LOGOI 391
LA HORA FINAL
La película de Stanley Kramer, “La hora final” se estrenó en 1959. Fue un éxito mundial y tenía un reparto de lujo: Gregory Peck, Ava Gardner, Fred Astaire y Anthony Perkins. Rodada en blanco y negro, nos cuenta de una manera sobria y sin dramatismos, la vida de los últimos supervivientes del holocausto nuclear. Viven en algunos lugares del hemisferio sur –Australia- ya que en el hemisferio norte (Europa, Rusia, Estados Unidos) ha desaparecido la vida humana. Pero los vientos llevan las nubes radioactivas hacia la zona no contaminada. El Gobierno australiano comienza a repartir cápsulas de un veneno rápido e indoloro para que las personas que han decidido no enfrentarse a la larga agonía de la radioactividad puedan poner fin a una vida sin esperanza. Es una magnífica película que debería emitirse en los Parlamentos, las escuelas y universidades y los centros de poder político y económico y repetidamente por todos los medios digitales. En ella no hay “ajuste de cuentas” ideológico: todos fueron, en la misma medida, unos asnos irresponsables.
Viene esto a cuento porque el “reloj del apocalipsis” –un artefacto creado por el Boletín de los Científicos Atómicos en 1947- marca por primera vez la cifra más cercana al fin: 89 segundos antes de la Medianoche, la hecatombe nuclear. Las horas, minutos y segundos están calculados por una computadora que analiza el curso de los conflictos armados en el mundo, sumando datos estimativos de hambrunas, contaminación ambiental, sequías, emigraciones, fenómenos atmosféricos brutales debidos al Cambio Climático, violencia urbana, virus epidémicos, aplicaciones militares de la IA, uso indebido de avances de la ciencia biológica, etc. Después presenta la curva estimativa que va restando tiempo de un supuesto reloj de 12 horas. El punto más negro y ominoso sigue siendo la guerra de Ucrania, “debido a la posibilidad de una decisión apresurada o un error de cálculo, de las partes en conflicto”, seguido de la cadena conflictiva en Oriente Medio. El siguiente, en peligrosidad, es la posible aplicación de la IA a los centros de cálculo de la guerra nuclear. Y el más nuevo es, ojo al dato, el progresivo nivel de calentamiento global -2014 fue el año más cálido desde que existen mediciones- con crecimiento exponencial de los efectos de la energía eólica y la solar, que aparecen como desafíos a los que –según los científicos citados- la humanidad aún no está tecnológicamente preparada para gestionar.
Dediquemos, pues, a la posteridad los versos de Bertold Brecht: “Tú que emergerás del diluvio donde nos ahogamos/ recuerda al hablar de nuestra debilidades/la época oscura de la cual escapaste./ Lamentablemente, nosotros que queríamos preparar la vida para la amabilidad/ no podíamos ser amables./ Recuérdanos con clemencia”. ¿Pesimismo? Todo pesimismo debe tender a la inexorabilidad para poder justificarse. Y éste cumple las condiciones.
ALBERTO DÍAZ RUEDA