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19 febrero 2022 6 19 /02 /febrero /2022 19:32

El agua es un elemento esencial de la vida. "El agua es vida y es de todos", pregonan desde la ONU a todo el planeta. Nuestro propio cuerpo tiene un elevadísimo porcentaje de agua y ello nos hace especialmente sensibles a su carencia. Los excesos y los abusos e ignorancias que provienen de la cultura irresponsable y consumista del siglo XXI, comienzan a producir los efectos perniciosos de dos fenómenos unidos entre sí, las sequías, la desertización creciente y los diluvios, con su secuelas de inundaciones y catástrofes. El deshielo progresivo en los Polos, el aumento del nivel del mar en todo el planeta y fenómenos contaminantes como la Gran Mancha de Basura del Pacífico que tiene una superficie superior a España, Francia y Alemania juntas, son alertas estimables para toda persona consciente. Para mentalizarnos del protagonismo natural en la vida del hombre de ese preciado elemento he escogido tres libros que simbolizan tres actitudes y puntos de vista interesantes, aleccionadores y, para mayor deleite del lector, llenos de una cierta sabiduría. Una actitud que que debería impartirse desde las guarderías en la educación de los hombres y mujeres de este siglo preocupante. Se trata de un ensayo, donde el viaje, la búsqueda y la mirada lírica, técnica o naturalista dan una pátina literaria muy atractiva. "Cómo leer el agua" de Tristan Gooley, que edita Ático de los Libros es el título que les recomiendo.

Tristan Gooley, que gasta sombrero a lo Indiana Jones, aunque cuando estuvo en Barcelona llevaba una gorra con cierto aire a la que usaba Sherlock Holmes en algunas películas antiguas, es un hombre-orquesta cultural y deportivo. A un caminante compulsivo como yo, le sugiere Gooley oleadas fraternales de sana envidia: no sólo por su magnífica forma física, sino por el acervo naturalista de conocimientos y experiencias. Nuestro hombre tiene en su haber un libro (aún no traducido), "Natural navigator" en el que tiende su mirada metafórica, atenta e inteligente a la vida humana en las metrópolis, aplicando parámetros filosóficos, biológicos, históricos, sociales y de supervivencia.

 Tristan, que rebasa un poco los cuarenta pero exhibe en su prosa un entusiasmo vital veinteañero y una noción básica de que en la vida es más importante el camino que el destino,  en su libro "Cómo leer el agua" nos cuenta que durante muchos años ha navegado y ha buscado e investigado sobre la relación del hombre con el agua, para asegurarnos que podemos llegar a "leer" en un charco de lluvia el lenguaje del líquido vital con tanta precisión como en el Pacífico o en el Ebro o en los colores de un arco iris. Como todo amante de la Naturaleza, Gooley nos habla de emociones, lirismo y espiritualidad asociados a las interminables llanuras ondulantes del océano, el fragor del arroyo de montaña o la calma zen de un lago en las cumbres suizas (con la sabiduría añadida de recordarnos que el auténtico reto, la prueba "del algodón" es sentir el mismo amor por el entorno mientras caminas por el Everest o lo haces por la bella y familiar montaña de tu pueblo).

Siguiendo a los polinesios, grandes navegantes pero también minuciosos observadores de todo lo que tiene relación con las aguas, de la enorme complejidad que oculta su soberana sencillez, Gooley nos va enfatizando “las singularidades, los signos y los indicios del agua en sí". Nuestro autor empieza por lo más banal, una gota resbalando por el cristal de una ventana o un vaso de agua en tu hogar o el charco que la lluvia ha creado en el borde de un camino (o nos habla del "petricor" ese inconfundible aroma que genera la lluvia al caer sobre el monte o los campos tras una temporada de sequía). Pasar de lo mínimo a lo máximo, del microcosmos escondido en un estanque hasta el macrocosmos del Atlántico y la relación de todo ello con la atmósfera, las nubes, las corrientes de aire, el calor del sol, el frío, la interrelación de todo en Todo y el frágil equilibro de nuestro entorno planetario, tantas veces violado. El mensaje ecológico de este libro no es autoritario y censor, no nos dice lo que "debemos hacer", lo que hacemos mal, toma un camino taoísta y muy inteligente: enseñemos a la gente a amar y respetar la Naturaleza, desde niños: no tardaremos en empezar a cuidar de ella de forma general e indiscriminada.  Este hombre, que ha cruzado dos veces el Atlántico, una vez en avioneta y otra en barco, está familiarizado con la presencia del riesgo y la muerte y los integra en sus actividades con la misma naturalidad con la que busca "pistas, señales y patrones físicos" en cualquier superficie de agua, quizá para gozar de la habilidad del "isharat" con la que los antiguos marinos árabes designaban el área de conocimientos que permite leer las señales físicas en el agua y que Gooley comparte con el lector en su libro.

FICHA

CÓMO LEER EL AGUA.- Tristan Gooley.-trad. Víctor Ruíz.- Ed. Ático de los libros.-2018. 424 págs.

 

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16 febrero 2022 3 16 /02 /febrero /2022 17:36

El autor de este libro, Máximo Gatta, es un bibliotecario profesional y erudito experto en  bibliofilia (como no es de extrañar) y sobre todo lector apasionado, colaborador en las principales revistas de Europa dedicadas a los libros y es director editorial de una firma dedicada a bibliografía, además de autor de artículos y libros sobre temas relacionados con los libros.

Durante la apasionante lectura de este pequeño libro de algo más de 150 páginas, más de la mitad ocupada por una bibliografía amplísima, estudios, novelas, relatos y análisis; artículos y números monográficos; catálogos. páginas web, y notas, amén de un prólogo de Luigi Mascheroni y un epílogo del ubicuo y ameno José Luis Melero, uno siente vibrar la fraternidad que une a todos los amantes de los libros. Y la simpatía -y el dolor- que provoca tratar de poner un cierto orden en los libros que uno tiene, que van generándose a mayor velocidad que la que usan en asentarse en su lugar. Es como una corriente viva, irregular pero constante, que va superando todos los órdenes y clasificaciones que tratamos de imponerle. Como dice Roberto Calasso, fundador de la editorial Adelphi y un notable autor de libros semejantes a éste, "el orden total es imposible, simplemente porque existe la entropía...pero como sin orden no se puede vivir, con los libros, como con todo lo demás, es preciso encontrar una vía intermedia". 

El recorrido por la bibliomanía y la bibliofilia a través de  autores conocidos desde Borges a Montaigne es uno de los placeres añadidos de esta lectura tan cercana a mi sensibilidad y a mis "problemas" con mi biblioteca. Como T.S. Eliot, uno de mis poetas preferidos,  a pesar de mis esfuerzos los libros se me escapan, huyen, se esconden y como él digo "tengo un cúmulo de libros tan variados, tan recalcitrantes a cualquier interno de orden, que cuando quiero consultar uno que sé que tengo, no consigo encontrarlo y me veo obligado a volverlo a comprar o a buscar en una biblioteca profesional". Aunque duplico con holgura los 10.000 libros de los que habla Mascheroni como la cifra "significativa" , no comparto la opinión despreciativa de ese autor cuando añade "por debajo de ese número no tiene sentido hablar de ordenar la propia biblioteca, es mejor dedicarse a la filatelia que ocupa menos espacio".  Bueno, mis libros, repartidos en tres casas, deben estar en torno a los 21.000, tirando a más y a pesar de mi duro trabajo ordenancista, ellos siguen una misteriosa dinámica propia que va superando todos mis intentos de orden. 

Pero eso provoca, como dice nuestro autor, un nuevo y renovado placer : el del reencuentro. De pronto, de una forma casual o mejor por sincronicidad junguiana, aparece el volumen que dias antes habíamos estado buscando desesperadamente. Es como el encuentro con el hijo pródigo. Uno tiene ganas de sacrificar un cordero para celebrarlo al estilo bíblico. En fin, el libro de Mássimo Gatta es una gozada que recomiendo a todos los "bilbiomaníacos" que me están leyendo.

Pertenezco al mismo mundo insomne de amantes de los libros que cita Massimo, desde gramáticos como Zenódoto de Éfeso: bibliotecarios como Gabriel Naudé; historiadores como Luciano Canfora; escritores como Jorge Luis Borges; editores como Roberto Calasso; y hasta diseñadores de moda como Karl Lagerfeld, a lo largo de la historia se han preguntado si es más adecuado el orden  o la desorganización igualmente ideal, de la propia biblioteca. Muchos nos hemos rendido al ‘horror vacui’, acaparando libros con poco control y amando ese desorden incontrolado  en la que a los libros les encanta jugar,como si se burlaran de su dueño para no ser encontrados, o serlo cuando ya no los necesitamos.  Es una lucha permanente y apasionante que sin duda perderemos pero a la que hay que prestarse, porque un orden, siquiera sea relativo,  debe obtenerse, simplemente para hacer viable la biblioteca y cumplir su misión: la de la lectura, el comentario o la escritura sobre ella, que es lo que promueve el libro.

FICHA

EL DESORDEN DE LOS LIBROS.- Massimo Gatta.- Trad. Amelia Pérez de Villar. Ed Fórcola.- 174 págs.

 

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15 febrero 2022 2 15 /02 /febrero /2022 12:58

Deberían hacerse públicos los nombres y merecimientos académicos de los funcionarios que han decidido eliminar la Filosofía en 4º curso de la ESO. Debe hacerse un análisis público de esa medida con profesores, filósofos en ejercicio, periodistas, y sociólogos. Y también otro de la deriva actual  de los estudios humanísticos, que parece propiciada por una mentalidad enfocada a la tecnología, el pragmatismo finalista de cara al mercado laboral, la cultura del mínimo esfuerzo y la igualación del alumnado por lo mediocre y no por la excelencia.

Eliminar la filosofía es penalizar el pensamiento crítico, ignorar la inteligencia y la facultad de entender y gestionar la propia vida, de adquirir un sistema de análisis basado en principios éticos y una percepción del Otro dentro de esquemas de solidaridad, colaboración y respeto. Estamos haciendo un país de “Letrasados”, es decir analfabetos verticales, que llegarán, inermes éticamente, a una Educación universitaria que privilegia las recetas neoliberales de gestión y estudios de mercado. Quizá tengamos buenos técnicos, que tal vez no sepan ser buenas personas. Allá en las profundidades de la crisis global sistémica está la crisis educacional, que influye en todas las demás de una manera indirecta pero eficaz. La filósofa Martha Nussbaum reflexiona sobre la relación entre educación y la crisis de la democracia: “en la medida en que se recorta el presupuesto asignado a las disciplinas humanísticas, se produce una grave erosión en las cualidades esenciales para la vida misma de la democracia”. Quizá aquí radiquen las “razones” que instigan a la supresión filosófica: limitar la capacidad crítica de los jóvenes para hacerlos ciudadanos mucho más manipulables.

¿De verdad las autoridades educativas creen que puede resultar rentable una generación de letrasados? ¿Que el creciente predominio del mundo digital y las redes, con su capacidad manipulativa, puede ser gestionado por mentes a las que no se les ha enseñado a pensar fuera de las vías trilladas de la “tele-drogodependencia” y del brillo hipnótico de las pantallas de móviles u ordenadores? Decía Bergson que  “la filosofía da al ser humano la capacidad de retirar el velo que el hábito teje entre nosotros y la vida”. La filosofía enseña a pensar y a vivir. Así ha sido en los últimos treinta siglos como mínimo. ¿Y no es ese, uno de los más importantes fines de la educación?

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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11 febrero 2022 5 11 /02 /febrero /2022 18:24

Entre las secuelas alarmantes del cambio climático generalizado, está el cambio climático oceánico que ya empieza a producirse indirectamente por el deshielo polar y los excesos de calor y CO2.. La conservación de los fondos marinos -con su fauna y sus minerales-  empieza a cuestionarse debido al crecimiento productivo suicida del capitalismo salvaje neoliberal. La voracidad empresarial  y la creciente necesidad de materias primas, ha sido el modelo que justifica el esquilmado de  la tierra y de la atmósfera: ahora se enfoca a la superficie de los océanos y los fondos marinos. Los océanos están a disposición de la codicia humana para que cerremos el círculo de la destrucción planetaria.

En estos días, desde el miércoles 9 al viernes 11, se está celebrando  a bordo de un gran buque amarrado en el puerto de Brest, en la península francesa de Finisterre, una cumbre a la que asisten líderes políticos, representantes de gobiernos, científicos  y defensores de los océanos con el fin de frenar los intentos de explotación minera del fondo oceánico que ya están planteando determinados grupos empresariales.. Se trata de cubrir la insaciable demanda industrial y comercial de materias primas y minerales raros, que empiezan a escasear en los yacimientos terrestres.

Los océanos absorben el 90 % del exceso de calor y el 25 % del dióxido de carbono que producimos años tras año. Pero esa función protectora tiene sus efectos sobre las corrientes oceánicas, los peces y criaturas marinas, el plancton y hábitats como los corales donde se refugia el 25 % de la biodiversidad marina. e incluso la composición química del océano cambia por el exceso de CO2, lo cual afecta directamente a moluscos y crustáceos.También tengamos en cuenta a los tres mil millones de personas que dependen de los océanos y los de las poblaciones costeras amenazadas por el aumento de nivel del agua debido al deshielo en loas zonas árticas.

Hay ya una serie de acuerdos internacionales para la explotación de los fondos marinos como el Convenio de Wellington, unido a un proyecto de Código Minero que se estudia en la ONU y cuya puesta en marcha trató de frenar el Protocolo de Madrid de 1991 y ahora quizá la conferencia de Brest, donde se podría formar una coalición de países que se oponga a los proyectos de minería en los océanos, a través de un Convenio sobre la Diversidad Biológica  y un Tratado sobre la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad marina, que fueron aplazados por la pandemia.

La explotación indiscriminada de los fondos marinos sería el fin de los ecosistemas de las profundidades marinas y un mazazo más a la supervivencia en el planeta de un número ingente de especies animales, incluida la nuestra. El oceanógrafo y experto en vida submarina, Rémi Parmentier, cofundador de Greenpeace, sugiere un cambio de percepción política y empresarial sobre la supervivencia de los océanos. Por ejemplo, asumir que la protección de los océanos sea la norma y no la excepción: por tanto la carga de la prueba de validez operativa y daños controlados sea exigida a los que pretenden mercantiizar y explotar el fondo marino, no a los que defienden su pureza y seguridad. No se podrían autorizar tales explotaciones sin la debida evaluación de sus impactos ambientales. Se debería, como es lógico, estudiar procedimientos de evaluación eficaces y respetuosos. Y, en relación con el peligro más inmediato de acción incontrolada en un hábitat marino, el de la Antártida, pasar a debate público mundial las amenazas que se ciernen sobre la vida en el continente antártico, a pesar de haber sido declarado reserva natural de la biosfera en la Conferencia de Madrid de 1991.

Ahora nos jugamos otra de las cartas más valiosas del cambio climático, cuyos efectos ya estamos empezando a notar en todos los países, de forma irregular pero evidente. La dialéctica codicia- supervivencia tiene muchos frentes. Sólo el sentido común, la solidaridad y la cooperación entre todos los países podrían dar con una superación de tal dialéctica. Y eso, por el momento, suena a quimera.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

 

 

 

 

 

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9 febrero 2022 3 09 /02 /febrero /2022 11:39

LOGOI 238

ASISTENCIA PRIMARIA

Tengo amigos médicos trabajando en la Asistencia Primaria. Me hablan del desafío y cansancio que les supone. Me quedo perplejo. No sólo los que trabajan en capitales o poblaciones grandes, incluso en el mundo rural. La asistencia primaria es la cenicienta del sistema sanitario, siendo como es la primera trinchera del sistema junto a las urgencias y las Ucis en el rango hospitalario.

Algunos datos procedentes de informes oficiales (Ministerio de Sanidad) o de asociaciones profesionales de médicos o enfermeras (SATSE, Sindicato de enfermeras) e incluso de centros internacionales como  Medicos Mundi o Amnistía internacional, ofrecen un panorama desolador. Uno de esos doctores me dijo: “El problema es que no hay voluntad política –ni presupuestos- para resolver una crisis sanitaria que vamos arrastrando desde el 2008”. En esos años dejaron de aplicarse, casi 2.000 millones de euros en la atención primaria. Seguramente, como ésta es más difícil de privatizar, resulta más provechoso para la administración dedicar sus fondos al sector hospitalario, que tiene mayor proyección mediática.

El recorte de plantillas en la A.P. provoca que sólo se ha repuesto el 20% de las jubilaciones producidas (pero esperen, en cinco años, se jubilará el 40% del personal sanitario) y su precariedad y dureza laborales hacen que, por ejemplo haya un exceso de temporalidad, que casi tres mil enfermeros/as estén en las listas del paro y se sigan rescindiendo contratos en plena pandemia. O que los médicos residentes cuando acaban su residencia en primaria salgan de estampida a empleos más fructíferos y menos exigentes. El Plan de Acción de Atención Primaria y Comunitaria de diciembre pasado, tiene buenas intenciones pero cero presupuesto. Mientras, los plazos de demora de la asistencia en los centros de salud van aumentando. Y en el Plan de Recuperación por la pandemia no hay fondos para la A.P.

Estamos en la cola de Europa. La ratio de médico de familia por cada 1000 habitantes, en España, es de 0,77 (Portugal tiene 2,63 médicos) y en enfermería la ratio es de 0,66. En total, faltan más de 15.000 enfermeras en España. Sanidad y Educación son los pilares del Estado asistencial. Pero no hay dinero. ¿De veras? Para pagar nóminas de  la abultada, excesiva, clase política y funcionarial general y autonómica no parece faltar.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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6 febrero 2022 7 06 /02 /febrero /2022 10:09

Julian Barnes es uno de los autores británicos de la brillante generación de la segunda mitad del siglo XX que junto a Amis, Le Carré, Mc Ewan, Graham Switz y algunos otros, han invadido nuestra bibliotecas y nuestra pasión de lectores. Le descubrí con "El loro de Flaubert", una cáustica e irreverente fórmula de ensayo literario crítico, con la ironía de Sterne y la mala uva de Swift (Jonathan), después vendrían, entre otras, "El sentido de un final"  divertido y patético análisis del miedo a morir y la soberbia "Arthur & George" sobre un episodio real en la vida de sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes.

En este libro que nos ocupa, Barnes se supera a sí mismo y entabla una suerte de relato personal de búsqueda de la urdimbre histórica en torno a una figura real del siglo XIX, el doctor Pozzi, amigo y médico de las grandes celebridades sociales, artisticas, literarias y científicas y un ilustre desconocido en nuestros tiempos, excepto por una razón, haber sido pintado por John Singer Sargent, uno de los grandes retratistas de la época, en una obra llamada "El hombre de la bata roja".

Hemos de llegar a las dos terceras partes del libro (página 189), para que Barnes nos cuente el por qué de su elección de protagonista: "Mi primer encuentro con el doctor Pozzi, ocurrió por medio de la formidable imagen de Sargent. La etiqueta del cuadro me informó de que era ginecólogo. No me había topado con él en las lecturas sobre el XIX francés. Después leí en una revista de arte que no sólo fue el padre de la ginecología francesa sino también un 'incorregible adicto al sexo que habitualmente intentaba seducir a sus pacientes femeninas'. Barnes no acepta ese juicio y comienza a investigar al doctor Pozi del cual "no existe ni una sola queja formulada por ninguna mujer contra él. Ni una reclamación judicial, ni un escándalo" Barnes hace un asombroso escrutinio de diarios de la época y libros de gente famosa dada al chismorreo (el "Journal" de Edmond de Goncourt, el célebre editor, por ejemplo, sólo habla de débiles pruebas de posibles devaneos. Y, se pregunta: "¿con que autoridad lo juzgamos?".  Y a partir de ese punto el libro es un apasionado viaje por los amigos de Pozi, los hallazgos médicos y práctica profesional de calidad más que superior, su amor a las mujeres y su vida familiar, su proverbial discreción ( la actriz Sarah Bernhardt, amante suya durante medio siglo, ni lo menciona en sus memorias). Como escribe Barnes: "las biografías son un conjunto de agujeros atados con una cuerda y en ninguna parte eso es más evidente que en la vida sexual y amorosa".

Barnes es un maestro consumado en este tipo de trabajos imbricados en la historia, en personajes reales. Logra hacernos atractivo el largo rodeo, las investigaciones y los hallazgos en torno a la época y las celebridades que rodearon al médico francés, jefe y compañero del padre de Proust. Ya desde el mismo comienzo del libro: "Un príncipe, un conde y un plebeyo, franceses los tres, llegaron a Londres en 1885 a la busca de "adquisiciones intelectuales y decorativas". Los dos aristócratas eran homosexuales o, como se decía entonces, "de tendencias helénicas". El plebeyo, doctor y reconocido coleccionista de amantes femeninas. Y portaban una carta de recomendación de uno de los mayores pintores de su tiempo, John Singer Sargent, que les permitió ser recibidos nada menos que por el escritor Henry James que ejerció de cicerone por la megalópolis inglesa. ¿Sus nombres? El príncipe Edmond de Polignac, el conde Robert de Montesquieu (bien conocido por los lectores de Proust) y el doctor de apellido italiano Samuel Jean Pozzi. El hombre de la bata roja."

Con Barnes vivimos una época en la que se desarrolla el juicio al militar francés judío Dreyffus, el "caso" que dividiría al país, la condena a Oscar Wilde, el comienzo de la publicación de la saga de Proust y comienza a perfilarse el escenario que daría lugar a la Gran Guerra, el horror de la I Guerra Mundial, mientras se vive la "decadente, vertiginosa, violenta, narcisista y neurótica". Belle Épocque",  En resumen, un libro muy recomendable, no sólo para admiradores de Barnes, sino para los interesados en conocer una época extinta e irrepetible, y una persona, de gran talento y valía, ignorada por la posteridad, el doctor Pozzi, al que  nuestro escritor considera "una especie de héroe", argumentando su opinión de forma convincente.

FICHA: EL HOMBRE DE LA BATA ROJA.- Julian Barnes. Trad. Jaime Zulaika. Ed. Anagrama.302 págs.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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1 febrero 2022 2 01 /02 /febrero /2022 11:47

Logoi 237

SESGOS

Demócrito y después Epicuro, filósofos griegos ponían la “euthymía” o buen ánimo, placidez y sentido del humor, como el máximo logro del sujeto que piensa. Hoy día, entre las amenazas bélicas, la pandemia, la inflación y la subida de tipos de la Reserva Federal de EE.UU. y del BCE, resulta casi heroico ser optimista. Hay que empaparse con las obras de Yuval Noah Harari o de Hans Rossling  para superar el abatimiento.

Sin embargo hay un sesgo de confirmación pesimista en esa acumulación de horrores, como lo hay en el optimismo militante del “buenismo new age” al son del “hare krishna”. En psicología cognitiva se llama “sesgo de confirmación” a la tendencia inconsciente del individuo a buscar nuevas informaciones que confirmen las ideas preconcebidas de uno u otro signo que el sujeto mantiene, al tiempo que evita y niega sin reflexión las informaciones que contradicen dichas ideas.

Hay un gran temor a la inestabilidad en burgueses, altos ejecutivos y la pequeña burguesía, entre los empleados, obreros y trabajadores de oficio o de servicios. Una clara falta de esperanza en la mayoría de los jóvenes que les lleva al nihilismo emocional y un sector en los últimos escalones de la sociedad del bienestar que roza la desesperación. Esto es el sesgo pesimista.

¿Y el sesgo que produce la “euthymía”? Los que leen el problema bélico con Rusia como un desafío controlado. Nadie en su sano juicio, incluidos Putin o Biden (que podrían no estar dentro de ese grupo) entraría en una guerra que hundirá la economía del mundo desde Washington a Moscú, Berlín, Paris y Pekin (el gran acreedor-inversor internacional que, en caso de guerra, no podría cobrar sus intereses). Los que mantienen que la revolución tecnológica va a crear un mundo más limpio, sostenible y enriquecido y de alguna manera lo está haciendo (sólo que olvida repartirlo equitativamente). Por tanto se está creando producción y riqueza y tenemos el nivel tecnológico suficiente para  resolver los problemas del planeta, incluso la pandemia o el caos del clima. Es cuestión de tiempo comprender que eso sólo es posible si colaboramos todos y el bien está solidariamente repartido. Eso produciría “euthymía”, sin duda.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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30 enero 2022 7 30 /01 /enero /2022 13:09

Una de mis sorpresas más agradables en este año que comienza ha sido descubrir a una periodista como Yayo Herrero. La seguía habitualmente en sus artículos publicados en la revista digital "Contexto", a la que estoy suscrito. Ahora he leído de un tirón su libro "Ausencias y extravíos", en los que juega con las palabras con la habilidad de un mago del léxico y de la reflexión. Hay una lógica amable y un racionalismo poético en las imágenes y propuestas filosóficas de esta ecologista militante que defiende sus ideas apuntando un objetivo que compartimos muchos de los esforzados plumíferos y pensadores del momento: le necesidad de convertir la ética en una característica política y social de obligado cumplimiento

Como dice Santiago Alba Rico (oigan, no se pierdan el libro de este señor "Ser o no ser (un cuerpo)") en su brillante prólogo: "el libro se propone hacernos sentir dolorosamente esas ausencias como única vía para rescatar del extravío la cordura común". Teniendo en cuenta  que vivimos  casi todos entre "la indiferencia y el estupor" los seis capítulos del libro de Yayo, con la máxima claridad y la máxima belleza nos cuenta que "si se pierde la gravedad, se pierde el equilibrio; si se pierde el miedo se pierde también el valor; si se pierde vida el horizonte se pierden las matemáticas; si se pierden los vínculos se pierde el conocimiento; si se pierde la memoria se pierde la imaginación y si se renuncia a la responsabilidad se renuncia a la esperanza".

Esto suena a crucigrama vital y en cierta forma lo es porque lo que está en juego es un aserto que inquieta por su definitiva racionalidad: si se pierde la ética entre las personas, la supervivencia  de nuestra especie está en peligro y sólo hay que estar atento para comprobarlo con lo que pasa en torno nuestro (y en nosotros mismos). Y la pandemia está siendo una escuela de aprendizaje de la que hacemos escaso uso y provecho. "Grandes conglomerados mediáticos implementan algoritmos para que compres más, para que votes más, desconfíes más u odies más... Muchas horas al día tu atención está atrapada en los estímulos que lanzan sujetos con intereses que rara vez coinciden con los que seleccionaría un cerebro pendiente de la supervivencia en tiempos de crisis ecosocial" (pág.82) Y una frase como recuerdo: "la impunidad de la gente mala es el excremento de la memoria". Y otra como advertencia: "vivimos un momento marcado por el exceso de culpa y la ausencia de responsabilidad".

Un libro digno de ser releído más de una vez. No más de 114 páginas sin desperdicio.

AUSENCIAS Y EXTRAVÍOS.- Yayo Herrero.- 114 págs.  Escritos Contextatarios. Ed. Libros en acción

 

 

 

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28 enero 2022 5 28 /01 /enero /2022 15:41

PUBLICADO EN LA COMARCA 200122

Hacía tiempo que en el hervidero de la política internacional no se desenmascaraba tan claramente la  mediocridad de los líderes que están en los lugares de máxima decisión (alguna responsabilidad tenemos de que estén ahí, no se crean). Con una falta de sensatez y de memoria abochornantes, tanto el Nuevo Zar, Putin, como el presidente Biden  y el algo belicista secretario de la OTAN, Jen Stoltenberg, hablan conjunta y frívolamente de GUERRA (hay necios que le añaden “NUCLEAR”). Europa, con la reticente postura de Alemania y Francia -que separadamente instan al diálogo con Putin y apoyan una desescalada inmediata- sigue en su carácter de “invitado de piedra”  y  ese “coleguismo” del resto de los europeos… Mientras, en las altas esferas, se desarrolla una partida, no de ajedrez, de estrategia o de billar de fantasía, sino de trileros… donde siempre hay trampa, disimulo y superchería. Los actores principales: Biden, con el espectro del Comendador Trump vociferando en la antesala y cierto cansancio  que le hace parecer débil e indeciso, reiteradas meteduras de pata ante la prensa y unas vergonzantes bravatas de guerra civil en el ámbito populista (que la sociedad USA recibe sin rechistar). Y el segundo, Putin, una especie de sátrapa oriental que ha asumido la utópica labor de intentar reconstruir la Unión Soviética y que tiene un peligroso complejo de revancha ante la humillación de la pérdida del Imperio y de la falta de apoyo y tolerancia que occidente mantuvo ante el hundimiento de la URSS. 

Para Putin, sus pretensiones sobre Ucrania, el grifo del gas como chantaje, su poderío militar evidente y sus “lógicas” exigencias de poder sobre los países de su “zona de influencia”, es un “pack” a respetar por Estados Unidos, la OTAN y Europa. La lógica histórica de lo que pide es aplastante, si se tiene memoria del pasado. Las piezas bélicas que ha movido su gemelo hegemónico norteamericano durante todo el siglo pasado, desde Panamá a Cuba o Chile, Vietnam, Afganistán o Irak eran replicadas con el mismo desparpajo por Moscú en sus países satélites y en sus intervenciones ocultas. Ante este tablero de juego, hay que desechar el sesgado tópico occidental: Putin no es el –único- malo de la película. Ni tampoco Biden y la OTAN son los buenos, pese a ser “los nuestros”. En política no hay malos ni buenos, sino pragmáticos y populistas. A pesar de Aristóteles, no hay criterios éticos fiables para calificar a los políticos en la realidad (con la excepción de ciertos psicópatas históricos que todos conocen). La manipulación y las falsedades informativas están a la orden del día y cuanto mayor es la crisis, son más obtusas y aberrantes. Se tiende a un maniqueísmo simple que complace a las mayorías. Así no tienen que pensar.

El presidente Biden y la OTAN, su mano armada en Europa,  a día de hoy, no han variado sustancialmente su postura. Recordemos  el 20 de enero un Biden diciendo a la prensa una frase histórica “Espero que Putin sea consciente de que se encuentra no muy lejos de una guerra nuclear”. Aunque advertido de la enormidad de lo dicho, lo  retiró y sugirió que Ucrania, como estado soberano (sic), es la que ha de decidir si quiere entrar en la OTAN o no, y ante el puñetazo de Putin en la mesa, movió su cubilete de trilero y bajó el tono para reconocer que el tema de la entrada de Ucrania en la OTAN “no está en la agenda” y hay que hablar de desnuclearización del problema. Como ven una coherencia de alto estadista, que ayer volvió a negarse a aceptar en su totalidad las peticiones de Putin. Lo cierto es que las dos partes del conflicto intentan saber cuál es el límite que no deben sobrepasar. Pero de momento, vuelven a insistir en la vía diplomática para una negociación en la que las partes siguen enrocadas en sus posturas mutuas. Mientras, en Europa parece que no lo tomamos demasiado en serio (como pasó con la I Guerra Mundial), pues estamos ocupados pensando en cómo sobrellevar pandemia, crisis económica y crisis energética.  Pekin, apoya a los rusos y se frota las manos, aumentando su poder financiero y su expansión económica por todo el mundo, mientras sus rivales hegemónicos se pelean. Y  España, meneando la colita, envía un par de fragatas como aporte al juego y muestra de que estamos por la labor (de cara a la cumbre de la Alianza de Madrid, en junio). A ver si tenemos contento a Biden y se digna darle cancha a Sánchez.

Ucrania se perfila como un posible “casus belli” que de ninguna manera se va a circunscribir a ese país, ya que Moscú la incluye como una pieza más dentro de sus “líneas rojas” de seguridad. Y el conflicto, advierte, creará una “incómoda realidad económica y de seguridad para Europa”. Por otro lado la aplicación de “castigos severos”, medidas económicas y restricciones de tipo fiscal y bancario, por parte de la UE y Washington (que añade cerrar las exportaciones de microchips y material tecnológico,) suena a coro de tragedia griega antes de pegarse un tiro en el propio pie. Dinero, inversiones y balanza de pagos forman un techo de cristal que compartimos todos en occidente. Sin olvidar los mordiscos financieros y económicos de la pandemia, que sólo parece estar lucrando a China  y al consorcio farmacéutico, o el suministro de gas y petróleo. Además Rusia ya se está aprovechando de las diferencias que existen entre los estados europeos (por ejemplo, sobre el paso del gasoducto Nord Stream  2 por Alemania) usando la cicatería del chantaje y la activa labor de los “hackers” rusos muy ocupados esparciendo “fakes news” y alarmas por el internet occidental.

El nudo gordiano de la crisis es simple: un nuevo diseño de la seguridad europea en el que Rusia se reserva un área de control propio sobre una serie de países de su “área de influencia” y exigiendo que otros, Finlandia, Suecia y algunos países bálticos, por ejemplo, no se conviertan en cabeza de puente de la OTAN en caso de conflicto con Moscú. “Es hora de que la Alianza retorne a las fronteras de 1997”, dijo un negociador ruso, con una referencia no explícita a Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Chequia, Eslovaquia, Hungría, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Rumanía y Bulgaria. Y en el lado de Moscú está la memoria viva del golpe de Estado apoyado por Washington y Europa que derribó un gobierno pro ruso en Ucrania en 2014.

En el fondo nadie quiere una solución bélica. Pero Putin, dominado por su sueño de desandar el pasado y volver a la gran Unión Soviética, un cambio global geoestratégico que es un imposible categórico para occidente. Esto nos lleva a un callejón sin salida. Putin está “trileando” con el miedo justificado a la guerra, dando a entender que está dispuesto a desafiar al destino, aprovechando el momento estratégico de la debilidad intereuropea, las divisiones (Alemania, Francia, Reino Unido), la disminución de poder norteamericano (tras la sangría de Trump y la fractura interna del país) y la  amistad con China que observa satisfecha –mirando a Taiwan- un posible cambio de política geoestratégica de Estados Unidos  hacia Europa en lugar de hacia el eje Indo-Pacífico.

Quizá el planteamiento ruso pueda ser algo más que un farol. Ya que aunque el proyecto de acuerdo ruso propuesto a Estados Unidos acaba de volver a ser rechazado, debería ser analizado con cuidado por Europa  ya que hay puntos bastante razonables (aunque no tanto para Washington o  la OTAN): las partes no deben emprender acciones que afecten a la seguridad del otro; las alianzas militares de las que forman parte, deben adherirse a los principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas; las partes deben abstenerse de desplegar armas nucleares fuera de sus territorios nacionales y repatriar a su territorio las que ya tengan desplegadas; no deben entrenar al personal civil y militar de los países no nucleares para usar armas nucleares, ni realizar maniobras que contemplen el uso de armas nucleares; que la Alianza  cese su propósito de ampliarse hacia el Este, es decir, Ucrania y Georgia; que garantice que no estacionará baterías de misiles en países fronterizos con Rusia; que se abra un diálogo serio entre Este/Oeste en materia de seguridad…

Para Europa sería una ventaja apreciable que se aceptaran y firmaran estos puntos, sobre todo la renuncia a las armas nucleares y el estatuto de neutralidad para los países del Este. Lo malo es que Europa no es un interlocutor necesario para los trileros. Una vez más, es una partida de poder hegemónico entre dos países líderes históricos, condenados por su propia necesidad de prestigio, interior y exterior, a hacerse trampas continuamente. Los dos tienen el suelo movedizo bajo los pies: Moscú está expuesto a revueltas en su territorio, a causa del estancamiento económico, la desigualdad y el abuso oligárquico o el sistema de poder elitista... Como Washington lo está, por la posible vuelta de Trump, que debilita a Biden y los problemas sociales adyacentes. Quizá ambos han dado con la clásica maniobra: un conflicto exterior para ocupar al pueblo y que se olviden de los problemas en casa. En puridad los dos grandes actores del drama, deberían comprender y respetar sus mutuas debilidades y dejar de jugar un juego hegemónico obsoleto e inaceptable que puede llevarnos a todos al desastre.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

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25 enero 2022 2 25 /01 /enero /2022 16:35

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PARIAS DIGITALES

La tecnología transforma a los ancianos en “parias”, en seres fuera de  la “normalidad” digital, prescindibles a causa de una “infracción” básica: tener muchos años y seguir vivos. Nacieron en una época analógica en la que los ordenadores sólo aparecían en las novelas de ciencia ficción y han de vivir en una sociedad acelerada hasta el paroxismo donde no hay tiempo para atenderles con la educación y el respeto que se merecen. Con una estupidez ética que ofende al concepto de humanidad, bastantes empleados de los bancos, de muchas instituciones públicas, municipales y estatales o empresas privadas no tienen en cuenta que vivimos una época de transición y que hay un amplio sector de la población que carece de preparación informática.

¿Se han encontrado alguna vez con un anciano perplejo, asustado e indignado, ante un cajero automático, incapaz de resolver problemas “elementales” de interacción? ¿Han percibido la absoluta falta de educación, amabilidad, comprensión, paciencia y sensibilidad de muchos atareadísimos empleados de los establecimientos públicos hacia algún o alguna anciana que confiesa, entre avergonzados y atribulados, que “la máquina” se les ha quedado la cartilla, que no entienden los formularios que se les piden, que no “les sale” en la pantalla lo que esperan…etc?

La ministra de Economía, Nadia Calviño,  hace unos días exigió oficialmente a los bancos que presenten propuestas para mejorar la atención a la personas mayores. En este país los nativos tecnológicos siguen siendo una minoría: la generación digital tiene menos de veinte años, los que les seguimos hemos aprendido por necesidad laboral. Sin embargo se ha “instituido” el trato vejatorio, la discriminación y los obstáculos cotidianos a los ancianos en toda actividad que de alguna manera se regula por la tecnología informática, cada día más extendida. El problema es una cuestión social prioritaria. Soslayarla o ignorarla es, además de una injusticia con millones de ciudadanos, un síntoma muy alarmante de la deshumanización y la pérdida de valores básicos de convivencia y respeto a las personas que hicieron posible con su trabajo y sus esfuerzos ese mundo actual que les vuelve la espalda.

Los mayores de edad se han convertido en los “parias” de la sociedad tecnológica avanzada, junto a los inmigrantes, los refugiados y los sectores más pobres y necesitados. Es una vergüenza para todos.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

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