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23 septiembre 2014 2 23 /09 /septiembre /2014 21:39
Begin  again

Comedia musical al servicio de Keira Khightley, con la réplica pasajera de Adam Levine como el novio cantante (en la vida real es el líder del grupo Maroon5) y la más contundente réplica de Mark Ruffalo haciendo de cazatalentos musical, en horas bajas, que descubre en Keira no sólo a una voz que llegará al éxito sino una posibilidad de volver a encauzar su carrera discográfica. Hasta aquí todo bastamte previsible, alimentado sin cesar con flash back que nos cuentan los orígenes de todo, arropado el desarrollo argumental con una banda sonora que va ofreciendo temas míticos en la historia de la musica de rock y las baladas, desde Stevie Wonder a Frank Sinatra. Descubriremos la bonita voz de Keira arropando una final bastante menos previsible que el desarrollo de una película que se ve con interés y sin que decaiga la fuerza de lo narrado. Película para aficionados a la musica mencionada que vuelven a encontrar al director inspirado de "Once", Carney, que comparte con sus dos protagonistas el amor desesperado y renovador a la música. Una estructura que ya disfrutamos en "Once" y que aquí se renueva perdiendo en ello parte de la frescura y espontaneidad de la primera cinta. No obstante el mensaje queda establecido y disfrutamos de ese poder que la musica tiene en algunas personas para vertebrar su existencia. La indudable sintonía entre Keira y Buffalo ayuda a ennoblecer la película que a pesar de su tono apastelado ofrece un vigor creativo palpable, que hace perder valor a la evidente presencia de algunos tópicos en este género.. Bien.

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22 septiembre 2014 1 22 /09 /septiembre /2014 18:09
The Giver

The Giver, "El dador de recuerdos" es una fantasía distópica basada en una novela de Lois Lowry, interpretada por dos pesos pesados del cine en papeles secundarios, Meryl Streep y Jeff Bridges, una secundaria más de lujo, Kattie Holmes y en sus papeles principales por dos jóvenes que tratan de estar a la altura de esta historia llena de símbolos y con final feliz como corresponde. Dirige con la soltura acostumbrada por el australiano Philipp Noyce, artífice de películas como "Juego de patriotas" o "Peligro inminente", la claustrofóbica "Calma total" o la muy correcta "El americano impasible" sobre una novela de Graham Greene.

La historia narra la historia de un muchacho llamado Jonas. La sociedad en la que vive ha eliminado el dolor, la violencia y la inseguridad, pero en la operación también han erradicado las emociones más básicas como el amor, la alegría espontánea, el instinto de aventura y en suma, la libertad. Jonas es seleccionado para desempeñar la Misión de "Receptor de la Memoria", la persona que almacena todas las memorias del tiempo anterior a la Monotonía y la Igualdad, como se define ese tipo de sociedad muy cercano al del "Mundo Feliz" de Huxley. Cuando Jonas recibe los recuerdos del anterior receptor —el "Dador", papel interpretado por un ajustado y sobrio Bridges, descubre la superficial, inhumana y amoral comunidad en la que vive.

A pesar de sus muchos defectos filosóficos y de coherencia, la película se disfruta por su ritmo, la tensión de la trama y la ingenua belleza de lo que se nos narra, pero no logra superar la superficialidad de la propuesta. Película para el disfrute de adolescentes románticos y para plantearse determinado tipo de preguntas que la película evita en su viaje hacia un final esperanzador.

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21 septiembre 2014 7 21 /09 /septiembre /2014 07:25
Belle

Dirigida por la ex actriz Emma Asante, "Belle" es la historia real de una joven y bella mestiza, hija natural de un noble inglés, sir John Lindsay, que decide reconocerla y darle una vida acorde con su posición, pero debe dejarla bajo la protección de sus tíos, él presidente del tribunal supremo británico de la época y en una sociedad del siglo XVII donde el color de la piel era un sello de infamia. Inglaterra toleraba la esclavitud en sus "colinas" del norte de América y los negros eran contemplados como seres inferiores. Dido debe aceptar el trato discriminatorio en su propia casa, ante la ausencia de su padre, capitán de marina de profesión al que no volverá a ver pues morirá en una campaña militar.

El melodrama está servido y la Asante cuida esmeradamente las escenas, los vestuarios, las localizaciones, los interiores y la coherencia histórica. Las dificultades de Dido, su necesidad de contraer matrimonio. como era obligado entre las jóvenes de su clase y los derroteros de una historia en la que los intereses de unos por la rica heredera ("a pesar" del color de su piel) o el amor en la persona de un joven abogado que defiende causas contra la esclavitud, chocan con las ideas conservadoras del Lord de la Justicia, cuya voz resulta clave para empujar la causa de quienes abominan de la esclavitud que se ejerce en las colonias.

Entre los actores, el genial Tom Wilkinson como el jurista tio de la joven, siempre tan sólido, la bella aunque bisoña Gugu Mbatha-Raw como Dido cumple con su cometido que no sólo es el de florero y objeto del deseo (o de la repulsión). También tiene un papel importante en la resolución de un proceso histórico y real, los 142 esclavos ejecutados sin misericordia alguna por el capitán de un carguero inglés, el Zong, para poder cobrar el seguro "de ganado" con el que transportaba a los pobres negros. El drama aquí cambia den registro y causa un poco la incomodidad del espectador, que no sabe muy bién a qué viene eso. Pero no se me alboroten, el caso es que realmente, sí tuvo algo que ver la joven mulata con que al final su tío, el juez superior, cuya palabra era decisiva como hemos dicho, fallara en contra del capitán del Zong y a favor de las aseguradoras y, como sucede en los tribunales británicos, acompañara su decisión con reconocimiento legal de la "humanidad" de los esclavos.

Lo cierto es que la película merece mejor suerte de la que está teniendo. Es una historia interesante, bien argumentada, con la actuación excelente de Wilkinson y secundarios ajustados, Miranda Richardson o Emily Watson, buena fotografía y ambientación, la música magnífica (temas de Bach y Handel), excelente vestuario y en suma una dirección de actores más que buena. Vale la pena.

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20 septiembre 2014 6 20 /09 /septiembre /2014 13:50
El balcón en invierno

Luis Landero es un escritor de raza íntima y como todos los de esta cuerda, escasa y poco valorada en general, escribe impulsado por un vigor que está inscrito en su biografía, por una vocación y una voluntad sin asideros genéticos, casi nacido y formado como un fenómeno excepcional en el ámbito familiar y social al que pertenece por nacimiento. Sesentón extremeño con buenas novelas en su haber ("Juegos de la edad tardía" o "Absolución") y con otras menos buenas, pero todas autoexigentes y nada complacientes. Ahora se atreve con una suerte de "Retrato del artista adolescente" joyceano.

Asomado al balcón de la casa donde escribe una novela obligada e insatisfactoria, el escritor recuerda su pasado muy selectivamente. Proustiano en la técnica que no en la forma, Landero nos cuenta unas vicisitudes personales que iluminan al lector sobre el misterio del origen del escritor como escritor. Y aquí hay un desborde emocional narrado con sentido del humor, sensibilidad y un estilo austero, anecdótico y ajustado que nos conmueve con su humildad y su sincero desplegarse lejos de autobombos y justificaciones.

"Total que tú, el que llegarías a ser escritor, no conociste los libros de niño, casi ni siquiera físicamente, salvo...el libro del maestro que te enseñó a leer y a escribir, don Pedro Márquez..." (pág.73). Nada de epifanías literarias y vocacionales, nada de ingenio o inteligencia superiores, seguramente nada de manipulación autoindulgente, lo bueno de Landero es su modestia y su sencillez que, como su propio estilo narrativo, no se presta a salidas culteranas ni a barroquismos de salón. Nada en las mangas, nada escondido, todo a la vista, si te gusta bueno, y si no, peor para mí.

El resultado es una narración deliciosa, donde la memoria no está adulterada por las pretensiones o la vanidad, donde simpatizamos por el chiquillo y el joven que escucha arrobado las historias de la abuela Francisca (deliciosa también la portada donde se exhibe la foto de un jovencísimo Landero con su abuela) o trata de mantener el tipo ante un padre formidable y procura sobrevivir en un medio social, laboral, familiar y político, donde su afición a los libros y su deambulara la espera de reafirmar una vocación literaria, le convierten sin más en un bicho raro, peligroso y, para algunos, hasta inmoral. Un parásito y un vago al que no le gusta mancharse las manos en el taller o lidiar con los compañeros-oseznos de un colegio y un barrio en que los raros son especímenes a exterminar.

Para muchos de sus lectores, esta novela conmovedora, con momentos de una algo basta crueldad contrarrestada por un humor sano y sin doblez y una ironía que nunca es hiriente o vengativa, se convierte en una visita a una España muy especial, ya desaparecida, llena de contradicciones, de falta de libertad, de autoritarismo oficial, de ignorancia, pero también de solidaridad básica, de ingenuidad, de represión generadora de imaginaciones, fantasmas no dañinos, en fin, la mirada llena de ternura del que ya ha pasado por ese mundo irrepetible (gracias a Dios) pero conserva el guiño malicioso del tiempo en que aún éramos jóvenes, el tiempo de los regalos.

Vemos al niño que después sería escritor, entre las gallinas de su casa, con las rodillas raspadas y la ropa llena de tierra, mientras como en un sonsonete eterno se mece la banda sonora de una máquina de coser traqueteante o los acordes militares del "Parte" de Radio Nacional. Acompañamos el desasosiego del Landero que busca una vida de juergas de señoritos y mujeres al clavel, al servicio de una guitarra, pero al tiempo vemos la inquietud profunda del joven que lee "El criterio" de Jaime Balmes y siente que vuelve un impulso creativo que no comprende, un joven que mal lleva el continuo enfrentamiento con el padre, la muerte de éste tomada en principio como una liberación, pero que luego será ajustada psicológicamente y el comienzo de una vida donde todo lo que hace y piensa comienza a dirigirse hacia un objetivo único que le redimirá como persona y le hará nacer como escritor.

Sorteado el "mac guffin" (el pretexto, la excusa, en palabras del cine) del libro, que es la novela que desea escribir Landero) todo queda claro, estamos ante un libro sobre el pasado, el propio del escritor y el su país y su época. Y es un libro conseguido y a ratos entrañable, en muchas ocasiones divertido y a menudo irritante y triste, pocas veces patético o cruel. Es un retrato certero de un joven cuya sensibilidad no corresponde ni a su clase social ni a sus posibilidades y que logra superar los obstáculos incesantes que tratan de detenerle o volverlo al redil. Una especie de "bildungsroman" o novela de iniciación que engancha desde las primeras páginas y da ternura, profundidad y sentido a ese ser humano tan interesante que es el escritor Luis Landero.

FICHA

EL BALCON EN INVIERNO.- Luis Landero. Editorial Tusquets. 245 páginas. 17 euros.

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19 septiembre 2014 5 19 /09 /septiembre /2014 09:31

hermeye2.jpg

A finales del siglo XX los héroes dejaron de estar de moda. La gente se inclinaba más hacia los "anti-héroes". En su novela generacional, Douglas Coupland ("Generación X"" afirmaba que a partir   de ahora (en siglo XXI) los héroes habían muerto. Lo cual, para cualquiera que tenga ojos en la cara y un cierto sentido de la observación, es una memez desmentida por toda la cultura que nos rodea. Bruce Meyer, el autor del libro que les recomiendo, profesor de Universidad en Canadá, nos asegura que los héroes no sólo nunca dejarán de exisrir, sino que los necesitamos como referencia en nuestros particulares ritos psicológicos de crecimiento: "El de héroe es un concepto universal que como seres humanos nos fascina e incluso nos llega a acosar persistentemente cuando adoptamos la postura de rechazarlo". Aunque cita y aclara los conceptos junguianos de la psicología del arquetipo, Meyer se basa en la literatura, en los héroes literarios clásicos para hacernos comprender la función y la fuerza de esos personajes convertidos en símbolos. Aunque sigue una estructura no demasiado clara y unos desarrollos argumentales a veces incoherentes o banales, el libro se lee con gusto. Y es que de la vitalidad del símbolo heroico nos habla sin cesar el cine popular actual, muchas novelas e innumerables ensayos. Si el héroe como símbolo hubiese muerto y desaparecido, ¿de qué estamos hablando continuamente, qué películas admiramos, qué libros leemos? Más que desaparición asistimos a una metamorfosis del héroe que lo disfraza y disimula pero que mantiene en vigor su potencial "para sacarnos del propio ser" (pág.20) y para "recordarnos nuestras carencias y también nuestra posibilidades" (pag.16). Apoyándose en textos de Campbell, Frye, Goethe, Shakespeare, Arthur Miller, Melville o Dante, el autor nos va hablando de los distintos tipos de héroe desde las páginas de las obras de esos autores, hasta concluir que "los heroes son una manifestación de esos deseos que todos tenemos y que nos hace descubrir algo de nosotros mismos que deseamos tener con mayor abundancia" (pag.47).

Owen, T.S. Eliot, Ezra Pound, Joyce, Becket, nos introducen en el héroe trágico, derribado y consumido por la guerra o el absurdo de una sociedad que amenaza el sentido y la coherencia de nuestra propia vida. Esa sociedad crea sus propios monstruos, pero también sus propios héroes.  Lord Byron, Milton, Marlowe, nos llevan al reflejo demoníaco del héroe y como contraposición al del santo (una forma peculiar del héroe) a través de Graham Greene o William Faulkner (yo añadiría al "Idiota" dostoievskiano). Acaba Meyer su búsqueda analizando figuras tan distantes como Supermán y Hércules, para centrarse en la figura de Jesucristo como mito capaz de responder de forma total e íntegra a las exigencias humanas éticas del héroe. Y como final permítanme citar al autor: "En último término, el héroe sirve al mismo propósito que la literatura, es decir, el de dotar de orden y sentido al caos del tiempo, a la inconmensurable confusión de la historia y a las constantes entradas y salidas de personajes del escenario de la vida” (p. 330).

FICHA.-

HÉROES.-Bruce Meyer.-Ed. Siruela. Trad. Enrique Junquera.341 págs.

 

 

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18 septiembre 2014 4 18 /09 /septiembre /2014 07:30
Mi amigo Mr. Morgan

Lástima de película fallida, más que nada por la siempre agradecida presencia de ese mosntruo del cine que sigue siendo Michael Caine, uno de los últimos grandes. De la carencia de un director bueno es hija esta película. Un Caine más apagado de lo normal, viejo profesor universitario jubilado que se deja caer por la pendiente de la falta de sentido tras la muerte de su esposa, bajo la "ayuda" inútil de sus hijos que no saben hacer con él ni tampoco consigo mismos como hijos. Una muchacha que conoce en un autobús da el pie para que se ponga en marcha una trama que no acaba de convencer y suena un poco demasiado inverosímil. Estamos en Paris y el pseudo director obliga a Caine a interpretar a un norteamericano (¿por lo de Un norteamericano en parís, versión geriátrico?). Nettelbeck, nombre del director, parece no tener muy en claro lo que pretende contar y el guión marcha de trompicón en desajuste como una vieja máquina adosada al pecho aún robusto de nuestro entrañable actor. Ni éste ni la bella muchacha (Clemence Poessy) que le da la répica y por supuesto los actores que interpretan a sus hijos, quizá el varón logra endereza la probabilidad histórica, pero la damita es todo un poema de despropósitos y egoísmo..

Con la emotividad de una alpargata, la pomposidad de los diálogos la película danza cansinamente hacia un final pretendidamente feliz donde cada oveja se va con su pareja, menos el terrible anciano que ... bueno, en honor al viejo Caine (que al menos al final debería escoger con más tino sus películas) quizá les ahorro el previsible final. Por cierto no es la primera vez que Caine hace un papel semejante a éste. En "Educando a Rita" (1983), en efecto. Pero entonces estaba detrás un buen director, Lewis Gilbert, él era más joven y el guión tenía fuerza y ritmo y estaba basado en una obra de éxito en los escenarios londinenses.

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16 septiembre 2014 2 16 /09 /septiembre /2014 08:04
Sin City, dos

Lástima. Después de aquella maravilla del cine negro que fue "Sin City", con su imponente estilo visual, su técnica de cómic filmado, sus colores resaltantes en un fondo de rabiosos blanco y negro y la trama y los personajes como los que los aficionados al cómic serio y al cine negro hemos gozado desde siempre, la secuela complica un poco la historia, no acaba de ser coherente con lo que sabíamos y habiamos visto y se vuelve reiterativa. Casi diez años separan las dos pelis y eso es mucho tiempo.

Se nos narran cuatro historia entrelazadas, de las que solo una, la protagonizada por Josh Brolin (en un paael que tuvo Clive Owen) mantiene la claridad y la tensión de la primera entrega. Disfrutamos con la historia de amor fou que lleva a Brolin casi a la muerte en manos de una Eva Green de un atractivo insoportable, iluminada por unos ojos verdes resaltando en el blanco y negro del contexto.


Cameos absolutamente innecesario de Bruce Willys en plan el fantasma de la señora Muir y un Mickey Rourke que nueve años después de su primer Marv parece cansado y simplemente psicopático. Jessica Alba sigue encandilando al respetable con sus salvajes y lúbricos contoneos con su personaje de Nancy Callaghan que ya ha perdido la inocencia agresiva de la primera parte y ahora deambula sin demasiado convencimiento. Justo lo que se achaca al conjunto del filme: no convence, es reiterativo y ya no emociona el estilo comic-cine negro que triuinfó y sorprendió hace demasiados años.

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15 septiembre 2014 1 15 /09 /septiembre /2014 09:27
El hijo del otro

En 1989 el cine francés se apuntó un tanto importante con "La vida es un largo río tranquilo", con cuatros César en su haber, dirigida por Etienne Chariliez de una forma sentimental pero crítica, pegajosamente dulce y también amarga y ligeramente cruel, una especie de drama en clave de comedia que roza a veces la tragedia y a menudo el ridículo y el patetismo. En una clínica privada dos mujeres de distinta clase social dan a la luz. Una mujer burguesa y otra, pobre y sujeta a la caridad. La enfermera que asiste a los dos partos casi simultáneos tiene una relación con el médico que las asiste y dirige la clínica, casado, pretencioso y dictatorial. Despechada y amargada, la enfermera cambia la identidad de los bebés: el chico, de la familia burguesa, es enviado a la familia pobre y anárquica y la niña de éstos, a la burguesa. A los doce años la enfermera se venga de su amante que la ha despedido, harto de ella, enviando sendasa cartas a las familias afectadas contándoles la verdad y haciendo responsable al médico. A partir de ahí la comedia entra en un drama bastante disparatado.

Pues bien, en 2004, otro director francés, directora en este caso, Lorraine Levy, lleva esa estructura de desastre familiar y social, a unas familias enfrentadas de una forma más sutil y moderna: unos son israelíes y otros palestinos. Ahí es nada. Y el error es debido a un bombardeo en la zona del hospital el día que ambas madres dan a luz. La entrada en el servicio militar israelí del joven (en esta película son dos muchachos) palestino que se cree judío, descubre el asunto debido a unos exámenes y análisis médicos. Hay mucho más talento en esta "El hijo del otro" que en la mencionada anteriormente. Y del enfrentamiento clasista pasa a uno más serio y peligroso, el de dos etnias enfrentadas en una guerra larvada permanente.

Le película merece ser visionada aunque, no en su desarrollo pero si en su final, peque de optimismo humanista, de llamamiento al entendimiento y a la comunicación (justo lo que le falta a ese eterno problema árabe-israelí, de tan gravísimas consecuencias). Bella película que cuestiona muchas cosas y que hace pensar sin abandonar el tratamiento de unos dramas familiares de mucho calado, sin retórica, con sensibilidad e inteligencia.

Excelente película pese a su proceso final donde las buenas intenciones y deseos pasan por encima de una obstinada realidad desgraciada.

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12 septiembre 2014 5 12 /09 /septiembre /2014 09:28
La mujer a 1000º

Tiene 80 años y vive recluída en un garaje de Reykjavik interactuando con el resto del mundo a través de Internet y Facebook. A partir de ahí nos hace partícipes de su memoria del siglo XX que atraviesa las décadas como un cuchillo caliente un bloque de mantequilla, desde John Lennon, con quien comparte un beso, hasta las SS, Hitler y toda la quincalla histórica de un siglo famoso por su atrabiliario curso sangriento y agresivo. Haría una buena pareja con el abuelo que saltó por la ventana de Jonas Jonasson y en esencia el tipo de humor sardónico, a veces brutal y siempre un punto por encima de la ebullición del cachondeo, la ironía y la desmitificación más gamberra.

Hallgrímur Helgason no tiene pelos en la lengua (ni en la pluma), aunque es de un humor más primario, quiza menos sutil que el del sueco Jonasson, con él guarda algunas simlitudes siquiera sea de compartir parecida desgana vital, indiferencia afectiva y apertura a lo escatológico y a las evidencias sexuales más explícitas, sustrato común de casi todos los paises nórdicos. Y perdóneseme el tópico, que para cualquier ciudadano mediterráneo es casi obvio y que para ellos podría parecerse a una idiotez insulsa y ofensiva.

Herra, la protagonista, ya en las primeras páginas ha "reservado hora" para su cremación a 1000º y resuelto ese pequeño trámite nos va haciendo pasar por pequeños y cortos capítulos o apartados en los que va desgranando sus recuerdos y nos perfila su propia personalidad, nieta del primer presidente de Islandia e hija de un islandés que combatió junto a las SS en la II Guerra M (de mierda o mundial, da lo mismo). Herra está de vuelta de todo y destila un sarcasmo y una ironía hiriente a la hora de describir y juzgar el proceso de Europa desde el intento de extinción global de los nazis hasta la estupidez acaparadora, fraudulenta e inmoral de la actual crisis económica, social y política. El hecho de que parezca una novela de humor no presupone necesariamente que lo sea. Nuestras sonrisas al leerla siempre tienen un tic dramático y desolado. Y no solo desde el escenario islandés o de sus vecinos detestados daneses, suecos y noruegos, vistos a través de amoríos y contactos mas o menos amistosos con hombres de toda Europa (las paginas que dedica a repasar los tópicos machistas o feministas en los diferentes países son descacharrantes) y algunos de otros continentes, con parada en Argentina.

Helgason nos cuenta desde el principio la verdad sobre la abuela formidable que desea morir con una bomba de mano nazi en las manos y que mantiene correspondencia virtual con medio mundo a través de internet. Para sorpresa del lector es un personaje literario basado en una figura real en Islandia. tan real y tan pública que el escritor ha tenido escándalos, denuncias y enfrentamientos de todo tipo en su país (cosa que seguramente le hubiera encantado a la abuela). Quizá hubiera sido más coherente que la gente islandesa celebrara con rias y unas copas a una mujer capaz de escribir "Así que no me quedan más que unas semanas de vida, dos cartones de Pall Mall, un ordenador y una granada de mano. Y jamás lo he pasado mejor".

Al bueno de Helgason se le escapan algunas bromas macabras y de mal gusto, aunque dado el tipo de personaje que es la abuela y su historial, sea coherente (la broma sobre el gas y los judíos en la página 20) pero me pregunto si no sería más ético y correcto haber eliminado simplemente esas bromas que no añaden nada al texto y pueden crear confusión o rechazo a algunas personas. Aunque luego nos regala observaciones de un cinismo encantador como "Ahí reside uno de los principales problemas de la vida de las mujeres: queremos que nos miren sin escucharnos, pero también que nos escuchen sin mirarnos" (pag.27). Bueno, para qué seguir, las perlas de tono subidito y a veces francamente agresivas o escandalosas, abundan y constituyen uno de los "valores" de esta novela inclasificable.

FICHA

LA MUJER A 1000º.- Hallgrímur Helgason.-Traductor: Enrique Bernárdez.-Ed. Lumen.-638 págs.

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11 septiembre 2014 4 11 /09 /septiembre /2014 08:06
Las nuevas aventuras de Caperucita Roja

Ccomo suele ocurrir en la vida cotidiana y las artes y avala el refranero popular, "segundas partes no suelen ser tan buenas". La primera Caperucita Roja que nos trajo la empresa Hoodwinked, seguía fielmente la moda de aportar una visión iconoclasta, divertida y transgresora de los LLAMADOS CUENTOS INFANTILES. Aquí se puso inteligencia y sentido del humor en el asador y así salió la cosa (a pesar del largo y algo tonto titulo que le pusieron en nuestro país: La increíble pero cierta historia de Caperucita Roja.

La secuela, cinco años mas tarde, no está a la altura, no sólo de la primera entrega, sino de las distintas versiones de cuentos infantiles que han ido saliendo desde el lejano "Shreck". Quitando el comienzo el argumento va decayendo progresoivamente hasta hacernos mirar el reloj aunque en la ficha de la peli no pasan de los 80 minutos. Después del asalto tipo "Misión imposible" a la casa de Hansel y Gretel secuetrados por una bruja malísima, la historia va convirtiéndose en una aburrida ensalada de tópicos sin gracia alguna.

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