales. junto a ambiciosos gestores de los medios de comunicación y entretenimiento. Hubell nos cuenta en su libro las vivencias  y experiencias de su vida cotidiana en esa zona agreste, sus vecinos, las relaciones a veces disparatadas (¿quién quiere sentirse rodeado de ufólogos fanatizados por supuestos avistamientos?) que debe entablar para lograr equilibrar su forma de vida y contarnos también el por qué de su decisión de seguir allí y el precio que exige encontrar cierto placer profundo que el lector rastrea en las descripciones de Sue.

La protagonista,en solitario, tras el regreso "a la civilización" de su marido Paul, nos va contando --es una recopilación de artículos publicados en los setenta- la abrumadora  tarea que ha aceptado, entre labores campesinas de siembra y recolección, hasta los incontables panales en los  que las abejas van libando su miel: una tarea que apenas tiene algo que ver con su profesión, bibliotecaria -es bióloga de carrera pero no ejerció- y su vida anterior, una joven urbanita norteamericana, convertida en los sesenta en hippie de mediana edad que decide romper con la civilización industrial y el capitalismo avanzado para ejercer a tiempo completo de pionera en una tierra bastante salvaje donde uno tiene que ganarse a cada momento el derecho a sobrevivir y nada se te ofrece hecho. Compaginando las labores del campo con la escritura de artículos y libros, Sue Hubbell, es una persona interesante, valiente e inteligente y una escritora sugerente y sugestiva, deslumbrante de sencillez y generosidad, que nos permite comprender el lugar real que los humanos ocupamos en la naturaleza y la importancia esencial que esta Naturaleza, con mayúsculas, tiene para nuestra simple supervivencia y hasta qué punto imperdonable  estamos llegando en la explotación y destrucción de nuestro hábitat natural. Y con una sinceridad que resulta conmovedora, como cuando escribe: "la autosuficiencia campesina es un mito difundido por las revistas de moda". Y reconoce que "al ser humana tengo un tipo de mente que me permite reconocer que cuando manipulo y altero cualquier parte del círculo hay repercusiones en el conjunto" (como contaba en su primer libro). Como curiosidad, lean todo lo concerniente a la "guerra de la miel" que enfrentó a dos aislados Estados de la Unión a mediados del siglo XIX.

El libro de Washington Irving es más un reportaje naturalista y político que un libro de viajes o de aventuras en plena naturaleza entre caballos salvajes y bisontes por los valles que forman los caudalosos ríos norteamericanos Red, Arkansas y Canadian. Irving forma parte de una comisión oficial del Gobierno norteamericano a principios del siglo XIX para negociar con los indios por las tierras de caza de éstos, lugares en disputa entre las diferentes tribus (osages, creeks o pawnis). Se trata de un viaje a caballo, siguiendo las costumbres viajeras de los cazadores profesionales, durmiendo en el suelo sobre pieles de oso y viviendo de lña caza con algunos "lujos" como el café, harina o azúcar y sal. Irving no cuestiona la necesidad de la caza -el libro abunda en escenas de caza muy emocionales-  pero trata de racionalizar su uso y reclama un cuidado y un respeto por los animales salvajes que no eran de ese siglo pero si de su genio personal y filosófico-literario. Y cuando por fin se ve más o menos obligado a empuñar el rifle y abatir un bisonte "no podía dejar de sentir una gran tristeza por el pobre animal que se desangraba a mis pies".

Por otra parte, en el mensaje de Irving, hay un análisis de la  soledad atronadora y el silencio imposible de esos lugares ajenos a la presencia humana y otro , muy contradictorio, de la vida de los indios, la dureza e inseguridad de sus existencias, los aspectos más "crueles" (para un observador "civilizado") de una cultura de la supervivencia y la conexión animista con la  Naturaleza. Y así se contrapone el exuberante amor a la naturaleza que pisa con la tristeza y el pesar por la condición humana de los indios, tan compleja, sencilla e integrada con el territorio y la deplorable amenaza que para esa cultura de alto valor supone la intención gubernamental de dominarla y aniquilarla.

Un viaje de un mes por territorios inexplorados por el hombre blanco, da para mucho a la imaginación y dotes de observación de un escritor cosmopolita como Irving, cuyo amor por culturas distintas a la propia ya había quedado demostrada (por ejemplo por la española, Irving pasó una temporada viviendo en los palacios del Generalife en la Alhambra semiabandonada de principios del siglo XIX).

 

FICHAS

 HÉROES DE LA FRONTERA.-Dave Eggers.- Ed. Random House.- Trad. Cruz Rodriguez.- 357 págs. 22,90 euros. ISBN 9788439733041

DESDE ESTA COLINA.-Sue Hubbell.-Traducción de Carmen Torres y Laura Naranjo.-Errata Naturae.- 243 PÁGS.   ISBN: 9788416544769 

LA FRONTERA SALVAJE.-Washington Irving.-Trad. Manuel Peinado Lorca.- 302 págs. ED. Errata Naturae.-ISBN : 9788416544608    

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