LOGOI 392
TODOS SOMOS GAZA...
¿Qué nos pasa a todos? ¿Cómo podemos aceptar las desmesuras absurdas y letales, inhumanas, que afligen al mundo de hoy? La Comunidad Europea, este resguardo de democracia y humanismo que hemos tardado siglos de luchas y penalidades por construir, ¿está perdiendo el norte de los derechos humanos, la libertad, la equidad? ¿Cómo podemos aceptar que ese payaso inestable y vociferante que ha llegado nuevamente a la Casa Blanca hable tranquilamente –y con el aplauso de muchos- de desalojar definitivamente a los palestinos de Gaza, recolocarlos en otros países y construir en la Franja –protegida por la Lex Americana- una “nueva Riviera en Oriente Medio”? Ningún respeto para los miles de muertos recientes, la historia y los derechos de los palestinos que allí viven y el Derecho Internacional. Es una segunda “nakba” (desastre) como la de los 700.000 palestinos huidos tras la creación del estado israelí en 1948. Ahora serían 2,3 millones. Salvando las distancias, es como si Trump le dijera a Cracovia que le cediera Auschwitz para construir allí un parque temático de diversiones tipo “túnel de los horrores”, porque eso tiene “un enorme potencial económico”. Es decir, Auschwitz -y Gaza- como “transacciones inmobiliarias”. No está loco, simplemente no es humano.
¿Tan difícil es superar la in-cultura “woke” y comprender que la brutalidad asesina es la cuestión a condenar y que da lo mismo si es árabe o israelí, turca, cristiana, islamista o judía? Tras la bestialidad de Hamas y la no menos bestial revancha israelí, sólo faltaba que los norteamericanos se pegaran un tiro en el propio pie llevando al inefable Trump a la Casa Blanca a pesar de su “modélico” historial. Para la mentalidad oligo-mesiánica del mandatario y sus adláteres (Musk aún no ha alcanzado su más alto nivel de irresponsable incompetencia política), Norteamérica puede prescindir del resto del mundo. Están en un craso error. Como dice un escrito difundido por la Red, supuestamente de la presidenta de Méjico, Claudia Sheinbaum, el muro que Trump empieza a construir en torno a su país, ya sea con acero o con aranceles abusivos y gestos de prepotencia (como las amenazas al CPI), deja fuera a los más de 7.000 millones de habitantes del resto del planeta. Estos (con excepciones) pueden ponerse de acuerdo en dejar de consumir productos “made-in-USA”, desde artículos de tecnología a alimentos, bebidas, películas, plataformas digitales, turismo: hacer campaña contra el dólar como moneda comercial internacional e incluso restringir todos los intercambios políticos y económicos: aislar al aislacionista. No es broma. Aunque habrá pescadores en río revuelto que ganarán algo: Rusia, China, muchos países árabes, africanos y asiáticos y algunos europeos. Trump aún no comprende que en esta época, el aislacionismo es más que un error estratégico: es una barbaridad lógica... y trágica. Todos somos Gaza...y Auschwitz.
ALBERTO DÍAZ RUEDA