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24 diciembre 2012 1 24 /12 /diciembre /2012 10:05

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 Llegó "El hobbit: un viaje inesperado", por lo que los fans de las criaturas de Tolkien (que somos legión) podríamos declararnos satisfechos. Aunque no es del todo así. Le película abre de entrada un interrogante sin respuesta por el momento: ¿Cómo es que Peter Jackson produjo "El señor de los anillos" en tres partes y 9 horas de duración, dejándose sin explotar bastante de los contenidos y personajes de las novelas --tres-- en las que se basaba y ahora necesita otras nueve horas para un librito de poco más de doscientas páginas? Si dejamos a un lado la disculpable codicia económica del gran director, nos quedamos sin argumentos hasta que veamos el conjunto, aunque ya nos empezamos a hacer una idea.

"El hobbit", narra las aventuras previas de Bilbo Bolsón (Iam Holm y el magnífico Martin Freeman como Bilbo joven) a lo que se nos cuenta en "El señor...", cuando el hobbit , en su juventud, encuentra a Gollum y le roba el anillo mágico, junto al viaje de aventuras con la comunidad de enanos comandados por Thorin, "Escudo de roble", y el mago, Gandalf el Gris,  que pretenden recuperar su patria, arrebatada por los orcos en el seno de Moira, la montaña del reino de los enanos.

¿Aporta algo nuevo y mejor a la trilogía precedente? Francamente, por el momento, no. Ligera decepción. "El Hobbit" sigue bebiendo de las cintas de "El señor...", de su ambiente mágico, de su dinamismo, con un menoscabo: los personajes, dejando aparte a Bilbo y a Gandalf (y, por supuesto a Gollum), carecen de la fuerza y el encanto de los de la trilogía anterior. Echamos de menos a Legolas, el certero elfo del arco y las flechas, a Boromir, el guerrero humano, a Gimli, representante de los enanos, a los tres compañeros hobbits de Frodo, entre ellos el gran Sam, y sobre todo al maravilloso  rey oculto en la viril presencia de "Trancos", Aragorn hijo de Arathorn, al que el actor Viggo Mortesen dio un inolvidable y adecuado aspecto físico.

Por tanto la nueva entrega de Jackson sobre el universo literario de Tolkien defrauda un poco, aunque complacerá a los espectadores adictos a las palomitas y al cine de acción legendario. Hay lentitud en este primer tramo de la nueva trilogía aunque todo sigue siendo atractivo visualmente y con un dinámico montaje con la maestría que conocemos en Jackson. Las secuencias de acción son trepidantes y llenas de emoción, aunque no aporten nada al imaginario de esta saga. Los enanos son divertidos pero no se vuelven imperecederos ni indiduos con personalidad propia y diferentes entre sí (quizá después lo logren) y la historia tiene el encanto de devolvernos a La Comarca, pero se apoya demasiado en lo precedente sin llegar a aportar nada que lo haga diferente: todo parece un "exploit" de la trilogía anterior.

El tópico y clásico esquema de las peliculas de acción, es decir, acercamiento al peligro, afrontarlo, estar a punto de perecer en él y ser vencidos, aparición de una fuerza amiga o un elemento nuevo  que da la vuelta a la situación en el último momento, victoria o aplazamiento de la crisis...se repite continuamente y en esta entrega es casi siempre Gandalf o las fuerzas que convoca el mago --caso de las águilas gigantes-- las que salvan a los héroes de ser derrotados y eliminados. Pero esto es lo que uno espera de estos relatos y es así desde siempre. En esa repetición argumental estriba el encanto de estas narraciones clásicas que han encandilado a los humanos desde los tiempos de las cavernas.

Sospecho que Gollum (representado --con la técnica de "stop motion"-- por el actor Andy Serkis, que también hace trabajos de director de la segunda unidad) es una figura esencial en esta nueva saga: recordemos que todo pasa mucho antes de lo que nos narra "El señor de los anilllos" donde Gollum morirá unido a la destrucción final del anillo de poder y de Sauron, el malo por excelencia de los cuentos. Por el momento la secuencia de los acertijos en la cueva donde se encuentran él y Bilbo, es lo mejor de la película por su humor y su tensión narrativa.

Por tanto, la película se envuelve en un aire de "dejà vu", de algo visto con anterioridad, con pocas variaciones. Justo es admitir una de las mejores novedades, aunque muy breve: la lucha de los gigantes de piedra en los peligrosos desfiladeros de la montaña, que están a punto de acabar con la Comunidad de los enanos y Bilbo Bolsón entre ellos. Otra, el proceso de aprendizaje heroico de ese personaje brillantemente interpretado por Martin Friedman.

La cinta resulta nuevamente deslumbrante y espectacular pero es algo excesiva y abrumadora. Bilbo carece del dramatismo interior de Frodo y a él no parece crearle demasiados problemas la posesión del Anillo. Parece pues que la rentable moda de franquicias (como las de Harry Potter o "Crepúsculo") condicionan también ésta nueva aparición de las sagas de Tolkien. Esperemos que además de la cuestión económica, Jackson logre dar fuerza propia a este "Hobbit" ,por ahora demasiado deudor de "El señor de los anillos". Esperemos.

 

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21 diciembre 2012 5 21 /12 /diciembre /2012 10:22

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Reconozco mi debilidad por el cine oriental, ya sea el japonés o el chino o, en el otro eje del mundo, el iraní o el pakistaní, con  la excepción del indio, demasiado pretencioso para mi gusto (no en vano es India una de las potencias cinematográficas del mundo). Por supuesto que no todo lo  que nos llega es sobresaliente, como la que hoy nos ocupa, pero generalmente mantienen un listón alto de dignidad y profesionalidad. "Pollo con ciruelas" es una película que ostenta un muy aceptable nivel.

.Dirigida por los realizadores de "Persépolis", la iraní Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, nuevamente basados en los cómic de Satrapi,  nos cuenta la historia de Nasser Ali (un soberbio Mattieu Amalric, insuperable en papeles ambiguos y ligeramente alarmantes e incluso amenazadores: tiene una potencialidad de locura y violencia en la mirada que lo convierte en un icono del actor de carácter), un violinista que al perder  su violín--destrozado por su mujer, en un rapto de celos hacia la música, otra gran interpretación de la portuguesa Maria de Madeiros-- decide acostarse y esperar que la muerte se lo lleve.

Es curioso que un filme iraní se base en tras intérpretes extranjeros, el protagonista, francés, el papel de su mujer, para una portuguesa y el de la madre de Nasser Alí, importante en la trama, aunque solo salga en dos largas escenas, la italiana Isabella Rosellini. La trama nos lleva, a través de flash back y de una forma un poco desordenada y a veces bastante cursi a recorrer la vida del joven músico, su gran amor imposible, la hija de un relojero, que le hará buscar el éxito y que jamás llegará a satisfacer. Su matrimonio forzado por la imponente Isabella, su madre, con una mujer a la que no ama y su paternidad sin ilusiones y sin esmero. Hasta el juego final con la muerte, el terrorífico ángel Azrael, como una pobre imitación de Bergman, en la que el caballero es un pobre infeliz y la muerte un jugador tramposo.

Por tanto no hablamos de una gran película, pero sí de una cinta realizada con dignidad, con una fotografía magnífica y unas buenas interpretaciones. Quizá falla un poco la trama y sobre todo la técnica narrativa, pues es un buen tema aunque está contado de una forma que no está a la altura.

Hay elementos mágicos inspiradores en esta historia contada con sencillez y con ganas de agradar. Romanticismo a tope, un cierto ambiente naïf que nunca resulta desagradable y la sensación de estar escuchando un cuento de hadas a la manera iraní, "erase una vez una persona que existió, o tal vez no existió...".

Hay un cierto aire a "Amelie", el éxito del cine francés, una suerte de comedia mágica, algo tontorrona, aunque aquí el tono de comedia no acaba de encontrar su camino y va siendo desviado por pinceladas algo cutres de desamor, violencia, depresión o miedo. El amor imposible por la hija del relojero, que empieza con el tono "Amelie", acaba de una forma triste y algo cursi, al modo de "Delicatessen", con toques de leyenda y cuento de las "Mil y una noches" (no en vano hablamos de Teherán de los años 50, cuando aún el fanatismo religioso no ha destrozado una de las culturas más hermosas y variadas del mundo).

Se percibe la textura estética del comic de donde procede y que es el oficio principal de la directora, con lo que visualmente estamos ante una cinta deliciosa en todos los sentidos, a pesar o quizá debido a la artificiosidad que el talante de cómic imprime al cine (recuerden "Sin City", por ejemplo). Por eso muchos planos parecen surgidos más de un cómic que de una película de acción real y el tono general de la dirección artística es uno de los grandes hallazgos y méritos de la película. Gran banda sonora de Olivier Bernet.

En resumen, a pesar de sus fallos, no se la pierda. Disfrutará con ella..



  



   

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19 diciembre 2012 3 19 /12 /diciembre /2012 10:50

 

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Alessandro Baricco es una de las voces más singulares y brillantes de la literatura italiana de la actualidad. Autor, entre otras, de "Seda" (de la que se realizó un interesante película y 17 traducciones), "Emaus", "City" o "Homero, Iliada", Baricco nos ofrece con  "MrGwyn" el retrato de un escritor que parece surgido de la pluma de Salinger o de Auster, comparte unas memorables rarezas con ellos y parece tener la misma maestría expresiva y semejante surrealismo vital.Gracias al certero ojo librero de Octavi Serret, he leído este libro para ustedes.

Mr. Gwyn es un escritor relativamente joven, con un par de obras de éxito y otras -- como veremos en el trascurso de la novela-- que ha publicado con nombres supuestos, que decide un buen día dejar de escribir novelas y lo hace anunciándolo a bombo y platillo, junto con cincuentas actividades, comportamientos o actos, algunos desternillantes, que también jura no volve a hacer. Rodeado de personajes secundarios de una fuerza y atractivo dificiles de superar, por ejemplo, Rebeca,  la rellenita secretaria de su editor --que toma el portagonismo a la mitad de la novela-- y éste mismo, un sujeto en silla de ruedas que mezcla una vitalidad y una energías de un Minotauro junto a un sentido del humor irónico y entrañable, el desarrollo de la trama va mostrándonos con pinceladas a veces esquemáticas el proceso de adquisión y uso de la nueva profesión del escritor dimitido: redactor de retratos. Retratos reales, pero sin utilizar pinceles sino pluma y papel. 

Para ejecutar esos inconcebibles retratos, M r. Gwyn idea una serie de medidas a fin de lograr detectar la quintaesencia de la persona retratada y así ofrecer de ellas una descripción que, sin ninguna duda, será reconocida por los clientes como un relato sobre la propia alma, un espejo literario en los que se verán ellos mismos por encima de cualquier equívoco.

Toda la liturgia medio demencial con la que Mr. Gwyn rodea su trabajo y el dramático fin de todo, no permite en ningun momento dejar de lucir una inmensa sonrisa al lector: la novela es un compendio de ingenio y de hallazgos y observaciones inteligentes y sensibles. Puede resultar esquemática, redundante o demasiado artificiosa, pero sin duda alguna no es previsible, ni aburre en ningún momento. Y en estos tiempos esto es un sello de calidad, ¿o no?

Baricco, que en su libro juega con la música y la pintura como componentes narrativos, la musica de Glen Gould o el jazz parecen escucharse en algunas de las páginas de la novela. Tan misántropo como Mr.Gwyn, su autor, Baricco, hace coincidir la trama de su novela con un anuncio semejante de un escritor real, y de los grandes, Philipp Roth. Precisamente este novelista, junto a Hemingway, Fitzgerald y el otro Roth, Joseph, forman parte de las influencias reconocidas por Baricco, que ya ha publicado en Italia otra novela, con lo que ya ha callado a los que profetizaban que Mr. Gwyn era la despedida real de Baricco.

En resumen , una novela entretenida para los que amen la variada novelistica de Baricco, los que simplemente quieran pasar un buen rato de lectura de calidad y contraindicada para aquellos a quienes "Seda" les pareció un romántico tostón. Que los hay. 

 

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 FICHA

"Mr Gwyn".- Alessandro Baricco.-Editorial Anagrama.- 184 págs. 16,90 euros.

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16 diciembre 2012 7 16 /12 /diciembre /2012 10:33
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 Los últimos éxitos del cine francés en el terreno de la comedia están provocando una injustificada eclosión de cintas en los que se trata de mostrar al espectador el lado amable y risueño de la vida, evitando (las mejores) el sentimentalismo barato o los recursos al humor de sal gruesa o el que busca la risotada cómplice y un poco vergonzante del público (entre las mejores a veces se escapan algúnos de esos recursos facilones que abaratan el producto). "El Chef" ("La receta de la felcidad") trata de ser una buena comedia, lo logra en algunas secuencias y luego se lastra con el pretendido deseo apuntado en el subtítulo de la película, la moraleja innecesaria al estilo de los libros de autoayuda, la entrega a los demás como secreto de la felicidad y algunas  evidencias más explotadas por la moralina al uso.  
El intríngulis de una buena comedia radica en que su oferta llegue a coronar el "the end" con una sensación en el público de que todo se ha cumplido, que la trama ha logrado un punto de empatía que hace que el espectador salga de la sala con una sonrisa más o menos plena y recuerde con simpatía a los personajes y el enredo que le han ofrecido. Otras, "El Chef" entre ellas,  pertenece al grupo que no tiene tantas pretensiones, que no va más lejos que  lograr un terapéutico alejamiento de las preocupaciones que cada espectador lleva consigo, ese simple "click" mental que te hace desconectar de tus propios enredos para vivir los que te propone la pantalla.
En este caso, además, se atrae al público con el morbo añadido de ver a una gran estrella, Jean Reno (tan desperdiciado en cintas de acción) tratando de convencernos a todos de que las bagatelas que se obligado a hacer forman parte del abanico de sus posibilidades interpretativas, un poco siguiendo la tónica de la saga de "Los visitantes".
Siempre que veo a uno de los grandes interpretando un papel por debajo de sus posibilidades reales (digamos Jean Reno en esta película o el soberbio Tommy Lee Jones en otra que les comentamos recientemente, "Si de verdad quieres" con otra monstruo interpretativa como es Meryl Streep) los exonero de culpabilidad, ya que tratan de hacer comedia manteniendo su dignidad, los famosos "filmes alimenticios" de los que usó y abusó Orson Welles.
Quizás en este filme nos sobren ciertos excesos como la secuencia del travestismo japonés en el restaurante minimalista o la presencia absolutamente innecesaria de Santiago Segura haciendo de Santiago Segura en plan de mago de la cocina  molecular (con insoportable acento francés). Magnifica aunque a veces histriónica interpretación de Michael Youn dando la réplica al gran Reno, al que no logra hacerle sombra, pero que resulta empático al espectador con su sonrisa dulce y su mirada  inocente. Uno recuerda otras películas del mundo de la cocina y sale de esta sin haber dejado nada en la memoria, muy alejado del embrujo, por ejemplo, de "Ratatouille" o de "Chocolat". Película intrascendente, con algunos momentos logrados (las risas les acompañan) y una trama escasamente ingeniosa que lastran el filme a pesar de las concesiones a la galería de un final cantado y excesivo y algunas secuencias reiterativas. La película de Daniel Cohen no va ni quiere ir más allá de lo que es: un juguete pretendidamente cómico realizado para mayor gloria del cine francés, aunque muy alejado de cintas tan redondas como "Bienvenidos al  Norte" o "La cena de los idiotas".
     

   
   
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15 diciembre 2012 6 15 /12 /diciembre /2012 15:21

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Meryl Streep y Tommy Lee Jones interpretan esta comedia amable y picante (lo indispensable) en la que se enfrentan ambos a un intento desesperado de salvar su matrimonio de 30 años, en los que el silencio, la incomunicación y el alejamiento físico y sensual se han convertido en una vida cotidiana aburrida, frustrada y sin alicientes ni ilusiones. Costumbrismo a tope en una familia media norteamericana y unas interpretaciones tan irreprochables como cabe esperar de esos dos gigantes de la pantalla.

El tercero en discordia es, naturalmente, un psicoterapeuta especializado en rehacer matrimonios (eso, si, todo muy a la americana, un poco alejado de lo que es la práctica profesional en estos pagos), papel que interpreta con su limitada gestualidad habitual Steve Carell, ese cómico que parece retornar a los modos de un Buster Keaton, por ejemplo. Con el rechazo y la renuencia descarada y quejica de Tommy, Meryl le convence para hacer un cursillo de una semana intensiva con un célebre terapeuta, a fin de recuperar la intimidad sexual y sentimental en la pareja. Irán al ficticio pueblo costero de Hope Spring (que da título a la película, aunque en realidad es Stonigton) en un entorno relajado y hermoso.

David Frankel (que ha dirigido otras comedias con éxito, como "El diablo viste de Prada" o "Una pareja de tres") nos cuenta con bastante comedimiento esta historia de sexo y amor en la edad madura, fiando más en la pericia de los actores principales que en la fuerza y gracia del guión (de Vanessa Taylor), bastante previsible y que sigue una linea tradicional sin permitirse ningun exceso (las secuencias de ejercicios sexuales están rodadas con extremo cuidado y delicadeza, empujando más por el lado del humor que de la crítica). Quizá lo más interesante de la cinta estribe en el hecho de que contemplamos la trama desde el punto de vista femenino (lo que era de esperar dado el sexo del guionista) cosa que permite un lucimiento mayor en la Streep y que Tommy Lee nos obsequie con otra de sus impagables actuaciones refunfuñantes, pero esta vez con el añadido de su destartalado y entrañable sentido del humor (¿se han fijado que cada año se parece más a Walter Mattahu?).

Película entretenida para todos, pero especialmente aconsejable para matrimonios que lleven más de diez años juntos.

 

 

Con un presupuesto de unos 30 millones de dólares, “Si de verdad quieres…” se estrenó el pasado mes de agosto en Estados Unidos y en su primer fin de semana recaudó casi 15 millones —ayudó la positiva recepción crítica por parte de la prensa—. Su buena acogida se prolongó en la taquilla y hasta ahora lleva acumulados más de 62 millones en todo el mundo. Se estrenó el 28 de septiembre en España. 

 

 

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13 diciembre 2012 4 13 /12 /diciembre /2012 08:57

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 La verdad es que es una película absolutamente refrescante, llena de un humor muy a la argentina, como corresponde, es decir inteligente, lúcido, un poco cabroncete, a menudo desternillante y que tiene la calidad de estar destinado a adultos mentales, con absoluto respeto a la inteligencia de la platea (cosa muy de agradecer en estos tiempos tan deslucidos).

La trama tiene gracia y pica con esmero y equilibrio a los dos lados del Atlántico, en la Argentina que sale del peronismo, pero en la que aún colea el dictador y en nuestra Madre Patria, en la que Franco goza de buena salud y está en la plenitud de su poder (y con él, su señora, doña Carmen que, no por casualidad se le llamaba en estos pagos y en secreto sumarísimo "Doña Collares"). Pues bien, la cosa no podía ser más ingeniosamente pícara: los partidarios del desfenestrado Peron preparan el asilo político del general en España y necesitan dinero para que el expresidente mantenga aquí su rango y boato. Así que deciden vender en secreto las joyas de doña Evita, ya fallecida en olor de santidad social, o al menos pignorarlas con posibilidad de rescate cuando las cosas vayan mejor a los peronistas residuales. Un elegante político del circulo de Peron viaja a Madrid y las deja en una selecta joyería a cambio de unos milloncejos, con la promesa del joyero de no venderlas, hasta que los peronistas vuelvan a tener fondos, intereses mediante, claro está. Pero hete aquí que doña Carmen ha visitado la joyería y como solía hacer ha pedido que le envien algunas joyas de Evita Perón "para que las vea Paco". Con lo cual el aterrorizado joyero sabe que en la práctica alguna de esas joyas deberán quedarse en el Pardo como presente secreto a la mujer del dictador. Tanto es así que los avispados joyeros madrileños han formado un fondo para compensar económicamente al colega que le toque la china, digo la Carmen (asunto que corría por los mentideros madrileños de la época: no es una invención del magnífico guionista de "Atraco".) Para evitar el desastre los peronistas y el joyero apañan un falso atraco: los "delincuentes" (un actor joven y un policía maduro) cogerán  las joyas, las dejarán en la casa del joyero y se irán para Buenos Aires. El  joyero cobrará el seguro y cuando llegue el momento las devolverá a los peronistas, que obran sin conocimiento del general Perón.

Hasta aquí todo bien, pero la elección del dúo de atracadores falsos solo es medio acertada. Falla estrepitosamente uno de los elementos. La culpa la tiene el amor, claro. Pero no les cuento más, vayan a verla y ríanse con el golpe perpretado.

Sólo hay un pero. Uno, pero sólido. El final. Naturalmente no sabrán nada de él por mí. Pero no sería honesto no decirles al menos una cosa: en el desenlace  se le va la olla humorística al director, Eduard Cortés. Se mete en berengenales que dejan clavado al respetable al asiento. Quizá lo ha hecho a propósito. Pero para tan buen cineasta como ha demostrado ser, creo que el recurso era innecesario y carga al crítico de malas vibraciones. Aunque goza de mejor nivel que en "The Pelayos" la anterior película de Cortés, con un comienzo estupendo, va desinflándose hasta ese final que, en puridad, no le quita validez y gracia a lo anterior, pero estropea el balance. Destacar desde luego la interpretación de Guillermo Francella, el policía serio, que tiene que lidiar con un compañero de misión tan irresponsable como tonto, sin llegar a ser divertido.

Tanto la dirección artística como los diálogos y las peripecias de los dos argentinos en el Madrid de los 50, merecen el precio de la entrada. El final ya es otra cosa, pero todas las rosas tienen espinas, ¿o no?.

 

 

 

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11 diciembre 2012 2 11 /12 /diciembre /2012 15:27

 

 

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La situación de la mujer en algunas culturas pasadas (y contemporáneas) es una de las verguenzas que debe  soportar ese animal supuestamente racional y emotivo que es el ser humano. No vamos a entrar en un análisis vergonzante del estado de la cuestión, no es éste lugar para hacerlo, pero muy a menudo la literatura y la poesía han mostrado una sensibilidad muy especial por el mundo femenino, no sólo directamente en muchas de sus obras, sino funcionalmente, proporcionando a las mujeres un medio de comunicación específico y secreto que les permitiera comunicarse y crear literatura al abrigo de la prepotente masculinidad castrante de algunas sociedades. Concretamente me refiero a dos ejemplos, la tradición poética de algunos círculos femeninos en sociedades árabes (la iraní o persa, la libanesa y la saudí) o la japonesa y la china tradicional. Esta última mantuvo durante más de mil años un código secreto de escritura llamado "Nu shu" con el que se comunicaban las mujeres sin que ningún hombre pudiera descifrarlo. Los mensajes eran grabados en abanicos, bordados en piezas de tela o susurrados en canciones populares.

Parece ser que el "Nu shu" nació en una remota provincia de China.

Una escritora chino-norteamericana, Lisa See, viajó allí para documentarse y escribir una novela de amor femenino, "Flor de nieve y el abanico secreto", publicada en España por "Letras de bolsillo" con el título "El abanico de seda".

Por una de esas sincronicidades que surgen en mi vida de lector curioso, el amigo Octavi Serret, me proporcionó para su crítica un libro "El pais imaginado" del argentino Eduardo Berti, recién publicado por la editorial Impedimenta, justo cuando comenzaba a leer la novela de Lisa See. 

Dos muchachas chinas sonríen desde la portada de "El país imaginado". El autor ya había llamado la atención con dos novelas "Agua" y "La mujer de Wakefield". En la que nos ocupa, Berti, creador de mundos no imaginarios pero sí imaginados, hace una incursión audaz al mundo tradicional chino y ni corto ni perezoso coge el motivo del "Nu shu" y la del "lao tong" (la relación íntima y  secreta entre dos mujeres) para perfilar una novela donde el fantasma soñado de la abuela muerta de una de las protagonistas --la narradora-- va encarrilando una historia de amor --no de sexo-- entre dos muchachas sometidas a una tradición donde su voluntad no contaba a la hora de decidir esposo. Como dice la narradora (pág 189) es la abuela la que le habla por primera vez del "país imaginado" cuando está a punto de morir, único lugar donde la mujer ya es dueña de sí misma. Y ese lugar es la muerte, ya que "es el país que nunca dejamos de imaginar, porque no tenemos de él ninguna imagen real".

En una atmósfera mágica en la que el amor y la muerte están inextricablemente enlazados para las mujeres, la novela de Berti juega con viejas tradiciones y sensibilidades poéticas para urdir una trama deliciosa que el lector disfrutará, aunque siempre sin ahondar en la dureza de las costumbres o en las frustraciones de las mujeres que las soportan. Nos describe la sociedad china a caballo entre la tradición ancestral, la guerra contra Japón y la revolución del maoísmo, con tal habilidad que la novela sería premiada en 2011 por el Premio Emecé y este año con el Premio de las Américas.

El libro goza de una introducción del gran Alberto Menguel, que ya nos advierte que la novela no pertenece al "género" de novela de fantasmas, sino que está más en la linea (un poco exagerado, a mi parecer) de "Pedro Páramo". Un mundo de ritos ancestrales, imaginación, culto al detalle poético, rebeldía, lealtad y amor, en las que la relación entre Ling y la bella Xiaomei, se resume en un diálogo entre las dos chicas (pág. 211): "El mundo está mal hecho, dije.--El mundo no está hecho, me corrigió Xiaomei. El mundo es así: algo que promete hacerse y jamás se hace en forma definitiva". Y ese es el ámbito de vida de las dos muchachas, un mundo de perfiles borrosos y cortapisas firmes, habitado por fantasmas, ritos y supersticiones de difuntos, en el que es sumamente difícil llegar a ser feliz, pero donde siempre se pueden llegar a encontrar atajos secretos y realidades paralelas.

El "casamiento fantasma" del hermano de Ling y los entresijos económicos de tales alianzas, perfilan los mejores momentos de la novela, implicando al lector en una lógica gótica que parece sacada de "La novia cadáver" de Tim Burton. "Lo monstruoso de esa boda era que el novio envejecería y la novia jamás, ya que estaba muerta", dice Ling al comentar la boda de su hermano.

Como aseguró Berti en una entrevista, no se trataba de hacer una novela histórico-costumbrista-orientalista. China y esa època en concreto son la excusa. Lo que le interesaba al autor era reflejar unos sentimientos y unas emociones con un estilo conmovido, sencillo y directo, sobre temas universales como el amor, la familia, la tradición, la rebeldía de los hijos y la inevitable llegada de los cambios. Y a fe que lo ha hecho.

 

FICHA:"EL PAÍS IMAGINADO".- Eduardo Berti.- Ed. Impedimenta. 235 págs. 12 euros.

 

     

 

 

 

 

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10 diciembre 2012 1 10 /12 /diciembre /2012 09:04

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Adam Sandler presta su voz, en la versión inglesa, a este Drácula en dibujos animados que protagoniza la propuesta  de Genndy Tartakovski para los pequeños y sus padres. Es como si el mal fario que contagia ultimamente las películas de ese actor histriónico y excesivo haga efecto en las películas de animación donde solo presta su voz. "Hotel Transilvania" parte de una buena idea que se estropea en la realización: un lugar donde puedan vivir los monstruos --todos los clásicos del mundo subterráneo y arquetípico del terror--unas buenas vacaciones en paz, al resguardo de los siempre peligrosos humanos.

La excelente trama propuesta, en la que el elemento catalizador es Mavis, la hija de Drácula, que abandona la adolescencia para convertirse en una joven adulta con todo lo que ese rito de cambio promueve, se pierde en un desarrollo argumental adocenado y sin brillo. Mavis quiere conocer mundo y no acaba de creerse los "cuentos de terror" que le cuentan sobre los humanos. Esa trasposición de términos y conceptos, la relación de los opuestos cambiados de lugar, hace que veamos las historias de terror "desde el otro lado". Es justamente lo que hacía brillantemente la magnífica "El alucinante mundo de Norman" (que comentamos hace unos días) y que "Hotel Transilvania" no llega ni siquiera a insinuar, perdiéndose en las evidencias y facilidades de la propia fuerza de los mitos que convoca.

El libreto, firmado por cinco guionistas, abunda en desmañados guiños al niño que hay en los adultos y en simplezas para los auténticos destinatarios, los niños. La anécdota básica, la libertad que requiere el desarrollo personal, la aceptación de las diferencias, no pasa de algo mil veces visto en la pantalla y con más gracia que aquí. Un montaje hiperdinámico, un exceso de excitación en el protagonista y unos personajes que no acaban de resultar divertidos, reducen "Hotel Transilvania" a una película sin huella. Los peques la pueden disfrutar levemente y los adultos acompañantes se aburrirán.

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8 diciembre 2012 6 08 /12 /diciembre /2012 15:46

iris5

 

Hay que revisitar la película "Irish" que interpretó de forma sencillamente magistral Judy Dench, la madura actriz que ha dado su rostro a la poderosa jefa del MI5, M, jefa del mismísimo James Bond, agente 007.

 Junto a ella, interpretando a la joven Iris, Kate Winslet, un poco histriónica y, por fin, como marido de Iris el soberbio Jim Broadbent, uno de los mejores actores de la pantalla británica, siempre en papeles secundarios o de segundo, y siempre dando recitales antológicos de sus interpretaciones.¿Qué es "Iris"? La historia de un gran amor, por encima de todo y, también, la decadencia y final de una de las mentes más interesantes del siglo pasado, la escritora, filósofa y ensayista irlandesa Iris Murdoch, cuyo Alzheimer corrosivo terminó con una carrera literaria de primera magnitud mucho antes de su potencial fin cronológico.

Emocionante, entrañable, divertida, plena de sentimientos, de ingenio y de inteligencia, la película de Richard Eyre está basada en el libro que sobre su vida escribió el marido de Iris, John Bayley, también profesor de Oxford y escritor de segunda fila. Por lo que he conocido de su vida y la del matrimonio, el libro --y la película-- han edulcorado el papel de John, que en la pantalla es un amante esposo, paciente con las infidelidades de su mujer, sosegado y de una abnegación ejemplar y una ternura impresionantes. Pues no, parece que en la vida real el tal Bayley no se parecía mucho a su trasunto cinematográfico y, por supuesto, al actor que le da vida. Parece que los celos literarios y profesionales, la bebida y un carácter de todos los diablos amargaron muchísimo la relación, que pasó por diversas crisis (Iris fue amante, por ejemplo, del Nobel de Literatura Elias Canetti, con quien mantuvo una relación de alto voltaje erótico, dominación y sufrimientos). Lo cierto, no obstante, es que Bayley no se separó de su esposa mientras ésta recorría el destructivo camino del Alzheimer, a pesar de que casi desde el principio mantuvo con ella una relación distante y gélida. El matrimonio duró 45 años, hasta la muerte de la escritora en 1999. 

Nos quedamos pues con la película, producida en Estados Unidos en 2001, que le valió un Oscar a Jim Broadbent como mejor actor secundario y sendas nominaciones a las dos actrices protagonistas. Lo interesante de esta cinta absolutamente de visión obligada, es cómo nos cuenta las relaciones entre las dos personas ya ancianas y la lucha denodada y sin posible victoria contra los estragos de una enfermedad que atenta contra la identidad del ser humano. No hay sensiblerías ni emociones fáciles, ni trucos sentimentales, se nos describe con realismo y objetividad el día a día desolador del matrimonio, con la huida hacia la nada que la escritora va realizando.

Recomiendo encarecidamente la lectura de novelas como "El príncipe negro", "Bajo la red" o "El mar, el mar", en las que los temas esenciales de la Murdoch, el sexo, el amor y el sentido ético de la existencia, son mostrados con una gama sorprendente de inteligentes niveles.

 

 

 

 

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6 diciembre 2012 4 06 /12 /diciembre /2012 10:26

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Hablando de la apasionada novelística de Arturo Pérez-Reverte --uno de los integrantes de la "Tribu" de mi añorado amigo Manu Leguineche-- con el que me crucé en algún viaje cuando era periodista, sin llegar a conocernos, mi mujer me soltó una frase que me dejó pensativo: "Las novelas de Pérez-Reverte gustan sobre todo a los hombres y preferiblemente a los que no suelen leer mucho". La miré asombrado (es un efecto que muy a menudo ella suele provocar en mí, tiene una surrealista mezcla de sentido del humor socarrón, inocencia y lucidez) y me aclaró: "eso me cuentan mis amigas casadas con hombres entre los 30 y los 50". Vaya por delante que A.P.-R. no es de mis autores predilectos aunque disfruté muchísimo con "El Club Dumas" y "La Tabla de Flandes" sin olvidar sus provocadores artículos. Valoro el empujón a  la lectura que tienen sus novelas de Alatriste y compañía pero no logro engancharme a su estilo. Por eso me propuse leer y opinar, que no valorar, sobre su última novela: "El tango de la Guardia Vieja" que, según parece, se salía de los cánones de su obra habitual (proporcionada por el afán de actualidad literaria del librero Serret).

Lo primero que descubrí es que no se sale del canon pérezrevertista, lo segundo es que es tan divertida y llevadera como casi todas las de este esforzado y pendenciero galeote de la pluma y lo tercero es que, como a Baroja o Blasco Ibáñez, a Arturo no hay que pedirle que produzca peras  en el olmo de su ingenio. Es dinámico, atractivo y honesto: lo que escribe lo hace bien, muy laboriosamente y con ganas de conquistar. El que busque literatura de profundidades y calidades superiores que se vaya a los clásicos (antiguos, modernos o contemporáneos, que haberlos, haylos). Y como coda a esas opiniones, dar la razón a la frase que mi mujer me brindó. Arturo es un autor de colegas, compadres, amigos del alma y el cuerpo, varones encendidos por las hormonas o la tradición, nostágicos de la pública virilidad de otros tiempos --si es armada, mejor-- héroes desfasados y caballeros de la vieja escuela, corteses, valientes y amadores. Vamos, cuando leo a A.P.-R. siempre acabo pensando en uno de los más cálidos y disparatados personajes de don Ramón (Del Valle-Inclán), el marqués de Bradomín, "feo, católico y sentimental" y sobre todo un caballero con las espuelas gastadas y la  capa remendada, pero digno el porte y con la dignidad como escudo.

Las aventuras del "bailarín mundano" Max Costa ya sea a bordo de un buque trasatlantico de pasajeros en los años 20, en Niza o en la Italia de los 60, sus amores con Mecha Inzunza, esposa de un compositor que pretende --por una apuesta con su amigo Ravel-- escribir el tango más puro y perfecto, los dos reencuentros de la pareja a través de todo el convulso siglo XX, en una trama de espionaje, tanguistas, ladrones de guante blanco, campeones de ajedrez, tiradores de navaja, prostitutas, mujeres aristócratas, banqueros que financian a Franco, policías de Mussolini, alcohol, drogas, unas pitilleras con o sin iniciales que aparecen por toda la narración y citas constantes a vestimentas, marcas de objetos de lujo o de objetos comunes, canciones y cantantes de los 20 a los 60 y, en definitiva, un collar del perlas que resiste al paso del tiempo y de algunas manos y que deviene el símbolo de toda la novela y que, para completar la metáfora, lo vamos a engarzar en un reloj de arena que marca el paso de la juventud a la vejez.

Todo eso es "El tango de la Guardia Vieja", literatura de aventuras y amor, de lances violentos, algo de intriga y unos individuos que viven esa trama bajo los códigos inmarchitables de la elegancia, la buena educación, un cierto aire canalla y la pasión amorosa. Max y Mecha son como los figurines tópicos de las novelas galantes de otra época. El con su aire impecable, elegante y desde luego arrebatadoramente guapo, con sus toques de prepotencia y chulería y ella, tan hermosa como audaz y segura de sí misma, pero también apasionada hasta el exceso --don Arturo no ha calibrado bien las descripciones de los encuentros sexuales, que resultan...un poco cursis-- que encontrará en Max la horma de su zapato sensual.

Hay una concienzuda documentación --a veces demsiado evidente. suena a catálogo de los tiempos perdidos-- y un afán por recrear un época ya casi olvidada, excepto por el cine y la literatura. Sin embargo no hay tono de nostalgia o aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor", la dinámica efervescencia de la trama no deja lugar a filosofías ni reflexiones. Y esa inmediatez se hace ritmo y el ritmo narativo acaba por encantar al lector, como esa musiquillas orientales en las que una sola frase va reptiendose en variadas formas, causando un efecto hipnótico. Cuando acaba, queda poco. Ha sido un entretenimiento. Y eso es bastante... aunque no suficiente.

 

 

FICHA: "El tango de la Guardia Vieja".- Arturo Pérez-Reverte.- 497 págs. Ed. Alfaguara. 20 euros. 

 

 

 

 

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