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21 octubre 2019 1 21 /10 /octubre /2019 16:33

 

Hasta mediados del siglo XX no estalla en el mundo de las letras la "bomba" del "Manuscrito encontrado en Zaragoza" de Jan Potocki y es gracias en buena parte al éxito de una película polaca, bizarra, surrealista y fantástica basada en este libro. Creo que fue Alianza la que la editó en 1970 en sus libros de bolsillo, con una traducción y notas de José Luis Cano con prologo de Julio Caro Baroja (especialista en el mundo de brujas, trasgos, monstruos y aparecidos del que esta novela es uno de sus más preclaros ejemplos). La historia del libro en sí y de sus fantasmales y parciales apariciones hasta su entronización definitiva de mano de estudiosos y eruditos, es de por sí una novela tan amena y misteriosa como la que contiene. Su existencia en el mundo literario se debe a una pasión obsesiva de un anticuario francés de libros, Serge Plantureux, que dedicó su vida a perseguir unos remotos volúmenes de la primera edición de la novela en San Petersburgo y al celo de Roger Caillois que en los cincuenta la retoman. La fantasía trepidante de la vida de los personajes de esta novela (que beben y manipulan datos históricos con una libertad e ingenio inauditos) sobre la España del rey Carlos III, pais pintoresco donde circulan contrabandistas, bandidos, gitanos, mendigos, alcahuetas, damas embrujadas y tradiciones oscuras basadas en la religión y la miseria, no deja de ser una pálida muestra de la vida del conde Potocki que acabará pegándose un tiro con una bala de plata antes de ver publicada esta novela suya (aunque si vio otras obras, desde libros de viajes a ensayos de política e historia de los más variados países de Europa). La actual edición, con traducción, prólogo y notas de Mauro Armiño, es un bello e indispensable volumen de la colección "El club Diógenes" de Ed. Valdemar, donde se completa la narración que leímos resumida en los 70 en la edición de Alianza y que aprovecha otros trabajos críticos y traducciones, forjando quizá la edición más completa y contrastada que tenemos en español. Esta especie de Decamerón hispano narrado en forma de episodios siguiendo unas pautas laberínticas que parecen surgidas de la magia y misterio de lo que nos cuenta, se convirtió en una de las muestras más jugosas de la visión tópica de una España de bandidos y misterios, mujeres hermosas y fatales, "almas en pena y adictos a la Cábala". La España profunda del siglo XVIII rodeada de fantasía, color y pintoresquismo con un estilo picaresco que parece surgido de Cervantes o los relatos de Marcos de Obregón o el Lazarillo. Novela imprescindible, pues, que les divertirá y les mostrará una España inesperada y fascinante en un inolvidable clima de misterio y aventuras.

FICHA

MANUSCRITO ENCONTRADO EN ZARAGOZA.-Jan Potocki.- Traducción de Mauro Armiño.-Ed. Valdemar.860 págs. 22 euros.

 

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17 octubre 2019 4 17 /10 /octubre /2019 09:29

Los editores de Nordicalibros  siguen con su audaz propuesta de editar libros importantes ilustrados por gente importante. Ahora le ha tocado el turno al dibujante Max, un delicioso profesional al que he seguido desde los años en que la revista underground "El víbora" se convertía en un referente de los aficionados al cómic. En cuanto al autor, para mí, perdonen ustedes, hay tres “Migueles” literarios. Miguel de Cervantes, Miguel Hernández y Michel de Montaigne. Como toda elección, es discutible y absolutamente personal. Pero a lo largo de mi vida, el señor de Montaigne, con el que entablé relación a mitad del camino que lleva a los veinte años, no mucho antes de entrar en la Universidad, me ha acompañado diligente y terapéuticamente. En sus “Ensayos” –escritos tras retirarse de la vida pública a los 37 años y encerrarse voluntariamente en su castillo para leer, meditar y sentir el placer de vivir- Michel anuncia: “Es mi intención pasar remansadamente, y no trabajosamente, lo que me quede de vida: no hay nada por lo que yo quisiera quebrarme la cabeza, ni siquiera el conocimiento, por muy valioso que sea”. Pues este caballero es el que ilustra -de una forma libre y gozosa- el amigo Max.

En cuanto a Montaigne, ya en  pleno siglo XVI, esa forma de vida escogida nos muestra que Michel era un “señorito” que vivía de rentas pero también que no tenía ninguna  ambición socio-política o económica y gozaba de una inteligencia filosófica estoica y epicúrea que lo hacían un “avis rara”. De hecho tras su muerte, con 59 años, sus "Essais" han mantenido su éxito hasta llegar al siglo XXI, convertido en el santo patrón de los que entendemos la vida, no como un camino de lágrimas o una carrera de obstáculos o un crisol de ambición y ganancias, sino como la dorada –aunque difícil- posibilidad de disfrutarla a tope sin hacer daño a nadie, incluido nosotros mismos, ayudar a quienes podamos, amar y gozar en libertad del extraordinario milagro de la Vida. Fue un punto de referencia vital en los pasados 70 y 80 –los “hippy” ilustrados lo adoraban- y si se dan una vuelta por las librerías (¿queda alguna cerca de donde viven ustedes? creo que hay un bacilo digital que se empeña en hacerlos desaparecer) verán que siguen editándose sus libros (y a esta prueba me remito).

Escribió: “Solo busco en los libros el gusto que me proporcione un honrado entretenimiento; o, si estudio, solo busco la ciencia que trata del conocimiento de mí mismo y que me instruya en el bien morir y un bien vivir”. ¿Quién puede mostrar una filosofía de vida más clara y contundente? Conozco a algunas pocas personas que han convertido en lema  existencial una frase de Montaigne: “Nada hago si no es con buen humor, ya que el empeño y la presión excesiva turban mi entendimiento, me amohínan y me cansan”.

Esa amable actitud ante la vida y sus avatares no casan con el agobio competitivo de nuestro siglo. Refleja una actitud placentera y tolerante que hoy cuesta mantener. Sin embargo tras su lectura, uno acaba pensando que vale la pena intentarlo.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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15 octubre 2019 2 15 /10 /octubre /2019 12:55

"Tenía el deber de evocar cómo había sido Susan y de rescatarla...¿De qué?.. había encontrado un estilo de vida...que le había conducido hasta aquí...qué extraño es que cuando eres joven no tienes ningún deber con el futuro, pero cuando eres viejo tienes un deber con el pasado. Con la única cosa que no puedes cambiar". (pág.184). Con su elegancia expresiva habitual Julian Barnes (1946) va haciéndose a sí mismo, novela a novela, un clásico. Aquí vuelven los avatares de un amor burgués cargado con toda la parafernalia, represiones, y equívocos que parecen emanar de los muy "british" personajes de sus novelas. Aquí las dificultades son estiradas al máximo, Paul, un joven universitario de 19 años tiene un tórrido y embriagador romance --pleno de potenciales y lógicas dificultades-- con Susan, una mujer infeliz y algo desquiciada que está mal casada y tiene dos hijas mayores. El escenario, el club de tenis del pueblo donde viven los padres de Paul. La sombra de la Mrs.Robinson de "El graduado" es alargada.

A partir de ese inicio aparentemente banal y disparatado, Barnes nos narra la historia de una seducción, la de un joven inexperto y una mujer madura ingeniosa e inteligente que ama el sexo y la botella. Muy shakespeariamente Barnes comienza su novela con una interrogación hamletiana: "¿preferirías amar más y sufrir más o amar menos y sufrir menos? Creo que, en definitiva, esa es la única cuestión." Narrada a modo del "flash back" en primera persona al principio y luego alternando la segunda y la tercera persona narrativa con una sutil habilidad.

Barnes recrea los  sesenta con habilidad histórica, social y filosófica y nos cuenta este curioso "remake" de "Una educación sentimental" con una aparente frialdad notarial, irónica y formal, en la que late un soterrado un amargo sentido del humor. Pero al tiempo es lúcido y hace que su protagonista reflexione de una forma inteligente: "Caes en la cuenta de que la comprensión y el antagonismo puede coexistir. Estas descubriendo cuantas emociones aparentemente incompatibles pueden anidar, codo con codo, en un mismo corazón humano" (pág. 145). Tan lejos del erotismo como de la pasión, Barnes logra dar el aire de un tratado de entomología aplicado a los humanos y sus supuestos sentimientos y emociones a lo que podría ser una novela de amor al uso.

Barnes sigue en su narración un modelo respetuoso, vivaz e imaginativo en su creación de Susan y los contrapone brillantemente al de Paul y el brutal marido de Susan, que se mantienen fieles a las acartonadas, tensas, mezquinas imágenes del varón inglés prototípico, ajustado a su armadura de convenciones y rigidez superficial, a la apariencia social más que a la autenticidad humana. Cosa que queda patente incluso en la descripción de los momentos de intimidad, tan ajenos al erotismo y la ternura como el examen de un ginecólogo. El final no decepcionará al lector a pesar de su pesimismo y su atroz banalidad que termina por reducir a fantoche al "filosófico" y nada empático Paul. Es la mejor manera de acabar un irónico y demoledor estudio sobre la hipocresía de ciertas "revoluciones" del pasado, como la de los sesenta.

LA ÚNICA HISTORIA.- Julian Barnes..-Trad. (excelente)  Jaime Zulaika.- Ed. Anagrama.231 págs.

 

 

 

 

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25 septiembre 2019 3 25 /09 /septiembre /2019 09:06

 

Anthony Burgess, fue uno  de los autores británicos más sobrados de imaginación lingüística, a la altura de la pericia de Joyce, Carroll o Tolkien, pero no a la desmesura creativa de esos autores o, en el caso del primero, de su descomunal ego. Sin embargo, como los otros, debería ser galardonado con un Nobel de literatura póstumo, que debería distinguir a los grandes del pasado, sin coste para la ilustre Academia sueca y para satisfacción de cuantos deploran a menudo el oportunismo miope de los encargados de dar el galardón. Ya que son muchos los que están pero muchos más los que deberían estar y con más merecimientos que una gran parte de los galardonados.

Lejos de la tensa dinámica distópica de "La naranja mecánica", donde se inventa un neolenguaje y "En busca del fuego" donde pura y simplemente se inventa un lenguaje prehistórico, y más acorde con la faceta musical de este novelista fallecido en 1993 con 76 años que dedicó varias novelas y ensayos a su pasión por la música, este pequeño relato que casi no rebasa las 100 páginas de cuarto de folio, "Asesinato en el concierto" es un juguete literario que involucra, con bastante humor, ironía y eficacia, al mismísimo Sherlock Holmes y a su fiel Watson.

Para ello, el habilísimo Burgess recoge los flecos argumentales de uno de los más conocidos episodios de las aventuras del detective: "La liga de los pelirrojos". En ese relato Sherlock (es decir su autor, un desabrido con su personaje, sir Arthur Conan Doyle) nos habla de la asistencia de Holmes y Watson a un concierto del violinista español Pablo Sarasate en el St.James Hall de Londres. De paso se nos recuerda (el dato consta desde "Estudio en escarlata" la primera obra de Doyle sobre S.H.) que Holmes es un virtuoso del violín que además según Watson "escribía composiciones de verdadero mérito".

En el librito, bilingüe, que comentamos, el juguetón estilo literario de Burgess no se limita a hablar de Sarasate, sino que aprovechando la visita de un joven Alfonso XIII a Londres y su asistencia al concierto, saca a colación a  unos terroristas nacionalistas catalanes (tal como les digo) que pretenden acabar con el símbolo vivo de la realeza española. Y no les cuento más. No sólo los aficionados a Sherlock lo pasaran bien (el pastiche es de los mejor logrados entre los cientos existentes debre S.H.), sino los que no lo conozcan serán contagiados, sin duda, por el sabroso mundillo literario del viejo y despechado autor escocés.

FICHA

ASESINATO EN EL CONCIERTO.-"MURDER TO MUSIC".- Anthony Burgess.- Tra, Adela Queilez.- Ed. Ken. Edición bilingüe e ilustrada.114 págs. ISBN 9788494798443

 

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18 septiembre 2019 3 18 /09 /septiembre /2019 18:39
Desde luego en nuestro mundo cultural de "provincias" (cariñoso distingo que hago para desmarcarlo de las trepidantes y desconcertantes Madrid o Barcelona) uno se lleva sorpresas muy agradables. Es el caso del navarro Joaquín Ciáurriz, al parecer uno de esos obsesos literarios que enriquecen la literatura de un país. Dirige la colección "Baroja (&Yo)" destinada como indica su nombre a todos los barojianos que en el orbe castellano son o se esmeran en serlo. Ya han aparecido seis títulos en los que gente de pluma de variada condición desmigan, para placer del lector motivado por Baroja, sus propias experiencias y vivencias provocadas por sus particulares lecturas del escritor vasco. "La boina del viajero", el libro que comento, es la aportación barojiana del profesor turolense Antonio Castellote, conocido precisamente por su afición a dicho escritor, que parece extender su influencia al estilo y la temática de don Pío, del que dice: " Baroja es un compañero de viaje al que en algunas épocas he estado muy unido y en otra hemos ido cada cual por nuestro lado, como suele suceder con los amigos de toda la vida" .
Castellote nos cuenta su vida, surcada y conducida por su afición barojiana desde "Las inquietudes de Shanti Andía", el año 1975, con diez años de edad a esas lecturas propiciadas por eventuales períodos forzados de cama (" Todos tenemos una novela enmarcada en un catarro") caso de la trilogía barojiana de "Las ciudades" en la nostálgica edición de Alianza que yo también disfruté, aunque sin catarro. Luego a comienzos de los 90 en plena "movida", Castellote va a Madrid  y se abisma en el mundo de Baroja, desde los jardines del Buen Retiro a las tabernas de Lavapiés, "lo mío no era un sueño de la modernidad sino un reencuentro con los mitos de la infancia. Era más feliz en la Cuesta de Moyano, entre libreros de viejo, que en los grandes almacenes de la Casa del Libro".
Cuando nuestro hombre vuelve a su Teruel como profesor ya se busca un Itzea (el caserío patrimonial de don Pío) en un pueblo de la zona y se cala la boina paradigmática del barojanismo, "un poco echada hacia atrás" y se convierte en "una prenda de andar por casa". Y cuenta "Había entrado en el tiempo barojiano, un mundo alejado del presente pero no referido a un pasado concreto".
Castellote acaba nostágico su delicioso librito confesando : "Ellos (las obras de Baroja) en rodo caso me protegen de la estupidez, me ayudan  a entender este mundo de cantamañanas en el que vivimos, a desconfiar de los mesías, de la literatura fácil y los oropeles gratuitos, a mantener viva la ternura como forma de conocimiento, pero también el juicio seco y el miedo al catarro." Y no queda más que suscribir su frase final "Baroja se expande como una forma de ser persona, de traducir la realidad a la imaginación".-
FICHA
LA BOINA DEL VIAJERO.- Antonio Castellote, Ipso Ediciones, «Baroja&Yo», 96 páginas.ISBN 9788494772931
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15 septiembre 2019 7 15 /09 /septiembre /2019 16:07

En el quinto y último libro de la voluminosa autobiografía de Leonard Woolf (el preferido de los editores españoles y único publicado en este país, pues contiene el luctuoso suceso de la muerte de su esposa, Virginia, la escritora genial que se suicidó el 28 de marzo de 1940 ahogándose en el río Ouse) el excelente memorialista, ensayista, político y editor, habla de su larga  vida en el último año de su existencia. Es un lúcido y dinámico anciano de 89 años y hace un repaso valiente e irónico sobre los males y los beneficios de la vejez. Y dice: "Creo haber disfrutado mucho con muchas cosas a lo largo de mi vida...". Y tras enumerar una lista epicúrea y sensata, añade: "Uno de los placeres que toda mi vida me ha parecido más fiable y al que no ha afectado el vampirismo de la senilidad es el placer de escribir" Y acaba: "Me gusta sentir en el cerebro el proceso de la composición, sentir como funciona la mente, como los pensamientos  se organizan en palabras y van apareciendo sobre el papel en blanco".

Cualquiera de las personas que me lea y sea un "lletraferit", palabra maravillosa en ese idioma elegante y poético que es el catalán (soy andaluz y he trabajado durante 40 años en labores de letras en Cataluña sin ningún problema y con muchas satisfacciones y respeto), es decir un individuo "herido" por la literatura en todas sus formas, las letras, firmaría sin dudarlo su apoyo a las palabras de Leonard. Desde que con 14 años terminé una novela sobre el antiguo Egipto (50 folios escrito a mano) una copia ingenua del estilo y los personajes de "Sinuhé, el Egipcio" de Mika Waltari, que devoré durante las vacaciones de verano a escondidas de mis padres, el gusanillo de  la escritura (y la lectura) se convirtieron en mis amigos inseparables  moldeando mi personalidad y mi manera de ser. Más de cinco décadas después mi asombro expectante ante el milagro de la creación literaria sigue tan fresco como antaño. He vivido como un escritor "lletraferit" y agradezco a Leonard el regalo de su sensible observación: tampoco en mí "el vampirismo de la senilidad" ha afectado el atemporal, revitalizante y entrañable placer de la escritura.

 

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12 septiembre 2019 4 12 /09 /septiembre /2019 09:11

En general procuro mantenerme apartado de los best-seller. No por un mal entendido elitismo o por el horaciano "Odi profanum vulgus et arceo". Respeto y apoyo el fenómeno best-seller, en definitiva es lectura y en grandes cantidades. Simplemente a estas alturas de la jugada vital prefiero seguir mi instinto literario (no siempre acertado, lo reconozco) y  no perder mi tiempo, cada vez más escaso, por un fenómeno estrechamente vinculado a las modas del momento ( a veces me repito que "Don Quijote" también fue un best seller en su época). Pero en Literatura, como en casi todo, nada está sentenciado de forma absoluta y el tiempo, ese buen doctor, puede cambiar un diagnóstico o introducir cambios en el juicio de una obra, sea best seller o minoritaria. En el caso de "La chica salvaje" , el juicio y la recomendación me vino a través de una amiga muy bien letrada. Le hice caso y acerté, porque ella acertó previamente.

"La chica salvaje" de Delia Owen, no es una obra policíaca, de intriga o de misterio. Hay un asesinato pero, en el fondo, nos importa poco quién es el asesino. Hay un argumento judicial y un proceso investigativo que enriquecen la dinámica argumental pero que también son secundarios. El hilo vital que sostiene la novela tiene que ver con aspectos, principios y cuestiones que rebasan esos cuadros argumentales y entran en la consideración de elementos humanos, de naturaleza, de poesía elemental, de filosofía de la existencia, de sentimientos y emociones suscitados por la belleza, el amor, la coherencia. Y hablo de esa coherencia esencial entre la persona, la protagonista, y el entorno natural, con la que se establece una vibración común que iguala al personaje con el agua, el bosque, las marismas de Carolina del Norte, las flores, los animales y de esa comunión surge un encanto literario que transporta al lector. De siempre he admirado a los llamados "escritores de la  Naturaleza", desde Whitman a Thoreau, Washington Irving, Nan Shepherd, Alice Herdan-Zuckmayer, Robert Seethaler, Paolo Cognetti.  Peter Metthiessen o John Burroughs, entre otros. Delia no les va a la zaga. 

Aquí, escondida tras una trama novelesca, se encuentra una novelista primeriza de unos setenta años que ha dedicado su vida a la ciencia, licenciada en zoología y doctora en etología, ha vivido en África durante 23 años y ha escrito libros sobre sus "experiencias entre elefantes y leones". Pero por lo visto necesitaba elaborar algo más que experiencias personales, sentimientos, vivencias íntimas y emociones causadas por la soledad: la comunión que a veces se produce entre las personas y la Naturaleza que las rodea y envuelve, las condiciona, las protege y las amenaza. Y de eso trata "La chica salvaje", donde además se desarrolla una descripción psicológica soberbia de un desarrollo y un proceso de maduración de una chiquilla a una mujer, una persona muy singular, solitaria y aislada, fuerte y vulnerable, de una sensibilidad exquisita pero también una superviviente nata. La protagonista de la novela de Owen, Kya, podría ser un trasunto novelesco de la propia autora, un reflejo especular transformado por la literatura y la poesía, de una mujer que vive sola en un rancho del norte de Estados Unidos, junto a la frontera canadiense. La soledad, el orgullo, la fuerza esencial de la supervivencia y las emociones identitarias femeninas son los hilos que mueven la acción de la novela entre un lirismo y una mirada franca y desinhibida de las flaquezas y vicios humanos que recuerdan los escenarios y las gentes de "Matar un ruiseñor" de Harper Lee (el racismo está presente en la novela a través de uno de los amigos de Kya, un hombre mayor afroamericano: estamos en los años 50 y 60). Delia Owens ha reinventado el mito del "buen salvaje" en su versión de una "enfant sauvage" que por su edad se libra de las limitaciones de todo tipo y principalmente mentales y lingüísticas que tuvieron los históricos niños salvajes criados en condiciones subhumanas (mitos de Tarzán y el Wogli  de "El libro de la selva" de Kipling).

La pequeña Kya Clark, abandonada por su madre y hermanos ante de los diez años, con un padre bebedor que no tardará en desaparecer de su vida, rechazada por las gentes del lugar, una chica salvaje en suma, que aprende a vivir y sobrevivir en la Naturaleza primaria de las marismas y a través de una inteligencia vivaz sobredimensionada por las necesidades y carencias, logra convertirse en una naturalista y bióloga experta a través de la observación y la experiencia en referencia a la flora y fauna de su entorno. Son interesantes los paralelismos que Kya establece entre la etología animal y la de los humanos (sobre todo en cuestiones como el sexo, el apareamiento y los rituales de seducción y también en la caza y la ausencia de crueldad y gratuidad en los llamados "animales salvajes") hasta el punto de hacernos dudar sobre la adecuación de nuestra especie a lo que es "natural" y de quien merece mejor el adjetivo de "salvaje".

Leamos: "Se imaginó dando un paso tras otro dentro del espumeante mar, hundiéndose en la quietud bajo las olas, los mechones de su pelo flotando suspendidos como acuarelas negras en el pálido mar azul, sus brazos y largos dedos flotando hacia el brillo luminoso de la superficie. Sus sueños de escapar, aunque fuera mediante la muerte, la elevaban hacia la luz. El tentador y brillante premio de la paz que estaría fuera de su alcance hasta que su cuerpo descendiera al fondo para posarse en el lóbrego silencio. A salvo. "¿Quién decide la hora de morir?" (pág.291)

Suficiente como aperitivo. Una novela excelente, un libro para guardar y releer páginas escogidas, de vez en cuando.

FICHA

LA CHICA SALVAJE.- Delia Owens.-Trad. Lorenzo F. Díaz.- Ático de los Libros.- 373 págs. 

 

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6 septiembre 2019 5 06 /09 /septiembre /2019 18:08

"La muerte de Virginia" es el nombre que los intereses editoriales -es decir los que atañen a la venta del libro- han destacado ocultando una realidad biográfica mucho más compleja y bastante más rica que las circunstancias del suicidio de Virginia Woolf, que ya conocemos todos los aficionados a la literatura inglesa. De hecho en España se publicó en los años setenta un corto volumen con el fragmento de las memorias y comentarios del marido de Virginia, Leonard Woolf (1880-1969), relativos al hecho, ocurrido en el rio Ouse en mazo de 1941.

En el volumen que hoy comentamos (el último de los que forman la autobiografía de Leonard) la muerte de la escritora es relatada de un modo recatado, sensato, sensible y nada emocional, acotando los elementos de probabilidades o conjeturas inevitables en estos casos a los mas obvios: la enfermedad mental de Virginia que le causaba brutales depresiones (Leonard habla también de otros síntomas) y la amenaza no menos brutal y extrema de un posible desembarco nazi en las Islas Británicas. Una posibilidad lógica que aterrorizaba a los intelectuales del Grupo de Bloombsbury (algunos de ellos judíos, como el mismo Leonard) hasta el punto de que el recurso del suicidio se había comentado entre ellos).

Sin embargo, para mí, el valor de este libro estriba precisamente en darnos a conocer al hombre, y sus facetas de intelectual, político, al editor de éxito, al pensador inteligente, al prosista de elegante e irónico estilo, sencillo, claro y a veces amablemente sarcástico. Pensamiento de izquierda civilizada y muy ética, sujeto a una educación algo puritana pero llena de humor y de amor ala vida y sus placeres, al estilo epicúreo, medido, equilibrado y apartado de los excesos. Su visión de los asuntos públicos y de la política de su país y la europea es lúcida y desencantada (escribe este libro un año antes de morir) y para él no ha mejorado con el tiempo sino al contrario. En las últimas páginas confiesa: “cuando considero todos estos hechos del mundo de hoy (la guerra de Vietnam, el maoísmo, la torpeza de tantos políticos) siento un agudo dolor, compuesto, creo, de decepción, horror, incomodidad y repugnancia.”  Llega a decir que cuando se trata con políticos, hay que tratar con buen número de “estúpidos”. Pero lo que más me ha agradado es su defensa bizarra de la ancianidad, tras la que sostiene que lo mejor de su vida ha sido su dedicación a la escritura y su tarea de editor en Hogarth Press. Es la  Editorial que fundan Virginia y él en 1917, que edita a muchos amigos o cercanos, entre ellos, por ejemplo, la primera edición europea de The wasted land de Eliot en 1923. En 1946 tras la guerra convierte su editorial en una filial de Chatto &Windus y sigue publicando con lo mismos criterios personales de calidad.

La lucidez pesimista de Leonard pone el broche final a una vida intensa y gratificante en todos los ámbitos donde trabajó y vivió: el personal, el literario, el editorial, el intelectual, el político. Pero se despide con una queja que hoy más que nunca resulta profética: "el hombre está destruyendo ciegamente la civilización en nombre de la civilización". Suena casi a Bertrand Russell, su formidable amigo.

FICHA

LA MUERTE DE VIRGINIA.- Leonard Woolf.- Trad. Miguel Temprano.- Lumen.- ISBN 9788426419682

 

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21 agosto 2019 3 21 /08 /agosto /2019 08:17

¿Quién no ha visto a José Ferrer, pero sobre todo a Gérard Depardieu, con una gran narizota, declamar, mientras mantenía un duelo a espada, aquellos versos alejandrinos magníficos y redichos que acababa cada estrofa con un "y al terminar, os hiero" o cantando su amor por Roxana, escondido bajo un  rosal prestando su voz y su ingenio, al torpe y apuesto Christian de Neuvillette? Lo que pocos saben es que ese hombre "a una nariz pegado" fue un personaje real y noble, poeta, dramaturgo y soldado llamado Hércule Savinien de Cyrano de Bergerac, contemporáneo de Moliére. Aunque muy idealizado (el original), el Cyrano de Rostand es el drama profundo de un hombre sensible e inteligente oculto bajo una apariencia dolorosamente risible y es un trasunto semejante al de la Bella y la Bestia tantas veces llevada a la escena y al cine, (recuerden que King Kong es, a pesar de todo, una historia de amor). Por cierto la muerte del auténtico Cyrano (a los 36 años)  fue misteriosa y sin autor conocido, como la del personaje literario.

El escritor y académico francés, Edmond Rostand, un incurable neoromántico alcanzó con su "Cyrano" (1897) uno de los grandes éxitos  mundiales de la época a caballo entre finales del siglo XIX y principios del XX. En esta ocasión las aventuras de ese espadachín desdichado y enamorado, han sido llevadas a las prensas por la editorial Reino de Cordelia en una edición magnífica ilustrada por el gran José María Gallego. Rostand tiene otras obras menos conocidas que también merecerían una edición como la que nos ocupa, me refiero a "El otro mundo" , quizá una de las obras precursoras de la ciencia ficción, en la que Cyrano viaja a la luna y al sol, como más tarde harían el Baron de Munchausen o el no menos precursor Meliès, con su cámara de cine impulsada a mano y con imágenes coloreadas una por una.

Los cinco actos del drama de capa y espada de Rostand ha tenido un brillante espaldarazo en la edición y en el cine o en los escenarios. Nadie puede mantenerse indiferente ante este sólido, desesperado y romántico trío de tópicos y símbolos que conforman Cyrano, su amada Roxana y el melifluo y más bien soso Christian, un "in crescendo" de emociones que culminan con uno de los mejores "mutis" finales de la historia literaria, junto al de Romeo y Julieta, Hamlet, el Quijote o Moby Dick. La versión que nos ofrece esta editorial es completa y la traducción versificada de Jaime y Laura Campmany roza la excelencia.

"Gracias a tí, una falda acarició mi vida" dice Cyrano moribundo a su amada. Y muere en sus brazos con una hidalguía estoica que recuerda al Ingenioso caballero, "Me habéis quitado todo: el laurel y la rosa --dice a sus enemigos en la vida, la mentira, los prejuicios, la envidia, la idiotez-- pero, por más que os pese, aún me queda una cosa..." Y ante la llorosa Roxana que le pregunta, "¿Que es ello?", responde exhalando el último suspiro: "Mi penacho lleno de gallardía/ y la brava apostura de mi fiera nariz". Telón.

Notas sobre el Cyrano real: nació en París el 6 de marzo de 1619, como cuarto hijo de Abel de Cyrano, abogado, y de Espérance Bellange. En París transcurrió casi toda su vida. En 1638, adoptó el nombre de Bergerac. Se alistó en la Compañía de la Guardia, y se hizo célebre por sus numerosos duelos. Se retiró en 1641, tras participar en los sitios de Mouzon y Arras y ser herido en la garganta. Estudió filosofía con Pierre Gassendi. Dilapidó sus escasos recursos. En 1647 heredó un modesto legado de su padre y se dedicó al teatro y a la literatura.Entre otras obras escribió L'autre monde,  una especie de nueva utopía  semejante a las de Tomás Moro y Tommaso Campanella. Protegido por el Duque de Arpajon, compuso una tragedia, La muerte de Agripina, que escandalizó y le enemistó con su protector. Murió el 28 de julio de 1655, en Sannois, a los 36 años, como consecuencia de las heridas que le causó una viga al caerle encima. Su amigo Le Bret publicó, extraído del manuscrito de L'autre monde, la Historia cómica de los estados e imperios de la Luna en 1657; más tarde, en 1662, apareció su Historia cómica de los estados e imperios del Sol.

FICHA

CYRANO DE BERGERAC.- Edmond Rostand.​- Trad. Jaime y Laura Campmany.- Ilustraciones de José María Gallego.- Ed. Reino de Cordelia. 277 págs. 29,95 euros. ISBN 9788416968749

 

 

 

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19 julio 2019 5 19 /07 /julio /2019 18:03

¿Qué hubiera sido de la humanidad si no hubieran existido el lenguaje y la escritura? Seguramente jamás hubiéramos llegado a inventar la bomba atómica, al exterminio burocrático-científico de millones de personas en campos de concentración, a provocar hambrunas, éxodos y matanzas por todo el planeta, a contaminar las aguas, la tierra y los cielos hasta límites apocalípticos, a hacer desaparecer inexorablemente cientos de especies animales y vegetales (nuestros supuestos compañeros de hábitat) a entender que la violencia, el abuso, el engaño y el robo forman parte indivisa de nuestra existencia cotidiana... y tampoco hubiéramos disfrutado del Quijote, de Shakespeare, Dickens, la Divina Comedia, Milton, los Vedas, las Mil y una Noches, del Sócrates de Platon, Epicuro, Aristóteles, Kant, Montaigne, Descartes, Wittgenstein, Russell los libros de Historia, de grandes viajes, Darwin, Einstein, los geógrafos desde Ptolomeo a Humbolt... sin los textos que la amparan y canonizan no habría profundas calas de espiritualidad en la mente humana y el acervo cultural de la Humanidad no existiría. Seres simiescos a los que nunca conmovería el teatro, el cine, la música...

La pregunta es retórica y se abre a una dicotomía insalvable: la barbarie y el instinto de supervivencia de la horda primitiva o la ambivalente carga de la historia que hemos inventariado tras miles de años de signos gráficos con significado, códigos en cuyas entrañas late la identidad de pueblos y personas y el reflejo histórico de esa relativamente breve y efímera presencia, con un trasfondo dramático de imperios que surgen, florecen y mueren, a veces sin dejar rastro, del florilegio de ideas políticas, sociales, científicas o filosóficas que van dinamizando el desarrollo, progreso y a veces destrucción de naciones e individuos. Más de cuatro mil años de literatura universal convierten en mera tentativa caprichosa e incompleta cualquier intento de reflejar una variedad y complejidad casi inagotable. El libro de Martin Puchner picotea aquí y allá sin pretender en ningún momento la locura de tratar de ser exhaustivo. 

Puchner, catedrático de literatura europea de Harvard, recurre a dieciseis textos que él considera fundamentales buscamdo a través de viajes personales contextualizar dichas obras con el ambiente en el que nacieron, al menos de forma indirecta inevitable dada la distancia cronológica y los enormes cambios habidos. Aunque en algunos, como el Sáhara (desde donde evoca la "Epopeya de Sunjata") o la selva mejicana y centroamericana donde aún alguien habla del "Popol Vuh".

El autor considera esos textos como "fundacionales", que "solían estar custodiados por sacerdotes que los atesoraban en el corazón de los imperios y naciones, mientras que los reyes los impulsaban porque sabían que un relato podía justificar conquistas y proporcionar cohesión cultural.” Como es natural en la historia de la cultura hay una dinámica progresiva, desde los escasos de tiempos antiguos hasta que "a medida que se extendía su influencia fueron apareciendo nuevos textos hasta que el globo se fue pareciendo más y más a un mapa organizado por la literatura, por los textos fundacionales que dominaban una determinada región”. El creciente poder de esta clase de textos situó a la literatura “en el centro de muchos conflictos, entre ellos las guerras de religión.” O más tarde, nos dice Puchner, de forma un tanto reduccionista,en la Guerra Fría, "en gran medida una guerra entre textos fundacionales: La Unión Soviética se había fundado a partir de las ideas articuladas en un texto mucho más reciente que la Biblia: El manifiesto comunista, escrito por Marx y Engels y leído con avidez por Lenin, Mao, Ho y Castro.”

Para seguir una coherencia cronológica, nuestros autor nos lleva desde el arcaísmo de escribas que compilaban textos orales recitados por aedos ante multitudes casi hipnotizadas por el poder evocativo de las palabras, es decir obras como Gilgamesh, la Biblia hebrea del Antiguo testamento, la Iliada o la Odisea. Más tarde serán textos inspirados por Buda, Sócrates, Pitágoras, Demóstenes o Jesús. Seguirán los escritos y publicados minoritaria y limitadamente por los grandes maestros literarios y filosóficos, adorados por la aristocracia y la burguesia. Llegando a la eclosión de la imprenta, la producción masiva y las masas alfabetizadas..hasta la radical revolución digital de internet, cuyo camino futuro está tan lleno de angustiosos interrogantes, como de comodidades impensables y aspectos positivos lo está en el presente.

 

FICHA

EL PODER DE LAS HISTORIAS.- Martin Puchner. Ed. Crítica. Trad. Silvia Furió. 394 págs. 23,90 euros. ISBN 9788491990260

 

 

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