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25 diciembre 2019 3 25 /12 /diciembre /2019 20:25

Nuestro Quevedo lo decía de paladina manera: "Poderoso caballero es don Dinero" y aunque no podía ni siquiera soñar hasta dónde podía llegar las habituales redes de corrupción ni, por supuesto, que siglos más tarde se convertiría la cleptocracia de los poderosos en un "arte global" tan complejo y bien articulado "legalmente" que crearía un mundo paralelo global --  "en la sombra", "0nline", "virtual"--,  al mundo real, un país  literalmente utópico, es decir sin lugar físico, donde el dinero defraudado, robado o hecho desaparecer, permanecía fuera de control y circulación y seguro, a disposición de sus dueños, politicos dictatoriales, ladrones de guante blanco, defraudadores, cárteles de la droga, mafiosos. Hablamos de "Money Land", el país del dinero, donde van a parar trillones de dólares u otras monedas con un Banco Central detrás, más o menos serio. No tiene ninguna localización geográfica aunque suele emergen aquí o allá en los llamados paraísos fiscales. Es el gran club de los mega ricos, protegidos por grandes abogados y astutos economistas y respaldados de forma oficiosa por los grandes banqueros del mundo, dando la espalda generalmente al hecho  vinculado a esas grandes sumas de su procedencia dudosa y inmoral cuando no abiertamente delictiva y manchada con el sufrimiento, el hambre y la pobreza de millones de personas de los países esquilmados  por los que detentan el poder. Comprobamos con temor y temblor que nuestros adelantos técnicos no han servido para controlar esa escoria humana sino que les ha hecho más invulnerables, más codiciosos y desalmados y muchísimo más ricos. 

Bullough hace un trabajo asombroso y nos muestra a través de entrevistas -a veces rechazadas pero nunca justificadas éticamente- con banqueros y empresarios cómo el actual sistema financiero se ha convertido en un servicio que continuamente roza la ilegalidad y está a disposición de los que tienen el dinero, siguiendo el ejemplo de muchos políticos y gobernantes en todo el mundo. Es una red tan compleja, ambigua, poderosa e incontrolable como internet pero con un objetivo tejido de injusticia y corrupción. Y así nos vamos enterando del sistema perverso gracias al cual los recursos de muchos países, ya sea africanos , asiáticos o del este europeo (para no señalar más ejemplos cercanos) se transfieren desde determinados órganos o personas de poder político a lugares que "blanquean " el dinero, lo hacen "legal" y se invierte en países ricos. Bullough sugiere ciertos sistemas para desactivar ese proceso en algún punto de la cadena. Quizá en el ámbito de los compañías "offshore", de los fondos fiduciarios o de fideocomisos o de los paraísos fiscales con celoso secreto de identidades o muchas de esss 10 millones de empresas creadas como "hombres de paja", del pasado, escudos de anonimato hoy, para ocultar los haberes de miles de individuos pertenecientes a la "crème" de Money Land. Algo que como defiende "The Economist" "no es necesariamente ilegal" y "existen razones respetables" para algunas empresas que buscan países donde invertir. Esa es la paradoja: usar los huecos y carencias de las leyes para favorecer acciones y objetivos que no tendrían posibilidades con unas leyes más justas con los principios de igualdad, legalidad y contribución fiscal. Ya que, como dice este autor, "El dinero fluye libremente a través de las fronteras, pero las leyes no".

FICHA

MONEY LAND.-Oliver Bullough.- Trad.Joan Eloi Roca.- Principal de los Libros.-389 págs.

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22 diciembre 2019 7 22 /12 /diciembre /2019 19:11

Durante mi infancia en Marruecos, en la época del Protectorado español, donde mi padre ocupaba un cargo oficial, viví una profunda amistad con una familia judía que residía en una casa aledaña a la nuestra. Era una pareja de mediana edad que no tenían hijos y para los que poco a poco me convertí en un invitado especial (principalmente para la mujer, una dama elegante de gestos suaves y voz musical con acento francés). Ella me fue contando detalles sobre su cultura, sus creencias, su amor a los libros y a la Palabra, entendida como un vínculo con lo divino que hay en nuestro interior. No se si a mi corta edad entendía lo que me contaba,  pero lo cierto es que dejó en mí un poso de curiosidad insaciable por el mundo de los judíos, su cerrada cultura endogámica y la dinámica inteligencia de sus planteamientos. Ella me enseñó a leer de una manera distinta a la que aprendí en el colegio y me facilitó algunas claves para entender la manera de vivir judía. Después, ya en España, tuve amigos judíos en el Colegio y la Universidad y hubo un fácil y cómplice entendimiento con la mayoría, a pesar de que siempre llegaba a un punto donde aparecían los obstáculos de "la diferencia".

Y es precisamente esa característica del pueblo judío, que ha construido su identidad mediante el amor al Libro, a los libros, la lectura, la discusión, la enseñanza y la obligatoriedad de estructurar eso en la educación de los hijos por sus padres, en la cohesión de la familia con lazos de ese tipo, lo que constituye la principal fascinación que me ha provocado esta etnia. Convertir en señal de identidad de un pueblo algo como la íntima y secular relación entre la persona y las palabras, un principio vital articulado en mi propia vida como individuo fascinado por los libros, me parece algo asombroso.

Amos Oz en un ensayo titulado "Los judíos y las palabras" dice que en el interior de cada judío hay una biblioteca, salvo para aquellos que han desdeñado sus raíces y asimilado otras culturas. La pasión por saber, por interpretar, convierte "al mundo entero en un texto" y no es casual que la mayoría de grandes cerebros de la historia de la humanidad, en la ciencia, las artes, la filosofía o la literatura, hayan sido judíos. El judaísmo avala la búsqueda incansable del conocimiento y la verdad, aunque siga habiendo temas pendientes como el sometimiento de la mujer, la prepotencia patriarcal, la tradicional verbosidad compensatoria judía, la actitud ante el sexo o el sentido oscuro del humor (Woody Allen o Groucho Marx) y el complejo permanente y profundo de culpabilidad (Freud). Los judíos no deberían ser el Otro, el Forastero por antonomasia, sino unos hermanos a los que no hemos aprendido a amar, a entender o a conocer (aunque tampoco ellos han sabido propiciar ese acercamiento). El judío es la asignatura pendiente de la Humanidad. Lo malo es que parece que ellos también lo creen así, aunque por razones diametralmente opuestas. En realidad son el gran Malentendido de la historia.- ALBERTO DÍAZ RUEDA

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20 diciembre 2019 5 20 /12 /diciembre /2019 18:29

Si ustedes creen que la novela costumbrista, crítica, satírica, sarcástica y virulenta de la época victoriana tiene sus más altos referentes en Thackeray y Dickens, Kingsley, Meredith o George Eliot, Lewis Carroll, Oscar Wilde o Stevenson, Wilkie Collins, las hermanas Brontë, Conan Doyle  o Samuel Butler -autores bastante traducidos al español- se sentirán algo alarmados con los criterios que animan a nuestras editoriales a traducir a autores del pasado, cuando lean a Anthony Trollope. ¿Por qué diablos a casi nadie se le ha ocurrido traducir antes  a este prolífico inglés victoriano? Ático de los Libros ha resuelto esa manifiesta injusticia literaria.Trollope, compuso casi medio centenar de novelas - sin contar los cuentos, biografías y libros de viajes-, vendió su arte durante medio siglo conun éxito envidiable y luego comenzó unos altibajos que no han cesado desde entonces a pesar de las versiones en cine, televisión y radio de sus obras. Aunque a fuer de verdadero, Trollope ha sido leído sin cesar por los británicos, incluso en nuestros días donde más de un  lector ha visto en su  "El mundo en que vivimos" una profecía de la situación económica y social que vivimos y sobre todo del desierto moral que la sustenta.

Como suele acontecer, los padres de Trollope dejaron una huella y una influencia en el devenir del escritor: desde su padre, abogado poco hábil y sin suerte que trajo la miseria a su familia hasta su madre, Frances,  emprendedora e imaginativa, que sacó a la familia de apuros gracias a su pasión por escribir novelas donde satirizaba el poder y las bases sociales impregnadas de mezquindad y deshonestidad. Ella sería la figura esencial que fructificaría en su tercer hijo, Anthony, marcando su futuro.  Empleado de Correos y casado y con dos hijos (ambos escritores más tarde) comenzó a escribir una serie de seis novelas, el llamado ciclo de las Crónicas de Barsetshire (que le permitieron dejar su empleo). La segunda serie que emprendió, los Palliser, muy críticas con la vida política, tuvieron mucho éxito aunque no le permitieron como deseaba, paradójicamente, entrar en la política.

El escritor demuestra un enorme sentido del humor satírico cuando es  capaz de definir un diario de su tiempo con estas palabras: "El diario desarrollaba sus tareas con un asombroso aire de omnisciencia, y a menudo adornado con una ignorancia a duras penas superada por su arrogancia". O esta otra aplicada a los "principios" de su editor: "Un periódico que desee prosperar jamás debe perder el espacio de sus columnas y agotar a  sus lectores elogiando nada. Las alabanzas son invariablemente aburridas".

Se la ha considerado una de las cien mejores novelas en lengua inglesa. Es, sin duda, un clásico de los que uno atesora en su mente y en su biblioteca. Por eso puede considerarse un ejemplo literario- reducido al ambiente victoriano ingles-  de lo que estamos viviendo en la actual situación económica mundial, regida como en la novela por la corrupción, la falta de ética y una codicia impresionante, narrado eso sí con una enorme solidez intelectual a la altura de su sentido del humor.

La corrupción financiera que denuncia Trollope está a la altura de un mundo social mezquino, inclemente y deshonesto en el que los intereses propios priman sobre cualquier otra consideración. Políticos, financieros, escritores o poetas, caballeros sin dote o muchachas casaderas sometidas al escrutinio económico, convertidas en elementos bursátiles. Todo descrito con una ironía elegante y un sarcasmo hiriente, ya sea en los entresijos de los pensamientos de los personajes y su inconcebible falta de moralidad o el vergonzante juego de sobornos, manipulaciones o engaños en el que damas y caballeros de todos los niveles plantean sus ofrecimientos al mejor postor. Uno cree ver a los magnates de la City o de Wall Street en estos personajes arrogantes, pendencieros y mezquinos, para los que lo único válido es el dinero y el único objetivo acumular codiciosamente sus activos aunque sea sobre el cadáver de sus seres más cercanos.

No les cuento más. No deseo hacer un "spoiler" literario de una novela que merece ser leída hasta el final entre el asombro por la galanura narrativa del autor, la vergüenza por el realismo de lo narrado tan visible en nuestra propia sociedad, el placer de la lectura y el reconocimiento hacia una obra que roza la excelencia imperecedera de los grandes clásicos, sin dejar por ello de ser una de las mejores y más acertadas críticas del capitalismo que nos ahoga en el siglo XXI.

FICHA

EL MUNDO EN QUE VIVIMOS.- Anthony Trollope.- Traducción (excelente) de Claudia Casanova.- Ático de los Libros.- 854 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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18 diciembre 2019 3 18 /12 /diciembre /2019 18:01

Esas banderías facinerosas que campan por las calles catalanas, escudadas tras los derechos que protege el Gobierno que tildan de "fascista", han perpetrado dos "heroicidades" más: quemar ejemplares de la Constitución y la bandera de nuestro país (que es utilizada de forma partidista desde hace muchos años, siendo como es un símbolo de todos y no sólo de unos cuantos). Los partidarios del "peor es mejor" con despacho en la Generalitat se deben sentir orgullosos por los actos de esa turba de neo-oligofrénicos que con esa quema de símbolos superiores del país al que jurídicamente pertenecen están favoreciendo la eclosión de fascismos retrógrados: cada una de las hojas del texto constitucional lanzado a la hoguera supone, seguramente, más de un millar de votos a la ultraderecha y, al tiempo, un insulto inicuo al resto de los ciudadanos de este país, entre ellos muchos catalanes.

La palabra iniquidad significa una acción o acto realizado con maldad, abuso, injusticia, infamia o ignominia. Algo contrario no sólo a las leyes positivas del país sino a la ética del resto de los españoles. Encaja con otro concepto, el de anomia, que es una perturbación psicológica que afecta a una persona o a un grupo, que les hace rechazar las normas o convenciones de la  sociedad en la que viven y les hace ignorar y transgredir las leyes y el conjunto de reglas que regulan la convivencia pacífica.

Hay una frase de Steiner que parece definir la situación actual en la querida y atribulada Cataluña: "ninguna mentira es tan burda que no pueda expresarse tercamente, ninguna crueldad tan abyecta que no encuentre disculpa en la charlatanería del historicismo...el lenguaje de la política se ha contaminado de oscuridad y locura". Steiner, desde luego, no se refería a todas las manipulaciones  y falsedades del "procés", ni a la excusa de agravios históricos empleada absurdamente por la propaganda historicista del independentismo... pero lo cierto es que la frase parece ajustarse a esos hechos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA, Escritor

 

 

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13 diciembre 2019 5 13 /12 /diciembre /2019 20:04

No se me alarmen, lectores míos. Les sugiero que presten atención a ciertas noticias, que reflexionen y que hagan un diagnóstico. Nuestra vecina Cataluña nos va a servir como precipitador. Conocen la violencia y el caos organizado por ciertos "cerebros exaltados" en las calles de las principales ciudades catalanas. No entremos aquí en debatir legalidad o legitimidad. Vamos a quedarnos con esa violencia, ese empoderamiento de miles de catalanes en las calles, en su componente gradualmente más juvenil que maduro y por fin en el rechazo de los moderados hacia esos excesos gratuitos y en el divorcio entre el supuesto objetivo y el caos en sí mismo. En un momento determinado las noticias del caos, barcelonés por ejemplo, se relacionó miméticamente con el de Hong Kong (no tienen nada que ver los elementos del problema de uno y otro) e  inmediatamente con las calles chilenas (aumento del precio del billete del metro), con las de Bolivia (presunto fraude electoral) o con las de Francia e Irán (por el aumento del precio del combustible) o con las de Egipto, Irak, Libano, Reino Unido o Amsterdan.

¿Qué está pasando en el mundo? ¿Existe un virus global cuyo síntoma primordial es la tendencia al caos violento, que está afectando por igual a países cuyas problemáticas no tienen nada que ver unas con otras? Se trata de países pobres y ricos, de democracias más o menos venerables y regímenes autoritarios o directamente fascistas. La ola contestataria que causa ese virus afecta globalmente. ¿Como internet? Pues sí, pero la Red es más un instrumento de contagio que una causa.¿Estamos ante una revolución semejante a la de 1968? A los 40 años de esa algarada estudiantil sin consecuencias graves, en 2008, comienza a producirse en muchos puntos del planeta un aumento vertiginoso de manifestaciones ciudadanas, mas o menos violentas y justificables. ¿Hay algún patrón común que pueda servirnos para entender lo que ocurre? Creo que podría haber uno y no es el mundo digital: El desprestigio de los Gobiernos y de los políticos ante una población joven sin esperanzas de futuro y una población madura irritada ante la persistencia y profundidad de la ineficacia y la corrupción políticas. Es la primera revolución de la globalización.  Piensen en ello.

ALBERTO DÍAZ RUEDA. Escritor y periodista

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11 diciembre 2019 3 11 /12 /diciembre /2019 16:17

Alan Bennett goza de una envidiable salud literaria. Es un autor indiscutiblemente british, con un don especial para la sátira, la crítica más o menos virulenta de la sociedad en la que vive (al estilo de un Swift o un reverendo Hodgson -Lewis Carroll-  o el menos conocido pero sobresaliente Anthony Trollope) y un fondo lejano pero real de conmiseración y compasiva bondad. Esta es una novela corta, anterior a "Una lectora poco común" o "La dama de la furgoneta". 

Bennett nos invita a asistir a una ceremonia fúnebre que oficia un cura presbiteriano con añoranzas católicas y un sutil sentido del humor que resalta por su natural una bonhomía estoica y unas sanas (y secretas)  tendencias epicúreas. El finado es un masajista apolíneo que es despedido por la "Crème" de la sociedad junto a elementos por lo menos discutibles y otros absolutamente reprobables. El lector podrá adivinar que el curioso ámbito social de los asistentes -hombres y mujeres- se corresponde a ciertas peculiaridades "profesionales" del masajista. Las descripciones y juicios del narrador omnisciente son un modelo de sarcasmo y habilidad crítica. El inopinado discurso de uno de los asistentes a la ceremonia, en cuyo desarrollo se deja caer la palabra "sida" provoca hilarantes resultados. Pero, en fin, no se cuento más. Solo una recomendación: léenla y disfruten.

FICHA

LA CEREMONIA DEL MASAJE.- Alan Bennett.- Trad. Jaime Zulaica.- Ed. Anagrama.118 págs.

 

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6 diciembre 2019 5 06 /12 /diciembre /2019 18:12

 

 Los "pastiches" victorianos a los que tan aficionados son los escritores del siglo XX , principalmente los fascinados por el mundo de Sherlock Holmes y el Dr. Watson (son incontables los relatos, novelas, películas y serie de televisión que recogen el guante del gran sir Arthur Conan Doyle y se atreven a resucitar a sus personajes y algunos ha rellenar los "huecos" de las andanzas de ambos con nuevas aportaciones. Generalmente se trata de narrativa menor cuyo más importante encanto estribe en insuflar la vida de la ficción a esos amados e imperecederos estereotipos literarios. 

La narrativa juvenil también ha producido una amplia cosecha de Sherlocks y es el caso de la joven norteamericana  Britttany Cavallaro que ha preferido partir de una situación temporal contemporánea, cambiar el Londres victoriano por el Estado de Connenticut, dotar a Holmes de un cuerpo femenino de 16 años, con algunos vicios precoces parecidos a los de su antepasado y al esforzado Watson, también remoto descendiente del doctor John Watson, de uno masculino de la misma edad más o menos, romántico, sencillo, diligente y fuerte como su lejano tatarabuelo. 

La acción tiene lugar en un internado del citado Estado y supone el asesinato cometido en el colegio de uno de los alumnos y el intento contra otra alumna, además de la destrucción de medio colegio por una bomba. Como novela de género se ajusta con bastante esmero a las peculiaridades del relato de misterio e intriga, pero principalmente se regodea en las referencias y citas del Canon sherlockiano, cosa que agradará al lector familiarizado con los "casos" de la genial pareja victoriana. Para mayor deleite de los aficionados, el "malo" no podía ser otro que los descendientes del "Napoleón del crimen" el Dr. Moriarty,  también expertos en matemáticas, conjuras y actividades ilegales. 

Charlotte Holmes da una tataranieta de pantalones ajustados e inteligencia viva e irónica, consumidora de ciertas drogas y magnífica interprete de violín, un Stradivarius heredado de su antepasado (que ya a los diez años resolvió un caso que traía de cabeza a Scotland Yard) y Watson que habla de su "trastatarabuelo", Arthur Conan Doyle, lo cual parece un caso de identidad confusa o un guiño al lector que según cómo, cree que Watson es el pseudónimo de Conan Dopyle o quizá al revés. El joven es un aprendiz de escritor que sueña con ir a la Universidad y escribir libros de éxito. Al lector se la puede pedir que relacione el texto de la página 20 con el de la 31 para  comprobar que Conan Doyle-Watson incurría en muchos descuidos (pag.56) en sus textos pero que B, Cavallaro-Watson también lo hace, y todos tan contentos: la joven Holmes se atribuye una amenaza de muerte que pronunció su fiel Watson (Jamie).

En la página 209 se nos aclara la genealogía de Holmes (que tuvo un hijo de madre desconocida y de ahí la existencia de Charlotte) y en la página 157 una divertida lista de peculiaridades en la relación entre Sherlock Holmes y Watson que el padre de nuestro juvenil Watson contemporáneo le da a su hijo para que se entienda bien con Charlotte y que resume muy acertadamente las características del detective victoriano. La verdad es que resulta una lectura interesante, en la que se percibe cierto exceso melodramático en la relación apasionada de Jamie con la joven Holmes, sobre todo al final, pero no hace daño al conjunto de la novela. El epílogo es un certero guiño al lector holmesiano porque contiene un texto firmado por Charlotte donde le pone los puntos sobre las íes al texto de su compañero Jamie.

FICHA

LOS MISTERIOS DE CHARLOTTE HOLMES.- Brittany Cavallaro.- Editorial OZ.- TRad. Marina Rodil. Pags. 286.- 15,90 euros.

 

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5 diciembre 2019 4 05 /12 /diciembre /2019 17:56

La colección "Tríadas" de la editorial Rasmia nos ofrece un segundo volumen, "La ciudad" en el que presenta en textos bilingües (inglés-francés-español), pequeñas narraciones firmadas por Poe, O'Henry y Maupassant . Con una excelente introducción sin firma (como en el anterior volumen reseñado) que nos introduce en la historia de la ciudad desde la polis y la civitas grecolatina, hasta  la ciudad gremnial y eclesiástica de la Edad Media, pasando por la eclosión de la superioridad de la urbe sobre el campo y la industrialización hasta llegar a nuetros días en las que las megalópolis nos ahogan y paradójicamente rodean con el gentío la insobornable soledad del hombre.

La época que nos relatan estos tres grandes autores del siglo XIX es la antesala de la nuestra, aún se puede "flanear" por las calles aunque ya empieza a haber muchedumbres y la división de las clases sociales es más evidente (aún hay pocas muestras de esa clase media-baja que el capitalismo traerá a las ciudades de occidente en el siglo XX). La calidad literaria  de estos escritores no es uniforme y aunque los tres son interesantes, tanto el relato de Poe y el retrato de su "hombre de la multitud" como el de Maupassant y la pesadilla de su protagonista con el Sena como destino final, no llegar en ningún caso -a mi estricto personal parecer- a la calidad literaria de la sencilla anécdota del vagabundo Soapy. O´Henry es un gran maestro del relato corto y sin tener la fuerza y potencia de su paisano Poe (aunque si en este libro) o el verbo alucinado y poético de Maupassant, el lector acaba disfrutando con las peripecias de Soapy  y acaba la lectura con una sonrisa en los labios.

FICHA

LA CIUDAD (POE, O'HENRY, MAUPASSANT).- Trad.Vicente Abella, Santiego Gallego.- ED. bilingüe.- Rasmia ediciones. 97 págs.

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3 diciembre 2019 2 03 /12 /diciembre /2019 18:25

Creo que deberíamos estudiar más a los griegos. Pienso que muchas de las respuestas a los problemas de la actualidad se encuentran en obras escritas hace más de dos mil años. Sólo es preciso percatarse de que todo ha cambiado en nuestro entorno desde aquellos tiempos arcaicos,  pero hay algo que se mantiene casi idéntico bajo el barniz de la modernidad y la virtualidad: las pasiones, deseos y carencias del animal humano, enterrados en el cerebro reptiliano que aún conservamos, rodeado de las circunvalaciones mágicas del neocórtex, esa maravilla gris cuyo funcionamiento aún no entendemos del todo pero ya intentamos replicarlo en la IA.

La palabra griega carácter describía la figura o el rostro grabado en las monedas o la figura alegórica grabada en piedra de una u otra cualidad humana, el heroísmo, la bondad, la ira. Para nosotros la palabra ha tomado el significado opuesto. Es ese algo que distingue a una persona de otra, mientras para los griegos es una característica que compartimos en algún momento. El problema es que ahora vemos cada cosa por separado, individualidades, y los griegos (como los chinos taoístas y los budistas) veían cada cosa como partes de un todo. 

La profesora norteamericana de origen alemán Edith Hamilton (1867,-1963) ponía un ejemplo al respecto: los templos griegos y las catedrales en la edad media. Los primeros eran colocados en un punto elevado y hermoso de la naturaleza, rodeados por la belleza natural, bosques y rocas, cielo y mar. Los cristianos hundían sus iglesias y catedrales en el centro de la ciudad, rodeadas de casuchas y barrios miserables. Eso sí, lanzando sus torres y campanarios hacia el cielo, como símbolo del poder único de la Iglesia  y de su carácter sagrado, "celestial". El pensamiento, la lengua y la literatura griega hace una apelación a nuestros tiempos: "El florecimiento del genio en Grecia se debió al inmenso ímpetu recibido cuando la claridad y el poder del pensamiento se añadieron a una gran fuerza espiritual de tipo filosófico" ¿Cuál era esa fuerza? "Una ausencia de lucha, de crispación, un poder reconciliador, algo agradable y sereno que el mundo no ha vuelto a ver desde entonces". Algo de eso nos iría bien...

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30 noviembre 2019 6 30 /11 /noviembre /2019 20:27

Libros como "Factfulness" de Hans Roosling, como "Todo el mundo miente" de Seth Stephens, "The Game" de Baricco, "En el enjambre" y "Psicopolítica" del filósofo japonés de habla alemana Byung-Chul Han, sin contar los del israelí  Yuval Noah Harari, "Sapiens", Homo Deus" y las "21 lecciones para el siglo XXI", están tratando de mentalizar directa o indirectamente a los habitantes de este problemático planeta de que  nuestra actual forma de vida tiene muchos elementos deficitarios –psicológicos, sociales, económicos, tecnológicos - que aceptamos con indiferencia pero que van a tener un coste realmente elevado y que va a cambiar nuestra existencia y no siempre para bien.

Pero es en "El planeta inhóspito" de David Wallace-Wells donde se nos trata de demostrar que debido a ese estilo de vida hemos rebasado con creces las posibilidades auto curativas de la Tierra y comenzamos a adentrarnos en el caos, con consecuencias destructivas y daños irreparables a cuestiones tan vitales como el medio ambiente, clima y naturaleza: inundaciones y sequías, hambrunas y pérdida de tierra cultivable, oleadas de calor con efectos letales sobre los seres vivos, emigraciones masivas, violencia subsiguiente, guerras de supervivencia por el agua potable, los alimentos básicos, la seguridad, las epidemias, enfermedades respiratorias, de la piel y envenenamientos causados por el exceso de metano y CO2 en la atmósfera contaminada. Eso sin contar con un aumento del nivel del mar que inundará ciudades de millones de habitantes con su correlato de muertes, enfermedades y caos emigratorio. ¿Exageraciones de la ciencia? ¿Alarmismo injustificado de apocalípticos a sueldo de quién sabe qué oscuros intereses?

Señores, no. Los estudios que se van haciendo públicos con cuentagotas para no “alarmar innecesariamente” a la población dan cifras escalofriantes y generan una serie de reacciones en contra y argumentos basados en posibilidades remotas o probabilidades fantásticas, en suma, en el “pensamiento mágico” según el cual si pensamos en que algo malo no debe ocurrir, gracias a una serie de fuerzas oscuras e irracionales eso no ocurrirá, aunque la realidad nos esté demostrando cada día que ese “algo” va deteriorándose en la dirección equivocada, un proceso que muy probablemente lleva al suicidio colectivo.

Toda una civilización, la nuestra, va a pagar de forma brutal la disparidad existente entre su desarrollo tecnológico, su enorme gasto de energía y su falta de previsión y control sobre las consecuencias de sus acciones. Tenemos datos incuestionables sobre las causas del cambio climático y de las consecuencias, así como de las incertidumbres, probabilidades y escenarios que van a crearse y éstos no necesitan llegar a los puntos más graves, sólo con seguir la dinámica ya emprendida serán considerables en un lapso de tiempo abrumadoramente corto. Seguramente antes de que los ancianos de hoy lleguen a desaparecer por completo. Ni la esperanza “mágica” en que ese lapso de tiempo sea enorme, casi un ciclo de cientos de años, hasta que la tecnología logrará frenar y resolver los problemas más acuciantes o que la naturaleza logrará imponer su legendaria supervivencia (ignorando en este caso la segunda ley de la termodinámica, la de la entropía), que todo sea un mal sueño provocado por el alarmismo de unos cuantos (argumento que raya en la estupidez) o que alguien tenga un plan B (un planeta milagroso al alcance de los supervivientes), los oscurantistas defensores del “no pasa nada” se asemejan a los ciudadanos  romanos de Pompeya y Herculano que, el 24 de octubre del año 79 dC,  aunque veían la actividad excesiva del Vesubio seguían con sus quehaceres y diversiones, suponiendo que “como en otras ocasiones, todo quedaría en humaredas y algunos temblores” como nos cuenta Plinio el Joven. Allí fueron 5.000 muertos. ¿Cuántos serán en todo nuestro planeta? ¿Por qué nadie piensa que nuestra “normalidad” cada vez es menos “normal”? Como dice David Wallace, en este momento “ya hemos causado tanta devastación a sabiendas como en los siglos de nuestra ignorancia”.

Piensen que fue en 1992 cuando se publicó el informe  pionero en la denuncia, “Earth in the Balance” -un éxito popular internacional que,  a pesar de ello, fue considerado “alarmista” por muchos científicos y sobre todo por los trust petrolíferos de todo el mundo e intereses adyacentes--, sobre el vertido de gases invernadero en la atmósfera y sus efectos destructivos. Desde 1992 hasta hoy mismo, la quema de combustibles fósiles ha aumentado en una medida equiparable a los gases vertidos a la atmósfera desde la revolución industrial del siglo XIX  hasta 1992. Y seguimos haciéndolo a una velocidad progresiva y totalmente irresponsable. Esto es algo que atañe a la supervivencia de la raza humana.  En 2006 se difundió el documental del vicepresidente norteamericano Al Gore “Una verdad incómoda”, insistiendo en que los elementos del caos, los cuatro jinetes de apocalipsis ya cabalgan en forma de calor creciente, rotación de inundaciones y sequías, aumento del nivel del mar, hambrunas, incendios imparables. ¿Fechas? Olvidémonos de las posibles y quedémonos con las probables. Se suponen unos 2 metros de subida del nivel del mar, con inundaciones continuas anuales en diversos puntos del planeta, para antes del 2100. Desde al año 2000 hasta hoy ese nivel ha subido más de 5 milímetros en progresión continua. ¿Más datos? Ya mueren más de 10.000 personas a diario en todo el mundo debido a la contaminación atmosférica. El magnífico y preocupante libro de David Wallace-Wells hace un duro recorrido por “los elementos del caos” que nos amenazan: muerte por calor, hambruna, incendios, falta de agua, océanos moribundos, aire irrespirable, plagas, colapso económico…

Las macrocifras son impensables críticamente para la mayoría de las mentes humanas, (como nos cuentan Rosling en FactFulness” o Seth Stephens en “Todo el mundo miente”) pocos sabe asumir y comprender las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones contra la Naturaleza, con tal de mantener nuestro estilo de vida basado en una cultura del despilfarro. Los recursos y bienes del planeta son limitados y nuestra forma de vida (la de los países “desarrollados”) no es una forma de progreso sino una forma de degeneración planetaria. A partir de ahora, aseguran algunos calificados de “agoreros”, cada generación sucesiva vivirá peor que la anterior. ¿Necesita probarse tal aserto? Miren ustedes a su alrededor. Pero eso sí, David Wallace nos recuerda cómo proliferan los relatos, películas, series, novelas y ensayos sobre lo que se está gestando. Y nos advierte sobre “la Iglesia de la tecnología” en la que hay millones de creyentes que extrapolan los avances habidos en la creencia de que todo el caos que viene será evitado o paliado por la “tecnología del futuro”. Si escoges como camino una vía de tren y te viene una locomotora encima, no puedes esperar a que la tecnología haga subterránea o aérea la vía férrea, tienes que apartarte del erróneo camino escogido.

Aún ante la contundencia de esas cifras, de las investigaciones que las confirman y sobre todo los testarudos hechos, los negacionistas siguen asegurando que todo es exageración, como los que aún siguen opinando que la tierra es plana a pesar de las evidencias de Elcano o Magallanes hace 500 años  o de las imágenes espaciales. Este tipo de francotiradores contra el sentido común siempre ha existido y sigue habiendo personas con un nivel de credulidad asombroso. Lo inconcebible es que siguen determinando las acciones políticas (solo cuando se unen a intereses espurios, claro). De ahí la pertinencia de una frase pronunciada en una conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático: “El lento arrastrar de pies de las políticas ambientales de muchos países nos lastra a todos, al resto del planeta, porque cada uno de nosotros impone algo de sufrimiento sobre nuestros yos futuros cada vez que cogemos un coche, subimos a un avión, mantenemos un nivel de vida basado en el consumo irresponsable, desperdiciamos el agua, tiramos miles de toneladas de alimentos a la basura…o nos  abstenemos en unas elecciones para exigir políticamente que tomemos todos conciencia del peligro que nos amenaza”.

Reflexionen sobre la breve parte IV, “El principio antrópico” que empieza con la frase “…no sólo es una crisis ecológica sino una apuesta de altísimo riesgo sobre la legitimidad y la validez de la ciencia…es una apuesta que la ciencia solo puede ganar si pierde. Y si la ciencia gana la apuesta, de poco nos va a servir, ni a ella, ni a nosotros. Perdemos todos, todo el planeta.

El planeta inhóspito. David Wallace-Wells. Traducción de Marcos Pérez Sánchez. Debate, 2019. 348 páginas. 22,90 euros.

 

 

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