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11 junio 2013 2 11 /06 /junio /2013 09:32

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Parece que hay noticia de La Cerollera desde el año 1413, cuando solo era un barrio de Monroyo, con 16 fuegos, manera de contar población de aquellos tiempos (cada fuego es un hogar) y que supone unas 80 personas, aunque hasta  mediados del siglo XVIII no obtendría la categoría de villa con iglesia propia, que sufriría (como casi todos los pueblos de la zona y, si me apuráis, de este país desaforado) la pasión desructiva e incendiaria de raíz politica y anticlerical de ciertos grupos y partidos en epocas convulsas de guerras cainitas (desde las carlistas a la incivil).

Voy a dedicar este reportaje senderista a las opciones que ofrece el pequeño pueblo de La Cerollera en el Bajo Aragón, empezando por el trayecto vecinal hasta Belmonte de San José, uno de los caminos empedrados más hermosos de la zona que en una parte considerable se mantiene, circulando entre bosques de pinos, antiguas tierras de labor y vestigios de antiguos pobladores de la zona que, tras la guerra civil, fue quedándose deshabitada.

Una vez en La Cerollera iremos a buscar el PR que lleva a Belmonte, que se encuentra debajo mismo de la ermita de San Cristóbal (destruida durante la guerra y reconstruida en los años 70: no se pierdan el curioso pilón que se levanta en medio de la puerta de entrada) desde donde tendremos una panorámica hermosa del pueblo y las tierras que se extienden hacia el norte, con tierras roturadas con muretes de piedra y bosques de pinos. Dejamos la ermita a nuestra izquierda y bajamos hacia los campos de labor iniciando de inmediato una subida por el sendero que va mostrándonos los vestigios y restos de su trazado de piedras, adentrándose en el bosque, salvando ciertos desniveles no muy empinados (toda la ruta es bastante llana excepto en su última tercera pàate, una vez llegamos a los Puntales (900 m) en la sierra del mismo nombre, donde comienza una pista que va haciendo giros en continua bajada y desde donde ya se vislumbra a los lejos el ordenado caserío de Belmonte con su iglesia  en el centro, el campanario esbelto y su cúpula octogonal de la nave lateral del templo, con sus mosaicos brillando como espejuelos bajo la luz del sol.

excursiones-4716.JPGEl trayecto es plácido y transcurre en su mayor parte bajo un pinar de carrasco, pero si el caminante está atento verá recios ejemplares de pino negral o laricio, con profusión de enebros, alguna sabina espesa y las achaparradas carrascas, de la familia de las encinas. Haremos al menos dos subidas y descensos a valles que se extienden hacia el oeste, con bancales de sembrados orillados por un bosque tupido.

Mas o menos a la hora de trayecto encontraremos un claro de bosque donde se entrecruzan dos senderos y una pista. El que hemos de seguir está balizado con un hito de piedras y es la continuación natural hacia el suroeste del camino que seguimos, internándose de nuevo en el bosque y con algunos tramos del antiguo empredrado. Ascendemos un largo trecho hasta llegar a la citada cima del Puntals donde el sendero se transforma en pista descendente con el barranco de La Cerollera a nuestra izquierda.

    A mano derecha encontramos un desvío que lleva a la "Cova del Saltador", bauma de roca en un paraje recoleto (una visita de unos cuantos minutos) y un poco más abajo a la izquierda otro desvío señalizado "A la Puntata", una roca cortada a pico que tiene una panorámica hermosa, con la Cañada de Verich a la izquierda y Belmonte enfrente al fondo  junto al largo y sinuoso barranco que abre el rio Mezquin por el valle de Las Calderas. Volvemos a la pista y a nuestra izquierda encontramos una balsa pequeña que recoge las aguas de la Fuente del Gil, con unos cultivos vallados en pendiente y bancales de olivos y almendros.

Seguimos bajando por la pista y pasamos junto a un vertedero, luego dejamos una granja encima nuestro y llegamos al original Calvario de Belmonte, la ermita de Santa Bárbara a la izquierda, para entrar en el pueblo junto a la piscina municipal y dos de las capillitas del rosario y muy cerca de la antigua nevera del pueblo. Hemos dedicado un poco de más de dos horas de camino, incluidos los desvíos apuntados.

A partir de aquí y una vez en Belmonte tendremos otra excursión, algo más larga, que nos llevará al barranco Fondo y al Molino Siscar, pero eso será objeto de otro reportaje.

En esta ocasión, y de ahí viene la "radialidad" de la propuesta, la excursión a Belmonte es de ida y vuelta ya que en La Cerollera, como centro radial, tenemos tres agradables propuestas senderistas más. Una de ellas  es la del Pas del Molí y la Cova del mismo nombre (que sigue en su inicio el mismo sendero que va a Belmonte, con lo que puede unirse a la anterior a modo de desvío). Se trata de un recorrido circular de una hora que comienza en el cruce de senderos que hemos mencionado en el camino a Belmonte (a la izquierda del que seguimos entonces). Desde el Pas de Molí, con su estrechamiento de rocas y su vegetación abundante, seruimos a la izquierda hacia la Cova, famosa en la zona por haber sido escondite de paisanos cuando llegaban las tropas de los dos bandos a esas tierras en el transcurso de la guerra incivil.

Otro sendero interesante es el que lleva a la punta del Santet  (850m), se coge  a las afueras del pueblo junto a la carretera, con poste indicador, pasamos por un molino de aceite en ruinas hasta llegar por campos de labor en terrazas al fondo del barranco donde encontramos un "obellón" o canal de drenaje y un abrevadero que van a nutrir la balsa de "Fon des Camps". Seguimos hasa un corral de ganado, cruzamos la pista junto a una balsa de incendios y estemos atentos hasta ver una majestuosa carrasca llamada "del Piapo" que merece una foto y un rato de escanso a su sombra. Un ratito de pista forestal hasta la "Balsa de la Basella" y muy cerca los restos de las trincheras republicanas de la guerra civil. Muy cerca observarán una cruz de madera en un montón de piedras, reflejo de uno de esos episodios sangrientos vecinales ocasionados por razones politicas, económicas las más de las veces, ya algunas, pasionales. Es una cruz erigida en memoria de un maestro de La Cerollera asesinado por un tipo llamado "el Floro" en 1883 (que también es mencionado por su escondite en una cueva) y la tradicion del lugar quiere que el caminante desposite una piedra allí mismo.  Una senda protegida por una empalizada de madera, en rampas muy empinadas, nos lleva a la punta del Santet coronada por un peirón de piedra y una capilla con los santos Abdon y Senen, protectores del pedrisco. Es una ruta relativamente larga (unas tres horas y pico) pero muy agradable y variada.

Para terminar hay dos rutas más, la de las Neveras y la de las Fuentes.  De entre una hora y media y tres horas cada una (mas larga la de las Neveras) ,  atraviesan en uno u otro sentido toda la zona aledaña al pueblo, una por las Fuentes de Mont-Roig, Mas de la Parra y de Baixa, y la otra por el Pas de la Nevereta, la Punta Llobatera y Torrejón, el Ms de Cauvet y el Mas de la Parra. Ambas parten de la zona del pueblo llamada el Merendero, junto a un panel informativo.

 

NO SE PIERDA

Dedique un buen rato a pasear por el pequeño pueblo y trata de que le abran la iglesia de Nuestra señora del Remedio (una vecina muy cercana a la plaza de la iglesia tiene las llaves) construida en 1535 gracias a una provisión real instada por el Comendador de la Orden de Calatrava, que patrocinará el templo. Primero un templo sencillo de una sola planta, inaufurado el 10 de octubre de 1545 por el arzobispo de Zaragoza. Había libros reglamentados de nacimientos y defunciones desde 1561. A partir de siglo XVIII La Cerollera es nombrada villa y se edifica el templo actual sobre las bases del anterior, inaugurándose en 1767. Se construye el altar mayor y ocho altares laterales y se instalan cuatro campanas en el cuerpo central de la torre (1797). A pesar de penurias, hambrunas y guerras, es de notar el esfuerzo y entusiasmo de los vecinos de este pueblo en mantener su iglesia (y se trata de una población escasa, 370 personas en el núcleo de la villa y 120 en las masías del término, según el censo de 1849). En agosto de 1936 fueron incendiados todos los bienes artisticos, altares, tallas e incluso archivos. En 1963 empezaron las obras de restauracion externa y e interna (no se lo pierdan, costeadas por los vecinos) y fue en 1998 cuando se acabó de resturar el campanario, los motivos y pinturas del interior y los suelos de la iglesia.

Sabados y domingos por la mañana se puede visitar una exposición sobre la presencia de la guerrilla en el término municipal. Este pueblo es uno de los ejemplos más admirables de talante cívico y amor a lo propio de los vecinos.

 

 

 

COMO LLEGAR

 Saliendo desde Alcañiz se coge la N-232 que lleva a Monroyo atentos al desvío a mano derecha TE-V-8401 que nos llevará a La Cerollera. Una vez en el recoleto pueblo en dirección a La Cañada de Verich encontraremos los carteles indicadores del sendero PR-TE 11 (el PR1 del Mezquin, que marca el camino hacia Monroyo por Belmonte y el Barranco Hondo, que ya haremos otro día). Si vienen de Cataluña y el Matarraña iremos a buscar la N-232 por La Fresneda y Valljunquera o más directamente por la comarcal que lleva de Valderrobres a Monroyo por Fuentespalda (cogiendo la nacional dirección Alcañiz). Tendrán información suficiente con el librito de la red natural de senderos de Aragón, editado por Prames y los mapas de la zona, tanto de la red nacional como los específicos del Bajo Aragón, todos a la venta en librerías especializadas y, por supuesto, en el establecimiento de Serret en Valderrobres. Folletos específicos de los senderos apuntados los obtendrán en el Ayuntamiento de La Cerollera (una manera de promocionar el pueblo que he encontrado en contadas ocasiones en todos mis viajes).

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27 mayo 2013 1 27 /05 /mayo /2013 08:26

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Uno de los circuitos más hermosos y originales de los Puertos, por su variedad paisajística y por los panoramas aéreos que proporciona, es el que conduce a esa soberbia atalaya de piedra blanca que tiene el lindo nombre de La Miranda y se alza como la orgullosa proa de un barco de marmol sobre el valle del rio Algars y el macizo de Els Ports.

Para llegar a ella es posible seguir dos caminos muy diferenciados y cuya elección depende de si se dispone de un todoterreno o no, dado que la pista forestal que podemos utilizar en uno de los accesos posibles sólo es viable con ese tipo de vehículos (y últimamente aún más, dado el deterioro que han provocado las recientes lluvias). El circuito es poco recomendable en verano, no sólo por el calor de la zona y algunos tramos de pista a pleno sol, sino principalmente por la presencia en esa época de toros pastando en la alta planicie de  Terranyes.

El recorrido habitual se inicia en Arnes y es un largo paseo en automóvil por pistas estrechas, que tiene la ventaja de permitirnos hacernos una idea del valle del Algars, el río-frontera entre Cataluña (la Terra Alta) y Aragón (el Matarraña). Salimos del pueblo en dirección al Toll del Vidre, un soberbio rincón lleno de encanto donde el río forma una honda poza que se convierte en piscina para los caminantes en época veraniega. Poco después del Toll debemos dejar el coche y caminar por una pista en mal estado (para las cuatro ruedas). Pasaremos por el Mas de Damià que el Ayuntamiento de Arnes ha convertido en un excelente refugio libre. Media hora más de caminata y llegamos al bellísimo Mas del Pau. Hace años se podía llegar hasta el remozado edificio situado en un idílico rincón rodeado de montañas y bosques, pero las riadas del año 2000 destrozaron la pista en algunos tramos y se aconsejó prohibir el tránsito rodado (gracias a Dios). Unos 45 minutos de pista para llegar al Mas desde donde parte, encaramándose, el sendero señalizado que nos llevará al semiderruido mas de Llobero y desde allí al collado de Monfort y la Punta de la Miranda.

excursiones-4295.JPGEn esta ocasión, vamos a probar un camino distinto que nos llevará con el 4x4 directamente hasta el Collado de Miralles, situado entre el de Monfort y la Punta de la Miranda. Con esta opción nos ahorramos casi dos horas de pista y no nos perdemos ninguno de los panoramas arrebatadores que nos depara la altura sobre el valle del Algars y las planicies   formidables de Terranyes. Salimos del área recretaiva de La Franqueta a la que, como ya sabrán de sobras mis lectores habituales, se accede desde la pista de Los Ports que sale de las afueras de Horta de San Juan.

En La Franqueta tomamos la pista que lleva al Coll de Pellnegra, pasando por el desvío de la Cova de Picasso y al menos tres masías abandonadas. Una vez pasado el Coll bajamos hacia la font de Aixa y volvemos a subir hasta el Mas de Tou y enseguida el Coll de Miralles. La pista sigue hacia el Coll de Monfort que también tiene su sendero hacia la Miranda que se une al que seguiremos nosotros en el coll de la Ereta. En el de Miralles, junto a una balsa de incendios dejamos el coche y cogemos una senda señalizada hacia el sureste  que nos lleva hacia dos árboles singulares, protegidos, que son llamados "Lo Pimpoll" y "lo Pi Ramut". Se trata de dos pinos gigantescos de gran envergadura, cuyo tronco apenas pueden rodear dos personas adultas.

excursiones-4183.JPGSeguimos la senda que sube abruptamente hacia el coll del Ereta (dejamos a mano derecha el camino que viene de Monfort) y nos tropezamos con un tramo de camino de herradura que es un resto del que existía hace un siglo y que unía Arnes con las planicies de Terranyes, donde se cultivaban las famosas patatas de ese nombre. Volvemos a subir fuertemente hasta una bifurcación: dos caminos que llevan al mismlo lugar.

En el Collado de La Grassada encontramos un poste metálico indicador de la dirección del refugio de Terranyes. A partir de ese punto y tras atravesar un pequeño bosque de pinos vemos a nuestra izquierda la planicie de Terranyes, un extenso altiplano, que permite ver a nuestra izquierda, a lo lejos, la cima del Monte Caro con sus antenas. Dejamos a la izquierda el camino que lleva al refugio hacia el suroeste (podemos ver el pequeño edificio) y giramos hacia la derecha cresteando por uunas rocas calizas muy dentadas. En el collado podemos ver una pista secundaria al suroeste que nos lleva en ascenso por el centro de un bosque. Unos mintuos de agradable paseo y encontramos un sendero a la izquierda que nos levará hasta la Punta de la Miranda.

Desde ese punto privilegiado (1192m) vemos la enorme hondonada del Algars y el arriscado barranco de la Paridora en su cabecera. El valle del rio de Les Valls a continuación con la Sierra Ballestera que forma unos impresionantes muros de conglomerado. Desde nuestra cima se desprende una afilada cresta que se desliza aérea hasta un precipicio que cae vertical hacia el Algars.

En el camino de regreso podemos bajar hacia los Clots, el Coll dels Bots, dejar un sendero a la izquierda que nos llevaría con un par de puntos delicados, hasta el collado de Monfort. Una vez allí seguimos la pista hasta el coll de Miralles donde tenemos el coche  Otra opción es seguir el camino de subida hacia el Coll de la Ereta y subir a L'escala y bajar junto a los pinos singulares citados hacia el coll de Miralles donde espera el coche.

Entre  la excursión desde el Toll del Vidre (que nos llevará algo más de seis horas) y la del Coll de Miralles (apenas cuatro) podemos escoger con la seguridad de que ambas, con el mismo destino y el mismo recorrido desde un punto determinado, nos complaceran. Y mucho.

 

 

NO SE PIERDA

Los dos pinos monumentales cercanos al Coll de Miralles merecen una visita con niños y abuelos. Desde el Coll tendrá acceso fácil tras un agradable aunque algo empinado paseo hasta el lugar donde se alza primero el Pimpoll. Se trata de un "pinus Nigra" que tiene más de 500 años de edad, 31 m de altura y un  perímetro de tronco de 3,20m.. Un poco más arriba encontramos, junto a un tramo del antiguo camino de herradura, el Pi Ramut, que tiene 22 m de altura y 3,15 m de diametro. Los que sigan el camino de las pistas del Toll del Vidre, también tienen la posibilidad de ver rincones bellísimos sin esfuerzo. Así, además del Toll que merece una visita (y un baño) el paseo, no muy largo (dos horas de ida y vuelta a lo suma desde el coche hasta el final) nos llevará a ver el Mas de Damià, hoy refugio, y disfrutar de su bello entorno y sobre todo, el Mas de Pau, restaurado en un lugar de ensueño, a la sombra de un gigantesco roble y junto a una fuente. Los más decididos pueden echar un vistazo al Mas de Llosero, simplemente cruzando el rio y subiendo cinco minutos siguiendo las señales amarillas. Es éste un mas antiguo semiderruido (aunque he visto señales de restauración) que está situado en un paraje verdaderamente hermoso, entre montañas, bosques y el valle por donde baja el Algars.

 

DOCUMÉNTESE

Para hacer este recorrido doble aconsejo el magnífico (no me cansaré de repetirlo) libro de Jordi Bustos Bernús "Itinerarios por los puertos de Beceite" de Editorial Prames o el de Joan J.Tirón Ferré "Lo Port, 52 rutes de senderisme", editado por Piolet. Con cualquiera de estos libros y el mapa "Port d'Arnes" de Piolet a escala 1:15.000  no hay temor alguno de extravío, aunque no lleve brújula. Todo este material lo tienen a su disposición, como es habitual, en la Librería Serret de Vallderrobres y en librerias especializadas en montaña y senderismo.

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15 mayo 2013 3 15 /05 /mayo /2013 07:09

f4.jpgInteresante y algo delicado circuito que adolece de dos o tres pasos aéreos y de grimpada en roca que resultan desaconsejables para personas con vértigo, pero divertidísimo para montañeros medianamente entrenados y habituados a subidas algo expuestas. Me refiero al macizo de L'Ardenya en plena Costa Brava, en el Baix Empordà. Por tanto no nos enfrentamos a grandes alturas (el Montclar sube a 417) pero partimos desde nivel del mar y las laderas suelen ser abruptas y ascienden empinadamente.

Se trata de un conjunto de cúpulas graníticas de una altura imponente que parecen surgir de entre la masa forestal. Salimos del Mas de Can Llauradó, junto al golf de Solius (municipio de Santa Cristina de Aro). En total se trata de una excursión corta de unas tres o cuatro horas (según paradas) que requiere un esfuerzo entre medio y alto debido a las grimpadas por los castillos rocosos que hemos de escalar (excursión de unos 9 kms en total), sumando un desnivel de 630 m. El itinerario está bien señalizado y sigue el PR-C 102 y senderos locales al descenso. Los pasos difíciles están acompañados de cuerdas fijas, cadenas y grapas de hierro clavadas en la roca para ayudarmos a superarlos con seguridad.

En Can Llauradó hay un letrero indicativo con un mapa y es donde se bifurca el famoso GR-92 y el PR-C 102 (marcas blancas y amarillas) que es el que debemos seguir en dirección al Montclar y los Carcaixells. Al principio es una pista amplia (en estos días, inundada en muchos puntos debido a las lluvias de abril). Pasamos campos de cultivo y muy pronto entramos en el bosque de grandes pinos y eucaliptos, que ya no abandonaremos.

Nos encontramos con el Menhir de Can Llauradó, que dejamos a la izquierda y seguimos por el PR. Este monumento troglodítico es un menhir antropomorfo de granito de 2,18m de alto y medio metro de grosor, datado entre el 3000 y el 2500 aC. A continuación pasamos varios cruces con pistas y caminos que dejamos sin perder de vista las señales del PR. Nos encontramos con la riera de Panyella que cruzamos por jun pequeño puente de madera (el pas de Miloca). A partir de ese cruce empieza una fuerte subida por un sendero estrecho bajo un bosque de encinas que escala hacia una roca desnuda en cuya cima hay una capilla instalada por un club de montaña, dedicada a sant Francesc. Aquí comienza la escalada de los Carcaixells, pero antes nos regala una vista hermosa sobre el valle de Ridaura hasta el mar y el caserío de Sta. Cristina,  de un blanco deslumbrante bajo el sol, al fondo. Seguimos y comenzamos a subir las paredes de granito ayudándonos con cadenas y algunas cuerdas en lugares estratégicos. Las señales son ahora blancas y verdes (sendero local).

Tras varias subidas y bajadas, siempre ayudados por instalaciones de paso (una manera fácil de iniciarse en el paso de vías ferratas), llegamos al Pas de Aritjols, donde nos encontramos con un puente colgante que une dos rocas separadas por una garganta  o hendidura de unos veinte m de caída. El puente no presenta ninguna dificultad, está bien anclado y tiene unos cables pasamanos y una oscilación pequeña. Hemos de volver a subir hasta la carena de las rocas, con frecuentes altibajos. Seguimos, buscando una fuerte bajada a la derecha, protegida con una cuerda para ayudarte a desgrimpar y llegar al paso de la Canaleta. Vamos alternado alcornoques, madroños, brezos y enebros. Allí hay un cruce de tres caminos. Al bajar del Montclar debemos volver a este punto para dirigirnos a los Carcaixells inferiores y la Roca Rodona d'en Cama, a no ser que dedidamos bajar por la pista que, dando una vuelta generosa, nos llevará de nuevo a la riera de Panyella. Continuamos por la derecha hasta desembocar en una pista forestal junto a  una torre metálica. Hay que seguir la pista, con una fuerte subida, hasta llegar al collet del Montclar, un calvero con encrucijadas. Desde allí seguimos el camino hacia el norte, subiendo entre roquedales  hasta una grupa, la antecima, que nos lleva a la cima principal (417m).

El Puig Montclar está coronado por un túmulo de piedras y un mástil en el que ondea una senyera. Es la segunda cima del mazico de L'Ardenya. Allí mismo, un poco más abajo, hay una pequeña capilla dedicada a Sant Bernat Menthon que, al parecer, es el patrón protector de senderistas y montañeros excursionistas. Tiene una magnifica vista panorámica sobre todo el Espai Natural de Cadiretes-Ardenya. Al norte tenemos las Gavarres, el vall de Aro y el rio Ridaura, al sur nos brinda un paisaje de bosques y algunas masías hasta el azul del mar.

Desde la cima podemos seguir alguna de las dos opciones de bajada. Si escogemos el Coll de Ceps llegaremos a la Plana Basarda (donde se encuentra  Thueda, el poblado ibérico, oculto en la espesura) y conectaremos con el GR92 y bajando por el tupido boscaje alcanzamos Can Llauradó. Después es aconsejable llegarnos a Solius, un pueblo con una venerable antiguedad de once siglos y una fama de lugar de leyendas oscuras. En las cercanías se conservan vestigios del castillo de Solius (con tradición de burjería medieval) y la iglesia de Santa Agnés de Solius. Cerca del castillo de Solius se encuentra la Cueva de los Moros.

 

NO SE PIERDA

El derruido castell de Solius, al que llegamos desde el pueblo (está a unos quince minutos de camino) está documentado en el siglo XV, aunque se alza sobre restos de otras fortalezas de los siglos XII y XIII. Resulta un rincón misterioso y singular, ya que vemos los restos de los muros entre el follaje y los árboles que lo ocultan. Un sendero estrecho entre la vegetación nos lleva a la puerta de entrada que se abre en el centro de una pared fortificada que es lo mejor conservado del lugar. Subimos unas escaleras talladas en la roca hasta llegar a una cisterna medio tapada por un espeso follaje. Según la tradición, ese lugar parece haber vivido antiguos episodios de sitios y defensas muy violentos.

Tampoco pueden dejar de visitar el monasterio cisterciense de Santa María de Solius, fundado por cuatro monjes de Poblet en 1967. Forma parte de la Congregación Cirtenciense de Aragón (fundada en 1616), formada por Poblet, Vallbona de les Monjes, Casbas (Huesca), Cadins y Valldonzella (Barcelona). Su esbelto campanario es visible desde todo el valle y fue construido en el siglo XVIII sobre una iglesia románica del siglo X. Además de pasear por la iglesia (de 1773)  y los jardines, recomiendo visitar una colección de dioramas de pesebres realizados por el monje Gilbert Galcerán, un verdadero artista.

 

DOCUMENTACIÓN

Recomiendo la Guía Alpina dedicada a la Costa Brava, a Les gavarres y L'Ardenya y el libro "A peu pel Baix Empordà", "20 itineraris de senderismo entre garbí y tramuntana", editado por Cossetania Edicions y firmado por Daniel Punseti Puig y Daniel Sabater i Serà. Son volúmenes fáciles de encontrar en librerías especializadas y los lectores de esta zona en la librería Serret de Valderrobres..

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23 abril 2013 2 23 /04 /abril /2013 07:34

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Cuando escribo estas líneas sobre las maravillas paisajísticas de Montfalcó, el Camino natural que une esa población abandonada del Montsec aragonés (llamado de L'Estall) con La Masieta en el inicio del Congost de Mont Rebei, no está oficialmente inaugurado.  Lo hemos recorrido cuando aún las señales de paso prohibido no habían sido retiradas, los carteles estaban protegidos con plásticos y los esforzados operarios recogían material y herramientas,  aunque ya se habian realizado con éxito las pruebas de resistencia y de carga en los delicados y asombrosos pasos de las pasarelas de madera empotradas con bridas y cables de acero en dos paredes verticales de casi cien metros. excursiones-3314.JPGLo primero que llama la atención de esta obra es la enorme dificultad del trabajo en sí y la habilidad y el esfuerzo de los operarios para trabajar en condiciones bastante extremas.La excursión que propongo tiene como base el albergue de Montfalcó, sito en ese pueblo en ruinas que domina los meandros del Embalse de Canelles (construido en 1960, fue el inicio de la bárbara despoblación de esta zona de Huesca), siguiendo la línea imaginaria que separa Aragón de Cataluña. Desde ese magnífico refugio, amablemente cuidado por Mitxel y Gloria, tenemos entre varias, dos excursiones emblemáticas, la subida a la cima del Montsec de L'Estall y el Camino Natural de las pasarelas. Se pueden hacer en un sólo día o, más agradable aún, haciendo una pernocta en el albergue de Can Batlle, único edificio en uso en el pueblo de Montfalcó, y utilizar dos dias para hacer esas excursiones y algunas más breves en la agreste y bella zona.

Tenemos acceso al Montsec por tierras de Lérida, ya sea por Benabarre si se llega de Aragón o por Ager y Tremp si uno procede de Cataluña. Desde la localidad de Puente de Montañana se accede a la N230 que seguimos hasta Viacamp donde cogemos el PR-HU 204, convertido en una pista recién arreglada, conectando con el PR-HU201 que nos llevará directamente a Montfalcó y a Casa Batlle, situada en el espolón aragonés que se levanta sobre el Congost del Siegué dominando las aguas azules del Embalse de Canelles una vez superado el Congost de Mont-Rebei.

Pero antes, a unos kms de Viacamp encontramos el pueblo abandonado de L'Estall (que da nombre al Montsec aragonés) y a unos cien metros, el collado de Ramis (908m) desde donde parte el sendero que sube a la cima del Montsec (1331m), señalizado con postes de madera y un cartel de datos sobre flora y fauna del lugar.

El sendero comienza enseguida a ganar altura en dirección a la font del Solans. Cruzamos una pista y seguimos un camino-cabañera superando terrazas de cultivos abandonados y un encinar, hasta llegar al pie de las paredes de roca que se alzan frente a nosotros. Bajamos el barranco de San Miguel o de la font d'es Moros. Seguimos por el cauce, dejamos los antiguos huertos de San Miguel y entre carrascas vemos a la izquierda los restos de una antigua ermita. Sigue la abrupta subida por la roca D'es moros buscando el Pas de San Miguel al que accedemos por un estrecho corriol que zigzaguea hacia el este por los bordes de los muros, ascendiendo en diagonal hasta llegar a unas fajas de cultivos yermos en que giramos a la izquierda, superando varias pedrizas. Aumenta la pendiente y hacemos lazadas cortas que nos ayudan a superar los escalones rocosos. Ascendemos por una canal hasta una estrecha repisa que nos llevará, tras un ultimo ascenso en lazada, al collado de San Miguel (1234m). Para llegar a la cumbre y vertice geodésico del Montsec quedan unos quince minutos de camino de cima sobre cantiles calizos, en suave pendiente, hasta la cornisa sur del Montsec y la cima, el mejor panorama general de toda la zona. Pirineos, la Ribagorza, La Litera, el Pallars Jusá y la Noguera catalanas y a nuestros pies, el Congost de Mont-Rebei y las verticales paredes anaranjadas de los dos Montsec, forman una vista privilegiada. Regresamos por el mismo camino. Cuatro horas en total sin contar paradas.

Seguimos por el PR-HU201 hasta llegar a Montfalcó donde dejamos el coche frente a la entrada de Casa Batlle.

Un descanso breve y nuevamenyte con las mochilas al hombro bajamos por el  Camino Natural que nace allí. Se trata de unn antiguo camino de paso y herradura entre las tierras aragonesas y catalanas, anterior a la construcción del Embalse. Son 4 kms con fuertes desniveles (283 m de subida y 440 de bajada, y al contrario en la vuelta) y dos pasos de pasarelas recién construidos que hacen un amplio zigzag para superar sendos farallones rocosos verticales. Empezamos bajando entre robles, encinas, pinos y boj hacia la Font de Montfalcó, lugar preparado con  mesas y bancos, por un sendero interpretativo con carteles de fauna y flora. Después bajamos por el Barranco de la Tartera hasta llegar a la primera pasarela anclada con cuñas de acero en la pared y protegida del abismo por cables de acero trenzado. El ascenso no requiere más precaución que vigilar algunos pasos estrechos (la roca, si llevas mochila, te obliga a arrimarte a los clables protectores y al vacío) y si tienes vértigo no asomarte al abismo y fijar la vista en las pasarelas y escalones. Luego, obviamente habrás de hacerlas de bajada y hay que extremar las precauciones con los estrechos peldaños de madera). Superada la primera pasarela, que nos deja en lo alto de la roca, volvemos a bajar casi hasta el fondo del barranco para buscar la segunda subida, esta mas corta, hasta lo alto de la roca --ya encima del puente, abajo a vista de pájaro) donde el camino desciende abruptamente hacia el lecho del pantano. Allí nos encontraremos con el airoso puente colgante de 35 m sobre el Congosto de Siegué y subimos por el cauce de enfrente a buscar el GR-1 que hacia el Norte nos lleva al Congost de Mon-Rebei y la Masieta (aparcamiento para visitantes del Congost) y hacia el sur nos lleva por el refugio de Mas Carlet a la ermita de la Madre de Dios de La Pertusa y a los pueblos de Corça y Ager. Ida y vuelta de este Camino Natural supone unas 4 horas, sin contar descansos. En total algo más de ocho horas de caminata que nos dejarán una impresión magnífica sobre unos lugares medio salvajes de vistas privilegiadas, soledades gratificantes y rincones encantadores.

 

NO SE PIERDA

Uno de los lugares mágicos de la zona que comentamos es la ermita de Santa Quiteria y San Bonifacio. Se accede desde el albergue. Situada en un pico rocoso, se cierne sobre el embalse y las tierras circundantes como un ave de presa en reposo. Es del siglo XI y hasta hace pocos años estaba practicamente abandonada y en ruinas. En 1996 se procedió a su restauración con fondos públicos y se le colocó una cubierta nueva, se adecentó y limpió el interior y se abrió una ventana que dio luz a la nave. Esta es de forma irregular por imperativos de la roca donde se asienta y es una de las muestras más puras del románico ribagorzano. En la inaccesible fachada sur, de cara al pantano, han colocado una enorme y estilizada cabeza de halcón en material reflectante que destella cuando incide el sol sobre ella, iluminando la ermita y su interior. Justo al otro lado del pantano, a la vista, en otra roca que se alza como la proa de un navío de piedra, está la ermita de  Madre de Dios de la Pertusa, accesible desde el GR-1 o desde Corçá y en el pueblo abandonado de Finestres, al sur de Monfalcó (a unas dos horas de caminata, pero accesiible en coche) la esotérica ermita de San Vicente, enclavada en el centro de las afiladas paredes rocosas de la llamada Muralla China de Finestres.

 

DATOS PRÁCTICOS

 

En cuestión de documentación y mapas, insustituible la guía del Montsec de Aragón y el de Ares (Cataluña) editada por Prames que incluye nueve detallados mapas de 1:40.000. La misma editorial ha editado dos mapas de El Montsec I y II (en el que se incluyen los mapas 1:40.000 de los tres Montsec: Rubies, Ares y de L'Estall. Los pueden encontrar en librerias espacializadas en excursionismo y para los lectores de estas tierras, en Octavi Serret, el librero de Valderrobres. Los que quieran pernoctar uno o dos dias en Montfalcó, el teléfono del Albergue de "Casa Batlle", es el 974562043. Los que escojan Ager o el Puente de Montañana, pueden acceder a los refugios excursionistas de ambas localidades. En los tres lugares es posible encontrar ejemplos nutritivos de la cocina  de la zona.

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4 abril 2013 4 04 /04 /abril /2013 09:00

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Exigente excursión de más de seis horas de duración, con desniveles acumulados bastante considerables pero con múltiples gratificaciones no sólo de tipo deportivo sino también estético. Bellísimos panoramas sobre toda la plana de la Franja, desde Horta de Sant Joan hasta Vallderrobres, pasando por Arnes y Cretas (al fondo Beceite y La Fresneda en los dos extremos). Vistas inéditas de los roquedales extraordinarios de Benet y subida por encima de la Roca Llisa, una pared vertical de más de doscientos metros de caída.

Salimos del Área recreativa de La Franqueta  por la pista que lleva al Mas del Quimet, masía restaurada donde está el Centro de interpretación del Paisaje. Seguimos el PRC-185 por el Coll del Llop hacia el Coll de Botana. Antes la pista dará muchas vueltas por en medio de pinares, carrascas y encinas, formando un bosque nada tupido. A la media hora de marcha más o menos llegaremos a la Fuente de Franxo (un tronco vaciado sobre el que cae un agua fresca y agradable de beber). Pasaremos por terrazas abandonadas de cultivo y árboles conjuntados con el paisaje rocoso, en ascenso continuo.

Despues de la fuente, la pista se convierte en sendero pedregoso rodeado por muralletas bajas de piedra seca que limitaban las terrazas de labor. En el Coll del LLop tenemos las primeras vistas de los Portellets a la derecha y más al fondo, a lo lejos, las cimas de los Rasos del Maraco.

Más arriba nos encontramos con las ruinas del mas de Franxo que domina sobre el Vall de Lliberós y la sierra de las Grosas con su muralla pétrea y la cresta de la Peña del Gall que iremos a buscar más adelante. El sendero se estrecha y pasa entre la arboleda hasta llegar al Coll de Botana y los corrales abandonados de Franxo, una ladera devastada por el cortafuegos que permite una visión magnífica sobre las montañas del macizo del Montsagre y, destacándose nítidamente la bifronte aguja sólida del Pic del Aigua.

En la pedregosa y ancha cima nos encontramos con un ciclista de montaña, Juanjo, que parece conocer muy bien la zona y demuestra una osadía y un vigor notables subiendo esos caminos con una bici. Sopla un viento incesante y nos despedimos pronto tras consultar los mapas. Bajamos por un sendero apenas dibujado que se lanza ladera abajo por entre boj, pinos negrales y matorrales floridos. Esa senda nos lleva al Coll de Membrado, a la pista que a la izquierda baja hacia la base de las Rocas de Benet y a la izquierda se lanza hacia el otro valle para morir junto al Mas de las Eres.excursiones-1882.JPG

Aqui hay dos opciones, bajar directamente por la pista hacia el comienzo del sendero que sube a las Rocas de Benet o, los mas atrevidos, internarse por un corriol que bordea las Rocas y sube porfiadamente hasta colocarse a su espalda y muy cerca del sendero de subida, a medio camino de la cumbre. Esta segunda opción tiene un tramo de subida por roca viva, una ligera grimpada sin dificultad y después el sendero va esquivando los precipicios de una forma osada, apenas un linea horizontal existente en la ladera de los precipicios (a veces hay que ayudarse con las manos asegurandose uno con ramas y arboles) hasta llegar aun altozano junto a las Rocas, con un descenso por tartera bastante delicado hasta dar con el sendero tradicional de subida.

Evidentemente hay que subir a las Rocas y ya saben mis lectores habituales que es una subida, y sobre todo bajada, bastante delicada por el tramo final, una hendidura en el macizo, de suelo desgastado, pedregoso y resbaladizo. Pero el esfuerzo y el riesgo valen la pena, como saben. Las Rocas de Benet es uno de los lugares mágicos de estas montañas.

Una vez realizada la magica visita a la amplia cima de Benet, bajamos el camino tradicional hasta la base de la pista y volvemos a caminar por ella hacia arriba, otra vez hacia el Coll de Membrado. A unos doscientos metros encontramos  a la derecha un sendero poco señalizado que se adentra en el bosque de bajada, abandonando la pista. Tenemos las triangulares grandes murallas de Les Gronses enfrente nuestro, con la cresta de navío de la Peña del Gall delante de ellas.

Hay una bifurcación y hay que estar atento. El sendero sigue bajando a la derecha y hemos de dejarlo para optar por el que sigue recto hacia la izquierda. El primero nos lleva tras una bajada brusca y larga hacia la base de la Peña del Gall y luego prosigue hacia el aparcamiento de la subida a las Rocas de Benet y la pista asfaltada de La Franqueta.

Seguimos por el sendero que hace frecuentes subidas y pequeñas bajadas de acercamiento, hasta colocarnos sobre la famosa Roca Llisa. Abajo vemos el Vall de Lliberos y la cinta azul de la pista asfaltada. El sendero llega a la cima y nos ofrece una vista magnifica sobre toda la zona.

Tras una bajada de  media hora por un sendero que es también cauce de aguas de fuentes ocultas, pasamos junto a la balsa de incendios y llegamos a la explanada del Monumento del Guardia Forestal. Una vez alli, cruzamos la pista asfaltada y bajamos al río dels Estrets que hoy baja tumultuoso . Debido a eso el paso cementado habitual está imposible de cruzar y hay que bajar al lecho del río y cruzarlo sobre piedras sueltas, con mucho cuidado y sin poder evitar mojarnos bastante. Al otro lado damos con el sendero balizado que lleva de regreso a La Franqueta, todo el tiempo paralelo al río. Rumor de agua en un sendero con un dosel vegetal. Excursión cerrada.

 

 

 

CÓMO LLEGAR

Ya sea viniendo de Cataluña o de Aragón, es preciso acercarse a Horta de San Juan y en la carretera que lleva de esta población a Arnes y Valderrobres, cerca de la gasolinera, parte la pista que se adentra en Los Ports para llevar, bien señalizada con carteles y flechas, hasta La Franqueta, justo por la base de las Rocas de Benet. Tanto los mapas de Piolet 1:30.000 de Los Ports, como el especifico de Port d'Arnes y los MTN de 1.50.000 de Horta de San Juan, pero sobre todo el de Estels del Sud de 1:25.000, más detallado, muestran bastante  bien el recorrido. Son faciles de encontrar en librerías de senderismo y en la muy surtida de Serret en Valderrobres.

 

NO SE PIERDAN

Esta excursión da para mucho. Tienen en Horta de San Juan y en Arnes un par de buenos sitios para comer (incluso enfrente a la gasolinera, en plena carretera, hay un restaurante muy apañadito). Piensen que decir Horta es decir Picasso. Desde La Franqueta pueden acercarse andando a la célebre Cueva de Picasso, una horita de paseo en total. Y en el pueblo, el Museo. También una visita al centro de Interpretación del paisaje es muy recomendable. A los más deportistas, les aconsejaría  que en el punto de la bifurcación de senderos ya citado en último lugar, opten primero por el de la derecha para ver de cerca la Peña del Gall y si se atreven tratar de subirla. Vale la pena.

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12 marzo 2013 2 12 /03 /marzo /2013 08:57

excursiones-9786.JPGUno de los caminos tradicionales de subida a pie al Monasterio de Montserrat, nace en Monistrol y lleva por nombre el Camino del Ángel (nombre de una ermita medieval reconstruída que se levanta ominosamente rodeada de chalets) a los pies de la Montaña sagrada. Subimos la trabajosa senda hasta el paso dels Degotalls con su dulce alameda de altares votivos de la Virgen levantados por pueblos de la comarca, llegamos al Monasterio y bajamos por el sendero de Tres cuartos hasta las afueras de Monistrol en  la zona del Torrente del Agua. Cuatro horas de paisaje majestuoso y de rincones de sosegada intimidad con un desnivel de más de 400 m positivos, subidas empinadas, pasos con cables y cadenas, senderos arrimados a precipicios y tarteras de roca descompuesta, restos de derrumbes de grandes rocas y avenidas de agua torrenciales. que descomponen el camino y hacen su tránsito resbaladizo y exigente.

Salimos del centro de Monistrol (hay un buen espacio de aparcamiento en la entrada del pueblo), dejando atrás la plaza de la fuente y subiendo por una  calle con un cartel que indica el Camí de l'Angel. Tras una subida permanente de diez minutos llegamos a la Ermita, a la derecha sobre un altozano, con la parte trasera tocándose con un chalet particular. Desde allí ya tenemos enfrente el fastuoso muro pétreo lleno de agujas y escarpaduras de la pared norte de Montserrat, con al gigantesco monolito del Cavall Bernat y la antena sobre Sant Jeroni, la cima más alta del macizo (más de 1200 m de desnivel desde este punto).

El sendero comienza a unos mettros de allí: una subida constante entre matorrales de monte bajo, flores silvestres y escalones de roca que va zigzagueando hacia las alturas montserratinas. A mano derecha se ve el Monasterio de Sant Benet, por el que habremos de pasar. El sendero, muy estrecho y a veces invadido por matorrales, de cara al abismo, otras veces ancho y bien señalizado, va alzándose pegado como una enredadera por los flancos de las grandes moles de roca y vegetación en un constante acercamiento a Sant Benet. Es este un monasterio de  monjas, con residencia incluida, de construcción moderna y aspecto magnífico. Hay que cruzar la carretera que lleva a Montserrat y dejamos atrás el lastimosamente abandonado edificio del antiguo hotel-casino que allí existía. Subimos por la "Baixada dels Matxos", siguiendo las marcas del PR C-19, amarillas y blancas, que a través de un bosque de coníferas y hayas nos hace subir un peldaño más hasta reencontrar nuevamente la cerretera de subida al monasterio. Ahora serán unos 20 minutos de caminar por el arcén, dispuesto con defensas para el paso de caminantes (como en el Camino de Santiago) cuyo único interés es la belleza aérea  de toda la plana de Manresa y el rio, la carretera subiendo sinuosa entre le vegetación, Monistrol a los pies y el tren cremallera que sube al monasterio.

LLegamos al punto, al otro lado de la carretera, donde comienza la subida del Degotalls, señalizado con un cartel. En este cruce, los mas osados o experimentados pueden optar por la subida al Monasterio por la Canal del Pou del Gat. Es una subida más difícil, con momentos de fuerte grimpada que desde luego la hacen también más divertida. En este caso llegaríamos al Cami del Arrel y a las marcas del PR C-19.

Pero volvamos al Camí dels Degotalls. Una vez llegamos, tras una subida ligera, a la siguiente terraza de esta excursión, nos encontramos con una alameda, flanqueada de tilos, cipreses, pinos y con innumerables capillitas levantadas por grupos excursionistas y pueblos y ciudades de la comarca en forma de exvoto para la virgen milagrera de Montserrat. El camino es un paseo de más de diez minutos que nos lleva hasta la parte de atrás del monasterio, justamente la zona privada de los monjes, los jardines interiores.

El Monasterio es en si mismo algo tan apartado del escenario habitual de un senderista y de la mayoría de los caminos del entorno, que recorren en una u otra dirección el macizo, que sorprende como un anacronismo: una especie de parque temático turístico-religioso rodeado de paredes de montañas graníticas. Debe ser uno de los pocos lugares donde en un mismo ambiente se cruzan mochileros y escaladores con grupos organizados de turistas cámara en mano, ristras de monjas o curas, colegiales ruidosos y personas en cumplimiento de promesas y votos religiosos, peregrinos de todo tipo y condición.

Nos vamos hasta la plaza del funicular de la  Santa Cova y bajamos por la pista de cemento que lleva a ese lugar de profunda tradición religiosa y espirtual.

Comenzamos de inmediato la bajada  del Monasterio (dejamos la amplia pista dementada, con unas vistas magníficas sobre el angosto valle que abre el rio Llobregat y que profundiza el desnivel dando a Montserrat una visualidad aérea que parece provenir de mucho más altura que sus modestos mil y pocos metros. Dejamos a mano derecha la ancha pista --que flanqueada de altares y cruces, algunos de gran valor artistico llevan a la Santa Cova), junto a unos carteles senderistas que, a la izuqierda, nos marcan la bajada hacia Monistrol.

Esta es abrupta y acompaña todo un sistema de enormes tuberías que bajan del Monasterio. El camino las acompaña en los primeros tramos, oscurecido el ambiente por una cúpula de arboles que apenas dejan pasar el sol y por el hecho de que descienden por la parte norte entre el bosque tupido de las laderas. Llegamos a un desvío. Se abre el paisaje en 180º.  A la derecha nos marca la bajada de los escalones hasta el deposito de agua y después la pista que lleva a Monistrol, o desde un recodo de la pista, un sendero que nos lleva junto a las tuberías (sendero del agua, le llaman) hasta unas viviendas sociales de principios del siglo XX, donde vivían los obreros de una fábrica textil, a unos cinco kms de Monistrol.

Seguiremos a la izquierda, por la llamada Dressera dels Tres Quarts (dicen que el tiempo en que un buen montañero puede bajar por allí  desde el monasterio hasta Monistrol) que sigue las marcas rojas y blancas del GR-96 (hay otro GR, el 5, que baja por el camino de las Aguas, ya citado). Se trata de una bajada muy variada, con tramos idílicos y otros salvajes, con rocas por doquier, trozos de sendero bastante inclinados con terreno descompuesto, y con un paisaje magnífico enfrente nuestro, con el valle de Monistrol, el rio Llobregat y las montañas de enfrente, una cadena montañosa no tan alta como Montserrat pero que guarda rincones y senderos muy interesantes.

Una vez llegamos a la pista, son diez minutos más hasta las primeras casas de Monistrol (alli nos encontramos con el GR5) y la bajada abrupta por un canal de aguas hasta el pueblo. De tres o cuatro horas en adelante, dependiendo del tiempo que dediquemos al Monasterio o a curiosear por la alameda de los Degotalls.

 

NO SE PIERDA

Realmente vale la pena dedicar varias horas a recorrer la gran explanada del Monasterio de Montserrat y muchas de sus instalaciones religiosas o artísticas. La basiíica del siglo XVI, con un claustro gótico del s. XV y las maravillas ocultas del Museo: para los aficionados al arte, la ocasión de conocer uno de los museos más ricos y poco conocidos, en pintura religiosa catalana de todos los siglos o modernos como Rusiñol, Casas, Nonell, Picasso o Dalí, y grandes maestros como Caravaggio o el Greco. La comunidad benedictina, al cuidado del monasterio desde hace más de mil años, está integrada por menos de un centenar de monjes. Resulta interesante entrar en la basílica por una portada del año 1939, para darnos de bruces con el atrio de l'abad Argeric (s. XVIII) y ver de inmediato la portada románica de la antigua ermita del siglo XII. Nueve siglos en tres pasos. La Basílica fue consagrada en 1592. Ya dentro del recinto merece una visita atenta la sala del Trono de la Madre de Dios, donde veremos a la famosa "Moreneta", llamada asi por el tono oscuro de rostro y manos de la talla, policromada de finales del siglo XII. Para los amantes de los libros sugiero una visita a la biblioteca (300.000 volúmenes, 400 incunables, papiros, manuscritos, pergaminos y documentos desde el siglo XIII a nuestra época.

 

DOCUMENTACION

Más que en otras excursiones, en las de Montserrat, es aconsejable nutrirse de algún que otro libro y mapa o guia para disfrutar más de lo que nos ofrece esta excursión. La Guia senderista de Monserrat, de Editorial Alpina es excelente y está actualizada. Las mapas de 1:50.000 de esa editorial o de Piolet, para senderistas o escaladores, cumplen todos los requisitos para conocer esta enorme caja de sorpresas deportiva que es el macizo.Por supuesto, a disposición de los lectores en librerías especializadas o en Serret de Vallderrobres. Puede aprovechar para comprar en el Monasterio un libro muy especial: "Caminant a Montserrat", de Ramon Ribera Mariné, editado por Publicacions de l'Abadia de Montserrat. .

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26 febrero 2013 2 26 /02 /febrero /2013 08:00

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Esta es una de las subidas tradicionales y más populares del montañismo catalán. El Puigsacalm es una bella cima de 1514 m a caballo sobre la zona de Osona, a pocos kilómetros de Vic y elevándose sobre la llanura de Olot, en plena Garrotxa. Vista desde Olot (norte) nos presenta una vertiente casi vertical con aspecto inexpugnable. La vertiente sur, sin embargo, es suave y se hermana con las montañas que la rodean. Por allí, en la collada de Bracons,  límte de las dos comarcas y provincias (Barcelona y Girona), comienza el sendero que discurre entre bosques de hayas con un desnivel de casi 400m (la collada está a 1132m). La puesta en marcha del Túnel de Bracons y la C-37 ha facilitado enormemente el acceso a esta montaña, ya que accediendo por el túnel --salida Sant Andreu  de la Bola-- se gana más de una hora al acceso antiguo.

Justo frente al estacionamiento del Coll, en un talud rocoso, están las señales del GR, así que se comienza con una grimpada (será la única que haremos) El sendero es sumamente agradable, casi todo el tiempo pasamos entre bosques de hayas. Hay algunos desniveles suaves (excepto el de la Collada de Sant Bartomeu, el de la Fuente Tornadissa y el acceso final a la cumbre) pero en general es un paseo agradable por senderos, sendas y pistas bien señalizadas. La belleza de los árboles, hayas, abetos, encinas, robles y su antigüedad y tamaño, el retorcimiento de troncos y ramas, dan un aspecto mágico a este recorrido que resulta totalmente distinto si uno lo hace en otoño o en primavera. En ambos casos es de una belleza esplendorosa. En esta ocasión, invierno, es quizá la subida más austera, con los troncos sin hojas como trazos grises en un grabado japonés y los mantones pardos de las hojas caídas alfombrando el camino. Prados de pasto extensos y de grandes desniveles, curvos espacios abiertos contra el cielo, bosques sombríos. Algo más de media hora para llegar a una subida fuerte alfombrada de hojas amarillo-naranjas, donde hay un desvio a la izquierda que marca "Al Pic de L'aguila"  y un cordel a modo de cancela para el ganado. A una hora de marcha, más o menos, llegamos a un cruce de caminos en el que el GR se despide bajando por la izquierda hacia Sant Bertomeu y Vidrá. Pasamos por una pista ancha que nos lleva cómodamente hasta la Font Tornadissa, situada en una umbría vaguada, bajo árboles centenarios, con una gran cubeta abrevadero para las vacas, cubierta de liquen . Es un buen lugar para hacer un descanso y llenar cantimploras. El sendero comienza allí una fuerte subida a cielo abierto y comenzamos a superar otra zona de pastos, los Rasos de Manter, que se extienden hasta otro bosque situado ya en las estribaciones del Puigsacalm. Superado el enorme prado, en las lindes del bosque hay dos indicaciones , una en madera y otra de hierro (que tiene cerca de cien años) que indica la dirección que hay que seguir para llegar a la cumbre, entre otras.

Hemos de seguir la linea de bajada y subida de las colinas, junto al bosque., sin penetrar en él (está vallado con estacas y alambre) hasta un punto donde a la izquierda vemos una cancela de madera. La abrimos (hay que cerrarla a nuestras espaldas) e iniciamos el ultimo tramo de la excursión, el camino de Les Olletes. Llegamos a un altozano desde, hacia el norte, contemplamos a lo lejos la linea de cumbres nevadas de los Pirineos. Es asombrosa la limpidez del aire y esta altura que posibilita que distingamos el Puigmal, el Bastiments y hasta el Canigó y el Pedraforca. Más adelante, en la cumbre, además de estos picos,  al sureste, podemos ver los macizos de las Agudas y el Matagalls. y a nuestros pies la Vall d'en Bas, uno de los paisajes más armoniosos de la región. Pero aún nos faltan unos minutos para llegar a la cima.

En un recodo del camino vemos un cartel que indica otra vía de acceso, por la derecha,  por el llamado  Camí o pas dels Burros que lleva hasta la cercana ermita de Santa Magdalena (también se puede ir a la ermita siguiendo el camino de la cima y desviándonos a la izquierda antes de inicar la subida definitiva). Pasamos un bosque de hayas y junto a un pequeño botiquin de  montaña instalado bajo un árbol, ya se puede contemplar, arriba a la derecha la cumbre del Puigsacalm, con la bandera catalana ondeando al viento. Hay que hacer una subida intensa de unos cien metros hasta llegar al cubo de cemento con la bandera y el cilindro geodésico. Hay un libro de firmas en su correspondiente cajetín y una enorme cruz de madera levantada a los cuatro vientos por un club excursionista. Mas o menos son dos horas de subida.

Existe una subida más corta --pero más expuesta con frecuentes grimpadas-- que se coge en un desvio a la derecha al comienzo del sendero, a cinco minutos del Coll, en el llamado Tossel Gros, que lleva por la linea de crestas por la Roca del Corb, el Puig de las Cibaderes y se une al camino que hemos hecho cerca del lugar donde está el descenso de los Burros.

El panorama desde la cima es espectacular hacia cualquier punto que dirijamos la vista y merece un rato de descanso, en el caso de que no sople el viento. En esta ocasión, hace un frío polar y el viento es considerable. Unas  nubes negras van cubriendo la Vall d'en Bas y ya ocultan los Pirineos por un lado y el Montseny por el otro. Hay que comenzar el descenso de inmediato ya que el camino se vuelve muy incómodo  y resbaladizo cuando llueve.

Pero antes de abandonar estas alturas es acosnsejable acercarse al Puig dels Llops (1486 m) que vemos desde aquí a mano derecha a unos doscientos metros, con su bandera flameando en la cumbre, un poco más baja. Desde él se percibe el enorme precipicio que se abre hacia la Vall d'en Bas. Los que tengan tiempo y más energía pueden bajar hacia la ermita de Santa Magdalena. Es una excursión que vale la pena, pero suma casi un par de horas al cómputo total.

 

DOCUMENTACION.

Conviene ir bien provistos de mapas. Uno para el  acercamiento a la zona y otro para el Puigsacalm. El Michelin 574 regional de Cataluña, Aragón y Andorra cubre todas nuestras necesidades de gran desplazamiento y el mapa-guia excursionista de la Alpina, E-25, Puigsacalm, Bellmunt, Curull, Llancers-Milany y Cabrera, los de esta excursión y las múltiples variantes que ofrece. Como de costumbre, facilmente adquiribles en librerias especializadas y los excursionistas de esta comarca los tienen en la Librería Serret.

 

NO SE PIERDA

En la zona del Puigsacalm, la capital Olot,merece una detenida visita (incluso algun dia de estancia) patra poder abarcar todo lo que la ciudad y sus alrededores ofrece. Olot está englobada dentro del espacio protegido del Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa, con más de 11.000 hectáreas de superficie, de las cuales 800 corresponden a los conos volcánicos mejor conservados, (los mayores son el Montsacopa y el de Santa Margarita) y la hermosa Fageda d'en Jordà. Otros lugares de encanto son los Aiguamolls del Adeu y el de la Moixina y el soberbio estilo modernista de muchísimas residencias y edificios de los paseos arbolados del centro de la ciudad, atravesada por el rio Fluvia. En el camino de regreso de la excursión, dirección  Vic, es aconsejable desviarse a mano derecha para visitar el santuario de Bellmunt, situado a una altura de 1243 m, por encima de practicamente todas las elevaciones de alrededor y visible desde el Pulgsacalm. Su silueta es reconocible desde toda la plana de Vic y el resto de Osona. Existe desde el siglo XIII y actualmente se ha remodelado y hay un restaurante y una hostería. El acceso puede hacerse andando, si nos quedan fuerzas (es una buena subida) o en coche, gracias a una pista asfaltada construida en los años 70. La belleza del entorno, el panorama y la posibilidad de una buena comida o de pasar una noche junto a a las estrellas, bien valen una visita.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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12 febrero 2013 2 12 /02 /febrero /2013 08:42

Uno de los caminos tradicionales más interesantes de esta bellísima zona del Matarraña y los Puertos es el que une el final de La Pesquera, en el río Ulldemó, pasando por Mas Gantxo y uniéndose al GR-8 en los altos de la Portella del Perot (1179m) y el barranco de las Marrades hasta llegar a medio camino de la pista asfaltada que lleva desde Beceite hasta el largo cañón, piedra y agua, que ha labrado el Mataraña en el Parrisal. Para quien no conozca esta zona privilegiada en belleza y soledades, se trata de un recorrido magnífico y sugestivo pues permite disfrutar de la zona de baños del Ulldemó en La Pataquera y después de más de tres horas de subidas y bajadas de gran desnivel (de 400 a 500 m), terminar la jornada con las sorpresas estéticas que esconde la garganta excavada por el Matarraña, con sus bellísimas pozas y pasarelas de madera fijadas a la roca sobre el agua esmeralda, sus pináculos surrealistas de roca y sus profundas cuevas y baumas. ¿Epocas preferibles?: primavera y otoño. En verano hay demasiada gente y en invierno hay que estar atentos a la meteorología. Es zona de vientos duros y de considerable frío. Dado que esta excursión no es circular, hay que acordar el uso de dos vehículos. Uno se deja en La Pataquera, el final del recorrido de la pista de Las Pesqueras, y el otro en la pista del Parrisal, ambas con origen en Beceite.

Empezamos la excursión en la pista asfaltada que va desde Beceite a El Parrisal (aunque podemos hacer el recorrido al revés y comenzar en el GR8 del Parrisal). Vamos paralelos al río, pasamos el recodo cementado donde comienza la abrupta subida al Fortín del general Cabrera, el "Tigre del Maeztrazgo", en ruinas, a 877 m. un buen lugar de vigilancia y hostigamiento, y un centenar de metros adelante, tras una bajada vemos el amplísimo estuario seco de roca desmenuzada del Barranco de las Marrades. Allí podemos dejar el coche. Unos metros antes a mano izquierda de la carretera, la senda señalizada del GR 8 se lanza monte arriba.

Caminamos un rato paralelos al lecho del barranco y luego habremos de cruzarlo y buscar la continuación pues las riadas han devastado el trazado original del GR. Haremos una subida por los restos de un camino medieval empedrado hasta llegar a un abierto valle donde, en pleno prado rodeado de colinas, está el Mas de García (desde allí tenemos una vista hermosa del fortin de Cabrera coronando la cima del monte). Seguimos paralelos a otro barranco, el Racó d'en Guera y dejamos a mano izquierda el acceso a la fuente de ese nombre y más adentro, el Salt. Cuando llegamos a la abrupta subida de la Costa de Baixeres y antes de comenzar el trabajoso ascenso por la tartera, una inclinadísima  pendiente de roca desmenuzada, veremos a la derecha la Mola de San Miguel (119 m) y a la izquierda el Tossal de Travesses (1151m). Son mas de 200 m. de desnivel que habremos de superar en una subida incesante que requiere paciencia y buen aliento.

De una hora y media a dos horas nos costará llegar al collado del Gantxo, tras cruzar lo que queda de las amplias ruinas del Mas de ese nombre. En el collado abandonamos las señales rojas y blancas del GR8 (que siguen al sureste hacia la Balanguera). Estamos en la Portella de Perot (hay una masía abandonada con unas vistas formidables sobre el valle del Ulldemó, muy abajo y encajonado entre brutales anticlinales de roca). Hay que estar atento a la corriola que surge a mano izquierda, desviandose del GR8, lanzándose hacia abajo.

Comienza la segunda parte del recorrido. El camino es estrecho y  con un fuerte desnivel de descenso. Las vistas sobre las formaciones rocosas de las Caragoles del Tall de Polí son formidables y pasaremos junto a las ruinas de otra gran masía. Cruzamos la Preseguera por un camino sin pérdida pero con frecuentes lazadas para suavizar el brutal desnivel (unos 400 m. hasta el río). Parte de la bajada la hacemos con las dentadas rocas de las Puntas de Mena (1054m) como fondo roqueño a nuestra izquierda, los humedales llenos de cañas de la fuente de las Carboneres y tras  casi una hora de descenso, el Mas de les Oliveres ya muy cerca del río Ulldemó. El lugar es bellísimo y el Mas conserva una seride de grandes árboles, entre ellos una encina gigantesca que da sombra a toda la edificación en ruinas. Caminamos paralelos al rio, que no vemos pero sí oímos, hasta llegar a una zona llana, terreno arado aunque no cultivado, desde donde hemos de cruzar, como podamos, la corriente de agua para llegar a la explanada de La Pataquera.

Allí mismo está el parking. Entre 4 o cinco horas de recorrido según los descansos, toma de fotos o paseos añadidos.

 

NO SE PIERDA

Antes de iniciar el sendero, en el Parrisal, conviene una breve excursión hasta el fortín de Cabrera. Un par de instalaciones militares en ruinas que hablan de épocas muy violentas y de la sombra trágica de un personaje de estas tierras, el general Cabrera, con toda su leyenda de batallas, emboscadas, venganzas y ajusticiamientos sumarios de civiles y militares. La vista de aguila desde las ruinas, con sus muros de defensa medio derrumbados, sobre las zonas circundantes y la población de  Beceite es formidable. La subida, excavada sobre la roca, es dificultosa pero vale la pena.

En cuanto al otro origen-llegada de esta excursión, La Pataquera, podemos seguir un estrecho camino paralelo al río (antes de cruzarlo, donde está el sendero de la excursión) y nos llevará, tras un paso con grimpada, excavado en la roca, hasta la Cova del Cinto. Una enorme cueva con muros y recinto interior, donde pernoctaban los pastores y ahora es un buen sitio para hacer vivac o resguardarnos de la lluvia.

 

DOCUMENTACION

Provéase de los mapas del MTN50 de Beceite (521) de 1:50.000 o los de 1:25.000 de la zona (el librero Serret tiene un buen acopio de estos útiles mapas) así como del mapa excursionista de "El Port", editado por Piolet o el de "Estels del sud" de 1:25.000 también de Piolet. Para completar informaciones, los "Itinerarios por los puertos de Beceite" de Jordi Bustos (Prames) y "Lo Port. 52 rutes de senderisme" de Joan J. Tirón (de Piolet)..

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7 febrero 2013 4 07 /02 /febrero /2013 08:55

excursiones-9554.JPGEl caminar es una travesía por el paisaje y las palabras. Y por el  cierzo enconado de picos helados. Ayer amaneció nublado y con un viento exigente que amainaba de pronto y renacía con estallidos breves pero contundentes. No era cosa de hacer senderos de mucha altura y aún menos que se alargaran en el tiempo. Debía ser algo breve, dos o tres horas a lo sumo, por zona no muy agreste, arbolada y en valle o planicie. Verlaine llamaba a Rimbaud, el caminante irredento, el "hombre de las suelas de viento". Ayer yo merecía ese calificativo. Conduje hasta La Portellada y me desvié hacie El Salt, el telúrico entramado de rocas erosionadas por el río Tastavins con su cascada casi siempre huérfana de agua. Con las últimas tormentas, en esta ocasión El Salt brillaba con un esplendor de aguas de plata y espumas de coral que se precipitaban hacia un lecho verde esmeralda. Desde la cascada caminé hacia el nordeste, dirección Vallderrobres, hacia las colinas. Cogí un sendero que subía lentamente, paralelo a un cañón, con el fondo cubierto de arbustos, espinos, boj y las florecidas matas de erikas con sus brotes de color rosa violáceo. Como dice William Hazlitt, "denme el claro azul del cielo sobre la cabeza y el prado verde bajo los pies, un camino sinuoso y una caminata de dos o tres horas" como una forma asequible de ser feliz. El sendero, muy estrecho y abandonado, debía ser senda de cazadores y cruzaba antiguos bancales de labor, ruinas de casas o cubiertas de ganado, entre un bosque de coníferas y boj, con alguna encina o carrasca aislada. Un silencio absoluto, en el que el ulular del viento entre las ramas de los árboles y los setos no hacían más que destacar la hondura de esa ausencia de ruidos. Ni siquiera un piar o aleteo de pájaros o ese murmullo quebradizo de algun animal pequeño escabulléndose por el montebajo. Siguiendo por instinto la dirección del barranco llegué a dar con una pista forestal de tierra, que por su  trazado debía ser el viejo camino tradicional que une Fuentespalda con Vallderrobres. Por tanto sólo tuve que dirigirme hacia la dirección de donde procedía, para llegar una hora y pico más tarde al punto de salida. Dos horas y media de caminata, con retazos de sol, muchas nubes pastoreando en el cielo y un viento que se hacía más intenso por momentos. Vuelvo a casa con la mente llena de luz, color, silencio y paz.

En otro plano de beneficio, la caminata también ha sido fructífera. He decidido escribir un artículo sobre varios libros que analizaban el hecho de caminar desde puntos de vista tan variados como la literatura, la poesía, la salud, la psicología o la antropología. Recordaba especialmente un librito de Stevenson sobre "El arte de caminar" que ya cuando lo leí, hace muchos años, me reconfortó, pues el creador de "La isla del tesoro" era un caminante consumado --a pesar de su escasa salud-- y amaba ese elemental ejercicio que consiste en dar un paso tras otro en una dirección, con los ojos abiertos al paisaje, los oidos encantados con el silencio o los ruidos de la montaña, el olfato aspirando aire puro y el perfume de flores y plantas y el tacto acariciando árboles o sujetándose a rocas. Como nos ocurre a todos los que amamos esa actividad, a todo lo anterior se añaden efectos positivos en el espíritu y en la mente. ¿Hay quien de más por menos? 

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29 enero 2013 2 29 /01 /enero /2013 08:09

Hace casi justamente un año (La Comarca 31 de enero de 2012) recorrimos el sendero que une Ráfales con Fórnoles, unos 9 kms con 120 m de desnivel positivo. Ya entonces les prometí que completaríamos el sendero vecinal que llaman "del agua" por pasar por fuentes (en la actualidad casi todas secas) y que tras llegar a Fórnoles se extendía según marca la tradición hasta el vecino municipio de La Portellada. En esta ocasión vamos a realizar el sendero completo que suma en total 16 kms, con una opción (un circular de 8km ) para visitar los poco conocidos y muy bellos "Estrets" de Ráfales. Dado que en total serían unos 24 kms. sugerimos el uso de dos coches: uno lo dejaríamos en La Portellada y con el otro nos iríamos hasta Ráfales, donde podemos comenzar a caminar. De esta forma haríamos la subida (120m positivos) hasta Fórnoles y desde allí una bajada de 260m negativos hasta La Portellada. Antes de partir hacia nuestro principal objetivo sugiero un pequeño circular por los Estrets de Ráfales (que comento en un despiece de esta página).

Desde Ráfales emprendemos el "camino del agua" en dirección a Fórnoles, asi llamado por la existencia de algunas viejas fuentes, la Vella o la Estopiña por ejemplo, en la que se aprovisionaban del preciado líquido los vecinos de ambas poblaciones. El sendero, que está señalizado, se inicia en las afueras del pueblo hacia el noreste, en un recodo del nuevo vial que lleva a la  carretera nacional. Vemos una flecha y un letrero que señala el sendero que sube por un barranco, dejando a nuestra espalda el caserío de Ráfales.

Atravesamos un bosque de coníferas, enebros y sabinas, alternados con campos de olivos y almendros, entre muretes de piedra seca. Hay algunas masías abandonadas y construcciones para resguardo de ganado o aperos de labranza. La caminata transcurre por lugares silenciosos, muy pocos cultivados, la mayoría invadidos por la maleza. El algunos tramos de  camino este deja su carácter de sendero y se convierte en calzada romana o medieval seguramente, realizada con cantos rodados y piedras de varios tamaños y protegidas por muretes de piedra seca semiderruida. Uno se pregunta por los que construyeron la calzada y cómo era el paso de ganado, caballerías y personas durante siglos hasta llegar al abandono que inauguró el siglo XX. Es una lástima que lugares como este --he encontrado muchísimos en estas tierras del Bajo Aragón-- no estén cuidados y sean promocionados como lo que son: un bellísimo ventanal a la historia.

Pasaremos por un desfiladero entre grandes rocas con el piso desmenuzado por los elementos, formando escalones que en otro tiempo fue calzada también. Subimos a un coll desde donde ya vemos parte de las casas de Fórnoles. Seguimos las señales blancas y amarillas del PR y vamos bajando entre pistas y senderos limitados por muros de piedra hasta llegar a la señal de madera que señala PR-TE 159 "A Fórnoles". Aún hemos de bajar un barranco, con numerosas baumas y oquedades en roca caliza y subirlo por un sendero empedrado hasta llegar a  ver la antigua cruz de término del pueblo, con Fórnoles enfrente nuestro y su gran balsa de casi dos siglos de antiguedad en la entrada. Podemos aprovechar el agradable lugar para hacer una parada y reponer fuerzas.

Para continuar subimos por las calles del pueblo hasta la balsa que hay en las afueras en la parte más alta, junto al barranco. Una señal de madera indica PR-TE 161, La Portellada. Bajamos por el barranco de la Estopiña y comenzamos un  descenso por un sendero empedrado en bastantes más tramos que el anterior . Es perceptible que se trata de un antiguo camino vecinal que tuvo gran movimiento durante siglos y que ahora está en desuso y lamentablemente poco cuidado.

Cruzamos por bancales cultivados, con olivos y almendros, por un sendero bien señalizado, hasta llegar al llamado Pla de Sensalt desde donde lanzamos una última mirada al caserío de Fórnoles, que se eleva a nuestra espalda. Tras unos minutos de sendero llegamos a una pista que atraviesa campos de cultivo y se extiende durante un par de kilómetros hacia el noroeste con aspecto de ser muy transitada por los labriegos, bien delimitada por muretes de piedra.

Seguimos un sendero entre árboles que inicia una subida por una pista semiderruida, llena de piedras pequeñas. Entramos después en una zona con grandes rocas, baumas de alguna profundidad y tramos empedrados bastante derruidos que evidenciaa un antiguo paso de ganado y caballerías.

Un par de kilómetros antes de llegar  a La Portellada, por un sendero en subida hay que estar atento para ver una señal que indica un desvío a mano derecha  para seguir una trocha de bajada que lleva al a famosa Cueva de San Antón, que se encuentra bajo una roca que le sirve de resguardo. El lugar es de una tranquilidad magnífica y un cartel nos avisa que esta ermita excavada en la roca, es una de las cuatro caracteristicas curiosas del pueblo de La Portellada y cita las otras tres: "un molino que no muele, un batán que no batea y un puente bajo el agua". Digno del Guinness. La ermita perteneció a la Iglesia de La Fresneda hasta 1784, fecha en la que La Portellada obtuvo categoría de pueblo.

Desde la ermita el camino va bajando rapidamente hacia el caserío de La Portellada por un sendero rojizo entre piedras calizas. El sendero cruza un par de granjas, el famoso batan, y sube hasta la carretera general, a un centenar de metros del pueblo, donde recogeremos el coche para ir a buscar el vehículo que dejamos en Ráfales. Vuelta al origen aunque más comodamente.

 

NO SE PIERDA

Los Estrets de Arnes, donde es fama que en una de sus cuevas se escondía el bandolero Floro, allá por finales del siglo XIX, son unas formaciones angostas, desfiladeros entre altos muros de granito y piedra caliza. Hay un camino circular de unos 8 km en total que se inicia en la parte alta del pueblo de Ráfales, junto a la calle Rafael Anglés y por un sendero empedrado lleva a una pista forestal que cruza el desfiladero, se adentra en un bosque de chopos, pasa por el Mas del Rallo y por una serie de campos de cultivo y acequias para dar la vuelta por una zona de pinos y carrascas y vuelve a la pista de entrada y al pueblo. El recorrido es de una soeldad, silencio y belleza deslumbrantes. Para terminar, tanto Ráfales como Fórnoles o La Portellada son pueblos que bien merecen una visita tranquila, créanme.

 

LIBROS Y MAPAS

Para los lectores de la zona, lo mejor es ir a la Librería Serret de Valderrobres y conseguir el mapa MTN50, numero 495 de 1:50.000, los libros de Rutas de Aragon y Red natural de Aragon, editados por Prames y dedicados al Matarraña. Jesus Avila Granados con su libro "Matarraña insólito" de Viena ediciones, añadirá encanto a la excursión. Es un material facilmente hallable en cualquier librería con una buena sección de senderismo.

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