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4 enero 2012 3 04 /01 /enero /2012 10:25

Harold-Bloom.jpg

Harold Bloom, el crítico literario más famoso y divertidamente prepotente de los Estados Unidos, revolucionó hace unos años el mundo académico y el literario con la publicación de un muy particular "Canon" (en el sentido de medida perfecta de algo, de elementos escogidos por su valía en comparación con otros) de la narrativa y la poesía occidental: la norteamericana y la europea, tanto da. Con ello Bloom mostraba su pretensión y orgullo de creer que sus conocimientos y experiencia le capacita para dictar una lista de las mejores obras literarias  en el ámbito que sea. Pues bien, Harold Bloom, piensa de sí mismo que es la persona idónea para dictar el canon literario de nuestro siglo. ¿Discutible? Sin duda. ¿Convincente? Pues, también, con algún reparo personal. Lo importante es que en su última obra (siento que lo de "última" pueda llegar a tener un sentido más trascendente ya que supera los  80 años de edad y se encuentra muy enfermo) titulada  "Anatomía de la influencia" y subtitulada "La literatura como modo de vida" (edita Taurus), hace una especie de recuento vital literario, cerrando el círculo ambicioso de sus obras, ya que una de las primeras que publicó, en los años sesenta, y con la que atrajo el interés hacia él, se llamó "La ansiedad de la influencia".

Aparte de su controvertida "El Canon occidental", Bloom ha escrito un libro excelente sobre el Bardo, "Shakespeare o la invención de lo humano" con el que ganó el corazón de muchísimos lectores amantes del gran William, entre ellos el mío. Por lo que sé, Bloom sigue dando clases de literatura en Yale y es un experto reconocido en poesía inglesa y norteamericana, con una erudición soberbia equilibrada por un didactismo provocador e inteligente.

En el libro que comento, Bloom aplica el principio crítico que ha constituido una de sus aportaciones más lúcidas a la historia literaria: la búsqueda de las influencias que pueden rastrearse en las grandes obras y los grandes autores, rastreadas en autores y obras precedentes, en una dinámica de intensa lucha y rivalidad hasta lograr superar a esas "influencias".

Ni que decir tiene que es preciso mucho conocimiento, mucha erudición y mucha sensibilidad para hacer esa labor literario-detectivesca que además tiene el prurito de que molestará a más de uno de los simpatizantes con los escritores precedentes. El mundillo de la erudición literaria es tan inclemente y pertinaz como el de los coleccionistas. Y nadie perdona a nadie cuando está en juego el nombre y la carrera crítica o erudita.

Desde Milton a Selley, Leopardi, William Blake, Pound o Eliot, Joyce o Lawrence, pero sobre todo centrándose en Shakespeare y Walt Whitman, Bloom nos deslumbra y seduce no solo por su conocimiento de los autores y sus obras más representativas sino por la audacia y astucia con la que va mostrándonos de qué manera y con qué intensidad los grandes han bebido temas, estilos y técnicas de otros que les precedieron y que quizá en su día eran más famosos o conocidos y estimados que los grandes definitivos que admiramos.

Desde el Preludio y el Amor literario, apartados con los que empieza el libro, Harold Bloom, nos habla de una vida, la propia, dedicada por entero a los libros y a determinados autores, sobre todo el Bardo, Samuel Johnson (reconocido como mentor propio) y el poeta del "Canto a mí mismo", Whitman (al que dedica tres capítulos, sondeando la larga nómina de poetas influidos por Walt) el poeta latino Lucrecio, y los modernos Yeats, James Merrill o Hart Crane (poeta del que Bloom sabe de memoria la mayoría de sus versos).

En esas primeras páginas hay una declaración que ya es, en sí misma, un mandamiento vital y una filosofía esencial. Dice así: "La critica literaria...tal como yo la practico... es...personal y apasionada. Se trata de un tipo de literatura sapiencial y por tanto de una meditación sobre la vida. Sin embargo cualquier distinción entre vida y literatura es engañosa. Para mi la literatura no es solo la mejor parte de la vida, es en si misma la forma de la vida y esta no tiene ninguna otra forma". Por supuesto suscribo la mayor parte de este apotegma. Creo que en esta adoración por la literatura es lo que carga de simpatía para mí la figura de Bloom (aunque yo pienso que la vida SI tiene otras formas, pero eso es una limitación de carácter respecto a Bloom).

Para la mayoría de los lectores españoles supongo que el interes de este  magnifico libro reside sobre todo en los capítulos que dedica a Shakespeare y la influencia de Marlowe (ahora de actualidad cultural por la controvertida película dedicada a la autoría de las obras del Bardo ("Anonymus", que apunta más al conde de Oxford que a Marlowe), o incluso en los dedicados a Walt Whitman (del que habla más como fuente o influencia sobre otros poetas que de las recibidas por él, salvando a Emerson). Mas de cien páginas de las cuatrocientas  que integran el libro están dedicadas totalmente a Shakespeare y sus relaciones anteriores y las posteriores (los influidos) con especial hincapie en Milton, Keats, Crane, Borges, Joyce, Goethe, Dostoievski, Dickens, Melville, Stendhal, Dante...i tantti altri. Doscientas páginas más están dedicadas a Whitman y a los poetas que fueron influidos por el gran maestre de la poesía nortaeamericana desde su tiempo a nuestros días.

En resumen, como el mismo Bloom asevera al final de su libro, "Paul Valery dijo sabiamente que los poemas no se acaban, simplemente se abandonan...por tanto no puedo acabar este libro, porque espero seguir leyendo y buscando la bendición de más vida". También lo espero yo, amigo Bloom.

 

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3 enero 2012 2 03 /01 /enero /2012 08:37

Este principio del año  2012 lo estoy viviendo bajo las exigencias y restricciones creadas por un resfriado pertinaz que arrastro desde la Nochebuena y he agudizado tres dias despues, el 28 de diciembre, tras haber disfrutado de un enfriamiento adicional viendo a mi nieto jugar a fútbol por la noche bajo un viento frío insistente.

La cosa no es demasiado molesta, excepto ocasionales ataques de tos (que me vuelven un compañero poco agradable en actos públicos que exigen un cierto silencio, cine, teatro u ópera sobre todo), ya que me permite frenar mis actividades deportivas y familiares y dedicarme sin límite a algo que me atrae desde mi más remota infancia: leer y escribir, reflexionar cómodamente echado en el sofá o ver alguna buena película en el dvd.

Además de ir terminando los libros de los que he dado cuenta otros dias, el Gargantúa rabelaisiano, el ensayo literario de Bloom y el libro sobre Jung, he podido "hincarle el diente" a un trabajo del escolapio Ramón M. Nogués, catedrático de Antropología biológica de la Autónoma. Se trata de "Déus, creences i neurones" que ha editado Fragmenta editorial y que se subtitula "Un acostament científic a la religió" Ya lo analizaré en profundidad. De momento los temas que con gran pericia trata mosén Nogués, las funciones de nuestro cerebro en la reflexión, el papel de la trascendencia y cómo afecta a la neurobiología, el lenguaje y su papel en ese escenario, el valor evolutivo de las creencias y de la religión, la espiritualidad...conforman una propuesta fascinante para alguien que se siente atraido por esos temas esenciales. Es una lectura que aparece en un momento simbólicamente inaugural, como suelen serlo los principios de año. El libro, publicado en 2007, estaba escondido en segundos fondos de una atestada librería y ha aparecido "casualmente" en el momento en que buscaba u n libro que entrara en resonancia con el momento actual y el espíritu que promueve comenzar un nuevo año. Seguiremos hablando de mosén Nogués y su libro.

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30 diciembre 2011 5 30 /12 /diciembre /2011 08:35

libertad-franzen.png

 

Por Dios, déjenme ustedes de otra "gran novela americana" o, peor, de "la" gran novela americana. Una buena novela, con algunos defectos y algunos excesos y algunos aciertos. Nada que te haga pensar que Melville, Twain, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Philip Roth, Pynchon, Steinbeck, Bellow, DeLillo o Updike deben dejar su puesto a Jonathan Franzen (Chicago 1959). Por mucho que los departamentos de marketing de las editoriales, la revista Time o el New York Times se empeñen y nuestros medios, casi en su totalidad, hagan delirante caja de resonancia hagiográfica, la novela de Franzen, estimable sin duda, no está destinada a hacerse un hueco entre las que han sido honradas por ese calificativo grandilocuente que, por cierto, inventó un escritor y periodista sin mucha suerte, John William De Forest, en 1898, el año de nuestro "gran desastre español".

En el gran país americano se aprovecha todo para favorecer las ventas. Y así el hecho de que el presidente Obama la recomendara (¿quién ha nombrado a Obama crítico literario?) le dio tal espaldarazo que nadie se preguntó por qué "Libertad" no ganó ninguno de los grandes premios literarios del país, ni el Pullitzer, ni el Nacional, ni el de la Crítica.

Eso, evidentemente no quiere decir que la novela no merezca atención y esté bastante por encima de la mayoría de las que se publican allí y nos llegan aquí enaltecidas para alimentar el papanatismo cultural de muchos. Permítanme: la novela de Franzen es una excelente, y demasiado larga, novela en la que se busca y casi se consigue, extrapolar las características vivenciales y de carácter de los miembros de una familia de clase media norteamericana a algo que se repite en esa misma clase social en la mayoría de los países de occidente. Es decir, Franzen hace que las insensateces, penurias, defectos y virtudes de un grupo de personas unidas por vínculos más o menos directos sean fácilmente reconocibles en la aldea global, como algo muy cercano a nosotros sus lectores, aunque vivamos en Madrid, Lisboa, Paris, Londres, Berlin…o el Matarraña.

Franzen ya había dado muestras de su ambición y regular factura literaria con "Las correcciones" (2001). Luego, tras ser mimado en exceso por los medios de su país (y área de influencia), nueve años de silencio hasta "Libertad", que de inmediato fue elevada a la categoría de "obra maestra" (otro de los calificativos más excesivos y ridículos que se prodiga en todas partes) por el NYT y "Time" le dedicó su portada (gran fanfarria de timbales victoriosos).

"Libertad" nos narra la saga familiar de los Berglung, Walter y Patty, un matrimonio de jóvenes universitarios, él ecologista, ella deportista y ama de casa vocacional confesa, dinámicos, superficiales e idealistas a lo largo de varias decenas de años. La vida va haciendo mella en los bien perfilados caracteres de nuestra pareja (a la que hay que añadir un amigo de él, Richard, impenitente mujeriego, que servirá de revulsivo moral y físico al matrimonio ya desde su época de novios) y hará que la coherencia personal e ideológica se vaya al traste, provocando depresiones y hundimientos en los tres personajes.

La aventura personal va encuadrándose dentro de los avatares nacionales, políticos y sociales, y es aquí donde resuena esa "libertad" individual y social que es el desiderátum de todos ellos y que está constantemente cuestionada y limitada por una forma de vida, las necesidades que uno se crea y el impacto de los sucesos globales (así el 11-S). En este contexto, las miserias personales también se inscriben en un cuadro general en el que prima la crisis económica, la corrupción financiera, los grandes escándalos y como correlato, la imparable crisis de los valores y los principios que caracteriza nuestro mundo actual. Contra eso, nos dice Franzen, hay que buscar un punto de solidez y eso en definitiva solo lo puede hallar uno en la familia. Esta moraleja, edificante y muy norteamericana, es la que acaba imponiéndose allá por las últimas y emocionales páginas de las 667 que consta la edición en castellano de "Salamandra".

Para llegar a esa conclusión salvadora, Franzen, nos sumerge en una corriente muy dinámica y a veces deslumbrante de hechos, personajes (demasiado tópicos y esquemáticos, como si nos dieran una ficha para que los reconozcamos) y diálogos, que lo dejan a uno literalmente sin aliento. Todo escrito con un estilo ágil, impactante e incisivo –casi de crónica periodística o de texto publicitario- que nos muestra con meticulosidad de entomólogo los motivos auténticos de las acciones y actitudes de los personajes, gracias a Dios con bastante sentido del humor. Y es que Franzen no puede evitar, a pesar de su humor o gracias a él, ponerse "estupendo" (como diría Max Estrella) y recordarnos a todos sus humildes lectores que el amor mueve el mundo y como la bebida de las burbujitas "es la ilusión de la vida".

Con el amor, nos viene a decir, la libertad es más libre. Aunque claro hay que pasar por los requisitos de rigor, la libertad no es gratis, hay que ganársela y hay multitud de trampas y obstáculos en todos los niveles, desde el individual, al familiar y al social, en los que por motivos políticos o humanos, se la reduce a poco más que una palabra retórica.

El universo humano de la novela, Walter y Patty, el amigo en discordia Richard Katz, Joey y Jessica, los hijos del matrimonio, los padres de Walter y Patty, sus hermanos, va interactuando con el proceso de deterioro o de afirmación que la vida imprime a cada persona y Franzen nos lo cuenta con humor y con amor, haciéndonos eco de los problemas que se crean, los malentendidos, los fracasos y los abusos, las miserias y las mezquindades de unos u otros (con el fantasma de la libertad como núcleo duro, entre el deseo y la limitación) y cuando todo parece irse al garete, intervendrá el amor… el gran héroe norteamericano de la clase media logra vencer y se retira a la paz del hogar. En la lucha se ha dejado media vida y heridas sin cuento, pero como en las películas de Frank Capra, Juan Nadie se recompone y sigue adelante…

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30 diciembre 2011 5 30 /12 /diciembre /2011 08:12

Acantilado, la magnifica editorial barcelonesa, ha estado preparando durante mucho tiempo la edición de una de las grandes obras de la literatura mundial, "Gargantúa y Pantagruel" de Francois Rabelais. Como es una obra que ya no está protegida por derechos debido a su venerable antiguedad (1542) y es de dominio público, los de Acantilado han tenido buen cuidado en mantener en secreto su edición (tanto es así, que me comenta una amiga relacionada con la editorial que a todos les obligaban a firmar un documento comprometiéndose a no revelar que se estaba trabajando en esta edición  de Rabelais).

Ya tengo sobre la mesa el volumen de los cinco libros del clásico rabelesiano, magnificamente editado, con sus tapas duras de cartoné con el bicolor tradicional en Acantilado y una portada que reproduce una obra de Santi Moix, cobalto sobre vidrio glaseado en terracotta de barro y que muestra a un niño desnudo gigantesco devorando los animales que afanosos pigmeos le llevan con escaleras, a su alcance (se trata de la infancia del gigante Gargantúa, padre de Pantagruel).

Traducido por Gabriel Hormaechea y con prefacio del erudito francés Guy Demerson, la presente edición basada en la última revisada por Rabelais en 1542,  es uno de los libros más ilustrativos -- y divertidos-- de un enfoque humanista de la vida, cálido  e incluso desvergonzado, una sátira de las estrecheces de miras escolásticas y de los excesos hipócritas de las religiones y sociedades, un juego escandaloso y procaz en el que no queda títere con cabeza, soez, escatológico, de una vulgaridad libertina, una comicidad de taberna y burdel, pero todo presentado con tal trazo grueso de exageración provocativa que uno rapidamente adquiere el alejamiento preciso para entender las intenciones del autor, su burlona pericia critica y entrar en el juego que nos propone entre las sutilezas de la parodia y la ironía. Como dice el autor en su libro IV, el pantagruelismo es "una cierta alegría de espíritu adobada con desprecio de las cosas fortuitas".

Como Rabelais escribe en su dedicatoria a los lectores: "despojaos de toda afección // y leyéndolo no os escandaliceis// no contiene ninguna infección// verdad es que aqui poca perfección// aprendereis, si no en caso de reir//...pues más vale de risa que de lágrimas escribir".

Verdaderamente, es así. Gocemos con Rabelais. No en vano es uno de los mas geniales precursores de las novela picaresca española, desde el  Lazarillo (1554), Marcos de Obregón o las Novelas ejemplares de Cervantes. Sólo la Celestina (1499) es anterior. Y es una tragicomedia.

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28 diciembre 2011 3 28 /12 /diciembre /2011 08:24

Desde "El hombre que confundió a su mujer con un sombrero" o "Con una sola pierna" o "Despertares" (del que hay una versión cinematográfica dirigida por Penny Marshall -1990- interpretada por Robert de Niro y Robin Williams y que narra el descubrimiento realizado por Sacks del uso de la droga L-dopa en el estado de pacientes de encefalitis letárgica, provocando unos "despertares" de sus estados catatónicos pero, desgraciadamnente, con una duración limitada), los libros del neurólogo  Oliver Sacks me han impresionado, no sólo por versar sobre cuestiones patológicas o no, del funcionamiento del cerebro y la mente --ese mundo detrás del espejo que tiene infinitas posibilidades--. Ello constituye una de las temáticas que me han atraido más durante toda mi vida y ha motivado los muchos años dedicados al estudio de la psicología y el psicoanálisis y a una también dilatada, aunque selectiva práctica clínica. Pero es que además son libros extraordinariamente bien escritos y con rasgos poéticos e imaginativos que los convierten en lecturas apasionantes.

Ahora leo de Sacks su ultimo libro, "Los ojos de la mente". Parte de la fuerza y el interés que despierta Sacks en mi se debe al hecho realmente sorprendente de que el escritor es, él mismo, una persona que tiene unos problemas neurológicos --y al parecer de otros tipos-- de manual, con lo que se convierte en un autoinvestigador que con una lucidez e inteligencia extremas rastrea en sus propios males para analizar y describir los males ajenos y los casos --verdaderamente impresionantes-- que nos cuenta entre sus pacientes.

En este libro recoge sus investigaciones sobre pacientes y él mismo, que presentan alteraciones neurológicas de la facultad de ver, de la imaginación visual, de todos los parámetros personales, sociales y neurológicos que supone la visión -y sus fallos o carencias patológicas-- en la vida de las personas, mostrando hasta qué punto esa facultad CONFORMA NUESTRA PERSONALIDAD.

Llama la atención cómo esas deficiencias suelen atacar a personas que dependen especialmente de esas facultades, así la concertista que pierde la facultad de leer las pautas musicales o el escritor que de un dia para otro pierde la facultad de reconocer las letras o el mismo Sacks, que va perdiendo la facultad de reconocer las caras de las personas, aun las mas cercanas (prosopoagnosia) y los curiosos efectos que tuvo sobre su visión y su vida cotidiana el tumor que le hallaron en el ojo derecho. Todas esas personas cuyos apasionantes casos Sacks nos describe con emoción y claridad, empezando por el suyo propio, tienen una característica edificante: la lucha incesante y sin desmayo por  recuperar sus dones artísticos o sus actividades castigadas por la enfermedad, su entereza y la fuerza y dignidad que les lleva a recuperarse sino al completo lo suficiente para mantener una cierta calidad de vida. Y el propio Sacks es un brillante ejemplo de esa determinación heroica, ya que castigado desde muy  joven por enfermedades y problemas neurológicos de importancia, el doctor ha logrado mantener una apasionante vida de creación literaria y científica de primer orden, aparte de ser una persona con  numerosos y muy variados intereses culturales y artísticos que le convierten en un hombre del Renacimiento en pleno siglo XXI, ya que transita con igual soltura por la neurología, la  literatura, la poesía, el teatro, la música y el arte.

Maravilloso ejemplar humano. Un ejemplo para todos.

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27 diciembre 2011 2 27 /12 /diciembre /2011 08:56

No se trata de Leopoldo Bloom, no, sino de Harold Bloom. Ambos guardan ciertas similitudes. El personaje señero de Joyce es fornido, epicúreo, divertido, melancólico y sensual. Por lo que he podido colegir, el Harold Blomm, profesor universitario de literatura y autor de un pretencioso y discutible pero interesante "Canon" de la literatura del siglo XX, tiene muchos elementos que le acercan al protagonista de "Ulises".

En sus propias palabras, y bien que lo siento, la obra que leo ahora, fascinado por su erudición y agilidad mental, "Anatomía de la influencia" (Ed. Taurus) sería el "canto del cisne" del excelente ensayista, debido no solo a su avanzada edad, 82 años, sino a un muy precario estado de salud que le ha quitado más de veinte kilos de peso en un año y añadido unos cuantos años más de deterioro a su aspecto.

En esta obra, que es la culminación de su teoría literaria predilecta, la influencia que reciben los genios literarios de sus predecesores y el brillante rastreo en sus obras de las obras y el pensamiento de esos autores, muchas veces casi desconocidos o ignorados. En los años setenta escribió "La ansiedad de la influencia" cuyos principios y sugerencias desarrolla ampliamente  en esta "Anatomía". Bloom nos permite generosamente que bucemos en los criterios que ha defendido durante toda su brillante carrera de critico literario para considerar porqué una determinada obra u autor merece estar en el canon de los grandes y cuales son los elementos que permiten inferir que una obra es muy superior a las que le antecedieron en el escenario literario de una determinada epoca y, en algunos casos, pocos, de todas las épocas, caso de Shakespeare, el gran creador por antonomasia para Bloom (y para quien esto suscribe, punto que siempre me ha hecho estar al lado de Bloom, aunque le discuta otras aseveraciones canónicas).

Es precisamente el Bardo, junto con el poeta Walt Whitman, los dos polos en los que se basa Bloom para montar el armazon teórico de su libro que, por encima de su indudable erudición, a mi personalmente me fascina por lo que tiene de confesión vitalista genuina: el principio vivencial que le sirve para subtitular su libro: "la literatura como modo de vida", algo que he compartido desde que muy pequeño aprendi a descifrar las letras, casi de una forma mágica y solitaria, una ocupación que se revelaría algo esencial en mi vida (como de una forma evidente y visible le fue concedido también a Bloom, que tan brillantemente ha dado prueba de ello hasta el final de sus días, tal vez muy cercano ya.

Shakespeare (del que escribió su maravilloso libro "Shakespeare o la invención de lo humano") es uno de los centros evocativos del libro que nos ocupa, junto a Milton, Leopardi. D.H.Lawrence, Shelley. Joyce, Auden, Melville y por supuesto Whitman. Un libro evocador y delicioso.

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23 diciembre 2011 5 23 /12 /diciembre /2011 08:28

 

NOCHES-OSCURAS.jpgEn estos complicados tiempos, los libros -determinado tipo de libros- pueden sernos de considerable apoyo, consuelo, información básica, clave para ubicarnos o incentivo para el cambio. Y no me refiero a ese subgénero de libros con contenido más o menos psicológico que se llaman "de autoayuda". En realidad lo que les propongo es un racimo de títulos en los que se analiza de forma sencilla, clara y eficaz los escenarios contrastados de la vida humana, con sus cargas de tristeza, felicidad o hastío, estados de ánimo variables y circunstancias difíciles, proponiendo al tiempo un cambio de perspectiva, otra percepción de lo real. Y, en muchos casos, sugiriendo actitudes y comportamientos inspirados en la filosofía clásica o en milenarias técnicas espirituales que han demostrado su eficacia durante siglos.

Empezamos por "Las noches oscuras del alma", del terapeuta junguiano Thomas Moore, que nos ofrece una guía para convertir los momentos personales de crisis, del tipo que sea, en una ocasión inmejorable para crecer como personas cambiando la polaridad de la amargura y rencor en energía de transformación.

sabiduria.jpgLa profesora Mónica Cavallé con su "La sabiduría recobrada" nos recuerda que el sentido original de la filosofía no era la especulación teórica sino la búsqueda y propuesta de un camino pleno para vivir. Se trata de un método para cultivar la sabiduría, siendo la sabiduría la mejor herramienta para lograr el equilibrio y la armonía en la vida cotidiana.

Para complementar estos dos enfoques psicológicos y filosóficos al arte de vivir, sugiero un libro que analiza una práctica que les puede cambiar la vida, una inestimable ayuda para vivir con plenitud en la realidad. Se trata de un pequeño libro de gran mensaje. "Un cerezo en el balcón" de Laia Montserrat. En él, la autora nos cuenta con detalle, claridad y de forma poética y sugestiva los rudimentos básicos para practicar el zen en el tráfago incesante de la vida del urbanita. ¿Y qué es el zen? Una práctica psico-física avalada por siglos de eficacia en la tradición espiritual de oriente (y desde mediados del siglo XX, en occidente). Los principios activos del zen, maravillosos en su simplicidad, están siendo aplicados con gran éxito, aparte de en la vida cotidiana de millones de personas en el mundo, en el mundo de los negocios y la empresa, el arte, el deporte y la comunicación.

gran-rio-consciencia.jpgEn ese mismo orden de conocimiento y para lectores ya informados sobre el zen, o una de sus variantes más lúcidas y disciplinadas, la meditación vipassana, recomiendo encarecidamente el nuevo libro del maestro Dhiravamsa, "El gran río de la consciencia", que publica la editorial "La liebre de marzo". Se trata de un gran volumen que recoge las enseñanzas del sabio maestro oriental que vive en Girona, pero también es un amplio documento real sobre las actividades y cursos de meditación que realizan los seguidores y discípulos del maestro en la tradición vipassana, o de la visión profunda. Es un libro que interesará también a los psicólogos (principalmente a los humanistas, junguianos y en general los transpersonales). Pero por encima de todo, la lectura de este volumen es un acicate muy sutil y eficaz para los que se embarcan en ese difícil pero gratificante viaje hacia la plenitud personal (que curiosamente deja de ser "personal" cuando por algún efímero instante se logra percibir), al encuentro -no la búsqueda- de eso que muchos han llamado la iluminación y que no suele ser más que la percepción personal e instransferible de nuestro auténtico lugar en el mundo, de nuestra interelación con todo lo que vive y de la existencia del "yo profundo" que es mucho más que la suma de nuestro cuerpo y nuestro espíritu, nuestra memoria y nuestro vulnerable e ignorante yo cotidiano.

 

 

 

Vale la pena que se auto regalen uno de estos libros, o los cuatro (siempre hay quien no sabe qué regalarnos por Navidad). Y que los lean con atención. Se llevarán una sorpresa.

 

FICHAS

LA SABIDURIA RECOBRADA. La filosofía como terapia. Mónica Cavallé.- Editorial Kairós.326 págs.

LAS NOCHES OSCURAS DEL ALMA. Thomas Moore. Ed. Urano.429 págs.

UN CEREZO EN EL BALCÓN. Laia Montserrat. Ed. Kairós.102 pág.

EL GRAN RIO DE LA CONSCIENCIA, Dhiravamsa, Ed. La liebre de marzo, 564 págs.

 

 

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22 diciembre 2011 4 22 /12 /diciembre /2011 08:08

He recibido de la editorial Kairós tres libros providenciales. Este hecho baladí, el envío de libros para reseña crítica, parece ajustarse a una de esas "casualidades" que superan la causalidad y obedecen a principios y leyes que desconocemos. Es el concepto que Jung acuñó como "sincronicidad", cuando unos hechos aparentemente casuales se ajustan de manera misteriosa y no buscada a una actitud o una búsqueda, facilitando las cosas de una forma sorprendente. Los tres libros recibidos cumplen esa cualidad "sincrónica". Uno de ellos, "La sabiduría recobrada" de Mónica Cavallé, habla de la filosofía perenne, es decir de aquella filosofía, fuera de los ambitos académicos y especulativos o doctrinales,  que tiene como objetivo aplicar el conocimiento de lo real, en uno mismo y en lo demás,  en busca de la plenitud, el equilibrio y la armonía en la propia vida: el camino hacia la sabiduría esencial, "un conocimiento indisociable de la experiencia cotidiana y que la transforma de raiz, un camino de liberación interior". El segundo, "Vivir con la sombra" de dos terapeutas junguianos, Connie Zweig y Steve Wolf, es una propuesta hacia el conocimiento y la iluminación del lado oscuro del alma, lo que Jung llamó "la sombra" y que es la raiz de muchas patologías y del sufrimiento interior del ser humano. Y el tercero, el más sencillo, breve y poético, es un pequeño manual ("Un cerezo en el balcón", de Laia Montserrat), sobre la práctica del zen en un terreno tan lleno de obstáculos para la práctica, cuando no hostil, la ciudad: la busca de la quietud y el silencio con una técnica milenaria que los japoneses han perfeccionado uniendo la sabiduría del taoísmo con el sentido práctico especulativo de las disciplinas espirituales y fisicas hindúes. Y la sincronicidad del hecho nace de que hace poco escribiendo un trabajo sobre "La historia secreta del psicoanálisis" de John Kerr, base de la película "Un método peligroso", se reavivó mi interés por Jung, al que estudié hace años, objeto de una fallida tesis doctoral y verdadera causa inmanente de que me dedicara primero al psicoanálisis y la terapia humanista y más tarde a un proceso espiritual en el que siempre estaré inmerso. Estos tres libros me están haciendo volver al pasado y me están permitiendo analizar de forma muy gratificante y creativa la dirección de mis proyectos literarios, incluida la novela en la que trabajo. Es como si, digamos, el "destino" me hubiese enviado los libros para hacer mi labor más rica y ajustada a mis deseos y necesidades, conscientes y algunos de ellos inconscientes. On verrà.

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20 diciembre 2011 2 20 /12 /diciembre /2011 12:02

Mientras circulo por las dificultades de mi novela, de mi "work in progress" (¿o debería decir "word in progress"?) dedico parte de mi  agobiado tiempo en escribir reseñas de cine y libros para el periódico y para mi blog. ¿Deber? No. Placer. Esa mala conciencia de trabajador de toda la vida de no dar "puntada sin hilo", incluso en mi retirada vida del mundanal ruido. Ahora estoy incurso en la lectura de varios libros con un denominador común, autores de estas tierras en las que me siento tranquilo y feliz, todo el círculo comarcal que, con el centro en los Puertos de Beceite,  recoge tierras de Cataluña --La Franja, la Terra Alta, el Ebre-- y Aragón, el Matarraña. Así leo a Baltasar Casanova ("Salabror de riu"), Manel Ollé ("Micalet Verderol", "Macianet"), Silvestre Hernández ("El manuscrit de Wadi Al-Abmar" y "Aigües tèrboles") Jesús M. Tibau ("In un cop de vent..."), Asun Velilla ("Secretos del Matarraña") y Francisco Javier Aguirre, ("Los duendes del Matarraña" y "Tirana memoria"). Para mi es un gozoso descubrimiento palpar esa corriente caudalosa --que yo creía subterránea-- de la dinámica literaria que enriquece estas tierras. Mi amigo Serret --Octavio I, césar de los libros-- me ha proporcionado datos y libros de las gentes que tan bien sabe cuidar en su librería. Volveremos en más ocasiones a estos temas. No sólo es justo...es necesario. Cuidemos la cultura del libro, forma parte del espíritu de la tierra.

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16 diciembre 2011 5 16 /12 /diciembre /2011 08:55

psico3.jpg

Se llamaba Sabine Spielrein y a principios del siglo XX era una joven judía de casi 18 años cuando llegó a la clínica psiquiátrica de Burghölzli en Zurich. Atractiva y muy inteligente, aquejada de una psicosis histérica, Sabine se convirtió en una de las pacientes (muy especial, ya que terminó siendo su amante) de un también joven médico psiquiatra suizo llamado Ernest Jung y más tarde, discípula de otro gran médico austriaco judío llamado Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, una técnica terapéutica que se caracterizaba por un método basado en la "cura por la palabra". Esta mujer sensible y educada fue una indiscutible inspiración para Freud (y para Jung), aunque jamás se le reconocieron públicamente sus méritos, no sólo por ninguno de los  grandes pioneros del psicoanálisis sino por toda la cohorte de adoradores con la que se rodearon ambos en un pacto de silencio que duró hasta que en 1977 apareció una caja de documentos personales en el Palacio Wilson de Ginebra pertenecientes a una psiquiatra judía que había sido incinerada por los nazis. Se trataba de Sabine Spielrein y en la caja habia unos diarios y parte de la correspondencia que mantuvo con Jung y con Freud. El papel decisivo de Sabine en muchos de los tópicos psicoanalíticos de Freud quedó al descubierto, por ejemplo, en la hipótesis de Sabine sobre la relación entre la sexualidad y la muerte, que Freud utilizaría para su tópico Eros-Tánatos, así como el poco edificante papel de ambos hombres en la vida de la joven judía y el ninguneo al que sometieron a su figura.

La reciente película de David Cronenberg "Un método peligroso" muestra con gran eficacia y coherencia muchos de los elementos biográficos, algunos muy poco conocidos, que interesaron las relaciones triangulares entre Jung, Sabine y Freud (por cierto este último volvió a tener algo semejante más tarde, otro amor igualmente platónico, rivalizando por Lou Andreas-Salomé con Nietzche y el poeta Paul Reed).

En realidad Cronenberg  y su guionista Christopher Hampton no sólo se basaron en su obra de teatro de 2002 The Talking Cure, sino principalmente en la obra que hoy recomendamos, "La historia secreta del psicoanálisis: Jung, Freud Y Sabine Spielrein" (titulo en España de "A dangerous method", que edita Editorial Crítica) del psicoanalista norteamericano John Kerr.

Se trata de un volumen apasionante y no sólo para los entendidos o estudiosos del psicoanálisis: para cualquier persona que desee conocer uno de los momentos estelares de la cultura del siglo XX en dos de sus figuras esenciales. Curiosamente se da una de esas coincidencias que tanto fascinaban a Jung (e irritaban a Freud) a las que llamaba "sincronicidad" y  les daba un sentido especial, medio esotérico: coincidiendo con la película, aparece una biografía de Jung, editada por Kairós, escrita por Jean Jaques Antiner, "Jung o la experiencia de lo sagrado" donde abunda en este episodio que les comentamos.

Pero en esencia casi todos los citados beben de la obra de John Kerr que además ofrece un aporte documental y un análisis histórico, biográfico y psicológico de las tres personas y su medio ambiente, de sus ambiciones, sueños, errores y mezquindades que me parecen de un interés superior. La visión humana que nos ofrece Kerr de la grandeza de Freud, a la que no restan méritos su vanidad, su obcecación en su propia grandeza, sus "préstamos" de ideas de otros, sus propias represiones, su enorme soberbia, sus problemas íntimos, su avidez económica y sus complejos de raza, suponen  en conjunto un reflejo mucho más generoso y honesto que el, por ejemplo,  ofrecido por un francés Michel Onfray en su "Freud. El crepúsculo de un ídolo" donde trata de machacar al pensador judío con una virulencia que repele al final (aunque no se le puede negar su empeño documental, hay demasiado sesgos de inquina casi personal pero sobre todo intelectual: en realidad Onfray me parece un pigmeo subido al hombro de un gigante para intentar sacarle los ojos).

Volvamos pues al modélico libro de John Kerr, donde el lector interesado encontrará muchos de los detalles poco conocidos de Freud y Jung a pesar de las abundantes biografías anterior y los trabajos de los freudianos y junguianos, algunos de ellos empeñados en mostrar a sus ídolos de la manera más generosa y manipulada posible. Con esta lectura, tan fascinante, el lector comprenderá completamente los episodios oscuros que deja perfilados la película citada y se sentirá atraido ante el complejo mundo intelectual, sensual y humano que rodeó el nacimiento del psicoanálisis entre la Viena finisecular y  el Zurich de los primeros años de ese trágico siglo tan esencial y revolucionario que fue el pasado XX.

Y asi, aunque le presencia de la joven judía resulta un elemento detonador en el principio de la relación de Jung con Freud, resulta anecdótica dentro de una trayectoria entre estos dos gigantes, que empieza entre recelos y una cierta desconfianza mutua, sigue con una doble y mutua fascinación y acaba con una ruptura provocada no tanto por el desvio de Jung hacia un cierto misticismo oscurantista (en realidad siempre presente en la atormentada personalidad de Jung, desde su infancia) cuanto por el choque inevitable entre dos auténticas "vedettes" de la psicología y la competencia feroz de cara a una posteridad  y grandeza, que ambos intuían que se consolidaría con los años.

En el libro de Kerr asistimos, fascinados por la documentación historiográfica y biográfica aportada, a un despliegue de las ideas de ambos pensadores, sus coincidencias y sus enormes diferencias, con una forma de exposición bastante didáctica que en ningun momento resulta oscura para el lector aunque algunos de los conceptos son bastante áridos y requieren una formación anterior. Incluso ante esos conceptos oscuros, el estilo de Kerr logra dilucidarlos con una prosa eficiente y clarificadora.

Datos como el "informe Billinsky" (sobre la presunta relación intima incestuosa entre Freud y su cuñada Martha, hermana de su esposa) ofrecen una inesperada aclaración sobre los motivos de Freud (tras la ruptura) para callar publicamente ante la confesión de Jung de que habia tenido una relación sexual con su paciente Sabine. También añade datos interesantes sobre el controvertido célebre viaje de los dos psiquiatras a Nueva York. 

Respecto a ese enigmático episodio recomiendo la lectura de una novela,  "La interpretación del asesinato", un thriller psicológico escrito por un jurista norteamericano, Jed Rubenfeld (Editorial Anagrama).  En esa novela apasionante se nos narra la llegada de Freud y sus discipulos a Nueva York, una ciudad en constante cambio en la que se están levantando los primeros rascacielos y existe un dinamismo político, financiero y social en el que todo cabe, desde la corrupción hasta el crimen, junto a la ambición y las grandes ideas materializadas por un vigor y una potencia social sin precedentes. A través de dos personajes clave, un joven doctor fascinado con las ideas de Freud (y con las obras de Shakespeare, de hecho el fantasma de Hamlet circula por tola la trama de una manera muy original) y un detective de la policía con mente abierta y analítica (una especie de tosco Sherlock Holmes mezclado con el inspector Colombo) se investiga la atroz muerte de una joven en la que están relacionados canallas de lujo y grandes personalidades de la vida política y económica de la ciudad. Freud prestará su ayuda para esclarecer el caso y también Jung, creándose una situación en la que, segun el novelista, estallarán las diferencias entre los dos hasta la ruptura, no por discreta y ocultada, menos definitiva. Divertido pastiche nada histórico que puede complementar, por el lado de la diversión, la lectura del libro de Kerr.

En resumen éste último es un ensayo exahustivo, desmitificador, honesto y muy bien documentado que se lee como una novela y que no puede faltar en la bilioteca de toda persona que quiera estar informada sobre una de las ideas más revolucionarias de la historia; el psicoanálisis. Junto con Marx, Darwin y Copérnico, Freud, (aun  reconociendo todas las debilidades del hombre y el pensador),y en menor medida Jung, ostentan el corpus de ideas esenciales que integran al hombre civilizado de hoy en día.

 

 

 

FICHAS:

"La historia secreta del psicoanálisis", John Kerr, Ed. Critica, colec.Drakontos, 543 págs.

 

"Freud. El crepusculo de un ídolo", Michel Onfray. Ed. Taurus. 504 págs.

 

"Jung, o la experiencia de lo sagrado", Jean Jacques Antiner, Ed. Kairós.

 

"La interpretación del asesinato", Jed Rubenfeld, Editorial Anagrama

 

 


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