LOGOI 389
¿LOCOS AL PODER?
A menudo es razonable detenerse para pensar y aislarse del goteo incesante de la llamada “información”, la invasión de supuestas “verdades” que sirven pródigamente las redes y algunos medios. Vemos alzarse la sombra poderosa y desmadrada del dúo Trump-Musk en Estados Unidos. Los cabecillas populistas -que hacen más amenazador el mundo de hoy- están tomando el poder gracias a una izquierda desnortada incapaz de analizar su responsabilidad en la debacle “woke” que apadrinó y se le fue de las manos para beneficio de la ultraderecha... Aún así vale la pena no dejarse aturdir o asustar por las actitudes y comportamientos –y discursos- de los “locos” de la política y el poder que nos han invadido en esta primera parte del siglo XXI (aunque siempre los ha habido).
Un vistazo a la historia nos mostrará a los Trump de la época griega o romana, a los Putin, Stalin, de la edad media o la moderna, a los Milei, Le Pen o Boris Johnson del siglo pasado y a los Musk, una novedad, que encabezará a los presuntos locos de la era tecnológica. Todos ellos unen a la desmesura de aspecto, actitudes o palabras una casi apabullante capacidad para hacer creer al que los observa que son peligrosos, precisamente porque no tienen contención, están alienados por su propia ferocidad.
Las bravatas tabernarias de un Trump, la insensatez aparente de la chulería de Musk (un genio trastocado por su propia genialidad), la paciente inhumanidad indolente de un Putin o un Netanyahu, asustan a cualquier observador y le atraen, porque en la locura hay un punto de temerosa fascinación que tan bien supo mostrar el Marqués de Sade o el “Calígula” de Albert Camus. ¿Están locos o se disfrazan de locos? Las culturas más antiguas, en todo el mundo, siempre han mostrado respeto y temor ante la locura y el delgado hilo paradójico que la mantiene unida a los dioses. El problema es que todos estos supuestos locos, Milei con su sierra eléctrica, símbolo cinematográfico de la psicopatología asesina, Putin con su bomba atómica, Trump con sus anunciadas bravatas o Musk con su llamamiento al resurgimiento de los fascismos en Europa, están provocando el resurgir de las dictaduras en Hispanoamérica o África y quizá en la civilizada Francia, Inglaterra o Alemania, al amparo de Italia, Hungría o Polonia. Y de la silenciosas China o India, pacientes en la espera. Es un populismo posdemocrático, exacerbado por la desorientación de la izquierda. Los mercados financieros sugieren que lo de Trump es una jugada de póker. Y que pronto, ya en el poder y tras la euforia revanchista, se olvidará de las medidas punitorias excesivas, más que nada por el daño que pueden hacer a la economía. No me parece suficiente motivo para evitar que Trump siga su senda catastrófica. O quizá sí.
ALBERTO DÍAZ RUEDA