LOGOI 395
ELOGIO DEL CAMINAR
Esta semana vamos a dejar la actualidad política. Está tan candente que uno se siente quemado. Por tanto, hablemos del caminar, el sosegado y fructífero andar por el bosque, las montañas, la orilla del mar, en contacto íntimo con la naturaleza, la que nos rodea y la enraizada en nuestro cuerpo. He sido senderista y montañero desde la infancia. Y aún ahora, a edad provecta, procuro no faltar ni un solo día a mi cita con ese gesto elemental y creativo de poner un pie delante del otro de forma reiterada, rítmica, recibiendo del entorno un enriquecedor aporte de sensaciones, ideas, pensamientos e incluso conceptos intrincados que me detienen para tomar una nota apresurada a desarrollar en otro momento. Sencillamente, gozar de una actividad que reduce la imagen del mundo a las proporciones de nuestro cuerpo, sintiéndonos libres, alejados de las presiones del tiempo acelerado que vivimos.
Caminar es una forma de conocimiento que nos reconcilia con las cosas, los objetos, las piedras, la hierba , los arboles, el azul del cielo o las nubes perezosas paseando por la cúpula que nos envuelve; nos ofrece una misteriosa forma de contacto con lo más esencial del mundo: sensaciones físicas, olores, forma y color de una flor, de las hojas o el tronco de los arboles, la textura de una roca de forma inverosímil...con todos los sentidos alertas, aunque sosegados, ante el viento, la lluvia, los juegos de luces y sombras entre los árboles o la presencia intensa del cielo y los límites del horizonte creado por crestas o cimas que nos atraen de forma inexplicable; la mágica diversidad inagotable de las rocas, los riachuelos; la paz hipnótica de los lagos de montaña...el silencio sólo turbado de vez en cuando por la voz breve de un pájaro o el paso fugaz y misterioso de un animal, un conejo, un zorro, una cabra montesa...
Pero... aquí, unas notas breves sobre la inevitable “otra cara” del caminar, la que proviene de los males de nuestra época. La banalidad profunda que afecta a todos los ideales, ya sean deportivos, de belleza, soledad, pureza de sensaciones; la masificación generalizada de los lugares más hermosos y emblemáticos de la corteza terrestre. Desde el Himalaya o las Islas Vírgenes, las selvas de Borneo o las praderas y lagos de Tanganica, el Montseny, Montserrat, la Terra Alta, el Matarraña, el Aneto o el Mulhacén...Adiós al silencio, la soledad anhelada, la pureza de los lugares... y como guinda, las basuras, envoltorios, bolsas de plástico, restos de comida y latas en una bolsa de papel visible en un rincón, cagadas de animales y algunas humanas, junto al borde mismo del camino, señales senderistas arrasadas, excursionistas en masa gritando, picnics ruidosos y sucios en lugares de una hermosura violada... duele ver la falta de educación deportiva y ecológica, simplemente humana, que nos invade.
ALBERTO DÍAZ RUEDA