Leo un delicioso compendio de charlas radiofónicas del escritor inglés E.M. Forster en la BBC. De 1929 a 1958 Forster (que se ya se había labrado una sólida reputación como novelista con obras como "Howards End", "Una habitación con vistas" o "Pasaje a la India") realizó una serie de charlas literarias con periodicidad variable, en las que hablaba de libros y autores con una singularidad: las emisiones se hacían en una frecuencia de radio especial porque iban dirigidas al numeroso público que escuchaba la BBC en la India, aunque algunas eventualmente, se podían emitir en la madre patria. Como la escritora Zadie Smith (inglesa de origen jamaicano), admiradora incondicional de Forster y autora del epílogo del libro, considero que este autor "convirtió en credo la sinceridad personal y se forjó una carrera en la doblez. Fue conservador entre modernistas y sin embargo en cuestiones como pacifismo, clase, educación y raza, fue un progresista decidido". En las charlas es agudo, amable, ético sin encarnizarse, no se tomaba la crítica literaria muy en serio e insistía en los mismos temas esenciales de sus novelas: la libre y fluida comunicación.entre las personas, las ideas, las naciones, el corazón y la cabeza, el corazón y el arte.. Sin eso las cosas nunca acaban de ir bien.
Debemos la selección y prólogo, a Gonzalo Torné (excelente), a Alpha Decay la edición y a la escritora inglesa Zadie Smith, un epílogo chispeante sobre "su escritor preferido". El volumen recoge, sin orden cronológico, treinta y una de las casi ciento cincuenta charlas sobre libros y escritores que –entre 1929 y 1963, en diferentes programas y sin periodicidad fija– Forster dirigió a oyentes, principalmente indios, de la BBC. En un lapso de tiempo tan largo no es que el escritor se prodigara demasiado pero,a tenor de lo leído, las charlas tenían una calidad literaria y crítica bastante considerable.
El lector se sentirá gratamente sorprendido por la variedad de registros lectores de Fosrter, que solía terminar sus charlas indicando a sus oyentes cuánto costaba el libro y dónde podían pedirlo: recuerden que su público principal estaba en la India (país que Forster visitó varias veces en la época colonial y que amaba: de ahí su maravillosa novela "Viaje a la India", para mí superior a "Una habitación con vistas"). Acompañar a Forster en sus lecturas de Shakespeare, la Austen, Huxley, Melville, Auden, Zweig, Steinbeck, Kipling, Mann, Lawrence, Eliot, Twain, Strachey, Hardy, Dos Passos y otros grandes de la literatura clásica o contemporánea, es un privilegio. No tanto por lo mucho que sabía de sus estilos, sino por las anécdotas y por el talante crítica que le hacía comentar tanto lo que le gustaba como lo que rechazaba de esos autores encumbrados, usando una ironía carente de sarcasmo pero llena de guiños picarescos y críticas a pecho descubierto sin caer en la vulgaridad agresiva o la banalidad displicente.
Capítulo aparte merece el epílogo firmado por Zadie, gran novelista y ensayista que nos brinda un texto en el que brilla el respeto por Forster pero también los "peros" que sin malicia y con una franqueza y honestidad admirables, nos comenta, enriqueciendo humanamente la figura de este escritor de escasa pero relevante obra literaria, que provocó un escándalo mediático y literario en la puritana e hipócrita Inglaterra cuando se publicó tras su muerte una novela "Maurice" donde quedaba reflejada su secreta homosexualidad. La Smith comenta también las versiones cinematográficas que James Ivory (tres) y David Lean (una) hicieron de sus novelas –en vida sólo publicó cinco–. El meollo de la cuestión radica en la valoración de nota media que Zadie da a su escritor admirado, no a su obra, sino a sus charlas, de las que se desprende “un tono coloquial, banal y sin pretensiones académicas” (al contrario que Eliot, que arrugaba la nariz cuando pasaba por el pasillo del locutorio donde hablaba Forster camino de otro donde solía hablar él. Francamente creo que los "defectos" apuntados por Zadie son virtudes dado el medio comunicativo de que se trata y el público al que va dirigido. El prologuista es más generoso y certero cuando escribe de Forster: ..." tiene la capacidad de transmitir ideas complejas en un estilo sencillo”...sin pedanterías ni guiños para entendidos… las charlas de Forster son serviciales en el sentido más noble del término”.
Lean este libro, amigos. Empiecen por la primera charla "¿Son útiles los libros?", que les invitará a sonreir y a reflexionar en el sencillo pero profundo calado de la inteligencia de Forster. Luego pueden ir saltando de autor analizado, o mejor presentado, por el orden que ustedes deseen, e incluso evitarse algunos de los menos conocidos. Forster dice contestando a la pregunta de su primera charla que los libros son útiles "porque mejoran a las personas". Esta recopilación de algunas de sus charlas mejoran , sin duda, al lector.
FICHA
ALGUNOS LIBROS.- E. M. Forster.-Ensayo. Pról: G. Torné. Epílogo: Zadie Smith. Alpha Decay, 2018. 308 páginas. 18 euros.- ISBN:9788494821035
Me llamó la atención que la novelista Espido Freire tocara el ensayo literario trufado delibro de viajes y más que lo hiciera en escritoras de estilos y carácter tan diferentes aunque ciertamente había algunas similitudes de tipo social y humano. Pero las coincidencias relativas son numerosas y siempre justifican un largo viaje de búsqueda de paisajes y lugares de las novelas que esas autoras han escrito.Y ahí acierta Espido y no sólo eso, divierte y estimula. Confieso que estoy deseado empezar a releer algunas de las novelas, sobre todo de la Austen, más afín a mis gustos.
El comienzo no podía ser más prometedor: "Se ama a algunos autores de la misma manera que nos apasionamos por ciertas personas, con el mismo desprecio porla ógica y la misma fascinación por hechostriviales". Oh, si, por cierto. Doy fe: mi amor por la Crompton y su Guillermo, Sherlock Holmes, Poe, Stevenson, Proust, Lowry, Durrell, etc. Podría escribir sendas novelas sobre las triviales o banales circunstancias que los convirtieron en mis preferidos.
Así, la autora escribe en su impagable introducción: "cómo cuatro mujeres solteras y pobres, autodidactas, con mala salud, aisladas en el campo en un siglo que no potenciaba sus facultades, que murieron antes de llegar a la cuarentena, se las arreglaron para escibir una docena de las mejores novelas en lengua inglesa". Por eso este libro se convierte para Espido en un "bildungsroman", una libro de aprendizaje, de iniciación personal, ese enfrentarse a fallos de carácter y aprender de ellos, la búsqueda de la perfección en el amor.
El libro está estructurado como un viaje que nos lleva de exterior de las novelas de la Austen o las Bronte, es decir las caracteristicas de las sociedades donde viven, los pueblos, ciudades o zonas rurales donde viven, sus viviendas, incluso sus habitaciones, al interior, sus problemas personales y de salud, sociales o financieros. La primera parte está dedicada a los lugares ingleses donde se desarrollan las novelas de la Austen.La segunda se reduce a una localización y va ajustándose casi cuarto por cuarto de la vivienda de las tres hemanas Bronte, analizando la repercusión literaria de las localidades de la zona de Leeds relacionada con ellas. Las descripciones físicas actuales que hizo Espido durante su viaje, enriquecidas con sus esperiencias personales es un valor añadido al libro pues no solo son divertidas sino aleccionadoras, en el sentido de qeu el lector acaba conociendo tanto a la Austen, una dama georgiana, que a las otras tres damas victorianas, como a Espido Freire, una joven escritora viajera de nuestro tiempo.
Resulta muy significativo cómo Espido enfatiza las dificultades que una mujer tenía en ambas épocas para publicar con su nombre, usando pseudónimos masculinos o, en algunos casos, firmando con el nombre desu marido o compañero (cosa que duró hasta el siglo XX: como muestra un botón, el caso de la autora fancesa Collette.). En el caso de la Austen con el agravante de las dificultades personales (nunca tuvo una "habitación propia" nos dice Espido en forma muy wolffiana) y económicas, con pérdidas en algunas ocasiones.
Un libro entretenido y bien documentado literariamente. Los elementos propios del viaje de Espido por esas tierras son de un enorme encanto.
FICHA
QUERIDA JANE, QUERIDA CHARLOTTE.- Por la ruta de Jane Austen y las hermanas Brontë. Espido Freire. 235 PÁGS. Ed. Aguilar, 2004. ISBN 978403093713
Robert Walser, un escritor suizo de habla alemana nacido en 1878 y muerto en 1956, durante una escapada (literal) de un sanatorio psiquiátrico suizo en plena nevada. Su obra tiene las virtudes y defectos de la azarosa época que le tocó vivir: se llevó lo peor del siglo XX. Es un vagabundo profesional que va haciendo todo tipo de empleos para sobrevivir, cambiando continuamente de residencia y sin dejar de escribir, como muchos otros escritores, pintores y poetas. Walser comenzó publicando poemas y tratando de hacer fortuna en el teatro con nulo éxito. En Berlin formó parte, junto a su hermano el pintor Karl Waser (que en vida tuvo más éxito que él) de una ambulante grey de artistas enamorados del arte por el arte. Entre sus obras destacamos "Los hermanos Tanner", Jakob von Gunten (que él consideraba su mejor obra), "El ayudante" y "El paseo". Tuvo amistad con Kafka y Musil (cuyos estilos comparten sólo una cosa con Walser, la continua autoreferencia directa o indirecta) Psicologicamente era una persona inestable y aquejado de periódicas depresiones que cursaban algunas veces con internamientos en centros psiquiátricos.
Carl Seelig, un amigo personal de Walser, publicó un libro de conversaciones durante el,periodo más ausente y silencioso del autor desde 1936 y que se llamó "Paseos con Robert Walser", en referencia a "El Paseo" el libro de 1917 que hoy comentamos. En este corto libro del escritor podemos ver su estilo directo, personalísimo y en decidida comunicación directa con el lector, al que le confiesa sus dudas, vacilciones, encuentros y hallazgos o temores. Es una invitación descarada a que el lector le acompañe en su paseo ya que "está cansado de escribir" y decide de pronto pasear en un "estado de ánimo romántico y extravagante" .
Las confesiones y reflexiones del autor tienen cierta profundidad psicológica y literaria, a la vez que un descaro sin pizca de arrogancia. Todo es la palabra y la escritura y la vida que pasea junto a él no es más que potencial material literario en el que incluye al propio lector, que ha de refrenar su impaciencia ante algunas frases engoladas y otras artificiosas. Pero hay un hálito curioso que ata corto al lector, la sospecha de que tras ese palabreo incesante se muestra un tipo que hasta cuando nos fastidia sentimos vibrar en él la Literatura.
"Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo en su libro, profética y paradójicamene, ya que por pasear murió. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de este libro (Siruela 2016): "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez".
Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual o enfrentamiento en los mismos términos con el complejo y variado medio ambiente por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si.
Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante, atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida.
FICHA
EL PASEO.- Robert Walser. TRad. y prólogo de Menchu Gutiérrez. Ed. Siruela,. 85 págs. ISBN 9788416964512
Es un libro atractivo para leer, pero algo deslavazado, articulado en una forma caprichosa, como a impulsos. No sigue una linea de pensamiento donde se adivine una coherencia determinada, pero resulta agradable y en cierta forma instructivo. Que nadie espere descubrimiento alguno sobre el silencio. Volveremos sobre clichés, fórmulas. definiciones o aproximaciones de todos más o menos conocidas. Lo singular de este libro es el autor. Es un aventurero acostumbrado a las experiencias extremas y casi todas ellas entrañan la soledad y el silencio como materia habitual. Por lo tanto sabe de qué está hablando y aunque quizá no lo elabore como lo haría Heiddeger, Kant o Aristóteles (qué falta nos hace) la simplicidad y autenticidad de lo que cuenta es, en definitiva, lo que da valor a este libro.
Se trata de un tipo que atravesó la Antártida a pie: más de 1300 kms y 52 días caminando él solito, o se larga al Everest o apareja un barco y cruza el Atlántico, mientras nos narra con absoluta sencillez que se las ha visto con un oso polar en el Ártico, cruzó de cabo a rabo Nueva York por las alcantarillas e hizo lo mismo por la soleada California. La mayoría de las veces con la única compañía de su cuerpo y su mirada atenta. Es un editor y filósofo noruego (decidió fundar una editorial mientras lavaba los platos de la cena y se preguntaba cómo alimentar a una familia de mujer y tres hijas) que se ha planteado el tema del silencio porque ese ha sido el ingrediente personal más permanente en todas sus experiencias. Se ha propuesto hacerse compañero inseparable de la práctica del silencio personal y nos habla de ello en un libro de 174 páginas, sobriamente ilustrado y de una presentación sencilla y blanca, al estilo Beatle o al estilo Polo Norte, según como se mire.
No es pues un libro de filosofía, sino de vivencias que pueden leerse en clave filosófica si al lector le place. Como escribe en la página 100 de su libro: "Durante miles de años, las personas que han vivido aisladas consigo mismas, como los monjes en las montañas, los eremitas, la gente del mar, los pastores de ovejas y los descubridores que regresan a casa, han tenido la certeza de que los misterios de la vida se hallaban en el silencio. Esta es la cuestión".
Pues eso, amigo lector, embárquese en este viaje pertrechado con el poema de Olav H. Hauge, "A la hora de la verdad, es/ muy poco lo necesario, y eso/ siempre lo ha sabido el corazón". O dese cuenta de la importancia del silencio en la música, "son los silencios repentinos de Beethoven los que estimulan el cerebro o hace que nos salgan chispas de la cabeza la cabeza" (pág. 129). O el reconocimiento de que él vive (como muchos de nosotros) para, en palabras de Blake, "Ver un mundo en un grano de arena/y un cielo en una flor silvestre; tener el infinito en la palma de la mano y la eternidad en una hora".
Y para sorprendernos un poco, nuestro aventurero amigo nos informa que los seres humanos tenemos menos capacidad de concentración que los peces de colores. Los hombres perdemos hoy la concentración al cabo de ocho segundos -en el año 2000 eran doce- mientras que en los peces de colores el promedio es de nueve segundos". Sólo la acción y el silencio que la debe acompañar evita el peligro de acabar siendo émulos de los peces de colores y de ser capaz de responder a las tres preguntas capitales a las que Kagge trata de responder con treinta y tres pequeños capítulos en su libro: ¿Qué es el silencio?¿Dónde está? y ¿Por qué es más importante que nunca? De la primera nos da un buen número de respuestas válidas aunque no originales. De la segunda se supone que a partir de uno mismo. Y la tercera podría ser, apunto yo, superar en concentración, coherencia, inteligencia y sensibilidad a los peces de colores. Es broma. Él dice en algún lugar, "Es bueno para conseguir tus propósitos: para relajarse, encontrarse y conocerse a sí mismo, y dejar de vivir a través de los otros y la identidad de la masa. Es mentalmente sano y, además, enseña que la vida no es tan corta como parece: es una máquina para extender el tiempo".
Y para terminar, cito: "Erling Kagge defiende que el silencio podemos encontrarlo en cualquier momento, en cualquier lugar, y que la cuestión es ser consciente y aprovecharlo cuando aparece delante de nuestras narices. El editor noruego “crea” sus silencios al subir una escalera, al ordenar un armario o concentrándose en la respiración. “La riqueza potencial de ser una isla para nosotros mismos”, escribe, “debemos llevarla siempre dentro”."
Y una nota científica publicada en los periódicos. Julio Díaz, un investigador, doctor en Física, jefe del departamento de epidemiología de Instituto de Salud Carlos III, ha publicado una cuarentena de trabajos científicos en los que trata de demostrar que la contaminación acústica es tan dañina como la atmosférica. Según sus estudios el ruido debilita el sistema inmune, agrava enfermedades como el Parkinson, la demencia o la esclerosis múltiple e incrementa la mortalidad por causas respiratorias, cardiovasculares y diabetes.
FICHA
EL SILENCIO EN LA ERA DEL RUIDO.- Erling Kagge.- Trad. Carmen Montes.- Ed. Taurus. 174 págs. 16,90 euros.- ISBN 9788430618736
"Sin pasear estaría muerto". Lo escribió el suizo de lengua alemana Robert Walser (1878-1956). Yo llevo desde mi adolescencia hasta hoy mismo pensando lo mismo, sin elaborarlo. Walser fue un poeta y un filósofo nato, un hombre que respiraba a través de la reflexión. No es muy conocido en el mundo popular de las letras o de la filosofía. Solía escribir microgramas, pequeñas reflexiones sobre lecturas, pensamientos sobre hechos de cada día, lo más cotidiano o lo más banal. Los "logoi" nacieron como una reacción mimética a los "propos" de Alain y a los "microgramas" de Walser. Fue respetado por talentos tan soberbios como Robert Musil ("El hombre sin atributos"), Herman Hesse ("Narciso y Godmundo"), Thomas Mann ("La montaña mágica") o Franz Kafka ("La metamorfosis", "El proceso"). Su obra está editada por Siruela en España. Pero me interesa resaltar hoy "El paseo" (publicada en alemán en 1917). Como escribe Menchu Gutiérrez en el prólogo de la edición española de 2016: "Todo resplandece en los paseos de Walser, en los que se mezclan arrebatos y caídas, en los que las ideas se elevan y abisman con la más extraña naturalidad...Walser defiende las miniaturas de la cotidianidad... él dota de materialidad a los fantasmas sin cuerpo del camino y, a su vez, éstos lo animan a él y le dan forma...el amante del vagabundeo vuelve una y otra vez al camino, ese que se ve siempre como si fuera la primera vez". Walser sigue a los clásicos del "tempus capere" (aprovechar la ocasión). Un tiempo que hay que saber esperar tanto como no perder. Y es el tiempo que se hace camino. en el que coincido plenamente con el autor. Es ese momento que nunca es neutro ni indiferente, que lleva en sí la marca de la oportunidad, que te invita a percibirla, que se abre para que te adhieras, pues es cuando las cosas que te rodean en tu camino comienzan a ser lo que son. Por eso cada camino es distinto, aunque geográficamente sea el mismo. Como totalmente diferente es el camino de subida a la montaña del que sigues para descender de ella, aunque topológicamente se trate de la misma senda, así lo constatamos todos los caminantes. Walser merece una lectura atenta. Y no se trata del "peri patós" de Aristóteles, el paseo reflexivo en compañía, dialogando sobre filosofía. Ni las sosegadas caminatas por el Jardín epicúreo, ni el "flaneur" parisino de Baudelaire o de Balzac. El paseo de Walser es otra cosa, es una especie de comunión sensual, poética e intelectual con el complejo y variado medio ambiente por donde pasa: "su cuidadosa mirada tiene que vagar y deslizarse por doquier, desinteresada y carente de egoísmo; tiene que ser siempre capaz de disolverse en la percepción y percepción de las cosas y ha de postergarse y olvidarse de sí mismo, sus quejas, necesidades o privaciones..." ¿Excesivo? Quizá si. Tal vez lo que más desconcierta al lector de hoy sea el estilo narrativo de Walser, su caótica sensibilidad aplicada a paletadas sobre el lienzo de la página, su tendencia a la disgresión disparatada, el surrealismo de las figuras que va mostrando y los diálogos y monólogos rebuscados y retóricos en los que se aprecia un cierto desequilibrio, una desmesura que recuerda al Nietzsche más desbordado o un Kafka sin la brida de su lucidez. No es un autor para cualquier lector. En cuanto al motivo central estrictamente, el pasear, el caminante, atestiguo después de decenas de años de practicar esa forma de andar por senderos y montañas de toda España, que esa actividad es más que un deporte o una actividad saludable...es el reflejo activo de una forma de vida. -ALBERTO DÍAZ RUEDA
No tiene sangre inglesa en las venas pero domina el idioma hasta tal punto que está escribiendo novelas de tanta valía que le llevaron a lograr el Premio nobel de Literatura. Su origen japonés no ha sido obstáculo para escribir una novela tan fuertemente british como "Lo que queda del día" donde sabe mostrarnos los recovecos más ocultos del talante británico en sus diferentes clases sociales y de crear a unos personajes dotados de una profundidad y una humanidad casi shakesperiana. Además del Nobel (2017) se ha llevado los prestigiosos Whitbread (por "Un artista del mundo flotante" o un Booker por "Lo que queda del día",
"Cuando fuimos huérfanos" es una novela híbrida que comienza como una narración de detectives, se va convirtiendo en una novela bélica y acaba siendo un experimento literario en el que la psicología y los sentimientos de los personajes van hipnotizando al lector en una acción -y reflexión- de un dinamismo y un talento descriptivo excelentes. El protagonista es un detective que intenta conocer el paradero de sus padres en un docudrama bélico que nace tras el nacimiento del protagonista , Christopher Banks, en Shangai a comienzos de siglo. Su padre trabajaba para una empresa británica que siguiendo la política colonialista de Inglaterra estaba envenenando China con el mercado del opio. La desaparición misteriosa de sus padres cuando el niño tenía nueve años, lleva a éste a un internado en Inglaterra. La narración arranca en 1930, cuando Banks ya trabaja como detective y se ha labrado una gran reputación. Llega a Shangai en los momentos previos a la guerra con las amenazadora presencia japonesa en la colonia británica. Una vez allí se enfrenta a una situación caótica y pre-bélica y las escasas pistas de que dispone están basadas en recuerdos y la manipulación de la propia memoria. Compañeros de estudios, uno de ellos japonés, débiles recuerdos que el narrador -el detective en primera persona- no logra estructurar de una forma coherente. Las implicaciones psicológicas de todo lo que le rodea, el momento duro de la confrontación chino-japonesa, la necesidad de tomar partido, son elementos que van aumentando la complejidad de la trama que deja de ser la de una novela de género para convertirse en una novela de alta literatura.
La historia. a pesar de una cierta ingenuidad nostálgica y familiar del protagonista, se ve inundada por el asfixiante clima de corrupción que desde que llega a Shangai va envolviendo al detective. No hay héroes, Banks es un muñeco trágico que va mostrando la orfandad en la que vive, de sus padres, de sus amigos, del pasado en la ciudad y de la propia Shangai que se convierte en un escenario del Bosco. No hay salidas. Solo un desarrollo perturbador y un final triste y sin posible redención. Un drama personal que es la tragedia de una época. Y una brillante obra de Kazuo Ishiguro, en la que ,con un poco de cuidado, se pueden percibir ciertos detalles que nos recuerdan el origen del escritor, mucho más que en ninguna otra de las novelas que he leído de él.
En esta ocasión, primero vi la película. Robert Redford y Jane Fonda, los dos abueletes, aunque muy en forma, hacen un papel digno, sin llegar en ningún momento al lucimiento pero tampoco al histrionismo. Luego, más tarde, cuando leí la novela comprendí que con una historia como esa no se podía hacer ningún tipo de exageraciones. Es una novela contenida, que discurre suavemente, que se vuelve dramática con mesura, dolor con sordina, sin aspavientos. Es la historia de dos personas mayores, viudos ambos. Addie y Louis viven solos, tienen sus rutinas, amigos circunstanciales, sin demasiada intimidad con nadie. Hacen su vida apaciblemente, sujeta a ese pequeño pero permanente acontecimiento de levantarse cada mañana y disfrutar del milagro de la vida en el otoño de sus existencias. El entorno es el de una ciudad de provincias en el profundo sur norteamericano, conservador, puritano y en algunos momentos chismoso y retrógrado.
Es Addie quien da el primer paso. Con ese sentido común femenino que supera los obstáculos más recalcitrantes, aparece una noche en la puerta de la casa de Louis, un viejo conocido, y le propone que duerman juntos, sin connotaciones sexuales, simplemente por el placer de sentir al lado de alguien en las noches, cuando la soledad se hace más acre e incómoda. Los dos ancianos están de muy buen ver, son inteligentes y discretos. La carencia afectiva es evidente en ambos, tienen hijos mayores y arrastran los pequeños -o grandes y larvados- problemas en la relación con sus hijos, que suelen aparecer en las familias.
Pero, claro, están viviendo en un pueblo donde todos se conocen y muchos no tienen mejor cosa que hacer que estar pendientes de lo que hacen o no hacen los demás. Naturalmente las idas y venidas de Louis no pasan inadvertidas y comienzan los chismorreos, hasta que estos llegan a los oidos de los hijos de ambos. Mientras la hija de Louis entiende todo e incluso hace migas con Addie, el hijo de Addie se niega a aceptar esa relación, por motivos "morales" que incluye el "mal ejemplo" que los dos ancianos dan a su propio hijo, el nieto de Addie (prescindiendo del hecho de que el niño está más a gusto con los dos abuelos que con su propio padre , arrasado y desequilibrado por su matrimonio roto).
En fin, no les cuento más. La hipocresía puritana del pequeño pueblo, pero sobre todo la cerrazón igualmente hipócrita del hijo de Addie, son elementos contra los que es difícil luchar. La novela es ágil, irónica y llena de amabilidad humana. Se publicó póstumamente ya que Kent Haruf murió de un ataque cardíaco. Es una novela triste y deliciosa que deja pensativo al lector después de leerla de un tirón. Los diálogos son vivos y al mismo tiempo te envuelven con su precisión y falta de adornos, escuetos, sencillos y directos. Ya el inicio es prometedor, cuando Addie le dice a Louis: "Me preguntaba si querrías venir alguna vez a casa a dormir conmigo". Él se queda asombrado y pensativo. "No dices nada. ¿Te he dejado sin respiración", dice ella. "No estoy hablando de sexo...yo hablo de acostarse calentitos, acompañados...las noches son lo peor, ¿no crees?".
Lineas cortas, repletas de diálogos breves pero intensos, pocas descripciones, leves apuntes sobre los demás personajes de la novela, centrada constantemente en la pareja que busca la perfección y belleza de una relación desinteresada en la que también aparece el sexo pero más como ternura inteligente que como pasión. Breve como el paso de una estrella fugaz, pero con una belleza narrativa basada en los buenos sentimientos, el respeto y un cariño que nace de la comprensión. Poco más de cien páginas que se leen como bebiéndolas de un trago dulce, picante y un fondo amargo pero lúcido.
Kent Haruf ha escrito otras cinco novelas sobre pueblos pequeños y gentes de la región de Colorado, donde nació. Recibió varios premios y galardones y en febrero de 2014, se le diagnosticó una grave enfermedad terminal con escasas posibilidades de supervivencia. Dedicó sus últimas fuerzas a escribir esta novela. Poco después de corregir las últimas pruebas, falleció. Tenía 71 años.
Nosotros en la noche.-Kent Haruf.-Random House Editorial.-Traducción de Cruz Rodríguez Juiz.-130 Páginas.-16,90 €.- ISBN 9788439731856
La última novela de la autora francesa de origen argelino Kaouther Adimi, Nuestras riquezas (Nos richesses, 2017; Libros del Asteroide, 2018), es un libro ingenuo y realista lleno de monstruos y héroes, que nos habla del amor a los libros y de la brutal injusticia y desmesurada violencia de la situación política histórica de un país que ha pasado medio siglo sumido en una guerra sin fin, aunque en algunos años larvada y en otros sumergida en una orgía de sangre inocente, primero por motivos políticos, la independencia argelina de la "madre patria" Francia (raramente se ha visto una "madre" tan cruel, desalmada y estúpida) y después por el fanatismo religioso musulmán, las "fraternales" matanzas de los integristas argelinos sobre su propio pueblo.
Ese es el escenario de fondo de una historia triste y plácida: el oasis de una librería en pleno centro de las kashba de Argel, en el número 2 bis de la céntrica calle Hamani, antes Charras, donde aún existe hoy una librería de préstamo y venta de libros en francés y árabe, " Las Verdaderas Riquezas", como la novela homónima de Jean Giono. La historia se nos cuenta a tres niveles narrativos. Desde el diario de Edmond Charlot (basado en documentos reales), que la abrió en 1936, a las vivencias del joven que va a vaciarla de libros para que se abra allí una tienda de buñuelos en el siglo XXI (afortunadamente esa parte es ficción, la libreria existe aún), pasando como en las tragedias griegas por una voz anónima coral que podría pertenecer al pueblo argelino. Charlot fue un hombre renacentista en pleno siglo XX. Librero y editor pero sobre todo talentoso descubridor de escritores en ciernes, como Albert Camus, Jules Roy, Saint-Exupery, André Gide y Emmanuel Roblès. De hecho fue el primer editor de Camus, con la publicación de una pieza teatral "Revuelta en Asturias" y fue encarcelado por haber editado a Gertrude Stein cuando Petain reinaba en Vichy. Bernanos, Rilke y Garcia Lorca, también fueron publicados por Charlot entre milagros y fatigas por la falta de papel o tinta durante la guerra.
Charlot es un editor atípico en un sentido: no parece que la rentabilidad sea un criterio importante en su elección de autores y libros para publicar. Como él mismo escribe en su diario: "yo no persigo la coherencia, sino que publico sobre todo aquello que me gusta, y únicamente libros que me siento capaz de defender. Mi compromiso tiene que ser absoluto. Así es como yo concibo mi trabajo. El escritor tiene que escribir, el editor tiene que dar vida a los libros. No veo límites a esta idea. La literatura es demasiado importante como para no dedicarle todo mi tiempo”.
Evidentemente y por muchos motivos, algunos de los cuales se desprenden de lo que se nos cuenta en la novela -basada en hechos reales, como está de moda en el cine de hoy- este editor es uno de esos héroes que en ningún momento cree serlo. ¿Y los monstruos? La represión francesa contra la liberación argelina, los inicuos asesinatos en masa de manifestantes argelinos pacíficos, en pleno Paris (1961), los horrores que sacudían las calles de Argel y de otras ciudades del país, la abominable "cruzada" intregrista que asoló al campesinado argelino durante los ochenta y noventa, la corrupción y desidia de los sucesivos gobiernos argelinos y sus dirigentes, que ahogaron los sueños de libertad y progreso de los ciudadanos...
"Un hombre que lee vale por dos", se lee en árabe y en francés en un cartel colocado en el escaparate de "Les vraies richesses". El editor Charlot vale por muchos hombres, en realidad simboliza a un pueblo martirizado, el franco-argelino. Los últimos capítulos fechados en Paris y Argel en 1961, son el epítome de la narración. Ante los escombros de su segunda librería, destruída por una bomba anónima francesa "por ser simpatizante de los argelinos", un periodista le pregunta a Charlot sobre su amigo Camus y al final le pide "su receta" para los futuros escritores. Y ese hombre lúcido responde: "Compre una mesa corriente, con cajón y cerradura. Cierre el cajón y tire la llave. Cada día escriba tres hojas de papel y las desliza por la la ranura del cajón, sin releerlas. Al año tendrá novecientas hojas. En ese momento llega su turno."
FICHA
NUESTRAS RIQUEZAS.-Kaouther Adimi.- Trad. Manuel Arranz. Ed. Libros del Asteroide.-181 págs. ISBN 9788417007607
Creo que esta es una "buena novela" para rememorar los casi diez años años que llevo colaborando con Octavio Serret , los cincuenta años que llevo escribiendo reseñas literarias en múltiples medios de comunicación escrita o radiofónica y, "last but not least" (por último pero no menos importante) porque en este libro se reúne, sino magistralmente, sí de forma digna e interesante, la filosofía de amor al libro y a la lectura que he defendido toda mi vida en mi profesión y en mi actitud e ideología personal.
Laurence Cossé, autora de "La buena novela" (de editorial Impedimenta), es una escritora y periodista francesa de 68 años autora de varios libros, aunque creo que este fue el primero traducido a nuestro idioma (en 2009). Ha trabajado para "Le Quotidien de Paris" y para la emisora de radio "France Culture".
Nuevamente, como en "La librería ambulante" de Christopher Morley, "La librería de las nuevas oportunidades" de Anjali Banerjee, "La mujer de arena" de Rabih Alameddine y algunas otras de encantador recuerdo, un autor se atreve a mostrarnos el alma escondida de un tipo de librero maravilloso: la persona que se hace librero porque ama los libros, los lee, los conoce y alimenta su vida con ellos, más allá de las circunstancias del oficio y de las notorias dificultades que ese singular negocio padece en estos tiempos difíciles para la cultura en general y para el libro en particular.
Realmente "La buena novela" es una excelente novela y además un libro muy bien editado y que como suele ocurrir con los libros de Impedimenta, con una portada atractiva y una traducción intachable, en este caso de Isabel González-Gallarza.
En la novela asistimos a la creación de una librería en París cuyo nombre da título al libro. Es un establecimiento peculiar y, de alguna forma, refleja el sueño no confesado de la mayoría de los lectores de raza, es decir de las personas que no saben concebir mejor uso para sus manos que sostener un libro e ir pasando las hojas morosamente mientras el alma fascinada del lector se pierde en lo que nos cuentan esas páginas: esa librería sólo venderá buenas novelas (y para no meterse en problemas, cualquier otra que le sea reclamada por un cliente, ejemplar que ellos pedirán al distribuidor y venderán bajo encargo). El fondo editorial quedará constituido por obras maestras recomendadas por un comité secreto de ocho grandes novelistas que facilitan en principio sendas listas de 600 novelas cada uno y luego irán añadiendo las que estimen oportuno de entre las que vayan surgiendo.
La genial idea comienza teniendo un enorme éxito (¿quién no ha soñado con una librería así?) pero muy pronto va concitando rechazo e incluso agresividad de grupos y entidades que acusan a los promotores (Van, un joven librero obsesionado con los libros y la lectura y Francesca una seductora mujer de fortuna, perteneciente a la clase alta francesa) de elitismo, desprecio cultural y manipulación facistoide. La broma literaria de la autora se extiende a la divertida reseña de los periódicos y revistas franceses, con sus nombres visiblemente semejantes a los reales.
Comienza como una novela de misterio: asistimos a tres atentados contra tres personas de las que no sabemos casi nada, más adelante nos iremos enterando que se trata de tres miembros del secreto comité que selecciona las obras maestras para la librería. La historia se nos cuenta a través de un narrador que se mantiene en el anonimato, aunque va dejando pistas de su cercanía a Van y se nos informa de la génesis y desarrollo de la librería a través de una larga exposición que hacen Van y Francesca a un funcionario de la policía judicial al que piden ayuda para evitar más atentados.
Evidentemente hay muchos elementos de intriga, humor crítico e información sobre las novelas y los autores que integran el fondo editorial de la librería, un acercamiento lúcido a los pros y los contras de una idea tan revolucionaria y un ritmo literario fascinante que se basa en los pocos personajes que llevan la trama, Van, Francesca y Anis, un triángulo amoroso que tiene la complejidad y el encanto de los clásicos de los que se nos habla continuamente. En resumen, es una de esas novelas que se lee de un tirón y deja un rastro de "daños colaterales" en algunos lectores: notas sobre los libros que uno se tiene que comprar y leer. Libro para amantes de la novela, para editores y libreros enamorados del objeto de sus oficios y para todo aquel que, simplemente, quiera pasar un buen rato.
Cervantes y "Don Quijote" es a los libros de caballerías lo que el guionista y escritor norteamericano William Golldman y "La princesa prometida" es a las novelas y películas de "grandes aventuras y amores verdaderos". El primero usa a Cide Hamete Benengelí, un escritor morisco, "arábigo y manchego", como supuesto autor de la obra y Goldman se inventa a un escritor norteamericano de ascendencia nórdica -en realidad nacido en "Florín", un reino fantástico- llamado S. Morgenstern . Cervantes busca compañero y amada para su caballero de la Triste Figura y Goldman se conforma con dos compañeros para su héroe Westley (que tiene una muy bella figura): Fezzic el gigante e Iñigo Montoya, un espadachin español ("guiño" de Goldman al lector avisado) y por supuesto una Bella princesa, la más hermosa de mundo, (llamada absurda o irónicamente Buttercup, "pastelito" en castellano) que en realidad ni siquiera es de sangre real (es de origen campesino, como el héroe, una lechera). Pero donde Cervantes lleva su fantasía a estrellarse continuamente con una realidad sórdida, Goldman lleva su hiperbólica y desmesurada irrealidad novelesca a superarse a sí misma en una escalada de imposibles en franco desafío a lo posible, trufada toda ella de la realidad, entre bromas y veras, del propio Goldman. Don Quijote y Sancho cabalgan por una Mancha casi documental y los héroes de nuestra historia corren sus increíbles aventuras por un supuesto reino de "Florin, que se extendía entre Suecia y Alemania. Por supuesto "antes de que formara Europa". En un caso, el cervantino, los "malos" son reales y circunstanciales o imaginados e inexistentes; en nuestra novela, el malo es el príncipe de Florín, llamado Humperdinck, un psicópata que "tenía la forma de barril...pecho enorme de barril y muslos poderosos abarrilados, pesaba cerca de ciento veinte kilos y caminaba de costado como un cangrejo" y su hombre de confianza, otro psicópata llamado conde Rugen, cuyo mayor placer era estudiar los efectos del dolor en todo ser viviente, tenía seis dedos en la mano derecha, maestro espadachín y pieza importante en esta original "novela" pues es el sujeto que asesinó al padre de Iñigo Montoya (que era un fabricante de espadas extraordinarias) y causa la obsesión de Iñigo por encontrarse con él y matarlo (la frase "Me llamo Iñigo Montoya; tú mataste a mi padre; prepárate a morir" se repite bastantes veces en la novela, cada vez que Iñigo tiene ocasión de decirla...y son muchas). Y por fin, si en Cervantes el concepto clave es la dialéctica ficción-realidad, aquí es realidad-ficción- realidad ficcionada, más complejo y considerablemente más irónico, sarcástico y juguetón (aunque, como pueden suponer pertenecen a dos niveles literarios distintos y aquí acaban las comparaciones, similitudes e influencias del gran Cervantes en el divertidísimo e inteligente William Goldman). Por último, aunque no menos importante, el concepto ético que domina esta rara novela es "La vida no es justa, nunca lo ha sido y nunca lo será" con lo que redunda un poco en lo que piensa el lector de "El Quijote" cuando el Caballero pasa las de Caín en nombre de su "Amor Verdadero", para acabar además muriéndose de tristeza con el cuerpo apaleado y todo su mundo reducido a una "locura" objeto de burla.
Otra característica que rinde homenaje a la excelencia literaria es el recurso a la oralidad como base para la narración. De abuelos a padres y de estos a hijos, "La princesa prometida" va siendo leída a niños atentos, entusiasmados y reacios a que les den gato por liebre. Por tanto en el libro se entrecruzan varios niveles: el del narrador primigenio, Morgenstern, el del "compilador" y "sintetizador" del largo original, Goldman y el del hijo que fue Goldman o el del propio "hijo" de éste, un gordito que será redimido por el ejemplo de Swazenegger (en la vida real Goldman tuvo dos hijas, pero SI les leyó la historia de la Princesa que estaba escribiendo) y, naturalmente, las "morcillas" o intevenciones continuas de Goldman en sus funciones de "re-escritor" que nos habla de su propia vida, sus problemas legales "con los herederos" de Morgenstern, su propia mujer, Helen, una conocida psiquiatra (creo que invención del escritor, ya que su esposa no era psiquiatra ni se llamaba Helen), sus guiones de cine (entre ellos, dos premiados por sendos Oscar, "Dos hombres y un destino" y "Todos los hombres del presidente" y otros grandes éxitos como "Misery" de Stephen King (que pasa a ser personaje de este libro), "Marathon Man", basada en una novela suya, y otras muchas, una brillante carrera truncada por la Parca el pasado 17 de noviembre. Y, sobre todo, destaquemos el humor y la desternillante ironía con que Goldman nos va contando los cortes y supresiones de páginas que hace al original de M. porque son aburridas y ya las hizo un su día el padre o abuelo que leía dicho original ("como en Moby Dick hay que saltarse las aburridas páginas sobre los detalles de la caza de ballenas", dice W.G.).
"La princesa prometida", publicada originalmente en 1973, con versión cinematográfica de 1987, es una joya de la metaliteratura, llena de un humor a ratos de brocha gorda, tipo Tom Sharpe o Rabelais, o de sarcástica sutileza como Wodehouse, Mark Twain, Waigh o Sterne, es decir un humor más británico que yanqui. Desde la nota del editor recomendando al lector que se salte las dos introducciones del autor (la primera en el 25º aniversario de la novela y la segunda en el 30º) y vaya a la página 45 para ver de qué va la cosa, hasta la guasa de signo superlativo que destilan las dos introducciones, paeando por la descripción de los cortes que Goldman hizo al original de Morgenstern, hasta los problemas del "compilador" en su intento de escribir una continuación de "La Princesa prometida" que llevaría por título "El bebé de Buttercup" y que los editores habían decidido encargar a Stephen King porque vende más libros que Goldman, pasando por las casi treinta páginas que se adjuntan de dicha continuación (con los comentarios agudamente sarcásticos del autor), el lector queda bien servido, aunque apenado porque ya sabe que NO LEERÁ dicha continuación en forma de libro, por fallecimiento del autor.
Este artefacto literario que, como la película (dirigida por Bob Reiner), se ha convertido en un libro de culto para entendidos o avisados lectores y cinéfagos (parece ser que hay millones repartidos por todo occidente), debería ser objeto de una oferta librera peculiar: un pack que contuviera el libro y también un dvd con la película. La imaginativa editorial, "Ático del los libros" podría apuntarse un tanto superior al que ya tiene por haber publicado esta magnífica edición que tengo en mis manos.
Por cierto, para que quede constancia de la rara erudición (y no sólo en las cosas del reino de Florín) de Goldman, parece ser que el nombre de Simon Morgenstern, el "genuino autor" de "La princesa..." es un homenaje al creador del término literario de origen alemán "bildungsroman", es decir, "novela de iniciación" como el "Werther" de Goethe o "Las afinidades electivas", "La isla del Tesoro" de Stevenson, o "El artista adolescente" de Joyce. Su nombre: Johann Karl Simon Morgenstern.
Pero todo este artículo suena demasiado a literatura seria, así que me detengo y les conmino a leer una novela que trata dinámica, divertidamente, emocionante y también de forma arrolladoramente sugestiva, asuntos tales como: "esgrima, lucha, tortura, venenos, amor verdadero, odio, venganza, gigantes, cazadores, hombres malos, hombres buenos, las damas más hermosas, serpientes, arañas, bestias de toda clase y aspecto, dolor, muerte, valientes, cobardes, forzudos, persecuciones, fugas, mentiras, verdades, pasión y milagros." Y no dejaréis la lectura hasta saber "¿qué fue de la hermosa Buttercup y del pobre Westley, y de Iñigo, el más grandes espadachín de la historia mundial? ¿Cuan fuerte era en realidad Fezzik? ¿Tenía límites la crueldad de Vizzini, el siciliano o la del príncipe de Florín o la de su esbirro el conde que tenía seis dedos en la mano derecha y había matado al padre de Iñigo?"
En fin, disfruten leyendo y si pueden háganse con la película. Les garantizo que cualquier lector que se "enganche" a esta novela acabará formando parte de un selecto club mundial, con sede en Florín, ese país enredado en uno de los pliegues de la vieja Europa. Y compartirá con millones de amigos una frase emblemática que los distingue a todos y cada uno del resto del mundo: "Me llamo Iñigo Montoya: tú mataste a mi padre, prepárate a morir".
FICHA
LA PRINCESA PROMETIDA.- William Goldman.- Trad. de Celia Filipetto.- 390 págs. Ed. Ático de los Libros.- ISBN 9788416222636
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Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.