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6 diciembre 2019 5 06 /12 /diciembre /2019 18:12

 

 Los "pastiches" victorianos a los que tan aficionados son los escritores del siglo XX , principalmente los fascinados por el mundo de Sherlock Holmes y el Dr. Watson (son incontables los relatos, novelas, películas y serie de televisión que recogen el guante del gran sir Arthur Conan Doyle y se atreven a resucitar a sus personajes y algunos ha rellenar los "huecos" de las andanzas de ambos con nuevas aportaciones. Generalmente se trata de narrativa menor cuyo más importante encanto estribe en insuflar la vida de la ficción a esos amados e imperecederos estereotipos literarios. 

La narrativa juvenil también ha producido una amplia cosecha de Sherlocks y es el caso de la joven norteamericana  Britttany Cavallaro que ha preferido partir de una situación temporal contemporánea, cambiar el Londres victoriano por el Estado de Connenticut, dotar a Holmes de un cuerpo femenino de 16 años, con algunos vicios precoces parecidos a los de su antepasado y al esforzado Watson, también remoto descendiente del doctor John Watson, de uno masculino de la misma edad más o menos, romántico, sencillo, diligente y fuerte como su lejano tatarabuelo. 

La acción tiene lugar en un internado del citado Estado y supone el asesinato cometido en el colegio de uno de los alumnos y el intento contra otra alumna, además de la destrucción de medio colegio por una bomba. Como novela de género se ajusta con bastante esmero a las peculiaridades del relato de misterio e intriga, pero principalmente se regodea en las referencias y citas del Canon sherlockiano, cosa que agradará al lector familiarizado con los "casos" de la genial pareja victoriana. Para mayor deleite de los aficionados, el "malo" no podía ser otro que los descendientes del "Napoleón del crimen" el Dr. Moriarty,  también expertos en matemáticas, conjuras y actividades ilegales. 

Charlotte Holmes da una tataranieta de pantalones ajustados e inteligencia viva e irónica, consumidora de ciertas drogas y magnífica interprete de violín, un Stradivarius heredado de su antepasado (que ya a los diez años resolvió un caso que traía de cabeza a Scotland Yard) y Watson que habla de su "trastatarabuelo", Arthur Conan Doyle, lo cual parece un caso de identidad confusa o un guiño al lector que según cómo, cree que Watson es el pseudónimo de Conan Dopyle o quizá al revés. El joven es un aprendiz de escritor que sueña con ir a la Universidad y escribir libros de éxito. Al lector se la puede pedir que relacione el texto de la página 20 con el de la 31 para  comprobar que Conan Doyle-Watson incurría en muchos descuidos (pag.56) en sus textos pero que B, Cavallaro-Watson también lo hace, y todos tan contentos: la joven Holmes se atribuye una amenaza de muerte que pronunció su fiel Watson (Jamie).

En la página 209 se nos aclara la genealogía de Holmes (que tuvo un hijo de madre desconocida y de ahí la existencia de Charlotte) y en la página 157 una divertida lista de peculiaridades en la relación entre Sherlock Holmes y Watson que el padre de nuestro juvenil Watson contemporáneo le da a su hijo para que se entienda bien con Charlotte y que resume muy acertadamente las características del detective victoriano. La verdad es que resulta una lectura interesante, en la que se percibe cierto exceso melodramático en la relación apasionada de Jamie con la joven Holmes, sobre todo al final, pero no hace daño al conjunto de la novela. El epílogo es un certero guiño al lector holmesiano porque contiene un texto firmado por Charlotte donde le pone los puntos sobre las íes al texto de su compañero Jamie.

FICHA

LOS MISTERIOS DE CHARLOTTE HOLMES.- Brittany Cavallaro.- Editorial OZ.- TRad. Marina Rodil. Pags. 286.- 15,90 euros.

 

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5 diciembre 2019 4 05 /12 /diciembre /2019 17:56

La colección "Tríadas" de la editorial Rasmia nos ofrece un segundo volumen, "La ciudad" en el que presenta en textos bilingües (inglés-francés-español), pequeñas narraciones firmadas por Poe, O'Henry y Maupassant . Con una excelente introducción sin firma (como en el anterior volumen reseñado) que nos introduce en la historia de la ciudad desde la polis y la civitas grecolatina, hasta  la ciudad gremnial y eclesiástica de la Edad Media, pasando por la eclosión de la superioridad de la urbe sobre el campo y la industrialización hasta llegar a nuetros días en las que las megalópolis nos ahogan y paradójicamente rodean con el gentío la insobornable soledad del hombre.

La época que nos relatan estos tres grandes autores del siglo XIX es la antesala de la nuestra, aún se puede "flanear" por las calles aunque ya empieza a haber muchedumbres y la división de las clases sociales es más evidente (aún hay pocas muestras de esa clase media-baja que el capitalismo traerá a las ciudades de occidente en el siglo XX). La calidad literaria  de estos escritores no es uniforme y aunque los tres son interesantes, tanto el relato de Poe y el retrato de su "hombre de la multitud" como el de Maupassant y la pesadilla de su protagonista con el Sena como destino final, no llegar en ningún caso -a mi estricto personal parecer- a la calidad literaria de la sencilla anécdota del vagabundo Soapy. O´Henry es un gran maestro del relato corto y sin tener la fuerza y potencia de su paisano Poe (aunque si en este libro) o el verbo alucinado y poético de Maupassant, el lector acaba disfrutando con las peripecias de Soapy  y acaba la lectura con una sonrisa en los labios.

FICHA

LA CIUDAD (POE, O'HENRY, MAUPASSANT).- Trad.Vicente Abella, Santiego Gallego.- ED. bilingüe.- Rasmia ediciones. 97 págs.

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3 diciembre 2019 2 03 /12 /diciembre /2019 18:25

Creo que deberíamos estudiar más a los griegos. Pienso que muchas de las respuestas a los problemas de la actualidad se encuentran en obras escritas hace más de dos mil años. Sólo es preciso percatarse de que todo ha cambiado en nuestro entorno desde aquellos tiempos arcaicos,  pero hay algo que se mantiene casi idéntico bajo el barniz de la modernidad y la virtualidad: las pasiones, deseos y carencias del animal humano, enterrados en el cerebro reptiliano que aún conservamos, rodeado de las circunvalaciones mágicas del neocórtex, esa maravilla gris cuyo funcionamiento aún no entendemos del todo pero ya intentamos replicarlo en la IA.

La palabra griega carácter describía la figura o el rostro grabado en las monedas o la figura alegórica grabada en piedra de una u otra cualidad humana, el heroísmo, la bondad, la ira. Para nosotros la palabra ha tomado el significado opuesto. Es ese algo que distingue a una persona de otra, mientras para los griegos es una característica que compartimos en algún momento. El problema es que ahora vemos cada cosa por separado, individualidades, y los griegos (como los chinos taoístas y los budistas) veían cada cosa como partes de un todo. 

La profesora norteamericana de origen alemán Edith Hamilton (1867,-1963) ponía un ejemplo al respecto: los templos griegos y las catedrales en la edad media. Los primeros eran colocados en un punto elevado y hermoso de la naturaleza, rodeados por la belleza natural, bosques y rocas, cielo y mar. Los cristianos hundían sus iglesias y catedrales en el centro de la ciudad, rodeadas de casuchas y barrios miserables. Eso sí, lanzando sus torres y campanarios hacia el cielo, como símbolo del poder único de la Iglesia  y de su carácter sagrado, "celestial". El pensamiento, la lengua y la literatura griega hace una apelación a nuestros tiempos: "El florecimiento del genio en Grecia se debió al inmenso ímpetu recibido cuando la claridad y el poder del pensamiento se añadieron a una gran fuerza espiritual de tipo filosófico" ¿Cuál era esa fuerza? "Una ausencia de lucha, de crispación, un poder reconciliador, algo agradable y sereno que el mundo no ha vuelto a ver desde entonces". Algo de eso nos iría bien...

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30 noviembre 2019 6 30 /11 /noviembre /2019 20:27

Libros como "Factfulness" de Hans Roosling, como "Todo el mundo miente" de Seth Stephens, "The Game" de Baricco, "En el enjambre" y "Psicopolítica" del filósofo japonés de habla alemana Byung-Chul Han, sin contar los del israelí  Yuval Noah Harari, "Sapiens", Homo Deus" y las "21 lecciones para el siglo XXI", están tratando de mentalizar directa o indirectamente a los habitantes de este problemático planeta de que  nuestra actual forma de vida tiene muchos elementos deficitarios –psicológicos, sociales, económicos, tecnológicos - que aceptamos con indiferencia pero que van a tener un coste realmente elevado y que va a cambiar nuestra existencia y no siempre para bien.

Pero es en "El planeta inhóspito" de David Wallace-Wells donde se nos trata de demostrar que debido a ese estilo de vida hemos rebasado con creces las posibilidades auto curativas de la Tierra y comenzamos a adentrarnos en el caos, con consecuencias destructivas y daños irreparables a cuestiones tan vitales como el medio ambiente, clima y naturaleza: inundaciones y sequías, hambrunas y pérdida de tierra cultivable, oleadas de calor con efectos letales sobre los seres vivos, emigraciones masivas, violencia subsiguiente, guerras de supervivencia por el agua potable, los alimentos básicos, la seguridad, las epidemias, enfermedades respiratorias, de la piel y envenenamientos causados por el exceso de metano y CO2 en la atmósfera contaminada. Eso sin contar con un aumento del nivel del mar que inundará ciudades de millones de habitantes con su correlato de muertes, enfermedades y caos emigratorio. ¿Exageraciones de la ciencia? ¿Alarmismo injustificado de apocalípticos a sueldo de quién sabe qué oscuros intereses?

Señores, no. Los estudios que se van haciendo públicos con cuentagotas para no “alarmar innecesariamente” a la población dan cifras escalofriantes y generan una serie de reacciones en contra y argumentos basados en posibilidades remotas o probabilidades fantásticas, en suma, en el “pensamiento mágico” según el cual si pensamos en que algo malo no debe ocurrir, gracias a una serie de fuerzas oscuras e irracionales eso no ocurrirá, aunque la realidad nos esté demostrando cada día que ese “algo” va deteriorándose en la dirección equivocada, un proceso que muy probablemente lleva al suicidio colectivo.

Toda una civilización, la nuestra, va a pagar de forma brutal la disparidad existente entre su desarrollo tecnológico, su enorme gasto de energía y su falta de previsión y control sobre las consecuencias de sus acciones. Tenemos datos incuestionables sobre las causas del cambio climático y de las consecuencias, así como de las incertidumbres, probabilidades y escenarios que van a crearse y éstos no necesitan llegar a los puntos más graves, sólo con seguir la dinámica ya emprendida serán considerables en un lapso de tiempo abrumadoramente corto. Seguramente antes de que los ancianos de hoy lleguen a desaparecer por completo. Ni la esperanza “mágica” en que ese lapso de tiempo sea enorme, casi un ciclo de cientos de años, hasta que la tecnología logrará frenar y resolver los problemas más acuciantes o que la naturaleza logrará imponer su legendaria supervivencia (ignorando en este caso la segunda ley de la termodinámica, la de la entropía), que todo sea un mal sueño provocado por el alarmismo de unos cuantos (argumento que raya en la estupidez) o que alguien tenga un plan B (un planeta milagroso al alcance de los supervivientes), los oscurantistas defensores del “no pasa nada” se asemejan a los ciudadanos  romanos de Pompeya y Herculano que, el 24 de octubre del año 79 dC,  aunque veían la actividad excesiva del Vesubio seguían con sus quehaceres y diversiones, suponiendo que “como en otras ocasiones, todo quedaría en humaredas y algunos temblores” como nos cuenta Plinio el Joven. Allí fueron 5.000 muertos. ¿Cuántos serán en todo nuestro planeta? ¿Por qué nadie piensa que nuestra “normalidad” cada vez es menos “normal”? Como dice David Wallace, en este momento “ya hemos causado tanta devastación a sabiendas como en los siglos de nuestra ignorancia”.

Piensen que fue en 1992 cuando se publicó el informe  pionero en la denuncia, “Earth in the Balance” -un éxito popular internacional que,  a pesar de ello, fue considerado “alarmista” por muchos científicos y sobre todo por los trust petrolíferos de todo el mundo e intereses adyacentes--, sobre el vertido de gases invernadero en la atmósfera y sus efectos destructivos. Desde 1992 hasta hoy mismo, la quema de combustibles fósiles ha aumentado en una medida equiparable a los gases vertidos a la atmósfera desde la revolución industrial del siglo XIX  hasta 1992. Y seguimos haciéndolo a una velocidad progresiva y totalmente irresponsable. Esto es algo que atañe a la supervivencia de la raza humana.  En 2006 se difundió el documental del vicepresidente norteamericano Al Gore “Una verdad incómoda”, insistiendo en que los elementos del caos, los cuatro jinetes de apocalipsis ya cabalgan en forma de calor creciente, rotación de inundaciones y sequías, aumento del nivel del mar, hambrunas, incendios imparables. ¿Fechas? Olvidémonos de las posibles y quedémonos con las probables. Se suponen unos 2 metros de subida del nivel del mar, con inundaciones continuas anuales en diversos puntos del planeta, para antes del 2100. Desde al año 2000 hasta hoy ese nivel ha subido más de 5 milímetros en progresión continua. ¿Más datos? Ya mueren más de 10.000 personas a diario en todo el mundo debido a la contaminación atmosférica. El magnífico y preocupante libro de David Wallace-Wells hace un duro recorrido por “los elementos del caos” que nos amenazan: muerte por calor, hambruna, incendios, falta de agua, océanos moribundos, aire irrespirable, plagas, colapso económico…

Las macrocifras son impensables críticamente para la mayoría de las mentes humanas, (como nos cuentan Rosling en FactFulness” o Seth Stephens en “Todo el mundo miente”) pocos sabe asumir y comprender las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones contra la Naturaleza, con tal de mantener nuestro estilo de vida basado en una cultura del despilfarro. Los recursos y bienes del planeta son limitados y nuestra forma de vida (la de los países “desarrollados”) no es una forma de progreso sino una forma de degeneración planetaria. A partir de ahora, aseguran algunos calificados de “agoreros”, cada generación sucesiva vivirá peor que la anterior. ¿Necesita probarse tal aserto? Miren ustedes a su alrededor. Pero eso sí, David Wallace nos recuerda cómo proliferan los relatos, películas, series, novelas y ensayos sobre lo que se está gestando. Y nos advierte sobre “la Iglesia de la tecnología” en la que hay millones de creyentes que extrapolan los avances habidos en la creencia de que todo el caos que viene será evitado o paliado por la “tecnología del futuro”. Si escoges como camino una vía de tren y te viene una locomotora encima, no puedes esperar a que la tecnología haga subterránea o aérea la vía férrea, tienes que apartarte del erróneo camino escogido.

Aún ante la contundencia de esas cifras, de las investigaciones que las confirman y sobre todo los testarudos hechos, los negacionistas siguen asegurando que todo es exageración, como los que aún siguen opinando que la tierra es plana a pesar de las evidencias de Elcano o Magallanes hace 500 años  o de las imágenes espaciales. Este tipo de francotiradores contra el sentido común siempre ha existido y sigue habiendo personas con un nivel de credulidad asombroso. Lo inconcebible es que siguen determinando las acciones políticas (solo cuando se unen a intereses espurios, claro). De ahí la pertinencia de una frase pronunciada en una conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático: “El lento arrastrar de pies de las políticas ambientales de muchos países nos lastra a todos, al resto del planeta, porque cada uno de nosotros impone algo de sufrimiento sobre nuestros yos futuros cada vez que cogemos un coche, subimos a un avión, mantenemos un nivel de vida basado en el consumo irresponsable, desperdiciamos el agua, tiramos miles de toneladas de alimentos a la basura…o nos  abstenemos en unas elecciones para exigir políticamente que tomemos todos conciencia del peligro que nos amenaza”.

Reflexionen sobre la breve parte IV, “El principio antrópico” que empieza con la frase “…no sólo es una crisis ecológica sino una apuesta de altísimo riesgo sobre la legitimidad y la validez de la ciencia…es una apuesta que la ciencia solo puede ganar si pierde. Y si la ciencia gana la apuesta, de poco nos va a servir, ni a ella, ni a nosotros. Perdemos todos, todo el planeta.

El planeta inhóspito. David Wallace-Wells. Traducción de Marcos Pérez Sánchez. Debate, 2019. 348 páginas. 22,90 euros.

 

 

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29 noviembre 2019 5 29 /11 /noviembre /2019 15:51

Entre otros sinsentidos, falacias y paradojas del momento político y social, en Cataluña estamos viviendo un oxímoron casi cotidiano con absoluta impunidad crítica y con la indiferencia, aprobación o rechazo de toda la población, que parece no percatarse del absurdo despropósito en el que se ha convertido un legítimo sueño de mayor autonomía en un disparate basado en principios ilegales y sostenido con medios ilegales y violencia callejera, inexplicables en tal país y en tales ciudadanos históricos. Sin entrar en los excesos de los CDR (Cerebros Desahuciados Reprogramados, según un viejo amigo de Esquerra), lo del "Tsunami Democrático" es un retorcimiento de la lengua y el concepto, que sería cómico si no fuera trágico. Se trata de un oxímoron, según la RAE "combinación en una misma  estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto que originan un nuevo sentido". Un tsunami, fenómeno climatológico devastador, por esencia no es algo democrático ya que "no ha sido elegido" por una mayoría de ciudadanos, sino impuesto de una forma inapelable y podríamos decir dictatorial.  Además de que caemos en una "falacia patética"  que es atribuir juicios humanos a un fenómeno natural. Los tsunamis no son ni democráticos ni fascistas. Es una combinación desastrosa y de efectos trágicos de varios fenómenos naturales. Llamar así a lo que algunos descerebrados hacen en Cataluña, (destruyo un país, ¿ para construir qué?) es una definición tan inconsciente como cruel.

Justamente esa es la manera que usan los exaltados para imponer al resto de la población catalana o foránea sus confusos argumentos de "legitimidad", que no de legalidad. Y no sólo a esa "mitad", siendo generosos, de catalanes funcionales (es decir los que viven y trabajan en Cataluña aunque no sean catalanes de nacimiento) sino también a una buena parte de militantes propios, (enardecidos por la obtusa gestión que se ha hecho del asunto por las dos partes implicadas), a los que se les aplica sin rubor ni vergüenza lo que he llamado "la falacia del traidor". Es decir, el "estás conmigo o estás contra mí"; el "si no apoyas la barbarie y la destrucción, eres un traidor";  o el "si cuestionas mis métodos es que eres un fascista". Paremos este absurdo alienado o seremos cómplices de él.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, escritor

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27 noviembre 2019 3 27 /11 /noviembre /2019 18:40

La editorial Rasmia, en su colección Tríadas, está editando unos libritos bilingües con textos breves de autores reconocidos, traducciones excelentes y temáticas de interés superlativo. Se trata, como se trasluce en el título de la colección, de textos que están vinculados temáticamente entre sí, pero también con unos discursos complementarios  que parecen perseguir objetivos semejantes como es el caso en  este primer volumen dedicado a la guerra, o mejor, contra las guerras.

Comienza con dos escogidas citas de Mary Shelley y Paul Valery y cierra el libro con una no menos jugosa de Arthur Schnitzler. Les adjunto la de Valery ("La guerra es una masacre entre gentes que no se conocen para provecho de gentes que si se conocen pero no se masacran") y la  de Schnitzler ("El diccionario de la guerra lo han hecho los dimploáticos, los militares y los gobernantes. Deberían corregirlo los que regresan de las trincheras, las viudas, los huçerfanos, los médicos y los poetas".

La introducción (sin firmar) es el más actual, claro y directo de los textos que nos acompañan en la lectura de este librito de poco más de 100 páginas, la mitad de las cuales son en inglés y la otra mitad sus traducciones al castellano (de Vicente Abella y Santiago Gallego). Son tres textos de Vernon Lee (pseudónimo de una mujer, Violet Page) escritora británica nacida en Francia que vivió a caballo del siglo XIX y el XX y tuvo una obra extensa de novelas, ensayos y libros de viaje y una fama discreta por sus relatos de fantasmas y su afán polemizador en ensayos y artículos. Aquí nos ofrece un relato simbólico, "El ballet de las naciones" en el que a través de figuras tales como La Muerte, Satán, la Valentía, el Honor, la Crueldad, el Hambre, la Ciencia, el Odio, la Rapiña, la Hambruna, la Codicia, el Heroísmo, la Sospecha, el Asesinato y las danzantes-naciones, configuran una danza macabra, desmesurada y sangrienta, un apocalipsis de violencia, cinismo y destrucción con el que la autora trata de reflejar el caos de horror que fue la I Guerra Mundial. El relato ha quedado quizá algo obsoleto para nuestra época, con su abuso de la siniestra  pantomima algo ingenua de las alegorías y los símbolos. 

El texto de Ambrose Bierce, un norteamericano del siglo XIX, periodista y escritor (autor del famoso "Diccionario del diablo" y otras obras de misterio y fantasía), que fue combatiente en la guerra de Secesión, es otra alegoría de los desastres de la guerra, también de una crudeza extrema, pero no comparable a la que ya nos han acostumbrado las películas y documentales actuales de los horrores bélicos y la violencia urbana, por lo que todo queda bañado de una curiosa sensación de pesadilla infantil. Las barbaridades angustiosas de Hitler, Pol Pot, Mao o Stalin, nos han vacunado contra ese horror bélico al que Bierce da el nombre de una de las más sangrientas batallas de la guerra que él vivió: "Chickamauga". La narración tiene  un aire parecido a la de Lee, aunque aquí se trata de mostrarnos esa desdicha sangrienta de la guerra a través de un niño, al que le gusta jugar a ser héroe y defender a la Patria.

Por fin, el tercer texto lo firma un clásico norteamericano, el gran Mark Twain,. Lo titula "La plegaria de la guerra" y son seis páginas de un tono grandilocuente donde el autor de "Tom Sawyer" le pasa factura irónica y sarcástica a las fuerzas y mitos de la guerra, a los intereses más o menos ocultos y a las mentiras adornadas que jalonan los conflictos bélicos amparados por el poder, la ocultación, la codicia, la estupidez y la crueldad con la que se manda a los hombres al matadero. Son tres relatos contra la plaga humana de la guerra, en los que se denuncia "el pueril ensalzamiento del valor y el  heroísmo, el mito del guerrero y del honor...la derrota de la sociedad y el género humanos, la victoria de las miserias, los odios, los miedos, los institnos homicidas y los intereses más oscuros...".

FICHA

GUERRA.- Vernon Lee, Ambrose Pierce y Mark Twain.- Trad. Vicente Abella y Santiago Gallego.- Ed. Rasmia.

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26 noviembre 2019 2 26 /11 /noviembre /2019 15:53

Los CDR catalanes (como los llama un amigo barcelonés, "Cerebros Desequilibrados Reprogramados") están integrados por manadas de jóvenes, bandas violentas que hemos visto estos días en las calles catalanas. que están formadas por algunos jóvenes independentistas educados desde la infancia en un ideario sin fundamentos jurídicos ni históricos, rico en consignas esquemáticas, maniqueas y viscerales. Los grupos más violentos los integran tipos que se auto titulan “anarquistas” sin tener ni idea de esa ideología decimonónica o con la ateniense “secta del perro” –creada por Antístenes y Diógenes, (ambos del siglo IV aC)-  doctrinas cínicas que darían más tarde lugar, una vez depuradas de irracionalidad,  al estoicismo, al escepticismo y a Epicuro y su escuela. Todo esto es cultura y está lejos de esos individuos  que ignoran y resumen lo que hacen  con un primario “cuanto peor, mejor” y aprovechan la masa para destrozar e incendiar como catarsis de sus fracasos personales. Serían equiparables a los “homo sacer”, tipos considerados proscritos en la civitas romana o la polis griega, de la que eran desterrados,  despojados de sus derechos y condenados a vivir al margen de la sociedad civilizada, donde impera la ley y el trabajo. En principio la palabra "sacer" significa sagrado, pero en una segunda y mas popular acepción los romanos llamaban así a los desarraigados y réprobos que obedecían a los dioses "malos". Pero ahora hay otros “homo sacer” que abundan y provienen de las oleadas de inmigrantes que encerramos en campamentos precarios o los desterramos a la ilegalidad, de los jóvenes anti sistemas que aprovechan todas las ventajas que les da el sistema que dicen odiar, de los parias con carencias y sin escrúpulos, de filas de vagabundos profesionales que deambulan por toda Europa eludiendo tanto a la policía como a la posibilidad de trabajar. Al final los convertimos en responsables de todo lo malo que nos amenaza o que ya tenemos a las puertas de nuestras existencias más o menos seguras, cómodas o amables.

Un libro reciente, “La melancolía en tiempos de incertidumbre” de Joke J. Hermgen (Siruela) aclara un poco los elementos sociales y personales que definen las actitudes y comportamientos de los “homo sacer” de nuestro tiempo. Y nos señalan también el mecanismo socio psicológico que los convierte en “chivos expiatorios” de situaciones cuya causalidad y responsabilidad no tiene  nada que ver con ellos. ¿Quiénes son los auténticos responsables de que existan jóvenes sin pensamiento crítico, carnaza de manipuladores, que integran las masas violentas infiltradas de delincuentes comunes? ¿Quiénes son los que carecen de interés por una gestión inteligente y humanitaria de las oleadas de inmigrantes? Pensemos en ello.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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24 noviembre 2019 7 24 /11 /noviembre /2019 15:54

Dicen los expertos en climatología y en paleontología que los efectos de un cambio climático inducido por la civilización humana (por llamarla de alguna manera) gracias a las emisiones de CO2 no es un invento de científicos catastrofistas  e imaginativos autores de ciencia ficción, sino un proceso, ya casi ineludible, que se ha acelerado en los tres últimos decenios y que desmonta fácticamente los argumentos de los negacionistas (que abundan en las naciones más contaminadoras, precisamente) y de los optimistas que creen que se trata de un ciclo de larga duración que dará tiempo a que la tecnología encuentre alguna solución que nos permita seguir con un estilo de vida (reservado a una cierta parte de la población mundial: los demás no cuentan) que se ha caracterizado por su aptitud a la depredación y el despilfarro.

Cualquier observador obstinado, que trate de estar al tanto de la deriva negativa de nuestra civilización, se habrá percatado de que en los últimos quince o veinte años la miseria, la desertificación, las inundaciones y una explotación obtusa de los recursos están creando auténticas mareas de inmigrantes, - con el complemento de las "pequeñas guerras" locales y genocidas-- procedentes de sectores de Africa postsahariana, Latinoamérica, sudeste asiático, Oriente Medio y brotes en Europa y el Mediterráneo. El Banco Mundial cifra en 140 millones de refugiados en los próximos 30 años y la ONU hace una estimación de 200 millones. Eso en un planeta que no deja de ser esquilmado por un lado y sobrepoblado por la otra. ¿No estaremos siguiendo la "táctica del avestruz" que se define como  "actitud de quien trata de ignorar peligros o problemas" ? Ni los protocolos de Kioto en 1997 ni el de Paris en 2016 han logrado algún avance. ¿Todo son exageraciones? Alguien dijo: si descartamos lo imposible, lo que queda, por más improbable que parezca, es lo que va a suceder".- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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23 noviembre 2019 6 23 /11 /noviembre /2019 20:08

El monje budista Dzogchen Ponlop Rinpoché trata con su obra escrita, sus conferencias y sus labores artísticas acercar de manera eficaz y clara a los occidentales un budismo adaptado a nuestra cultura. Labor que desde Suzuki a Deshimaru o Krishnamurti, Thomas Merton, Allan Watts, Karl Durkheim y tantos otros han realizado con mayor o menor fortuna. Ponlop Rinpoché no tiene un mensaje especialmente distinto u original y carece de la fuerza expresiva y poética de algunos de los anteriormente citados, pero tiene la ventaja  de no intentar ahondar demasiado en la metafísica budista y concretar fórmulas sencillas y claras .En este caso el elemento clave es la rebeldía. Tampoco es el primero en  basarse en esa característica paradójica para la "iluminación y el conocimiento", pero la concreta de manera poética en una "energía vibrante y profunda" (al estilo del "elàn vital" de Bergson) que es la voz de tu interior, donde reside la "mente despierta".

El monje asegura que hay una manera eficaz de progresar en la senda de la iluminación y es la rebelión contra un estatu quo que te presiona y condiciona tu vida. Esa rebelión se puede sustantivar con un entrenamiento permanente de tu mente que aclare tu visión y al ver lo que es permanente, esa percepción es un ariete con el que el buda rebelde de tu interior arremete y se libera del sufrimiento y la ignorancia, que son la misma cosa. Hay que nutrir esa "vena rebelde" existente en nuestro interior y cuando se manifiesta dirigirla con sabiduría ya que puede extraviarse con facilidad y pasarse al lado del resentimiento y la ira.  Para ello la fórmula de siempre, de todas las tradiciones espirituales y filosóficas, conócete a tí mismo. 

Y eso es algo muy difícil,  nos dice este monje, ya que nuestra mente es la peor enemiga de sí misma, bloqueando su percepción con "un flujo continuo de pensamientos, emociones y conceptos", creando una especie de íncubo al que confundes contigo mismo. Ponlop Rinpoché desgrana los principios básicos del budismo tratando de estructurar una teoría pragmática y eficaz con fórmulas que tienen siglos de antigüedad y se han expresado de muchas formas ya. Ofrece elementos de observación y acción como los que suelen aplicar los que se dedican a formular la atención plena como forma de disciplina para una existencia plena. Ponlop nos brinda un entrenamiento que se divide en tres áreas: disciplina, meditación y conocimiento superior. "Una vez que puedes relacionarte con la idea de entrenarte a ti mismo, que sabes lo que estás entrenando y estás de acuerdo en estar presente lo más posible durante este proceso, puedes iniciar los tres entrenamientos reales. Cada tipo de entrenamiento te ayuda a despertar y alcanzar la libertad individual", nos dice. 

En fin, libro recomendable para quienes se inician en el camino búdico de mejora personal y de búsqueda espiritual. Y así, nos dice "En la actualidad la gente suele sentir que tiene muy poco tiempo para practicar la meditación, pero incluso solo un poco de práctica cada día tiene un efecto positivo poderoso...puedes meditar mientras vas al trabajo en el metro, mientras tu compañía telefónica te deja esperando en la linea o mientras esperas que  hierva el agua. Se práctico al respecto y solo haz lo que a ti te funcione". Más claro...

Por cierto, a destacar la imagen de cubierta. Es excelente y muy original, del artista Gonkar Gyatso.

FICHA

EL BUDA REBELDE.- Dzogchen Ponlop Rinpoché.- Traducción de Gabriel Nagore y Ellen Sue.- Ed. Kairós

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19 noviembre 2019 2 19 /11 /noviembre /2019 18:30

Ya en el prefacio, los autores, padre e hija (el novelista Amos Oz y la historiadora Fania Oz-Salzberger) nos avisan que lo que vamos a leer es un ensayo "especulativo, directo y ocasionalmente lúdico" sobre esa continuidad que ostenta la historia e identidad de los judíos como pueblo. Y esa continuidad tan peculiar no se basa ni en la etnia ni en la política principalmente, sino en una "transmisión intergeneracional de contenido verbal, basada en unos textos determinados". Y en la tradición judía, la crítica, la revisión, la polémica y la discusión están indisolublemente unidos a tales textos, la Biblia, la Torá, la Mishná y el Talmud.

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado este ensayo. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Este binomio de Oz, padre e hija, han mostrado la inaudita historia de su pueblo enroscado en los avatares de los libros sagrados, de la cultura religiosa, pero también de rigideces sociales y éticas férreas, una suerte de endogamia profunda con la que no parecen estar de acuerdo, pero que admiran y respetan pese a su ambivalencia e intransigencia (ambos se declaran "ateos del Libro"). Como ellos mismos escriben, en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y han asimilado otras culturas, otras existencias. Pero como en el budismo zen, lo esperanzador y vitalizador de esta forma de afrontar la vida, la de los judíos, consiste en su apertura hacia la discusión y la polémica, cuestionando a los maestros con entera libertad, buscando la propia verdad y garantizando una cierta innovación intelectual inextinguible. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la fiilosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la busqueda incansable del conocimiento y la verdad. .Es este un libro agudo, inteligente, informado, irreverente y osado, en el que ningun tema delicado o difícil para la ortodoxia judía ha sido dejado de lado, desde el sometimiento de la mujer y la prepotencia de una sociedad patriarcal, a la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Amos y Fania muestran su agudeza cuando reclaman el talante itinerante del judío, morador de todos los paises, de todos los mundos, hombres de libros y de curiosidad y estudio, un trabajo en marcha que no excluye a nadie, ni a los gentiles cristianos ni a los musulmanes. Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.

LOS JUDÍOS Y LAS PALABRAS.-Amos Oz y Fania Oz-Salzberger.- Traducción de Jacob Abecasís y Rhoda Enelde.- Siruela.-220 págs.19,95 euros.

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