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4 diciembre 2012 2 04 /12 /diciembre /2012 10:03

Ya he escrito sobre el delicioso pueblito de las faldas del Port, Pauls, y su amplia oferta de recorridos senderistas, lugares de belleza natural y punto de salida preferente para visitar los Monsagres, "por el otro lado", cadena montañosa que constituye un dramático y fascinante telón de fondo del caserío, cuyas casas se recortan sobre la enorme pared verde-gris discontinua, un sky line tortuoso y agreste, donde se distingue la Punta de la Espina, el coll de la Gilaberta, el macizo montsagrino y la abrupta roca calcárea de la Punta del Agua. Esta semana voy a proponer un recorrido circular, subida y bajada con una conexión en las cimas y altozanos del Montsagre de dos senderos no muy conocidos, de exigencias físicas modestas y unas vistas espectaculares sobre el valle de Pauls, la cadena montañesa del otro lado del valle y los propios rincones del fabuloso y variado Montsagre.

 Extraordinario sendero, variadísimo, de fuertes pendientes y de una belleza en rincones que te dejan en suspenso, perfiles montañosos, roquedales, bosques, balsas, fuentes, lugares umbríos o llenos de un sol radiante, rocas peladas donde las cabras aparecen y desaparecen como relámpagos de color oro lanzándose por pendientes endiabladas. La subida desde el pueblo recoleto de Pauls hacia el Montsagre, la fuente de Pauls, el Montsagre de Horta, la encrespada Punta de L'Aigua, el Tossal d'en Grilló, la gran balsa de la Refoia a los pies de la Mola Roja, son algunos de los rincones que podremos disfrutar en las 4 o 5 horas que dura el circular.

El sendero comienza en la parte más alta del pueblo, detrás del cementerio. Hay una antigua señalización en metal forjado y en una dirección, las señales de pintura del GR-171 y señales rojas en el otro sendero, que seguiremos a la vuelta. Los dos senderos se cruzan a unos quince minutos del inicio de la pista. El de la izquierda va al collado de la Gilaberta y el otro --el GR-- al Montsagre de Pauls, pasando por las Coves Rojas. Es indistinto que lo hagamos en un sentido o en otro. En los dos hay subidas duras y paisajes de ensueño. En esta ocasión seguimos la pista a la izquierda que durante un rato coincide con el antiguo camino real de Pauls a Horta, parajes por donde se establecieron los caballeros del Temple o los de San Juan en la lejana historia del lugar.

Una vez hemos dejado la pista, el sendero da un giro hacia la derecha y comienza a internarse en un bosque de pinos. Nos cruzamos con varios ejemplares de una planta autóctona de los Puertos, el palmito o margalló. El sendero desemboca en otra pista rodeada de bancales con olivos. Vamos cruzando tramos de pista de los sembrados y masias de la zona pero el camino sigue ascendiendo por la izquierda. Las señales impiden que nos perdamos en el dédalo de pistas y caminos por los que seguimos ascendiendo dejando el pueblo escondido tras las colinas y el valle de Pauls.Seguimos la subida por tramos de bosque, algunas tarteras de terrenos  calizos descompuestos y varias baumas o resguardos utilizados para los animales, con muretes de piedras secas.

El ascenso es en algunos tramos bastante penoso pero la belleza del entorno y las vistas sobre el valle, lo justifican. Hay un silencio majestuoso y la soledad campa en el entorno sosegado. Cruzamos antiguos bancales de siembra, ahora abandonados, invadidos por matorrales y árboles. El camino va haciendo lazadas en un bosque de encinas y pino negral. Dejamos atras el Barranco de las Fonts y el de los Morellars (donde el camino cruza entre grandes bloques de piedra blanquecina). Pasamos junto a la Cueva Siria (que se encuentra encima del camino y conviene visitar). Mas arriba, en un valle enquistado entre colinas agrestes, encontramos  la fuente de Horta, con el gran tronco vaciado que sirve de abrevadero y algunos asientos realizados con troncos.

En este punto ya comenzamos a ver las estribaciones de la Punta del Aigua y hacemos el recorrido por debajo el  espolón, atravesamos un bosque por un sendero empinadísmo (barranco de la Escudelleta) y llegamos al collado de la Gilaberta, donde otro poste indicador redirige hacia Pauls, una flecha a la derecha hacia el collado de Atans y el Montsagre de Horta y otro que indica la bajada hacia el Mas de les Creuetes y el Pujador de la Mala Dona.

Seguimos pues la dirección del collado de Atans, una subida fuerte, tiramos hacia la derecha cresteando en ocasiones y luego bajando al valle interno del Montsagre de Pauls, bajo la  Mola Grossa y el Tossal d'Engrilló, hacia el Pla de la Refoia (donde no llegaremos) sino que desviándonos a la derecha bajaremos hacia un valle alfombrado por cañas y matorrales de agua (allí nos encontramos con el gran tronco vaciado donde se embalsa la fuente del Montsagre de Pauls), justo debajo del embalse o laguna de la Refoia. En ese punto, podemos acercarnos a la gran balsa, un paraje de insólita belleza o bajar por un sendero poco visible, entre los matotrales, hacia el bosque (a nuestro derecha, al fondo,) acompañados por el riachuelo que mana de la fuente y que se pierde en el barranco de bajada.
Desde aquí seguimos una bajada permanente, entre boques de piedras y árboles de troncos tortuosos. Dejamos a la derecha una enorme bauma junto a un bosquecillo tupido, es un lugar umbrío donde crece una gran higuera, con una pared vertical humedecida por el torrente que suele bajar en epoca de lluvias, formando una catarata no muy abundante pero sí bellísima Luego el camino sigue junto a la roca, ascendiendo nuevamente para lanzarse cuesta abajo por el barranco de los Albadars. Poco antes de llegar al punto de encuentro con el sendero de subida, cruzamos una corriente de agua muy cantarina, el riachuelo Morella, creo que se llama, junto a unas fuentes, hasta conectar con la pista que nos llevará de nuevo a Pauls.

Esperen a la primavera para hacer este recorrido. En verano, es tórrido a pesar de discurrir bajo árboles en su mayor parte; en otoño suelen azotar unos vientos muy fríos y persistentes. Pero a comienzos de la primavera, a pesar del viento y el frio, los lugares que cruzamos son de una belleza majestuosa.

 

NO SE PIERDA

Una tranquila visita a la señorial villa de Pauls, con su castillo coronando la colina donde se asienta el pueblo. Hay un recorrido, muy recomendable, que puede complementar la excursión. Recorre un camino señalizado entre campos de cultivo y bosques. Si tienen tiempo, aconsejo estar un par de dias en la zona, se dedica un dia a  la subida a los Montsagres y una mañana a este recorrido de las fuentes de Pauls. Se sale por una pista alquitranada cercana al cementerio. Nos lleva al área de la Fonteta (una fuente que debido a la sequía ya hace años que no mana). El siguiente punto es la zona recreativa de Sant Roc, uno de los lugares mas representativos de la zona, con su enorme fuente de 17 caños de los que sale bastante caudal de agua, los arboles que la rodean, los merenderos de piedra, la ermita, decenas de aves, excursionistas que confluyen en este nudo de caminos, pinos, carrascas, tejos, robles...un lugar fascinante. También merece una visita El Ullals, otro punto de agua cercano que hace de esta lugar uno de los más feraces de los Puertos. Y, por supuesto la fuente del mas de l'Agustí, con su tinglado de ramales de pino ahuecado para que pase el agua. Quizá en otra ocasión le dediquemos más espacio a este pequeño paraíso a los pies del Montsagre.

 

DOCUMENTACIÓN

 

En la bien surtida librería de Serret en Vallderrobres encontraréis todos estos titulos, indispensables para conocer bien la zona. "Baix Ebre, 17 excursions a peu" de Vicent Pellicer, en editorial Azimut. Los "Itinerarios por los puertos de Beceite" de Jordi Bustos, uno de los clásicos junto a "Lo Port. 52 rutes de senderisme" de Joan J. Tirón en edit. Piolet. Y para rematar el "A peu pel massis del Port" del citado V. Pellicer, también en Azimut. En mapas, con el MTN50, de Horta de San Juan en 1:50.000 o el 496-II en 1:25.000, tendréis orientación suficiente.

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2 diciembre 2012 7 02 /12 /diciembre /2012 08:49

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  Hacía tiempo que no gozaba tanto con una película de dibujos animados. "ParaNorman" o "El alucinante mundo de Norman" como se titula en España es una cinta que no desmerece en inteligencia e ingenio a "Up" o en habilidad técnica y narrativa a "Walle.e". Muy por encima de las sagas de los Ice Age o Madagascar, y bastante cerca de los "Toy Story", en su irónico afán satírico. Partiendo de una anécdota inicial clásica en el cine de terror, la persona que puede ver a las personas fallecidas, aquí se nos ofrece una variación de "El sexto sentido" de M.Nigh Shymalan, pues coincide en poner a un niño en esa terrible tesitura pero carga la trama con un humor corrosivo, una critica llena de gracia de la sociedad --que repite defectos y barbaridades de siglo en siglo-- y una serie abundante de guiños a cinéfilos desde la ironía y la provocación un poco gamberra y siempre bien intencionada.

Se nos hace una propuesta original: un pequeño pueblo norteamericano explota turisticamente una horrible leyenda del siglo XVIII, un bárbaro auto de fe religioso del puritanismo más hipócrita (tipo "Las brujas de Salem") y la salvajada fanática religiosa: una niña es condenada a la hoguera con absurdas acusaciones de brujería. La niña lanza una maldición al pueblo que comienza a hacer efecto el año en que se desarrolla la película. ¿Por qué precisamente entonces? Porque siempre ha habido alguien encargado de neutralizar la maldición durante los siglos y años anteriores. Todas esas personas tenían un curioso don: veían a las personas muertas como si fueran reales. Tras la muerte por infarto del ultimno encargado, tío del niño protagonista, un descacharrante personaje, Norman debe hacerse cargo de la misión: los muertos --zombies-- comienzan a despertar de su letargo de siglos e invaden el pueblo. Pero nada de esto responde a lo habitual: los zombies no quieren devorar a nadie, tratan de ayudar al niño a neutralizar a la bruja pues ellos son precisamente los ciudadanos que juzgaron y condenaron a la niña bruja y sólo descansarán cuando la niña sea calmada de su profunda ira.

A partir de ahí, el juego crítico y los guiños cinéfilos se suceden. Vemos a un pueblo alzado en desternillantes armas para cargarse a los zombies, al grupo imposible y descerebrado de acompañantes del héroe y las actividades de todos los personajes en secuencias de lo más divertido y sin complejos (incluidas las notas a la absoluta subnormalidad de unos "adultos" encerrados en tópicos estúpidos y actitudes automatizadas e irrazonables, donde el único normal es un niño que ve y trata con amabilidad a los fantasmas y que tiene conciencia de su "rareza" y admite el pago en ostracismo, burlas y ataques que debe satisfacer por tener un don que jamás había buscado. Además, y por el mismo precio, los aficionados al cine de salsa de tomate y gritos desaforados podrán disfrutar con las parodias a escenas de Halloween, Viernes 13 y La Noche de los muertos vivientes, entre otras ensaladas del susto y la hemoglobina.

Hay mucho respeto a la infancia en esta película y mucho atrevimiento social (como sacar a un joven que confiesa su homosexualidad sin aspavientos) o el rechazo al "bullygin" como forma de relación en los colegios o en la calle. Los realizadores  (estudios Laika) han logrado un buen producto de "stop motion" que logra escenarios magníficos y personajes llenos de gracia, evitando la frivolidad o el mal gusto. Estamos ante una adulta y seria fábula contra la intolerancia, la brutalidad que nace del miedo y el perdón. Acompañamos a Norman en su iniciático viaje de descubrimiento de un pasado vergonzante que mantiene todo su horror en el inconsciente colectivo del pueblo. La historia amenaza con volver a repetirse, pero... No les cuento más. Vayan a verla. Una vez más la animación sirve para mandarnos un mensaje positivo e inteligente en un paquete de risas y humor, presuntamente destinado a los niños.

Chris Butler y Sam Fell dirigen esa pequeña maravilla de la stop-motion y el 3D. Candor, ingenio y humor. Una mezcla perfecta.

     





 

 

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30 noviembre 2012 5 30 /11 /noviembre /2012 17:32

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Unas niñas leen ante las cámaras de televisión unas informaciones sobre el desplome del mercado financiero por la situación de la deuda de Abu Dabi. Su padre las ve en el televisor de la prisión donde se encuentra entre otros muchos delincuentes financieros. En "La hoz y el martillo" uno de los relatos del libro "El ángel Esmeralda" del escritor neoyorquino Don DeLillo, se nos muestra la perplejidad que causa la desinformación que invade nuestro mundo actual, el agobio de la percepción sometida a unos cambios incesantes, casi siempre brutales, que constituye una de las lacras en las que vivimos los ciudadanos de las llamadas sociedades desarrolladas. Los datos de la inseguridad económica que la niñas recitan sin saber su significado dan una espectral imagen del desconcierto de nuestra época sometida a fuerzas cuyo control se nos ha escapado. Hay algo siniestro en la imagen de que sean niñas pequeñas, como si jugaran, las que reflejan el estado de inconsciente irresponsabilidad que se ha apoderado de los que influyen en la situación financiera de nuestro mundo.

DeLillo es uno de los escritores más respetados --y no muy conocidos popularmente-- de la literatura norteamericana actual. No hay concesiones en este intelectual cuya prosa tiene la contundencia y el encanto de un híbrido entre las fulgurantes imágenes de un Faulkner, la firmeza de un Hemingway y la elegancia expresiva de un F.S.Fitzgerald.

Nueve cuentos forman el libro editado por Seix y Barral (facilitado a este crítico por el providencial Serret de Valderrobres)  en los que este multipremiado novelista --desde que en 1985 se llevó el prestigioso National Book Award por "Ruido de fondo"--, nos ofrece una selección (realizada por él mismo) de sus mejores cuentos escritos entre 1979 y 2011.

Después del 11-S, DeLillo escirbió "El hombre del salto" que era una metáfora paralela a "Ruido de fondo" de 1985. Si en ésta se nos cuenta la odisea de una familia que huye de una nube tóxica entre la desinformación y el caos, en la primera se nos habla de un equilibrista que poco después de la tragedia de las Torres Gemelas se pasea por un cable tendido entre altos edificios, siempre cabeza abajo, rememorando la icónica fotografía o filmación de los sujetos que se lanzaron de las ventanas del World Trade Center en llamas. En ambos casos se repite un mensaje habitual en las novelas de este escritor inquieto: la crítica al efecto demoledor que la sobreinformación y la sobrecarga tecnológica está produciendo entre las personas. Cómo se deforma el mensaje de la vida, sus valores y su equilibrio debido a la manipulación bastarda que el estilo de vida de las sociedades avanzadas difunde como un producto inevitable. Eso explica el absurdo de que los personajes de De Lillo traten siempre de reducir el conflicto social y económico del momento a unos parámetros inmediatos, visibles, que nos permitan creer que sabemos quiénes son los causantes del desastre que vivimos y  de esta forma calmar nuestro superticioso temor.

Los relatos de "El ángel Esmeralda" van reincidiendo en esa visión desencantada y mítica de la condición humana. Hay una metáfora global que encuadra a los personajes de De Lillo y la cuidadosa y detallista descripción del vacuo desconcierto de sus vidas. En el relato que da nombre al presente libro, dos monjas que trabajan en el Bronx neoyorquino son forzados testigos de la salvaje muerte de una niña y de un fenómeno que hace creer a los fatigados y enojados vecinos de la zona que se ha producido un milagro y que la niña muerta aparece como símbolo de cualquier cosa maravillosa. El sobrio relato va despojando al lector de expectativas: no hay nada que esperar de una sociedad capaz de crear individuos como los que bullen en ese barrio marginal del país más próspero y poderoso del mundo.

Otro relato "Momentos humanos en la III Guerra mundial" nos cuenta la experiencia de dos pilotos espaciales, que circunvalan el planeta en una nave con la misión de disparar contra objetivos señalados por la base, como si fueran parte de una gigantesco juego del que no saben sus consecuencias. Relativizada la tragedia bélica por la distancia espacial desde donde intervienen. En este contexto, los astronautas escuchan  por la radio emisiones radiadas hace más de 50 años que siguen flotando en el éter. Uno de los personajes reflexiona: "Olvida la medida de nuestra visión, el barrido de las cosas, la propia guerra, la terrible muerte. Olvida el arco de la noche que nos cubre, las estrellas como puntos estáticos, como campos matemáticos. Olvida la soledad cósmica, el flujo hacia arriba del pasmo y el miedo reverencial".

En "La acróbata de marfil", una norteamericana nos cuenta sus desazonantes experiencias durante un terremoto que sacude Atenas. La mujer vuelve a ser una metáfora de esa actitud humana que refleja De Lillo en muchos de sus personajes, una espera paciente y educada de unos acontecimientos que te superan aunque trates civilizadamente de darles una explicación y un significado. En "Creación" nos habla de una pareja de turistas que ha quedado detenido en un pequeño aeropuerto de una isla de las Barbados, el miedo y la trivialidad de la desesperanza y la vulnerabilidad en el seno de una sociedad opulenta que cree tenerlo todo controlado. En "El corredor", es el secuestro de un niño el elemento que distorsiona la apacibilidad del ejercicio de un joven que corre deportivamente por la ciudad. La búsqueda de un sentido a un hecho violento que conmueve, un sentido que lo "normalice" y lo haga aceptable, es la lucha del propio De Lillo por mostrarnos la vulnerabilidad de nuestra época, tan creída de sí misma.

Como dice uno de sus personajes "Hay cierto consuelo en creer lo peor, con tal de que sea el convencimiento imperante". De Lillo busca en la confluencia social de la alarma o el temor, o el simple terror a lo que ocurre y a lo que puede ocurrir, una suerte de catarsis que tranquiliza al ciudadano, no en cuanto no vaya a ocurrir la desgracia que se anuncia sino en que no va a estar solo ante ella, va a compartirla con los demás y en ese anonimato del número encuentra una especie de triste consuelo.

Para dar un valor suplementario a esta prosa, De Lillo nos sorprende muy a menudo con fulgurantes frases en las que brilla una extraña poesía. Y así, por ejemplo, describe a un personaje como "un hombre formalmente ausente de su menor gesto o palabra" (pag. 165) o en "Baader Meinhof" escribe que una mujer que mira una serie de fotografías en una sala de exposiciones sobre la mítica banda terrorista alemana, siente " una intimación detrás de ella, un leve desplazamiento de aire y así supo que habia alguien más en la habitación". (pág.119)

Relatos para leer al menos dos veces. Como en el cuento de Cortázar "Las babas del diablo" siempre hay algo que se nos escapa en una primera visión. Un detalle primordial. De Lillo suele generar muchos de esos detalles. Su lectura es una gozada.

 

FICHA: EL ÁNGEL ESMERALDA.- Don DeLillo.-Ed. Seix Barral. Biblioteca Formentor. Traducción de Ramón Buenaventura.235 págs.19 euros

 
   
   

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29 noviembre 2012 4 29 /11 /noviembre /2012 10:05
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La cuestión de la enseñanza y de sus problemas forma parte de la mítica del cine, aunque el paso del tiempo y los cambios de costumbres y valores (no precisamente para bien) han convertido en irreconocibles entre sí las películas que en un tiempo reflejaban esas relaciones entre alumnos y profesores y las que ahora lo tratan de hacer: hay un mundo entero de diferencias entre, por ejemplo, "Adios, Mr. Chips" (Sam Woods 1939 y una segunda versión de Herbert Ross en 1969) en la Inglaterra de los años 20 del siglo pasado y la película que hoy nos ocupa, "El Profesor". Incluso entre la ya más conflictiva "Rebelión en las aulas" (James Clavell, 1967) y esta cinta dirigida por Tony Kaye e interpretada por Adrien Brody. ¿Qué es lo que más ha cambiado? Lo más llamativo no es la violencia o la desorientación, eso parece que vaya con la edad y los tiempos. Para este comentarista es la impunidad de los alumnos en su desbocado comportamiento y el apoyo incondicional que reciben de sus padres, formando frente común contra los profesores.
En realidad la temática amoral es algo que ya el director Tony Kaye había desarrollado en su durísima "American History X", aunque aquí ha aplicado esa violencia extrema, ese aire de invulnerabilidad y enquistamiento en la brutalidad y la ira, a la enseñanza. Para personificar al docente capaz de lidiar con esa temática y salir mas o menos indemne, Kaye ha tenido el acierto de confiar el ambiguo y atormentado papel a un actor superior, Adrien Brody, que pasea su rostro triste y solo aparentemente débil por una historia de adolescentes llenos de ira y frustraciones.
Brody muestra su fuerza apoyándose en su interior, practicamente destrozado, al que sólo se opone con la determinación de hacer su trabajo, en un combate de resistencias en las que se ha especializado como manera de equilibrar su vida sin acicates o ilusiones. Es una persona dañada que saca fuerzas de un medio ambiente sin moral y depravado, y que guarda en su interior un volcán de rabia y frustración siempre a punto de estallar. Su propia vida, la madre suicida, el abuelo lleno de culpas al que cuida sin atreverse a reconocer sus propias sospechas, crean un estado de aflicción y violencia interior que sólo se equilibra oponiendo la violencia y la rabia que encuentra en su aula.
Nada que ver, por supuesto con el edulcorado drama de "El club de los poetas muertos" (Peter Weir, 1989) o, incluso con el  "Profesor Lazhar"  (Philippe Falardeau, 2011) que comentamos no hace mucho, aunque con ésta última tiene un punto de contacto: el profesor llega a conectar con sus alumnos, logra interesarles en la materia que imparte, literatura, y consigue establecer lazos por primera vez con otros profesores, con algunos alumnos y con una adolescente prostituta a la que recoge en la calle. Hay un tono de redención en el final de "El profesor" que me ha sorprendido y, ¿por qué no? me ha reconciliado con la rudeza ética y el rechazo social del director.
Quizá la película de Kaye tiene más contactos con "La clase" (Laurent Cantet, 2008) y su ambiente de un barrio marginal de Paris con su racismo desatado, y el personaje de Brody parece alimentarse del de Glenn Ford en "Semillas de maldad" (Richard Brooks, 1955).
Y, por supuesto, acudiendo al cine nacional, nada que ver tampoco con "La lengua de las mariposas" (Jose Luis Cuerda, 1999) en la que el maestro interpretado por Fernando Fernán Gómez, se encuentra en las antípodas del de Adrian Brody, asi como los barrios bajos de los Estados Unidos de hoy son de otro planeta comparados con  la Galicia rural en el entorno de la guerra civil española.
En fin, película apreciable y ocasión de reflexionar sobre el caos de la enseñanza, en la que la falta de valores éticos golpea de forma acusadamente grave: estamos forjando generaciones muy dañadas y sin apenas referentes morales válidos.
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28 noviembre 2012 3 28 /11 /noviembre /2012 07:22

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 Por favor señores distribuidores hagan una reposición con todos los honores de "Black Death", película de Christopher Smith (que dirigió otra buena película, "Triangle") que no ha pasado por los cines desde que hace dos años se filmó y recibió solo tibios parabienes en el festival de Sitges (por lo general con buen olfato para buenas películas faltas de promoción y protección de la industria). Solo les diré que este filme está a la altura de clásicos como "Los señores del acero" de Paul Verhoeven o como la excesiva pero fascinante "Aguirre, la cólera de Dios" de Herzog y enmienda la plana en seriedad y realismo histórico a la mayoría de las películas que Hollywood o Europa lanzan sobre la oscura Edad media.

No se asusten, no se trata de "El manantial de la doncella" o "El séptimo sello", aunque les debe mucho a ambas joyas de Bergman. Es una película de aventuras, de capa y espada, pero tiene tal rigor, tanta inteligencia, tanta habilidad técnica e interpretativa que ha sido una gozada verla para este crítico estragado por la excesiva y superpromocionada cantidad de bodrios que suelen proyectarse a bombo y platillo.

La cinta nos lleva a la Inglaterra medieval más cerca de "Campanadas a medianoche" de Welles que a las postales de colorines  que se nos sirven habitualmente. La peste, la miseria, el dolor y la humillación de los pobres, el poder de la iglesia y el fanatismo, la ignorancia, la barbarie y la muerte, encuadran la trama. Un grupo de guerreros comandados por un magnífico Sean Bean, pagados por las autoridades eclesiásticas, viajan por el país para asaltar una comunidad aislada de la peste que creen sostenida por una bruja "que resucita a los muertos". En realidad se trata de una aldea en la que sus dirigentes aplican una sabiduría natural elemental hoy día pero "brujeril" en aquella época de ignorancia y fanatismo: la limpieza personal y de las viviendas, una dieta sana, beber agua hervida y mantener la aldea rodeada por rios aislada del entorno, evitando que las ratas entren en la zona. Los soldados no entenderán la situación y llevarán la muerte y el contagio de la peste a la aldea.

Realizada con una técnica impecable y una fotografía heredera de aquellos magos del cine en blanco y negro que hemos citado (de hecho todo es tan oscuro y tenebroso que  ahora me pregunto si la película es en color: lo es, pero en mi memoria de cinéfilo la veo en blanco y negro), le película roza la excelencia, con un ritmo tenso "in crescendo", una dirección artística minimalista pero de una fuerza conmovedora y un montaje ágil y sin momentos muertos, hacen de este filme de acción una propuesta que supera las limitaciones del género para ofrecer motivos de reflexión y varios niveles de lectura.

Sean Bean es un guerrero complejo y atormentado y Carice van Houten (la rubia superviviente de "El libro negro") una "bruja" fascinante que logra desconcertar la monje protagonista (Eddie Redmayne) pero también le inocula la duda ante el fanatismo y la barbarie. Gran película que actualiza el dilema de por qué el cine inteligente no puede ser popular, salvo que la industria del cine considere que puede ser rentable. Y los criterios de ésta no acostumbran a ser aceptables, cuando no hay héroes impecables, efectos especiales o monstruos malvados. Por tanto corran al Dvd-club más cercano y encárguenla. De visión obligada (debería proyectarse en las clases de historia medieval de laas Facultades universitarias y también en las escuelas).


      
      
     
   
  
   

         

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26 noviembre 2012 1 26 /11 /noviembre /2012 11:48
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La osadía del mercado cinematográfico norteamericano es proverbial. Se atreven con todo, aunque sea creando unas insospechadas nuevas vidas para alguien real, que fue y es muy respetable y admirado. Esta vez se han atrevido con Abraham Lincoln, el gran presidente del país, defensor de la libertad humana y responsable del fin de la esclavitud en sus tierras.
El falso "biopic" es de una simplicidad y un mal gusto que nos resulta familiar tras saber que el director de esta película, en la que se le supone a Lincoln una juventud dedicada a la caza de vampiros, es Timur Bekmembetov, el osado artífice de "Guardianes del día", "Guardianes de la noche" y "Wanted". En esta ocasión se basa en una novela bastante infumable de Seth Graham-Smith y obtiene el apoyo financiero de, nada menos, Tim Burton (no se que habrá visto ese gran director en este burdo buscador de emociones fuertes para una platea no muy exigente).
Para ello monta un espectáculo bastante vulgar, con personajes lineales, una trama poco convincente, un ritmo visual desangelado y una especie de grandielocuencia de concepto que no se corresponde con el producto que realiza. No se sabe muy bien qué trata de comjnicar este Lincoln absurdo con su fanfarria política, en lugar de limitarse a ilustrar un comic más al estilo de Marvel, que tan buenos resultados da, o incluso una opción al sentido del humor y la ironía que hubiera sido más inteligente (y agradable para el espectador).
Me srorrende que no hayan emplumado a este director tras el estreno de su pelicula en Estados Unidos y más por el personaje que maltrata y por las banalidades con las que trufa cuestiones tan delicadas en ese país como la guerra de Secesión y el esclavismo.
Película que debió quedarse en una oferta palomitera sin más y cuyas pretensiones no sólo son ridículas...son inadmisibles. Olvídense de ella, excepto los fans del Conde chupador y su ralea de monstruos. Si no les importa, pasemos un delicado velo sobre los nombres de actores y técnicos que deberían guardarse de poner este filme en sus filmografías.
 
 
 
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24 noviembre 2012 6 24 /11 /noviembre /2012 00:00

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He aquí una película inclasificable que debería verse, en un programa doble como los de antes, con "Cosmópolis", la última de David Cronembreg. Aparentemente utiliza el mismo vehículo argumental, el protagonista viaja durante toda la película en una "limusina" de lujo, de esas inacabables, con cristales entintados e interiores que despiertan todo tipo de fantasías en el peatón que las ve. En "Cosmópolis" se trata de un joven millonario, algo desequilibrado, solitario y lleno de carencias afectivas, que recorre una ciudad norteamericana en estado de sitio social, engre algaradas de gentes en paro, manifestaciones políticas y sindicales, violencia más o menos gratuita y tórrido sexo de circunstancias.

En "Holy motors", el pasajero de la lujosa limusina es un actor --que inicia su presentación como si fuera un millonario -- que se limita a cumplir sus citas de trabajo, por las calles de Paris. El director de esta cinta fascinante, provocadora, surrealista y a menudo brutal es Leos Carax, con muy pocas películas en su haber y en ellas éxitos fulgurantes (aunque quizá minoritarios) y algun que otro descalabro. De hecho hacía trece años que no digiría. Recordemos otras obras suyas, "Mala sangre", Boy meets girl" (1984) y "Los amantes del Pont Neuf" (1991)  hasta caer en el silencio después de "Pola X", un intento fallido que no gustó a nadie y no llegó a estrenarse en España.

"Holy motors" sorprende, angustia y fascina. Pero, insisto, hay que ser un cinéfilo más o menos declarado para tener la paciencia de verla hasta la última secuencia, en la que se desvela  el ¿sentido? de un guión que continuamente nos está retando, que parece obedecer a un caos cinematográfico de una belleza y una osadía extremas, pero que conserva una fuerza y una coherencia interior que uno sólo degusta cuando acaba la cinta. Nutrirá las visiones obligadas en las Escuelas de Cine.

Por tanto si les gusta el cine con mayúsculas, siéntense cómodamente en su butaca y vean como Oscar, el protagonista (un insuperable Denis Lavant) un presumible hombre de negocios, fondón, rico y ligeramente cojo, entra en una limusina conducida por su choferesa  Céline y comienza a acudir a sus citas de trabajo. Para ello con el material de maquillaje y vestuario que lleva en la limusina va cambiando de personalidad para afrontar cada una de las performances a las que está obligado por contrato: Asesino, indigente, monstruo de cloacas y cementerios, padre de una adolescente, actor de movimiento filmado para imagenes porno de ciencia ficción, matón a sueldo, amante abandonado y marido en una inaudita familia. Naturalmente en todas esas  "performances" no hay ni rastro de la cojera y la mala forma fisica inicial. Cine al ciento por ciento. Mas cerca de Bergman, Malle, Ophuls, Welles y otros maestros, de lo que parece. En todas las secuencias, un actor en plenas facultades y un discurso que se enquista en la necesidad de un mundo aburrido y funcionarial de crear emociones trepidantes, horribles, amenazadoras, brutales, aunque sean falsas, aunque terminan siendo manchadas por el fango y los detritus.

Y en definitiva, todo se convierte en un melancólico mensaje contra la banalidad de una sociedad y una cultura que está perdiendo el buen gusto y los sentimientos. Un lúcido homenaje al cine, con guiño incluido: Céline, la alegante choferesa de la limousine, es la actriz Edith Scob que filmó hace más de treinta años con Georges Franju el clásico "Ojos sin rostro" y protagoniza la ultima escena de "Holy motors" dejando la limousina en el garaje, junto a otros grandes coches, y marchándose con una máscara que también llevó en "Ojos sin rostro"."Holy Motors" se llevó el premio máximo del Festival de Sitges a la mejor pelicula y otros al mejor director y mejor actor. En los Oscar ni se han enterado. Normal.

 

 

 

 

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23 noviembre 2012 5 23 /11 /noviembre /2012 08:50

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Harold Fry es un hombre tímido, educado, de esos que "dan las gracias a la voz pregrabada que te da la hora por teléfono" y tiene un pasado triste del que es parcialmente responsable y que en su presente se refleja en forma de una relación fría y llena de reproches con su esposa Maureen  y una incapacidad para gestionar sus propios sentimientos. Está jubilado y su vida cotidiana está llena de silencios y de amargura. Un fragmento de ese pasado que prefiere olvidar, una vieja amiga --Queenie Hennessy--, le llega en forma de una carta en la que se le comunica que la mujer tiene un cáncer terminal y está a punto de morir. Solo quiere hacerle saber que le recuerda con cariño, pues "fue muy amable conmigo cuando trabajamos juntos". Harold escribe una carta de respuesta de la que se siente fuertemente insatisfecho y sale de casa, "vuelvo enseguida, Maureen, voy al buzón". La mujer está pasando el aspirador y ni le contesta.  Harold comienza a andar y, de pronto, sin pensarlo en absoluto, decide seguir andando y al fin, llevarle la carta en persona a su amiga moribunda que está en un hospital en la otra punta de Inglaterra. Le debe mucho a esa amiga y se siente culpable y arrepentido de lo que ocurrió veinte años antes. No lleva ropa adecuada, calza unos mocasines, no lleva dinero, ni mapa, ni brújula. Solo determinación y hasta el motivo aparente, alguien le dice que otra persona hizo lo mismo que él y logró que el cáncer de la persona amada remitiera, es desestimado, "los cánceres terminales no se curan nunca".

 Así empieza la primera novela de Rachel Joyce. Hasta la página 303 no sabremos qué es lo que ocurrió en la fábrica donde ambos trabajaban para que fuera despedida con malos modos. Pero han de trascurrir 87 días y un recorrido de 1009 kms para que Harold, y el lector, lleguen a un final que también es un principio. El  viaje del caminante  sigue aparentemente una estela parecida a la que en "Forrest Gump" vimos en el cine (sobre todo en el proceso de acompañantes espontáneos). Pero aquí no hay secuencias de humor que atemperen lo trágico, el drama de un hombre que va en peregrinación huyendo de sí mismo, la peregrinación como forma de expiación (un recurso clásico en la literatura y la poesía). La novela acompaña el periplo, las fatigas, las dudas, los momentos hermosos, las compañías no buscadas, el éxito mediático (que a Harold le parece un obstáculo y una molestia pero que no sabe cómo evitar) y en realidad asistimos al retrato fidedigno y profundamente humano de las debilidades, el altruismo, la ambición y la incomunicación de las personas  en el mundo que nos rodea.

 En el último tercio de la novela las incognitas se desvelan, los misterios son aclarados, las bajezas y los errores quedan sometido a la luz de una decencia que cambia a las personas y dulcifica el duro y sobrecogedor final del libro.

Sorprende la maestría literaria de Rachel Joyce, su sabio transitar por una trama vulnerable a la truculencia y el exceso. No hay exclamaciones que desequilibren o aturdan al lector. Todo acontece como en sordina, con la exquisita amabilidad que Harold va sembrando a manos llenas. Sus errores y debilidades, la omnipresencia de su hijo muerto, el joven David, su presunta inactividad culpable ante esa muerte --que su esposa Maureen no le perdona-- y la acuciante necesidad de compensar a su vieja amiga que 20 años antes se sacrificó por él, son elementos de la trama que cargan el aire melancólico de la historia pero que cambian su polaridad conforme el viaje se desarrolla y Harold llega, en estado lastimoso, al final, en el que la redención se resuelve de forma realista, sin más emociones de las debidas, evitando con pluma certera la tentación lacrimógena.

A mi entender ese, con ser grande, no es el mayor acierto de la novela. Pero si lo es la negativa firme de la autora a convertir su libro en un tratado de autoayuda, en un ejemplarizante panfleto espiritualista. Como en aquella enorme película "The straig Story", "Una historia verdadera" de David Lynch, donde otro anciano recorre los Estados Unidos en una podadora de césped para ir a ver a su hermano enfermo con el que no se habla desde hace decenios, el sentimentalismo más superficial está prohibido. Es también una  "road movie", una obra de carretera y manta, pero hay tanta humanidad en ese recorrido que uno acaba el libro pensando que, gracias a Dios, una vez más la literatura ha hecho el milagro de crear y trasmutar los sentimientos en emociones positivas y de provocar la empatía profunda del lector. Y también la reflexión, pues ¿no es lúcido pensar y aprender con qué facilidad podemos hacer daño a aquellos a los que decimos  --y creemos-- amar?

Es evidente que los años de trabajo como guionista --y actriz-- de Rachel Joyce han sido un buen entrenamiento para poder dar a luz una obra tan interesante como ésta. Sencillez, capacidad descriptiva, talento para iluminar las escenas con un detalle, una palabra, un gesto descrito con mesura, magnificas descripciones de la naturaleza que rodea a Harold . Magnifica traducción de Rita da Costa y una edición limpia y atractiva de Salamandra.

Como la autora dijo en una entrevista "estamos solos y nuestra sociedad es individualista, pero necesitamos conectar con la gente. Y Harold lo comprueba cada día de su esforzado peregrinar”. Así le dice alguien a Harold, " No sé cómo se le ocurrió hacer algo así, pero a lo mejor es justo lo que necesita el mundo: menos lógica y más fe".(pag.207) Y Harold descubrirá muy pronto que "Era la fragilidad de la gente lo que le llenaba de asombro y ternura, así como la soledad intrínseca a cada ser humano...todas las personas eran iguales y únicas a la vez. Tal era la paradoja de la condición humana" (pag 168). Nosotros, los lectores, lo confirmamos al cerrar el libro.

 

FICHA: "El insólito peregrinaje de Harold Fry".-Rachel Joyce. Editorial Salamandra.331 págs. 17 euros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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21 noviembre 2012 3 21 /11 /noviembre /2012 08:17

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 Ben Stiller no es un mal cómico. Su careto inconmovible de aspecto sempiternamente guasón da mucho juego. Pero lleva una temporada en que las cosas no le salen muy bien. Atrás quedan los alborotos a veces desternillantes de "Noche en el Museo" o la guasa autoreferencial en "Zoolander" o "Tropic Thunder" o la critica social de "Un golpe de altura". La película que nos ocupa, "Los amos del barrio" es un bodrio salido de madre, grosero y lleno de gags de dudoso gusto, en el que Stiller juega con la idea de una invasión alienígena enfrentada a un absurdo y lamentable grupo de defensa ciudadana formado por cuatro miembros, a cual más soez y cretino.Creo que ni siquiera Adam Sandler, otro productor de bodrios con ínfulas populares, ha caido tan bajo.

Lo cierto es que todo este desaguisado parece haber sido realizado para mayor honra y lucimiento de Stiller, Vince Vaughn, Jonan Hill y Richard Ayoade. Espero que el destino me depare no relacionarme jamás con encefalogramas planos como los citados actores en estos papeles. Parece evidente que los cuatro se han divertido rodando esta chorrada de supuesta ciencia ficción mala. Un idea que fue modelicamente explotada por Joe Cornish en su "Attack the block", cinta de bajo presupuesto y alto rendimiento, en la que un grupo de chicos, vecinos de un barrio suburbial, se enfrentan con éxito a unos alienígenas. Pero nada que ver con "Los amos del barrio". Película para olvidar (o mejor, dejar de ver) y de un director al que hago el favor de no citar.

 

 

 

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20 noviembre 2012 2 20 /11 /noviembre /2012 08:47
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A menos de 80m de ser un tres mil, el Carlit, situado en la Alta Cerdaña francesa, a pocos kilómetros del bello enclave español de Llivia, ofrece por su situación y sobre todo por su entorno la posibilidad de una excursión de las que hacen época. El racimo de lagos de alta montaña que rodean el Pico -- la segunda concentración más elevada de lagos glaciales de todo el Pirineo-, después de Aiguatortes en Lérida-- dan lugar a una serie de paisajes y rincones de una belleza natural que te dejan boquiabierto. Los lagos se concentran en el llamado Desert del Carlit y son todos lagos naturales de origen glaciar, excepto el lago de la Bullosa (tiene un dique de 350 m de largo construido para producir energía electrica para alimentar el famoso y delicioso PequeñoTren Amarillo, que remonta el valle del Tet desde Villafranca de Conflent hasta La Tour de Carol (la estación de tren más alta de Europa).
El Carlit es la montaña más alta de la Cerdaña (2921 m) y la facilidad de comunicaciones --que los franceses miman--, la convierte en una de los más visitadas, mientras que los ascensos a la cima atraen a tantos montañeros como el Aneto o la Pica d'Estats. Desde su cima es posible ver algunos de los picos más emblemáticos del Pirineo (Maladeta, Canigó, por ejemplo) y especialmente panoramas magníficos con más de una docena de lagos.
Comenzamos el sendero, muy evidente y bien señalizado con marcas amarillas, a la izquierda de la entrada al hotel Bones Heures, que se encuentra en el parque natural de Bouillouses, junto al gran lago de ese nombre, con el Puig Peric (2810 m) y el Peteit Peric (2690 m) como las dos emblematicas montañas que presiden la zona de los lagos. Un cartel nos informa que para subir al  Carlit necesitaremos un mínimo de tres horas y superar un desnivel de 916 m..El sendero, pedregoso y con desniveles va discurriendo por un bosque de pino negro y unos setos de rododendros, pequeños riachuelos y alguna que otra roca que entorpece la progresión. 
Atravesamos un llano, y el camino se ensancha y se convierte en paseo mientras bordeamos el primer lago, el de Viver. Seguimos hacia el oeste y pasamos muy cerca del Estany Negre, que dejamos a la izquierda. A continuación bordeamos por la derecha el Estany Sec, con su islote redondo en el centro. Seguimos el camino para bordear a la derecha el alargado Estany de la Comassa.
22092012_019.jpgA continuacion ascendemos una loma amplia hacia el norte y descubrimos dos pequeños Estanys más, el Llat y el Llong, de aguas prodigiosamente azules bajo el cielo de la Cerdaña.  Ascendemos la loma hasta la cima y distinguimos un lago más, un poco mas abajo a la izquierda, que es el Vallel,  y cuyo riachuelo de desague debemos cruzar por un pequeño puente metálico.
Subimos un repecho para llegar al valle principal del Carlit, desde donde contemplamos la hermosa montaña plena y de aspecto majestuoso, con su aparentemente inexpugnable falda surcada por torrenteras y tarteras empinadísimas. Hasta aquí nos hemos cruzado con pescadores y numerosos paseantes que suelen mezclarse con los que se atreven a realizar la subida al Carlit. Los primeros suelen realizar algunos de los muchos senderos balizados de paseo, que van bordeando todos los lagos de la zona (hay uno de 2h 30m y otro más largo de 5 h).
Debemos llegar al Coll Colomer (una subida fuerte en diagonal recta ascendente que nos lleva hasta la antrecima del Carlit) el tramo más exigente fisicamente. En ese repecho se encuentra el llamado Lago helado de Souberains (que dado lo avanzado del verano y la sequía encontramos sin hielo y con muy poca agua). Lo dejamos a la derecha y subimos un fuerte repecho . Cerca de aqui hay una encrucijada de caminos, uno de los cuales, descendente, es el que facilita el regreso al Bouillouses pasando por lagos que aún no hemos visto.
Desde el cuello, donde sopla un fuerte viento y hay varios abrigos de circulos pedregosos, ya se puede divisar la silueta bifronte del Carlit . Volvemos a ascender por una  arista muy inclinada que obliga a hacer trepadas sencillas pero continuas, hasta llegar a un paso desfiladero central --marcas rojas--donde en muchas ocasiones, debemos usar las manos para pasar por desniveles y grimpadas cada vez más exigentes, aunque sin llegar en ningun  momento a ser complicadas o de técnica superior, (nunca se excede el II grado). Impresionan los afilados bordes, en forma de hojas de cuaderno entreabierto, de las rocas rojizas o grises.
Tras superar este tramo que requiere atención y flexibilidad, llegamos a la antecima por una rampa  a la derecha que con fuerte desnivel y terreno bastante descompuesto va ascendiendo en lazadas. Desde allí tenemos acceso a la cima de la izquierda, la sur, que se considera la más alta del Carlit, y la norte, derecha, seis metros mas baja, separadas ambas por una cresta en corredor que se supera sin problemas.
Desde ese punto, donde se enclava una pequeña cruz de hierro y se amontonan los montañeros descansado y reponiendo fuerzas, hay un paisaje abierto en 360º, de una belleza sobrecogedora, con el Pico de St.Barthelemy, al norte, el Comapedrosa al O, el Puig Peric al NE, el Canigó al E y el Puigmal al SSE y al fondo  a la derecha el comienzo del gran lago de Matemale..
Para volver, descendemos nuevamente por la rampa pedregosa hasta el cuello, hacemos la destrepada por el roquedal (nos descuideis nunca la atención  en las bajadas, suele ser el momento en que se cometen errores de distracción y vienen los accidentes). Hay quien en ese punto sigue la cresta del Tossal Colomer y luego baja por la fuerte pedrera que llega hasta el sendero de subida. Vimos a una pareja bajando por la tartera dejándose resbalar. Si no tienes gran experiencia y más equilibrio, no es aconsejable. Nosotros bajamos por el mismo sendero de subida.
Se trata pues de un recorrido exigente de alta montaña que acumula las dificultades en su tramo final. Contando paradas leves y detenciones para hacer fotografías y admirar el paisaje, debemos sumar entre cinco y seis horas. Por supuesto, vale la pena, pero no se olviden la cámara.
        
   
PARA LLEGAR
 
Desde Puigcerdà nos dirigiremos a Perpignan, tomaremos la ruta que sube hacia Prades y Andorra (N116) hasta Mont-Louis. Allí pasamos la rotonda a la derecha en dirección a Formigueres (D118). A un kilómetro, está el desvío hacia el Lac des Bouillouses (D60). En los meses de verano, el acceso en coche está restringido, siendo necesario subir en autobús desde las 7 hasta las 19 h. El resto del año, el acceso es libre, pero la carretera sólo se mantiene en invierno hasta el Pla des Aveillans, por lo que con nieve resulta intransitable. Se puede usar el refugio de Bouillouses, que es propiedad del CAF (Club Alpino Francés) y está guardado todo el año con 48 plazas. Teléfono 04.68.04.93.88. Es el antiguo albergue de los obreros que construyeron el dique del lago de Bouillouses. Además el citado Hotel del Bones Hores o el albergue del Carlit con 16 plazas.
 
DOCUMENTACION
 
Indispensable la Carte de Randonnées "Pyrénées, nº8" o las de IGN, top25-2249ET y la top25-22490T. La primera se puede encontrar en "chez" Octavi Serret de Vallderrobres, las otras en librerías muy especializadas en montaña, aunque con la primera es suficiente.  La información sobre la zona de los Lacs des Bouillouses se puede pedir de mayo a octubre en el telefono oficial 0468042461. 
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