Overblog Todos los blogs Blogs principales Literatura, Historietas y Poesía
Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU
1 diciembre 2023 5 01 /12 /diciembre /2023 12:19

LAS BIBLIOTECAS QUE  SUEÑAN LOS LECTORES

RECORRIDO LIBRESCO POR BIBLIOTECAS IMAGINARIAS, LIBROS PERDIDOS O PROHIBIDOS, BIBLIÓFILOS, BIBLIÓPATAS, INCENDIARIOS, COLECCIONISTAS, LADRONES Y LECTORES CONSUMADOS

COMPROMISO Y CULTURA ,diciembre 2023

 

 

En “El Quijote” de Cervantes, una de las fuentes de sabiduría popular  y literaria del castellano, se lee sobre el protagonista don Alonso Quijano, no más empezar: “Se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro, de manera que vino a perder el juicio”.  Lo cierto es que este modesto comentarista, en algunos momentos pensó que no había que desdeñar lo que al Caballero de la Triste Figura le acaeció, por el mucho frecuentar los libros. Pero después de leer –apasionadamente- “El gabinete mágico” o “Libro de las bibliotecas imaginarias” (Editorial Siruela), uno piensa que su autor, Emilio Pascual,  a tenor del extenso, detallado y erudito contenido de su libro,  parece estar muy sano de mente y cerebro tras haber dedicado, como es lógico, cientos y cientos de horas a leer, si no todas, gran parte de las minuciosamente investigadas bibliotecas imaginarias que pueblan algunos libros de todas las épocas. Si Emilio P. ha llegado sano y salvo a la cima de tal obra, yo no debería tener el temor de que, tras el mucho leer cotidiano, aunque en tiempo no llego a emular a Pascual, me dé por salir a las calles de este mundo de hoy para desafiar en singular combate a los gigantes de la IA, es decir contra los molinos de viento de la incultura digital. Y, por tanto, defender la necesidad de leer libros, como si a esta afición la llamáramos Dulcinea.

Una vez hecha la salvedad, pasemos a esta joya de libro (y a otros que están dispuestos para ser presentados) con el que la diversión, el encanto y la sorpresa bibliófila está asegurada. El “pollo” libresco  tiene 565 páginas, unas 76 entradas a las más pintorescas, extrañas, misteriosas y arrebatadoras bibliotecas,  citadas a través de un número igual o parecido de autores examinados. Se completa con notas, preludios y codas, una bibliografía  de 20 páginas, un  apéndice dedicado al ‘elogio a la biblioteca escolar’ y un índice onomástico de más de 50 páginas. Como dijo nuestro clásico predilecto: “Voto a Dios que me espanta tanta grandeza y que diera un doblón por describilla”.

Empieza el autor diciéndonos modestamente que este libro “sólo pretende ser una breve biblioteca de bibliotecas”. Ahí es nada, don Emilio. Quizá por eso nos recuerda la frase de Víctor Hugo que aseguraba que una biblioteca es un acto de fe. Y más adelante, en un gesto de humildad, el autor escribe que se “ha limitado” a registrar  sólo las bibliotecas y libros que le parecen de “felice recordación” por su rareza, su capricho, su simpatía o su obviedad. Por lo tanto, justo es que comience por informarnos de la Biblioteca de Alejandría y de los bulos, falacias y realidades históricas que la han convertido en el símbolo de todas, las bibliotecas que han existido, las que existen y las que serán.

No hay acuerdo entre los especialistas sobre el número de ejemplares que atesoró. Los libros como los conocemos hoy no existían. Eran pergaminos enrollados con rodillos de madera en cada extremo para facilitar la lectura. La cantidad de rollos que pudo tener Alejandría en sus estanterías oscila  entre los 54.800 de Epifanio y los setecientos mil de Aulo Gelio. Seguramente deberíamos entender que la Biblioteca de Alejandría está en todas partes donde se halle un libro. Fue incendiada dos veces, una durante las Guerras Alejandrinas de César (48 a.C.) y otra por los sarracenos en 640 dC).  Se convirtió, desde su fin en cenizas humeantes, en una metáfora del deseo de leer, de saber, de conocer.

El libro de Emilio Pascual es eso, una metáfora de lecturas entrelazadas: la de los autores que cita, los libros a los que se refiere, es decir el argumento libresco, el erudito y a menudo jocoso  comentario de don Emilio y el que hace el lector de sus textos, gozando de ello, sorprendiéndose y terminando por transitar por los rincones del libro como Pedro por su casa. Y a estas cuatro lecturas hay que añadir la de las notas, apéndice, elogio, y (sobre todo) índice onomástico  que, en conjunto, seducen al lector más arisco y menos amigo de erudiciones.

El paseo por esas setenta y pico bibliotecas históricas y  literarias,  fabulosas, ignoradas o misteriosas, requiere tiempo, algún esfuerzo y mucha imaginación: de tal potaje sale un ungüento que obra al revés que el de Fierabrás: calienta el estómago de placer, airea el cerebro y estimula la fantasía y el prurito picantuelo y vigorizante del ansia de lectura.

La nómina de citados es prodigiosa, Cervantes, Rabelais, Flaubert, Borges, Conan Doyle, Baroja, Defoe, Verne, Rousseau, Umberto Eco, Vázquez Montalbán, Conrad, Andrea Camilleri,  Pérez Galdós, Wilkie Collins, Evelyn Waugh, Roald Dahl, Pirandello, Dostoievski, Dickens, Voltaire, Sartre, Agatha Christie, Gógol, Fielding, Bellow, Bassani, Musil,  Sterne, Canetti, Dumas, Ondaatje, Twain y Ruiz Zafon, entre otros. En el bien entendido que no hablamos de las bibliotecas de esos escritores, sino de las de algunos de los personajes de sus novelas. De ahí el subtítulo del libro: “de las bibliotecas imaginarias”.

El viaje ha sido apasionante, desde las míticas, Alejandría o la Babel de Borges, hasta las nacidas de las mentes de algunos autores paradigmáticos para todo amante de la literatura, como la  de fray Guillermo de Baskerville  y su alter ego, Humberto Eco, la de don Quijote, el gran Pepe Carvalho, cocinero y amigo de quemar libros, las de el Gulliver de Swift o el Robinson de Defoe, la de la Kakania en Musil, la de Zafon y sus libros olvidados, la de Tom Sawyer y Huck Finn, de Twain, la de la Villa San Girolamo en “El paciente inglés” de Ondaatje…o las de algunos de los personajes de Baroja, Galdós, Unamuno o Eduardo Mendoza. En fin una gozada de lectura para “lletraferits”.

Como servicio añadido al lector de CyC, he buscado en mi propia biblioteca personal unos libros que tienen como temática común, las bibliotecas, el amor a los libros, la lectura y sus avatares y todo ese mundo lleno de encanto que relaciona estos ingredientes entre sí. Depósitos de papel y cartón donde se atesora la imaginación, ternura, audacia, picaresca y conocimientos sutiles de ese milagro de la cultura humana. La escritura como soporte de la invención y la belleza –sublime, tierna, patética  o tenebrosa- de las emociones, la inteligencia y los sentimientos de hombres y mujeres que han ennoblecido nuestra historia común, desde Shakespeare a Kafka, desde Homero a Rabelais o desde Swift a Melville, incluyendo a Sherlock Holmes o a Hércules Poirot y el inspector Maigret,  para nuestras horas más divertidas.

Hay una serie de novelas, publicadas todas por la editorial Periférica, con su característica encuadernación granate, que tampoco deberían faltar en su biblioteca persona, lector. La librería encantada, de Christopher Morley, continuación de La librería ambulante, donde se nos narran las aventuras de la pareja  Roger y Helen Mifflin, con su perro Bock, libreros de lance que llevan su librería por los caminos del mundo rural del este norteamericano y que venden sus libros siguiendo esta filosofía: “Cuando le vendes un libro a alguien no solo le estas vendiendo papel, tinta y pegamento. Le estás vendiendo una vida totalmente nueva. Amor, amistad y humor, y barcos que navegan en la noche. En un libro de verdad cabe todo, el cielo y la tierra y debe haber un corazón latiendo en su interior. Una historia que es solo cerebro no vale demasiado.” Más tarde abrirán una librería en Brooklyn de libros de segunda mano que se llamará “El Parnaso en casa”.

Del mismo tipo y editorial son Los amores de un bibliómano, de Eugene Field, El bibliótafo de Leon H. Vincent, una desternillante historia sobre los “enterradores de libros” . Y como regalo, una joyita para los amantes de grandes escritores (treinta de ellos) en su casi desconocida faceta de los que fueron también bibliotecarios, El escritor en su paraíso de Ángel Esteban.

En la editorial Podium-Zeus, en un volumen difícil pero no imposible de encontrar, tenemos cuatro libros indispensables para los fanáticos de la lectura; El Filobiblion, nombre que se da en griego a los amantes de los libros, del obispo Ricart de Bury (siglo XIV), La batalla entre libros antiguos y modernos”  de Jonathan Swift (el autor del Gulliver), Los principios de la bibliografía metódica de Theodor Besterman, bibliófilo del siglo XVIII y el bastante olvidado Viaje del Parnaso de nuestro don Miguel de Cervantes, un esbozo crítico de los poetas de su tiempo y una alabanza a la dura vocación de escribir y la fortuna de leer. En este volumen se leerán loas a los libros y la lectura como ésta: En el libro, recibe el que pide; halla el que busca; y se abren prontamente las puertas a los que llaman. Sois maestros que enseñan sin varas o castigos, sin gritos ni cólera, sin uniforme ni moneda, nunca esquivan la respuesta a tus preguntas, siempre a tu disposición, si yerras no protestan, si te equivocas no se burlan. Otorgáis la libertad a todos los que os buscan con diligencia…”

Pero un apartado que no hemos de olvidar es el de los que odian, desprecian y destruyen libros, que es una manera perversa y también patológica de sentirse “interesado” en ellos. Los enemigos de los libros de William Blades (Edit. Fórcola), subtitulado Contra la biblioclastia, la ignorancia y otras bibliopatías, con un excelente prólogo de Andrés Trapiello. Blades fue un impresor, ensayista y bibliómano británico del siglo XIX que se dedicó a combatir e identificar a los enemigos de los libros: el fuego; el agua; el gas y el calor; el polvo y el abandono; la ignorancia y el fanatismo; las polillas; los ratones y las lombrices devoradoras de papel (hacedoras de túneles perfectos que atraviesan los libros en diagonal); los bibliófilos, mercaderes de libros y coleccionistas sin escrúpulos; los ladrones de portadas o capítulos; los niños pequeños sin control y los perros y gatos juguetones; los tarados mentales que los consideran producto del diablo por razones “religiosas” o “ideológicas” y los encuadernadores sin tino que aplican la cuchilla o la goma arábiga donde no ha de hacerse.

En el libro de Blades se repasan minuciosamente los ejemplos de destrucción de libros por los medios más importantes sugeridos en la lista anterior. En el siglo XV, por ejemplo, Mohammed II tras la conquista de Constantinopla ordenó a sus huestes que  arrojaran al mar los 120.000 manuscritos que formaban la biblioteca del vencido emperador Constantino.

Cuando escribe sobre los efectos del medio ambiente de las bibliotecas –calor, frío, polvo, humedad-  en los libros, Blades apunta: “La forma más segura de mantener la buena salud de los libros es tratarlos como a los propios hijos. Estos enfermarían si estuvieran confinados en una atmosfera demasiado caliente o fría, o húmeda o seca. Pues los libros, igual.”

Otro de los libros más fascinantes que he leído sobre nuestro tema es Libros malditos, malditos libros” de Juan Carlos Díez Jayo, (Ed.Piel de Zapa), que recomiendo encarecidamente, como  ejemplo de originalidad, humor, erudición imaginativa y una ironía a tamaño “bilbáino”, -vasco es nuestro autor,- que dice “Todo lo que aquí leerás es verdad…te hablaré de volúmenes malvados que no debieron escribirse y otros que nunca existieron …de cosas con forma de libro, pero que no lo son…y de algún texto magníficamente pésimo que ha alcanzado la posteridad”. Y añade: “hay libros que no merecerían existir… te presentaré los monstruos de la especie, sin faltar a la verdad…hay libros que han cambiado la vida de sus lectores…otros han dirigido naciones…porque no todo puede sentirse: por eso hay libros”.

En la misma línea reivindicativa de los libros y su larga lucha contra la ignorancia y el fanatismo, el alemán Werner Fuld ha escrito su “Breve historia de los libros prohibidos” (Edit. RBA), donde no sólo se nos habla de la cadena de opresión, de obras destruidas y autores asesinados, también nos deleita con algunas de las victorias de la palabra sobre el poder político o económico. En esencia la historia de las prohibiciones de libros es también la historia de la supervivencia de la memoria humana almacenada en los libros. Como decía Borges “Basta que un libro sea posible para que exista”.

Otro alemán,  Alexander Pechmann en “La biblioteca de los libros perdidos” (edit. Edhasa) nos reseña los libros que nunca han existido en una biblioteca imaginaria. Buena dosis de imaginación la de este escritor que nos habla de las supuestas obras de Hemingway, Mann, Flaubert, Cooper, Byron, Kafka, Pushkin, Melville o Safo que las circunstancias, el descuido, un accidente o una borrachera, impidieron su materialización en un volumen.

Y para terminar, casi como un eco del libro reseñado en el párrafo de encima, “Historia de los libros perdidos”, (Edit. Pasado&Presente), del italiano Giorgio Van Straten,  que nos habla de la apasionante historia y anécdotas de libros inexistentes pero que podían haber sido. Como los del contenido de la célebre “maleta negra” de Walter Benjamin que se suicidó en la frontera española en Portbou por temor a que la policía franquista  le entregara a los nazis. Son ocho los libros imposibles de los que nos habla amenamente Van Straten: uno del escritor italiano Romani Bilenchi, cuyo manuscrito leyó Van Straten antes de que fuera quemado por la viuda del escritor. Sigue con la patética historia de la destrucción del manuscrito de “Las memorias” de Byron; la pérdida de una novela de Hemingway que guardaba su primera esposa (que aseguró que la tenía en una maleta que le robaron durante un viaje); “El Mesías” del polaco judío Bruno Schulz, desaparecido y asesinado durante ocupación nazi.  El siguiente, es el ruso Nicolai Gogol  cuya obra “Almas muertas” aún existente, no es más que la primera parte de otra obra mucho más larga que el perfeccionismo enfermizo del autor destruyó. El gran Malcom Lowry (“Bajo el volcán”) un alcohólico impenitente se pasó unos años de su corta vida hablando de una gran novela  de más de mil páginas, “In ballast to the White Sea” que se quemó junto a la cabaña canadiense donde vivía el escritor borrachín. Y para terminar, la poetisa Sylvia Platt, que se suicida metiendo la cabeza en el horno de gas con la cocina precintada. Su obra es administrada por su ex marido y albacea Ted Hugues y en unos años se publican textos de la poetisa y muchos más son destruidos “por razones familiares” (la poetisa dejó dos hijos) o por pérdidas y accidentes.

Y aquí, con esta nota triste, dejamos el amplio recorrido por el mundo del libro. Que ustedes sigan leyendo más y mejor. En los tiempos que corren es casi una obligación…para que sobrevivan los libros.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
22 octubre 2023 7 22 /10 /octubre /2023 12:20

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

LAS GUERRAS ÁRABES-ISRAELÍES: LOS INTERESES OCULTOS (y II)

SI EL CONFLICTO SE EXTIENDE A SIRIA O A IRAN CAUSARÁ UNA  CRISIS ECONÓMICA MUNDIAL

El problema históricamente lo estableció occidente con el apoyo interesado u obligado de las partes en conflicto, tras el fin de la IIGM, por la voluntad -quizá inconsciente- de situar el nudo del problema judío lejos de la afligida y necesitada Europa de la postguerra, ignorando situaciones de facto, tradiciones e historias cercanas de los elementos de la ecuación: un territorio de mayoría árabe, un pueblo judío en busca de su hogar ancestral (hacia el que Europa siente una mala conciencia activa, con los evocados ecos de los progroms, --no solo medievales, a finales del XIX se hicieron famosos los de Rusia y Ucrania-- y los campos nazis de exterminio), una belicosidad mutua antigua y comprensible entre ambas etnias primo-hermanas, judíos y árabes, y una suma de intereses económicos y sociales de primera magnitud: petróleo, regímenes autoritarios, necesidades básicas de supervivencia en pueblos mal administrados.

Todo esto forma un caldo ambiental irrespirable, entre bombas, asesinatos de civiles inocentes y el ensordecedor añadido de justificaciones, condenas y mensajes difundidos “urbi et orbe”. Como suele suceder, la cantidad de energía necesaria para desmentir los bulos que se expanden por ambos frentes, es sustancialmente mayor que la energía precisa para evitar que se difundan y en ambos casos es una energía que se pierde sin provecho. Ni siquiera se difunden los hechos incontrovertibles: que la franja de Gaza, objetivo de la guerra es, en realidad, un campo de refugiados de 40 kms de largo por seis de ancho en el que malviven y son asediadas las personas que antes vivían en ese territorio como propietarios. ¿Se ignoraba ese hecho? No, por Dios.  Lo saben en la ONU y en el Despacho Oval.

La ofensiva de Hamás con el también conocido apoyo de Irán se mira con cierta simpatía en el mundo árabe, ante el silencio cómplice de los países que mantienen relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Solo las milicias de Hezbolá en Líbano han lanzado algunos cohetes de apoyo, rápidamente contestados con prudencia por Israel, como aviso de que la cosa se quede en eso. También la Yihad Islámica ha hecho saber su apoyo, pero seguramente no irá más allá. El resultado parece seguir un curso de implicación política más que de una victoria palestina más que improbable. Si Israel no se pasa de la raya, cosa que puede ocurrir con el Gobierno Netanyahu, Hamas habrá conseguido –con un precio muy caro en hombres y armas- que se hable de palestinos en una eventual mesa de negociaciones internacional (junto con Irán). Esa es la dirección que podría marcar las conversaciones entre Arabia Saudi, Israel y Estados Unidos (en las que, por supuesto, no se contaba para nada con Hamas, un simple grupúsculo terrorista,). La valoración de lo ocurrido – fundamentalmente la inesperada capacidad de Hamas de penetrar en Israel con efectividad- podría consistir en establecer un cuadro o esquema operativo en el que a los palestinos se les dé un asiento y una capacidad de defender un acuerdo que respete algunos de sus derechos. En lugar de seguir siendo “nudas vidas”, personas sin ningún derecho a tener derechos. La lección de este octubre sangriento está clara: el conflicto palestino no está estancado y la solución no pasa por el exterminio de este pueblo árabe. Incluso en la habitual falta de solidaridad y de sentido de pueblo y raza de los árabes, se supone que no tolerarían tal genocidio. Aunque de momento Egipto tiene cerradas sus fronteras y no permiten que los palestinos puedan refugiarse huyendo de la venganza israelí.

El curso de los acontecimientos en los próximos días marcará un antes y un después en el conflicto árabe-israelí. Se ha llegado demasiado lejos. Cuando escribo esto aún no se ha producido  la invasión terrestre israelí de la capital de Gaza, la cual sería un inmenso error. La pieza enferma del problema es el señor Netanyahu que está cuidando sus intereses –pende una condena de cárcel por corrupción si es expulsado de su puesto político- y tiene una cohorte de fanáticos colonos respaldándole. Está sometido a un dilema sin solución: si invade Gaza, a la larga le costará el puesto- por descrédito y el enorme precio en sangre- y si no lo hace, perderá el apoyo de sus fanáticos partidarios de extrema derecha y se verá ante el tribunal. Uno acaba por preguntarse si el sorpresivo ataque de Hamas no fue “tolerado” por Netanyahu como excusa para poder proceder a su aire y galvanizar la unión de todos los israelíes, bajo su mando, al clamor de la venganza

La otra faceta de todo este tinglado bélico árabe-israelí es haber llevado a primera página la situación inhumana de los palestinos en la franja de Gaza. Se ha dicho que es una gran prisión al aire libre para gente que no tiene donde ir, que han perdido sus tierras y sus raíces y se hacinan en un territorio densamente poblado, sin trabajo, sin comida, con el agua limitada, con presión militar y policial constante. Una comunidad de “homos sacer” –personas que ni siquiera tienen derecho reconocido a la vida, desesperados e ignorados por las “prósperas” naciones de occidente, excepto grupos reducidos de simpatizantes.

Hamás, acrónimo en árabe de “Movimiento islámico de resistencia” (creado en 1987, en la primera Intifada), es el poder en la sombra de Gaza tras la retirada israelí de 2005 y ganó las elecciones de 2006 sobre Al Fatah que con la ANP gobiernan en Cisjordania. Es un movimiento radical que tiene la ley islámica, sharia, como credo y no reconoce a Israel como Estado. Seguramente será difícil que siga mandando en Gaza. Aunque goza del apoyo iraní (sin él, no hubiera habido invasión) y comparte con la Yihad Islámica el frente fanatizado contra la existencia de Israel.

Por tanto los futuros negociadores –en el caso de que la situación no estalle y se quede sin posible gobernanza- tendrán que contar también con Irán (el poder que alimenta a estos grupos islamistas) y buscar una entente pacífica y dialogante para unas medidas de paz que jamás podrán contentar a todos. La perfección técnica del ataque de Hamas constituye una seria advertencia no sólo a Israel sino a Europa, Estados Unidos y la ONU. Los árabes podrían ser un peligro global si se les sigue ninguneando. Pero si Netanyahu sigue en el poder, tratará de “convertir Gaza en un solar quemado por las bombas y vacío de árabes” como Putin pretendía con Ucrania. Quizá esta es otra de las claves que hay que tener en cuenta para comprender la elección del momento del ataque de Hamas. Tal vez esa elección del “kairós”, el momento oportuno para la acción, en plena guerra de Ucrania y Rusia, fue percibida tras la estúpida profanación de la Explanada de las Mezquitas por los fundamentalistas judíos esa misma semana.

 En todo caso, la guerra no resolverá un problema que no han podido evitar la política y los diplomáticos. La violencia no arregla la esterilidad diplomática, sino que encona la frustración y la rabia. Recuerden la famosa pregunta del secretario de Defensa de EE.UU. hace muchos años ante la implicación de la CIA en ataques selectivos a dirigentes árabes: “¿Estamos creando más terroristas de los que matamos?” Sólo sería eficaz un diálogo sin exclusiones, pactos compensatorios y la necesidad de aceptar soluciones y comprender que la única salida es elegir antes lo malo que lo peor. Un camino abandonado por Israel y Palestina en los últimos 30 años hasta llegar a la actual falta de horizontes y cuenta atrás para una catástrofe sin paliativos. El David palestino enfrentado al Goliat israelí, no tiene futuro. Como dijo un lúcido analista norteamericano “No se puede vencer algo con nada. Hay que recompensar a los palestinos contrarios a la violencia y llegar a un acuerdo con Israel de contención expansiva y respeto a los palestinos”. Si no es así, asistiremos a otro holocausto, esta vez palestino, a no ser que la comunidad internacional intervenga con contundencia y justicia. Como escribió un analista: “tan ilegítima es la respuesta de Hamas a décadas de ocupación, como la de Israel al ataque terrorista”.

ÚLTIMA HORA

Por el momento no hay invasión terrestre de la Franja aunque las unidades de blindados e infantería están preparadas: la visita de Biden a Israel, el 18, puede haber frenado a Netanyahu pero ha fracasado como intento de mediación con los países árabes. Al menos se permitirá el paso de ayuda humanitaria, desbloqueando servicios de agua y electricidad. La ayuda a la población civil no pude ser un arma de guerra ni de negociación. Según el derecho internacional facilitar el acceso humanitario es obligatorio. De momento Israel ha dejado pasar 20 camiones por la frontera egipcia, aunque deberían ser 100 cada día. El pasado miércoles se produjo un ataque con cohetes al único hospital cristiano en Gaza –con 500 víctimas mortales y otros tantos heridos- que se atribuye indistintamente a los israelíes o a la Yihad Islámica (que habría lanzado una tanda de cohetes contra territorio israelí –uno fallido- a la misma hora, desde un cementerio cercano, según Tel Aviv). Desde la invasión del 7 de octubre han perdido la vida, contando por estimaciones a la baja más de 7000 personas y heridas quizá el doble; hay 150 rehenes israelíes y no es posible calcular los prisioneros palestinos en Israel. Sin contar con las pérdidas materiales debidas a la destrucción de viviendas, edificios comerciales o industriales, carreteras y otras infraestructuras. Y como broche: la economía y sus barómetros, las bolsas y mercados, se declaran “en compás de espera”. Si la guerra Hamas-Israel se contagia al resto del mundo árabe, (principalmente Irán y Siria), afectando como se teme al precio y suministro del petróleo, se vaticina un auténtico cataclismo económico que nos afectará a todos.

 

Compartir este post
Repost0
15 octubre 2023 7 15 /10 /octubre /2023 16:47

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

LA GUERRA QUE NO CESA: ÁRABES E ISRAELÍES A LA GREÑA

EL “CALENTÓN MANIQUEO” DE OCCIDENTE ES UNA HIPOCRESÍA: TODOS SOMOS HISTÓRICAMENTE RESPONSABLES

 

Nadie puede (ni debe) justificar la barbarie de asesinatos y secuestros contra población civil perpetrada el pasado viernes por Hamas, quizá en conmemoración de la misma fecha de hace cincuenta años (1973) en que Egipto y Siria iniciaran contra Israel la guerra del Yom Kipur. Ni la correspondiente respuesta israelí con su operación “Espadas de hierro” que también está elevando rápidamente el costo en vidas y bienes que está dañando la sensibilidad ética del mundo (suponiendo que tal cosa exista). Lo más fácil es simplificar el problema con el maniqueísmo habitual en personas, Gobiernos, medios de comunicación y las falaces, crueles y manipuladoras Redes. Esta no es una historia de buenos y malos. Las voces más prudentes se elevan pidiendo que a pesar de la trágica invasión de Hamas, el Gobierno israelí debería ajustar su respuesta bélica a las normas éticas aceptadas internacionalmente (la OTAN ha exigido a Israel “proporcionalidad” en su respuesta bélica, cosa inaceptable para los halcones de Netanyahu o la opinión pública israelí intoxicada también por las fake news sembradas por doquier hace cinco días (como la del asesinato de 40 niños y bebés en un kibutz). Es una indigna obscenidad utilizar a las víctimas inocentes como proyectiles de los dos bandos entre sí. Mientras tanto siguen muriendo niños en los bombardeos de Gaza y la cosa empeorará con el corte de suministro de alimentos y electricidad en una franja donde viven dos millones de personas. Las voces más semejantes a la barbarie de Hamas, por el lado israelí, califican de “animales humanos” a todos los palestinos, auténticos “homos sacer” a los que se puede matar sin castigo (y más si dicha calificación parte de un ministro israelí). El filósofo  alemán, judío, Theodor Adorno dijo: “Auschwitz comienza donde quiera que alguien mire un matadero y piense: sólo son animales”.

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la miopía política histórica de las cancillerías y mandatarios occidentales, suele decidir que hay unos “buenos” a los que proteger y apoyar, los judíos, y unos “menos buenos”, los árabes, que son de poco fiar y además están muy divididos. Hasta la UE, que debería tener un criterio más elevado, amenazó de entrada con anular las ayudas a los refugiados palestinos, aunque rectificó y se supo que la noticia procedía del delegado húngaro en la institución. De todas formas, el sesgo prioritario europeo se inclina muy poco hacia los árabes. El monto de la ayuda  europea a Palestina es de 691 millones de euros. El de Ucrania este año es de 77.000 millones de euros.

Y no se trata de no comprender o no respetar a los judíos: el abajo firmante ha sido siempre afecto a esa raza de grandes valores y con grandes ejemplos humanos de inteligencia, cultura, ciencia, valor y dignidad. Como tampoco comulgo con los que menosprecian al pueblo árabe y a la cultura y tradición islámica. Solo hay que recordar que en nuestro ADN hispano, árabes y judíos tienen una activa influencia de siglos. A la bestialidad de Hamas en su sorprendente ataque hay que contraponer la feroz e inhumana labor de represión, castigo y expulsión de familias palestinas por los colonos israelíes y el ejército de esa nación.  Israel está aplicando la anexión brutal de territorio desde 1948, con el visto bueno implícito de la comunidad política occidental. Según datos de Amnistía hay más de 5,6 millones de palestinos refugiados, sin derecho a volver a sus lugares. Otros 150.000 está en trance de perder sus viviendas debido a desalojos forzosos de Israel ¿Esto justifica a unos o condena a otros? No. Toda la situación está podrida.

El problema es que el desastre árabe-israelí no es sólo responsabilidad de unos (tirios) o los otros (troyanos), sino de todos nosotros, Occidente entero, con el añadido importante y no siempre positivo del gigante norteamericano del otro lado del océano: Biden está ofreciendo toda la ayuda militar necesaria a un Netanyahu, cada vez más escorado hacia el fanatismo racista puro y duro. Mientras que Irán, la sombra alargada tras Hamas, simpatiza con Rusia, a la que suministra drones de ataque. Quizá deberíamos pensar que se está cociendo el mismo dilema que causó la guerra de Ucrania: la lucha por la hegemonía política internacional. Es hora de que abramos los ojos en Europa: nos estamos jugando la paz mundial entre tres bloques: el supuestamente democrático de Occidente (muy fisurado), el autoritario liderado por Rusia y China y el de un “tercer mundo” sobre el que se extiende el fundamentalismo religioso de la Sharia.

Un repaso a algunos de los enfrentamientos, conflictos localizados o guerras abiertas entre árabes e israelíes, eleva a nivel de estupor e incomprensión las actitudes de muchas de las naciones de occidente, más atentas a sus propios intereses económicos o políticos que a un planteamiento serio y riguroso de instaurar una paz duradera entre árabes e israelíes.

Desde el primer enfrentamiento en 1948 (tras el reconocimiento del Estado israelí) la guerra tuvo nuevos episodios  en 1956 (intento israelí-britanico-francés de controlar el canal de Suez); en 1967 (la guerra de los “seis días”) que duró hasta 1970 por continuos choques por la “guerra de desgaste”; en 1973 (Yom Kipur); 1978 (los acuerdos de Camp David); 1982 (invasión israelí de Líbano); de 1983 a 1988, la primera Intifada; de 2000 a 2005, la segunda Intifada; en 2006, nuevamente Libano; 2008 y 2009, la franja de Gaza…más tarde, la apertura de relaciones  entre Egipto, Jordania y Arabia Saudí con Israel puso una nota de esperanza, pero en sordina, con cortos enfrentamientos y la parcial indiferencia de occidente, la política de acoso y derribo de los palestinos por la política expansionista israelí y la labor de zapa de los colonos, bien protegidos por el Gobierno extremista de Beniamin Netanyahu

 Y añadamos a esto que como ocurrió con la cercana -y ahora fuera de foco- guerra de Ucrania y Rusia, la contaminación grosera y falaz de la información procedente de las zonas en conflicto ha sido espectacular. Los juicios, comentarios e imágenes, emocionales y más atentos al impacto subjetivo que a la operatividad periodística, empujan incluso a mentes bastante claras en otras ocasiones a contagiarse del “calentón maniqueo”. Y, por añadidura, a extender ese “ethos” de la catástrofe global que nos rodea más acuciante desde el estallido beligerante entre Rusia y Ucrania. ¿Cómo gestionar el bombardeo inclemente de atrocidades mutuas que nos sirven cada día en las televisiones y los móviles? ¿Cómo tomar partido sin mancharse, evitando la tentación de simplificar en buenos y malos, sino tratando de defender lo malo de lo peor? Para resolver problemas complejos no se puede recurrir a análisis parciales y fragmentarios de las partes constituyentes del problema. Esto es lo que ocurre con la continua saga de guerras entre árabes e israelíes.

El problema lo estableció occidente históricamente con el apoyo interesado u obligado de las partes en conflicto, por la voluntad quizá inconsciente de situar el nudo del problema lejos de la afligida y necesitada Europa de la postguerra, ignorando situaciones de facto, tradiciones e historias cercanas de los elementos de la ecuación: un territorio de mayoría árabe, un pueblo judío en busca de su hogar ancestral (hacia el que Europa siente una mala conciencia activa, con los ecos de los progroms, --no solo medievales, a finales del XIX se hicieron famosos los de Rusia y Ucrania-- y los campos nazis de exterminio ), una belicosidad mutua antigua y comprensible y una suma de intereses económicos y sociales de primera magnitud: petróleo, regímenes autoritarios, necesidades básicas de supervivencia en pueblos mal administrados.

Todo esto forma un caldo ambiental irrespirable, entre bombas, asesinatos de civiles inocentes y el ensordecedor añadido de justificaciones, condenas y mensajes difundidos “urbi et orbe”. Como suele suceder la cantidad de energía necesaria para desmentir los bulos que se expanden por ambos frentes, es sustancialmente mayor que la energía precisa para evitar que se difundan y en ambos casos es una energía que se pierde sin éxito. Ni siquiera se difunden los hechos incontrovertibles: que la franja de Gaza, objetivo de la guerra es, en realidad, un campo de refugiados de 40 kms de largo por seis de ancho en el que malviven y son asediadas las personas que antes vivían como propietarios en ese territorio. ¿Se ignoraba ese hecho? No, por Dios.  Lo sabían incluso en la ONU y en el Despacho Oval.

La ofensiva de Hamás con el también conocido apoyo de Irán se mira con cierta simpatía en el mundo árabe, ante el silencio cómplice de los países que mantienen relaciones diplomáticas con Tel Aviv. Solo las milicias de Hezbolá en Líbano han lanzado algunos cohetes de apoyo, rápidamente contestados con prudencia por Israel, como aviso de que la cosa se quede en eso. También la Yihad Islámica ha hecho saber su apoyo, pero seguramente no irá más allá. El resultado parece seguir un curso de implicación política más que de una victoria palestina más que improbable. Si Israel no se pasa de la raya, cosa que puede ocurrir con el Gobierno Netanyahu, Hamas habrá conseguido –con un precio muy caro en hombres y armas- un puesto en una eventual mesa de negociaciones internacional (junto con Irán). Esa es la dirección que podría marcar las conversaciones entre Arabia Saudi, Israel y Estados Unidos (en las que, por supuesto, no se contaba con Hamas para nada). La valoración de lo ocurrido – fundamentalmente la inesperada capacidad de Hamas de penetrar en Israel con efectividad- podría consistir en establecer un cuadro o esquema operativo en el que a los palestinos se les dé un asiento y una capacidad de defender un acuerdo que respete algunos de sus derechos. En lugar de seguir siendo “nudas vidas”, personas sin ningún derecho a tener derechos. La lección de este octubre sangriento está clara: el conflicto palestino no está estancado y la solución no pasa por el exterminio de este pueblo árabe. Incluso en la habitual falta de solidaridad y de sentido de pueblo y raza de los árabes, se supone que no tolerarían tal genocidio. Aunque de momento Egipto tiene cerradas sus fronteras y no permiten que los palestinos puedan refugiarse huyendo de la venganza israelí.

El curso de los acontecimientos en los próximos días marcará un antes y un después en el conflicto árabe-israelí. Se ha llegado demasiado lejos. Cuando escribo esto aún no se ha producido  la invasión terrestre israelí de la capital de Gaza, la cual sería un inmenso error. La pieza enferma del problema es el señor Netanyahu que está cuidando sus intereses –pende una condena de cárcel por corrupción si es expulsado de su puesto político- y tiene una cohorte de fanáticos colonos respaldándole. Está sometido a un dilema sin solución: si invade Gaza, a la larga le costará el puesto- por descrédito y el enorme precio en sangre- y si no lo hace, perderá el apoyo de sus fanáticos partidarios de extrema derecha y se verá ante el tribunal. Uno acaba por preguntarse si el sorpresivo ataque de Hamas no fue “tolerado” por Netanyahu como excusa para poder proceder a su aire y galvanizar la unión de todos los israelíes, bajo su mando, al clamor de la venganza

La otra faceta de todo este tinglado bélico árabe-israelí es haber llevado a primera página la situación inhumana de los palestinos en la franja de Gaza. Se ha dicho que es una gran prisión al aire libre para gente que no tiene donde ir, que han perdido sus tierras y sus raíces y se hacinan en un territorio densamente poblado, sin trabajo, sin comida, con el agua limitada, con presión militar y policial constante. Una comunidad de “homos sacer” –personas que ni siquiera tienen derecho reconocido a la vida, desesperados e ignorados por las “prósperas” naciones de occidente, excepto grupos reducidos de simpatizantes.

Hamás, acrónimo en árabe de “Movimiento islámico de resistencia” (creado en 1987, en la primera Intifada), es el poder en la sombra de Gaza tras la retirada israelí de 2005 y ganó las elecciones de 2006 sobre Al Fatah que con la ANP gobiernan en Cisjordania. Es un movimiento radical y tiene la ley islámica, sharia, como credo y no reconoce a Israel como Estado. Tendría que negociar si quiere seguir mandando en Gaza. Goza del apoyo iraní y comparte con la Yihad Islámica el frente fanatizado contra la existencia de Israel.

Por tanto los futuros negociadores –en el caso de que la situación no estalle y se quede sin posible gobernanza- tendrán que contar también con Irán (el bolsillo de dinero que alimenta a estos grupos islamistas) y buscar una entente pacífica y dialogante para buscar soluciones (que jamás podrán contentar a todos). La perfección técnica del ataque de Hamas constituye una seria advertencia no sólo a Israel sino a Europa, Estados Unidos y la ONU. Los árabes podrían ser un peligro global si se les sigue ninguneando. Pero si Netanyahu sigue en el poder, tratará de “convertir Gaza en un solar quemado por las bombas y vacío de árabes” como Putin pretendía con Ucrania. Quizá esta es otra de las claves que hay que tener en cuenta para comprender la elección del momento del ataque de Hamas. Tal vez esa elección del “kairós”, el momento oportuno para la acción, fue percibida tras la estúpida profanación de la Explanada de las Mezquitas por los fundamentalistas judíos esa misma semana.

 En todo caso, la guerra no resolverá un problema que no han podido evitar la política y los diplomáticos. La violencia no arregla la esterilidad diplomática, sino que encona la frustración y la rabia. Recuerden la famosa pregunta del secretario de Defensa de EE.UU. hace muchos años ante la implicación de la CIA en ataques selectivos a dirigentes árabes: “¿Estamos creando más terroristas de los que matamos?” Sólo sería eficaz un diálogo sin exclusiones, pactos compensatorios y la necesidad de aceptar soluciones y comprender que la única salida es elegir antes lo malo que lo peor. Un camino abandonado por Israel y Palestina en los últimos 30 años hasta llegar a la actual falta de horizontes y cuenta atrás para una catástrofe sin paliativos. El David árabe enfrentado al Goliat israelí, no tiene futuro. Como dijo un lúcido analista norteamericano “No se puede vencer algo con nada. Hay que recompensar a los palestinos contrarios a la violencia y llegar a un acuerdo con Israel de contención expansiva y respeto a los palestinos”. Si no es así, asistiremos a otro holocausto, esta vez palestino, a no ser que la comunidad internacional intervenga con contundencia y justicia. Espero que no nos llegue el momento de  exclamar “El horror, el horror” como al fin de la novela, “En el corazón de las tinieblas”, que inspiró “Apocalypse Now”.- ALBERTO DÍAZ RUEDA.

Compartir este post
Repost0
2 octubre 2023 1 02 /10 /octubre /2023 18:57

Publicado en la revista "Compromiso y Cultura" de octubre 2023

Este mes de octubre en el maremágnum de los acontecimientos de importancia global, voy a escoger una temática en la que se unen dos de las constantes profesionales de la persona que escribe  este texto para ustedes: el que concierne al estado del mundo, en concreto a la política internacional  y también en correspondencia con el pensamiento y la escritura, su reflejo literario. Vamos a hacer un pequeño recorrido por la suerte, o mejor la desgracia, de todo un continente, África, desde el corazón –los libros que buscan mostrarnos su alma inmensa entreverada en su historia lamentable- hasta la cabeza, el cerebro analítico, que busca comprender a través de la tortuosa singladura de los países que la componen, la irrefutable tragedia que está acabando con el continente, atomizándolo en la multitud de problemas de pura supervivencia de dichos países y el martirologio de sus ciudadanos, desde el norte hasta el profundo sur y el cinturón negro central  arrasado por la malsana fiebre yihadista, el fanatismo islámico, tan intolerante como el cristianismo del Medievo.

Y es que África, como la mostró un maestro de reporteros, el polaco Ryszard Kapuscinski, en su libro “Ébano”, “es un continente demasiado grande para poderlo describir. Es un océano, un planeta en sí mismo, un universo variado y riquísimo. Si lo llamamos África es solo para simplificar y por pura comodidad. Aparte de la denominación geográfica, África no existe”. El gran periodista, premio Príncipe de Asturias en 2003 y fallecido en 2007, no dejó de entonar en ninguno de sus libros sobre África el sentimiento de culpa y de vergüenza por “el mal irreparable causado a los negros de ese continente por las naciones e individuos de la raza blanca”.

No sé en qué se va a convertir África en el siglo XXI con una deriva destructiva que aflige a una gran parte del “continente negro”, pero estén atentos a las noticias y a lucha de influencias que se ha declarado entre el Occidente de Estados Unidos y Europa (con su pasado colonialista aún no exorcistado) y el Oriente de la codicia territorial rusa y el creciente  poder de los chinos y otros dominios asiáticos. Mientras, y como apoyo literario, repasemos los libros que mejor han dibujado los fuertes contrastes  colonialistas y neocolonialistas.

Me justifica, en cierta manera, el servirles de guía por haber vivido el final de una historia colonial “in situ”. Más cerca de la dolida nostalgia de Albert Camus que del romanticismo colonialista de la baronesa Karen Blixen  en Kenia (la que “tenía una granja en África”), yo también he tenido desde niño el “Sueño de África” (título de un excelente libro de mi colega, Javier Reverte). Vivíamos en el norte del continente, en Marruecos, durante el “Protectorado” español y hasta la Independencia del reino alauita. A finales de los 50, España tuvo que irse y, al contrario que Francia en Argelia, lo hizo en paz, sin derramamiento de sangre. La dictadura franquista y el rey Mohamed V, abuelo del actual rey, se llevaban más o menos bien aunque con desconfianza mutua. De entonces se alimentaba mi nostalgia de los soles inmisericordes y las noches estrelladas de África.  Como periodista volvería varias veces a Marruecos y también a Argelia, Túnez, Mauritania, todo Oriente Medio, Egipto, Sudán, Guinea…y sería testigo más adelante –aunque ya no en persona- de las secuelas de la colonización, de la descolonización, de las hambrunas y las sequías, de la miseria ancestral, los conflictos bélicos permanentes, los señores feudales de la metralleta, el petróleo, los diamantes y los metales estratégicos, los genocidios de tribus enteras, la corrupción y la violencia como forma de vida. África –sobre todo la llamada “negra” o central- se ha convertido  en una “aporía”, un sinsentido sin futuro y casi sin presente viable, un camino sin camino lleno de incertidumbre, de ruido y de furia. Y para Europa –para Occidente en realidad-  el “sueño de África” que alimentó la furia expansionista de la Europa del siglo XIX, se ha convertido en una pesadilla real en forma de pateras o de conflictos bélicos. Europa está a punto de perder su última oportunidad, si es que no la ha perdido ya, de convertir Africa en el sueño  de colaboración e igualdad que debía haber sido,  si el complejo de superioridad, -una falacia cultural y racial- , de los europeos no hubiera  convertido a una parte del continente africano en “El corazón de las tinieblas”, -abril de 1889, publicada entre otras editoriales españolas por Cátedra- la apasionante diatriba anticolonial que el polaco-inglés Joseph Conrad dejó a la posteridad.

Aparte de esta apasionante novela, llevada al cine por Coppola con el título apropiado y oportuno de “Apocalypse Now”, voy a recomendarles dos autores –y dos visiones- complementarias de la realidad africana en el siglo XX. Uno de ellos, Javier Reverte, al que conocí en Madrid en los ochenta a través de un amigo común, Manu Leguineche,  manifestó también desde muy joven su amor al “Sueño de África” (1996), confirmado más adelante por “Vagabundo en África”  (1998) y “Los caminos perdidos de África”(2003), un recorrido por el transcurso geográfico  e histórico y político del Nilo, cuya lectura nos deja ver con meridiana claridad el proceso de empantanamiento de esos países por la herencia colonial y la mala gestión autóctona deformada por las interesadas “aportaciones” de las potencias europeas ex coloniales; y algunas llegadas ya en el XX, Estados Unidos, China y Rusia.

La amenidad descriptiva y anecdótica de Reverte coincide plenamente en atractivo con la obra del citado Kapuscinski, uno de los mejores reporteros internacionales. De él aconsejo “Ébano” (1998), donde nos da una visión panorámica de un continente en ebullición, con tipos como Idi Amin Dadá en Uganda, la tragedia de Ruanda, las megalópolis de miserias, los reyezuelos sanguinarios, los señores  de la guerra  y su codicia agresiva, el pueblo que lucha por sobrevivir.  También “El emperador” (1978) en torno a un personaje estrafalario digno de Kafka, émulo de “Ubu rey” o de los tiranos de polichinelas, absurdo y estúpidamente ajeno a todo, el “Rey de Reyes”, el “Elegido de Dios”, descendiente directo de Salomón, el emperador Haile Selassie de Etiopía. Ni Shakespeare hubiera podido imaginar un soberano de esas características. En cuanto a “Un día más con vida” (1976), nos habla del colonialismo portugués  en Angola y de la independencia de ese país el 11 de noviembre de 1975, después de la “Revolución de los claveles”. Alguien ha comparado este texto brillante y estremecedor con alguna de las mejores novelas de Graham Greene. Yo creo que las supera, tal es el hálito de verdad, dolor y miedo que aflora en sus páginas. Y para reponernos de los malos momentos leídos en las obras anteriores, recomiendo sus “Viajes con Heródoto” (2004), en cuya lectura comprenderán que clase de persona fue ese incansable reportero-escritor que se jugaba la vida por relatar cualquier historia plena de sufrimiento y heroísmo humanos.

Pasemos ahora a la vertiente no periodística, la literaria, entreverada de historia y perteneciente a una época en la que el factor colonialista era el presente de los autores y una corriente caudalosa de romanticismo teñía esas novelas y libros de viajes que han pasado a la historia de la literatura de evasión.   Les recomiendo tres libros dedicados a la travesía del Nilo desde las fuentes hasta el todo su recorrido. Se trata de “Diario del descubrimiento de las fuentes del Nilo” por John Hanning Speke, (1864, Espasa 2003) con prólogo de Javier Reverte. Speke logró ser el primer occidental en llegar a las fuentes del mítico río, ambicionado por todos los exploradores desde los tiempos de Nerón. Y tuvo la mala fortuna de que no se le reconoció su descubrimiento  hasta doce años después de su muerte. No tuvo la maestría intelectual  y la osadía de Richard R. Burton, (autor de “Relato personal de mi peregrinación a Medina y La Meca” (1853, Laertes 1983), pero sí su tenacidad y osadía. Y como postre, el “Viaje por el Nilo” del viajero alemán  E.V. Gonzenbach (1890, Laertes 1982) en una edición facsímil del original con ilustraciones extraordinarias de R. Mainella. Y para terminar, otro clásico, este de los años 30,  “Arenas de Arabia” (1984, RBA bolsillo 1998)  de Wilfred Thesiger, que no desmereció de los clásicos del siglo XIX, por ser uno de los primeros occidentales en recorrer Sudán, Abisinia, Siria, Arabia, Irak y Kenia compartiendo la vida con los beduinos justamente poco antes de que se descubrieran los primeros pozos petrolíferos en esas zonas, lo que –como sabemos- cambia totalmente la forma de vida que los rodea.

Y no podemos dejar de lado la vertiente legendaria de las novelas basadas en un África  ya totalmente desaparecida, llena de aventuras exóticas, lugares misteriosos, animales salvajes, etnias legendarias y parajes de ensueño.  Acompáñenme. Vale la pena.

A caballo del celuloide, “Tarzán de los monos” ya en fecha tan venerable como 1912, atrajo la imaginación y el entusiasmo de los espectadores y llamó la atención de los lectores hacia Edgar Rice Burroughs. Nacía el héroe africano que, como no podía ser menos en plena era colonial, era un inglés que, por accidente, se convierte en un niño “aborigen” al que, de adulto, obedecen y temen nativos y algunas fieras. Rudyard Kipling, fue un poco más auténtico y fiel a las razas de la zona, en el “Libro de la Selva” o “Libro de las tierras vírgenes”, donde el niño Mowgli es amigo y protegido de una manada de lobos y un oso (aunque fiel a su propio pasado, Kipling habla de una selva en la India).  Pero como dice Savater en uno de sus libros de fervor literario hacia los héroes del pasado victoriano,  en África estaba garantizado el pulso imperecedero de la aventura y sus ingredientes clásicos: lo peligroso, lo exótico, lo misterioso y lo noble y redentor. “El emprendedor e irreverente sueño europeo, mezcla de ambición de dominio y ansia de novedad, se volcó demoledoramente sobre el continente negro”, afirma Savater.

Y no sólo los autores ingleses, los franceses desde el Tartarin de Daudet a los viajeros indómitos de Julio Verne, o el viaje al Congo de André Gide, o “Las raíces del cielo” de Romain Gary, los italianos con Salgari, o los norteamericanos con un enfervorizado Hemingway, cazador él mismo, con “Las verdes colinas de África” o “Las nieves del Kilimanjaro”, los alemanes con Karl May o Junger . Y como joya de la corona de ese tipo de novelas, la incomparable “Beau Geste” (1924) del inglés  Percival Christopher Wren. A la altura de ésta hay que referirse a un personaje tan logrado como Tarzán, el gran Allan Quaterman, nacido de la pluma de Henry Rider Haggard que con “Las minas del rey Salomón” (1885) dio carta de nobleza al personaje, que luego resurgiría en “Las aventuras de Allan Quaterman” y en “La venganza de Maiwa”.

Pero, en homenaje a Fernando Savater, cuya “Infancia recuperada”, y otras obras,  han creado una hermandad de lectores con esa misteriosa afinidad literaria que se da entre los incondicionales de Guillermo Brown y de  Sherlock Holmes o el profesor Challenger, hago mención, por último, a otra obra de Sir Arthur Conan Doyle, no muy conocida pero realmente emocionante: “La tragedia del Korosco” (1898) cuyo escenario básico  es el Nilo y el levantamiento de los seguidores mahometanos del Mahdi que secuestran a un grupo de turistas ingleses. Es una de las obras que reflejan con más verosimilitud el ambiente colonial que se vivía en el siglo XIX en África, ya sea bajo dominio inglés, francés o belga.

Les sugiero, pues, esta largo viaje por la aventura, el reportaje y la historia de un continente, África, que está en trance de morir a su pasado y renacer fracturado y disperso con un neocolonialismo que no será mejor que el colonialismo vivido en el XIX y comienzos de XX. En otro lugar he escrito sobre las raíces políticas y económicas del futuro desastre que ya se anuncia. Por eso he querido  dejar un testimonio escrito del bagaje literario de lo que fue la aventura africana… el sueño de un continente que aún  no ha logrado crear el orgullo conjunto de todos los que han nacido y vivido en ese continente inmenso. Empresa tan difícil como muestra que en otro continente mucho más pequeño y uniforme, Europa, aún no hayamos logrado superar nuestros provincianos nacionalismos para crear la identidad europea.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

 

 

 

 

Compartir este post
Repost0
22 septiembre 2023 5 22 /09 /septiembre /2023 18:32

OBSERVATORIO POLÍTICO INTERNACIONAL

Este artículo ha sido publicado en "La Comarca" el 220923

Más cerca de la nostalgia de Albert Camus que del colonialismo de la baronesa Karen Blixen en Kenia, yo también tuve desde niño el “Sueño de África” (título de un excelente libro de mi colega, Javier Reverte). Vivíamos en el norte del continente, en Marruecos, durante el “Protectorado” español y hasta la Independencia del reino alauita. A finales de los 50, España tuvo que irse y, al contrario que Francia en Argelia, lo hizo en paz, sin derramamiento de sangre. La dictadura franquista y el rey Mohamed V, abuelo del actual rey, se llevaban más o menos bien aunque con desconfianza mutua. En todo caso mejor que con su hijo y sucesor Hassan II, una especie de astuto Maquiavelo oriental que hizo bailar al son de su flauta de intereses a los Gobiernos españoles, hasta el chantaje popular de la “Marcha verde”. De entonces se nutría mi nostalgia de los soles inmisericordes y las noches estrelladas de África. Como periodista volvería varias veces a Marruecos y también a Argelia, Túnez, Mauritania, todo Oriente Medio, Egipto, Sudán, Guinea…y sería testigo más adelante –aunque ya no en persona- de las secuelas de la colonización, de la descolonización, de las hambrunas y las sequías, de la miseria ancestral, los conflictos bélicos permanentes, los señores feudales de la metralleta, el petróleo, los diamantes y los metales estratégicos, los genocidios de tribus enteras, la corrupción y la violencia como forma de vida. África –sobre todo la llamada “negra” o central- se ha convertido  en una “aporía”, un sinsentido sin futuro y casi sin presente viable, un camino lleno de incertidumbre, ruido y furia. Y para Europa –para Occidente -  el “sueño de África” que alimentó la furia expansionista de la Europa del siglo XIX, se ha convertido en una pesadilla real en forma de pateras o de conflictos bélicos. Europa está a punto de perder su última oportunidad, si es que no la ha perdido ya, de convertir África en el sueño  de colaboración e igualdad que debía haber sido,  si el complejo de superioridad de los europeos no hubiera  convertido a una parte del continente africano en el escenario de pesadilla  que describe Joseph Conrad en “El corazón de las tinieblas”.

Dos lamentables desastres naturales ocurridos en estos días, el terremoto de Marruecos –con una ausencia de reacción oficial adecuada que refleja la indiferencia sátrapa del rey por su pueblo y el rechazo de ayuda internacional, con alguna excepción- y los destrozos y víctimas del ciclón “Daniel” sobre la dividida Libia (más de 2000 muertos y de 10.000 desaparecidos) muestran de una forma clara el esquema político-social de esos países que es una constante en los Estados del desdichado continente, casi sin excepciones y con pocas variaciones:

1.- Gobiernos bunkerizados que no gobiernan, muchos militarizados y casi todos corruptos; 2.-poblaciones con problemas elementales de subsistencia, opresión y ausencia de derechos pero, paradójicamente, auténticas “bombas demográficas”;3.- infraestructuras sociales subdesarrolladas, comercio, vivienda, inseguridad…sujetos a hambrunas, enfermedades  y sequías; 4.- Crisis económica y social permanentes con escasa ayuda internacional o desviada ésta a los poderes fácticos; 5.- proliferación de “asonadas” militares (“epidemia putschista “ la  llama el secretario general de la ONU, Antonio Guterres), pandillismo armado, abusos y matanzas de los “señores de la guerra” locales contra la población ;6.- explotación de los recursos naturales del territorio a favor de una minoría del país o de grupos internacionales respaldados por sus propios Gobiernos, que se mantienen tibios o renuentes a una ayuda verdadera; 7.- flujo creciente emigratorio causado tanto por desastres naturales y epidemias  -está por hacer un estudio serio de los efectos del Covid  y otras pandemias en África- agravados por la falta de condiciones económicas, sociales y estructurales  del territorio y la de gobiernos adecuados: hambre, sequía, falta de trabajo, vivienda, seguridad, como por la busca legítima de un horizonte de vida posible en otros países, principalmente Europa…eso supone no sólo una sangría humana del país sino un agobio mal gestionado en los países que, miopemente, se niegan a acogerlos y los rechazan a veces de forma violenta e inhumana…Y podríamos seguir desmenuzando la atroz problemática que ha convertido el siglo XXI en el epítome de la “errancia sin fin” de los desposeídos en pos de los “paraísos” del occidente rico y egoísta (que cada vez son menos ricos, por el efecto “boomerang” de su falta de humanismo y de su racismo).

Lo cierto es que, con algunas excepciones,  los dirigentes y los pueblos de Occidente – principalmente Europa- no somos conscientes del peligro disgregador y de fatales consecuencias que nos llega del continente vecino, separado por unos pocos kilómetros de las costas europeas. No se trata tan sólo de un puñado de pateras, sino del contagio por proximidad  que conlleva la desestabilización terrorista de los países del Sahel y del centro africano, de la inseguridad y la obcecación de los golpes de Estado que ya lleva seis ejemplos en los últimos meses , cada uno de ellos más imprevisible, oscuro y violento. Según Josep Borrell, representante de la UE en cuestiones de Asuntos Exteriores y Seguridad, “está en juego el futuro de la democracia en toda la región” y apoya “soluciones africanas a los problemas africanos” aun reconociendo que la UE se ha centrado demasiado en problemas de seguridad y en mantener una “paciencia estratégica” con las diversas juntas militares, “maestras en manipulación y desinformación”. La autocrítica de Borrell sobre el papel de la UE, no aclara qué tipo de medidas hay que tomar. Precisamente respecto a Libia, conviene recordar que cuando en 2016 le preguntaron a Obama cual había sido el peor error de sus dos mandatos como presidente, respondió: “Probablemente no programar el día después  de lo que creo fue la decisión correcta de intervenir en Libia”. Eso ha sido el defecto de la  intervención occidental en África: no afianzar y asegurar la vida y gobierno  de esos países una vez expulsados los dictadores, sátrapas y uniformados del poder. Y eso ocurre en demasiados países africanos, incluida  Sudáfrica y su crisis social y energética debida a la corrupción. Mandela debe estar removiéndose en su tumba.

 El efecto multiplicador  que estas situaciones causa en la población de algunos de esos países convierte la emigración en una única y desesperada salida, que es sofocada a base de disparos de armas de fuego, palizas, naufragios o repatriaciones forzosas por parte de un continente miope y avejentado que todavía no ha sabido superar la falacia de su presunta “superioridad”. Un problema de tal calibre no se resuelve negándose a aceptarlo y rechazándolo con brutalidad sino analizando los componentes fácticos de la situación y tomando las medidas oportunas contra sus causantes directos o indirectos y mejorando sustancialmente  la vida de las poblaciones. Una inversión en medios, personas, fuerza y economía –desde el respeto y la igualdad-  que redundará  no sólo  en la resolución del problema inmigratorio sino en el propio futuro de Europa, revitalizado con savia joven, no de esclavos, sino de conciudadanos del mundo. Más de medio millón de peticiones de asilo este año, hasta junio, en Alemania, España, Francia y otros países de la UE. Y sin contar a los miles que no llegan a ese paso legal.

Pero, o Europa y occidente se “africanizan”, borrando su complejo de superioridad e injustificado “endiosamiento”, o la próxima generación vivirá en un mundo aun más conflictivo, multi polarizado política y económicamente, en el que África sufrirá su segunda y definitiva expoliación, esta vez no por Europa, sino por el oriente asiático y el ruso que ya toman posiciones en las zonas más caóticas del “continente negro”.

Hagamos un somero viaje por los lugares que se convierten, debido a su condición de “aporías” estatales -paradojas sin sentido y sin futuro-,  en objetivos para naciones desaprensivas con el síndrome expansionista heredado de un pasado colonial o dictatorial. Golpes de Estado en Níger, Burkina, Gabón (el pasado 30 de agosto), Mali, Guinea-Conakry y Chad… con actividades yihadistas crecientes aprovechando el caos reinante en la zona central africana y el golfo de Guinea. El reciente golpe de Estado en Sudán que ha terminado con la transición democrática del país iniciada en 2019 debido al ansia de poder militar del general golpista Abdel Fattah al Burhan.

Las injerencias militares contra el poder civil en Africa vivió cuatro décadas ominosas hasta el nuevo siglo, pero parece volver a recrudecerse en los años 20 de este. Le debilidad de la democracia, los conflictos étnicos y la corrupción con sus secuelas de desigualdad económica, ha ayudado a los uniformados a volver a las andadas. Sin contar los  casos de los “golpes blandos” es decir cuando los que están en el poder de forma legítima  amplían los límites y prerrogativas de sus poderes en beneficio propio, como el presidente tunecino Kais Saied.

La “epidemia de golpes de Estado” en Africa,  (diez asonadas militares en los últimos cuatro años) nos recuerdan a los que tenemos edad para ello el caudal que no cesa de los golpes uniformados entre los sesenta y los ochenta del nefasto siglo XX. Y en este siglo, tras el de Sudán (2019), vino el de Chad (2021) y el rosario continuo de los sufridos países del Sahel: Niger, Mali, Burkina Faso (dos en el mismo año, 2022), los tres a causa de la amenaza yihadista, así como –en el caso de Mali- la intervención rusa con los mercenarios de Wagner y el rechazo ante la presencia francesa. Cosa que ya ocurrió también en Burkina Fasso y la República Centroafricana. Y en Gabón, la caída de la familia Bongo, tras 57 años en el poder. En Níger los franceses se van y dejan vía libre a una lucha antiterrorista sin control alguno. Según asegura el historiador nigerino Idrissa, “Francia no ha renovado su política en África y no sabe qué hacer porque el marco neocolonial ha desaparecido”.  Precisamente en el norte de Mali hace una semana, 64 personas murieron  a causa de una serie de atentados terroristas provocados por un ramal yihadista de Al Qaeda. En agosto los destacamentos de las Naciones Unidas han comenzado su retirada del país, que se cumplirá en diciembre próximo, mientras los mercenarios de Wagner  (es decir los rusos) se van haciendo fuertes.

En  Guinea Conakry los “libertadores” de la dictadura del presidente Alpha Condé (en 2021), saludados como tales por la población civil, han logrado ya instaurar un régimen de terror y control militar que ha terminado con las esperanzas democráticas del país. Constituyen un ejemplo más de nación africana sometida a la férrea ley de las armas, los cuarteles y la corrupción.  Y no debemos olvidar que es uno de los países africanos con mayores riquezas en recursos naturales y, al tiempo, una de las poblaciones más miserables y necesitadas del mundo, diezmada por el ébola y el Covid, con un índice del 50 % de la ciudadanía por debajo del umbral de la pobreza.

El diagnóstico del historiador nigeriano es vinculable no sólo a Francia sino al resto de potencias colonizadoras en África, incluida por supuesto la española. Y este desconcierto e inmovilismo conceptual político neocolonizador en África es el responsable de la falta de criterio político unificado de Europa –y occidente- hacia los países africanos. Seguimos comportándonos como gendarmes de categoría superior con poblaciones de “nativos” a los que se puede asustar y esquilmar de sus riquezas naturales  -manganeso y uranio, por ejemplo-  a cambio de abalorios o colocando a servidores armados y políticos nativos corruptos de la etnia dominante. Ese es el marco neocolonial que aún no hemos desterrado de la mente europea. Y así nos van las cosas. Los africanos no se fían de occidente y hacen bien porque el colonialismo –y el racismo- se mantienen emboscados en nuestros genes y surge en los programas de nuestras ultraderechas. Y el efecto dominó puede volcar parte del continente en las “comprensivas” manos de rusos y chinos. Como ha ocurrido en países de Asia e Hispanoamérica, Oriente Medio, Irak o Siria.

Mientras tanto Putin ha celebrado una cumbre en San Petersburgo con dos decenas de países africanos para anunciarles que en los próximos meses Rusia enviará gratuitamente entre 25mil y 50 mil toneladas de cereales a Burkina Faso, Zimbabwe, Mali, Somalia, Eritrea y República Centroafricana.  Y, por su parte, Estados Unidos y Europa se muestran reacios a permitir que su influencia en la zona africana sea anulada. Y la envejecida Europa necesitará 60 millones de inmigrantes en los próximos años, para mantener su estilo de vida. ¡Hagan juego señores, la partida acaba de empezar!

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0
2 septiembre 2023 6 02 /09 /septiembre /2023 10:46

 ESTE TEXTO HA SIDO PUBLICADO EN EL NUMERO DE SETIEMBRE 2023 DE LA REVISTA "COMPROMISO Y CULTURA"

El pasado 11 de julio murió en París, donde residía, el escritor checo Milan Kundera, a los 94 años de edad. Como Joyce, Nabokov, Mann, Rilke, Walter Benjamín, Zweig, Leon Felipe, Hanna Arendt, Salman Rushdie y tantos otros, Kundera se vio obligado a buscar un lugar donde poder vivir en paz –y morir, sin pistola intermedia-  ya que en su país de origen estaba proscrito. Al poder político absoluto le fastidia absolutamente que  escritores y pensadores, poetas y artistas se atrevan a opinar libremente sobre ellos. El comunismo de raíz estalinista no solía aceptar de buen grado a los intelectuales críticos. Estaban destinados a ser carne de “gulag” o a “desaparecer” de la forma más discreta posible. Como en la novela de John Le Carré, resultaba incómodo en ambos lados del Telón de Acero, ya fuese espía o intelectual. En los tiempos de la “guerra fría” los intelectuales no tenían buena prensa en general (recuerden la “caza de brujas” en Estados Unidos).

En 1979 las autoridades checas le retiraron la nacionalidad a Kundera y lo convirtieron en uno de los cientos de miles de apátridas que desbordaban las fronteras. En su libro “La vida está en otra parte” el escritor checo reivindicó la libertad como uno de los frutos de la rebeldía vital que caracterizó su existencia. En 2019 Checoslovaquia devolvió la nacionalidad a Kundera, que recibió la noticia con complacida indiferencia. Cincuenta años de exilio le habían blindado contra cualquier veleidad nacionalista. Como Pirron o Epicuro, Kundera se consideraba ciudadano del mundo, un “átopos”, un individuo de ninguna parte y por tanto de todas ellas. En su obra “La inmortalidad”, publicada en 1990, el escritor discurre sobre la identidad, como un proceso más que como una adscripción. Especialmente compleja si la persona vive en un régimen autoritario donde se proclama de igualdad supuesta y aparente de todos bajo la consigna unitaria –a la fuerza- de un régimen político que exige obediencia absoluta y usa de la violencia y la intimidación para lograrla. El novelista conocía la contradicción esencial de los totalitarismos: prometen un paraíso pero imponen un infierno, donde todo el aparato propagandistico del régimen está enfocado en disolver al individuo en una amalgama de ideas homogéneas, primarias y de una simpleza sonrojante en pos de la unidad de las mentes en un objetivo común: el que emana del privilegiado aparato directivo del partido y sus sirvientes más directos. Es decir una sociedad jerarquizada, con una cúpula que disfruta de todos los privilegios, un cinturón de servidores policiales y militares dispuestos a todo y la ingente masa de todos los demás ciudadanos del país sometidos  a los caprichos y directrices –a menudo demenciales- del poder. Es decir el reino del terror de Stalin o Hitler, Mao, Idi Amin, los khemeres rojos del Pol Pot, Ceausescu y tantos otros polichinelas del terror político, ahora encarnados en Trump, Bolsonaro o Putin, sin ir más lejos.

En otras novelas, como “La fiesta de la insignificancia” o “La ignorancia”, Kundera  analiza esa imposibilidad de conocer nuestro propio yo debido a la influencia enajenadora y falaz que tienen los demás o los medios de comunicación influidos por el poder y, proféticamente, las redes sociales y la tecnología social en todas sus manifestaciones. Es la soberanía absoluta de la imagen, de las pantallas, como indicativo de la ausencia de intimidad para propiciar la creación de “yos” que solo son avatares, muñequitos,“likes” o emoticones que conforman personalidades fulgurantes, simples, esquemáticas, efímeras y vulnerables hasta el suicidio.

En cierta forma todo esto daría sentido al perfil-cero social que Kundera adoptó en los últimos años de su vida. Lejos de la voracidad de los medios, centrado en su propia existencia y en su obra, el escritor checo renunció voluntariamente a cualquier atisbo de vida pública. Tanto es así que muchos de los que amamos su obra pensábamos que había fallecido en secreto, como una versión muy paradójica y sarcástica de su primera novela “La broma” en la que un simple chiste acaba arruinando la vida de un hombre (en el régimen estalinista checo, los chistes estaban oficialmente prohibidos y castigados).

Esa es una constante de la obra de este autor, el juego perverso que el humor mantiene con el horror, el pesimismo con la ironía, la carcajada liberadora con las lágrimas de frustración, la rigidez de lo autoritario y lo fanático con  la salida ingeniosa y ridícula del hombrecillo asustado que busca una aceptación del otro que nunca es atendida. La fuerza liberadora del humor, la carcajada, estaba presente en la narrativa y los ensayos de Kundera, como una confirmación de aquella frase, creo que era de la Arendt o de Simone Weil, dos víctimas directas o indirectas de los nazis: lo primero que desaparece de las calles en un régimen  totalitario es la risa, la jovialidad, el trato amable. Los sustituye el miedo, la desconfianza, la inseguridad, la tristeza y el silencio. Ese es el trasfondo de la huida de un desengañado Kundera de su país tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968.

Para poder trabajar en esa dialéctica entre el horror y el humor, Kundera echa  mano de la filosofía, no sólo del existencialismo de Sastre o de la fenomenología de Heidegger, también del Nietzsche de la angustia del yo o el Kafka del absurdo, del Musil del hombre sin atributos o del Hermann Broch (el de “La muerte de Virgilio”) que bucea en la inconsistencia de las motivaciones de las acciones humanas. Sin olvidar a un Rabelais o un Diderot. Por tanto Kundera acaba reconociendo que sus novelas “no examinan la realidad, sino la existencia”, es decir la variabilidad y absurdo de las actitudes humanas que muchas veces se enfrentan auto destructivamente a la realidad. Lo cual nos lleva a “La insoportable levedad del ser”, la novela best-seller de Kundera, donde el escritor nos apunta que la única salida posible y digna a esa situación es el ejercicio de la ironía y el humor, única arma para afrontar la unamuniana condición o “sentimiento trágico de la vida” y la naturaleza del desarraigo vital que instauró el siglo XX, espíritu de una época que hoy padecemos aún más, en el declive de las ideas y los valores de vigencia universal. Ese es el nihilismo y la negatividad del siglo XXI, un malestar existencial que Kundera trata de sobrellevar con su narrativa y su ironía dura y sarcástica.

Para un amante de la novela cervantina, Kundera es como un efecto lógico del realismo desengañado y pleno de humor irónico de don Miguel trasplantado al siglo del Gran Hundimiento Humanista, el XX, con sus dos guerras mundiales y más de un centenar de conflictos armados y genocidios en el resto del mundo. Quizá por eso no le importó demasiado que se le negara la opción al Nobel por una supuesta delación cometida en su juventud contra un compañero escritor durante la época estanilista dura. Kundera negó siempre esa noticia y la  atribuyó a maniobras de desprestigio orquestadas por el comunismo activo en Occidente contra un “traidor” de la Causa.

Lo cierto es  que Kundera al final de su vida trató de aceptar el reconocimiento de su país natal sin acritud o amargura. Recibió el Premio Nacional de Literatura checo en 2008 y el Premio Kafka en 2021. Como muestra de reconciliación, Kundera donó su biblioteca y sus archivos personales a la Fundación que lleva su nombre en la ciudad de Brno, donde nació. Siempre había dejado bien claro que él era un escritor no un político o ideólogo: “No me siento cómodo en el papel del disidente. No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno una literatura de tesis, y si algo detesto es precisamente la literatura de tesis. Lo que me interesa es el valor estético. Para mí, la literatura pro comunista o la anticomunista es, en ese sentido, lo mismo. Por eso no me gusta verme como un disidente”, declaró a “El País” en 1982, en una de sus últimas entrevistas, tras su rechazo total al “despotismo” manipulador de los medios de comunicación. A partir de 1986 el escritor checo exiliado en Paris decidió “beckettizarse”, es decir, seguir el ejemplo de Samuel Beckett y dar por cerrados sus contactos con los medios. La respuesta no se hizo esperar. Muchos rechazados empezaron a buscar la forma de desacreditarle. En el “cafarnaum” de los medios negarse a hablar y aparecer se convierte en una ofensa de lesa majestad: el público y el ruido lo es todo. Dejamos el tema. La picota pública es demasiado visible en las redes y ha realizado auténticas canalladas y provocado incluso el suicidio de algunas personas.

Pero pasemos a su obra y dejemos al escritor celoso de su privacidad y su libertad. Un rápido paseo por algunas de sus novelas y luego nos detendremos en una en particular “La fiesta de la insignificancia”. No porque sea la mejor, pero si es la que, de alguna forma, resume en cierta forma el personal ideario social y ético, estético y literario de Kundera. Es una carcajada triste que resume nuestra época mejor que un ensayo político. Su humor, como en Rabelais, como en Cervantes, arranca de la profunda desdicha, la ignorancia, la insoportable levedad del ser…como en Don Quijote, la tozuda y mezquina realidad mostrenca convierte a los gigantes en molinos, al bálsamo de Fierabrás en un brebaje inmundo, a los ejércitos en rebaños de ovejas y corderos, a un palacio almenado en una venta miserable, a una doncella en Maritornes, una puta del partido, al caballero de la Blanca Luna en el vengativo Sansón Carrasco, a los Duques señoriales en nobles burlones, despiadados, ignorantes y mezquinos y, ay, a la sin par Dulcinea del Toboso en una aldeana sin encanto alguno, zafia y despreciativa. Kundera a través de su obra, empezando por “La broma”, juega ese mismo -burlón, pero triste y a veces patético- juego cervantino (no en vano es un fanático de don Miguel) y lo hará en casi todos sus libros, navegando entre la sátira, el ridículo, el humor grotesco, el absurdo, el realismo mágico, la humillación, el esperpento y el erotismo desmadrado y un poco sórdido. En esa novela, Kundera revela el aciago destino  que puede tener un simple chiste o frase ingeniosa escrita imprudentemente en una postal en la Chescoslovaquia comunista. La frase era “El optimismo es el opio del pueblo” y  le cuesta la ruina en vida a su protagonista. La sensibilidad ante la crítica, aunque sea una simple chispa de ingenio, es una de las debilidades vengativas ridículas de los regímenes totalitarios.

El libro de la risa y del olvido

En 1979 sale a  la luz un libro cajón-de-sastre: nuestro autor era muy aficionado a las digresiones, reflexiones, autocríticas, relatos caprichosos y textos entre el ensayo y el guiño social. Le encantaba despistar al lector con su búsqueda incesante de nuevos cauces narrativos y fórmulas literarias con afán de novedad. En muchos de estos textos ya se vislumbra con cierta claridad el pensamiento y la mirada crítica del escritor en torno a la sociedad en la que vive. Era jugar con fuego.

La insoportable levedad del ser

En 1984 se publica la que muchos consideran mejor obra de Kundera. Hubo versión cinematográfica de gran éxito y quedó establecido el talante irredento y mordaz del escritor, así como su visión lúdica, trágica y sensual de la existencia. La Praga del 68 (un año histórico para el país) la visión que de ella tiene el autor, con todas las connotaciones críticas  sociales y políticas, la represión y la estupidez de la burocracia oficial comunista, son los ingredientes de una novela existencial excelente, en muchos momentos rozando el absurdo de Kafka o el ridículo surrealista y sexualmente procaz de “Tristram Shandy”.

El arte de la novela 

En 1986, Kundera, escribe uno de los textos más logrados y felices sobre la novela como género literario. Ya desde su definición “La novela es un arte nacido de la risa de Dios”, como una especie de territorio mágico imaginativo y de conocimiento cuyo proceso continuo a través de los tiempos es el epitome y el curso caudaloso de todas las grandes novelas de todos los tiempos que se van enriqueciendo en cada nueva aportación. Para quien esto escribe, el capítulo dedicado  a “La desprestigiada herencia de Cervantes” es uno de los textos más interesantes que he leído dedicado al inabarcable Cervantes.

Los testamentos traicionados 

En 1992 da una vuelta de tuerca a la obra anterior y escribe un ensayo sobre la novela como si fuera en sí mismo otra novela. Utiliza la música como vehículo comparativo y las obras y presencia de otros autores, como Hemigway o Kafka y aprovecha para lanzar su cuarto de espadas sobre la mesa de la naturaleza del autor y de los peligros que le acechan. Eso se convertiría en una de las “bestias negras” de Kundera, por su temor a ser mal interpretado o manipulado (en las traducciones era casi patológica la firmeza y cuidado con la que sometía a sus textos y a los traductores). La cuestión de confundir al autor con sus criaturas y vivencias novelescas se estaba convirtiendo en un complejo de rechazo que le duraría hasta el final de su vida.

El telón. Ensayo en siete partes 

En el nuevo siglo, Kundera vuelve a la historia de la novela y comienza con la revolución narrativa que supuso “El Quijote” y todos los temas y cuestiones relacionados con la creatividad y las grandes figuras de la literatura mundial.

Y tras este apresurado y selectivo, por tanto no completo,  paseo por la obra del escritor checo, nos detenemos un poco más en su último libro publicado:

La fiesta de la insignificancia

En 2014 sale a la palestra pública esta novela  donde se juega, en uno de sus capítulos, con el cuento metafórico del nuevo traje del rey, supuestamente realizado en telas tan sutiles que parece que el rey va desnudo (lo que en verdad ocurre). Es el engaño, la broma que deja de ser algo cómico para convertirse en tragedia. El “rey” del cuento de Kundera se llama Joseph Stalin. El siniestro dictador, al final de su vida, ya irremediablemente delirante, cuenta un relato que parece cómico. Tiene que ver con la caza de unas perdices. ¿Qué hacer? Si te ríes y no era cómico para Stalin, te cuesta la vida. Si, por el contrario, trataba de que soltaras la carcajada y no lo haces, es un insulto para el monstruoso ego del dictador. Y también lo pagas claro. Parafraseando, apropiadamente,  a Lenin, uno se pregunta una y otra vez “¿Qué hacer?”. Nuevamente transitamos por el resbaladizo terreno de la broma, el chiste, el sarcasmo surrealista, donde se recurre constantemente al destino dramático del ser humano, entre el absurdo, lo erótico (siempre rozando lo escatológico) y la sordidez y el miedo enquistado como una lepra en el cuerpo social.

Con momentos de absurdo surrealista, como el episodio de la pluma que sobrevuela una reunión mundana y se pasea en torno al dedo levantado de una de las invitadas con más glamour,  entre los aplausos de los aburridos asistentes o el juego retórico que se llevan tres amigos sobre la moda juvenil femenina de pasearse mostrando el  ombligo y la sabia disquisición sobre los elementos más atractivos de las mujeres, las caderas, los pechos o las piernas. “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento.” Dice uno de los cuatro protagonistas. El testamento literario de Kundera me recuerda el talante desafiante, subversivo e iconoclasta de otro grande, éste del cine, don Luis Buñuel. Leyendo “La fiesta de la insignificancia” me parecía estar viendo en una pantalla las escenas que narra Kundera con un Fernando Rey o un Francisco Rabal o una Silvia Pinal interpretando a los personajes del escritor checo.

Decididamente, y que los incondicionales de Kundera me perdonen, me quedo con sus ensayos “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados” y “El Telón”. Y, claro, su novela paradigmática, “La insoportable levedad del ser”.

FICHA

Todas sus novelas y ensayos  están al alcance de todos los españoles –como el NODO-  en cualquier buena librería. Están editados por Tusquets, con excelentes traducciones, revisadas por el autor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

.

 

 

 

Compartir este post
Repost0
27 agosto 2023 7 27 /08 /agosto /2023 18:32

MILAN KUNDERA , EL AUTOR QUE SURGIÓ DEL FRÍO

 

El pasado 11 de julio murió en París, donde residía, el escritor checo Milan Kundera, a los 94 años de edad. Como Joyce, Nabokov, Mann, Rilke, Walter Benjamín, Zweig, Leon Felipe, Hanna Arendt, Salman Rushdie y tantos otros, Kundera se vio obligado a buscar un lugar donde poder vivir en paz –y morir, sin pistola intermedia-  ya que en su país de origen estaba proscrito. Al poder político absoluto le fastidia absolutamente que  escritores y pensadores, poetas y artistas se atrevan a opinar libremente sobre ellos. El comunismo de raíz estalinista no solía aceptar de buen grado a los intelectuales críticos. Estaban destinados a ser carne de “gulag” o a “desaparecer” de la forma más discreta posible. Como en la novela de John Le Carré, resultaba incómodo en ambos lados del Telón de Acero, ya fuese espía o intelectual. En los tiempos de la “guerra fría” los intelectuales no tenían buena prensa en general (recuerden la “caza de brujas” en Estados Unidos).

En 1979 las autoridades checas le retiraron la nacionalidad a Kundera y lo convirtieron en uno de los cientos de miles de apátridas que desbordaban las fronteras. En su libro “La vida está en otra parte” el escritor checo reivindicó la libertad como uno de los frutos de la rebeldía vital que caracterizó su existencia. En 2019 Checoslovaquia devolvió la nacionalidad a Kundera, que recibió la noticia con complacida indiferencia. Cincuenta años de exilio le habían blindado contra cualquier veleidad nacionalista. Como Pirron o Epicuro, Kundera se consideraba ciudadano del mundo, un “átopos”, un individuo de ninguna parte y por tanto de todas ellas. En su obra “La inmortalidad”, publicada en 1990, el escritor discurre sobre la identidad, como un proceso más que como una adscripción. Especialmente compleja si la persona vive en un régimen autoritario donde se proclama de igualdad supuesta y aparente de todos bajo la consigna unitaria –a la fuerza- de un régimen político que exige obediencia absoluta y usa de la violencia y la intimidación para lograrla. El novelista conocía la contradicción esencial de los totalitarismos: prometen un paraíso pero imponen un infierno, donde todo el aparato propagandistico del régimen está enfocado en disolver al individuo en una amalgama de ideas homogéneas, primarias y de una simpleza sonrojante en pos de la unidad de las mentes en un objetivo común: el que emana del privilegiado aparato directivo del partido y sus sirvientes más directos. Es decir una sociedad jerarquizada, con una cúpula que disfruta de todos los privilegios, un cinturón de servidores policiales y militares dispuestos a todo y la ingente masa de todos los demás ciudadanos del país sometidos  a los caprichos y directrices –a menudo demenciales- del poder. Es decir el reino del terror de Stalin o Hitler, Mao, Idi Amin, los khemeres rojos del Pol Pot, Ceausescu y tantos otros polichinelas del terror político, ahora encarnados en Trump, Bolsonaro o Putin, sin ir más lejos.

En otras novelas, como “La fiesta de la insignificancia” o “La ignorancia”, Kundera  analiza esa imposibilidad de conocer nuestro propio yo debido a la influencia enajenadora y falaz que tienen los demás o los medios de comunicación influidos por el poder y, proféticamente, las redes sociales y la tecnología social en todas sus manifestaciones. Es la soberanía absoluta de la imagen, de las pantallas, como indicativo de la ausencia de intimidad para propiciar la creación de “yos” que solo son avatares, muñequitos,“likes” o emoticones que conforman personalidades fulgurantes, simples, esquemáticas, efímeras y vulnerables hasta el suicidio.

En cierta forma todo esto daría sentido al perfil-cero social que Kundera adoptó en los últimos años de su vida. Lejos de la voracidad de los medios, centrado en su propia existencia y en su obra, el escritor checo renunció voluntariamente a cualquier atisbo de vida pública. Tanto es así que muchos de los que amamos su obra pensábamos que había fallecido en secreto, como una versión muy paradójica y sarcástica de su primera novela “La broma” en la que un simple chiste acaba arruinando la vida de un hombre (en el régimen estalinista checo, los chistes estaban oficialmente prohibidos y castigados).

Esa es una constante de la obra de este autor, el juego perverso que el humor mantiene con el horror, el pesimismo con la ironía, la carcajada liberadora con las lágrimas de frustración, la rigidez de lo autoritario y lo fanático con  la salida ingeniosa y ridícula del hombrecillo asustado que busca una aceptación del otro que nunca es atendida. La fuerza liberadora del humor, la carcajada, estaba presente en la narrativa y los ensayos de Kundera, como una confirmación de aquella frase, creo que era de la Arendt o de Simone Weil, dos víctimas directas o indirectas de los nazis: lo primero que desaparece de las calles en un régimen  totalitario es la risa, la jovialidad, el trato amable. Los sustituye el miedo, la desconfianza, la inseguridad, la tristeza y el silencio. Ese es el trasfondo de la huida de un desengañado Kundera de su país tras la invasión soviética de Checoslovaquia en 1968.

Para poder trabajar en esa dialéctica entre el horror y el humor, Kundera echa  mano de la filosofía, no sólo del existencialismo de Sastre o de la fenomenología de Heidegger, también del Nietzsche de la angustia del yo o el Kafka del absurdo, del Musil del hombre sin atributos o del Hermann Broch (el de “La muerte de Virgilio”) que bucea en la inconsistencia de las motivaciones de las acciones humanas. Sin olvidar a un Rabelais o un Diderot. Por tanto Kundera acaba reconociendo que sus novelas “no examinan la realidad, sino la existencia”, es decir la variabilidad y absurdo de las actitudes humanas que muchas veces se enfrentan auto destructivamente a la realidad. Lo cual nos lleva a “La insoportable levedad del ser”, la novela best-seller de Kundera, donde el escritor nos apunta que la única salida posible y digna a esa situación es el ejercicio de la ironía y el humor, única arma para afrontar la unamuniana condición o “sentimiento trágico de la vida” y la naturaleza del desarraigo vital que instauró el siglo XX, espíritu de una época que hoy padecemos aún más, en el declive de las ideas y los valores de vigencia universal. Ese es el nihilismo y la negatividad del siglo XXI, un malestar existencial que Kundera trata de sobrellevar con su narrativa y su ironía dura y sarcástica.

Para un amante de la novela cervantina, Kundera es como un efecto lógico del realismo desengañado y pleno de humor irónico de don Miguel trasplantado al siglo del Gran Hundimiento Humanista, el XX, con sus dos guerras mundiales y más de un centenar de conflictos armados y genocidios en el resto del mundo. Quizá por eso no le importó demasiado que se le negara la opción al Nobel por una supuesta delación cometida en su juventud contra un compañero escritor durante la época estanilista dura. Kundera negó siempre esa noticia y la  atribuyó a maniobras de desprestigio orquestadas por el comunismo activo en Occidente contra un “traidor” de la Causa.

Lo cierto es  que Kundera al final de su vida trató de aceptar el reconocimiento de su país natal sin acritud o amargura. Recibió el Premio Nacional de Literatura checo en 2008 y el Premio Kafka en 2021. Como muestra de reconciliación, Kundera donó su biblioteca y sus archivos personales a la Fundación que lleva su nombre en la ciudad de Brno, donde nació. Siempre había dejado bien claro que él era un escritor no un político o ideólogo: “No me siento cómodo en el papel del disidente. No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno una literatura de tesis, y si algo detesto es precisamente la literatura de tesis. Lo que me interesa es el valor estético. Para mí, la literatura pro comunista o la anticomunista es, en ese sentido, lo mismo. Por eso no me gusta verme como un disidente”, declaró a “El País” en 1982, en una de sus últimas entrevistas, tras su rechazo total al “despotismo” manipulador de los medios de comunicación. A partir de 1986 el escritor checo exiliado en Paris decidió “beckettizarse”, es decir, seguir el ejemplo de Samuel Beckett y dar por cerrados sus contactos con los medios. La respuesta no se hizo esperar. Muchos rechazados empezaron a buscar la forma de desacreditarle. En el “cafarnaum” de los medios negarse a hablar y aparecer se convierte en una ofensa de lesa majestad: el público y el ruido lo es todo. Dejamos el tema. La picota pública es demasiado visible en las redes y ha realizado auténticas canalladas y provocado incluso el suicidio de algunas personas.

Pero pasemos a su obra y dejemos al escritor celoso de su privacidad y su libertad. Un rápido paseo por algunas de sus novelas y luego nos detendremos en una en particular “La fiesta de la insignificancia”. No porque sea la mejor, pero si es la que, de alguna forma, resume en cierta forma el personal ideario social y ético, estético y literario de Kundera. Es una carcajada triste que resume nuestra época mejor que un ensayo político. Su humor, como en Rabelais, como en Cervantes, arranca de la profunda desdicha, la ignorancia, la insoportable levedad del ser…como en Don Quijote, la tozuda y mezquina realidad mostrenca convierte a los gigantes en molinos, al bálsamo de Fierabrás en un brebaje inmundo, a los ejércitos en rebaños de ovejas y corderos, a un palacio almenado en una venta miserable, a una doncella en Maritornes, una puta del partido, al caballero de la Blanca Luna en el vengativo Sansón Carrasco, a los Duques señoriales en nobles burlones, despiadados, ignorantes y mezquinos y, ay, a la sin par Dulcinea del Toboso en una aldeana sin encanto alguno, zafia y despreciativa. Kundera a través de su obra, empezando por “La broma”, juega ese mismo -burlón, pero triste y a veces patético- juego cervantino (no en vano es un fanático de don Miguel) y lo hará en casi todos sus libros, navegando entre la sátira, el ridículo, el humor grotesco, el absurdo, el realismo mágico, la humillación, el esperpento y el erotismo desmadrado y un poco sórdido. En esa novela, Kundera revela el aciago destino  que puede tener un simple chiste o frase ingeniosa escrita imprudentemente en una postal en la Chescoslovaquia comunista. La frase era “El optimismo es el opio del pueblo” y  le cuesta la ruina en vida a su protagonista. La sensibilidad ante la crítica, aunque sea una simple chispa de ingenio, es una de las debilidades vengativas ridículas de los regímenes totalitarios.

El libro de la risa y del olvido

En 1979 sale a  la luz un libro cajón-de-sastre: nuestro autor era muy aficionado a las digresiones, reflexiones, autocríticas, relatos caprichosos y textos entre el ensayo y el guiño social. Le encantaba despistar al lector con su búsqueda incesante de nuevos cauces narrativos y fórmulas literarias con afán de novedad. En muchos de estos textos ya se vislumbra con cierta claridad el pensamiento y la mirada crítica del escritor en torno a la sociedad en la que vive. Era jugar con fuego.

La insoportable levedad del ser

En 1984 se publica la que muchos consideran mejor obra de Kundera. Hubo versión cinematográfica de gran éxito y quedó establecido el talante irredento y mordaz del escritor, así como su visión lúdica, trágica y sensual de la existencia. La Praga del 68 (un año histórico para el país) la visión que de ella tiene el autor, con todas las connotaciones críticas  sociales y políticas, la represión y la estupidez de la burocracia oficial comunista, son los ingredientes de una novela existencial excelente, en muchos momentos rozando el absurdo de Kafka o el ridículo surrealista y sexualmente procaz de “Tristram Shandy”.

El arte de la novela 

En 1986, Kundera, escribe uno de los textos más logrados y felices sobre la novela como género literario. Ya desde su definición “La novela es un arte nacido de la risa de Dios”, como una especie de territorio mágico imaginativo y de conocimiento cuyo proceso continuo a través de los tiempos es el epitome y el curso caudaloso de todas las grandes novelas de todos los tiempos que se van enriqueciendo en cada nueva aportación. Para quien esto escribe, el capítulo dedicado  a “La desprestigiada herencia de Cervantes” es uno de los textos más interesantes que he leído dedicado al inabarcable Cervantes.

Los testamentos traicionados 

En 1992 da una vuelta de tuerca a la obra anterior y escribe un ensayo sobre la novela como si fuera en sí mismo otra novela. Utiliza la música como vehículo comparativo y las obras y presencia de otros autores, como Hemigway o Kafka y aprovecha para lanzar su cuarto de espadas sobre la mesa de la naturaleza del autor y de los peligros que le acechan. Eso se convertiría en una de las “bestias negras” de Kundera, por su temor a ser mal interpretado o manipulado (en las traducciones era casi patológica la firmeza y cuidado con la que sometía a sus textos y a los traductores). La cuestión de confundir al autor con sus criaturas y vivencias novelescas se estaba convirtiendo en un complejo de rechazo que le duraría hasta el final de su vida.

El telón. Ensayo en siete partes 

En el nuevo siglo, Kundera vuelve a la historia de la novela y comienza con la revolución narrativa que supuso “El Quijote” y todos los temas y cuestiones relacionados con la creatividad y las grandes figuras de la literatura mundial.

Y tras este apresurado y selectivo, por tanto no completo,  paseo por la obra del escritor checo, nos detenemos un poco más en su último libro publicado:

La fiesta de la insignificancia

En 2014 sale a la palestra pública esta novela  donde se juega, en uno de sus capítulos, con el cuento metafórico del nuevo traje del rey, supuestamente realizado en telas tan sutiles que parece que el rey va desnudo (lo que en verdad ocurre). Es el engaño, la broma que deja de ser algo cómico para convertirse en tragedia. El “rey” del cuento de Kundera se llama Joseph Stalin. El siniestro dictador, al final de su vida, ya irremediablemente delirante, cuenta un relato que parece cómico. Tiene que ver con la caza de unas perdices. ¿Qué hacer? Si te ríes y no era cómico para Stalin, te cuesta la vida. Si, por el contrario, trataba de que soltaras la carcajada y no lo haces, es un insulto para el monstruoso ego del dictador. Y también lo pagas claro. Parafraseando, apropiadamente,  a Lenin, uno se pregunta una y otra vez “¿Qué hacer?”. Nuevamente transitamos por el resbaladizo terreno de la broma, el chiste, el sarcasmo surrealista, donde se recurre constantemente al destino dramático del ser humano, entre el absurdo, lo erótico (siempre rozando lo escatológico) y la sordidez y el miedo enquistado como una lepra en el cuerpo social.

Con momentos de absurdo surrealista, como el episodio de la pluma que sobrevuela una reunión mundana y se pasea en torno al dedo levantado de una de las invitadas con más glamour,  entre los aplausos de los aburridos asistentes o el juego retórico que se llevan tres amigos sobre la moda juvenil femenina de pasearse mostrando el  ombligo y la sabia disquisición sobre los elementos más atractivos de las mujeres, las caderas, los pechos o las piernas. “La insignificancia, amigo mío, es la esencia de la existencia. Está con nosotros en todas partes y en todo momento.” Dice uno de los cuatro protagonistas. El testamento literario de Kundera me recuerda el talante desafiante, subversivo e iconoclasta de otro grande, éste del cine, don Luis Buñuel. Leyendo “La fiesta de la insignificancia” me parecía estar viendo en una pantalla las escenas que narra Kundera con un Fernando Rey o un Francisco Rabal o una Silvia Pinal interpretando a los personajes del escritor checo.

Decididamente, y que los incondicionales de Kundera me perdonen, me quedo con sus ensayos “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados” y “El Telón”. Y, claro, su novela paradigmática, “La insoportable levedad del ser”.

FICHA

Todas sus novelas y ensayos  están al alcance de todos los españoles –como el NODO-  en cualquier buena librería. Están editados por Tusquets, con excelentes traducciones, revisadas por el autor.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

.

 

Compartir este post
Repost0
6 agosto 2023 7 06 /08 /agosto /2023 18:28

EL FUTURO QUE LLEGA: “TERRITORIO DESCONOCIDO”

Este artículo fue publicado en La Comarca el 040823

La expresión que acaban de leer no ha sido utilizada por un redactor  de reportajes apocalípticos o un escritor de ciencia ficción, sino que pertenece a un informe oficial de una de las agencias de la ONU  (Copernicus) que estudian el cambio climático. Se informó –para noticia de pocos y alarma de los menos- que este mes de julio, el más caluroso que se conoce, se  rebasó el límite del calentamiento global de los 1,5 grados centígrados de aumento global en comparación con los niveles preindustriales, establecido en el Acuerdo de París de 2015.Antonio Guterres, secretario general de la ONU, lo dejó bien claro: “para los científicos no hay duda, los seres humanos y nuestro estilo de vida somos responsables de ello”. Tanto las temperaturas globales como la de los mares han batido records y eso lleva al planeta a un “territorio desconocido”.

Justamente, el pasado 2 de agosto, se dio la noticia de que el planeta entraba en “déficit ecológico”. Es decir que estamos consumiendo más recursos naturales de los que el planeta es capaz de renovar. Este año ya hemos agotado el presupuesto de que disponemos para no tener que hipotecar la capacidad de los ecosistemas de regenerarse. Se trata de un contador digital que la sociedad Global Footprint Network ha diseñado para visualizar la deuda creciente que los humanos tenemos con el planeta, a fin de concienciar a los poderes económicos  para que respeten los límites naturales de la Tierra. El ordenador baraja los datos actuales de la huella ecológica (demanda de recursos) y la capacidad regenerativa de los sistemas (biocapacidad)  --gracias a los datos de180 países monitorizados-- sobre un calendario, a fin de señalar el día en que hemos consumido los recursos de los que disponíamos para todo el año. Cada país entra en déficit en fechas diferentes, oscilando entre un Qatar, en febrero, Estados Unidos en marzo o España en mayo. La media aritmética de todos los países nos da la fecha del 2 de agosto.

El calentamiento extremo captado en el hemisferio norte,  ha causado olas de calor en América del norte, Asia, África y Europa, impactando en la salud de las personas, la economía y la epidemia de incendios que ha arrasado zonas del Mediterráneo y ha causado efectos en el fenómeno de calentamiento cíclico del Niño, que nace en el Pacífico Ecuatorial e impacta en el resto del planeta.  Los científicos destacan un factor lógico  aunque inesperado: la velocidad del cambio. La subida de temperaturas en el Atlántico norte está alarmando  de manera especial: en la Antártida  el área cubierta por hielo marino ha disminuido  en una superficie comparable a 10 veces el tamaño del Reino Unido.

Dos investigaciones independientes han coincidido con un  informe de expertos de la ONU:  la principal corriente oceánica que regula el clima, el sistema circulatorio del planeta, un conjunto de corrientes oceánicas que lleva inmensas cantidades de agua de los mares tropicales a los de norte, la llamada circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC en siglas en inglés) se está debilitando, debido al aumento de la cantidad de agua dulce creada por el deshielo, (al ser menos densa que la salada se hunde menos, por lo que interfiere en el circuito). La AMOC es la responsable del trasporte de calor casi a escala planetaria, así que la corriente enfriaría la mayor parte del hemisferio norte y calentaría la ya de por si calientes aguas ecuatoriales.

Otro informe consultado (publicado en la revista científica Nature) que establece los limites climáticos, naturales y de contaminación que permitiría la supervivencia, asegura que ya han sido vulnerados siete de los nueve umbrales que permiten la vida humana sobre el planeta. Destaco una frase del informe: “los seres humanos somos parte del sistema Tierra, somos gran parte del problema y debemos ser gran parte de la solución. Pero los problemas y las soluciones no afectan a todos por igual y unos pocos generan problemas para muchos y suelen ser los únicos que se benefician”. Eso es insertar un concepto ético, la justicia, en una cuestión científica. Las emisiones de gases de efecto invernadero proceden del 10% más rico de la población. Igualdad y justicia distributiva se dan la mano en el planteamiento de un problema cuya solución nos concierne a todos.

Los umbrales violados van desde los que atañen directamente al cambio climático, hasta el de mantener mayores superficies del planeta sin ganadería, agricultura, minería y cualquier otra interferencia humana. También se han vulnerado los límites de nutrientes usadas en los cultivos, como el nitrógeno o el fósforo, que afecta la calidad y el uso del agua superficial o subterránea (éstas extraídas en exceso).

También se estudian los problemas de acidificación de los océanos, la acumulación de plásticos en gigantescas islas flotantes, los microplásticos, la presencia de productos químicos y antibióticos en las aguas, la pérdida de la biodiversidad. Se sabe que  superar los límites de esos ámbitos reduce la fuerza del planeta para hacer frente a las crisis que nos amenazan. Los océanos absorben y acumulan el calor, ya que la vida marina se encarga de recoger el carbono de la superficie y almacenarlo en las profundidades. Sin eso nuestra atmósfera contendría un 50 % más de dióxido de carbono lo cual eliminaría la vida en la Tierra.

 

Como muestra un botón: las aguas del Mediterráneo  llegaron a alcanzar los 30 º C. el pasado mes y está subiendo su temperatura un 20% más rápido de la media mundial. Eso tiene un efecto destructivo del ecosistema marino ya que las especies habituadas a unos rangos de temperatura migran de las zonas calentadas para poder sobrevivir. Cando no lo hacen, mueren, como ocurre con especies que viven en rocas o en arenas (navajas, almejas y mejillones). El proceso afecta a las aves marinas que pierden sus alimentos habituales. Incluso los bosques de posidonia del fondo del Mediterráneo - que almacenan un 20% más de CO2 que los terrestres-, están siendo afectados. Toda la cadena alimentaria se resiente, llegando hasta los humanos.

Las predicciones científicas evitan en lo posible el alarmismo apocalíptico, pero insisten en hacer lo necesario para evitar que esos picos de exceso se conviertan en tendencia y creen una nueva normalidad donde los desastres naturales sean la norma y no la excepción. Pero pasemos a otro de los elementos de la ecuación humanidad-planeta- supervivencia: la ignorancia del “bípedo implume” (el hombre según Platón), acompañada por la codicia, la agresividad y la estupidez.  Y no me estoy refiriendo sólo a los negacionistas climáticos ni a los terraplanistas, que se vuelven más agresivos en relación directa con la mayor idiotez de sus argumentos-  sino al ciudadano medio normal, aquellos que creen que todo esto “no va con ellos”.

Lo cierto es que el goteo incesante de informes científicos sobre el mundo causa sin duda brotes de “ecoansiedad”, es decir la desazón  y angustia  de cuantos nos preocupamos por un  mundo que amenaza en convertirse en un “territorio desconocido” debido a visibles y crecientes crisis climáticas y medioambientales, con efectos nocivos para los países y las personas, la economía y la supervivencia. ¿Cómo podemos afrontar de una forma útil y positiva un problema acuciante y global sin precedentes? Tal vez deberíamos empezar por enseñar en las escuelas y en todos los niveles de enseñanza a encarar y explorar el mundo que nos viene de una manera más reflexiva: un paso más de las modestas acciones de reciclar, consumir racionalmente o montar en bicicleta. Educar en clave sostenible, mostrar la necesidad de los pequeños detalles, controlar y no expandir las basuras y desechos,  ahorrar el agua potable, extremar precauciones para evitar los incendios, respetar las diversidades, cultivar la cortesía con el otro, racionalizar el uso de móviles, tv. y tablets, regresar a los juegos y relaciones presenciales entre niños y jóvenes, cuidar el cuerpo y rechazar los abusos, recuperar viejas tradiciones de trabajos manuales, reparar antes que tirar o sustituir, cuidar los espacios comunes como algo propio, revitalizar parques y jardines… en suma, no aceptar la fatalidad del “no podemos hacer nada”. Si se puede. Cada uno a su nivel personal puede contribuir a hacer un mundo más empático, cordial y austero. Y comprender que no nos queda más remedio que ajustarnos a las necesidades que vendrán. Crear, en suma, un estado de rebelión ciudadana contra un sistema de vivir erróneo. El “territorio desconocido” no es más que la casa común, okupada por los intereses en la sombra del capitalismo consumista salvaje que, como el rey Midas, acabará muriéndose –y matando-  de hambre, al convertir todo lo que nos rodea en supuesto oro.

La solución ya no consiste en levantar murallas y alambradas para evitar que nada ni nadie entre en nuestros países (como Europa frente a la creciente llegada de migrantes desesperados). Los muros no preservan nuestros cielos, nuestras aguas, las costas y los ríos. Afrontamos un problema global  que exige olvidar los egoísmos nacionalistas. Hay que estar ciegos de vanidad, soberbia y codicia, para no comprender que no tenemos capacidad alguna para evitar que la salud pública, la salud de los ciudadanos comience de una manera evidente pero ignorada a recibir los efectos nocivos de la crisis climática: el calor extremo, los rayos del sol poco filtrados, sequías o inundaciones y enfermedades con ambición de pandemia como el Covid. De momento no hay una búsqueda realista de soluciones que se adecúe al multiproblema. Ya que hay que diseñar un sistema de visión conjunta, global, poliédrica, que una a los expertos en ámbitos sanitarios y sociales, con economistas, educadores, legisladores, urbanistas, empresarios…pues todas esas facetas tiene la amenaza en ciernes. Unir a ello los informes de meteorología de Aemet, Protección Civil, el CSIC o los Centros de investigación sobre energía y medioambiente, sin olvidar los aportes de la Tecnología. En España se ha creado el Observatorio de Salud y Cambio Climático (OSCC) que se supone estará en comunicación fluida con otros centros semejantes en el mundo.

Pensemos, en fin, que el brutal incendio de los bosques de Canadá o los de Grecia, Argelia y Túnez y otros que han ensombrecido este verano, provocan inmensas corrientes de aire que dispersa cenizas microscópicas por todo el orbe. Ya no se trata de vivir acomodados en que “eso” es algo que les sucede a los otros. Nunca como hasta ahora lo “nuestro” es, el mundo que nos rodea. No hay fronteras para el mal, el sufrimiento y la peste. Y ahora el planeta nos recuerda que somos vulnerables, que tenemos que plantar cara, juntos, a una catástrofe global sin paliativos. ALBERTO DÍAZ RUEDA

 

 

 

Compartir este post
Repost0
12 julio 2023 3 12 /07 /julio /2023 17:38

NUCCIO ORDINE, DONDE  LO “INÚTIL” SE REVELA ÚTIL

Un autor indispensable para conocer la crisis de la  enseñanza en la sociedad capitalista tecnodependiente

El 10 de junio pasado murió Nuccio Ordine con 64 años, a causa de un derrame cerebral. Nació en un pequeño pueblo de Calabria que ni siquiera tenía librería. En una entrevista declaró: “Nacer en una casa sin libros y de padres sin estudios, vivir en una ciudad pequeña sin librerías ni bibliotecas, sin teatros ni espacios culturales, no significa estar condenado a la ignorancia”.  Ordine estudió,  fue a la Universidad y se hizo profesor e investigador  en temas de filología, literatura y filosofía. Vivía en Cosenza, en una casa de campo con más de 20.000 libros en su biblioteca personal. Era profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria y dictó clases en las universidades de Yale, la Sorbona,  Berlín y  Harvard, como profesor invitado. Era miembro de honor de la Academia rusa de ciencias.  Publicó eruditos trabajos sobre Giordano Bruno y el Renacimiento. En 2013 dio la campanada de la popularidad, fuera del mundo académico, con la publicación de un librito  (lo subtituló “Manifiesto”) de 170 enjundiosas páginas, llenas de pasión, sentido común y profundo conocimiento de la literatura y la filosofía:   “La utilidad de lo inútil”, que en un tiempo récord se publicó en más de veinte lenguas. En España fue publicado por la editorial Acantilado y ya lleva casi treinta reimpresiones. El ya desaparecido maestro del ensayo, George Steiner, dijo de este libro “Una pequeña obra maestra de la originalidad y la claridad”.

Su fallecimiento me entristeció, nadie está preparado para una noticia así. Le seguía fielmente desde que apareció ese libro. Por eso, aunque ya tenía medio preparado un trabajo sobre Murakami, decidí dejarlo para el mes próximo y dar a los lectores de C&C la oportunidad de conocer a este brillante ensayista –los que no tenían ese placer- o de recobrarle, los que ya lo habían leído. Ordine me parece uno de los pensadores más proféticos en torno al binomio interactivo sociedad-cultura. Precisamente en octubre próximo debía recoger el Premio Princesa de Asturias de  la Comunicación y Humanidades 2023.

Nunca como hasta el momento presente ha resultado más adecuado un título como “La utilidad de lo inútil” que está rozando los grandes titulares críticos de una actualidad  - en concreto de la educación y la enseñanza- , condicionada por las leyes del mercado, la prisa, la superficialidad y los efectos indeseables de las tecnologías bajo la hegemonía  dictatorial de las pantallas y el mundo digital. En España vendió más de 80.000 ejemplares de su inteligente libro.

Para complementar el mensaje del citado texto, recobré otro gran volumen de este pensador, comprometido con la “dignitas hominis”: “Clásicos para la vida”, también editado por Acantilado en 2017. En este libro Ordine nos lleva por un apasionante viaje por la literatura de todos los tiempos: acompañados por Shakespeare, Mann, Goethe, Zweig, Borges, su amado Giordano Bruno, Platon, Margaritte Yourcernar, Maquiavelo, Cervantes, Dickens, Rilke, Primo Levi, Boccaccio, Defoe, Rabelais, Saint Exupéry, Baltasar Gracián, García Márquez. Flaubert, Swift, Montaigne, Balzac, Rostand, Cavafis, Pessoa, Calvino, Einstein… en citas que precisamente nos conciernen directa y críticamente en la cuestión, no sólo ética, de saber comprender cuál es el auténtico fin de la enseñanza en escuelas y universidades: preparar a los hombres y las mujeres del mañana para vivir plena, correcta y satisfactoriamente en un mundo atenazado por la codicia, la prisa, la desorientación y la ausencia de valores, todo aquello que alegremente archivamos en el baúl de lo “no útil”.

Precisamente tras una lectura del libro, repleta de emociones literarias –su elección de la obra reseñada de cada uno de ellos, es aleatoria pero modélica-  se termina con una figura sorprendente: Albert Einstein. ¿Qué hace Einstein en un libro dedicado a genios de la literatura?  El Nobel alemán de física, un genio en otra órbita, la científica, hace unos razonamientos sobre la educación que, viniendo de él, resultan reveladores, por su adecuación al mensaje primordial de Ordine y de los autores a los que convoca. En su texto hace gala de su lógica racionalidad humanística y un sentido común fuera de lo corriente en la enrarecida atmósfera científica. “La escuela –escribe Einstein-  siempre debe plantearse como objetivo que el joven salga de ella con una personalidad armónica y no como un simple especialista. Incluso en la enseñanza técnica…lo primero debería ser siempre, desarrollar la capacidad general para el pensamiento y el juicio independientes y no la adquisición de conocimientos especializados”.

Señores funcionarios  del Ministerio de “Educación”, presten atención: es Einstein quien lo dice, no sólo el abrumador  muestrario de genios literarios que aporta Ordine. ¿Para cuándo unos “reformadores” de los planes educativos que se nieguen a ser la “voz de su amo” político? Basta de campañas denigratorias de las humanidades y los clásicos y el énfasis –suicida, a lo largo- en las salidas “profesionales”.

La buena escuela, escribe Ordine  no la hacen ni las pizarras interactivas, ni las tablets y ordenadores en las aulas en vez de libros, o los acuerdos cortoplacistas con empresas y centros profesionales para diseñar una enseñanza práctica a la carta, sino un personal docente respetado y respetable, por sus conocimientos,  y también por sus cualidades humanas e intelectuales. Y el objetivo, además del necesario bagaje técnico indispensable, es hacer de los alumnos  hombres y mujeres capaces  de saber vivir y de gestionar y reclamar su libertad, con espíritu crítico. ¿Suena utópico? Tal vez. Pero es posible.

Vivimos en una época  en la que, según denuncian los propios profesores , las competencias y las capacidades que son objeto de una certificación –indispensables para el mundo laboral y profesional-  son más relevantes que la básica operación de  promover un conocimiento, una actitud  y un enfoque críticos ante lo que se enseña y aprende (y cómo se realizan estas funciones).

Observen que hasta la UE dicta una recomendación sobre el aprendizaje permanente y la empleabilidad y un nuevo sistema de  “microcredenciales”,  poniendo el foco en la paridad práctica entre la enseñanza y la adquisición de  trabajo. Lo cual significa que lo que prima es el mercado y no la formación de ciudadanos instruidos, críticos y autónomos. La sociedad credencialista se impone  y pronto se exigirá un certificado de aptitud  para colgar un cuadro o cortar la rama de un árbol. Así la enseñanza se microparcela y los alumnos deberán esforzarse por objetivos mínimos –es una norma vigente: cada vez se exige menos- , mientras que multitudes  de supuestos enseñantes e instituciones ad hoc devaluarán todavía más las labores educativas y se convertirán en mercaderes de titulitis.

Ordine denunciaba hace unos meses el deterioro de los planes de estudio medios y superiores en la mayor parte de Europa. Las Universidades se han convertido en un mercado complejo que  es fagocitado por las empresas y las exigencias y necesidades de desarrollo de la sociedad de capitalismo avanzado.  De hecho dedicaba uno de sus libros, “Los hombres no son islas” (Acantilado) a “aquellas personas que dedican su vida a enseñar y cambian, silenciosamente, con su trabajo y su sacrificio, la vida de sus alumnos”.

Ordine denunciaba en su país, Italia, la engañosa “efectividad” de la Universidad que se ha convertido en una fábrica de titulados. Raramente se producen deserciones o abandonos de estudiantes y Ordine afirma que la razón está en que se ha bajado muchísimo el nivel de exigencia. No solo en la Universidad, en las escuelas e institutos también. Cita a Rilke con añoranza cuando aseguraba: “Sólo la dificultad te exige hacer el esfuerzo que te hace mejor”. Lo estamos viviendo también en España, donde los exámenes y pruebas acaban siendo un coladero.  Dice Martha Nussbaum que “En casi todos los países europeos parecen orientarse hacia el descenso de los niveles de exigencia para permitir que los estudiantes superen los exámenes con más facilidad”.

Y no solo se trata de materias educativas, también concierne a la formación humana, ética y social de los alumnos. No en vano, como pensaba Ordine, la calidad de ambos niveles esta esencialmente interrelacionadas. A ese respecto, en una entrevista concedida a “El País”, Ordine  señalaba a la tecnología y sus atajos y facilidades como uno de los factores responsables de la decadencia educativa y decía que afectaba también la vida personal de los alumnos: “Es evidente que la sociedad virtual crea nuevas formas de soledad, lo cual es una auténtica paradoja de nuestra época, porque estamos más conectados que nunca pero resulta que estamos solos. Tenemos la ilusión de estar relacionados, pero una relación virtual no puede ser una buena relación, es una forma de relación vacía”.

Para Ordine “escuelas y universidades no pueden ser empresas que se dedican a vender diplomas. Los estudiantes no pueden ser sólo clientes” y critica que la mayoría de los estudiantes acaban creyendo que el éxito en la profesión y la vida se mide por la cuenta bancaria, seducidos por la idea que lo importante es el crecimiento económico y que las universidades y escuelas deben estar al servicio del mercado y las empresas (que se refleja incluso en la terminología usada en la vida universitaria en base a “créditos y débitos”).

Ello no obsta para que reconozcamos que la gestión del conocimiento  a través de la educación y la investigación es un sector que promueve beneficios a corto y largo plazo, por lo que las escuelas y las universidades deben estar relacionadas  con el mundo empresarial, como un requisito básico de la estructura económica de un país. Lo que Ordine sugiere  es un ordenamiento de esa relación, en forma de mecenazgos o inversiones en la generación de conocimiento que luego revertirá en las empresas y el sector económico global. Es preciso un análisis serio del retorno de la inversión en educación y de medidas  que aumentaran su eficiencia y dinamizaría el mercado de trabajo restando preeminencia a la opción funcionarial que suele ser la salida ambicionada por los jóvenes licenciados.

Una de las perlas que se ofrecen a la lectura en los libros de Ordine son sus consideraciones sobre la bondad y necesidad de permitirse las “pérdidas de tiempo” e incluso integrarlas en la vida cotidiana de cada uno. “Reducir la velocidad, hoy en día, significa ‘perder tiempo’. Sin embargo, bien considerado, el conocimiento, las relaciones humanas y nuestro vínculo íntimo y personal con la existencia necesitan sobre todo de una ‘lentitud’ consciente, para mejor saborear lo que vivimos”. A  la larga descubriremos que lo placentero es más útil que lo útil.

 “En el universo del utilitarismo, -escribe Ordine- un martillo vale más que una sinfonía de Mozart, un cuchillo más que una poesía de Neruda, una llave inglesa más que un cuadro de Velázquez: porque es más fácil hacerse cargo de la utilidad de un utensilio, mientras que resulta cada vez más difícil entender para qué pueden servir la música, la literatura o el arte”. Como decía Giordano Bruno: “La sabiduría y la justicia empezaron a abandonar la Tierra en el momento en que los doctos, organizados en sectas comenzaron a usar sus conocimientos con afán de lucro”. Kant y Lacan insisten en la idea: “Una vida  sin virtud y sin principios, no es vida”.

Incluso en el reino de la ciencia, la historia científica nos demuestra que muchas investigaciones científicas teóricas consideradas inútiles, por estar privadas de cualquier intención práctica, han favorecido de forma inesperada aplicaciones –desde las telecomunicaciones a la electricidad- que después se han revelado fundamentales para el género humano. Insiste Ordine en que “Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo ‘inútil’, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de  sí misma y de la vida”.

El filósofo Heidegger afirma tajante: “Lo más útil es lo inútil. Pero experienciar lo inútil es lo más difícil para el ser humano actual. Se entiende lo útil como lo usable prácticamente y de forma inmediata para fines técnicos, con lo que se consigue algún efecto del que pueda yo hacer negocios y provecho. Pero uno debería ver lo útil en el sentido de lo curativo, esto es, lo que lleva al ser humano  a sí mismo, a sus posibilidades y a su realización.”

Tocqueville aseguraba que “el impulso de lo útil y el envilecimiento de las actividades del espíritu podría tener como efecto que los hombres se deslicen hacia la barbarie” George Steiner critica la mala enseñanza, los docentes no motivados o excesivamente invadidos por la burocracia pedagógica que invade las instituciones educativas y escribe: “Una mala enseñanza es, casi literalmente, asesina y metafóricamente un pecado. Son destructivas las maneras mediocres de enseñar, las rutinas pedagógicas faltas de imaginación y entusiasmo, una instrucción con cínicas metas simplemente utilitarias y siervas de la lógica mercantil del beneficio”. “Hay que resistir, dice Ordine,  a la disolución programada de la enseñanza, de la investigación científica libre, de los clásicos y de los bienes culturales. Porque sabotear la cultura y la enseñanza significa sabotear el futuro de la humanidad”

Y termina su apología citando una simple frase que él mismo descubrió  escrita en un tablón en una biblioteca de un perdido oasis del Sahara: “El conocimiento es una riqueza que se puede transmitir sin empobrecerse. Al contrario, enriquece a quien lo transmite y a quien lo recibe”. Y  afirma: la primera tarea de un buen profesor debería ser reconducir la escuela y la universidad a su función esencial: no la de producir hornadas de diplomados y graduados, sino la de formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de manera crítica y autónoma. Reducir al ser humano a una profesión o tecnología constituye un gravísimo error: en cualquier hombre hay algo esencial que va mucho más allá de su actividad como médico, abogado o ingeniero. Por eso Ordine lanza este mensaje: “Cuando el grado de dependencia de los instrumentos tecnológicos supera cualquier umbral sensato, ¿no sería oportuno convertir la escuela en un sano momento de desintoxicación?”  “¿No es la escuela o la universidad el lugar ideal para que los estudiantes sometan a debate si la amistad puede identificarse con un simple click en Facebook o Twiter o Tic Toc y si enorgullecerse de contar con más de mil “amigos” en un perfil significa tener una visión profunda de la amistad y de las relaciones humanas en general?”

Dejémoslo aquí. Insisto en que Nuccio Ordine ha dejado una obra breve pero llena de sugestivos valores. Su empeño en  promover la lectura de los clásicos , la defensa de las humanidades como algo esencialmente útil  y la mejora de la enseñanza a todos los niveles, me recuerda la frase de Giordano Bruno: “todo depende del primer botón: abrocharlo en el ojal equivocado significa, irremediablemente, seguir cometiendo error tras error”.

ALBERTO DÍAZ RUEDA

FICHAS

LA UTILIDAD DE LO INÚTIL.-Manifiesto. 172 págs. Y, CLÁSICOS PARA LA VIDA. Una pequeña biblioteca ideal. 178 págs. Ambos traducidos por  Jordi Bayod. Publicados por Editorial Acantilado.

Compartir este post
Repost0
28 abril 2023 5 28 /04 /abril /2023 18:10

OBSERVORIO POLITICO INTERNACIONAL (publicado en La Comarca el 280423)

Un proverbio político-histórico bien conocido viene a decir que si la necesidad estimula el ingenio, la guerra es la comadrona de la innovación tecnológica, del cambio de costumbres sociales y de la sustitución de los principios y los valores morales. Una prisa angustiosa y poco reflexiva impulsa esos cambios. Siempre hay quien cree que lo nuevo es mejor, sólo por ser distinto.

La guerra de Putin no rescatará a Rusia de su declive, ni cambiará el desconcierto político internacional en Europa, Asia. África y Estados Unidos. Las innovaciones en todos los aspectos marcarán la lucha por la hegemonía mundial (es decir, por el enorme negocio de sacar cada vez mayores beneficios al menor gasto posible). Uno de los muchos factores-incógnita en esta demencial ecuación global más económica que política, es la respuesta planetaria a la demencial carrera ciega hacia el desastre ecológico. La miopía de las naciones que cuentan y su renuencia a abandonar unos estilos de vida basados en el consumo sin freno, el desperdicio y el arrase de elementos naturales (calificados de “estratégicos”) llevan a la Naturaleza a un peligro de extinción.

Ucrania está sobreviviendo y afronta al poderoso oso ruso con cierta capacidad de neutralizarlo gracias a un aspecto del que se habla poco: la superioridad tecnológica de los ucranianos (y, sin duda, la ayuda militar occidental y las represalias económicas que van debilitando las arcas rusas, poco a poco) y, por supuesto, la inesperada debilidad del poderoso ejército ruso que se revela anticuado y con una jerarquía militar anquilosada y burocratizada. La sangría en vidas humanas está siendo una de las más horribles pesadillas de estos tiempos que provocará en un próximo futuro un brutal ajuste de cuentas. La consecuencia de esa “guerra” de innovaciones que acompaña la situación bélica, es que la situación de crisis sistémica que ha agudizado la guerra y sus secuelas financieras, bancarias, comerciales están propiciando un cambio profundo de paradigma, igualmente sistémico, en espejo con las crisis: el tecnológico, dotado de una potencia auto perpetuadora jamás vista. La IA no sólo abre puertas al nuevo conocimiento en todas las áreas, sino que multiplica la capacidad de los científicos e ingenieros para avanzar en innovación tecnológica y ello está cambiando y remodelando el mundo.

En relación con la sensación amarga y premonitoria que provoca la situación, reflexionaba sobre el desafío global que supone la alianza entre un estado de guerra en Europa y el asalto progresivo de las nuevas tecnologías. Ello provoca la impresión cada vez más acentuada de que la Humanidad se enfrenta por primera vez en la historia a un paradigma muy especial, diferente al de los anteriores cambios históricos, culturales, económicos y científicos (desde Copérnico, Newton, Freud, Einstein, la Revolución Francesa, la revolución industrial o la era digital). Eliot estaba fascinado por la violenta muerte de una época y de un sistema de valores y horrorizado por el ignoto futuro que vendría y cuyo motor había sido una guerra mundial devastadora. Las circunstancias del momento actual, tras una pandemia de la que no hemos aprendido nada, diseñan un escenario mundial amenazado y cuyos recursos y defensas han quedado obsoletos, así como su arrogancia. Pero es donde la fuerza innovadora de las nuevas tecnologías emiten cantos de sirena: resolveremos todos vuestros problemas si os ponéis en nuestras manos. Es la misma promesa envenenada y populista de los dictadores totalitarios de nuevo cuño, que nada tienen que envidiar a las de los líderes nazis o soviéticos en los 40 del pasado siglo.

El lingüista y filósofo Noam Chomsky reivindicaba en una entrevista reciente el “optimismo de la voluntad” ante lo que calificaba de “cuatro jinetes del apocalipsis actual: las pandemias, inevitables –no invencibles-  en un futuro próximo; la crisis climática, que nos supera por falta de voluntad económica; el exterminio nuclear, cuyo “border line” ha cruzado Putin; y la destrucción de las democracias por el populismo infiltrado en los Parlamentos, con el lamentable ejemplo norteamericano, el duelo Biden-Trump y la deriva protofascista, de gran parte de su sociedad. Y el escenario se complica si tenemos en cuenta el “poder chino”, emboscado pero activo, que se está desplegando poco a poco pero con firmeza por África, Asia y el Pacífico. Con un Trump en la Casa Blanca, las provocaciones a China, vía Taiwan, podrían desencadenar una guerra que se extendería como una mancha de petróleo.

¿Qué haría Europa ante esa posibilidad nada descartable? Lo más sensato sería no tomar una postura de apoyo a Estados Unidos y aplicar un “perfil cero” en esa situación, como sugiere el presidente francés, Macron. No en vano la “troika” europea, Alemania, Francia e Italia, son los principales socios comerciales de China en la UE. Con lo cual el escenario del cambio de paradigma en Europa y en el mundo se complica un poco más, ya que China no es precisamente una democracia ni va camino de serlo (aunque actualmente Estados Unidos comienza a desviarse hacia una democracia que, con un no descartable Trump, sería irreal o simplemente formal).

Una célebre novelista de ese país, Ursula K. Le Guin, escribía: “Vivimos en el capitalismo: su poder parece ineludible” y añadía: “También lo era el derecho divino de los reyes”. El mismo Chomsky, que empezaba un análisis con la frase “Me parece poco probable que la civilización pueda sobrevivir al capitalismo y la democracia debilitada que le acompaña. ¿Podría una democracia operativa cambiar la situación? Hay razones para pensar que sí:” Y cita: “hay que aumentar la conciencia y la reflexión y remodelar nuestras instituciones básicas. Y, por encima de todo, superar la crisis inmediata y urgente a la que nos enfrentamos, a través de unas acciones corporativas y organizaciones sociales que privilegien la educación y la información honesta, con medios de comunicación independientes sostenidos por instituciones populares”. Como decía Gramsci, el activista obrero italiano de izquierdas, “Frente al pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”. Hay que aprovechar todas las oportunidades disponibles para superar los síntomas malsanos del viejo mundo que se derrumba y avanzar hacia un mundo más justo y decente. No nos queda otra opción. Busquemos la forma de apoyar a esas grandes masas de seres humanos que viven en la más atroz supervivencia básica. Grupos de ayuda, de educación, de promoción, promover una revolución de los oprimidos por la vía del conocimiento y la información.

La realidad actual es testaruda. El mundo va a ser multipolar. Y en la anciana Europa –cada vez más con menos peso en el poder global—ni siquiera sostenemos el principio del humanismo con el que nacimos. Las políticas antiinmigración del continente, con el ejemplo sangrante de Italia y su gobernanta de extrema derecha, la señora Meloni, comienza a ser una evidencia de inhumanidad. Pero es que con una población europea crecientemente envejecida deberíamos volver al criterio tradicional de acogida. Es una cuestión de sentido común, haciendo salvedad de su talante ético. En cambio permitimos que el instinto xenófobo depredador de los populismos extremos, dé auge a una política de suicidio colectivo. O peor, ya que en Italia se ha abolido la llamada protección especial, que había permitido la acogida, la integración y,  el acceso a un empleo a millares de inmigrantes sin asilo político y en condiciones de grave vulnerabilidad. Anular esa protección convierte a esas personas en clandestinas e ilegales, lo que enriquecerá a las mafias, con todas sus secuelas de delitos, injusticias y opresiones.

Europa ha dejado de ser un lugar ansiado.  Hay odio contra nuestra sociedad y nuestras instituciones. Se criminaliza la solidaridad y las ayudas humanitarias, se multa y amenaza a los barcos de salvamento marítimo y las ONG. La sociedad comienza a “normalizar”  la inhumanidad, la falta de ética y la indiferencia ante los sufrimientos y las muertes en el mar y en las fronteras valladas. Se está produciendo un efecto contagio que las legitima, secunda y alimenta. Siembran el miedo y el odio hacia los diferentes. Y socavan los principios de humanidad que constituyen la base esencial de la democracia. ¿No ven la semejanza con el mecanismo diabólico que los nazis sembraron en la sociedad alemana de los años 30, que provocaría una cierta complicidad e ignorancia culpable hacia los campos de exterminio?

El cambio de paradigma lleva plomo en las alas. Porque los fallos éticos apuntados crean cierta desidia en el pensamiento crítico de las sociedades europeas y el mundo desarrollado. Hay una evidente  contradicción entre los principios constitucionales de libertad e igualdad de nuestras democracias y las políticas de exclusión de principios éticos en el comportamiento y actitudes, sociales o particulares, que son la clamorosa negación de tales principios. Eso nos puede llevar, cuando aparezcan las carestías y los problemas causados por las crisis sistémicas, a una relativización de los derechos humanos fundamentales, que son universales e indivisibles, o no son. ¿Vivirá nuestra generación la vergüenza de asistir al fin de los valores de Occidente, esa conquista de la Humanidad, en perjuicio de gran parte del género humano?

 

ALBERTO DÍAZ RUEDA

Compartir este post
Repost0

Présentation

  • : El blog de diariodemimochila.over-blog.es
  • : Ventana abierta al mundo de la cultura en general, de los libros en particular, mas un poco de filosofía, otra pizca de psicología y psicoanálisis, unas notas de cine o teatro y, para desengrasar, rutas senderistas y subidas montañeras.
  • Contacto

Recherche

Liens