Overblog
Seguir este blog Administration + Create my blog
25 septiembre 2019 3 25 /09 /septiembre /2019 09:06

 

Anthony Burgess, fue uno  de los autores británicos más sobrados de imaginación lingüística, a la altura de la pericia de Joyce, Carroll o Tolkien, pero no a la desmesura creativa de esos autores o, en el caso del primero, de su descomunal ego. Sin embargo, como los otros, debería ser galardonado con un Nobel de literatura póstumo, que debería distinguir a los grandes del pasado, sin coste para la ilustre Academia sueca y para satisfacción de cuantos deploran a menudo el oportunismo miope de los encargados de dar el galardón. Ya que son muchos los que están pero muchos más los que deberían estar y con más merecimientos que una gran parte de los galardonados.

Lejos de la tensa dinámica distópica de "La naranja mecánica", donde se inventa un neolenguaje y "En busca del fuego" donde pura y simplemente se inventa un lenguaje prehistórico, y más acorde con la faceta musical de este novelista fallecido en 1993 con 76 años que dedicó varias novelas y ensayos a su pasión por la música, este pequeño relato que casi no rebasa las 100 páginas de cuarto de folio, "Asesinato en el concierto" es un juguete literario que involucra, con bastante humor, ironía y eficacia, al mismísimo Sherlock Holmes y a su fiel Watson.

Para ello, el habilísimo Burgess recoge los flecos argumentales de uno de los más conocidos episodios de las aventuras del detective: "La liga de los pelirrojos". En ese relato Sherlock (es decir su autor, un desabrido con su personaje, sir Arthur Conan Doyle) nos habla de la asistencia de Holmes y Watson a un concierto del violinista español Pablo Sarasate en el St.James Hall de Londres. De paso se nos recuerda (el dato consta desde "Estudio en escarlata" la primera obra de Doyle sobre S.H.) que Holmes es un virtuoso del violín que además según Watson "escribía composiciones de verdadero mérito".

En el librito, bilingüe, que comentamos, el juguetón estilo literario de Burgess no se limita a hablar de Sarasate, sino que aprovechando la visita de un joven Alfonso XIII a Londres y su asistencia al concierto, saca a colación a  unos terroristas nacionalistas catalanes (tal como les digo) que pretenden acabar con el símbolo vivo de la realeza española. Y no les cuento más. No sólo los aficionados a Sherlock lo pasaran bien (el pastiche es de los mejor logrados entre los cientos existentes debre S.H.), sino los que no lo conozcan serán contagiados, sin duda, por el sabroso mundillo literario del viejo y despechado autor escocés.

FICHA

ASESINATO EN EL CONCIERTO.-"MURDER TO MUSIC".- Anthony Burgess.- Tra, Adela Queilez.- Ed. Ken. Edición bilingüe e ilustrada.114 págs. ISBN 9788494798443

 

Compartir este post
Repost0
18 septiembre 2019 3 18 /09 /septiembre /2019 18:39
Desde luego en nuestro mundo cultural de "provincias" (cariñoso distingo que hago para desmarcarlo de las trepidantes y desconcertantes Madrid o Barcelona) uno se lleva sorpresas muy agradables. Es el caso del navarro Joaquín Ciáurriz, al parecer uno de esos obsesos literarios que enriquecen la literatura de un país. Dirige la colección "Baroja (&Yo)" destinada como indica su nombre a todos los barojianos que en el orbe castellano son o se esmeran en serlo. Ya han aparecido seis títulos en los que gente de pluma de variada condición desmigan, para placer del lector motivado por Baroja, sus propias experiencias y vivencias provocadas por sus particulares lecturas del escritor vasco. "La boina del viajero", el libro que comento, es la aportación barojiana del profesor turolense Antonio Castellote, conocido precisamente por su afición a dicho escritor, que parece extender su influencia al estilo y la temática de don Pío, del que dice: " Baroja es un compañero de viaje al que en algunas épocas he estado muy unido y en otra hemos ido cada cual por nuestro lado, como suele suceder con los amigos de toda la vida" .
Castellote nos cuenta su vida, surcada y conducida por su afición barojiana desde "Las inquietudes de Shanti Andía", el año 1975, con diez años de edad a esas lecturas propiciadas por eventuales períodos forzados de cama (" Todos tenemos una novela enmarcada en un catarro") caso de la trilogía barojiana de "Las ciudades" en la nostálgica edición de Alianza que yo también disfruté, aunque sin catarro. Luego a comienzos de los 90 en plena "movida", Castellote va a Madrid  y se abisma en el mundo de Baroja, desde los jardines del Buen Retiro a las tabernas de Lavapiés, "lo mío no era un sueño de la modernidad sino un reencuentro con los mitos de la infancia. Era más feliz en la Cuesta de Moyano, entre libreros de viejo, que en los grandes almacenes de la Casa del Libro".
Cuando nuestro hombre vuelve a su Teruel como profesor ya se busca un Itzea (el caserío patrimonial de don Pío) en un pueblo de la zona y se cala la boina paradigmática del barojanismo, "un poco echada hacia atrás" y se convierte en "una prenda de andar por casa". Y cuenta "Había entrado en el tiempo barojiano, un mundo alejado del presente pero no referido a un pasado concreto".
Castellote acaba nostágico su delicioso librito confesando : "Ellos (las obras de Baroja) en rodo caso me protegen de la estupidez, me ayudan  a entender este mundo de cantamañanas en el que vivimos, a desconfiar de los mesías, de la literatura fácil y los oropeles gratuitos, a mantener viva la ternura como forma de conocimiento, pero también el juicio seco y el miedo al catarro." Y no queda más que suscribir su frase final "Baroja se expande como una forma de ser persona, de traducir la realidad a la imaginación".-
FICHA
LA BOINA DEL VIAJERO.- Antonio Castellote, Ipso Ediciones, «Baroja&Yo», 96 páginas.ISBN 9788494772931
Compartir este post
Repost0
15 septiembre 2019 7 15 /09 /septiembre /2019 16:07

En el quinto y último libro de la voluminosa autobiografía de Leonard Woolf (el preferido de los editores españoles y único publicado en este país, pues contiene el luctuoso suceso de la muerte de su esposa, Virginia, la escritora genial que se suicidó el 28 de marzo de 1940 ahogándose en el río Ouse) el excelente memorialista, ensayista, político y editor, habla de su larga  vida en el último año de su existencia. Es un lúcido y dinámico anciano de 89 años y hace un repaso valiente e irónico sobre los males y los beneficios de la vejez. Y dice: "Creo haber disfrutado mucho con muchas cosas a lo largo de mi vida...". Y tras enumerar una lista epicúrea y sensata, añade: "Uno de los placeres que toda mi vida me ha parecido más fiable y al que no ha afectado el vampirismo de la senilidad es el placer de escribir" Y acaba: "Me gusta sentir en el cerebro el proceso de la composición, sentir como funciona la mente, como los pensamientos  se organizan en palabras y van apareciendo sobre el papel en blanco".

Cualquiera de las personas que me lea y sea un "lletraferit", palabra maravillosa en ese idioma elegante y poético que es el catalán (soy andaluz y he trabajado durante 40 años en labores de letras en Cataluña sin ningún problema y con muchas satisfacciones y respeto), es decir un individuo "herido" por la literatura en todas sus formas, las letras, firmaría sin dudarlo su apoyo a las palabras de Leonard. Desde que con 14 años terminé una novela sobre el antiguo Egipto (50 folios escrito a mano) una copia ingenua del estilo y los personajes de "Sinuhé, el Egipcio" de Mika Waltari, que devoré durante las vacaciones de verano a escondidas de mis padres, el gusanillo de  la escritura (y la lectura) se convirtieron en mis amigos inseparables  moldeando mi personalidad y mi manera de ser. Más de cinco décadas después mi asombro expectante ante el milagro de la creación literaria sigue tan fresco como antaño. He vivido como un escritor "lletraferit" y agradezco a Leonard el regalo de su sensible observación: tampoco en mí "el vampirismo de la senilidad" ha afectado el atemporal, revitalizante y entrañable placer de la escritura.

 

Compartir este post
Repost0
12 septiembre 2019 4 12 /09 /septiembre /2019 09:11

En general procuro mantenerme apartado de los best-seller. No por un mal entendido elitismo o por el horaciano "Odi profanum vulgus et arceo". Respeto y apoyo el fenómeno best-seller, en definitiva es lectura y en grandes cantidades. Simplemente a estas alturas de la jugada vital prefiero seguir mi instinto literario (no siempre acertado, lo reconozco) y  no perder mi tiempo, cada vez más escaso, por un fenómeno estrechamente vinculado a las modas del momento ( a veces me repito que "Don Quijote" también fue un best seller en su época). Pero en Literatura, como en casi todo, nada está sentenciado de forma absoluta y el tiempo, ese buen doctor, puede cambiar un diagnóstico o introducir cambios en el juicio de una obra, sea best seller o minoritaria. En el caso de "La chica salvaje" , el juicio y la recomendación me vino a través de una amiga muy bien letrada. Le hice caso y acerté, porque ella acertó previamente.

"La chica salvaje" de Delia Owen, no es una obra policíaca, de intriga o de misterio. Hay un asesinato pero, en el fondo, nos importa poco quién es el asesino. Hay un argumento judicial y un proceso investigativo que enriquecen la dinámica argumental pero que también son secundarios. El hilo vital que sostiene la novela tiene que ver con aspectos, principios y cuestiones que rebasan esos cuadros argumentales y entran en la consideración de elementos humanos, de naturaleza, de poesía elemental, de filosofía de la existencia, de sentimientos y emociones suscitados por la belleza, el amor, la coherencia. Y hablo de esa coherencia esencial entre la persona, la protagonista, y el entorno natural, con la que se establece una vibración común que iguala al personaje con el agua, el bosque, las marismas de Carolina del Norte, las flores, los animales y de esa comunión surge un encanto literario que transporta al lector. De siempre he admirado a los llamados "escritores de la  Naturaleza", desde Whitman a Thoreau, Washington Irving, Nan Shepherd, Alice Herdan-Zuckmayer, Robert Seethaler, Paolo Cognetti.  Peter Metthiessen o John Burroughs, entre otros. Delia no les va a la zaga. 

Aquí, escondida tras una trama novelesca, se encuentra una novelista primeriza de unos setenta años que ha dedicado su vida a la ciencia, licenciada en zoología y doctora en etología, ha vivido en África durante 23 años y ha escrito libros sobre sus "experiencias entre elefantes y leones". Pero por lo visto necesitaba elaborar algo más que experiencias personales, sentimientos, vivencias íntimas y emociones causadas por la soledad: la comunión que a veces se produce entre las personas y la Naturaleza que las rodea y envuelve, las condiciona, las protege y las amenaza. Y de eso trata "La chica salvaje", donde además se desarrolla una descripción psicológica soberbia de un desarrollo y un proceso de maduración de una chiquilla a una mujer, una persona muy singular, solitaria y aislada, fuerte y vulnerable, de una sensibilidad exquisita pero también una superviviente nata. La protagonista de la novela de Owen, Kya, podría ser un trasunto novelesco de la propia autora, un reflejo especular transformado por la literatura y la poesía, de una mujer que vive sola en un rancho del norte de Estados Unidos, junto a la frontera canadiense. La soledad, el orgullo, la fuerza esencial de la supervivencia y las emociones identitarias femeninas son los hilos que mueven la acción de la novela entre un lirismo y una mirada franca y desinhibida de las flaquezas y vicios humanos que recuerdan los escenarios y las gentes de "Matar un ruiseñor" de Harper Lee (el racismo está presente en la novela a través de uno de los amigos de Kya, un hombre mayor afroamericano: estamos en los años 50 y 60). Delia Owens ha reinventado el mito del "buen salvaje" en su versión de una "enfant sauvage" que por su edad se libra de las limitaciones de todo tipo y principalmente mentales y lingüísticas que tuvieron los históricos niños salvajes criados en condiciones subhumanas (mitos de Tarzán y el Wogli  de "El libro de la selva" de Kipling).

La pequeña Kya Clark, abandonada por su madre y hermanos ante de los diez años, con un padre bebedor que no tardará en desaparecer de su vida, rechazada por las gentes del lugar, una chica salvaje en suma, que aprende a vivir y sobrevivir en la Naturaleza primaria de las marismas y a través de una inteligencia vivaz sobredimensionada por las necesidades y carencias, logra convertirse en una naturalista y bióloga experta a través de la observación y la experiencia en referencia a la flora y fauna de su entorno. Son interesantes los paralelismos que Kya establece entre la etología animal y la de los humanos (sobre todo en cuestiones como el sexo, el apareamiento y los rituales de seducción y también en la caza y la ausencia de crueldad y gratuidad en los llamados "animales salvajes") hasta el punto de hacernos dudar sobre la adecuación de nuestra especie a lo que es "natural" y de quien merece mejor el adjetivo de "salvaje".

Leamos: "Se imaginó dando un paso tras otro dentro del espumeante mar, hundiéndose en la quietud bajo las olas, los mechones de su pelo flotando suspendidos como acuarelas negras en el pálido mar azul, sus brazos y largos dedos flotando hacia el brillo luminoso de la superficie. Sus sueños de escapar, aunque fuera mediante la muerte, la elevaban hacia la luz. El tentador y brillante premio de la paz que estaría fuera de su alcance hasta que su cuerpo descendiera al fondo para posarse en el lóbrego silencio. A salvo. "¿Quién decide la hora de morir?" (pág.291)

Suficiente como aperitivo. Una novela excelente, un libro para guardar y releer páginas escogidas, de vez en cuando.

FICHA

LA CHICA SALVAJE.- Delia Owens.-Trad. Lorenzo F. Díaz.- Ático de los Libros.- 373 págs. 

 

Compartir este post
Repost0
6 septiembre 2019 5 06 /09 /septiembre /2019 18:08

"La muerte de Virginia" es el nombre que los intereses editoriales -es decir los que atañen a la venta del libro- han destacado ocultando una realidad biográfica mucho más compleja y bastante más rica que las circunstancias del suicidio de Virginia Woolf, que ya conocemos todos los aficionados a la literatura inglesa. De hecho en España se publicó en los años setenta un corto volumen con el fragmento de las memorias y comentarios del marido de Virginia, Leonard Woolf (1880-1969), relativos al hecho, ocurrido en el rio Ouse en mazo de 1941.

En el volumen que hoy comentamos (el último de los que forman la autobiografía de Leonard) la muerte de la escritora es relatada de un modo recatado, sensato, sensible y nada emocional, acotando los elementos de probabilidades o conjeturas inevitables en estos casos a los mas obvios: la enfermedad mental de Virginia que le causaba brutales depresiones (Leonard habla también de otros síntomas) y la amenaza no menos brutal y extrema de un posible desembarco nazi en las Islas Británicas. Una posibilidad lógica que aterrorizaba a los intelectuales del Grupo de Bloombsbury (algunos de ellos judíos, como el mismo Leonard) hasta el punto de que el recurso del suicidio se había comentado entre ellos).

Sin embargo, para mí, el valor de este libro estriba precisamente en darnos a conocer al hombre, y sus facetas de intelectual, político, al editor de éxito, al pensador inteligente, al prosista de elegante e irónico estilo, sencillo, claro y a veces amablemente sarcástico. Pensamiento de izquierda civilizada y muy ética, sujeto a una educación algo puritana pero llena de humor y de amor ala vida y sus placeres, al estilo epicúreo, medido, equilibrado y apartado de los excesos. Su visión de los asuntos públicos y de la política de su país y la europea es lúcida y desencantada (escribe este libro un año antes de morir) y para él no ha mejorado con el tiempo sino al contrario. En las últimas páginas confiesa: “cuando considero todos estos hechos del mundo de hoy (la guerra de Vietnam, el maoísmo, la torpeza de tantos políticos) siento un agudo dolor, compuesto, creo, de decepción, horror, incomodidad y repugnancia.”  Llega a decir que cuando se trata con políticos, hay que tratar con buen número de “estúpidos”. Pero lo que más me ha agradado es su defensa bizarra de la ancianidad, tras la que sostiene que lo mejor de su vida ha sido su dedicación a la escritura y su tarea de editor en Hogarth Press. Es la  Editorial que fundan Virginia y él en 1917, que edita a muchos amigos o cercanos, entre ellos, por ejemplo, la primera edición europea de The wasted land de Eliot en 1923. En 1946 tras la guerra convierte su editorial en una filial de Chatto &Windus y sigue publicando con lo mismos criterios personales de calidad.

La lucidez pesimista de Leonard pone el broche final a una vida intensa y gratificante en todos los ámbitos donde trabajó y vivió: el personal, el literario, el editorial, el intelectual, el político. Pero se despide con una queja que hoy más que nunca resulta profética: "el hombre está destruyendo ciegamente la civilización en nombre de la civilización". Suena casi a Bertrand Russell, su formidable amigo.

FICHA

LA MUERTE DE VIRGINIA.- Leonard Woolf.- Trad. Miguel Temprano.- Lumen.- ISBN 9788426419682

 

Compartir este post
Repost0
21 agosto 2019 3 21 /08 /agosto /2019 08:17

¿Quién no ha visto a José Ferrer, pero sobre todo a Gérard Depardieu, con una gran narizota, declamar, mientras mantenía un duelo a espada, aquellos versos alejandrinos magníficos y redichos que acababa cada estrofa con un "y al terminar, os hiero" o cantando su amor por Roxana, escondido bajo un  rosal prestando su voz y su ingenio, al torpe y apuesto Christian de Neuvillette? Lo que pocos saben es que ese hombre "a una nariz pegado" fue un personaje real y noble, poeta, dramaturgo y soldado llamado Hércule Savinien de Cyrano de Bergerac, contemporáneo de Moliére. Aunque muy idealizado (el original), el Cyrano de Rostand es el drama profundo de un hombre sensible e inteligente oculto bajo una apariencia dolorosamente risible y es un trasunto semejante al de la Bella y la Bestia tantas veces llevada a la escena y al cine, (recuerden que King Kong es, a pesar de todo, una historia de amor). Por cierto la muerte del auténtico Cyrano (a los 36 años)  fue misteriosa y sin autor conocido, como la del personaje literario.

El escritor y académico francés, Edmond Rostand, un incurable neoromántico alcanzó con su "Cyrano" (1897) uno de los grandes éxitos  mundiales de la época a caballo entre finales del siglo XIX y principios del XX. En esta ocasión las aventuras de ese espadachín desdichado y enamorado, han sido llevadas a las prensas por la editorial Reino de Cordelia en una edición magnífica ilustrada por el gran José María Gallego. Rostand tiene otras obras menos conocidas que también merecerían una edición como la que nos ocupa, me refiero a "El otro mundo" , quizá una de las obras precursoras de la ciencia ficción, en la que Cyrano viaja a la luna y al sol, como más tarde harían el Baron de Munchausen o el no menos precursor Meliès, con su cámara de cine impulsada a mano y con imágenes coloreadas una por una.

Los cinco actos del drama de capa y espada de Rostand ha tenido un brillante espaldarazo en la edición y en el cine o en los escenarios. Nadie puede mantenerse indiferente ante este sólido, desesperado y romántico trío de tópicos y símbolos que conforman Cyrano, su amada Roxana y el melifluo y más bien soso Christian, un "in crescendo" de emociones que culminan con uno de los mejores "mutis" finales de la historia literaria, junto al de Romeo y Julieta, Hamlet, el Quijote o Moby Dick. La versión que nos ofrece esta editorial es completa y la traducción versificada de Jaime y Laura Campmany roza la excelencia.

"Gracias a tí, una falda acarició mi vida" dice Cyrano moribundo a su amada. Y muere en sus brazos con una hidalguía estoica que recuerda al Ingenioso caballero, "Me habéis quitado todo: el laurel y la rosa --dice a sus enemigos en la vida, la mentira, los prejuicios, la envidia, la idiotez-- pero, por más que os pese, aún me queda una cosa..." Y ante la llorosa Roxana que le pregunta, "¿Que es ello?", responde exhalando el último suspiro: "Mi penacho lleno de gallardía/ y la brava apostura de mi fiera nariz". Telón.

Notas sobre el Cyrano real: nació en París el 6 de marzo de 1619, como cuarto hijo de Abel de Cyrano, abogado, y de Espérance Bellange. En París transcurrió casi toda su vida. En 1638, adoptó el nombre de Bergerac. Se alistó en la Compañía de la Guardia, y se hizo célebre por sus numerosos duelos. Se retiró en 1641, tras participar en los sitios de Mouzon y Arras y ser herido en la garganta. Estudió filosofía con Pierre Gassendi. Dilapidó sus escasos recursos. En 1647 heredó un modesto legado de su padre y se dedicó al teatro y a la literatura.Entre otras obras escribió L'autre monde,  una especie de nueva utopía  semejante a las de Tomás Moro y Tommaso Campanella. Protegido por el Duque de Arpajon, compuso una tragedia, La muerte de Agripina, que escandalizó y le enemistó con su protector. Murió el 28 de julio de 1655, en Sannois, a los 36 años, como consecuencia de las heridas que le causó una viga al caerle encima. Su amigo Le Bret publicó, extraído del manuscrito de L'autre monde, la Historia cómica de los estados e imperios de la Luna en 1657; más tarde, en 1662, apareció su Historia cómica de los estados e imperios del Sol.

FICHA

CYRANO DE BERGERAC.- Edmond Rostand.​- Trad. Jaime y Laura Campmany.- Ilustraciones de José María Gallego.- Ed. Reino de Cordelia. 277 págs. 29,95 euros. ISBN 9788416968749

 

 

 

Compartir este post
Repost0
19 julio 2019 5 19 /07 /julio /2019 18:03

¿Qué hubiera sido de la humanidad si no hubieran existido el lenguaje y la escritura? Seguramente jamás hubiéramos llegado a inventar la bomba atómica, al exterminio burocrático-científico de millones de personas en campos de concentración, a provocar hambrunas, éxodos y matanzas por todo el planeta, a contaminar las aguas, la tierra y los cielos hasta límites apocalípticos, a hacer desaparecer inexorablemente cientos de especies animales y vegetales (nuestros supuestos compañeros de hábitat) a entender que la violencia, el abuso, el engaño y el robo forman parte indivisa de nuestra existencia cotidiana... y tampoco hubiéramos disfrutado del Quijote, de Shakespeare, Dickens, la Divina Comedia, Milton, los Vedas, las Mil y una Noches, del Sócrates de Platon, Epicuro, Aristóteles, Kant, Montaigne, Descartes, Wittgenstein, Russell los libros de Historia, de grandes viajes, Darwin, Einstein, los geógrafos desde Ptolomeo a Humbolt... sin los textos que la amparan y canonizan no habría profundas calas de espiritualidad en la mente humana y el acervo cultural de la Humanidad no existiría. Seres simiescos a los que nunca conmovería el teatro, el cine, la música...

La pregunta es retórica y se abre a una dicotomía insalvable: la barbarie y el instinto de supervivencia de la horda primitiva o la ambivalente carga de la historia que hemos inventariado tras miles de años de signos gráficos con significado, códigos en cuyas entrañas late la identidad de pueblos y personas y el reflejo histórico de esa relativamente breve y efímera presencia, con un trasfondo dramático de imperios que surgen, florecen y mueren, a veces sin dejar rastro, del florilegio de ideas políticas, sociales, científicas o filosóficas que van dinamizando el desarrollo, progreso y a veces destrucción de naciones e individuos. Más de cuatro mil años de literatura universal convierten en mera tentativa caprichosa e incompleta cualquier intento de reflejar una variedad y complejidad casi inagotable. El libro de Martin Puchner picotea aquí y allá sin pretender en ningún momento la locura de tratar de ser exhaustivo. 

Puchner, catedrático de literatura europea de Harvard, recurre a dieciseis textos que él considera fundamentales buscamdo a través de viajes personales contextualizar dichas obras con el ambiente en el que nacieron, al menos de forma indirecta inevitable dada la distancia cronológica y los enormes cambios habidos. Aunque en algunos, como el Sáhara (desde donde evoca la "Epopeya de Sunjata") o la selva mejicana y centroamericana donde aún alguien habla del "Popol Vuh".

El autor considera esos textos como "fundacionales", que "solían estar custodiados por sacerdotes que los atesoraban en el corazón de los imperios y naciones, mientras que los reyes los impulsaban porque sabían que un relato podía justificar conquistas y proporcionar cohesión cultural.” Como es natural en la historia de la cultura hay una dinámica progresiva, desde los escasos de tiempos antiguos hasta que "a medida que se extendía su influencia fueron apareciendo nuevos textos hasta que el globo se fue pareciendo más y más a un mapa organizado por la literatura, por los textos fundacionales que dominaban una determinada región”. El creciente poder de esta clase de textos situó a la literatura “en el centro de muchos conflictos, entre ellos las guerras de religión.” O más tarde, nos dice Puchner, de forma un tanto reduccionista,en la Guerra Fría, "en gran medida una guerra entre textos fundacionales: La Unión Soviética se había fundado a partir de las ideas articuladas en un texto mucho más reciente que la Biblia: El manifiesto comunista, escrito por Marx y Engels y leído con avidez por Lenin, Mao, Ho y Castro.”

Para seguir una coherencia cronológica, nuestros autor nos lleva desde el arcaísmo de escribas que compilaban textos orales recitados por aedos ante multitudes casi hipnotizadas por el poder evocativo de las palabras, es decir obras como Gilgamesh, la Biblia hebrea del Antiguo testamento, la Iliada o la Odisea. Más tarde serán textos inspirados por Buda, Sócrates, Pitágoras, Demóstenes o Jesús. Seguirán los escritos y publicados minoritaria y limitadamente por los grandes maestros literarios y filosóficos, adorados por la aristocracia y la burguesia. Llegando a la eclosión de la imprenta, la producción masiva y las masas alfabetizadas..hasta la radical revolución digital de internet, cuyo camino futuro está tan lleno de angustiosos interrogantes, como de comodidades impensables y aspectos positivos lo está en el presente.

 

FICHA

EL PODER DE LAS HISTORIAS.- Martin Puchner. Ed. Crítica. Trad. Silvia Furió. 394 págs. 23,90 euros. ISBN 9788491990260

 

 

Compartir este post
Repost0
10 julio 2019 3 10 /07 /julio /2019 11:10

Puede haber quien piense que este tipo de novelas, victoriana hasta la médula, están obsoletas y un poco ridículas si comparamos las peripecias y pensamientos de sus personajes principales con los que rigen en la novela actual o los estereotipos que parecen activos en las sociedades varias que conforman el universo costumbrista del siglo XXI. Están errados. Pensar que somos muy distintos a los personajes de Ellen Wood, la escritora inglesa que debía escribir y publicar como un ser subordinado al apellido marital en pleno siglo XIX durante el larguísimo reinado de la sin par Victoria, es una falacia. Aparente, superficialmente sí. Pero si rascamos un poco en la supuesta libertad de costumbres actuales veremos las mismas perplejidades, parecidos errores, semejantes valoraciones equivocadas,decisiones tan absurdas y autodestructivas como las que tiene cualquier hija (hijo) de vecino. No se trata del exceso literario de este folletín o folletón (como me decía Guillermo Cabrera Infante en una lejana entrevista con mucho desparpajo: no olvidemos que la palabra viene del verbo que ustedes suponen y esa actividad está tan en vigor como entonces) que incluso puede ser leído en clave de cierto humor (algo hipócrita por supuesto), sino del vigpr y actualísimo rigor de los retratos psicológicos que conforman a los principales personajes, fundamentalmente a lady Isabel Vane, al malvado rijoso Levison y al marido modelo de bonhomía, Archibald Carlyle.

La moralina, los aspavientos éticos, la hipocresía social, la rigidez censora, van trufando la acción que transcurre con la volubilidad y el capricho del Amazonas y sus afluentes, conformando argumentos paralelos, confluyentes o impertinentes que distraen al lector, como el asesinato de un personaje secundario en la mansión que da nombre a la novela East Lynne, la huida de un presunto culpable y la abnegada lucha de otra de las protagonistas, Bárbara (enamorada en secreto del recto y varonil Archibald) para demostrar su inocencia. Como ven la cosa da para pasarlo bomba en un fin de semana excesivamente caluroso, en la sombra bajo un árbol, en una tumbona, si es posible en un rural jardín inglés.

Ellen Price Wood nació en Worcester en 1814, dos años después de hacerlo Dickens, su "rival" en fama literaria y murió en 1887 veinte años después que su marido, al que dio cinco hijos y el honor de llevar su apellido a la alta literatura inglesa de la época. Cuando el bueno de Henry Wood se "marchó", Ellen revivió (como por cierto le ocurre a muchas viudas, no viudos) compró y editó la revista "Argosy" en la que fue publicando once novelas más hasta su fallecimiento. La novela que hoy nos ocupa fue un éxito sonado que se llevó con éxito a las tablas y a la pantalla. Las regalías y beneficios de su actividad literaria salvaron a la familia de  Henry Wood de la ruina y después mantuvieron en jovial actividad a Ellen (treinta y cinco novelas en total), persona muy enfermiza pero resistente, hasta su muerte.

Parece que Tolstoi apreciaba la novela, cosa que no me extraña dadas las semejanzas conceptuales con "Anna Karerina" (y con la Madame Bovary de Flaubert) y también con el gusto del ruso por complejos universos literarios en los que las tortuosas líneas argumentales van dibujando un escenario tan repleto de eventos que el lector puede pasarse el día siguiendo caminos distintos que al final, oh maravilla, se desdibujan para concentrar la atención en el trazo principal de la novela. Nuestra autora tiene un sarcasmo disfrazado de corrección o incorrección política según le conviene y una ironía moralista que va esparciendo por todos lados (lo cual debía poner a mil a los lectores de su época y más a las lectoras). Hombres con "apariencia distinguidas y modales impecables" y mujeres con"una forma esbelta, agraciada y juvenil, un rostro de primorosa belleza, una belleza que sólo se ve gracias a la imaginación de un pintor". Ya está preparado el comienzo. Y más de seiscientas páginas después nos llega el veredicto final que cierra el collar (o dogal) victoriano: "Si nos esforzamos, llegarán cosas buenas- dijo el señor Carlyle- Bárbara, nunca olvides que la única manera de alcanzar la paz es hacer lo correcto, con la ayuda de Dios, sin egoísmo, con amor". Se oscurece la luminosa pantalla sobre un abrazo de esposos felices y FIN.

En el interín del lector, o lectora, queda una pluralidad casi incansable de sucesos, actos desesperados, errores, casualidades, tragedias inesperadas, accidentes, hallazgos, etc. Toda la máquina emocional y sentimental de una mujer inteligente que escribe sobre lo que no debería hacer una mujer con un tono que desmiente el juicio moral y cuestiona por qué no debería hacerlo. Esa es la carga "oculta" que el lector o lectora percibirán (y disfrutarán). Tanto en la época de la novela en que se discutía la  ley del divorcio, Acta de causas matrimoniales de 1857, y las consecuencias legales del abandono de hogar y los hijos, como en la actual, si el lector atiende al brillante ejercicio.de análisis de las pasiones humanas que la autora nos ofrece. El escándalo estaba servido y el éxito unido a ese escándalo.Fue una de las mejores "novelas sensacionalistas británicas" que produjo la época victoriana. Hoy es una divertida curiosidad literaria que encantará los aficionados a la Inglaterra victoriana, con sus defectos evidentes y la riqueza literaria enorme de los autores de la época.

FICHA

LOS MISTERIOS DE EAST LYNNE.-Ellen Wood.-Trad. Joan Eloi Roca.- PVP 32,50 euros. 668 páginas. Ed. Ático de los libros. ISBN 9788416222995

Compartir este post
Repost0
28 mayo 2019 2 28 /05 /mayo /2019 08:52

La editorial Periférica se ha sacado un as escondido de la manga: una poco conocida novela corta del prolífico Charles Dickens. Volver de vez en cuando a Dickens se me antoja una medida de salud mental y estético-literaria. En este caso se trata de una obra menor del gran novelista, pero no por ello menos interesante. La maestría y agudeza del escritor se justifican ya por las primeras páginas. Los dos primeros capítulos empiezan por la frase "Ocurrió de este modo". Unas cuantas líneas nos muestran la irónica facilidad para engatusar al lector. El "capítulo tercero", empieza: "No pretendo contarlo todo directamente: lo desvelaré, mejor, poco a poco..." Eh, voilá, ya ha sacado el conejo narrativo de la chistera y el lector, como en vida de él, su público oyente, guarda silencio arrobado y pendiente de sus palabras. El mago popular, en el amplio sentido de la palabra, es decir emanado y con la autoridad que le da ser del pueblo llano, nos contará la historia de George Silverman, sus comienzos lúgubres y menesterosos, su relación con el cínico Hermano Hawkyard, su "tutor" y esos bandazos del destino, casi siempre miserable, al que tan acostumbrados nos tiene Dickens, aunque permita de vez en cuando, efímeramente, que un cálido rayo del sol mitigue la soledad y desdicha del héroe. La narración en primera persona permite a Dickens hacer gala de sus múltiples registros creativos y personajes y desdichas van desfilando de la mano poderosa y firme del escritor.

George, el protagonista, es un anciano que se las sabe todas a la hora de narrar sus cuitas, desde niño, "un bobo salvaje, un cachorro sarnoso, un lobezno" (obsérvese el ritmo metafórico). Como el propio Dickens, George desde  el principio identifica la causa de todos sus pesares: "La única y poderosa causa de toda ruina que conocía: la pobreza". Para acabar después de conocer la traición, el desengaño, la soledad, de una forma bastante acostumbrada en este autor "Finalmente me ofrecieron un beneficio eclesiástico universitario en un  lugar remoto y desde allí escribo ahora mi declaración." Las cosas se han arreglado con el tiempo y la paciencia. Dickens no puede evitar la nota compasiva y sentimental que le caracteriza: "La escribo en verano, junto a la ventana abierta; delante de mí, el descanso del cementerio, última morada para corazones sanos, corazones heridos y corazones rotos". Y con la habitual coquetería de los finales dickensnianos: "La escribo para alivio de mi propia alma, sin adivinar si tendrá o no un lector alguna vez". Y, punto final. Dickens deja al lector consumido por la lectura casi hipnótica, como dice Rafael Reig en el epílogo. Es una pequeña obra de "bindungsroman", de aprendizaje o formación, o mejor de deformación, de la personalidad de un sujeto, como nuestro "Lazarillo" o "Las cuitas del joven Werther" o "El retrato del artista adolescente" de Joyce. Pero el antihéroe de Dickens no se parece a estos últimos. aunque algo a nuestro Lázaro de Tormes, pasado por la hipocresía religiosa puritana  del "caritativo" y ruin Hawkyard (cuyo apellido denota el halcón -hawk- cazador implacable y feroz). Coincido con Reig en el desasosiego que provoca el final de esta breve novela, en la que, una vez más, la sociedad y su cultura de represiones acaba con un individuo cuyo único "delito" era haber sido un niño "salvaje" abandonado y no querido.

 

 
 

 

Charles Dickens. La declaración de George Silverman, traducc. de Elena García de Paredes, epílogo de Rafael Reig, Cáceres, ed. Periférica, abril 2019, 73 págs, 16’50 euros. ISBN: 978-84-16291-76-2.

 

Compartir este post
Repost0
18 mayo 2019 6 18 /05 /mayo /2019 09:42

Dicen que Dave Eggers sigue los pasos de Kerouac o del Richard Ford de "Canadá" debido a esta "road-novel" en que una madre de cuarenta años y sus dos hijos se suben a una auto caravana más bien destartalada a "buscarse la vida" por los grandes territorios salvajes de Alaska, donde el frío se mastica y el sobrevivir es una costosa obligación cotidiana.

Creo que eso es quedarse en la superficie de esta novela existencialista, en el sentido filosófico del término. Eggers es un escritor comprometido con la existencia, la propia y la de muchos desamparados, niños y adolescentes sobre todo, con la calidad problemática que en las sociedades avanzadas provoca crisis galopantes y, por último, en defensa de los grandes espacios de este planeta en los que uno puede llegar a recuperar el sentido de la vida,  a través del esfuerzo continuado, el sacrificio, la falta de comodidades y la belleza inmaculada y peligrosa de la vida poco menos que salvaje.

Josie, la protagonista de "Héroes de la frontera" es una mujer desencantada y harta de la mediocridad de una vida que no eligió y que no le da más que sinsabores. Y toma una decisión espartana: decide abandonarlo todo, coger a Paul y Ana, sus hijos, de ocho y cinco años y buscar en una tierra remota y salvaje el hilo que la conduzca a su satisfacción como persona.

No comentaré el cúmulo de circunstancias que le llevan a tomar esa decisión: forman parte del "aura mediocritas" de la existencia común y corriente en este siglo y en la sociedad de consumo en que vivimos la mayoría. Josie hace un balance de lo que tiene y comprende que tiene dos hijos magníficos y una viDa por delante para reponerse de los trastazos recibidos y una oportunidad para mejorar su futuro, por muy lejana y difícil que parezca ser (y, sin duda, es, como se verá). Y, para terminar siempre habrá una copa de Chardonay para endulzar la espera o las frustraciones inevitables.

Para Josie ha quedado claro que la vida que tiene no es la adecuada y que la "verdadera" vida está esperándola, a ella y a sus hijos, en otro lugar. Portanto, adelante, vamos a intentar encontrar ese lugar y ¿por qué no, Alaska? Alli vive su hermanastra Sam, en un lugar remoto llamado Homer. Pero, bueno, las cosas se tuercen o no y el camino se vuelve existencia y en el camino está la vida. A menudo es mejor el camino que la posada como escribió Cervantes. . Una vida rutera, ruda y difícil, pero,emocionante y en ocasiones, de un estimulante adrenalítico, en el pequeño universo bamboleante de una casa rodante "en la que los platos tintinean".

Las aventuras se suceden, unas agradables, las menos y otras sumamente desafiantes y nos vamos dando cuenta de que Eggers conoce a los niños y su peculiar psicología, que siente una inmensa compasión por su protagonista y que es un escritor que ha hecho los deberes (es obvio que se ha pateado los lugares que la familia rodante de Josie va conociendo).

Que como dice el propio autor, esta novela es una especie de homenaje a los pioneros norteamericanos, por ese afán creativo y audaz de colonizar un mundo agreste, hermoso y sin piedad hasta convertirlo en un hogar, pues bueno.  Aunque Eggers tiene muy claro el otro lado del espejo heroico de los pioneros y hace pensar a Josie, durante el incansable y fatigoso tráfago diario de una madre joven y sola con dos niños pequeños:"Ser americano significa ser un vacío y un americano auténtico está vacío de verdad".

Una vida "dura, salvaje y sencilla" es la que espera a estos héroes de la frontera. No tanto de una frontera geográfica, sino de una forma o estilo de vida que da la espalda a las comodidades, conformidades y frustraciones que la paranoica vida de las grandes ciudades ha forjado como una cadena alrededor del cuello de los ciudadanos.

Novela  y personajes inolvidables. Una lectura enriquecedora, que acaba así: " Josie se descubrió sonriendo, consciente de que habían hecho lo que habían podido con lo que tenían, y de que habían encontrado alegría y un sentido a cada paso. Habían creado música histérica y se habían enfrentado a obstáculos formidables en este mundo y habían reido, y habían triunfado y habían sangrado, pero ahora estaban juntos, desnudos y calientes, y el fuego que tenían delante no se apagaría. Josie miró las caras ardientes de sus hijos y supo que estaban donde debían estar, que eran quienes debían ser". ¿Hay algo más americano y pionero que esto? Hemingway debe haber aplaudido al leer esto en el Paraiso de los plumíferos. Él , seguramente, lo hubiera escrito así mismo.

 HÉROES DE LA FRONTERA.-Dave Eggers.- Ed. Random House.- Trad. Cruz Rodriguez.- 357 págs. 22,90 euros. ISBN 9788439733041


 

 
Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens