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9 enero 2013 3 09 /01 /enero /2013 08:29

excursiones-8993.JPGEl macizo de Montserrat tiene numerosos senderos y "dreseras" de subida y bajada que, con el Monasterio como centro referencial, atraviesan la impresionante montaña por los cuatro puntos cardinales, rivalizando entre sí en belleza, soledad, popularidad, dificultades o esfuerzo. Haremos referencia a varias de esas ascensiones en otros reportajes, pero empezaremos con un clásico: la subida por la "dressera" de Fra Gari, en Collbató, con sus relativas dificultades de escalada simple, usando las manos. Es una excursión fácil y que se puede hacer a ritmo de paseo en tres horas más o menos, indicado para entrenarnos tras las fiestas navideñas. Haremos una excursión con dos alternativas, una larga y otra corta. La más exigente se desvía casi cumplida la subida clásica de Fra Gali, a unos tres cuartos de hora de ascenso, en un desvío  marcado con una flecha amarilla sobre la roca, que allí forma un pequeño abrigo. Se abandona el sendero principal que sigue subiendo abruptamente y se dirige uno a la derecha, una plataforma abierta sobre el paisaje de rocas y el bosque y campos de labor abajo. Desde ese punto, a la izquierda comienza una fuerte bajada por un sendero bastante desdibujado pero bien orientado, un sendero olvidado que atraviesa "la garganta del silencio" --nombre que hemos dado al Torrente de Sta. Caterina por su ambiente sosegado, y vuelve a subir hasta llegar a las moles de los "Tres samurais", cresteando por la última hasta volver a subir al Camino de las Baterías.  Es esta una senda crestera excavada en la roca, con numerosas baumas y paredes inexpugnables salpicadas de vegetación salvaje, recorriendo a media altura las laderas escarpadas del sur. Una vez en el Camino, a la izquierda para visitar la famosa piedra de la "taca blanca" o del "llansol" y unirnos al Camino anterior,  o desviándonos a la derecha hacer una nueva y fuerte subida hacia la ermita de Sant Joan donde hasta mediados del siglo XX existía un  modesto restaurante con unas vistas inmensas, la pista del funicular que va desde el Monasterio a Sant Joan --donde existe un centro de interpretación de la zona-- la explanada de las Tarántulas y bajada por el camino de la Santa Cova y las cuevas del Salnitre hasta Collbató. Es esta la alternativa excursionista para los que tienen mas tiempo y energía: una excursión de unas 4h y media, con subidas empinadas (unos 400 y pico m de desnivel positivo y negativo) y tramos de fácil paseo y unas magnificas  panorámicas de las vertientes sur y sureste del macizo.

En ambos casos el punto de salida es el pueblo de Collbató. Vamos a la plaza de la Iglesia, a casi 400 m de altura y nos dirigimos  a la izquierda a buscar la calle de la Dresera, en cuyo final, junto a un depósito de agua y un cartel explicativo, comienza el sendero que está señalizado con barras rojas y blancas pintadas sobre la piedra. Dejamos una urbanización --hay un pequeño parking al aire libre en una de las calles-- y pasamos por un bosquecillo de matorral y ginesta. Enfrente justo está la subida, muy empinada, por las imponentes rocas que presentan un telón de fondo impresionante.

excursiones-8990.JPGOlivos, pinos, almendros, la tupida ginesta con sus flores amarillas y el camino que se enfila por la montaña, pedregoso, la colina del Pujol la dejamos a la derecha, y vemos ya el camino que se desvía por terrazas de rocas que limitaban antiguos campos de cultivo y olivares abandonados (a la izquierda dejamos un camino más llano y cómodo, el llamado Dels Graus, que va hacia el Llansol, la roca donde nacionalistas de los dos banderas se disputan pintadas) . El camino se va haciendo cada vez más angosto y hay que usar las manos, como dijimos, en pequeñas grimpadas sin dificultad. Subimos por unas grietas a mano izquierda de las cimas, en algunos momentos usamos escalones excavados en la roca viva y pasamos junto al torrente de la Fonseca.

En ese punto hay un pequeño mirador  llamado "llit o cadira dén Gari". Abajo a la izquierda podemos ver, si nos fijamos, el hueco de la Cova Gran medio tapado por los arbustos y desde el mirador, donde algun esforzado caminante ha construido un asiento de piedra, un paisaje extraordinario que es nuestro compañero permanente, a nuestras espaldas, durante toda la subida.

Habrá que enfilar otra estrecha garganta, un hendidura en la pared de la montaña, en la que manos hábiles han tallado escalones para hacer más cómoda la subida. Alguna que otra grimpada sin dificultad que añade emoción al ascenso. Llegamos a una pequeña planicie  o descanso horizontal, donde se encuentra el lugar en el que abandonamos el sendero de Fra Garí. Seguimos a la derecha para cruzar el torrente de Santa Caterina (hay que llegar al fondo y volver a subir hacia la cima opuesta hacia el coll de les Garrigoses, todo un recorrido en un silencio majestuoso). Cruzamos junto a las tres moles y volvemos al antiguo camino del Monasterio con las opciones que apuntamos al principio: a la derecha hacia Sant Miguel y desde allí bajar por el Cami de la Santa Cova y volver a Collbató --también podemos desde la ermita de Sant Miguel coger el camino empedrado de las Ermitas y llegarnos al Monasterio-- o a la izquierda del Camino, volver a Collbató, pasando por el Llansol, el Serrat de La Guardia y el Cami Vell de Collbató hasta coger el Cami de la Vinya Nova y volver al punto de partida.

Las tres opciones apuntadas oscilan entre las tres horas de la primera y las cinco o mas de las dos que pasan por las Covas del Salnitre o llegan hasta el Monasterio. Todas ellas muy recomendables. La aquí reseñada es, como dijimos de tres horas a lo sumo.

 

NO SE PIERDA

1.- La Cova del Salnitre.- Es una cavidad subterránea, de origen cárstico,  con acceso por carretera y parking, a unos minutos de Collbató y que forma parte de uno de los senderos reseñados aquí.  Para acceder a la cueva (cerrada excepto en horarios determinados) hay que subir 244 escalones. El fascinante recorrido por el interior  es de más de medio km y tiene una duración de 45 minutos, siempre se hace con guía. Durante el mes de junio se celebran allí festivales de sonido y música, dada la excelente sonoridad de la cueva, un mágico recorrido entre bosques de estalagtitas y estalagmitas.Parece que tuvo pobladores neolíticos y están documentadas las visitas frecuentes de artistas como Gaudí o Rusiñol. La Sala de la Catedral, con grandes bloques de piedra y un espacio enorme (100 m de altura) rivaliza en belleza con la de las Columnas y la del Pozo del Diablo. Las entradas se compran en una caseta de madera en el área de la ermita de la Salud, al pie de la carretera de acceso, junto a Collbató.

 

2.- EL MUSEO DEL MONASTERIO

Merece una visita al margen, pero si la excursión les lleva al Monasterio, no permitan que pase la oportunidad. El museo está situado en la plaza exterior del Monasterio. Fue una obra de Josep Puig i Cadafalch, el gran arquitecto de los años 20 y fue reformado en 2004. Hay cinco colecciones permanentes en el Museo y mas de 1300 objetos expuestos entre cuadros, tallas, esculturas o objetos arqueológicos del Oriente Bíblico (aportado por los monjes que vivieron allí y donaciones).  Hay un sarcofago egipcio del siglo XII aC, orfebrería del siglo XV al XX , cuadros  y tallas de Berruguete, Tiepolo o el Greco y un fondo impresionante de pinturas del XIX y XX con maestros de la talla de Fortuny, Casas, Nonell, Rusiñol, Degas, Moner, Picasso, Tàpies, Miró... En resumen, una joya poco conocida.

 

 

DOCUMENTACION

Aparte de los consabidos mapas y guías de Montserrat editados por Alpina  y Piolet en 1:25.000 y 1:30.000 acaba de aparecer --ya lo tienen en la Librería Serret de Valderrobres los lectores de la zona del Bajo Aragón-- el Montserrat, guía senderista, 20 itinerarios por el Parque Natural, también de Alpina, que incluye además del mapa general en 1:20.000, 6 mapas parciales de otras tantas vias de acceso al macizo, Marganell, Monistrol, Collbató, El Bruc y el propio Monasterio. También es muy recomendable el "Caminant a Montserrat" de Ramon Ribera, editado por Publicacions de L'Abadía de Montserrat (1998).

 

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7 enero 2013 1 07 /01 /enero /2013 08:37

una-botella-en-el-mar-de-gaza-cartel1.jpg

 De vez en cuando resulta esperanzador que los realizadores cinematográficos de dos paises tan involucrado en el drama humano  y la tragedia política como Israel o Palestina traten de llevar a las pantallas del mundo un mensaje que abra alguna rendija en el muro de las lamentaciones que es el eterno conflicto de Oriente Medio, el pulso sangriento y desolador entre árabes e israelíes.

Es difícil, muy difícil, tratar de evitar el maniqueísmo del bueno y el malo, introducir una nota de humanidad en una guerra permanente en la que el objetivo principal son los ciudadanos pacíficos de uno u otro país.

Generalizaciones maniqueas, juicios de valor inmediatos sin reflexión, reacciones emotivas desatadas entre el odio y la repulsión, falta de conocimiento del supuesto "enemigo" y una dinámica brutal de atentados y respuestas bélicas indiscriminadas hace poco menos que imposible que pueda haber alguna vez ni un asomo de entendimiento o de diálogo sincero e igualitario. Y la sangre sigue manando por los dos lados y el abismo es cada vez más profundo e insalvable.

Películas como "Una botella en el mar de Gaza" tratan de tender un débil puente entre ambas escarpadas posiciones. Una chica franco-israelí, casi una adolescente, pide a su hermano, un soldado del ejército, que lanze una botella con un mensaje de amistad y diálogo en  su interior, en las aguas de la playa de Jerusalén para que, a favor de la corriente, la pueda encontrar cualquier arabe en las playas de Gaza. La botella es hallada por un grupo de amigos palestinos y uno de ellos, tras las burlas y descalificaciones de rigor, decide contestar a la dirección de email que se le brinda. Se establece un difícil --y peligroso-- intercambio de mensajes  con el que la chica logra vencer la reticencia del joven árabe y establecer un diálogo en el que los duros sucesos exteriores ponen frenos y añaden dificultades.

Thierry Binisti, que dirige la cinta, trata de no ocultar las realidades angustiosas en las que viven ambos jóvenes y las brutales diferencias que les separan. Tal y Naïm, comienzan a sentir que hay todo un mundo enfrente que desconocen y que se han acostumbrado a condenar como un movimiento reflejo. Entienden que el dolor está repartido entre ambas poblaciones y que hay un régimen injusto de desigualdad y prepotencia entre ambos países. Se cuestiona el sentido de la guerra y se rechaza el salvajismo que impregna la vida cotidiana de palestinos e israelíes. ¿Qué puede hacer una joven pareja mixta que además deben enfrentarse al rechazo familiar y a la suspicacia de la policía o el ejército de ambos paises? Difícil cuestión.

Binisti, que se basa en una novela casi autobiográfica de la franco-israelí Valerie Zenatti, propone una fábula con final abierto pero posiblemente feliz que nos resulta un tanto idealizada, quizá optimista en exceso, pero que de alguna manera es algo más que un "happy end" a la manera americana, sino más bien el reflejo de un deseo sincero de que las cosas puedan alguna vez ocurrir de esta manera, como el esperanzador inicio de un cambio.

Nace entonces, al finalizar de ver esta buena película, la pregunta del millón, la que debería ilustrar las relaciones difíciles entre arabes e israelíes, ¿por qué no  podemos hacer posible una relación semejante? El espectador se acongoja al ser testigo de los intentos de Tal, la joven actriz Agathe Bonitzer, por comprender lo que ocurre, el difícil mundo en el que vive Naïm, el actor Mahmoud Shalaby,   y en el recorrido de los emails que ambos se van cruzando tratan de acercar sus sensibilidades, su rebeldía, su miedo y su resistencia al odio sin más, a la descalificación del enemigo. Inocentes e inconformistas, los dos jóvenes tratan de elevarse sobre el muro que los divide, incluso fisicamente, para tratar de encontrar un clima de concordia, diálogo y quizá amor. Pero tal vez el personaje más entrañable es el de la madre de Naim, interpretado por esa fabulosa actriz palestina, Hiam Abbass, que presta su rostro surcado por el sufrimiento y la dureza, y la mirada tristísima de sus ojos al de una mujer tolerante, sabia y firme que da a su hijo todo el apoyo que éste necesita y lo ofrece a manos llenas a los que la rodean como médico de un hospital de Gaza.

El espectador acaba temiendo que el sueño de Naim, que quiere salir de Palestina para ir a Paris y estudiar un profesorado en francés, quede truncado por el odio y la desidia de unos y otros. A la joven pareja esa posibilidad abre una puerta a la esperanza, quizá en Paris un encuentro libre y prometedor sea posible.

Desde el comienzo, con un fundido en negro sobre el que se escuchan voces y ruidos de copas, risas y bromas en una cafetería seguramente, después una explosión y el silencio, para a continuación abrirse la secuencia a una toma del mar y la playa de Jerusalém en la que un joven soldado israelí lanza al mar una botella...Desde ese comienzo magnífico, la película transcurre de una forma intensa y coherente, bien dosificada la tensión, pasando de la zona palestina a la israelí, mostrándoos la vida de los dos jóvenes, tan cerca --setenta kms separan Jerusalén de Gaza-- y en realidad tan lejos como si uno de ellos estuviera en la luna.

Gran película y un buen tema de debate para quienes quieran sensibilizarse ante el espinoso problema palestino-israelí, germen patológico del problema global que enfrenta a occidente con el islamismo más militante.

 

 

 

 

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6 enero 2013 7 06 /01 /enero /2013 09:49

lo-imposible-cartel1.jpg

 

 

Hay que reconocer que en películas como ésta, o en "Los otros" o en "Ágora", el cine español pierde algo de su personalidad intrínseca para mimetizar de alguna manera los estilos y formas de otras cinematografías más poderosas y con infinitos medios para conquistar taquillas. En poco tiempo hemos visto dos maneras de narrarnos el tsunami que asoló las paradisíacas playas thailandesas del Indico, una la del maestro Clint Eastwood y otra la del español J.A. Bayona. ¿Diferencias notables? Francamente no, en lo que se refiere al trágico fenómeno en sí. Un 10 en alardes técnicos. En "Más allá de la vida" las secuencias del tsunami sirven para introducirnos en el tema básico de la película, pero igual podía haber servido un accidente de avión, un tumor cerebral o un rayo accidental. Se trataba de meternos en la especofidad de aquél pequeño sector humano que integran los que han sobrevivido a una situación de muerte casi segura. En "Lo imposible", el tsunami es la esencia del filme, como en aquél legendario "Huracán" que filmó en los años 30 el gran John Ford  y está concentrado en la peripecia familiar de una pareja y sus tres hijos.

Bayona ha contado con un elenco de la talla protagonista de Naomi Watts y de Ewan McGregor, ambos realmente ajustados en sus desmadrados papeles (justificadamente, por supuesto, la sobreactuación era de esperar). La película, que ya ha superado en taquilla otro éxito de este director con la ayuda del guionista Sergio S. Sánchez, "El orfanato" ,tiene secuencias magníficas junto a un tratamiento discutible de la trama, la tensión narrativa y el final.

En principio existe cierto desequilibrio en la tensión argumental que comienza tras el prólogo de presentación (que apenas nos dice nada de los personajes, un pequeño fallo de guión) y se centra en el duro episodio del tsunami y sus efectos apocalípticos. Seguimos la suerte de la madre y el hijo mayor, María y Lucas (Tom Holland, un jovencísimo actor bastante encomiable). Es quizá la mejor parte de la película, que luego decae con los sinsabores que viven el padre y los dos hijos pequeños (de los que apenas sabemos cómo se han salvado y cómo han podido quedar juntos) y termina de perder fuerza y convicción en la ultima parte, la del reencuentro.

La historia atrae en toda esa primera mitad por su dinamismo trágico, con la sensiblería bien atada (en la segunda parte se desata bastante) y con secuencias magníficas resueltas con habilidad emocional: por ejemplo la que concierne al pequeño abandonado, rescatado de una muerte segura por Maria y Lucas.

Después las cosas van siendo conducidas y manipuladas por un director deseoso de éxito y la enorme sinceridad de las secuencias y actuaciones de la primera parte caen en una serie de expectativas tramposas alimentadas por el guión, que fuerza reencuentros y casualidades, hasta el edulcorado, apresurado y obvio final. Una cierta simplicidad en el análisis de un drama familiar inmerso en una tragedia global convierte a "Lo imposible" en una película algo morbosa, taquillera para necesitados de castigo emocional comparativo ("qué horror, ¿verdad?") y amigos de empatizar con las desgracias multitudinarias. Buen diseño de producción, excelente fotografía y montaje pasable. A pesar del éxito, uno acaba pensando que para ese viaje no hacian falta tales alforjas: la película no deja de ser un telefilme con pretensiones. Bayona debería mantener su ambición en todos los niveles. No basta con arrancar lagrimitas del personal o calmar las necesidades de emociones fuertes de una masa de espectadores  acostumbrados a no escandalizarse en los telediarios, con su casi cotidiano muestreo de las lacerantes miserias del mundo en que vivimos.

 

 

 

 

 

 

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4 enero 2013 5 04 /01 /enero /2013 08:03

planetateroro.jpg

 

Enésima versión cinematográfica de "La isla del tesoro" la obra maestra de la novela de aventuras escrita por el escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894). Supongo que el bueno de Stevenson podría alucinar con esta visión futurista de su extraordinaria narración si le fuera dado verla en alguno de los mundos de ultratumba donde residen los grandes espíritus literarios.

John Musker y Ron Clements, padres de la criatura estelar, han  tratado de mimetizar en lo posible "La isla del tesoro", respetando en lineas generales el argumento, con los consiguientes cambios para permitir que un relato que transcurre en el siglo XVIII se adapte a un escenario del futuro utópico, en un planeta habitado por curiosos seres antropoformes junto a personas (a terrestres) como una exposición de los planetas mixtos habitados por razas estelares desconocidas, al estilo de los mundos de "La guerra de las Galaxias".

Pues bien, en ese mundo de jóvenes surferos en tablas espaciales --todo el comienzo de la película es un exceso innecesario que hace pensar lo peor-- y decoración y vestuario del siglo XVIII en un entorno espacial, se desarrolla la historia de piratas y tesoros que Stevenson transformó en el imaginario juvenil de la aventura.

El joven Jim, grumete de una "Hispaniola" convertida en nave espacial con velas de captación de energía solar, habrá de cumplir una vez más su periplo iniciático, haciéndose hombre bajo la férula de un increíble John Silver, el Largo, convertido en cyborg, con una tripulación inenarrable de bichos extraños antropoformizados, una capitana estulazada de otra especie y un doctor perruno, blando y torpe.

El resultado es irregular. Pese al tramo final, digno de una buena película de aventuras espaciales --el planeta convertido en bomba de relojería es visualmente fascinante-- la película no acaba de hacernos atractivos al protagonista Jim, menos al doctor y sólo ligeramente a John Silver, el pirata rufían que descubre que tiene sentimientos. Sin embargo el diseño y las actuaciones de Silver, el villano Scroop y el viejo pirata Billy Bones (que como recordarán es el auténtico deus et machina de la narración) convertido en un robot enloquecido, resultan brillantes.

Quizá sea el ritmo lo que se resiente en una película en muchos momemtnos espectacular, muy en la linea Disney de perfección técnica y adecuación de la imagen y el sonido a la acción. La comparación con la versión de "La isla del tesoro" de 1934, o la de la propia Disney de 1950, incluso la de 1972 (con un Silver-Orson Welles, antológico) no es ociosa, y la idea de llevar a los personajes de la novela al ámbito de la fantasia y la ciencia-ficción podía haber sido memorable.

Desgraciadamente la versión se edulcora en demasía, busca hacer una impertinente función pedagógica y la moralina es demasiado abundante, con lo que una obra que trasciende el esquema juvenil para ser un clásico para todos, se va decantando hacia el sentimentalismo infantiloide. Así pues fallos de guión y fallos de ritmo --y la simplificación de la versión sobre la obra, cosa que indignará a muchos puristas literarios partidarios del respeto a ultranza del original--. Y así, mostrarnos la blanda secuencia del abandono del padre de Jim (en la novela muere, no le abandona) para justificar la carencia paternal del chico y su sensibilidad hacia le figura "paternal" del pirata Silver, es una trampa innecesaria y torpe.  Todo esto resiente la calidad de un filme  que tiene suficientes méritos para haberse convertido en una referencia más de las versiones de "La isla del Tesoro". Ahora queda más como una simple curiosidad, eso sí, divertida a veces.

 

       

 

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3 enero 2013 4 03 /01 /enero /2013 08:40

rompe-ralph-cartel2.jpg

Película de dibujos animados con una propuesta original, llena de guiños para cinéfilos y para fanáticos de los videojuegos, pero que poco a poco, tras un comienzo prometedor, va deslizándose suavemente hacia un ejercicio infantil en el que los elementos nostálgicos van dejando lugar a una peripecia destinada a los más pequeños. No logra equilibrar la balanza entre el mensaje y su aplicación, como ocurría con obras magistrales como "Up" o "Walle-e" y más recientemente con el "Alucinante mundo de Norman" y otras pequeñas joyas de la animación.

Todos los espectadores de menos de 40 años, aficionados en su día a las primeras consolas de juegos electrónicos y que lleven a sus hijos a ver esta película se encontrarán con un mundo en continua renovación técnica y de imagen pero también con los viejos personajes y los añorados ambientes de los juegos que marcaron su niñez y adolescencia compartiendo aventuras. La película que dirige Rich Moore, "Rompe Ralph" utiliza ese señuelo nostálgico para atraer no sólo a los niños de hoy sino a los que fueron y ahora rondan la treintena.

Resulta curioso contemplar el salto argumental y de definición de dibujo y adelantos técnicos que marcan un ante y un después de las consolas de juegos electrónicos. La película "resucita" personajes y estilos en una sinfonía en tonos pastel, con un despliegue de valores y comportamientos de otro tiempo y eso logra atraer y encantar al espectador a pesar de que, como hemos dicho al principio, luego se deje deslizar por un tratamiento más infantil y acabe entre edulcoraciones que ya sólo son efectivas con los más pequeños.

Disney sigue fiel a su política y a su oferta mixta y une a la perfección técnica de "Toy Story" o de "Monstruos S.A." una creciente habilidad del mensaje y una mayor capacidad de asombro y complicidad. La revolución de carácter que aportó a la animación de los estudios Disney las cintas de Pixar, aunque siempre trata de insuflar su pequeña dosis de moralina azucarada, marca de la casa (nuevamente la amistad y la fidelidad  a uno mismo ilustran el fondo argumental).

Pero a pesar de esto, los detalles y guiños argumentales de "Rompe Ralph" superan la mediocridad de ciertos aspectos. Desde la cita a los "Aliens" y el universo de los "bichos" de películas, series y juegos al estilo de "Call of duty" o las endemoniadas carreras de "Sugar Rush".

Pero quizá el mayor hallazgo, aunque no desarrollado apenas en esta película (cosa que hace pensar en próximas partes de  una saga), sea la recreación del universo interior de los juegos y la solapada crítica a la violencia de muchos de los actuales videojuegos. Pero no nos engañemos, lo que después de aquél clásico "Tron", en el que Disney nos llevaba al mundo interior de un juego electrónico en el que se ha introducido una presencia humana, en "Rompe Ralph" hay otra propuesta notable: hay un punto de conexión virtual, quizá en la "nube" de los videojuegos antiguos y actuales, y en él los personajes de unos y otros pueden interactuar e incluso romper con las reglas encriptadas en el universo de "bits".

Pero como dice Ralph, "el que seas un malo no quiere decir que seas malo" y en eso consiste el nudo argumental de esta película interesante: Ralph quiere demostrar -y demostrarse a si mismo-- que bajo su disfraz "laboral" de malo existe un héroe capaz de amar y sacrificarse por los demás. Ese inicio que podía habernos llevado a una película notable queda desleido por la suavización que marca el cambio sutil de público al que se destina. Los niños disfrutarán, pues, durante todo el metraje y los adultos que les acompañan, la primera mitad. Pero, bueno, en esencia cumple su cometido y "Rompe Ralph" puede ser calificada de una excelente película de animación.

 

 

 

 

 

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2 enero 2013 3 02 /01 /enero /2013 10:17

madrid-1987-cartel.jpg

 El joven David Trueba logra hacer una gran película, de un argumento minimalista y sumamente literario, un "tour de force" encarnado por dos protagonistas, un escenario único y una hora y pico de diálogo, inteligente y un poco rebuscado, explotando una situación claustrofóbica resuelta con ingenio (con la excepción, quizá, de su lógico y previsible final), habilidad, humor y sensibilidad. Dos actores muy metidos en la trama, José Sacristán (fiel, como siempre a sí mismo y a su carácter de viejo y competente actor, dueño de todos sus registros) y una joven María Valverde, que le da una réplica digna y sin histrionismo, poniendo al servicio de la imagen su belleza y la sensualidad de un cuerpo que respira erotismo y contención en cada gesto.

Un viejo periodista político en el Madrid de finales de los 80, 1987 como nos informa el título (una radio nos pone al corriente al principio de los detalles sociopolíticos de ese año de gracia y desgracias para España) trata de seducir a una aspirante a periodista. El lugar escogido es el estudio de un pintor amigo del periodista. La pareja queda encerrada en el baño, cuya puerta queda bloqueada por un cerrojo en mal estado. Es el principio de un fin de semana caluroso de agosto y ambos están en un edificio donde no hay ningún vecino, están desnudos (la ropa ha quedado fuera del baño) y han de pasar muchas horas juntos hasta que algún vecino --de vez en cuando gritan pidiendo ayuda a través de un minúsculo ventanuco-- les oiga y les pueda ayudar. No hay móviles, es 1987, y el teléfono está en la sala a la que no pueden acceder.

Un hombre de vuelta de todo, resabiado, lleno de cinismo y amargura, habla de todo lo divino y lo humano con una muchacha que tiene aun intactas las ilusiones y los proyectos, que cree que puede ayudar a cambiar un mundo que no le gusta y que mira al mañana con esperanza. También hay un deseo enroscado como una ardiente consyante en el pensamiento del periodista que padece la cercanía deseable de un cuerpo joven, desnudo (una toalla a media cintura, vela lo indispensable) y el sexo como tema va y viene, rebota y tiñe toda la desazon humillada del hombre (que había sido rechazado en pleno antes de entrar en el baño).

Palabras y palabras, en un maravilloso trueque, en el que la parte del león, como debe ser, corre a cargo del monstruo cinematográfico que es cada vez más el gran Sacristán, la vanidad y la soberbia de quien está por encima de todo y se humilla por un poco de sexo, encontrando en su lugar la temprana madurez de una muchacha --nada inocente-- que le abre nuevas e inesperadas perspectivas de sus propias limitaciones, de su teatralidad mezquina y su vacío interior. La pose prepotente cae hecha añicos y la humanidad subyacente acerca a los dos personajes al menos hasta el punto de comprenderse mutuamente. Dos radiografías mentales y físicas que se abren al espectador con un lujo de detalles y frases afortunadas. Una seducción del espectador que corre pareja con la seducción intelectual que el gran Pepe Sacristán borda con su voz engolada y cínica.

Texto literario en plena forma servido por unas imágenes que en modo alguno están por debajo de la excelencia de la palabra. No hay verborrea vacía ni grandielocuencia de salón sino argumentos sencillos y profundos con el lenguaje de la calle y la sensibilidad del artista. Todo servido con una fotografía minimalista, el detalle y los guiños estéticos, lúdicos y sensuales de una cámara que parece tan a gusto como los espectadores ante esta comedia dramática realizada con gran conocimiento del ritmo cinematográfico y que consigue la hazaña de nos aburrirnos ni resultar reiterativa en los ciento y pico minutos que dura. ¿Algún "pero"? Si. La secuencia final, de remate, en la que el virtuoso  estilo no manipulador de Trueba no logra dar con un cierre convincente. Salvando esto, lástima porque los finales como los inicios, son los que dan la categoría de obra superior y aquí nos queda un final desangelado y poco ilustrativo, la película es un recital de buen cine. A destacar la modesta y hábil mirada sensual que la cámara pasea con la espalda desnuda de la muchacha, ocupada en auparse ante un ventanuco para gritar socorro, con la toalla enrollada alrededor de su cintura.

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1 enero 2013 2 01 /01 /enero /2013 08:26

el-respirar-de-los-dias-9788449322167.jpg

He seguido con sumo interés la trayectoria filosófica del profesor de la UB, Josep Maria Esquirol. Me encantó con "El respeto o la mirada atenta" ( Gedisa, 2006) y ahora he leído "El respirar de los días" (Una reflexión filosófica sobre el tiempo y la vida) --Paidós 2009-- atraído no sólo por el tema, tan esencial en la vida humana, sino por la promesa de que la lúcida mirada atenta de Esquirol estimule mi propia reflexión con ese discurso claro que, sin ser demasiado nuevo o revolucionario, aporta una elaboración filosófica sugestiva y oportuna de una cuestión que constituye uno de los nódulos de pensamiento práctico que cualquier persona, no sólo los filósofos, tiene casi permanentemente planteada (a veces sin ser plenamente conscientes de ello).

Bajo el bello título nacido por analogía con el clásico trabajo de Hesíodo ("Los trabajos y los días"), Esquirol posa la mirada analítica en la esencia del término y el concepto, ¿qué es el tiempo?, ¿puede darse como un presente especial a otros o a uno mismo? ¿por qué hablamos de una dimensión curativa, terapéutica del tiempo? ¿cómo articulamos la realidad de la finitud? ¿cómo vivimos la paradoja de este tiempo en el que de continuo hablamos de "no disponer" de él?, ¿conocemos el influjo con que el paso cotidiano del tiempo afecta decisivamente nuestra salud y nuestra orientación? ¿qué significa el consejo clásico de "vivir el presente" y en qué consiste tal cosa?

La permanente  búsqueda de sentido a todos los tópicos y lugares comunes que se relacionan en el lenguaje popular y en el ético o filosófico con el concepto del tiempo articula el discurso en las sugestivas páginas del libro, al que parafraseando a Esquirol, "hay que dedicarle tiempo". Decía Steiner que hay libros que esperan pacientemente a que el lector sintonice de forma íntima con ese estado de ánimo, despierto y sosegado, para dejarse leer y embrujar al lector. Este es uno de ellos.

Con un lenguaje ameno y sencillo Esquirol desgrana los subtemas relacionados con el tiempo, desde los ritmos que impulsa el paso del tiempo y su relación con nuestro cuerpo y el resto de los seres vivos, al tiempo paradójico, al tiempo "que nos queda", es decir la presencia del fin, de la muerte y la necesidad de residir en la habitación de la vida con vistas serenas a su término, el aprovechamiento vital y mental del tiempo, el carpe diem, la necesidad de la atención como elemento clave para comprender el tiempo, la sabiduría que conlleva el saber dar nuestro tiempo, la importancia de la noción de la lentitud como estilo de vida, el ser consciente de los excesos y aceleración de una forma de "consumir" el tiempo (una experiencia frustrante que parece ser un tópico vital en esta época en que vivimos) y la consciencia del tiempo que pasa, del desgaste que conlleva y de la categórica irreversibilidad esencial del tiempo. Todo ello nos lo cuenta Esquirol con la sencilla ausencia de drama y el realismo que parecen haberse contagiado de "La coplas a la muerte  del maestre don Rodrigo" de uno de nuestros grandes clásicos, Jorge Manrique  (siglo XV).

Quizá vivimos una de las épocas históricas en las que la reflexión serena sobre el tiempo y su inexorable paso pueda ser más pertinente y aleccionadora. Como escribe Esquirol en su introducción, "paradójica progresión de la velocidad y regresión del tiempo que se nos da y que nos damos: con velocidades al límite, muchas prisas incesantes y, en cambio, escasa atención a las cosas y las personas, poca o ninguna calma serenamente vivible"... ya que "el tiempo propicio para el pensamiento --y para la vida-- es un tiempo lento".

Tiempo lento y mirada atenta es la que aconsejamos para entrar en este libro breve y sabio (no llega a las doscientas páginas) que no dejará a nadie indiferente o aburrido.

 

FICHA

."EL RESPIRAR DE LOS DIAS".- Josep Marìa Esquirol.- Editorial Paidós. 190 págs. 19 euros.

 

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31 diciembre 2012 1 31 /12 /diciembre /2012 08:56

el-molino-y-la-cruz-cartel1.jpgBasado en la obra "The mill and the Cross" del crítico de arte y escritor, Michael Francis Gibson, el director polaco Lech Majewski, ha realizado una película del mismo título, "El molino y la cruz", en la que analiza argumentalmente la pintura del artista flamenco Pieter Brueghel "Camino al Calvario". Un maduro Brueghel, interpretado con gran concisión de gestos y su característica eficacia por el actor Rutger Hauer (tan lejos de su papel como replicante en "Blade Runner") está en proceso de creación de la famosa pintura, en el Flandes sometido al dominio español y las actividades bárbaras de la Inquisición contra una población atraída por la reforma protestante.

En el gran tablero lleno de color y escenas populares bajo un cielo dramático y la omnipresencia del molino (metáfora del molino de la vida regido por Dios, que desmenuza y muele las vidas de los mortales) se desarrolla la secuencia del camino de Cristo con la cruz hacia el Calvario, con los dos ladrones que serán crucificados junto a él y la presencia en primer plano de la Virgen transida de dolor, todo ello símbolizando en su conjunto el sangriento dominio español bajo la bendición del aparato represor de la Iglesia en 1564, año en que se pintó la obra.

Michael York y Charlotte Rampling (como la Virgen María) acompañan al actor holandés, en la muestra de las vidas de unas decenas de personajes que son escogidos entre el medio millar de figuras que pueblan el cuadro.

Lo primero que llama la atención del espectador es la bellísima plasticidad de las imágenes, la vitalización de fragmentos del cuadro que cobran vida ante nosotros en un alucinante ejercicio de maestría artística y técnica digital.

Asistimos a la creación de los primeros bocetos de Brueghel en los que se basará el cuadro final y al desarrollo de subtramas que de una forma a veces dinámica y otras estática, nos muestran distintas facetas de la vida familiar del pintor y de la vida cotidiana en el Flandes de la época, justo en el lugar donde Brueghel recreará la trama religiosa de la muerte de Cristo en el ambiente del Flandes del siglo XVI.

Como Akira Kurosawa, Vincente Minnelli (Van Gogh, "El loco del pelo rojo") y Robert Altman, entre otros, el cine ha mostrado en algunas ocasiones un intento de "penetrar" en el interior de cuadros famosos, pero a mi parecer nunca hasta este filme de Majewski se había llegado a tal perfección técnica y a una caligrafía fílmica tan hipnótica en ambiente, personajes, vestuarios y simulación de realidad del entorno pintado. El director polaco ha seguido un método revoluciuonario: mezclar o combinar digitalmente tres elementos diferentes en un mismo montaje. Secuencias con actores reales sobre la "chroma key" la pantalla azul famosa, imágenes que se integran con fondos recreados digitalmente del propio cuadro o de lugares reales semejantes a los paisajes que nos muestra el cuadro. Localizaciones en Polonia, Austria y Nueva Zelanda son incluidas en el montaje final, superpuestas o amoldadas a las del cuadro, dando como resultado una fuerte ilusión en el espectador que cree estar viendo al auténtico Brueghel en el proceso de pintar un cuadro, introduciéndose dentro de él. Del carácter de metaficción de la imagen resultante se nos da un prueba o guiño cuando en un momento dado, a petición de Michael York, --que interpreta  al amigo de Brueghel, Nicholas, colccionista de arte-- el pintor decide detener la escena, el cuadto dinamizado, que se desarrolla ante los ojos de ambos y que logocamente sólo está en la mente del pintor. Un juego visual y conceptual que no nos ahorra la dureza de algunas secuencias en las que se denuncia el durísimo, inhumano,comportamiento de los mercenarios españoles y de la Iglesia en la sufrida tierra flamenca.

La película, que atraerá singularmente a los aficionados al arte y que sorprenderá a los cinéfilos, es de visión obligada para todos los que desen conocer el proceso creativo de un artista que usa un gran episodio religioso para mostrarnos y denunciar una situación de injusticia y violencia enclavada en la historia de su país y en el momento en que ocurre (al estilo de Goya con sus terribles grabados sobre la guerra contra Napoleón). La explicación de los símbolos y sobre todo de la técnica utilizada por Brueghel, detalle a detalle, en la realización del cuadro. Por ejemplo, la analogía del trabajo de la araña y su concéntrica tela, asumida por el pintor, en la forma de disponer los motivos básicos que pueden verse en el cuadro, aunque para un ojo no informado o entrenado quedan ocultos por la bizarra variedad de la fascinante y gigantesca escena pintada.

Hermosa película que dignifica al cine y lo hermana con la potencia ilustrativa de la gran pintura. Una mezcla asombrosamente creativa de cine, pintura, fotografía, teatro y literatura. Por supuesto eso provoca en algunos momentos un cierto desconcierto en el espectador, secuencias algo confusas, soluciones arbitrarias sobre el punto de vista en que se nos narra la acción, rupturas de ritmo y tensión que no desmerecen el conjunto del filme (más de cuatro años de trabajo supuso para este director visionario dotado de un singular talento visual). Las únicas secuencias habladas corren a cargo de un pedagógico Hauer, una enfática Rampling, con su dolor y tristeza a cuestas y las indignaciones políticas y sociales del amigo del pintor, encarnado por Michael York. Película pues de varios niveles de "lectura" y visionado, que requiere la complicidad del espectador y una cierta rendición parcial al ejercicio de la libertad creativa del director.

 







 

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30 diciembre 2012 7 30 /12 /diciembre /2012 10:46

Memoria_de_mis_putas_tristes-289871-full.jpg

 Una novela de Gabriel García Márquez, por definición, podría ser una buena película. El argumento suele ser brillante, los personajes sólidos, los diálogos inteligentes...pero estamos hablando de la novela. Si la vemos reflejada en el cine, la imagen, la dinámica narrativa cinematográfica, las actuaciones, la dirección de actores, el diseño artístico y los decorados, el ambiente, la fotografía, el color, las tomas de paisaje, la música, pueden variar parcial o totalmente aquello que habíamos visto en nuestra imaginación al leer y lo que vemos con nuestros ojos sentados pasivamente en una butaca.

Pues bien, adelantemos diciendo que las versiones para el cine de las obras de GGM distan mucho de acercarse al valor intrínseco de sus novelas. Y ésta no ha sido una excepción.

Jean Claude Carriere , lo ha intentado. Ha contado con la complicidad de sus actores,Henning Carslen como el viejo periodista, Emilio Echeverría dando vida al mismo en su juventud, Olivia y Ángela Molina, Delgadina, la chica de los sueños del viejo periodista putero y la sólida pèro repetitiva Geraldine Chaplin en el papel de la "madame" del prostíbulo antillano donde "el Sabio" --no se sabe en qué-- pasó la mayor partte del tiempo liobre de su vida y donde en su senectud decide el dia de su 90 cumpleaños, costearse el dudoso placer de acostarse con una jovencita virgen (historia que parece demasiado similar a la del viejo dictador de "El otoño del patriarca" otra de ls novelas de un envejecido García Márquez.).

El repaso a la vida y la historia colombiana a través de los ojos del personaje, entre el amor pagado y las trifulcas políticas del país no logra conmover al espectador, a pesar de una fotografía excelente y la música previsible de Chopin, con detalles tan escabrosos - y muy de GGM - de la criada que el periodista ha sodomizado durante 20 años sin su consentimiento aunque respetando la virginidad de la mujer.

En 1987 Francesco Rosi trató de llevar "Crónica de una muerte anunciada" a la pantalla, sin lograr más que una película ciruclar, reiterativa y previsible a la que faltaba todo el encanto de la novela. En 1999 Arturo Ripenstein firma "El coronel no tiene quien le escriba" con desigual resultado. Tampoco "El amor en tiempos del cólera" del ingles Mike Newell, con Javier Bardem, pasa de medianía (2006). No tiene suerte GGM en sus tratos con el cine. Como tampoco lo tuvo otro grande, Malcom Lowry, cuyo "Bajo el volcán" lo llevó al cine el gran Houston e hizo una obra meritoria pero no comparable a la novela. Quizá es cierto que hay autores, grandes novelistas, cuya forma de narrar no encuentran acomodo en la traslación a ese otro arte, tan especial, que es el cine.

 

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28 diciembre 2012 5 28 /12 /diciembre /2012 10:07

el-sentido-de-un-final-9788433978523.jpg

 

Nuevamente Julián Barnes. Esta vez no comentamos un libro de ensayo, sino una novela que tiene mucho que ver con el tema básico de su ensayo, "Nada que temer", el paso de la vida, la cercanía de la muerte, la necesidad de una cierta ética, el efecto disgregador del tiempo y la función ambigua y fuertemente inexacta de la memoria. Es decir, las imperfecciones con las que funciona nuesra memoria sobre todo cuando la aplicamos a los episodios que vivimos en el pasado sobre amistad, amor o comportamientos y ética personal. El paso del tiempo varía los contenidos y muchas veces las conclusiones. De esto trata la nueva novela de Barnes.

Empecemos diciendo que no está a la altura de otras obras de este autor. Quizá la melancolía del tema y la conocida obsesión de Barnes por el paso del tiempo y la cercanía del fin ha contagiado las páginas de esta, por otra parte, entretenida narración, donde apunta, menos que otras veces es cierto, la juguetona y ácida ironía del autor, su humor en diálogos y descripciones y la fuerza de sus personajes. Como en el caso de Auster, parece que el éxito y la molicie que supone desde el punto de vista intelectual saber que, sea como fuere, lo próximo que publicas tendrá un público fiel que acudirá en masa a las librerías, hace que se resienta la calidad y la ambición renovadora que todo creador literario debe  mantener (premonición expresada cuando el librero Serret me pasó el volumen y confirmada tras la lectura).

Ya desde la primera página, un magnífico conjunto de propuestas aparentemente surrealistas que luego quedarán explicitadas en la lectura del libro, se nos advierte cuál será el meollo del libro, su espíritu: "...lo que acabas recordando no es siempre lo mismo que lo que has presenciado" y en la página 12, "...ya no tengo la seguridad de que algunos sucesos fueran reales, al menos recuerdo con claridad las impresiones que dejaron" (lo cual no deja de ser sorprendente).

Asistimos, a través de la voz del narrador perteneciente a un joven, Tony Webster, a la presentación de su pandilla en el instituto y a la aparición de un nuevo miembro, Adrian, cjya inteligencia y personalidad  les motivará a través de la vida, aunque sobre todo es la decisión y acto de suicidarse la que creará el motivo causal del desarrollo de la trama. En la que, como es preceptivo, conoceremos la relación amorosa, breve y conflictiva, que años más tarde constituirá el nudo argumental de la relación entre Tony y su admirado Adrian.

Impulsada por dos motores argumentales, el pasado juvenil y primeros amores de Tony y su madurez, donde la presencia y testimonios de los amigos, modificará y aclarará muchos de los hechos narrados como auténticos de la primera parte, la novela camina algo cansinamente  hacia ese "sentido de un final" (título insulso y trasparente, que llama la atención en un autor que titula muy bien sus libros) que no sorprende demasiado y que en sus detalles se hará muy previsible.

Obra menor pues en el conjunto literario de Barnes, lo cual no disminuye la calidad intrínseca de ese opus, pero alerta al lector informado en el sentido de que uno no debe fiarse demasiado de los ditirambos de la prensa y las editoriales, incluso  de los premios --esta novela obtuvo del Man Booker Price-- a la hora de leer un libro.

De alguna manera, si ustedes me permiten, la brillante frase que el personaje de Adrian cita en la novela respecto a la historia, "es esa certidumbre que se produce en el punto en que las imperfecciones de la memoria se cruzan con  las deficiencias de la documentación" (pag.28), podría aplicarse a "El sentido de un final", que quedaría como "el resultado literario que se produce en el punto en el que la imperfección del trabajo de un escritor dotado se cruza con las deficiencias en el desarrollo de un buen argumento".

Pero para satisfacción del lector, apuntemos también que la novela nos brinda momentos y comentarios en los que la afilada inteligencia de Barnes brilla con todo su esplendor. Y así, en una reflexión del protagonista sobre el tiempo, escribe: "...el tiempo primero nos encalla y después nos confunde. Creíamos ser maduros cuando lo único que hacíamos es estar a salvo. Pensábamos que éramos responsables cuando solo éramos cobardes. Lo que llamábamos realismo resultó  ser una manera de evitar las cosas en lugar de afrontarlas. El tiempo... que nos den tiempo suficiente y nuestras decisiones más sólidas parecerán temblorosas, nuestras certezas, fantasiosas" (pág.120). Como ven lúcida y admirablemente bien expresado. A veces, Barnes logra recordarnos la excelencia de otra pluma magistral, la del mismísimo Will Shakespeare. ¿O no?   

 

 

 

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