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24 septiembre 2013 2 24 /09 /septiembre /2013 19:17

andorra-cabana-sorda020913-183.jpg

 

Setiembre es un buen mes para subir a los más emblemáticos picos del Pirineo andorrano. En esta ocasión, tras una primavera rica en agua y un invierno de nieves generosas, las montañas del país pirenaico están llenas de verdor, de flores y de ríos y arroyos plenos. He subido a l'Estanyo, el segundo pico más alto de Andorra (después del Comapedrosa). Con sus 2.915 m, cerniéndose como una gigantesca muralla de piedra casi inexpugnable sobre el estany de La Illa, (en el Vall del Riu, en la vertiente opuesta por donde subimos) forma parte de uno de los más hermosos circos de crestas de Andorra. Éste cobija el lago de l'Estanyo, cuyas aguas esmeraldas no dejamos de ver en la mayor parte de la subida al Pico y luego desaparece cuando nos acercamos a la cima del gigante andorrano.

A L'Estanyo se accede por dos vías, desde el vall del Riu, cuyo sendero se inicia cerca de Canillo o desde el Serrat, siguiendo la pista que surge a la derecha de la carretera de Ordino-Arcalis y lleva al Vall del Sorteny. Escogemos esta segunda opción, más exigente y directa. La pista nos lleva hasta el estacionamiento de Aiguassos,

Justo en la cancela de la pista,  la portella del Sorteny, que lleva al refugio de Sorteny --en obras-- se baja a mano derecha hacia el río y un puente que nos situa en el comienzo del sendero que sube hacia el Estany y el Pic de L'Estanyo. El sendero va flaqueando el cingle granítico del Roc del Quer hasta que empezamos a seguir el recorrido botánico de la marta, uno de los circuitos turísticos preparados. Enfilamos una tartera y en el fondo una serie de grandes bloques que sorteamos y vamos ascendiendo hacia el planell dels Beços y una zona de pastos. A nuestra izquierda por entre los arboles vemos la borda de Sorteny donde está enclavado el refugio y oimos el ruido de las máquinas que están arreglando la instalación de montaña para su uso público.

Seguimos subiendo entre bosques de pino negro, intrincada maleza con diversas flores, rododendros y bloques compactos de arándanos, un sotabosque de una enorme riqueza que alterna con zonas herbosas y prados extensos subalpinos que forman la llamada Pleta de Llomar, acompañados siempre por el curso del rio que baja del Estany. El sendero sigue remontando las laderas, como un hilo pardo entre el verdor o triscando entre las rocas, con marcas de pintura bastante visibles.

A unas dos horas del comienzo, encontramos un muro bajo con cancelas de madera que limita el Estret, uniendo dos paredes de rocas altas, impidiendo con esa construcción el paso de los rebaños de caballos o vacas que hay por la zona. Comienza el ultimo tramo de subida hacia el lago. Dejamos los bosques para entrar en zona de roquedales o pastos, Más adelante llegamos a las Saleres de l'Estanyo donde el sendero se vuelve impreciso y perdedor, ya que se trata de una enorme ciénaga donde los arroyos han creado una zona lacustre. Nos guiamos por la intuición de subida, bastante clara, hasta llegar a un puente a la izquierda que permite salvar la corriente del riachuelo y nos lleva al último tramo de sendero, tras una fuerte subida hacia el reborde que sostiene el lago, para llegar al deslumbrante Estany.

El lago, protegido al noroeste por el circo que forma la sierra de L'Estanyo, y sus inmensas paredes casi verticales, está situado en un lugar sumamente agreste, salvaje y solitario. Los juegos de luz y color de las aguas invitan a un descanso y los más inquietos pueden hacer una circunvalación del lago por un senderillo, aunque en su lado norte debe atravesar una tartera y un espigado de bloques graníticos. Aún así vale la pena para hacerse una idea del tamaño del lago y la belleza de las perspectivas que ofrece.

A la derecha, hacia el oeste, hay un sendero que lleva a la collada de Ferreroles (por donde volverán los que se decidan a crestear el circo) y hemos de seguir el de la izquierda, junto al borde de la orilla, que comienza a remontar abruptamente haciendo lazadas interminables  para superar los casi 500 m de desnivel que hay hasta la cima.

Para conseguir este objetivo debemos subir la sierra del Roc del Rellotge que nos va ofreciendo, en un ascenso incesante y bastante trabajoso, vistas del valle que hemos recorrido y en lo alto, frente a nosotros durante casi toda la subida, el Pic de la Serrera y el de la Cabaneta. A nuestra derecha vamos escalando el pronunciado desnivel que proviene de la arista o cresta. A nuestra izquierda, el redondeado pico de la Cabaneta y más al fondo siguiendo la linea de cimas, el Pic de la Serrera con el collado dels Meners.

Llegamos a la antecima rocosa, desde donde vemos como un túmulo gigantesco y fúnebre, el cono de piedra negra que conforma la cima de  L'Estanyol. Subimos esa ultima y resbaladiza cuesta de piedra desmenuzada y aristas cortantes, rocas oscuras de buen agarrar, hasta llegar a la cima, donde vemos el gran bloque de piedras pequeñas que desde hace decenas de años han colocado los montañeros que han subido. También hay una fita de madera y una banderola que la envuelve. Sentados ante el fascinante panorama circular, hay una pareja madura de montañeros franceses que reposan de cara al paisaje opuesto al de nuestra subida, el del Vall del Riu y el Estany Gran, una mancha alargada y azul en lo más hondo. Me hacen la foto de rigor (ellos han subido por la Vall del Riu) y comentamos mi regreso. Está la opción de volver por el mismo camino (que supone casi dos horas menos de caminata) y la de crestear todo el circo glacial de la Sierra e ir a buscar la collada de Ferreroles, desde donde parte un empinadísimo sendero en diagonal descendente que me dejará en el lado oeste del Lago de L'Estanyol y desde alli seguiré el sendero por el que he subido.

Opto por el sendero de crestas. Serán casi dos horas de entretenido crestear, usando las manos muy a menudo, con muchos pasos aéreos y grimpadas algo expuestas pero no difíciles. Una vez superadas las recortadas crestas, se abre un precipicio entre cimas y hay que bordearlo por abajo, bajando por una tartera resbaladiza y sin marcar, hasta llegar a un conglomerado de bloques graníticos que sorteo y me lleva --siempre siguiendo a mano derecha-- a la citada collada de Ferreroles desde donde se lanza en picado el sendero de bajada hacia el lago. A resaltar el panorama de las  bellísimas cimas redondeadas  del Casamanya --el pelado monte central de Andorra--, la norte y la sur, y entre ellas y yo, el coll d'Arenes.

El circuito completo viene a exigir de siete a ocho horas, caminando con tranquilidad, haciendo fotos y pequeños descansos. La mitad de ese horario sin pasar por la crestas y el Collado de Ferreroles. El circuito completo, insisto, exige preparación física y experiencia montañera.

 

NO SE PIERDA

En el estacionamiento de Aiguassos, donde dejamos el coche, hay una caseta de información sobre el primer Espacio natural protegido que se instituyó en Andorra, el del Vall de Sorteny. Fue creado en 1999 con objetivos científicos, ecológicos y recreativos. Lo recorre una sed de senderos, entre ellos el GRP, el sendero de gran recorrido propio de Andorra. A un centenar de metros del parking se ha preparado un pequeño jardín botánico con más de 700 especies de flora, que merece una visita tranquila por la riqueza de información natural que ofrece sobre las plantas, muchas medicinales y otras tóxicas (40 especies son autóctonas), flores y arbustos, según el tipo de suelo donde están enraizadas. También se han diseñado pequeños recorridos circulares dedicados a avistamiento de animales (martas y ardillas), aves y mariposas, de gran interés cultural y ecológico. Los trazados son de fácil caminar para niños y personas mayores y dan una idea aproximada de la belleza de los paisajes de la zona. El Espacio Natural se asienta sobre una superficie de 1.080 hectáreas y está reconocido su interés no solo científico e histórico, sino estético, de paisaje y deportivo. Tanto la subida al lago como sobre todo la ascensión a la cima de L'Estanyo está aconsejadas para personas en buena forma y cierta preparación montañera.

 

DOCUMENTACIÓN

 

Los libros de la Alpina, "Estanys d'Andorra", de F.Xavier Gregori y Rosa M. Comamala y la de Manel Figuera, "Andorra, guía alpina". También el Mapa Excursionista (1:40.000) de esta editorial, todos accesibles en librerías especializadas y en la Serret de Valderrobres, para los lectores de la zona del Bajo Aragón. Quizá los mejores mapas son los de la Cartografia oficial andorrana (1:10.000). Es una colección de 14 mapas que cubren todo el territorio del país. Estos, desaparecidos hace años, han vuelto a editarse por el Gobierno andorrano y se venden todos juntos en una caja. Sólo están a la venta en Andorra. 

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22 septiembre 2013 7 22 /09 /septiembre /2013 09:16

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Claro, si uno es un fan irreductible de Shakespeare y lo es en menor medida, pero tambien de forma intensa e incondicional, de Herman Melville; si uno sigue disfrutando leyendo "El sueño de una noche de verano" o "Ricardo III" y va por su tercera lectura desde mis lejanas adolescencias de "Moby Dick"; si uno se ha visto todas las peliculas y ha visto representar sobre las tablas una cantidad, nunca suficiente, de las más conocidas obras del Bardo inglés y disfrutó como un niño de la única versión en cine de la mítica leyenda de la Ballena Blanca (dirigida por un joven y audaz John Huston); si uno, en definitiva, se declara admirador "in aeternum" de los dos autores citados y ve en una librería --la de mi laborioso amigo Serret, en Valderrobres-- un libro que se titula precisamente "Shakespeare y la ballena blanca", se agencia de la novela ipso facto, aunque conozca muy poco a su autor, Jon Bilbao, víctima del encanto casi místico del libro como elemento de sugestión.

Tras la lectura de sus 230 páginas, uno se queda absorto y nostágico. Lo primero porque este lector no acaba de comprender en virtud de qué maleficio cae una y otra vez en el mismo hoyo, tropieza una y otra vez con piedras muy semejantes, se engaña una y otra vez con parecidos espejismos. Y lo de nostálgico es por lo que pudo haber sido y no fue. La idea que subyace en esta novela es buena y atrevida. La realización corta de vuelo, un poco banal y escasamente convincente. El estilo, pobre en ocasiones y la tensión del relato irregular y a veces inexistente. En cuanto al argumento, promete mucho y se queda en poco. Shakespeare realiza un viaje en barco hacia Dinamarca en embajada de buena voluntad, acompañado por el joven conde de Southampton, supuesto niño de sus ojos, supuesto objeto de amor en los celebérrimos Sonetos. Durante la travesía hay un periodo, medio mágico, inexplicable, de calma chicha. El buque no se mueve y aparece a su lado una gran ballena blanca sembrada de arpones y restos humanos que parece hostigar a la nave indefensa. El entronque del autor inglés con la novela de Melville está logrado. A partir de ese momento la cosa se complica, se embarulla, pierde consistencia y se vuelve atrozmente inocua. A don William se le ocurre una nueva trama para una de sus obras teatrales: el capitán de barco ballenero obsesionado por matar una gran ballena blanca, que simboliza la maldad en estado puro. Es decir, Jon Bilbao pasa de Melville y le sirve a Shakespeare en bandeja "Moby Dick" para que experimente (Melville estaría contento, ya que en la realidad due Shakespeare el que influyó, y mucho, en Melville para dar fuerza simbólica a la gran ballena y profundidad dramática a sus personajes principales).

Como buen profesional de la escritura y la narración que es, Bilbao acomete su empeño con notable documentación y lecturas previas, pero sólo logra crear un híbrido sin fuerza y con exceso de retórica que se retuerce en su empeño de ser narrativa cuando sólo queda en ensayo baldío e innecesario trufado de narrativa con pretensiones y sin fuerza literaria. Al igual que sabemos que la suma ingente de datos no presupone el conocimiento y mucho menos la sabiduría, los datos que aporta Bilbao son interesantes por sí mismos pero no le dan carácter ni fuerza ni sentido a una ficción. Y se nos aportan como elementos de ficción los hechos que la historia literaria nos ha mostrado sobre Melville, su obras y Shakespeare y las circunstancias de su trabajo en el reino de Isabel I. Datos bastante conocidos que no ganan importancia convertidos en elementos de ficción de un Shakespeare-el de la novela- que tiene la consistencia de un muñeco de papel.

Exceso de datos, incidencia en elementos archisabidos, escasa profundidad psicológica en el diseño de personajes (lo que resulta más grave si tenemos en cuenta que escribe sobre un "personaje" que es una persona histórica y que ha sido objeto de una de las mayores obras de analisis, en cantidad y calidad, de la historia) sólo contrarestados por escasos momentos de acción, propios de las novelas de aventuras, en los que el autor nos muestra su habilidad narrrativa, aunque suele estropearlos por el añadido continuo de datos extrapolados de otras obras y autores. Y también nos parece interesante la pintura que nos da de la época isabelina y la tensión y fuerza del final.

Por tanto, novela sólo digerible para los amantes de libros de aventuras exóticas y lejanas en el tiempo y el espacio. Pero en cuanto a los "lletraferits" pueden abstenerse y dedicar ese tiempo a repasar "Julio César" o a navegar literariamente en el "Pequod" al mando del capitán Acab, junto a un marinero razonable llamado Ismael.

 

FICHA

 

SHAKESPEARE Y LA BALLENA BLANCA.-Jon Bilbao.- Tusquets Editores.-230 págs. 17 euros

 

 

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20 septiembre 2013 5 20 /09 /septiembre /2013 19:02

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No me cansaré de repetirlo, Robertson Davies, escritor canadiense cuya vida ocupó casi todo el siglo XX (1913-1995) es uno de los novelistas más imaginativos, provocadores, inteligentes, cultos y entretenidos que he tenido el placer de descubrir (tardíamente, dado que las traducciones de sus libros no nos llegaron hasta años después de su muerte, excepto un par en Destino en los 90 que no tuvieron promoción alguna). Y eso a pesar de haber sido incluido por Harold Bloom en su muy discutible "Canon occidental". Fue actor, profesor de Historia del teatro y escritor en el Old Vic Repertory Company de Londres, fue periodista y columnista, critico literario y de arte, director del "Examiner" de Ontario, rector de la Universidad de Toronto y conferenciante. Toda esa compleja y dilatada vida ha sido reflejada de una forma genial en sus cuatro trilogías novelescas, la última inacabada. Las trilogías de Deptford, la de Cornish, la de Salterton y la de Toronto, de la que sólo escribió dos novelas. En cuanto a la novela que hoy les recomiendo,"El mundo de los prodigios", es la tercera de Deptford, formada también por "El quinto en discordia" (1970) y "Mantícora" (1972). En esta novela, tal vez la más floja de las tres y aún así espectacular, vuelve a tomar la palabra el narrador de "El quinto en discordia", Dunstan Ramsay, un viejo profesor que nos habla de Magnus Eisengrim, un prestidigitador de fama mundial que es en realidad el niño dado a luz prematuramente por una pedrada lanzada accidentalmente sobre la madre, en la primera novela. La vida de Paul Dempster es digna de un culebrón decimonónico narrado con la dureza y la habilidad de un John Irving  ( que se proclama como admirador total de Davies) o un John Williams, el magistral autor de "Stoker". ¿Qué gran director de cine canadiense o norteamericano se atreverá con alguna de las novelas de Davies? Su calidad lo está pidiendo a gritos. Hasta que llegue ese momento disfruten estas novelas. Las ha editado en castellano Libros del Asteroide (ésta con la traducción de Miguel Martínez Lage) y Empuries en catalán.

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19 septiembre 2013 4 19 /09 /septiembre /2013 09:55

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"Hay días malos y hay días memorablemente malos". La voz en off que nos narra los pensamientos de Riddick mientras trata de sobrevivir en un planeta hostil, desolado y aniquilador, tiene una saludable ironía y un humor soterrado que es la mejor baza de esa película de ciencia ficción que trata de alejarse de la coartada mística o trascendente que comienza a ser plato de cada día en el género. Riddick (Van Diesel) mantiene ese tono salutífero y paródico en todas las increíbles aventuras que nos esperan, sin ganas de hacerlas verosímiles sino sólo con la evidente intención de divertirnos. Y claro que lo hace. El héroe icónico de la serie B de la ciencia ficción, que nació con "Pitch black" en 2000, se fue volviendo más atractivo con "Las crónicas de Riddick" (2004) a pesar de su escaso éxito comercial y ahora prueba suerte con esta producción sin pretensiones que busca con el dinamismo y la brutalidad paródica habitual una confirmación en el cine de su éxito en los juegos virtuales o en el cómic.

Como dice ese sonriente héroe de las gafas de soldador y los ojos hipnóticamente brillantes, "Había cometido el peor crimen posible: me había civilizado". El personaje se nos hace simpático por su desmesura y prepotencia en forma de guiños continuos al espectador, es como un Sam Spade de la ciencia ficción, con toda la cachaza, la falsa dureza y la ironía del mejor Humphrey Bogart.

Pero entiéndame, no estoy hablando de una buena película, solo de una película simpática protagonizada por un antihéroe molón y divertido. Los fallos de tensión, desarrollo y argumento, son colosales. Hay incoherencias flagrantes y una rara mezcla de elementos diferentes en las aventuras de Riddick, que rompen la continuidad argumental. A resaltar a nuestro Jordi Mollá haciendo un papel de malo poco creíble pero que no desentona en el aire burlesco de la cinta. David Twohy, el dikrector, sigue su camino de  creativo "avant la lettre" de la serie B en la estela de Roger Corman, por ejemplo, y fiel a un subgénero que comienza a ser manjar de glockbuster más que de salas de estreno. Pero, para los amantes del cine de bajo presupuesto y alta ambición de entretener, "Riddick" es muy apreciable.

 

 

 Ficha      

RIDDICK

Dirección: David Twohy.

Intérpretes: Vin Diesel, Jordi Mollá, Karl Urban, Kate Sackhoff, Matt Nable, Dave Bautista, Bokeem Woodbine.

Género: ciencia-ficción

Estados Unidos-Gran Bretaña, 2013

Duración: 119 minutos.

 

 

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17 septiembre 2013 2 17 /09 /septiembre /2013 09:36

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 La vida de los magos e ilusionistas ha sido desde los albores del cine un filón que conoce bien cualquier estudioso del 7º Arte. No olvidemos que uno de los grandes creadores del cine fantástico en sus inicios fue Georges Meliès y este pionero genial no era, ni más ni menos, que un buen ilusionista. Así lo pudimos ver en esa pelóicula memorable que se tituló "La invención de Hugo" del gran Scorsese. Pero mucho antes, desde Chaplin a Buster Keaton, los ilusionistas o "magos" han atraído el interés de los guionistas de cine y televisión. Sin ánimo exhaustivo, puedo citar cinco películas, tres de ellas muy recientes, que han reflejado la vida de magos e ilusionistas. Desde el clásico de Tay Garnett, "Eternamente tuya" (1939) con David Niven como "El Gran Arturo" enamorando a Loretta Young, a "El gran Houdini" (1953) de George Marshall con Tony Curtis como el genial mago histórico. Ya en nuestros días, "El último gran mago" de Gillian Armstrong, recupera esa legendaria figura con Guy Pearce y Catherine Zeta-Jones, "El ilusionista" de Neil Burger con Edward Norton y "El truco final" de Chritopher Nolan, con Hugh Jackman y Christian Bale, tal vez la más seria en su documentación sobre trucos y efectos. Todo este preámbulo viene a cuento del estreno de "Ahora me ves..." y el hecho notable de que las cinco películas citadas son, todas y cada una, mejores que la que comentamos. Es indudable que Hollywood vuelve a copiarse a sí misma y lo hace trayendo la magia y a los ilusionistas  a nuestra época, en la que como todo el mundo sabe, la auténtica magia la hacen sólo los técnicos de los efectos especiales y de la realidad virtual. La magia ha muerto, vivan los magos.

Pero parece que no ha muerto, al menos eso explicaría que una película como "Ahora me ves..." haya sido un éxito de taquilla en EE.UU. Argumento: cuatro magos son contratados por una misteriosa persona para que lleven a cabo tres actuaciones que incluyen el robo de importantes sumas de dinero y pondrán en jaque al mismísimo FBI. Aqui entran los grandes efectos especiales y sobre todo el desafío a la credibilidad del espectador. Poca magia en realidad, muchos supuestos dados como ciertos y una osadía de la incoherencia, de los giros tramposos y trucos no muy ingeniosos, pero todo ello narrado con imagenes brillantes y música trepidante.

Como está destinada a un público que no exija mucho, que busque diversión con olor a palomitas, el cometido ha sido conseguido. No quedará ni un gramo de memoria de lo que acontece tras las dos horas de proyección. Louis Leterrier ("Furia de titanes" "El increible Hulk") cumple su cometido comercial  y el elenco, Mark Ruffalo, Morgan Freeman, Michel Caine, Jesse Eisemberg, Woody Harrelson, Isla Fisher, Dave Franco, es lo suficientemente sólido para justificar que tratemos de pasar un rato distraido con ellos. Sin más. Es decir en lugar de mostrarnos el misterioso y fascinante mundo de los ilusionistas, Leterrier se embarca en una película clónica de la saga de Ocean's, es decir grandes robos de guante blanco con ladrones apuestos, divertidos e inteligentes y malos malísimos, listos pero menos. Y, eso sí, ni sombra del estilazo de la mencionada saga. Y para este crítico, la tristeza, aunque comprensible, de ver a esos dos monstruos de la pantalla, Michael Caine y Morgan Freeman, haciendo sus alimenticios papeles con mucha dignidad y poco convencimiento. Quizá un poco avergonzados de haber participado en ese brillante --de oropel-- artificio bobo.

 

 

 

 

      
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16 septiembre 2013 1 16 /09 /septiembre /2013 08:03

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Tres culturistas bastante descerebrados, Daniel (Mark Wahlberg), Paul (el forzudo sonriente, Dwayne Johnson) y Adrian (Anthony Mackie) deciden prosperar en la vida con el dinero "fácil"· de la delincuencia casposa y para ello no se les ocurre otra cosa que secuestrar a un millonario (soberbio Tony Shalhoub) que se revela como un secuestrado muy difícil de manipular y de asustar. Con un guión negro, negrísimo,  de Christopher Markus y Stephen McFeel, digno de los hermanos Coen (hay puntos de contacto entre "Fargo", por ejemplo y esta película divertida y de una crudeza surrealista y brutal). Michael Bay, el director, nos dice al principio y al final de la película que lo que nos va a contar ha ocurrido en la vida real y para que conste, al finalizar la cinta, nos muestra los auténticos rostros de los inenarrables individuos, entre la torpeza genuina y la oligofrenia, capaces de hacer tales barbaridades sin que se les cambie la estupida sonrisa de suficiencia de la cara.

La película merecería los parabienes de Jonathan Swift, el de los Viajes de Gulliver, dado el absurdo estúpido y la cretinez elevada al cubo que los hechos nos muestran. Como dice uno de los protagonistas "Jesucristo te exalta, pero la cocaína es lo más". Y es que parece todo dictado por un morfinómano pasado de vueltas. Lo que hace interesante esta película es el hecho de que en definitiva estamos asistiendo a una crítica mordaz, inclemente, animal y grosera, aunque con toques geniales en su ironía, a la sociedad americana del dios dólar y el chillón mal gusto del Miami más cutre. Genial como siempre Ed Harris como secundario de lujo, haciendo de  poli retirado, que es el único que refleja inteligencia, compasión y humanidad de todo un reparto instalado en el exceso y la ingenuidad peligrosa de los músculos como órgano mas cerca de la  razón de cada uno de ellos. La verdad es que bordan sus papeles. Película, pues, sorprendente, divertida y con  varias lecturas paralelas.

 

 

 

 

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14 septiembre 2013 6 14 /09 /septiembre /2013 07:08
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No leí "Camino de sirga" cuando apareció en catalán en 1989, aunque me llamó la atención el arrobo general con el que se comentaba el libro. Cuando me vine a vivir a Aragón me dio por conocer a los autores de la Franja, esa estrecha frontera con Cataluña y las tierras que fertiliza el Ebro, que parece haber producido más escritores y poetas por metro cuadrado de los que se puede esperar en tierras que han estado tan dejadas de las manos de las autoridades (in-)competentes. Y así llegué a Jesús Moncada (Mequinenza 1941) al que leí en catalán un par de años después de su fallecimiento (2004). Ahora lo he recuperado en la versión castellana de Joaquín Jordá, editado por Anagrama, junto con la segunda de sus novelas "Memoria estremecida", traducida por José Ferreras  y editada también por Anagrama. La verdad es que me han fascinado. En ambas Jesús Moncada, un narrador de verdadero interés, recrea la vida en su desaparecido pueblo natal, Mequinenza, a través de los personajes y los siglos, con una maestría literaria que debe mucho a Quevedo, Galdós, Baroja y Valle Inclán. Un aliento épico que no decae va insuflando vida a las páginas de esta historia que eleva a todo un pueblo a la categoría de "personaje vivo", (al estilo de Macondo, Vetusta, Comamala o Región) tal es el vigor que se desprende de un estilo premioso, reiterativo, lleno de vueltas y revueltas, sumido en la autocomplacencia de ir y venir entre oraciones subordinadas, agitando de vez en cuando al lector con observaciones sorprendentes y llenas de un humor cáustico e irreverente. Vale la pena recuperar a Jesús Moncada. Y mucho más para los que vivimos en la vecindad catalano-aragonesa del Ebro.
Todos estos libros han sido facilitados por Librería Serret de Valderrobres.     
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12 septiembre 2013 4 12 /09 /septiembre /2013 07:08

 

el-ultimo-concierto-cartel.jpg

He aquí una película sobresaliente. Debió estrenarse en 2012 pero la coincidencia con  "El cuarteto" de Dustin Hoffman aconsejó que se aplazara, dada la similitud del tema y en el título ("A late Quartet", El cuarteto final). Sin menospreciar en absoluto la cinta del actor norteamericano,  la del desconocido Yaron Zilberman, la supera con ventaja, esta vez no sólo por la labor del director (algo mediocre, aunque quizá era difícil hacer otra cosa dasdas las características de la cinta y los actores) sino sobre todo por los intérpretes y la veracidad, ternura y dramatismo del argumento.

Varias historias y muchos sentimientos se entrecruzan en esta película sobre un cuarteto, "La Fuga", especializado en Beethoven y compuesto por cuatro grandes músicos que han logrado a menudo la gesta de interpretar el Opus 131 en Do sostenido menor tal como el músico alemán exigía, en "attaca", es decir sin detenerse un instante y, por supuesto, sin desafinar. LLevan 25 años tocando juntos en una armonía delicada y compensatoria que sugiere una atención y un trabajo constante para supeditarlo todo a la mejor interpretación posible. Ahora una noticia terrible estremece a los cuatro artistas: el chelista (genial Christopher Walken, uno de los excelsos actores -no divos- del cine mundial) padece Parkinson y debe salir del conjunto. El primer violín, Mark Ivanir (que no desentona en absoluto en un elenco admirable), el segundo, un ambicioso pero reprimido Philip Seymour Hoffman, como siempre a la altura de la excelencia interpretativa, y su mujer y compañera, Catherine Keener, la cálida y sensata viola, que vive estoica pero brillantemente a la sombra de los tres hombres.

La terrible noticia crea un elemento de discordia y tensión en los miembros del grupo que han aceptado la paternal autoridad del chelista como líder y ahora con su desaparición abre una lucha por el poder, abierta y descorazonadora, aunque la exigencia de la música  y de la perfección de los siete movimientos del Opus está en el trasfondo con una carga de temor y desafío.

Pero este drama de un cuarteto de cuerda no deja en ningún momento de atraer la atención y los sentimientos del espectador. Ante la inanidad del cine de consumo, resulta aleccionador ver como una película sencilla, con un argumento relacionado con algo tan especializado como la música clásica, desbanca en el ánimo del espectador toda la pretenciosidad, los efectos especiales, cuanto más aparatosos mejor, y las actuaciones estereotipadas de los divos del llamado 7º arte y de las películas que ahora prevalecen.

Estamos ante una película intimista, con planos medios casi estáticos, con la presencia obsesiva de la música del Opus 131 de Beethoven, mientras los intérpretes nos muestran las complejidades de sus sentimientos, sus rivalidades, su cortesía exigente, su profundo amor a la música, las relaciones que establecen entre ellos; y sobre todo ese palpitar de humanidad, la presencia dolorida, angustiada y paciente de un Walken en estado de gracia. Sobriedad, exigencia actoral y una labor de dirección apacible y respetuosa, sin caer en el sentimentalismo o en la emoción fácil y manipuladora. Ofreciéndonos a la  par la visión completa de unos músicos magistrales que no por ello dejan de ser hombres y mujeres con sus zonas oscuras, donde la envidia, la vanidad, las pasiones ocultas y reprimidas son la amenaza más dura para la supervivencia del hasta ahora modélico cuarteto de cuerda. Claro está, no es una película perfecta, redonda. Hay acotaciones y elementos del guión que son reiterativos o sobran, pero es tanta la calidad del conjunto que esos defectos forman parte aceptable de la propuesta magnífica, como en la cultura zen los objetos son más perfectos cuando aportan algún delicado elemento fallido, pues en ello radica la "humanidad" de la perfección artística.

Verbo y música, diálogo y banda sonora, sentimiento y aspiración, van complementándo y configurando una obra especial que deja al espectador perplejo y admirado. La música tiende a la perfección, la palabra es el elemento subterráneo que da vida a los intérpretes y establece las diferencias. Pero hay que superarlas a fin de poder ofrecer, con la calidad exigida durante 25 años, el concierto de conmemoración del cuarto de siglo de continuo éxito perfeccionista. Y hacia ese punto se dirige el argumento y la película, con un final magistral, aunque esperado.  Película de visión obligada. Incluso para los que aman más a Mozart que a Beethoven. Aquí hablamos de cine en estado puro.

 

 

 

 

 

 

EL ÚLTIMO CONCIERTO

Dirección: Yaron Zilberman.

Intérpretes: Philip Seymour Hoffman, Christopher Walken, Catherine Keener, Mark Ivanir.

Género: drama. EE UU, 2012.

Duración: 105 minutos.

 

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10 septiembre 2013 2 10 /09 /septiembre /2013 09:00

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Una joven reportera gráfica queda ciega a resultas de una explosión durante una escaramuza en Afganistán. cuando hacía su trabajo acompañando a las tropas norteamericanas. Aunque la secuencia afgana es de lo más interesante (sobre todo viendo cómo se mueve la reportera (Michelle Monaghan) en pleno ataque afgano) cuando comienza la película propiamente dicha la encontramos viviendo con un joven en un ático lujoso en pleno centro de Nueva York y moviéndose como invidente por las calles de Manhattan. Nuevo giro argumental y tras un paseo. llegada de la joven a su magnífico ático (ya se nos ha hecho saber que el piso no es de ella sino del joven con el que vive). A partir de ahí comienza la acción de "Atrapada en la oscuridad" en la que el esquema de la película de 1967 "Sola en la oscuridad" dirigida por Terence Young e interpretada  por la magnifica Audrey Hepburn, se va solapando de forma desmañada y lo que en la vieja pelicula de hace 46 años se convertía en angustia e incluso terror, aquí incita un poco a la risa (y no precisamente histérica) o al más genuino fastidio por las incoherencias y exageraciones argumentales.

Los golpes de efecto no dejan de producirse en el comportamiento de los dos malhechores que han asesinado al joven novio de Michelle (el consabido cómplice que habia huido con el botín)y en las reacciones de la reportera ciega, para acabar con una copia, mala, del final de la película citada. Quizá el rejuego con los diamantes --el tesoro buscado-- sea lo mas original de la película (aunque lo hemos visto en varias cintas, incluso en una de Indiana Jones). Joseph Ruben trata la historia de la ciega acosada en un lugar cerrado y claustrofóbico por criminales que buscan un botín robado, como si fuera un telefilme, obligando a sobreactuar a Michael Keaton, que no es un actor que precise mucho empuje para eso, aunque hay que decir que son esos dos, Keaton y la Monaghan los que aguantan el peso de la película. Sin llegar a tener la fuerza de su "Durmiendo con su enemigo", Ruben parece haberse dado un atracón de "Sola en la oscuridad" y "Terror ciego" (Richard Fleischer, 1971), pero el resultado no llega a interesar demasiado, al contrario que en esas dos películas que deberían volver a ser pasadas al menos por televisión.

 

 

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9 septiembre 2013 1 09 /09 /septiembre /2013 07:41

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De este escritor no se enseña nada en la enseñanza secundaria y me gustaría que alguien me dijera que en la Universidad sí. De origen francés y nacionalizado español, ninguneado por la cultura oficial de este país, es un autor que nos envidia la mayor parte de los paises europeos y sudamericanos: Max Aub. Hace 55 años publicó en México "Jusep Torres Campalans" una obra decididamente genial que hoy vive en el olvido más injusto, reducida a comentarios de especialistas en literatura y lectores añorados. Les recomiendo la edición de Alianza que aún es posible encontrar. Max Aub tiene dos tipos de novelas, principalmente. Las de fuerte raiz social y política  y realismo ético (la serie de los "Campos", centrada en la guerra civil y sus prolegómenos) y las que dedica a la mezcla de fantasía y documentación histórica, novelas basadas en seres apócrifos presentados como históricos, como Jusep Torres Campalans (una "biografia" de un pintor inexistente que aparece como amigo de Picasso, Mondrian o Juan Gris) o "Vida y obra de Luis Álvarez Petreña" otro personaje imaginario, un escritor, del que conocemos su vida y su obra tan documentadas que resulta difícil creer que no se trata de alguien real. Con Torres Campalans, Max Aub llegó a presentar su obra pictórica escogida, cuadros que pintó el mismo escritor y que convencieron a muchos de que el pintor había existido (incluido el propio Picasso, que avaló la "autenticidad" de la obra del "maestro catalán", al que "recordó" haber tratado en París de entreguerras). Vinculado sentimentalmente a Aragón, Max Aub colaboró con Malraux en el filme bélico  "Sierra de Teruel" y murió antes de culminar otra de sus novelas "apócrifas", esta vez sobre Buñuel, un híbrido entre biografía real y ficción estética, para la que había mnantenido largas conversaciones con el cineasta..

Otro recordatorio literario: el próximo jueves, dia 12, se cumplen cinco años del suicidio de David Foster Wallace, un escritor joven que supo encontrar el estilo de la época en que vivió, la de su país en concreto, la Norteamerica del cibercapital y la de una colectividad sin valores ni principios basada en el consumo y el exceso de información unido a la escasa formación. Un mundo que provoca una sensación de radical extrañeza que se convierte en algo familiar. Justo al revés que esos enfermos neurológicos que observan su propio brazo, o pierna, como si no les perteneciera. Y lo más terrible es ignorar que esa familiaridad sólo es un disfraz de una angustia existencial profunda: la falta de sentido. Lea "La broma infinita", (en Ed. Mondadori) su mejor obra.

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