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9 julio 2020 4 09 /07 /julio /2020 11:49

La singularidad del título del excelente libro de Peter Brown es que la cita del Evangelio de San Lucas, en la que dice Jesús que "Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que entrar un rico en el reino de Dios", refleja de manera simbólica directa, el objetivo del libro: narrarnos de una forma altamente documentada y convincente el papel de la riqueza en la construcción del cristianismo en occidente desde el 350 al 550 d.C.

La historia que nos cuenta Brown de manera fascinante - más de mil páginas, casi siempre de una amenidad sorprendente- es la de un compromiso muy alejado de la advertencia de Jesús, según Lucas, claro. A través de una abrumadora documentación histórica y de una erudición llena de rigor y una ironía analítica a veces bastante divertida, se nos habla de cómo la Iglesia abre las manos y recibe, sin muchos problemas, las aportaciones de esos ricos cuyas fortunas engrosaban las arcas de la Iglesia a cambio de una promesa explícita de que alcanzarían al fin de sus vidas el privilegio de la Vida Eterna en el Paraíso cristiano.

Claro que un "camello" en arameo (la lengua usada por Jesús, según se cree, traducida al griego por Lucas) no sólo se refiere al resistente animal jorobado, sino también un tipo de soga de gran grosor. La Iglesia (administradora y manipuladora del mensaje fundacional cristiano que se atribuye  a una figura más simbólica que real, Jesús de Nazaret) es experta en deshilachar complejos mensajes en forma de soga para hacerlos pasar por el ojo literal de una aguja, si conviene a sus intereses. Ya que al final de la cita del camello y la aguja, el mensaje hiperbólico de advertencia se convierte en un mensaje conciliador al añadir Jesús (según el apóstol)  que "nada hay imposible para Dios".

A través de la labor de Pablo  de  Tarso o San Ambrosio, según Brown, el cristianismo logró que su interpretación de la realidad se convirtiera en una realidad hegemónica en el contexto social y cultural en la época  hasta su hundimiento a mediados del siglo VI.  Y hay una constante, un hilo conductor del trabajo apostólico de la época, la riqueza como ayuda operativa. El concepto de riqueza había ido cambiando desde los orígenes ascéticos y de renuncia, de amor a la pobreza y enaltecimiento de la humildad material, al concepto prevalente  y utilitarista de que la riqueza no es una condena en cuanto tal sino un don divino que puede apuntar a un fin espiritual: mantener la hegemonía de la Iglesia . Los teólogos de la Iglesia buscaron una fórmula conciliadora que ayudara a promover en los siglos V y VI d.C. una ampliación  de la riqueza de la Iglesia, administrada por la clase clerical que, como intercambio ante el pueblo, se sometía voluntariamente a una serie de aparentes obligaciones y renuncias  (vestimenta, abstención sexual, ritualización de la vida,  supuesta "pobreza", encierros monacales...).

Brown logra mantenernos gozosamente interesados en la voluminosa obra ya que no se limita a conseguir el logro básico de una historiografía positivista (de moda durante el final del siglo XX) mostrándonos su versión de lo que "efectivamente pasó" sino que amplía las aportaciones de los "documenta et monumenta", es decir los textos y los vestigios de la arqueología  a base de una visión intuitiva, especulativa y profundamente racional que se vuelve activa interpretación (cosa mal vista por los padres de la historiografía moderna), pero que en esencia hace más plausible y considerablemente más divertido el texto resultante.

Pero que nadie suponga que eso resta fortaleza y racionalidad histórica lo que se nos cuenta, Brown procesa y analiza un ingente caudal de datos y todo tipo de referencias de múltiples y contrastadas fuentes sobre la vida cotidiana, el pensamiento, la historia social, el arte, el lenguaje  y la crítica religiosa de los primeros siglos de la era cristiana, desde Constantino hasta el siglo V y VI, ya en plena edad media.

La idea base de esta obra trata de explicar por qué a partir de una determinada época, las personas con riquezas se convierten en donantes voluntarios de sus riquezas a cambio de un lugar en el cielo y crean la base económica que asegura el poder terrenal a la Iglesia (más que la idealizada eliminación de la pobreza y la miseria que buscaban los primeros padres cristianos). A partir de ese momento de largo recorrido histórico se ponen las bases del occidente cristiano y de la Europa medieval.  A través de los textos de Agustín, Ambrosio y Jerónimo, el historiador analiza la paulatina influencia de ideas como la renuncia a la riqueza, la virtud de la pobreza, la limosna o la caridad, que fueron popularizándose entre los estamentos más modestos del Imperio en crisis hasta desbancar a las antiguas formas de filantropía tan arraigadas en el mundo romano.

FICHA

Por el ojo de una aguja. Peter Brown. Traducción de Agustina Luengo. Acantilado, 2016. 1.232 páginas. 48 euros

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31 mayo 2020 7 31 /05 /mayo /2020 12:26

Se preguntarán ustedes porqué les invito a regresar –literariamente- al mundo de la espada y de la magia. Quizá, también, recuerden, que tanto “El señor de los anillos” de Tolkien o “Juego de tronos” de George R. Martin o los libros de Harry Potter de J.K.Rowling, responden a momentos en los que la Humanidad se ha mostrado perpleja e insegura por los dramáticos asuntos, crisis globales, de índole bélica, financiera o social. Esos tiempos de tribulación favorecieron más o menos directamente las “modas” de narrativa de fantasía de capa y espada, de ciencia ficción o los thrillers políticos. No es banal que un “héroe” tan sospechoso como James Bond naciera en plena guerra fría y se fuera ajustando en sus mediocres a las circunstancias cambiantes del mundo moderno durante más de 50 años,  con éxito considerable. Stars Wars, Matrix, Indiana Jones, también ilustran el hambre de mitos y de “héroes” que la sociedad moderna ha reinventado del pasado remoto o el futuro posible. ¿Una posible razón psicológica global para justificarlo? La necesidad profunda del ser humano de encontrar un orden y una seguridad en la vida, además de un código simple y sencillo para resguardarse del mal y buscar el bien.

El mitólogo Josep Campbell en su obra “El héroe de las mil caras”  habla de la evolución del mito y apunta cuatro funciones básicas que se pueden rastrear a través de los libros o las películas. La función mística: necesidad de despertar el asombro y la valoración de la vida; la cosmológica: percepción del mundo físico como lugar de conocimiento; la sociológica: busca de un orden social que equilibre las fuerzas y  las necesidades con la ayuda del héroe; la pedagógica: guía simbólica para afrontar las etapas de crecimiento de la existencia o la muerte. Este es el esquema que el lector percibe en las sagas, las novelas de caballería y la obra que nos ocupa, escrita en plena II GM.

El ciclo artúrico iniciado por Thomas Malory con “Morte d’ Arthur” a mediados del siglo XV, miembro del Parlamento de Inglaterra, hombre de acción y política (acabaría sus días en 1471 en la prisión de Newgate, donde escribió su obra) sería el fundamento de una legendaria saga aprovechada en los siglos posteriores por narradores, cantares de gesta y poetas. Malory se basaba en textos medievales franceses e ingleses sobre el Grial, Lanzarote y el rey Arturo. Su obra se publicó en 1485 y tiene el mérito de constituir un ejemplo temprano de novela.

Luego dormiría el sueño cultural de las modas para renacer a mediados del siglo XX  de la pluma de un peculiar personaje, un escritor y erudito literario inglés llamado Terence H. White, mezcla  asombrosa de Oscar Wilde o Lewis Carroll.  Un joven erudito inglés prototípico de la Universidad de Cambridge. La ironía, los juegos de palabras, los diálogos sarcásticos y llenos de un noble humorismo, con el influjo estilístico de Chesterton o Conan Doyle. Por cierto el atemporal mago Merlin cita a Sherlock Holmes ante  Verruga (el niño que luego será Rey Arturo) (pág.173). Y así los que fueron niños en los sesenta y vieron “Merlin, El Encantador” de Walt Disney, disfrutarán doblemente con el primer libro de esta recopilación: “La espada en la piedra” ya que Disney hizo una reproducción bastante fiel del texto (película que, excepto en España, tuvo el mismo título de la novela).

White había utilizado el tema artúrico en sus exámenes finales de lengua inglesa y no volvería a recuperarlo, hasta después de hacer una carrera sembrada de matrículas de honor en Cambridge y de unos años trabajando como director del Departamento de Historia del colegio Stowe. En 1936 renunció a su puesto para seguir una carrera literaria, con algunos primeros éxitos muy prometedores, viviendo en la soledad de bosques y lagunas. Para White el ciclo artúrico es una tragedia al estilo griego, una especie de Orestíada, con incestos, venganzas, traiciones sentimentales (como la de Ginebra con Lanzarote) y odios edípicos (la muerte de Arturo la provoca Mordred, su hijo bastardo habido con los amores incestuosos con Morgana).

Para el joven White, la redacción de la saga de “El rey que fue y será” (The Once and Future King), es una especie de redención literaria en la que se reflejan su amor a la vida, sus temores y ansiedades, su sentido poético tan ligado a la vida en la naturaleza, la fascinación hacia todo tipo de animales, los perros, los búhos y aves emblemáticas como los halcones y los gansos salvajes. White hace que Merlin transforme a Arturo niño en animales como una perca, un azor, una hormiga, un búho, un ganso salvaje y un tejón, para enseñarle a vivir y a luchar. El humor irreverente, la ironía literaria y la divertida pseudo erudición constituyen una gozada para  el lector,  que a menudo recupera la seducción y las carcajadas que recuerda a los Monty Python y su “The Holy Grail”.

Sin embargo la guerra incipiente, su inseguridad, su escasa simpatía por las mujeres y falta de empatía personal prefiguran una soledad en la que trata de superar sus aversiones y sus miedos “creo que soportaría vivir como un cobarde, pero no soportaría hacerlo como un héroe”, escribe a un amigo. Pero en sus textos hay una entereza, una dignidad moral, una capacidad de resistencia y reacción que nos dejan una impresión favorable.

White se despide así en su obra: “Aquí termina el libro del rey que fue, escrito con grandes afanes y esfuerzos entre los años 1936 y 1942, cuando las naciones se enfrentaban en una temible guerra. Aquí empieza también –si por casualidad algún hombre sobrevive a esta peste y puede continuar su tarea- la esperanza del rey que será. Rezad por Thomas Malory y su humilde discípulo (el mismo White), que ahora deja a un lado sus libros para luchar por su gente”.

Quizá la clave de la obra completa (y también de su “resonancia” con nuestra época de pandemias y amenazas) está en los dos  últimos capítulos, XIX y XX, de “El libro de Merlin”, en donde además de Malory sale nuestro don Quijote como presunto autor de la hipótesis del final del rey Arturo: “se convirtió en cuervo”.  O también en los vigorosos ataques a la falta de sentido ecológico  (y ético) de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y comportamientos en la época de la narración (el XI). Una especie de canto al “Paraíso perdido”, duro, implacable y cruel pero de una cierta nobleza, de una época que no se idealiza pero hacia la que hay una especie de respeto y esperanza de redención y mejora. ¿La hay en la nuestra?

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La edición de Ático de los libros es una gozada para cualquier devoto artúrico que se precie. El que esto firma ha manejado durante años ediciones separadas de Camelot (Ed. Debate) Camelot y el Libro de Merlin (Círculo de Lectores) y El libro de Merlin (Debolsillo), que adquirí por el magnífico “Comentario del editor” que lo precede. En el libro “El rey que fue y será”, se recogen por primera vez, que yo sepa, las cinco partes de la obra: “La espada en la piedra”, “La bruja de los bosques”, “El caballero maltrecho”, “Una vela al viento” y “El libro de Merlín”. Los traductores son Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz, los mismos que en las ediciones por separado de otras editoriales.  Sólo tengo un “pero” a esta gozada de libro que Ático nos ofrece: la falta al principio del libro de un sencillo estudio introductorio de la obra y del autor (tanto White, como una referencia a su predecesor, Malory). Esta editorial es modélica en los dossiers que prepara de las obras que edita. Un resumen de éstos no se llevaría muchas páginas y enriquecería el volumen.

Sólo me queda desearles una divertida, romántica, apasionante lectura, llena de emociones y sugestiva como una de esas eternas e inmarchitables aventuras juveniles de la literatura universal. Donde no falta ni siquiera un vigoroso ataque a la falta de sentido ecológico de “nuestra” época (hablamos de la primera parte del siglo XX) cuando White se dirige –de forma muy divertida- directamente al lector para hacer comparaciones del estado de los bosques, ríos, forma de vida y otras características en la época de la narración (el XI) o hace que Merlin se queje amargamente “¿Por qué no tenemos luz eléctrica y agua corriente” a estas alturas?”.
En fin, un placer de libro.

FICHA

EL REY QUE FUE Y SERÁ.- Terence Hanbuty White.- Trad. Fernando Corripio y Enrique Hegenwicz.- Ed. Ático de los Libros.- 822 págs.

 

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11 mayo 2020 1 11 /05 /mayo /2020 16:23

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, "de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 

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26 marzo 2020 4 26 /03 /marzo /2020 10:12

 

En sus “Cartas a un joven poeta”, Rainer María Rilke, (Praga 1875/Suiza 1926), el poeta checo de lengua alemana, desciende de las nebulosas alturas del simbolismo romántico e intelectual de sus poemas. Rilke es el referente nord europeo del poeta “maldito”, objeto de culto literario y casi de profeta. Su aspecto más humano, empático y positivo nos lo brinda en esta obra de pocas páginas. Son diez cartas de Rilke y una introducción del destinatario, un joven aprendiz de poeta, alumno de una escuela militar, que tuvo el atrevimiento de dirigirse al ya consagrado autor en busca de consejo y apoyo.

En cuestión de amores, Rilke le escribe esta bella sugerencia: “Amar a otro es una ocasión excelente de madurar, de ser alguien, de edificar un mundo, de ser un mundo para sí mismo por el amor a otro. Amar se convierte en una exigencia de excelencia que cuanto más tiempo pasa, más noble y más necesaria se hace”.

Y con motivo de ciertas dificultades de su “discípulo” le escribe: “Cuando sienta que entre los hombres y usted no hay nada en común, aproxímese a las cosas y a la Naturaleza: nunca le defraudarán. En el mundo natural de las cosas siempre se nos brinda ocasiones de integrarnos”. Rilke no es sino un poeta inadaptado y enfermizo que supo hacer de sus defectos privados públicas virtudes, que vivió trashumante entre palacios y mansiones de toda Europa, mantenido por sus propietarias; de un talento desbordante, una moralidad de conveniencia y una habilidad seductora rayana en lo mágico; obsesivo, narcisista y hermético y al tiempo materialista e interesado. Una personalidad que merece lecturas y análisis.  Mauricio Wiesental ofrece en su estudio sobre Rilke (“El vidente y lo oculto”, Acantilado) un retrato vibrante.

"Las cartas a un joven poeta" nacen a finales  de 1902, cuando Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar Wiener-Neustadt (donde 15 años antes había estudiado Rilke), soñaba con ser poeta y se preguntaba  sobre el sentido de la creación artística y las dificultades de tal menester. El mensaje de Rilke es esperanzador : El verdadero poeta es un alquimista que convierte lo cotidiano en algo extraordinario. Su misión es escuchar, abrir un claro que permita la manifestación de la gracia, rebasar los límites que niegan la posibilidad de una teofanía.

Kappus renunciaría a ser poeta tras varios fracasos pero no se desprendió de las cartas de Rilke, que publicarían en forma de libro en Leipzig en 1908 (cuando ya hacía tres años que había fallecido el autor de "Sonetos a Orfeo" y las "Elegías de Duino".

La búsqueda de la esencia de la poesía, la verdad, la belleza , la naturaleza inefable de las obras de arte y la presencia de Dios en la vida y la obra del poeta, además de duros golpes a la prepotencia de la crítica, los malentendidos de la moda y la sociedad y la necesidad de que el poeta se mantenga al margen de esas corrientes, son algunos de los tópicos que Rilke desgrana en sus apasionadas cartas a ese joven desconocido. Una muestra enternecedora y desconcertante de un escritor encerrado en su hermetismo simbólico y en una vida personal contradictoria llena de altibajos y de momentos de gloria y tristeza. Un hombre que opinaba que "la vida habrá de ser, hasta en su hora más indiferente y nimia, manifestación y testimonio de esa necesidad de escribir, ya que escribir no es un oficio, sino una necesidad, un destino. Y en ese destino, no hay horas vacías o gestos insignificantes: ... Cualquier día, por insípido que parezca, contiene infinidad de tesoros que pueden ser recreados en un poema: la primera hora de la mañana, un árbol en primavera, un cielo saturado de colores. Y aunque se encontrara en un calabozo cuyas paredes no dejasen llegar a sus sentidos ni uno solo de los sonidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, ese tesoro precioso y regio, ese santuario de la memoria?». Exhumar «ese vasto pasado» proporcionará al poeta algo esencial: una relación más estrecha, más íntima, más fecunda, con su soledad, que no es aislamiento del mundo exterior, sino comunión con la totalidad.

FICHA

CARTAS A UN JOVEN POETA.- Rainer Maria Rilke.-Trad. José María Valverde.- Alianza Editorial.- pags.104.- I.S.B.N. 978-84-206-0910-2

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21 marzo 2020 6 21 /03 /marzo /2020 12:18

 

Tenía que ser Mauricio Wiesenthal quien se atreviera con Rilke, dedicándole unos cuantos años de estudio para desentrañar la complejidad muchas veces casi inabordable del gran poeta alemán. El subtítulo del libro, "El vidente y lo oculto" responde a la clave de la obra entera de Rilke, que según M.W. es "un viaje nocturno a la memoria". No en vano el mismo poeta aseguró con respecto a sus "Elegías", "No me gusta que consideren esta obra la labor de un escritor, porque soy un vidente". W. enfatiza en su introducción que Rilke era "un hombre radical entregado al Absoluto de su poesía, desclasado, distante, contradictorio, psicológiamente complejo y muy inadaptado al mundo que lo tocó vivir". Y añade: "interpretó un papel inciático y sacerdotal, sacrificando la propia vida ritualmente con una voluntad obsesiva. Fue...un impostor y un actor...que luchó con la conciencia de que cuando los sentimientos se llevan al extremo...nos redimen y se convierten en su contrario...así el dolor en amor, el pesar en alegría, lo oculto en revelación y la apariencia en realidad".

Wiesenthal escribe una obra compleja e híbrida, donde lo biográfico se convierte en novela y ficción, las referencias personales en narrativa íntima y poético libro de viajes, un mar de referencias literarias y reflexiones y consideraciones de tipo filosófico, literario o político que convierten el libro en un continuo lujo cultural, un periplo por el pensamiento mágico, el arte ocultista y misterioso, el mundo de los símbolos, de los enigmas, de la historia y las leyendas. Wiesenthal no sigue un orden coherente, una disciplina narrativa, se deja simplemente llevar por su volcánica inspiración, el fuego cruzado de su extensa y profunda cultura, sus vivencias, sus amigos, sus admiraciones, sus rechazos y sus obsesiones. Es tanto una biografía de Rilke como una autobiografía sentimental, sensitiva y poética de Wiesenthal, una especie de Hombre del Renacimiento que asoma la nariz en el siglo XXI aunque el resto de su cuerpo, incluido el privilegiado cerebro están en el arco del XIX y el XX. Por eso las frecuentes interpelaciones directas o indirectas del autor al lector, sus reflexiones "impertinentes" sobre los más variados temas (el de la mujer es uno de los más visitados) constituyen uno de los activos de este libro torrencial que se lee como si uno estuviera manteniendo una escucha activa del mismísimo Wiesenthal que rememora su pasión por el poeta Rilke y el mundo que le rodeó. Al fin y al cabo nos advierte en su introducción: "...no sería sincero si, después de haber estudiado y leído a Rilke durante muchos años, no aportase mi propia versión -a despecho de tantos admirados maestros que ya lo han hecho- apoyada en una rigurosa bibliografía, en la lectura de cartas y documentos -algunos inéditos- y en el conocimiento muy directo --existencialmente diría yo- de su vida y su obra, de sus ambientes y amistades, de los lugares que frecuentó y del conflictivo momento histórico en el que vivió"

Es, pues, un libro muy personal, que se resiste a ser encuadrado en un género determinado, realizado tres un aporte erudito de datos espigados a lo largo de treinta años de investigación en torno a la vida y obra del poeta Rainer Maria Rilke, mezclados con recuerdos, reflexiones y opiniones del propio Wiesenthal. Como en los libros de Sándor Márai o de Stefan Zweig, nuestro autor nos presenta una nostálgica y minuciosa visión del ocaso de la vieja civilización europea. Rilke, en este aspecto por un camino distinto que los dos narradores citados, basa su testimonio en lo invisible, en esa difícil y mistérica unión entre lo humano y lo divino. Y siempre bajo una encarnadura vital contradictoria, paradójica y débil. Rilke vivía de sus mecenas, de las mujeres a las que no sabía amar pero si seducir, de una falta sonrojante de principios y de ética política y personal. Pero aún así o precisamente por ello se convirtió en el símbolo de la decadencia secular y de una cultura específica, multiforme y peculiar. Una espécimen de intelectual europeo, desclasado y menesteroso capaz de vivir a expensas de mecenas o mujeres, frecuentar los salones más aristocráticos desde San Petersburgo a París o Venecia, y gozar de la amistad de artistas, escritores, políticos y poderosos nobles o financieros, como Rodin, Valéry, Zuloaga o la interesante Lou Andreas-Salomé, una de las muchas "Reinas de la Noche" -así las llama Wiesenthal- del poeta. o la princesa Marie von Thurn und Taxis.

Wiesenthal ha convertido este libro en un alegato personal de gran fuerza y perceptible admiración y entusiasmo. Tan absorbente que a veces uno no sabe si Rilke habla por W. o éste se pone en lugar del poeta. Una cierta confusión entre autor y biografiado, una relación parasitaria que suele acabar en una frase irónica o una observación mordaz del autor, que entiende y así nos lo hace saber que en todo caso la misión que se auto ordenó Rilke superó en mucho las posibilidades del poeta.

Wiesenthal que "acompañó" literariamente a Goethe en Weimar, a Mozart en Salzburgo y Viena, a Nietzsche en Sils-María, a Tolstoi en Iásnaia Poliana, a Byron en Venecia o a Keats en Roma, está tan familiarizado con las grandes figuras y su entorno que convierte a este libro sobre Rilke en la Joya de la Corona de toda su amplia y diversa obra literaria.

FICHA

RAINER MARIA RILKE (El vidente y lo oculto).- Mauricio Wiesenthal.- Ed. Acantilado.- 1157 págs. ISBN 9788416011780

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25 febrero 2020 2 25 /02 /febrero /2020 11:51

Hablar de un nuevo libro de -o sobre- George Steiner es una fiesta para la inteligencia, la sensibilidad histórica y literaria o la cultura amplísima y la sed de conocimientos. He seguido a este prolijo ensayista francés de origen judío desde que tuve noticia de él en la Universidad de los años sesenta. Obras como "Nostalgia del absoluto", "Tolstoi o Dostoviesky", "El silencio de los libros" o "Lecciones de los maestros" constituyeron sendas de conocimiento y estímulo intelectual de alto voltaje durante toda la segunda mitad del pasado siglo.

En este caso se trata de un libro de entrevistas o más bien conversaciones entre la periodista francesa Laure Adler y George Steiner, ( con excelente traducción de Julio Baquero Cruz), que ha editado Siruela, como gran parte de las obras del crítico y pensador judío, incluido "Fragmentos", la última obra del maestro.

Aquí Steiner vuelve a sus temas recurrentes en relación con el judaísmo, el Holocausto, el estado de Israel, el conflicto de Oriente Medio, la religión o la existencia de Dios, el lenguaje -sobre el que es un erudito- los libros, la música, el amor y el sexo, la muerte, grandes temas que han motivado muchos de sus libros. En éste, Steiner con gran madurez y audacia matiza sus opiniones y expone sus reflexiones o acepta sus propias contradicciones motivadas por la evolución intelectual de su pensamiento y por la dinámica de la historia que vive intensamente y con crítica lucidez. Sus palabras y sus opiniones, muy bien estimuladas por la periodista, muestran -a pesar de que estemos o no de acuerdo con lo que dice-- la agudeza de la mente de este hombre singular. Y, en todo caso, provocan de una forma refleja la reflexión del lector.

Lo más interesante de este libro es la figura real que las preguntas de la periodista consiguen hacer aflorar sobre los esquemas y tópicos personales del gran pensador que es Steiner, sus contradicciones, sus filias y fobias y el curioso sentido del humor (tan judío) sobre todo a la hora de arremeter contra figuras tan señeras como la Arendt o Simone Weil. La excelente foto de portada nos ilustra, esa sonrisa pícara, esa mirada chispeante, irónica, levemente burlona, incide sobre un aspecto de Steiner que, a mi al menos, me había pasado inadvertido, la complejidad emocional del pensador, capaz de articular un mensaje magnífico sobre la mayoría de los temas y, al mismo tiempo, dejar "escapar" un juicio contundente y demasiado subjetivo sobre cualquier asunto al que le aplica el bisturí de la duda o el rechazo por pura emocionalidad. Y parece justificarse con una frase que pronuncia ante la periodista: "En los juicios estéticos siempre hay algo efímero, profundamente efímero". Y más adelante añade: "El lenguaje es infinitamente servil y no tiene- a eso se debe el misterio- límites éticos". Y esa es la complejidad de un hombre que no cesa de repetir la frase de Heidegger "somos los invitados de la vida" y es machacado por su anti sionismo en su propia patria, Israel. O le pasa el rodillo ético al capitalismo actual y dice: "Hay quien pone a diez mil personas de patitas en la calle y se va con una prima de cinco millones tras haber arruinado a la empresa o al banco que dirigía, ¿es ese el ideal de libertad humana?".

El libro acaba con un canto a la eutanasia y una reflexión sobre la vejez, "Dejadme dormir el sueño de la tierra" dice, citando a Vigny. Y se despide con un canto de amor a su perro y una reflexión: "Ya se que deberíamos sentir un gran amor hacia los seres humanos. Pero a veces me resulta muy difícil". Steiner tiene 87 años.

FICHA

UN LARGO SÁBADO.- Conversaciones con Laure Adler.- Trad. de Julio Baquero.- Ed. Siruela. 139 págs.ISBN 9788416638758

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23 febrero 2020 7 23 /02 /febrero /2020 13:01
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De 2011 es el texto de George Steiner que ahora comentamos, "La poesía del pensamiento" (Del helenismo a Celan), publicado por la excelente editorial Siruela en su colección "El ojo del tiempo" este año 2012. Como en todo lo de Steiner firma, la erudición más enciclopédica se da la mano con una visión crítica profunda y al tiempo amena y el texto, que podría resultar farragoso por su apabullante cantidad de datos y la solvencia de sus citas, es en muchos momentos inspirador y está dotado de una gran claridad y justeza. Confieso mi admiración por este ensayista prodigioso, nacido en Paris en 1929.
En esta obra, Steiner parte de una idea básica: detrás de toda filosofía, sustentando su propuesta de pensamiento y su estructura hay una lírica literaria e incluso una música, una melodía del pensamiento, que parece motivar y mover la cohesión de las ideas. Eso es algo que late en el interior de quienes buscan en la reflexión filosófica una respuesta a los misterios del ser y de la vida. Como ocurre en las matemáticas puras y en la filosofía profunda, en algunos momentos el pensador llega a tener esa sensación melódica, una vibración que recuerda los misterios pitagóricos y las propuestas órficas, como si en el fondo mismo de materias como las citadas, la física cuántica , la astronomía, latiera el ritmo pausado y secreto de lo que se llamaba la "música de las esferas" y que los grandes cerebros de esas materias han calificado a menudo de un curioso misticismo sin religión y sin dioses.
En esa búsqueda imposible, sobre todo en la filosofía, el patrón buscado es huidizo, se disfraza y se esconde al pensador y Steiner nos habla de la perplejidad de Nietzche, que no lograba dar con el elemento buscado pero im pregnaba toda su obra, todo su discurso de lo emanaba de él. Por eso Steiner nos habla del aviso de Montaigne dirigido al que desea filosofar, y le advierte que nunca logrará llegar al fin de su pensamiento, pero se impregnará de su fuerza literaria, ya que la filosofía y la poesía terminan orbitando en torno a un espacio común. Sólo hay que leer a Wittgenstein para comprobar cómo el leguaje poético acaba dando forma a la propuestas filosóficas de altura.
Para convencernos Steiner nos habla de Proust y nos recuerda la influencia de Bergson y su pensamiento en muchas páginas de la "Recherche", de Nietzche y su lenguaje fuertemente poético, de las incursiones de Freud al pensamiento literario como vehículo para sus ideas psicológicas (no en vano Freud fue propuesto en los años 30 para recibir el Nobel...de Literatura, que no le fue concedido por ser judio).
Desde los presocráticos a Celan, el repaso de la cultura de Occidente que nos ofrece Steiner es de una erudición y una amenidad sobresalientes. La sagacidad intelectual de este autor nos lleva a disfrutar de la magia literaria que emanaba de algunos filósofos, como Hegel con su dialéctica amo-esclavo (una metáfora literaria con valor de símbolo), la visión compleja y humanisima que nos ofrece Platon de Sócrates, la fuerza creativa literaria de Marx, la profundidad filosófica y psicológica de Dostoievsky o Tolstoi.
Las alusiones de Steiner a todos estos genios de la cultura universal desde Descartes a Lucrecio, Galileo o cualquiera de los ya citados, no tienen la seca farragosidad de un buscador de citas sino la justeza y la pertinencia de un hombre que ha paseado durante toda su vida en tan excelsa compañía. Es la suya una erudición amigable, vivida y experimentada en persona. Se lee como si se tratara de una charla privilegiada con un eurdito sin vanidad y dotado de claridad y humilde respero a los gigantes que le acompañan.
Evidentemente no se trata de un libro fácil. Hay que leerlo poco a poco, con una libreta y un lápiz, si el lector no quiere emborronar el libro. Se trata de un volumen para enamorados de la cultura con mayúsculas, de "dilettantes" del pensamiento, de curiosos de la inteligencia en su mas alta y lucida expresión. Libro de estancia monacal y de silencio (de hecho yo escogí el monasterio de Poblet para su lectura) .El mensaje báico es esbozado así: "La poesía busca reinventar el lenguaje, renovarlo. La filosofía se esfuerza por hacer rigurosamente transparente el lenguaje, purgarlo de ambiguedades y confusiones". Y con este intrumento llegar a las ideas, en las que como dijo Marx, "Las ideas no existen fuera del lenguaje".
.En conclusión, Steiner nos ofrece en "La poesía del pensamiento" una diáfana visión de la intima relación entre la filosofía occidental y el lenguaje. Es decir: un examen de más de dos milenios de cultura occidental, con una agilidad casi pedagógica hilvanando el detalle de una determinada cita y la eficacia de un ejemplo extraido de la historia de la  filosofía occidental y de su expresión literaria, afirmando el guiño de Sartre cuando aseguraba que "en toda filosofía hay una prosa literaria oculta".
 
 
FICHA: La poesía del pensamiento, George Steiner, Siruela (2012), 232pgs, 19,95 euros 
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21 febrero 2020 5 21 /02 /febrero /2020 11:50

Un nuevo George Steiner para leer es una buena razón para encerrarse en la biblioteca con un té caliente y una buena pipa y dedicarle dos o tres horas de lectura y reflexión. Confieso mi admiración y atento interés por lo que firma este pensador judío, octogenario audaz e inteligente.

Este ensayo que hoy comento tiene la venerable, aunque no negativa, antigüedad de once años desde que se publicó el original inglés. Sin embargo como suele suceder en Steiner la temática, el tratamiento y el desarrollo de las argumentaciones y su debida documentación, son tan actuales como cuando se dieron a la luz. La mente deslumbrante e incisiva de este pensador se -y nos- divierte especulando sobre unas consideraciones filosóficas del pensador alemán romántico Frederich Schelling (s.XVIII) que desarrolla lo que se denominará la filosofía de la identidad, en donde "el énfasis que antes se había puesto respectivamente en la naturaleza y en el yo se pone ahora en un absoluto indiferenciado, raíz común de ambos". Este pensador cree en el principio gnóstico que atribuye un fondo de tristeza a la condición humana.

Steiner se limita a recoger de Schelling dicha conjetura en la que atribuye a esa tristeza fundamental, la generación de la conciencia y el conocimiento. Lo cual es, a su vez, la base de la percepción y también de todo proceso mental. Según Schelling y con la decidida anuencia de Steiner "el pensamiento es estrictamente inseparable de una profunda e indestructible melancolía”. Es curioso que Steiner se adscriba a esa idea en la que parecen vibrar los complejos judíos sobre la culpa y la tristeza de su raza ante la incomprensión del mundo. Para compensar Steiner busca en la cosmología científica actual una analogía para ese aserto emocional profundo al que compara en su universalidad con el “ruido de fondo”, producido en las ondas cósmicas a causa de la explosión inicial, el Big Bang , del nacimiento del Universo. Las especulaciones metafísicas sobre la configuración del universo que habitamos, algo implícito a la curiosidad humana  y la falta de respuestas es otra de las causas que nos sume en un estado de tristeza.

En todo pensamiento asegura Steiner reverbera esta radiación primigenia que produce una pesadumbre que no deprime sino que resulta creativa y lleva en sí misma la capacidad y la voluntad de sobreponerse a ella. Y eso a pesar del legado de culpa que nace de la imposibilidad de trascender el pensamiento con el mismo pensamiento, una tautología irresoluble que crea esa pesadumbre en la mente del hombre.

Steiner nos propone diez razones para justificar esa tristeza del pensamiento y con su irónica franqueza las pone bajo un paréntesis de la posibilidad, mostrando la base especulativa y polemizadora que le impulsa. Así nos habla de la forzosa necesidad de pensar equiparable a la de respirar ya que no podemos dejar de pensar ni siquiera en sueños. De ahí nace la identidad del ser con el pensar como ya apreció el lejano Parmérides, por el siglo IV aC. y muchos siglos más tarde convertiría Descartes en pensamiento clave y filosóficamente revolucionario. Para Steiner deberíamos asegurar más bien "respiro luego pienso". Precisamente una de las razones citadas es la incapacidad de aprehender la naturaleza del pensamiento. 

Otra de las razones de tal tristeza estriba en el lenguaje. la "casa/prisión" del lenguaje, la materia prima del acto de pensar que "en soliloquios de pensamiento oculto o no deseado que recorren sus anárquicos caminos por debajo del habla articulada".

Steiner nos recuerda que ese misterio de la naturaleza del pensar ha sido uno de los elementos del progreso y de la generación de la idea de los dioses. Y con todo ello el nacimiento de religiones, literatura, filosofía, arte, y en gran medida de la ciencia. Steiner ironiza sobre la concentración, la meditación y los estados alterados de conciencia producidos por la presunta detención absoluta del pensamiento y también sobre la pretensión de autenticidad afirmando la dificultad de ser pionero en un pensamiento, ya que éstos son "una propiedad común", "un universal humano en que todos los pensamientos son también pensados por otros, interminablemente banales y trillados". Y ése es otro motivo de tristeza.. claro. 

Particularmente acertada me ha parecido la constatación de Steiner sobre la economía del despilfarro de energía que es el cerebro humano. y sus dispersos pensamientos continuos, aunque asegura el pensador que se ha demostrado últimamente que en esa "basura mental" permanente se generan también ideas creativas. Sus consideraciones sobre el amor y la imposibilidad de saber con certeza lo que piensa la persona amada  "Ninguna empatía en el ser humano desvela el laberinto que es la interioridad de otro ser humano. El amor más intenso, quizás más débil que el odio, es una negociación, nunca concluyente entre soledades", son quizás lo menos elaborado y más sesgado por la propia personalidad del autor.

Steiner cierra su magnífica diatriba sobre el pensamiento con otra referencia a la física cuántica: "nunca sabremos hasta dónde llega el pensamiento en relación con el conjunto de la realidad. Como en las súpercuerdas de la cosmología actual, las verdades vibran en múltiples dimensiones, inaccesibles a toda prueba definitiva". Ahí radica la tristeza, la melancolía de ser en un mundo incomprensible, ya que "la mayoría de nuestras preguntas quedarán siempre sin respuesta".

FICHA

Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento.- George Steiner.-Siruela. Biblioteca de ensayo. 3ª ed. - Madrid 2007

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14 febrero 2020 5 14 /02 /febrero /2020 11:48

"¿Qué es lo que confiere a un hombre o a una mujer el poder para enseñar a otro ser humano?¿Dónde está la fuente de su autoridad? ¿Y las respuestas de los educados?". Desde san Agustín han desconcertado estas preguntas, que no han dejado de tener vigencia en el clima libertario de nuestros días. El gran George Steiner, casi nonagenario hoy,  se hacía en 2003 estas mismas preguntas y escribió sobre la relación maestro-discípulo en este libro fascinante, reeditado por Siruela el pasado año (¿para cuando una reedición -ansiada por muchos - del libro de Pierre Hadot "Ejercicios espirituales y filosofía antigua"?).

Steiner que ha ejercido la docencia en Estados Unidos, Inglaterra y Suiza durante más de 50 años, sostiene en el prólogo de su libro que "la única licencia honrada y demostrable para enseñar es la que se posee en virtud del ejemplo". Esta socrática o epicúrea respuesta abre paso a la reflexión del maestro judío sobre una relación que adquiere tres formas principales, los maestros que destruyen a sus discípulos, los discípulos que traicionan a sus maestros y los maestros que intercambian con sus discípulos el eros de la mutua confianza, una especie de ósmosis en la que el maestro aprende del discípulo como éste de aquél, en un escenario de auténtica y profunda amistad.

La enciclopédica erudición de Steiner y su dominio de los clásicos antiguos y modernos, nos lleva a través de las épocas mostrándonos los ejemplares personajes que pensaban y creaban estructuras de pensamiento que después divulgaban entre sus discípulos de distintas formas y técnicas, desde los diálogos de de Sócrates, a los aforismo de Epicuro y los estoicos, a las metáforas y narraciones de Jesús ( Steiner nos cuenta un irreverente y arrogante chiste de Harvard sobre  Jesús: "Un buen Maestro pero no publicó" que podría ser empleado con Sócrates o Buda), Heidegger y la Arendt, Virgilio y Dante, Heiddeger contra Husserl, Brahe y Kepler.

Hay una cierta diferencia de intensidad pedagógica entre el apabullante repaso histórico que Steiner hace de los maestros y sus actuaciones a lo largo de las culturas y las páginas en las que la brillante mente del ensayista se dedica a profundizar conceptual y filosóficamente en el mismísimo arte de enseñar. El recorrido empieza como era de esperar con los griegos y su "padieia" o ciencia o disciplina de la formación, en especial analizando la función de los sofistas, los primeros en crear sistemáticamente la enseñanza reglada por un maestro (que cobraba por su trabajo) y sus discípulos, de una forma profesional. Con esto ya nace la reflexión de la independencia del maestro y sobre todo de la de su enseñanza.  "¿Cómo es posible pagar por la transmisión de sabiduría, de conocimiento, de doctrina ética o de axiomas lógicos? ¿Qué equivalencia monetaria o patrón de cambio se puede establecer entre la sagacidad humana y la entrega de la verdad, por una parte, y unos honorarios en metálico, por otra?", dice Steiner en la pág. 23). Steiner matiza en su reflexión sobre la enseñanza de oficios en cuyo desempeño habrá intercambio de trabajo por honorarios.

Pero Steiner mantiene la dificultad de poner precio a las investigaciones filosóficas. Su valor es inmenso pero su precio no es mensurable. No hay que confundir valor y precio. Y tampoco censura a los que en colegios y universidades cumplen con una profesión pedagógica sujeta a honorarios, como forma de ganarse la vida. Aunque, insiste Steiner, en el carácter vocacional del "auténtico enseñante" donde puede forjarse el verdadero maestro. Y añade, con un punto de ironía, que el enseñante vocacional debería obedecer a un "juramento hipocrático" como los médicos, pues su labor no es menos importante que la de aquellos. Y asegura: "Enseñar con seriedad es poner las manos en lo que tiene de más vital un ser humano. Es buscar acceso a la carne viva, a lo más íntimo de la integridad de un niño o de un adulto. Un maestro invade, irrumpe, puede arrasar con el fin de limpiar y reconstruir".

Pero también puede destruir, asegura Steiner con contundencia: "La mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y, metafóricamente, un pecado. Disminuye al alumno, reduce a la gris inanidad el motivo que se presenta. Instila en la sensibilidad del niño o del adulto el más corrosivo de los ácidos, el aburrimiento, el gas metano del hastío. Millones de personas han matado las matemáticas, la poesía, el pensamiento lógico con una enseñanza muerta y con la vengativa mediocridad, acaso subconsciente, de unos pedagogos frustrados". Las condenas de Steiner sobre la enseñanza actual en Occidente, en una abrumadora mayoría de instituciones pedagógicas, abarca no sólo a profesores y planes de estudio, sino a los alumnos y sus familias: "los padres quieren conocer las notas medias, no lo que han aprendido sus hijos; los adolescentes aceptan como debido a ellos, como algo natural, cualquier servicio, incluso el lujo impagable de la enseñanza viva; los profesores no es raro que se dejen llevar por la envidia o la murmuración; en fin, el mismo  buen maestro cae en la apatía cansada de quien lleva demasiados años experimentando que se encuentra solo, o por su calidad docente le viene como reconocimiento el mayor de los horrores, un cargo de gestión o directivo, que le aparta de la tarea en la que precisamente había alcanzado esa infrecuente excelencia". Aunque reconoce que hay algunas ignoradas excepciones entre los maestros que se evidencian a partir de las apariciones escasas pero regulares de algunos jóvenes alumnos con dones especiales.

FICHA

LECCIONES DE LOS MAESTROS.- George Steiner.-Trad. María Condor.- Ed. Siruela.- 186 págs. 9,95 euros.-ISBN  9788499087481

 

 

 
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12 febrero 2020 3 12 /02 /febrero /2020 12:48

En homenaje a Steiner, fallecido en febrero de 2020, publico esta reseña escrita el pasado año.

El maestro George Steiner (nacido en Paris en 1929 y a punto de cumplir 90 años) es uno de los pensadores más lúcidos y complejos  del siglo XX y aún colea en el actual aunque ya, a sus 89 años, no se prodiga tanto (no hace muchos meses reseñamos una suerte de ensayos semi biográficos que me llamaron la atención por su consistencia y su osadía conceptual) debido a su perfecta y resistente mala salud. Filósofo contestatario en todo momento, autor incansable, figura discutida e impertinente en  Princeton, Stanford, Ginebra o Cambridge. Steiner es hijo de judíos vieneses refugiados del nazismo en París y luego en  Nueva York y mantiene una curiosa no-práctica del judaísmo que resulta muy combativa y también crítica. Con mucho humor e ironía define al judío como un hombre que lee los libros con un lápiz en la mano porque piensa que los puede escribir mejor. En 2001 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades donde se resaltaba su talante polémico y su defensa de lo universal y global contra los nacionalismos y las fronteras, no en vano es un políglota que domina inglés, francés, alemán e italiano, sin contar las "leguas muertas" (tan rabiosamente vivas en la cultura occidental, el latín y el griego).

 

Desde los presocráticos a Celan, el repaso de la cultura de Occidente que nos ofrece Steiner es de una erudición y una amenidad sobresalientes. La sagacidad intelectual de este autor nos lleva a disfrutar de la magia literaria que emanaba de algunos filósofos, como Hegel con su dialéctica amo-esclavo (una metáfora literaria con valor de símbolo), la visión compleja y humanísima que nos ofrece Platon de Sócrates, la fuerza creativa literaria de Marx, la profundidad filosófica y psicológica de Dostoievsky o Tolstoi. Es la suya una erudición amigable, vivida y experimentada en persona. Se lee  sus obras como si se tratara de una charla privilegiada con un erudito sin vanidad y dotado de claridad y osadía crítica.
"El silencio de los libros", publicado en 2005 en la revista "Esprit" y por Siruela en 2011 (con el añadido de un enjundioso trabajo breve de Michel Crépu sobre la lectura "Ese vicio todavía impune") hace un corto pero jugoso recorrido sobre la historia del libro partiendo provocativamente del predominio de la oralidad en la cultura tradicional  ("la oralidad aspira a la verdad, a la honradez de corregirse uno mismo, a la democracia") y de la superioridad de la música como lenguaje fundamental para comunicar sentimientos y significados ("la mayor parte de la Humanidad no lee libros, pero canta y danza").
 Steiner da un zurriagazo (merecido) a la enseñanza actual donde se desdeña la oralidad -principal origen de la lectura: al principio, en la edad media, se leía siempre en voz alta y se aprendían los textos para ser recitados para un público iletrado- y se sacrifica la memoria (sustituyen el saber de memoria...por un caleidoscopio de saberes siempre efímeros". No podía faltar un sopapo (también merecido) a la Iglesia católica "cuya historia sangrienta de censura de libros y destrucción física de libros y autores recorre como un ardiente hilo rojo toda la historia del catolicismo romano".
Nos recuerda las corrientes contestatarías que enfrentan cultura libresca con el vitalismo y la naturaleza, desde Rousseau a Goethe hasta Emerson o Wordsworth (" el hálito de un bosque en primavera vale mucho más que toda la erudición libresca"), Blake, Thoreau o D.H. Lawrence. Y también la vertiente "pastoral" que razona sobre la cuestión "de qué sirven los libros a la humanidad  doliente" (y más adelante sobre la cultísima Alemania en la que triunfa el salvajismo irracional de los nazis). O la barbarie de todas las censuras que llevan a las hogueras a los libros y a menudo a sus autores (como profetizó Heine en 1821) y se extienden hasta nuestros días (desde las "listas" de McCarthy hasta el incendio de la biblioteca de Sarajevo).
Hay mucho pesimismo en las visiones apocalípticas del libro que tiene Steiner, pero también algo de sana hipocresía, ya que ante el deseo de leer y el aumento de posibilidades de lectura, Steiner acaba repitiendo los versos de Cátulo, "Oh, Musa, déjanos vivir un siglo o dos más".
Ese pesimismo profético que parece anatematizar el futuro de los libros y del que nuestro octogenario nos da muestra, está muy lejos de concretarse en una amenaza real (de momento). Su nuestro informadísimo ensayista insistiera un poco más )o simplemente actualizara su texto) vería que el libro impreso goza de una extraordinaria mala salud. Cierto que han desaparecido librerías emblemáticas, pero por doquier nacen y se reproducen pequeñas librerías que parecen mantener muy vivo el fuego eterno.  Así sea.
 
FICHA
EL SILENCIO DE LOS LIBROS.- George Steiner.- Trad. María Condor.- Ed. Siruela. 84 págs.  ISBN 9788498414257
 

 

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