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10 junio 2013 1 10 /06 /junio /2013 10:22

las-lagrimas-de-san-lorenzo.jpg

 

Julio Llamazares, leonés nacido en 1955, es un narrador habilidoso y austero que suele entroncarse en una narrativa intimista, llena de anclajes temáticos a la tierra, el paisaje y las gentes que los habitan. Gusta también de los libros itinerantes (de hecho tiene varios volúmenes dedicados a una suerte de reportajes literarios al modo del viejo Cela, como "El río del olvido", "Cuaderno del Duero" o "Tras os Montes", pero persigue los viajes intimistas al interior de algun Otro en forma de novela "Luna de Lobos" o "El cielo de Madrid" y luce un clasicismo de estilo que parece resonar de los parajes castellanos como una emanación seca y firme, justa en los adjetivos, concreta y terrenal como emanada de aquellos lugares sencillos y duros. aunque dotados de un encanto primario y algo salvaje. También cultiva el relato y el apunte periodístico ligado a la inmediatez. Este todo terreno del arte de narrar se nos descuelga ahora con una novela levemente proustiana, "Las lágrimas de San Lorenzo", en la que con un tono melancólico y sosegado, propio de un talante reflexivo, nos cuenta dentro de una estructura novelesca simple de doble recorrido, el pasado  a través del recuerdo del narrador y su presente inmediato pivoteando en torno a una experiencia estética --y ética-- singular: asistir desde Ibiza a ese fenómeno astronómico que se llama "las lágrimas de san Lorenzo", una especie de lluvia de estrellas fugaces que es posible ver una determinada noche de agosto en cielos limpios de contaminaciones lumínicas.

El narrador lleva a su hijo de 12 años a observar el fenómeno en un paraje solitario de la isla, justamente el lugar desde lo vio muchos años antes, cuando él mismo era un niño, junto a su padre ya fallecido pero vivamente   añorado. Durante esa experiencia sugestiva, el pasado y el presente, el tiempo, la infancia, la madurez y los barruntos de la vejez van convirtiéndose en temas de reflexión, un "work in progress" literario en el que los personajes , las sombras del pasado, van volviendo a la vida dinámica que les presta la memoria y la palabra del narrador, con momentos de un poesía vibrante y otros, nostálgica y triste, en los que se desgrana la vida en recuerdos

de muy variada índole, estampas que la magia de la narrativa convierte en postales de una época pasada y en una paciente y algo apesadumbrada colección de instantes plenos de sentimiento y emociones .

La historia, una rosario íntimo que deviene universal dada la filosofía plácida que lo impregna todo (al estilo de Pascal o de un Montaigne sin malicia) se convierte en una reflexión sobre el tiempo y los cambios que sustancia, vistos sin acritud y sin juicio penalizador. Hay mucha ternura en ese repaso de los años jóvenes, de las figuras familiares donde no falta el tío mitificado, desaparecido durante la guerra civil, una especie de Corto Maltés más imaginado que real y todo esa remembranza cautelosa y sencilla envuelta en música (una pieza de Bob Dylan) o de olores campestres, el tomillo o el lúpulo, puestas de sol inenarrarables, mares en calma, agua cristalina y sensaciones vitales a tenor con el paso de las edades del hombre (el narrador ya con el medio siglo a cuestas y una vida itinerante por las universidades de toda Europa y el adolescente, trasunto del primero, ambos mostrando hacia la vida una actitud semejante, curiosidad, ansia de libertad y placer de vivir) mientras las soluciones éticas básicas, la aceptación de los errores y el dolor que causan, la capacidad de perdonar, la asunción del arrepentimiento, van cristalizando en las dos personas, padre e hijo, que charlan y piensan, tumbados sobre una manta, en un prado frente al mar, en el silencio y la paz de la noche veraniega mientras el cielo se desgrana en trazos de estrellas errantes, como si un dios aburrido lanzara ascuas al capricho sobre la negra capa suntuosa del firmamento.

Hay mucha sustancia filosófica sencilla y sin complicaciones, un correr de vida, en esa larga noche de extraña felicidad entre padre e hijo. Prosa limpia y trasparente, reflexiones filosóficas sin ansia de trascendencia, de calado menor pero que se refieren a cosas que todos pensamos y sentimos muchas veces a lo largo de nuestra vida. El miedo, la soledad, la tristeza, el deseo, la frustración, los errores sentimentales, los viajes, las tierras extrañas, el hambre de amor, la paternidad, las acusaciones de abandono (más dolorosas si como en este caso provienen el propio hijo), los engaños y las traiciones van emergiendo de las páginas de esta novela que parece estar destinada a ser leída en otoño (y no me refiero solo al climatológico) al abrigo de una buena chimenea, sin prisa y sin pausa (son menos de 200 páginas).

Momentos de epifanía como los que narra en las páginas 65 a 67 o al final, cuando no se atreve a despertar a su hijo ante el esplendor del cielo estrellado, junto a reflexiones amargas que giran casi siempre en torno al tiempo y que pueden resumirse en la frase de su padre que rememora en la página 33 "Nos pasamos la mitad de la vida perdiendo el tiempo y la otra mitad  queriendo recuperarlo". O su propia percepción melancólica, "mi vida se va alejando a velocidad de vértigo de la memoria que conservo de ella".

El narrador, como el Nick de "El gran Gatsby" o el Marcel de "La Recherche" resume "he luchado contra todo, la soledad, el paso del tiempo, los desengaños, el desamor...y aquí permanezco reemprendiendo cada dia el camino de mi vida, ese camino que empiezo cada mañana como si lo estrenara siempre y que termino de madrugada cuando la melancolía me duerme como al agua de la acequia de mi abuelo o a los olivos y buganvillas de Ibiza, cuando yo era joven" (pag.123). O modificando la célebre frase de Lenon, "la vida es eso que pasa mientras estamos ocupados en pensar qué hacer con la nuestra".(pag 147). Para terminar con un desencantado "¿No será Dios el tiempo?". Lo cierto es que la novela deja un cierto regusto a reiteración nostálgica, un ligero exceso melancólico que parece apuntar más al talante de un Celine que al de Séneca. Y eso es algo que se comprende, dada la temática --no se corresponde a la edad del escritor, ¿qué escribirá cuando pase de los 60?-- pero que acaba pasando factura al lector, que cierra el libro sin poder evitar un sabor algo triste.

. 

 

FICHA

LAS LÁGRIMAS DE SAN LORENZO.-Julio Llamazares. Editorial Alfaguara. 193 págs.

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1 junio 2013 6 01 /06 /junio /2013 09:38

LIBRER~1

 

Los aficionados a los libros estamos de enhorabuena. Después de haber leido hace unos meses "La librería ambulante", (que les recomendé en estas páginas)  la editorial Periférica nos ofrece ahora una especie de continuación de aquella delicia, debida también a la pluma de Christopher Morley. La primera fue publicada en 1917 y la segunda en 1919. La Primera Guerra Mundial, que apenas se cita en "La librería ambulante", se convierte en  "La librería encantada" en un elemento secundario pero importante en el desarrollo argumental y el odio al belicismo es desgranado por Morley en diez páginas magníficas (134/144) sobre literatura contra la guerra, en realidad un monólogo del delicioso Roger Mifflin mientras trata de aleccionar a la joven Titania sobre los usos y costumbres de su maravillosa tienda de libros de segunda mano. Como bien dice Morley en boca de su protagonista, Roger (y desgraciadamente para él aún tendría ocasión de vivir los más duros horrores de la Segunda Guerra mundial): "una causa realmente buena no debería exigir el sacrificio de millones de vidas inocentes" (pag. 138).

Pero la verdadera fuerza de esa novelita de 312 páginas estriba en su enorme encanto evocador, en el amor que destila hacia los libros, en el retrato del librero ideal ("sólo digo que es un buen negocio vender unicamente lo mejor", pág.53) y un manual de la técnica del Bibliopolae, es decir del arte de vender libros. Pero "La libreria encantada" no es sólo todo eso, sino una inteligente y sensible incitación a la lectura (dice Roger: "mi libreria es encantada por los fantasmas de los libros que no he leido...y solo hay una forma para poner a descansar a esos fantasmas de los libros: leyéndolos".

Las aventuras de Helen y Roger en "La librería ambulante", novela itinerante en la que los protagonistas viajan en el carromato "El Parnaso" lleno de libros, vendiéndolos por la campiña del suroeste norteamericano, en esta segunda entrega regentan la librería "El Parnaso en casa" situada en Brooklyn, aunque en toda la lectura a uno le parece que está escribiendo un inglés y que el ambiente que nos propone es el del Londres decimonónico. Y esa propuesta se basa en una actitud ética irreprochable de este librero fascinante: "sólo vendo libros de segunda mano porque sólo compro aquellos que considero que tienen una razón suficiente para existir. Mientras el juicio humano sea capaz de discernir, intentaré mantener mis estanterías libres de basura".(pág. 35). Y aún más: "No me importa que alguien me robe los libros, siempre y cuando sean buenos" (pag. 93).

En esta ocasión además, Morley, complica el argumento con elementos de novela de espionaje en torno a la desaparición de uno de los libros de la librería, "Cartas y discursos de Cronwell" de Carlyle, que parece tener vida propia y en realidad sirve como medio de trasmitir ordenes e indicaciones a una trama de alemanes residentes en Estados Unidos que planea cometer atentados. Como no podía faltar, también se desarrolla una historia de amor entre Titania, la rica heredera a la que su padre mete como dependienta en la librería de Roger y Helen para que aprenda a trabajar y de paso a amar los libros y el joven Aubrey Gilbert, creativo de una agencia de publicidad que se hace amigo de la pareja protagonista.

Sin embargo no es esta trama la que quedará en la memoria del lector, sino las reflexiones y juicios, los comentarios que Roger y Helen y los libreros del Club de la Mazorca, realizan sobre los libros, la profesión de librero, la ética de la profesión, el deseo de leer y todo cuanto emana del apasionante mundo del libro. Como dicen: "No hay nadie más agradecido que un hombre al que le has recomendado el libro que su alma necesitaba sin saberlo".

Chirtopher Morley, el autor (1890-1957),  nacido en Pennsilvania, se fue a Inglaterra a estudiar en Oxford (época narrada en su novela autobiográfica "John Mistletoe") y volvió a Nueva York para trabajar como editor y luego como reportero y columnista, alcanzando un gran prestigio en la vida cultural de su país. Se convirtíó en un escritor de culto, comparado a Noel Coward y considerado "un escritor norteamericano de lo más británico". Como él mismo aseguró, sus raíces literarias se encuentran en Shakespeare y en las novelas de Conan Doyle, aunque también se percibe la influencia de Mark Twain y de Walt Whitman.

Morley dedica su libro a los libreros con una larga y deliciosa página inicial y ya desde el inicio entra en harina de una forma magistral. Por ejemplo el anuncio de su librería, "El Parnaso en casa": "Tenemos eso que usted busca, aunque usted no sepa aún cuánto lo necesita" y añade: "la malnutrición del órgano lector es una enfermedad seria. Parmítanos prescribirle un remedio" R.&H. Mifflin, propietarios".

Uno, que es un romántico incurable, sabe que alguna vez los sueños se acercan mucho a la realidad. Es el caso de mi amigo Octavi (Serret, el de Valderrobres), cuya manera de comportarse, ideales y trayectoria convierten su librería en una suerte de "librería encantada" y a él en un Roger Mifflin medio gemelo, aunque con muchos menos años, más estatura y sin calva en el caso de Octavi.

Por tanto y sin despreciar la trama de espionaje con alemanes canallescos, violencia relativa (una bomba se lleva a un espía y al perrito de chez Mufflin) heroísmo más bien despistado del joven Aubrey y bloqueo de un plan germano para atentar contra el presidente Wilson, lo más sobresaliente es el cariño y fascinación que el autor muestra respecto al maravilloso mundo del libro.

En resumen, pongan estas dos  novelitas de Morley en la estantería de "libros escogidos" de su hogar y disfruten de vez en cuando con sus deliciosas páginas.

 

FICHA.

 

"LA LIBRERÍA ENCANTADA" .- Christopher Morley.-Periférica Ediciones
Título original: The haunted bookshop. Traducción de Juan Sebastián Cárdenas. 312 Páginas – 18,50€

 

 

 

 

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23 mayo 2013 4 23 /05 /mayo /2013 07:55

 

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"Gatsby creía en el...orgiástico futuro que año tras año retrocede ante nosotros. Se nos escapa en el momento presente, pero !qué importa!: mañana correremos más deprisa, nuestros brazos extendidos llegarán más lejos...Y así seguimos adelante, botes (bogando, dicen otros traductores) contra la corriente, empujados sin descanso hacia el pasado". De esta forma magistral acaba su novela "El gran Gatsby" el escritor Francis Scott Fitzgerald (1896-1940) que murió prematuramente, seguramente dañado por los excesos en los que convirtió su vida. Mi amigo, el librero Serret me ha puesto una nueva edición de la imperecedera novela en las manos: "A los que vean la película les puede interesar". 

 Y es que Fitzgerald nos contó de una bella e inolvidable manera la historia de un amor imposible, una romántica y azarosa narración en la que un hombre misterioso y equívoco que nada en dinero y tiene un origen oscuro (que conoceremos conforme vamos adelantando en la lectura) vive únicamente en función de un sueño obsesivo por una mujer de una clase social superior, inalcanzable cuando la conoció. Es la historia de "Cumbres borrascosas" que nos contó Emily Bronte menos de un siglo antes de que se publicara "El Gran Gatsby". Heathcliff es Gatsby. Pero el segundo es aún más romántico que el primero, aunque los dos amen tan salvajemente que morirán por ello.

El gran hallazgo de Fitzgerald es Nick Carraway, el joven narrador de la historia de Gatsby que abarca cronológicamente un sólo verano pero se extiende a través de los comentarios y las confesiones desde la infancia hasta el momento presente en la novela, los años 20 en Nueva York. Nick vive en una humilde casucha junto al palacio de Gatsby y nada hubiera ocurrido si no se diera la coincidencia de que una prima lejana de Nick, Daisy, es la amada secreta y eterna de Gatsby, que monta un inmenso carnaval de fiestas abiertas a todo el mundo en su propia casa (escogida por estar justamente enfrente de la mansión del marido de Daisy, al otro lado de la bahía) sólo con la oculta esperanza de que ella acabe apareciendo algún día por allí, atraida por la fama social desmesurada de las orgiásticas fiestas. Así que la casual presencia de Nick como vecino convierte a éste en un ser excepcional y Gatsby posee todas las cualidades para fascinar al joven y humilde Nick que se gana la vida vendiendo bonos a pesar de ser de una familia acomodada. Como nos cuenta Nick, Gatsby poseía "una de esas raras sonrisas con inagotable capacidad para tranquilizar que solo se encuentran cuatro cinco veces en toda una vida", aunque tenía "una forma de hablar que aunque era esmeradamente cortés, bordeaba lo absurdo"..."tenía yo una clara conciencia de que iba ecogiendo las palabras con mucho cuidado". (pág. 67). Doble mensaje: encantador pero posiblemente fraudulento.

Fitzgerald nos mete en situación de una forma elegante y magnífica, su bellísimo estilo, lleno de observaciones inteligentes y críticamente duras, parece conmoverse ante la inconsciente doblez misteriosa que presenta el brillante Gatsby y hasta Nick que desconfía de él y no cree ni una palabra de las grandezas del pasado que Gatsby le cuenta pero tampoco los infundios que se extienden sobre el origen de su fortuna, acaba rindiéndose ante el desvalido encanto de ese hombre. Un tipo algo ingenuo sentimentalmente que ha dedicado su vida al sueño de amor por una mujer que, en realidad, está muy por debajo de la imagen que él ha alimentado durante cinco años de ausencia.

Una de las razones del exito impresionante de "El Gran Gatsby" radica en el carácter de paradigma de ese personaje, un hombre nacido de la nada y la miseria que se hace a sí mismo (esbozo clave del llamado "sueño americano"), consigue una gran fortuna y la pone a los pies de la mujer que ama para terminar siendo despreciado y pagar con su vida (debido a una concatenación de hechos dramáticos y casuales y a la falta de  escrúpulos de los poderosos que rodean como aves de presa al joven advenedizo de riqueza sospechosa). Gatsby acabará muriendo asesinado por el marido de la amante del detestableTom Buchanan, que es el esposo de Daisy, que ha convencido al asesino que Gatsby es el hombre que mató a su mujer en un accidente de coche. Horas antes, Nick, que ya está al tanto de todo, le confiesa a su amigo "Son mala gente...vale mas usted que todos ellos juntos".

El ascenso y caída de Gatsby fue un certero reflejo literario del hundimiento de una forma alegre, desconsiderada y falaz de vivir, sobre todo en las clases altas norteamericanas de la década de los veinte y del afán de acceder a ese supuesto paraíso de toda una población pobre que creía en el "sueño americano". Pero la genialidad de Firtzgerald no nos empalaga con esos oropeles sino que nos presenta al mismo tiempo la siniestra zona industrial entre Nueva York y Long Island, una faja gris, cenicienta y árida, en la que reinan los gigantescos ojos de una valla publicitaria de un oculista de la ciudad. Es el adecuado contrapeso al brillo enloquecedor de las fiestas de Gatsby y la placentera, inmoral y ridícula forma de vida de la clase alta. Toda la decadencia del mundo que rodea a Gatsby no esconde una dureza implacable, la violencia y el engaño, detrás del escenario brillante. y en este mundo, concluye Fitzgerald y la novela, nadie está seguro y hasta el más inocente paga por algo que no ha hecho.

Este gran novelista, siempre a la sombra de Faulkner y Hemingway, comparte con el primero su amor por el lenguaje y la exactitud narrativa y con el segundo la fuerza de los personajes y el talante derrotista que los convierte en marionetas de sus deseos o del destino aciago. Y con los dos, la tendencia a reflejar cuestiones y aspectos personales en sus novelas. Dicen que Fitzgerald noveló con destreza los frecuentes problemas que tenía con su esposa Zelda, también escritora y pintora, reflejandose ora en Tom, ora en Nick y haciendo de Zelda una Daisy caprichosa, mentirosa e infiel. Como él mismo dijo: "A veces no se si Zelda es un personaje que yo mismo he creado". Ambos alcohólicos y promiscuos, Zelda  pagó con su salud mental y Firgerald con el ostracismo y la soledad. Murió el 21 de diciembre de 1940 por oclusión coronaria (aunque estaba prácticamente destruido por el alcohol). Pero su obra prevalecerá.

 

FICHA

EL GRAN GATSBY.-Francis Scott Fitzgerald.- Ed. Alfaguara. Traducción de José Luis López Muñoz.-226 págs. 17,50 euros

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18 mayo 2013 6 18 /05 /mayo /2013 08:00

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    Hay que saludar la llegada a nuestras librerías de un escritor de raza. Pablo Martin Sánchez lo es, con su desparpajo, sus voluntarios desaliños y su audacia. Es un joven treintañero con experiencia en el mundo editorial y estudios humanísticos y de literatura, cosa que se percibe en su dominio del estilo y en la naturalidad llena de seguridad y goce con la que se dirige al lector y expone sus cartas. Con "El anarquista que se llamaba como yo", primera novela, Pablo Martin me ha hecho disfrutar de la lectura, desde el prólogo donde nos cuenta de qué manera supo de la existencia de un personaje real que se llamaba exactamente como él, nombre y apellidos, sin formar parte de su familia y además, dotado de una historia personal apuntalada en una convulsa época de la historia de este país. Vemos secuencias de la vida de este país de finales del siglo XIX a principios del XX. Pero no es un libro de historia. Hay un fondo sumamente literario en este libro que parece rezumar ecos de estilos y presencias que van desde Pio Baroja (una de cuyas novelas "La familia de Errotacho" ya había narrado los sucesos de 1924), Galdós, Blasco Ibáñez y Unamuno a Ortega (los tres últimos convertidos en personajes circunstanciales de la novela).
El narrador omnisciente que va contándonos la historia tiene referencias de estilo de la gente del 98 y como en aquellas novelas inolvidables se reproduce el encanto de una voz inteligente, osada, divertida, irónica y un poco ingenua que se salta a la torera las limitaciones ortodoxas y entabla razonamientos, juicios o advertencias con su protagonista, se ensarza en comentarios al lector o nos advierte de que las cosas van a empeorar o que los cambios estan a punto de sobrevenir, sin que en ningun momento uno se resienta del artificio. Pablo logra crear una complicidad con el lector que nunca es desde el lugar prepotente del que sabe más, sino del que comparte contigo amistosamente de igual a igual sus emociones ante lo que sucede.-
Como él mismo escribe en su epílogo: "Yo me daré por satisfecho, paciente lector, si he logrado traerte hasta la última pagina y has disfrutado del paseo, pues escribir no es sino salir a dar una vuelta con alguien que aun no se conoce" (pág.609). A fe mía que lo consigue.
Y menudo paseo nos propone Pablo Martín.  Realiza un ejercicio de ilusionista avezado. Amparado en un trabajo de documentación realmente riguroso, el autor nos mete en el mundo del protagonista, Pablo Martin Sánchez, desde su nacimiento a finales del XIX, hasta su niñez, su juventud, su amor por Ángela, una mujer  que le será prohibida, a la que conoce siendo niña (una historia complementaria de aire folletinesco que encanta por su ingenuidad y su pasión), su trabajo como cajista, sus amigos, sus contactos con el pujante anarquismo de los primeros años del siglo XX, en  una convulsa  y mísera España regida por un rey Alfonso XIII y los abusos de una clase politica corrupta y aliada a una Iglesia y un poder rural a la misma altura...un escenario cambiante que nos lleva a la Barcelona de la semana Tragica, al Madrid chulesco y desesperado del atentado de Mateo Morral contra la pareja real el dia de sus esponsales, a la preparación en Paris de la  fracasada rebelión anarquista y de los grupos de izquierda contra la dictadura de Primo de Rivera. Todo presentado con un enorme esfuerzo documental que da sosten real a los personajes y a la trama.
Pero no se crean que estamos hablando de una ficción histórica al uso. Pablo Martin pulveriza la estructura del género. Crea ficción sobre un entramado  real y muchas veces documental. Los nombres de los personajes implicados en la intentona son reales (como lo es el del protagonista) y muchos de los sucesos personales entreverados con los históricos, también lo son. A esta compleja urdimbre de realidad y ficción, el autor tiene el acierto de incluir eventos personales del protagonista que dan medida de la época que se nos trata de describir. Y así vemos como en los dos viales de la narración que constituyen la historia, el del pasado de Pablo y el de su presente aciago donde formará parte casi sin quererlo en la intentona anarquista que le llevará a la muerte (o no, esa es la carta oculta jugada por el autor), va incluyendo, por ejemplo, la aparición del cine en la vida social madrileña (Pablo logra ver una proyección de las primeras peliculas comercializadas por los Lumiere) o el dramático episodio del duelo --amañado por su rival-- a causa  de la oposición del padre de Ángela a esa relación.
Novela extensa (más de 600 páginas) que se lee sin esfuerzo, con placer y diversión y que acaba con una "adenda" donde el autor pone la guinda al enorme pastel que nos ha ofrecido, cuestionando de una manera elegante todo el planteamiento historia-ficción, realidad-imaginación, que constituye el entramado de la novela.
Sinceramente, no dejen de leerla, pasarán un buen rato.
 
FICHA
EL ANARQUISTA QUE SE LLAMABA COMO YO.-Pablo Martín Sánchez.- Editorial Acantilado.614 págs. 

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3 mayo 2013 5 03 /05 /mayo /2013 07:28

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Un libro sobre el inesperado cambio de Papa es, de por sí, un documento interesante para todos los observadores de los complejos intríngulis de la política vaticana, ya sea por ser fieles a la Iglesia católica como por ser críticos con su historia y su ejecutoria. Precisamente el valor del libro del periodista Arturo San Agustín "De Benedicto a Francisco" no sólo estriba en su carácter de crónica candente e inmediata del trascendental cambio de papado, sino también en la de ser un lúcido análisis de los poderes que aparecen en el seno del Vaticano y la dinámica sutil de sus movimientos y estrategias, todo ello sujeto al nervioso y dinámico estilo de la crónica periodística.

Desde el 12 de febrero de este año, día en el que el papa Benedicto XVI sorprendió al mundo con el anuncio de su dimisión hasta el martes dia 19 de marzo en el que el nuevo Papa, Francisco, se reunía en solemne acto pontificio con los arzobispos y patriarcas de las Iglesias orientales en presencia de jefes de Estado y diplomáticos, San Agustín nos envuelve a sus lectores con una pormenorizada y documentadísima crónica cotidiana de los momentos y sucesos más relevantes de esa dramática transición que nos lleva "de Benedicto a Francisco", sin olvidar informarnos de los principales problemas del papado del primero, de las presiones, críticas y rumores  que se despliegan hacia los cardenales electores y de las informaciones y declaraciones que van desplegándose por el Vaticano y por Roma y rodea todo ese corpus informativo con una serie de datos, entrevistas, retratos a vuela pluma y detalles curiosos que conciernen a los lugares romanos y vaticanos, a las gentes que asisten a ese momento histórico y a los estratégicos conocidos y amigos del periodista que le facilitan su labor y le enriquecen con sus opiniones.

Una labor de orfebre que San Agustin convierte en un relato pormenorizado al que no faltan detalles pintorescos y que envuelve al lector como si se tratara de un relato de ficción. Hay reiteraciones, ciertos descuidos estilísticos, esbozos o comentarios que se encadenan por las buenas y todo ello tiene el sabor de esa dinámica frenética del periodista investido de narrador omnisciente que nos encantó hace años en Tom Wolfe o en Kapucinsky.

San Agustín es un avezado periodista, ducho en entrevistas (a las que aporta un saludable sarcasmo y una ironía seca pero nunca maliciosa: le seguía cuando las hacía en "El Periódico" de Barcelona) que domina el arte de hacer interesantes sus crónicas incluso para el lector no avisado. Las cuñas informativas que van apareciendo en esta narración de treinta y siete días esenciales para entender la Iglesia de ayer y la de mañana a través del cambio de Papa, están bien administradas por este autor: desde la anécdota del rayo que impactó a las 19,30 del dia 12 en la cúpula de San Pedro haciendo profética la frase del decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sedano, sobre el anuncio papal: "ha sido como un rayo en un cielo sereno", al libro de Simone Venturillo que relaciona esa renuncia papal con el Tercer secreto de Fátima. O desde el famoso "Vatileaks", el robo y publicacion de papeles privados del Papa al cúmulo de informaciones que el autor nos facilita de diversas fuentes sobre el Informe secreto preparado por tres cardenales sobre las miserias que sufre en su seno la Iglesia, la pedofilia de sacerdotes y obispos y los lobbies  eclesiásticos, "Dietro le mura vaticane", que hacen negocios, cohechos y facilitan "material" a homosexuales y pedófilos de ese mundillo, para luego chantajearles. O nos informa del aparato periodístico mundial (5.600 profesionales acreditados) que se monta en torno a las fumatas --en este caso la tercera, a las 19,05 del miercoles 13 de marzo, fue la blanca--y la noria de los cardenales papables y, al tiempo, aprovecha para narrarnos las criticas que recibió Benedicto por renunciar, la herida que supone para la Iglesia el caso Maciel y los legionarios de Cristo, para divertirnos con comentarios sobre la película "El cardenal" de 1963, documentada por Ratzinger cuando aun no soñaba con ser Benedicto XVI o por "Las sandalias del Pescador" que ha motivado, segun San Agustin, muchas vocaciones religiosas y es una de las mejores descripciones periodísticas sobre una elección papal.

Si además nos cuenta cómo son los famosos y secretos Jardines Privados Vaticanos, pormenores de la capilla Paulina donde se reunen los 115 cardenales electores, qué productos químicos se queman en una de las dos estufas colocadas en la Capilla Sixtina para que salga el humo negro o blanco, el nombre del restaurante favorito de Ratzinger, los sastres y zapateros papales, la afición del nuevo Papa jesuita argentino, Francisco, a improvisar y a saltarse el protocolo, la estatua de Pasquino, una de las cinco estatuas "parlantes" de Roma (donde las ciudadanos cuelgan cuartillas denunciando cosas) o los nombres y cometidos de las cuatros monjas que cuidan a Benedicto y le acompañarán a su retiro...como ustedes comprenderán las 313 páginas de este libro se nos antojarán pocas y al llegar al final abrupto del libro que San Agustin nos depara, uno se queda a la espera de más. Si fuera una película, un critico diría: el director prepara una secuela. Arturo, yo hubiera puesto al final la frase del papa Francisco ante los cardenales: "Ah, cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres". Eso engancha a una nueva crónica papal.

 

 

FICHA: 

 

DE BENEDICTO A FRANCISCO.-Arturo San Agustín.-Fragmenta Editorial. 313 págs. 19,90 euros.

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29 abril 2013 1 29 /04 /abril /2013 07:23

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He disfrutado con la lectura de la novela de Víctor del Árbol "Respirar por la herida" (título ilustrativo, pero fácil, que desentona con la fuerza y el estilo de la novela: el uso del infinitivo en un titulo parece sugerir un libro de autoayuda) por tres razones: primera, porque es una buena novela, no una gran novela pero todo se andará a tenor del fuste de este novelista; segunda, porque es un autor español, con vocación y potencia para llegar a ser un sólido baluarte literario en nuestro país y fuera; tercera, porque no parece seguir modas historicistas o de novela negra de salón y plantilla: es un creador nato de personajes y situaciones.

No había leido a Víctor. Su novela anterior "La tristeza del samurai" (este es un buen título) había tenido un éxito notable (premiada por el Prix du Polar Européen, creado por la revista "Le Point") y había sido loada con esa desmesura que se prodiga en nuestro país, lo cual, paradójicamente, la incluía dentro de tantos "éxitos fulgurantes" que la equivocada estrategia de mercado editorial español crea, un día sí y otro también, para perplejidad del mundo de los lectores. Procuro mantenerme al margen de esos éxitos de campanillas de novelas primerizas hasta que aparece una segunda novela. En este caso, es obvio que rescataré "La tristeza del samurai" y ya les contaré cómo me fue.

Disculpando los excesos melodramáticos de la trama que crea Víctor, el caso es que la amplia visión que nos ofrece a través de varios personajes de las ramificaciones, consecuencias y antecedentes del suceso clave que estructura la novela en diferentes niveles e interpretaciones, sujeta al lector a las más de quinientas páginas con un dogal de interés, apasionamiento narrativo y originalidad. La muerte de una niña y un joven atropellados accidentalmente por el coche conducido por un hombre, capital en la novela, que estaba borracho y drogado en ese momento y la espiral de odio, venganza y tormentos interiores que crea están descritos con un dinamismo magnífico y una efectividad con pocas fisuras. Los personajes son sólidos, sus diálogos apropiados a cada uno y el estilo con el que se describen sus vivencias es directo, rápido y de una austera exactitud.

A pesar de que me sorprende y en cierta forma me incomoda la ilustración de la portada (un fragmento del cuadro de Lucian Freud "Reflection with Two Children") en la medida en que Freud me repele como pintor, he de reconocer que la elección está justificada. El mismo autor nos desvela las claves de esta elección de portada (pág. 117) cuando hace que el narrador omnisciente --punto de vista narrativo escogido por Víctor-- nos cuente los pensamientos de Eduardo, uno de los protagonistas de la novela, un pintor desolado y embrutecido por la muerte de su esposa y su hija en un accidente, respecto a los cuadros de Freud y en concreto el autoretrato de portada: "...aquellos cuadros..le habian inspirado para ser un pintor de almas, a  retratar las sombras que habitaban sus modelos...con miradas frias y despiadadas...aquél cuadro, su hermano inspirador...era su verdugo". Y esta es, en esencia, la marca del estilo reflejado en  "Respirar por la herida": retratos de personajes en profundidad, indagando en sus sombras, sus frustraciones y su amargura. Y la mirada del autor también es una mirada "fría y despiadada", no hay complacencia alguna en sus descripciones psicológicas y en todos los personajes aletea una sombra amarga y a veces cruel. El mundo que nos muestra Víctor es duro y amargo como lo son sus criaturas. El destino y las propias culpas se ha cebado en ellos y parece que no haya remisión posible, aunque muchas de las criaturas que se debaten en el sórdido mundo de la culpa y el odio tienen elementos de humanidad y ternura, huérfanos de amor pero no de sentimientos, devuelven al lector una mirada triste que a veces es más dulce que patética. Eduardo y Gloria ponen en marcha el "deus ex machina" de la novela: la segunda, madre del joven muerto en el accidente provocado por Arthur, el sombrío ejecutivo de origen argelino, encarga a Eduardo que haga el retrato del hombre que "asesinó" a su hijo. Este encargo abrirá la Caja de Pandora y las historias saldrán de ese caja, ligera o declaradamente ominosas, pero con algunos retazos de elementos positivos, el amor, la lealtad, la amistad, la ternura. No demasiados, pero suavizan la tensión de una existencia en la que el dolor y el mal hacen acto de presencia demasiado a menudo, trastocando la vida de las gentes. Exactamente como lo hace la vida en todos nosotros. El drama (a veces el melodrama)  y la tragedia a secas están a la vuelta de la esquina y Víctor del Árbol nos lo muestra con buen oficio, despertando nuestro interés y empatía.

No hay aquí recursos a la estructura habitual de la novela negra, ni detectives, ni policías y el ambiente carcelario es tratado con suma simplicidad: lo interesante de este escritor es que refleja una mirada a la existencia al estilo de Victor Hugo o Camus (aunque puede ser tan sórdido como Dickens, nunca es tan sentimental) y lo que nos ofrece es una elaboración --menos universal y ambiciosa que Hugo-- de  unos "miserables" anímicos arrastrados y condicionados por el dolor y la venganza. Seres comunes y familiares a los que la fuerza de un destino aciago les conduce a actitudes intransigentes y duras, unas venganzas más afines al dolor impotente que no se sabe afrontar o superar que a maquinaciones maquiavélicas o a acciones tipo thriller al uso. Es posible detectar esa pátina de estoicismo y sequedad en algunos de los personajes, esa dureza interior algo indifernete, que me recuerda a "La Peste" o "El extranjero". Y es que Víctor del Árbol es un narrador de personajes: nos cuenta su historia a través de los sentimientos, las dudas y las emociones de sus personajes. Creo que ahí radica su interés y su valía. El desequilibrio dinámico ético que se instala en los personajes, haciéndoles transitar entre la venganza, el dolor, el odio y el exceso, sin perder la coherencia profunda. Quizá la ausencia de humor del narrador es lo que lastra la tendencia suave al melodrama, pero eso no es un defecto. Supongo que es un elemento de estilo que suele desaparecer con la experiencia. La mirada realmente humana siempre tiene una chispa de humor. Y este autor desborda humanidad.

 

FICHA:  "RESPIRAR POR LA HERIDA", Víctor del Árbol.- Editorial Alrevés, 522 páginas. 20 euros. 

 

 

 

 

 

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18 abril 2013 4 18 /04 /abril /2013 08:43

la-trama-nupcial-9788433978585.jpgJeffrey Eugenides es un escritor greco-norteamericano que a finales de los noventa se hizo célebre con una novela rompedora, "Las vírgenes suicidas", a la  que, como suele suceder, el cine convirtió en un éxito de ventas y a su autor en una promesa bastante sólida. Aunque el empujón que Sofía Coppola dio a la novela con su película fue meramente conyuntural. La novela se merecía el éxito. Unos años más tarde, ya mediada la década anterior, Eugenides se lanzó al ruedo con "Middelsex" que volvió a copar listas de éxitos y como confirmación de calidad oficial recibió el Pullitzer en 2003. Diez años después, y eso es un buen síntoma de lo trabajadas que son las novelas de Eugenides, nos ofrece "La trama nupcial". Como algunos de sus compañeros de generación, (Paul Auster y Irving son un poco anteriores y son los que más me gustan, quizá porque pertenecen a mi generación) Art Buchwald, Jonathan Franzen, Thomas Friedman, Jonathan Ames, David Mamet o Paul Theroux, entre otros, su estilo me agobia un poco con su enciclopedismo y su precisión técnica. Dominan un sentido del humor eficaz y cómplice, están documentadísimos, suelen ser muy explícitos en cuestiones sexuales y abundan en referencias metaliterarias e históricas.

Lo hermoso de este libro es el intento, a mi parecer frustrado pero admirable, de recrear una novela sentimental inglesa del siglo XVIII, al estilo de Jane Austen,Wharton o George Eliot con los mimbres de una joven universitaria de los ochenta inmersa en la sociedad del momento y el clásico ambiente universitario de los Campus de aquellos años sitiados por el sida y el desencanto de Reagan. Eugenides, para establecer una tensión humoristica interna, hace que su protagonista, la joven Madeleine, deba lidiar con sus dudas amorosas y el caracter e idoneidad de los dos candidatos a convertirse en marido, un joven científico, prepotente y brillante y un estudiante de religiones comparadas, un tanto místico, inmerso en dudas metafísicas y personales. Para complicarlo tdo, Madeleine vive en el Campus la eclosión del estructuralismo francés en la Universidad norteamericana, con las demenciales interpretaciones de Derrida, la semiótica de Eco o los agónicos ensayos de Barthes. Y los textos de Levy Strauss, Peter Handke, Cioran o Robert Walser.

Eugenides se pone en al lugar del creador omnisciente y no se corta en opinar sobre los problemas y las actitudes de sus personajes, con un humor demoledor y un sarcasmo divertido. Aunque nos ofrece los puntos de vista de Leonard (el cientifico) y de Mitchell, (el mistico) sobre los vaivenes sentimentales que viven con Madeleine, es realmente habil cuando se pone bajo la piel de la chica y nos habla de sus lecturas, de su romanticismo un tanto teórico y literario, de sus ilusiones y temores. La búsqueda de una visión intelectual sobre el amor y las relaciones que Madeleine refleja incesantemente forja la trama más divertida de la novela: las contradicicones entre la táctica sentimental y amorosa de la chica y su obsesión por comprender el carrusel histérico de sus relaciones a través del análisis obsesivo y desencantado que va leyendo en "El discurso de los enamorados" de Roland Barthes. Actitud que la deja inerme ante la pasión que Leonard le despierta de forma brutal aunque casi indiferente por parte de él. Así que el hallazgo de la novela consiste en el empeño de Madeleine por poner un traje romántico a unas relaciones que tienen toda la simplicidad y aspereza de la     desencantada juventud de los ochenta.

Ese desencanto satura "La trama nupcial", lo que evidencia el lamento y pesar de Eugenides porque en aquel tiempo, --mucho menos en el actual-- los esquemas amorosos de la literatura de esos autores leídos no sean aplicables. El mundo de hoy carece del orden y la claridad que la sociedad aceptaba entonces como normas validas en las relaciones (aunque debamos incluir en el paquete la hipocresía, la minusvaloración de la mujer y las diferencias sociales angustiosas). De alguna manera, se lamenta el autor, entonces todo el mundo sabía cuáles eran las reglas de juego. Y ahora, no hay reglas. Y apenas hay juego. Sin embargo las novelas de amor siguen alterando nuestras neuronas, porque el amor --a pesar de todas las deformidades y manipulaciones--sigue siendo un sentimiento valido, deseable y necesario.

"La trama nupcial" es un título que define no sólo el estudio de fin de carrera que Madeleine realiza, basándose en los citados autores y autoras ingleses del XVIII y XIX, Dickens, Trollope, las hermanas Brönte, Jane Austen o Henry James, sino una temática que llevó a un éxito sin parangón de la novela como género. Quizá por eso, por la dificultad en volver a escribir novelas semejantes, Eugenides propone un final ambiguo en el que dos de los personajes de la trama, el místico y Madeleine se enfrentan a una opción que altera el esquema habitual de "chica duda ante los pretendientes y acaba decidiéndose por el mas adecuado y no por el más deseado". Y no les digo cúal es esa opción para que acudan al libro.  La Austen y las Brönte deben haberse removidas inquietas, aunque divertidas, en sus tumbas.

Sin llegar a la cerrada perfección de "Las vírgenes suicidas", Eugenides logra con esta novela encandilar a los lectores bibliófilos y emocionar a los amantes de la literatura inglesa del XVIII y XIX. E interesar a cualquier lector digno de ese nombre. Piensen que la primera frase de la novela dice: "Para empezar, mira todos esos libros". Y nos cuenta el contenido de la biblioteca "de tamaño medio, sin dejar de ser portátil" de su protagonista. Es un novela divertida y compleja.

 

FICHA

 

LA TRAMA NUPCIAL.- Jeffrey Eugenides.-Editorial Anagrama. 544 páginas. 23,90 euros..

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10 abril 2013 3 10 /04 /abril /2013 07:04

nadie-quiere-saber.jpgLa inspectora de la Policía nacional, Petra Delicado y el subinspector Fermín Garzón, son dos personajes de nueve novelas policíacas de la escritora Alicia Giménez Bartlett que desde "Ritos de muerte" al  "El silencio de los claustros" han protagonizado una serie de novela negra que parece tener bastante éxito no sólo en nuestro país. "Nadie quiere saber" es la última novela de la serie y la primera que leo, por lo tanto estoy un poco a salvo del encanto añadido que supone la serialización en los lectores. He sido desde la adolescencia un lector entregado a personajes de serie como Sherlock Holmes, Maigret o Guillermo Brown y comprendo ese valor plus que confiere a este tipo de personajes el portar sus caracteristicas personales y su idiosincracia a otros argumentos y otros personajes secundarios.

Escribo todo esto para situar las coordenadas de mi crítica. La novela de Alicia Giménez es entretenida, en algunos momentos absorbente y la trama con algunos "`peros" y excesos, lleva una trayectoria coherente y dinámicamente tensa. Y una de las coordenadas que delata mi nula familiaridad con el personaje de Petra Delicado es que la inspectora me parece una mala copia autocomplaciente de algún detective duro de la catadura de Sam Spade o alguno de los amigos de Hammet, preferiblemente con el rostro de Humprey Bogart. Desde luego no es función ni objetivo de un personaje de novela, por muy protagonista que sea, el ser o comportarse de una forma simpática y atractiva. A veces nos gustan precisamente porque son unos bordes rematados (Holmes, sin ir más lejos, es un ladrillo a menudo) pero la inspectora es borde a secas e intempestivamente y de forma curiosa todos los de alrededor, incluido su marido, el compañero Garzón,  y el comisario jefe, acaban encontrándola divertida, humana y fascinante. Bueno en cuanto a gustos no hay disputas. Ella misma lo dice (pag.149): (Él)...estaba pensando que (yo) era una borde rematada y probablemente llevaba razón".

En esta nueva aventura de la pareja de polis, se nos habla de un "caso reabierto", el asesinato, cinco años antes del hoy novelesco, de un industrial barcelonés en circunstancias particularmente delicadas, aparentemente a manos del chulo de la joven prostituta. La noche del asesinato estaban en un piso del industrial. El chulo --la prostituta aseguró que no fue el sino un italiano que venía de su parte-- aparentemente asesinó al industrial al ser descubierto cuando pretendía robar en el piso con la connivencia lógica de la joven. El caso se cerró definitivamente cuando el chulo fue asesinado en otra ciudad.

La reapertura de la investigación fue instada por un juez y este a su vez por la joven viuda del industrial (segunda esposa de este), pone en la lente de la lente policial la deteriorada trama familiar de las tres hijas del difunto y los presuntos tratos de éste con una de las grandes asociaciones de la mafia italiana, la Camorra.

Con viajes a Roma y a Andalucía, la inspectora y su sufrido segundo, van desarrollando dos vías, la de la mafia, el sicario italiano que fue el verdadero asesino del industrial y posteriormente de dos personajes más (con un intento fallido de cargarse a la mismisima Pedtra) y la trama familiar, en la que poco a poco vamos sabiendo las dificiles relaciones de las tres mujeres con su padre, el industrial asesinado y la catadura más bien penosa de éste

Mientras la novela va salpicando detalles cotidianos de la investigación y sus protagonistas. Asi, referencias a la carterística de tragón inveterado de Garzón (quizá el detalle más revelador  de la personalidad del policía, por lo reiterativo que nos revela la autora), la viril belleza del policia italiano que lleva la investigación en Roma y los esfuerzos de Petra de componer su imagen autoritaria, aunque con deslices eróticos mal explicados --a no ser que se siga el tópico masculino-- y de dejar bien claro su feminismo militante, la novela nos lleva por cuatrociento y pico páginas hacia un final algo previsible ya desde la mitad de la novela. Pero aun así, la historia se mantiene con oficio y seguramente los fans de Petra Delicado se sentirán satisfechos ya que supongo que la acritud dinámica y pendenciera de Petra ya es marca de la casa y sólo a un novato en la serie, como yo, se le puede ocurrir que tal vez debería usarse el recurso literario con más discreción y como decían antes, solo si el guión lo exige.

Para mí todo lo anterior lo salva bastante el humor. No el de Petra en quien es practicamente inseparable de la ironía, el sarcasmo y la mala uva, sino el de su compañero y algún otro personaje. Y así, por ejemplo, en la pag 24, Petra habla con su marido : "Yo argüi que en mi vertiente profesional era cínica, dura y un punto obsesiva, mientras que en la vida privada me mostraba equilibrada, dulce y poco temperamental" y el marido le contesta: "Yo no veo tanta diferencia...seguro que en comisaria también eres dulce". Su amigo y compañero nos ofrece más claves (siempre a través de la narradora que, claro, es Petra Delicado) "usted se flagela sin piedad como una monja de las antiguas".  O en pag 223, "consigue ser odiosa cuando se lo propone"  O en pag 345 "cuando esta de mal humor, suele ser muy injusta con todo el mundo" .Y antes ella ha confesado (pag 106) cuales son las reglas del juego "Me encantaba jugar un poco con el subinspector, era tan bientencionado y tan sincero que yo siempe llevaba las de ganar". Y no obstante de forma increíble tanto el "inspectore"  italiano como el comisario o Garzon parecen creerla encantadora. El asunto sentimental resulta poco fundamentado y las actitudes de Petra hacen pensar más bien, en bastantes momentos, como en una mujer que toma actitudes topicas masculinas y las defiende como un derecho feminista.

La inspectora nos revela en la página 104 de qué va a ir la cosa. "Toda familia es un nido de viboras por definición". Y la clave de la novela no está en la Camorra, el sicario Rocco, bastante tópico, o el asesinato del lúbrico industrial, sino en la miseria profunda que rodea a las tres hermanas y el odio y el temor que la figura del padre les ha motivado. Así que nada de "El rey Lear", aqui no se trata de poder, o de riquezas, sino de otras cosas más profundas y de otro tipo de heridas, aquellas que ni siquiera el tiempo las cura.

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6 abril 2013 6 06 /04 /abril /2013 07:13

portada de De la montaña y el amor

Josep Conrad aseguraba que el único placer, arrobo estético y espiritual que podía compararse al que produce el mar, debía ser el que muchos hombres (en  aquella época, principios del siglo XX, resultaba ridícula la coletilla "y mujeres". Lo siento, pero es así) sentían cuando coronaban una montaña  "y cuanto más alta, mejor" añadía el autor de "Lord Jim". Con eso el marino-escritor polaco en lengua inglesa intuía que la subida a picos y montañas, el alpinismo, podía llegar a ser el refugio de una nueva narrativa épica. Y lo cierto es que no andaba errado. Es una mezcla armónica de literatura de viajes, de poesía en su estado más puro, filosofía y psicología y unos gramos de novela de aventuras. Quizá por eso son tan contados los maestros en este género y si acaso suelen destacar con una sola obra destacable, como "El leopardo de las nieves" de Peter Matthiessen que ya comenté en estas páginas o "Tocando el vacío" de Joe Simpson de la que ya escribiré otro día..

En estos días pretendidamente "santos", he aprovechado para leer tres libros dedicados a la montaña, "De la montaña y el amor" de Javier Arruga (Premio Desnivel 2012), "Paso a paso. Razones para subir montañas" de Carlos Muñoz Gutiérrez (edit. Eutelequia) y la maravillosa "Tras la huella de Nives" del italiano Erri di Luca (Ed. Siruela).

Éste último dedica su libro a la italiana Nives Meroi (" tigresa de alta montaña") una de las alpinistas que se acerca al récord de los catorce ochomiles de la manera propia de esa disciplina montañera: sin oxígeno, sin ayuda de porteadores, haciendo como ella dice, "compañía al viento". Escrito con un estilo poético, sentencioso, limpio y claro, el libro recoge las conversaciones que mantiene el autor con la alpinista durante una subida al Himalaya y acaba siendo una reflexión sobre el amor a las montañas, en la que no faltan acotaciones prácticas para todos los que comparten ese amor y ese ejercicio y esa disciplina interior. De la pagina 62 a la 66, Nives cuenta a Erri De Luca su personal experiencia del amor hablando de su compañero de escalada, su marido Romano. Les recomiendo una lectura atenta.

Precisamente el amor es la excusa, el mcguffin (o pretexto) que diría un cinéfilo, para Javier Arruga. Es el amor o su falta o su exceso --al final pensamos que eso no es amor, lo de Nives, si-- lo que impele al protagonista de "De la montaña y el amor" a contarnos en tres partes una aventura que transcurrre primero en Nepal, recorriendo los valles que llevan al Annapurna, en plan documento antropológico, le sigue la difícil aventura de un grupo de montañeros experimentados, vascos y aragoneses en el K2, atenazados por uno de los constantes dramas que se producen a esas alturas y en la tercera parte llegamos a la resolución conjunta de las dos aventuras. Aquí el estilo es más pedrestre, menos cuidado, sin el vuelo poético de Erri, aunque con la eficacia del detalle y el juicio rápido de un viajero avezado y apasionado. Realmente se lee como lo que es, una novela que trata de reflejar el mundo peculiar que rodea a escaladores, caminantes y alpinistas cuando sus pasos les llevan al techo del planeta.

Precisamente en el tercero de los libros, "Paso a paso" nos enfrentamos con otra de las vertientes, quiza la menos concurrida, de la literatura de montaña. La filosófica. Carlos Muñoz es profesor de esa materia en la Complutense y aporta el enorme bagaje de sus conocimientos de autores y obras filosóficas que de una manera u otra han reflexionado sobre el caminar por las montañas, el subir a las alturas paso a paso. A través de citas y textos de Kant, Nietzche, Wittgenstein, Walter Benjamin,  Jung o Freud, Platón o Gilles Deleuce, Carlos Muñoz nos habla del miedo, de la muerte, de la soledad, del compañerismo, del territorio de lo salvaje, de la altura, de los mapas y los caminos, del invierno y la nieve y el frío y la dureza e importancia del descenso, de su subida al Montblanc y de sus pensamientos desde cualquier cumbre, en pleno ejercicio de esa pasión activa por las cimas. Y en una frase (pág.66) resume todo: "Subir montañas puede ser el proyecto de una vida por lo que supone de superación, de realización personal, de aprendizaje, de exaltación estética, de sincera y desinteresada actividad, de compañerismo y experiencia compartidos; pero no infrecuentemente, subir montañas es exponerse al sufrimiento, al agotamiento, al frio y a la muerte. Arriba, lo más arriba posible, puede ser sencillamente lo peor...". Claro como el agua. 

FICHAS

 

DE LA MONTAÑA Y EL AMOR.- Javier Arruga.-Ed.Desnivel 222 págs.16e.--TRAS LA HUELLA DE NIVES.-Erri di Luca.Ed.Siruela.131 págs.--PASO A PASO.-Carlos Muñoz.-Ed. Eutelequia.194págs

 

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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 12:00

paco elviraQuerido Paco, hace unos días me enteré de tu muerte. En acción, como cabía esperar. Conozco la zona donde tuviste el accidente de montaña. He caminado mucho por el Garraf. La noticia me la dio mi mujer, Anna (que no sabía que nos conocíamos) pues por los datos biográficos que publicaba "La Vanguardia" imaginó que nos habíamos cruzado. La verdad es que bastantes veces. No sólo por mi trabajo en el periódico. Nos conocimos cuando ambos estudiábamos 5º o 6º del bachillerato de antes. Los dos vivíamos fuera de Barcelona y nos quedábamos a comer en un barucho de Gracia, cerca del colegio al que íbamos (que no tenía servicio de comedor). Luego nos encontramos a menudo por cuestiones profesionales y siempre salía a relucir el colegio, nuestras comidas y esa inquietud por hacer cosas, conocer mundos y experimentar la vida. Siempre hubo entre los dos un tácito reconocimiento a la valía del otro y una cortesía amable y sincera en el trato. Ambos nos relacionamos con modestia y con afecto. Yo escribía novelas y reportajes y tú viajabas por el mundo con tu cámara notarial y poética. Ahora pienso que siendo tan parecidos en la manera de enfocar la vida debíamos habernos permitido conocernos mejor. Pero la discreción y una cierta timidez nos mantuvo sin dar el paso. Conservo una bella memoria de tí. Hasta la vista, amigo.

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