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25 septiembre 2011 7 25 /09 /septiembre /2011 09:29

excursiones-6969.JPGEl camino que lleva al pico de la Espina desde La Franqueta es un sendero circular que entra en uno de los lugares más sorprendentes de Els Ports. Un paisaje desértico, de roca resplandeciente al sol, solitario y salvaje, en donde es posible admirar uno de los ejemplos de desplegamientos isoclinales en paredes calcáreas más geométricamente hermosos que he visto. Y con la sorpresa inesperada de una cueva dotada de inauténticas pinturas rupestres, realizadas con tal habilidad que sobrecoge al montañero no informado que logre llegar al lugar.
Salimos del área de La Franqueta que ya conocemos de anteriores excursiones, por la pista que surge a la izquierda y va paralela al rio de los Estrets. En la confluencia del  Barranco del Carrer Ample con el rio, nos encontramos un camino bien arreglado que lleva a una antigua cantera de mármol. Vale la pena detenerse allí, pero ahora sigamos el lecho del barranco, de caminar incómodo por el gran número de piedras, aunque  conviene seguir las fitas, ya que el sendero va dejando de vez en cuando el lecho del barranco, donde encontraremos la Fuente de las Figuerases (seca el dia que fui).

Hay que pasar el Estret de Palanquetes, algo empinado, entre grandes rocas, mientras sigue la subida por lugares estrechos y muchos zarzales, hasta encontrar una confluencia con el barranco del rio Sec, seguimos por la derecha para llegar  a la Fuente de las Baranes donde hay un abrevadero con agua y una surgencia no muy generosa (la sequía hace estragos en estas corrientes subterráneas).excursiones-6952.JPG

El sendero, muy pedregoso, sigue su permanente subida con tramos que fueron tallados en la roca, restos de un antiguo camino de paso de ganado seguramente devastado por las inclemencias del tiempo y el desuso.

Pasamos por un bosque de pinos y encinas, arbustos de boj y helechos que brillan con un verde luminoso bajo la luz del sol, con su mensaje de supervivencia (es uno de los matorrales más arcaicos que existen). Después de cruzar el bosque, el camino entra en un ensanchamiento del barranco donde aparece la primera de las sorpresas estéticas y geológicas anunciadas. A mano izquierda, en el estrecho que se forma, las paredes toman una estructura isoclinal, como muros inclinados que parecen de mármol blanco destelleando al sol, inclinados remedos de una serie de ondas de la superficie del mar que han quedado estratificadas, convertidas en piedra, monumento bellísimo a la madre naturaleza.

Seguimos el sendero que llega a una amplia confluencia de barrancos. Y, ojo, aquí hay otra sorpresa: en el barranco de la izquierda se abre la cueva del Frare, una enorme boca oscura, protegida con muretes de piedras. Entramos en ella y justo cerca de la boca, en la pared de la izquierda se nos encoge el corazón ante lo que vemos: pinturas ruprestes, ejecutadas con gracia, con los típicos colores de marrón rojizo, estilizadas, llenas de vida: escenas de caza, animales, personas, rituales. Es impensable que esto no sea conocido, ergo son falsas. (Cuando regreso a casa consulto en internet y certifico su inautenticidad. No obstante "chapeaux" al anónimo falsario).

A continuacion viene un tramo que parece sacado de una película de ciencia ficción. Es como un escenario mineral, solitario, grandioso, austero y duro. Pero un poco más adelante vemos a nuestra derecha la cresta desnuda de los Rasos del Maraco y el fin del barranco. Nos cruzamos con el GR 7 y hay dos opciones en ese punto: seguir por la izquierda el sendero que nos lleva al Mas de Maraco con los corrales de reses (en verano es posible encontrarse con toros, prudencia) y al collado de Alfara. A la izquierda tenemos la cima de la Espina (1181m). Gran panoramica de las cimas que la rodean, el Caro, las Rocas de Benet, la Mola de Camps y otras, en las dos verttientes de Els Ports.excursiones-7022.JPG

La otra opción es seguir el GR7 de bajada y comenzar el descenso cresteando por los pelados Rasos del Maraco, con una vista impresionante del barranco que hemos subido, a la derecha, y unos collados que nos permiten ver el lado opuesto, el valle del Toscar y el Monte Caro. A partir de ahí entramos en un bello bosque de pino en intermitentes bajadas y pequeñas subidas hasta llegar a una bajada empinadísima que nos lleva al valle de Les Clotes (donde dejamos a la izquierda el sendero que lleva al refugio de ese nombre). Después ya llegamos a la  pista de la Vall de Uxó que hace un pronunciado descenso hasia el lugar de comienzo, La Franqueta. Se trata de más de cuarenta  minutos de fatigosa pista que sólo tiene destacable el panorama cambiante que nos va ofreciendo.

En total hablamos de un circuito de más de seis horas si subimos a la Espina y de cuatro horas pasadas si regresamos desde el punto del GR7 junto a los Rasos del Maraco. Es una excursión muy variada y con rincones asombrosos. En mi caso tuve la suerte de tener un inesperado encuentro: un macho de cabra montés, poderosamente armado, que compartió conmigo en el silencio absoluto del bosque, un par de minutos de arrobada contemplación mutua, entre el respeto (por mi parte) y la curiosidad (por la de él).

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22 septiembre 2011 4 22 /09 /septiembre /2011 09:14

excursiones-6692.jpgEl Monte Perdido se había convertido en una obsesión montañera para el que esto suscribe. En dos ocasiones, dos, habia montado una excursión con amigos diferentes para tratar de llegar a su cumbre. En las dos ocasiones el mal tiempo nos echó atrás. En la primera, hace más de diez años, una ventisca de nieve y lluvia nos dejó colapsados en el lago Helado, justamente a punto de emprender la subida de la Escupidera. En la segunda, hace unos cinco años, volvimos grupas en pleno ascenso de la Pradera de Ordesa al refugio de Góritz. Cuando llegamos al parking donde esperaba el bus estábamos mojados hasta lo más recóndito, helados, tiritando y despotricando al mismo ritmo que el viento que soplaba como un fuelle accionado por un gigante.

Esta tercera ocasión, hace unos días, los pronósticos eran muy buenos y salvo que el tiempo girara como una peonza --cosa que suele hacer en estos lares-- podíamos confiar en que esta vez lograríamos el empeño.

Para hacer esta excursión con cierta comodidad recomiendo una jornada de acercamiento a la zona desde el lugar de partida, ya sea Barcelona o el sur de Teruel, para llegar a Aínsa y después a Torla. Desde este pueblo (sólo entre julio y mediados de sertiembre, el resto del año se permite el acceso a coches particulares)) dejar los coches y en el  mismo parking en las afueras de la población coger un autobús que nos lleva a la Pradera de Ordesa, justo en el inicio. Desde allí nos espera una caminata de casi dos horas por la bellísima Pradera (no se pierdan un rato de sosiego junto a las gradas de Soaso, las pequeñas cascadas que van surgiendo en el descenso del rio Arazas) entre bosques de hayas y escarpadas paredes por los dos lados en cuyas alturas se esconden dos caminos de una belleza majestuosa, la faja de Pelay a la derecha en el sentido de la marcha y la de las Flores, mucho mas escondida y dificil , a la izquierda. 

Al final del reglamentado --y sobrepoblado-- camino de la Pradera encontramos la caida majestuosa de la Cola de Caballo, al lado izquierdo del bellísimo anfiteatro dominado por la presencia de las Tres Sororres, con el Monte Perdido en el centro, una de las vistas más espectaculares del Pirineo.excursiones-6623.jpg

A la derecha de la Cola de Caballo, al otro lado del valle, se distingue un empinado sendero que va zigzagueando hacia las paredes previas al Monte Perdido, es el camino de las zetas o de los mulos que lleva al refugio de Goritz como alternativa si a alguien se le atraganta el paso por las clavijas de Soaso. Las clavijas, una instalación en la roca con cadenas y agarraderas de metal, unos 80 metros de trepada sin especial dificultad pero respetable para quienes sufran de mal de alturas, es el camino más directo y menos cansado. Una vez en los altos de las clavijas comienza el sendero de subida a los llanos de Goritz donde está el refugio. Hay un par de grimpadas leves y  el camino, bien señalado, va subiendo, un par de horas más, entre vistas magníficas del cañón de Ordesa y a su izquierda el de Añisclo. El refugio, en obras de ampliación, está situado en un lugar memorable.

Esa noche sugiero pernoctar en el refugio (mejor reservar plaza con tiempo, hay fechas en que hay exceso de montañeros) o, si se dispone de ganas y material, plantar la tienda en los alredores (está permitido).

A la mañana siguiente, a primera hora, en nuestro caso a las 7, comienza el rosario de montañeros que ascienden, trabajosamente, en dirección este-noreste hacia una pared rocosa que hay que superar para llegar a otro llano. Allí tenemos otra gran pared a la derecha, parte del espolón de la Punta de Escaleras, que hay que superar empinadísimamente y  en el tramo final ayudarse con las manos. En el siguiente llano encontramos  la "ciudad de las piedras" un caos de grandes rocas que hay que trepar y desrtrepar, bordeando la zona por la izquierda, rebasando una explanada con un  arroyo y volviendo a subir un pequeño collado que ya nos permite ver el Lago Helado, la antesala de la Escupidera.

En ese punto el sendero mira a la derecha en dirección sur-sureste y nos da la primera visión del estrecho corredor empinadísimo que ha de llevarnos a la cumbre. Primero hay que superar dos resaltes rocosos, y después comenzar una cuesta infernal de piedra suelta (360 m de desnivel desde el lago Helado) que conviene avanzar por la izquierda con mucho cuidado, ya que la canal termina a modo de embudo hacia el vacío. Una caida en este tramo puede ser peligrosa (la Escupidera está considerado uno de los puntos de más siniestralidad del Pirineo). Haciendo de tripas corazón y extremando las precauciones se alcanza un pequeño collado, el hombro del Perdido, desde donde queda una breve cuesta para la cima.excursiones-6582.jpg

Allí está el pilón o vértice geodésico "de los abrazos", pues no son pocos los montañeros que cuando llegan allí reparten abrazos con sus amigos por haber superado la prueba (pese a que aún queda lo más difícil, el descenso). Eso hicimos los miembros de nuestro pequeño grupo, Alfred, Miguel, Jaime y yo mismo. Para luego quedarnos todos extasiados ante el panorama.

El panorama desde los 3355 m de la cumbre es soberbio, inenarrable. El dia, despejado, permitía lanzar la mirada por los cuatro puntos cardinales. El gran Cilindro y el Pico  del Marmoré a la izquierda (que nos oculta la Brecha de Rolando), el Pico de Añisclo, la Punta de las Escaleras, Pineta al otro lado, el macizo del Aneto y el Maladeta, muy al fondo la silueta Pica de Estats, la Punta de las Olas, el Comapedrosa...

Regreso pues a Goritz, despacio y con cuidado. Todo ello supondrá, subida y bajada, en total, algo más de seis horas. Y de Goritz a la Pradera, tres horas y pico. A eso de las cinco y pico de la tarde se puede coger el autobús en el Puente de los Navarros y en Torla optar por descansar en uno de los abundantes hoteles, hostales y pensiones de Torla o Broto o renanudar viaje de vuelta al lugar de origen (unas cuatro horas aproximadamente desde Barna y algo menos desde el sur deTeruel). Una gran excursión muy recomendable a montañeros en buena forma física.

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11 septiembre 2011 7 11 /09 /septiembre /2011 09:22

He aquí una excursión de una belleza sobrecogedora. Desde las abruptas carenas de las moletes de Arany (1228 m) se logra una visión dantesca de los picos, agujas y monolitos de roca viva que festonean el desfiladero agreste y medio salvaje del Parrisal, esa estrecha garganta que abre el Matarraña entre montañas y colinas llenas de verdor y con paredes desnudas que se levantan, ocres y grises, sobre esa cascada de verdes que se desparraman por las dos vertientes.

Salimos de Beceite por el extremo inferior derecho del pueblo y por una pista  pavimentada y muy estrecha  de unos siete kms que hay que hacer con sumo cuidado pues es un lugar muy popular y bastante transitado en verano y los fines de semana. Podemos dejar el vehículo en el parquing habilitado a la entrada de la pista del Parrisal, un poco antes de la toma municipal de aguas para el consumo en Beceite. Después caminaremos unos dies minutos de pista a la izuqierda del rio, pasaremos por dos tuneles abiertos en la roca viva, junto a la famosa Cova de la Dona y frente a un lugar vallado donde se encontraron pinturas rupestres y llegamos al Pla de la Mina, antiguo aparcamiento dotado de zona de recreo y picnic bajo los arboles y a la orilla del Matarraña. Al fondo a la derecha hay una caseta forestal y junto a ella el cartel del sendero que vamos a hacer.

Este sube muy empinado en dirección suroeste, haciendo continuas lazadas para superar el gran desnivel, pasamos un pequeño collado y nos internamos en un espeso bosque de coníferas. En quince minutos más o menos, en una zona con grandes bloques de piedra, dejamos el GR (pintura roja y blanca) que sigue paralelo al barranco y subimos a la derecha, hacia el Este, siguiendo las señales amarillas y blancas del PR-TE 153. Seguimos bajo los arboles, hay pinos, boj, carrascas, sabinas y enebros. El sendero no deja de subir y llegamos a un collado por un trozo de camino empredrado, desde donde tenemos las primeras vistas panorámicas del valle del Matarraña y de la pista que nos condujo a él. Seguimos por la izquierda en dirección este, por un suelo más rocoso y con piedras y tierra descompuesta hasta llegar a un nuevo coll que forma una pequeña plataforma desde donde parte un camino que va a una antigua mina abandonada. Seguimos a la izquierda por un sendero que se va estrechando y apenas es una linea que sube pegada a una pared rocosa de grandes paneles calcáreos de roca gris blanquecina. El camino tiene algún paso delicado pero fácil entre paredes de roca a un lado y barranqueras y tarteras por el otro. El paisaje comienza a ser muy hermoso, un oceáno verde del que emergen como espinas dorsales de roca desnuda haciendo caprichosas cornisas.

Dejamos el espacio abierto y llegamos a un nuevo bosque en cuya cima está la redonda loma desnuda que da paso al valle pequeño y coqueto de los masos de la Balenguera, casi todos en ruinas, incluso el mayor, el Mas de Ferreret. Aqui podemos visitar la fuente de la Balenguera, al fondo del valle a mano derecha bajo una pared de roca invadida por la hiedra. Hay un  pequeño estanque  de aguas verdosas a sus pies pero comprobé que no manaba agua de la fuente. Es la maldición de estas tierras.

Despues hemos de seguir el sendero señalizado que sube abruptamente a la derecha de los masos. Nos lleva primero a la Roca Morera, tras una pendiente continua. Una pequeña grimpada nos permitirá subir directamente (para los que se impresionen por la altura, hay un caminito invadido por las zarzas a mano derecha) hasta ese balcón natural que se abre sobre el estrecho del Parrisal y su bosque de agujas pétreas emergiendo del mullido bosque verde que siembra toda la zona. Créanme es una de las vistas más bellas y sorpendentes de esta región, plena de lugares con encanto.

Seguimos subiendo hasta la cima del Arany con su fita redonda o vértice geodésico del Servicio Geográfico Nacional, erguido sobre una roca  de aspecto curiosamente inestable. La panoramica desde ese punto queda muy limitada por las copas de los arboles que nos rodean. Seguimos el camino y unos minutos mas tarde llegamos a otra sorpresa de esta excursión llena de bellezas: un airoso puente natural, un fenómeno provocado por la erosión, formando una arcada de grandes dimensiones que parece una ventana abierta a la belleza del Parrisal y las montañas que nos rodean. Despues el camino sigue cresteando por las moletes hasta que se desvia a la izquierda y comienza de nuevo a ascender bajo el bosque hasta llegar a una nueva bifurcación.  Por la derecha sigue el GR8 y a la izquierda (el cartel ha sido destrozado, uno no acaba de entender qué placer hay es hacer eso) comienza la bajada que nos llevará de nuevo a la Balenguera en una media hora mas o menos, bajando por el barranco y a veces por el lecho seco de una torrentera hasta llegar de nuevo a los masos abandonados. A partir de ahí en poco más de media hora llegamos de nuevo al Pla de la Mina, donde quiza podamos darnos un baño en  las frescas aguas del Matarraña.

 

 

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5 septiembre 2011 1 05 /09 /septiembre /2011 09:57

excursiones-5986.JPGLa ermita de Sant Miquel de Espinalva (topónimo, se deriva de espino blanco, arbusto abundante en estos parajes) está situada a más de mil metros de altura y domina un paisaje extraordinario. El sendero que nos lleva a ella compone un itinerario circular, con el mismo origen y final y recorridos distintos pero ambos bellos. El desnivel que se supera no pasa de los 500 metros ya que partimos del extremo superior del embalse de Pena, el puente sobre el rio del mismo nombre que está a unos 600 metros de altura. Llegamos allí tras haber recorrido toda la margen del embalse por una pista (se llega a ese punto viniendo desde Beceite por la pista asfaltada del Olivers o desde la carretera de Vallderrobres a Fuentespalda, a unos trescientos metros tras salir de la capital del Matarraña, desvío señalizado a la izquierda). 

En el puente se puede dejar el coche o seguir por la pista forestal que se interna en el bosque, paralela al barranco del rio Pena (sólo en el caso de ir con un todoterreno) con lo que se evita casi media hora de caminar por ella. Hay un punto en el que la pista se bifurca, con un cartel de paso prohibido y un espacio suficiente para dejar el coche. A partir de ahí se sigue a  pie por la pista de la izquierda, durante unos 15 minutos, hasta llegar a una nueva confluencia  entre el barranco del Pena y el del Racó del Patorrat. Abandonamos la pista (que es por donde llegaremos a la vuelta) y nos internamos a la izquierda por un sendero señalizado que ya de entrada va ganando altura entre boj, matorral y pinos, manteniendo a l aizquierda el barranco de Patorrat.

La subida es laboriosa pero interesante y pasamos por varios tramos empedrados que deben tener un par de cientos de años y que recuerdan que la ermita era lugar de peregrinación  y mercado de la gente de Vallderrobres, Beceite y los mases abundantes de los alrededores. El lugar llamado Caragolet de Crespo por su lazadas de subida, acaba en un collado con magnificas vistas sobre el barranco del Pena (por donde bajaremos después).

Seguimos subiendo tras unos minutos de llanear por el bosque y llegamos a otro collado, este con vistas impresionantes sobre los roquedales del agreste valle del Raco de Patorrat. En la vertiente opuesta distinguimos un  par de mases muy bien situados, con sus campos de labor y sus aplanamientos para las eras. Cambiamos de vertiente y comenzamos a crestear hacia la ermita, que ya distinguimos a lo lejos, en la cima más alta de los alrededores. Por debajo del camino vemos las ruinas de otra masía, el Mas de la Mançanera que da nombre al collado al que llegamos en diez minutos y ya supera los mil metros de altitud. Salimos del bosque y entramos en una zona pelada. Sobre nosotros se yergue la ermita y los masos que la rodean. Junto al camino se abre una gran poza de agua donde suelen abrevar los buitres de la zona. El sendero abandona las pistas (tres) que se cruzan abajo y sube en diagonal empinadamente hacia la planicie superior donde se asienta la ermita.

La ermita (del siglo XIV) está en estado calamitoso. Es lamentable el abandono. Tambien los mases que la rodean  ofrecen un aspecto de deterioro penoso. Ha desaparecido el panel que contaba la historia de la ermita y veo que los destrozos (¿por mano humana?) han crecido mucho desde la ultima vez que vine aquí, hace un año. Un lugar tan hermoso debería ser cuidado. Desde aqui hago un llamamiento a la Comarca y al Ayuntamiento de Vallderrobres para que cuiden este extraordinario patrimonio, más valioso por el lugar donde está que por la calidad artística y arquitectónica, ya irremediablemente perdida.

excursiones-6053.JPG

Tendremos un pequeño paseo, quizá húmedo, pues el sendero sigue por el lecho del río. En ocasiones lo he pasado con chanclas de agua y las botas al cuello, pero este año se puede pasar dando saltitos de seco en seco, evitando bien la corriente infima de las aguas del Pena y renuncio a hacer el chsite fácil) , que en algunos momentos crea pequeñas pozas, cuando el caudal se estrecha entre rocas y pequeños desfiladeros angostos. El camino va jugando al gato y al ratón con el pequeño rio y entramos en el Barranco de les Pubilles y el Estret de Panisello, un tramo pavimentado que puede criuzarse si el rio no tiene una crecida (cosa dificil en verano y ultimamente en casi todo el año). En caso de agua abundante, mejor coger el camino que surge a la derecha y evita el rio.

Unos quince minutos  más de pista y llegamos al punto de confluencia desde donde partimos y de allí, al coche. Habrán sido de cuatro a cinco horas de excursión (segun las paradas) que nos habrá ilustrado sobre las feraces tierras que conformaban antaño el Matarraña, lugar que los antiguos conocían como "la tierra del agua" (un sueño inaccesible en nuestros días, aunque la belleza natural se mantiene, se lo aseguro a usted, amigo lector).

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27 agosto 2011 6 27 /08 /agosto /2011 09:38

excursiones-5786.JPGLo que más me sorprende de este maravilloso triángulo isósceles que conforman els Ports, con la punta superior sobre la Terra Alta y Prat de Comte y la base del triángulo entre La Portella del Pinell y el Tossal del Rey, aparte de la amplia diversidad paisajística, la complejidad de su entorno, la superabundancia geológica que alucina al observador y la belleza inagotable de sus cumbres, valles, gargantas y rincones, es una característica que también me fascina: la capacidad de encantarte una y otra vez con lugares y rincones que enamoran. Los naturales del sur de la Terra Alta, el Baix Ebre, el Montsiá y el Matarraña pueden estar satisfechos, limítrofes todos con ese enorme pastel de roca calcárea y conglomerado que guarda en sus entrañas unos paisajes de verdadera antología.

En esta ocasión, vamos a recorrer una zona no demasiado ignorada pero que conforma un recorrido senderista de unas 4 o 5 horas, variado y con un final de premio gordo: el Toll del Vidre. Una guinda muy adecuada en jornadas de calor, cuando del cielo te cae una cálida y pegajosa sensación de que te vas a derretir en cualquier momento y consumes líquido cual dromedario en horas bajas.

Salimos de Arnes por una pista señalizada, en la entrada del pueblo, que lleva al Toll del Vidre. Son unos cinco kms de pista estrecha, conducid atentos, no cabe más que un coche y a veces hay que dejar paso y apartarse. Tras el recorrido, hay un aparcamiento bajo los pinos, a la izquierda, frente a las ruinas de un maset. Sin embargo les propongo que sigan por la pista hasta otro parking que hay junto al Toll del Vidre y regresen andando hasta el primero, ya que desde allí parte el sendero que vamos a coger. ¿Razón? Simple: es mejor hacer esos casi dos kms de pista caminando con las primeras horas de la mañana y descansado, que al terminar la excursión, en horas de más calor y con casi cinco horas de caminata por desniveles considerables. Se agradece que en ese punto esté el coche para volver. De nada.excursiones-5787.JPG

Una vez de nuevo en el primer parking, vemos el sendero que enfila por el interior del bosque en dirección a les Valls. Diez minutos después de comenzar nos encontramos con que hemos de cruzar el rio Algars en el primero de los muchos cruces que haremos a lo largo de la excursión. Casi inmediatamente comenzamos a recorrer un paraje que recuerda el de los Estrets, pero más pequeño y como más salvaje. El rio tiene menos caudal y las pozas son pequeñas, pero asombra el contraste entre sus aguas y la roca gris, blanquecina, anaranjada en algunos sitios, más los verdes rabiosos de la vegetación de ribera, los árboles diseminados, las paredes angostas...el recorrido es  breve pero mágico. Pasamos bajo la enorme mole rojiza de la Roca Grossa, paraíso del escalador, que domina todo el rato el angosto desfiladero. Al otro lado vemos los restos bastante enteros del mas del Botzut (donde observé la pasmosa presencia casi fantasmal de un macho cabrío subido a uno de los muros, recortándose contra el follaje que invade la vieja masía). Es esa otra costante de este bellísimo camino: el paso ante o cerca de numerosas masías de nombres evocadores de la población que hubo en tiempos en la zona. La segunda que veremos es el mas de les Valls, totalmente derruida, en el centro de un bancal, con el coll de la Ferrera al fondo.

Volvemos a cruzar el río, en este punto no hay agua, todos son rocas blanquecinas por un limo podrido y seco, y nos encontramos con una bifurcació. Por la derecha se va al coll de Xertó y seguiremos por la izquierda en una subida constante que nos lleva al barranco de les Tosques o del Pedregal. Durante más de una hora cruzaremos a lo largo del barranco, disfrutando de un paisaje riquísimo en arboleda y un sendero que sube y baja entre pedregales. A punto de llegar al Estret de l'Home, en un coll breve como un suspiro, hay un lugar donde parecen haberse desnudado todos los vientos y uno siente, junto a una roca de apariencia y forma muy original, una especie de menhir de Obelix, como si se encontrara en la Cima de los vientos. Un par de metros antes o después de ese minicoll, no hay viento alguno.

El Estret de l´Home, es una estrecha y corta garganta, entre dos paredes grises de apariencia de cemento, festoneada de vegetación, con el lecho pleno de rocas de distinto tamaño que parecen restos de una riada monstruosa. Antes de dejar el barranco podemos echar un trago en la fuente del Pedregal, a la vera del sendero que sube, dos troncos vaciados en los que se vierte el agua fría de un caño nada abundante.

Aqui abandonaremos los lugares mágicos y buscamos la pista de la Franqueta que sube al coll de Miralles (nosotros iremos en dirección opuesta) y con ella atravesamos el barranco que dejamos atrás, a los pies de una alta pared desde donde en tiempos de lluvias el agua hace un salto magnífico. La pista nos lleva (y termina) en el Coll de Monfort. Allí mismo cogemos un camino a la derecha que baja abruptamente por el bosque. El desnivel es fuerte y la bajada permanente, y  a menudo exigente, pero nada peligrosa y poco resbaladiza. Con atención y cuidado no hay problema.excursiones-5592.JPG

Llegamos al valle, con el río Algars serpenteando en su fondo, por el mas del Llosero, bastante en ruinas. Hemos de atravesar el lecho del río, vadeando entre piedras si no queremos mojarnos, y tenemos encima el perfil blanco del hemoso mas de Pau, muy bien conservado, que se levanta junto a árboles enormes, carrascas, robles y pinos.

Desde aquí, se pierde la magia un poco salvaje del valle y el barrancal, pero la pista, larga y cómoda, transcurre siempre jugando a encuentros y desencuentros con el río, cuya corriente plácida hemos de atravesar una y otra vez saltando entre piedras o, los que lleven calzado apropiedo, mojándonos y refrescándonos.

Minutos mas tarde llegamos al Mas de Damià, rehabilitado y que sirve de refugio montañero libre (limpio y en buenas condiciones, por lo que pude observar). Nos queda casi una hora más de paseo hasta el Toll del Vidre, en cuyas aguas esmeraldas vale la pena darse un baño. Si previsoramente hemos dejado el coche allí, se acaba la excursión. Memorable.

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14 agosto 2011 7 14 /08 /agosto /2011 08:24

excursiones-5190.JPGEsta semana vamos a recomendar uno de los paseos más sencillos, nada fatigosos y estimulantes de la franja que une más que divide a Cataluña y Aragón, la Terra Alta y el Matarraña. Se trata de esa maravilla geológica que gestó el río de los Estrets durante miles de años, excavando una garganta espectacular entre las Molas del Don y la sierra de la Grosa,  llena de encanto, que se recorre como en un paseo, limitado por dos angostas paredes de roca gris o por elevaciones cuajadas de árboles, con la cinta verde esmeralda de las guas del río en su retorcido y escarpado lecho.

La excursión que os proponemos es fácil y variada: comienza en el aparcamiento del extremo norte del Congost o desfiladero, al final de una pista que sale del pueblo de Arnes, justo desde la plaza del Ayuntamiento y nos lleva a destino tras cuatro kilómetros de una pista rural rodeada de paisajes bucólicos. Ya desde el punto de partida el visitante comienza a percibir la originalidad del paisaje que nos va a seducir. Unos carteles de una entidad de ahorro que patrocina y conserva el paraje nos dan la bienvenida. El río nos recibe con sus primeras pozas, accesibles desde el camino que recorrerá los Estrets sin apenas desnivel, un sendero que aprovecha la conducción subterránea que lleva el agua a Horta.

Nada más cerrarse la garganta sobre el río, con la Moleta del Duc como fondo pétreo lanzado hacia el cielo, se nos depara la sorpresa del Toll Blau, una suerte de piscina natural de aguas limpias, frías y verdes donde la gente suele bañarse en un ambiente natural bellísimo que parece digno  hábitat de ninfas y gnomos. Seguimos el sendero, siempre paralelo al agua, aunque  tan pronto caminamos a la vera  del rio, como vemos que éste se hunde y se aleja en una profundidad gestada por la roca empinada, producto de la erosión de las aguas, mientras el camino sigue impertérrito manteniendo su nivel. En las verticales paredes fronteras suele haber escaladores probando su pericia en las cordadas.excursiones-5202.JPG

Tras una hora más o menos de tranquilo pasear y algún que otro baño si el día lo exige, se encuentra el puente –condenado ahora por un cartel de prohibido el paso—que antaño llevaba al otro lado del río por donde se trazaba el sendero. Ahora seguimos el camino, ya entre arbustos y árboles y roquedales, por la misma vereda paralela al agua, hasta llegar a un punto de cruce sobre el lecho del río. Desde allí el sedero cruza un bosque, llega al punto de recogida de agua de Horta y se desvía por la derecha hacia La Franqueta,  un recorrido muy hermoso realizado sobre la conducción de agua. Pero volvamos  atrás. Antes de llegar a cruzar el río,  hay un desvío al parking superior de Las Carrascas y más a la izquierda, señalizado por un cartel, el sendero que sugerimos que lleva primero al Mas de Lliberós (que da nombre a los Estrets, que se llaman de Lliberos o de Arnes) y después por un bellísimo bosque con todo tipo de árboles, incluidos hermosos ejemplares de cipreses, álamos, pinos, encinas, olmos, carrascas, castaños, hayas y tejos.

El sendero va subiendo por ese bosque encantado, con algunos restos de masías vencidas por la vegetación, hasta el coll de La Valera, en el que nos encontramos y cruzamos la pista asfaltada que lleva de Horta hasta La Franqueta. A mano derecha surge el sendero que nos conduce con un cierto desnivel entre árboles y rocas hacia la derecha buscando por las alturas la dirección de La Franqueta, donde el rio se remansa y forma una playa, rodeada de instalaciones rurales para cocinar, lavabos y aparcamientos, junto a la fuente.

El camino montañero obliga a subidas y bajadas constantes hacia la Roca Llisa ,  algo más de  media hora de subidas, tras superar  el farallón que nos queda a mano izquierda, hacer bajadas graduales bajo los árboles, hasta desembocar en la pista nuevamente y en una hora nos deja junto al monumento que  se dedica al guarda forestal. Allí, en la explanada es posible seguir un camino que aprovecha la pista y la sigue casi dos kilómetros hasta la Franqueta o cruzar la explanada y al fondo a la izquierda seguir otro sendero que tras cruzar el rio a la izquierda por un puentecito de madera, vuelve a subir montaraz y en una media hora  nos lleva por fin al área recreativa.excursiones-5308.JPG

Una vez allí, tras un refrigerio –o una comida, si uno lleva carne para asar, platos preparados o bocadillos-- y un rato de descanso bajo los árboles o un bañito en la piscina natural que el rio forma allí, cogemos el sendero que al fondo sur de La Franqueta lleva, paralelo al río, pero ahora sin desniveles, nuevamente por la conducción de agua, en una construcción suspendida sobre el río veinte o veinticinco metros, hasta el punto donde nos desviamos. Hay que retroceder nuevamente por el desfiladero, volver a gozar del paisaje y las aguas esmeraldinas del rio, hasta volver al aparcamiento de donde salimos. Dependiendo de las actividades acuáticas o de relax realizadas habremos  vivido de cinco a seis horas de un bello viaje caminero por uno de los rincones más bellos y variados de la zona.

 

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29 julio 2011 5 29 /07 /julio /2011 09:47

excursiones-5018.jpgDesde el Matarraña la puntiaguda figura del Tossal de Horta, que atrajo el interés pictórico de Picasso (de todos es sabida la frase que el pintor dedicó a esta tierra, "Tot el que sé ho he aprés a Horta"), llama la atención por la abrupta verticalidad de sus laderas empinadas, sembradas de pinos, con una cima de roca conglomerada adornada por cipreses y abetos y las ruinas de una ermita (datada en el siglo XIII) en lo más alto, junto a una cruz que resalta contra el azul del cielo. En la ladera, engastada como una joya entre los árboles, se levanta el convento de Santa María de los Ángeles o de San Salvador, santo que estuvo en la zona en el siglo XVI y al que se atribuyen numerosos milagros. En la subida hacia la cima de la montaña, el sendero pasa junto a una cueva donde se venera una imagen del santo, que está relacionada con ciertas leyendas religiosas.

 

La subida a esta montaña emblemática, situada enfrente y a la derecha del pueblo blanco de Horta de San Juan, que se arracima sobre una colina, se puede iniciar en el mismo pueblo, de donde parte el sendero que a través de campos de labor lleva en una media hora hasta el Convento. A un lado de la construcción, cuya hermosa escalinata de acceso a la puerta principal tiene una estética espectacular, comienza el sendero de subida a partir de un poste de señalización. El camino, en este punto y durante unos minutos bastante liso y descansado, va subiendo poco a poco rodeando la montaña a fin de atacarla por el lado norte. Pasamos junto a paredes de conglomerados y agujas apreciadas, y bautizadas, por los escaladores. Una vez superada la citada cueva, donde hay una fuente que fue, según la tradición, abierta por el mismísimo San Salvador dando tres golpes con el cordón del hábito, el camino se hace más abrupto y empinado y va ganando altura de una forma bastante directa, en continuas lazadas, con tramos que han sido arreglados y otros que discurren entre rocas.

La subida va deparando vistas hermosísimas sobre la Terra Alta y en una media hora se llega a las ruinas de la ermita de San Antonio, dejando atrás el lado oeste y cambiando de vertiente, abriéndose una amplia vista sobre el valle de Canaletes, con los Ports al fondo y como pétreos vigilantes las rojizas Rocas de Benet que ofrecen su inconfundible y ciclópea presencia al sureste del caminante. A los pies, la cinta azul de la nueva carretera que une el Matarraña con Cataluña. excursiones-4992.jpg

Cerca de allí, tras unos minutos de sendero planeante encontramos, aprovechando una grieta en las paredes de conglomerado, un antiguo refugio de la guerra civil. A partir de ese punto el sendero vuelve a enfilarse abruptamente hacia la derecha y encontramos un replano sembrado de grandes cipreses (uno de los lugares más hermosos de la excursión, donde vale la pena sentarse y gozar de las vistas y la paz). Aquí se bifurcan el sendero, un ramal desciende (es el que luego seguiremos para bajar de la montaña) y el otro vuelve a enfilarse montaña arriba.

Llegamos a la cima superando un último altozano sembrado de pinos, hasta la roca pelada donde se levantan las ruinas de Santa Bárbara. A partir de allí tendremos unas generosas panorámicas sobre los Ports, el Matarraña y el arracimado pueblo de Horta. Desde la ermita se puede acceder a un promontorio rocoso donde se levanta la cruz, acceso que tiene un paso delicado para llegar a él y que según los de Horta es uno de los retos que los jóvenes quintos asumían en el día de su celebración (es una cornisa estrecha de roca, abierta a los dos lados, que hay que pasar a horcajadas o a pie los que tengan buen equilibrio.

La bajada se hace desde el punto que mencionamos, el replano de los cipreses, y es un sendero muy directo e inclinadol, con terreno descompuesto y resbaladizo. Mucho cuidado en la bajada, que se hace entre rocas y tierra pulverizada. Despacito y buena letra, se aconseja.

Llegamos de forma directa al convento por la parte de atrás, pasando junto a la ermita de San Onofre y un poco mas abajo, ya tocando las lindes conventuales, a la de San Pablo. (Lugar de apariciones divinas según la tradición). El camino nos deja justamente al pie de la escalinata y la fuente que allí mana. Solo queda volver por el camino mencionado hasta el pueblo. Pero antes de dejar el camino, deben ver el punto exacto escogido por Picasso para hacer una de sus pinturas, la del convento, ingeniosamente preparado para que el visitante pueda ver la perspectiva exacta.

Habremos dedicado entre tres y cuatro horas según el tiempo destinado a reposar o a hacer fotos. Una excursión breve, empinada y de una belleza paisajística de primer orden.

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15 julio 2011 5 15 /07 /julio /2011 17:39

excursiones-4904.jpgNos despedimos hoy viernes de Andorra. Antes de cruzar el Principado para entrar de nuevo a España y volver a la normalidad, Jaime y yo decidimos despedir estos dias magníficos de montañismo haciéndolo a lo grande: Subiendo al Casamanya Sur (2740 m), esa cima redondeada y pelada, con dos hermanas que la acompañan y que forman la triada central andorrana, el corazón montañero del país, desde cuya cumbre es posible disfrutar una visión panorámica de parte del entorno abrumador de montañas y valles andorranos desde España a Francia.

El itinerario de subida es sencillo, aunque muy empinado (han de superarse mas de  800 metros de desnivel) está orientado a mediodía y suele ser muy frecuentado. De las tres cumbres, la tercera, (norte) es la mas interesante debido a las formaciones kársticas realizadas por viento y agua en las rocas, excursiones-4917.jpgpero debido al poco tiempo esa la dejamos para otro día (yo la visité hace tres años y es una especie de decorado pétreo de un sueño de Dalí. Fastuoso y lleno de misterio).

En esta ocasión subimos a la primera, pico sur, desde el Coll o Puerto de Ordino (1983m), muy bien señalizado en plena carretera comarcal que une los valles de Ordino y Canillo con una pista transversal que va zigzagueando montaña arriba desde Ordino y luego desciende vertiginosamente hacia Canillo.

Dejamos el coche en el Coll, (este año han dispuesto una zona de aparcamiento) y comenzamos la subida hacia el norte, bajo un bosque tupido que apenas deja entrever el valle de Canillo al fondo, en  un sendero muy bien marcado que ha sido y es muy transitado. La pendiente es aqui suave pero constante y uno va por la umbría sobre una superficie tupida de hierba y raices de los árboles que se ciernen sobre ella.excursiones-4940.jpg

Unos veinte minutos bastan para dejar atrás el bosque (ya superamos los 2000m) y comenzamos a pleno sol la subida por el lomo herboso de la cresta que debe llevarnos hasta la cima. A la derecha, vemos al fondo el valle del rio Urina, y la pendiente empiza a ser exigente. Desde el sendero el caminante suele equivocarse al creer que se acerca a la cima, cuando primero ha de superar cuatro antecimas antes de llegar a divisar el monolito de piedras y la barra señalizadora encima de él, que indican la cima del Casamanya sur.

Tras la collada de las vacas, llegamos a una zona pedregosa llamada "Llosers de Naudí" donde el sendero va haciendo lazadas, en un piso de piedras esquistadas y terreno descompuesto, en un intento de aliviar la inclinación enorme de la pendiente que solo se atenúa al llegar al lomo calcáreo que ya antecede a la cumbre. Aún habrá otra lomita pero ya divisando la cima, mientras el sendero se encresta y casi parece volar sobre las profundidades de la serra de Sauvata, con

 

 

pendientes que a la derecha se precipitan hacia el valle desde las tres cimas casamanyeras.

Fotos de rigor de la cima y del soberbio panorama en el que distinguimos, majestuoso, el Comapedrosa, la Roca Entrevesada, el Pic del Estanyo, el de la Cabaneta, el de Ransol y Mil Minut, Arcalis, de la Serrera, el Anrodat en la frontera con Francia, en fin una especie de telón de fondo de montañas azules, un sky line de angulosas y recortadas cimas que provocan en cualquiera la admiración y el deseo de llegar a ellas.

Volvemos a bajar y la amabilidad del sendero (sin grandes piedras que esquivar o rebasar, sin tarteras resbaladizas y llenas de grietas, o terrenos desmenuzados) en muchos lugares rodeados de bancales de hierba, me permiten una despedida personal más especial: bajo corriendo, lo que transforma la bajada de hora y media en los sesenta minutos exactos. Como dijo el general Mc Arthur en ocasión muy diferente: "Volveremos".

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14 julio 2011 4 14 /07 /julio /2011 17:01

excursiones-4842.jpgEl día ha amanecido resplandeciente y, como ayer, se ha ido decantando hacia el cielo nuboso y el viento frío. Nos hemos desplazado hasta la estación de esquí de Arinsal y tras pasar el túnel que lleva a las ultimas edificaciones del pueblo hemos aparcado en la entrada a la pista que desde allí mismo sube empinada hacia las montañas que rodean la zona.

Es una forma de empezar a calentar músculos bastante brusca. Unos treinta minutos de subida y 200 m de desnivel acumulados, casi nada si lo comparamos con los más de 1400m que habremos de superar caso de que podamos subir al Pico de Comapedrosa (2939m) la montaña más alta de Andorra enclavada en uno de los parques naturales de este país con mayor renombre.

excursiones-4840.jpgLa pista nos lleva a un cruce de senderos, el GR11 que se interna en el bosque en una momentánea bajada (luego será subida constante) y un GRP que lleva al refugi del Pla del Estany y al PIc de Baiau. Dejamos este último a la derecha y seguimos el camino al Comapedrosa que cruza por puentes de madera el rio de ese nombre y el del Pla del Estany. Enseguida comienza a ascender fuertemente en lazadas por la Obaga (umbría) hasta el Grau. Allí sale del bosque (entre cascadas del rio que se precipita del Cap de Canals de Ribanelles). Cruzamos el torrente que baja del cercano estany de las Truitas y por una pequeña canal llegamos al Collet de Coma pedrosa.

Allí se abre ante nosotros todo el circo del Valle, con sus lejanas montañas en la cabecera,  tras el velo de la niebla.

Atravesamos la enorme pleta, cruzada por torrrentes y con algunas construcciones tradicionales bien remozadas de ganado y pastoreo y dejamos sobre nosotros a la izquierda el refugio de Comapedrosa, amplio y confortable y guardado por tres damas maduras, francesas y andorranas. Seguimos por la orilla derecha del rio que cruza la pleta y lo recorremos hasta la base de la monstruosa tartera del Pic de Safont que se levanta a la izquierdaexcursiones-4783.jpg

A la derecha el camino sube haciendo lazadas hasta un rellano donde hay  un  estany pequeño (Les Canyorques) cuyas aguas reflejan la antecima esquistosa que nos llevará a la cima, aunque antes hemos de pasar junto al Estany Negre (donde segun  dicen, jamas tocan los rayos de sol). Son dos subidas considerables entre bancales de yerba y un suelo quebtradizo y a veces accidentado, con piedras de tartera.

La entrada a la garganta del Estany está cubierta de nieve y es por donde se desvia el GR11. Preferimos subir por el camino que lleva a la cima del Coma Pedrosa para obtener una vista mejor del Estany., El tiempo ha ido empeorando y le señalo a Jaime al norte y arriba el telón de niebla "Ahí está la cima", le digo. Un viento frío nos hace buscar refugio detras de las rocas.  El Estany Negro es bellísimo, oscuro como su nombre idnica, y es el fondo del embudo que forman esos monstruos de roca que son las montañas de Baiau, Agulla de Baiau, Sanfons, Roca Entrevesada y el gigante Comapedrosa, todos cercanos a los tres mil.

Para llegar al Pic hay que subir un desnivel de más de trescientos metros (calculamos unos 50 minutos) sobre roca esquitosa y arriba superar varias crestas, toda una carena,  algunas aéreas, aunque sin ninguna dificultad técnica o peligro, hasta llegar a la cima propiamente dicha del coloso. Sin embargo esta vez no va a poder ser. La visibilidad es bastante escasa (será imposible ver, si subimos, el Maladeta, la Pica e incluso el Canigó) y las nubes amenazan tormenta (aunque el viento acabará dos horas mas tarde por lanzarlas hacia el valle y los pueblos del norte andorrano). Decidimos dar por terminada la subida en ese punto y tras una mirada nostálgica en dirección de la oculta cima, bajamos hacia el refugio y después hacia Arinsal. Habran sido en total, unas siete horas y media de excursión, de una belleza que quita el hipo y un cierta prueba física de resistencia tras las más de tres horas de subida hasta el Lac Negre).

Al llegar al primer puente del rio Comapedrosa, nos descalzamos y cumplimos el ritual de meter los pies en el agua helada, que los deja en perfecto estado para dar el empellón final a la excursión.

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13 julio 2011 3 13 /07 /julio /2011 17:31

excursiones-4650.jpgTras las lluvias de anoche, una tormenta con mucho aparato eléctrico y el retumbar de los truenos, amanece un miércoles de cielo azul, soleado. Son las siete de la mañana. Preparamos la mochila y bajamos a desayunar. Cuando salimos a buscar el coche y acercarnos a la ruta elegida, el azul del cielo ha desaparecido entre algodonosas nubes blancas que, muy pronto, son desplazadas por nubes oscuras y bajas, niebla  bajando de las cumbres y un viento cada vez más frío que nos obliga a ponernos el polar.

La subida hacia la estacion de esqui de Grau Roig, cerca del Pas de la Casa, frontera con Francia, donde se encuentran los estanys del Cercle dels Colells, desde el muy frecuentado Estany Primer dels Pessons, hasta los menos conocidos y mas hermosos de Coma d'Estremera y de Mes Amunt, el Gran o el del Mig. Ya la subida por la deteriorada pista que lleva al Pessons fue invadida por la niebla. Ese frio y soledad de la pista nos permitió gozar de la fugaz presencia de dos cervatillos que se quedaron mirando el todoterreno como si no se creyeran que con ese tiempo habia humanos tan locos para subir y de improviso, cuando hicimos gesto de parar y salir a fotografiarlos, salieron de estampida, dando saltos colina arriba con la belleza, la fortaleza y la agilidad de esos bellisimos animales.excursiones-4667.jpg

Decidimos bajar rapidamente del collado mientras una niebla espesa iba adueñándose de todo.

Como consuelo, nos fuimos al Valle de Incles, un poco más abajo, un bellisimo rincón andorrano, valle glaciar desde donde parten numerosos senderos hacia las dos vertientes del valle.

La entrada del valle, estrecha, solo cabe un vehículo y la pista subsiguiente hasta la cabecera del valle donde se encuentra el aparcamiento y comienzan los senderos, estaba cerrada a vehículos por obras y tuvimos que ir andando los tres kms y pico. Mientras caminábamos por la estrecha pista admirando el paisaje que nos rodeaba, la lluvia seguía cayendo poco a poco y el frio se intensificaba. Al llegar al solitario aparcamiento tuvimos que tratar de escoger entre subir al Estany de Siscaró o al de Canals Roges (a unos 2500 m) o a los más lejanos del Fontargenta, Estanyol o el racimo bellisimo de los lagos de Juclar. Todos los senderos nacen en el puente de la Baladosa, donde se juntan aguas del rio Manegor, del Juclar y del Siscaró.

Decidimos subir al estany del Juclar que pasa por el refuigio del mismo nombre y comenzamos el sendero con una suave inclinación, una pista empedrada y muy invadida por corrientes de agua que lleva a un lugar habilitado para picnic de los visitantes no muy dados a las caminatas. Al llegar al espacio de bancos y mesas, donde parten de verdad los caminos que llevan a las alturas, estrechos y muy empinados, la niebla volvía a aparecer y las nubes oscurecían el cielo sobre nuestras cabezas.

Vuelta de nuevo sobre nuestros pies y para cerrar la  frustrante mañana, investigamos el trozo de GR (recién habilitado y arreglado) que lleva desde el puente por el otro lado del rio y paralelo a la pista, hasta el pueblo. En total, tres horas de caminata, un poco mojados y algo decepcionados a causa del tiempo.excursiones-4680.jpg

Sin embargo el valle de Incles merecerá otra u otras visitas. Como decía Verdaguer, mosén Cinto, en su poema Canigó, "Les valles d'Orino  i d'INcles son mes plenes// d'harmonia, de somni i de misteri// als raigs que hi deixa caure l'hemisferi//a la serena de qui cova el mon".

Es un valle de extraordinaria belleza, con una vertiente este (umbría) cubierta de bosques de coníferas y la otra, oeste (solana) llena de matorral de codeso, el piornal o genista, enebros, genyuba, sembrado de flores como el narciso silvestre, el lirio pirenaico o el alazor, toques de amarillo, blanco, rosa, morado o azul, de tal viveza y gusto que uno no para de admirar la genial paleta de pintor de la naturaleza. Sólo la acuciante y creciente presencia de casas, bloques de pisos y chalets en los lugares más hermosos pero inoportunos e inadecuados desde un punto de vista ecológico y paisajístico, ensombrecen la visita a estos lugares andorranos donde la montaña es la reina indiscutible con toda su belleza singular.

 

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