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18 abril 2020 6 18 /04 /abril /2020 09:33

Se veía venir. En cuanto baja la curva de contagios sube la curva de incautos, imprudentes y desaprensivos. Los mismos políticos que antes clamaban porque debía blindarse y poner cerrojo a ciudades y provincias y países, ahora critican que se haga un proceso escalonado y cauto de desconfinamiento. En algunas ciudades comienzan a verse gente paseando como si no hubiera pasado nada. Caute! decía Spinoza ante su propio confinamiento por razones religiosas (se jugaba la vida, hubo un fanático de su propia comunidad judía que le apuñaló). Cautela es la palabra mágica ante algo tan desconcertante como el Covid19. No nos relajemos o quizá tengamos que pagar un precio aún más alto que el que estamos pagando.

La noticia buena es que el planeta Tierra ha tenido la caída global más alta de CO2 de la historia. ¿No podría buscarse una fórmula para mantener niveles óptimos de actividad y lograr niveles mínimos de contaminación? Quizá sea el momento de plantearlo a la comunidad científica y, por favor, hacer caso de sus recomendaciones. Es cosa, nada más y nada menos, que de salvar nuestro ecosistema.

En Estados Unidos el conteo sigue en alza pero el presidente anima a los Estados de su país a terminar con el parón económico ¿Señor Trump, podría dejar de hacer payasadas y tratar de entender que esa considerable mortandad en su país se podía haber evitado si usted tuviera un mínimo de sentido común y dejara de ser lobotomizado por el ansia de poder? Bueno, lo cierto es que el virus se ceba principalmente con los afroamericanos y los hispanos, gentes que no gozan de su simpatía. En el sur de Europa el Covid prefiere a los ancianos. Cada cultura deja morir lo que no ve o no quiere ver. O lo menos rentable. Parece que hay una relación inversamente proporcional entre el nivel de renta y la incidencia del virus. A  mayor nivel económico, menor número de infectados y fallecidos. Evidentemente no es una regla absoluta, pero hay algo de eso y cuando todo esto pase, aunque no del todo, (los virus como el Covid han llegado para quedarse, dicen algunos científicos) quizá tengamos accesos a datos más reales y contrastados.

De momento, y siguiendo con la pandemia geriátrica, la Fiscalía ha abierto de momento 38 diligencias contra geriátricos de todo el país por omisión de socorro, detención ilegal, coacciones, imprudencias y lesiones y ha ordenado a las fiscalías de toda  España que hagan un seguimiento de esos establecimientos públicos y privados. Eso está bien pero, por favor, lo más importante sigue siendo que cambien el modelo de asistencia y control de las residencias y la calidad de vida de las personas mayores en general, esos olvidados de la sociedad de consumo y del supuesto bienestar.

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17 abril 2020 5 17 /04 /abril /2020 16:52

 

Creo recordar que el malogrado ensayista e historiador británico Tony Judt,  (el cáncer se lo llevó en 2010, con 61 años) solía decir que  “puede que la UE sea una respuesta de los europeos a su dura historia de los últimos sesenta años, pero nunca podrá sustituirla y menos olvidarla”. Si el inolvidable pensador viviera aún, probablemente tendría palabras muy duras para los últimos acontecimientos políticos europeos desde el Brexit (que le hubiese herido en lo más profundo de sus ideales) hasta la gestión de la UE sobre el Covid-19, que es una decepción trágica para todos los que amamos Europa y confiábamos, ilusos, en un Gobierno europeo común. La antesala deseable de un Gobierno Mundial volcado en los ideales de la razón, la cooperación solidaria, la justicia, la igualdad, la ciencia, el humanismo y el progreso…para todo el planeta. En el caso de que leyeran este artículo, hasta este olvidado pueblecito turolense me llegaría el estruendo de las carcajadas de los realistas pragmáticos que nuestro siglo produce como copos de nieve en una tormenta nórdica,

 

 Muchos de los magnates que ocupan sillones decisorios en la UE pertenecen a países nord europeos liderados por la inevitabilidad germánica. El destino de Europa para bien o para mal siempre tiene un sólido obstáculo o ariete, según sea el caso, en el camino: Alemania. Como Bruto o como Casio, son hombres honrados y aman a Europa y justamente ese amor les lleva a apuñalarla, como a Julio César. ¿Se entiende eso?  Shakespeare se blinda de ironía pero esconde un mensaje demoledor en las contundentes palabras de Marco Antonio pidiendo justicia mientras halagaba a los asesinos.

 

La historia, si es honesta, es pertinaz  y como la realidad, obstinada. Si no aprendemos de ella, nos obliga a repetirla y a sufrir nuevamente de los mismos errores, agravados por la dimensión mayor que provocan los distintos tiempos. Las crisis económicas, financieras, políticas y sociales que se han ido sucediendo desde 2008 a 2010 y 2015 y que por diferentes motivos, todos nocivos y algunos delictivos han provocado la ruina de millones de familias, de empresas, de países, tuvieron en la UE una esperanza fallida. Bancos fraudulentos, buitres financieros, malas gestiones de Gobiernos, defectuosa praxis educativa social, espejismos de progreso alentados por trileros con camisa blanca, corbata y sueldos astronómicos, propaganda engañosa y publicidad malintencionada de paraísos al alcance de cualquiera…

 

En todas y cada una de las crisis el papel de la UE ha sido ambivalente o decididamente hostil: el Sur que también existe, según un reivindicativo Serrat, no debería existir según la Troika comunitaria que llevó a Grecia al suicidio político, económico y social en 2015 (vean ustedes la película de Costa Gavras “Comportarse como adultos”).La fábula de la cigarra y la hormiga ha sido empleada en los salones de Bruselas con ligereza y desvergüenza ética.

Exactamente la misma que se emplea ahora con motivo de la crisis –planetaria, no solo europea- del Covid-19. Saltándose el art. 122 fundacional de la UE: “La Unión y los Estados miembros actuarán conjuntamente y con solidaridad cuando un estado miembro sea víctima de una catástrofe natural”. ¿Qué es el corona virus, una excusa de mal pagador como se insinúa en la altas esferas europeas? E ignorándose el artículo 2 del Tratado de la UE de 1992, también llamado el Tratado de Lisboa, tras la revisión de 2007,  que dice: “La UE se fundamenta en los valores de respeto a la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidas las minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros de una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres”. ¡Ja!

 

En el último Consejo Europeo,  donde  se humilló a los supuestos “países-cigarras”, como España o Italia, el jefe de Gobierno portugués, Antonio Costa, le espetó al obcecado ministro de Finanzas holandés: “Usted no entiende. No se trata de presupuestos, de gastos o economía, se trata de vidas humanas. Si Europa no hace lo que debe, está acabada”. La sombra del “Euroexit”, la destrucción de la UE, es alargada y ominosamente terca. Donald Trump y Boris Johnson, estarán satisfechos. La competitividad de una Europa unida ya no les preocupará más. Ese escenario lamentable depende de la actitud de Bruselas ante esta emergencia sanitaria. Es una oportunidad de oro para renacer de sus cenizas, como un Ave Fénix azul con estrellas de oro en sus alas desplegadas. Cumplid el imperativo categórico de la UE: Europa Unida.

 

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor y periodista.

(Publicado en "Heraldo de Aragón" el 8 de abril pasado)

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17 abril 2020 5 17 /04 /abril /2020 09:29

Hace un par de semanas, creo, escribí para el Heraldo un largo artículo sobre lo que llamé un poco excesivamente "el genocidio geriátrico". En este instante  tengo la sensación subjetiva de que hace muchísimo tiempo que escribí ese artículo. ¿También les pasa a ustedes que los días de confinamiento parecen tener un "tempo" totalmente distinto y más complejo que el habitual: recobramos por un lado la interminable cadencia de los días de la infancia y curiosamente una rapidez meteórica en el conteo de los días y semanas, que pasan de una forma veloz).

Pero volvamos al tema lamentable que nos ocupa. En España, datos de hoy, el 86,5% de los fallecidos por el corona virus tienen más de 75 años. Mi fuente son periódicos de primera línea y de trayectoria intachable y agencias de prensa independiente on line. No obstante tomemos siempre las estadísticas con un sano esceptisimo. Lo cierto es que el dato es coherente con las informaciones colaterales que poseemos. Una de cada cinco personas en España es mayor de 65 años. Se ha constatado la virulencia del Covid en las residencias de ancianos y se está barajando la posibilidad de que la mitad de la cifra total de fallecidos que tenemos (no es la real, sin duda alguna, por razones de complejidad informativa) estaba internada en esas residencias.

No se me entienda mal. Ni las residencias en general adolecen del durísimo y desalmado perfil de las que motivaron las primeras alarmas de desatención y miseria ni, seguramente, la mayoría de esa cifra horrible de ancianos fallecidos ha carecido de los máximos cuidados que una sanidad responsable y sacrificada ha dado a sus pacientes. Estamos ante una pandemia inclemente, señores, y la prevalencia básica de ese virus se ensaña con los mayores de 65 años por razones orgánicas variadas.

Por tanto, amigos, esto no es una crítica, sino la constatación de un hecho. Y este razonamiento nos lleva a una conclusión: es obvio que el modelo de atención a las personas mayores vigente hasta ahora y el de gestión de las residencias, no ha resistido en absoluto la prueba de fuego de una epidemia letal. Por tanto la premisa básica de este artículo es: hay que cambiar el modelo de gestión, actuación, mantenimiento y financiación que hemos de utilizar para mejorar y preservar la situación de nuestros ancianos. Lo cual sería la guinda del pastel de la sanidad completa del país, que debe convertirse en una prioridad presupuestaria. Señores políticos (algunos, sin señalar), esto es básico. Literalmente nos jugamos la vida con ello. ¿Pueden entender de una puta vez, perdón por el taco, que los recortes y las privatizaciones en sanidad nos llevan a...justamente lo que está ocurriendo? ¿Hace falta una pandemia para mostrarles que sus bolsillos, las empresas colegas, los amigos bancos y el sillón del cargo bien pagado no lo son todo?

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16 abril 2020 4 16 /04 /abril /2020 09:34

Está claro que nuestro país no cumple los seis requisitos de la OMS para poder dar por terminado el confinamiento. Entre otros, se exige una aplicación masiva de los test de diagnóstico que, en estos momentos, está fuera de toda posibilidad. El hecho de que sea una liberación parcial del confinamiento y para determinadas personas, (el arco de edad entre los jubilados y los niños y adolescentes aún queda confinado hasta el 10 de mayo, supuestamente, claro). Lo cierto es que un repunte de contagios en estas próximas dos semanas sería una trágica noticia. Pero es tan condenadamente difícil hilar fino y ajustado en esta pandemia, por lo que siempre decimos: sabemos muy poco sobre cómo es y cómo actúa y cómo se propaga. Toda la población es, en principio, sospechosa. Y como decía un médico amigo mío: en medicina la ausencia de evidencia no es siempre evidencia de ausencia. Por eso una de las noticias tristes que nos depara la jornada es que hay vecinos en algunas ciudades que profieren amenazas -anónimas naturalmente, suelen ser cobardes- contra trabajadores de la salud acusándoles de propagar el virus. Ya es el colmo, ¿no les parece? He visto pintadas y anónimos escritos contra médicos y enfermeras. Están casi al mismo nivel, aunque afortunadamente con menos relevancia- que ese aborto político llamado Trump que ahora retira la ayuda a la OMS por "su mala gestión" de la pandemia. ¿En serio? ¿Y la suya que está costando decenas de miles de muertos más en su país? Pero claro como la mayoría son negros o hispanos...

Mi deseo en esta hora de cautelas, indignaciones y temores es brindar un guiño a la suerte y a la esperanza en tenerla. Como decía el gran don Quijote a su Sancho fiel: "Haz de saber amigo...que todas esas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible en el orden de la Naturaleza que ni el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo durado mucho el mal, el bien está ya cerca". Bendito Alonso Quijano, conocido como "el Bueno", por esa sabiduría que parece emanada de un Séneca o un Epicteto. 

Se que esto no es más que un "brindis al sol", una quimera , pero en momentos de aflicción, en contra del consejo de Ignacio de Loyola, uno debe hacer una mudanza inexcusable: evitar que las malas noticias y los peores augurios nos nublen la razón, el sentido lógico y crítico del pensamiento y nos dejemos vencer por el cristal oscuro de nuestros temores, que todo lo ven siniestro. A las cosas que ocurren hay que mirarlas con serenidad y aplicar los remedios adecuados que estén en nuestra mano, de nada sirven las lamentaciones, las críticas y los miedos. Hay que esforzarse en conocer la manera de actuar del virus y en promover su control sin dejar por ello de auxiliar a las víctimas, minimizando en lo posible su transmisión en hospitales, residencias de ancianos, escuelas y centros de trabajo. Todo esto se está haciendo, más bien que mal, en la medida del momento de la pandemia que vivimos. Nadie posee datos irrefutables del futuro. No tenemos datos suficientes. 

Por lo tanto vayamos todos en la misma dirección (excepto Trump) y con el mismo objetivo: controlar y detener al Covid 19. Lo demás, atención a determinados políticos, requiere que detengan los viles mensajes críticos y destructivos que no buscan  más que capitalizar el horror de todos en forma de futuros votos de los que son como ustedes. 

Alberto Díaz Rueda

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15 abril 2020 3 15 /04 /abril /2020 07:02

 Hoy se cumple el día vigésimo quinto de ese diario. Labor que empecé el 22 de marzo, diez días después de comenzar en serio la pesadilla del coronavirus entre las vacilaciones y los errores de quienes dirigen el país y el concierto disonante de bulos, mentiras, exageraciones y burlas negacionistas. Se han configurado en este mes y pico dos pesadillas simultáneas y el renacimiento de una conciencia solidaria. Por un lado la que marcaba el crecimiento y efectos letales del Covid 19 y por otro, la que creamos los hombres como reacción de lo que somos, niños gritones y destructivos indignados ante un elemento de la Naturaleza que nos daña de forma totalmente indiferente. Sin embargo la buena noticia es la sorprendente -que lo sea ya indica la poca fe que se tiene en la naturaleza humana-  marea de solidaridad, apoyo, cooperación y empatía que el virus ha provocado en una parte sustanciosa de la población española, desde las grandes ciudades a los pueblos más recónditos. Es como si de una forma inconsciente nos hubiéramos empapado de esa posibilidad que apuntaba el otro día el antropólogo Eudald Carbonell en una entrevista: "El Covid podría ser el último aviso a nuestra especie de que si no aprendemos a cooperar, a unirnos en un esfuerzo común, colapsaremos y nos extinguiremos". Como decía Canetti en su obra "Masa y poder", estamos aprendiendo a sentir el placer natural y la alegría vibrante de rebasar las barreras individuales para integrarnos en la masa con un designio positivo, creativo, de ayuda y superación. Y eso, resaltaba el Premio Nobel de Literatura en 1981, la grandeza y el peligro de la dinámica de la masa humana. Grandeza en cuanto podría ser el motor del cambio (que falta nos hace) político social y peligro -y no pequeño- en que también es fácil manipularla desde el poder y en ese caso conseguir el efecto contrario y aumentar la desventura y la falta de libertad del pueblo.

Esto es una cuestión abierta. Es dicícil conjeturar qué puede pasar, con un mínimo de posibilidades de acertar. Vivimos en este momento en una "terra ignota". No hay precedentes. Es la primera vez en nuestra historia que un peligro mortal para la especie alcanza el poder de ser global, por sus efectos y por su poder de transmisión. Y aún no sabemos gran cosa de él. Estamos luchando un poco a ciegas, aunque razonablemente en lo básico: el aislamiento social. Decir esto en el siglo XXI con una tecnología absolutamente revolucionaria, es una lección de humildad y una llamada de atención y alarma. Por eso, insisto por enésima vez, a un problema global sólo se le puede aplicar una estrategia global y una táctica basada en la cooperación internacional hasta puntos totalmente inéditos en nuestra historia común. Por Dios, aprendamos de una vez, antes que sea demasiado tarde.

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14 abril 2020 2 14 /04 /abril /2020 10:39

Hoy la pandemia tiene un nombre propio: África. Ya habíamos reflexionado con pesar en lo que las penurias sanitarias estaban provocando en países del hemisferio rico del planeta, sin duda por falta de previsión y de implementar las medidas cooperativas internacionales y luchar todos a una contra el virus. En aquellos momentos, hace un par de meses, pensábamos con horror en lo que el Covid podía suponer para los millones de personas pertenecientes a países donde la cuestión sanitaria, la miseria, las guerras locales y las enfermedades comunes dibujaban un escenario atroz. En aquellos días tenía una imagen recurrente en la imaginación: el cuadro de "El triunfo de la muerte" pintado entre 1562 y 1563 por Pieter Bruegel, el Viejo y que se puede admirar, no sin escalofríos, en el Museo del Prado. Si tenéis internet, poned el nombre del cuadro en el buscador y cuando aparezca, miradlo detenidamente y pensad: esto es África. En la mayoría de los países que se la dividen, la ratio de camas por millón de habitantes es de CINCO,  (en Europa es de más de 4.000). La FAO ha alertado de que, en este momento, cuando el virus comienza a extenderse ya hay más de seis millones de africanos en situación desesperada. ¿Por el Covid? Todavía no. Por el hambre. Los cuatro jinetes del Apocalipsis ya cabalgan ferozmente por África, la guerra, la peste, el hambre y la extinción total por una guerra nuclear..

Desconfío de los "big data", pero haciendo  una lectura rápida de las estadísticas que se ofrecen en algunos centros oficiales de instituciones de prestigio, uno llega a la conclusión de que los virus y las bacterias, viruela, gripe, la familia de los Covid, las pestes medievales, el sida o el ébola (que, por cierto, ha vuelto a aparecer en el Congo) ha matado a más personas que todos los demás desastres que afligen a la humanidad, incluida la guerra. Quizá por eso nos deberíamos tomar muy, muy, en serio lo que ocurre y no contentarnos con frenar al Covid, sino generar a nivel global, planetario, una conciencia crítica de especie, una gestión activa para extender la formación y la educación, la tecnología y la cooperación no sólo por los países digamos "acomodados" sino para todos aquellos que rozan la indigencia y están martirizados. Quizá ha llegado la hora de unirnos como especie. La alternativa es perecer.  Desdichadamente la última palabra la tiene la política (en realidad, en muchas ocasiones, la política podría ser el quinto jinete). Quizá la solución esté en crear un nuevo tipo de política y despedir a los que no se ajusten a las verdaderas exigencias para ser político: honestidad, formación y altruismo.

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14 abril 2020 2 14 /04 /abril /2020 09:36

¿Cómo puede ser un aserto falso y verdadero? ¿Es un oximorón? ¿Una antítesis? En estos días de encierro la Red está que arde y todos nos enviamos noticias, flash, imágenes, canciones, libros en pdf, ,artículos y comentarios con o sin apoyo de música, imágenes o  dibujos. Unos tienen alguna gracia, originalidad, fuerza expresiva y la mayoría entran en el saco de lo mediocre y fácilmente olvidable. Uno de esos envíos por WhatsUp era un presunto artículo póstumo del dibujante Antonio Fraguas, Forges. En realidad su autor es el periodista David Jiménez, ex director de "El Mundo", que lo publicó en su blog en 2012.  El propio Forges (que falleció hace dos años) había negado varias veces haberlo escrito. Pero como suele ocurrir en internet ha vuelto a ser actualidad, más por su mensaje que por su autor. Lo curioso de este texto falso por su autoría y certero por su texto; es que tiene una lectura sorprendentemente actual: escrito por su verdadero autor en 2012, resulta por completo adecuado y oportuno en este abrumador hoy.

Resumamos lo que dice el artículo aplicándolo textualmente aquí y ahora: "Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que -"pandémica", esto lo añado yo- y económica , va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo....nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes, o echándonos a la calle para protestar los unos contra los otros... nos hemos convertido en un país mediocre...es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente...hemos creado una cultura en la que los mediocres...son los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones...tan solo porque son de los nuestros. Vivimos en un país mediocre... donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra basura... un país que en toda la democracia no ha dado un solo presidente que hablara bien inglés o tuviera unos mínimos conocimientos sobre política internacional...que en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir, incluso, a las asociaciones de víctimas del terrorismo...que ha reformado su sistema educativo tres veces ("cuatro o cinco") en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado...en que se fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir... con una cuarta parte de su población en paro... donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada –cuando no robada impunemente- ... que ha permitido, fomentado y celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad... que, para lucir sin complejos su enseña nacional, necesita la motivación de algún éxito deportivo." ¿No suscribirían  este texto con fecha de hoy? - ALBERTO DÍAZ RUEDA

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13 abril 2020 1 13 /04 /abril /2020 10:30

A través de los altavoces del Ayuntamiento suena, como cada mañana a las once, una serie de baladas, boleros, canciones de amor y alegría de vivir, de desengaños y de esperanzas. Durante poco más de treinta minutos la pequeña población comparte música, como un mensaje solidario y un guiño: estamos aquí, estamos juntos y recordamos juntos. Son aires musicales de los 70 a los 90, de una época en la que la mayoría de los vecinos que ahora escuchan nostálgicos, éramos jóvenes. Esto seguramente nos aliviará un poco el confinamiento.

Hoy el Gobierno ha decretado que muchos trabajadores de empresas no esenciales vuelvan, con las máximas precauciones, a sus trabajos. Es una medida difícil de tomar, delicada y contestada políticamente. El ,parón a la economía supone un efecto extremadamente grave al país. Pero esto no debe suponer un relajo en  el confinamiento del resto de la población. Es una medida controvertida y de consecuencias  imprevisibles. Precisamente por ello estoy con los que comprenden y apoyan al Gobierno, concretamente en esto. Y lamento la persistente y recalcitrante actitud egoísta y partidista de ciertas autonomías y ciertos líderes que generalmente siguen la orden de "vista a la derecha" y miopía hacia el resto del campo visual. 

El estado de alarma sigue vigente de momento hasta el 26 de abril. Las decisiones de desconfinamiento deben tomarse con sigilo, cautela y sentido común...más el asesoramiento de los expertos en sanidad y en epidemias. Caer en un rebrote generalizado nos devolvería a la pesadilla de las UCI colapsadas, los hospitales desbordados y las muertes a chorro  abierto. Lo inadmisible no es que el Gobierno trate de paliar el parón empresarial evitando en lo posible una reacción negativa del virus, lo que no tiene recibo es la violencia y la tensión política, la jaula de monos agresivos gritando su sinrazón en defensa de intereses partidistas. No he ahorrado críticas al Gobierno en muchos momentos de esta pandemia, sobre todo al principio. Soy un alérgico a los políticos actuales (no a la política,  que es necesaria cuando es buena y virtuosa, al estilo aristotélico) pero confieso que, analizando cada día las reacciones y respuestas de muchos países de este desdichado y hermoso planeta, el comportamiento del Gobierno español está dentro de esa minoría que puede recibir un aprobado, lo que es mucho cuando la nota de corte en un suspenso y es poco ante la otra minoría que no pasa de notable bajo con ligero olor autoritario. Señores de la muy desleal oposición al Gobierno, olviden sus diferencias y apoyen el hombro (que para eso les pagan) a la empresa común de sacar al país del marasmo donde se encuentra. Y si sus "convicciones" no se lo permiten, háganle un  favor a esa España que tanto y tan mal "defienden": váyanse a casa y esperen a que esto termine, bien confinaditos, renunciando a sus opíparos sueldos hasta que todo se normalice un poco.

Alberto Díaz Rueda

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12 abril 2020 7 12 /04 /abril /2020 09:59

Un supuesto artículo del añorado Forges (no cuesta imaginar la lucidez con la que los personajes entrañables del dibujante nos harían más llevaderas las duras circunstancias que vive el mundo) que en realidad es de un periodista madrileño que todavía no se cree el éxito viral que ha tenido en la Red, nos habla del pecado mortal nacional de nuestro país: una sórdida, blindada y alabada mediocridad. Es la conjura de los necios elevada a la máxima potencia posible. El autor de la explosiva filípica dijo ante la sorpresa del éxito: "pero si no es más que un conjunto de obviedades". Amigo mío, justamente ese es el secreto de la mediocridad española: es tan obvia que pasa inadvertida transmutada en supuestas virtudes. 

Mediocridad la sale por las orejas al ministro de cultura, un tal Rodríguez Uribes, que considera desdeñable ocuparse de la Cultura ante lo que estamos viviendo. ¿De verdad? Alguien recordó una anécdota de Churchill (creo que todo el mundo cuando no sabe a quien endilgar una agudeza citan a Churchill, Russell, Groucho Marx o Einstein): en un Consejo de ministros en plena guerra cuando alguien dijo que se debería reducir o anular el presupuesto de Cultura, Churchill se negó en redondo y le espetó: "La Cultura es lo que nos permite entender lo que ocurre y más aún, es lo que nos permite soportarlo". Dimita, señor Uribe.

Mediocridad insultante es el comportamiento de muchos hispanos recalcitrantes que están creando un amplio anecdotario de la picaresca y el mediocre" ingenio" de sus excusas ante la policía o la guardia civil para que les permitan violar el confinamiento (por el momento la única medida junto con lavarse las manos que ha demostrado cierta eficacia para detener el virus), desde aducir con cara de total inocencia que van a tomar el sol y que no sabían que eso estuviera prohibido, hasta sujetos que le alquilan el chucho al vecino para salir a pasearlo, o el que lleva a un segundo pasajero metido en el maletero del coche, el que va a comprar con chándal, zapatillas y una bolsa a quince kilómetros de su domicilio, o el que consigue una bolsa de repartidor, tipo Glovo y sale a pasear en bici, el que poniendo cara de suficiencia dice aquello (pensaba yo que no se usaría nunca más a partir de la democracia, qué inocente) de "usted no sabe con quién está hablando, agente", o el que muestra un carnet de abogado, ingeniero o arquitecto y asegura que su profesión está entre las facultadas para salir del confinamiento, los que fingen malestar, enfermedad o síntomas y rozando lo poético, una pareja de mayores asegurando que iban a la playa a "dar de comer a los peces". 

En fin, mucho bueno está surgiendo en la ciudadanía a causa de este desastre pandémico, cuya gravedad aún está creciendo y es difícil de imaginar sus retorcidas consecuencias . Hay una mayoría que respeta las prohibiciones. Los héroes anónimos abundan, desde la cajera del supermercado al personal sanitario, los cuidadores, los agentes de la policía, soldados, guardias civiles, repartidores auténticos, farmacéuticos, agricultores y  hortelanos, transportistas, periodistas, personal municipal---la lista es enorme. La mediocridad ética es la que hace que muchos encuentren divertido e ingenioso todo lo que antecede; mediocridad es la de aquellos que admiran y ensalzan a una folclórica que grita y dice tacos en los programas populistas de la tele; al banquero corrupto con labia de chamarilero que defiende con argumentos penosos una inmoralidad pública en la que "todos se aprovechan" y los que no lo  hacen es porque "no pueden o no saben", a políticos de una ignorancia descarada y de encefalograma plano que dedican a insultar y desgañitarse con un ojo puesto en su sillón bien pagado y el otro en cómo aumentar el número y la violencia de los descerebrados que le siguen...No vale la pena seguir.

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11 abril 2020 6 11 /04 /abril /2020 09:03

Hace un mes. En marzo, el dia 11, miércoles a primera hora de la mañana, llamaba al presidente de La Comarca para hablar sobre la suspensión de la Marcha Senderista que había de celebrarse el domingo 15. Todo estaba preparado, pero había algo que ya estaba más que preparado, estaba dando muestras de actividad incesante: el virus. No había orden ni concierto en los niveles altos del poder político. Desconcierto, falta de información fiable, exceso de bulos, noticias alarmantes, líderes que se reían de las alarmas, países que no acababan de tomarse en serio las noticias ya confirmadas del avance brutal del virus en Italia: uno de los más viejos recursos psicológicos del ser humano (y de los más peligrosos para la supervivencia), la negación de lo evidente, la fórmula absurda y mágica que dice que si niegas algo con la suficiente persistencia, ese algo no te afectará, no existirá. Un recurso típico de mentalidades infantiles o aterrorizadas. Trump, Johnson, Bolsonaro, Macron fueron negacionistas contumaces.

Después vino el desamparo ante la imprevisibilidad relativa de la pandemia, la inseguridad de la población ante Gobiernos superados por un desastre que no tenía precedentes, el miedo, las medidas contradictorias, ineficaces, el comienzo de la toma de conciencia de la gravedad, el conteo inmisericorde de contagios y de víctimas, pero también las muestras de solidaridad, de apoyo, la heroicidad de muchos, la hora de los aplausos. Un juego de contradicciones donde destacaban los irresponsables que trataban de burlar el confinamiento  (única medida realmente eficaz que está amansando la curva ominosa de la catástrofe), los que se aprovechaban económicamente de la falta de medios, la lamentable actitud de algunos políticos preservando su pesebre y su ideología y sus intereses bastardos por encima de la tragedia global, la concreción de medidas a través del ensayo-error, los primeros descubrimientos de la hecatombe geriátrica...y rodeándolo todo como una cúpula negra de tormenta, la amenaza de una crisis económica global de consecuencias difíciles de imaginar unido al egoísmo, el nacionalismo miope, la insolidaridad entre Estados.

Nunca como ahora son tan oportunos los versos de Mario Benedetti de "Cuando la tormenta pase":

Cuando la tormenta pase/ Y se amansen los caminos/y seamos sobrevivientes de un naufragio colectivo...nos sentiremos dichosos/  tan solo por estar vivos/... le daremos un abrazo al primer desconocido/ y alabaremos la suerte de conservar un amigo.

Y entonces recordaremos /todo aquello que perdimos/ y de una vez aprenderemos/ todo lo que no aprendimos.../ Valdrá más lo que es de todos
Que lo jamas conseguido/ Seremos más generosos/ Y mucho más comprometidos.

Entenderemos lo frágil/ que significa estar vivos/ Sudaremos empatía
por quien está y quien se ha ido.../ Y todo será un milagro/ Y todo será un legado /Y se respetará la vida,/ la vida que hemos ganado.

Cuando la tormenta pase/ te pido Dios, apenado,/ que nos devuelvas mejores,
como nos habías soñado

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  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
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