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15 febrero 2014 6 15 /02 /febrero /2014 09:17

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 Si algunos habían pensado que la globalización había acabado con la importancia del contexto geográfico de los países y regiones, las coordenadas físicas, de espacio y clima, que durante siglos determinaron la geopolítica y las relaciones internacionales, se han equivocado de medio a medio. Los estrategas y dirigentes que han olvidado las razones geográficas estarán obligados a pagar con la derrota de sus aspiraciones o la victoria pírrica que acabará devolviendo las cosas a su cauce. Como otros fenómenos de la naturaleza, de nuestro planeta, como el agua por ejemplo, acaban imponiéndose por mucho que nos empeñemos en ponerles barreras y fronteras creadas artificialmente.

El analista Robert D. Kaplan. con una sorprendente carrera pública y privada como consejero político y catorce obras sobre temas de política exterior, geopolítica  e historia comparada, nos muestra de una forma aguda, imaginativa e inteligente cómo la geografía condiciona de alguna manera inmediata. o dilatada, el destino de las naciones. "La venganza de la geografía", que edita RBA, tiene una amena y apasionante lectura.

Dividida en tres partes, Kaplan analiza en su obra los últimos conflcitos desde Bosnia a Iraq, las posturas de historiadores clásicos, desde Heródoto, sobre el auge y caída de los imperios y las naciones, las distorsiones que provocó la pesadilla nazi, los conceptos de poder territorial basados, por ejemplo, en el poder de las naves de guerra o comercio, o la crisis de esa extensión colonialista que ha tratado de comenzar en el espacio. En la segunda parte nos habla de la importancia de la geografía en las cuestiones políticas europeas en el siglo XXI, los grandes imperios emergentes, China, la India y Rusia frente al Otomano y en la tercera parte, el destino de su propio país, Estados Unidos, con sus desafíos, entre ellos el del "patio trasero", Mexico y las estrategias de expansión, económica, cultural y del modelo "democrático" del que se ha auto erigido como adalid, casi sin oposición.

No obstante Kaplan no es tan radical y determinista en su tesis como hace esperar el titulo de su libro y aconseja más que una preponderancia conceptual de la geografía, la observación realista de que las coordenadas geográficas perfilan un "telón de fondo" que ha de ser tenido en cuenta si no se quiere contar de entrada con un elemento negativo que más tarde o mas temprano termina pasando su cuenta, ya que los elementos de la voluntad humana y el azar terminan estando condicionados por las variables "fijas" del clima, la tecnología y los habitantes del lugar y su defensa de sus propias traidiciones y singularidades (algo que ya describía en 1996 el biólogo Jared Diamond en su clásico tratado de historia geopolítica titulado "Armas, gérmenes y acero").

Para nuestro continente Kaplan hace una valoración muy inteligente del Mediterráneo como "conector" de civilizaciones más que como frontera (como fue en el pasado) y la importancia de la UE como "centro neurálgico posindustrial del mundo", a pesar de los malos vientos y el resurgir de ciertos nacionalismo miopes e interesados.

El papel de Rusia y su eternas diferencias  geográficas con China es uno de los elementos de análisis, junto con el polvorin de Oriente Próximo y el suroeste asiático (aquí ofrece una lúcida mirada de la similitud entre Irán y Arabia Saudí, territorios ambos donde la naturaleza tribal de sus sociedades son reflejo de una geografóa establecida sociológicamente de manera similar).

El análisis sobre Estados Unidos y su expansión interna en un territorio que cubrirá desde Canadá a México se sustentará, más que en la sociedad blanca, en un mestizaje multiracial inevitable (al estilo del que nos muestra "Blade Runner" y algunos otros clásicos de la ciencia ficción, una interacción entre la demografía y la geografía que generará un futuro inesperado donde, al estilo del mundo imaginado por el "1984" de Orwell, habrá dos centros enfrentados en toda la geozona, Eurasia frente a una Norteamerica, obligadas ambas a negociar por imperativo de la demografia y de las motivaciones humanas básicas, "el miedo, el propio interés y el honor".

Kaplan termina con una visión futurista donde, empujados por ña geografía y los medios sociales de interrelación globalizadas, la dimensión de la geopolítica tendrá más sensibilidad hacia "los anhelos intensos y personales", una subjetivización de la geografía humana y política auspiciada por las redes virtuales. Una visión algo o demasiado optimista que agradece el lector en esta época de  creciente poder invasivo de los medios informáticos --controlados en parte, no lo olvidemos, por los gobiernos--.

En definitiva un libro lúcido y sugestivo que nos sugiere una visión distinta y menos pesimista de este aparente caos que conforman las sociedades tecnológicas del siglo XXI.

 

FICHA

LA VENGANZA DE LA GEOGRAFÍA.-Robert D. Kaplan. RBA ediciones.Traducción de Laura Martin de Dios.-478 págs.24 euros.

 
   
   
   

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14 febrero 2014 5 14 /02 /febrero /2014 09:09
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Lo cierto es que tanto el titulo como la portada de esa deliciosa novela pueden hacer pensar que nos las vemos con una de aquellas narraciones de "La sonrisa vertical" que en los años finales del pasado siglo hacian las delicias de los aficionados a la literatura erotica. Nada mas lejos de la realidad: "Dos historias nada decentes" es uno de los ironicos, grotescos y algo malevolos juegos literarios llenos de humor, de ironia y de un amable y acido sentido critico de la existencia que el comediografo, guionista actor y novelista ingles Alan Bennet (si no han leido su novela "Una lectora nada comun", corran a comprarsela a la libreria de urgencia mas cercana) brinda a la reducida pero entusiasta grey de sus admiradores hispanos. Se trata de dos relatos en los que Bennet, si bien bucea en el erotismo mas normalizado, nos presenta, digamos, el "otro lado" de la moneda de los relatos eroticos: en las antipodas de Henry Miller, Boccacio o Lawrence. No hay desafuero gimnastico-sexual alguno, sino una corrriente cotidianidad de personas muy respetables en general que descubren el erotismo y se dejan llevar por la picardia arrebatadora de la transgresion, vidas monotonas que entran de forma pacifica y divertida en una mirada distinta del placer y lo integran picantemente en sus existencias. El ojo de la cerradura de la portada es el quid del asunto: a traves de el vemos como la señora Donaldson, viuda de buen ver, descubre los placeres del voyeurismo,  o el joven Graham, narcisista obsesivo y gay, se casa con la feucha Betty, que compensa su poco agraciado cuerpo con una cuenta corriente muy agraciada y encuentra en ella la inesperada e increible solucion a todos sus lamentables vaivenes. Tanto la señora Donaldson como Betty son dos personajes magnificos, irreverentes y un poco indecentes bajo la optica convencional, pero autenticos hallazgos de mujeres valerosas, inteligentes y emprendedoras que saben arreglar sus vidas a despecho de tantos varones torpes y mezquinos, conservando unas vidas secretas de lo mas jugoso. Relatos que mantendran la sonrisa del lector y de vez en cuando le provocaran alguna que otra risotada. Lejos de ser una gran novela, ni siquiera una novela grande (cortesia de Bennett que tiene la concision narrativa de un buen guionista) "Dos historias nada decentes" merece una lectura tranquila y gratificante. Y desde luego las escenas de las simulaciones medicas son de rechupete.
FICHA
DOS HISTORIAS NADA DECENTES.-Alan Bennet.-Ed. Anagrama. 155 pags.  Traduccion: Jaime Zulaika

 
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11 febrero 2014 2 11 /02 /febrero /2014 08:43

excursiones 0663 

Ha sido una caminata feliz. El día acompañaba. Un sol esplendoroso reinando sobre un paisaje de ocres, verdes en diferentes gradaciones, el azul del cielo sin nubes, pinos, encinas, algún roble, meciéndose suavemente sobre las rocas blanquecinas, perfiles de aristas picudas y afiladas, fallas transversales entre el manto esmeralda de los brezos y las aliagas. He caminado feliz, absorto en el terreno, en el silencio. De pronto el peculiar silbido del montaraz, la cabra salvaje, aún con los cuernos pequeños, jóvenes y rápidas como rayos de un marrón cálido y brillante, con la leve mancha blanca en donde nace la cola. Las he sorprendido al borde de un risco y se han lanzado como una exhalación hacia el fondo de la barranquera. Gráciles, dando saltos de funambulista suicida. En unos segundos han puesto cien, doscientos metros de caida brutal entre ellas y yo. Indemnes, al fondo del valle encajonado entre paredes casi verticales, se han puesto a ramonear y han alzado, indiferentes pero curiosas, las cabezas hacia mí. He intentado acercarme para fotografiarlas. Cada paso mío era una pequeña huida. Al final he desistido. Me he quedado quieto. Absolutamente inmóvil. Con la cámara preparada. Ellas han seguido a lo suyo. Tres minutos de observación cauta. Después una foto a lo lejos. El simple sonido del obturador las ha puesto en movimiento. Hacía dos o tres meses que no veía ninguna. Cada cita inesperada es para mí una fiesta. Adoro la estética furiosa de sus saltos, la elegancia de sus movimientos, la libertad que simbolizan. Un motivo más para recordar este bello paseo. 

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8 febrero 2014 6 08 /02 /febrero /2014 09:46

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Los aficionados a la ciencia ficción están de enhorabuena: la editorial RBA ha publicado una recopilación de  los "Cuentos completos" de J.G. Ballard (James Graham Ballard) nacido en 1930 y fallecido en 2009. Se trata de un volumen de 1280 páginas, traducido por Manuel Manzano y Rafael González del Solar que recoge toda la producción de relatos cortos del gran escritor que nos habló de su niñez mitificada en "El imperio del sol" (bellamente llevada al cine por Spielberg) y de sus sueños y pesadillas en "Crash" (en pantalla por David Cronenberg), "La exhibición de atrocidades", "Rascacielos", "El mundo sumergido", "La sequía", "El mundo de cristal", "La isla de cemento" o "Super Cannes"  y se autobiografió en "Milagros de vida", entre otras. Todas obras en las que parte de algo que ya estamos viviendo y lo lleva hasta sus últimas consecuencias en un futuro cercano que nos deja desasosegados por su realismo y su lógica desencadenante. Y nos percatamos que no hace falta buscar mundos extraños, que todos los mundos posibles están en éste, en el nuestro. Solo hace falta mirar con imaginación y poner en el puchero todos los miedos y obsesiones, los deseos y pasiones de cualquier ser humano y llevarlos hasta sus últimas consecuencias y excesos. Pues bien, lector amigo, el libro que le recomiendo lleva todas estas caracteristicas a su más rutilante y emocionante esplendor. Ballard, maestro de narrativa de largo aliento, se supera a sí mismo en los relatos (muchos de los que contiene este milagroso --literariamente hablando-- volumen, son inéditos. Dice el autor en su prólogo "Los cuentos son la calderilla del tesoro de la ficción. Es fácil pasarlos por alto ante la abundancia de novelas, una moneda sobrevalorada que con frecuencia puede ser falsa...pero el cuento está acuñado en metal precioso y sus destellos dorados brillarán para siempre en el hondo talego de la imaginación del lector". Noventa y cinco relatos que vale la pena leer poco a poco, dejando espacio entre ellos. Es un placer. Y no les digo más.

 

FICHA

CUENTOS COMPLETOS.-J.G. Ballard.-Trad. Manuel Manzano y Rafael Gómez. RBA .1.280 págs.35 euros.

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7 febrero 2014 5 07 /02 /febrero /2014 08:44

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Zadie Smith vuelve al escaparate literario. Tras su prometedor comienzo en 2001 con "Dientes blancos" y su confirmación como narradora con "Sobre la belleza" en 2006, regresa a los ambientes, los personajes y lo trama caleidoscópica de una clase obrera multicultural radicada en el noroeste de Londres, tal vez uno de los más sugestivos y conflictivos barrios urbanos de gran ciudad, al nivel de las "banlieus" de Paris o las favelas de Río. Nuevamente la Smith echa mano de su infancia y adolescencia. Alguien escribió que la mayoría de los grandes escritores beben incesantemente de su infancia y su juventud, repitiendo una y otra vez la misma historia pero con detalles distintos o historias diferentes con localizables detalles de los mismos lugares (físicos o mentales).

Otra vez los personajes negros, jamaicanos, antillanos varios de "Dientes blancos" con sus pasiones elementales, su temible vitalidad, sus miserias, grandezas y mezquindades, su violencia súbita, su desencanto y su sufrimiento, sus drogadictos, sus chulos y sus mujeres espléndidas o destrozadas, toda una humanidad doliente y pintoresca, llena de color humano y tan vital como los animales de una jungla de cemento.

Toda la novela nos va mostrando su caleidoscopio humano atravesado por una corriente de desánimo y fatalismo. Llegamos donde estamos y podemos bajar aún más, pero eso es algo con lo que hay que vivir, pues nuestro origen no nos permite otro destino (aunque la protagonista Leah, una joven blanca de piel en un ghetto oscuro, ha terminado estudios y se siente diferente aunque arrastrada por la fuerza destructiva de la costumbre, el tedio y la necesidad). Zadie, tan bella como su personaje, también muestra la misma honestidad en su narrativa que Leah en su vida azarosa. No esconde cartas, todo lo pone sobre la mesa y deja que sus personajes se comporten a tener de lo que la necesidad les ha empujado a ser y ellos no han sido capaces de evitar rebelándose. El ambiente de Willesden, Albert Road, Brondesbury, se despliega ante nuestros ojos conducidos por la límpida prosa de Zadie, un cosmos de ratas callejeras, yonquis, ladrones de poca monta, prostitutas y ruido humano sin armonía alguna. No hay artificio en ese territorio que nos evoca la autora. No lo encontraríamos si sólo recurriéramos a un mapa de Londres. Como decían los maestros zen nunca confundas el mapa con el territorio y esto es una verdad incontestable en "NW London" (aunque he visto en una web londinense que ya existen recorridos "literarios" por los barrios y calles de las novelas de Zadie Smith, uno de los jóvenes iconos contestarios de la literatura inglesa de hoy mismo).

Zadie nos muestra en "NW London" un ejemplo de auténtica furia creadora, una narración multiforme que sigue un orden aparentemente caótico en el que se mezclan personajes, caligramas, anuncios, tests, llamadas al lector, se va cambiando la voz narrativa, los personajes dejan y toman la palabra al ritmo interno de la trama, como si Zadie con un magnetófono hubiera ido grabando a su capricho las diferentes "secuencias" de su narración. Pero el lector comprueba muy pronto que no hay ningún caos en esta narración, simplemente llamamos caos a un orden que no entendemos o no sabemos ver. Y como la savia que fortalece este entorno, hay sentimientos, pasiones, emociones, tristeza, amores contrariados, abandonos, odio, envidia y un amor que emana en primer lugar de la autora hacia sus desvalidos personajes. Y así uno de éstos piensa "El tiempo se está contrayendo para su madre, ya le queda poco trecho por delante. Quiere comprimir el pasado, convertirlo en algo lo bastante pequeño para llevarlo consigo". Y de otro de los personajes que entran un momento en escena y luego desaparecen, "Ned encuentra filosofía en casi todo lo que dice Leah, por anecdótico o banal que parezca. Es un porrero impenitente y el tiempo se coagula en torno a él. Estira el alcance de las cosas más simples". Y a veces nos sorprenderá con aforismos como éste "¡Qué difícil es el regalo para una mujer! Se castigará a sí misma por recibirlo".

Una delicia de lectura, sorprendente y a veces con altos niveles de exigencia (los 185 breves narraciones aparentemente inconexas que siembran la novela) que no le dejará indiferente. Es una buena novela y vale la pena gastarse los 20 euros que cuesta. Hasta el último céntimo.

 

FICHA

NW LONDON.-Zadie Smith. Ed. Salamandra. Traducida por Javier Calvo. 378 páginas. 20 euros.

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1 febrero 2014 6 01 /02 /febrero /2014 16:31

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Tiene un público minoritario pero fiel, entendido, detallista, entregado a la adoración común de ese arte sublime, la música. Proliferan los tratados, comentarios, exégesis en torno a la música y los músicos, compositores o intérpretes, directores o historiadores. Es como un gran club privado, o más bien una hermandad o una fraternidad masónica o rosacruz: los aficionados a la llamada música clásica (tópico linguístico que dejaremos así, por esta vez). Por eso me ha parecido interesante recomendarles esta semana un libro dedicado a analizar la vida y la obra de uno de los compositores españoles que triunfó en la segunda mitad del pasado siglo, Xavier Montsalvatge. El autor, un periodista vallisoletano, José Guerrero Martín, compañero de trabajo de quien esto firma durante cuatro décadas. Y las credenciales del analista: periodista cultural de rara calidad, melómano impenitente, dotado de un castellano perfecto y una curiosidad humana relevante, Pepe para los amigos, cultivó durante muchos años la amistad de su biografiado debido a la feliz circunstancia de que ambos trabajaban en "La Vanguardia": uno, artículos de cultura y política internacional y el otro, la crítica musical del diario. Por tanto estamos ante uno de esos ejemplos de convivencia enriquecedora entre una figura cultural y el hombre que habrá de legar a la posteridad la imagen más cercana del notable, como por ejemplo Eckermann con Goethe o Ernest Jones con Freud (éste es más bien un hagiógrafo). El autor subtitula su trabajo "Administrador de armonías y silencios" pues debe ahondar con sigilo y delicadeza en la personalidad de Montsalvatge, un hombre que muchos consideraban "hosco, reservado y distante" y emplea en ello "cientos de horas de conversación". Con una disciplina de trabajo admirable, Guerrero, Pepe, busca, indaga y analiza datos, opiniones, escritos, entrevista a personas que se han relacionado con el compositor, a familiares y amigos. Y con todo ello perfila a un hombre inteligente, contradictorio y lúcido, capaz de responder a una pregunta sobre cuál es su propia opinión de crítico sobre su faceta de compositor: "Sabe demasiado para que su obra esté mal y no es lo bastante buen músico para que resulte verdaderamente buena" (pág.413). Pero no hace un retrato del hombre aislado de sus circunstancias  sino que lo relaciona con el siglo que le tocará vivir intensamente y nos ofrece, en definitiva, una obra densa que no obstante se lee con fruición e interés. Recomendable para aficionados a la música y en particular para los que gusten de biografías honestas y documentadas.

 

XAVIER MONTSALVATGE.- José Guerrero Martín.- Témenos, edicions.-696 págs.-20 euros  

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31 enero 2014 5 31 /01 /enero /2014 08:53

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 La última novela del maestro del thriller y la narrativa de espionaje, John le Carré (su nombre real es David Cornwell), uno de los sucesores más cualificados de la escuela de Graham Greene, te deja con un sorprendente sabor de boca, más aún que después de leer "El jardinero fiel". La complejidad de los personajes, su dicotomía ante el bien y el mal, la culpa y el arrepentimiento confrontado a una sociedad eticamente decadente, al abandono de los valores y principios y, sobre todo, como uno de sus personajes reflexiona, a ese desafío filosófico que hizo público Anna Arendt, el de la banalidad del mal. Que en esta novela es más bien la estupidez irremediable y la indiferencia patológica de la clase política.

Si en los años 70 cuando triunfaban las obras maestras del espionaje bipolar, "El topo" o "Nuestro hombre en La Habana" o "El ministerio del miedo" la ética de sobrevivencia imperaba, aunque se respetaban bastante las "reglas del juego" entre aliados y enemigos, en nuestra época el desencanto, la automatización, la sustitución de la moral por el beneficio, el olvido de las mas elementales reglas de respeto humano y una técnica desprovista de alma, vendida al mejor postor, instrumento ciego, han convertido el escenario en una selva sin remisión y sin principios.

También el novelista, Le Carré, ha perdido un poco el norte de su elegante relativismo moral. Aunque toda la trama de "Una verdad delicada" se basa en un frustrado, ridículo y absurdo intento de secuestrar a un terrorista en Gibraltar (en los noventa hubo una operación semejante allí, pero el sujeto era un miembro del IRA), en el que intervienen un comando del ejército británico y unos mercenarios norteamericanos de una gran empresa de seguridad privada, auspiciados por un viceministro inglés y comprobado "in situ" por un alto funcionario del Foreign Office que se convierte en uno de los protagonistas de la novela. La acción es cerrada oficialmente como un éxito secreto que, como fruto, le proporciona un titulo nobiliario al funcionario.

Unos años después, el funcionario, Christopher Probyn, ya está jubilado y goza de una vida cómoda y más o menos feliz con su esposa y su hija en Cornualles. Pero aparece uno de los soldados britanicos que intervino en la acción y demuestra que todo había sido un engaño. Que la acción no tuvo éxito y que durante un estúpido tiroteo innecesario habían muerto una inocente mujer árabe y su hija pequeña. El segundo protagonista de la novela,  Toby Bell, también funcionario del Foreig Ofiice, mucho más joven, que había sido secretario del diputado y que había sospechado desde el principio que toda esa operación era ilegal, conecta con su antiguo compañero y...

Bien, mejor que la lean. Toby es un idealista y Probyn un diplomático de la vieja escuela, ceremonioso y conservador-Ninguno encaja en un mundo donde la verdad siempre es incómoda y los que la defienden acaban siendo silenciados de un modo u otro. No hay compasión. Y la indefensión de todos los que están "fuera" no tiene recurso ni abrigo: la policía, el ejército, los políticos, prefieren no saber. La media docena de páginas en las que Le Carré nos describe la surrealista entrevista que sostiene Probyn con sus ex compañeros del F.O. a los que le lleva un documento donde denuncia la operación, son magistrales. Nada de reconocimiento y justas indignaciones, los burócratas oficiales acorralan al pobre ex alto funcionario y le amenazan con medidas que ponen en peligro su situación, a su familia y a sí mismo, con la connivencia de las más altas instancias politicas, profesionales o judiciales del país.

A sus 81 años, Le Carré nos brinda una novela nuevamente eficaz, distraída y perfectamente ensamblada y escrita. Su irónico sentido del humor se ha vuelto más mordiente y sus convicciones y denuncias siguen siendo lúcidas y pesimistas. La hipocresía, las mentiras oficiales, la codicia de un mundo que parece dirigirse a la autoextinción, la falta de ética pública y privada, las grandes injusticias antihumanas que asuelan el tercer mundo, la crueldad innecesaria y estúpida no son sólo conceptos generales, Le Carré las analiza en su propio país y de rebote en los Estados Unidos, país por el que, desde la guerra de Iraq, siente escasa simpatía. Y todo eso nuestro novelista lo pone en una platillo de la balanza literaria y moral, en el otro, la madre y su pequeña asesinadas por error, un crimen nunca asumido o reparado.

Estamos lejos de los tiempos del Circus y del gran Smiley, nuestro hombre ha dejado en un armario a los espías y sus maniqueas batallitas y reparte sartenazos con una sonrisa irónica pero sin compasión.  Léanla, pero después vuelvan a "La gente de Smiley" o a "El espía que surgió del frío". Entenderán lo que les he comentado.

 

FICHA

UNA VERDAD DELICADA.-John Le Carré.-Traducción Carlos Milla Soler.-Ed. Plaza Janés.-360 págs. 22,90 euros 


   

   
   
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29 enero 2014 3 29 /01 /enero /2014 11:15

manu.jpgHa muerto Manu Leguineche, maestro, mentor, compañero y amigo (para mí una especie de Carlos Nadal en potencia cuya amistad nunca llegó a florecer debidamente por la circunstancia disgregadora de vivir él en Madrid y yo en Barcelona). Cuando se retiró a Tejar de la Mata, pueblecito alcarreño, aquejado por una enfermedad --me dijeron amigos comunes que le afectaba los procesos cognitivos -- me planteé el ir a verlo y por esas cosas que uno no sabe controlar, voy postergando la visita hasta que se convirtió en una sombra, una querencia difuminada por la falta de contacto y la lejanía. En los años 80 y 90 fue nuestra época dorada como amigos. Él dirigía Colpisa, una agencia de artículos y reportajes con sede en Madrid, que solía repartir por los diarios regionales de toda España los artículos y crónicas de los periodistas de "La Vanguardia", entre ellos los míos. Recíprocamente Manu dejaba rienda suelta a su instinto de gran reportero y se marchaba a los lugares del mundo donde se producían las noticias --guerras, golpes de Estado, elecciones-- como un "free lance" cuyas crónicas también publicaba "La Vanguardia" entre otros diarios. De ahí vino nuestra relación, bastante intensa esos años, que evolucionó a una simparía mutua y al final a una amistad incondicional.

Recuerdo con viveza una semana de estancia en Lekeitio, el pueblo vasco donde nació y en que conservaba el destartalado piso familiar en la calle principal. Yo estaba escribiendo una novela y me ofreció pasar allí unos días. Me dio las llaves y unos consejos para desenvolverme en el pueblo. Allí estuve seis o siete días, escribiendo sin parar, bañándome en la playa y comiendo pescado en los bares del pequeño puerto de Lekeitio.

También en Madrid nos veíamos, cuando Manu estaba con Rosa María Mateo, la "musa de la transición" la periodista de TVE con los ojos más azules de España. Estuve varias veces en el ático que tenía, lleno de libros y videos de cine. Ibamos a comer a un bar de su barrio en el que solía hacer sus partidas de mus, y donde le tenían un afecto y un respeto que era la tónica habitual de las reacciones que solía provocar el trato afable, llano y pleno de un humor sin malicia que era uno de los sellos distintivos de Manu. De él recibí un apoyo y un afecto del que me siento deudor. A pesar de que sólo nos separaban cinco años de edad, para mí era un maestro tanto más respetado y venerado cuanto hacía gala de una humildad y una ausencia de vanidad admirables.

Compartí muchas cosas con Manu. Desde el amor a los libros, al cine y a la política internacional, hasta la decisión --muy temprana y clarividente-- de que terminaríamos nuestros días de trashumancia profesional en un pueblecito, lo más pequeño y pacífico  posible. Él escogió un pueblo de La Alcarria y yo, uno de Teruel, en el Matarraña. Fue uno de los temas que quería analizar con él, ese amor al aislamiento, a la reflexión y a la lectura. Lamento no haberme dado la ocasión de volver a verlo y habernos echado unas risas en recuerdo de aquella época en la que yo formaba parte modestamente  de "la tribu" (los periodistas que circulaban por esos mundos de Dios como enviados especiales o corresponsales) y Manu era el indiscutible jefe, amado y respetado por todos, en un oficio donde la malevolencia, las críticas, la envidia, la vanidad y la burla eran el pan de cada día. Descansa en paz, amigo.

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26 enero 2014 7 26 /01 /enero /2014 10:36

Las he visto en algunas ocasiones, pocas, en casas de algunos amigos aficionados a los largos paseos por las montañas o los campos. Suelen tener piedras, generalmente en las repisas de las baldas de las bibliotecas. Cuando son muy hermosas, en un aparador o una mesita de noche. Son piedras singulares, recuerdos de caminatas, de ascensos a cumbres, algunas con un nombre escrito o una fecha, el lugar y el día. La mayoría son piedras corrientes. La singularidad se las da la mirada del montañero, su propia historia personal imbricada en el aire libre, la soledad, la belleza panorámica, la dificultad física y anímica del logro deportivo personal. He acarreado piedras de muchas excursiones, algunas son falsos petroglifos, amonitas, curiosos estigmas geométricos de plantas fosilizadas, otras son bellas y rotundas como un mensaje de amor y hay un par que presentan aristas u oquedades ominosas, como un desafío. O colores inesperados, ocres violentos, ramalazos de vetas blanas sobre un fondo gris o negro, auténticas joyas, agrestes como exclamaciones, como emociones súbitas, recuerdos sólidos de momentos delicados donde el miedo se une a la excitación del desafío y a la alegría de salir indemne. Hay algo vivo en esos fragmentos de roca. Una energía encapsulada, fundida en sí misma, matriz de algo más grande, inmenso, inabarcable, la naturaleza en estado puro. No se puede hablar de coleccionismo. Es mucho más que eso. Tiene una implícita trascendencia que no es percibida más que por el que atesoró la piedra, una hilación persona-mineral que tiene algo de magia del objeto, actitud de respeto hacia eso primordial que nos supera y en contadas ocasiones nos acoge. Hay biografía humana en esos elementos minerales, les prestamos algo de nuestra alma. Es el homenaje de un hombre a un principio atómico de identidad, un animismo cosmogónico que nos lleva a sentirnos parte de todo. De ahí nace el amor a la naturaleza y nuestra propia e insobornable humildad de pequeños seres anonadados por la infinitud de la creación, del mundo inabarcable de la existencia. 

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25 enero 2014 6 25 /01 /enero /2014 10:51

austerpaul.jpg

  Todo informe, por definición, ofrece datos que conciernen al lector al que va dedicado, de una manera o de otra, directa o indirectamente. Si además circunscribe su alcance a un "interior" determinado, conocido o al menos interesante para el lector, miel sobre hojuelas. Y el caso es que este "Informe del interior" del escritor norteamericano Paul Auster --complemento discursivo del libro anterior "Diario de invierno" o uno más lejano "A salto de mata"-- se refiere nuevamente al propio Auster, a detalles de su vida --de adulto y maduro en "el invierno" y de niño de cinco años  a los doce en este "interior"-- y por tanto, dadas las caracteristicas del sujeto, de un interés bastante relativo para un lector casual (supongo que a los fans de Auster les encantará saber las películas que le gustaban de niño, sus lecturas iniciales, su pasión por el beisbol y, para poner la guinda al pastel, comentarios sobre dos películas "El increíble hombre menguante" y "Soy un fugitivo" que fueron impactantes para el niño. Después, le acompañaremos en sus primeros amores, sus estudios, su estancia en Paris, las escarceos literarios, proyectos y tentativas y una cajón de sastre donde la sensibilidad del escritor neoyorquino nos muestra las reacciones de su  delicada mente en comentarios a unas imágenes que van despertándole recuerdos del pasado.

Todo en conjunto no configura un retrato psicológico del escritor como pretenden los exégetas sino un batiburrillo de materiales de variado interés y nada uniforme valía literaria que desconcierta un poco y hace pensar en una cierta sequedad creativa en Auster, un sensentón por otra parte muy activo que a falta de pan nos vende peces de colores. La pulsión autobiográfica es un recuerdo manido para escritores en horas bajas creativas. Casi todos lo han hecho y unos con más fortuna que otros, Graham Greene y Mark Twain, por ejemplo, Anthony Burgess, o Thomas Mann. Otros siempre han hablado de sí mismos, como Hemingway o Scott Fitzgerald disfrazándose con los personajes de sus novelas. Pero Auster no está a la altura, que me perdonen los austerianos, de ninguno de esos gigantes literarios y sus avatares relatados, aunque simpáticos algunos e indudablemente bien narrados --nadie le discute su oficio-- no entrarán en la historia de la buena literatura autobiográfica. Y, precisamente, uno de los más grandes en ese género fue Michel de Montaigne, el filósofo literato francés, uno de los más admirados por Auster, cuyo profesor de francés en la Univeriddad de Columbia fue precisamente un traductor de Montaigne al inglés. Quizá en esa familiaridad con la pulsión autobiográfica está el origen de esta insistente mirada de Auster en su propia vida.

Nadie puede negarle, pues, osadía a Auster, que parece haberse convertido en una especie de réplica literaria de la trayectoria europea de su compatriota neoryorquino Woody Allen. Uno en la literatura, el otro en el cine. Es decir: generan una simpatía generalizada entre los europeos --en España especialmente-- cuando en su propio país no los valoran tanto. No entro en que seamos o no más perspicaces que los yanquis para saber de genialidades y genios. Lo que es cierto es que, como decían los textos sagrados, "nadie es profeta en su tierra". En todo caso, una recomendación: los y las fans de Auster no se deben perder esta nueva entrega de las "confesiones" del escritor sobre su pasado. Los que no conocen a Auster, mejor que empiecen por la "Trilogía de Nueva York" y luego sigan, hay media docena de títulos notables entre los más de treinta firmados por Auster. A mí, admirador pero crítico con Auster, este libro me ha divertido a ratos y me ha mostrado lo que ya sospechaba: en sus juventudes solitarias y laboriosas, Auster no era un Schopenhauer o un Tolstoy o un Chejov. Padecía el desconcierto y la vulgaridad intelectual de la mayoría de nosotros (hace falta bastante honestidad y descaro también para ofrecer públicamente ciertas pruebas de ésto último) pero lo cierto es que él era uno de los de esa minoria de marcados por las musas: hay una pulsión de búsqueda que le ennoblece. Y eso también se deja ver en sus reflexiones y en sus cartas a su distante amada.

FICHA

 

INFORME DEL INTERIOR.- Paul Auster,. Ed. Anagrama.Traducción de Benito Gómez Ibáñez.-328 págs.    
   
   

  

 

     

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