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5 mayo 2014 1 05 /05 /mayo /2014 07:04

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 Bellísima y sensible película de animación del maestro japonés Hayao Miyakazi. El autor de auténticos clásicos como "El viaje de Chihiro" o "Ponyo en el acantilado" o "El castillo ambulante", tiene ya 73 años y asegura que "El viento se levanta" va a ser su última película. Pero hay tanto vigor juvenil, tanta potencia creadora y tanta fuerza comunicativa en esta cinta que uno duda mucho quenel maestro deje de filmar por el solo achaque de la edad.

Dicho esto, nadie crea que "El viento se levanta" es una película comercial, destinada al gran público. Aunque se trata de un tema bien amado por el director, la aviación, la película --que glosa la vida de un ingeniero aeronáutico que ama volar pero no puede hacerlo por falta de visión-- pasa de puntillas por el contexto histórico de la película. El ingeniero es la persona que diseñó los cazas de combate "Zero" que tan decisivo y trágico papel tuvieron durante la Segunda Guerra Mundial. No elude el gran drama del pueblo japonés, ni el demencial militarismo del Gobierno, pero mantiene a Jirô Horikoshi, el diseñador del Mitsubishi A6M Zero, como una persona motivada por un sueño que trató de mantenerse al margen del uso que se hizo de su obra. Esta ambigüedad narrativa y algunos otros momentos y aspectos de la narración confieren a la película un aire poético y de ensueño que tiene, sin duda, un público muy determinado y aburre o irrita a los demás. El mensaje pacifista que Miyakazi imprime a su historia, el pausado "tempo" de la acción o el adecuado uso del humor y del drama en las secuencias personales, convierten a esta película en una delicia visual y una reflexiva invitación hacia el amor a la vida (a pesar de que sus aviones fueron los que arrasaron Pearl Harbour o se inmolaban con los pilotos kamikazes buscando la destrucción del enemigo). Hay secuencias en esta película de una sensibilidad profunda y al mismo tiempo ligera, poética y volátil como el gran parasol que el viento arrebata y servirá para unir a dos futuros amantes. No se la pierdan-

 

 

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4 mayo 2014 7 04 /05 /mayo /2014 07:56

adios-libros-mios_9788432210129.jpg

 

Kenzaburo Oé recibió en 1994 el Premio Nobel de Literatura. Relatos, ensayos y más de veinte novelas han forjado un historial sólido aunque no muy conocido en España. Oé ha circulado de forma holgada y gratificante por todos los senderos de la literatura con mayúsculas. "Adiós, libros míos" fue publicado en japonés en 2005 y pertenece a una trilogía  bastante autobiográfica que el autor ha llamado de las extrañas parejas. En el primero, "Renacimiento" publicado por Seix Barral en 2009, Oé recuerda a su amigo, y cuñado, Juzo Itami. Rememora la juventud de ambos y el trágico final de esa amistad. El segundo "El niño de la triste mirada" creo que no ha sido publicado en español y el tercero, el que hoy les recomiendo, cuyo título es una cita de un poema de T.S. Eliot: "Adios libros mios. Tal como los ojos de quienes están destinados a morir, también los ojos  imaginados deben cerrarse algún día...". La muerte, los libros, la lectura, la vejez, la decadencia del yo y sus fantasmas, integran el motivo medular de este libro, un género que los japoneses llaman "literatura Watashi", es decir cuando el autor habla de sí mismo. Por eso Kenzaburo Oé y su alter ego, Kogito Choco, el viejo escritor internado en un hospital, a consecuencia de las heridas recibidas durante una manifestación, comparten muchos de esos fantasmas y vivencias. Unas vidas amplias y plenas, donde el amor, las carencias, los exitos y los fracasos, la muerte, el sexo, son presentados de una forma inteligente, tímida, a veces recatada, pero con una sencillez y belleza poco comunes. El lector echará en falta los otros dos volúmenes de la trilogía para hacerse una idea clara de la personalidad literaria fascinante de Oé. Es esta una historia fantástica donde el convaleciente escritor va haciendo calas imaginativas en su propia obra, sus personajes y la historia cercana japonesa, tan marcada por el totalitarismo y la derrota militar. Las conversaciones cultas, entre la filosofía y la moral, que sostienen el escritor y su amigo arquitecto recuerdan un poco el proceso literario-psicológico de "La montaña mágica" de Thomas Mann y como en ella los amigos se preguntan sobre el sentido de la existencia y, en definitiva, el papel enriquecedor de los libros en la vida, que hacen mas llevadera la imposibilidad de encontrar respuestas claras a preguntas esenciales.

 

FICHA

¡ADIÓS, LIBROS MÍOS!, Kenzaburo Oé.- Traducción de Terao Ryukichi.- E. Seix Barral.-383 págs.

   

   

    
 

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3 mayo 2014 6 03 /05 /mayo /2014 07:01

 

la-libreria-mas-famosa-del-mundo.jpg

 

¿Saben lo que es un mito cultural? Cójase un símbolo cultural y añadan un buen puñado de grandes santones de esa misma cultura que han vivido y trabajado el símbolo en persona. Lo que queda años después de ese multi trabajo es un mito cultural. Pues eso es la Librería Shakespeare and Co. en París. "La librería más famosa del mundo", según Jeremy Mercer, cuyo divertido libro comentamos hoy. Quizá ese título sea una exageración, pero no lo parece si echamos un vistazo a su nómina de celebridades... James Joyce (y su "Ulises") Ernest Hemingway (y su "Paris era una fiesta"), Fitzgerald (el de "El gran Gatsby"), Auden, Henry Miller, Anais Nin, Becket, Allen Ginsberg, William Burroughs, etc.

Pasemos al libro que ha editado magnificamente "Malpaso ediciones" (y que, como suele hacer, ofrece al lector la posibilidad de tener al mismo tiempo el e-book por la compra del volumen en papel).  Con ese título desafiante el canadiense Jaremy Mercer, un francotirador de la literatura algo gamberro y bastante divertido e iconoclasta  se salta a la torera las convenciones literarias para brindarnos una suculenta crónica de sus avatares  picarescos que toman cuerpo y guarida en una de las, realmente, más famosas librerías del mundo, la "Shakespeare and Co." que creara en los años 20  la poetisa y editora Sylvia Beach y que fue templo genuino y cuna literaria de la  llamada "generación perdida" (como si, de hecho, en todas las generaciones que han sido y serán no hubiese un sector humano que no sólo está perdido sino que suele vivir de eso). Pero claro, en realidad, hubo dos librerías con ese nombre y las dos legendarias: la de Sylvia Beach y la de George Whitman. --que aún existe, aunque sin este librero sorprendente--. El libro autobiográfica de Jeremy Mercer  -traducido por Rubén Martín Giráldez- relata la temporada que pasó el autor en la segunda.

La librería de la Beach estaba cerca de Saint-Germain-des-Prés, en la calle Odeón. La del hippy Whitman (que en 1963 compró los fondos de Beach) se encuentra en la orilla izquierda del Sena, frente a Notre Dame, en la Rue Bucherie. Amigo de escritores y poetas norteamericanos de los sesenta, como Henry Miller o Ginsberg, no sólo vendía o prestaba sus libros en inglés sino que permitia que los escritores, hippies y turistas culturales que llegaban a París con muchas ilusiones y poco dinero, se quedaran unos dias allí alojados si no tenían otro lugar donde dormir (entre estos itinerantes aficionados  a los libros dicen que estuvo el escritor español Terenci Moix).  

Pero es la vida agitada y pintoresca del autor, el canadiense Jeremy Mercier, periodista de sucesos, la que da un tinte novelesco a la trama al decidir quedarse en la librería y cumplir con las normas de escritas de Whitman, echar una mano en el negocio y respetar los horarios a cambio de comida y cama. La bohemia norteamericana en París está servida, los personajes son variados y fascinantes, toda la grandeza y la miseria ante la mirada llena de humor pero afilada, crítica, a veces compasiva y otras demoledora de este escritor escéptico que no deja al margen aplicar ese foco realista a su propio anfitrión, Whitman, haciendo de él un personaje central de su trama. "Da lo que tengas, coge lo que necesites", es la máxima del librero que parece acoger con benévolo estoicismo el continuo robo de libros que tiene lugar en su establecimiento.

La divertida crónica que nos sirve Mercier en bandeja de plata es un regalo de nostalgia y ternura para los lectores aficionados al especial mundillo relacionado con escritores  famosos y una cierta bohemia literaria llena de anécdotas, toda una historia que rebosa el encanto de un material humano que parece surgir de la  realidad para integrar otra ficción de un orden superior, una caudalosa corriente interna definida por un intenso amor a los libros. Como escribe en su libro: "Al rememorar aquellos meses me doy cuenta de que todos los que vivíamos en la librería arrastrábamos un fantasma de un modo u otro. Tal vez por ello permanecíamos allí" (pág332). ¿No es ese fantasma el mismo que tenemos todos los que amamos a los libros? Es el fantasma de la pasión por los relatos y el arte de narrarlos.

FICHA

La librería más famosa del mundo.- Jeremy Mercer.- Traducc. Rubén Martín.-Ed. Malpaso. 334 págs. 22 euros.

 

 

 

 

 

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2 mayo 2014 5 02 /05 /mayo /2014 11:38

Estoy leyendo una novela de Ignacio Martínez de Pisón, "La buena reputación". La trama se refiere a aquella generación de españoles que vivían en el antiguo Protectorado en Marruecos. Una especie de "pied noirs" a la española, es decir más cutres y desasistidos, sin fuerzas para oponerse a las razones de un Gobierno que presumía de mano dura y prepotencia, sobre todo con sus ciudadanos de a pie. Así que cuando los vientos descolonizadores de finales de los cincuenta comenzaron a soplar como vendavales, la parte española de Marruecos volvió a los marroquíes (cosa justa, desde luego), pero nadie se preocupó de lo que ocurría con los españoles que habían vivido y trabajado en Tetuán, Larache, Alcázarquivir, Nador, ni del futuro de sus pocas o muchas posesiones. La mayoría de repatriados fueron a vivir a Andalucía, otros a Canarias y otros a Ceuta o Melilla. Los más decididos, a Madrid o Barcelona. Martínez de Pisón nos cuenta la historia de una de aquellas familias. Y así mientras leía la novela no paraba de pensar "esto le va a encantar a la mami: solía pasarle a mi madre los libros que yo juzgaba que podrían interesarle, era una gran lectora. Muchas de esas vivencias las vivió mi propia familia y mi madre como protagonista especial. Pero, claro, en un momento dado me quedé absorto, con el libro cerrado en mi regazo, mirando, sin verlas, las atestadas baldas de mi biblioteca. La mami ya no podrá disfrutar con las evocaciones que el libro despierta en quienes hemos vivido situaciones semejantes. La mamuchka falleció dulcemente el lunes 21 de abril. Pensé en ese íntimo tiempo colapsado, como el capullo de una mariposa, donde quedan ciertos momentos congelados que encierran una rara y profunda emotividad. Creo que casi todos guardamos en algún rincon especial de su mente, dos o tres de esos instantes, difícilmente más, una fracción de tiempo colapsado en el que perviven de una forma compleja ciertos momentos vividos, con una gran precisión de detalle --a veces los acompañas un determinado perfume, un sonido o música breve, una armonía placentera, un temblor sutil, un rostro amado en escorzo súbito y leve, el eco de una risa-- que se asemeja a un sueño pero no lo es y que te deja una limpia herida de nostalgia que es efímera y desaparece sin dejar huella, hasta que otra incidencia cualquiera vuelve a despertarla. Eso ha ocurrido en mi mente al conjuro de las imágenes que describía el novelista. La evocación me ha dejado con una de esas tristezas suaves pero profundas, que no son deprimentes, ese ambiguo placer de percibir en todo tu cuerpo la vibración de una época, un tiempo, que ya ha pasado y nunca podrá volver.

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1 mayo 2014 4 01 /05 /mayo /2014 07:38

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Después de "Pelle el conquistador" y "Las mejores intenciones", el director Bille August no ha logrado nada realmente bueno o deslumbrante. Todo se mueve en un escenario de corrección y casi siempre de mercadotecnia cinematográfica, productos manufacturados e "industriales" casi como en literatura se realizan los best-sellers, buscando de manera evidente y a veces escandalosa la aprobación y el encanto del espectador. "Tren de noche a Lisboa" basada en la novela del suizo de cultura alemana Pascal Mercier (pseudónimo de Peter Bieri, profesor de filosofía) en cuyo título se cambia "de noche" por "nocturno", es una película que se ve con agrado aunque resulta un producto banal si uno decide leerse la novela primero (cosa tan recomendable que casi aconsejo que los buenos lectores pasen de ver la película y lean la novela: los cambios y cortes que August propina a la novela para hilvanar su película son casi de juzgado de guardia).

Una vez escrito esto, pasemos a esta "operación nostalgia" que este director se monta con la Lisboa prerevolucionaria, la obsesión de un profesor suizo por un escritor portugués victima y artífice del movimiento militar y civil que gestionaría la modélica "Revolución de los claveles", y el gesto intimo y rebelde de un viejo profesor que lo abandona todo en busca de un fantasma literario y filosófico y una mujer.  Lejos de la honestidad y el gancho de "Sostiene Pereira", su inconfeso modelo, Bille August nos habla de libros, poetas, ajedrez, textos filosóficos, pero todo queda desdibujado y caprichoso. La enorme carga dramática de los personajes y las situaciones, la solidez de diálogos y textos, la belleza de las reflexiones de esta novela quedan obviadas en la película. Incluso un actor magnífico como Jeremy Irons no acaba de mostrarse convincente (como si lo hiciera el deslumbrante Marcello Mastroianni en su papel de Pereira). Tom Courtenay, Bruno Ganz, Lemna Olin, Charlotte Rampling e incluso un soberbio y sorprendente Christopher Lee, están tan desaprovechados como ese "marco incomparable" (como canta el tópico) que es la ciudad de Lisboa. Todo suena a "operación euro- pa", una desvergonzada y patética maniobra para que todos nos sintamos nostálgicos y europeos y dejemos nuestros euros en taquilla.






 

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30 abril 2014 3 30 /04 /abril /2014 07:01

 

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Parece que el hecho de que la pirámide de edad comience a invertirse y los ancianos se vayan convirtiendo en un colectivo cada vez más amplio (y aún productivo económicamente) está provocando la aparición de películas donde se nos presentan gente mayor (eso sí de muy buen ver, como ésta Fanny Ardant) a las que un Destino muy manipualdo da alguna nueva oportunidad de felicidad sentimental y afectiva. Y así se nos ovrecen cintas donde los mayores se divierten, donde tienen historias de amor profundo (caso de "La mirada del amor" con Annette Begin, "El viaje de Bettie" con la Deneuve o de la pelicula que nos ocupa "Mis días felices").

Fanny (o su personaje Caroline) vive una existencia de horas bajas y edades altas, con lo que la desaparición de su amigo, la jubilación forzada o la presión de los elementos mas jovenes de la familia, deseosos de darle ocupación y entretenimiento y que no fastidie a los que aún trabajan, la llevan a un taller ocupacional para la tercera edad donde da, qué cosas, con un joven profe de informática al que le atraen las mayores de buen ver y enamoramiento fácil. El centro tiene un nombre equívoco y abusivo, "Mis días felices" con el que juega el guionista de esta película amable pero sólo pasable.

La directora Marion Vernoux, adapta la novela de Fanny Chesnelt  ("La joven de cabellos blancos", ese es un buen titulo) y encarga a la efectiva Fanny Ardant que enamore, es un decir, a Laurent Lafitte que hace de galán de serie B y calme el enfado mayúsculo de Patrick Chesnais en el papel del esposo burlado por la juguetona Ardant. En realidad película de y para mujeres, con el mejor de los sentidos. Los hombres hacen de floreros o de tontos útiles y los planteamientos éticos o sociales guardan las formas y la deliciosa complicidad femenina triunfa por doquier, incluso propiciando el reencuentro de esposos y el adios al casposo amante ocasional.

Disfrutable con reparos.




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29 abril 2014 2 29 /04 /abril /2014 09:03

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Me encanta el tono de sosiego, paz y amabilidad (siempre un poco tensa, como forzada) del cine japonés que trata de reflejar las contradicciones y las tradiciones vigentes en la compleja cultura de ese país asombroso y paradójico. En esta caso, la película de Yôji Yamada es un respetuoso remake de un clásico de 1953, "Los cuentos de Tokio" de Yasujiro Ozu. Se trata de una cinta de ambición modesta y logros superiores, la vida cotidiana de una familia japonesa que vive en Tokio y recibe la visita de un par de abuelos que proceden de un remota isla del sur del archipiélago.
Desde el primer momento simpatizamos con el anciano matrimonio que visita a sus hijos y nietos. Los dos actores hacen unas interpretaciones absolutamente convincentes. Isao Hashizume y Kazuko Yoshiyuki nos brindan unos retratos tiernos y vulnerables y vamos asisitiendo al despliegue de los egoísmos de los jóvenes, de las nueras y los yernos, absolutamente agobiados por mantener el ritmo de sus vidas cotidianas y al mismo tiempo dar un cierto acomodo a los abuelos. Algunas escenas dotadas de un amable patetismo, una crítica suave y nada ácida a las actitudes escapistas y autocomplacientes de los jóvenes y la paciencia sonriente y amable de los abuelos. No hay una critica acerba, ni dogmatismos éticos, ni pretensiones filosóficas, todo se desarrolla con una gracia y una naturalidad --casi siempre del lado de la pareja de ancianos-- que logra dar un sello de ternura a actitudes que podrían ser irritantes e inadmisibles. Pero poco a poco la amargura de la reflexión ante lo que va ocurriendo va retratando la mezquindad y la miseria moral de algunos personajes y la bella aceptación sosegada de otros, hacia un final tan sereno y sólido como se nos sugiere con el principio. Algo más de hora y media de imágenes que nos llevan a una reflexión crítica sobre el deterioro ético de nuestra sociedad y la necesidad de preservar los valores esenciales del amor, la amabilidad, la generosidad y la solidaridad, si no más, al menos en los ámbitos familiares.

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27 abril 2014 7 27 /04 /abril /2014 15:31

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Bueno, lo único que funciona en esta película es el duelo de dos actores de primera en papeles de segunda. Harrison Ford y Gary Oldman. La trama va de la zona oscura y corrupta de las grandes corporaciones y el espionaje industrial, dos de las cuales, rivales a muerte, están comandadas por los dos actores citados. El protagonismo, es un decir, es para un guapo juvenil Liam Hemsworth y Amber Headh una guapa con algo más de nervio. La cosa, dirigida por Robert Luketic no acaba de funcionar (me entero de que tampoco lo hizo cuando fue estrenada en Estados Unidos en 2013). Los diálogos son esterotipados y todo suena a rutina y falta de nervio, emoción y ritmo. Nuevamente son otros actores, los secundarios "B", entre ellos Richard Dreyfuss y Josh Holloway, los que dan cierta calidad interpretativa al conjunto.La verdad, película desechable..

 

 

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26 abril 2014 6 26 /04 /abril /2014 07:07

 

No suele ser habitual que un mismo autor saque dos libros en un sello editorial diferente cada uno. Se trata de David Foenkinos, el joven escritor francés que logró un éxito sorprendente con una novela simpática pero nada sorprendente, "La delicadeza" (cuya versión cinematográfica dirigió el mismo junto a su hermano). Ahora nos ofrece "Estoy mucho mejor"  con Seix Barral y una biografía novelada de John Lennon (sí, el ex Beatle, asesinado por un descerebrado del que jamás he escrito su nombre, ni lo haré, y eso deberían hacer todos los que escriben de Lennon: ningunear a ese cretino patológico).

 "Estaba por cumplir cuarenta años, tenía ganas de volver (a Inglaterra) Extrañaba todo lo que había rechazado. ¿No es eso el ciclo incesante de la vida? Del rechazo al deseo" (pág.188) escribe al prematuro y violento final de su vida. Lennon nos ha contado su vida en primera persona. Foenkinos nos ha dicho al principio de su libro "...no sé que pienso de John Lennon. Sólo se que me conmueve, que su música me acompaña todo el tiempo y que lo admiro infinitamente. Sé que está en mi vida". Y su libro, un excelente trabajo de investigación biográfica y de imaginación creativa, se lee entre la fascinación y la curiosidad. Traduce nada menos que César Aira. Y entre líneas el aficionado a Foenkinos percibe el humor irónico e inteligente de este autor "en boca" de Lennon. Pienso que el autor y el cantante hubieran simpatizado.

Precisamente esta es la nota, el estilo destacable de "Estoy mucho mejor", novela traducida por Isabel González-Gallarza, en la que Foenkinos siguiendo la intuición creativa de Perec, ("Historia de mi cuerpo"), nos habla de los bloqueos y tensiones anímicos que pueden convertirse en acuciante e intimidante dolor corporal, en la ocasión para dar un vuelco copernicano a la manera en cómo percibimos y gestionamos la propia vida. El humor y la habilidad literaria alejan a esta novela de la tentación del manual de autoayuda y la convierten en una novela ingeniosa y divertida con personajes que evocan las historias de Chesterton o los personajes de Auster.

FICHA

LENNON.-David Foenkinos.-E. Alfaguara.- Trad.Cesar Aira.-192 págs.-ESTOY MUCHO MEJOR. D.Foenkinos. Ed. Seix Barral.-334 págs.Trad.Isabel González-Gallarza.portada-lennon_grande.jpg

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25 abril 2014 5 25 /04 /abril /2014 07:40

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Nuevamente he de vencer mis recelos hacia una primera novela de la que se escribe: "'Intemperie' se ha consagrado como uno de los debuts más deslumbrantes del panorama literario internacional". En el último año he tratado de lidiar con cinco, CINCO, "debuts deslumbrantes" y apenas se salva uno y éste con algunos "peros" y bastante esperanza en que no será la flor de un día. Leeré sin acritud y hasta con entusiasmo al autor que no permita esas exageraciones y confiese paladinamente que es su primera novela, que está seguro que es mejorable y que sólo aspira a ganarse la benevolencia de sus lectores. Pero eso es utópico en esta sociedad literaria vendida a la mercadotecnica..

Así que leo "Intemperie" bajo la entusiasta recomendación de un par de amigos, de mi librero y de los plumíferos que han publicado reseñas sobre ella. ¿Cómo oponerse a esa corriente de halagüeños pareceres? Pero he de reconocer que, sin llegar a lo hiperbólico acostumbrado, la novela me parece una muy buena novela. He disfrutado con ella, me ha gustado la eficacia narrativa, el empleo de voces, términos y palabras del mundo rural con una brillante ejecutoria literaria, el trasiego de personajes sólidos, bien descritos, la trama dura, sin pretensiones, lineal y afilada como una navaja, la sencillez y justeza de las descripciones, la eficaz nervadura de la tensión hacia un final abierto. He comprobado cierta bisoñez --tal vez lo más débil de un conjunto bastante equilibrado-- en el diseño de los diálogos y algunos detalles argumentales no demasiado coherentes con el tono y la andadura de los hechos. Pero todo ello defectos menores de un conjunto asombrosamente sugestivo.

Es el tipo de novela que abre un paréntesis de atención hacia un autor al que uno, ya de entrada, pone en un listón alto de exigencia. Lo cual es un arma de doble filo, un desafío y un interrogante. "Intemperie" tiene una inesperada solidez, precisamente debido a la sencillez del encuadre que nos propone. Esa violenta metáfora de la crueldad, de la pérdida de la inocencia, del miedo pero también de la entereza, del valor, de la bondad, de la rectitud, de los personajes de una pieza --quizá demasiado, lo que los convierte en símbolos-- como el cabrero o el alguacil, toma caracteres trágicos de corte clásico, como en "Los santos inocentes" de Delibes, por citar un drama rural en la línea del que nos cuenta Jesús Carrasco. Un niño abandona su hogar y se escapa. No sabemos por qué. Hay un secreto ominoso que se nos revelará más adelante. El niño huye y se esconde. "Notó que los hombres ya estaban cerca y se dispuso para el sigilo. Escuchó su nombre multiplicándose entre los árboles como gotas sobre una lámina de agua. Agazapado en su escondrijo, pensó que esta sería toda su recompensa: oir como le llamaban una y otra vez entre los olivos al despuntar la mañana" (pág. 11). Con esa prosa tensa con secos tonos poéticos avanza una historia que parece una emanación de una tierra mísera, ancestral, "Delante de él, el llano se sacudía el sufrimiento que el sol le habia causado durante el día, desprendiendo un olor a tierra quemada y pasto seco". Una tierra tan dura e inclemente como las normas bajo las que vivían sus míseros oradores "En su casa, las piedras de las paredes imponían una ley ancestral que dictaba que los niños debían mirar al suelo cuando eran sorprendidos haciendo algo inconveniente. Debían mostrar la nuca, dóciles como ofrendas o víctimas propiciatorias" (pág.27). Para acentuar esa dureza existencial no conoceremos los nombres de ninguno de los protagonistas de la historia. El viejo, el niño, el alguacil, los guardias. Y deleita la brillantez narrativa de algunas páginas, como las que dedica (111 y sgtes.) a contarnos los apuros del niño para tratar de ordeñar a una cabra. 

La economía narrativa y sencillez de medios de los que se vale este joven autor  extremeño (nació en 1972) logra una profundidad de foco que eleva a mítico el ambiente que nos describe y los personajes que viven o malviven en él, mientras que la falta voluntaria de datos geográficos, temporales o políticos, elevan el nivel de leyenda a lo general, a lo simbólico. Aunque es un niño el protagonista de una historia narrada en tercera persona o narrador omnisciente, con lo que no se despega el autor de los modos clásicos de novelar, la historia no se narra en clave de novela de aprendizaje, "bildungsroman", o de itinerancia picaresca de la miseria tipo "Lazarillo de Tormes", sino que se acerca más a la visión trágica demoledora de una narrativa del abuso sexual, la ofuscación de la crueldad y el desatino violento.

Hay calidad profunda en esta narrativa que nos ofrece Carrasco con una sencillez y falta de pretensiones intelectuales o estéticas que sorprende en un autor primerizo.

 

FICHA

INTEMPERIE.- Jesús Carrasco.- Seix Barral.223 págs. 16,50 euros

 

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