LOGOI 404
CAMBOYA, EL HORROR...
Se cumplen 50 años de uno de los grandes genocidios de la historia. Fue de 1975 a 1979 y lo impuso el régimen comunista de los jemeres rojos en Camboya, con el siniestro Pol Pot a la cabeza: aplicó el modelo radical de comunismo maoísta, con un grado inconcebible de crueldad y brutalidad. En un país de 7 millones de habitantes, provocó la muerte de casi tres millones. Fue una eficaz maquinaria de exterminio humano, realizada por un pueblo campesino armado, fanatizado e ignorante, imbuido por el mesiánico “todo vale” del líder para mantenerse en el poder. Otra “revolución cultural”, como en China, basada en nivelar a la población por el nivel más miserable y cruel. Una versión cultural del mítico “lecho de Procusto”, donde se corta las piernas del individuo o se las descoyunta para “ajustarlo” a las medidas de la cama. Y eso se reflejó en la existencia de numerosos “campos de la muerte” donde se exterminaba a los supuestos “desafectos” con el régimen. Miles de pirámides de cráneos sin nombre apilados, una versión al nivel de los horrores nazis o los gulags soviéticos.
Camboya era un protectorado bajo poder francés, con un monarca propio y una historia relevante entre los siglos IX y XIII, periodo de esplendor del que sólo queda el soberbio templo de Angkor Wat. Tras la II G.M., el Vietnam comunista de Ho Chi Minh declaró la independencia de la región de forma unilateral, por lo que Francia inició una guerra colonial en 1946, hasta 1954, cuando fue derrotada en Dien Bien Phu. Paris reconoció la independencia de Indochina y Vietnam se separó en Vietnam del Norte (República Democrática de Vietnam), y Vietnam del Sur (República de Vietnam). Era el tablero de juego de la antigua Indochina –Camboya incluida-, donde Washington probaba su errática y errónea política imperialista que le llevó durante todo el siglo XX a cometer -en diversas ocasiones y en otros lugares del mundo- parecidos errores disfrazados de ayuda (la guerra de Vietnam). Todos basados en la expansión de la dictadura del dólar o la hegemonía planetaria. El cine reflejó el torpe maquiavelismo de los norteamericanos en Vietnam y Camboya, en películas magistrales como El americano impasible (basada en la novela de Graham Greene), Apocalypse Now (en una de Conrad) y Los gritos del silencio.
Ningún país en la historia pudo evitar, en épocas turbulentas, llevar la crueldad hasta límites inhumanos. Y empeora cuando se hace poniendo el énfasis en la legitimidad del horror por razones de poder. Lo malo es que entramos en un período histórico donde parece volver a legitimarse cualquier vía de represión, dureza y falsedad con tal de llegar o mantener el poder (véase Trump). Ya es “normal” la agresividad de las ultraderechas, la falta de respeto en los Parlamentos y la pasividad de la población seducida por las nuevas tecnologías...Espeluznante.
ALBERTO DÍAZ RUEDA