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19 julio 2018 4 19 /07 /julio /2018 08:30

La editorial Cátedra publicó este libro en 1984 en su colección Teorema. Llevo años con él y me ha proporcionado horas de intenso placer indagatorio y especulativo. De hecho ha entrenado mi mente en los placeres de la lógica y lo ha hecho jugando con personajes de un libro adorado por mí, "Alicia en el País de las Maravillas" de Lewis Carroll, un supuesto "libro para niños" que Disney banalizó hasta extremos inauditos y que hay que leer al menos diez veces en la vida para disfrutar cada  vez más con él.

Como dice el genial matemático  Martin Gardner (que murió en 2010 a los 95 años) que ya había editado el libro de Alicia con anotaciones lógico matemáticas, autor de la introducción al libro de Smullyan, (que falleció a los 97 años en febrero del pasado año) este tipo plurivalente "es un conglomerado único de personalidades: filósofo, lógico, matemático, músico, mago, humorista, escritor y creador de maravillosos acertijos parodiando obras de la literatura popular". Y añade: "todo este libro está plagado de juegos de palabras carrollianos, problemas lógicos y metalógicos y oscuras paradojas filosóficas". Y advierte "nadie puede leer este libro...sin plantearse aún más el misterio del ser, de dificultad de distinguir lo verdadero de lo falso o lo irreal de lo real".

Smullyan, llamado el "Gandalf de las matemáticas", publicó más de treinta libros entre acertijos, obras técnicas, libros de ajedrez, de los cuales hay trece traducidos al castellano. El que les comento todavía se encuentra en librerías de segunda mano y el amigo Serret os lo encuentra seguro. No os lo perdáis. No es un libro para leer de seguido (sería imposible para una persona de conocimientos básicos en lógica) pero garantizo momentos de deslumbrado estupor y diversión sana (es como tomar vitaminas para el cerebro).

Los problemas que plantea, basados en "Alicia" y sus personajes, merecen dedicarles nuestra atención y sagacidad. Como muestra un botón. A priori, partimos de la base de que los locos mienten siempre y los cuerdos dicen la verdad:
-"Fíjate -dijo la Duquesa- en la Oruga y Bill, el Lagarto. La Oruga cree que los dos están locos".-¿Cuál de ellos está realmente loco?- preguntó Alicia.-...Te he dado suficiente información para que deduzcas la respuesta- contestó la Duquesa.

¿Cuál es la verdad? ¿Están ambos locos? Si la Oruga fuera cuerda, sería falso que ella y el Lagarto están locos. Por consiguiente la Oruga debe estar loca. Como está loca su creencia es equivocada, así que no es verdad que ambos estén locos. De modo que el Lagarto debe ser cuerdo y la Oruga está loca. ¿Fácil deducción? No se confíen. Tengo un amigo matemático al que le costó meses descifrar algunos de estos acertijos. Y todos tienen explicación lógica.

Busquen el libro y diviértanse. Alimento para el cerebro. Un consejo, enfréntense a las adivinanzas con una libreta y un lápiz en las manos.

FICHA

ALICIA EN EL PAÍS DE LAS ADIVINANZAS.- Raymond Smullyan.- Ed. Cátedra. Trad. Montserrat Millán.-207 págs.

 

 

 

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17 julio 2018 2 17 /07 /julio /2018 08:22

Leer la introducción de Jordi Ibáñez a este libro da una idea aproximada, aunque sorprendente, del estado complejo y trabajoso de la recopilación de los escritos salvados del gran pensador alemán, que se suicidó en Port Bou durante la segunda guerra mundial debido a un cúmulo desdichado de malentendidos y graves temores de Benjamín (que temía como tantos otros intelectuales judíos de la época caer en manos de la Gestapo: recuerden el caso también  lamentable de Stefan Zweig que hemos comentado en estas pàginas  en varias ocasiones). Ibáñez Fanés es uno de los prologuistas escogidos, el profesor de la Pompeu Fabra ha escrito un texto para acompañar las traducciones (“revisadas y anotadas”) hechas entre 1971 y 1975 por Jesús Aguirre (histórico director editorial de Taurus) y por Roberto Blatt en 1991.

En todo caso y salvando el aparente caos de los textos recopilados cabe esperar según los estudiosos de la obra de Benjamín que la presente antología (primera que se publica en nuestro país) recoja los textos fundamentales que fueron saliendo a través de los años en cuatro volúmenes de "Iluminaciones" y un par de los "Discursos interrumpidos". El libro que Taurus nos ofrece tiene el interés enorme de dar a conocer a uno de los críticos culturales "más originales e indispensables del siglo XX". Quizá uno de los pensadores más urbanitas que han existido, con su fascinanción por las grandes ciudades (especialmente Paris) y el papel del artista que se se convierte en un "flaneur" (paseante sin puntos de llegada) como Baudelaire y alimenta su creatividad con la fugaz y continuamente cambiante ciudad, en una dialéctica marxista donde las calles, los pasajes, la arquitectura entren en relación con la revolución humana que levanta adoquines o construye barricadas.

Conocer las reflexiones que el inteligente y minucioso pensador -un experto bobliófilo, especializado en libros infantiles-  realiza sobre figuras como Charles Baudelaire, Marcel Proust, Franz Kafka o Bertold Brecht y sus respectivas obras, es un alimento intelectual de primer orden, sin duda. A Baudelaire le interpreta en clave política y lo considera como "el poeta destructor de la banalidad de la vida moderna capitalista". Sorprende en el desarrollo del pensamiento crítico de Benjamín las páginas lúcidas que dedica a la traducción como forma y estilo literario. Y dentro de su adscripción al momento técnicamente revolucionario que ya anunciaba sus adelantos, la hipótesis crítica que vincula las facilidades de reproducción de las obras de arte con la esencia de su valor como tal  y el cambio que supone frante al observador el hecho de la fácil adquisibilidad de una copia técnicamente perfecta. Para ello, Benjamín, nos habla de una acuarela, "Angelus novus" (comprada por el pensador en 1920) como símbolo emblemático de su manera de percibir el arte como algo irrepetible.Para Benjamin el arte es contemplado desde una perspectiva materialista pero también espiritual y trascendente: el arte en como una lanzadera simbólica que sirve de puente con el pasado. Pero ese símbolo está en transición en el siglo XX ya que  la reproductibilidad técnica ocupa un lugar propio de los procedimientos artísticos y a consecuencia de ello se está transformando la percepción estética y amentado exponencialmente el poder de la imagen en sí. Frente a esto (la fotografía) hay algo que se mantiene irreductible, el aura de la obra de arte que procede del pasado y la tradición. Y ese aura produce la  fascinación del observador y justifica el valor único de la obra. 

El estilo de Benjamín, complejo, lleno de vueltas y revueltas persiguiendo la claridad de la idea expuesta, en unos textos de exigente lucidez, es lo que suele reivindicar el carácter sagrado del lenguaje- es un desafío para cualquier traductor. Como Wittgenstein es aficionado a un estilo cuajado de citas (ver su "Libro de los Pasajes") creando una especie de mosaico de textos. Un escritor tan pulcro y puntilloso como Coetzee escribió al respecto: "Su método característico, ­entrar en un tema en ángulo, avanzar paso a paso de una recapitulación perfectamente lograda a la siguiente­ es tan instantáneamente reconocible como inimitable, ya que requiere un agudo intelecto, un aprendizaje ligeramente gastado, y un estilo de prosa que, una vez que dejó de pensar en sí mismo como el doctor Benjamin, se convirtió en una maravilla de precisión y concisión." Absolutamente de acuerdo incluso en la indirecta a la pedantería intelectual de Benjamín que proclama en 1934, en plena persecución nazi de los artistas no afectos a Hitler que los artistas son "los nuevos rebeldes de la historia" y se se autoproclama portavoz de la "vanguardia artística más radical", ya que "el siglo XX y la guerra ha borrado la capacidad de narrar, se presciende del pasado y se alimenta una nueva forma de barbarie".

En ese contexto aún es posible la "iluminación". No es un término espiritual o religioso para Benjamín. La iluminación la crea la imagen tratada y analizada -aunque sin dejar de rechazar la reproducción en serie de la imagen como unempobrecimiento estético y una perdida de valor cultural- cuyos elementos no reductibles producen en la sesibilidad del artista una especie de revelación que apunta hacia la reconversión del tiempo histórico (en el que Benjamín insiste en el papel de la memoria y el olvido y en la manipulación de la historia por parte de los vencedores y el olvido por los vencidos).

FICHA

ILUMINACIONES.- Walter Benjamin.- Traducción: Roberto Blatt y Jesús Aguirre.- Ed. Taurus.-Clásicos Radicales.- 480 páginas, 19,90 euros.ISBN 978-84-306-1938-2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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12 julio 2018 4 12 /07 /julio /2018 07:07

Cerca de la mística montañera, aunque tocada con la varita de la realidad más áspera y dura, está "Toda una vida" de Robert Setthaler en la que se nos narra la existencia azarosa e intensa de Andreas Egger, un chiquillo de cuatro años abandonado por su madre y recogido por su brutal tío en una aldea perdida de los Alpes a principios del pasado siglo. El progreso llega a las montañas con sus ambivalentes cambios y el niño se hace hombre a base de rudo estoicismo, fuerza física y capacidad de sacrificio y de trabajo. Pero hay algo que no cambia pese a ese progreso (simbolizado por la construcción de teleféricos para deportistas en los valles y la violación técnica y humana de la montañas vírgenes): su relación casi simbiótica con los montes.. Allí Andreas encuentra el amor y allí lo pierde tras un alud (descrito de una forma excelente ,pág.64) y se va convirtiendo en un anciano fuerte y solitario que se arroba con las puestas de sol y la estoica maravilla de la leche recién ordeñada y los productos de la tierra. Novela de una belleza desgarradora que se afirma en los sentimientos y los defectos humanos con una serena comprensión. Como muestra vean el  sereno balance que Andreas hace  de su vida: "Que él supiera no cargaba con ninguna culpa digna de mención y nunca había caído en las tentaciones del mundo: las borracheras, la prostitución o la gula. Había construido una casa, había dormido en infinidad de camas, establos, rampas de carga y unas cuantas noches incluso en una caja de madera. Había amado. Y se había hecho una idea de hasta dónde podía llevar el amor...nunca se había visto en el apuro de creer en Dios y la muerte no le daba miedo...podía mirar atrás sin lamentos, con una media sonrisa y un gran asombro" (pág.133).

La humildad de las vivencias de Andreas no lo hacen menos interesante sino más entrañable humanamente hablando. El personaje, en su cerrazón y elementalidad aparente, se nos escapa. No hay un dibujo psicológico del personaje sino un relato de sus obras y motivaciones. El lector puede quedar satisfecho pues un hombre es lo que reflejan sus acciones y actitudes, en definitiva.  Del calado popular del libro da fe ese millón larga de copias vendidas y el hecho de haber sido traducido a todos los idiomas importantes. Quizá la moraleja principal del libro, el gancho perfecto que fascina al lector sea la irrelevancia plena de vitalidad y de amor a la naturaleza que se desprende de sus páginas con total sinceridad y con ramalazos de bellísima, concisa y ascética naturalidad lírica y filosófica.

Recomendable, casi, como libro terapéutico contra el agobio del urbanita desasosegado que se hacina en las mastodónticas ciudades y en un sistema de vida enloquecido.

FICHA

TODA UNA VIDA.- Robert Seethaler.-Trad. Ana Guelbenzu.-Ed. Salamandra.139 págs. ISBN 9788498388152

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10 julio 2018 2 10 /07 /julio /2018 07:01

Una acomodada familia judía de artistas e intelectuales (con dos hijas pequeñas), el dramaturgo alemán Carl Zuckmayer (autor entre muchas otras obras célebres en su tiempo del guión cinematográfico de "El ángel azul", protagonizado por Marlene Dietrich) y la actriz austriaca Alice Herdan (fallecida a los noventa años en 1991), se ven obligados a expatriarse de Alemania con llegada de los nazis al poder. Dejan atrás una posición desahogada y un círculo de amigos tales como Bertolt Brecht, Alma Mahler o Stefan Zweig. Ni Austria ni Suiza les dan suficientes garantías de supervivencia y dan el salto del Atlántico y el salto a una vida enteramente distinta. Se van a una granja montañesa en el estado de Vermont (Estados Unidos), situada en un paraje de las Green Mountains, donde la nieve los aislaba durante seis meses al año.

Más que un relato novelesco y de aventuras de supervivencia en la Naturaleza, este libro es un testimonio, sin pretensiones literarias, pero auténtico y emocionante, que nos narra la vida de dos artistas e intelectuales que pasan del bullicio y el resplandor de los cabarets y los cenáculos literarios berlineses a ganarse, en el sentido más real de la palabra,  la vida criando patos, gansos, cabras, cerdos y gallinas, arando el campo y cuidando el huerto y vendiendo o trocando  a sus vecinos los productos naturales. En un libro de metanoia (transformación interior) de dos personas llenas de valor, fortaleza, inventiva y sentido profundo de la ética de la vida y el trabajo. Para mayor goce del lector, la autora es un ejemplo de sentido común, humor, sentido del sacrificio, humildad y ausencia total de rencor o autocompasión.

Entre párrafos de amor a la naturaleza, las montañas, el trabajo exigente, el contacto con los animales, surge de vez en cuando la referencia a los apuros, los obstáculos, los errores cometidos en la gestión de sus vidas en ese entorno absolutamente nuevo para ambos. Y ahí es donde surge la entereza y la saludable solidez de espíritu y carácter de Alice y su humor estoico sin dejarse tentar por la fácil nostalgia o la amargura y el odio hacia los que provocaron el dramático cambio.

Como escribe Alice : “La granja es a la vez un refugio literal y un refugio metafórico, donde la locura y la brutalidad de un mundo trastornado no pueden tocarnos, porque estamos lejos de todo, dependemos de nosotros mismos y estamos profundamente comprometidos con nuestras responsabilidades. Nuestro trabajo es nuestro tesoro, el paisaje es nuestro hogar”. Y su marido comienza el libro con un poema dedicado a la granja: "El altos prados, pero de bosques rodeada/ te mantienes firme a pesar del viento y la lluvia/ como si estuvieras encadenada al cielo./Me diste en América, un hogar./ Con manos laceradas aprendí a cuidarte/tu chimenea cargué con leña vieja/Y mientras la luna crecía y menguaba/ viví en paz con los animales, la primavera y el árbol..."

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7 julio 2018 6 07 /07 /julio /2018 08:12

En "La alta ruta", el suizo Maurice Chappaz (Lausana 1916, fallecido en 2009), nos habla de una ruta alpina mítica, la que conecta Chamonix con Zermatt, una durísima prueba que circula por glaciares y cumbres inhóspitas: es una narración deportiva muy personal y al mismo tiempo descriptiva (y a veces lírica) en cuanto a la interrelación del hombre con un entorno montañero bellísimo y hostil. Redactada en un estilo de frases cortas, algo surrealistas entreverado con largas descripciones del lugar o del propio narrador y sus sensaciones (el subjetivismo narrativo de Chappaz es, en algún momento, abrumador).

Son experiencias de un montañero-esquiador experimentado, ese tipo de persona, hombre o mujer que encuentra tal cúmulo de gratificaciones en la alta montaña que el asombroso y permanente activo de cansancio, frío, ansiedad, miedo, soledad, peligro, desastres potenciales ya sean naturales o inducidos, no logra enturbiar la serena y exultante sensación de vivir la experiencia, al precio que se deba pagar.

Chappaz nos lo cuenta de una forma tan apasionante que uno, que es montañero aunque más modesto,  siente vibrar todas las cuerdas sensibles de su amor por las cumbres y su mirada detallista, a veces con un exceso lírico, logra reverberar en nuestro espíritu que ya conoce momentos parecidos, aunque seguramente no lo expresaría de ese modo. A menudo es proclive a las frases cortas, cargadas de significados pero un poco complejas. Me pierdo un poco en las sensaciones del esquiador Chappaz (yo soy caminante y sólo he probado las raquetas) pero en el fondo vienen a ser las mismas emociones: "Un bosque se seca al sol; la tempestad lo zarandeó hace dos días; lo mojado del humus, de las cortezas, el santo sudario húmedo de los troncos negros se disipa. La tibieza me amordaza...¡pero el olor de savia del bosque es más carnal que el de las fogatas de leña...los perfumes se empañan, se impregnan de las huellas de los animales, pájaros, corzos, urogallos, liebres...el animal, lo invisible reemplaza al dios" (pág.145)".

Y antes escribe: " A través del solemne y bellísimo vacío de los glaciares, un universo lunar nevado, atravesado por la solead del esquiador o el alpinistas que tan bien conoce el vértigo y la embriaguez del esfuerzo". Había oído hablar de este libro a mis amigos de montaña. Se publicó en los 70  y pasó más o menos inadvertido para el gran público (no para el mundo de montaña)  y en los 90 en una editorial parisina que le dio el empujón definitivo. Aquí lo publica Impedimenta en 2017. Sabía que el autor, Chappaz, hizo aquél recorrido y escribió el libro a modo de auto terapia tras la guerra (que le había convertido en una especie de vagabundo de todas las cimas alcanzables en cualquier continente). Un personaje mítico entre los que aman las cumbres, pues no está considerado de la elite alpinista, ni busca ningún tipo de reconocimiento en ese campo. Es...Chappaz.

 

 

FICHA

 

LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad. Rafael José Díaz.- 158 págs. Ed. Periférica.-ISBN 9788316291588

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5 julio 2018 4 05 /07 /julio /2018 08:52

Deliciosa e intensa novela iniciática, una "bildungroman" llena de pasión en la que se verán ilustrados y por supuesto concernidos todos aquellos que aman las montañas, los paseos por el bosque de sus altas laderas, el agotador pero gratificante asalto a la cumbre, la calma sobrehumana de sus roquedales, el silencio del pico asaltado de nubes, los tortuosos senderos, las "grimpadas" con el alma en vilo, el corzo o el rebeco apenas entrevisto, la suicida bajada súbita de la cabra salvaje por una pared vertical...todo ese mundo fascinante y que debe ser respetado tanto como amado, pues es un paraíso ambivalente que puede mostrar su cara infernal en el momento menos esperado.

Paolo Cognetti escribe la historia de Pietro, un chico de ciudad, que descubre la montaña gracias a la apasionada afición de sus padres hacia la naturaleza y en particular las montañas y los bosques. En los ascensos sigue a su padre montañero fanático y compensatorio de una vida de oficina que odiaba. Como nos cuenta Pietro-Paolo,  su padre tenía "reglas escuetas y claras: la primera adoptar un ritmo y mantenerlo sin detenerse; la segunda, no hablar; la tercera, ante un cruce, elegir siempre el camino que asciende". El niño conocerá a Bruno, hijo de un albañil de la zona donde veranea, tienen once años los dos y este será el contrapunto natural de la pasión paterna, algo dura y desmedida. La mezcla de ambos creará en Paolo-Pietro el enorme amor a las montañas y el mundo rural junto a las gentes que lo recorren y habitan. Se convierte en un canto a la amistad como vínculo sagrado, fortalecido por la propia montaña.  Como dice en "El  muchacho silvestre", un libro anterior que es casi el ensayo previo, el cuaderno de notas de "Las ocho montañas": "En torno no había más que bosque, los prados y aquellos restos abandonados; en el horizonte, las montañas que cierran el Valle de Aosta al sur, hacia el Gran Paradiso; y luego una fuente excavada en un tronco, los restos de un murete en piedra seca, un torrente borboteaba. Aquello iba a ser mi mundo..." Ese lenguaje austero y poético a menudo se vuelve directo y práctico: "encontraba una virtud elástica en las rocas, que no absorbían el paso como la tierra o la hierba, sino que devolvían a las piernas su propia fuerza, brindaban al cuerpo el impulso para continuar".

Por esta novela  -no es autobiográfica, dice el autor- Cognetti ha sido galardonado con el Premio Strega 2017 y al mismo tiempo la versión de lectores jóvenes del mismo premio coincidencia muy significativa por lo que tiene este libro de novela iniciática. Un replanteamiento de la propia vida que no es complaciente ni idílica con la vida en la montaña, sino realista y al mismo tiempo de una conciencia ecológica cada vez más atenta y combativa: "En Nepal van a la montaña sagrada y dan vueltas, no suben. Ellos prefieren abrazarla" y no están contagiados por la obsesión de conquistar cumbres (algo que Pietro rechaza de su padre). Como dijo con humor en alguna parte: "Para la Naturaleza sería una fiesta si se extinguiera el hombre".

¿Qué montañero no ha sentido una o varias veces sensaciones como ésta, que describe nuestro autor en la pág. 137: "Cuando subía me gustaba parar un minuto en la orilla del lago...el sol que iluminaba las cumbres del Grenon, aún no había llegado a la cuenca y el lago conservaba algo nocturno, como un cielo que todavía no ha oscurecido pero tampoco aclarado. No recordaba bien porqué me había alejado de la montaña, ni qué había amado cuando había dejado de amarla a ella, pero tenía la sensación, cuando cada mañana emprendía su ascenso, de que nos estábamos reconciliando". O cuando el protagonista sube al Himalaya para hacer un reportaje y ante la extrañeza del medio ambiente tan distinto del de los Alpes,  piensa: "Y sin embargo me sentía en casa. También aquí, me dije, donde acaba el bosque y no hay sino praderas y pedregales, estoy encasa. Es la cota a la que pertenezco y en la que me encuentro bien." (Pág.177).

Pues bien este libro pertenece a la cota en la que muchos nos sentimos bien. Por eso lo recomiendo.

FICHA

LAS OCHO MONTAÑAS.- Paolo Cognetti.- TRad, de César Palma. Literatura Random House.- 239 págs. 17,90 euros. ISBN 9788439734123

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3 julio 2018 2 03 /07 /julio /2018 08:17

El fundamento conceptual del magnífico libro del ensayista, poeta y músico Ramón Andrés (Pamplona, 1955) está sucintamente expuesto en una frase del sugerente y sugestivo trabajo introductorio del autor en su antología de místicos, principalmente españoles de los siglos XVI y XVII: "una veta profunda sostiene la espiritualidad de la mayor parte de las culturas...una analogía de creencias aunque expresadas de forma distinta...las "mentes espirituales apoyadas en algún sistema, sea platónico, cristiano o hindú, difieren sólo por puro accidente histórico...y se transforman y mudan para, de nuevo, aparecer bajo una nueva forma y propuesta en las corrientes filosóficas y religiosas contemporáneas" (pág. 59).

Quizá este trabajo de Ramón Andrés que él titula muy poéticamente "de los modos de decir en silencio" sea, a la postre, para el lector de hoy lo más significativo y jugoso de este libro, "No sufrir compañía" (título lleno de ecos poéticos, por cierto, la segunda  de "Las condiciones del pájaro solitario" referido por San Juan de la Cruz). Este estudio por sí solo da cumplida cuenta a lector de lo que le ofrece la subsiguiente antología de textos, veinte autores egregios con fragmentos ilustrativos de sus obras donde se destaca la necesidad y auxilio que el silencio constituye para el trabajo del espíritu. De tal forma que el lector lee de buen grado y fascinado la prosa precisa y a menudo poética del autor de un solo tirón y guarda para lecturas sucesivas, más pacientes y con ánimo placentero las de Juan de Valdés (que también escribiría el soberbio "Diálogo de la lengua"), Francisco de Osuna, Luis de Granada, Teresa de Jesús, Luis de León, Juan de la Cruz o Miguel de Molinos, entre otros.

Uno se siente muy cercano a ese silencio que reclama el autor para sí mismo, para "pensar desde un orden", aunque "haya perdido prestigio y presencia en la modernidad...ya que no es productivo, ni cuantificable". Cita a Kierkegaard cuando hace del sonido terapia para rodos los males del mundo y propone en lugar del budismo zen o el mindfulness, lanzarse al prado sereno y fructífero de la mística española. Es curiosa esa pasión de silencio en un músico e historiador de la música. Y deja ver su vena mística cuando nos dice que "la no presencia del lenguaje deja la identidad en vilo" y es el silencio "un mirador que permite captar toda la amplitud de nuestro límite y sin embargo no padecerlo como línea última".

El desapego, la atención plena, la absorción por el silencio y la contemplación, la meditación, el ejercicio libre de una inteligencia enriquecida por los baños de silencio, la austeridad y el aislamiento (que ya preconizaban los estoicos, escépticos, cínicos y epicúreos griegos)  todo lo que nos proponen los místicos y que ahora Ramón Andrés, supongo que desde su propia práctica (espiritual, no religiosa), nos compila con el regalo de su hermoso y añorado castellano clásico.

Hay insospechados ecos de Wittgenstein y Heidegger en la inteligente, poética y provocativa presentación que el autor hace de su compilación de textos, pero creo que sería un error leer el libro en clave filosófica o lógico racionalista. Aquí se habla de la otra cara del alma, la parte oculta, el lugar donde florece la poesía y la mística y la imposibilidad de la lógica, nuestra lógica.

Un guiño al lector, empiece la lectura con un repaso a las definiciones de silencio de ciertos ilustres pensadores (págs. 16 y 17), medítelas un rato las que considere más cercanas a sí mismo, y luego vaya al principio del libro y disfrútelo.

FICHA

NO SUFRIR COMPAÑÍA.- Ramón Andrés.- Ed. Acantilado. ISBN 9788492649426.

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30 junio 2018 6 30 /06 /junio /2018 08:30

El agua fue nuestro tema de reflexión y alarma en anteriores artículos de este blog. Analicé tres libros que enfocaban la cuestión esencial para la supervivencia de cambiar nuestras actitudes y percepciones hacia el agua como elemento vital que la naturaleza nos proporciona generosamente y que estamos dilapidando de una forma vergonzante y suicida. En esta ocasión he reunido tres títulos dispares, entre narrativa y ensayo autobiográfico, en los que el motivo básico es la montaña. Otro legado que, dada nuestra forma de entender el desarrollo y el progreso, el deporte y el ocio, el consumismo y la falta de respeto e ignorancia, corre un evidente peligro. Y que, como en el caso del agua, su mala gestión y los intereses económicos invasivos están causando daños irreparables a  nuestro entorno ecológico.

La falta de conciencia que existe sobre el hecho, científicamente demostrado, de la interrelación entre todos los seres vivientes, animales y vegetales, nos hace cosificar y usar con criterios utilitaristas a animales, árboles, lagos, ríos y montañas, manipulando los entornos y creando con ánimo especulativo desequilibrios ecológicos (cuyos efectos perniciosos ya comienzan a ser noticia de cada día y aún así no somos globalmente conscientes del mal que hacemos). Somos parte de ese entorno, no sus propietarios, aunque nos comportamos como  inicuos explotadores inconscientes del delicado equilibrio natural que rompemos de acuerdo con nuestra desmesurada avidez.

Tres hombres han escrito sendos libros sobre la montaña: no desde un punto de vista deportivo, competitivo o no (las fotos y películas de larguísimas y sinuosas colas de alpinistas de todo el mundo tratando de subir al Everest con agencias de "todo pagado", han herido la sensibilidad de miles de montañeros que aman y respetan la soledad y el silencio de las altas cumbres) sino desde el corazón, la experiencia íntima, el dolor y el sufrimiento y ese amor y respeto que es el sello distintivo en el que nos reconocemos unos y otros y que llega directo a nuestros corazones. El italiano Paolo Cognetti, autor de "Las ocho montañas" (Random House), el suizo Maurice Chappaz con "La alta ruta" (Periférica) y el austríaco Robert Seethaler con "Toda una vida" (Salamandra), son los tres escritores que convocamos para leer sus historias y vivencias. Todas regidas por un elemento común: la montaña, su belleza, sus exigencias, sus peligros y su poderoso atractivo, características todas en peligro de deterioro progresivo.

Paolo Cognetti escribe la historia de Pietro, un chico de ciudad, que descubre la montaña gracias a la apasionada afición de sus padres hacia la naturaleza y en particular las montañas y los bosques. En los ascensos sigue a su padre montañero fanático y compensatorio de una vida de oficina que odiaba. Como nos cuenta Pietro-Paolo,  su padre tenía "reglas escuetas y claras: la primera adoptar un ritmo y mantenerlo sin detenerse; la segunda, no hablar; la tercera, ante un cruce, elegir siempre el camino que asciende". El niño conocerá a Bruno, hijo de un albañil de la zona donde veranea, tienen once años los dos y este será el contrapunto natural de la pasión paterna, algo dura y desmedida. La mezcla de ambos creará en Paolo-Pietro el enorme amor a las montañas y el mundo rural junto a las gentes que lo recorren y habitan. Se convierte en un canto a la amistad como vínculo sagrado, fortalecido por la propia montaña.  Como dice en "El  muchacho silvestre", un libro anterior que es casi el ensayo previo, el cuaderno de notas de "Las ocho montañas": "En torno no había más que bosque, los prados y aquellos restos abandonados; en el horizonte, las montañas que cierran el Valle de Aosta al sur, hacia el Gran Paradiso; y luego una fuente excavada en un tronco, los restos de un murete en piedra seca, un torrente borboteaba. Aquello iba a ser mi mundo..." Ese lenguaje austero y poético a menudo se vuelve directo y práctico: "encontraba una virtud elástica en las rocas, que no absorbían el paso como la tierra o la hierba, sino que devolvían a las piernas su propia fuerza, brindaban al cuerpo el impulso para continuar".

Por esta novela  -no es autobiográfica, dice el autor- Cognetti ha sido galardonado con el Premio Strega 2017 y al mismo tiempo la versión de lectores jóvenes del mismo premio coincidencia muy significativa por lo que tiene este libro de novela iniciática. Un replanteamiento de la propia vida que no es complaciente ni idílica con la vida en la montaña, sino realista y al mismo tiempo de una conciencia ecológica cada vez más atenta y combativa: "En Nepal van a la montaña sagrada y dan vueltas, no suben. Ellos prefieren abrazarla" y no están contagiados por la obsesión de conquistar cumbres (algo que Pietro rechaza de su padre). Como dijo con humor en alguna parte: "Para la Naturaleza sería una fiesta si se extinguiera el hombre".

Más cerca de la mística montañera está "Toda una vida" de Robert Setthaler en la que se nos narra la existencia azarosa e intensa de Andreas Egger, un chiquillo de cuatro años abandonado por su madre y recogido por su brutal tío en una aldea perdida de los Alpes a principios del pasado siglo. El progreso llega a las montañas con sus ambivalentes cambios y el niño se hace hombre a base de rudo estoicismo, fuerza física y capacidad de sacrificio y de trabajo. Pero hay algo que no cambia pese a ese progreso (simbolizado por la construcción de teleféricos para deportistas en los valles y la violación técnica y humana de la montañas vírgenes): su relación casi simbiótica con los montes.. Allí Andreas encuentra el amor y allí lo pierde tras un alud (descrito de una forma excelente ,pág.64) y se va convirtiendo en un anciano fuerte y solitario que se arroba con las puestas de sol y la estoica maravilla de la leche recién ordeñada y los productos de la tierra. Novela de una belleza desgarradora que se afirma en los sentimientos y los defectos humanos con una serena comprensión. Como muestra vean el  sereno balance que Andreas hace  de su vida: "Que él supiera no cargaba con ninguna culpa digna de mención y nunca había caído en las tentaciones del mundo: las borracheras, la prostitución o la gula. Había construido una casa, había dormido en infinidad de camas, establos, rampas de carga y unas cuantas noches incluso en una caja de madera. Había amado. Y se había hecho una idea de hasta dónde podía llevar el amor...nunca se había visto en el apuro de creer en Dios y la muerte no le daba miedo...podía mirar atrás sin lamentos, con una media sonrisa y un gran asombro" (pág.133).

En "La alta ruta", el suizo Maurice Chappaz (Lausana 1916, fallecido en 2009), nos habla de una ruta alpina mítica, la que conecta Chamonix con Zermatt, una durísima prueba que circula por glaciares y cumbres inhóspitas: es la más deportiva de las tres novelas que recomiendo y al mismo tiempo la más descriptiva en términos de interrelación del hombre con un entorno bellísimo y hostil. Es la novela del montañero-esquiador experimentado, ese tipo de persona, hombre o mujer que encuentra tal cúmulo de gratificaciones en la alta montaña que el asombroso y permanente activo de cansancio, frío, ansiedad, miedo, soledad, peligro, desastres potenciales ya sean naturales o inducidos, no logra enturbiar la serena y exultante sensación de vivir la experiencia, al precio que se deba pagar.  Y Chappaz nos lo cuenta de una forma tan apasionante que uno, que es montañero aunque más modesto,  siente vibrar todas las cuerdas sensibles de su amor por las cumbres y su mirada llena de poesía logra reverberar en nuestro espíritu que ya conoce momentos parecidos. A menudo el lirismo le hace proclive a las frases cortas, cargadas de significados pero un poco complejas. Me pierdo un poco en las sensaciones del esquiador Chappaz (yo soy caminante y sólo he probado las raquetas) pero en el fondo vienen a ser las mismas emociones: "Un bosque se seca al sol; la tempestad lo zarandeó hace dos días; lo mojado del humus, de las cortezas, el santo sudario húmedo de los troncos negros se disipa. La tibieza me amordaza...¡pero el olor de savia del bosque es más carnal que el de las fogatas de leña...los perfumes se empañan, se impregnan de las huellas de los animales, pájaros, corzos, urogallos, liebres...el animal, lo invisible reemplaza al dios" (pág.145)".

¡¡¡¡Por todos los dioses habidos y por haber, salvemos a las montañas de nuestros excesos prepotentes!!!!

FICHAS

LAS OCHO MONTAÑAS.- Paolo Cognetti.-Trad. César Palma.- Literatura Random House.- 17,90 euros.- 239 págs. ISBN 9788439734123

TODA UNA VIDA.- Robert Seethaler.- Trad.Ana Guelbenzu.-139 págs.- Ed. Salamandra.-ISBN 9788498388152

LA ALTA RUTA.- Maurice Chappaz.- Trad. Rafael José Díaz.- 158 págs. Ed. Periférica.-ISBN 9788316291588

 

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28 junio 2018 4 28 /06 /junio /2018 09:10

Hace unos días hablábamos en este blog de un excelente libro, "La Viena de Wittgenstein" en el que se dilucidaba la importancia del "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una época y un lugar determinados) de la Viena finisecular de los Hausburgos. De pasada citamos a Zweig que conoció, disfrutó y comenzó su brillante carrera en la sociedad vienesa en aquellos años, aunque su éxito se disparó en la Europa de entreguerras.

"El mundo de ayer", subtitulada "Memorias de un europeo", más que una obra autobiográfica como se estima generalmente, son unas memorias, bastante discretas en el plano privado y sentimental del autor, en las que Zweig se explaya en el recuerdo de un mundo perdido y de sus valores y principios, el de la alta burguesía judía vienesa en los años anteriores a la I guerra mundial y después en el pequeño y engañoso respiro entreguerras. Nuestro autor escribe un extraordinario documento nostálgico y luego doloroso y crítico, sobre los cambios del mundo y concretamente de Europa  en la primera mitad del siglo XX. Aterrorizado por las victorias depredadoras de los nazis en Alemania y de los fascistas en Italia y España, y por el fin de una manera de entender la cultura y un estilo de vida basado en la confianza, la cultura y el "safety first",  se suicidó poco después de escribir este libro en sus últimos años de exilio (1939-1941), el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis (Brasil) y  fue publicado póstumamente por una editorial sueca.

El libro acaba con una frase premonitoria: "El sol brillaba con plenitud y fuerza...mientras regresaba a casa, de pronto observé mi sombra ante mí, del mismo modo que veía la sombra de la otra guerra detrás de la actual. Durante todo este tiempo, aquella sombra ya no se ha apartado de mí: se cernía sobre mis pensamientos noche y día; quizá su oscuro contorno se proyecta también sobre muchas páginas de este libro". Esa sombra hace de la lectura del libro un estremecedor y patético documento de un hombre derribado junto a todo lo que valoraba, pero al mismo tiempo una profunda reflexión sobre la necesidad de superar los nacionalismos ("la peor de todas las pestes: envenena la flor de nuestra cultura europea"), de integrar las diferencias, de unirse bajo una bandera de paz, cultura, concordia y colaboración: "un mundo ordenado, con estratos bien definidos y transiciones serenas, un mundo sin odio", semejante al mundo de su juventud que creía que "el progreso técnico debía ir seguido necesariamente de un progreso moral igual de veloz!".

En cambio Zweig gime por su generación y se pregunta "¿qué no hemos visto, no hemos sufrido, no hemos vivido? Hemos recorrido de cabo a rabo el catálogo de todas las calamidades imaginables (y eso que aún no hemos llegado a la última página)" Y con terrible sencillez dice "He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre...por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y el exilio...". Y termina con “Si los perseguidos y expulsados hemos tenido que aprender un arte nuevo, desconocido, ha sido el de saberse despedir de todo aquello que en otros tiempos había sido nuestro orgullo y nuestro amor”.

La llegada  de Hitler al poder le convirtió de ser el escritor más conocido y venerado en su país y en toda Europa, en un autor prohibido, vilipendiado y quemados sus libros en las hogueras nazis. Sus libros desaparecieron de las bibliotecas y era un delito venderlos en cualquier librería. El exilio se impuso como una cuestión de supervivencia, pero el odio nazi parecía perseguirle por donde fuera: Londres, Argentina y luego Brasil. En el prefacio del libro Zweig se queja de no tener ninguno de sus libros o documentos a su disposición para escribir "El mundo de ayer". Debía fiarlo todo a su memoria. "Tres veces me han arrebatado la casa y la existencia, me han separado de mi vida anterior y de mi pasado, me han arrojado al vacío, en ese no sé adónde ir, que ya me resulta tan familiar".  Y todo eso por ser judío, además de escritor, austríaco, humanista, pacifista y europeísta.

Después de acabar la II Guerra mundial, Zweig fue relegado al desván de los escritores "decimonónicos", apartado por los nuevos valores y la nueva manera de entender la narrativa (Joyce, Faulkner, Mann, Hemingway). Sin embargo la enorme lucidez, la honestidad y la claridad, la sencillez y la fuerza y precisión, el ritmo ágil e intenso de la prosa de Zweig comenzaron de nuevo a valorarse a finales del pasado siglo para volver a primera fila en este que vivimos, con total merecimiento (como ocurrió con escritores semejantes a Zweig, Sándor Marai por ejemplo).

Este libro que hoy les recomiendo fue publicado por la misma editorial, Acantilado, en 2002 (junto con el resto de su obra en ediciones sucesivas) y el volumen en el que trabajo es la vigesimotercera reimpresión con fecha de noviembre de 2017.  

No dejen de leerlo. Es una fuente de placer ver una inteligencia tan despierta recorriendo el mundo que fue y meditando sobre el mundo que debería ser mientras sufre el mundo que es. Algunas de sus observaciones son sugerentes y originales, como cuando trata de demostrar que el verdadero objetivo de los judíos europeos no era enriquecerse, sino “ascender al mundo del espíritu”. Lo cual se demuestra con que los hijos de familias judías más adineradas rechazaban hacerse cargo de los bancos, fábricas y negocios de sus padres, pues deseaban dedicarse a la poesía, el arte, la música o la filosofía. “No se debe a una casualidad el que un lord Rothschild llegara a ser ornitólogo, un Warburg, historiador del arte, un Cassirer, filósofo, y un Sassoon, poeta", y añadiríamos a Wittgenstein a la lista. Su canto de amor y admiración a la Viena que él conoció y vivió es asombroso: “Era magnífico vivir allí, en esa ciudad que acogía todo lo extranjero con hospitalidad y se le entregaba de buen grado; era lo más natural disfrutar de la vida en su aire ligero y, como París, impregnado de alegría”. Y la burguesía judía era el principal sustento del arte, el teatro, los libros, la cultura en general. No es sorprendente que en el siglo XX surgieran figuras como Gustav Mahler, Schönberg, Hofmannsthal, Schnitzler, Max Reinhardt y Sigmund Freud, y Ludwig Wittgenstein todos judíos.

Estudios (no muy apreciados por Zweig) desde la escuela a la Universidad, viajes (París, de la mano de Rilke)” y luego toda Europa, primeros libros con un éxito moderado, una colección de manuscritos autógrafos de grandes escritores y compositores, amistades con figuras como Romain Rolland...y la primera guerra que apagará su idealismo romántico y aumentará su fervor pacifista... precariedad en la postguerra pero después, inusitadamente, el éxito. Pero un éxito enorme, de proporciones colosales. Después vendría Hitler...y el fin.

FICHA

EL MUNDO DE AYER.- Memorias de un europeo.- Stefan Zweig.- Trad. J. Fontcuberta y A. Orzeszek.-Ed Acantilado.546 págs. ISBN 9788495359490

 

 


 

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26 junio 2018 2 26 /06 /junio /2018 09:18

Sesenta y dos años tenía uno de los más significados (y difíciles) filósofos nacidos a caballo entre los siglos XIX y XX, el austríaco Ludwig Wittgenstein, cuando murió en Cambridge debido a una gripe mal tratada. Su originalidad corre pareja con su influencia en la marcha de la filosofía, la ciencia y la lingüística hasta hoy en día donde sus proposiciones y hallazgos (y dudas y problemas planteados, pero no resueltos) aún forman parte del bagaje cultural dinámico de nuestra época. Su obra capital, el "Tractatus lógico-Philosophicus"  es una de las claves básicas para entender la situación actual de la relación entre la filosofía y la ciencia, dentro del pensamiento racionalista-lógico que forma parte del paradigma del pensamiento vigente.

La formación de W. es científica (ingeniería y arquitectura) y volcada en la epistemología y la linguística (bajo la dirección de Bertrand Russell en Cambridge). Pero justamente lo que interesa al lector de este libro es el "zeitgeist" (ambiente sociocultural propio de una determinada época y en un lugar determinado) vienés que formó y fundamentó no solo la obra de W. sino su propia existencia (con los saltos habidos entre el "Tractatus" y sus dos obras posteriores "Investigaciones filosóficas" y "Notas sobre el fundamento de la matemática" (publicadas póstumamente en 1953 y 1956). El primero marca el "sello" de W. con la fuerza de una frase de Sócrates o un argumento de Descartes o Kant:  “El libro – escribe en el prefacio – trata de problemas filosóficos y muestra, según creo, que la formulación de los mismos se funda en la mala comprensión de la lógica de nuestro lenguaje. Todo el sentido del libro podría resumirse en las siguientes palabras: todo cuanto puede decirse se puede decir con claridad; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio”.

El largo camino del libro es esclarecedor y tiene un doble misión: por un lado nos muestran autores y movimientos, ideas y actitudes filosóficas o psicológicas que de alguna forma nos ayudan a comprender lo que Wittgenstein nos trataba de mostrar ya que le inspiraban y al mismo tiempo ello nos permite que sepamos cómo la música, la pintura y el pensamiento de la Viena de aquellos tiempos se enriquecía con las aportaciones de W. O como nos dicen los autores en el libro: “Los productos culturales del ambiente kakanio tenían en común ciertos aspectos característicos que hablan y pueden arrojar luz sobre el contexto social, político y ético de su producción” . El propio W. afirma en "Cultura y valor" "no haber tenido una idea original y haber desarrollado su filosofía a través de hombres (del Circulo vienés y aledaños) como Loos, Kraus, Weininger, Boltzman, Hertz, Schopenhauer, Spengler, Gottlob Frege, Rusell, Piero Srakka", aunque W. deja fuera del tintero a Nietzche (que como bien escribe Isidoro Reguera, "el ánimo nietzscheano que más cerca o al menos tanto como el de esos diez grandes pensadores de los que hablan los autores de este libro.

En lo estructural, el libro, dividido en nueve partes (junto a un prólogo de Carla Carmona, la excelente introducción del especialista en W. Isidoro Reguera, una nota de Allan Janik, la bibliografía y el índice onomástico) hacen de este libro una joya para entender no sólo las interacciones entre el W. filósofo y su obra con el temperamento y las actitudes y comportamientos del W. persona, sino la influencia de la sociedad y la política de ese momento histórico: La descomposición del imperio austro-húngaro, radicalizado brutalmente por la Primera Guerra Mundial. Y el papel que las ideas científicas, filosóficas y artísticas, de las actitudes éticas tendrían en el fin de una manera de entender la vida y la sociedad para dejar campo libre al caos tenebroso del siglo  XX.

En el prodigioso caldo de cultivo de las ideas que fluían por aquella sociedad se sumerge ese individuo  inteligente y refinado para producir su obra: en el fin de siglo vienés nacieron gran parte de los movimientos culturales e intelectuales que han conformado la historia de Europa del siglo XX.  Desde Karl Kraus: " el laboratorio de investigación para la destrucción del mundo", al sionismo/nazismo, Freud y su Psicoanálisis, Schönberg y la música atonal... todo bullendo en un estado de orden policial, la Viena de los Habsburgo, donde todos los ciudadanos eran iguales, pero no todos eran ciudadanos, bajo una censura rígida y operativa que imponía el principio: o eres del los mío o eres un enemigo a exterminar. Una sociedad `patriarcal, burguesa, estrictamente organizada en el sistema de clases, con un general  rechazo a toda conducta  o idea que se saliera lo más mínimo de las severas reglas de educación y conducta severamente reprimida. Y, naturalmente, esto se aplicaba a las relaciones sociales, pero sobre todo, de una forma hipócrita y mezquina, al sexo. Como escribió Stefan Zweig, "Viena era una sociedad enteramente preocupada por el sexo, pero nunca se hablaba o discutía sobre esa actividad tabú y pecaminosa, lo que generaba todo tipo de aberraciones cuidadosamente ocultas".
En ese ambiente surgen y triunfan ideas, tendencias y escuelas filosóficas y artísticas lanzadas al rechazo de lo escondido y vergonzante: el neo empirismo de Ernst Mach, el análisis de la representación por Kant y Schopenhauer, las alternativas éticas de Kierkergaard, la filosofía rompedora de Nietzche y las novelas revolucionarias de Tolstoi o Musil. Los filósofos llegan a la conclusión de que todos los problemas filosóficos son problemas relativos al lenguaje, auténtico supuesto creador de la realidad a través de las palabras...el terreno estaba propicio para W. Karl Kraus publica "Sexo y carácter" que constituye un símbolo de las tensiones intelectuales y morales del fin de siglo en que creció Wittgenstein.

En suma, un libro apasionante que fascinará por igual a lectores de historia como a los de filosofía. Y será una fuente de información (y gratificación) para el lector que pretende ampliar su visión de la cultura de este siglo.

 

FICHA

LA VIENA DE WITTGENSTEIN.- Allan Janik y Stephen Toulmin.- Ed. Athenaica. Trad. I.Gómez de Liaño.-Introd. Isidoro Reguera. 400 págs. ISBN 9788416230952

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