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31 marzo 2020 2 31 /03 /marzo /2020 10:50

El artículo 122 de la norma de crisis de la Unión Europea, dice: "Unión y Estados miembros actuarán conjuntamente y con espíritu de solidaridad cuando un Estado miembro sea víctima de una castástrofe natural". ¿Qué es lo que no entienden de estas palabras Alemania, su satélite Paises Bajos y algunos Gobiernos del norte? ¿Volvemos al desencuentro racista visceral entre las supuestas "hormiguitas" norteñas y las humilladas y no menos supuestas  "cigarras" del sur, con una Francia oportunista que hace, como de costumbre, el innoble papel de no abandonar la órbita de los poderosos para recoger las migajas del banquete? La Europa de la plutocracia, paraíso y santuario de los Bancos, de la codicia prepotente y la deshumanización contable vuelve como en 2008, en 2010 y en 2015 a repetir los esquemas abusivos de su peculiar darwinismo social mezclado con su "capitalismo catastrófico". La cuenta de resultados por encima de los seres humanos. A Grecia la sádica intolerancia de la Troika le costó 350.000 víctimas y un estado de miseria social que casi acaba con el Estado.

La crisis pandémica supera a las de 2008 o 2015, es mundial y no se debe a la delictiva gestión de financieras y bancos --los primeros que fueron rescatados en ese pasado vergonzante- sino a un virus que no entiende de fronteras, razas o nacionalidades. Aquí lo que se plantea tiene que ver con la Humanidad, incluso la de los países con las cuentas saneadas.  ¿Se llevará el coronavirus no sólo cientos de miles de vidas más, a la democracia sustituida por  el populismo y los ultranacionalistas, sino también a la Unión Europea, por abierta contradicción con su nombre? El "eurexit" está muy cerca. ¿No perciben en el núcleo duro germánico que están convirtiendo la nobleza del nombre "Unión Europea" en un oxímoron? ¿Nadie se alarma ante el revanchismo histórico que parece haber en esas posturas radicalizadas? ¿No recuerdan en Berlín que una actitud inconsciente semejante, tras la I GM, trajo a Hitler al poder?

¿Hasta cuando abusaréis de la paciencia de los ciudadanos humildes, de los trabajadores sin "enchufes", de las familias eternamente endeudadas, de las gentes pacíficas que sólo desean vivir una existencia que siempre resulta ser problemática, ajenas a los extremos del populismo, los racismos y los abusos de un Sistema que los convierte en números y capital de intercambio?

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30 marzo 2020 1 30 /03 /marzo /2020 10:43

El confinamiento se endurece y tiene su lógica: empezamos la semana más dura, aunque los contagios parecen haberse estabilizado (lo que no quiere decir que no los haya sino que lleva dos días en que la cifra de nuevos contagiados se mantiene estable). Sin embargo las cifras de fallecidos si.gue aumentando, lo cual también es lógico por el efecto "ola", es la suma de antiguos contagios positivos que han seguido un curso de evolución desdichadamente negativo. Es más dura porque la gente está cansada, tiene miedo, desconfía de sus autoridades que parecen reaccionar tarde y mal, tienen problemas de espacio relacional, se les acribilla de "fake news" y de mensajes alarmistas o de la actividad de ciberdelincuentes, les asusta la crisis económica que se anuncia y no ven con claridad que todo esto llegue a su fin para el dia 12 de abril, domingo de, vaya por Dios, Resurrección en la simbología cristiana.

Decía el filósofo francés Pascal que gran parte de la infelicidad y los errores de los seres humanos nace de la incapacidad que tenemos de no saber quedarnos en casita y limitarnos a disfrutar de lo que tenemos y queremos. Cuando nos lanzamos al mundo sin respetar las cautelas que mantenemos en casa, abrimos el baúl de los errores y sugen la envidia, la codicia, los deseos no naturales ni necesarios. Quizá podríamos sacar elementos positivos, de confianza y de seguridad, de estas estancias obligadas en casa. Tal vez aprender a comprender y respetar a los que tenemos cerca. Y, la guinda del pastel, a recobrar la función de amar, un setimiento que suele dejarse olvidado en cualquier rincón de la memoria.

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30 marzo 2020 1 30 /03 /marzo /2020 09:30

El maestro George Steiner (nacido en Paris en 1929 y fallecido en 3 de febrero de este año, con 91 años) fue uno de los pensadores más lúcidos y complejos  del siglo XX. Tras leer la mayoría de sus libros, desde la aparición de "Lenguaje y silencio" publicado por Gedisa  el año 82 y del que aún conservo el ejemplar que me envió la editorial para su reseña, profusamente subrayado, se convirtió a través de los años en un compañero sugestivo y sugerente, del que envidiaba y admiraba la consistencia intelectual y su irónica osadía en manifestar opiniones que le convertían en un incómodo crítico que no admitía componendas. Filósofo contestatario en todo momento, autor incansable, figura discutida e impertinente en Princeton, Stanford, Ginebra o Cambridge. Steiner era hijo de judíos vieneses refugiados del nazismo en París y luego en  Nueva York . Llama la atención su curiosa y combativa  no-práctica del judaísmo que resulta muy fastidiosa para la comunidad judía mundial y para el estado de Israel  en particular, rechazo que le convierte en una figura tan controvertida para el judaísmo como Spinoza o, en el otro extremo, como Woody Allen  o Einstein .  Más irónico que humorista, define al judío como un hombre que lee los libros con un lápiz en la mano porque piensa que los puede escribir mejor. En 2001 recibió el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades donde se resaltaba su talante polémico y su defensa de lo universal y global contra los nacionalismos y las fronteras; no en vano es un políglota que domina inglés, francés, alemán e italiano, conoce el castellano y el portugués, sin contar las "lenguas muertas" (tan rabiosamente vivas en la cultura occidental, el latín y el griego). Pero, curiosamente, no hablaba hebreo y en Israel se comunicaba en inglés o en sefardí. Steiner era además un comentarista crítico, a veces provocativo o sarcástico, hacia la política, la economía o el futuro planetario, el cometido de la ciencia y el declinar de la razón, la religión y la democracia.

En su libro “Errata” (El examen de una vida), Steiner analiza algunos episodios de su infancia y juventud, aunque de una manera poco rigurosa y dejándose llevar por las temáticas que desarrollaba, más que por sus implicaciones en las fechas de su vida. Sin embargo son muy reveladores algunos de los comentarios que escribe. Por ejemplo y de cara a su actitud hacia el judaísmo dice (refiriéndose al de su padre): “El orgulloso judaísmo de mi padre estaba, como el de Einstein o del de Freud, teñido de agnosticismo mesiánico. Destilaba racionalidad, promesa de ilustración y tolerancia. Le debía tanto a Voltaire como a Spinoza”. Como ven, se retrata a sí mismo en la figura amada de su padre que le acostumbró a la compañía vitalicia de la Odisea y la Ilíada, influencia, la de los clásicos, que marcaría su carrera intelectual y literaria : “El clásico nos interroga cada vez que lo abordamos. Desafía nuestros recursos de conciencia e intelecto, de mente y de cuerpo”. “El valor de esa temprana impronta de lo clásico en mi existencia ha sido considerable”.

Ataca, a mi parecer muy consecuentemente, el post estructuralismo y al deconstruccionismo, que alteraron la visión de la teoría literaria a partir de los setenta del pasado siglo. También analiza el papel del traductor y de la traducción, la enseñanza secundaria francesa  (que recibió durante su estancia de adolescente en Nueva York), su amor temprano a Shakespeare y sus “asignaturas pendientes” de esa época: aprender ruso y árabe.

En su libro "Diez razones para la tristeza" nos propone las razones para justificar esa tristeza del pensamiento y con irónica franqueza las pone entre paréntesis, mostrando la base especulativa que le impulsa. Así nos habla de la forzosa necesidad de pensar equiparable a la de respirar ya que no podemos dejar de pensar ni siquiera en sueños. De ahí nace la identidad del ser con el pensar como ya apreció el lejano Parmérides, por el siglo IV aC.  Una de las razones citadas es la incapacidad de aprehender la naturaleza del pensamiento. Otra de las razones de tal tristeza estriba en el lenguaje. la "casa/prisión" del lenguaje, la materia prima del acto de pensar , "en soliloquios de pensamiento oculto o no deseado que recorren sus anárquicos caminos por debajo del habla articulada".

En otro lugar nos habla de su estancia en la Universidad de Chicago a finales de los años 40, con un divertido apunte sobre “los recuerdos de la carne”. Pero más interesante aún es su casual descubrimiento de la vocación de la enseñanza, cuando lee sus interpretaciones sobre el relato de Joyce, “Los muertos” (“Dublineses”) ante sus condiscípulos en su habitación atestada de jóvenes tomando notas: “Fue un descubrimiento fatal. Desde esa noche, las sirenas de la enseñanza y el análisis crítico literario no han cesado de cantar para mí”. Steiner ha ejercido la docencia en Estados Unidos, Inglaterra y Suiza durante más de 50 años. En uno de sus libros sostiene que "la única licencia honrada y demostrable para enseñar es la que se posee en virtud del ejemplo".  Hay tres formas principales, los maestros que destruyen a sus discípulos, los discípulos que traicionan a sus maestros y los maestros que intercambian con sus discípulos el eros de la mutua confianza, una especie de ósmosis en la que el maestro aprende del discípulo como éste de aquél, en un escenario de auténtica y profunda amistad.

De 2011 es el texto "La poesía del pensamiento" (Del helenismo a Celan). En esta obra, Steiner parte de una idea básica: detrás de toda filosofía, sustentando su propuesta de pensamiento y su estructura hay una lírica literaria e incluso una música, una melodía del pensamiento, que parece motivar y mover la cohesión de las ideas. Eso es algo que late en el interior de quienes buscan en la reflexión filosófica una respuesta a los misterios del ser y de la vida. Como ocurre en las matemáticas puras y en la filosofía profunda, en algunos momentos el pensador llega a tener esa sensación melódica, una vibración que recuerda los misterios pitagóricos y las propuestas órficas, como si en el fondo mismo de materias como las citadas, la física cuántica , la astronomía, latiera el ritmo pausado y secreto de lo que se llamaba la "música de las esferas" y que los grandes cerebros de esas materias han calificado a menudo de un curioso misticismo sin religión y sin dioses

En cuanto a la “cuestión judía”,  hace una lectura revolucionaria que le aleja de la comprensión del Estado de Israel: “…la mayor verdad es que el judaísmo sobrevivirá la ruina de Israel. Lo conseguirá si su elección es la de vagar, la de enseñar a los hombres a darse la bienvenida, sin lo cual nos extinguiremos en este pequeño planeta…los conceptos, las ideas no necesitan pasaportes”.

Otros temas de Steiner: su amor a la música, la belleza y el misterio de las lenguas, “la condición de políglota ha sido mi mayor fortuna”, al papel de la ciencia, su instrumentalización y mal uso y las víctimas que produjo a lo largo del siglo XX.

Especialmente evocadoras son las menciones que en varios de sus libros hace Steiner de sus maestros y de los lugares que con su “genios loci” llegaron a constituir referencias personales en su vida. 

Steiner habla de su obra que “he desperdigado y por tanto derrochado mis fuerzas”. Se muestra descontento con “Lenguaje y silencio” uno de sus primeros libros, donde hay muchas preguntas y pocas respuestas: por ejemplo “¿cómo podemos comprender…la capacidad de los seres humanos para amar a Bach o a Schubert por la noche y torturar a otros seres humanos a la mañana siguiente?” o “¿Cómo reconciliar el mensaje esencial del judaísmo con un Estado-nación armado y rodeado de enemigos implacables?”. En un repaso al filo del final de su vida Steiner se lamenta  de haber abandonado el dibujo, de no aprender el hebreo, de la necesidad de su ateísmo que le brinda el poder conocer la tolerancia y de la obscenidad de las “guerras santas”, la manipulación del ADN o el enigma de la conciencia…

"El silencio de los libros", publicado en 2005 en la revista "Esprit" y por Siruela en 2011 (con el añadido de un enjundioso trabajo breve de Michel Crépu sobre la lectura "Ese vicio todavía impune") hace un corto pero jugoso recorrido sobre la historia del libro partiendo provocativamente del predominio de la oralidad en la cultura tradicional  ("la oralidad aspira a la verdad, a la honradez de corregirse uno mismo, a la democracia") y de la superioridad de la música como lenguaje fundamental para comunicar sentimientos y significados ("la mayor parte de la Humanidad no lee libros, pero canta y danza").
 Steiner da un zurriagazo (merecido) a la enseñanza actual donde se desdeña la oralidad -principal origen de la lectura: al principio, en la edad media, se leía siempre en voz alta y se aprendían los textos para ser recitados para un público iletrado- y se sacrifica la memoria (sustituyen el saber de memoria...por un caleidoscopio de saberes siempre efímeros". No podía faltar un sopapo (también merecido) a la Iglesia católica "cuya historia sangrienta de censura de libros y destrucción física de libros y autores recorre como un ardiente hilo rojo toda la historia del catolicismo romano".
Hay mucho pesimismo en las visiones apocalípticas del libro que tiene Steiner, pero también algo de sana hipocresía, ya que ante el deseo de leer y el aumento de posibilidades de lectura, Steiner acaba repitiendo los versos de Cátulo, "Oh, Musa, déjanos vivir un siglo o dos más". Ese pesimismo profético que parece anatematizar el futuro de los libros y del que Steiner nos da muestra, está muy lejos de concretarse en una amenaza real (de momento). 
En "Un largo sábado" se recogen una serie de entrevistas o más bien conversaciones entre la periodista francesa Laure Adler y George Steiner, ( con excelente traducción de Julio Baquero Cruz).

Aquí Steiner vuelve a sus temas recurrentes en relación con el judaísmo, el Holocausto, el estado de Israel, el conflicto de Oriente Medio, la religión o la existencia de Dios, el lenguaje -sobre el que es un erudito- los libros, la música, el amor y el sexo, la muerte, grandes temas que han motivado muchos de sus libros. En éste, Steiner con gran madurez y audacia matiza sus opiniones y expone sus reflexiones o acepta sus propias contradicciones motivadas por la evolución intelectual de su pensamiento y por la dinámica de la historia que vive intensamente y con crítica lucidez. Sus palabras y sus opiniones, muy bien estimuladas por la periodista, muestran -a pesar de que estemos o no de acuerdo con lo que dice-- la agudeza de la mente de este hombre singular. Y, en todo caso, provocan de una forma refleja la reflexión del lector.

Lo más interesante de este libro es la figura real que las preguntas de la periodista consiguen hacer aflorar sobre los esquemas y tópicos personales del gran pensador que es Steiner, sus contradicciones, sus filias y fobias y el curioso sentido del humor (tan judío) sobre todo a la hora de arremeter contra figuras tan señeras como la Arendt o Simone Weil. La excelente foto de portada nos ilustra, esa sonrisa pícara, esa mirada chispeante, irónica, levemente burlona, incide sobre un aspecto de Steiner que, a mi al menos, me había pasado inadvertido, la complejidad emocional del pensador, capaz de articular un mensaje magnífico sobre la mayoría de los temas y, al mismo tiempo, dejar "escapar" un juicio contundente y demasiado subjetivo sobre cualquier asunto al que le aplica el bisturí de la duda o el rechazo por pura emocionalidad. Y parece justificarse con una frase que pronuncia ante la periodista: "En los juicios estéticos siempre hay algo efímero, profundamente efímero". Y más adelante añade: "El lenguaje es infinitamente servil y no tiene- a eso se debe el misterio- límites éticos". Y esa es la complejidad de un hombre que no cesa de repetir la frase de Heidegger "somos los invitados de la vida" y es machacado por su anti sionismo en su propia patria, Israel. O le pasa el rodillo ético al capitalismo actual y dice: "Hay quien pone a diez mil personas de patitas en la calle y se va con una prima de cinco millones tras haber arruinado a la empresa o al banco que dirigía, ¿es ese el ideal de libertad humana?".

El libro acaba con un canto a la eutanasia y una reflexión sobre la vejez, "Dejadme dormir el sueño de la tierra" dice, citando a Vigny. Y se despide con un canto de amor a su perro y una reflexión: "Ya se que deberíamos sentir un gran amor hacia los seres humanos. Pero a veces me resulta muy difícil". Steiner tenía cuando pronunció estas palabras 87 años. Descanse en paz, el maestro.

FICHAS

ERRATA.- El examen de una vida. Siruela. Trad. Catalina Martinez.-218 págs.

LA POESÍA DEL PENSAMIENTO.- Del helenismo a Celan.- Siruela.-Trad. María Cóndor.-231 págs.

UN LARGO SÁBADO.-Conversaciones con Laure Adler.- Siruela.-Trad.Julio Baquero.

 

 

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29 marzo 2020 7 29 /03 /marzo /2020 11:09

Cada día ofrece su particular noticia con sus ecos de humanidad o de inhumanidad. Somos una especie curiosa, atrabiliaria, sorprendente, vergonzante o detestable. Como norma suelo reflexionar en lo que refleja un esfuerzo de ayuda, generosidad, solidaridad, cordialidad, belleza o compasión. La parte oscura no la sopeso, trato de comprenderla y paso a otra cosa. Mientras escribo suena en los altavoces del pueblo la música bellísima de Bach, Vivaldi, Handel o Albinoni. Esa es una ayuda psicológica relajante que no tienen esos millones de indios colapsados en las grandes ciudades, Bombay, Delhi, Jaipur y otras, porque el Gobierno, ante la pandemia, ha decretado, con cuatro horas de antelación, la suspensión de los transportes público. Millones de personas con trabajos precarios viven en pueblos distantes entre 40 y más de 100 Kms. de sus empleos. Y ahora están colapsados en las salidas de las ciudades y crean un éxodo dantesco  de hombres, mujeres y niños caminando con sus hatillos por las carreteras. Estas pobres personas no están para músicas.

De los 195 países inscritos en la ONU, 180 están en estado de alerta por el virus y muchos de ellos con medidas de confinamiento. España ocupa la cuarta posición en contagios, detrás de Estados Unidos, China e Italia. Mientras, ese oxímoron inaceptable que es la Unión Europea (unión y europa son dos conceptos opuestos) empieza a mostrar los agudos dientes de la insolidaridad y el abuso del capitalismo salvaje obcecado con las ganancias. Son media docena de países de los 27 que formamos la Unión. Alemania, Países Bajos, Austria, Finlandia (que había sido uno de mis países preferidos por cómo gestionó las crisis de 2010 y 2015 llevando a la cárcel a banqueros e inversionistas piratas) vuelven a exigir medidas como las que llevaron a Grecia a la ruina y desesperación. La mayoría comparten la lengua alemana y aceptan el liderato indiscutible de la líder carismática (¿les suena eso?). Alguien dijo que el que no sabe aprender y recordar sus errores está condenado a repetirlos. 

Y un ruego: no caigamos en el exceso de represión. No nos volvamos "comités de vigilancia" de barrio, al estilo de los cubanos de Fidel o de Stalin o de Ceausescu. Un poco de cautela. En las grandes ciudades ha habido trifulcas vecinales desde los balcones contra personas que salían con niños o jóvenes al parque o a pasear. Muchos de ellos, no todos (siempre hay espabilados que van a la suya), son personas afectadas por los TEA (trastornos del espectro autista) o discapacitados con alteraciones conductuales a los que el confinamiento provoca agravamiento de sus síntomas y dolencias. Se ha pedido por la Red que, mientras esté vigente la orden de confinamiento,  lleven un brazalete azul para que la gente sepa que son casos excepcionales. 

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28 marzo 2020 6 28 /03 /marzo /2020 08:29

En estos días aciagos, de horizontes limitados, inseguros y premonitorios, me viene a la memoria la vitalidad alegre, desenfadada y sabia de Alexis Zorba. ¿Recuerdan ustedes? Era el protagonista - y trasunto un punto salvaje del escritor griego Nikos Kazantzakis- de la novela "Zorba, el griego", que siempre tendrá el rostro duro y noble de Anthony Quinn, en su versión fílmica. En un momento de turbación y fracaso, Zorba reflexiona en voz alta: "Qué cosa tan simple y tan frugal es la felicidad: una copa de vino, una castaña asada, un brasero caliente, el rumor del mar...". La sencillez de lo auténtico, de lo bello, en cierto modo de lo esencial. Es la meditación de lo simple, lo que está al alcance de la mano; es barato, sencillo, su precio es  apenas nada, pero tiene un inmenso valor. El del simple vivir. Cuando se nos limita ese placer, por las razones que sea, pero ampliadas por el incierto peligro de enfermedad y muerte (no por lejano e improbable, menos cierto: "Mors certa, hora incerta") uno capta sin esfuerzo la lógica vibrante y vigorosa de la filosofía de Zorba. Así que, haga el favor, destierre la aprensión y el temor, mire el cielo azul tras la ventana o el balcón, el sol derramándose sobre las cosas, el perro persiguiendo mariposas por el patio del vecino, sírvase una copa de vino e invite a quien tenga a su lado, o a sus amigos predilectos si está solo (si son verdaderos amigos, están dentro de usted) y brinde por la vida, por las cosas sencillas y plenas. Recuerde que el amor a la vida no es un concepto estático sino el cultivo dinámico de la capacidad de percibir las formas de la belleza y la bondad en cuanto le rodea. Y si tiene buena memoria peliculera y tiene presente las imágenes finales de "Zorba, el griego" échese un sirtaki o cualquier danza que usted conozca, desde la jotica a las bulerías o la sardana; sí hombre, ahí mismo, en el comedor, sorteando sillas. La danza, sea cual fuere, da una rara felicidad al cuerpo y sosiega la mente, por muy desmañado que usted sea. Créame, es más cierto lo que le digo que la mayoría de las cosas que usted lee, en estos días, sobre el coronavirus

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27 marzo 2020 5 27 /03 /marzo /2020 10:05

El hirviente caldero informativo y también el desinformativo, las "fake news" y los "expertos" que salen del anonimato para cobrar su minuto de gloria dando las más peregrinas explicaciones, los miles de memes, videos, chistes y cantinelas varias que burbujean en la Red y el runruneo irritante de las teles, las radios y los periódicos desde los más serios a los más irresponsables están creando un "colchón de ruido" que tiene desconcertado al personal. Uno de los rotativos más serios pregona que "el covid ha venido para quedarse" y que las órdenes de confinamiento están motivadas más que como una forma de prevención del individuo, que también, como una forma de escalonar el sistema sanitario para que no se desborde y se bloquee. Y sugieren que acabaremos tratando de seguir el ejemplo de Singapur, donde se incide de forma tajante en las medidas personales de higiene y cuidado y no se ha decretado el aislamiento de los ciudadanos y incluso las escuelas siguen abiertas. En otros lugares de información, más o menos fiable, se reafirma que la mayor parte de la población deberá pasar por el virus y que se irá creando una inmunidad natural hasta que llegue el momento de que se pueda disponer de vacunas efectivas. 

La buena noticia del día es que el ritmo de contagios parece que se ralentiza. Y se advierte, con mucho sentido común, que las medidas elementales de higiene y de no contactos deben mantenerse por el momento de forma indefinida. Parece que el signo de los nuevos tiempos va a ser la casi virtualidad de las relaciones humanas. Supongo que con los años todo se irá relajando y convirtiéndose en algo distinto a lo que ha vivido la humanidad en sus relaciones sociales. Es como si el modelo virtual del mundo  digital se fuera a convertir en "lo correcto" en la articulación de las relaciones. Los contactos piel a piel serán aislados y esporádicos y reducidos a una total intimidad. Como en el universo digital de facebook, twiter y demás se sustituyen las emociones por emoticones y la conversación por tecleados y la personalidad por esquemas virtuales y las personas físicas por avatares. Muchos, los de más edad seguramente, se apuntarán a aquella inmortal frase de Groucho Marx: "Que paren el mundo, que yo me bajo". Afortunadamente sigue habiendo personas que, como el doctor Rieux, el protagonista de "La Peste" de Camus, dicen: "Sé únicamente que hay en este mundo plagas y víctimas y que hay que negarse tanto como le sea a uno posible a estar con las plagas".

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26 marzo 2020 4 26 /03 /marzo /2020 10:29

 Como suele ocurrir en todas las desgracias humanas masivas, siempre se dan dos caras en la situación, no del todo aisladas , a menudo se solapan: la desesperada, insolidaria, individualista, a veces cruel...y la que transmite serenidad y fortaleza, alguna sonrisa, compasión y a veces sentido limpio del humor. Decía Epicteto, el sabio estoico, que nos hay cosas malas y cosas buenas, que hay una manera de afrontarlas y percibirlas que las hacen buenas o malas. Que  en toda cosa mala hay escondida una semilla de bondad y que en muchas cosas buenas hay una posibilidad de hacer el mal sin intención y sin malicia. Eso lo estamos viendo cada día en las reacciones de apoyo de muchísimas personas, en aportaciones saludables y humorísticas en  la Red y los medios, en los que proliferan las ofertas de todo tipo para hacernos más llevadero el confinamiento.

Mientras el caballo desbocado de la pandemia sigue aumentando el número de casos en el mundo (a medio millón han llegado en este día) las noticias de recesión, control y disminución de diagnósticos positivos y fallecimientos en algunos países, conforman un gesto de esperanza y un aviso para no bajar la guardia. Pero hay un efecto sintomático, no demasiado extendido pero alarmante de esta pandemia: la estupidez de una minoría, tan escasa como escandalosa. No entraré en la cretinez de particulares que anteponen sus caprichos al peligro de contagio. Hoy traigo a la palestra a dos dignos imitadores de las "inteligentes" posturas iniciales de Trump, Johnson o Putin: se trata de los presidentes de Brasil y el de México: unos  majaderos llamados  Bolsonaro y López Obrador. El primero no toma medidas pues considera que el Covid es una "gripecilla" y que "hay demasiada histeria internacional al respecto". El segundo riza el rizo de la imbecilidad y asegura que la mejor defensa contra esta "supuesta" pandemia es seguir uno con la rutina de siempre y si acaso llevar en el bolsillo un amuleto o una estampita de la Virgen o de cualquier santo adecuado.  Creo que ni siquiera Groucho Marx o Woody Allen sabrían bromear con tan eficaz necedad.

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26 marzo 2020 4 26 /03 /marzo /2020 10:12

 

En sus “Cartas a un joven poeta”, Rainer María Rilke, (Praga 1875/Suiza 1926), el poeta checo de lengua alemana, desciende de las nebulosas alturas del simbolismo romántico e intelectual de sus poemas. Rilke es el referente nord europeo del poeta “maldito”, objeto de culto literario y casi de profeta. Su aspecto más humano, empático y positivo nos lo brinda en esta obra de pocas páginas. Son diez cartas de Rilke y una introducción del destinatario, un joven aprendiz de poeta, alumno de una escuela militar, que tuvo el atrevimiento de dirigirse al ya consagrado autor en busca de consejo y apoyo.

En cuestión de amores, Rilke le escribe esta bella sugerencia: “Amar a otro es una ocasión excelente de madurar, de ser alguien, de edificar un mundo, de ser un mundo para sí mismo por el amor a otro. Amar se convierte en una exigencia de excelencia que cuanto más tiempo pasa, más noble y más necesaria se hace”.

Y con motivo de ciertas dificultades de su “discípulo” le escribe: “Cuando sienta que entre los hombres y usted no hay nada en común, aproxímese a las cosas y a la Naturaleza: nunca le defraudarán. En el mundo natural de las cosas siempre se nos brinda ocasiones de integrarnos”. Rilke no es sino un poeta inadaptado y enfermizo que supo hacer de sus defectos privados públicas virtudes, que vivió trashumante entre palacios y mansiones de toda Europa, mantenido por sus propietarias; de un talento desbordante, una moralidad de conveniencia y una habilidad seductora rayana en lo mágico; obsesivo, narcisista y hermético y al tiempo materialista e interesado. Una personalidad que merece lecturas y análisis.  Mauricio Wiesental ofrece en su estudio sobre Rilke (“El vidente y lo oculto”, Acantilado) un retrato vibrante.

"Las cartas a un joven poeta" nacen a finales  de 1902, cuando Franz Xaver Kappus, cadete de la escuela militar Wiener-Neustadt (donde 15 años antes había estudiado Rilke), soñaba con ser poeta y se preguntaba  sobre el sentido de la creación artística y las dificultades de tal menester. El mensaje de Rilke es esperanzador : El verdadero poeta es un alquimista que convierte lo cotidiano en algo extraordinario. Su misión es escuchar, abrir un claro que permita la manifestación de la gracia, rebasar los límites que niegan la posibilidad de una teofanía.

Kappus renunciaría a ser poeta tras varios fracasos pero no se desprendió de las cartas de Rilke, que publicarían en forma de libro en Leipzig en 1908 (cuando ya hacía tres años que había fallecido el autor de "Sonetos a Orfeo" y las "Elegías de Duino".

La búsqueda de la esencia de la poesía, la verdad, la belleza , la naturaleza inefable de las obras de arte y la presencia de Dios en la vida y la obra del poeta, además de duros golpes a la prepotencia de la crítica, los malentendidos de la moda y la sociedad y la necesidad de que el poeta se mantenga al margen de esas corrientes, son algunos de los tópicos que Rilke desgrana en sus apasionadas cartas a ese joven desconocido. Una muestra enternecedora y desconcertante de un escritor encerrado en su hermetismo simbólico y en una vida personal contradictoria llena de altibajos y de momentos de gloria y tristeza. Un hombre que opinaba que "la vida habrá de ser, hasta en su hora más indiferente y nimia, manifestación y testimonio de esa necesidad de escribir, ya que escribir no es un oficio, sino una necesidad, un destino. Y en ese destino, no hay horas vacías o gestos insignificantes: ... Cualquier día, por insípido que parezca, contiene infinidad de tesoros que pueden ser recreados en un poema: la primera hora de la mañana, un árbol en primavera, un cielo saturado de colores. Y aunque se encontrara en un calabozo cuyas paredes no dejasen llegar a sus sentidos ni uno solo de los sonidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia, ese tesoro precioso y regio, ese santuario de la memoria?». Exhumar «ese vasto pasado» proporcionará al poeta algo esencial: una relación más estrecha, más íntima, más fecunda, con su soledad, que no es aislamiento del mundo exterior, sino comunión con la totalidad.

FICHA

CARTAS A UN JOVEN POETA.- Rainer Maria Rilke.-Trad. José María Valverde.- Alianza Editorial.- pags.104.- I.S.B.N. 978-84-206-0910-2

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25 marzo 2020 3 25 /03 /marzo /2020 11:34

Desde mi mesa de trabajo, habilitada temporalmente en el salón de casa, junto al ventanal que da a los campos de las afueras del pueblo, solía ver a los vecinos conducir sus ruidosos tractores a sus tierras, a algunas personas que pasean y quizá a unos forasteros con bastón y mochila que inician allí mismo el PR que une el pueblo con otro situado a tres horas de caminata por senderos muy hermosos. Ahora nadie camina bajo mi ventana, sólo los sempiternos gatos (la población gatuna se ha apoderado de las calles del pueblo) y alguna vecina presurosa que regresa de hacer la compra en la única tienda de la pequeña localidad turolense. Hay un silencio y una paz somnolienta que favorece la reflexión y la lectura, a pesar de la amenaza potencial del virus coronado que flota por todas partes como una inquietud ominosa y casi imperceptible.

Hoy he decidido silenciar el móvil, excepto las urgencias que puedan requerir mi ayuda o consejo, reducir mis accesos por radio o Internet a las noticias, apartar los gráficos y apuntes sobre el progreso de la enfermedad y meditar en lo que ocurre desde un punto de percepción libre de miedos y juicios de valor, un pensamiento más creativo que crítico, aunque realista en lo posible.

La pandemia está apuntando de forma lógica hacia un cambio de perspectiva de la compleja actividad humana en todos sus niveles: abandonar los enclaustramientos de familia, tribu, raza, riqueza o nación y aplicar soluciones y estrategias basadas en la solidaridad y la cooperación. Exactamente relacionado con el modelo de la naturaleza y expansión del Covid. El virus no entiende de ricos o pobres, españoles, ingleses o rusos, con fronteras sólidas o sin ellas, inteligentes o tontos, poderosos o esclavos, terratenientes o viajeros de pateras, musulmanes o cristianos, abuelos, padres o hijos…destroza la solidaridad o la pone a prueba y despierta la intolerancia de muchos, el egoísmo, la codicia, la histeria y el pánico.

Bertrand Russell acaba su libro “¿Tiene el hombre futuro?” con esta larga frase: “Con los ojos del alma veo un mundo de gloria y regocijo, un mundo de mentes en expansión, de esperanza inextinguible, donde las nobles ideas y actitudes ya no sean condenadas como traiciones a cualquier causa mezquina. Todo esto puede suceder sólo con que permitamos que suceda”.

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24 marzo 2020 2 24 /03 /marzo /2020 10:19

Dos noticias resaltan hoy en la corriente encrespada en las informaciones sobre las circunstancias que nos afligen. Una de ellas se llama especulación. La otra, irresponsabilidad delictiva. La primera está agravando exponencialmente una crisis económica que ya se estaba gestando antes del Covid. Es hora de carroñeros. En las Bolsas sigue el acoso y derribo creado no sólo por intereses de esos animales "racionales" que se alimentan de desastres, cuidando no manchar con la sangre de los exprimidos sus trajes de ejecutivos millonarios, sino por la codicia y el desenfreno de ciertos líderes de grandes potencias antaño enfrentadas que apadrinan hackers y creadores de bulos para desestabilizar a un rival que ya no merece ese nombre, la UE. No tienen bastante con gestionar la igualitaria pandemia en sus propios países, sino que agravan los deterioros económicos europeos para convertir en esclavo al que antes sólo fue rival. Eso sin hablar de la cara desalmada del capitalismo: los sujetos y las empresas que se están enriqueciendo especulando con el material sanitario.

Entremos en el segundo síntoma de la crisis. La incomprensible irresponsabilidad de: más de 60.000 mil personas que se pasan el confinamiento por las narices y deben ser denunciados y sancionados y los 600 individuos que además han sido detenidos por reincidencia o resistencia a la autoridad; la estupidez  perversa de unos hackers que tratan de afectar las redes informáticas de los hospitales o de gentes que propagan bulos y mentiras buscando el pánico de la población. Me cuesta entender a unos y otros desde un punto de vista patológico o ni siquiera racional.

Mientras tanto, hoy se ha alcanzado un nuevo pico de contagios y de fallecimientos en España (462, en las últimas 24 horas).  Las estadísticas revelan que los hombres son más afectados que las mujeres y que los ancianos de más de 60 años son los más proclives al contagio fatal. Yo tengo los dos elementos estadísticos. Como dicen los clásicos, "Que Dios reparta suerte". El secretario general de la ONU,  Antonio Gutierres. ha pedido al mundo que silencien los cañones. "Nuestro enemigo es el Covid". Parece que todavía hay lugares en el planeta donde los fusiles indican con sus estampidos el paso de las horas. En esos países el Covid puede arrasar sin barreras.

 

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